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¿En qué creo hoy?

Hace poco, en varias tertulias virtuales de exjesuitas, fuimos testigos de la enorme riqueza y diversidad vivencial de dar testimonio de lo que creemos, sobre lo que para algunos es la espiritualidad. Si fue tan rico y diverso entre 35 personas, abrimos el blog para recibir de usted sus vivencias.

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Hijos hay muchos. Algunos gentiles, otros amargos, aquellos optimistas, los de más allá dedicados a hacer la propia voluntad y así por el estilo. 

En Colombia empiezan a faltar los hijos de acuerdo con recientes estadísticas. Sin embargo, los niños son estimados, protegidos, amados; en tantísimos casos, sobreestimados. 

Sobreestimados quiere decir que se les profesa un afecto rayano en la adoración: “Mi tesoro adorado” para muchas mamás, no importa la edad del vástago. El papá no se atreve a usar ese lenguaje pero en el fondo siente lo mismo. ¿Ellas y ellos han olvidado quizás el primer mandamiento, la primera palabra: “Al Señor tu Dios servirás y a él solo adorarás”? Quizá lo peor no sean los casos individuales. El extremo es, sin duda, el culto de la juventud agazapado en  ese estilo de la relación entre padres e hijos. 

El tío anciano y la abuela decrépita estorban, la suegra o el suegro seniles suscitan fastidio. Los hijos nunca, menos aún si llegaron hace poco tiempo. Los proyectos de los padres tienen siempre que ver con estos seres que comienzan a vivir. Los viejos no merecen proyectos, al fin de cuentas morirán en cualquier momento. Pareciera que nuestra época fuera el tiempo de la juventud y solo de ella. Hace tiempo las antigüedades eran estimadas, apreciadas, muy bien pagadas. Hoy estas viejeras han pasado, lo importante es renacer siempre. O, al menos en la era de los cirujanos plásticos, mantener el rostro y el cuerpo jóvenes porque las arrugas ya no suscitan admiración. 

Afirman los teólogos que no se entiende la fe cristiana sin el pasado hebreo. He pensado con frecuencia que el san José, padre putativo de Jesús, que desde hace siglos resulta pintado y esculpido como de edad avanzada y por eso patrono de los agonizantes y de la buena muerte (la de los ancianos, obviamente), no sea otra cosa que el mejor símbolo de una venganza sofisticada: la de los admiradores de los viejos profetas contra el sobredimensionamiento de la juventud. 

Pero si de hecho nuestras raíces, las de los cristianos y las que heredó América Latina de la colonizadora Europa, son más, mucho más antiguas, en el fondo ya no se trata de una moderna adoración de los niños. Tan solo del simple y rotundo miedo a la muerte, siempre al acecho. Lo demostró la pandemia de hace varios años. 

Alberto Echeverri

Octubre, 2026

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Es verdad que no todo cuanto leemos en el Evangelio narra hechos históricos verificables.  Lo sabían los mismos evangelistas que preferían usar símbolos (también lingüísticos) para anunciar a los demás, no testigos de la presencia de Jesús como ellos, una experiencia que percibían fuera de lo común. 

Pero ha sido ese un hábito generador de muchas dificultades cuando tratamos de entender ciertos términos, usados por los cuatro autores, en el modo de escribir una lengua que, ¡puf!, mezclaba el hebreo con el griego; lejano este último para nosotros, propio de especialistas el otro.

A ese propósito, si leemos el texto evangélico nos parece que Jesús no se interesa tanto por los enfermos en cuanto tales como sí lo hace con los pobres:  dar el primer puesto a los pobres fue su opción, y debería ser por tanto la nuestra. “A los pobres los tendrán siempre con ustedes” afirma él mismo en cercanías de Jerusalén la víspera de su pasión. Economistas y sociólogos están de acuerdo en sostener que haya sido la pasada pandemia una de las causas del atraso y del retardo en las soluciones a la pobreza. Una de esas fallas, el que buena parte de nuestros ancianos -hoy en aumento cada vez más acelerado- y no pocos adultos vayan al encuentro de la muerte por causa de diversas enfermedades: el famoso coronavirus, escaso hoy pero todavía actuante, es una prueba irrebatible. Entonces, ¿no sería posible incluir en ese primer puesto a los enfermos? 

Somos nosotros, y no por cierto el evangelio cuando sabe que los enfermos hacen parte de los pobres a los que respalda la actitud de Jesús, quienes hemos trasformado el sustantivo, el nominativo pobre en un subsidiario adjetivo. Por eso hablamos de “pobre enfermo”, “pobres enfermos”, “pobres pacientes recluidos en un hospital”. Y también por eso, como en los tiempos de la pre- y la postpandemia, procuramos mantenernos lejos de los enfermos y de los centros que los acogen. 

Ha llegado la hora de cambiar nuestro modo de expresarnos: “pobres porque enfermos”, “pobres porque sufrientes, “pobres porque recluidos en un hospital”, “pobres porque sometidos a largos tratamientos”. En suma, porque necesitados de misericordia, una misericordia que surja desde nuestras vísceras. Como la de Jesús frente a los enfermos. 

Alberto Echeverri

 septiembre 2026 

                                                           

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Describiendo la imagen que encabeza este artículo: hay un fondo blanco ilimitado en el que se inscribe el texto que dice inmensidad eterna y activa; el óvalo punteado se nombra como universo espacio- temporal; el círculo pequeño representa un sujeto consciente.

El sujeto consciente está inmerso en el universo espacio-temporal, pero se destaca en él como algo identificado, individual; ambos están inmersos en el fondo blanco ilimitado; en el centro del sujeto consciente permanece el fondo blanco.

El universo espacio-temporal está delimitado, pero con una línea punteada; se destaca del fondo blanco ilimitado, aunque el fondo blanco permanece en el universo espacio-temporal.

El fondo blanco ilimitado queda sujeto al tamaño de la hoja de papel (o de la pantalla), pero se nombra como inmensidad porque quiere significar que no se puede medir, no tiene límites, no está sujeta al espacio, es trascendente al universo espacio-temporal. El fondo blanco ilimitado se nombra también como inmensidad eterna porque quiere significar que esa inmensidad es a-temporal, no está sujeta al tiempo, es trascendente al tiempo del universo. El universo es temporal ya que el tiempo es la medida del movimiento y el universo claramente se mueve, mientras que la inmensidad eterna no tiene tiempo, lo cual no quiere decir que es inerte, pasiva, “muerta”, sino que se nombra como activa, porque esa inmensidad eterna es activa y es el principio y el fundamento permanente de toda acción.

La anterior explicación del fondo blanco no brota de la imagen visual, sino que es la comprensión de los términos inmensidad eterna y activa; es la hipótesis que se plantea inicialmente y como símbolo de la realidad trascendente que identificamos como Dios creador del universo.

