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Cuando viajamos, salimos de nuestra zona de confort. Encontramos nuevas gentes, espacios que nos revelan cosas insospechadas, situaciones que nos interpelan. Nunca somos los mismos después de un viaje vivido a fondo. Exjesuitas en Tertulia quiere convertirse en ese álbum hecho por muchas manos y recibir de usted lo que ha aprendido, lo que lo hizo cambiar.

¿POR QUÉ ALICANTE?

Por Pilar Balcázar
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Parqueamos el carro y caminamos hacia la playa. Mi corazón iba sin expectativas, pero mis ojos se clavaron en una pareja de jubilados que miraban al horizonte, quizás con esperanza o quizás con melancolía por los años vividos, o con temor por los años venideros. Los miré de arriba a abajo, les di la vuelta y los volví a mirar cuando, de repente, despego mi mirada y veo mi horizonte.

¿POR QUÉ ALICANTE?

Mi corazón palpitó y sentí esa emoción de ver otro regalo de la naturaleza frente a mí. Unas montañas en diferentes líneas y colores, con un cielo rosado, amarillo y azulado y un mar que se movía suavemente para darle armonía al espectáculo. 

Mi alma otra vez está inquieta, este lugar me enamora, me mueve y enciende en mí una llama de novedad y aventura. Alicante, palabra que viene del griego y significa montaña o promontorio blanco. Se cree que se le dio este nombre por la montaña de color claro donde está el castillo de Santa Bárbara.

Y allí me pregunté: ¿será de nuevo mi pasado? ¿Será acaso el polo negativo que atrae mi polo positivo? ¿Serán dos amantes que se vuelven a encontrar después de 500 años? ¿Será que el destino me puso en el lugar adecuado? ¿Será que encontré el lugar correcto para vivir la próxima etapa? 

Es esa energía que te susurra al oído solo paz y armonía. No me sueltes. Por qué no vivirlo y despertar con nuevos amaneceres, oler diferentes flores, observar el color del Mediterráneo y agradecer la diferencia, vivir las lunas nuevas y llenas desde un mirador más bajo, saber que la vida me presta todo esto y que yo la volveré magia pura, mientras lo tenga en mis manos me llena de felicidad el alma y me inunda mi corazón de agradecimiento. 

Otra vez: ¡Gracias, Alicante!

Pilar Balcázar

Alicante, septiembre de 2023

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Por el Amazonas

Por Vicente Alcala
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En la esquina sur del Departamento de Amazonas y, por lo tanto, de Colombia, está Leticia, capital de este Departamento; pertenecía antes, a los llamados “Territorios Nacionales”. Cruzando una calle estamos en Tabatinga, Brasil. Leticia está a la orilla del trayecto colombiano del inmenso río Amazonas.

El río Amazonas tiene 7 062 km de largo, desde su nacimiento en el departamento de Arequipa, Perú, hasta el estuario que desemboca en Brasil, en el océano Atlántico. Es el río más largo y caudaloso del mundo. Como dato curioso, el Amazonas es anterior al surgimiento de la cordillera de los Andes; en esa época fluía en sentido contrario y desembocaba en el Pacífico.

El encuentro con los niños y adultos indígenas de la etnia de los Tikunas…

…culminaba en que ellos nos pintaban la cara con colores vegetales y nos colgaban al hombro alguna culebra domesticada, como muestra de hospitalidad.

Desde Leticia pasamos por Puerto Nariño y cruzamos a la Isla de los Micos… aquí hay un laboratorio polémico para investigaciones médicas, por el trato dado a los animalitos.

Visitamos también la Reserva de Maranchá, en la orilla peruana del Amazonas; éste forma una especie de lago,desde el que se observan bellas construcciones locales. (Recordamos que Perú y Colombia sostuvieron una guerra, entre 1932 y 33, por la disputa de territorios del río.)

Por la noche nos pasearon cerca de las orillas, donde brillaban los ojitos de las babillas -los bebés de los cocodrilos- a la luz de la linterna; nos cogieron una y la pudimos acariciar.

Los paseos por las quebradas, como Matamatá, remando en las piraguas o canoas, son inolvidables.

Cerca de Leticia, fuimos a una porción de selva tupida, con sus árboles gigantescos. Se podía subir, con ayuda de un arnés, al dosel arbóreo, elevado sobre los demás árboles, desde donde se contemplaba el atardecer por encima del tapete verde formado por las copas. Un sobrino que es muy buen deportista no logró subir al dosel. Yo pensé que, si él no lo lograba, cuanto menos sería yo capaz de subir; pero, sin pensarlo, fui subiendo paso a paso abrazando el tronco,hasta disfrutar desde arriba del panorama casi infinito.

Le hice fieros a mi sobrino y ya le dio pena y también subió.

En uno de los dos paseos por el Amazonas, pasamos cerca de los delfines y llegamos a los lagos de Parapoto, donde se ven las aguas casi negras, pero provocativas. No me resistí y me lancé al agua… me gritaron: ¿y las pirañas? entonces me subí a la lancha más rápido de lo que me había lanzado.

La Amazonía es desde luego el “pulmón” de la gran región. Como reserva natural guarda una gran biodiversidad de fauna y flora, de agua, entre otros recursos naturales…

Es difícil transmitir las sensaciones y emociones de visitar la selva como turistas, la cara más amable y alegre de la Amazonía.

En exjesuitasentertulia.blog se consignaron tres presentaciones muy importantes sobre la región: aparecen con fechas 9 y 10 de septiembre de 2020, 16 de agosto de 2021 y 6 de septiembre de 2021.

