La tertulia tenida el jueves 19 de febrero sobre recetas nos ha dejado “un buen sabor en boca y una frescura persistente”, como la de los buenos vinos. Nos ha dejado también varias emociones y sensaciones interesantes para compartir, como si nos sentáramos de nuevo ante la mesa de amigos.
El tema de la comida como un acto de amor se ha quedado en el ambiente como el aroma de un plato recién preparado.
En nuestra cultura, y en otras de todo el mundo, el afecto no siempre se expresa con palabras. Se expresa sirviendo un plato, preparando una receta, compartiendo una especialidad, ofreciendo una taza de café caliente. Hay algo en ello profundamente generoso que está diciendo sin palabras un te quiero, me importas, te aprecio.
Cocinar implica paciencia, concentración, atención, sin esperar aplauso. Cocinar es desarrollar la creatividad, tiene un toque de magia y alquimia, igual que un científico en un laboratorio lleno de ingredientes y elementos, la cocina se nutre de ideas nuevas y de experimentos que surgen frente al fogón.
Cada plato contiene una narrativa. Entre otros ingredientes, trae recuerdos imborrables. Todos mencionamos los platos preparados por nuestras madres y abuelas. Son aromas que permanecerán grabados en la memoria como una herencia emocional. Así lo son también las recetas escritas que se comparten en cada familia, a través de generaciones. Mi madre quedó huérfana a la edad de seis años y pocos recuerdos le quedaron de su corta vida compartida. Muchos años más tarde, alguien de la familia le regaló el libro de recetas de su madre, escrito de su puño y letra en una pequeña libreta fechada en 1922. Ese inesperado regalo la llevó a sentir que recuperaba a su ser más querido y a través de esas líneas a conocer aspectos desconocidos de su personalidad, entre ellos su pasión por la culinaria.
Yo guardo una copia de ese tesoro casi borrado y con frecuencia sigo sus recetas aunque el paso del tiempo ha vuelto obsoletos muchos ingredientes de la época. La copia ha pasado ya a la cuarta generación y tengo la esperanza de que mis nietos la pasarán a los suyos. Se ha convertido en mi propia interpretación de la vida eterna.
Si queremos conocer un nuevo país y entender su esencia, con seguridad lo haremos mejor a través de su comida. Cuando viajamos, son lugares obligados de visita las Catedrales y las plazas de mercado. La arquitectura nos transporta al legado de pueblos milenarios y en sus grandes obras vemos el símbolo imborrable de su identidad cultural, pero cada plato tradicional nos habla de dónde viene el pueblo y cómo ha sobrevivido, describe el entorno, el clima, las costumbres, el carácter de sus habitantes. Es cultura que se saborea.
Cuando se vive lejos del país, esos aromas que guarda la memoria nos llevan a revivir los momentos compartidos en lugares de infancia y con las personas que ya no nos acompañan pero permanecen para siempre en el corazón. Hoy, no solo los aromas, sino las fotos y los videos de platos preparados o las elaboraciones en vivo, son un nuevo elemento para recrear el afecto recibido en el pasado y el mejor puente para conectar con los orígenes y con los seres mas queridos.
Gracias a la vida y a los nuevos canales de comunicación, en este episodio hemos tenido la fortuna de saborear, a la distancia, la dulzura del pie de limón, la sencillez del espagueti al burro, la textura crujiente de los buñuelos, la originalidad de los huevos de galleta, el color y el aroma de la sopa mexicana, el risotto de pollo y verduras. Ha sido un banquete de alegría, complicidad y cariño que esperamos repetir.
Elsa Rodríguez Korgi
Alicante, Marzo de 2026