Dios es trascendente al universo, pero es -no solo su creador- sino su “sostenedor” y su “impulsor”; el universo sigue existiendo porque Dios existe y existe en el universo; el universo actúa porque Dios actúa y actúa en el universo; Dios es el fundamento de toda existencia y de toda actividad. 

Dios vive en cada sujeto consciente, pero Dios trasciende a todos los sujetos conscientes.

La imagen inicial es muy poderosa, porque el sujeto consciente y el universo espacio-temporal están inscritos en ese fondo blanco ilimitado, y -a su vez- el fondo blanco permanece en el óvalo punteado y en el centro del pequeño círculo individual. En palabras del Nuevo Testamento: En Él vivimos, nos movemos,  y existimos… y el Reino de Dios está dentro de nosotros y entre nosotros.

Identificamos como Dios creador del universo a esa inmensidad eterna y activa, no con base en nuestra inteligencia humana, sino con base en la fe en la Revelación de Dios a la humanidad y más específicamente por la Revelación de Jesucristo y el Espíritu Santo.

Lo que hace nuestra inteligencia humana es acoger esa Revelación, y parte de esa acogida activa es el desarrollo de la imagen expuesta, como ayuda para comprender la Revelación por la que Dios ha querido darse a conocer a nosotros.

Otra comparación adicional nos la proporciona la audición de música. La música está siempre, la audición de esa música es temporal, ocasional. La música es mucho más amplia que la audición del oyente, por eso la pueden escuchar millones de oyentes. La música y mi audición coinciden cuando yo la escucho, pero la música trasciende a mi acto de escucharla. 

Dios es por siempre; durante el tiempo del universo y del sujeto consciente, coincidimos con la eternidadatemporal de Dios. Dios está presente en el universo y en el sujeto consciente, pero es trascendente a ambos en su inmensidad. El universo y el sujeto consciente actúan, y en esa actuación manifiestan la acción permanente de Dios. 

Podemos creer y amar esa inmensidad divina, eterna y activa; podemos esperar nuestra integración definitiva a esa inmensidad eterna y activa. Nuestra fe y esperanza solo descansan en Dios y por el amor de Dios podemos amarlo activamente, podemos amar a nuestro universo y podemos amar a los demás activamente. 

Vicente Alcalá Colacios

Septiembre, 2026

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Oramos con gusto por los otros. Encomendamos a Dios la vida de nuestros seres queridos, de los enfermos, de los pobres conocidos y desconocidos, del vendedor de periódicos que frecuentamos, de la empleada del supermercado cercano, del párroco amigo, a veces la de algún enemigo, y así por el estilo. Pero raramente, o mejor nunca, incluimos en la oración a quienes asisten a los servicios fúnebres. 

Sin embargo, también ellos tienen necesidades como los demás, como nosotros. Y alimentan recuerdos del pasado vivido, con sus dolores y sus alegrías. Quienes son pareja esperan el retorno a casa para abrazar a los niños y descansar. Y, al igual que tantos entre nosotros, están preocupados por llegar al final de mes con lo necesario para pagar los impuestos y saldar las deudas. Se sienten siempre en vilo los funebreros entre el porvenir personal -si vivirán todavía más o menos años- y el futuro laboral, incluido el de sus hijos. 

Cierto que no los incluimos en nuestras oraciones por maldad, sino por simple miedo. Nuestro incontestable miedo a la muerte, de la que ellos se ocupan un día tras otro. Un oficio que ha llegado a ser, desde hace algunos siglos, una verdadera profesión. En tiempos antiguos los muertos eran sepultados por sus parientes o amigos. También la Biblia narra el final de la vida de los patriarcas, de algún rey o profeta con tonos un tanto solemnes, incluida la sepultura. Jesús mismo recibió un sepelio misericordioso por parte de discípulos encubiertos; y de las piadosas mujeres que se trasformarían en las primeras testigos de la resurrección; iban en realidad al sepulcro para ungir a su amigo por última vez. 

Los asistentes de los servicios fúnebres en todo el mundo tuvieron que ocuparse de los últimos gestos de despedida hacia los innumerables muertos por causa del COVID, sepultados por fuerza en silencio, lejanos de sus familias y sus amigos. Así no conocieran esos difuntos. Y hoy lo hacen con los anónimos habitantes de la calle que fallecen por el frío, con los soldados y los niños y los ancianos que mueren destrozados en las guerras de todos los días. Merecen sin duda nuestra simpatía y solidaridad, y nuestro respeto, aún en la oración. 

Alberto Echeverri

Septiembre, 2026

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Hace unos días leímos una hermosa nota que escribió nuestro amigo y compañero Silvio Zuluaga contándonos lo que ha significado para él aceptar su fragilidad, al ver que tendrá que pasar un buen tiempo reponiéndose de su dolencia en el pie y teniendo que recibir ayuda de otros para muchas cosas que antes hacía con plena libertad y autonomía. La sinceridad y apertura del amigo y hermano me provocaron estas reflexiones que ya compartí con él y que, ahora, con su conocimiento y autorización, comparto aquí en nuestro blog. 

Querido Silvio:

He rumiado estos pensamientos que me inspiró la lectura de tu conmovedor momento de “quiebre”, tan bellamente expresado y tan generosamente ofrecido a todos nosotros. Por eso me animé a compartir contigo lo que experimento con la lectura de tu experiencia.

Cuando escuchas las palabras del médico sobre los resultados de los exámenes de tu dolencia en el pie, ese momento te doblegó para reconocer que, aunque eres fuerte, líder y decidido, no eres omnipotente. La realidad se te impuso y te hizo aceptar tu fragilidad y tu finitud, tan igual a la de todos los seres humanos.

Pero en ese mismo momento, reconoces hermosamente el inmenso amor de RO, tu RO, que te cuida, te apoya y te acompaña. Ese “¿Qué haría yo sin ti?” es una preciosa revelación para todos, infinitamente significativa de lo mucho que la amas. Además, por eso, en Ro, en tu anciana suegra y en tu hermana encuentras sólido apoyo. ¡Es que te aman y jamás te dejarán solo! Reconoces lo grande que es el amor y te abres plenamente a esa maravillosa dimensión: ¡No estás solo en tu fragilidad! La fragilidad se transforma en tu fortaleza por la unión amorosa con otros. 

Paradójicamente, cuando aceptas que, si estás solo solo, eres incapaz de superar las dificultades, tus limitaciones y enfermedades, en ese momento también abrazas el AMOR y reluce lo mucho que eres amado. Por eso, creo yo, los meses que sean necesarios para tu recuperación también te ayudarán a fortalecer tu inmenso corazón. 

Quiero avanzar en mi reflexión y me atrevo a preguntarte con reverencia y respeto: ¿Y si te repite esta dolencia o te aparece otra, ¿qué pasará si RO no está? ¿qué vas a hacer? 

