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Juan Laureano gomez

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En el Día del Padre mis hijas me pidieron que definiera la paternidad en tres palabras. No tuve que pensarlo demasiado. Respondí: misterio, gozo y deber. 

Misterio, porque nada prepara del todo al hombre para verse clonado y continuado en otra vida, en un ser irrepetible. Podemos conocer la biología, explicar el origen de la vida y entender sus mecanismos; aun así, la llegada de un hijo conserva algo de asombro sagrado, de milagro terrestre, de don recibido de Dios antes que merecido.

Gozo, porque hay alegrías que se celebran y otras que se instalan para siempre en el alma. Fui padre casi a los 42 años, y tal vez por eso llegué a la paternidad con cierta conciencia del camino recorrido, con la posibilidad de comparar amores, intensidades y pérdidas. Ningún gozo me ha parecido tan hondo como ese amor que no calcula, que no exige devolución, que simplemente se entrega ante la existencia frágil y luminosa de un hijo.

Y deber, porque ese mismo amor no es solo ternura: también es responsabilidad. Un hijo llega indefenso, dependiente, abierto al mundo como una pregunta. Ante él, el padre descubre que amar no consiste únicamente en sentir, sino en permanecer; no solo en abrazar, sino en cuidar; no solo en hablar, sino en dar ejemplo cuando las palabras ya no alcanzan.

Cada padre, desde su propia historia, escogerá palabras distintas: amor, entrega, paciencia, ejemplo, ternura, acompañamiento, cuidado, guía, esperanza, responsabilidad o renuncia. Todas, de algún modo, orbitan alrededor de la misma verdad: cuando el amor ocupa el centro, la paternidad deja de ser una condición biológica para convertirse en una forma de vida. Entonces la entrega aparece como el deseo de dar lo mejor de sí; la paciencia, como el arte de esperar sin abandonar; la ternura, como el complemento necesario de la autoridad; la guía, como la delicada tarea de orientar sin imponer; y la renuncia, como la disposición silenciosa de dar la vida por el otro.

La familia encuentra en el hijo un centro que desplaza el egoísmo y obliga a mirar más allá de uno mismo. Padre y madre, con sus diferencias, convergen alrededor de esa vida nueva que reclama presencia, tiempo y sacrificio. Sin embargo, vivimos en una época en la que traer hijos al mundo parece cada vez más difícil. No solo por falta de voluntad, sino por presiones económicas, exigencias laborales, incertidumbre cultural y una idea de libertad que a veces se confunde con la ausencia de vínculos. En muchas sociedades prósperas, la familia numerosa se vuelve excepción, y la maternidad y la paternidad se aplazan, se calculan o se temen.

A esa transformación se suma otra, más profunda y quizá más inquietante: la tecnológica y su impacto en la cultura. La inteligencia artificial, los robots y las nuevas formas de reproducción podrían alterar no solo el trabajo o la economía, sino también nuestra comprensión de la familia. Cabe preguntarse si algún día la sociedad aceptará hijos diseñados, administrados o educados por sistemas impersonales, como en ciertas distopías literarias donde la vida nace separada del hogar y la crianza se convierte en función del Estado. Si ese mundo llegara a materializarse, palabras como misterio, gozo y deber correrían el riesgo de desdibujarse. Pero incluso entonces, seguiremos siendo humanos a pesar de las transformaciones culturales y tecnológicas, y algo esencial perdurará. Porque la paternidad, en su forma más verdadera, no es posesión ni proyecto ni cálculo: es amor que recibe, amor que cuida y amor que permanece.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2026

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En la última tertulia de 2025, nuestro grupo decidió compartir Temores y Esperanzas de cada uno a nivel Global, Regional, local o personal. Compartimos con nuestros lectores algunas de las presentaciones escritas y/o en video de lo que fue una nueva sesión de apertura, sinceridad y fraternidad de los miembros de nuestra tertulia.

Para disfrutar de este video, por favor haz click en el enlace siguiente: https://youtu.be/qQMFntksq_s

Exjesuitas en tertulia. Diciembre 18, 2025

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No comer adecuadamente es un riesgo directo a la salud y al bienestar.

Con frecuencia leemos y oímos que en la comida cuenta lo que comemos, la cantidad y el horario.  Poco oímos hablar de cómo comemos. El qué comemos se refiere a la calidad, es decir, eliminar los productos ultra procesados, el azúcar, la leche y concentrarse en productos naturales, tales como frutas, verduras, leguminosas y tubérculos; en cuanto a las carnes, preferir aves, pescado y cerdo. Las carnes rojas tienen mayor concentración de purina que puede generar ácido úrico en la sangre y la leche contiene lactosa y caseína que son usualmente inflamatorios.

El cómo, es considerar que la digestión empieza en la boca donde se trituran los alimentos y se ensalivan, lo cual les añade las enzimas digestivas, facilitadoras del proceso de asimilación. La trituración del alimento en la boca mediante el masticado facilita la absorción de los nutrientes en el estómago, donde la barrera intestinal bloquea el paso de micronutrientes (vitaminas y otros) mayores a 1 nanómetro (una diez millonésima parte de un centímetro). Mayor absorción, mayor nutrición y menos desecho que recarga el sistema digestivo.

¿Cuántas veces debería masticarse cada bocado de comida? Algunos recomiendan 30 veces, pero dependerá del tipo de comida; un pedazo de carne requerirá mayor trituración que un pedazo de papaya.

El cuándo se refiere a los horarios de las comidas, necesarios, principalmente, para que el estómago tenga tiempo para procesar las comidas y no se recargue (estrés). Y el cuánto es la cantidad de comida. Idealmente deberíamos comer cantidades equivalentes en cada comida cada día, con lo cual el estómago establece su rutina facilitadora del proceso.

