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Sobre Nosotros

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En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de este mes, nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Hoy te compartimos el aporte de Alfredo Cortés…

Para disfrutar de este video, haz click aquí: https://youtu.be/G5pkeTP0bG4

Exjesuitas en tertulia. 12 de Marzo, 2026

                                                Qué estoy haciendo para mantener la longevidad.

Según el diccionario de la RAE, longevidad significa "larga duración de vida".

No es eso lo que busco para mis días. Solo lucho, celebro y vivo para el amor.
El amor, sobre todo, a Elsa, en lo que llevamos más de cincuenta años..

"Puedo decirme del amor (que tuve) que no sea inmortal porque es llama. Pero
que sea infinito mientras dure".
Soneto de fidelidad -
Vinicius de Moraes

No entiendo la vida sino como una confirmación, cuidado y exaltación del amor.
Una vida hecha de instantes, "uno de esos instantes a los que se les pide que dure",
como decía Wislawa Symborska, la gran poeta polaca.

Es lo que busco y quiero, multiplicar, hasta el infinito, los instantes llenos de amor
por Elsa. Y si alguien pregunta, ¿pero qué le pasa a Alfredo?, díganle * aquí no pasa nada,
no es más que la vida".

(Eliseo Diego, poeta cubano.)

Com decía Cicerón, "no hay un anciano que olvide dónde escondió su tesoro".
Yo lo acaricio todos los días. Solo quiero morir de amor.

Alfredo Cortés
Alicante, Marzo de 2026
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En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de este mes, nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Presentamos hoy el aporte de Juan Gregorio Vélez…

Haz click aquí para apreciar el video : https://youtu.be/os5DqJhvcUA

Notas para llegar en el mejor estado posible al final de mi vida

Agradezco a Dios los años ya vividos con tan buena calidad. Todo ha sido gratuito y por eso lo agradezco. 

Frente a los años que pueda vivir de más en este planeta, quiero compartir algunas ideas que me están ayudando a lograr la buena calidad de vida:

  • Con lo que soy, sé y tengo, hago lo mejor posible en cada campo y momento. 
  • A los demás les pasa lo mismo.
  • El control está en otras manos. Yo solamente vivo lo que me corresponda cada día.
  • Mi vida forma parte de un plan providente que se realiza en mis acciones.
  • Me sucede lo que más me conviene.  
  • Todo lo que pueda hacer por los demás y servirles estará bien hecho.
  • Ser el mejor esposo, padre, abuelo, hermano, cuñado, tío, compañero y amigo.
  • Recordar a las personas y enviarles bendiciones me mantiene conectado.
  • Prestar servicios en juntas y consejos me hace ser útil. 
  • Mi cuerpo requiere una atención especial para que funcione bien.
  • Dormir bien es condición para tener un mejor día siguiente.
  • Comer lo suficiente y de la mejor calidad es el insumo principal de mis células.
  • Respirar bien haciéndolo conscientemente mantiene oxigenadas esas células.
  • Todo lo que pueda hacer a pie es lo mejor. Si no, bicicleta y si no, automóvil.
  • Una buena higiene me protege de contaminaciones innecesarias. 
  • Media hora diaria de ejercicios físicos mantienen la musculatura en forma. 
  • Secreto tibetano de eterna juventud y chi kung shaolin mejoran mi energía.
  • Leer alimenta mi mente con ideas y experiencias enriquecedoras.
  • Escuchar música de fondo en actividades me crea un buen contexto.
  • Hacerme buenas preguntas me mantiene ágil mentalmente. Las respuestas llegan.
  • Escribir manualmente conecta mi cerebro de manera especial para entender.
  • La mesura en la recepción de información mejora la digestión mental. 
  • La tecnología es una gran ayuda, pero está al servicio de mi vida. Yo la decido. 
  • Participo en chats con criterio de ahorrar recursos. Me comunico personalmente.
  • Buenas películas son programa y se aprende mucho de ellas. 
  • Las óperas son una manifestación cultural muy enriquecedora. 
  • Llevar una contabilidad sencilla armoniza mis ingresos y egresos. 
  • Planear la próxima semana y realizar el plan de cada día.
  • Participar en reuniones, conferencias, cursos… me conecta con la sociedad. 
  • He de reconocer que soy simplemente un observador y hablar de ello. 
  • Con respiración puedo programar y controlar emociones.
  • Atender a mis conversaciones puede hacerme mejor conversador.
  • Reconocer mis errores es fuente de sabiduría, humildad y sencillez.
  • Si vivo en la alegría me desgasto menos y vivo más feliz.
  • Conectarme cada día con los cumpleañeros me mantiene en comunión.
  • Visitar, charlar, compartir la mesa, pasear… fomentan la amistad y la familiaridad.
  • Estar disponible para los programas familiares me alegra.
  • Que los demás me tengan en cuenta y pueda hacer favores me mantiene activo.
  • Trabajar en la carpintería y hacer reparaciones me emociona grandemente. 
  • Ejercer el ministerio del coaching ontológico nos hace mucho bien a ellos y a mí. 
  • Media hora de meditación en la madrugada crea contexto y sentido para el día.
  • Participar en la liturgia de la Iglesia me enriquece y conecta con el trascendente.
  • Lo mismo sucede con mis devociones: Sagrado Corazón, María, Jesús e Ignacio.
  • Establecer objetivos y lograrlos es una buena medida de realización personal.
  • Participar en planes colectivos y agregar valor me entusiasma.
  • Vivir cada día como si fuera el último, pero con esperanza de muchos años más.
  • Mantener en orden todos mis asuntos garantiza que los demás estén en paz.
  • Compartir lo que soy y tengo le da sentido a mi vida. 
  • Entre más ligero de equipaje mejor. 
  • “Espero dejar este mundo un poco mejor de como lo encontré”.
  • “y que todo sea a la mayor gloria de Dios”

Juan Gregorio Vélez

Marzo, 2026

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En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de este mes, nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Comenzamos con el aporte de Alberto Betancourt…

Haz click aquí para apreciar el video: https://youtu.be/fL8TeQmpIWI

Longevidad

La longevidad es el disfrute de una vida con buena calidad a partir de la expectativa de vida en cada país. Aquí en Guatemala la expectativa de vida es de 74 años, o sea que ya llevo bastantes años disfrutando de longevidad.

