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Cuando viajamos, salimos de nuestra zona de confort. Encontramos nuevas gentes, espacios que nos revelan cosas insospechadas, situaciones que nos interpelan. Nunca somos los mismos después de un viaje vivido a fondo. Exjesuitas en Tertulia quiere convertirse en ese álbum hecho por muchas manos y recibir de usted lo que ha aprendido, lo que lo hizo cambiar.

EL DANUBIO AZUL

Por Vicente Alcala
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El rio atraviesa, desde hace siglos, la bella ciudad de Budapest, pero durante muchos años se tiñó de rojo; hoy sigue fluyendo con nueva vida. 

El famoso vals El Danubio Azul de Johann Strauss (1867) nos trasporta a las Rapsodias Húngaras de Franz Listz (1847) y a las Danzas Húngaras de Johannes Brahms (1853). Los tres músicos románticos están muy ligados a Viena y a Budapest. 

Así no conozcamos mucho del Imperio Austro Húngaro, sabemos que formalmente duró entre 1867 y 1918; por eso, Budapest está muy relacionada con Viena, especialmente durante esa época. 

En los siguientes párrafos compartiré algunas impresiones del reciente y privilegiado viaje a Budapest, con mi familia para celebrar los 80 años de Elssye; haré una brevísima referencia a la historia de Hungría y ofreceré algunas imágenes. Espero que este sencillo escrito despierte la curiosidad de los que no han visitado esta hermosa ciudad y reavive los recuerdos de quienes ya han tenido la oportunidad de disfrutarla. 

Hungría tiene una historia mucho más amplia, de la que sólo destacaré varios momentos de su capital.

-La mayor parte del territorio de la actual Hungría perteneció al Imperio Romano a través de la Provincia de Panonia; al norte de la actual Budapest se puede visitar Aquincum, que fue una importante ciudad y campamento militar; hoy se conservan valiosos vestigios de la cultura romana, 

entre los cuales llama especialmente la atención un órgano de agua. Con una bomba, el agua impulsaba el aire, que al pasar por los tubos producía el sonido; aunque era un invento griego, los romanos lo utilizaron, como en esta ciudad de Aquincum en la que se encontraron fragmentos que permitieron su reconstrucción que muestra la foto. 

-En el año 1000, el rey Esteban funda el reino cristiano de Hungría. Desde entonces se le venera nacionalmente como San Esteban. La fiesta en su honor se celebra el 20 de agosto, durante la cual se disfrutan -en vivo- danzas populares del folclor húngaro y destacan los espectaculares fuegos artificiales. En la Basílica de San Esteban sorprende la imagen del rey, presidiendo el altar mayor; tranquiliza un poco el destacado texto del letrero superior: S. Rex Stephane intercede pro nobis apud Regem saeculorum (Santo Rey Esteban intercede por nosotros ante el Rey de los siglos). 

-Desde 1541 hasta 1699, el Imperio Otomano dominó la mayoría de los territorios húngaros. 

–La Budapest actual se creó el 17 de noviembre de 1873 con la unificación de Pest, a una orilla del Danubio, y Buda-Óbuda, a la otra orilla. Entre las principales construcciones de esta parte de la ciudad se encuentran el Baluarte de los Pescadores, la iglesia de San Matías… 

Y el Palacio de Buda

-En la orilla de Pest destaca el Parlamento que es la sede de la Asamblea Nacional de Hungría. Es el mayor edificio de Hungría y supera al Parlamento de Londres y al de Berlín, entre otros de los mayores parlamentos del mundo. Se terminó su construcción en 1904, después de 19 años de trabajo de diseñadores, artistas, arquitectos, constructores y demás trabajadores. 

Hungría es ocupada en 1944 por Alemania y posteriormente por la Unión Soviética. La afirmación de que el rio durante muchos años se tiñó de rojo se refiere a los genocidios perpetrados por las dictaduras de los nazis y de los comunistas (especialmente contra los judíos húngaros) y posteriormente en la represión sangrienta de la URSS a la Revolución húngara en 1956. En la sede del Museo del Terror de Budapest se documentan y se recuerdan los horrores de las masacres que asesinaron, al menos, a unas 400.000 personas.

-En 1989 se produce la caída del régimen comunista y, con ella, la transición para Hungría hacia una república democrática. 

Los hitos históricos, tan breve y sintéticamente recorridos, nos corroboran, una vez más, los dinamismos de:

  1. desarrollo, crecimiento, progreso…
  2. decadencia, retroceso, deterioro…
  3. recuperación, reconstrucción, restauración…
  1. El progreso y desarrollo de Hungría, desde las épocas imperiales, se manifiesta en Budapest en sus actuales avenidas, edificios señoriales, monumentos, parques, palacios, templos y sedes religiosas, salas de arte y de música, academias y museos, entre otros.
  2. La decadencia, deterioro y destrucción se resumen en los efectos de los regímenes de opresión, dictadura, sometimiento y represión.
  3. La recuperación, reconstrucción social y restauración se evidencian en la actualidad, desde la caída del régimen comunista y la transición a una república democrática, y en su ingreso a la Otan, a la Unión Europea y al espacio Schengen. En vivo, se siente también el tercer dinamismo, el de restauración.   

Para conocer a Hungría habría que disfrutar unas 36 ciudades con sus bellas construcciones y los campos que las rodean, pero basta -como muestra- una visita a Budapest para apreciar la belleza de este país.

El Danubio sigue siendo testigo, actor y acompañante de la cultura, la civilización y de la vida social de la nación húngara. 

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2026

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Recientemente nos encontramos 27 integrantes del grupo de “Amigos de toda la vida” para recorrer algunos lugares de las “bravas tierras de Santander”, como las nombró el maestro Jorge Villamil en su vals “Si pasas por San Gil”. Nos convocó la alegría de compartir este tiempo valioso de nuestras vidas y volver a ver rostros y sonrisas queridas, “en vivo y en directo”. Sin embargo, ninguno imaginó que estaríamos cerca de lo que pudo ser una tragedia enorme. Gracias a la acción eficaz de muchos, hoy puedo contar algo de esta experiencia que, definitivamente, no deseo repetir. 

El jueves 17 de septiembre desayunamos con afán para entregar los chalets del hotel donde nos hospedamos en Zapatoca, cuna de nuestros amigos Gabriel Díaz, Marlio Gómez y de sus nobles y recordados ancestros. 

Salimos luego de las 9 de la mañana, con la ilusión de llegar a Barichara al caer la tarde o, con suerte, un poco antes de las cinco. El guía nos advirtió que haríamos una parada en La Fuente y, más tarde, también en Guane. Allí, luego de recorrer sus calles emblemáticas y cargadas de historias viejas, almorzaríamos en un buen lugar para llegar finalmente a Barichara. Viajaríamos en un bus más pequeño que el que veníamos utilizando desde Bucaramanga. La razón del cambio de transporte no la entendí claramente, pero la aceptamos sin protestar.

23 viajeros nos acomodamos en el bus emergente y ubicamos carteras, morrales pequeños, bastones y pertenencias en el compartimento superior. Dejé allí mi mochila de Unicef con el computador y las cosas indispensables que llevo a mano normalmente. Mientras avanzaba por la carretera destapada y llena de curvas, el bus arrojaba a lado y lado un “polvero” sobre las ya rucias hojas de los árboles. Como pasajero, con el bamboleo y las vueltas, mi cabeza y mi estómago se resienten y tuve que cerrar los ojos para distraerme del mareo. 

Hacia las 11 am, más o menos, nos detuvimos en La Fuente, un corregimiento pequeño con una linda placita sombreada de árboles tropicales ubicada frente a la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias. En sus bancas de cemento se refugian bajo la sombra pobladores y visitantes que escapan del sol y alivian el calor. Allí, en uno de los rincones me senté y pude respirar para tranquilizar la “maluquera” que ya comenzaba a incomodarme. Después de unos minutos entré a la capilla y en silencio escuché las oraciones de un parroquiano devoto que proclamaba el nombre de Dios con los ojos cerrados cerca del altar. 