Como vemos, el cómo y el cuándo están muy relacionados, así como el qué y el cuánto. El desayuno es la principal comida, pues llevamos entre 8 y 10 horas sin consumir alimentos y necesitamos nutrición y energía para emprender las tareas diarias. Se trata, en fin, de racionalizar el proceso digestivo, vital en el mantenimiento de la vida. Los antiguos ascetas promovían el ayuno y “comer más para atajar la muerte que para prolongar la vida”, indicando disciplina y austeridad, valores dignos de promoción, sin llegar a extremos.

Personalmente creo en el ayuno entendido como no comer fuera de los horarios de comida (el cuándo) establecidos racionalmente, o cuando el médico lo ordene o permita.

Podemos figurar el cuerpo humano como una casa de cinco pisos: el primero son pies y piernas (permiten la movilidad), el segundo es la zona genital o reproductiva alrededor de la pelvis, el tercero y central es el estómago, el cuarto el corazón y los pulmones, y quinto la cabeza (cerebro, ojos, oídos, nariz y boca). No en valde el corazón está en el centro. Y, cierto, sin respirar morimos en minutos y por eso respiramos en piloto automático. Ahora, sin comer también morimos, pero el proceso es lento y tenemos tiempo de reflexionar y planificar los hábitos alimenticios. Sí, todo esto son perogrulladas, pero si no les ponemos atención, pagaremos un alto precio en salud y bienestar, que son las más valiosas de las riquezas.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2025

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La tertulia que tuvimos sobre la vida del pensionado me recordó anoche, que buscando música me encontré con la canción Cinco centavitos de felicidad cantada por Julio Jaramillo y que empieza diciendo: “Quiero comprarle a la vida cinco centavitos de felicidad”. 

Al final de la vida podemos ir haciendo el balance de que tan felices fuimos y si todavía nos queda chance para seguirlo siendo. De mi parte, satisfacer mis necesidades ocupó gran parte de mi tiempo y satisfacerlas siempre consideré como la felicidad. Excepto que hubo raticos de a “cinco minuticos” que viví la euforia, pero pasajera y efímeras, como todo. Queda la satisfacción de la familia y los logros profesionales, con las usuales limitaciones de todo lo que hacemos.

Pero la actitud de los “cinco minuticos” se torna dramática respecto de las adiciones y vicios en general. Pensemos en la cocaína donde, gracias al incremento de su producción en Colombia, el consumo en USA se ha disparado por los bajos precios combinados con una mayor pureza.

Quizá la mayor adición del humano de hoy es el azúcar, con un gran aumento de la obesidad en el mundo entero y sus consecuentes efectos en enfermedades como la diabetes y según muchos expertos, el cáncer. Sigo creyendo que lo más difícil de controlar para los humanos es la boca, tanto en lo que hablamos como en lo que comemos. Arriba en la cabeza tenemos las entradas al cerebro por los ojos, oídos, nariz, y boca. La perdición puede entrar por la nariz (como con la cocaína) y por la boca (el exceso de azúcar). Pero, también lo que hablamos nos puede perder y mucho.

En cuanto a la cocaína se calcula que el número de consumidores en USA se incrementó en cerca del 30% entre los años 2020 y 2024, hasta llegar al 2.4% de la población adulta, o unos 6.2 millones de personas, mientras el precio promedio del gramo de cocaína disminuyó desde US$120 en 2019 a cerca de US$70 en 2024, aproximadamente 40% menos. Por otra parte, la pureza de la droga se estima haberse incrementado en unos 10 puntos porcentuales para llegar al 88% en el 2024. Se calcula que el 84% de la cocaína consumida en USA proviene de Colombia. Con todo lo anterior no es de extrañar la descertificación de Colombia en la lucha contra el tráfico de drogas. 

Para empeorar las cosas, de acuerdo con la DEA, desde el 2019 se le está añadiendo fentanilo a la cocaína, (más del 25% de las muestras de cocaína analizadas en 2024 contenían fentanilo u otros opioides sintéticos) y, el fentanilo es 50 veces más potente que la heroína; bastan 3 consumos de fentanilo para convertir al consumidor en adicto. La mezcla de las dos drogas también provoca sobredosis inesperadas en ciertos usuarios.

Qué bueno buscar nuestros cinco minuticos de felicidad, pero se cae de su peso, no en lo que nos pierda y destruya. La canción mencionada lo aclara todo: “Quiero comprarle a la vida / cinco centavitos de felicidad / Quiero tener yo mi dicha / pagando con sangre y con lágrimas … / (aunque) … viva un infierno y tenga que llorar…” 

Juan Laureano Gómez

Octubre, 2025

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Coincidiendo nuestra tertulia del 1 de Mayo con la fiesta internacional del trabajo, decidimos centrar nuestra tertulia de ese día en un aporte voluntario de los participantes de las reflexiones que cada uno hizo sobre experiencias positivas y las más desafiantes de sus historias individuales en el mundo del trabajo. Esta perspectiva de un grupo de amigos, ya jubilados casi todos, sobre la riqueza del trabajo y su conexión con la educación, ahora desde una perspectiva más madura y objetiva, la queremos compartir poco a poco en las próximas ediciones de este blog como nuestra contribución para los lectores.

Exjesuitas en tertulia- 1 de Mayo, 2025

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Se puede dividir la vida en partes. Una primera son las relaciones y las hay hasta de cuatro tipos: unas llegan, otras se van, unas nunca llegaron, y otras nunca se van. 

En la última categoría (las que nunca se van), cuenta que “la cercanía no queme, ni que la distancia congele”. Ahí pueden clasificar las relaciones matrimoniales de muchos años y las que tienes con los hijos, ya grandes e independientes. También con los conocidos cercanos: de alguna manera nos acompañarán mientras estemos vivos. 

