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En la tertulia del 23 de mayo pasado, decidimos intercambiar las experiencias que cada uno había tenido con el dinero…

Algunas ideas que me acompañan para comportarme al respecto:

Nacimos sin un peso y moriremos sin llevarnos nada material. Todo es gratis, mientras no nos digan lo contrario. El dinero debe fluir como la sangre. Si lo detenemos se coagula. La generosidad lo multiplica.

Una sana economía que aprendí desde pequeño comienza por una fórmula simple: Debe entrar más dinero del que sale.

Es ideal que un hogar cuente mínimo con tres ingresos. Si falla alguno hay problemas, pero no se mueren de hambre. El crédito puede apalancar inversiones y ayudar en temas extras, pero debe ser más excepcional que habitual.

El ahorro es el mejor camino para mejorar la calidad de vida. Aprendí a ahorrar en una alcancía, de metal con llave, creo que era de la caja agraria. Desde el comienzo cuando recibía dinero por pequeños trabajos o donaciones familiares, dejaba algo sin gastar que me sirviera de colchón en el futuro inmediato.

Me sirve tener un presupuesto mensual de ingresos y gastos con pocos renglones, tales como: compartir, familia, vivienda, transporte, mercado, salud, educación, servicios, inversión y varios. Anoto en miles de pesos las cifras para facilitar la contabilidad.

Uso billetera y cada vez más el dinero electrónico con las tarjetas, pero mantengo un pequeño banco en el portadocumentos. Me sirve en emergencias cuando dejo la billetera en casa, o se me acaba el efectivo.

Mensualmente miro cómo va el cumplimiento del presupuesto y veo si debo hacer ajustes, especialmente en los gastos. En un cuaderno anoto los gastos de cada renglón y quincenalmente los paso a una hoja electrónica, que deja el rastro de lo que sucede con el dinero en mi vida cada mes.

La pandemia me convirtió en pagador electrónico. De los pagos virtuales llevo un archivo magnético que me sirve para verificar los pagos realizados cuando se requiera.

Creo en la economía solidaria con todas sus múltiples expresiones. Según esta economía, el dinero es uno de los seis factores de la economía junto al trabajo, los bienes, la tecnología, la administración y el factor “c” (conjunto de características tipificadas por palabras que comienzan con la letra c: comunidad, compartir, comunicación, cultura, calidad, cooperación, colaboración, etc.).

Así como el sector público se conforma por la administración y la tecnología y paga por los otros factores, el sector privado se basa en los bienes y el dinero que también contrata con otros; el solidario se basa en el trabajo y el factor “C” con aportes de los otros factores, dados por los mismos asociados. Participar de este sector requiere una formación en la colaboración con otros, distinta de la competencia, tan frecuente en nuestro mundo.

Un buen ejemplo de economía solidaria es el siguiente: una persona tiene un lote avaluado en $100M, para hacer una bodega, el arquitecto cuesta $100M y los materiales para su construcción valen $100M. Una cooperativa asume el manejo del proyecto. Terminado éste, la bodega se vende en $500M. A la cooperativa le corresponde el 10% de administración, es decir $50M. Los tres aportantes, el dueño del lote, el arquitecto y el comerciante, se quedan con $150M cada uno. Es decir, la plusvalía queda repartida entre los tres. Aprovecho el espacio para un comercial: Están todos muy invitados a unirse a nuestra Cooperativa Convergentes. Los interesados pueden contactarme.

En nuestra economía familiar el ahorro voluntario de María Ángela en un fondo de pensiones nos ha permitido hacer muy buenas inversiones para nuestra vida y el futuro de hijos y nietos.

Cuando nos invitan a matrimonios y dicen que el regalo es lluvia de sobres, suelo escribir en el sobre la siguiente frase: “La mejor manera de construir un buen patrimonio es a través de un excelente matrimonio”.

Ahora Ma. Ángela y yo vivimos de las dos pensiones, más lo que nos produce el negocio familiar y damos infinitas gracias a Dios por todo lo recibido y compartido en esta vida.

Juan Gregorio Vélez

Junio, 2024

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He tenido la oportunidad de viajar mucho a lo largo de mi vida. He recorrido lugares exóticos. Desde las bulliciosas calles de Nueva Delhi, hasta los tranquilos viñedos de la Toscana. Mi ventana al mundo han sido mis lectores, como amigos, familia y conocidos que me leen en FB o en el blog de “Exjesuitas en tertulia”.

Leían la bitácora detallada de mis aventuras y experiencias. Cada cuento estaba lleno de descripciones vívidas, anécdotas emocionantes y fotografías impresionantes que capturaban la esencia de cada destino. Sin embargo, hacía algún tiempo que había dejado de escribir. La chispa que solía encender mi pluma parecía haberse apagado.

Ayer, mientras participaba de un retiro conocido como “VOLVER A NACER”, me encontré con mi madre. Las imágenes en mi memoria capturaban momentos de la juventud de ella, momentos de felicidad y esperanza. Sentí una conexión profunda como si estuviera vislumbrando un mundo que, hasta ahora, solo había existido en relatos y recuerdos familiares.

Vi a mamá joven y radiante, con una mano suavemente apoyada en su estómago. Sabía que allí estaba yo, ansiosa por llegar a la luz de la vida y ver su hermosa sonrisa. Sabía el amor maternal que me esperaba y sentía el amor de mi padre y mis 6 hermanos.

En la terapia, mientras estaba en el piso, en posición fetal, recibiendo amor incondicional de dos personas desconocidas que interpretaban a mamá y papá , el sentimiento era tan sublime que una idea empezó a formarse en mi mente. Decidí que volvería a escribir, pero esta vez no de mis viajes físicos, sino sobre un viaje mucho más íntimo y emotivo.

Encendí mi lámpara de luz interior, dejando que mis recuerdos y mi imaginación se entrelazaran. Me imaginé cómo mi madre habría sentido cada pequeño movimiento, cada patadita, cada cambio en su cuerpo, mientras yo crecía dentro de su vientre. Pensé en los miedos y esperanzas que ella habría tenido, en las noches en vela soñando con el futuro de esa pequeña vida que llevaba dentro.

Me la imaginé acariciando su vientre, susurrándome palabras de amor y promesas de un futuro brillante. Me imaginé a mí misma, pequeña y protegida, escuchando el suave latido del corazón de mi madre, sintiendo el calor y la seguridad de su abrazo desde el interior. Pensé en los días soleados cuando caminaba por el parque, o las noches cuando se acurrucaba en la cama, soñando con el día en que por fin me conocería.

Sentí una oleada de emociones al pensar en todo el amor y el cuidado que mis padres habían puesto en esos nueve meses. Pude sentir la alegría y la ansiedad, la esperanza y la incertidumbre que tal vez habrían experimentado. Saber que papá participó de manera proactiva en mi nacimiento junto con la partera. Fue en un cuarto de la casa donde crecí. Eso me llenó el corazón de agradecimiento, mientras mis 6 hermanos esperaban afuera ansiosos de noticias. Papá salió y les dijo: “es una niña y ya la cigüeña se fue por la ventana”. Mi hermana mayor se molestó mucho, pues ella le había pedido a la cigüeña que esta vez fuera un varón, suficientes niñas… y así fue el número finito de 6 niñas y un niño.

La terapia de Renacer no solo me permitió reconectar con mi pasión por la escritura, sino que también me ofreció una nueva forma de ver el mundo. Los viajes más importantes no siempre requieren un pasaporte o un boleto de avión. A veces, los viajes más significativos son aquellos que nos llevan a ver la luz que tenemos dentro.

Pilar Balcázar

Alicante, Junio 4, 2024

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Compartimos con orgullo esta excelente tertulia que tuvimos hace muy poco con una de las personas que más conoce de cerca la vida y el legado del padre Jesuíta Pierre Teilhard de Chardin. El Dr. Juan Valentín aceptó gustoso nuestra invitación y con una maestría digna de un gran educador nos entregó la profundidad y la magnitud de las enseñanzas de este profeta de nuestros tiempos que tanto marca el pensamiento hoy de una visión integrada de Ciencia y Religión.

Exjesuitas en tertulia- 6 de Junio, 2024
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A poco de terminar la primera mitad del siglo XX, el Noviciado de la Compañía de Jesús se trasladó de Bogotá a Santa Rosa de Viterbo, en el Departamento de Boyacá; de la ciudad al campo y años después en ese movimiento pendular de la historia, se regresó del campo a la ciudad.