Supe que era el sacerdote que, por casualidad, visitaba ese día la capilla y pedía protección para todos y atención para los afectados por el reciente terremoto del 10 de agosto. Estaba de pie junto a un antiguo cuadro de la Virgen de las Angustias que le da nombre al templo. Cuando se retiró, caminé por la nave central hasta el pedestal donde se exhibía la imagen, la miré con cuidado y oré por todos los viajeros y por mis hijos ausentes, desperdigados en diferentes países. Hoy sé que la madre de Dios nos protegió de lo que íbamos a enfrentar poco después. Al salir de la iglesia, en la tienda cercana, recuperé plenamente el aliento con un cafecito que me supo a gloria antes de subir al bus para continuar hacia Guane. 

Unos diez minutos después de continuar el viaje, un golpe seco y una orden perentoria que me pareció casi un grito, me hizo abrir los ojos:

  • “¡Bájense todos del bus lo más rápido posible! ¡Bájense ya!”

Ludwig, nuestro guía, acababa de abrir la puerta del bus de una patada. Sabíamos que algo malo estaba ocurriendo. Nos levantamos instantáneamente. Tomé mi morral y me lo cargué en la espalda. Vi correr al voluminoso conductor tratando de ubicar la causa del humo que salía por debajo del chasis. Llevaba algo en sus manos. Junto a mí, Myriam tomó su cartera y nos preparamos para avanzar por el pasillo central mientras los más impedidos para caminar bajaban del vehículo. Desde el interior del bus pude ver a Marisol, nuestra guía, llevando casi alzada a Berthica. Caminaba hacia atrás y la ayudó a sentarse sobre el pasto. Luego corrió a traer su silla de ruedas. Por fin alcanzamos la salida y pude ver que se elevaban pequeñas fumarolas por los orificios de la cubierta de paño verde de la tapa del motor. El paño, en algunas partes, ya tomaba un ligero color café. Entendí que el bus se estaba quemando.

Me bajé y ayudé a Mark con la silla de ruedas y con Jessie nos alejamos del bus carretera abajo, hasta un rincón sombreado. Mientras buscaba las maletas, Carlos se quedó junto a Berthica y otros compañeros se unieron afanados. Cada uno fue reconociendo sus maletas y la mayoría las subió por el camino ascendente, alejándose del bus con toda celeridad. Yo tomé las nuestras y me las llevé hasta donde esperaban más abajo sobre la carretera Mark, Jessie, Berthica, Carlos, Edmundo y no recuerdo quién más.

Veíamos al conductor del bus que hacía esfuerzos para apagar las llamas con su extintor, pero el fuego no cedió. Se sentó angustiado al borde de la carretera y habló con alguien, en medio de sollozos. El bus comenzaba a quemarse y ninguno de nosotros podía hacer nada. Permanecimos alejados, angustiados e impotentes. Jessie mencionó que había dejado en el asiento su cartera con los pasaportes, el teléfono celular y las medicinas. Todo se perdería entre la quemazón. 

Llegaron algunos policías y otros vecinos en motocicletas trayendo extintores. El afán era creciente. Junto a nosotros frenaron dos camionetas, una de la policía y otra conducida por un amigo del chofer. Los ocupantes corrieron hacia el bus en llamas y los extintores se multiplicaron. Algunos no funcionaron, mientras las llamas ya subían por las paredes del bus. Tuvimos que permanecer alejados y prudentemente nos retiramos un poco más, presintiendo lo peor: un estallido del tanque de combustible, con todas sus terribles consecuencias. 

Al lado de la carretera, casi acostado sobre el suelo, el acongojado conductor lloraba con toda su voluminosa humanidad mirando cómo se consumía rápidamente su principal instrumento de trabajo. Con su celular le comunicaba su desgracia a alguien impotente al otro lado de la línea. Todos obedecimos las voces de los policías y se guardó el orden en medio de la confusión.

Cuando las llamas alcanzaron el tanque del combustible, para fortuna de todos, no hubo la temida explosión. El tanque estaba cargado con ACPM y no con gasolina.  Se levantó una densa e inmensa columna de humo negro, visible desde muy lejos. Temí que la fuerza de las llamas consumiera los árboles aledaños y se iniciara un infierno forestal. El naranja y rojizo de la combustión se intensificó y las más de cincuenta personas presentes, fuimos testigos impotentes del incendio que se ensañó con el vehículo y lo destrozó hasta dejarlo convertido en hierros calcinados. 

En silencio, oré por la familia del conductor, por él y por su trabajo de años reducido a cenizas. Sentí en mi corazón el dolor de ese trabajador que vio quemarse sus ilusiones entre llamaradas, gritos y esfuerzos, carbonizadas todas por el fuego. Era algo abrumador. ¡La amargura se hizo presente en mí y, aunque ajeno, experimenté cómo duele el dolor de los impotentes! Luego, se hizo silencio en mi corazón…

  • “Es que ustedes son como mi abuelito y así hay que cuidarlos. Cuando yo sea como ustedes, otros me ayudarán”. 

Eso le escuché decir a uno de los cuatro jóvenes voluntarios que bajaron sentado y en su silla a uno de nuestros compañeros. Con gran cuidado, los policías cargaron en su camioneta nuestras maletas y las llevaron de regreso a La Fuente, bajo la vigilancia de los uniformados.

  • “¡Preparen treinta almuerzos, quince de carne y quince de pollo! Y dígale a doña María que los empaque bien. ¡Ya vamos para allá!”. 

Esa fue la indicación del comandante local de la policía que generosamente se ocupó de nuestra alimentación ese medio día.  

Un bus más grande y confortable nos recogió después del almuerzo para llevarnos hasta Barichara. La hermana del conductor, muy conmovida, nos explicó que ella y su hermano eran dueños de la empresa de transporte y que el bus incendiado era herencia del padre que había fallecido tres meses antes. Se disculpó sinceramente y lamentó lo sucedido. Me conmovió su dolor y su impotencia.

Tomamos la misma ruta y nos detuvimos un momento para ver la ruina y la chatarra consumida por las llamas. El conductor del bus incendiado, Oscar, subió a nuestro nuevo transporte y habló con nosotros, acongojado y aún confundido. Supimos que el bus estaba asegurado, que su empresa tenía años de experiencia y que la emergencia fue completamente imprevista. El bus en el que ahora viajamos era también suyo y tenía la confianza de que todo seguiría sin inconvenientes.

Por la noche, en el pequeño salón junto a la recepción del Hotel en Barichara, leí ante mis amigos la nota que alguien escribió el 18 de mayo de 2014, en el municipio de Fundación en el Magdalena. Allí, 33 indefensos niños y un adulto murieron achicharrados entre un bus que los transportaba luego de la catequesis dominical. La imprudencia y la inseguridad del conductor causaron la tragedia en ese bus que transportaba ilegalmente a sus pasajeros.

Por contraste, nosotros fuimos oportunamente advertidos del peligro que reconoció el experimentado conductor. Los guías y los 23 amigos de toda la vida, todos “adultos mayores y de la tercera edad”, pudimos bajar a tiempo del vehículo y ninguno resultó afectado físicamente por el fuego. No hubo pánico o histeria. Actuamos atendiendo con prioridad a los más débiles y nos unimos en la adversidad, apoyándonos unos a otros. La solidaridad brilló y los integrantes de la policía, con el comandante a la cabeza, nos rodearon para cuidar nuestra vida y nuestras pertenencias. Los jóvenes del lugar que nos apoyaron incondicionalmente aceptaron a regañadientes el donativo con el que quisimos reconocer su generosidad y cuidado.

Somos pasajeros de un bus que debe llevarnos hasta el punto final, pero no sabemos cómo será el camino. Aun así, debemos recorrerlo en el transporte que nos correspondió y con los compañeros con quienes lo abordamos. La serenidad y la solidaridad con la que todos actuamos para apoyarnos y protegernos, sin que nadie saliera lesionado, nos debe acompañar siempre, hasta el final. 

Nuestra vida es tan fugaz, tan débil y efímera como el automotor que se quemó ante nuestros ojos. Sólo nos llevamos lo que tenemos puesto y, por eso, es tan importante andar ligeros de equipaje, sin rémoras, sin apegos, listos para partir en cualquier momento. 