En Enero tuve la dicha de llegar a mis noventa en buenas condiciones, con buena salud y con mis facultades mentales al 100%. Esto lo he logrado gracias a varios factores:

  • A los cuidados y apoyo de mi esposa Montserrat y de mis hijos.
  • A la programación del subconsciente, que me ha servido para controlar mi salud y para prevenir cualquier tipo de achaques. También le he resuelto a mi esposa sus problemas de salud y la he liberado de varias cirujías. Para aprender a programar el subconsciente pueden buscar en Youtube: Mi descubrimiento del subconsciente.
  • Al ejercicio de caminar diariamente durante unos 40 minutos.
  • A la práctica y estudio del piano y órgano, que  mantiene activos mis dos hemisferios cerebrales en perfecta coordinación, y ejercita las memoria, tanto la consciente como la subconsciente.
  • Y al llevar una vida tranquila, libre de vicios nocivos a la salud.

Es importante aprovechar el poder de la mente para lograr una longevidad con buena calidad de vida. Quien piensa en enfermedades atrae enfermedades, quien piensa en buena salud gozará de una vida saludable, quien piensa en problemas atrae problemas, quien piensa en fracasos atrae fracasos, quien piensa en éxitos atrae una vida exitosa. Uno resulta ser lo que piensa de sí mismo. Esa es la ley de atracción. 

Al leer el blog Mis Vivencias Musicales pueden ver cómo la ley de atracción apareció muchas veces en mi vida, logrando éxitos en mi vida profesional.

Un error que cometen muchos es aceptar la vejez y resignarse a que esas “novedades” que van apareciendo sean parte de un proceso natural. Esas novedades se pueden ir eliminando mediante la programación del subconsciente, logrando así una mejor calidaad de vida en la edad madura. 

La vejez es un problema mental. Uno empieza a envejecer cuando piensa que ya se está poniendo viejo. Piensen siempre en positivo y con optimismo, para lograr disfrutar de una longevidad con calidad de vida.

Alberto Betancourt

Marzo, 2026

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Para celebrar el sexto aniversario de nuestras tertulias semanales y el lanzamiento del Blog, realizamos esta tertulia especial cuando Darío nos presentó las respuestas a la petición de muchos de expandir el contenido de nuestros encuentros y publicaciones para hacerlos accesibles para muchas personas interesadas. La primera propuesta a una Universidad llevó a la creación en tiempo record de la nueva página digital de nuestro grupo, la cual servirá de base para futuras propuestas universitarias para programas de Educación Permanente. Presentamos orgullosos este proyecto a nuestros lectores.

Haz click aquí para disfrutar del video : https://youtu.be/pmuVAEUlByk

Exjesuitas en tertulia- 5 de Marzo, 2026

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A joyful family cooking together in their cozy home kitchen, showcasing love and togetherness.
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La tertulia tenida el jueves 19 de febrero sobre recetas nos ha dejado “un buen sabor en boca y una frescura persistente”, como la de los buenos vinos. Nos ha dejado también varias emociones y sensaciones interesantes para compartir, como si nos sentáramos de nuevo ante la mesa de amigos.

El tema de la comida como un acto de amor se ha quedado en el ambiente como el aroma de un plato recién preparado.

En nuestra cultura, y en otras de todo el mundo, el afecto no siempre se expresa con palabras. Se expresa sirviendo un plato, preparando una receta, compartiendo una especialidad, ofreciendo una taza de café caliente. Hay algo en ello profundamente generoso que está diciendo sin palabras un te quiero, me importas, te aprecio.

Cocinar implica paciencia, concentración, atención, sin esperar aplauso. Cocinar es desarrollar la creatividad, tiene un toque de magia y alquimia, igual que un científico en un laboratorio lleno de ingredientes y elementos, la cocina se nutre de ideas nuevas y de experimentos que surgen frente al fogón.

Cada plato contiene una narrativa. Entre otros ingredientes, trae recuerdos imborrables. Todos mencionamos los platos preparados por nuestras madres y abuelas. Son aromas que permanecerán grabados en la memoria como una herencia emocional. Así lo son también las recetas escritas que se comparten en cada familia, a través de generaciones. Mi madre quedó huérfana a la edad de seis años y pocos recuerdos le quedaron de su corta vida compartida. Muchos años más tarde, alguien de la familia le regaló el libro de recetas de su madre, escrito de su puño y letra en una pequeña libreta fechada en 1922. Ese inesperado regalo la llevó a sentir que recuperaba a su ser más querido y a través de esas líneas a conocer aspectos desconocidos de su personalidad, entre ellos su pasión por la culinaria.

Yo guardo una copia de ese tesoro casi borrado y con frecuencia sigo sus recetas aunque el paso del tiempo ha vuelto obsoletos muchos ingredientes de la época. La copia ha pasado ya a la cuarta generación y tengo la esperanza de que mis nietos la pasarán a los suyos. Se ha convertido en mi propia interpretación de la vida eterna.

Si queremos conocer un nuevo país y entender su esencia, con seguridad lo haremos mejor a través de su comida. Cuando viajamos, son lugares obligados de visita las Catedrales y las plazas de mercado. La arquitectura nos transporta al legado de pueblos milenarios y en sus grandes obras vemos el símbolo imborrable de su identidad cultural, pero cada plato tradicional nos habla de dónde viene el pueblo y cómo ha sobrevivido, describe el entorno, el clima, las costumbres, el carácter de sus habitantes. Es cultura que se saborea. 

Cuando se vive lejos del país, esos aromas que guarda la memoria nos llevan a revivir los momentos compartidos en lugares de infancia y con las personas que ya no nos acompañan pero permanecen para siempre en el corazón. Hoy, no solo los aromas, sino las fotos y los videos de platos preparados o las elaboraciones en vivo, son un nuevo elemento para recrear el afecto recibido en el pasado y el mejor puente para conectar con los orígenes y con los seres mas queridos.

