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Juan Laureano Gomez

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El pasado jueves 28 de noviembre, coincidiendo con nuestra tertulia semanal, parte del mundo occidental celebró el tradicional Día de Acción de Gracias de este 2024. Se nos ocurrió que podría ser enriquecedor que nuestra tertulia tratara ese tema. Aquí consignamos algunos testimonios.

La suerte de que mi mujer ame la cocina y yo la comida se ha vuelto muy valiosa con el pasar de los años.

Pasando a mayores honduras, confieso que mi mayor agradecimiento es el ser padre, labor irremplazable que ha ocupado gran parte de mi quehacer; otra gran suerte como el trabajo que nunca me faltó, fue siempre estimulado por la necesidad de mantener una familia.

Y también en el área doméstica agradezco contar con una pequeña propiedad rural donde este año sembramos aproximadamente una hectárea de plátano hartón, a través de un programa del ministerio de agricultura.

La siembra es el milagro de la vida a nivel vegetal; de un grano de mostaza crece un árbol frondoso donde los ganados buscan sombra al mediodía y las aves refugio para dormir. Y en la contemplación de la naturaleza se disipan todas las angustias del vivir. No menos resplandeciente que árboles y flores, este año volví a jugar ajedrez, para batirme en un duelo de nunca acabar contra reyes, reinas, torres, caballos, alfiles y peones de infantería.

Bien dicen que “matrimonio y mortaja del cielo bajan”, esas dos antípodas de la vida, la necesidad de procrear (al menos para mi), y el ineludible decaimiento de la vida. En verdad no hay bonito sin su feo, y tantas bendiciones recibidas encierran el miedo a perderlas. Alguien dijo que todo miedo es, en el fondo, el miedo a la muerte.

Bienvenida la muerte, dice una pariente de mi mujer, que, por otra parte, a los 85 años goza de excelente salud. Así, un aparente mal resultaría también una bendición para agradecer.

Agradecer nos lleva entonces, a conformarnos con todo lo que nos va pasando; por eso la oración universal dice “… hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Con el inmenso universo compartimos los mismos átomos de los que estamos hechos y estamos también sujetos a las mismas leyes universales; excepto, hasta donde sabemos, en el libre albedrio, o como se quiera llamar esa amalgama de impulsos eléctricos (átomos) generados (o mejor, promovidos) por pasiones, raciocinios, imaginaciones y más… que nos llevan a tomar decisiones.

En estos días de amenazas nucleares por el escalamiento del ojo por ojo entre el occidente y Rusia, a cargo de lideres de cuyo libre albedrío dependemos, cada mañana es un agradecimiento porque esa otra amalgama de átomos de la guerra nuclear no se ha desatado.

Digo esto porque esta semana escuché en youtube referencias del libro “Nuclear War: A Scenario” (La guerra Nuclear: Un Escenario) de la autora estadounidense Annie Jacobsen, donde detalla las primeras 72 horas después del inicio de una guerra nuclear. Me acuerdo entonces del poema Epístola Mortal de Eduardo Carranza:

A nuestra espalda, / sigilosamente cuando estamos dormidos, /
sin avisarnos se urden muchas cosas / como incendios, naufragios y batallas /
y terremotos de iracundo puño / que de repente borran de este mundo /
el rostro del ahora y del ayer.

A pesar de la pena de la guerra, sigamos agradeciendo el don de la vida que nos permite el amor.

Juan Laureano Gómez

28 de Noviembre, 2024

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Nuestro blog no podría estar ausente al evento de las elecciones en Estados Unidos, por ser un acontecimiento de importancia mundial. Esta semana dedicamos nuestro espacio a difundir, tanto las intervenciones que algunos de nosotros compartimos en nuestra última tertulia del pasado 7 de noviembre, como otras colaboraciones que hemos recibido.

Al fin ya pasamos por cuatro años de lo mismo y el mundo sobrevivió. Pero ciertamente se consolida una versión fuerte del capitalismo.

La frase “Un dólar, un voto” fue popularizada por el economista y premio nobel de economía Joseph Stiglitz, quien ha criticado duramente la influencia del dinero en la política y cómo distorsiona la democracia. Sin embargo, no fue el primero en mencionar esta idea. El concepto de que el dinero puede influir en el poder político ha sido discutido por muchos pensadores a lo largo de la historia. Recientemente, Elon Musk ofreció $100 a quienes votaran por Donald Trump en California, una acción que fue rápidamente objetada legalmente debido a las leyes que prohíben la compra de votos. Este descarado intento de influir directamente en los resultados electorales resalta el nivel de connivencia entre política y dinero en la sociedad moderna, al punto que Musk tiene una oferta de Trump de dirigir una super oficina para simplificar los gastos del estado, donde Musk sería como un super secretario (ministro) sin cartera. John Mearsheimer, exmilitar, en su reciente libro sobre el lobby israelí, analiza cómo el apoyo económico a congresistas que favorecen a Israel ha moldeado la política estadounidense con el apoyo irrestricto y bipartidista por parte del congreso americano. Este tipo de influencia económica, sin embargo, no es exclusiva de Estados Unidos. En América Latina, la compra de votos es una práctica común. Por ejemplo, en pueblos de la costa atlántica colombiana, se habla del pago de cien mil pesos colombianos por voto en las pasadas elecciones, y en México, un voto presidencial en las últimas elecciones supuestamente valía aproximadamente $250 USD. Además, es conocido que los narcotraficantes en México y Colombia utilizan tanto el dinero como la violencia para influir en las elecciones, eliminando a los contrarios para asegurar sus intereses. Se elige con balas y/o con plata.

Durante el anterior mandato de Trump se suspendieron tarifas para productos importados a ciertos aportantes a su campaña, según un estudio reciente de una oficina del gobierno estadounidense. De esta manera el dinero compra no solo votos, sino también políticas favorables.