La Casa de Formación de los Jesuitas en Santa Rosa de Viterbo se instaló a tal distancia de la población que no se ubicara ni tan lejos ni tan cerca del poblado y ello le permitió mantener su plena identidad de bucólica ruralidad sin perder las posibilidades de una apenas incipiente sociedad de verdad urbana. Los terrenos aledaños al poblado eran poco más que potreros transformados en el tiempo como vergel al estilo del jardín aquel del paraíso que narra la Escritura: toda clase de árboles, animales y plantas amenas.

Los “colonos” jesuitas transformaron el lugar al llenarlo de arboledas, huertos, senderos peatonales, grutas para darle mansión digna a imágenes de la Virgen María en distintas advocaciones y pequeños manantiales terminados en surtidores frente a las grutas donde reposaba la imagen de la Virgen; surtidores que el P. Manuel Briceño, S.J. inmortalizó en memorables poemas como aquel “surtidor de la Virgen, cariñoso y sincero / que a fuer de ser trovero te tornaste juglar”

Todo estaba completo y en plenitud en aquel “campo florido” del villancico una y otra vez entonado en la noche de Navidad, clima de alta sensibilidad anímica y que a la postre era intimidatorio: “No sé Niño hermoso / que he visto yo en ti / […] si acaso algún día / me atreva a salir / al campo florido / muy lejos de aquí”… La sonora y poco común voz del H. Oscar Buitrago, manizaleño, buen intérprete de la bandola y de personalidad encantadora nos hacía estremecer y hería nuestra muy exaltada sensibilidad religiosa ante la posibilidad de “abandonar” la vocación; Oscar lo haría luego pero se incardinaría el clero secular de Manizales. Permítaseme breve divagación en el relato.

Ausente el H. Buitrago entonó el tradicional villancico, el samario y médico Javeriano Eduardo Gámez del Valle, quien además de preciosa voz, mantenía preocupación constante por sus compañeros de Noviciado a tal punto que se inquietó por la salud del H. Lombana (Agustín) a tal punto que logró el permiso necesario para activar la rudimentaria e inactiva máquina de Rayos X de la Enfermería para observar el “desarrollo óseo” de su inesperado paciente; a esa sesión “radiológica” tuve la oportunidad de hallarme presente vigilado de cerca por el H. Gabriel Duque, S.J. enfermero oficial de la comunidad; diagnóstico, “crecimiento precoz”.

Desde la toma de sotana la noche del 24 de diciembre de 1954 el H. Gámez (Dr. Gámez) hacía patente su devoción y las emociones que le embargaban durante meditaciones y visitas al Santísimo a través de frecuentes y sonoros “suspiros”. Su colega y amigo, el también samario Dr. Carlos Lacoture Zúñiga, lo llamaba con cariño “capota” y nunca se me ocurrió preguntarle por qué.

Durante el consabido Ejercicio de Humildad de los lunes a finales de la mañana, su colega y coterráneo samario Carlos Lacoture Zúñiga dijo muy serio y tono a todas luces costeño: “me parece que el Hermano -refiriéndose a Eduardo- manifiesta con frecuencia respiración bradinéica”; el estupor se apoderó del recinto y una que otra risa nerviosa de algunos novicios, rompió el hechizo de aquel término técnico salido del corazón de un galeno y no de un novicio; Lacouture se “quejaba” de que el H. Gámez “suspiraba mucho” y con fuerza. Vuelvo al cuento.

Cierto día el monótono correr de la distribución ordinaria en el bucólico Santa Rosa de aquellos tiempos, se quebró de repente con la presencia de soberbio ternerillo en trance de volverse torete paseándose por los senderos peatonales a la par con las “ternas” prescritas para la ocasión de las “quietes” del medio día y los recreos de media tarde.

El recién llegado “novicio vacuno” acaparó la atención de todos e incluso, no faltó quién diera alguna cátedra de “bovinología”, tema sobre el que tenían alguna “experticia” quienes acreditaban antecedentes en las novilladas de El Mortiño. Rodrigo Ospina (el Gordo Ospina) al primer cabezazo del torete, revivió sus épocas de novillero incipiente en la Apostólica.

Aquel inesperado torete se acomodó de maravilla al ambiente recoleto del inmenso edificio solariego y clerical; se paseaba entre las “ternas” de la quiete en el medio día, muy a sus anchas. A la manera del Lobo de Gubio que cantara el inmortal Darío, los nuevos imitadores del de Asís le fueron tomando confianza hasta el punto de que ante la cercanía de negras sotanas, el becerro aquel dejó de lado los naturales mecanismos de huída y más bien parecía disfrutar de las palmaditas y el pausado rose de manos virginales recorriendo en fruición la lustrosa piel del animalejo por parte de quienes no tenían el menor empacho en violar a la vista de todos “la regla del tacto”.

El P. Manuel Briceño, S.J. popular entonces siempre por la “sal” que le ponía a sus coplas y versos festivos, resolvió bautizar al torete “Cecilio” y en complicidad con Guido Arteaga surgió el pasodoble: “Cecilio” con fanfarria de apertura de plaza y todo.

Letra: P. Manuel Briceño Jáuregui, S.J. Música: P. Guido Arteaga Sarasti, S.J.

(aire de pasodoble)

Coro

Tengo un torete

muy regordete

no hay en el mundo

nadie como él.

Es mi Cecilio

mi gran idilio.

¡Ay quién pudiera

ser como él!

Estrofa

Cinco mil pesos

en cada pata

[dos versos siguientes que no recuerdo]

¡Ay quién pudiera

Ser como él

Nunca le preguntamos al onomatólogo los orígenes del nombre Cecilio impuesto al bovino, pero con el correr de los años y la experiencia en el “talante burlón” de Briceño, pude establecerse al menos dos hipótesis plausibles: la una, etimológica, connatural a la formación de un egresado Oxoniense que deriva la palabra Cecilio del diminutivo coeculus y este a su vez, del adjetivo coecus, “ciego”. Los juniores de entonces desarrollamos un amor ciego por aquel animalejo amor ampliamente correspondido por joven bovino.

La otra hipótesis podría colegirse a partir de las “adiuncta” en el estudio De bello Yugurtino que estudiábamos en esos tiempos y Cicerón vapuleaba al de Numancia por sus intrigas palaciegas. Quinto Cecilio Metelo derrotó a Yugurta en África y de ahí que le asignaran el “cognomen” de Numídico. Yugurta era hijo bastardo pero a pesar de todo consiguió que le nombrase coheredero del reino de Numidia. ¿Sería aquel torete hijo bastardo de alguna vacada ajena?

El hecho es que el cuadrúpedo animalejo ya convertido en torete parecía deleitarse en los visajes que lanzaban los religiosos deleitados con aquella camaradería y como el de Gubio de Darío “La gente veía / y lo que miraba casi no creía. / Tras el religioso iba el lobo fiero, / y, baja la testa, quieto le seguía / como un can de casa o como un cordero”.

Cierto día, al rigor de las bajas temperaturas mañaneras se unió ese “frío” indescriptible que producen las ausencias del bienamado; Cecilio, el torete regordete desapareció como por encanto del paisaje monacal de La Quinta de los Padres; no así el pasodoble que siguió formando parte del repertorio musical en paseos y meriendas lautas por algún tiempo.

Jaime Escobar Fernández

Chía 14 de mayo de 2024

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Sin mucha discusión pasó en la Cámara la Ley Estatutaria de la Educación: estos son los motivos que la hacen importante, éstos son sus aciertos y éstas son sus equivocaciones.

Una ley importante

Después de un trámite sin complicaciones en la Cámara de Representantes, la ley estatutaria que garantiza la educación como un derecho fundamental, será discutida en la Comisión Primera del Senado. Urge que los senadores vayan más allá de las proposiciones de corrección de estilo que predominaron en las sesiones de la Cámara.

Esta ley es mucho más importante de lo que puede parecer. En primer lugar, se le dará concreción jurídica a un derecho consagrado en la Constitución de 1991 y se establecerá, con la mayor precisión posible, su carácter de derecho fundamental.

Después de promulgarse la Constitución de 1991, se habló sobre la necesidad de una ley estatutaria que regulara el derecho a la educación y que obligara al Estado a garantizar su satisfacción. Desde entonces, la Corte Constitucional ha emitido múltiples sentencias donde analiza la naturaleza de este derecho y las responsabilidades de diferentes actores (familia, sociedad y Estado) para garantizarlo. Puede decirse que los aportes de la Corte a la educación han sido más efectivos e innovadores que cualquier reforma propuesta desde el ejecutivo.

