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¿En qué creo hoy?

Hace poco, en varias tertulias virtuales de exjesuitas, fuimos testigos de la enorme riqueza y diversidad vivencial de dar testimonio de lo que creemos, sobre lo que para algunos es la espiritualidad. Si fue tan rico y diverso entre 35 personas, abrimos el blog para recibir de usted sus vivencias.

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Pablo D’Ors dice que “hoy el paradigma que reina es la razón, pero el paradigma hacia el que tendemos es la consciencia, la cual incluye la razón, pero trasciende, no se agota en lo racional”.

Esas palabras me hicieron reflexionar. 

Por querer entender todo racionalmente nos perdemos la majestuosidad y belleza de lo que tomamos consciencia cuando lo contemplamos.

Extasiarse ante la belleza de la naturaleza ensancha nuestro interior, lo plenifica. Buscar la razón misma de esa belleza es valedero, pero si nos quedamos solo con eso, nos perdemos sentir esa belleza en su profundidad, encogemos la realidad misma. La energía física puede ser la explicación racional del universo. Pero con la razón solo podremos llegar hasta ahí. 

Es cierto que la naturaleza va creando permanentemente nuevos seres. Pero es necesario trascender esa comprobación física para descubrir el amor que penetra y plenifica cada nueva creación. Ese amor maravilloso con el que la naturaleza misma se entrega a sí misma para darle vida a nuevos seres no es entendible con la razón. Si pretendemos entender ese amor con la sola razón, simplemente lo distorsionamos, lo destruimos, se nos esfuma entre las manos.

Cuando percibimos el amor, cuando sentimos su presencia, cuando aceptamos su existencia y descubrimos que nuestro corazón se ensancha, ahí es cuando entra en juego ese otro modo de conocer que trasciende la razón, el conocer mediante la consciencia.

Ese ensancharse el corazón es el éxtasis que produce el amor. Y ese amor se encuentra a borbotones en la naturaleza toda y en uno mismo. Cuando uno siente el impulso a ayudar, a respetar, a acoger, a saludar al otro, sea persona, animal o cosa, está viviendo, no solo sintiendo, ese amor vital del universo. Lo mismo se diga cuando uno es el objeto de la ayuda, respeto, acogida o saludo del otro: está recibiendo muestras de ese amor vital.

Realmente vivimos, nos movemos y existimos dentro y para el amor. Y ese sí es el Dios en el que creo, sin adjetivos ni calificativos, sin mandatos fuera del que está en nuestro ADN natural: amar a todo y a todos. 

Más aún, me atrevo a decir que cuando ayudamos, respetamos, acogemos o saludamos al otro, sea persona, animal o cosa, estamos amando y, por lo tanto, estamos transparentando ese amor vital universal, es decir, estamos transparentando a ese Dios que llevamos dentro sin darnos cuenta. 

Igualmente, cuando recibimos cualquier tipo de ayuda, de acogida o, simplemente, cuando alguien nos saluda, ese alguien, también sin darse cuenta, está transparentando ese amor universal, es decir, está transparentando ese Dios que lleva dentro.

Luis Guillermo Arango Londoño

Mayo, 2024


[1] RAE: La consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella, mientras que la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal, en base al conocimiento de sí mismo y de su capacidad para actuar sobre su entorno.

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La religiosidad popular latinoamericana es propia de un ambiente rural y, por lo tanto, tiene un carácter predominante cosmológico que influye en toda su concepción de Dios, de los santos, de Cristo, de la Providencia, del sacerdote, de la Iglesia, de la moral y de las prácticas religiosas.

La religiosidad latinoamericana tiene unas marcadas motivaciones cosmológicas. Las motivaciones cosmológicas surgen de la situación precaria del hombre ante el cosmos. La naturaleza se ve como una realidad manifestativa de un poder sagrado o fuerza superior que clásicamente se denomina El Numinoso. Caracteriza a esta motivación la actitud del hombre de servirse del Numinoso para solucionar sus problemas a través de la manifestación de aquel en las fuerzas naturales: tormentas, rayos, etc.

Dios es afirmado como una fuerza cosmológica a la cual se acude para satisfacer sus necesidades y limitaciones. A esto se añade el hecho de que en América Latina existe una simbiosis -a veces sincretista- entre valores cristianos y elementos tomados en préstamo a la religión natural, lo cual tergiversa aún más la imagen de Dios.

Entre los indios latinoamericanos “Dios” no es que siempre sea el Ser Supremo; muchas veces son politeístas porque junto al Dios Supremo hay dioses inferiores. Este Dios vive aislado, lejos de los hombres. Normalmente entonces hay que entenderse con “dioses” inferiores (santos). La Virgen se confunde a veces con la Madre Tierra, tanto en el mundo andino como en el mexicano, a veces es eterna, y se le ofrecen sacrificios.

La motivación cosmológica de satisfacer las necesidades vitales produce en Latinoamérica una exaltación de la Virgen y de los Santos como protectores. Las imágenes protectoras de los santos se encuentran por todas partes en Latinoamérica: en los hogares, en los buses, en los taxis, en los caminos y particularmente en las curvas peligrosas.

La creencia en un Dios cósmico conduce a un fatalismo providencialista. La religiosidad popular latinoamericana tiene el sentimiento de la presencia natural de Dios en el mundo y de su acción directa en él. Esto conlleva un oscurecimiento de la acción de las causas segundas y una negación práctica de la libertad humana, del pecado y de la santificación de la vida.

Este fatalismo providencialista se encarna en una actitud resignada y pasiva ante el mundo. Hay una sumisión ante las fuerzas de la naturaleza divinizada. Se acepta todo como querido por Dios “si Dios lo quiere, no comemos”. El sentimiento de absoluta dependencia de la divina providencia se ha trocado generalmente en una actitud de extremada resignación. Hasta hace poco ha sido corriente la concepción de Dios como una fuerza cósmica, a la cual se acude para satisfacer las necesidades vitales y superar las limitaciones de la vida natural.

Pero actualmente la humanidad ha llegado a su mayoría de edad y no quiere renunciar a su responsabilidad de construir el mundo. Por eso rechaza a un Dios tapa-agujeros, aquel que viene a compensar nuestras incapacidades y nuestra pereza, el “Deus-ex machina”.