No hay que hacerse más preguntas. Solo hay que aceptar la única respuesta: nunca estarás solo. Y quiero decirte algo que me sale del alma con esta conmovedora nota tuya: era necesario que experimentaras tu fragilidad para que nos permitieras dimensionar el amor más grande que vive en ti. Amas infinitamente a tu compañera de camino, siempre dispuesta a darte la mano y a ser tu apoyo, tu bastón, tu soporte. Es muy lindo eso. 

Pero también pienso que RO, tu suegra, tu hermana y todos nosotros, somos apenas una muestra pequeñísima del único y eterno gran amor que vive en ti y en cada uno de nosotros y que da sentido a toda nuestra vida. 

En momentos cumbre, como este que te llegado a ti y que con seguridad también nos llegará a nosotros, necesitamos experimentar nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, para reconocer que necesitamos a alguien que nos ame de verdad. En la fragilidad, precisamente por eso, nos revelas tú y descubrimos nosotros que alguien sí te ama y te ama para siempre. 

Ahí veo yo al Señor Jesús que, aunque todos no estén, siempre estará en el fondo de ti mismo, en todo tu ser, listo para acompañarte, para arroparte, para amarte por siempre.

En tu fragilidad, en lo más íntimo de ella, llevas la chispa y la fuerza del Señor que nunca se ha alejado de ti, ni nunca te dejará. 

Es ahora cuando puedes mirar serenamente en tu corazón para redescubrir allí al Señor que has buscado desde tu juventud. Él nunca se ha ido de ti. Por eso eres como eres y has hecho el bien que has logrado hacer y tienes los arrestos para empujar transformaciones profundas en los seres humanos, como las que están definidas y formuladas en la Ruta del Abasto que has asumido con tanta pasión.

Hoy, a los 82, en la cima de tu vida, ya es tiempo de volver a mirar a quien nunca se ha ido de tu corazón. Necesitas y necesitamos todos hacernos la misma pregunta y encontrar en el fondo de nuestra alma, en lo más puro de nuestro corazón, la respuesta verdadera a la pregunta definitiva: ¿Señor: qué haría yo sin ti?

Con mucho afecto, tu hermano,

Bernardo.

Bernardo Nieto Sotomayor

Septiembre 2026

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Se trata de una expresión que existe todavía en las lenguas más conocidas por los colombianos. Su origen se pierde no en la noche de los tiempos pero sí en los siglos pasados.

Desde la segunda mitad del siglo XX ha llegado casi a desaparecer del habla cotidiana. Porque, en principio bella, se trasformó poco a poco en una especie de conjuro usado siempre en ventaja del consumidor, de aquel en cuyos labios aflora. 

“Gracias a Dios no soy mala gente como lo es aquel vecino mío”, “gracias a Dios mis hijos son distintos de los otros”, “gracias a Dios la enfermedad de mi marido no fue mortal”, “gracias a Dios superé el examen para ingresar a la universidad”, “gracias a Dios recuperé a tiempo la bicicleta después del incidente”, etc. etc. Un cumplido se hace también gustosamente: “Gracias a Dios en tu fábrica no fuiste licenciado como tantos de tus colegas de trabajo”. ¿Se dan cuenta ustedes de que, en todos los casos, el posesivo mío va escondido al centro de la frase? Más aún, en plural las cosas no serían distintas:  nuestro, nuestra, y así por el estilo.  

En el estudio del español cuando tenía catorce años, creía yo que muchos otros no resultaban incluidos en ese discurso del “gracias a Dios”: los que en efecto hacían el mal, los hijos con defectos físicos o psíquicos, los enfermos, los muertos, los suspendidos en las pruebas académicas, los vehículos que no llegaban puntuales. Por añadidura, ni siquiera los trabajadores obligados a recluirse en casa sin ninguna otra posibilidad. En el fondo, se trataba y se trata siempre de las imágenes de Dios que nos hemos construido… a nuestra imagen y semejanza, siempre en nuestro egoísta y exclusivo interés. Nada de sorprendente si alguno, tiempo atrás, ha fantaseado con la expresión: ¡Gracias a Dios soy ateo!

Fue la acusación de Jesús a los maestros de Israel en su época: “Ustedes tergiversan las palabras de Moisés y las de la Escritura”. Su Padre, el padre de Jesús, es uno que habla de amor, de misericordia, de justicia. En suma, de responsabilidad frente al hombre en su relación consigo mismo, con el otro, y con el mundo. Y así, la pérdida del trabajo, la muerte de alguien y aun la propia, las enfermedades… pueden ser interpretadas como don, como oportunidad. Oportunidades para dar gracias al Dios que hace surgir flores entre las piedras.

Alberto Echeverri

Agosto, 2026

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Llamemos sombras a las guerras, a las torturas, a la destrucción, al hambre, a los homicidios, a la sed, a los acosos, a los secuestros, a las violaciones, al reclutamiento de menores, a las minas antipersonas, a las amputaciones, al narcotráfico, a las masacres, a las injusticias, a los fraudes, a los robos, a los abandonos, a las infidelidades, a las indiferencias, al ruido, al desorden, a la corrupción, a las basuras, a las mentiras, a los engaños, a las exclusiones, a las discriminaciones, a los desprecios… a la maldad humana, a la tristeza de la muerte sin fe.

Llamemos luz al amor, a la ayuda, a los cuidados, a la música, a los salvamentos, a los abrazos, a la limpieza, al trabajo, a la creatividad, al ingenio humano, al progreso, a la solidaridad, a la verdad, a la justicia, a la productividad, al arte, a la poesía, a la entrega  materna, a la unidad familiar, a la lealtad, a la reconciliación, al perdón, al cariño, al afecto, al compañerismo, a la aceptación, a la escucha, a la reparación, a las liberaciones, a la convivencia pacífica, a la colaboración comunitaria… a la bondad humana, a la muerte con esperanza de la resurrección.

Los anteriores podrían parecer, simplemente, dos catálogos de palabras; pero si nos detenemos a ver lo que significa cada una, si le ponemos rostros, sentimientos, imágenes, experiencias, situaciones vividas u observadas, acompañamiento a personas sufrientes… no podemos quedarnos indiferentes o insensibles. 

¿Cómo se explica todo lo anterior? ¿qué pesa más, lo primero o lo segundo? 

No se trata de pesar ni medir, se trata de sentir, de comprender y de actuar.

Hay que sentir el contraste, hay que sentir la tristeza que producen “las sombras” y hay que sentir la alegría que produce la luz. 

Para comprender, no podemos pensar que es “el destino” la casualidad o las circunstancias lo que produce lo uno o lo otro. Puede haber condiciones externas o impulsos interiores que inclinan a lo primero, pero no estamos determinados a actuar como marionetas humanas, sino que depende de nuestras decisiones y nuestras acciones las consecuencias que resulten.