Doy gracias a Dios por la vida que estoy viviendo, por Myriam mi compañera de camino, por los amigos y hermanos con los que lo recorremos. Deseo que lo que falte lo caminemos serenos, tomados de la mano y sabiendo que hay Alguien que nos protege, nos ama y nos espera con un refrigerio hecho con el amor y la prontitud de doña María, la desconocida que nos lo preparó en La Fuente, junto a la Iglesia de la Virgen de las Angustias, quien nos libró de esta, la que pudo ser una terrible tragedia que otro hubiera tenido que narrar.

Bernardo Nieto Sotomayor

Septiembre, 2026

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Cuando todavía estábamos en el siglo XX, con un grupo de amigos organizamos una especie de safari al Vichada, en plenos Llanos, para ir a la finca de Perrucho Arriaza, denominada Araguatos, muy cerca del río Tomo, casi en su desembocadura en el Orinoco y colindante en su extenso paisaje con la llanura venezolana. 

Hermosa a inolvidable experiencia. Cinco vehículos transitando en línea horizontal y abriendo camino exigente para superar los bajos y obviar los terrenos húmedos, en dirección obstinada hacia el oriente profundo. Y como detalle sorprendente en el horizonte de la vasta llanura, unos árboles esqueléticos desde los cuales algunos indígenas primitivos trataban de cazar con flechas las liebres o los escasos animales que salían de sus madrigueras. 

Mi pensamiento fijo como siempre en el extraño grupo humano que rompía nuestra tradicional visión cultural, me llevó a pensar en la enorme brecha que los indígenas tenían que superar para dar el salto de la edad de piedra a la modernidad. Esa Colombia profunda no ha cambiado mucho en el panorama de la marginalidad cultural del Siglo XXI. Solo que el salto es ahora desde el paleolítico hasta la posmodernidad.

Si algo se pudiera resaltar en la tarea del gobierno saliente es que nos hizo pensar como país en la necesidad de incorporar a la nacionalidad esas fronteras que subyacen no solo como áreas geográficas remotas, sino como grupos culturales autóctonos, siempre al margen de la historia común, relegados en su eterno silencio y olvidados por nuestra denominada civilización. Muchos de ellos quizás contentos y satisfechos en un aislamiento ancestral. 

Conste que el saliente gobernante no ha sido santo de mi devoción, ni objeto del culto mesiánico que inusitadamente y debido posiblemente a sus disruptivas e insultantes falencias individuales, le profesa la gran multitud. 

Pero es importante y justo reconocer que los Llanos, la Guajira, el Chocó y la Amazonía, durante este mandato han tenido un papel significativo como agentes de preocupación nacional que perturban e incomodan el tradicional ambiente centralista de nuestra nación. Es de esperar que para bien del futuro esta nueva pauta pueda enfatizarse, teniendo en cuenta además, que en razón de su aislamiento geográfico son los territorios gobernados por las guerrillas, los grupos criminales, la minería destructora del ambiente, y agentes disruptivos de la deseada unidad nacional. Además forman parte muy significativa del voto obligado de la oposición. Menuda tarea para el nuevo gobierno y quizás fuente de una nueva percepción política y de un reto de transición para configurar el sentido de nación que debe prevalecer en el devenir de nuestra historia conjunta.

Lo escrito es solo una nota simple y un recuerdo de Araguatos, que revive la canción y el corrido llanero que como resultado de nuestro periplo compuso entonces el maestro musical y compañero de travesía Julián Lombana. 

Hernando Bernal Alarcón

Julio, 2026

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Baviera (Bavaria en inglés o Bayern en alemán) es uno de los 16 estados federados de Alemania y queda al sur del país; limita con República Checa al este y con Austria al sur. Dachau es una población cercana a Munich (la capital de Bavaria y tercera ciudad de Alemania) con el triste recuerdo del campo de concentración nazi “Dachau” que funcionó entre 1933 y 1945. Éste no fue tan terrible como Auschwitz (en Polonia), pero fue el primero y en él murieron unas 40.000 personas.  

Adolf Hitler nació en 1889 en Braunau am Inn, en el lado austríaco de la frontera con Alemania. Ordenó la organización de los campos de exterminio y es muy conocido por su crueldad, dirigida desde Baviera.

Muy cerca, en Marktl am Inn (Baviera), nació en 1927 Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, quien dedicó su vida a la promoción de la verdad, de la fe, la caridad y la esperanza. El contraste de las dos personalidades es notorio y se recuerda enseguida al visitar Baviera. 

Otro contraste muy llamativo se percibe entre los pueblos tradicionales y las ciudades modernas del estado o de otras regiones de Alemania.

Funciona en Baviera una organización que podría compararse con la Defensa Civil colombiana por algunas de sus actividades cívicas y de diversas ayudas; se trata de Malteser, vinculada a la Orden de Malta, que tiene sus orígenes en el siglo XI (también en Colombia existe representación de esta orden). 

En los museos, se pueden observar obras de arte clásicas, cerca de pinturas modernas. Y en música, es muy llamativo el Museo de los Violines (en Mittenwald) por no hablar de Mozart, cuyo padre nació en Augsburgo, y cuya huella musical se aprecia mucho en Baviera.

Otro contraste, visual, llama la atención entre el Barroco de ayer y el estilo mucho más sobrio de hoy.

Sería muy complejo escribir sobre Baviera -comenzando por su capital München- para un visitante de pocos días. Simplemente, comparto unas impresiones sobre el civismo, la calma, la belleza, el orden y limpieza, aún en las zonas rurales.

Resalta, se aprecia y se disfruta la naturaleza en sus campiñas, sus montañas, los nevados cerca del Tirol y los ríos de aguas cristalinas.

Haber pasado de los desastres de la guerra y la destrucción al panorama actual de Baviera, es muy grato y esperanzador, pensando en otras latitudes, especialmente en la nuestra.

Vicenta Alcalá Colacios

Noviembre, 2025

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Sin canal y con canal

Por Vicente Alcala
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Viajar es una ocasión para aprender y para reflexionar. Se puede investigar sobre un país antes de viajar a él, o se investiga después de visitarlo.

Viajar a Panamá es la oportunidad para conocer el canal interoceánico, y ver el funcionamiento de sus exclusas que bajan enormes buques internacionales, los suben y los desplazan. 

La primera impresión al llegar a la ciudad de Panamá es encontrarse con una mole de torres modernas, pero más tarde se pueden conocer las ruinas de una ciudad de la época colonial (tal como muestran las fotos que abren este artículo). 

De la época colonial se puede conocer también el fuerte de San Lorenzo, cerca de la actual ciudad de Colón (en el Caribe) que fue construido entre 1595 y 1601 y reconstruido en los siglos XVII y XVIII, después de que fuera destruído por el pirata Henry Morgan.

Entre la ciudad de Panamá (en el Pacífico) y el Caribe existieron, en la época colonial, el camino real y el de las cruces que atravesaban el itsmo; entre 1980 y 1985 se construyó el ferrocarril de Panamá, precursor del canal y clave para la construcción de éste; hoy se puede recorrer el mismo trecho en automóvil, paralelo al río Chagres, por una excelente carretera rodeada de selva verde.

El rio Chagres fue fundamental para la construcción y funcionamiento del canal porque sus aguas, almacenadas en el lago Gatún, alimentan las exclusas y permiten el tránsito de los barcos (foto inferior izquierda). En la foto inferior derecha se ve un esquema del recorrido del canal.

Para un resumen histórico de Panamá, habría que estudiar las poblaciones indígenas del itsmo, algunas de las cuales también existen en Colombia, en la región del Darién, compartida hoy por las dos naciones. 

Algunos hitos son:

1501 Rodrigo de Bastidas explora las costas panameñas.

1510 Fundación de Santa María Antigua del Darién, primer asentamiento español en tierra firme caribeña.

1513 Vasco Nuñez de Balboa cruza el istmo y descubre el Mar del Sur u Océano Pacífico.

1519 Fundación de la Ciudad de Panamá, primera en el Pacífico. 

Panamá es la ruta clave del comercio de oro y plata entre América y España.

1671 Henry Morgan saquea y destruye Panamá la vieja y la ciudad se traslada al “Casco Antiguo”. Éste se conoce hoy así: 

1821 Panamá se independiza de España y se une a la Gran Colombia de Simón Bolívar. 

1831 Tras la disolución de la Gran Colombia, Panamá queda integrada con Colombia.

1880-1889 Intento francés de construir el Canal.