Dios se va haciendo innecesario desde el momento que el hombre está transformando al mundo en gran escala. El hombre de hoy no se pregunta si este mundo se explica a sí mismo, puesto que el mundo no necesita explicarse a sí mismo y es el hombre el que lo explica.

En el proceso de desmitificación han entrado varios influjos. El racionalismo que considera a Dios como el artífice que da al reloj del mundo el impulso inicial, dejándolo luego regir por sus propias leyes. El desarrollo autónomo de la ciencia moderna que no considera a Dios como una “hipótesis” útil. El método experimental de la ciencia exige explicar y justificar, en cuanto sea posible, los fenómenos del mundo por causas intramundanas. La ciencia moderna destruye la mentalidad contemplativa y la sustituye por una actitud de explicación creadora.

Horacio Martínez

Mayo, 2024

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Todo ser humano nació para ser libre, sabio, amoroso y creador. Pero Dios le da a cada persona unos talentos especiales para ser especialmente sabio o servidor de los demás o creador de desarrollo. 

Dios tiene un plan creador sobre el mundo y cada hombre tiene un papel específico que desempeñar en él. Dios, a través de las cualidades de cada uno y de los acontecimientos, le va mostrando esa misión especial en la vida. Dios no hace las personas en serie, sino que cada persona tiene una misión específica que realizar. 

Descubrir esa misión específica es necesario para convertirla en propósito de vida. Y este propósito debe concretarse con una estrategia de realización; es decir, convertirse en un proyecto de vida. No solo hay que descubrir qué quiere Dios de mí, sino también dónde, cuándo y cómo debo desarrollar esa misión. Con su razón y el conocimiento de la fe, el hombre descubre a Dios y el plan creador de Dios en la historia, porque Dios es el Señor de la historia que lo invita a realizar su voluntad en el aquí y en el ahora. Con la razón y la fe podemos discernir la llamada concreta de Dios para realizar su plan divino. 

¿Cuál es la vida que estamos destinados a vivir según el proyecto de Dios? Esta vocación te muestra el sentido de tu vida que debe concretarse como propósito de vida y ejecutarse como un proyecto de vida. Cuando se enfoca la vida al encuentro con Dios y a la realización de su plan de salvación para el mundo la persona tiene un punto de apoyo firme para enfrentar los retos de la vida. ¿Cómo puede haber personas tan ciegas que no ven el plan de Dios en su existencia? Ante todo, uno tiene que saber quién es y qué representa. La pregunta clave es qué clase de persona quiero ser y no qué ocupación deseo ejercer en el futuro. Descubrir el orden secreto de la realidad es introducirnos en la mente creadora de Dios. 

El propósito de la vida debe estar alineado con el plan de Dios, para que se obtenga toda la energía del universo en su realización. Así como la clave de la intervención de una empresa en lo social es que esté alineada con el objeto del negocio, mi propósito debe estar alineado con el plan de Dios. La espiritualidad actual se fundamenta en la fe que ve a Dios como el Señor de la Historia que está presente y actuando en ella. Alinear la vida con el plan de Dios según su vocación da a la vida una simplicidad y plenitud extraordinarias. Uno debe ir confiadamente por la vida realizando la misión que le confirió Dios. De los detalles se encarga su providencia. Y él no dejará de sorprendernos y maravillarnos. Esta es una fuente profunda de nuestra alegría.

El propósito de la vida espiritual de un cristiano podría formularse como traslucir la presencia amorosa de Dios al mundo. No soy yo el que sirve amorosamente a los demás, sino Dios a través de mí. Eso implica que el “yo” debe desaparecer para que brille Dios que se comunica al mundo a través de mí. Uno debe con su vida hacer visible a Dios. Dios es una presencia unificadora de cada momento de mi vida. El carácter integral y sintético de la espiritualidad actual exige una elucidación permanente de nuestra respuesta a Dios en el momento presente. Por eso, es necesario educar nuestra mirada sobre los acontecimientos para ver los imperativos que desde ellos nos hace Dios. La espiritualidad más que un “programa” es una luz y una energía para vivir. La espiritualidad cristiana nos da un ideal grandioso para vivir. 

Todo cristiano debe ser un místico inmanente, que por un lado se interesa por todos los valores y sucesos intramundanos y por otro busca descubrir la presencia de Dios en el mundo para ser un instrumento dócil de su providencia y manifestar en el mundo su bondad, su sabiduría y su belleza. Todo teólogo debería ser un ingeniero de las energías espirituales del mundo creado por Dios y recreado por Cristo a través de su Iglesia. 

Horacio Martínez Herrera

Mayo, 2024

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Invitado por nosotros para conversar sobre nuestro encuentro con el P. General de los Jesuítas, el P. Hermann se refirió también a nuestras reacciones e intenciones de co-laborar con las prioridades de los Jesuítas en Colombia y nos propuso alternativas concretas con un grupo de invitados suyos Jesuítas, que lideran algunos frentes importantes de actividad apostólica en nuestro país. Compartimos esta tertulia con nuestros lectores con una invitación también para unirse, en la capacidad que cada uno tenga, con estos desafíos comunes para todos, independientemente de nuestras creencias diversas.

Exjesuitas en tertulia- 25 de Abril, 2024
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Tener un sentido espiritual de la existencia es tener un sentido de lo fundamental que está detrás de la apariencia de lo físico y mental. Ver en todas las cosas su dimensión espiritual: esto es ser místico.

Un místico lee la mente de Dios en los acontecimientos. Un místico no está en ninguna parte, porque está en Dios. Un místico inserto en la vida del siglo XXI busca a Dios en la familia, en el trabajo profesional, en la vida en comunidad, en el compromiso sociopolítico, en la investigación científica.

Todo cristiano debe ser un místico inmanente que por un lado se interesa en todos los valores y sucesos intramundanos y por otro busca descubrir la presencia de Dios en el mundo para ser un instrumento dócil de su providencia y manifestar en el mundo su bondad, su sabiduría y su belleza.