Más adelante podremos compartir las preocupaciones y responsabilidades acerca de la Amazonía, especialmente cuando escribamos sobre el Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Vicente Alcala Colacios

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Como fruto del viaje a Australia en Marzo pasado de Darío y Pily y el viaje de Silvio y Ro hace algunos años al mismo país pero por diferentes lugares, pedimos a las dos parejas de nuestro grupo, unir esfuerzos y compartir con nosotros sus experiencias y aprendizajes de un país muy lejano, de difícil acceso para muchos, pero con riquezas históricas y culturales inmensas. Compartimos con nuestros lectores el video de la tertulia reciente con nuestro grupo.

( Por dificultades técnicas no podemos compartir algunos videos de esta sesión, pero la tertulia completa sin esos videos, se presenta en las 5 partes aquí abajo )

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Como parte de su estadía reciente en Australia, nuestra asidua cronista de la sección “viajes”, nos vuelve a regalar una pintura escrita y gráfica de su experiencia y sus reacciones al recorrer por dentro este maravilloso cañón natural ubicado en el centro de ese inmenso país. 

Volamos de Sydney a Alice Spring, donde tomamos un carro y nos alojamos en un hermoso hotel en medio de las rocas, retirado de la ciudad.

Exploramos el área y tuve mi primera impresión de los aborígenes. Puedo confesar que me impactaron su fisonomía, su olor y sus voces altas y gruesas. Me sonaron bravos y enojados con la vida pero, como en todo sin generalizar, más adelante les sentí su mirada tierna y algunos, muy artistas, ofrecían sus obras de arte para hacer notar su talento. También vi niños y adolescentes educándose y con ganas de progresar. 

Manejamos por 4 horas y media a nuestro segundo destino, para encontrarnos con otra maravilla: Kings Canyon.

Desde la carretera pudimos observar la longitud de este cañón, pero ya estar allí y hacer una expedición de más de 4 horas sobre su suelo fue algo indescriptible. Comenzamos subiendo una montaña en zig-zag. 

Nos dijeron que esto sería lo más difícil. De allí en adelante todo seria gozadera. Habian tantos desniveles que tocó caminar con los ojos clavados en el piso, despacio, respirando, levantando la cara para agradecer tanta belleza. Pensaba: “si estás arrepentido de haber comenzado esta caminata… solo te queda terminarla”. ¡No hay reversa! 

La temperatura estaba alta, como me gusta, y yo disfrutando cada minuto, observando los variados tonos que se me ofrecían: el rojizo o naranja o rosado o amarillo o habano o blanco, y buscando la flecha que nos iba mostrando el camino. Subimos, bajamos , atravesamos espacios angostos entre rocas gigantes, vimos cañones grandes y otros más pequeños; de vez en cuando un turista nos pasaba y nosotros nos juntábamos para tomar agua y compartir el asombro. 

Encontramos un pozo o riachuelo, le llaman el Jardín del Edén. ¿Bajar y volver a subir?: 30 minutos extras , pero así como lo dije un día: volvamos a la realidad, sin abuso, para continuar con la flecha principal. Algunos árboles ya secos adornaban el camino con sus ramas como fósiles en medio de la luz, haciendo sombras.

El calor va subiendo, miramos tiempo recorrido y nos damos ánimo. Ya casi llegamos, el viento que nos acompaña y empuja, ayuda a refrescarnos; también viene cargado de mosquitos…. 

Son parte nuestra, no hay queja, solo satisfacción.

Para mí esto fue otro gran regalo de Australia, tanto para mi cuerpo físico como para mi alma. 

Se llamó el “desafío”.

Pilar Balcazar

Mayo, 2023

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Después de ver y pisar tanta variedad de piedras, rocas, y todo lo parecido a ser inerte, me sigue sorprendiendo mi sentir, pues parece que algo muy especial me atañe a este material duro de roer.  

Estoy frente a Uluru, llamada así por los aborígenes, porque su nombre era Ayer’s rock en honor a un primer ministro británico de Australia, Sir Henry Ayers.  Es considerada una roca sagrada.  De lejos parece una meseta y te acercas y comienzas a ver diferentes perfiles, vi cabezas de elefantes, vi delfines, vi perros salvajes y hasta la silueta de un aborigen dormido, ¿o cada ojo ve lo que quiere ver?

Dicen que es la roca más grande del mundo, que se ve desde el espacio, tiene una circunferencia de 9.4 kilómetros y su punto más alto es de 863 metros. Cuando nace el sol toma unos colores muy especiales que te sobrecogen y cuando ves el atardecer los colores se vuelven ardientes, rojizos gracias al óxido de hierro y mueven cualquier pasión, uniendo a muchos turistas que vinimos al centro de Australia para admirar esta maravilla. 

Se salió de mis parámetros ver una roca en el centro de nada, solo rodeada de extensas planicies y algo de vegetación nativa, que solo se encuentra en este lugar. Me hace creer que esta roca fue la madre de una hermosa civilización hoy alejada de su origen.  

Ahora caminarla, descubrirle algunos secretos, pues tendrá muchos, ver sus diferentes cuevas con pinturas estampadas en sus paredes, entradas donde puedes escaparte del sol o la lluvia, huecos con agua que suben o bajan de acuerdo con el clima, rincones donde dejó huella la vida que allí se originó. 

Leer su historia donde hacen alusión a la madre tierra, a lo femenino, y al poder de Gaya por ser la procreadora y dadora del equilibrio que a veces es tan difícil de ser mantenido. Toqué su suelo rojizo, a veces arenoso, caminé con conciencia, y mis ojos se llenaron de asombro continuo, sentí su energía esa que ella nos presta y que un día devolveremos cuando nuestros cuerpos se cansen. 

Observé la mezcla de colores, donde de repente en medio de la aridez se levantan diferentes verdes y, muy cerca a mis oídos, un continuo zumbido de los muchos insectos que nos acompañaron. 