1903 Panamá se separa de Colombia con apoyo de Estados Unidos. En el mismo año se firma el tratado por el que Panamá concedió a Estados Unidos la Zona del Canal.

1904-1914 se construye el Canal de Panamá bajo el control de Estados Unidos, pero con el esfuerzo de trabajadores de muchos países.

1977 El tratado Torrijos-Carter acuerda la devolución progresiva del Canal a Panamá.

1999 Estados Unidos entrega el Canal al Estado Panameño.

2006-2016 Ampliación del Canal con la construcción de un tercer juego de exclusas. 

En la actualidad, Panamá cuenta con unos 4.570.000 habitantes. La capital tiene unos 410.000, aunque su área metropolitana llega a un millón trescientos mil. 

Una reflexión o lección importante para Colombia es que un Gobierno centralista con descuido de las regiones apartadas tiene malas consecuencias. 

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2025

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El pasado 3 de octubre, Alemania celebró el Día de la Unidad Alemana, la fiesta nacional que conmemora un aniversario más de la entrada en vigor de la Reunificación alemana de 1990. Myriam y yo estábamos de visita en Berlín y fuimos hasta la iglesia de la Reconciliación, en la celebración de los 35 años de su reunificación, luego de la caída del muro de Berlín en 1989.  Es uno de los lugares emblemáticos cargado de significado y en donde se recordó ese momento. 

La iglesia de la Reconciliación forma parte del conjunto conmemorativo del Muro de Berlín en la Bernauer Strasse e invita a la meditación y la oración. Es un edificio moderno construido como un monumento a la paz que mezcla elementos antiguos con el presente y el futuro. 

El edificio oval está rodeado por láminas de madera y la entrada, llena de luz, genera un ambiente de recogimiento. El altar de la antigua iglesia se encuentra en su lugar original.

Fue construida en 2000 por los arquitectos berlineses Sassenroth y Reitermann que decidieron ubicarla en la antigua “franja de la muerte” del Muro de Berlín y en el lugar de la antigua iglesia demolida en 1985 por el gobierno de la RDA. Es un lugar de memoria y reconciliación. La escalera y el altar de la iglesia original se integraron a la nueva estructura de tierra pisada del sitio original. Forma parte del conjunto conmemorativo del Muro de Berlín, que recuerda las tragedias y las víctimas del Muro y exhibe una réplica de la estatua de reconciliación de Coventry.

La primera iglesia fue terminada por el arquitecto Gotthilf Ludwig Möckel en 1894, en ladrillo y estilo gótico renacentista. A pesar de algunos daños en la Segunda Guerra Mundial, la estructura sobrevivió a la guerra.

Con la división de Berlín entre los aliados, en 1945 la iglesia quedó en el sector soviético pero con la mayoría de sus feligreses en el sector francés. 

Cuando se construyó el Muro de Berlín en 1961, la iglesia quedó “atrapada” en la zona limítrofe entre el lado occidental y el lado oriental. Excepto los guardias de frontera, que usaban la torre como un correo de observación, nadie más pudo usarla. Por falta de mantenimiento, se convirtió en una ruina y en 1985 el gobierno de la República democrática alemana RDA ordenó su demolición. La cruz de la torre se cayó de la iglesia cuándo fue volada y antiguos feligreses la ocultaron de los soviéticos hasta el fin de la Guerra Fría. Cuatro años más tarde en 1989, cayó el Muro de Berlín. Esa cruz preside el lugar de honor de la moderna iglesia.

Desde 2005 a ambos lados de la capilla, en el antiguo campo de la muerte, se cultiva centeno como símbolo de vida. Al madurar, el centeno se cosecha para fabricar pan y comerlo en una ceremonia interreligiosa en lo que fue la frontera de la Guerra Fría, mientras los asistentes rezan “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestras ofensas”. La asociación «Friedensbrot» (pan de paz) llevó el símbolo de reconciliación del campo a doce países de Europa del Este que habían sido linderos de la línea divisoria soviética. Con las semillas del centeno de la Bernauer Straße se sembraron doce nuevos campos de centeno, desde el Báltico hasta Bulgaria, en los lugares de dolorosa memoria y como símbolo de la nueva fraternidad europea.

Sobre la destrucción causada por la guerra, una impresionante fuerza espiritual se levantó de las cenizas para permitir la reunificación alemana plasmada en este símbolo de superación del odio, la venganza y los resentimientos. 

A pesar del indudable liderazgo alemán en la Europa actual, todavía se notan las cicatrices y la auténtica fraternidad alemana aún debe superar inequidades e injusticias. Medio país, la antigua zona oriental, todavía espera por mejores oportunidades para sus ciudadanos en formación, trabajo, mejores salarios, desarrollo de su industria y de capital humano. 

¡En Colombia cuánta falta nos hace construir juntos el país que exprese que queremos vivir y trabajar en paz! Antes que símbolos y templos que representen nuestra unión, aún nos queda por recorrer el camino del respeto a cada ser humano en el territorio nacional. No se trata solamente de tolerarnos. El respeto implica aceptar que somos distintos y que podemos construir una nación en la que todos nos encontremos con derechos y oportunidades iguales, unidos por un solo ideal de desarrollo y libertad. Quiera Dios que, cuando esto sea posible, en cada rincón de la patria se pueda sembrar y compartir el pan, la empanada, la arepa paisa, el tamal y el amor entre todos. Sólo entonces tendrá sentido cantar el himno nacional y decir que cesó para siempre la horrible noche de la violencia en cada rincón de nuestra patria. De nosotros depende.

Por Bernardo Nieto Sotomayor

Desde Berlín. Octubre, 2025

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san pietro, roma, vatican
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En este nuevo viaje a Europa mi esposa y yo visitamos algunos lugares emblemáticos de Roma, particularmente aquellos con especial significado que anteriormente no habíamos “degustado internamente”. Todavía veo esas imágenes romanas y, antes de que se desvanezcan, quiero escribir y desocuparme de sentimientos encontrados.

Viajamos a Roma con mi esposa Myriam por varios motivos. 

Queríamos visitar los lugares en donde Ignacio de Loyola consolidó su obra. Los “amigos en el Señor” del París de 1534, el 22 de abril de 1541 se transformaron en Roma en la Compañía profesa, después de esos años buscando la voluntad de Dios. 

En la Basílica de San Pablo Extramuros hicieron sus votos perpetuos ese día, dedicado a “María, Madre de la Compañía de Jesús”, y formalizaron su obediencia a Ignacio, como primer superior general. Además, con un voto de especial obediencia al Papa, se comprometieron a servirle donde fuera para atender las necesidades de la Iglesia. Con la disponibilidad y libertad que les dio ese cuarto voto, hacia la muerte de Ignacio en 1556, ya habían llegado a las puertas de la China gracias a la pasión arrolladora de Francisco Javier. 

Fundaron en Europa colegios y universidades y los Ejercicios Espirituales se convirtieron en herramienta que transformaría a millones de seres humanos. Literalmente, “se le midieron a todo”. Se afirma que la reforma protestante sólo llegó territorialmente, hasta donde encontró la verdadera muralla levantada por la influencia teológica, filosófica e intelectual de los jesuitas.

El Padre Fernando Mendoza, “Ferdi” para sus amigos y compañeros, fue mi compañero de estudios y es un gran amigo. Hoy es el subsecretario general de la Compañía de Jesús y reside en la sede mundial del gobierno jesuita. Además de conseguirnos un excelente hospedaje en el mismo lugar de su residencia, Ferdi fue nuestro guía en la visita a algunos de los más significativos lugares para los jesuitas: La iglesia de San Ignacio con el impresionante juego de perspectivas de Andrea del Pozzo, el jesuita y pintor, maestro del barroco y de la bóveda de la nave principal, “La Gloria de San Ignacio”. 

La iglesia del Gesú, donde está sepultado San Ignacio y donde se conserva el antebrazo y la mano derecha de San Francisco Javier, como testimonio de su trabajo, bautizando a miles de personas. También la Basílica de Santa María La Mayor, donde San Ignacio celebró su primera misa en la capilla del pesebre, en la Nochebuena de 1538. Entendimos lo que significa para la Compañía de Jesús la hermosa Basílica de San Pablo Extramuros, donde los fundadores emitieron sus últimos votos, el voto de obediencia al Papa y se consagró al primer general de la orden, Ignacio de Loyola; la Universidad gregoriana, las catacumbas de San Calixto y, en la noche romana nos acompañó la bella plaza de San Pedro vacía de gente, pero llena de significado. 