Hoy en día buscamos integrar lo real en la vida humana sobre todo en lo espiritual. Es un error confundir idealismo con vida espiritual. Este peligro es inoculado por numerosos libros idealistas espirituales que confunden el perfeccionismo angelical con la condición humana. El idealista-perfeccionista se hace impermeable a la vivencia de lo real, se hace inconsciente a “lo que es”. El idealismo perfeccionista crea un angelismo muy peligroso, porque el hombre es un espíritu corporalizado, es decir, una materia espiritualizada.

Lo real-espiritual, la realidad de la vida espiritual, para quien se hace consciente de ella, supera todo sueño idealista. Aceptarse a sí mismo como se es, encontrar la plenitud interior en “lo que es” realmente la vida espiritual; no sueño místico etéreo sino lucha continua, es poseer el sentido de lo real-espiritual. Se trata de ver al hombre como es e inmerso en su situación concreta.

Una visión de todas las realidades del hombre (fisiológicas, psicológicas y espirituales) se tiene en cuenta en la vida espiritual. Sin un estado somático y un equilibrio psicológico adecuados es imposible una vida de plenitud espiritual, salvo el caso de una especial gracia de Dios. El desequilibrio proviene de un desarrollo no armónico de todo el hombre. Algunos exageran el factor intelectual, convirtiéndose en “intelectuales puros” con olvido y detrimento de lo emocional y del desarrollo de lo práctico.

Actualmente existe también el peligro de que lo virtual robe a las personas su vida real. Estas personas se refugian en un mundo mental casi esquizofrénico y que no lleva a entablar relaciones con los demás, verdaderamente ricas en humanidad. El desequilibrio es causado también por una formación ascética no armónica: se les da una preponderancia a las virtudes teologales y se deja en la sombra el desarrollo de las virtudes morales.

En el enfoque de muchos libros de espiritualidad hay un desequilibrio de la “espiritualidad humana”. Históricamente esto se debe al influjo de corrientes no cristianas, como el estoicismo y el platonismo. Se considera el cuerpo como la cárcel del alma y se desprecia la sexualidad.

Cuando se vive en una espiritualidad de estructura idealista-perfeccionista y se choca con la realidad cotidiana imperfecta, viene el peligro de desilusionarse y sentirse defraudado.

Para lograr el sentido de lo real debe haber un equilibrio entre introversión y extroversión, entre subjetivismo y realismo objetivo, entre pensar y obrar. Conocer los diversos factores psicológicos y socioculturales que condicionan la vida humana y tenerlos en cuenta; por ejemplo, la educación, el ambiente, la alimentación, las experiencias.

Sé un hombre-espiritual y no un niño-angelical. Para ser hombre-espiritual hay que haber llegado a la plena madurez humana, cuyo meollo es lo propiamente espiritual.

Horacio Martínez Herrera

Mayo, 2024

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Cuando hablo de “Energía” me refiero a la energía física que abarca por completo todos los seres. No soy científico, ni mucho menos, pero sé que esa energía es perfectamente medible con la infinidad de aparatos superespecializados que se han ido inventando.

En una sola célula hay cantidad de energía con protones, neutrones y muchos más “seres”, cuyos nombres desconozco, los cuales se relacionan permanentemente entre sí de una manera particular que se manifiesta en la vida propia de esta célula. Y esa célula, a su vez, se relaciona con otras células similares o diferentes hasta llegar a conformar organismos completos con su vida propia. Así se va conformando esa infinita variedad de seres del universo, cada uno con su propia identidad o cohesión. A cada una de esas identidades o formas de cohesión les damos nombres: desde simples elementos químicos hasta astros, galaxias, plantas, animales o seres humanos. Todos y cada uno de ellos son manifestaciones particulares de esa “Energía”.  

Cuando se rompe esa cohesión o identidad, ese ser u organismo desaparece como tal, muere, y sus componentes se dispersan. Pero la energía existente en ellos continúa, no se acaba, sino que se transforma en identidades o cohesiones o manifestaciones diferentes, nuevas. Me imagino las células del organismo que acaba de perder su cohesión en búsqueda de una nueva forma de ser, como los trozos de metal que, al acercárseles un imán, salen disparados para unirse a algo nuevo. Así esas células o elementos químicos tienden hacia una nueva unión hasta conformar un nuevo ser u organismo. 

Soy consciente de que esa comparación puede contener cantidad de errores científicos, pero es una simple imaginación, ya que no encuentro otra manera de explicarme a mí mismo lo que pienso que sucede al desaparecer un determinado organismo. 

Gracias a esa energía física podemos comunicarnos unos con otros. A diario utilizamos diferentes tipos de comunicación fuera de la oral. Existe la comunicación telepática o la cuántica, por ejemplo, mediante el uso de la energía programando o activando el subconsciente o la energía cuántica, como lo explican Alberto Betancur y Guillermo Sanz. Dos maneras de activar esas energías que hay en el otro y en nosotros mismos, aún a distancia, lo cual es posible porque esa distancia no es un vacío, sino un “continuo” de energía “sin solución de continuidad”. Esto he podido comprobarlo en el mejoramiento de la salud, tanto conmigo mismo, como con personas distantes de mí. 

A esa “Energía” existente en cada ser la llamo “Vital” porque constituye la esencia, la vida de todos los seres del universo. Es la que da vida a todo. Es decir, esa “Energía” va “creando” todo en cada instante como una poderosa corriente vital inagotable. En cada ser se manifiesta de manera específica, pero diferente y le ponemos nombres: astros, animales, plantas, seres humanos, cosas. Pero todos son seres vivos, llenos de energía, así los llamemos “cosas”.  

Por eso me asombra tanto la Naturaleza. Ver cómo de una semilla pequeña va brotando, por ejemplo, una planta, cómo va creciendo hasta estallar en una maravillosa flor multicolor que más tarde va a participar en su propia multiplicación, o cuando una flor luego se convierte en una deliciosa fruta. Esa es la permanente corriente vital de energía que percibo en el universo. Cada nuevo ser lo veo como fruto de la generación o creación continua que en cada instante va produciendo esa misma fuerza o energía vital. 