Gracias a la vida y a los nuevos canales de comunicación, en este episodio hemos tenido la fortuna de saborear, a la distancia, la dulzura del pie de limón, la sencillez del espagueti al burro, la textura crujiente de los buñuelos, la originalidad de los huevos de galleta, el color y el aroma de la sopa mexicana, el risotto de pollo y verduras. Ha sido un banquete de alegría, complicidad y cariño que esperamos repetir.

Elsa Rodríguez Korgi

Alicante, Marzo de 2026

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Una tertulia que nos trajo a la memoria épocas y momentos que marcaron nuestras vidas y que fueron base de la inspiración y las realizaciones educativas de nuestro compañero y amigo Jesús Ferro. El reciente lanzamiento del libro de Noor Naissir sobre su vida y obra, fue el detonante de esta tertulia sincera y genuina de Chucho, la cual hoy compartimos con nuestros lectores con mucho orgullo.

Para apreciar el video, por favor haz click aqui: https://youtu.be/QMEj4DJ221M

Exjesuitas en tertulia- 30 de Octubre, 2025

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Una tertulia inolvidable quedó registrada cuando nuestro compañero “Goyo” nos lideró una conversación-reflexión a la cual sub-titulamos también “preparándonos para una jubilación con sentido”. Como fruto de un reciente escrito al cumplir sus 75 años, Goyo nos permitió descubrir a participantes y a quienes nos escuchen, los pequeños secretos de quienes ya hemos disfrutado y quienes van a disfrutar de su jubilación. Conmovedores testimonios de las inmensas posibilidades que vamos descubriendo en el transcurso de la edad dorada. La compartimos orgullosos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia- 18 de Septiembre de 2025

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Dedicamos en Julio una tertulia, preparada varias semanas antes a través de la lectura del libro reciente sobre el Papa Francisco, para conversar entre amigos sobre el impacto, las conclusiones, observaciones, reacciones o ideas clave de este libro reciente de Javier Cercas. Trece de nosotros compartieron sus escritos, puntos de conversación o improvisaciones sobre el tema. La tertulia se convirtió en un homenaje a la memoria y el impacto que tuvo el recién fallecido Papa en la transformación de la Iglesia católica. Hoy compartimos una de ellas.

Exjesuitas en tertulia- 24 de Julio, 2025

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“Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo”

¡Se me fue “Luingui” el querido, respetado y entrañable amigo Luis Guillermo Arango Londoño! El corazón me quedó arrugado por la noticia inesperada de su partida y el abandono en que deja a sus familiares, amigos y conocidos. Toda transformación impacta, pero mucho más cuando le llega a personas que nos fueron afectas por muchos años y múltiples motivos como ésta que inspira mi conmovido “In Memoriam”.

Mi relación de aprecio hacia “Luingui” empezó muy tarde, a pesar de la convivencia más o menos cercana durante los años de formación y luego de larga pausa no en el afecto sino en la cercanía muy al final de su existencia; relación que mantuvimos mediante esporádicas conversaciones telefónicas y cruce de mensajes por correo. Pocos meses atrás habíamos pactado el reencuentro que debería haber tenido lugar en el próximo mes de octubre durante la breve estadía que tenía prevista para ese entonces en Medellín.

Mi vinculación más estrecha y tal vez el comienzo de la larga amistad silenciosa quizás tenga su origen durante los estudios de filosofía en Chapinero. Cursaba yo mi primer año de filosofía cuando Camilo Moncada me invitó a formar parte con Luis Guillermo y Jorge Julio Mejía del grupo que llamó Coetus oratoriae, pomposo nombre para resucitar aquellas tardes dominicales de “tonos” durante los años de noviciado.

El Coetus oratoriae se reunía todos los martes a la hora de la “siesta”, en la sala de juegos de la azotea de Chapinero, además de otros espacios y allí, por turnos, exponíamos ante los ojos escrutadores de los coetistas y durante media hora, el tema que con anterioridad establecía Camilo. 

El asunto propuesto implicaba dos condiciones “horribles”: debería ser desarrollado con originalidad y en estricto cumplimiento de los 30 minutos asignados a la exposición; en caso de fallar en el intento de cumplir dichas restricciones, la “víctima” debería arriesgar el segundo intento ocho días después. Varias veces tuvimos que pasar bajo esas “horcas caudinas” antes de recibir el placet ansiado.

Camilo Moncada partió a su etapa de magisterio y quedamos de “tres mosqueteros” Jorge Julio, Luis Guillermo y yo; nos constituimos en garantes de la permanencia de la iniciativa “Moncadiana” pues con puntualidad envidiable mantuvimos fidelidad hasta el momento en que apenas quedábamos J.J. y yo por la etapa de magisterio que empezaba Luis Guillermo y en nuestras manos murió la iniciativa de Camilo Moncada.

Quizás Rodolfo De Roux en una de sus entrevistas de Ultratumba, nos haga el favor de entrevistar a Camilo Moncada para escuchar de primera mano cuál era el objetivo de su Coetus oratoriae; por mi parte, tengo mis sospechas sobre el tema y creo que pudiera ser hipótesis plausible.

Durante los primeros años de la década de los 60, vivimos la “bonanza” de las “Misiones Populares” en Centro y Suramérica. Buscaban nuestros “misioneros ambulantes” que así se les llamaba, “presionar” la conversión de los pecadores con el desarrollo de este modelo elemental: 1. Énfasis en las “Postrimerías del hombre” -muerte, juicio, infierno y gloria- y 2. Enmarcados en oratorias de corte ciceroniano; esto es, hiperbólica, metafórica, ardiente y con destino a desbocar la sensibilidad de los oyentes. 

La palma del apostolado de la conversión para librarse de la condena eterna la enarbolaba con incontrastable liderazgo el P. Enrique Huelin, S.J. malagueño (1913-2008) que al menos en la Medellín de mitad del siglo pasado abrió surcos profundos y removió las conciencias en una ciudad todavía de rosario en familia y comunión diaria.