Las que llegan son el primer día del colegio, el primer novio, el primer empleo, la primera montada en avión, el primer viaje al exterior y, puede ser también, el primer puñetazo que nos dan o el que damos. También son importantes las que establecemos cuando encontramos lo que realmente queremos hacer y eso coincide con el empleo. Y todavía más importante aún, la que sellamos el día de la boda, “para toda la vida”, y cuando nos encontramos con el primer hijo que siempre fue un niño dios, o con la primera hija, una luna grande y dorada que nos alumbra en un inmensa playa. Y la que estableces con tu casa, fruto de tus primeros ahorros. 

Las que se van, cuando las personas cercanas van muriendo una a una, como desgranándose. Al final todos en silencio, presintiendo el más allá. A veces de la mano de alguien cercano que tiembla más que el muerto. Usualmente, la muerte es primero gradual y luego súbita, tal como las quiebras económicas, las separaciones, e incluso los grandes conflictos como las guerras que se van incubando poco a poco. Estas son las relaciones que se van, que se pierden. Pero también hay muertes sin preaviso, aviones que se caen, carros que se estrellan, locuras que se desencadenan. Y de todas esas ausencias, algo queda vivo en uno.

Las que nunca vinieron son el pasado imposible de rehacer, o cuando estérilmente imaginamos lo que pudo haber sido, creyéndolo mejor de lo que realmente fue, cuando en verdad lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado y fue por tanto lo mejor.

Una segunda parte de la vida es la “finiquitud”, porque cada día vivido es un día menos de vida y cada nuevo segundo entierra el segundo anterior; en todo ello está implícita la limitación innata de nuestra naturaleza. Y todo esto sucede rápidamente, al menos mientras estemos ocupados, o lentamente cuando el dolor físico o mental nos frena. El dolor es el campanazo de nuestra “finiquitud”.

Y una tercera parte de la vida es la trascendencia. No en valde tenemos religiones desde que tenemos registro de lo humano. Curiosamente, la mayor concentración de humanos se da en la India en el festival religioso Kumbh Mela donde, cada 12 años, millones de personas se bañan en los ríos sagrados Ganges, Yamuna y Saravasti para purificarse de los pecados y acercarse a la liberación espiritual, (salir del ciclo de reencarnaciones). Para este pasado 29 de enero se cree que se congregaron unas 100 millones de personas, durante 45 días. Entre cristianos y musulmanes también hay grandes peregrinaciones como el año santo y la visita anual a la Meca, respectivamente.

Las religiones, como la energía, no se acaban, se transforman, pero muy lentamente. Hoy, de manera permanente, la gente se congrega para el deporte, la música y el arte en general, y en todas esas actividades buscamos emociones para trascender por raticos, lo máximo a que podemos aspirar en este mundo, sin que eso impida que la trascendencia sea un impulso fundamental del accionar humano…, en el trabajo, en la familia, en el deporte, en la política…

Con todo y sus partes, la vida es una sola. Solo la compartimentalizamos para tratar de comprenderla mejor. Igual que el ser humano es uno solo, aunque lo dividamos en cuerpo y alma, o espíritu o mente.

Juan Laureano Gómez

Abril, 2025

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Nuestra tertulia del 6 de Febrero nos permitió compartir varias maneras diferentes de manejar el tiempo durante el tiempo posterior a la vida de trabajo profesional. Con sencillez y generosidad aprendimos unos de otros con ideas , rutinas y criterios originales utilizados en esta etapa de libertad con el tiempo y disfrute de nuestras familias y grupos de amigos. Compartimos con nuestros lectores varias intervenciones, con la certeza de colaborar quizás con nuevas iniciativas para sus propias realidades.

Juan Laureano Gómez- Exjesuitas en tertulia- 6 de Febrero, 2025

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Somos miles de millones de seres humanos interactuando en las redes sociales, un fenómeno nuevo que lleva las comunicaciones a un nivel jamás imaginado por quienes estamos por encima de los cincuenta años.

Con el nacimiento del Internet, desde el primer mensaje entre la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y el Instituto de Investigación de Stanford el 29 de octubre de 1969, se sentaron las bases de las redes sociales; pero fue recién a principios de este siglo, cuando plataformas como Facebook masificaron el intercambio de contenido entre grupos humanos. 

Entre las diez empresas más grandes del mundo por su valor de mercado, hay dos estrechamente relacionadas con las redes sociales: Google (el motor de búsqueda, YouTube, Gmail, Google Maps y Android) con más de 4.000 millones de usuarios (solamente YouTube pasa de 2.500 millones), y Meta (incluye plataformas como Facebook –2.100 millones- Instagram, WhatsApp -2.000 millones- y Messenger). 

El poder combinado de estas empresas y su capacidad para manipular información con fines comerciales, políticos e ideológicos o, hasta para espiar a los usuarios, está por encima de la comprensión del común de la humanidad, y solo sería comparable con el poder de las religiones para definir el destino de los pueblos.

Durante las cruzadas, en el año 1212, surgió una peregrinación masiva de niños europeos para llegar a Tierra Santa y liberar a Jerusalén de manos musulmanas. Aunque no fue aprobada formalmente por la Iglesia, ni contó con el apoyo de las monarquías de la época, fue inspirada por visiones y creencias religiosas. Terminó ciertamente en tragedia, pues la mayoría de los niños murió en el camino por el hambre y las enfermedades, mientras otros fueron vendidos como esclavos, sin lograr el objetivo. Hoy diríamos que fue una expresión de fanatismo religioso, aunque no es fácil juzgar el pasado con los criterios actuales.

Los jóvenes están expuestos a caer en ideologías extremas y todos estamos sujetos a manipulaciones con fines políticos y comerciales. Para empezar, las empresas mencionadas tienen ánimo de lucro, que está bien, porque así son sostenibles y, por tanto, generan ingresos por publicidad.