A esa “Energía vital” he estado tentado de llamarla Dios. Pero no, correría el riesgo de desfigurarla o tergiversarla, porque ese nombre arrastra una cantidad enorme de atributos que se le han ido aplicando a lo largo de milenios en todas las civilizaciones y culturas. Atributos creados por nuestra condición humana, tan limitada dentro del tiempo y el espacio, que hace que nos imaginemos algo especial que supere las debilidades e imperfecciones de nuestra naturaleza.  

Miremos solo algunos de esos atributos: 

  • “Todopoderoso”: Porque nos sentimos impotentes en muchísimos aspectos. Si fuera Todopoderoso, ¿por qué permite los frecuentes y terribles desastres naturales o el asesinato de personas inocentes que dejan viudas y huérfanos? 
  • “Eterno”: Porque somos mortales, perecederos. Además, viviendo nosotros dentro del tiempo y del espacio, no tenemos manera de imaginarnos qué es eternidad, por más que la definamos como que no tiene ni principio ni fin. 
  • “Justo”: Porque continuamente encontramos injusticia. Pero, ¿qué entendemos por justicia?: ¿el que la hace la paga? ¿La ley del talión? ¿Castigar al culpable? ¿Así obraría ese Dios “justo”? 
  • “Sufriente por nuestros pecados”: ¡Qué dios tan limitado es el que “sufre” y necesita “desagravio” por parte de sus creaturas! 
  • “Seducible o comprable”: Si hacemos esto o aquello, le pedimos que cambie de una manera positiva su modo de actuar. ¡Cuántos sacrificios de animales o aun de seres humanos, dizque para lograr que ese dios no castigue a su pueblo!  

Y así podríamos seguir con cantidad de ejemplos de atributos que se le han aplicado a la palabra “dios” como contraposición a nuestras debilidades e imperfecciones.  

Lo máximo que podría decir de esa “Energía vital” que nos está creando en cada instante, es que es nuestro “Padre” o “Madre”, precisamente por eso, porque nos está creando, porque somos su fruto.  

Personalmente me siento pleno comprobando la existencia de esa “Energía Vital” en cada partícula de mi propio ser y de todo lo que veo. 

Cualquier concreción de esa “Energía vital” en cualquier creencia religiosa la percibo como un salto monumental hacia algo que no puedo comprobar, pero que respeto, pues no puedo atreverme a creer que lo que estoy diciendo es LA verdad, la ÚNICA verdad. Es únicamente el punto en el camino de búsqueda donde me encuentro en estos momentos. 

Constato que la “Energía Vital” llega a todos y a todo, sin distinciones de ninguna clase. Por eso, cuando cualquier religión hace distinciones, preferencias o condenas, siento que no está transparentando la esencia misma de esa “Energía Vital” es decir, obrando así, la está desnaturalizando o desdibujando burdamente, está desfigurando su naturaleza misma. 

Ese “darse” por completo la “Energía Vital” a cada ser que va creando en cada instante, sin distinciones de ninguna clase, es la esencia misma de ella. Y eso es lo único que todos los seres, es decir, todo el universo, está llamado a hacer durante su existencia particular: darse por completo, sin distinciones. Ese es el único mandamiento inscrito en la naturaleza misma de cada ser, sin ningún yugo o mandamiento adicional. 

Ese “darse por completo”, propio de la “Energía Vital”, a cada una de sus creaturas (hijos), sin distinciones entre buenos o malos, creyentes o no creyentes, es la única herencia que todos los seres recibimos. Es nuestro ADN, seamos o no conscientes de eso. Lo llevamos en lo más íntimo de cada una de nuestras células. Ese ADN es lo que nos da la fuerza para abrirnos a todo lo demás, sean seres humanos, animales, plantas o cosas. 

A ese ADN, a ese “darse por completo” solemos darle un nombre: AMOR.  También con esa palabra corremos el riesgo de desfigurarlo y volverlo añicos. Cuántas catástrofes y daños causados en nombre del amor. Cuántas guerras dizque por amor. Las famosas Cruzadas, los ajusticiamientos de la Inquisición, la Yijad creyéndose mártires cuando, por amor a sus creencias, mueren asesinando a quienes no creen lo mismo. Cuántas guerras por amor a la patria. 

No obstante, a pesar de ese riesgo tan grande, y, sobre todo, por no encontrar otra palabra diferente que abarque ese “darse por completo y sin distinciones”, propio de la “Energía Vital”, le llamo AMOR. He encontrado, pues, que la “Energía Vital”, en su esencia misma, es VIDA, es CREACIÓN y es AMOR.  

Por lo tanto, para mí, hasta ahora, en mi camino de continua búsqueda, he llegado a la conclusión de que el universo entero es VIDA y que la VIDA es, por sí misma, AMOR CREADOR. A esa VIDA, a ese AMOR CREADOR me acojo con gratitud y entrega.  

Como dice Violeta Parra y que tan hermosamente canta Mercedes Sosa: “Gracias a la VIDA, que me ha dado tanto…”  

Luis Guillermo Arango Londoño

Mayo, 2024

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Tengo experiencia de que los seres vivos nacen y mueren. Ser generable significa que puede recibir la existencia. Ser corruptible significa que puede perder la existencia.

Al examinar el hecho de que los seres vivos pueden tanto recibir como perder la existencia, tenemos que concluir que esto significa que los seres vivos del mundo no tienen en sí mismos la propiedad de la existencia. Esto significa que los seres vivos del mundo son contingentes; no tienen el carácter de seres necesarios.

Si el ser que comienza a existir tuviera por sí mismo la existencia y fuera por tanto absolutamente necesario, debería existir necesariamente (no podría no existir) y por consiguiente no podría comenzar a existir, porque comenzar a existir supone la posibilidad de no existir antes y por tanto la no necesidad de la existencia.

De esto se sigue que “existir por sí necesariamente” y poder “no existir por sí” se oponen contradictoriamente como la afirmación y la negación, a saber: “no poder no existir” (ser necesario) y “poder no existir” (ser contingente). Lo mismo vale del ser que se acaba o se corrompe, sólo que, en éste, en lugar de considerar la etapa anterior a su ser, se contempla la etapa posterior.