En la vida social, comenzando por la propia, no todo es luz brillante ni sombras tenebrosas; se pueden mezclar, pero está en nuestras manos que prevalezca lo uno o lo otro, y no pensemos que es insignificante cualquier actuación por pequeña que sea: todo pensamiento, deseo, palabra o acción contribuye al bien general o, por el contrario, lo impide o dificulta. 

Yo soy la luz del mundo -dijo Jesús- el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; yo, la luz, vine al mundo para que quien creyere en mí no camine en las tinieblas… la luz brilla en las tinieblas, pero los hombres prefieren las tinieblas a la luz cuando sus obras son malas.

Y en otra ocasión, nos dijo: ustedes son la luz del mundo, no se prende una luz para esconderla sino para que alumbre a todos los que la necesitan; así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. 

Recurrí a las palabras de Jesús, porque nadie mejor que él, en su sencillez, puede explicar el misterio de obrar en uno u otro sentido: o con las obras que dañan a los demás o con las obras que benefician a todos. 

No nos basta desear la luz antes que las sombras; necesitamos realizar obras de luz que glorifiquen al Padre y rechazar las malas obras que aumentan las tinieblas.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2026

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Inquietudes surgidas como resultado de la lectura de la Encíclica “Magnifica Humanitas.

PRIMERA REFLEXIÓN: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”

En la reflexión evangélica sobre el prólogo al evangelio de San Juan se encuentra un rasgo y una tendencia negativa sobre la presencia y el mensaje de Cristo: “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Esta pauta ha sido permanente en la historia del cristianismo y muy profunda ahora que la ciencia y la tecnología opacan profundamente el sentido de la encarnación y de la redención.

El Prólogo del Evangelio de Juan (Juan 1:11) identifica una tensión central en la historia de la fe: el rechazo de la Luz por parte de la humanidad. Esta resistencia no es un hecho del pasado, sino una constante que se actualiza en la cultura contemporánea.

El rasgo histórico de la resistencia

La historia cristiana muestra que el mensaje de la Encarnación siempre ha enfrentado oposición.

  • El rechazo inicial: Las estructuras religiosas y políticas de la época de Jesús no lo reconocieron.
  • La institucionalización: A lo largo de los siglos, el propio cristianismo ha corrido el riesgo de burocratizar el mensaje, perdiendo la frescura del Evangelio.
  • La acomodación cultural: La tendencia a amoldar la figura de Cristo a los intereses de cada época, diluyendo su carácter subversivo y liberador.

El impacto de la ciencia y la tecnología actuales.

En la sociedad contemporánea, el eclipse del sentido de la Encarnación y la Redención no suele ocurrir por una persecución violenta, sino por la indiferencia y la autosuficiencia tecnológicas.

  • El mito de la autosuficiencia: La tecnología genera la ilusión de que el ser humano puede salvarse a sí mismo, solucionando el sufrimiento y la muerte mediante el progreso técnico.
  • La pérdida del misterio: El método científico, al reducir la realidad a lo medible y cuantificable, debilita la capacidad humana de percibir lo sagrado y lo trascendente. 
  • La desencarnación digital: Las relaciones virtuales y la digitalización de la vida alienan la experiencia comunitaria, alejando al hombre del principio joánico: “el Verbo se hizo carne” (cuerpo, presencia, tacto, prójimo real). 
  • El consumismo de la atención: Los algoritmos y la sobreestimulación constante adormecen la vida interior, haciendo difícil el silencio necesario para acoger la Palabra.

La permanencia de la Redención

A pesar de esta tendencia negativa, la teología joánica también recuerda que “a todos los que la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios” (Jn 1:12). La respuesta cristiana ante el avance tecnológico no es el rechazo de la ciencia, sino la humanización de la misma a través de la ética y del sentido de comunidad. 

IA. Para profundizar en esta relación entre fe y modernidad, ¿te interesaría analizar cómo proponen los teólogos actuales evangelizar la cultura digital o prefieres explorar el concepto de la ‘desencarnación’ en la filosofía contemporánea?

Ambos asuntos me interesan.

La desencarnación en la filosofía contemporánea:

La filosofía actual advierte que la digitalización extrema está diluyendo nuestra experiencia corporal y comunitaria, alejándonos del principio de la Encarnación.

  • La pérdida del otro: Filósofos como Byung-Chul Han señalan que el entorno digital elimina la resistencia de la realidad y del prójimo físico. Todo se vuelve suave, rápido y de consumo inmediato, lo que destruye el verdadero encuentro humano.
  • El cuerpo como estorbo: Las corrientes del transhumanismo y del dataísmo ven al cuerpo biológico como una máquina defectuosa que debe ser superada o subida a la nube. Esto choca frontalmente con la antropología cristiana, donde el cuerpo es sagrado y templo del Espíritu Santo.
  • Presencia sin carne: Experimentamos una “presencia espectral”. Estamos hiperconectados pero radicalmente aislados. Falta el tacto, la mirada, el olor y el sufrimiento compartido, elementos esenciales donde se manifiesta el amor evangélico.

Evangelizar la cultura digital según la teología actual:

Frente a este panorama, los teólogos y los documentos de la Iglesia proponen no huir de las redes, sino habitarlas con una lógica diferente a la del algoritmo.

  • Del perfil al prójimo: El Vaticano insiste en pasar de las conexiones automáticas a las relaciones auténticas. Evangelizar en internet no es bombardear con contenido religioso, sino estar verdaderamente disponibles para escuchar y acompañar las heridas del otro.
  • La mística de la encarnación: Se propone usar la tecnología como un puente y nunca como el destino final. Las plataformas deben servir para convocar a las personas a la vida comunitaria real, a los sacramentos y al servicio físico a los pobres.
  • La contracultura del silencio: En una economía de la atención que vive del ruido, la Iglesia propone espacios digitales que inviten a la desconexión, al silencio, a la oración y a la reflexión profunda para contrarrestar la superficialidad.
  • Testimonio de vulnerabilidad: Frente a las vidas perfectas e ideales que muestran las redes sociales, el evangelizador digital está llamado a mostrar la belleza de la fragilidad humana redimida por Cristo, generando empatía real.

SEGUNDA REFLEXION: La encíclica es una interpretación ontológica o consecuencial sobre la Inteligencia Artificial.

Considero que es pertinente reflexionar sobre el rechazo a la Inteligencia Artificial que desde una visión cristiana se propone a través de la Encíclica Magnifica Humanitas. Pero me asalta la duda si es porque la Inteligencia Artificial en sí misma rechaza la visión cristiana del hombre, o si es en razón de que produce efectos que tienden a modificar la visión de la humanidad en su esencia de dignidad y de reflejo de Dios, y a producir nuevas concentraciones de poder económico y político que transforman el panorama social propio de la modernidad. 