Les hablé, los hice parte de mi todo, y a ratos les supliqué que se pegaran a mí, pero en quietud, para poder escuchar la voz del silencio. Lo logré y lo agradecí. Había más que silencio, algo mágico donde pude escuchar los pájaros, las hojas, el viento, las hormigas, los grillos y las lagartijas y agradecer a la vida que me ha dado tanto, estos ojos que aprecian, estos oídos que escuchan, este cuerpo que se mueve a la marcha, dando pasos firmes y pensando: ¿será que el caminante hace el camino? 

Este camino está hecho y me estaba esperando, para que yo me deleitara con mi andar y su belleza. 

Uluru: hiciste palpitar mi corazón!

Pilar Balcázar

Abril, 2023

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Les contaré dónde estoy. En Rosedale, al sur de Sydney, al norte de Melbourne, al oriente de Canberra, sobre el mar de Tasmania en un área privilegiada, bendecida, exclusiva para los amantes de la naturaleza, con montañas azules a lo lejos, con paisajes asombrosos, con arrecifes indescriptibles, con rocas y vegetación variada y con vistas al mar que te quitan el aliento.


Hoy caminamos una hora. 

Había que ver el otro lado y fue un derroche de belleza. El piso empedrado con esta laja negruzca, café, amarillenta, rojiza, aveces blancuzca, que  deleita tu caminar. Muchas de ellas con charcos de agua, pues ya la marea bajó y dejó su huella. 

De repente se acaba la playa y comienza un canal de agua burbujeante con idas y venidas, que ha formado una cueva. No hay palabras; mis ojos de asombro total…quería grabarlo y disfrutarlo y quedarme allí, en la cueva de la Alegría. Eso fue lo que sentí ALEGRIA, ALEGRIA.

Respiré, toqué sus paredes, me abracé a ellas para sentir su energía, energía emanada a través de los años; esas paredes se van transformando, cambiando su figura, tienen memoria, producen eco, sonidos acumulados durante toda su existencia. Claro que tienen vida!!, me hablaron al oído y yo les susurré al suyo…


Agradecí esta oportunidad que la vida me ofrece. Agradecí este lugar, agradecí a la madre tierra, al universo, al creador. 

Pasamos hacia el otro lado, donde nos esperaba otra hermosa playa con olas fuertes, ruidosas y con pocos turistas aprendiendo a torearlas.  

Ya habían pasado casi 40 minutos. De regreso al inicio, con vientos más frescos, acalorado el cuerpo, ya es hora de meterse y disfrutar este mar de Tasmania. No para mi. Este cuerpito es caribeño y todavía no puede con la temperatura que para otros es perfecta. Seguiré apreciándolo desde afuera y disfrutando ver cómo otros lo gozan.

Seguiremos caminando y manteniendo el asombro pues recién estamos empezando.

Gracias Mar, Querido Mar.

Pilar Balcázar

Marzo, 2023


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Australia y mi amigo

Por Dario Gamboa
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Hoy vuelo sobre tu verde inmenso hacia la Gran Barrera de Coral, celebrando las primeras dos  semanas de nuestro bello viaje a Australia.

En avión, a tres horas de Sydney…

Tus aguas de ríos y bahías te abrazan como hoy te abrazo -gran nación- que me ha permitido apreciarte y disfrutarte a través del gran amigo del Liceo Francés y de su esposa australiana, quienes nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón. 

Han sido hasta hoy dos semanas intensas por la emoción y la belleza de muchas culturas, de muchos países diferentes que aquí se integran armónicamente en un país organizado, limpio, próspero y regalado por las energías del universo, con playas interminables bañadas por montañas azules y rocas que chasquean al frente de la casa de verano de nuestros amigos, al quebrar las olas gigantescas que vienen a reposar a su alrededor. 

Con mi amigo Gonzalo Bernal en su residencia de verano en Rosedale, Australia

Dos semanas de reencuentro de corazones con el amigo que no abrazaba desde hace 63 años y con nuestras compañeras de vida; dos semanas de cariño y comprensión, de redescubrimiento y de recordación intensas, de entonar cantos de El Francés de nuestra infancia y adolescencia cuando regresábamos de la playa, de compartir vidas de ayer y de hoy, historias de padres, hermanos, hijos y nietos en un himno mutuo a la experiencia de haber vivido lejos los dos de nuestro país de origen y haber recordado también los cuatro, nuestras vidas dedicadas a servir a la sociedad y a las gentes desde dos países fuera de Colombia, en nuestras carreras profesionales ya concluidas por cada uno de nosotros.

En Canberra, en el Museo de las guerras de Australia
La sede del Parlamento, en Canberra, la capital de Australia.

Qué jornadas de fraternidad! Qué manjares deliciosos compartidos! Qué playas interminables y majestuosas recorridas con ustedes y disfrutadas en estos días del comienzo del otoño austral!

El famoso Puente sobre el puerto- “Sydney Harbor Bridge”
El centro financiero de Sydney

Qué visitas acompañados en el tren súper organizado y puntual a la ciudad, los parques, las iglesias, los museos y los puentes de una de las metrópolis más bellas para conocer en este mundo.

Las “tres hermanas” en la Montaña Azul cerca de Sydney
El teatro de la Opera de Sydney y el Puente del Puerto.

Qué concierto en el icónico teatro de la ópera de Sydney en el día del aniversario de bodas de nuestros amigos! Qué vinos maravillosos de sus bodegas nos animaron nuestro recordar y nuestro revivir y qué celebraciones de familia con sus hermanas, sus hijas y sus nietos nos han devuelto al ayer de nuestra juventud en Colombia, cargado de historias, anécdotas y emociones.

Sydney, Australia, Gonzalo, Elizabeth y sus familias! Qué regalo tan inmenso nos han brindado desde lo profundo de sus vidas y desde las entrañas lejanas de este su hermoso país!

Y lo que falta…!