El accionar como “orador sagrado” del P. Huelin, S.J. retomaba y ampliaba el sendero trazado por dos ilustres y recordados misioneros populares de la década del 50 encabezados por los P. Gabriel Ospina, S.J. -El Machazo Ospina- y el P. José Luis Correa -El Religioso Correa- y eso sin tener en cuenta para el tema “oratorio” del que hacía gala el P. Francisco Javier Mejía, S.J. y su trabajo con movimientos sindicales. 

Reflexionando ahora sobre los vagos recuerdos de aquellas épocas ya remotas del Coetus oratoriae, y las intervenciones de Luis Guillermo entonces me parece advertir que ya se vislumbraba esa inquietud por explorar su interior, identificar sus sentimientos y encontrarle su confeso sentido “energético” que marcaba la reflexión en la madurez de su periplo vital.

La experiencia de “perder” la compañía y la amistad de viejos amigos queda bien definida, en mi caso, por la maestría poética de Alberto Cortez en su composición poético musical: “cuando un amigo se va / queda un espacio vacío / que no lo puede llenar / la llegada de otro amigo”.”

Jaime Escobar Fernández

Agosto, 2025

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Al ser informados de la transición de nuestro querido Luis Guillermo hacia su nueva forma de existir, como un homenaje a su vida y su permanente presencia en nuestras vidas y nuestras tertulias de compañeros exjesuítas , hemos decidido publicar ayer y hoy, estas reflexiones que él compartió con nosotros en Septiembre del año pasado. Gracias Luis Guillermo, amigo y compañero!

7. Época de escribir.

Un día amanecí con deseos de escribir las respuestas que iba encontrando en mis búsquedas interiores. Este paso me ayudó a aclarar mis pensamientos, mis respuestas. En esta época continúo actualmente. 

Mi primer escrito fue el 3 de enero de 2023: “¿Será eso?”, lo titulé. Había encontrado una certeza constatable: Todo el universo es energía. Todos los seres, tanto los que llamamos vivos como los aparentemente inertes, estamos constituidos por energía. Concluí, con certeza, que todos somos energía. Que todos los seres del universo estamos interconectados unos con otros mediante esa energía. Esa es la base científica para las sanaciones a distancia: la energía cuántica. Quizás aquí se encuentre una veta maravillosa para nuevos descubrimientos en pro de la prevención y curación de enfermedades.

Descubrí que había “algo” más en esa energía que la hacía VITAL. No atinaba a comprender qué era ese “algo” que intuía. Pero percibí que esa energía es dadora de vida, que participa de su propio ser para dar lugar a otros seres, cada uno con apariencia diferente. Un solo ejemplo, tomado de un par de elementos químicos: El hidrógeno y el oxígeno se unen en determinada proporción para dar lugar al agua, sin dejar de ser lo que es cada cual. Cada uno participa de lo que es en sí mismo y así se une a otro ser o elemento que también se entrega en su totalidad. De esa entrega total mutua nace, brota o se crea, como se le quiera llamar, una apariencia diferente de energía, un ser diferente, un nuevo ser. Encontré que esto sucede en el interior de cada uno de los seres existentes.

Además, me percaté de que hay seres que están formados por un conjunto de elementos que tienen “algo” que los mantiene unidos conformando una apariencia específica. Son organismos vivos que nacen, crecen, se multiplican y mueren. Siguen siendo energía, pero VITAL y organizados.

En los vegetales, a eso que los mantiene unidos lo llamamos simplemente vida vegetativa; en los animales, vida instintiva y, en los humanos, vida consciente (¿alma?).

Me surge una pregunta: ¿con qué derecho decimos que solo los humanos tenemos vida consciente o alma? ¿Qué sabemos del interior de los animales y de las plantas? Cada día se acepta más la inteligencia de los animales. Como no sabemos lo que pasa en su interior, nos quedamos tranquilos afirmando que obran solo por instinto.

De las plantas, pienso lo mismo. Recuerdo el resultado del experimento con unas plantas de la misma clase ubicadas en dos habitaciones distintas. A unas les pusieron música rock. A las otras, música clásica. Después de un tiempo, encontraron que las que tenían música clásica crecían en dirección al parlante, como abrazándolo; en cambio, las del rock, crecían alejándose de él. ¿Será que también tienen inteligencia, diferente a la nuestra, pero inteligencia? 

¿Acaso todos los seres tenemos consciencia-alma?

Comencé, entonces, a preguntarme: ¿Será eso, esa energía vital, lo que llamamos Dios? 

En mayo 15 de 2024, di un paso más en mi proceso: al ver que lo más íntimo y constitutivo de la energía vital de la Naturaleza es siempre dar de sí mismo participándose al otro, caí en la cuenta de que ese “algo”, esa “fuerza”, ese “motor” que lleva a actuar así a la energía vital es lo que llamo AMOR. 

En ese momento brilló en mi interior una intensa y brillante luz: ahí, en esa energía vital había “algo” dándose, participándose a sí mismo, como motor de toda esa energía vital del universo entero. Pero no como algo “externo” al universo, sino como algo interno, que lo constituye en lo más propio de cada ser.

Solo en ese momento me atreví a darle nombre a ese “algo”, que venía intuyendo desde hacía tantos años y al que ya le había añadido lo de “vital”, porque da vida. 

Sí, es lo que venía presintiendo y que no me atrevía a admitirlo: Ese “algo”, ese motor, esa fuerza interna de cada ser del universo, ese AMOR es DIOS.  Así de sencillo: llegué a la conclusión de que a ese “algo” debía llamarlo DIOS-AMOR, así, sin más, sin ningún atributo diferente. 

Para mí, el AMOR es la auténtica revelación de lo que es Dios que está en cada ser. A esta conclusión llegué al contemplar la Naturaleza. Claro, la Naturaleza es el camino por el cual DIOS-AMOR se nos revela. Se nos da a conocer como Amor en el actuar mismo de esa energía vital que constituye la Naturaleza completa. Solo necesitamos “contemplarla para alcanzar Amor”. La Naturaleza nos revela a gritos al DIOS-AMOR.