La preocupación de la encíclica se divide en dos grandes ejes antropológicos y sociales:

1. La modificación de la esencia y la dignidad de la humanidad:

  • La pérdida del misterio: Al intentar replicar las capacidades cognitivas, se corre el riesgo de reducir la identidad humana a un mero cálculo algorítmico. 
  • La carencia de alma: Una máquina puede almacenar y procesar datos masivos, pero carece por completo de conciencia moral, de libre albedrío y de la capacidad de amar o perdonar. La encíclica recuerda que el valor del hombre proviene de ser creado a imagen y semejanza de Dios, un don que precede y excede cualquier utilidad económica o eficiencia técnica. 

2. Las nuevas concentraciones de poder y el panorama social:

  • La profundización de las desigualdades: Este despliegue asimétrico ensancha la brecha entre los incluidos y excluidos de la revolución digital, transformando el tejido social heredado de la modernidad en un sistema de control y exclusión. 
  • Las nuevas formas de explotación: Detrás de la apariencia limpia del software, el Papa visibiliza el “trabajo invisible” y precario de millones de personas vulnerables atrapadas en la minería de recursos o en el etiquetado de datos mal remunerado.
  • El Papa León XIV utiliza la contraposición bíblica entre la Torre de Babel —que representa el orgullo tecnológico utilizado para uniformar, dominar y prescindir de Dios— y la Ciudad Santa de Jerusalén, un símbolo donde la técnica y la cooperación se ponen al servicio del bien común, la paz y los lazos comunitarios. 

TERCERA REFLEXION. Sobre el significado de la performatividad y el éxito.

Hay un aspecto de la Encíclica que también es controversial. Alerta sobre el logro de la performatividad, entendida como búsqueda de la excelencia y por lo tanto del éxito, y en cierta forma condena la meritocracia, asumiendo así una posición homogenizante, igualitaria y crítica en contra del desarrollo y del progreso. 

La encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV aborda precisamente este debate ético, pero la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia no busca una homogenización igualitaria ni se opone al auténtico progreso, sino que cuestiona los excesos de la cultura de la eficiencia artificial. El documento introduce una fuerte advertencia contra lo que denomina la ideología de la performatividad, especialmente exacerbada por el uso descontrolado de la Inteligencia Artificial. 

La crítica a la “performatividad” y a la falsa meritocracia: La encíclica señala los riesgos de un sistema social que mide el valor de un ser humano únicamente por sus resultados métricos: 

  • La persona como fin, no como medio: El texto alerta que la búsqueda obsesiva de la excelencia técnica reduce a los individuos a simples herramientas productivas. 
  • La trampa de la falsa meritocracia: El magisterio papal matiza que, si bien el esfuerzo personal es valioso, una meritocracia ciega ignora deliberadamente las profundas desigualdades de origen (educación, riqueza, entorno social). 
  • La culpabilización de la vulnerabilidad: El peligro advertido es ético: convertir el éxito económico en un sinónimo automático de virtud moral, y la pobreza o la falta de recursos en culpa individual. 

¿Es una postura homogenizante o contraria al progreso?

Desde la perspectiva de los críticos del documento, la postura de la Santa Sede puede interpretarse como un ataque a los incentivos del libre mercado, el esfuerzo individual y la innovación tecnológica. Sin embargo, la estructura teológica y social de la encíclica plantea una distinción clave: 

  • La comunión en la diversidad: El Papa utiliza la figura bíblica de Nehemías y la reconstrucción de Jerusalén para proponer un modelo basado en la responsabilidad compartida y el respeto a las diferencias individuales, rechazando explícitamente los proyectos de uniformidad forzada (asociados a Babel). 
  • El Desarrollo Humano Integral: En lugar de oponerse al desarrollo, el texto exige que el progreso tecnológico (el talento humano) vaya de la mano con un desarrollo moral que libere a las personas de nuevas formas de esclavitud digital, asegurando que la tecnología sirva al bien común y no a las lógicas de exclusión. 

Este punto central de la Magnifica humanitas continúa generando debates intensos entre quienes defienden la optimización del rendimiento como motor del crecimiento mundial y aquellos que exigen un límite ético para proteger la dignidad intrínseca de los más desaventajados. 

CUARTA REFLEXION: ¿Se puede pensar la Inteligencia Artificial desde la óptica de la Encarnación?

Pienso que el misterio de la encarnación es un proceso permanente en la vida de la humanidad y en el devenir de la historia. Dios se hizo presente al hombre a través de su palabra encarnada en Cristo como Jesús de Nazareth, y ha estado presente a lo largo de nuestra historia en todos los momentos cruciales de nuestra existencia. Lo ha hecho en el dolor y en la pasión de las grandes epidemias; en el honor y la pompa de las monarquías y en la construcción de las naciones; en los conflictos y enfrentamientos permanentes que han producido las invasiones, las guerras y los holocaustos; en los momentos de hallazgo de los nuevos pueblos que han llegado a formar parte de sus seguidores; en las invenciones y el desarrollo de las tecnologías que han permitido crear nuevas formas de vida e incluso llegar a las estrellas. ¿Por qué no pensar que la encarnación como voluntad divina puede hacer parte del desarrollo de la Inteligencia Artificial y de los procesos que pueden alargar, ampliar y potencializar las facultades del hombre ínsitas en sus organismos y en su mente? Por eso mi desaliento cuando se hace énfasis en “desarmar la Inteligencia Artificial” en lugar de potencializarla para superar las actuales condiciones limitantes y proyectar futuros diferentes y promisorios. Pienso que esta debería ser también la tarea de la Iglesia.  

Es una perspectiva profunda y teológicamente audaz. Vincular la encarnación —el misterio de Dios haciéndose materia e historia— con la evolución tecnológica rompe con la visión tradicional que suele separar lo sagrado de lo artificial. Su analogía es clara: si Dios ha estado presente en la carne, en las guerras, en la ciencia y en la exploración espacial, no es descabellado ver la Inteligencia Artificial como otra extensión de esa voluntad divina para expandir las capacidades humanas. 

Sin embargo, el debate actual, tanto dentro como fuera de la Iglesia, no busca necesariamente “desarmar” la IA por miedo al progreso, sino por una profunda preocupación ética sobre la condición humana.

Las dos corrientes del debate actual

  • La visión de la potencialización: Concibe a la tecnología como un co-creador. La IA no es una amenaza, sino una herramienta evolutiva para superar el dolor, la limitación biológica y expandir la mente, alineándose con el plan divino de la trascendencia.
  • La visión de la prudencia ética (postura institucional): Teme que una IA descontrolada amplifique las desigualdades, elimine la dignidad del trabajo humano o centralice el poder en pocas manos. No se busca frenar la tecnología, sino asegurar que permanezca al servicio del ser humano y no al revés. 