El análisis de la contingencia como tal lleva a dos afirmaciones innegables: Todo contingente procede de otro ser. Y este otro ser es el Ser absolutamente necesario, que existe por sí mismo y es Causa primera. Toda existencia contingente debe tener una explicación suficiente de su existencia, porque todo ser como verdadero e inteligible tiene una razón suficiente. Sin embargo, al analizar lo que es su existencia contingente vemos que no tiene ella una explicación suficiente. Por consiguiente, ya que no tiene la explicación suficiente de su existencia en sí misma, la debe tener en otro ser, es decir, procede de otro ser.

¿Quién es este otro? ¿Es un ser necesario que no puede no existir y tiene en sí razón suficiente de sí o es un ser contingente que puede existir o no existir y no tiene por lo tanto explicación suficiente de sí? Si se responde que es un ser contingente tendríamos que volver a formular la pregunta sobre el origen de su existencia. Luego lógicamente hay que contestar que el ser del cual procede el ser contingente es el Ser necesario que tiene en sí la explicación suficiente de sí.

Vemos que las cosas del mundo empiezan a existir y dejan de existir. Eso significa que no tienen en propiedad y por derecho la existencia, porque de lo contrario siempre habrían existido.

Lo que llega a ser algo no tiene en sí mismo la razón de su existencia y necesita del influjo de una causa eficiente. Efectivamente: lo que empieza a ser, era indiferente al existir o hacia el no existir. En otras palabras por sí mismo no era nada, y si lo dejamos así, seguirá siendo nada, de suerte que si existe es señal de que no fue dejado en la nada, sino que fue llevado por algo a la existencia.

La experiencia nos enseña que todo lo que existe en el mundo es causado. Si todas las cosas del mundo son causadas, en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Yo le debo mi vida a mis padres y mis padres a sus padres, y así sucesivamente. No se conoce ningún caso en el mundo, ni es posible que exista,

en que acontezca que un ser sea la causa eficiente de sí mismo, porque de lo contrario sería anterior a sí mismo y eso sería absurdo.

Un orden de causas eficientes exige una Causa primera incausada. Un proceso infinito de causas eficientes es imposible, porque en todas las causas eficientes puestas en orden, la primera es la causa de la causa intermedia y ésta es la causa de la última causa, ya sea que las intermedias sean muchas, ya sea solamente una.

Ahora bien, si suprimimos una causa, eliminamos también el efecto. Por tanto, si no hubiera una primera causa entre las causas eficientes, no habría tampoco ninguna causa última ni intermedia. Así, pues, es necesario admitir una primera causa eficiente, a la cual todos nosotros llamamos Dios.

Horacio Martínez

Abril, 2024

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No vamos a hablar de telepatía, sino de algo que es mucho más. La telepatía es un fenómeno parasicológico, esporádico, inconsciente e involuntario. La foto que aquí aparece, tomada de Wikipedia, se refiere a la telepatía pero es una imagen que insinúa comunicación entre personas.

La “comunicación inalámbrica” es mucho más que la telepatía y puede ser permanente, consciente y voluntaria.

“Presencia plena y consciencia abierta” es un lema budista. Nosotros lo llamamos “Ver lo que no se ve” y “Escuchar con el alma” … especialmente en la relación familiar y, con mayor énfasis, cuando se da una situación de lejanía física.

“Ver lo que no se ve” no es un trabalenguas ni un acertijo; es llamar la atención sobre lo que no atendemos ordinariamente, pero que se ve cuando le ponemos atención. Tenemos algunos ejemplos antes de llegar a lo que queremos decir. Y lo que queremos decir es que tenemos una presencia permanente, mutua, aunque sea a distancia y “no se vea”.

La foto siguiente es de un paisaje conocido, bello, permanente. Cada mañana lo puedo ver desde el comedor de mi casa. Todos los días está ahí, por más que no lo estemos viendo siempre y así nos vayamos a la ciudad… diríamos que ese paisaje nos está viendo permanentemente a nosotros, así nosotros no lo estemos viendo siempre, sino sólo cuando nos ponemos a mirarlo. Entre nosotros, nos pasa lo mismo que con el paisaje: estamos ahí, unos para otros, aunque no nos estemos viendo.

Igualmente ocurre con las fotografías que enmarcamos: nos están viendo, están ahí siempre y sólo las vemos cuando nos fijamos en ellas. Además, esas fotografías nos recuerdan o nos hacen “presentes” a quienes representan, así ya se hayan ido o, también, si todavía están con nosotros, aunque estén lejos.

Con Dios pasa lo mismo: siempre está con nosotros, siempre nos está viendo y acompañando, así nosotros no lo “veamos” o no lo tengamos siempre presente.

Los ejemplos anteriores nos ayudan a entender lo que nos ocurre y queremos decir: la comunicación “inalámbrica” no es sólo la del teléfono o la del WhatsApp… sino principalmente la presencia mental, afectiva, permanente de nosotros con los que queremos y viceversa -aunque sea desde lejos-.

La realidad es más que el espacio y el tiempo, es más real: la presencia mutua en nuestras vidas es permanente, el amor y el cariño están siempre en nuestros corazones, así no podamos siempre abrazarnos físicamente.

Cuando, gracias a Dios, la convivencia y comunicación ha sido buena y agradable mientras estábamos cerca, es más fácil mantener nuestra comunicación mental y espiritual una vez estamos lejos. Podemos reforzarla con los demás medios de comunicación, pero lo más importante es ser conscientes de la presencia y compañía, amorosa y constructiva, permanente de unos con otros.

No nos hablaremos todos los días, pero cada día estaremos unidos, pendientes del bienestar mutuo; cada uno en sus ocupaciones y preocupaciones, pero con el afecto y la voluntad “fieles y firmes” entre nosotros.

Igualmente, la mejor preparación para poder comunicarnos con los seres queridos, después de que ellos mueren, es la buena relación que tengamos con ellos en vida.

No hacen falta más palabras, sino repetirnos y sentir estas anteriores. No van a suprimir el sentimiento de la ausencia, pero nos van a dar fuerza y alegría, porque son verdaderas y permanentes.