El 23 de mayo de 2024, reflexionando sobre lo hallado, entendí que todos los seres estamos hechos de lo mismo y para lo mismo: estamos hechos, constituidos, creados para amar. Somos SERES PARA AMAR. Ese es nuestro ADN más íntimo. Pero no solo los seres humanos, todos los seres del universo.

Deduje que el criterio fundamental de la vida de cada ser del universo entero es, simplemente, actuar siendo coherente con lo que es en sí mismo, es decir, amando, dándose, participándose, entregando parte de sí al otro, sin imposiciones ni rechazos.

El 9 de julio de 2024, siguiendo el hilo de mis pensamientos, percibí con claridad que ese “algo” de la energía vital, que llamo DIOS-AMOR, no solo es absolutamente indescriptible, sino que no puede ser parcelable. Es decir, no puede convertirse en propiedad privada de nadie.

Entendí que las diferentes religiones no pueden atribuirse el privilegio de ser dueñas o poseedoras de Dios, como si fuera su propiedad privada, de tal manera que quien no acepte la totalidad de lo que cada religión o iglesia dice u ordena está en el peor de sus errores y, por tanto, debe ser estigmatizado y rechazado.

El 21 de agosto de 2024, constaté que la Naturaleza, en sí misma, es una constante y maravillosa ebullición de nuevos seres, de nuevas vidas, de nuevas apariencias de energía vital. 

En efecto, si observo con detenimiento, por ejemplo, mi cuerpo, encuentro que cada segundo se están renovando millones de células. Mi cuerpo de hoy no es exactamente el mismo de ayer.

En un bosque, cuántas nuevas hojas van apareciendo y creciendo cada día. En un prado cualquiera, cuántos brotes nuevos de vida, pequeñas flores aparecen en donde uno menos espera, cuántos pequeños animales por entre la hierba… En otras palabras, la Naturaleza es una creación continua, que nunca para. 

La Creación, para mí, no es algo que sucedió por allá hace millones y millones de años, sino que está ocurriendo en cada instante y en todo el universo. 

Siguiendo el hilo de esa ebullición creadora, encontré que el DIOS-AMOR, al participarse en cada nuevo ser, Él mismo queda allí impreso, como si fuera un sello o una marca imborrable. Como una especie de marca registrada. 

El 23 de agosto de 2024, entreví que esa marca registrada, en mí y en cada ser, es mucho más que una marca que se estampa una vez y permanece siempre igual, sino que cada instante se renueva.

Cada instante del universo es el fruto, el resultado patente de una nueva participación de DIOS-AMOR. La Creación es algo actual, de cada instante. La Creación se da cada segundo. Más aún, es el permanente actuar creador del DIOS-AMOR.

Hoy me veo como mi propio testigo de que esa marca es algo vivo en mí, que me conduce día a día, creándome en cada momento, participándome en cada instante del AMOR que Él es, y, simultáneamente, dándome la fuerza necesaria para vivir de manera coherente con ese SER PARA AMAR que soy, en medio, eso sí, de las necesarias y cotidianas incoherencias propias de esta vida terrenal.

Hasta hoy, ese ha sido mi camino de reflexiones, hallazgos y vivencias profundas. Paso a paso, etapa por etapa.

8. Etapa final.

Intentaré esbozar la manera como me imagino la etapa final, el después de la muerte. ¿Qué hay más allá de la muerte? Y digo imagino, porque la ciencia no puede llegar a ese más allá. Todo lo que se diga es imaginado o deseado.

Vienen a mi mente dos hipótesis contrarias entre sí. Una, sí existe el más allá. La otra, no existe el más allá. Ninguna de las dos hipótesis puede ser probada científicamente.

A. Existe el más allá:

En este sentido, encuentro dos tipos de esperanzas o caminos posibles:

a) El camino de la Fe.

Con lo que he vivenciado tan profundamente hasta ahora, espero que, al momento de mi muerte, el DIOS-AMOR culminará su obra de creación transformándome definitivamente en un SER DE AMOR, como real y verdadero hijo de DIOS-AMOR. No sé en qué consistirá esa transformación, ese nuevo SER DE AMOR. Ni siquiera intento imaginármela, pero esa es mi esperanza, mi deseo. 

b) El camino más cercano a la Ciencia:

Siguiendo solo el camino de la Ciencia, me imagino que, al morir, la transformación que ocurrirá consistirá en convertirme en otra apariencia diferente, en otro ser, que puede ser humano o no humano, pero con el mismo sentido de todos los seres: continuar siendo un SER PARA AMAR, como lo son aun los elementos químicos, conscientes o no de serlo.

Esa transformación será sucesiva y eterna. Todos los seres actuales son el fruto de esa transformación sucesiva y eterna. “La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, según Antoine Lavoisier, en el siglo XVIII. 

Tal vez por esto último he pedido que mis cenizas se esparzan al pie de un árbol para que los elementos que queden de mi cuerpo puedan seguir haciendo el bien a su alrededor.

B. No existe el más allá. 

Esa es la otra de las dos hipótesis. Pero ni siquiera se podrá decir que amanecerá y veremos, porque no habrá nada ni quién lo diga.

Obviamente, prefiero pensar y creer que sí existe el más allá. 

NOTA FINAL:

Soy consciente de que mi camino de búsqueda continuará hasta que llegue la hora de mi muerte. No sé qué más encontraré. Lo cierto es que ante las vivencias que he tenido hasta hoy, solo me queda admiración, gratitud y deseos intensos de dejarme llevar por ese camino de AMOR, impulsado por el DIOS-AMOR que vive y siento en mí y en todo el universo.

Luis Guillermo Arango Londoño

Septiembre 19, 2024

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Al ser informados de la transición de nuestro querido Luis Guillermo hacia su nueva forma de existir, como un homenaje a su vida y su permanente presencia en nuestras vidas y nuestras tertulias de compañeros exjesuítas , hemos decidido publicar hoy y mañana, estas reflexiones que él compartió con nosotros en Septiembre del año pasado. Gracias Luis Guillermo! amigo y compañero!