***

Desde Port Douglas, Australia, en la víspera de nuestro encuentro con los arrecifes de la gran Barrera de Coral, una de las siete maravillas naturales del mundo!

Dario Gamboa

Marzo 19 de 2023

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Todos somos, en alguna medida, turistas, emigrantes y peregrinos. El turista es, por poco tiempo, habitante en un país ajeno; el emigrante lo es por más tiempo; el peregrino es habitante de un país, pero está de camino… 

En una ocasión, un grupo de amigos conversábamos acerca de quienes habíamos ido al exterior. Yo dije que desde Norte de Santander había cruzado a la población más cercana de Venezuela… Uno de mis amigos replicó que además, ¡yo había venido a Colombia!  Hacía unos cinco años que había llegado y pasaron otros cuatro hasta que volví a viajar fuera del país. En 2022 cumplí 60 de vivir aquí. Ya casi olvidé que soy emigrante.

Dije que todos somos emigrantes en alguna medida porque, así no nos cambiemos de país, nuestro país cambia con el tiempo y cada uno cambia dentro del país cambiado: emigramos o salimos de un “territorio” vivido. Además, podemos y debemos “emigrar” de una situación presente a una situación mejor para todos. 

Hace poco, varios amigos hablaron ‒en una de nuestras tertulias‒ sobre Colombia vista desde la estadía en un país extranjero. Yo tendría que hablar en sentido inverso: habiendo llegado de fuera, cómo me siento en Colombia. Ya he comentado en alguna ocasión sobre lo maravilloso que es el país, sin ignorar o cerrar los ojos a sus limitaciones humanas, como las de todos los demás países “terrenales”, que precisamente nos dan la oportunidad de contribuir con los demás, así sea modestamente, a mejorarlo. 

Como mi familia de origen quedó en España y mi hija vive, desde hace 25 años, en Europa, he tenido la oportunidad “para visitarlos” de dar algunas vueltas por otros países en el viejo mundo y también me he asomado a varios países latinoamericanos y más al norte. No se trata de aparentar ni de lucirme al hablar de mis viajes, sino simplemente reconocer que he sido y soy turista: por poco tiempo “habito” en un país diferente; “diferente”, ni peor ni mejor. No puede uno calificar ni juzgar la calidad de un país, por varios días ‒o más‒ que viva en él. Creo que todos también somos turistas de alguna manera, pues a veces vivimos en el propio país como “visitantes” o “de paso” ante la realidad que nos rodea.

Antes había escrito Un viaje mariano y Un viaje del agua a vuelo de dron; en el primero se puede decir que fui un poco peregrino pues, en varias ocasiones, visité algunos santuarios en que se venera a la Madre de Jesús. También fui en una oportunidad a Santiago de Compostela, pero no por el camino de peregrinación a pie, sino en tren hasta la catedral. En el segundo artículo, viajé junto al agua por distintos lugares.

Escribí recientemente Un viaje con altura y en él describí, sobre todo con fotografías, algunas localidades y parajes hermosos. Llegué a Almería, mi ciudad natal, y nos reunimos los miembros de mi familia: hermanas, cuñados, sobrinos y los hijos de estos, 54 en total. Al saludarlos y al pasear por las calles de mi infancia, me sentí turista y recordé que en realidad soy emigrante en Colombia hace poco más de 60 años y, al regresar a España, me siento emigrante o forastero en mi tierra. En ambas patrias he sido afortunado y siento la vivencia de bienestar y felicidad, solidaria con los que no lo son tanto; agradecido, por supuesto, con Dios y con todas las personas con las que he convivido. 

Antes de llegar a España, nos encontramos con mi hija y yerno, que viven en Alemania, para celebrar el cumpleaños de ella antes de seguir, todos, hacia Almería en Andalucía.  “Pasamos” también por Suiza y Francia y ya “dibujé” en el artículo citado algunas de sus bellezas naturales y construidas, sin poder hablar de sus cualidades humanas.  

Todos vamos de camino, aunque vivamos en un sitio determinado. El verbo peregrinar tiene varios significados: a) andar por tierras extrañas; b) andar de un lugar a otro buscando o resolviendo algo; c) ir solo o en romería a un lugar sagrado, y d) en algunas religiones, vivir entendiendo la vida como un camino que se recorre para llegar a la unión con Dios después de la muerte (Diccionario de la Real Academia de la Lengua).

Cada uno de nosotros es peregrino, al menos en uno o varios de los sentidos enunciados. 

Así pues, el título de este artículo se refiere a todos: cada uno de nosotros es “turista, emigrante, peregrino”. Lo importante es que siempre, en cualquiera de las tres calidades ‒o en la de ciudadanos‒ caminemos solidaria, alegremente y con energía.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2023

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Un viaje con altura

Por Vicente Alcala
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Encima de las nubes siempre brilla el sol. Hace falta “un punto de vista superior” para entender verdaderamente la realidad. Desde la altura se aprecia un conjunto con más amplitud que a nivel del suelo… y al pico montañoso más alto puede accederse gracias al ingenio humano. Estos y otros pensamientos surgen en este viaje, acompañado de unas fotografías envidiables.

Apenas se eleva el avión a la velocidad de crucero, se evidencia al pie de la letra el dicho de que “por encima de las nubes siempre brilla el sol”. Es majestuosa la vista de las nubes con el brillo, sin obstáculos, del sol desde lo alto. Pero esa visión hace pensar en el simbolismo de la frase, pues en las vicisitudes difíciles u oscuras de los días complicados de la vida hay que tener fe y pensar que “mañana será otro día”.    

Aterrizando en Ginebra, Suiza, sobresale enseguida el famoso chorro de agua (Jet d’Eau) en el extremo sur de su lago, y subiendo los incontables escalones de la torre de la catedral gótica sorprende la vista sobre la ciudad y el lago. El chorro de agua, iluminado y coloreado con un sol brillante, se asemeja a una bandera ondulante o a una vela arco iris, más grande que las de los veleros que pasean un poco más lejos.  