En el interior del edificio de la Curia General Ferdi nos abrió las puertas de la bella, moderna y funcional sala de la Congregación General, la capilla de San Francisco de Borja, la capilla doméstica y tuvimos el privilegio de asistir al Angelus del Papa desde la terraza del edificio de la Curia general, un palco privilegiado. Ferdi fue un guía excepcional y un amigo incondicional, además de permitirnos entender su entrega como jesuita y sacerdote a la labor que le han encomendado.

En la Eucaristía de los jesuitas de habla hispana que residen en la Curia general y a la que fuimos invitados, me prestaron una guitarra. Sentados en círculo alrededor del altar, sin sitios preferentes, todos cantaron con el corazón y de modo ejemplar. Sentí que estos jesuitas viven su fe y trabajan acompañando el servicio del Padre general a toda la compañía y a la iglesia universal, con la convicción de los primeros compañeros. Una gran alegría nos dio esta misa tan sencilla y llena de fe, en contraste con los cantos en latín incomprensibles para los fieles en las basílicas romanas. Compartir la mesa con el Padre General fue un privilegio excepcional. ¡Gracias, nuevamente, Ferdi!

Myriam y yo también queríamos dar gracias a Dios por todo lo que hemos recibido durante los más de 50 años que hemos compartido, desde cuando en 1975 celebramos nuestro compromiso matrimonial. Pudimos participar en Roma del jubileo del Papa Francisco, su promotor, y asistimos a la Eucaristía en la capilla del Espíritu Santo de la Basílica de San Pedro. Hicimos oración en San Juan de Letrán, en Santa María La Mayor y en la Basílica de San Pablo Extramuros, como lo recomiendan para recibir la gracias del jubileo.

Nos interesaba también acercarnos al testimonio de los primeros cristianos, que compartían la fe, los bienes y aún los sitios de su martirio, convencidos de que nuestra vida supera los límites espacio temporales. El coliseo, los foros romanos y las catacumbas aún hoy testimonian el sacrificio de muchos mártires cristianos. Con esta descripción somera de nuestra visita, se puede deducir que los cinco días de estadía en Roma estuvieron repletos de actividades y sin un minuto de sobra.

Ahora, un poco más de dos semanas después, en el silencio de esta casa donde nuestro hijo mayor y su esposa nos hospedan al sur de Berlín, en Dahlewitz, hago algunas reflexiones y me reafirmo en varias convicciones. Soy consciente de que escribir estas ideas en poco o en nada cambiará la situación de los ritos o la predicación actual de la iglesia católica romana. Pero sigo convencido de que en la curia romana sobran muchas cosas. 

Judas Iscariote, ladrón y traidor, criticaba a la mujer que ungía los pies de Jesús con un costoso perfume de nardo puro y lo secaba con sus cabellos. Aunque decía que el dinero se podría entregar a los pobres, a Judas sólo le interesaba la plata. Ni de lejos quiero que mis reflexiones se parezcan a las de Judas quien criticaba hipócritamente a quien usó un perfume caro en un gesto misericordioso. 

Pienso que la iglesia católica no necesita palacios ni grandes templos para alabar a Dios y anunciar el mandato del amor del Señor. Las basílicas, verdaderas obras de arte y que se llenan de turistas ávidos de tomar fotos y “selfies”, son para ella apéndices innecesarios. Los mercachifles de la fe hacen allí su feria y se lucran con el dinero de los turistas que ignoran que la esencia del cristianismo es la persona de Jesucristo, nacido en un pesebre y muerto en la cruz, encarnado en los más pobres, en los marginados y excluidos; un Jesucristo que nunca tuvo donde reclinar la cabeza. Esos bellos edificios son un costosísimo encarte para la curia romana, y son solamente testigos del esplendor de los Estados pontificios y del poder temporal del Papa. 

Los millones de dólares que se requieren cada año para su mantenimiento los pueden aportar, por ejemplo, la Unesco o el gobierno italiano, si la iglesia católica decidiera cedérselos y, en todos los rincones del mundo, seguir cumpliendo su mandato de predicar el evangelio. Un gesto así podría acercar a muchos jerarcas a una iglesia pobre, más libre y evangélica.

La reconstruida iglesia de Bojayá, en el Chocó, y las iglesias campesinas de las veredas de nuestros pueblos que sirven de escuelas y refugios en zonas de conflicto y acogen las víctimas de desastres naturales, también celebran los sacramentos y la reunión de los fieles. No es cuestión de haber nacido pobres o ricos o de pertenecer a países del primero o del tercer mundo, ni de predicar la fe uniéndola a la lucha de clases. 

El trabajo cristiano por lograr la equidad y la dignidad humana es una obligación de dar y compartir con los menos favorecidos lo que se nos ha entregado, no solamente los bienes materiales. Se trata de la manera como se asume la tarea evangelizadora y del testimonio de un Jesucristo cercano a los marginados. Esa iglesia no cabe ni está presente en los templos romanos. Los misioneros de Mongolia que describe Cercas en su libro “El loco de Dios en el fin del mundo”, son el tipo de misioneros y de cristianos que requiere hoy la iglesia católica. La iglesia en misión, la de las fronteras, debe llegar a convivir con los verdaderamente marginados. 

Finalmente, una reflexión sobre la mujer, presente en el sacrificio supremo del Calvario para la redención de la humanidad, a la luz del papel que desempeña en Roma y en todas partes del mundo.

Como lo narra el evangelista San Juan en el evangelio cap. 19, 25-27, en el sacrificio del Calvario, tres mujeres estaban junto a la cruz en el momento de la muerte de Cristo: María, la madre de Jesús; María, la mujer de Cleofás y María Magdalena. ¿Si las mujeres desempeñan ese papel tan importante en el momento culmen de la redención y, además, en el momento de la resurrección, por qué ellas no pueden presidir hoy la Eucaristía y administrar los sacramentos? Bajo el sol romano y a 32 grados, vimos en Roma muchos grupos de peregrinos del jubileo liderados o acompañados por mujeres, no pocas usando hábitos de religiosas. 

En Roma y en nuestras tierras colombianas, las mujeres siguen acompañando y nutriendo la fe de muchos. Hoy, cuando los seminarios se quedan vacíos, ¿no ha llegado el momento de aceptar que, en su mandato de evangelizar a todo el mundo, Jesús no discriminó entre hombres y mujeres y, como lo describen los evangelios, por el papel que desempeñan en la iglesia, ya es tiempo de que las mujeres preparadas y fieles, acompañen y presidan todos los sacramentos en nuestra iglesia? 

+++

En fin, Roma es un sitio histórico fundamental para los católicos. Pero se dice también que la ciudad está llena de la fe que muchos han dejado allí, al ver el contraste impresionante entre el Jesús del Evangelio y la forma como, quienes viven en los edificios, palacios y lujosos apartamentos cardenalicios contradicen a quien nació, vivió y murió sin tener dónde reclinar su cabeza. 

Prefiero vivir y morir con la sencillez y el compromiso que vi en quienes guían a los herederos de Ignacio de Loyola desde Roma, y no con la pompa y el boato de los trapos rojos que llenan palacios, dicasterios y ceremonias romanas. 

Bernardo Nieto Sotomayor

Octubre, 2025

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“Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas”. Aquí, en La Reserva estamos 600 metros más arriba de Bogotá. 

Para subir a 3.200 metros sobre el nivel del mar, se camina paso a paso sin despegar los pies de la tierra, pero sin dejar de mirar hacia arriba. 

Así subimos hasta la Reserva Ecológica Los Andes, y me llevé la grata sorpresa de ver a Bogotá desde arriba. No deja uno de admirar su enorme extensión y de adivinar los millones de personas que viven en edificios y casas esparcidos en toda la Sabana y en los barrios trepados en los cerros orientales. Todo un mundo de mundos… No se puede ignorar o minimizar el cúmulo de situaciones dolorosas, muchas de ellas por delitos e injusticias, que quedan ocultas dentro de la marea humana de la gran ciudad. 