Cierto o no, hoy asignamos a las redes sociales un gran poder de convencimiento. Petro triunfó por las “bodegas” de informática donde se programaban ataques y apoyos; Elon Musk dirigió una campaña orientada a un millón de personas no dispuestas a votar en los estados claves para incidir en la elección de Trump; el Brexit tuvo manipulación rusa, el voto contra el referéndum por la paz en Colombia fue influenciado por las falsas noticias, etc… etc… 

El denominador común de todas estas afirmaciones es que la arena pública se ha trasladado a las redes sociales, y sus influenciadores (you tubers, podcasters, tik tokers, etc…), comandan audiencias millonarias. En el caso de Elon Musk, dueño de la plataforma X (antes Twitter), su influencia ha aumentado considerablemente después de la elección de Trump y ahora se siente con derecho a intervenir en todo lo humano y divino. Es tal la influencia que algunos lo llaman el verdadero presidente, y muchos políticos le temen y siguen sus indicaciones públicas y no sabemos si también las privadas. Una campaña negativa de Musk puede dar fácilmente al traste con la carrera política de un oponente (como lo fue Kamala Harris). Los mismos gobiernos se han vuelto dependientes de las redes sociales como vemos con Trump y Petro, que parecen mandar desde allí, sin dar descanso ni en los feriados.

El rápido desarrollo de las redes sociales como sistema de información errático y caótico ha favorecido la proliferación de noticias falsas que exacerban el inmediatismo de la sociedad de consumo. No hay tiempo ni base intelectual para filtrar, ordenar y asimilar tanta información circulante, promotora de cambios inmediatos y supuestamente fáciles de implementar.

Los pocos mecanismos de control desarrollados por la sociedad sobre los nuevos canales digitales, son desbordados. Cada uno expresa lo que quiere… impunemente. Son fenómenos sociales sin mayor control, en todas partes del mundo (una pandemia sin vacuna hasta ahora), con excepción de los regímenes totalitarios.

El mal uso de las redes sociales puede distorsionar y aun destruir el capital social de una nación, sobre todo si el fenómeno se acentúa por fallas en el sistema educativo, generadoras de un bajo coeficiente de inteligencia social. Los humanos somos seres sociales por naturaleza, pero eso no nos dota automáticamente del equilibrio necesario para interactuar con los demás. Por eso necesitamos un gran refuerzo mediante la educación (entre más temprano, mejor), para adquirir el sentido de lo comunitario, basado en el respeto a los otros y en el diálogo en busca del bien común, como el bien mayor. 

Yo confieso que soy un “comenoticias” principalmente de you tube y de los podcasts. Es una adición diaria: en la mañana el tema es las finanzas, y en la noche la geopolítica, para completar unas tres horas diarias; y, poco a poco, me he ido como encariñando con los personajes que me hablan y me cuestionan. De alguna forma, los temas y los personajes se vuelven amigos que generan usualmente gratitud, pero también angustia por la marcha de los negocios y del mundo en general.

Después de tantos años de trabajo en un banco, no puedo prescindir de ese mundo de las monedas, las tasas de interés y el valor de las acciones. Y por otras experiencias, veo con creciente curiosidad la marcha de las guerras con sus ofensivas, contraataques, exhibición de armas viejas y nuevas; y, sobre todo, de la pugna por la hegemonía mundial. Confieso, sin embargo, que ya no soporto más noticias sobre la destrucción de Gaza. 

Refiriéndose a la problemática del hombre moderno, con frecuencia se oye decir que “la vida ha perdido su sentido”; pero, más bien creo que “el sentido de la vida ha cambiado”. O así por lo menos se observa en los jóvenes. Nosotros crecimos en tiempos de más escasez y desarrollamos un “sentido”, que en su momento nos ayudó. Ahora todos tenemos celular y acceso a las redes sociales, donde mayoritariamente por algún consenso “mágico” se establece una “filosofía popular”, que da “sentido” a la vida.

Mis hijas tienen un podcast: “Dos Cabras Locas”. El nombre viene de cómo las llamaba la madre para corregirlas. Por tres años han batallado para ganar audiencias, con un esfuerzo considerable robado al tiempo libre que les dejan sus empleos. Yo no siempre las escucho, porque como dice la menor: “la audiencia esperada no son los adultos” o, diría yo: “el tema no es para cuchos”. Y, como es lógico, las diferencias generacionales se notan.

Estos fenómenos están cambiando el mundo aceleradamente y sin marcha atrás, y solo nos queda manejar el exceso de información evitando intoxicarnos, proteger a los menores con acompañamiento y pedagogía, y esperar un cambio para lo mejor, exigiendo a los gobiernos un mayor control. 

Juan Laureano Gómez

Febrero, 2025

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El discurso de posesión de Trump 2.0 insistió repetidamente, en el excepcionalismo americano, incluso ahora a nivel cósmico con el plan de conquistar el planeta Marte. 

Pero, sin duda, las limitaciones de la democracia americana y de su sistema económico se reflejan claramente en la misma selección de Trump por el pueblo americano, y en las decisiones políticas y económicas del nuevo gobierno.

¿Es el progreso económico signo de excepcionalismo? Los países del llamado primer mundo son más ricos que los del llamado tercer mundo y la brecha parece aumentarse progresivamente pues la riqueza genera más riqueza. Pero, también han sido esos mismos países ricos los causantes del colonialismo, de otras formas de imperialismo económico y, peor aún, de las dos guerras mundiales, y tantas otras en el pasado reciente. De tal forma que, si se consideran excepcionales por su riqueza, también lo serían por su ferocidad y demencia en la esclavitud, el colonialismo y la guerra. 

Cierto, también los vencidos se han recuperado relativamente rápido y el visitante de Tokio o Berlín, ciudades literalmente destruidas en la segunda guerra, no puede menos de admirarse ante las construcciones actuales en esas ciudades.