Ginebra, Suiza

Cerca de Ginebra, leí con desconcierto “Chamonix, Francia”. Acaso ¿no estábamos en Suiza? Una elemental geografía o un Google map podían aclararme que al sur del lago Leman o de Ginebra se encuentra territorio francés, y en él el famoso Mont Blanc (a 4807 m.s.n.m), el pico más alto de los Alpes franceses.

Es impresionante sentirse tan cerca de estos nevados tan altos, gracias al ingenio de la ingeniería humana que construyó una infraestructura accesible y un teleférico que nos sube a esas alturas. Desde allí se aprecia, hacia abajo, la población diminuta por la distancia.  

Mont Blanc, Francia

En Zurich, subimos a la cima de un cerro cercano, que tiene una torrecita-mirador, desde la que se divisa la ciudad en su esplendor y el rio Limago que atraviesa la población y corre por el valle. 

Zurich, Suiza

Nos encontramos en Friburgo (Alemania) para celebrar el cumpleaños de mi hija y, ya que estábamos cerca, visitamos Estrasburgo ‒de nuevo en Francia‒ tras atravesar la frontera entre los dos países. Desde cierta altura se disfruta una vista del Rin que se abre entre cuatro torrecitas y deja ver la catedral en el fondo. Volviendo a subir los escalones de su torre se tiene un panorama espléndido de la bella ciudad. 

Estrasburgo

El viaje continuó hacia Almería (España), donde celebramos con 54 familiares el cumpleaños número 80 del suscrito, por invitación insistente de mis dos hijos y mi esposa. En las cercanas ciudades de Málaga y Alicante fuimos recibidos y atendidos ‒a cuerpo de reyes‒ por nuestros amigos exjesuitas y sus queridas esposas. Desde las alcazabas y los castillos de Málaga y Alicante volvimos a gozar, desde la altura, la vista de dichas ciudades y el mar Mediterráneo.  

No podía faltar en Almería la subida a pie hasta el cerro de San Cristóbal, cercano a la casa natal y al lugar de hospedaje en estos días. Desde la imagen del Cristo se contempla parte del puerto y la bahía, de tan gratos recuerdos personales y familiares. 

Cristo de Almería

Sería muy extenso describir las sensaciones de bienestar y felicidad de este viaje, con el encuentro de los hermanos y sobrinos, con el repaso de lugares y fotografías familiares. 

Como el artículo se titula Un viaje con altura, me he concentrado en las fotos desde arriba, pero desde la altura de 80 años de vida se pretende “un punto de vista superior”, aunque proyectado hacia el futuro de las nuevas generaciones.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2023

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Hicimos un viaje de casi dos semanas que resultó por una invitación al matrimonio de la hija de unos amigos. Somos fáciles para armar programa que implique movimiento y ¡aquí vamos!   Les contaré las aventuras que comenzaron desde Miami a Ocala, Florida, rumbo hacia Austin, el lugar del matrimonio, y luego a Dallas, Texas, para aprovechar y hacer una visita familiar. 

En Ocala nos esperaban nuestros amigos Milly y Luis para descubrir una población, a mi parecer, “en medio de la nada”, que también es llamada la Ciudad de los Caballos. Tiene unos 64.000 habitantes y tal vez no mucho por hacer, más que comprar un caballo o visitar amigos del corazón. Vamos en las ruedas de nuestro vehículo, que se ha portado a su altura, solo pidiendo su comida cuando lo necesita. Nos ha llevado a velocidades altas y siempre agradecidos con el universo que nos hace invisibles y siendo conscientes de no hacerle daño a nadie. 

Luego de compartir un tiempo con nuestros amigos, salimos a nuestro siguiente destino: New Orleans, a ocho horas de camino.

Allí llegamos con ganas de recordar aquella famosa calle del French Quarter, que nos dio apertura y conocimiento 31 años atrás, pues estábamos en luna de miel. Hoy la encontramos oscura y descuidada, como si el tiempo le hubiera pasado haciéndole daño, cuarteando sus pisos, llevándose sus cortinas, abriendo las puertas, con el viento en espiral haciendo fiesta y lo fértil de los árboles dejando crecer solo la maleza que se mete dentro de las rendijas, provocando destrucción y abandono. Deambulan humamos disfrazados de decadencia con los rostros ajados y sufridos. Ya no es lo que era ni su downtown, ni su zona rosa Garden District

New Orleans, LA

Esta zona sigue siendo barrio de casas grandes y costosas, pero llenas de telarañas, y con fantasmas propios, algunos colgados en las entradas para sorprender al transeúnte. Esta vez mis ojos miraron con ojos de Halloween, pues se acercaba esa fiesta y no pude quitarles el disfraz. Me llevé esa impresión oscura y sombría, sin ganas de recomendarles que visiten New Orleans.  

New Orleans, LA

Seguimos manejando cinco horas hacia Houston, también visitada antes, sin mucho que decir. Es una ciudad extensa, que te muestra que estás en Texas. Esta vez sentí un poco más de personalidad en sus calles. Recorrimos parques, vimos la caída de la tarde y la tonalidad del cielo: eso suma y llena el alma. Disfrutamos del bello hotel y cerramos la noche con una deliciosa cena y vista al downtown desde la terraza.

Austin, TX

Seguimos el recorrido, durante tres horas, para encontrarnos con Austin. Una ciudad que está floreciendo, llena de gente nueva en busca de un cambio en su vida. Se siente esa energía refrescante y llena de aspiración. Caminamos de arriba abajo, disfrutamos su comida y sus bebidas, vimos al sobrino Mauricio y a su hijo David. Comimos vaca, chupamos hueso, costillas, y picante. Participamos de la hermosa unión matrimonial de Angie y Mason, y bailamos, bebimos y celebramos el amor y la vida. 