Sin embargo, todavía debemos afrontar muchos retos para que los colombianos tengan un mejor sistema educativo. En la exposición de motivos de la ley estatutaria, el gobierno argumenta que se trata de saldar una deuda histórica, lo cual es cierto si se considera que hemos pasado más de 30 años esperando una propuesta de este calibre.

El único problema es que, a comienzos de los 90, no existía un cúmulo de sentencias emitidas por la Corte, las cuales ratificaban lo que se pretendía establecer por ley. Incluso, en la misma exposición de motivos se incluye una extensa y valiosa recopilación de la jurisprudencia generada a lo largo de estas tres décadas.

En segundo lugar, no hay que olvidar la inequidad en el acceso a una educación que ofrezca a toda la población condiciones similares para el desarrollo de sus talentos y habilidades. Es una realidad que los colombianos más vulnerables tienen mayores barreras para acceder a la educación desde la primera infancia. Si lo logran, tal y como lo evidencian las pruebas internacionales y nacionales, la calidad es deplorable.

Por lo tanto, la calidad no es secundaria cuando se pone sobre la mesa el goce del derecho a la educación. Si se le ofrece a los niños y los adolescentes, y no hay una transformación significativa en sus respectivos proyectos de vida, no tiene ningún sentido. Es como si el derecho a la salud se garantizara solo con el otorgamiento de una cita médica, pero dejando de lado la enfermedad que motivó la consulta.

En tercer lugar, esta ley debería especificar el modo como los colombianos podrán acceder a este derecho, quién es el responsable de garantizar los servicios necesarios, quién velará por su cumplimiento y de qué forma se organiza y financia el sistema.

Puntos a favor

En pocas palabras, la Cámara de Representantes aprobó los siguientes puntos positivos:

1. Incorporar la educación inicial como derecho fundamental. Este es un asunto de máxima importancia, pues múltiples estudios internacionales muestran que las brechas sociales, en lo que corresponde al nivel educativo y todo lo que de él se desprende, se inician en la primera infancia. Por ejemplo, en Portugal existe una política de atención a los niños en las primeras etapas del desarrollo, la cual ha tenido un impacto fundamental en los resultados educativos posteriores.

2. Intentar una síntesis de lo ya consagrado a través de sentencias de la Corte Constitucional. Compendiar toda la jurisprudencia sobre el tema para formar un solo cuerpo legal es muy importante. Sin embargo, buena parte de las sentencias tienen un desarrollo filosófico y conceptual que en el proyecto de ley difícilmente se comprende su relevancia.

3. Llevar la obligatoriedad hasta el final de la educación media. No sobra anotar que, aunque se ha dicho que la educación básica desde transición hasta noveno grado es gratuita y obligatoria, no hay ninguna autoridad en el país que garantice su cumplimiento; especialmente, en comunidades pobres o en zonas rurales, donde los niños abandonan muy pronto su escolaridad.

Puntos en contra

1. El articulado es una lista de buenos deseos que, al no tener metas de cumplimiento, simplemente no está garantizando ningún derecho. En todas partes se anuncia que el proyecto abarca desde la primera infancia hasta la educación superior, pero, pese a las garantías y prerrogativas para las minorías, no se especifica de donde saldrán los recursos.

2. Aunque las expectativas son enormes, no existe el más mínimo esfuerzo organizativo y financiero. El Estado actuaría de manera irresponsable si no establece el papel de alcaldes, gobernadores, directores de instituciones y demás actores del sistema educativo para garantizar el derecho a la educación. Asimismo, se menciona la calidad, pero no especifica su importancia ni bajo qué parámetros se establecerán sus niveles.

3. Lo mismo sucede con la formación de los maestros. El articulado se centra en sus derechos laborales, ampliamente consagrados en otras normas, e ignora las necesidades de los estudiantes. Se pretende la incorporación automática de miles de profesores provisionales, pero se ignoran sus habilidades académicas y pedagógicas. Si la ley se aprueba, este será de los pocos puntos de aplicación inmediata.

4. Capítulo aparte merece el tema de la Educación Superior: No es claro por qué la educación superior formal es un derecho fundamental. No se especifica si la educación terciaria se comprenderá como un sistema orientado a la formación para el trabajo cualquiera que sea su modalidad; tampoco se contemplan otras maneras de formación y habilitación laboral que han surgido gracias a las nuevas tecnologías.

En este aspecto, la participación del sector privado y entidades como el SENA serán claves. Hay que discutir si el derecho fundamental es ir a las universidades de manera gratuita o si la población podrá acceder a una opción de formación postsecundaria para realizarse como persona e incorporarse a la vida productiva.

No hay claridad sobre la autonomía de las instituciones. No se sabe si los estudiantes, profesores y autoridades educativas tendrán algún tipo de deber ineludible que afecte la fundamentación filosófica de las instituciones, sus objetivos primordiales de docencia e investigación y el cultivo de una ciudadanía crítica.

No es oportuno legislar sobre el gobierno universitario en una ley sobre el derecho a la educación, ya que dicha problemática debería regularse en una propuesta independiente. Sin embargo, varios artículos están orientados con ese propósito. Por ejemplo, no es claro qué parte del derecho fundamental a la educación le corresponde al derecho a la organización y la protesta, aspectos que deben garantizarse, ya que están estipulados en la Constitución de 1991.

5. No hay un reconocimiento equilibrado del papel del sector privado. De esta manera, los colombianos no tendrán el derecho a elegir el tipo de educación que consideren mejor. Por este motivo, es deseable que la discusión en el Senado de la República aborde con mayor profundidad los aspectos filosóficos de una ley tan importante para el desarrollo de nuestro país.

Más allá del carácter reivindicativo del proyecto, hay que avanzar hacia una concepción más prospectiva, que permita construir una nación con capacidad colectiva de progreso científico, económico y político basada en el conocimiento, la justicia social y la paz.

Francisco Cajiao

Junio 2, 2024

Publicado en Razón Pública.com

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El pulso es algo que se siente aunque no se escuche, como el latido del corazón en el cuerpo humano. Cuando visitamos al médico, lo primero que hace es medir el pulso, y va mirando el reloj para ver si cada segundo se siente una pulsación. El pulso normal en estado de vigilia es de 60 pulsaciones por minuto, o sea  una pulsación por segundo..

Muchas personas, al escuchar música van marcando el pulso con el pie o con la mano. La percepción del pulso es una habilidad especial en la ejecución musical y sirve para atacar la nota en el momento exacto, dentro del compás, y para darle la duración correcta. El pulso es cada uno de los golpes que se van marcando y también la sucesión de los mismos en la pieza musical. 

Cuando un cantante en su concierto quiere conquistar a su público, pide que le sigan con las palmas. Inmediatamente, todos palmotean con un ritmo exacto, marcando los pulsos. El subconsciente detecta los pulsos y así todos los espectadores los marcan con exactitud, aunque desconozcan el solfeo. 

Cuando el pulso contiene 2 golpes, tenemos un pulso binario. 

Cuando el pulso contiene 3 golpes, tenemos un pulso ternario: 

En ambos casos el primer golpe se acentúa. 

Con la mano o el pie se marca el golpe acentuado de cada pulso. 

El director de orquesta va marcando con su mano los pulsos, y todos los músicos van ejecutando su instrumento con una perfecta sincronización. Si usted escucha música marcando el pulso con el pie o con la mano, sentirá la música con la misma emoción del director de orquesta. 

Ejercicio: Escuche estas piezas con audífonos o en equipo de sonido, marcando los pulsos con el pie o con la mano. Estas partituras sonoras fueron realizadas por nosotros, son obras del dominio público: 

  1. Arioso – Cantata BWV156 – J.S. Bach 
  1. Pompa y Circunstancia – Elgar  
  1. Aida – Marcha Triunfal – Verdi 
  1. Aire para la cuerda de sol – Suite en D – J.S. Bach. El ritmo va en corcheas; marque el pulso abajo en la primera corchea, y arriba en la segunda. 
  1. Minueto de Don Giovanni – Mozart. Marque 3 pulsos en cada compás. 
  1. Bolero – Ravel. Marque 3 pulsos en cada compás. 
  1. Fuga en G a la giga – J:S. Bach. Marque 4 pulsos en cada compás. 

Al poder sentir el pulso de la música, va a disfrutar mejor al escucharla. 