Subimos a la Reserva mi hijo Carlos y yo. A él le gustan mucho las montañas y las excursiones ecológicas; las disfruta, más cuando puede lograr que yo lo acompañe. No sé qué es más agradable, si los paisajes o la mutua compañía. En esta ocasión, había venido desde el exterior por unos días y no quería desaprovechar la ocasión para “llevarme” de excursión.

Comenzamos a subir por un camino señalizado: a ratos suave, y a ratos escarpado. Era un sendero ecológico que se volvía camino de herradura. Afortunadamente el día estaba seco y, por lo tanto, las piedras eran menos resbalosas. A mi hijo le agrada que yo pueda acompañarlo a subir, caminando sin problemas a los 82 años. Para mí es un motivo de doble agradecimiento.

No es sólo el placer estético y el beneficio saludable del ejercicio físico, sino el valor ecológico de la protección que la Reserva proporciona al medio ambiente cercano a los cerros que circundan la capital. Se pueden ver también aves y mamíferos de bosque. Adicionalmente se da allí una siembra de árboles con sentido memorial: muchas familias siembran un árbol acompañado de una fotografía o mensaje del ser querido que ya “subió a las estrellas”. 

La experiencia se complementa por la acogida y atención de las personas que cuidan la Reserva y por el encuentro, en el camino, con los visitantes que bajan y suben.

Arriba nos encontrábamos como a mitad de camino entre el mar y las estrellas. Hace poco, disfrutamos del mar en familia, y ahora también disfrutamos de la montaña. Nunca daremos gracias, suficientemente, por estas bendiciones. El mar proporciona serenidad y admiración ante su grandeza .

La subida a la Reserva Ecológica también produce sensaciones de bienestar y admiración por la naturaleza, y reflexión inquietante por la enorme comunidad humana que se divisa abajo. 

Vicente Alcalá Colacios

Septiembre, 2025

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Viajar por amor

Por Vicente Alcala
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Todo viaje se realiza con alguna finalidad, aunque podemos descubrir que todo viaje se hace por amor, amor en alguna de sus formas. Si bien tomo como punto de partida la propia experiencia, es fácil transferirla a muchas vivencias semejantes de cualquiera de ustedes, amables lectores.

Mi primer viaje significativo -por su duración- lo realicé con un amigo y su familia, recorriendo el sur de Andalucía (España) para ingresar al Noviciado de la Compañía de Jesús. El viaje fue por amor al llamado vocacional en la juventud. 

Prolongando ese viaje, volé -por primera vez en avión- desde Madrid a Bogotá, El viaje fue por amor al destino que recibí para trasladarme a la provincia colombiana oriental de la Compañía. 

Después de 9 años, viajé a Almería por amor a mis padres y hermanos, que no había visto en ese tiempo. 

Para no alargarme, ya casado y con nuestra hija, viajamos junto con mi suegra para visitar a mi familia. El viaje fue por amor a los abuelos y demás familiares. 

Saltándome otros viajes semejantes, acompañé a mi hija que realizaría estudios de postgrado en Barcelona. El viaje fue por amor paternal y por su futuro. Igualmente la acompañé en su traslado desde Barcelona hasta Munich. 

Mi esposa realizó múltiples viajes a Colombia y al exterior por amor a su trabajo y al servicio que implicaban sus obligaciones. 

Mi hijo también realizó viajes a diferentes regiones de Colombia y, posteriormente, al exterior para continuar su trabajo. Sus viajes han sido por amor y por entusiasmo con sus objetivos, a pesar del desprendimiento que exige la distancia. 

También hay viajes por amor a conocer nuevos sitios, por amor a disfrutar vacaciones y por amor a los encuentros familiares. 

Así como realizamos viajes por amor a nuestros hijos pequeños y su educación, más tarde, realizamos viajes de reciprocidad, ofrecidos por el amor de los hijos hacia nosotros. 

He de reconocer que a veces he sentido inicialmente “desgano” para viajar, pero al sentir la ilusión ajena me contagié y retrospectivamente aprecié, disfruté y agradecí estos viajes ofrecidos con amor. Por ejemplo, un reciente viaje a Panamá.

En este blog, he escrito -entre otros- “Un viaje mariano”, “Viaje del agua a vuelo de dron”, “El encanto de Colombia”, “Un viaje con altura”, “Por el Amazonas”, “Londres, ayer y hoy”, “La naturaleza en África”. 

Un amigo comentó en uno de los artículos: “Bello recorrido, Vicente. Qué suerte has tenido”. Es cierto, he tenido mucha suerte, o mejor, he sido privilegiado con estos viajes por amor, y por el amor de Dios manifestado en el amor familiar, dentro del viaje de la vida. 

Vicente Alcalá Colacios

Septiembre, 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025- Silvio Zuluaga – (leída por Dario Gamboa)

Deslizándome fuera de la fe: el viaje de un jesuita hacia otra burbuja

Salí de Colombia rumbo a Estados Unidos en circunstancias poco convencionales. Aún era jesuita, sujeto a votos, reglas y jerarquías. No tenía luz verde para irme. El Superior de los jesuitas en Colombia me había negado la autorización para cursar estudios de teología y no aprobaba que aceptara una beca para estudiar en el exterior. Pero el destino se reconfiguró inesperadamente: mi director espiritual fue nombrado Superior encargado por un mes, mientras el titular viajaba al exterior. Actuamos con rapidez. Cuando el titular regresó —una tranquila noche de domingo—, yo ya estaba embarcando en un vuelo hacia St. Louis al amanecer del lunes siguiente, listo para aprender inglés, estudiar una maestría y lanzarme a lo desconocido. Alguien calificó mi viaje como furtivo.

Ese vuelo, que duró solo unas horas, marcó el inicio de un viaje mucho más largo: el que me llevaría fuera de la Compañía de Jesús, fuera de la religión, y hacia una vida nueva, incierta, sin guión, vivida paso a paso, fascinante también.

Un seminario sin sotana

Durante quince años viví en comunidades jesuíticas, compartiendo espacios con compañeros que, como yo, nos preparábamos para una misión sublime: salvar al mundo del pecado. Más tarde, nuestro discurso evolucionó: queríamos transformar las estructuras sociales opresoras de nuestro país con Jesucristo como líder.

En ese entorno, había una mezcla intensa de apoyo fraterno y control personal e institucional. Las normas eran muchas, pero se cumplían casi naturalmente.

Nada de eso existía cuando llegué a la Universidad de Wisconsin, en Madison en 1.971. Era el amanecer de la revolución hippie: un movimiento contracultural vibrante, lleno de búsquedas espirituales alternativas, de creatividad artística, de comunión con la naturaleza y de un profundo anhelo de paz. Paz, amor libre, drogas, rechazo al sistema… y una feroz crítica a las guerras y a las formas tradicionales de poder. La oposición a la guerra de Vietnam estaba presente y radicalizada en los campus universitarios: protestas, represión, violencia, muerte.

Ya no vivía en una residencia controlada con el sistema jesuítico. Compartía casa con estudiantes comunes. Por primera vez debía hacer mercado, cocinar, limpiar. Nadie vigilaba mis oraciones, ni mis lecturas, ni mis andanzas. Sin la estructura de la Compañía, me enfrenté a un nuevo mundo. Y algo dentro de mí empezó a aflojarse.

El tobogán de los desprendimientos

El primer quiebre fue cultural: la naturalidad con que se practicaba el divorcio. Si una relación no funcionaba, simplemente se terminaba. No había tragedia, solo humanidad. Y entendí que lo que durante años me habían enseñado —“lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”— podía y debía ser cuestionado.

Ese fue el inicio de lo que luego llamé mis cuestionamientos prácticos, lo que se convirtió en un tobogán de desprendimientos.

Uno a uno, empecé a soltar muchos mitos, entre ellos enumero algunos:

  • La idea de que el divorcio tenía que ser una desgracia social y espiritual.
  • El rechazo hacia los homosexuales: tenía un amigo gay desde mis años en Colombia, y me resultaba absurda la condena religiosa.
  • El culto a la virginidad, que me parecía más un mecanismo de control y discriminación hacia las mujeres que una virtud.
  • La exclusión sistemática de las mujeres de la jerarquía eclesiástica, y de la posibilidad de que predicaran la palabra de Dios, el Evangelio.
  • El castigo eterno por relaciones sexuales consentidas fuera del matrimonio, que me parecía injusto y cruel.