Para consuelo de los latinoamericanos (con la excepción de México), la diferencia entre Trump y Harris en cuanto a políticas hacia Latinoamérica no era significativa. Trump ha prometido tarifas muy altas para China, de hasta un 60%, y entre un 10% y 20% para el resto del mundo, con la idea de obligar a las empresas a instalarse en Estados Unidos. Sin embargo, los altos costos de mano de obra en Estados Unidos hacen que estas tarifas probablemente aíslen al país del resto del mundo y aumenten la inflación. No es la primera vez que esto sucede (la imposición de tarifas), pero no al nivel propuesto hora.

En cuanto a las guerras, es probable que la de Rusia – Ucrania, termine con un cese al fuego y una zona desmilitarizada parecida a la que todavía opera entre las dos Coreas, sin que se firme un tratado de paz formal. Donde puede agravarse la beligerancia es en el Medio Oriente, pues Trump ha expresado su deseo reciente de que Israel ataque las instalaciones nucleares de

Irán, para lo cual desde su administración se ordenó desarrollar bombas de penetración suficientes para destruir instalaciones subterráneas.

“Un dólar, un voto” encapsula la realidad de cómo el dinero puede distorsionar la democracia, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. La influencia económica en la política no solo socava la equidad del proceso democrático, sino que también puede llevar a políticas que benefician a unos pocos a expensas de la mayoría.

La lucha por una democracia más justa y equitativa continúa siendo un desafío global.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2024

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Gandhi decidió en un momento de su vida comer solo lo que no le gustaba y el resultado fue que a los tres meses todo le gustaba. Claro, Gandhi fue un asceta capaz de predicar con el ejemplo la no violencia y así lograr liberarse de los ingleses, es su momento, el imperio más poderoso de la tierra, aunque al final de la segunda guerra mundial, cuando se independizó la India, ya estaba en decadencia. 

Compartiendo con una pareja de amigos amantes moderados de la cerveza y el whisky, les pregunté qué experimentaron cuando tomaron su primer trago de alcohol. La primera cerveza para él fue una mala experiencia por el sabor amargo de la bebida, pero luego cuando tenía 20 años fue invitado a una fiesta y allí, con los amigos, se emborrachó y sintió un estado de felicidad y bienestar.  

Ella también tuvo experiencia similar con el primer alcohol y luego se fue acostumbrando paulatinamente, pero recuerda vivamente la mala experiencia del primer cigarrillo que fumó, a pesar de lo cual se convirtió en fumadora habitual. Luego de casados, él le insistía dejar de fumar, hasta que estando en embarazo de su primer hijo decidió dejar temporalmente el cigarrillo (por la salud del bebé), para finalmente abandonarlo del todo.   

Como el instinto básico es la supervivencia, el cerebro estimula el apetito, fundamental para la vida, generando endorfinas que estimulan las áreas cerebrales relacionadas con el placer y el bienestar. Algunos vicios que se hayan podido originar en la necesidad de socializar y ser aceptado en un grupo, como el caso citado de la cerveza y el cigarrillo, también conllevan la generación de endorfinas para estimular la satisfacción de la necesidad social.  

También cuando se consumen drogas o medicinas adictivas como las basadas en opioides para reducir o eliminar el dolor. Muchos expertos recomiendan no usar estos opioides más allá de 15 días, pues el organismo crea adicción, la cual le exige al cerebro generar dolor para que el usuario utilice más opioide, creando un círculo vicioso de más dolor para más droga. En USA ha habido numerosas demandas contra las farmacéuticas por este uso exagerado de calmantes basados en opioides. 

Cuando forzamos al cerebro a generar bienestar y felicidad en verdad le estamos haciendo trampa al cerebro, pero similarmente significa que con una estrategia adecuada también podemos generarnos bienestar, mediante la automotivación, la autosugestión y el autohipnotismo. 

Así mismo, la práctica regular de la meditación y el mindfulness son herramientas poderosas para reprogramar nuestro cerebro. Estas técnicas nos permiten tomar conciencia de nuestros pensamientos y emociones y aprender a manejarlos de manera más efectiva. Al integrar estas prácticas en nuestra rutina diaria, fomentamos un estado de bienestar duradero y una mayor resiliencia emocional. “Ten cuidado con lo que desees”, es decir, desea lo bueno y mantén una actitud positiva y optimista frente a la vida. 

No descartando la opción tipo Gandhi de forzar (o “disciplinar” para los más estoicos) nuestro organismo, recomiendo el excelente blog de Alberto Betancourt: “El Poder de la Autohipnosis”, que puede complementarse con la “respiración alterna” como técnica respiratoria para la inducción al proceso de autohipnosis. Es el eterno dilema entre la razón y las emociones, entre la racionalidad y los instintos animales, entre querer hacer el bien, pero hacer el mal que decía San Pablo. Y bien descritos estamos como animales racionales, pero primero va el animal, y, aunque el orden de los factores no afecta el producto, sí lo afecta en su modo de actuar. 

Ahora se puso de moda la inteligencia artificial, cuando unos años atrás era la inteligencia emocional. No será fácil para los algoritmos percibir las emociones y, en general, el instinto animal que nos precede permanentemente, pero como la virtud está en el medio, debemos atender ambas partes de la ecuación. El análisis racional (ojalá basado en la ciencia de datos) corresponde y da soporte al control de las emociones que nos haga eficientes en el servicio y el progreso colectivo. Es la filosofía orientada a la praxis. 

Juan Laureano Gómez

Octubre, 2024

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Los riesgos por las guerras en Medio Oriente y Ucrania, el calentamiento global y la inteligencia artificial (IA) se han ido acelerando por su propia inercia y, a pesar de los esfuerzos de algunos países y de las Naciones Unidas en particular, no se notan  retrocesos ni factores mitigantes. 

Los peores escenarios son una guerra nuclear que nos borre del planeta, y un fuerte impacto negativo en la vida y progreso material de la humanidad por el cambio climático y la aceleración descontrolada de la IA. 

En los años 60 del siglo pasado, en los países comprometidos con la guerra fría, los gobiernos impartían instrucciones a los ciudadanos sobre cómo actuar en caso de un ataque nuclear. Hoy eso no existe. Los gobiernos y la gente en general nos hemos anestesiado porque el “lobo” no aparece. Para vivir tranquilos preferimos no pensar en ello. Pero el peligro es latente, incluso un mero accidente nuclear resultado de los combates en zonas adyacentes a las centrales nucleares sería catastrófico. 