Alberto Betancourt

Junio, 2024

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En la década de los años 50 se mantenía la costumbre de ir a las veredas cercanas a la Casa de Formación en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, con el fin de “dar catecismo” a los habitantes del lugar, tarea que asumíamos con tal empeño que se hacía inevitable cierta sana competencia por ganarse el prestigio de la vereda mejor, de acuerdo con estos criterios: perseverancia en la asistencia al catecismo, entusiasmo creador en la fiesta veredal de todos los años, aportes en dinero y especie para el convite a cargo de las campeonas de la sazón elegidas por consenso de los comensales lugareños, conciertos con músicos de la comunidad, procesiones con la imagen de la Patrona de la Vereda, llevada en andas, flores y con voladores de “cinco tacos”. 

Hacia 1957 yo había realizado ya el paso de novicio a junior y me empezaba a interesar en pequeños trucos de ingenio, inocentes pero impactantes que el P. Manuel Briceño, S.J. empleaba para “tomar del pelo” a sus admiradores del momento. Logré “copiarle” a Briceño algunas de sus “magias” que enriquecí y perfeccioné con el tiempo y algo de creatividad; otras, las diseñé yo mismo. 

De todos los pequeños artilugios de las magias “briceñezcas” y mías, encontré la idea y la estructura de “La máquina de imprimir billetes” que me produjo incontables réditos porque me permitía “imprimir” en vivo y en directo, billetes de distintas denominaciones  que era la gracia. A la voz del “mago” y previa solicitud del “respetable”, aquella maquinita maravillosa iba dejando aparecer billetes de $ 1.000, 5.000, 10.000 y 20.000 el máximo valor en circulación de ese tiempo.   

Armé la impresora de billetes tal como se indicaba en las instrucciones para construirla y hasta yo mismo me asombré de los efectos de aquella máquina prodigiosa que lo era por efectos de una pura ilusión óptica.  

Los materiales para fabricar el equipo impresor de papel moneda eran pocos; apenas la pequeña tabla que haría las veces de soporte de la estructura y en ella se levantarían dos bastidores de unos 20 centímetros de altura para sostener el par de rodillos adyacentes el uno del otro y de unos 10 cm de diámetro; al rodillo superior pegué la punta de la tira de tela negra que “imprimiría” los billetes y giré hasta envolverla por completo; el otro extremo, lo adherí al segundo rodillo de manera que, al girarlo en sentido contrario al del primero, generara la ilusión óptica de imprimir billetes “genuinos” de banco. (“Cómo hacer una máquina para imprimir dinero”. Youtube.com/watch?v=nfJzWLHa1Os). 

La obtención de papel moneda se producía al insertar por el lado izquierdo de la “impresora”, recortes exactos en papel periódico de los billetes que emergerían por el lado derecho convertidos en denominaciones genuinas de $ 1.000, 5.000, 10.000 y 20.000, cuando se hacían girar los rodillos. 

Después de varios ensayos exitosos, procedí a “ofrecer” a los organizadores de los festejos veredales la “maravilla” de mi “Máquina de imprimir billetes en vivo y en directo”. Me colaboró el P. Luis Briceño, S.J. ministro entonces de la Casa, con los billetes que necesitaba para la “magia” y por fortuna, no sé cómo los consiguió, estaban como recién salidos de los talleres del Banco de la República. 

Parte central del programa de aquel convite ceremonial del año, en la emblemática vereda de “Cuche” se anunció con bombos y platillos “La máquina de imprimir billetes y sus capacidades mágicas”.  

Llegado el día y luego de la Misa Campal, el caldo de costilla con abundante cilantro, el chocolate caliente con arepa boyacense y los “juegos para los niños” se convocó al espectáculo inusitado de imprimir billetes al conjuro de las “palabras mágicas” que no eran otras que la primera línea del Ave María en Griego suprimiendo por obvias razones, la palabra María.  

El “veredeño” que aceptaba la invitación para solicitar el billete que deseaba ver “impreso” era sometido a rigurosa y bien preparadas batería de “preguntas cerradas” para que el colaborador ocasional eligiera el billete previamente oculto y que saldría a la luz pública al conjuro de las palabras mágicas. Tuve que practicar mucho el interrogatorio al colaborador ocasional, para garantizar el éxito de la “manipulación de la voluntad del elector”. 

El espectáculo se anunciaba al público con la seriedad que ameritaba el caso; esto es,  advertencia previa sobre el “permiso” dado por las autoridades para “imprimir billetes” de cara al público siempre y cuando el producto, previa verificación, se devolvieran al “mago” quien, a su vez, lo haría llegar al superior de La Quinta de los Padres para darles uso adecuado en beneficio de la comunidad. 

El espectáculo se fue perfeccionando con base en sucesivas experiencias y llegó a tal realismo que la “fuerza pública” hizo presencia en primera fila durante uno de esos espectáculos veredales para comprobar la “autenticidad” de los billetes. Debí revelar mi secreto a la “autoridad competente” representada en aquellos policías enviados a “vigilar” al “padrecito de los billetes”. 

Dice la historia que el dos de agosto de 1825 Bolívar pasaba por el pueblo de Pucará y José Domingo Choquehuanca, autoridad civil del lugar, salió a recibir al Libertador y en el delirio de su arenga de bienvenida al Libertador, entre otros elogios, afirmó que “Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina”.  

Bastó poco tiempo para que mi fama de “mago” creciera “como crece la sombra cuando el sol declina”. Pronto “declinó” el sol de mi aureola de mago en Santa Rosa con ocasión de mi paso al año de Ciencias y luego a Filosofía, pero antes y no por esa razón, se organizó enorme “festival veredal” en el Teatro Municipal de Santa Rosa de Viterbo y quisiera creer que el principal atractivo del evento fue la presentación del “padrecito mago”.  

Agotada la novedad de la “Máquina de imprimir billetes”, debía concebir un nuevo “descreste” ajustado al prestigio conseguido en las “presentaciones veredales”. Para ese entonces, había adoptado dos nuevos actos de magia: huevos pericos surgidos del fondo de una cazuela vacía y la “tacita mágica” que derramaba arroz una y otra vez, al conjuro de la palabra misteriosa que operaba el milagro. 

Huevos pericos en el escenario. Para conseguir que de “la nada” surgieran huevos pericos que pudiera consumir el público, fabriqué la “varita mágica” en tubo de latón de poco menos de tres centímetros de diámetro y de 50 cm de largo; uno de los extremos estaba sellado y el otro no. Embutida la pericada en la varita mágica, se “tapaba” el extremo libre con un trozo de mantequilla y aquello quedaba inmune a cualquier sospecha.  

Casi al final del espectáculo en el teatro de Santa Rosa, pregunté al público si querían probar huevos pericos: ¡Sííí! fue el clamor que levantó el auditorio. Mostré la sartén vacía y la varita mágica que al contacto con la sartén caliente, se derritió la mantequilla, fluyó el batido, revolví por breve tiempo para mí y una eternidad para el público a juzgar por el silencio durante la operación de la fritura. El H. Rodrigo Mejía Saldarriaga, hoy Obispo emérito en Etiopía y mi ayudante de ocasión, repartió el huevo perico a la primera fila, en medio de nutridos aplausos del “respetable”. 

Si la multiplicación de los panes y los peces fue maravillosa, aquello que podríamos llamar “La multiplicación del arroz” no lo fue menos. El arroz multiplicado una y otra vez era impactante y por ello sería el cierre del espectáculo de teatro en aquella tarde Santarrosana. Necesité de dos tazas grandes; a una de ellas, le adherí, a poca distancia del borde, tapa de plástico transparente para que al mostrarla al público, desde el escenario, apareciera vacía.  

Un poco de arroz en una de las tazas; se cubre luego con la otra; se le pasa la varita mágica con las palabras de rigor y al destapar, arroz tan abundante que se derrama en parte; esas “sobras” regresan a la taza, y se vuelve a repetir el “fenómeno” al ensalmo del Ave María en griego.  

Hacia la quinta “multiplicación” milagrosa del arroz, una abuelita de trenzas, sombrero, alpargatas y envuelta en su pañolón, exclama en voz alta con anhelo manifiesto, en medio del silencio sepulcral de la sala: ¡Quién tuviera una tacita de esas en la casa”! Aplausos y risas pusieron fin al espectáculo. 

Se llegó el momento de traslado a Bogotá para iniciar el “Año de ciencias”; en ese entonces ya me aparecían los primeros síntomas de la “fiebre de la magia” y la “prestidigitación”; empecé a buscar manuales de esas artes pensando en “animar” las reuniones de catecismo en los barrios a donde acudíamos los domingos en la tarde, llevados y recogidos por el bus que manejaba “Don Julio”. 