Incluso la historia de Judas comenzó a incomodarme. En una conversación con un amigo escritor, comentamos: “Si yo supiera que a uno de mis empleados lo estuvieran contratando por un salario mínimo, 30 denarios, para hacerme daño y que posiblemente fuera a la cárcel por ello, lo llamaría, hablaría con él y le ofrecería 60 denarios para evitar que arruinara su vida, y la de su esposa e hijos, si los tenía.

Fue entonces cuando me di cuenta de que ya no solo me alejaba de la Compañía de Jesús. Me alejaba, con serenidad, sin rabia ni drama, también de la religión, a otra burbuja existencial.

Ya habían pasado más de dos años desde mi poco convencional salida de Colombia cuando recibí, por primera vez, una llamada inesperada del Padre Superior. Me citó en Chicago. La conversación fue breve y directa.

—¿Y usted qué? —preguntó sin rodeos.
—Yo muy bien —respondí—. Me siento fuera de la Compañía de Jesús.
—Pues eso hay que normalizarlo en una carta —dijo.
—¿A quién se la dirijo? —pregunté.
—A mí —concluyó.

Fueron menos de dos minutos de charla. En ese instante, no tuve la entereza de agradecerle la plenitud con que había vivido en la Compañía, la formación recibida, y los innumerables amigos nobles y auténticos cosechados. Al llegar a Madison, redacté la carta con un profundo sentimiento de gratitud. Fue un final inconcluso, no como debía haber sido, pero sí como fue.

Lo que me llevé de ese viaje

El viaje me dejó enseñanzas claves en mi vida:

  • Todos vivimos en burbujas. Culturales, ideológicas, religiosas. Son necesarias, todos vivimos en burbujas creadas a través de los siglos, pero pueden volverse dogmáticas y en cuanto absolutas dañinas y excluyentes. Aprendí a respetar las burbujas ajenas y a no absolutizar la mía.
  • Salir de una burbuja no tiene por qué ser traumático. Así como entré suavemente en la vida religiosa, en una especie de lavado sutil de cerebro y en donde viví felizmente, así salí de ella con la misma serenidad, con otro lavado de cerebro y en donde vivo también feliz. Descubrí que el relativismo es una forma de madurez y de respeto hacia el otro.
  • Los estudios me enfocaron. Primero, porque creía que serviría como sacerdote transformador social en el campo rural colombiano; después, porque sabía que debía prepararme para sostenerme a mí y a mi futura familia. La concentración en el quehacer es pronóstico de éxito en la vida.
  • Y el amor. El mayor regalo de ese viaje fue el amor con mi primera esposa, Kathy, y los hijos que tuvimos: Marc y David.

Hoy habito otra burbuja. Y soy feliz en ella. Viví intensamente dentro de la Compañía de Jesús. Ahora vivo con la misma plenitud fuera de ella. La vida no es una sola verdad, sino una sucesión de escenarios posibles.

Con el tiempo, comprendí que el verdadero aprendizaje no radica en aferrarse a una única verdad, sino en aceptar que la vida está hecha de múltiples burbujas, válidas a su manera. Habitar una de ellas es necesario porque nos da pertenencia y arraigo. Y lo más revelador: es posible cambiar de burbuja sin miedo, sin resentimiento y sin perder el sentido de quién se es.

Silvio Zuluaga – Residente en Manizales, Colombia

Julio de 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia – 3 de Julio, 2025- Juan Laureano Gómez desde Montería, Colombia

Mi primer viaje al exterior fue recién salido del juniorado en 1968. Uno de mis hermanos mayores vivía entonces en New Yok y cuatro años atrás cuando él se retiraba de la compañía me dijo poco antes de subir al avión: si algún día quieres viajar a los EE.UU. allá te espero. Así que poco antes de salir de la compañía le escribí y me mandó los tiquetes. A mis veinte años fue mi primer vuelo, y a la gran manzana.

Mi hermano vivía en Queens y el primer paseo de rigor fue visitar Manhattan. Cruzar el Brooklyn Bridge una mañana de agosto en pleno verano, admirar el skyline y luego recorrer las calles me dejaron sin respiración. La distancia era grande entre mi pueblo natal Charalá y los rascacielos Neoyorkinos.

Completé casi dos años en ese mi primer viaje, aprendí el inglés y un poco de contabilidad, y me quedó una gran admiración por los valores de la democracia, los derechos humanos y la libertad. Disfruté mucho de los museos y la vida cultural de la gran ciudad, aprovechando al máximo los beneficios de la visa de estudiante que permitía descuentos en muchas actividades. En el Centro de Estudiantes Internacionales se ofrecían eventos y entradas gratis con buena frecuencia y, mejor que todo, un tutor personal gratis para mejorar la conversación. En mis charlas con el tutor, un voluntario ya en uso de buen retiro, comenté que mi país Colombia era un país pobre y su respuesta fue: “Todos, países o personas, somos o fuimos pobres”

Cuando regresé a Colombia empecé a trabajar con un banco internacional, y después de cinco años trabajé como auditor viajando por Latino América por casi un año. Hacíamos auditoría de las sucursales del banco en la región. La gerencia de la oficina que visitábamos nos atendía muy bien con cena de despedida y los fines de semana visitábamos los sitios de interés, de los cuales recuerdo particularmente Machu Pichu y el Tigre en Buenos Aires. Pero era fatigante estar viajando continuamente sin un hogar fijo y se acentuaba la soledad y el desarraigo.

Luego fui asignado por el banco a Bolivia, donde trabajé nueve largos años. Siempre me cuestionaba cómo un país mayoritariamente indígena era manejado por una minoría blanca. Un policía de tránsito de origen indígena salía usualmente mal parado en una discusión por infracciones de tránsito con una persona de mayor rango social. Recién llegado imperaba la dictadura del General Banzer y todo parecía estable, pero antes de dos años, los problemas sociales desembocaron en inestabilidad política y numerosos golpes de estado.  

En los nueve años de mi vida en Bolivia, hubo 10 presidentes, de los cuales solo uno fue producto de una elección popular. Creo fue el golpe del coronel Alberto Natuch (1979) que duró menos de un mes en el poder, el que más recuerdo, pues los aviones de guerra sobrevolaban la plaza principal de Cochabamba, a escaso metros de la oficina del banco, donde apresuradamente resguardábamos todo en la bóveda para abandonar el banco. Era usual en los golpes de estado que quien encabezaba la rebelión amenazaba la guarnición local esperando el pliegue del comandante local a la naciente revolución. La oficina del banco se había inaugurado el año anterior y yo fui el primer gerente de operaciones, y confieso que nunca en mi vida tuve que trabajar tanto como en esa apertura y puesta en marcha.

Al final, hasta los golpes de estado y las marchas sobre las ciudades, cuando los mineros entraban reventando tacos de dinamita (cachorros), se volvieron rutina. Pero el deterioro económico generó una hiperinflación del 11.750 % en el año 1985. En el banco los salarios se duplicaban cada semana en línea con las subida de precios en los almacenes. El desempleo y las ollas de los pobres pululaban en la ciudad. Una cena con vino nacional en el mejor hotel de la ciudad valía solo US$2.

Desde La Paz viví la toma del palacio de justicia en Bogotá y la tragedia de Armero (6 y 13 de noviembre de 1985, respectivamente). Un mensajero del banco de marcado origen indígena me decía: “es castigo de Dios”, se refería a las malas noticias desde Colombia por la guerrilla y el narcotráfico. 

Con la colonia colombiana organizamos en La Paz el banquete del millón por Armero. Asistieron el recién elegido presidente de la República, sus ministros y comandantes. En la oficina del banco vendí boletas a muchos de los clientes: eran tan solo us$10 por persona, muy caro por la inflación rampante. En la colonia me escogieron para ser el presentador del banquete, hubo subasta de arte y se recolectaron varios miles de dólares que entregamos al Minuto de Dios en Bogotá.

