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Juan Laureano Gomez

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Entrene su cerebro y, de paso, adelgace el impulso.

No todas las dietas empiezan en el plato. Algunas comienzan en la mente. Antes de que la mano busque una galleta, antes de que la ansiedad nos lleve a abrir la nevera sin hambre verdadera, suele haber un instante breve, casi imperceptible, cuando el impulso todavía puede ser educado. Ese instante es el terreno de la dieta de los números.

La expresión, por supuesto, no pretende reemplazar ninguna dieta médica, nutricional o deportiva. Es más bien una alegoría: así como se puede adelgazar el cuerpo mediante mejores hábitos, también se puede adelgazar el impulso mediante una práctica sencilla de atención, cálculo y disciplina interior.

Hace un buen tiempo he venido haciendo un ejercicio mental que encuentro muy provechoso, consistente en tomar dos dígitos del uno al diez y sumarlos, para luego sumar a este resultado el segundo número de los dos primeros. 

El procedimiento puede parecer elemental, pero precisamente allí reside su virtud. Si comienzo con 8 y 9, obtengo 17. Luego sumo 9 y llego a 26. Después sumo 17 y llego a 43. Luego sumo 26 y alcanzo 69, para después llegar a 112 y luego a 189. Y así sucesivamente. El desafío es llegar a sumar números de al menos 7 dígitos (millones). 

Una de las técnicas consiste en imaginar un tablero en el cual (mentalmente) se harán las sumas, pero si acude al tablero mental es mejor estar quieto y cerrar los ojos para aumentar la concentración. La mente debe recordar los dos últimos números, ejecutar la suma y evitar perder el hilo. Es una pequeña gimnasia cerebral, discreta y portátil, que se puede practicar esperando una cita, antes de dormir o en cualquier momento en que convenga ocupar la mente en algo ordenado.

Y así como el ejercicio físico entrena el cuerpo (y también el ejercicio espiritual fortalece el espíritu, como decía San Ignacio de Loyola), el cálculo mental entrena el cerebro y ayuda a regular impulsos, ansiedad y hábitos. 

Los beneficios mentales son múltiples: (i) entrena la memoria de trabajo, pues obliga a retener números anteriores mientras se calcula el siguiente; (ii) mejora la concentración, ya que exige atención sostenida y evita que la mente divague; (iii) agiliza el cálculo mental, fortaleciendo rapidez y precisión aritmética; (iv) estimula la flexibilidad cognitiva, al cambiar constantemente de referencia entre el último resultado y el número previo; (v) calma la mente, porque funciona como una forma de meditación activa al enfocar la atención en una tarea simple y repetitiva; (vi) fortalece la disciplina mental, especialmente si se practica con regularidad; y (vii) controla la imaginación —esa “loca de la casa”, como decía Santa Teresa de Ávila— al ocupar la mente en una secuencia ordenada y así, sirve de distracción saludable frente a la ansiedad, antojos o pensamientos repetitivos.

En ese sentido, la dieta de los números no consiste en quemar calorías como quien sube una montaña o corre una maratón. Su utilidad es más humilde y quizá más interesante: interponer una pausa entre el deseo y la acción. El antojo, así como muchas otras situaciones en que nos alteramos, no necesita una gran batalla; necesita que le cambiemos el escenario durante unos minutos, o incluso, segundos. Si la mente se engancha en una secuencia numérica, el impulso pierde protagonismo. No desaparece por arte de magia, pero deja de ser el dueño absoluto de la conducta.

Además, hay una enseñanza práctica: no siempre podemos controlar que aparezca la ansiedad, o se presenten situaciones inesperadas e incómodas, pero sí podemos entrenar la manera de reaccionar. La suma mental actúa como una pequeña baranda. No elimina el vacío, la tensión o el cansancio, pero ofrece un punto de apoyo. Y a fuerza de repetirlo, ese punto de apoyo se vuelve hábito.

Y otro beneficio adicional, aunque probablemente menor, pero no por eso despreciable como parte de un conjunto de actitudes, es el consumo de glucosa que se activa en el cerebro con el ejercicio mental. El cerebro, ciertamente, es un órgano de alto consumo energético. Sin embargo, conviene decirlo con prudencia: hacer cálculos no reemplaza el movimiento físico ni una alimentación equilibrada. Lo valioso de este ejercicio no está tanto en las calorías que pueda gastar, sino en la disciplina que puede despertar. Por eso, más que una fórmula milagrosa para adelgazar, es una invitación a entrenar la mente para adelgazar el impulso.

La próxima vez que aparezca un antojo, ensaye esto: escoja dos números, súmelos, continúe la secuencia durante tres o cinco minutos y observe qué ocurre. Tal vez el hambre siga allí, y entonces habrá que atenderla con sensatez. Pero tal vez descubra que no era hambre, sino ansiedad disfrazada; no era necesidad del cuerpo, sino ruido de la mente. Y para el ruido de la mente, a veces, un número bien puesto vale más que un sermón.

En conclusión: no se adelgaza simplemente haciendo sumas, pero sí se puede empezar a adelgazar aquello que muchas veces engorda primero: el impulso automático. Entrene su cerebro, ordene su atención y convierta los números en una dieta breve, silenciosa y disponible a cualquier hora.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

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En el Día del Padre mis hijas me pidieron que definiera la paternidad en tres palabras. No tuve que pensarlo demasiado. Respondí: misterio, gozo y deber. 