Vicente Alcalá Colacios

Abril, 2024

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Una de las grandes fuentes de la negación actual de Dios está en las deformaciones de la creencia en Dios. Esta deformación afecta tanto a la concepción que se tiene de Dios, como a la imagen que proyecta la religiosidad de los creyentes y, en especial, la actitud de la Iglesia.

Las deformaciones más importantes de la imagen de Dios se refieren al aspecto mítico, abstracto e inmutable con que se le suele presentar. El hombre actual, especialmente el intelectual, no puede encontrar satisfacción a sus aspiraciones religiosas y a la necesidad de una mística para su vida y acción, en un Dios y en una religión que se le proponen saturados de rasgos míticos y de ritos mágicos. El teísmo ha convertido a Dios en un simple arquitecto del universo, en un tapaagujeros que sirve para colmar las lagunas de la ciencia.

El hombre actual, igualmente, rechaza la imagen de un Dios extraño a la historia. La teología cristiana, por la preocupación de pensar a Dios lo más trascendente y absolutamente posible, le atribuyó una preeminencia infinita a cuanto de positivo hay en el mundo. Con esto se llegó a imaginar a Dios como si fuera del movimiento de la historia. Al convertirlo en un allende la historia, se colocaba a Dios fuera del mundo.

Respecto a la imagen que suele proyectar la religiosidad, y en especial el cristianismo, ciertamente dan pábulo a un rechazo de Dios ciertas actividades de sus cultores abiertamente reñidas con los actuales conceptos de la dignidad del hombre, de la igualdad, de la solidaridad y de la justicia. Tales son:

– Las injusticias contra el hombre perpetradas por cristianos; la religión degradada a veces en instrumento de poder; el fariseísmo de tantos que se dicen cristianos y obran toda clase de deshonestidades.

– El escándalo que ha producido la Iglesia al presentar un contratestimonio para muchos hombres de hoy. Estos hombres no han visto un testimonio de acogida al progreso humano, a las conquistas del hombre, y han creído que la religión es el opio del pueblo y la causa de su retraso. La Iglesia, al estar vinculada a una forma política determinada, muchas veces no ha dado testimonio de defensa de los valores humanos. No deja de ser causa del ateísmo la oficialidad de la religión católica en determinados países, porque el proteccionismo oficial no permite que el cristianismo despliegue todo el dinamismo interior que le es propio.

– La convivencia de la religión con las injusticias sociales consentidas, amparadas o toleradas por católicos representativos -eclesiásticos o seglares-Se ha llegado a identificar por esto a la sociedad cristiana con la sociedad capitalista.

– Las falsas posturas de los cristianos al no enfrentarse con el problema del dolor humano, han permitido a tantos ateos negar a Dios en nombre de la honradez, de la moral.

El ateísmo contemporáneo es un grito de rebeldía contra las formas religiosas deformadas, que nos debe llevar a un replanteamiento del problema de Dios y de sus implicaciones. El ateísmo, por otra parte, nos obliga a una purificación de la concepción de Dios y a un rechazo de sus caricaturas.

La desacralización actual del mundo tiene el riesgo de alzarse contra Dios, pero también ofrece la oportunidad de eliminar una falsa concepción de la divinidad que tiende a hacer intervenir a Dios, allí donde el hombre es impotente. Hay que reen-contrar el sentido del misterio y eliminar la excesiva racionalización de Dios, para que se restablezca su auténtica búsqueda.

Hay personas que, rechazando una idea falsa de Dios, no son ateos, sino que hacen una afirmación implícita del verdadero Dios.

Horacio Martinez Herrera

Abril, 2024

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Religión viene de la palabra latina religare que significa volver a unir. En su origen significa encuentro. Así como la percepción exige el mundo exterior, así el sentimiento religioso exige una realidad divina objetiva. El acto religioso nunca es un monólogo, es esencialmente un diálogo.

La existencia humana no se encuentra solamente a sí misma arrojada entre las cosas, sino también religada por su raíz a su fundamento trascendente, Dios. Por estar religado, el hombre no está con Dios como está con las cosas, sino que está en Dios como quien viene de Él y va hacia Él.

Al hombre Dios le ofrece en Cristo y a través de la acción de la Iglesia una liberación total. El hombre se beneficia de esta liberación plena en la medida en que acepta ser liberado. Esta aceptación se da en el acto de fe y se ratifica con la recepción de los sacramentos. La fe es un sentido religioso que se le confiere a toda la existencia.

Para el cristiano que se compromete radicalmente con Cristo por el sí de la fe, este acto se convierte en una actitud permanente con un efecto de liberación total. La fe se convierte en un éxodo de liberación integral. La fe es un éxodo de liberación religiosa. El hombre es un ser capaz de Dios, pero necesita del don de la fe para entrar en contacto interpersonal con el Dios viviente. La fe es un don porque solo el que es llamado por Dios y recibe fuerzas para acercarse a él puede pronunciar el sí de la entrega total a Dios. Por la fe, el hombre es liberado del pecado que lo mantenía alejado de Dios. Esta respuesta de la fe se da, sobre todo, y a veces exclusivamente, en las actitudes concretas de la existencia.

La fe también es un éxodo de liberación personal. El hombre, prisionero de su soledad existencial, rompe el círculo efímero de su inmanencia a través de su relación interpersonal con el Trascendente. El compromiso de fe es la liberación del egoísmo del hombre y la conquista de la liberación espiritual. San Pablo ha mostrado brillantemente los efectos de la liberación espiritual del cristiano frente a los legalismos esclavizantes del hombre.

La espiritualidad necesita tomar en cuenta la dimensión integral liberadora de la fe. La mística cristiana de los últimos siglos ha puesto un énfasis tan fuerte en la fe como liberación religiosa que se impone una revisión de la espiritualidad en clave de liberación integral.