Hoy, como antes, el agravante es la carrera armamentista para defender el supuesto excepcionalismo, o, destino hegemónico, cuyo resultado puede ser el fin de la civilización. 

Un proverbio chino dice que hasta el más sabio se equivoca una en mil veces. Y si eso le pasa al más sabio, ¿cuántas veces nos equivocamos los demás? En todas partes se cuecen habas, y como decía Sancho Panza antes de referirse a las mismas habas: “No hay camino tan llano … que no tenga algún tropezón o barranco”.

No es exclusivo de los americanos considerarse excepcionales. En Colombia creemos que somos el país más violento de mundo; pero, nuestras guerras parecen juego comparadas con los horrores de las dos guerras mundiales, o, de las guerras actuales en Gaza y Ucrania. Otro ejemplo: mirando los datos de la informalidad en Colombia, yo pensaba que éramos los campeones, pero, estamos muy cerca del promedio mundial. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más del 60% de la población activa mundial, es decir, aproximadamente 2 mil millones de personas, obtienen sus medios de vida de la economía informal[i]. Si nos comparamos con Europa estamos mal, pero si nos comparamos con África estamos bien.

Y así en muchos otros aspectos. Podemos sobresalir en algo, pero nos quedamos cortos en otras áreas, y tanto a nivel individual como colectivo prima la mediocridad. Y si estamos por encima de la media ya podemos considerarnos afortunados. De hecho, en Colombia estamos por encima de la media en la mayoría de indicadores; y aunque en algunos estamos muy por debajo como la desigualdad económica, en otros como la cobertura en salud estamos entre los primeros. Y, ¿acaso la salud no tiene un costo económico? O, quizá no estamos calculando bien la desigualdad.

Por otra parte, es normal que cada país, e incluso cada individuo, se considere excepcional, con tal que no se lo crea mucho y quiera imponerse ante los demás. Más bien, la variedad de todos esos “excepcionalismos”, como reflejo de la diversidad, debería estimularnos a aceptarnos mejor y compartir con los demás y así sumar todas esas virtudes por el bien común. Al fin, como hoy se repite hasta la saciedad, solo tenemos un planeta para compartir y así sobrevivir en la mediocridad.

Porque, bien entendida, la mediocridad debería satisfacernos. Incluso una biografía típica, por ejemplo, la mía, bien podría titularse la historia de un mediocre, o más bien, historia de un mediocre con suerte. Cierto, a la suerte añadí la perseverancia.


[i] Un explorador de datos sobre la economía informal | Data Futures Exchange

Juan Laureano Gómez C.

Enero, 2025

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EL DIARIO

Por Juan Laureano Gomez
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Más que del diario vivir, hablemos de la utilidad de llevar un diario donde registremos nuestro diario vivir.

Casi todo en el diario vivir está relacionado con la convivencia con nosotros mismos y con lo demás, y en el esfuerzo por lograr el equilibrio entre el yo y lo otro. 

Y digo esto porque vivir bien con uno mismo (suena como si fuéramos dos, ¿el alma en el cuerpo, o, el cuerpo en el alma?), requiere (o al menos, es altamente recomendable) llevar un diario. Sí, un diario en al cual escribir como en una bitácora, ahora sí, el diario vivir.

Junto a la creación del lenguaje verbal, la invención de la escritura que remonta a la Mesopotamia y Egipto hace más de 5 000 años e inicialmente consistente en pictogramas y símbolos simples utilizados en las primeras formas de contabilidad de los registros económicos y administrativos, permitió la acumulación y transmisión de datos, base para un mayor desarrollo del conocimiento, la administración (organización social) y la cultura.

Hoy la ciencia de datos es uno de los pilares de la inteligencia artificial que rápidamente está transformando el mundo. 

Hoy también, los humanos seguimos obsesionados con escribir, ya no con lápiz y papel, sino en las redes sociales, WhatsApp, correo electrónico, etc… Todo lo que escribamos en estos nuevos medios es eterno como los diamantes, pues se almacena en medios electrónicos, y con la orden de un juez, o con la mera decisión del recipiente, pueden salir a la luz pública.

Por otra parte, algunos estudios señalan que, en promedio los adultos, gastan alrededor de 2 horas y media al día en redes sociales. En mi caso, el tiempo que dedico a escribir y escuchar o leer en las redes sociales (incluyendo los podcasts), es mucho mayor al tiempo dedicado a hablar con otros.

Así que cuando escribimos, estamos siguiendo una compulsión fundacional del ser humano, satisfaciendo la necesidad de comunicarse y abrirse así a los demás. De la abundancia del corazón habla la boca y, de esa misma abundancia también se escribe.

Podemos considerar dos tipos de diario: el biográfico, de gran ayuda para recordar tiempos pasados, y el mero registro de datos útiles para el vivir, sobre todo en el campo de la salud tanto física como mental. En mi caso personal me ha sido de gran utilidad registrar las reacciones de mi organismo a las medicinas y los alimentos y las mejoras o empeoramiento ante hábitos y o comportamientos que deseo eliminar o reforzar. Y todo lo anterior en el contexto del examen diario nutricional y espiritual (o mental).

Es decir, el diario como instrumento mental para el mejoramiento personal, a través de la reflexión diaria (de motivaciones, causas y efectos), basada en los hechos (datos) que se van registrando. Esforzarse por la mejora continua es el trabajo de todos para incrementar la esperanza de un futuro mejor.

Yo echo de menos no haber llevado un diario desde joven. De gran ayuda me serviría hoy para recordar y de alguna forma revivir tantas experiencias, y, por qué no, hasta escribir mi propia historia sin mayor esfuerzo. Me queda la imaginación, que seguramente basada en las experiencias olvidadas y en otros aprendizajes origine narrativas como esta.

