No comer adecuadamente es un riesgo directo a la salud y al bienestar.
Con frecuencia leemos y oímos que en la comida cuenta lo que comemos, la cantidad y el horario. Poco oímos hablar de cómo comemos. El qué comemos se refiere a la calidad, es decir, eliminar los productos ultra procesados, el azúcar, la leche y concentrarse en productos naturales, tales como frutas, verduras, leguminosas y tubérculos; en cuanto a las carnes, preferir aves, pescado y cerdo. Las carnes rojas tienen mayor concentración de purina que puede generar ácido úrico en la sangre y la leche contiene lactosa y caseína que son usualmente inflamatorios.
El cómo, es considerar que la digestión empieza en la boca donde se trituran los alimentos y se ensalivan, lo cual les añade las enzimas digestivas, facilitadoras del proceso de asimilación. La trituración del alimento en la boca mediante el masticado facilita la absorción de los nutrientes en el estómago, donde la barrera intestinal bloquea el paso de micronutrientes (vitaminas y otros) mayores a 1 nanómetro (una diez millonésima parte de un centímetro). Mayor absorción, mayor nutrición y menos desecho que recarga el sistema digestivo.
¿Cuántas veces debería masticarse cada bocado de comida? Algunos recomiendan 30 veces, pero dependerá del tipo de comida; un pedazo de carne requerirá mayor trituración que un pedazo de papaya.
El cuándo se refiere a los horarios de las comidas, necesarios, principalmente, para que el estómago tenga tiempo para procesar las comidas y no se recargue (estrés). Y el cuánto es la cantidad de comida. Idealmente deberíamos comer cantidades equivalentes en cada comida cada día, con lo cual el estómago establece su rutina facilitadora del proceso.
Como vemos, el cómo y el cuándo están muy relacionados, así como el qué y el cuánto. El desayuno es la principal comida, pues llevamos entre 8 y 10 horas sin consumir alimentos y necesitamos nutrición y energía para emprender las tareas diarias. Se trata, en fin, de racionalizar el proceso digestivo, vital en el mantenimiento de la vida. Los antiguos ascetas promovían el ayuno y “comer más para atajar la muerte que para prolongar la vida”, indicando disciplina y austeridad, valores dignos de promoción, sin llegar a extremos.
Personalmente creo en el ayuno entendido como no comer fuera de los horarios de comida (el cuándo) establecidos racionalmente, o cuando el médico lo ordene o permita.
Podemos figurar el cuerpo humano como una casa de cinco pisos: el primero son pies y piernas (permiten la movilidad), el segundo es la zona genital o reproductiva alrededor de la pelvis, el tercero y central es el estómago, el cuarto el corazón y los pulmones, y quinto la cabeza (cerebro, ojos, oídos, nariz y boca). No en valde el corazón está en el centro. Y, cierto, sin respirar morimos en minutos y por eso respiramos en piloto automático. Ahora, sin comer también morimos, pero el proceso es lento y tenemos tiempo de reflexionar y planificar los hábitos alimenticios. Sí, todo esto son perogrulladas, pero si no les ponemos atención, pagaremos un alto precio en salud y bienestar, que son las más valiosas de las riquezas.
Juan Laureano Gómez
Noviembre, 2025


1 comentario
Juan Laureano: Muchas gracias. Muy útil y muy cierto. Saludos. Hernando