En cuanto al cambio climático, la humanidad no parece dispuesta a perder todos los avances en comodidad generados por los combustibles fósiles y se ha optado por una transición hacia las energías limpias, lo cual, si bien es positivo para mantener el crecimiento económico, nos deja ante la incertidumbre de la velocidad del deterioro climático.  

Tal y como pasa cuando una empresa o persona cae en mora por deudas, cada día que pasa los intereses de mora van mermando aún más la capacidad de pago del deudor que finalmente termina perdiendo todo, si no encuentra recursos frescos para el pago. En el cambio climático no se ven esos recursos nuevos. 

La IA, que muchos dicen debería llamarse más bien inteligencia complementaria (al menos por ahora), trae consigo grandes incentivos para el mundo capitalista, tanto en occidente como en oriente, en lo económico y en lo militar. Las guerras recientes y la competencia por la hegemonía global han desembocado en una carrera tecnológica en la fabricación de chips (fundamentales para la IA) y una carrera armamentista, así como en alianzas de parte y parte como preludio a posibles futuros conflictos. Si no, veamos cómo Rusia se alía cada vez más con Korea del Norte e Irán, mientras USA organiza y arma alianzas como la expansión de la OTAN en ASIA y acuerdos como el QUAD con Australia, India y Japón, principalmente para contener a China. 

En medio de tales riesgos globales, la lucha por la supremacía hegemónica no da tregua. Como diversos y competitivos que somos, luchamos a morir por el poder económico y el orgullo de considerarnos culturalmente superiores, y esto aún con el agua al cuello por estos riesgos, entre muchos otros.  

La tragicomedia de la especie humana se completa con la limitación de no saber predecir ni lo que pase esta tarde, mucho menos en años. De ahí la importancia de gestionar adecuadamente los riesgos como la mejor manera para ser sostenibles como especie, como país, como empresa y como individuos. 

Juan Laureano Gómez 

Octubre, 2024

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El hombre ha sido un gran depredador del planeta tierra y, con espejo retrovisor, es fácil decir que ha faltado gestión del riesgo tecnológico. La esperanza es que la gestión de riesgo sea incorporada en los nuevos desarrollos de la IA para prevenir nuevos desastres.  

A medida que se generan avances en lo científico y tecnológico, si la IA llegara a reemplazar la capacidad de la decisión individual y colectiva, también entonces debería incorporarse un sistema de IA de gestión de riesgo de igual potencia, que prevenga y mitigue los riesgos.  

No ha sido así en el pasado, porque gestionar los riesgos implica un costo adicional cuyos beneficios están basados en la materialización del riesgo; pero precisamente, la mayor disponibilidad de datos y de capacidad de análisis de éstos que provee la IA hará posible una mejor gestión del riesgo con tal que haya la voluntad, fruto de una mayor cultura del riesgo en la sociedad. De lo contrario repetiremos el pasado esta vez con peores consecuencias.   

La gestión del riesgo implica identificar, evaluar y mitigar posibles amenazas o incertidumbres que afectan los objetivos de una organización o sociedad, tradicionalmente basada en análisis retrospectivos y modelos probabilísticos. Sin embargo, la IA ofrece nuevas oportunidades tales como: (I) la predicción avanzada en base al análisis de grandes volúmenes de datos históricos y la detección de patrones no evidentes, lo cual permite anticipar riesgos antes de que se materialicen y (ii) la comprensión y el estudio de riesgos sistémicos mediante modelos no lineales. 

Estos modelos se están aplicando a (i) la predicción climática con una mayor precisión de eventos extremos como huracanes, sequías e inundaciones; (ii) el monitoreo ambiental mediante sensores y drones equipados con IA para rastrear la deforestación, la calidad del aire y la salud de los ecosistemas; (iii) la optimización energética para unan mejor distribución de energía y reducción de la huella de carbono; (iv) ciberseguridad y defensa para detectar amenazas mediante el análisis de imágenes satelitales y datos de inteligencia para identificar actividades sospechosas, y (v) salud pública y pandemias en el rastreo de brotes de enfermedades y predicción de su propagación, así como también en la investigación médica, farmacológica y en la optimización de recursos médicos.  

La IA, sin embargo, no está exenta de riesgos y su uso extendido genera inquietudes éticas. Como la IA aprende de datos históricos, puede adquirir sesgos que lleven al establecimiento de modelos menos justos y equitativos. Asimismo, los sistemas de IA deben ser comprensibles (transparentes y explicables) para que los tomadores de decisiones confíen en ellos. Finalmente, ¿Quién es responsable de las consecuencias cuando un sistema de IA tome decisiones equivocadas? 

En cuanto a la educación y colaboración global, se necesitarán más expertos en IA con conocimientos en gestión de riesgos y una amplia colaboración internacional, pues muchos riesgos trascienden fronteras y requieren un trabajo conjunto. 

La IA puede ser una herramienta poderosa para prevenir errores pasados y, hacia el futuro, proteger nuestro planeta y nuestra seguridad. Sin embargo, debemos usarla con responsabilidad y ética porque la gestión del riesgo, además de ser una cuestión técnica, es también un asunto de supervivencia colectiva.  

Probablemente este planteamiento sea ingenuo o muy difícil de implementar, pero precisamente por eso debemos exigir que la IA sea capaz de orientarnos y de establecer controles para asegurar la mejor forma de hacerlo. 

Juan Laureano Gómez

Agosto, 2024

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El exceso regulatorio que sufrimos y la idea de salvar la patria mediante normas escritas son riesgos endógenos de nuestra sociedad que generan confusión, ineficiencia y corrupción. La fiebre no está en las sábanas.

El recientemente nombrado ministro del interior Juan F Cristo argumenta que Colombia necesita más reformas. También necesitamos más paz y más pan y salud para todos, pero sobre todo, menos corrupción; y nada de esto se logra con refundar el estado mediante una nueva carta magna, sino con implementar las leyes y reformar puntualmente lo que sea necesario. Ya tenemos una de las constituciones más extensas del mundo (junto a las de Bolivia, India y Venezuela), sin que tantas palabras nos basten, excepto para la satisfacción de quienes creen que la letra es suficiente.