Misterio, porque nada prepara del todo al hombre para verse clonado y continuado en otra vida, en un ser irrepetible. Podemos conocer la biología, explicar el origen de la vida y entender sus mecanismos; aun así, la llegada de un hijo conserva algo de asombro sagrado, de milagro terrestre, de don recibido de Dios antes que merecido.

Gozo, porque hay alegrías que se celebran y otras que se instalan para siempre en el alma. Fui padre casi a los 42 años, y tal vez por eso llegué a la paternidad con cierta conciencia del camino recorrido, con la posibilidad de comparar amores, intensidades y pérdidas. Ningún gozo me ha parecido tan hondo como ese amor que no calcula, que no exige devolución, que simplemente se entrega ante la existencia frágil y luminosa de un hijo.

Y deber, porque ese mismo amor no es solo ternura: también es responsabilidad. Un hijo llega indefenso, dependiente, abierto al mundo como una pregunta. Ante él, el padre descubre que amar no consiste únicamente en sentir, sino en permanecer; no solo en abrazar, sino en cuidar; no solo en hablar, sino en dar ejemplo cuando las palabras ya no alcanzan.

Cada padre, desde su propia historia, escogerá palabras distintas: amor, entrega, paciencia, ejemplo, ternura, acompañamiento, cuidado, guía, esperanza, responsabilidad o renuncia. Todas, de algún modo, orbitan alrededor de la misma verdad: cuando el amor ocupa el centro, la paternidad deja de ser una condición biológica para convertirse en una forma de vida. Entonces la entrega aparece como el deseo de dar lo mejor de sí; la paciencia, como el arte de esperar sin abandonar; la ternura, como el complemento necesario de la autoridad; la guía, como la delicada tarea de orientar sin imponer; y la renuncia, como la disposición silenciosa de dar la vida por el otro.

La familia encuentra en el hijo un centro que desplaza el egoísmo y obliga a mirar más allá de uno mismo. Padre y madre, con sus diferencias, convergen alrededor de esa vida nueva que reclama presencia, tiempo y sacrificio. Sin embargo, vivimos en una época en la que traer hijos al mundo parece cada vez más difícil. No solo por falta de voluntad, sino por presiones económicas, exigencias laborales, incertidumbre cultural y una idea de libertad que a veces se confunde con la ausencia de vínculos. En muchas sociedades prósperas, la familia numerosa se vuelve excepción, y la maternidad y la paternidad se aplazan, se calculan o se temen.

A esa transformación se suma otra, más profunda y quizá más inquietante: la tecnológica y su impacto en la cultura. La inteligencia artificial, los robots y las nuevas formas de reproducción podrían alterar no solo el trabajo o la economía, sino también nuestra comprensión de la familia. Cabe preguntarse si algún día la sociedad aceptará hijos diseñados, administrados o educados por sistemas impersonales, como en ciertas distopías literarias donde la vida nace separada del hogar y la crianza se convierte en función del Estado. Si ese mundo llegara a materializarse, palabras como misterio, gozo y deber correrían el riesgo de desdibujarse. Pero incluso entonces, seguiremos siendo humanos a pesar de las transformaciones culturales y tecnológicas, y algo esencial perdurará. Porque la paternidad, en su forma más verdadera, no es posesión ni proyecto ni cálculo: es amor que recibe, amor que cuida y amor que permanece.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

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En la última tertulia de 2025, nuestro grupo decidió compartir Temores y Esperanzas de cada uno a nivel Global, Regional, local o personal. Compartimos con nuestros lectores algunas de las presentaciones escritas y/o en video de lo que fue una nueva sesión de apertura, sinceridad y fraternidad de los miembros de nuestra tertulia.

Para disfrutar de este video, por favor haz click en el enlace siguiente: https://youtu.be/qQMFntksq_s

Exjesuitas en tertulia. Diciembre 18, 2025

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No comer adecuadamente es un riesgo directo a la salud y al bienestar.

Con frecuencia leemos y oímos que en la comida cuenta lo que comemos, la cantidad y el horario.  Poco oímos hablar de cómo comemos. El qué comemos se refiere a la calidad, es decir, eliminar los productos ultra procesados, el azúcar, la leche y concentrarse en productos naturales, tales como frutas, verduras, leguminosas y tubérculos; en cuanto a las carnes, preferir aves, pescado y cerdo. Las carnes rojas tienen mayor concentración de purina que puede generar ácido úrico en la sangre y la leche contiene lactosa y caseína que son usualmente inflamatorios.

El cómo, es considerar que la digestión empieza en la boca donde se trituran los alimentos y se ensalivan, lo cual les añade las enzimas digestivas, facilitadoras del proceso de asimilación. La trituración del alimento en la boca mediante el masticado facilita la absorción de los nutrientes en el estómago, donde la barrera intestinal bloquea el paso de micronutrientes (vitaminas y otros) mayores a 1 nanómetro (una diez millonésima parte de un centímetro). Mayor absorción, mayor nutrición y menos desecho que recarga el sistema digestivo.

¿Cuántas veces debería masticarse cada bocado de comida? Algunos recomiendan 30 veces, pero dependerá del tipo de comida; un pedazo de carne requerirá mayor trituración que un pedazo de papaya.

El cuándo se refiere a los horarios de las comidas, necesarios, principalmente, para que el estómago tenga tiempo para procesar las comidas y no se recargue (estrés). Y el cuánto es la cantidad de comida. Idealmente deberíamos comer cantidades equivalentes en cada comida cada día, con lo cual el estómago establece su rutina facilitadora del proceso.