Me empecé a interesar por los “trucos con cartas”; conseguí un buen tratado español sobre “cartomancia” con excelentes ilustraciones. Me hice, con permiso presunto, a unos naipes en el Salón de Juegos del filosofado. Practiqué con tal fervor que el Año de Ciencias lo fue pero con énfasis en “Cartología” y “Cartomancia”.  

Cuando me sentí preparado en la “adivinación” de cartas elegidas por el público, debí pensar también en cómo vincular los “trucos” con naipes para “ilustrar” la catequesis; por más imaginación que le apliqué a la idea, terminé convencido de que mis artes “adivinatorias” quedarían mejor ubicadas en las “pausas activas” de la evangelización dominical. 

Una tarde de domingo en la catequesis que orientábamos en el barrio Las Ferias, se presentó la oportunidad de lanzarme al ruedo con tal éxito que se alargaron las “pausas activas” y empezó el flujo de curiosos que pasaban por allí y se quedaban para observar al “culebrero de sotana”.  

Con voz estentórea desde el fondo del círculo de curiosos que observaban las “magias” con cartas, surgió vociferante reclamo más o menos en estos términos: “Curas mentirosos, engaña bobos, se aprovechan de la ingenuidad de la gente para “venderles” mentiras; no se dejen embaucar”.  

La arenga del entrometido hizo voltear la mirada de los espectadores de la magia con cartas hacia el boicoteador inesperado. No sé de dónde saqué serenidad suficiente y con la mejor cara de bobo que fui capaz de configurar, me acerqué con pausa al autor del reclamo y en tono sumiso le dije: ¿“Engaña bobos”? ¡“Vamos a ver quién de los dos es el bobo, veamos qué tan vivo es usted”! Mezclé la baraja, le pedí que eligiera la carta que quisiera y no me la dejara ver; dudó unos momentos antes de la elección pero lo hizo; entonces, con aire triunfal le dije desafiante: ¡“Muestre ese Rey de Oros”! Se tomó el “protestante” algunos segundos antes de mostrar el Rey de Oros y una vez presentado al círculo de curiosos, el aplauso con aire de revancha estuvo acompañado de comentarios de todo tipo. Sospecho que la “víctima” se fue mascullando la pública humillación con la súplica sumisa de la oración de difuntos: “Creo en ti Señor; no quede yo confundido para siempre”. 

Ya estaba yo en Teología cuando, en por lo menos dos oportunidades, el papá de Jaime Heredia, importante ejecutivo de Suramericana de Seguros y seguramente por iniciativa del mismo Jaime, organizó la fiesta de Primera Comunión para los hijos de sus colaboradores y me comprometió a hacer el papel de “recreador infantil” por no decir “payaso”; creo que esta fue mi despedida de los escenarios en calidad de “mago” porque “vago” lo fui durante la mayor parte de mi vida en la Compañía. 

Pasaron años antes de retomar las artes mágicas, cuando a mis hijos ya mayorcitos, me dio por “entretenerlos” con sencillos experimentos de cartografía; sobra confirmar que pronto me superaron haciendo aparecer y desaparecer monedas, adivinando cartas escondidas, pero el más impresionante de los espectáculos diseñados por ellos fue hacer levitar a uno de sus hermanos en las fiestas de cumpleaños o de primera comunión de primos y amigos invitados; aquella “levitación” era impactante.  

¿Será cierto que “lo que se hereda no se hurta”? 

Jaime Escobar Fernández 

Junio, 2024

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Los jóvenes dicen que quieren estudiar, que les gusta estudiar, pero que no encuentran la financiación necesaria para hacerlo.

Se dice que los jóvenes no quieren hacer estudios universitarios. Que esa es la razón de la baja de matriculados. Una encuesta reciente de opinión realizada por Empresarios por la Educación y el Centro Nacional de Nacional de Consultoría entre 3.820 jóvenes de 11 a 28 años (una muestra representativa de cerca de 10 millones de personas) contradice esa percepción.

Los jóvenes dicen que quieren estudiar, que les gusta estudiar, pero no encuentran la financiación necesaria para hacerlo. El proyecto de ley estatutaria que se presentó al Congreso tiene como objetivo establecer que la educación es un derecho fundamental. Incurre en un desacierto cuando no reconoce explícitamente que el sistema de educación superior colombiano es mixto, es decir, de instituciones públicas y privadas.

La financiación se restringe a las universidades estatales. Aunque tampoco se muestra el impacto fiscal que la gratuidad de la educación pública va a costarle al Estado. Se aduce que la ley no implica un gasto adicional. Que se sepa, los rectores de universidades públicas llevan años quejándose de que sus instituciones están desfinanciadas. Algunos se han atrevido a afirmar en voz alta que el faltante es tan grande que no han tenido cómo pagar la nómina de profesores de este semestre.

¿Cómo será entonces con las nuevas circunstancias que la ley estatutaria va a crear? En el proyecto de ley, a las universidades privadas no se les reconoce explícitamente con ese nombre. ¿Acaso no están matriculados en ellas un millón 200 mil estudiantes? Son cerca del 50% del total de la población estudiantil universitaria. Necesitan financiar las matrículas que sus familias pagan con muchos sacrificios, por lo que requieren de créditos bancarios y de organismos estatales. Pese a los créditos que otorga el Icetex a los estudiantes de las privadas, para este año se llegó a un acuerdo inédito: las privadas deberán pagar los intereses causados por los préstamos que ese organismo da a los estudiantes.

Es una carga financiera para las instituciones privadas que se suma a las que ya afrontan muchas de ellas que han tenido que hacer recortes de profesores, puntales de la calidad educativa. ¿Se fortalecerá el Icetex con más recursos económicos? ¿Aguantarán las universidades privadas los aprietos financieros por los que atraviesan?

Está bien que el proyecto de ley estatutaria apunte a establecer prioritariamente que la educación es un derecho fundamental. Pero que sea un derecho a una educación con calidad. Y también a la libertad de elegir dónde estudiar con calidad, asegurando el apoyo financiero para poder ejercer esa libertad.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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El pasado 28 de mayo, una comisión pluriinstitucional organizó una Jornada de Discernimiento sobre Cartagena y sus contradicciones, invitando a 200 personas representantes de instituciones y de la sociedad civil. Pacho de Roux fue el encargado de abrir el evento, haciendo estas reflexiones sobre la vulnerabilidad.

Por petición del grupo organizador y como parte del mismo, siendo un recién llegado a Cartagena, traigo estas palabras de introducción, desde la pregunta de Dios a Caín en el Antiguo Testamento: ¿dónde está tu hermano? ¿dónde está tu hermana?. Vengo desde el dolor de Colombia hoy, con tres muertos en Jamundí, otros tantos en Morales, otros en Caloto…

Antes que se firmara la paz con las Farc, fue más duro: las mamás de los 48 000 soldados y policías muertos en combates; las mamás de más de 50 000 guerrilleros, muchos niños muertos en la guerra, las familias de los 6420 muchachos falsos positivos

Vengo desde un millón de huérfanos, vengo de los relatos de las masacres que entonces eran de 80 y 100 personas: El Salado, La Gabarra, Mitú, Mapiripán, San Carlos y de los sobrevivientes de las bombas que mataron a centenares en el club del Nogal y Bojayá y del pueblo de Caicedo y de los días cuando teníamos un millón de desplazados por año.

La pregunta incómoda en esa historia y en los estertores que todavía siguen de ella es ¿dónde estábamos nosotros? Porque vimos todo en los noticieros como si fuera una película, como si esa multitud devastada no fuera de colombianos.

Hemos sido afortunados con un territorio con dos océanos y miles de ríos y montañas, etnias y culturas. Hemos construido maravillas en Colombia como Cartagena, Medellín Bogotá, músicas y danzas, universidades y empresas… pero lo hemos hecho sobre un lodazal de sangre y de dolor, de raíces brutales y profundas. Y esa sangre sigue en la tierra ensangrentada que pregunta por tus hermanos como dice Dios y es un inmenso obstáculo a la esperanza de los niños que quieren vivir de otra manera.

Vengo a tomar el eslogan de este evento desde la vulnerabilidad a la esperanza en Cartagena y a pedirles que hoy nos dejemos vulnerar, que nos dejemos tocar por el dolor pues, de no ser así, los programas y las soluciones que hagamos serán solo espectáculos políticos de aplausos y poder, pero sin alma, ni pasión, ni transformaciones durables .