Dicho esto, lo normal en muchos otros países es debatir sobre las reformas y la necesidad de cambios en el sistema político y legal de manera constante y, sin duda, la pregunta sobre si conviene más o menos realizar reformas, incluyendo una Asamblea Constituyente, es crucial para el futuro del país.

El país enfrenta desafíos en la implementación efectiva de las leyes existentes con niveles de impunidad muy altos, al mismo tiempo que la corrupción, la burocracia y la falta de recursos, a menudo, obstaculizan la aplicación adecuada de las normativas, todo lo cual indicaría que crear más leyes sin abordar estos problemas subyacentes sería una distracción. Por lo tanto, es fundamental que el Estado mejore su eficiencia y garantice la aplicación de las leyes existentes, antes de considerar nuevas reformas. Podemos cambiar las sábanas cuantas veces queramos, pero si no cambiamos nuestra cultura, poco cambiará.

Un ejemplo al respecto es el acuerdo de paz con las FARC, considerado, en su momento, un hito histórico. Sin embargo, su implementación ha sido limitada y enfrenta grandes desafíos, no el menor el que finalizó en contra de un plebiscito. Las disidencias de las FARC y otros grupos armados han socavado la paz y hoy se estima que el estado no controla aproximadamente un 40% del territorio nacional. Consecuentemente, antes de pensar en una nueva Constitución, se debe al menos fortalecer la implementación y seguimiento del acuerdo de paz existente, o estaremos expuestos a estar siempre negociando la paz. ¿Qué credibilidad ante el pueblo en general puede tener un nuevo acuerdo de paz? 

La preocupación actual de la sociedad por la seguridad es comprensible pues llevamos décadas de conflicto armado y la violencia persiste en algunas regiones, por lo que la idea de una paz total parece utópica, teniendo en cuenta que la paz no significa la ausencia total de conflictos, ni firmar acuerdos permanentes, sino la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Una Asamblea Constituyente seguramente generaría una ley de punto final con una amnistía amplia y generosa para toda clase de criminales, lo cual también podría convertirse en un estímulo para seguir delinquiendo ante la falta de seriedad del estado y su debilidad intrínseca.

En el escenario actual se vuelve cada vez más difícil trabajar en todos los frentes, pero, ciertamente, priorizar el cambio de las normas escritas sobre la eficiencia del estado para frenar la corrupción que carcome al mismo estado y reducir el avance de los grupos criminales parece una locura difícil de entender. Sin embargo, no sería la primera sociedad que se auto infringe un daño enorme. 

En la vecina Venezuela lo que se votó con la mano, después se rechazó con los pies cuando un buen porcentaje de la población abandonó el país ante el empobrecimiento de la mayoría. De todas formas, lo esencial de cualquier cambio debe ser un análisis profundo de las realidades y la participación de la sociedad civil, siendo la búsqueda de una Colombia más justa, segura y próspera, el objetivo común, independientemente de la vía elegida para el cambio. Las culturas se transforman con educación y el consenso se logra con diálogo.

Juan Laureano Gómez

Julio, 2024

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En las relaciones personales, laborales y de negocios, comprender a quienes nos rodean es esencial para nuestro crecimiento y bienestar.

Conocer a las personas va más allá de saber sus nombres o antecedentes. Implica entender sus valores, motivaciones y perspectivas que nos permitan establecer relaciones significativas y crear conexiones genuinas que enriquecen nuestra vida. El networking, por ejemplo, es construir relaciones duraderas que nos abran puertas y nos permitan aprender de otras experiencias. La empatía y la escucha activa son herramientas poderosas para lograrlo.

En el ámbito laboral, la colaboración es esencial. Conocer a nuestros colegas nos permite aprovechar sus fortalezas, comprender sus estilos de trabajo y resolver problemas de manera conjunta. Los equipos cohesionados son más creativos, eficientes y resilientes. En la familia, el trabajo y la política, los líderes exitosos conocen a su equipo. Comprenden sus habilidades, desafíos y aspiraciones. Un líder auténtico inspira confianza al demostrar interés genuino en las personas. Además, la empatía y la adaptabilidad son cualidades esenciales para ser un líder exitoso.

En situaciones de negociación o persuasión, el conocimiento profundo de la otra parte es clave. Saber qué le motiva, cuáles son sus intereses y cómo piensa, nos permite encontrar soluciones para ganar-ganar. La persuasión efectiva se basa en adaptar nuestro mensaje a las necesidades específicas del receptor. La mejor forma de convencer al otro es hacer que te quiera y, finalmente, se identifique contigo. Si generas afecto hacia ti, al otro le será mucho más fácil aceptar tu punto de vista.

Para persuadir al otro, conoce su carácter, establece la estrategia que permita mover su voluntad y luego encuentra su punto débil (para identificar el punto de entrada como en la guerra). Si perseveras, difícilmente se negará. “Aprende a adaptarte a todos. Sé docto con el docto, y con el santo, santo. Es el secreto para ganártelos a todos, porque la identificación con el otro concita benevolencia”, tal como lo expresaba en 1647 el jesuita Baltasar Gracián en su libro “Oráculo manual y arte de prudencia”.

La diversidad de opiniones es inevitable. Aceptar (tolerar) y convivir con esa diversidad nos ayuda a manejar conflictos de manera constructiva, en la búsqueda de soluciones comunes para mantener relaciones armoniosas.

Conocer a los demás también nos ayuda a conocernos mejor. Al compararnos con quienes nos rodean, identificamos nuestras fortalezas y áreas de mejora. Esto nos impulsa a crecer y evolucionar. Estamos hechos de la misma materia, del mismo barro frágil que nos hermana y nos hace parte de un todo y de una sola trilogía que nos gobierna: somos diversos, competitivos y limitados. No entendemos lo suficente al otro porque no nos hemos mirado interiormente lo suficiente. Y esto último requiere el examen diario de nuestra conciencia y de nuestras actividades. Una vez construyamos ese hábito, se nos facilitará la armonía con los demás.