Bolivia tiene una geografía muy variada y hermosa: el nevado del Illimani, notoriamente visible desde La Paz; el lago Titicaca donde era frecuente ir a almorzar el domingo; y el viaje desde la Paz hacia los Yungas en la cuenca del Amazonas por la carretera de la muerte (desde los 4.650 metros de altura); el valle de Cochabamba y el viaje desde la ciudad al Chapare (también en la cuenca del Amazonas); y el valle de Santa Cruz de la Sierra y las selvas de Trinidad limitando con el Brazil. Cerca de la ciudad de El Beni (capital de la provincia de Trinidad), está el río Mamoré que unido al río Beni hacen el río Madeira, uno de los mayores afluentes del Amazonas. Allí se aprecian la vista del ñandú en las sabana y la subienda de pescado en el Mamoré. 

El 1 de abril de 1986, diez años exactos después de salir a viajar por Latino América, regresé a Colombia, hasta el año 2001 en que fui a trabajar por casi ocho años en Miami. En el interino tuve numerosos viajes a EE. UU., sobre todo a San Francisco donde operaba la casa matriz del banco y un centro de entrenamiento internacional, donde tuve la suerte de tomar dos cursos de 3 meses cada uno, antes que el advenimiento del internet convirtiera el entrenamiento al modo virtual. Entre los restaurantes de San Francisco “the Cliff House” (la casa en el acantilado, cerrado en el 2020), tenía una vista espectacular sobre el océano pacífico.

El trabajo en Miami entre 2001 y 2008 me permitió proveer a mis hijos con una educación bilingüe, amén que mi esposa estudió dos años de nutrición a nivel técnico, para todos estudios de mucha utilidad. Mi esposa también inició sus clases de cocina entre los vecinos de Key Biscayne, donde tuvimos la suerte de vivir, y donde vivimos experiencia muy positivas. Digo que en ninguna otra parte viví tan sabroso como allá, en lo laboral, las relaciones humanas, y el ambiente en general.  

En lo negativo, a poco tiempo de llegar, vivimos la experiencia de septiembre 11 y su impacto en la polarización de la sociedad que aún hoy persiste, incluyendo las subsecuentes guerras de nunca acabar.

Por trabajo, por estudio y por placer (especialmente cultural), vivir en el exterior por 20 años, fue de lo mejor que me ha sucedido. Y el mejor consejo en el exterior: en Roma vive como los Romanos, es decir, haz lo que veas, y, en caso de duda: genuflexión.

JUAN L. GOMEZ C.

Julio, 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025 – Juan Gregorio Vélez , desde Bogotá, Colombia

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy algunas de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 3 de Julio, 2025- Darío Gamboa desde Alicante, España.

3 de Julio 1975- 3 de Julio 2025

50 años!!

Sí, salí de Colombia exactamente hoy hace 50 años, hacia la casa de mi hermano Jaime en Dallas, Texas (al día siguiente se celebraba la Independencia de los Estados Unidos). Había salido de la Compañía de Jesús hacía casi un año, el 20 de Julio de 1974 (día de la independencia de Colombia). ¿Felices coincidencias? No lo sé, pero hoy las vuelvo a sentir con gratitud inmensa.

Salí para estudiar un postgrado en Texas, en educación y recursos humanos y posteriormente, luego de un intervalo de un año cuando trabajé para Icetex en Colombia, regresé a Minneapolis, en Estados Unidos para un doctorado en Comunicaciones Interculturales en la Universidad de Minnesota. 

Trabajé inmediatamente como profesor de esa disciplina en la oficina de Educación Internacional de esa Universidad, y también como asesor de organizaciones internacionales de estudiantes. Así completé mis primeros 7 años en los Estados Unidos. 

Luego me ofrecieron un trabajo en Brasil y viví 10 años en Rio de Janeiro, Brasil, trabajando para Citibank. Pensé regresar a Colombia a trabajar y vivir y pasé un año en Cali, cuando me casé con Pily. Sin embargo, tuvimos que salir de Colombia de nuevo, por un intento fallido de secuestro hacia nosotros y nos instalamos en Miami. Allí comenzamos la familia, nacieron los hijos, trabajamos y vivimos durante 33 años hasta que viajamos, ya jubilados, a España, Alicante, desde hace un año y medio.

¿Qué he aprendido desde que salí de Colombia en estos 50 años?

Salir de Colombia me ha obligado a enfrentar y enfrentarme, cuestionar y cuestionarme, entender y entenderme, respetar y respetarme e integrarme a otras culturas. ¡Al final de todo- lo fui aprendiendo también en mis estudios- cada individuo, CADA PERSONA ES UNA NUEVA CULTURA!

He aprendido también que, así como no hay personas superiores ni inferiores sino distintas, tampoco existe una cultura superior o inferior y que DESCUBRIR UNA NUEVA CULTURA, así como cada nueva persona, ha sido y continúa siendo un proceso profundamente enriquecedor para mí.

¡Eso no quiere decir que haya sido fácil! Así como con todo ser humano diferente, con cada cultura he tenido etapas de ajuste que poco a poco me han ayudado a entender los procesos interiores y exteriores en mí, en cada nuevo ambiente.

Al principio uno se siente como un pez fuera del acuario… me quitaron el piso… (¡¡¡no conozco a nadie!!!), después de vivir en un ambiente donde “conocer a alguien” o “ser conocido por” mucha gente te daba seguridad, tranquilidad y apoyo para muchas cosas. Ahora eres un “ilustre desconocido” , un “nadie local”, que poco a poco debe reconstruir sus redes de amigos, conocidos del trabajo, de la familia, etc..

De la fascinación inicial con el nuevo ambiente, lo diferente, las costumbres, los adelantos tecnológicos, la armonía social…las carreteras…. (una como luna de miel con la nueva cultura), uno tiende a entrar en otra etapa de “rechazo y crítica” de la cultura diferente…con cierta hostilidad… talvez por la dificultad en adaptarse al nuevo ambiente de vida… (el idioma, las costumbres, los hábitos sociales…) “Esos gringos tan de doble moral”, “esos Brasileros tan superficiales”, “esos españoles que hablan tan mal el español”, o que no lo hablan tan bien como nosotros los colombianos, o que no nos invitan a su casa como lo hacemos en Colombia… etc….

A veces como que nos refugiamos con los con-nacionales o los familiares para sentir seguridad o para huir de la dificultad del OTRO diferente… En la medida en que el idioma, el trabajo, los vecinos, los nuevos amigos comiencen a facilitar la adaptación… empieza el interés y el descubrimiento de otros valores interesantes, y el humor te lleva a hacer chistes de las dos culturas, se va completando el proceso de ajuste completo, cuando comes lo que ellos comen, te ríes de los chistes que ellos disfrutan en la televisión, y disfrutas de la nueva cultura.

He aprendido por experiencia y por observación que no hay regla fija para la duración de las etapas de adaptación. Algunas veces ni se llega a la total adaptación. Otras veces uno se queda en el refugio, o en la permanente crítica de lo nuevo…. 

En síntesis, diría que he aprendido que la suma de culturas (y de personas en cada cultura o país), te CAMBIA, TE HACE ALGUIEN DIFERENTE. A veces, al regresar a tu cultura de origen, o a una anterior, te sientes un poco extraño de algunos comportamientos que ahora te impactan… Sientes que ya no compartes muchas cosas. 

Creo que aprendes, que te has enriquecido y eres una síntesis de lo que has vivido en los procesos de adaptación a otras personas y culturas. Esto es lo que yo pienso del valor que los inmigrantes llevan o traen a cualquier país que no es comprendido por muchos locales de los países a los cuales llegan, por fanatismo, racismo o temor de lo diferente, sin darse cuenta de que ha sido y seguirá siendo la razón del crecimiento económico, cultural y humano de sus propios países. 

He aprendido que quienes salimos del país, buscando otros horizontes, huyendo de la violencia o de la falta de oportunidades, vemos multiplicados y recompensados muchas veces los dolores de la partida, la renuncia de la cercanía familiar, de las comodidades culturales de “ser alguien” y pasar a ser “un simple desconocido”, que tiene que comenzar de nuevo a “ser alguien”.  

Cada salida, cada desprendimiento de una cultura hacia una nueva en mi vida, ha hecho cada vez más fácil también, el desprendimiento de todo lo material que me va amarrando a la vida…Hasta que al final, partiremos desnudos…desprendidos de todo y de todos…. temporalmente… hasta la nueva vida…

Dario Gamboa Henao

Alicante, España. Julio del 2025

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