Como vemos, el cómo y el cuándo están muy relacionados, así como el qué y el cuánto. El desayuno es la principal comida, pues llevamos entre 8 y 10 horas sin consumir alimentos y necesitamos nutrición y energía para emprender las tareas diarias. Se trata, en fin, de racionalizar el proceso digestivo, vital en el mantenimiento de la vida. Los antiguos ascetas promovían el ayuno y “comer más para atajar la muerte que para prolongar la vida”, indicando disciplina y austeridad, valores dignos de promoción, sin llegar a extremos.

Personalmente creo en el ayuno entendido como no comer fuera de los horarios de comida (el cuándo) establecidos racionalmente, o cuando el médico lo ordene o permita.

Podemos figurar el cuerpo humano como una casa de cinco pisos: el primero son pies y piernas (permiten la movilidad), el segundo es la zona genital o reproductiva alrededor de la pelvis, el tercero y central es el estómago, el cuarto el corazón y los pulmones, y quinto la cabeza (cerebro, ojos, oídos, nariz y boca). No en valde el corazón está en el centro. Y, cierto, sin respirar morimos en minutos y por eso respiramos en piloto automático. Ahora, sin comer también morimos, pero el proceso es lento y tenemos tiempo de reflexionar y planificar los hábitos alimenticios. Sí, todo esto son perogrulladas, pero si no les ponemos atención, pagaremos un alto precio en salud y bienestar, que son las más valiosas de las riquezas.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2025

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La tertulia que tuvimos sobre la vida del pensionado me recordó anoche, que buscando música me encontré con la canción Cinco centavitos de felicidad cantada por Julio Jaramillo y que empieza diciendo: “Quiero comprarle a la vida cinco centavitos de felicidad”. 

Al final de la vida podemos ir haciendo el balance de que tan felices fuimos y si todavía nos queda chance para seguirlo siendo. De mi parte, satisfacer mis necesidades ocupó gran parte de mi tiempo y satisfacerlas siempre consideré como la felicidad. Excepto que hubo raticos de a “cinco minuticos” que viví la euforia, pero pasajera y efímeras, como todo. Queda la satisfacción de la familia y los logros profesionales, con las usuales limitaciones de todo lo que hacemos.

Pero la actitud de los “cinco minuticos” se torna dramática respecto de las adiciones y vicios en general. Pensemos en la cocaína donde, gracias al incremento de su producción en Colombia, el consumo en USA se ha disparado por los bajos precios combinados con una mayor pureza.

Quizá la mayor adición del humano de hoy es el azúcar, con un gran aumento de la obesidad en el mundo entero y sus consecuentes efectos en enfermedades como la diabetes y según muchos expertos, el cáncer. Sigo creyendo que lo más difícil de controlar para los humanos es la boca, tanto en lo que hablamos como en lo que comemos. Arriba en la cabeza tenemos las entradas al cerebro por los ojos, oídos, nariz, y boca. La perdición puede entrar por la nariz (como con la cocaína) y por la boca (el exceso de azúcar). Pero, también lo que hablamos nos puede perder y mucho.

En cuanto a la cocaína se calcula que el número de consumidores en USA se incrementó en cerca del 30% entre los años 2020 y 2024, hasta llegar al 2.4% de la población adulta, o unos 6.2 millones de personas, mientras el precio promedio del gramo de cocaína disminuyó desde US$120 en 2019 a cerca de US$70 en 2024, aproximadamente 40% menos. Por otra parte, la pureza de la droga se estima haberse incrementado en unos 10 puntos porcentuales para llegar al 88% en el 2024. Se calcula que el 84% de la cocaína consumida en USA proviene de Colombia. Con todo lo anterior no es de extrañar la descertificación de Colombia en la lucha contra el tráfico de drogas. 

Para empeorar las cosas, de acuerdo con la DEA, desde el 2019 se le está añadiendo fentanilo a la cocaína, (más del 25% de las muestras de cocaína analizadas en 2024 contenían fentanilo u otros opioides sintéticos) y, el fentanilo es 50 veces más potente que la heroína; bastan 3 consumos de fentanilo para convertir al consumidor en adicto. La mezcla de las dos drogas también provoca sobredosis inesperadas en ciertos usuarios.

Qué bueno buscar nuestros cinco minuticos de felicidad, pero se cae de su peso, no en lo que nos pierda y destruya. La canción mencionada lo aclara todo: “Quiero comprarle a la vida / cinco centavitos de felicidad / Quiero tener yo mi dicha / pagando con sangre y con lágrimas … / (aunque) … viva un infierno y tenga que llorar…” 

Juan Laureano Gómez

Octubre, 2025

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El jueves 3 de julio pasado escogimos como tema de nuestra tertulia semanal intercambiar y enriquecernos con las experiencias como migrantes de muchos de nosotros que hemos vivido más de cinco años en algún otro país. Presentamos hoy una de las participaciones individuales durante la tertulia.

Exjesuitas en tertulia – 3 de Julio, 2025- Juan Laureano Gómez desde Montería, Colombia

Mi primer viaje al exterior fue recién salido del juniorado en 1968. Uno de mis hermanos mayores vivía entonces en New Yok y cuatro años atrás cuando él se retiraba de la compañía me dijo poco antes de subir al avión: si algún día quieres viajar a los EE.UU. allá te espero. Así que poco antes de salir de la compañía le escribí y me mandó los tiquetes. A mis veinte años fue mi primer vuelo, y a la gran manzana.