Construir relaciones significativas, colaborar y trabajar en equipo, negociar y persuadir exitosamente, ejercer un liderazgo auténtico, generar oportunidades profesionales mediante el networking, y ser tolerantes y capaces de resolver conflictos depende, en gran medida, de nuestro conocimiento propio y de los demás, una competencia vital para el éxito en la vida

Juan Laureano Gómez

Julio, 2024

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Quiero invocar tres imágenes sobre el dinero: primera, el “estiércol del diablo”, como me lo dijeron en el seminario; segunda, el billete de un dólar con la inscripción “En Dios confiamos (“in god we trust”); así lo experimenté desde mi primer viaje a los EE UU a los 20 años; y tercera, la jota española: “Te quiero morena, te quiero, como se quiere a la gloria, como se quiere al dinero, como se quiere a la madre”.

En mi pueblo natal Charalá, eran pocos los ricos. Mi madre enviudó cuando yo tenía cinco años y éramos 10 hermanos. El párroco local ayudó a mi madre a conseguir el cargo de telefonista del pueblo. Era como ser secretaria de todo el pueblo (solo existía un teléfono).

Para mi suerte, y gracias a que uno de mis hermanos mayores era jesuita y estaba como “maestrillo” en el colegio Ortiz de Tunja, se me otorgó una beca para el internado allí. Esto me trasladó a un ambiente donde yo era minusválido económico, frente al poder adquisitivo de mis compañeros. Allí se me despertó la necesidad urgente de superarme para elevar mi nivel económico y el de mi familia, y en tal sentido allí hice mi primer voto (no ya de pobreza), sino de riqueza, en lo cual, sin haber sido extraordinariamente exitoso, me considero satisfecho, en gran medida por mi perseverancia en el trabajo en un banco internacional, donde adquirí la cuasi obsesión (o hobby) por las finanzas.

Vuelvo a otras imágenes y contenidos sobre el dinero: Primera, el joven rico que pregunta a Jesús cómo alcanzar la vida eterna y la respuesta que todos sabemos: “vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven y sígueme”. Segunda, el ojo de la aguja por donde le quedaría más fácil pasar a un camello que a un rico entrar al reino de los cielos. Tercera, ser rico no es tener mucho, sino necesitar poco.

Todo lo anterior para confesar que aún vivo en medio de todas esas imágenes arriba evocadas. A ratos generoso, a ratos mezquino y acumulador. A ratos con un pie en el reino celestial, y a ratos sin poder pasar por el ojo de la aguja. Tengo memorias claras de eventos que me engrandecen y de otros que me hieren.

Me consuelo pensando que, así como el amor, el dinero también está entre los temas cruciales de nuestra humanidad, que siempre habrá que trabajar para moldearnos y vencer las malas inclinaciones de nuestra naturaleza.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2024

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En la antigua Roma, los gobernantes ofrecían al pueblo, entre otras, dos cosas esenciales: pan y circo. El pan aseguraba la supervivencia física, mientras que el circo proporcionaba entretenimiento y distracción, generando así estabilidad social. Hoy, con los avances en las comunicaciones la oferta de circo se está ampliando a medida que la IA facilita y automatiza la generación de contenidos.

lHoy tenemos una revolución en marcha con la IA que está transformando rápidamente nuestras vidas, a medida que automatiza tareas y procesos, lo cual también plantea desafíos.

Para empezar, se espera una reducción del empleo disponible, sobre todo en el sector de servicios donde actualmente se ocupan unos dos tercios de la población económicamente activa, que seguramente no se va a compensar plenamente con los nuevos empleos que también se generarán con la IA. Por otra parte, esta disminución en la carga laboral liberará tiempo para actividades de entretenimiento.

Y si el desempleo crece y afecta una porción considerable de la población, los estados se verán presionados a instituir una renta universal para garantizar la subsistencia de aquellos cuyos trabajos hayan sido reemplazados por la IA, de tal manera que la redistribución de la riqueza se tornará crucial en ese nuevo escenario.

Muchos tendrán más tiempo para el entretenimiento que ha migrado en gran medida a la esfera individual y es dominado por los medios digitales. Las redes sociales, la televisión por streaming, las series y podcasts ocuparán gran parte del tiempo libre. La IA personalizará las experiencias de entretenimiento, cautivando la audiencia y asegurando un público cautivo para la publicidad comercial y la manipulación social. La socialización será mayormente virtual, impactando la necesidad innata del ser humano de comunicarse, y reemplazando en gran medida las interacciones presenciales por chats, videoconferencias y redes sociales. No obstante, lo anterior, la IA fomentará la creación de comunidades virtuales, facilitando el intercambio de ideas.

¿Estaremos, entonces mejor informados, o más confundidos por la proliferación de información en el circo digital? ¿Llegaremos a extrañar los abrazos y apretones de manos en el futuro?

La IA está transformando la forma como nos conectamos y nos relacionamos. Como sociedad, debemos encontrar un equilibrio entre lo real y lo virtual, aprovechando la tecnología, sin perder nuestra esencia. Será un proceso lento e imperceptible para la mayoría y muy posiblemente sin marcha atrás, pero, será fundamental no llegar a olvidar el mundo real.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2024

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Con la aceleración de la historia por los avances tecnológicos, hoy se cambia más en un año que un siglo, digamos el siglo XVIII, para no ir tan lejos.

Un siglo (el XXI) diferente al XX principalmente por la emergencia de China como potencia hegemónica en directa competencia con los EE.UU. Un fenómeno poco previsible en las últimas décadas del siglo XX, que empezó cuando Richard Nixon y Henry Kissinger iniciaron la apertura en 1971-72, completada con el reconocimiento e inicio de relaciones diplomáticas con China en 1978 por parte de Jimmy Carter, cuando ya Deng Xiaoping era el hombre fuerte en China, y que requirió de una ley única para permitir a USA seguir vendiendo armas y comerciando con Taiwán, a pesar de no reconocerlo oficialmente como país.