Juan Laureano Gómez

Enero, 2025

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El pasado jueves 28 de noviembre, coincidiendo con nuestra tertulia semanal, parte del mundo occidental celebró el tradicional Día de Acción de Gracias de este 2024. Se nos ocurrió que podría ser enriquecedor que nuestra tertulia tratara ese tema. Aquí consignamos algunos testimonios.

La suerte de que mi mujer ame la cocina y yo la comida se ha vuelto muy valiosa con el pasar de los años.

Pasando a mayores honduras, confieso que mi mayor agradecimiento es el ser padre, labor irremplazable que ha ocupado gran parte de mi quehacer; otra gran suerte como el trabajo que nunca me faltó, fue siempre estimulado por la necesidad de mantener una familia.

Y también en el área doméstica agradezco contar con una pequeña propiedad rural donde este año sembramos aproximadamente una hectárea de plátano hartón, a través de un programa del ministerio de agricultura.

La siembra es el milagro de la vida a nivel vegetal; de un grano de mostaza crece un árbol frondoso donde los ganados buscan sombra al mediodía y las aves refugio para dormir. Y en la contemplación de la naturaleza se disipan todas las angustias del vivir. No menos resplandeciente que árboles y flores, este año volví a jugar ajedrez, para batirme en un duelo de nunca acabar contra reyes, reinas, torres, caballos, alfiles y peones de infantería.

Bien dicen que “matrimonio y mortaja del cielo bajan”, esas dos antípodas de la vida, la necesidad de procrear (al menos para mi), y el ineludible decaimiento de la vida. En verdad no hay bonito sin su feo, y tantas bendiciones recibidas encierran el miedo a perderlas. Alguien dijo que todo miedo es, en el fondo, el miedo a la muerte.

Bienvenida la muerte, dice una pariente de mi mujer, que, por otra parte, a los 85 años goza de excelente salud. Así, un aparente mal resultaría también una bendición para agradecer.

Agradecer nos lleva entonces, a conformarnos con todo lo que nos va pasando; por eso la oración universal dice “… hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Con el inmenso universo compartimos los mismos átomos de los que estamos hechos y estamos también sujetos a las mismas leyes universales; excepto, hasta donde sabemos, en el libre albedrio, o como se quiera llamar esa amalgama de impulsos eléctricos (átomos) generados (o mejor, promovidos) por pasiones, raciocinios, imaginaciones y más… que nos llevan a tomar decisiones.

En estos días de amenazas nucleares por el escalamiento del ojo por ojo entre el occidente y Rusia, a cargo de lideres de cuyo libre albedrío dependemos, cada mañana es un agradecimiento porque esa otra amalgama de átomos de la guerra nuclear no se ha desatado.

Digo esto porque esta semana escuché en youtube referencias del libro “Nuclear War: A Scenario” (La guerra Nuclear: Un Escenario) de la autora estadounidense Annie Jacobsen, donde detalla las primeras 72 horas después del inicio de una guerra nuclear. Me acuerdo entonces del poema Epístola Mortal de Eduardo Carranza:

A nuestra espalda, / sigilosamente cuando estamos dormidos, /
sin avisarnos se urden muchas cosas / como incendios, naufragios y batallas /
y terremotos de iracundo puño / que de repente borran de este mundo /
el rostro del ahora y del ayer.

A pesar de la pena de la guerra, sigamos agradeciendo el don de la vida que nos permite el amor.

Juan Laureano Gómez

28 de Noviembre, 2024

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Nuestro blog no podría estar ausente al evento de las elecciones en Estados Unidos, por ser un acontecimiento de importancia mundial. Esta semana dedicamos nuestro espacio a difundir, tanto las intervenciones que algunos de nosotros compartimos en nuestra última tertulia del pasado 7 de noviembre, como otras colaboraciones que hemos recibido.

Al fin ya pasamos por cuatro años de lo mismo y el mundo sobrevivió. Pero ciertamente se consolida una versión fuerte del capitalismo.

La frase “Un dólar, un voto” fue popularizada por el economista y premio nobel de economía Joseph Stiglitz, quien ha criticado duramente la influencia del dinero en la política y cómo distorsiona la democracia. Sin embargo, no fue el primero en mencionar esta idea. El concepto de que el dinero puede influir en el poder político ha sido discutido por muchos pensadores a lo largo de la historia. Recientemente, Elon Musk ofreció $100 a quienes votaran por Donald Trump en California, una acción que fue rápidamente objetada legalmente debido a las leyes que prohíben la compra de votos. Este descarado intento de influir directamente en los resultados electorales resalta el nivel de connivencia entre política y dinero en la sociedad moderna, al punto que Musk tiene una oferta de Trump de dirigir una super oficina para simplificar los gastos del estado, donde Musk sería como un super secretario (ministro) sin cartera. John Mearsheimer, exmilitar, en su reciente libro sobre el lobby israelí, analiza cómo el apoyo económico a congresistas que favorecen a Israel ha moldeado la política estadounidense con el apoyo irrestricto y bipartidista por parte del congreso americano. Este tipo de influencia económica, sin embargo, no es exclusiva de Estados Unidos. En América Latina, la compra de votos es una práctica común. Por ejemplo, en pueblos de la costa atlántica colombiana, se habla del pago de cien mil pesos colombianos por voto en las pasadas elecciones, y en México, un voto presidencial en las últimas elecciones supuestamente valía aproximadamente $250 USD. Además, es conocido que los narcotraficantes en México y Colombia utilizan tanto el dinero como la violencia para influir en las elecciones, eliminando a los contrarios para asegurar sus intereses. Se elige con balas y/o con plata.

Durante el anterior mandato de Trump se suspendieron tarifas para productos importados a ciertos aportantes a su campaña, según un estudio reciente de una oficina del gobierno estadounidense. De esta manera el dinero compra no solo votos, sino también políticas favorables.