Mi hermano vivía en Queens y el primer paseo de rigor fue visitar Manhattan. Cruzar el Brooklyn Bridge una mañana de agosto en pleno verano, admirar el skyline y luego recorrer las calles me dejaron sin respiración. La distancia era grande entre mi pueblo natal Charalá y los rascacielos Neoyorkinos.

Completé casi dos años en ese mi primer viaje, aprendí el inglés y un poco de contabilidad, y me quedó una gran admiración por los valores de la democracia, los derechos humanos y la libertad. Disfruté mucho de los museos y la vida cultural de la gran ciudad, aprovechando al máximo los beneficios de la visa de estudiante que permitía descuentos en muchas actividades. En el Centro de Estudiantes Internacionales se ofrecían eventos y entradas gratis con buena frecuencia y, mejor que todo, un tutor personal gratis para mejorar la conversación. En mis charlas con el tutor, un voluntario ya en uso de buen retiro, comenté que mi país Colombia era un país pobre y su respuesta fue: “Todos, países o personas, somos o fuimos pobres”

Cuando regresé a Colombia empecé a trabajar con un banco internacional, y después de cinco años trabajé como auditor viajando por Latino América por casi un año. Hacíamos auditoría de las sucursales del banco en la región. La gerencia de la oficina que visitábamos nos atendía muy bien con cena de despedida y los fines de semana visitábamos los sitios de interés, de los cuales recuerdo particularmente Machu Pichu y el Tigre en Buenos Aires. Pero era fatigante estar viajando continuamente sin un hogar fijo y se acentuaba la soledad y el desarraigo.

Luego fui asignado por el banco a Bolivia, donde trabajé nueve largos años. Siempre me cuestionaba cómo un país mayoritariamente indígena era manejado por una minoría blanca. Un policía de tránsito de origen indígena salía usualmente mal parado en una discusión por infracciones de tránsito con una persona de mayor rango social. Recién llegado imperaba la dictadura del General Banzer y todo parecía estable, pero antes de dos años, los problemas sociales desembocaron en inestabilidad política y numerosos golpes de estado.  

En los nueve años de mi vida en Bolivia, hubo 10 presidentes, de los cuales solo uno fue producto de una elección popular. Creo fue el golpe del coronel Alberto Natuch (1979) que duró menos de un mes en el poder, el que más recuerdo, pues los aviones de guerra sobrevolaban la plaza principal de Cochabamba, a escaso metros de la oficina del banco, donde apresuradamente resguardábamos todo en la bóveda para abandonar el banco. Era usual en los golpes de estado que quien encabezaba la rebelión amenazaba la guarnición local esperando el pliegue del comandante local a la naciente revolución. La oficina del banco se había inaugurado el año anterior y yo fui el primer gerente de operaciones, y confieso que nunca en mi vida tuve que trabajar tanto como en esa apertura y puesta en marcha.

Al final, hasta los golpes de estado y las marchas sobre las ciudades, cuando los mineros entraban reventando tacos de dinamita (cachorros), se volvieron rutina. Pero el deterioro económico generó una hiperinflación del 11.750 % en el año 1985. En el banco los salarios se duplicaban cada semana en línea con las subida de precios en los almacenes. El desempleo y las ollas de los pobres pululaban en la ciudad. Una cena con vino nacional en el mejor hotel de la ciudad valía solo US$2.

Desde La Paz viví la toma del palacio de justicia en Bogotá y la tragedia de Armero (6 y 13 de noviembre de 1985, respectivamente). Un mensajero del banco de marcado origen indígena me decía: “es castigo de Dios”, se refería a las malas noticias desde Colombia por la guerrilla y el narcotráfico. 

Con la colonia colombiana organizamos en La Paz el banquete del millón por Armero. Asistieron el recién elegido presidente de la República, sus ministros y comandantes. En la oficina del banco vendí boletas a muchos de los clientes: eran tan solo us$10 por persona, muy caro por la inflación rampante. En la colonia me escogieron para ser el presentador del banquete, hubo subasta de arte y se recolectaron varios miles de dólares que entregamos al Minuto de Dios en Bogotá.

Bolivia tiene una geografía muy variada y hermosa: el nevado del Illimani, notoriamente visible desde La Paz; el lago Titicaca donde era frecuente ir a almorzar el domingo; y el viaje desde la Paz hacia los Yungas en la cuenca del Amazonas por la carretera de la muerte (desde los 4.650 metros de altura); el valle de Cochabamba y el viaje desde la ciudad al Chapare (también en la cuenca del Amazonas); y el valle de Santa Cruz de la Sierra y las selvas de Trinidad limitando con el Brazil. Cerca de la ciudad de El Beni (capital de la provincia de Trinidad), está el río Mamoré que unido al río Beni hacen el río Madeira, uno de los mayores afluentes del Amazonas. Allí se aprecian la vista del ñandú en las sabana y la subienda de pescado en el Mamoré. 