A partir de ese momento, el comercio bilateral creció de mil millones de dólares a aproximadamente $600 mil millones en 2023. China se convirtió en el primer centro manufacturero del mundo, aunque recién en la primera década de este siglo empezó a competir con USA, ejerciendo un liderazgo blando (soft), más centrado en la economía y sin inmiscuirse directamente en los asuntos internos de otros países.

Otro hecho supremamente relevante en este siglo fue, sin duda, septiembre 11 del 2001, cuando se ahondó el abismo cultural que separa a Occidente de la cultura musulmana, desde cuando Mahoma conquisto la MECA en el año 630 d.C. Entonces el avance arrollador de los ejércitos mahometanos les permitió extender su control territorial a Mesopotamia –hoy Irak- y Persia -hoy Irán- al noreste, y hasta Siria, Palestina y Egipto al oeste, en las primeras décadas, para luego, en el siglo VIII, conquistar buena parte de España. Las cruzadas a inicio del segundo milenio y la expulsión de España en el siglo XVI, marcan el inicio de los violentos enfrentamientos que aún no terminan, como se evidencia por la invasión de Afganistán, Irak, Siria, Libia y la actual confrontación en Gaza.

La ferocidad y atrocidad de la contienda no amengua; al contrario, se teme el escalamiento a un conflicto mayor con Irán, con los rebeldes hutíes en Yemen, y en El Líbano.

Al mismo tiempo, este siglo XXI no deja de sorprendernos por sus avances tecnológicos, particularmente la IA y la computación cuántica. El internet y sus maravillas, sí que corresponden al siglo XX, pero las redes sociales y la revolución informática en general en este siglo nos dejan atónitos ante los cambios que van generando en la sicología y comportamiento humanos. Seguimos, sin embargo, siendo tan diversos, competitivos y limitados como antes, pero ahora esperamos que la informática nos haga más conscientes de ello y, consecuentemente, más tolerantes.

Juan L. Gómez

Febrero, 2024

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Así está en la liturgia católica: “…dales Señor el descanso eterno…”. Cristianos y musulmanes esperamos el paraíso con nuestros cuerpos resucitados.

El hinduismo prolonga la vida a través de la reencarnación para finalmente, tras la purificación, entrar al nirvana o paraíso. No en valde se atribuye el nacimiento de las religiones al culto de los muertos, entre otras razones. La cremación, aceptada por milenios por el hinduismo, ha ganado aceptación creciente a nivel mundial.

Mi primer contacto con la muerte cuando tendría como 5 o 6 años, fue la muerte de un primo lejano ya mayor y cuando vi el ataúd y al muerto dije, en voz alta, que a mí la muerte no me alcanzaría, porque yo podía correr más que ella vestida con túnica negra y armada con guadaña. 

Cuando murió mi madre hace unos 25 años, ella agonizando, yo sostenía su mano que me apretaba débilmente; yo no pude soportar el momento y decidí retirarme unos minutos, allí murió. Contando este evento a un amigo médico, me explicó que normalmente los humanos somos cobardes antes la enfermedad, la muerte y el sufrimiento en general y que por eso los médicos y el personal de salud requieren de un entrenamiento especial para sobreponerse al sufrimiento ajeno, lo cual alivió mi sentido de culpa.

Ahora, ya pasado el cuarto de siglo, una edad que cuando joven no contemplaba alcanzar (hace 60 años las expectativas de vida eran tan solo de 50 – 55 años), acepto la certeza de la muerte e incluso veo las ventajas del descanso eterno (todo tiene su parte positiva, y más lo que es inevitable). Además, no soy el único que se va a morir y, aunque suene duro, en el largo plazo todos estaremos muertos y ni siquiera la supervivencia de la especie está garantizada. Aun así, no es fácil para el humano visualizar la propia inexistencia, y menos fácil aun aceptarla (por el instinto de supervivencia), aunque todas las noches dormimos sin conciencia de ser, lo más parecido a la muerte. 

La cercanía de la muerte se hace evidente con el pasar de los años. Podemos ignorar el más allá…, o esperar convertirnos en polvo de estrellas…, o esperar la resurrección. Pero, siempre prefiero una vida con esperanza, cuya mayor o menor certeza metafísica dependerá de la práctica de una vida religiosa (como vivimos, así moriremos). 

Al final, más importante que morirse es dejar todo en orden y, con una cartica a los parientes confirmar nuestro amor y agradecimientos, explicando cuestiones importantes y dejando nuestras últimas recomendaciones.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2023

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El aumento de la informalidad en los últimos diez años podría indicar que el sistema actual la estimula.

A raíz de la reforma laboral propuesta por el gobierno, y solo para fines especulativos, preguntémonos ¿qué sucedería si todos decidiéramos ser informales? La pregunta no tiene en la práctica validez, porque sabemos que en la realidad todo emprendedor, al momento de iniciar su actividad, toma la alternativa que le parece más racional. Algunos se fijan un monto en ventas mínimo para formalizarse, por ejemplo unos mil millones de pesos, que podría ser como el punto de equilibrio, después de analizar los costos de las opciones.

La formalidad conlleva un costo de entrada por los trámites y registros iniciales y otro de mantenimiento por impuestos y contribuciones de ley por salud, pensión y riesgos. En paralelo, la informalidad acarrea los costos de las posibles multas y sanciones de ley, la inseguridad o falta de protección legal ante demandas laborales o por derechos de propiedad de los productos y validez de los contratos, y el difícil acceso al crédito.

Sin embargo, no todos los emprendedores tienen bases analíticas suficientes y simplemente optan bajo una “cultura de ilegalidad”, por violar las normas del registro mercantil, del registro de la contabilidad y por evadir impuestos y aportes a la seguridad social, lo cual constituye un componente importante de nuestra tolerancia endémica a la corrupción.

Si nos atenemos a los datos publicados por el DANE, los ocupados informales representan el 56.7% del total de empleados entre marzo y mayo del 2023, contra el 51.8% para el periodo de mayo a julio del 2012, lo cual significa que hemos retrocedido. Ante esa evidencia, surge la inquietud entonces, de si el sistema actual incentiva la informalidad.