Siguió nuestra aventura para culminar la meta después de tres horas, en nuestro punto final: Dallas. Habían trascurrido 24 horas de viaje. 

Familia en Dallas, Tx- 30 Oct.2022

¡Aquí la reunión del clan familiar! Solo sentir el amor incondicional fue suficiente. Tuvimos conversaciones profundas, cantamos, comimos y permitimos que la energía se entrelazara, nos abrazara y nos dejamos llevar. Gracias a los más de 20 familiares que vinieron en su tarde de domingo a la casa de nuestros anfitriones Darryl y Beverly, sobrinos de Dario, quienes nos atendieron con fruición y genuino cariño.  

Nuestro momento de regresar a casa comenzó. Manejamos seis horas hacia Jackson, Mississippi, donde dormimos y descansamos, para seguir renovados con ocho horas más de viaje pasando por Pensacola, la primera población de la Florida al noroeste, en el golfo de México. Viendo sus hermosas playas, decidimos parar en Panamá City Beach. Esta pequeña ciudad nos esperaba con un atardecer más hermoso que el anterior. Hubo tiempo para un baño de mar y llenar el corazón viendo el espectáculo que el sol nos brindó. Cenamos y celebramos por tantas cosas maravillosas que la vida nos ofrece. Recordamos a todos nuestros amores y reímos sintiendo la brisa mientras el sol caía dejándonos un sabor a magia y gratitud.

Panama City Beach, Fl.

Al nacer el día, seguimos para nuestro siguiente destino, a siete horas: New Port Richey, Florida. Allí, nuestros amigos Claudia y Dough nos esperaban en su nueva casa con aroma a hogar feliz, listos para compartir con nosotros unos buenos vinos, una barbacoa y un clima ideal mirando desde el patio de su casa el bosque que los acompaña. 

Ahí amanecimos. Terminamos nuestro viaje con cinco horas más de carretera para llegar a casa en Miami. Al finalizar nuestro viaje notamos que las carreteras más congestionadas las tiene el estado de la Florida. Agradecimos, porque viajar por Estados Unidos es seguro, tranquilo, divertido y nos felicitamos por ser tremendos compañeros de viaje. 

Sí, sí, se puede repetir. ¿Quién se apunta?  ¿Cuándo vamos?

Pilar Balcázar 

Enero, 2023

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Un conjunto de compañeros, acompañados por sus familias, presentaron sus experiencias y muchas fotografías de su viaje reciente a Bahía Solano. Los cinco escenarios presentados comenzaron con la planeación y llegada a su destino, seguida por una caminata difícil a dos cerros, los avistamientos de ballenas durante cuatro salidas al mar, la caminata a una bellísima cascada y la visita al parque natural de Umbría. Sus vivencias en el lluvioso Chocó y sus aprendizajes como grupo nos invitaron a seguir sus pasos en otra de sus famosas excursiones. 

Exjesuitas en tertulia- 6 de Octubre, 2022
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El encanto de Colombia

Por Vicente Alcala
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Dos niñitas, de 5 y 8 años, viven en Madrid (España) y están locas por venir a Colombia. La premiada película “Encanto” de Disney la ven día y noche, una y otra vez, y los cantantes colombianos completan su pasión por conocer y experimentar el país de sus sueños. Ese ensueño se les hizo realidad.

Llegaron a la casa familiar, desde la que se divisa el valle del Teusacá y las montañas que se enfilan desde Sopó hasta La Calera, en Cundinamarca. Aquí hay una pequeña cascada que nos despierta por las mañanas asoleadas con su sonsonete y sus reflejos húmedos.

Lo más cercano para visitar es la Catedral de Sal en Zipaquirá: la mina, la luz, las esculturas, la cantidad de gente…, son de verdad. Ellas comienzan a mezclar la imaginación con la realidad.

El salto aéreo es a la zona cafetera: los guaduales, las plataneras, los cafetales, las palmas de cera, la vegetación y las flores de esta región privilegiada ‒medio fría medio caliente‒, en las laderas de la cordillera central, transportan (siempre en verde) a otro paisaje físico, cultural y humano lleno de encanto. Las comidas típicas y el arequipe con sabor a café y a nueces de macadamia hacen degustar otra faceta colombiana. Los disfraces de chapoleras para las niñas ‒y los de los adultos que las acompañamos‒ nos hicieron parecer compañeros de Juan Valdez.

En el intermedio, viajamos a Villa de Leyva: su enorme plaza, sus iglesias, sus casas coloniales y la cantidad de gente ‒incluso entre semana‒ constituyeron una muestra del encanto boyacense. 

Después, el agua que moja las arenas blancas, en las playas de la isla Barú de Cartagena, nos refrescaron del calor tropical. La visita al Aviario Nacional, con sus guacamayas, loros, águilas, garzas y demás ejemplares nos comprobó que somos el país con mayor número de especies de aves en el mundo.

En el oceanario de las Islas del Rosario, con sus delfines, tiburones y tortugas, entre otros, se vive una experiencia igual o más rica y variada que en otros acuarios de diferentes países.

En el centro histórico de Cartagena, con sus murallas, balcones, la Iglesia y el claustro de San Pedro Claver ‒esclavo de los esclavos por siempre‒ y los atardeceres contemplados desde los baluartes (como el de San Francisco Javier), que encienden de rojo el horizonte marítimo, son vivencias inolvidables en el Caribe colombiano.

Quisiera meterme en la mente y el corazón de las niñas protagonistas del paseo, para proyectar sus recuerdos hasta los propios ochenta años…

Como quedaban dos, de los 15 días del viaje familiar ‒antes de regresar a Madrid‒ no podía faltar un paseo por la Sabana hasta la laguna de Guatavita y el pueblito del mismo nombre.