¿Qué es dejarse vulnerar? ¿Qué es la vulnerabilidad?.

Vulnerabilidad no es el niño de la localidad de La Virgen aquí, que se desmaya de pronto en el salón de clase. Eso no es vulnerabilidad, eso es hambre. Vulnerabilidad no es el grito de la vecina del Paraíso II que se desangra en un parto complicado. Eso es exclusión del sistema de salud. Vulnerabilidad no es el techo de palma que le cae encima a una familia en las laderas del Cerro La Popa, en el primer aguacero fuerte. Eso es miseria. Vulnerabilidad no es la familia que llega cargando lo que pudo sacar, al salir precipitadamente de Morales, en el sur de Bolívar. Eso no es vulnerabilidad. Eso es desplazamiento forzado violento.

¿Entonces, qué es vulnerabilidad?

Vulnerabilidad es cuando tú no puedes dormir una noche en tu colchón con ventilador y aire acondicionado, porque en tu puerta durmió una familia desposeída. Vulnerabilidad es cuando no te pasa la deliciosa comida, porque has visto a los niños barrigones y escuálidos a lo largo de la avenida que bordea la Ciénaga de La Virgen. Vulnerabilidad es cuando encuentras a la mujer pobre que sobrevive con cuatro hijos y recibe en su casa precaria a cuatro huérfanos de la familia vecina, donde los papás acaban de ser asesinados, mientras tú eres incapaz de compartir tu apartamento con alguien necesitado. Vulnerabilidad y cuando se te conmueven las entrañas, se te parte el alma, se te arruga el corazón, ante el dolor de tu hermano, de tus hermanas con quienes eres ciudadano de Cartagena, miembro de la comunidad que somos en esta ciudad.

La vulnerabilidad no es un sentimiento El sentimiento es solamente el impacto incómodo que puedes o no aceptar. La vulnerabilidad es una virtud y la virtud es, inicialmente, una llamada interior fugaz que desaparece si no se aprende si no se cultiva si no se temple en actos continuos de respuesta ante el ser humano herido, tirado en las calles, hambriento abandonado en la ciudad.

La vulnerabilidad es la capacidad de dejarse conmover por la perplejidad de la niña al borde de la Ciénaga de La Virgen prostituida para conseguir comida, tan cartagenera como las niñas de Bocagrande. Es dejarse tocar profundamente. Esa virtud hay que aprenderla en el hogar, la escuela, la educación pública, como se aprende a decir la verdad, a ser justo, a ser honrado, a respetar a los demás.

Cuando se es vulnerable, surge la indignación sincera para gritar que lo que está ocurriendo no podemos permitir que continúe. Estalla la solidaridad generosa, y las discusiones ideológicas entre izquierda y derecha quedan fuera del tiesto, porque lo que importa ya no es el debate ideológico o político, sino resolver los problemas de los hermanos y hermanas que sufren.

Vulnerabilidad es la esencia del amor de Jesús, cuando se le rompían las entrañas, dice el evangelio, ante la mujer enferma, el niño agonizante, la multitud con hambre, los desesperados y los locos, incluidos los devastados por sus pecados.

Esta vulnerabilidad, base de toda esperanza, perdida en Colombia y en Cartagena, es lo que hemos venido a rescatar hoy, porque sin ella no podemos ser seres humanos.

Estamos aquí para que busquemos hacer de Cartagena no con ideologías, ni apariencias, ni comedias, sino desde el corazón humano de todos nosotros, una ciudad que no solamente sea ejemplo de espectáculos y congresos, sino la ciudad vulnerable emblema de fraternidad y de la paz que queremos en Colombia.

Colombia adolorida, dividida, quebrada, necesita de Cartagena. De una Cartagena que nos hable del futuro querido por los niños y los nietos de ustedes, porque desde nuestra vulnerabilidad valiente y audaz hemos decidido, con la ayuda de Dios, hacer realidad la esperanza.

Francisco José de Roux, S.J.

Cartagena, Colombia, 28 de Mayo, 2024

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Compartimos con nuestros lectores esta tertulia reciente de nuestro grupo, cuando tuvimos el privilegio de escuchar a nuestro invitado Daniel Molano explicándonos la más reciente de las iniciativas que está liderando en este terreno apasionante y muy actual de la Inteligencia artificial. Con base a su extensa experiencia con los líderes y proyectos de “Silicon Valley” en los Estados Unidos, Daniel nos explica la aplicabilidad inmediata de su proyecto en la reducción del analfabetismo y de la falta del dominio del Inglés en nuestros países.

Exjesuitas en tertulia- Jueves 30 de Mayo, 2024
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Quiero invocar tres imágenes sobre el dinero: primera, el “estiércol del diablo”, como me lo dijeron en el seminario; segunda, el billete de un dólar con la inscripción “En Dios confiamos (“in god we trust”); así lo experimenté desde mi primer viaje a los EE UU a los 20 años; y tercera, la jota española: “Te quiero morena, te quiero, como se quiere a la gloria, como se quiere al dinero, como se quiere a la madre”.

En mi pueblo natal Charalá, eran pocos los ricos. Mi madre enviudó cuando yo tenía cinco años y éramos 10 hermanos. El párroco local ayudó a mi madre a conseguir el cargo de telefonista del pueblo. Era como ser secretaria de todo el pueblo (solo existía un teléfono).

Para mi suerte, y gracias a que uno de mis hermanos mayores era jesuita y estaba como “maestrillo” en el colegio Ortiz de Tunja, se me otorgó una beca para el internado allí. Esto me trasladó a un ambiente donde yo era minusválido económico, frente al poder adquisitivo de mis compañeros. Allí se me despertó la necesidad urgente de superarme para elevar mi nivel económico y el de mi familia, y en tal sentido allí hice mi primer voto (no ya de pobreza), sino de riqueza, en lo cual, sin haber sido extraordinariamente exitoso, me considero satisfecho, en gran medida por mi perseverancia en el trabajo en un banco internacional, donde adquirí la cuasi obsesión (o hobby) por las finanzas.

Vuelvo a otras imágenes y contenidos sobre el dinero: Primera, el joven rico que pregunta a Jesús cómo alcanzar la vida eterna y la respuesta que todos sabemos: “vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven y sígueme”. Segunda, el ojo de la aguja por donde le quedaría más fácil pasar a un camello que a un rico entrar al reino de los cielos. Tercera, ser rico no es tener mucho, sino necesitar poco.

Todo lo anterior para confesar que aún vivo en medio de todas esas imágenes arriba evocadas. A ratos generoso, a ratos mezquino y acumulador. A ratos con un pie en el reino celestial, y a ratos sin poder pasar por el ojo de la aguja. Tengo memorias claras de eventos que me engrandecen y de otros que me hieren.

Me consuelo pensando que, así como el amor, el dinero también está entre los temas cruciales de nuestra humanidad, que siempre habrá que trabajar para moldearnos y vencer las malas inclinaciones de nuestra naturaleza.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2024

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Decir NO, es NO

Por Edna Bonilla
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El telón se levanta y aparece la abogada Tessa. Camina segura y altiva en el escenario que recrea una gran caja de archivo. Un espacio donde se refunden las historias de miles de mujeres que ven cómo pasa el tiempo y su caso es uno más en una maraña de papeles. Ella, Tessa (Teresa García), defiende presuntos victimarios sin importarle su culpabilidad o inocencia. Su único objetivo es ganar o “llegar de primera”, como dicen los abogados. Jamás de segunda. Es prestigiosa y exitosa.

De principio a fin, Cristina Umaña logra darle credibilidad a Tessa. Habita cada frase de su personaje. Los argumentos de Tessa son contundentes y voraces. Logra murmullos en el público. En el auditorio se confunde la repulsión y la admiración. Tessa no tiene límites a la hora de defender a sus clientes, porque quiere subir en la escala social y profesional. Es disciplinada, inteligente, hermosa y alegre. Una mujer que transmite plenitud y que está decidida a dejar atrás un humilde pasado. Una mujer que disfruta y vive su sexualidad.

Decir NO es NO. De pronto, en su exitosa carrera viene algo inesperado. Después de una noche de celebración, coquetería y copas, invita a un colega a su casa. Las cosas se salen de control y Tessa es víctima de violencia sexual por parte de su compañero de trabajo. Ella no es dueña de sí, y se convierte en víctima de un hecho que ella veía ajeno y lejano. Tessa se desdibuja y emerge Teresa.