Si esto indican las cifras y las actitudes culturales enraizadas, y si no se ven programas frontales para reducir la informalidad laboral (y mucho menos la pandemia de la corrupción), ¿qué pasaría, entonces, si todos fuésemos informales? Como nadie pagaría impuestos a la renta por utilidades, ni contribuciones a la seguridad social, pues el estado se vería abocado a subsidiar los gastos por salud, riesgos y pensiones de toda la población, sin tener el ingreso del impuesto a las utilidades.

Algo estamos haciendo tremendamente mal para que la informalidad aumente (o en el mejor de los casos, se mantenga por encima del 50%). De leyes estamos sobrados hace rato, además de la ineficiencia del estado en la lucha contra la corrupción. 

Y, aún peor, hay evidencias de un mayor deterioro de la ética y moral nacional cuando el pueblo acepta con ligereza la vuelta de expresidiarios a la política (como recientemente ocurrió en la Guajira y en Córdoba), cuando es manifiesto el silencio o ciertas declaraciones de políticos y funcionarios gubernamentales sobre la corrupción en general, y sobre otros hechos aún pendientes de aclarar como la financiación de campañas políticas.

Como muestra de todo esto, vale la declaración del expresidente Gaviria sobre su consideración del Consejo Nacional Electoral como tal vez, la entidad más corrupta del país (véase el periódico El Tiempo de julio 4 pasado).

Juan Laureano Gómez

Julio, 2023

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En todas partes hay buenos y malos; más aún, dentro de nosotros mismos coexisten el bien y el mal y por eso decimos popularmente que “en todas partes se cuecen habas”.

Nuestra tendencia natural es a creernos buenos y mejores que los demás; por eso tendemos a demonizar particularmente a aquellos que nos antagonizan, desafían o piensan diferente.

En Colombia es fácil para el gobierno demonizar a la oposición y, lo contrario también; pero en verdad, como se repite tantas veces, “… es más lo que nos une que lo que nos separa”. De hecho, en las reformas (pensión, salud y laboral) propuestas por el gobierno, hay muchos más puntos de acuerdo que de desacuerdo, sin que por ello sea fácil ponerse de acuerdo en todo.

Pero la polarización no es solo en Colombia. En Estados Unidos republicanos y demócratas han generado un abismo que los separa. Y ni hablar de la invasión Rusa a Ucrania, ni de los conflictos actuales en Francia. 

Y el problema no es tanto de conocimiento. Pensábamos que como el internet puso el saber al alcance de todos, eso nos ayudaría a entendernos, pero el problema es más de egos y de soberbia (de narcisismo dirán los psicólogos). Y no se limita solo a los países desarrollados donde el consumismo exagerado (producto entre otros de un capitalismo extremo), ha profundizado el narcisismo.

Y no es que unos sean malos y los otros buenos; en verdad, en todos los bandos hay buenos y malos; más aún, dentro de cada ser humano hay tendencias buenas y malas, y de palabra y obra se hacen cosas buenas y malas, como corresponde a la naturaleza humana. En la práctica, es mitad y mitad.

En cuanto a Colombia, ¿cuál sería un buen comienzo de sanación y recuperación del alma del país? Primero, hay que reconocer humildemente que lo común en el ser humano es buscar su propio beneficio. Se oye continuamente que los privados han usufructuado ya muchos años los fondos de las pensiones y la salud, y se discute si esos fondos son públicos o privados. Tanto empleadores como empleados contribuyen a la seguridad social, aunque los primeros en mayor proporción; pero el estado regula y, de hecho, actúa como garante de última instancia en ambos frentes. Adicionalmente, en el caso de las pensiones parece existir un incremento en la tendencia a preferir afiliarse a Colpensiones, pero, aun así, a enero de este año todavía 7 de cada 10 aportantes lo hace a fondos privados. Y en el caso de la salud las mayorías parecen preferir a las EPS que son mayoritariamente privadas

Lo anterior se entiende mejor con la otra discusión, muy de moda en esta época de reformas, y es la de qué sector es más corrupto. Las acusaciones son mutuas y los argumentos y casos abundan en ambos bandos. Pero la realidad es que todos somos colombianos y muchos rotan entre lo público y lo privado, y muchos también son bisectoriales para maximizar los beneficios.

Lo segundo sería asumir posiciones más prácticas (realistas), y menos ideológicas de lado y lado para llegar a acuerdos en beneficio del pueblo, es decir, para alcanzar un mayor desarrollo económico.  

Hay demasiado en juego, porque aproximadamente el 96% del empleo formal viene de pequeñas y medianas empresa, muchas de las cuales apenas sobreviven, amén que el sector informal representa más del 50% del total de la población económicamente activa. 

Se trata, como decía Alan García (de triste memoria en el Perú porque se suicidó, acosado por la justicia de su país), de bajarnos todos del bus a empujar en la misma dirección. Aún tenemos instituciones fuertes, pero no nos desesperemos unos a otros al apunto que algunos opten por que el bus caiga en el abismo.

Juan Laureano Gómez

Julio, 2023

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La OTAN y Rusia están enfrentados en una espiral de guerra y, sin una postura prudente de apertura al diálogo, las consecuencias serán devastadoras. No todo debería ser válido ni en la guerra, ni en el amor.

Empecemos por la peor de las guerras: la nuclear. Nadie sabe a dónde llegará la escalada de agresiones y maltratos entre la OTAN y Rusia. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que ya pasan de cuarenta los países aliados para apoyar a Ucrania en la guerra contra Rusia, países aliados que representan algo más del 40 % del producto interno bruto mundial. También está claro que los ucranianos, gracias al apoyo de sus aliados están “correteando” a los rusos con armas y tecnología de comunicaciones (espionaje satelital y electrónico), superiores.

La guerra de tarifas que empezó Trump contra China se ha extendido ahora a la guerra financiera con la eliminación de los bancos rusos del sistema de pagos internacionales (Swift), y el embargo de las reservas monetarias rusas en el exterior, con lo cual muchos otros países ahora temen futuras retaliaciones similares. Y esto sin mencionar la guerra contra el medio ambiente implícita en la guerra convencional. 