Y luego, la visita al centro de Bogotá: la plaza de mercado de la Perseverancia, museos del Oro y de Botero, Catedral primada y Plaza de Bolívar, algo del barrio de la Candelaria…

En fin, el encanto de Colombia, sin ignorar la simpatía y amabilidad de sus mujeres, es un encanto real y verdadero, que nos impulsa y nos eleva por encima de sus dificultades para hacerlo un país y una sociedad cada vez mejor. 

Vicente Alcalá C.

Noviembre, 2022

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Amanece en Capadocia y lo único que nos importa es que no vayamos a perder la oportunidad de subir al globo y ver el amanecer desde lo alto. 

De los amaneceres inolvidables y diferentes:   la tonalidad del cielo iba cambiando de azules a morados, rosados y amarillos, naranjas y rojos mezclándose con el colorido de los globos, las llamas avivantes de los globos listas para despegar, el bullicio de las personas llenas de asombro y otras en silencio, contemplando esta magnificencia.

Era grandioso ver como la luz entre nubes, iba llenando el día, y los ojos no eran suficientes para abarcar todos los ángulos y observar desde lo alto estas rocas en formas cónicas que han sido cambiantes a través de los siglos por la lluvia y el viento. 

Nuestro globo tenía una marca especial, Camilo mi hijo viaja con la bandera de Colombia y la ondea cuando quiere mostrarle al mundo que allí hay un corazón colombiano.  Esto nos acerca, nos identifica y hay más de una buena anécdota por este fino detalle.

El tiempo transcurrió demasiado rápido: ¿45 minutos? ¿Una hora? De perplejidad y magia, de cámaras, videos, fotos, suspiros. Cuando, de repente, en un idioma incomprensible, más como un grito, entendemos que debemos ir todos al piso de la canasta del globo: vamos a bajar, a tocar tierra.  Se nos acabó la alegría para pasar a segundos de un choque fuerte contra las rocas y muchos hombres tirando de las cuerdas para tratar de parar el globo y frenarlo.

Al estilo del paleolítico sigue esta atracción turística, ganando mucho dinero y con turistas quejumbrosos porque sufren con su espalda, o sus huesos, si no están en buena posición y buena forma física. Yo ya venía con mi mal del esqueleto. Y después de esto, mi mente comenzó a jugarme una mala pasada y mi cuerpo aprovechó de la compañía de los hijos fortachones que me ayudaron a seguir conociendo esta misteriosa ciudad subterránea con iglesias y espacios donde convivieron muchas comunidades cristianas.

 Capadocia (Turquía), tiene un encanto único: es mágica, es maravillosa, tanto para los amantes de la naturaleza como para los amantes de la historia. Encierra cuentos de mucha maldad y sufrimiento, pues aquí los cristianos se refugiaron en la persecución de árabes y persas.  Se especializaron en hacer túneles en varios niveles, por donde se filtra el aire y la buena ventilación. Hay algunos túneles que permiten ser visitados por turistas. 

Caminamos, subimos y bajamos calles empedradas, disfrutamos de la fotografía, y de algunas tiendecillas donde compras el típico recuerdo de la ciudad que es catalogada como una de las más bellas de Turquía. 

Visita imperdible, porque si crees en la magia, tienes que ir a Capadocia. 

Pilar Balcázar

Vivido en Julio, 2014

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Aprovechamos nuestras vacaciones para ir a Portugal y conocer varias poblaciones de ese país. Coimbra fue una de las ciudades que visitamos. Es célebre por tener una de las universidades más antiguas del mundo occidental: ¡fue fundada en 1290!

Después de caminar por la única calle principal de Coimbra, desviarnos por una subida empedrada, deslizarnos por unas escaleras del siglo XII y ver la luz del cielo azul, descubrimos un restaurante llamado “Pasaporte”.  Entramos con sigilo. Se veía lúgubre, porque sus cortinas cubrían las ventanas del primer piso, que escondían a la vista sus paredes de azulejos típicos. Seguimos al señor que nos invitó a pasar y finalmente subimos unas escaleras semirredondas para descubrir un mágico lugar. 

Confieso que no esperaba mucho de nada, pero me deje llevar y… ¡oh sorpresa! El salón principal con sus mesas, lámparas, chimenea y paredes con sus historias en los azulejos me dejaron atónita. Y más todavía, mirar a través del cristal la vista de Coimbra desde lo más alto. La terraza, a la que se le notaba el paso de los años, nos dio la posibilidad de caminarla lentamente y muy agradecidos, pues los comensales éramos solo cuatro. Otra pareja y nosotros dos.

Después vino lo mejor. Sentí que nos dieron un trato de reyes: dos meseros a nuestra disposición y un derroche de entradas muy gourmets que sin pedirlas llegaban a la mesa. Disfruté el plato principal y sentí lo que Laura Esquivel describe en su libro Como agua para chocolate: solo placer gastronómico. Ahh!, y todo esto acompañado con el delicioso vino verde que es especial de esta región.  

Luego llegaron los postres: una variedad muy casera ‒nos dieron de todos un poco‒ y cerramos con un agua de frutos rojos, muy satisfechos por haber aprovechado la oportunidad de entrar a “Pasaporte”, llamado así porque antiguamente este lugar era la oficina del gobierno donde se efectuaban los trámites para obtener el pasaporte.  

Hoy en día este restaurante le pertenece a un chef que está dando lo mejor de sí para enamorar a los pocos turistas que vienen a pasar una o dos noches en Coimbra. ¡No necesitas más! De lo contrario, te verás de arriba para abajo por sus callecitas, haciendo mucho ejercicio que claramente le hará bien a tu corazón y a tus huesos. 