Teresa ya no es Tessa, aunque sean la misma persona. Teresa es la víctima ahora y deberá pasar por el sufrimiento que ella misma como Tessa, había permitido en favor de sus clientes. Confundía a las víctimas con sus agudas preguntas y celebraba cada victoria. Esta Teresa angustiada, destruida, violentada y vulnerable, logra en el auditorio una solidaridad absoluta, conmovedora hasta las lágrimas. Cristina Umaña respira por cada poro de su piel el dolor de Teresa. Transmite a los espectadores su necesidad de ducharse para borrar el cuerpo de su agresor. Siente el dolor y la impotencia en medio del frío de la madrugada y la lluvia. Duda entre denunciar o tratar de olvidar. En medio del desespero añora el abrazo de su madre. La obra transmite la fragilidad de la mujer ante el dolor.

La obra Prima Facie del Teatro Nacional dirigida por Nicolás Montero con la asistencia de su hijo, Manú Montero Torres, que contó con una actuación maravillosa, y el trabajo de un muy buen equipo de adaptación y producción, conmueve profundamente e invita a reflexionar sobre la justicia, la ley, la violencia sexual, el amor y las fragilidades y fortalezas que tenemos las mujeres.

Como espectadora, una buena parte del tiempo pensaba en los miles de niñas que son víctimas de abuso sexual. Imaginaba su dolor y el de sus familias. Si esto le sucedía a una abogada, no imagino el sufrimiento de una niña vulnerable. El abuso sexual infantil es una realidad más cotidiana de lo que como sociedad quisiéramos reconocer. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco menores sufre abuso sexual antes de cumplir los 17 años. La violencia sexual tiene consecuencias físicas, psicológicas y sociales graves a corto y largo plazo, no solo para las niñas o niños, sino también para sus familias y comunidades. Al mismo tiempo, es una realidad oculta. Lo es por el agresor, que intenta por todos los medios que sus actos no se revelen, como por el silencio al que son condenadas las víctimas. En medio de su indefensión, sufren las estrategias de manipulación del abusador. Y en ocasiones cuando la niña o el niño reportan una violencia, los adultos no les creen.

Las estadísticas en Colombia tienen subregistro y aun así son escalofriantes. La violencia sexual contra la niñez es dramática y completamente inaceptable. Bogotá cuenta con un muy buen registro en su Sistema de Alertas que diligencian los colegios públicos y privados de la ciudad y que permite hacer unas buenas inferencias sobre lo que sucede en el país. Según el Sistema, en el 2020 se reportaron 1.403 casos de violencia sexual; en 2021, 1.824; en el 2022, 6.877 casos; en 2023, 7.360 casos y a 30 de abril de 2024 se han registrado 3.366 casos. A nivel nacional, según el Ministerio de Educación Nacional, en 2023 se presentaron 1.825 casos de violencia en contra de niñas según el Sistema de Información Misional (SIM) del ICBF. Desde enero de 2023 a 29 de febrero de 2024 se tiene un reporte de 313 casos de violencia sexual. Se observa un clarísimo sub-reporte a nivel nacional. Para el caso de Bogotá, los principales agresores son familiares o personas cercanas a las familias. Una realidad dolorosa, ya que el hogar debe ser, por excelencia el territorio seguro para nuestros niños y niñas.

¿Por qué muchos de los casos quedan en la impunidad u olvido, mientras que las víctimas jamás olvidan las marcas de la violencia? ¿Por qué el miedo a denunciar? ¿Por qué el sistema jurídico privilegia la “verdad legal” y no admite espacio para la “verdad real”? ¿Por qué las leyes para juzgar la violencia sexual son escritas y aplicadas por hombres, desconociendo el sentimiento femenino? Y aunque la obra Prima Facie suscita muchas preguntas, también sugiere algunas respuestas.

Siempre ha existido una gran tensión entre la justicia formal y la justicia material. La formal, en la mayoría de los casos se superpone a la material. La misma Constitución consagra de manera implacable que “nadie podrá ser juzgado, sino conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio”. Teresa invita a reflexionar no sólo sobre si las leyes han sido hechas por hombres, sino también si el formalismo de las normas lleva a revictimizar a la mujer cada vez que se atreve a denunciar. El proceso jurídico la obliga a que cuente, una y otra vez, en una sala llena de hombres, cómo, dónde, en qué posición, de qué manera y con qué intensidad fue violada. Se ha construido un sistema que, por cuidar la formalidad, ha olvidado lo más importante: preguntarse ¿y cómo se sintió Teresa? ¿Cómo se sienten los miles de niñas y mujeres que se aterran ante la posibilidad de denunciar porque saben que seguramente la verdad legal impedirá que se haga justicia? O sencillamente, porque su testimonio no tendrá credibilidad.

A punto de terminar la obra, Teresa clama: “La ley es una cosa orgánica. Definida por nosotros. Construida por nosotros, a la luz de nuestras experiencias. La de todos ustedes. Y por lo tanto ya no puede haber excusas. Tiene que cambiar. Porque para decir verdad, una de cada tres mujeres es abusada sexualmente. Y sus voces deben ser escuchadas. Tenemos que creerles si va a haber justicia”.

Cuando el telón baja, termina la conmovedora obra de teatro. Sin embargo, creo que la importancia de Prima Facie radica en que busca provocar una discusión e invitación para que trabajemos porque algo cambie en la manera como abordamos la violencia sexual. Necesitamos proteger a nuestras niñas de cualquier tipo de violencia. Necesitamos tener un sistema que crea en la voz femenina que clama justicia cuando un hombre no entendió que no es no y abusó de ella.

Teresa se describe a sí misma como una sobreviviente de la violencia sexual. Por los miles de Teresas (las niñas, las jóvenes y las adultas) de nuestro país, algo debe cambiar.

Posdata. Presencio con tristeza la intervención del Gobierno a la Universidad Nacional. Rechazo la forma como se está atentando contra la autonomía universitaria. La violencia en todas sus formas está haciendo presencia en los campus, y muchos actores siguen jugando con candela sin ver el fuego que consume a la Universidad que ha sido motivo de orgullo en el campo académico y científico del país.

Edna Bonilla

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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Las definiciones de herencia en el diccionario de la lengua española tienen, todas, un sentido descendente: de los padres hacia sus hijos, de lo que los seres vivos reciben de sus progenitores, de rasgos o caracteres procedentes de personas o momentos anteriores … Aquí, la tomamos en sentido inverso: herencia de los hijos para con nosotros. Son historias de mi familia, pero semejantes a muchas de las de ustedes. 

Una experiencia inolvidable, repetida, fue la sensación -indescriptible con palabras- de disfrutar del Zugspitze, el nevado más alto de Alemania, al que mi hija “nos llevó” a Elssye y a mí. Lo mismo que la visita a otros paisajes y ciudades. Esta experiencia, “herencia de mi hija” no hubiera sido posible si ella no estuviera en Alemania, en su trabajo de investigación, con el sacrificio que implica la distancia. 

Otro placer sorprendente -que experimento a los 80 de mi vida- consiste en escuchar música, por ejemplo de Mozart, en un sillón que mi hijo “me heredó”, comprándoselo a un amigo que viajaba. Esta herencia es doble, porque la música clásica ha sido una afición reforzada por el gusto y los discos de mi hijo, así como el sillón en que me reclino para oírla. 

Son sólo dos casos concretos y palpables de “herencia inversa”. 

Los libros y saberes -de Biología y Derecho, respectivamente- son también herencia de mis hijos para nosotros, sus padres.  

Ayudas en informática y otros recursos tecnológicos constituyen otro tipo de “herencia en vida”.  

Las caminatas, los paseos, los viajes impulsados, y a veces financiados por los hijos, son otras herencias valiosas.  

Hasta ropa en buenas condiciones que dejaron de usar o que no pudieron llevar consigo, y de la que los padres nos beneficiamos. 

En un ámbito más espiritual, heredamos la oportunidad de apreciar y agradecer los valores y comportamientos honestos y solidarios de ellos como adultos responsables. 

Hemos recibido otras herencias, como la de los dos cónyuges con sus familias. 

En síntesis, nos han proporcionado la satisfacción de compartir tantos sentimientos y bendiciones, como retribución quizás a los dones desinteresados que les hemos podido ofrecer. 