La espiritualidad para el hombre de hoy exige, sobre todo, volver a colocar la oración cristiana en su contexto de experiencia de la fe. Si la fe posee un dinamismo de liberación integral, la oración cristiana será un poner en acto la potencia liberadora de la fe. El cristianismo es ante todo una escuela de oración y solo quien ora cristianamente alcanzará la liberación integral. La mística cristiana ha descrito elocuentemente cómo el encuentro con Dios en la oración es un verdadero éxodo de liberación personal. Una relectura de los escritos de los místicos cristianos en categorías actuales revelaría facetas profundamente dinámicas de la experiencia de oración. La auténtica oración es una profunda terapia psicológica de liberación.

El hombre espiritual actual considera que no puede saltar fuera de su cuerpo y de su estructura sexual para lanzarse más libremente al encuentro con Dios. Para un hombre espiritual actual, Dios existe en la vida, es más actual que la actualidad misma y nos abre las puertas al futuro de la plena realización humana. Su abnegación y mortificación consiste en llevar las cruces de su condición humana y de su acción cristiana sobre el cosmos.

Es un ascetismo de realización gradual de las exigencias de la gracia en todos los sectores de la vida personal. Las noches de los sentidos y del espíritu, referidas por los místicos cristianos, son pasos para desapegarnos y dar su justo valor a lo corporal y lo mental. Para llegar a la primacía del espíritu sobre lo corporal y lo mental hay que pasar por la noche de los sentidos y de la mente. ¿Cómo se manifiesta esta crisis de purificación hoy en día?

Horacio Martinez Herrera

Abril, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Este es el testimonio – video y texto – de Vicente Alcalá.

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 29024

Cuando se nos planteó esta pregunta para la tertulia del jueves 14 de marzo pasado, mi reacción fue la de no participar porque siento que no estoy haciendo nada, aunque sí quería escuchar a mis amigos de la tertulia. Fue una reacción con cierta vergüenza o insatisfacción por no estar haciendo nada.

Pero esta mañana estaba al frente de mi casa contemplando el paisaje, y al mirar al suelo en el corredor vi unas hebras de sombra y enseguida observé que las sombras las producían unas hebras de pasto que sobresalen un poco en el extremo del prado.

Inmediatamente, debajo de las hojas del arrayán de enfrente, noté el resplandor del sol y obviamente, las sombras eran producidas por el pasto, pero más obviamente era el sol el que producía las sombras a través del pasto.

Esta observación me hizo cambiar la pregunta de esta tertulia: ya no fue ¿Qué estamos haciendo?, sino ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos?

Lo que hacemos es una sombra de nosotros mismos, pero es Dios quien “produce” las acciones a través de nosotros.

Esto podría parecer una evasión de la pregunta inicial o más bien una racionalización del hecho de no estar haciendo nada.

De las pocas cosas que he hecho en estos tres últimos años, ha sido escribir los breves artículos para el blog, que ya son numerosos, unos 98.

Conversando con mi hija por el chat, comentamos que los dos nos habíamos preguntado lo mismo: por qué estoy escribiendo todos estos artículos… Lo curioso es que casi todos han surgido de pequeños incidentes u observaciones o de las preguntas en las tertulias o de la lectura de un libro etc.

De manera que, ¿qué estoy haciendo?

Observar, meditar, tratar de conocer de lo mucho que no conozco, tratar de comprender la realidad social y política que nos rodea; relacionarme con mi familia y con las personas que me encuentro, orar… tratar de compartir mi experiencia, mis valores, mis comprensiones, mis convicciones… y no evadir lo demás que pueda hacer por mí y por los demás y por esta realidad en la que estamos inmersos en nuestra historia.

Decir que lo que hacemos es una sombra de nosotros… y que es Dios quien hace a través de nosotros, puede parecer una evasión de la responsabilidad: si hacemos algo es Dios quien lo hace, pero cuando no hacemos ¿es que Dios no hace?

Sí, Dios siempre está obrando, dando el ser, manteniéndolo, y actuando en todo ser.

Nosotros somos seres como cualquiera entre otros, pero con un privilegio ambivalente: somos seres que podemos amar, comprender, actuar… o podemos dejar de amar, de comprender, de actuar: tenemos la libertad humana que “filtra” la acción de Dios.

Vicente Alcala Colacios

Marzo, 2024

En el primer caso, secundamos la voluntad y la acción de Dios… en el segundo caso, nos resistimos a la voluntad y la acción de Dios. Es como si el pasto se “acostara” y por más que el sol brille, ¡no habría hebras de sombra en el suelo!

Mejor, seamos como “los árboles que mueren de pie” y mientras nos quede vida temporal, ¡amemos, comprendamos y hagamos el bien!

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La religiosidad popular latinoamericana es propia de un ambiente rural y, por lo tanto, tiene un carácter predominantemente cosmológico que influye en toda su concepción de Dios, de los santos, de Cristo, de la Providencia, del sacerdote, de la Iglesia, de la Moral y de las prácticas religiosas.

La religiosidad latinoamericana tiene unas marcadas motivaciones cosmológicas que surgen de la situación precaria del hombre ante el cosmos. La naturaleza se ve como una realidad manifestativa de un poder sagrado o fuerza superior que clásicamente se denomina: El Numinoso. Caracteriza a esta motivación la actitud del hombre de servirse del Numinoso para solucionar sus problemas a través de la manifestación de aquel en las fuerzas naturales: tormentas, rayos, etc.

Dios es afirmado como una fuerza cosmológica a la cual se acude para satisfacer sus necesidades y limitaciones. A esto se añade el hecho de que en América Latina existe una simbiosis -a veces sincretística- entre valores cristianos y elementos tomados en préstamo a la religión natural, lo cual tergiversa aún más la imagen de Dios.

Entre los indios latinoamericanos “Dios” no es que siempre sea el Ser Supremo; muchas veces son politeístas porque junto al Dios Supremo hay dioses inferiores. Este Dios vive aislado, lejos de los hombres. Normalmente entonces hay que entenderse con “dioses” inferiores (santos). La Virgen se confunde a veces con la Madre Tierra, tanto en el mundo andino como mexicano, a veces es eterna, y se le ofrecen sacrificios.

La motivación cosmológica de satisfacer las necesidades vitales produce en Latinoamérica una exaltación de la Virgen y de los Santos como protectores. Las imágenes protectoras de los santos se encuentran por todas partes en Latinoamérica: en los hogares, en los buses, en los taxis, en los caminos y particularmente en las curvas peligrosas.