Prácticamente, desde pequeño, he pasado año tras año buscando el sentido de la vida. Algunas veces me he definido como un ser en búsqueda. Ha sido un recorrido fantástico. Con satisfacciones, luces, oscuridad, temores y nuevas luces y satisfacciones.

Intentaré escribir, a grandes rasgos, los pasos más decisivos de mi caminar.

1. Época del Colegio. 

Fe ciega en la autoridad, en lo que los demás me iban diciendo que era la verdad, la única Fe verdadera, fuera de la cual no había salvación. 

Autoridad encarnada en mis padres, con su fe católica, de carbonero, a toda prueba. Padre, Hijo, Espíritu Santo, Virgen María, cielo, infierno, purgatorio, pecado, confesión, misa. 

Había que creerles y decirles “sí”, a lo que dijeran los sacerdotes, los obispos y los Papas. Estos últimos no podían equivocarse cuando hablaban “ex catedra” en temas de fe y costumbres. Había que creerles a pie juntillas.

2. Época de Jesuíta, durante 18 años.

Fe meditada, documentada, apologética. Más vivencial que en la época anterior. Básicamente las mismas creencias. Intensificación en que el camino es servir y amar al otro. Comencé a fijarme más en la Naturaleza, a presentir que algo en ella me llevaba no solo a admirarla, sino a escucharla. Era la “contemplación para alcanzar amor” de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.

3. Época del descubrimiento del amor a una mujer.

Apertura a un mundo completamente desconocido para mí hasta mis 35 años. Retiro de la Compañía de Jesús. Matrimonio. 

Al comienzo, mi vida interior continuó igual, como por inercia, sin mucho cambio ni muchas dudas. Continué admirando a la Naturaleza. Quería aprender a escucharla.

4. Época de alejamiento. 

Los sermones insulsos en la mayoría de las misas dominicales me hicieron sentir que salía de la misa peor de lo que había llegado. Poco a poco renuncié a la práctica de los sacramentos, entre ellos a la Misa dominical, a la cual ya solo veía como símbolo del compromiso en comunidad de amar a todos y a todo. Así continúo viéndola hoy.

Comencé a comprender que todo en el universo es energía, que somos energía.

5. Época de búsqueda intelectual religiosa.

Fue una etapa en la que comencé a sentir libertad interior para pensar por mí mismo, sin tener que creer en lo que los dueños de la Fe decían u ordenaban. 

En todo este tiempo conté con la ayuda del mejor especialista en sagradas escrituras que había en Colombia, el Padre Gustavo Baena, jesuita, quien, después de 30 años de ser profesor en la Universidad Javeriana, en Bogotá, vive en Medellín su merecido descanso académico. Escuché todos sus cursos, incluso algunos de ellos los transcribí. Me leí y subrayé su obra principal, el libro “Fenomenología de la Revelación. Teología de la Biblia y Hermenéutica” (1.244 páginas). 

Terminé con más dudas que certezas. Sentí que, poco a poco, casi sin darme cuenta, se me fue derrumbando todo el andamiaje religioso que sostenía mi Fe.

6. Época de reflexiones.

Época de preguntas internas que se fueron volviendo cada vez más apasionantes sobre el sentido de la vida y del universo mismo. Largas horas, muchos días y muchos meses reflexionando. Ya, como pensionado, disponía de todo el tiempo posible para dedicarlo a “pensar pensamientos”, como suelo decir.

Sentía en mí una fuerza interior que me impulsaba a seguir preguntándome y a revisar las respuestas burdas que me iba dando a mí mismo.

La sensación de que todo el universo es energía se me volvió más clara e intensamente comprendida. Me convencí de que soy energía y de que, como tal, soy parte integrante de todo el universo.

Luis Guillermo Arango Londoño

Septiembre 2024

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025- Silvio Zuluaga – (leída por Dario Gamboa)

Deslizándome fuera de la fe: el viaje de un jesuita hacia otra burbuja

Salí de Colombia rumbo a Estados Unidos en circunstancias poco convencionales. Aún era jesuita, sujeto a votos, reglas y jerarquías. No tenía luz verde para irme. El Superior de los jesuitas en Colombia me había negado la autorización para cursar estudios de teología y no aprobaba que aceptara una beca para estudiar en el exterior. Pero el destino se reconfiguró inesperadamente: mi director espiritual fue nombrado Superior encargado por un mes, mientras el titular viajaba al exterior. Actuamos con rapidez. Cuando el titular regresó —una tranquila noche de domingo—, yo ya estaba embarcando en un vuelo hacia St. Louis al amanecer del lunes siguiente, listo para aprender inglés, estudiar una maestría y lanzarme a lo desconocido. Alguien calificó mi viaje como furtivo.

Ese vuelo, que duró solo unas horas, marcó el inicio de un viaje mucho más largo: el que me llevaría fuera de la Compañía de Jesús, fuera de la religión, y hacia una vida nueva, incierta, sin guión, vivida paso a paso, fascinante también.

Un seminario sin sotana

Durante quince años viví en comunidades jesuíticas, compartiendo espacios con compañeros que, como yo, nos preparábamos para una misión sublime: salvar al mundo del pecado. Más tarde, nuestro discurso evolucionó: queríamos transformar las estructuras sociales opresoras de nuestro país con Jesucristo como líder.

En ese entorno, había una mezcla intensa de apoyo fraterno y control personal e institucional. Las normas eran muchas, pero se cumplían casi naturalmente.

Nada de eso existía cuando llegué a la Universidad de Wisconsin, en Madison en 1.971. Era el amanecer de la revolución hippie: un movimiento contracultural vibrante, lleno de búsquedas espirituales alternativas, de creatividad artística, de comunión con la naturaleza y de un profundo anhelo de paz. Paz, amor libre, drogas, rechazo al sistema… y una feroz crítica a las guerras y a las formas tradicionales de poder. La oposición a la guerra de Vietnam estaba presente y radicalizada en los campus universitarios: protestas, represión, violencia, muerte.