No puedo dejar de experimentar la herencia divina que hemos recibido, en la creación, en la comunidad humana, en la propia vida recibida por medio de los padres; en la vida de Jesús por medio de María y en su Espíritu vivo entre nosotros tras su Resurrección. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Jesús: “…he venido al mundo: para dar

testimonio de la verdad -ἀλεθήιᾳ-” (Jn. 18, 37)

Pilatos: ¿“Qué es la verdad”? (Jn. 18, 38)

En correo a Luis Alberto Restrepo (LARPO) y John Arbeláez, titulé la misiva como “La última proclama de Carlos Eduardo” al discurso que pronunció en la Universidad Autónoma de Manizales, con motivo del Doctorado Honoris Causa que le confirió. Este documento se lo debemos a la generosidad de LARPO y a la diligencia interminable de John Arbeláez, quien lo difundió entre nosotros; a ellos, rendidas gracias.

Confío, sin rubor, que Amado Nervo me permita plagiarle su poema a Tomás de Kempis pensando en Carlos Eduardo: “Ha mucho rato busco en tu escrito / y cuanto encuentro me deja triste / ha mucho rato que me desvela / ese discurso que tú escribiste”. Cuanto más leo y releo el texto del discurso de Vasco en la Universidad Autónoma de Manizales, más descubro que en realidad aquello no fue discurso; se trató, más bien, de la puesta en escena de la más fina pieza de tragedia -al estilo de los tres grandes de Grecia, Esquilo, Eurípides y Sófocles- que Vasco nos dejó la más icónica oda al hombre, la oda al itinerario de cuanto es capaz el intelecto humano en búsqueda sincera de LA VERDAD.

Lo siento por Nietzsche y cuantos eruditos hacen derivar el nombre de “tragedia” de “tragos” (τράγος), “macho cabrío”; la tragedia griega, lejos de ser cántico ritual, es elegía al “golpe” que le da el destino a cuantos intenten oponerse a su inexorable cumplimiento. ¿De cuál otra fuente pudiera derivarse nuestro muy español “estrago”, como el desborde del Cauca en la Mojana, sino de la transliteración al latín de la expresión griega “ex tragos”(ἐξ [ἐφ] τράγος). Vasco cayó incansablemente en camino hacia la colina de LA VERDAD, sin el consuelo de mujer piadosa que le saliera al paso para enjugar, no ya el sudor, sino la sangre de las heridas en el camino.

El discurso de Carlos Eduardo es el recuento minucioso de todos los “golpes” que recibió en la búsqueda inclemente de su diosa LA VERDAD, no obstante el culto reverencial que siempre le tributó, sin retribución alguna, muy a la manera de cualquiera de los más renombrados renacentistas marcados por esa obsesión, esas “ansias de saberlo todo” con el sello de garantía de LA VERDAD y que siempre fue para todos terca “a fuer” de elusiva.

Tucídides en su memorable Oración Fúnebre para exaltar el valor de los caídos en el primer año de la guerra, eleva el valor de la ciudad y la ciudanía hasta la altura de lo más íntimo de la persona humana, con el recurso a la figura de dos amantes, “seductor” el uno, (ἐρώμενος); “seducido” (ἐραστεής) el otro. LA VERDAD y CARLOS EDUARDO VASCO; ¿Cuál de los dos no estuvo a la altura de su función en ese intento de εὐγαμία, de ansiado y feliz apareamiento?

Me vienen a la memoria las paradojas de los genios de ayer y de hoy; recuerdo con especial estremecimiento al abanderado de “La no violencia” que según la biografía de Arthur Köestler, Gandhi hoy estaría en la cárcel por “violencia intrafamiliar”; Kepler pasó años tratando de conciliar “la música de las esferas” con la Biblia y dicen las malas lenguas que no tomaba decisión alguna sin hacerse primero “la carta astral”. Martin Gardner y su La ciencia, lo bueno, lo malo y lo falso; Luciano Di Trochio Las mentiras de la ciencia; en mi ignorante parecer y en condición de last but not least, Carlos Eduardo no tuvo empacho en afirmar que soñó hallar LA VERDAD en el lugar menos apropiado, para encontrarla en la Teología que es el Reino Eterno de las creencias fundadas o no. ¡Paradojas de las grandes mentes!.

La inusual confesión pública de cualquier intelectual genuino tiene la marca de la confesión ante post facto de fracasos reiterativos en la búsqueda de sus ideales; Paul Feyerabendt peregrinó de universidad en universidad y de todas lo botaron; Vasco saltó de campo en campo del saber para buscar LA VERDAD y todos esos campos se la negaron; mal le pagó la Teología pues de los dos pares externos que evaluaron su tesis uno la adjudicó la nota más alta y otro lo dejó sin nota: “pasé raspando” afirma el doliente acostumbrado desde sus años de bachillerato a ser la Eduardo Vasco Uribe” en las premiaciones del colegio San Ignacio de Medellín.

La prisa de Pilatos ante la afirmación del inesperado reo del momento: “[…] he venido al mudo para dar testimonio de LA VERDAD. La prisa propia de cualquier funcionario público ansioso de renombre, privó a la humanidad de encontrar respuesta confiable a la pregunta clave del entendimiento humano de todos los tiempos: ¿“Qué es LA VERDAD”? Las prisas, los fanes en la vida y el ansia de pantallazos y titulares de prensa dejan siempre preguntas sin respuesta que nos convierten en víctimas, sin reparo posible, de la incertidumbre.

Ojalá que a Carlos Eduardo, una vez en posesión de LA VERDAD, le haya llegado la satisfacción de “poseerla” sin resquicios de dudas.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 18 de mayo de 2024

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“Murió en casa en la habitación que amaba, la biblioteca, una habitación con libros en cada pared, desde el suelo hasta el techo, pero también altas ventanas que dejaban entrar la luz”. Así dio la noticia de su muerte, su propia esposa, la también escritora Siri Hustved. Fue el 30 de abril, a las 18:58 de la tarde en Nueva York.

Cuando me enteré de la muerte del escritor Paul Auster, me sentí muy abatido. Era la noche y me puse a leer algunas páginas de su libro La invención de la soledad. Di primero con el párrafo donde se refiere a la muerte de su padre. Cuando supo la noticia, escribe: “no se me ocurrió un solo pensamiento noble”. Continúa: “su muerte no ha cambiado nada; la única diferencia es que me he quedado sin tiempo. Había vivido durante quince años una vida tenaz y opaca, como si fuera inmune al mundo”. Un sentimiento de orfandad recorre el libro. Permanente desencuentro con su padre.

Los buenos escritores tienen la virtud de hacernos confidencias a los lectores como si fuéramos sus cómplices. Y eso era lo que sentía con las lecturas de las novelas del escritor nacido en New Jersey, pero neoyorkino en el fondo de todo. Uno de los que mejor ha escrito sobre esa compleja y fascinante metrópoli del mundo contemporáneo, como son por ejemplo las tres novelas que conforman La Trilogía de Nueva York, sobre la cual dice a través de su personaje que “el movimiento era lo esencial”; (…) “en sus mejores paseos conseguía sentir que no estaba en ningún sitio”. Me hizo recordar a Heráclito el filósofo, para quien nada en la vida es permanente, ni puede serlo. Todo se mueve en un fluir.

Nueva York no es ningún sitio y todos los sitios, yo también lo he sentido. Las veces que he estado en ella no he tenido necesidad de una guía turística, solo la red del subway para ir de un lado a otro. Con los libros de Auster uno tiene un conocimiento vital sobre Manhattan, Soho y de todo lo que se guarda en la memoria de los sitios que él amaba como la calle Brooklyn Heights donde Walt Whitman compuso a mano la edición de Hojas de hierba en 1855, que cita en Fantasmas de la Trilogía.

Nueva York ostenta los sitios más refinados del mundo, museos con piezas artísticas de todas las épocas, music halls innumerables, restaurantes de clase

mundial. Hay de todo en sus calles por donde transita día y noche un río de individuos, perdidos cada uno en el anonimato. Entre ellos, mendigos, gente que gime, que maldice, que habla sola. “Mujeres con bolsas de plástico y hombres con cajas de cartón, que cargan con sus pertenencias de un sitio a otro, siempre en movimiento”. Cada uno piensa que es importante, que sin ellos “la ciudad se vendría abajo. Quizás la luna se saldría de su órbita y se estrellaría contra la tierra”, escribió en LaTrilogía. Paul Auster fue un escritor que puso a Nueva York, con toda su verdad real e imaginaria, en el centro de sus escritos. Nos va a hacer falta.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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