La creencia en un Dios cósmico conduce a un fatalismo providencialista. La religiosidad popular latinoamericana tiene el sentimiento de la presencia natural de Dios en el mundo y de su acción directa en el mundo. Esto conlleva un oscurecimiento de la acción de las causas segundas y una negación práctica de la libertad humana, del pecado y de la santificación de la vida.

Este fatalismo providencialista se encarna en una actitud resignada y pasiva ante el mundo. Hay una sumisión ante las fuerzas de la naturaleza divinizada. Se acepta todo como querido por Dios “si Dios lo quiere, no comemos”. El sentimiento de absoluta dependencia de la divina providencia se ha trocado generalmente en una actitud de extremada resignación. Hasta hace poco ha sido corriente la concepción de Dios como una fuerza cósmica, al cual se acude para satisfacer las necesidades vitales y superar las limitaciones de la vida natural.

Pero actualmente, la humanidad ha llegado a su mayoría de edad y no quiere renunciar a su responsabilidad de construir el mundo. Por eso rechaza a un Dios tapa-agujeros, aquel que viene a compensar nuestras incapacidades y nuestra pereza, el “Deus-ex machina”.

Dios se va haciendo innecesario desde el momento en que el hombre está transformando al mundo en gran escala. El hombre de hoy no se pregunta si este mundo se explica a sí mismo, puesto que el mundo no necesita explicarse a sí mismo y es el hombre quien lo explica.

En el proceso de desmitificación han entrado varias influencias. El racionalismo que considera a Dios como el artífice que da al reloj del mundo el impulso inicial, dejándolo luego que se rija por sus propias leyes. El desarrollo autónomo de la ciencia moderna que no considera a Dios como una “hipótesis” útil. El método experimental de la ciencia exige explicar y justificar, en cuanto sea posible, los fenómenos del mundo por causas intramundanas. La ciencia moderna destruye la mentalidad contemplativa y la sustituye por una actitud de explicación creadora.

Horacio Martínez Herrera

Abril, 2024

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En este Jueves Santo, este cuadro podría parecer un anacronismo: una “Última Cena” con campesinos de La Macarena; Jesús con túnica y los campesinos con alpargatas y carriel.  

Se trata de una representación artística del Misterio de la Eucaristía, actualizado en Colombia, según la invitación de Jesús: “Hagan esto en memoria mía”  

Pero ¿qué es lo que debemos hacer? 

Hay dos niveles en la invitación:  

-rememorar los gestos y el acontecimiento de la Cena del Señor, que entrega su cuerpo y su sangre en la cruz, pero que -después de su resurrección- parte el pan con sus discípulos y que, luego… estos se reunían -con María la madre de Jesús- para hacer lo mismo.  

-hagan esto que yo hago: entrego mi cuerpo y mi sangre -mi vida- por ustedes. Hagan lo mismo, entreguen su vida y sus actividades en bien de los demás. Háganlo “en memoria mía”, en el sacramento y también en la vida. 

Esta interpretación de la invitación de Jesús, la expresa el cardenal Carlo María Martini S.I. en la número 36 de las 39 meditaciones de sus homilías, oraciones o cartas pastorales que se reúnen en un libro de 2021, editado por Sal Terrae, que se subtitula “Eucaristía y Dinamismo eclesial”. 

El cardenal Martini es biblista mundialmente conocido, fue rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana, arzobispo de Milán… autor de muchos libros, entre los cuales -junto con el jesuita Georg Sporschill- publicó “Coloquios nocturnos en Jerusalén”. Estos diálogos responden a preguntas, inquietudes, conflictos y esperanzas de muchos jóvenes.  

Regresando al primer libro citado, podemos comprender que la Eucaristía es el punto de partida y de convergencia de la peregrinación humana en los senderos de la historia, es una referencia dinámica y no un simple refugio. La Eucaristía no es solo el pan que alimenta para el camino, sino Jesús mismo, que -aun cuando a veces parezca ausente- está siempre en nuestra barca, la barca de la humanidad sacudida por las tormentas, pero portadora de esperanza.  

Por eso el título de este artículo: “De nuevo al misterio”, al misterio de la Eucaristía, al misterio de la presencia de Jesús crucificado, resucitado y viviente en medio de la Iglesia y de la comunidad humana.  

El Cardenal Martini, va recorriendo muchos de los matices de este Misterio central: Jesús siempre vivo, actúa por nosotros, entre nosotros y a favor de todos; la Eucaristía un manantial impetuoso de justicia; la Eucaristía hace la Iglesia: cuerpo eucarístico y cuerpo eclesial; el domingo, el día por excelencia, el espíritu de adoración que nace en la celebración; la fuente del amor de la Iglesia a la ciudad, la resonancia política del poder de Cristo; en el dinamismo del amor -del amor pascual- brota la esperanza… hasta el día que nos sentemos a la mesa con Dios. 

La Santa Misa es mucho más que una costumbre, una tradición, una devoción, un mandato, una ceremonia ritual, una oración… La Misa, Eucaristía (Acción de gracias), es un misterio, un signo, un símbolo, un sacramento que transmite a la comunidad creyente y a cada uno de sus miembros la confianza de que Jesucristo resucitado vive para siempre en medio de nosotros y nos une a Dios Padre y a los hermanos con el Espíritu de fe, de amor y de esperanza. 

*Sobre este misterio, hay varios artículos en el blog: “El sabor de las obleas” “Creo, pero no voy a misa” “Comprendiendo lo que se puede comprender del misterio” “Energía espiritual, renovable e inagotable” “Mejor presencial que por T.V.” 

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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En nuestra tertulia del 15 de febrero, tuvimos el regalo de conversar con el Padre Arturo Sosa, S.J., general de los jesuitas en el mundo. A raíz de su presencia y de lo que nos dijo, consideramos estimulante traer a nuestro blog “en vivo y en directo”, las manifestaciones de algunos de nosotros.

Exjesuitas en tertulia, Febrero 22, 2024
Exjesuitas en tertulia, Febrero 22, 2024
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