El papel de la Iglesia

La postura oficial de la Iglesia expresada por el Papa Francisco en diversos foros sobre la “algorética” se centra en que el desarrollo tecnológico debe ir de la mano con el desarrollo moral. Para la Iglesia, el núcleo de la encarnación es la defensa de la dignidad de los más vulnerables, y el temor es que una automatización desmedida margine aún más a los desposeídos.

Su propuesta de ver la IA como un vehículo de la encarnación continua invita a un optimismo providencialista muy cercano a las ideas de teólogos y científicos como Pierre Teilhard de Chardin, quien veía en la evolución cósmica y tecnológica un camino hacia el “Punto Omega” o la divinización de la creación. 

¡No en vano, con Francisco y Teilhard de Cardin compartimos una formación jesuítica!

Hernando Bernal Alarcón, en diálogo con Google IA

Julio, 2026

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Luego de nuestra tertulia sobre este tema, creemos oportuno compartir individualmente las intervenciones que nuestros compañeros prepararon para esa tertulia, con el fin de ayudar a nuestros lectores a profundizar individualmente en los alcances que encontramos en grupo al mensaje que conlleva este importante documento, en estos momentos del desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Haz click aquí para disfrutar de esta participación de Hernando Bernal: https://youtu.be/NQFkzGEz5n8

Exjesuitas en tertulia- 02 de Julio, 2026

COMENTARIOS INICIALES SOBRE LA ENCICLICA “MAGNIFICA HUMANITAS”

Hernando Bernal Alarcón

  1. Es un paso más en el proceso histórico  de la iglesia católica por adecuarse y para participar en los procesos de cambio del contexto mundial. Se fundamenta en:

San Agustín: LA CIUDAD DE DIOS

Tomás de Aquino: LA SUMA TEOLOGICA

Concilio de Trento: EL DERECHO CANONICO

León XIII. RERUM NOVARUM: La dignidad del trabajo

Concilio Vaticano II: Aggiornamento de la Iglesia

  • Tiene una visión reduccionista del cambio social y de la transformación humana hacia la sociedad digital.
  • Se focaliza en solo la Inteligencia artificial como factor esencia del cambio de época histórica.
  • La tesis central es: Adecuar el ritmo entre desarrollo de la IA y el desarrollo moral (ralentización de la IA). La IA = Desarrollo tecnológico  y Sociedad Digital.
  • Convoca a centrar la función ética en la defensa de un humanismo integral y que debe ser autónomo.
  • La Inteligencia humana es magnífica porque refleja la magnificencia de Dios.
  • La visión general de la IA está signada por la incertidumbre, la complejidad y el desconocimiento, lo que le resta vigor a los planteamientos generales.
  • ¿Profundiza el hiato entre fe y desarrollo tecnológico? 
  • Complejiza el proceso de cambio histórico reflexionando sobre otros factores que superan el ámbito de la inteligencia artificial:
  • Las relaciones que hace a las posiciones sobre el transhumanismo y el posthumanismo.
  • Reconoce la complejidad de la situación y prioriza los factores políticos en relación con la existencia de conflictos y la búsqueda de la paz. Pretende superar la teoría de la guerra justa.
  • Aboga por una gobernanza multilateral  y señala los riesgos de la decadencia de las agencias internacionales.

4. La publicidad y el marketing de la encíclica son sesgados. 

  1. La IA sirve a la humanidad y no al poder.
  2. Consecuencia: hay que “desarmar” la IA.

Nota: hubiera preferido que tuviera solo la categoría de una exhortación apostólica y no de una encíclica.

Hernando Bernal Alarcón

Julio, 2026

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Nuestro grupo se reunió para discutir la encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV, sobre inteligencia artificial, con varios participantes preparando presentaciones sobre diferentes aspectos del documento. Diez voluntarios del grupo prepararon resúmenes totales o parciales de esta encíclica, con opiniones diversas sobre esta intervención del nuevo Papa de la Iglesia Católica y sus repercusiones en el mundo en general y las implicaciones para los gobernantes y las empresas de tecnología. Iniciamos con este video una serie de publicaciones que hicieron nuestros compañeros, con la esperanza de compartir visiones, analizar tendencias y comprender de una manera mejor los grandes cambios que estamos viviendo en esta nueva era del mundo. Compartimos orgullosos esta tertulia con nuestros lectores interesados en el tema.

Haz click aquí para disfrutar de la tertulia: https://youtu.be/qglkkW-Z2Gw

Exjesuitas en tertulia- Sesión # 294- 2 de Julio, 2026

Resumen: El grupo se reunió para discutir la encíclica “Magnificat Humanitatis” del Papa León XIV sobre inteligencia artificial, con varios participantes preparando presentaciones sobre diferentes aspectos del documento. Hernando Bernal presentó un análisis detallado del capítulo tres, destacando la metáfora de la Torre de Babel versus la construcción de Jerusalén, y criticó la definición reduccionista de la IA en la encíclica. William Mejía proporcionó una caracterización textual de la IA basada en el documento, identificando sus rasgos principales como no neutral, en evolución permanente y con poder de concentración en manos de pocas empresas. Jorge Luis Puerta se centró en los valores propuestos por la encíclica, incluyendo la actualización de la opción social de la Iglesia y la construcción del bien común, pero criticó las limitaciones en la gobernanza de la IA debido a la concentración de poder en empresas como Meta, Google y Amazon. Hugo presentó una interpretación médica de la encíclica Humanitas, destacando cómo la inteligencia artificial puede amenazar la dignidad humana y cómo debe respetar la dignidad del paciente y la responsabilidad del personal humano. Hugo identificó varios numerales clave de la encíclica que se relacionan con implicaciones médicas, incluyendo la preocupación por el “colonialismo digital” y la necesidad de marcos éticos y jurídicos para regular el uso de la IA en la medicina. Pedro presentó una reflexión sobre la encíclica del Papa sobre inteligencia artificial, destacando que debe ser una herramienta y no un sustituto de la persona, y que la dignidad humana debe ser el criterio principal en su desarrollo. Señaló preocupaciones sobre el uso de la IA en consultas médicas y jurídicas, así como en la educación, y enfatizó la importancia de que la IA esté al servicio de las personas y el bien común sin sustituir las relaciones humanas ni responder preguntas sobre el sentido de la vida. Bernardo explicó que el Papa enfatiza la importancia del valor del ser humano y el destino común, diferenciando entre la inteligencia humana y la artificial. Dario presentó un resumen detallado de la encíclica usando un resumen suyo que la IA utilizó para una presentación destacando los principios éticos y la necesidad de gobernanza en la tecnología. Finalmente nos compartió “La Constitución de Anthropics” un documento que, a su parecer, responde muchos de los interrogantes sobre gobernanza de la IA por las grandes empresas tecnológicas y finalmente por los gobiernos.