Ya no vivía en una residencia controlada con el sistema jesuítico. Compartía casa con estudiantes comunes. Por primera vez debía hacer mercado, cocinar, limpiar. Nadie vigilaba mis oraciones, ni mis lecturas, ni mis andanzas. Sin la estructura de la Compañía, me enfrenté a un nuevo mundo. Y algo dentro de mí empezó a aflojarse.

El tobogán de los desprendimientos

El primer quiebre fue cultural: la naturalidad con que se practicaba el divorcio. Si una relación no funcionaba, simplemente se terminaba. No había tragedia, solo humanidad. Y entendí que lo que durante años me habían enseñado —“lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”— podía y debía ser cuestionado.

Ese fue el inicio de lo que luego llamé mis cuestionamientos prácticos, lo que se convirtió en un tobogán de desprendimientos.

Uno a uno, empecé a soltar muchos mitos, entre ellos enumero algunos:

  • La idea de que el divorcio tenía que ser una desgracia social y espiritual.
  • El rechazo hacia los homosexuales: tenía un amigo gay desde mis años en Colombia, y me resultaba absurda la condena religiosa.
  • El culto a la virginidad, que me parecía más un mecanismo de control y discriminación hacia las mujeres que una virtud.
  • La exclusión sistemática de las mujeres de la jerarquía eclesiástica, y de la posibilidad de que predicaran la palabra de Dios, el Evangelio.
  • El castigo eterno por relaciones sexuales consentidas fuera del matrimonio, que me parecía injusto y cruel.

Incluso la historia de Judas comenzó a incomodarme. En una conversación con un amigo escritor, comentamos: “Si yo supiera que a uno de mis empleados lo estuvieran contratando por un salario mínimo, 30 denarios, para hacerme daño y que posiblemente fuera a la cárcel por ello, lo llamaría, hablaría con él y le ofrecería 60 denarios para evitar que arruinara su vida, y la de su esposa e hijos, si los tenía.

Fue entonces cuando me di cuenta de que ya no solo me alejaba de la Compañía de Jesús. Me alejaba, con serenidad, sin rabia ni drama, también de la religión, a otra burbuja existencial.

Ya habían pasado más de dos años desde mi poco convencional salida de Colombia cuando recibí, por primera vez, una llamada inesperada del Padre Superior. Me citó en Chicago. La conversación fue breve y directa.

—¿Y usted qué? —preguntó sin rodeos.
—Yo muy bien —respondí—. Me siento fuera de la Compañía de Jesús.
—Pues eso hay que normalizarlo en una carta —dijo.
—¿A quién se la dirijo? —pregunté.
—A mí —concluyó.

Fueron menos de dos minutos de charla. En ese instante, no tuve la entereza de agradecerle la plenitud con que había vivido en la Compañía, la formación recibida, y los innumerables amigos nobles y auténticos cosechados. Al llegar a Madison, redacté la carta con un profundo sentimiento de gratitud. Fue un final inconcluso, no como debía haber sido, pero sí como fue.

Lo que me llevé de ese viaje

El viaje me dejó enseñanzas claves en mi vida:

  • Todos vivimos en burbujas. Culturales, ideológicas, religiosas. Son necesarias, todos vivimos en burbujas creadas a través de los siglos, pero pueden volverse dogmáticas y en cuanto absolutas dañinas y excluyentes. Aprendí a respetar las burbujas ajenas y a no absolutizar la mía.
  • Salir de una burbuja no tiene por qué ser traumático. Así como entré suavemente en la vida religiosa, en una especie de lavado sutil de cerebro y en donde viví felizmente, así salí de ella con la misma serenidad, con otro lavado de cerebro y en donde vivo también feliz. Descubrí que el relativismo es una forma de madurez y de respeto hacia el otro.
  • Los estudios me enfocaron. Primero, porque creía que serviría como sacerdote transformador social en el campo rural colombiano; después, porque sabía que debía prepararme para sostenerme a mí y a mi futura familia. La concentración en el quehacer es pronóstico de éxito en la vida.
  • Y el amor. El mayor regalo de ese viaje fue el amor con mi primera esposa, Kathy, y los hijos que tuvimos: Marc y David.

Hoy habito otra burbuja. Y soy feliz en ella. Viví intensamente dentro de la Compañía de Jesús. Ahora vivo con la misma plenitud fuera de ella. La vida no es una sola verdad, sino una sucesión de escenarios posibles.

Con el tiempo, comprendí que el verdadero aprendizaje no radica en aferrarse a una única verdad, sino en aceptar que la vida está hecha de múltiples burbujas, válidas a su manera. Habitar una de ellas es necesario porque nos da pertenencia y arraigo. Y lo más revelador: es posible cambiar de burbuja sin miedo, sin resentimiento y sin perder el sentido de quién se es.

Silvio Zuluaga – Residente en Manizales, Colombia

Julio de 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia – 3 de Julio, 2025- Juan Laureano Gómez desde Montería, Colombia

Mi primer viaje al exterior fue recién salido del juniorado en 1968. Uno de mis hermanos mayores vivía entonces en New Yok y cuatro años atrás cuando él se retiraba de la compañía me dijo poco antes de subir al avión: si algún día quieres viajar a los EE.UU. allá te espero. Así que poco antes de salir de la compañía le escribí y me mandó los tiquetes. A mis veinte años fue mi primer vuelo, y a la gran manzana.

Mi hermano vivía en Queens y el primer paseo de rigor fue visitar Manhattan. Cruzar el Brooklyn Bridge una mañana de agosto en pleno verano, admirar el skyline y luego recorrer las calles me dejaron sin respiración. La distancia era grande entre mi pueblo natal Charalá y los rascacielos Neoyorkinos.