El 1 de abril de 1986, diez años exactos después de salir a viajar por Latino América, regresé a Colombia, hasta el año 2001 en que fui a trabajar por casi ocho años en Miami. En el interino tuve numerosos viajes a EE. UU., sobre todo a San Francisco donde operaba la casa matriz del banco y un centro de entrenamiento internacional, donde tuve la suerte de tomar dos cursos de 3 meses cada uno, antes que el advenimiento del internet convirtiera el entrenamiento al modo virtual. Entre los restaurantes de San Francisco “the Cliff House” (la casa en el acantilado, cerrado en el 2020), tenía una vista espectacular sobre el océano pacífico.

El trabajo en Miami entre 2001 y 2008 me permitió proveer a mis hijos con una educación bilingüe, amén que mi esposa estudió dos años de nutrición a nivel técnico, para todos estudios de mucha utilidad. Mi esposa también inició sus clases de cocina entre los vecinos de Key Biscayne, donde tuvimos la suerte de vivir, y donde vivimos experiencia muy positivas. Digo que en ninguna otra parte viví tan sabroso como allá, en lo laboral, las relaciones humanas, y el ambiente en general.  

En lo negativo, a poco tiempo de llegar, vivimos la experiencia de septiembre 11 y su impacto en la polarización de la sociedad que aún hoy persiste, incluyendo las subsecuentes guerras de nunca acabar.

Por trabajo, por estudio y por placer (especialmente cultural), vivir en el exterior por 20 años, fue de lo mejor que me ha sucedido. Y el mejor consejo en el exterior: en Roma vive como los Romanos, es decir, haz lo que veas, y, en caso de duda: genuflexión.

JUAN L. GOMEZ C.

Julio, 2025

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La hermandad entre un grupo de exjesuitas que convivimos en nuestras etapas iniciales de formación espiritual y humanística en el Noviciado y Juniorado de la Compañía de Jesús en Colombia, hace más de 50 años, puede explicarse por muchos factores profundamente humanos, espirituales y culturales. En esa sesión especial de nuestro grupo, 13 voluntarios compartimos esos recuerdos y sobre todo los aprendizajes que nos quedaron para la vida de esa hermosa e intensa experiencia. Compartimos en estos próximos días las contribuciones individuales de ese día para aquellos lectores que no tuvieron el tiempo suficiente de escuchar la sesión completa, ya publicada hace pocos días.

Exjesuitas en tertulia, 29 de Mayo, 2025

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Coincidiendo nuestra tertulia del 1 de Mayo con la fiesta internacional del trabajo, decidimos centrar nuestra tertulia de ese día en un aporte voluntario de los participantes de las reflexiones que cada uno hizo sobre experiencias positivas y las más desafiantes de sus historias individuales en el mundo del trabajo. Esta perspectiva de un grupo de amigos, ya jubilados casi todos, sobre la riqueza del trabajo y su conexión con la educación, ahora desde una perspectiva más madura y objetiva, la queremos compartir poco a poco en las próximas ediciones de este blog como nuestra contribución para los lectores.

Exjesuitas en tertulia- 1 de Mayo, 2025

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Se puede dividir la vida en partes. Una primera son las relaciones y las hay hasta de cuatro tipos: unas llegan, otras se van, unas nunca llegaron, y otras nunca se van. 

En la última categoría (las que nunca se van), cuenta que “la cercanía no queme, ni que la distancia congele”. Ahí pueden clasificar las relaciones matrimoniales de muchos años y las que tienes con los hijos, ya grandes e independientes. También con los conocidos cercanos: de alguna manera nos acompañarán mientras estemos vivos. 

Las que llegan son el primer día del colegio, el primer novio, el primer empleo, la primera montada en avión, el primer viaje al exterior y, puede ser también, el primer puñetazo que nos dan o el que damos. También son importantes las que establecemos cuando encontramos lo que realmente queremos hacer y eso coincide con el empleo. Y todavía más importante aún, la que sellamos el día de la boda, “para toda la vida”, y cuando nos encontramos con el primer hijo que siempre fue un niño dios, o con la primera hija, una luna grande y dorada que nos alumbra en un inmensa playa. Y la que estableces con tu casa, fruto de tus primeros ahorros. 

Las que se van, cuando las personas cercanas van muriendo una a una, como desgranándose. Al final todos en silencio, presintiendo el más allá. A veces de la mano de alguien cercano que tiembla más que el muerto. Usualmente, la muerte es primero gradual y luego súbita, tal como las quiebras económicas, las separaciones, e incluso los grandes conflictos como las guerras que se van incubando poco a poco. Estas son las relaciones que se van, que se pierden. Pero también hay muertes sin preaviso, aviones que se caen, carros que se estrellan, locuras que se desencadenan. Y de todas esas ausencias, algo queda vivo en uno.

Las que nunca vinieron son el pasado imposible de rehacer, o cuando estérilmente imaginamos lo que pudo haber sido, creyéndolo mejor de lo que realmente fue, cuando en verdad lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado y fue por tanto lo mejor.

Una segunda parte de la vida es la “finiquitud”, porque cada día vivido es un día menos de vida y cada nuevo segundo entierra el segundo anterior; en todo ello está implícita la limitación innata de nuestra naturaleza. Y todo esto sucede rápidamente, al menos mientras estemos ocupados, o lentamente cuando el dolor físico o mental nos frena. El dolor es el campanazo de nuestra “finiquitud”.