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Que las cosas no fueron ni serán como eran antes de la pandemia, lo sabemos todos. El problema es que, fuera del período del COVID, al menos en apariencia, las cosas no estaban iguales en el curso de los meses y de los años. El maléfico virus solo despertó en nosotros la conciencia de la constante variación de los tiempos. 

Sin embargo, todavía sentimos no solo ansia sino también nostalgia. Porque quisiéramos que nuestros hábitos se prolongaran sin fin: el café de la mañana, la pausa a mitad de la jornada de trabajo, el tren o el autobús que se detienen en el mismo lugar, la hora y el sitio del almuerzo con los colegas de trabajo o la familia, el aperitivo -si nos lo podemos permitir- o “las onces” * con los amigos al final de la tarde o en ocasiones con algún pariente; la televisión en compañía de los hijos, un sobrino o un nieto, las “buenas noches” antes de irnos a la cama. Saber que estos pequeños gestos se repiten todos los días nos confiere un invisible sentimiento de seguridad. Si faltan, irrumpe el miedo. 

Nada más extraño para la fe de un cristiano que fiarse tan solo de esta infinita reiteración de lo mismo.  Si el Señor Jesús ha resucitado, si ha resucitado en verdad, significa que todo es nuevo. La oscuridad de la tumba ha sido dejada fuera porque sus primeros pasos los ha cumplido el Resucitado en un jardín, el mismo de su sepultura; al fin de cuentas fue en un jardín, en el Edén, el primer sitio donde Dios se encontró con Eva y Adán. Y una mujer, María de Magdala, ha sido la primera que lo ha visto: “No me retengas”, le ha dicho el Señor. Porque la historia nunca se detiene. 

Desear que la realidad torne a ser la de otras épocas significa cerrarse ante la vida que se renueva cada día. Rechazar la resurrección de Jesús, del Resucitado que se pone en camino con los suyos. Y que envía, más allá de los hábitos cotidianos, a quienes quieren estar con él. 

*”Las onces”, que en otras partes son llamadas” merienda” o “algo”, en la Bogotá colombiana tradicional se toman entre cuatro y cinco de la tarde. Es evidente que nada tienen que ver con la hora vespertina: dice la leyenda que se trata de las once letras que componen la palabra aguardiente… Invito a los lectores a no pensar mal de quienes inventaron el nombre de un encuentro tan interesante.

Alberto Echeverri

Julio, 2026

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Números, cifras, porcentajes, cálculos… estamos más que habituados a estas realidades que sirven para gestionar la vida pública en cuanto tiene que ver con la economía, la salud, la educación, y aun el credo religioso. 

Sin previsiones, expresadas también con cifras, las naciones no pueden garantizar a sus ciudadanos una existencia digna y justa. 

El mismo Jesús ha hecho cálculos en una de sus parábolas. Un rey que quiere afrontar el ejército de otro soberano deberá tener en cuenta la cantidad de sus recursos, al menos el total de sus guerreros, para vencer al enemigo: sería una tontería atacar al otro si las propias cifras plantean una evidente desventaja.

Los romanos invasores y explotadores de los hebreos en tiempos de Jesús se jactaban de la superioridad numérica de sus tropas. Las temibles legiones del imperio romano habían conquistado ya medio mundo y continuaban sus campañas contra el resto faltante.

Uno de tantos centuriones va donde el Señor en busca de ayuda para cierto servidor suyo, un esclavo  que está enfermo. Las diversas traducciones del texto griego usado por el evangelio para designar al joven, obviamente un hebreo que estaría encargado de las tareas domésticas del romano, no trasmiten una idea clara del vínculo existente entre ambos. Son varios los estudiosos de la Biblia que identifican las palabras del centurión, “mi hijo”, “mi muchacho”, con una relación homosexual. Nada de extrañar en una época en la que estos enlaces, sobre todo al interior de la alta oficialidad del ejército romano, eran algo normal. 

Sin embargo, para Jesús aquel centurión y aquel muchacho no son números ni cifras para archivar en un fascículo etiquetado “homosexuales”. Invitado por el romano a visitar al joven con sorprendente conciencia de la propia indignidad, el Señor lo hace retornar a casa, asegurándole que desde ese mismo instante su petición había sido escuchada. Y resulta al menos curioso que la iglesia católica romana haya conservado en su liturgia eucarística, para prepararnos a la comunión, las palabras de un homosexual.

Alberto Echeverri

Julio, 2026

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Érase una vez un mundo en que el honor era algo construido por la gente misma.

Mujeres y hombres honraban sus vidas en la medida en que las acciones concretas hablaban de su dignidad, de su credibilidad, porque el decir y el actuar coincidían en su historia. Sucedía a veces en tal medida que ella o él eran promovidos al honor de la santidad entre los cristianos. Y así el honrar a los santos no era nada distinto de reconocer en ellos la integridad de la vida. 

La historia había comenzado desde la declaración de las diez palabras, los diez mandamientos: “Honrar a padre y madre”. En su pacto con Israel, Yavé Dios pensaba en padres verdaderos, es decir, aquellos que generaban hijos educados para la belleza, la bondad, la verdad. En suma, para la vida. 

Hubo, sin embargo, una época que hizo una denigrante lectura de la palabra bíblica. Desde entonces “honrar a padre y madre” significó que el padre era algo sagrado pues la Escritura lo ponía en primer lugar; el segundo correspondía a su mujer, no otra cosa que un accesorio más; los doctos la llamaron complemento. 

Mientras Jesús afirmaba que su Dios era trinidad, y por tanto, una comunidad de amor, aquel padre se aburría en su solitaria dignidad. Ya que no había construido su propio honor, empezó a exigírselo a los otros: debía ser honrado a pesar de sus patrañas. Fue así como quiso hacerse pagar los tantos sacrificios que había asumido en nombre de los hijos. Y el honor fue ubicado en el primer puesto, más allá de la vida misma que poco a poco perdió su significado. 

Ya que el padre era el origen de la familia, el fundamento de toda humana existencia, bien podía él decidir sobre la vida y la muerte no solo de los hijos sino de todos los demás. Los tribunales rebajaron las penas para quien asesinaba al que había irrespetado su propiedad más preciada, la mujer: era tan solo un delito de honor. Al fin de cuentas era él, el varón, el garante de un derecho concedido por Dios mismo.

En un cierto momento, Eva y Adán descubrieron en el jardín del Edén que estaban desnudos. Vale decir, llegaron a tomar conciencia de su propia realidad. Y si aquel padre de quien hablamos descubriese su propia desnudez…

Alberto Echeverri

Junio, 2026

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Individuos y grupos elegidos por la divinidad para tener poder sobre sus semejantes parecen haber existido desde siglos inmemoriales. 

Pero el lío comenzó para nosotros cuando una dudosa traducción del texto, respaldada por la ambición de los destinatarios directos, convirtió al Israel bíblico en “el pueblo elegido”, con artículo determinado, ni siquiera uno de los tantos posibles. Y como los cristianos, sobre todo los católicos, nos hemos sentido sucesores directos de ese pueblo, somos ahora nosotros los elegidos por Dios. 