Completé casi dos años en ese mi primer viaje, aprendí el inglés y un poco de contabilidad, y me quedó una gran admiración por los valores de la democracia, los derechos humanos y la libertad. Disfruté mucho de los museos y la vida cultural de la gran ciudad, aprovechando al máximo los beneficios de la visa de estudiante que permitía descuentos en muchas actividades. En el Centro de Estudiantes Internacionales se ofrecían eventos y entradas gratis con buena frecuencia y, mejor que todo, un tutor personal gratis para mejorar la conversación. En mis charlas con el tutor, un voluntario ya en uso de buen retiro, comenté que mi país Colombia era un país pobre y su respuesta fue: “Todos, países o personas, somos o fuimos pobres”

Cuando regresé a Colombia empecé a trabajar con un banco internacional, y después de cinco años trabajé como auditor viajando por Latino América por casi un año. Hacíamos auditoría de las sucursales del banco en la región. La gerencia de la oficina que visitábamos nos atendía muy bien con cena de despedida y los fines de semana visitábamos los sitios de interés, de los cuales recuerdo particularmente Machu Pichu y el Tigre en Buenos Aires. Pero era fatigante estar viajando continuamente sin un hogar fijo y se acentuaba la soledad y el desarraigo.

Luego fui asignado por el banco a Bolivia, donde trabajé nueve largos años. Siempre me cuestionaba cómo un país mayoritariamente indígena era manejado por una minoría blanca. Un policía de tránsito de origen indígena salía usualmente mal parado en una discusión por infracciones de tránsito con una persona de mayor rango social. Recién llegado imperaba la dictadura del General Banzer y todo parecía estable, pero antes de dos años, los problemas sociales desembocaron en inestabilidad política y numerosos golpes de estado.  

En los nueve años de mi vida en Bolivia, hubo 10 presidentes, de los cuales solo uno fue producto de una elección popular. Creo fue el golpe del coronel Alberto Natuch (1979) que duró menos de un mes en el poder, el que más recuerdo, pues los aviones de guerra sobrevolaban la plaza principal de Cochabamba, a escaso metros de la oficina del banco, donde apresuradamente resguardábamos todo en la bóveda para abandonar el banco. Era usual en los golpes de estado que quien encabezaba la rebelión amenazaba la guarnición local esperando el pliegue del comandante local a la naciente revolución. La oficina del banco se había inaugurado el año anterior y yo fui el primer gerente de operaciones, y confieso que nunca en mi vida tuve que trabajar tanto como en esa apertura y puesta en marcha.

Al final, hasta los golpes de estado y las marchas sobre las ciudades, cuando los mineros entraban reventando tacos de dinamita (cachorros), se volvieron rutina. Pero el deterioro económico generó una hiperinflación del 11.750 % en el año 1985. En el banco los salarios se duplicaban cada semana en línea con las subida de precios en los almacenes. El desempleo y las ollas de los pobres pululaban en la ciudad. Una cena con vino nacional en el mejor hotel de la ciudad valía solo US$2.

Desde La Paz viví la toma del palacio de justicia en Bogotá y la tragedia de Armero (6 y 13 de noviembre de 1985, respectivamente). Un mensajero del banco de marcado origen indígena me decía: “es castigo de Dios”, se refería a las malas noticias desde Colombia por la guerrilla y el narcotráfico. 

Con la colonia colombiana organizamos en La Paz el banquete del millón por Armero. Asistieron el recién elegido presidente de la República, sus ministros y comandantes. En la oficina del banco vendí boletas a muchos de los clientes: eran tan solo us$10 por persona, muy caro por la inflación rampante. En la colonia me escogieron para ser el presentador del banquete, hubo subasta de arte y se recolectaron varios miles de dólares que entregamos al Minuto de Dios en Bogotá.

Bolivia tiene una geografía muy variada y hermosa: el nevado del Illimani, notoriamente visible desde La Paz; el lago Titicaca donde era frecuente ir a almorzar el domingo; y el viaje desde la Paz hacia los Yungas en la cuenca del Amazonas por la carretera de la muerte (desde los 4.650 metros de altura); el valle de Cochabamba y el viaje desde la ciudad al Chapare (también en la cuenca del Amazonas); y el valle de Santa Cruz de la Sierra y las selvas de Trinidad limitando con el Brazil. Cerca de la ciudad de El Beni (capital de la provincia de Trinidad), está el río Mamoré que unido al río Beni hacen el río Madeira, uno de los mayores afluentes del Amazonas. Allí se aprecian la vista del ñandú en las sabana y la subienda de pescado en el Mamoré. 

El 1 de abril de 1986, diez años exactos después de salir a viajar por Latino América, regresé a Colombia, hasta el año 2001 en que fui a trabajar por casi ocho años en Miami. En el interino tuve numerosos viajes a EE. UU., sobre todo a San Francisco donde operaba la casa matriz del banco y un centro de entrenamiento internacional, donde tuve la suerte de tomar dos cursos de 3 meses cada uno, antes que el advenimiento del internet convirtiera el entrenamiento al modo virtual. Entre los restaurantes de San Francisco “the Cliff House” (la casa en el acantilado, cerrado en el 2020), tenía una vista espectacular sobre el océano pacífico.

El trabajo en Miami entre 2001 y 2008 me permitió proveer a mis hijos con una educación bilingüe, amén que mi esposa estudió dos años de nutrición a nivel técnico, para todos estudios de mucha utilidad. Mi esposa también inició sus clases de cocina entre los vecinos de Key Biscayne, donde tuvimos la suerte de vivir, y donde vivimos experiencia muy positivas. Digo que en ninguna otra parte viví tan sabroso como allá, en lo laboral, las relaciones humanas, y el ambiente en general.  

En lo negativo, a poco tiempo de llegar, vivimos la experiencia de septiembre 11 y su impacto en la polarización de la sociedad que aún hoy persiste, incluyendo las subsecuentes guerras de nunca acabar.

Por trabajo, por estudio y por placer (especialmente cultural), vivir en el exterior por 20 años, fue de lo mejor que me ha sucedido. Y el mejor consejo en el exterior: en Roma vive como los Romanos, es decir, haz lo que veas, y, en caso de duda: genuflexión.

JUAN L. GOMEZ C.

Julio, 2025

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Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025 – Juan Gregorio Vélez , desde Bogotá, Colombia

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