Para consuelo de los latinoamericanos (con la excepción de México), la diferencia entre Trump y Harris en cuanto a políticas hacia Latinoamérica no era significativa. Trump ha prometido tarifas muy altas para China, de hasta un 60%, y entre un 10% y 20% para el resto del mundo, con la idea de obligar a las empresas a instalarse en Estados Unidos. Sin embargo, los altos costos de mano de obra en Estados Unidos hacen que estas tarifas probablemente aíslen al país del resto del mundo y aumenten la inflación. No es la primera vez que esto sucede (la imposición de tarifas), pero no al nivel propuesto hora.

En cuanto a las guerras, es probable que la de Rusia – Ucrania, termine con un cese al fuego y una zona desmilitarizada parecida a la que todavía opera entre las dos Coreas, sin que se firme un tratado de paz formal. Donde puede agravarse la beligerancia es en el Medio Oriente, pues Trump ha expresado su deseo reciente de que Israel ataque las instalaciones nucleares de

Irán, para lo cual desde su administración se ordenó desarrollar bombas de penetración suficientes para destruir instalaciones subterráneas.

“Un dólar, un voto” encapsula la realidad de cómo el dinero puede distorsionar la democracia, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. La influencia económica en la política no solo socava la equidad del proceso democrático, sino que también puede llevar a políticas que benefician a unos pocos a expensas de la mayoría.

La lucha por una democracia más justa y equitativa continúa siendo un desafío global.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2024

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Los riesgos por las guerras en Medio Oriente y Ucrania, el calentamiento global y la inteligencia artificial (IA) se han ido acelerando por su propia inercia y, a pesar de los esfuerzos de algunos países y de las Naciones Unidas en particular, no se notan  retrocesos ni factores mitigantes. 

Los peores escenarios son una guerra nuclear que nos borre del planeta, y un fuerte impacto negativo en la vida y progreso material de la humanidad por el cambio climático y la aceleración descontrolada de la IA. 

En los años 60 del siglo pasado, en los países comprometidos con la guerra fría, los gobiernos impartían instrucciones a los ciudadanos sobre cómo actuar en caso de un ataque nuclear. Hoy eso no existe. Los gobiernos y la gente en general nos hemos anestesiado porque el “lobo” no aparece. Para vivir tranquilos preferimos no pensar en ello. Pero el peligro es latente, incluso un mero accidente nuclear resultado de los combates en zonas adyacentes a las centrales nucleares sería catastrófico. 

En cuanto al cambio climático, la humanidad no parece dispuesta a perder todos los avances en comodidad generados por los combustibles fósiles y se ha optado por una transición hacia las energías limpias, lo cual, si bien es positivo para mantener el crecimiento económico, nos deja ante la incertidumbre de la velocidad del deterioro climático.  

Tal y como pasa cuando una empresa o persona cae en mora por deudas, cada día que pasa los intereses de mora van mermando aún más la capacidad de pago del deudor que finalmente termina perdiendo todo, si no encuentra recursos frescos para el pago. En el cambio climático no se ven esos recursos nuevos. 

La IA, que muchos dicen debería llamarse más bien inteligencia complementaria (al menos por ahora), trae consigo grandes incentivos para el mundo capitalista, tanto en occidente como en oriente, en lo económico y en lo militar. Las guerras recientes y la competencia por la hegemonía global han desembocado en una carrera tecnológica en la fabricación de chips (fundamentales para la IA) y una carrera armamentista, así como en alianzas de parte y parte como preludio a posibles futuros conflictos. Si no, veamos cómo Rusia se alía cada vez más con Korea del Norte e Irán, mientras USA organiza y arma alianzas como la expansión de la OTAN en ASIA y acuerdos como el QUAD con Australia, India y Japón, principalmente para contener a China. 

En medio de tales riesgos globales, la lucha por la supremacía hegemónica no da tregua. Como diversos y competitivos que somos, luchamos a morir por el poder económico y el orgullo de considerarnos culturalmente superiores, y esto aún con el agua al cuello por estos riesgos, entre muchos otros.  

La tragicomedia de la especie humana se completa con la limitación de no saber predecir ni lo que pase esta tarde, mucho menos en años. De ahí la importancia de gestionar adecuadamente los riesgos como la mejor manera para ser sostenibles como especie, como país, como empresa y como individuos. 

Juan Laureano Gómez 

Octubre, 2024

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El hombre ha sido un gran depredador del planeta tierra y, con espejo retrovisor, es fácil decir que ha faltado gestión del riesgo tecnológico. La esperanza es que la gestión de riesgo sea incorporada en los nuevos desarrollos de la IA para prevenir nuevos desastres.  

A medida que se generan avances en lo científico y tecnológico, si la IA llegara a reemplazar la capacidad de la decisión individual y colectiva, también entonces debería incorporarse un sistema de IA de gestión de riesgo de igual potencia, que prevenga y mitigue los riesgos.  

No ha sido así en el pasado, porque gestionar los riesgos implica un costo adicional cuyos beneficios están basados en la materialización del riesgo; pero precisamente, la mayor disponibilidad de datos y de capacidad de análisis de éstos que provee la IA hará posible una mejor gestión del riesgo con tal que haya la voluntad, fruto de una mayor cultura del riesgo en la sociedad. De lo contrario repetiremos el pasado esta vez con peores consecuencias.   

La gestión del riesgo implica identificar, evaluar y mitigar posibles amenazas o incertidumbres que afectan los objetivos de una organización o sociedad, tradicionalmente basada en análisis retrospectivos y modelos probabilísticos. Sin embargo, la IA ofrece nuevas oportunidades tales como: (I) la predicción avanzada en base al análisis de grandes volúmenes de datos históricos y la detección de patrones no evidentes, lo cual permite anticipar riesgos antes de que se materialicen y (ii) la comprensión y el estudio de riesgos sistémicos mediante modelos no lineales. 