Y una tercera parte de la vida es la trascendencia. No en valde tenemos religiones desde que tenemos registro de lo humano. Curiosamente, la mayor concentración de humanos se da en la India en el festival religioso Kumbh Mela donde, cada 12 años, millones de personas se bañan en los ríos sagrados Ganges, Yamuna y Saravasti para purificarse de los pecados y acercarse a la liberación espiritual, (salir del ciclo de reencarnaciones). Para este pasado 29 de enero se cree que se congregaron unas 100 millones de personas, durante 45 días. Entre cristianos y musulmanes también hay grandes peregrinaciones como el año santo y la visita anual a la Meca, respectivamente.

Las religiones, como la energía, no se acaban, se transforman, pero muy lentamente. Hoy, de manera permanente, la gente se congrega para el deporte, la música y el arte en general, y en todas esas actividades buscamos emociones para trascender por raticos, lo máximo a que podemos aspirar en este mundo, sin que eso impida que la trascendencia sea un impulso fundamental del accionar humano…, en el trabajo, en la familia, en el deporte, en la política…

Con todo y sus partes, la vida es una sola. Solo la compartimentalizamos para tratar de comprenderla mejor. Igual que el ser humano es uno solo, aunque lo dividamos en cuerpo y alma, o espíritu o mente.

Juan Laureano Gómez

Abril, 2025

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El jueves 6 de marzo tuvimos la idea de volver a encontrarnos para compartir un momento poético como el primero que tuvimos el año pasado. La particularidad fue que propusimos sacar algunos poemas del “baúl de los recuerdos” y nos llevamos muchas buenas sorpresas. En este blog iremos publicando a quienes en algún momento “cometieron” poesía, para el placer de todos.

Exjesuitas en tertulia- 6 de Marzo, 2025

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Nuestra tertulia del 6 de Febrero nos permitió compartir varias maneras diferentes de manejar el tiempo durante el tiempo posterior a la vida de trabajo profesional. Con sencillez y generosidad aprendimos unos de otros con ideas , rutinas y criterios originales utilizados en esta etapa de libertad con el tiempo y disfrute de nuestras familias y grupos de amigos. Compartimos con nuestros lectores varias intervenciones, con la certeza de colaborar quizás con nuevas iniciativas para sus propias realidades.

Juan Laureano Gómez- Exjesuitas en tertulia- 6 de Febrero, 2025

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Somos miles de millones de seres humanos interactuando en las redes sociales, un fenómeno nuevo que lleva las comunicaciones a un nivel jamás imaginado por quienes estamos por encima de los cincuenta años.

Con el nacimiento del Internet, desde el primer mensaje entre la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y el Instituto de Investigación de Stanford el 29 de octubre de 1969, se sentaron las bases de las redes sociales; pero fue recién a principios de este siglo, cuando plataformas como Facebook masificaron el intercambio de contenido entre grupos humanos. 

Entre las diez empresas más grandes del mundo por su valor de mercado, hay dos estrechamente relacionadas con las redes sociales: Google (el motor de búsqueda, YouTube, Gmail, Google Maps y Android) con más de 4.000 millones de usuarios (solamente YouTube pasa de 2.500 millones), y Meta (incluye plataformas como Facebook –2.100 millones- Instagram, WhatsApp -2.000 millones- y Messenger). 

El poder combinado de estas empresas y su capacidad para manipular información con fines comerciales, políticos e ideológicos o, hasta para espiar a los usuarios, está por encima de la comprensión del común de la humanidad, y solo sería comparable con el poder de las religiones para definir el destino de los pueblos.

Durante las cruzadas, en el año 1212, surgió una peregrinación masiva de niños europeos para llegar a Tierra Santa y liberar a Jerusalén de manos musulmanas. Aunque no fue aprobada formalmente por la Iglesia, ni contó con el apoyo de las monarquías de la época, fue inspirada por visiones y creencias religiosas. Terminó ciertamente en tragedia, pues la mayoría de los niños murió en el camino por el hambre y las enfermedades, mientras otros fueron vendidos como esclavos, sin lograr el objetivo. Hoy diríamos que fue una expresión de fanatismo religioso, aunque no es fácil juzgar el pasado con los criterios actuales.

Los jóvenes están expuestos a caer en ideologías extremas y todos estamos sujetos a manipulaciones con fines políticos y comerciales. Para empezar, las empresas mencionadas tienen ánimo de lucro, que está bien, porque así son sostenibles y, por tanto, generan ingresos por publicidad.

Cierto o no, hoy asignamos a las redes sociales un gran poder de convencimiento. Petro triunfó por las “bodegas” de informática donde se programaban ataques y apoyos; Elon Musk dirigió una campaña orientada a un millón de personas no dispuestas a votar en los estados claves para incidir en la elección de Trump; el Brexit tuvo manipulación rusa, el voto contra el referéndum por la paz en Colombia fue influenciado por las falsas noticias, etc… etc… 

El denominador común de todas estas afirmaciones es que la arena pública se ha trasladado a las redes sociales, y sus influenciadores (you tubers, podcasters, tik tokers, etc…), comandan audiencias millonarias. En el caso de Elon Musk, dueño de la plataforma X (antes Twitter), su influencia ha aumentado considerablemente después de la elección de Trump y ahora se siente con derecho a intervenir en todo lo humano y divino. Es tal la influencia que algunos lo llaman el verdadero presidente, y muchos políticos le temen y siguen sus indicaciones públicas y no sabemos si también las privadas. Una campaña negativa de Musk puede dar fácilmente al traste con la carrera política de un oponente (como lo fue Kamala Harris). Los mismos gobiernos se han vuelto dependientes de las redes sociales como vemos con Trump y Petro, que parecen mandar desde allí, sin dar descanso ni en los feriados.