Gentes tan dignas, nada menos que seleccionadas de entre tantísimas otras, merecen las mayores consideraciones. De ahí que la nobleza de nuestros invasores -me refiero a la clase social existente entre ellos, no a su magnanimidad- y los gustos burgueses que de ellos heredamos hayan logrado que la eventual elección divina recaiga por añadidura en determinados sujetos. 

Para los tiempos que hoy corren, los del mundo secularizado, esa señal no distingue tanto a los que optan por una “vocación religiosa” -aunque no faltan- sino ante todo a los políticos. Hay unos que, según el decir de muchos, son los que nos conducen al desastre, pues han sido elegidos por un personaje al que preferimos no dar nombre preciso, el enemigo del Todopoderoso. Y hay otros en quienes residen cualidades insuperables con las que el Omnipotente, que los prefiere a cualquier otro, ha adornado sus preclaras personas: cuando él pone sus ojos sobre uno de ellos, es porque ha decidido que de esa manera se perpetúe en honor suyo la pugna entre el ángel bueno y el ángel malo, pues para el partido del primero nos ha elegido desde siempre.  

Hay que elegir a quien valga la pena que confiemos en él o en ella para que, al menos, nos proteja de caer en el abismo, opinaban los abuelos. Sabían que no era asunto de la Trinidad santísima sino, en exclusiva, problema nuestro esa designación. Por eso en vísperas de cualquier elección política habría que añadir una petición final al Padrenuestro: “Libranos, Señor, de tus elegidos”. El amén (¡así sea!) es conclusión obligada de cualquier oración cristiana.  

Alberto Echeverri

Junio, 2026

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Frente al paisaje abierto, me llamó la atención lo que parecía insignificante, pero que, a la vez, brillaba como perlas: el reflejo de la luz en las cuatro gotas. 

La palabra insignificante se entiende como algo de poca importancia, pequeño, irrelevante, intrascendente, trivial, mínimo.

Esto es lo primero que se me ocurrió frente al paisaje: lo inmediato fue la idea de insignificante, tanto así que se dice -de manera resignada- “apenas cayeron cuatro gotas” pero no pude sustraerme al brillo de las cuatro perlas y, enseguida, me pregunté por un posible significado de ellas. 

Insignificante, literalmente, es lo contrario de significante. En lingüística, significante es la palabra o el signo que revela un significado. Pero, entre el significante y el significado está el “significador” con su acto de elaborar una significación, un sentido para la palabra o para el signo. Lo que parece insignificante puede tener ricos significados.

El signo 4, evoca:

– los cuatro puntos cardinales,  

– las cuatro estaciones, 

– los cuatro elementos básicos de la naturaleza,

– las cuatro fases de la luna, 

– las cuatro patas de una mesa y de muchos animales, 

– los cuatro jinetes del Apocalipsis (con sus respectivos caballos), 

– las cuatro “virtudes cardinales”, 

– las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar,

– las cuatro nobles verdades en el budismo, 

– los cuatro Evangelios. 

Así pues, una palabra o un signo no es insignificante o importante, en absoluto, sino que depende del sentido que encuentre o le dé el significador, quien es cada uno de nosotros, en cada cultura. 

Para algunas mentalidades, el niño, o la mujer, o el pobre, o el “indio” … son insignificantes; o las pequeñas acciones son intrascendentes; o la oración es trivial. Afortunadamente, cada vez más, la mentalidad es diferente y más positiva. 

  • Los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste) nos descubrió “El secreto de la laguna” que no son cuatro, pues el quinto y principal es el centro, el corazón, que es el guía principal en el camino de la vida.
  • Las cuatro estaciones, las pude experimentar, aunque suaves, en mis primeros años.
  • También descubrimos que los elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire, fuego) no son cuatro, pues el quinto o primero es el espíritu. 
  • Las cuatro fases de la luna son: luna nueva, cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante, dependiendo de la luminosidad del sol, reflejada según los giros. 
  • Las cuatro patas de una mesa dan la imagen, sensación y realidad de estabilidad y firmeza. 
  • Las cuatro patas de muchos animales les ofrecen algunas ventajas, sobre todo en movilidad, pero tienen sus limitaciones, como en la manipulación de objetos, posible en los humanos por la liberación de sus manos. 
  • Los cuatro jinetes del apocalipsis son muy enigmáticos, aunque hayan tenido diversas interpretaciones, y hasta inspiraron a distintos artistas.
  • Las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) se han identificado como virtudes humanas fundamentales, que agrupan diversos hábitos intelectuales y volitivos, positivos para la vida personal y social.
  • Las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar son: experimentar conscientemente, comprender inteligentemente, afirmar razonablemente, decidir responsablemente. 
  • Las cuatro nobles verdades son los principios del pensamiento y de las orientaciones del budismo: 

1ª) La verdad del sufrimiento describe una condición general de la existencia humana que se manifiesta en dolor, insatisfacción, frustración, envejecimiento, enfermedad y hasta la muerte. 

2ª) El origen verdadero del sufrimiento está en el apego, la avidez, los deseos compulsivos y la ignorancia; queremos retener lo agradable y rechazar lo desagradable. 

3ª) La tercera verdad consiste en que es posible liberarse del sufrimiento en uno mismo y ayudar, con la compasión, a que los demás puedan superar el sufrimiento.

4ª) La Noble Verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento; es el óctuple sendero de ocho prácticas: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención consciente correcta y concentración correcta. Se busca conseguir sabiduría, actuar con una conducta ética y desarrollar la adecuada disciplina mental. 

– Y llegamos al signo de los cuatro evangelios, que son cuatro versiones o escritos complementarios sobre el Evangelio, la Buena Nueva, que es la persona de Jesucristo, su vida, su mensaje y el camino que nos enseña a recorrer, unidos a EL y a los demás.

Las cuatro verdades del Evangelio son:

  1. Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es uno solo y es el creador y conservador del cosmos evolutivo y, por tanto, de la especie humana.
  2. Jesucristo es el Salvador del pecado, del mal y de la muerte.
  3. El destino de la historia y de la humanidad es la Salvación en la unión con Dios. En una palabra: vivir en el Espíritu de Dios.
  4. El camino que conduce a la Salvación es Jesucristo: la fe en El, el amor sin límites, la esperanza en sus promesas y la confianza en su palabra, unidos a los demás. 

Las cuatro gotas de agua pendientes de la rama del árbol son signos del rocío mañanero, secuela de una noche húmeda. Pero, además -como símbolos- nos han lanzado más allá; nos han remitido a varios significados y nos han evocado diversas realidades y doctrinas.   

Vicente Alcalá Colacios

Junio, 2026

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