La Universidad de Coimbra es una de las más antiguas de Europa ‒es la más antigua de Portugal‒. Su biblioteca, que fue construida entre 1717 y 1728, encierra historias como la de una cría de sus propios murciélagos que todas las noches salen y se alimentan de los bichos que podrían comerse los libros. Pude ver los cobertores de cuero que al atardecer, los que trabajan allí, tienden en las mesas de madera de 1740 para cuidarlas de las heces de esos animalitos. 

En los alrededores de la universidad hay un jardín botánico que solo conocen unas cuantas personas, porque es gratis. Si la entrada tuviera un costo, seguramente habría fila para entrar. Eso nos comentó el guía… 

Coimbra es una ciudad universitaria: de ello sobrevive y de todos aquellos que solo quieren paz y tranquilidad en sus vidas.

Pilar Balcázar

Octubre, 2022

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Mágica Florida

Por Pilar Balcázar
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Al compartir la narración del viaje reciente que la autora tuvo a la zona que lamentablemente esta semana sufrió los embates del terrible Huracán “Ian”, nos solidarizamos con las victimas en vidas y destrozos materiales de estos bellos lugares. Al recordar los momentos vividos allí por Pilar,  invitamos a los lectores  a unirse con sus energías positivas para tratar de devolverle a las víctimas su consuelo y optimismo y al lugar su belleza, tristemente arrebatada por la fuerza de la naturaleza.

Este abril recorrí parte de tu suelo, muchas otras veces lo he repetido sin dedicarle tiempo a la inspiración que cuente al mundo cuan maravillosa eres. Manejar de sur a norte o de oriente a occidente, ver el sol nacer, ver la luna rilar en el agua es un privilegio de esta Florida, que la bordea agua salada y por dentro verdor a furor, gracias a la humedad del ambiente, a sus lagos, ríos, manglares y muchos canales que terminan uniendo lo dulce con lo salado. 

Una mañana decidimos manejar hacia el occidente en línea recta, desde Miami, que es la capital de Latinoamérica, en donde podemos medir la altura de la torre de babel, desde el “Spanglish”, hasta el español con todas sus desfiguraciones, pasando por la riqueza cultural de costumbres y comidas que te ayudan a no extrañar tu tierra.

Atravesamos los pantanos durante casi dos horas, esperanzados en que hoy sí veríamos un cocodrilo, pero como dicen, la esperanza también se pierde. Llegando al mar del suroccidente, ya en el golfo de México, encontramos Marco Island.  Está unida por puentes con la ciudad de Naples. Tiene unas playas de arena muy suave, hay resorts, canchas de golf y una población de 15 mil habitantes. Dicen que es la isla más grande de toda la barrera de islas que son más o menos diez mil en esta área. Vale la pena, para conocer la pureza de sus playas. A 30 minutos para el Norte, está Naples con su calle importante, llena de restaurantes, palmeras y turistas disfrutando del delicioso clima de primavera.  Seguimos entrando hacia el norte por la vía más cercana a la playa y nos encontramos con Bonita Beach, que buen nombre, realmente bello el lugar, las casas, la arquitectura, la vegetación y sus playas.. terminando en una punta como pequeña península con el parque Bowditch Point,este lugar te quita el respiro, playas pequeñas, pero puedes sumergirte con el agua a tus tobillos y caminar y ver la transparencia del agua con algunos peces en filas dándole la vuelta a tus pies; hay raíces secas y restos de manglares que lo hacen ver virgen y paradisiaco. 

Seguimos La carretera hacia el norte, rodeada de verde, agua y playas listas para turistas y pescadores, hacia Fort Myers y en el primer puente que nos saca a la isla, desviamos el caminar y llegamos a Estero Beach, una población pequeña, parecía de gente mayor, retirada. Con una sola calle principal que a su final te saca a un parque con una extensión inesperada, donde pagas su entrada. Mucha gente en bicicletas, carpas para camping, barbacoas, etc.  Lo recorrimos, vimos sus playas, las recomiendo, pero nuestro objetivo era Siesta Key

Esta isla la conozco hace más de 25 años, y rogué al universo para que conservara su encanto, su playa extensa, su arena pura como polvo blanco, atardeceres inigualables y miradas agradecidas y perplejas ante tanta magnificencia. Poner la silla dentro del agua, mojarse suavemente con las olas que juegan al vaivén del viento es lo que se acostumbra en esta hermosa playa, para quedarse en silencio mudo solo de contemplación.  

Seguir moviéndonos hacia el norte donde te topas con El Lido, una ciudad pequeña con su plaza central con una rotonda que demarca su desplazamiento y a su alrededor tiendas y restaurantes que lucen muy elegantes y finos. 

Hacia el norte pasamos por Long Boat Beach, un camino largo y angosto hasta llegar a Anamaría Island, que hoy es otra ciudad. Me impactó su crecimiento y desarrollo, es un turismo muy exclusivo y bohemio, casas altas en palotes de colores pasteles y gusto exquisito, restaurantes sobre la arena que te invitan a un buen vino o un mojito para refrescar la tarde. 

Aquí esperamos, junto con mucha gente, la caída del sol como si fuera la primera vez o quizás la última. Ese astro, venerado y potente que nos llena de energía y de un no sé qué en tu cuerpo que invita a que lo admires una y otra vez. Ese momento mágico donde revive el amor, la amistad y todos los sentimientos se despiertan y tu piel se eriza. Creo que no hay mejor magia que ver el sol nacer o caer.  

Después del sobrecogedor espectáculo, todos vuelven a sus mesas a cenar y continuar con la vida y la noche que llega. 

Florida este es un pedacito de ti, de tu parte lateral izquierda que tiene personalidad y encanto propio.  Y yo, de regreso a casa tomo la vía más rápida con el corazón lleno de bonitos recuerdos y mi cámara llena de hermosas fotos. Siempre habrá algo más para explorar, atrévete y te aventuras en la Florida.

Pilar Balcázar

Abril, 2022

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