El rápido desarrollo de las redes sociales como sistema de información errático y caótico ha favorecido la proliferación de noticias falsas que exacerban el inmediatismo de la sociedad de consumo. No hay tiempo ni base intelectual para filtrar, ordenar y asimilar tanta información circulante, promotora de cambios inmediatos y supuestamente fáciles de implementar.

Los pocos mecanismos de control desarrollados por la sociedad sobre los nuevos canales digitales, son desbordados. Cada uno expresa lo que quiere… impunemente. Son fenómenos sociales sin mayor control, en todas partes del mundo (una pandemia sin vacuna hasta ahora), con excepción de los regímenes totalitarios.

El mal uso de las redes sociales puede distorsionar y aun destruir el capital social de una nación, sobre todo si el fenómeno se acentúa por fallas en el sistema educativo, generadoras de un bajo coeficiente de inteligencia social. Los humanos somos seres sociales por naturaleza, pero eso no nos dota automáticamente del equilibrio necesario para interactuar con los demás. Por eso necesitamos un gran refuerzo mediante la educación (entre más temprano, mejor), para adquirir el sentido de lo comunitario, basado en el respeto a los otros y en el diálogo en busca del bien común, como el bien mayor. 

Yo confieso que soy un “comenoticias” principalmente de you tube y de los podcasts. Es una adición diaria: en la mañana el tema es las finanzas, y en la noche la geopolítica, para completar unas tres horas diarias; y, poco a poco, me he ido como encariñando con los personajes que me hablan y me cuestionan. De alguna forma, los temas y los personajes se vuelven amigos que generan usualmente gratitud, pero también angustia por la marcha de los negocios y del mundo en general.

Después de tantos años de trabajo en un banco, no puedo prescindir de ese mundo de las monedas, las tasas de interés y el valor de las acciones. Y por otras experiencias, veo con creciente curiosidad la marcha de las guerras con sus ofensivas, contraataques, exhibición de armas viejas y nuevas; y, sobre todo, de la pugna por la hegemonía mundial. Confieso, sin embargo, que ya no soporto más noticias sobre la destrucción de Gaza. 

Refiriéndose a la problemática del hombre moderno, con frecuencia se oye decir que “la vida ha perdido su sentido”; pero, más bien creo que “el sentido de la vida ha cambiado”. O así por lo menos se observa en los jóvenes. Nosotros crecimos en tiempos de más escasez y desarrollamos un “sentido”, que en su momento nos ayudó. Ahora todos tenemos celular y acceso a las redes sociales, donde mayoritariamente por algún consenso “mágico” se establece una “filosofía popular”, que da “sentido” a la vida.

Mis hijas tienen un podcast: “Dos Cabras Locas”. El nombre viene de cómo las llamaba la madre para corregirlas. Por tres años han batallado para ganar audiencias, con un esfuerzo considerable robado al tiempo libre que les dejan sus empleos. Yo no siempre las escucho, porque como dice la menor: “la audiencia esperada no son los adultos” o, diría yo: “el tema no es para cuchos”. Y, como es lógico, las diferencias generacionales se notan.

Estos fenómenos están cambiando el mundo aceleradamente y sin marcha atrás, y solo nos queda manejar el exceso de información evitando intoxicarnos, proteger a los menores con acompañamiento y pedagogía, y esperar un cambio para lo mejor, exigiendo a los gobiernos un mayor control. 

Juan Laureano Gómez

Febrero, 2025

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El discurso de posesión de Trump 2.0 insistió repetidamente, en el excepcionalismo americano, incluso ahora a nivel cósmico con el plan de conquistar el planeta Marte. 

Pero, sin duda, las limitaciones de la democracia americana y de su sistema económico se reflejan claramente en la misma selección de Trump por el pueblo americano, y en las decisiones políticas y económicas del nuevo gobierno.

¿Es el progreso económico signo de excepcionalismo? Los países del llamado primer mundo son más ricos que los del llamado tercer mundo y la brecha parece aumentarse progresivamente pues la riqueza genera más riqueza. Pero, también han sido esos mismos países ricos los causantes del colonialismo, de otras formas de imperialismo económico y, peor aún, de las dos guerras mundiales, y tantas otras en el pasado reciente. De tal forma que, si se consideran excepcionales por su riqueza, también lo serían por su ferocidad y demencia en la esclavitud, el colonialismo y la guerra. 

Cierto, también los vencidos se han recuperado relativamente rápido y el visitante de Tokio o Berlín, ciudades literalmente destruidas en la segunda guerra, no puede menos de admirarse ante las construcciones actuales en esas ciudades.

Hoy, como antes, el agravante es la carrera armamentista para defender el supuesto excepcionalismo, o, destino hegemónico, cuyo resultado puede ser el fin de la civilización. 

Un proverbio chino dice que hasta el más sabio se equivoca una en mil veces. Y si eso le pasa al más sabio, ¿cuántas veces nos equivocamos los demás? En todas partes se cuecen habas, y como decía Sancho Panza antes de referirse a las mismas habas: “No hay camino tan llano … que no tenga algún tropezón o barranco”.