Estos modelos se están aplicando a (i) la predicción climática con una mayor precisión de eventos extremos como huracanes, sequías e inundaciones; (ii) el monitoreo ambiental mediante sensores y drones equipados con IA para rastrear la deforestación, la calidad del aire y la salud de los ecosistemas; (iii) la optimización energética para unan mejor distribución de energía y reducción de la huella de carbono; (iv) ciberseguridad y defensa para detectar amenazas mediante el análisis de imágenes satelitales y datos de inteligencia para identificar actividades sospechosas, y (v) salud pública y pandemias en el rastreo de brotes de enfermedades y predicción de su propagación, así como también en la investigación médica, farmacológica y en la optimización de recursos médicos.  

La IA, sin embargo, no está exenta de riesgos y su uso extendido genera inquietudes éticas. Como la IA aprende de datos históricos, puede adquirir sesgos que lleven al establecimiento de modelos menos justos y equitativos. Asimismo, los sistemas de IA deben ser comprensibles (transparentes y explicables) para que los tomadores de decisiones confíen en ellos. Finalmente, ¿Quién es responsable de las consecuencias cuando un sistema de IA tome decisiones equivocadas? 

En cuanto a la educación y colaboración global, se necesitarán más expertos en IA con conocimientos en gestión de riesgos y una amplia colaboración internacional, pues muchos riesgos trascienden fronteras y requieren un trabajo conjunto. 

La IA puede ser una herramienta poderosa para prevenir errores pasados y, hacia el futuro, proteger nuestro planeta y nuestra seguridad. Sin embargo, debemos usarla con responsabilidad y ética porque la gestión del riesgo, además de ser una cuestión técnica, es también un asunto de supervivencia colectiva.  

Probablemente este planteamiento sea ingenuo o muy difícil de implementar, pero precisamente por eso debemos exigir que la IA sea capaz de orientarnos y de establecer controles para asegurar la mejor forma de hacerlo. 

Juan Laureano Gómez

Agosto, 2024

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El exceso regulatorio que sufrimos y la idea de salvar la patria mediante normas escritas son riesgos endógenos de nuestra sociedad que generan confusión, ineficiencia y corrupción. La fiebre no está en las sábanas.

El recientemente nombrado ministro del interior Juan F Cristo argumenta que Colombia necesita más reformas. También necesitamos más paz y más pan y salud para todos, pero sobre todo, menos corrupción; y nada de esto se logra con refundar el estado mediante una nueva carta magna, sino con implementar las leyes y reformar puntualmente lo que sea necesario. Ya tenemos una de las constituciones más extensas del mundo (junto a las de Bolivia, India y Venezuela), sin que tantas palabras nos basten, excepto para la satisfacción de quienes creen que la letra es suficiente.

Dicho esto, lo normal en muchos otros países es debatir sobre las reformas y la necesidad de cambios en el sistema político y legal de manera constante y, sin duda, la pregunta sobre si conviene más o menos realizar reformas, incluyendo una Asamblea Constituyente, es crucial para el futuro del país.

El país enfrenta desafíos en la implementación efectiva de las leyes existentes con niveles de impunidad muy altos, al mismo tiempo que la corrupción, la burocracia y la falta de recursos, a menudo, obstaculizan la aplicación adecuada de las normativas, todo lo cual indicaría que crear más leyes sin abordar estos problemas subyacentes sería una distracción. Por lo tanto, es fundamental que el Estado mejore su eficiencia y garantice la aplicación de las leyes existentes, antes de considerar nuevas reformas. Podemos cambiar las sábanas cuantas veces queramos, pero si no cambiamos nuestra cultura, poco cambiará.

Un ejemplo al respecto es el acuerdo de paz con las FARC, considerado, en su momento, un hito histórico. Sin embargo, su implementación ha sido limitada y enfrenta grandes desafíos, no el menor el que finalizó en contra de un plebiscito. Las disidencias de las FARC y otros grupos armados han socavado la paz y hoy se estima que el estado no controla aproximadamente un 40% del territorio nacional. Consecuentemente, antes de pensar en una nueva Constitución, se debe al menos fortalecer la implementación y seguimiento del acuerdo de paz existente, o estaremos expuestos a estar siempre negociando la paz. ¿Qué credibilidad ante el pueblo en general puede tener un nuevo acuerdo de paz? 

La preocupación actual de la sociedad por la seguridad es comprensible pues llevamos décadas de conflicto armado y la violencia persiste en algunas regiones, por lo que la idea de una paz total parece utópica, teniendo en cuenta que la paz no significa la ausencia total de conflictos, ni firmar acuerdos permanentes, sino la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Una Asamblea Constituyente seguramente generaría una ley de punto final con una amnistía amplia y generosa para toda clase de criminales, lo cual también podría convertirse en un estímulo para seguir delinquiendo ante la falta de seriedad del estado y su debilidad intrínseca.

En el escenario actual se vuelve cada vez más difícil trabajar en todos los frentes, pero, ciertamente, priorizar el cambio de las normas escritas sobre la eficiencia del estado para frenar la corrupción que carcome al mismo estado y reducir el avance de los grupos criminales parece una locura difícil de entender. Sin embargo, no sería la primera sociedad que se auto infringe un daño enorme. 

En la vecina Venezuela lo que se votó con la mano, después se rechazó con los pies cuando un buen porcentaje de la población abandonó el país ante el empobrecimiento de la mayoría. De todas formas, lo esencial de cualquier cambio debe ser un análisis profundo de las realidades y la participación de la sociedad civil, siendo la búsqueda de una Colombia más justa, segura y próspera, el objetivo común, independientemente de la vía elegida para el cambio. Las culturas se transforman con educación y el consenso se logra con diálogo.

Juan Laureano Gómez

Julio, 2024

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