No es exclusivo de los americanos considerarse excepcionales. En Colombia creemos que somos el país más violento de mundo; pero, nuestras guerras parecen juego comparadas con los horrores de las dos guerras mundiales, o, de las guerras actuales en Gaza y Ucrania. Otro ejemplo: mirando los datos de la informalidad en Colombia, yo pensaba que éramos los campeones, pero, estamos muy cerca del promedio mundial. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más del 60% de la población activa mundial, es decir, aproximadamente 2 mil millones de personas, obtienen sus medios de vida de la economía informal[i]. Si nos comparamos con Europa estamos mal, pero si nos comparamos con África estamos bien.

Y así en muchos otros aspectos. Podemos sobresalir en algo, pero nos quedamos cortos en otras áreas, y tanto a nivel individual como colectivo prima la mediocridad. Y si estamos por encima de la media ya podemos considerarnos afortunados. De hecho, en Colombia estamos por encima de la media en la mayoría de indicadores; y aunque en algunos estamos muy por debajo como la desigualdad económica, en otros como la cobertura en salud estamos entre los primeros. Y, ¿acaso la salud no tiene un costo económico? O, quizá no estamos calculando bien la desigualdad.

Por otra parte, es normal que cada país, e incluso cada individuo, se considere excepcional, con tal que no se lo crea mucho y quiera imponerse ante los demás. Más bien, la variedad de todos esos “excepcionalismos”, como reflejo de la diversidad, debería estimularnos a aceptarnos mejor y compartir con los demás y así sumar todas esas virtudes por el bien común. Al fin, como hoy se repite hasta la saciedad, solo tenemos un planeta para compartir y así sobrevivir en la mediocridad.

Porque, bien entendida, la mediocridad debería satisfacernos. Incluso una biografía típica, por ejemplo, la mía, bien podría titularse la historia de un mediocre, o más bien, historia de un mediocre con suerte. Cierto, a la suerte añadí la perseverancia.


[i] Un explorador de datos sobre la economía informal | Data Futures Exchange

Juan Laureano Gómez C.

Enero, 2025

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EL DIARIO

Por Juan Laureano Gomez
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Más que del diario vivir, hablemos de la utilidad de llevar un diario donde registremos nuestro diario vivir.

Casi todo en el diario vivir está relacionado con la convivencia con nosotros mismos y con lo demás, y en el esfuerzo por lograr el equilibrio entre el yo y lo otro. 

Y digo esto porque vivir bien con uno mismo (suena como si fuéramos dos, ¿el alma en el cuerpo, o, el cuerpo en el alma?), requiere (o al menos, es altamente recomendable) llevar un diario. Sí, un diario en al cual escribir como en una bitácora, ahora sí, el diario vivir.

Junto a la creación del lenguaje verbal, la invención de la escritura que remonta a la Mesopotamia y Egipto hace más de 5 000 años e inicialmente consistente en pictogramas y símbolos simples utilizados en las primeras formas de contabilidad de los registros económicos y administrativos, permitió la acumulación y transmisión de datos, base para un mayor desarrollo del conocimiento, la administración (organización social) y la cultura.

Hoy la ciencia de datos es uno de los pilares de la inteligencia artificial que rápidamente está transformando el mundo. 

Hoy también, los humanos seguimos obsesionados con escribir, ya no con lápiz y papel, sino en las redes sociales, WhatsApp, correo electrónico, etc… Todo lo que escribamos en estos nuevos medios es eterno como los diamantes, pues se almacena en medios electrónicos, y con la orden de un juez, o con la mera decisión del recipiente, pueden salir a la luz pública.

Por otra parte, algunos estudios señalan que, en promedio los adultos, gastan alrededor de 2 horas y media al día en redes sociales. En mi caso, el tiempo que dedico a escribir y escuchar o leer en las redes sociales (incluyendo los podcasts), es mucho mayor al tiempo dedicado a hablar con otros.

Así que cuando escribimos, estamos siguiendo una compulsión fundacional del ser humano, satisfaciendo la necesidad de comunicarse y abrirse así a los demás. De la abundancia del corazón habla la boca y, de esa misma abundancia también se escribe.

Podemos considerar dos tipos de diario: el biográfico, de gran ayuda para recordar tiempos pasados, y el mero registro de datos útiles para el vivir, sobre todo en el campo de la salud tanto física como mental. En mi caso personal me ha sido de gran utilidad registrar las reacciones de mi organismo a las medicinas y los alimentos y las mejoras o empeoramiento ante hábitos y o comportamientos que deseo eliminar o reforzar. Y todo lo anterior en el contexto del examen diario nutricional y espiritual (o mental).

Es decir, el diario como instrumento mental para el mejoramiento personal, a través de la reflexión diaria (de motivaciones, causas y efectos), basada en los hechos (datos) que se van registrando. Esforzarse por la mejora continua es el trabajo de todos para incrementar la esperanza de un futuro mejor.

Yo echo de menos no haber llevado un diario desde joven. De gran ayuda me serviría hoy para recordar y de alguna forma revivir tantas experiencias, y, por qué no, hasta escribir mi propia historia sin mayor esfuerzo. Me queda la imaginación, que seguramente basada en las experiencias olvidadas y en otros aprendizajes origine narrativas como esta.

Juan Laureano Gómez

Enero, 2025

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La primera tertulia de este nuevo año 2025 fue una oportunidad para que compartiéramos, entre amigos, el balance de nuestras reflexiones de resumen del año que terminó y la agenda para el año que comienza. La riqueza de las contribuciones y la espontaneidad de todos puede servir también para nuestros lectores y por eso decidimos compartirla hoy y en próximas entregas.

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