La guerra en Ucrania está poniendo a prueba la eficacia de nuevas armas como los lanzacohetes americanos himars, que utilizan georreferenciación similar a la de los celulares para localizar sus objetivos. Rusia no cuenta con armas tan avanzadas por no tener una capacidad industrial como la de Estados Unidos, donde los adelantos industriales se aplican al armamento. 

Los aviones de última generación de Rusia derribados en Ucrania proveen valiosa información a la OTAN para desarrollar métodos de ataque más efectivos o, simplemente, para bloquear sus componentes electrónicos y software. Rusia utiliza drones iraníes, eufemísticamente llamados “kamizake” o suicidas.

Las armas nucleares aceleraron el fin de la II Guerra Mundial, basadas en el cálculo de cuántos soldados costaría invadir Japón versus cuantos muertos habría en un bombardeo atómico limitado a solo dos ciudades (Hiroshima y Nagasaki), que finalmente resultó en aproximadamente 200.000 muertes, mayoritariamente civiles.

Al hacer referencia a Estados Unidos como el único país en utilizar armas nucleares, Vladimir Putin habría dado a entender que esa también sería su justificación para el uso de armas nucleares en Ucrania y, seguramente, se esté preguntando cuántos soldados rusos tendría que sacrificar para subyugar a ese país.

La OTAN también cree que, si no detiene a Rusia ahora ‒utilizando a Ucrania‒, eventualmente tendrá que hacerlo de manera directa y a un mayor costo. Después de la Segunda Guerra Mundial las guerras por interpuesta persona han sido numerosas, siendo la más cruel y mortal la guerra de Vietnam, donde Rusia puso las armas y Estados Unidos los muertos, estos últimos de todas formas mucho menores que los muertos vietnamitas. En Ucrania los papeles se han invertido pero, al final, es probable que también la mayoría de los muertos sean ucranianos.

Lo que está pasando no es nuevo. Desde la antigüedad todo vale en la guerra y en el amor. ¿Quién, por ejemplo, inutilizó mediante explosivos el gasoducto Nord Stream en el mar Báltico, de lo cual Rusia y los “aliados” se acusan mutuamente? En las luchas por amor, generalmente alguien queda para disfrutar; pero, en caso de una tercera guerra mundial pocos sobrevivirán…, y no quedarán ni despojos, ni quien los recoja. 

En la guerra se espera no tanto que el soldado dé la vida por amor a su patria, como que logre que el soldado enemigo dé la vida por la suya, pero en una confrontación nuclear ninguna de las dos proposiciones es válida, porque ambos van a perder la vida.

Tanto en la guerra como en el amor no han faltado los suicidas: los primeros, por el despecho, y los segundos, para inmolarse con tal de que el enemigo también perezca. Al fin, guerra y amor se representan por medio del fuego y se habla de las llamas de la guerra y del fuego del amor. Y, aún más, para justificar la guerra con frecuencia apelamos al amor a la patria, amor a los que vamos a liberar de alguna opresión mediante la guerra, etc.… 

Si perdemos la prudencia necesaria para el diálogo constructivo, ese fuego nos devorará. 

Juan L. Gómez C.

Enero, 2023

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Recientemente, el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, afirmó que la evasión y la elusión de impuestos en Colombia alcanza $80 billones anuales, aunque en la exposición de motivos de la reforma tributaria la cifra se acerca $65 billones.

Resulta paradójico que el ministro de Hacienda ‒en un reciente congreso de gremios en Cartagena‒ afirme que la evasión y la elusión de impuestos en Colombia sea de $80 billones anuales (notamos, sin embargo que en la exposición de motivos de la reforma tributaria se habla de cerca de $65 billones), cuando él mismo adelanta una propuesta de reforma tributaria para recaudar $25 billones anuales de impuestos adicionales, lo cual constituye una declaración tácita de la incapacidad crónica del Estado colombiano de hacer cumplir las leyes tributarias. 

Esos $80 billones de evasión y elusión son cercanos a 40 % de los $202 billones de recaudo proyectados para 2022, que representan más del doble de lo recaudado en el año 2012, sobre todo por incrementos sustanciales en recaudos en años recientes (excepto el año de la pandemia).

El presidente Petro afirmó en su campaña que la mayor corrupción en Colombia es la evasión de impuestos de las empresas, de lo cual no estoy muy seguro, pues las cifras estimadas de la corrupción son igualmente alarmantes. Sin entrar en mayores detalles, la Contraloría General de la Nación estimó en enero de 2021 en $50 billones las pérdidas por corrupción en Colombia, de tal manera que la mayor corrupción es la ineficiencia confesa y tolerada del Estado colombiano para hacer cumplir las leyes.

Dice un conocido que antes el mayor enemigo del hombre era el diablo, pero que ahora es la DIAN. Y esto seguramente empeorará en el futuro, a medida que mejoren los controles y sea mayor el número de funcionarios de la DIAN persiguiendo la evasión, lo cual me parece muy bien.

Por otra parte, los impuestos no pueden seguir subiendo indefinidamente, porque “matamos la gallina”. Si un particular o empresa deben generar cuatro pesos para quedarse solo con un peso, el Estado se convierte en el accionista mayoritario, con el agravante de que individuos y empresas siguen manejando todos los demás riesgos del negocio (mercado, laboral, penal, etc.), mientras el Estado se lleva la mejor parte sin asegurar un manejo eficiente y honrado de los recursos. Sería la fórmula segura al fracaso como nación. Y si además la productividad en Colombia es la cuarta parte de la de los países avanzados, ¿cómo podrán las empresas y los individuos progresar, competir, crear empleo y pagar mejores salarios?

Se estima que la informalidad (58 % en Colombia), genera evasión de impuestos por $10 billones en renta y $20 billones en IVA. Además, este mismo 58 %, generalmente, no aporta a salud ni a pensión, cuyos costos deben asumirlos los formalizados (empleados y empresas). ¿Es esto fiscal y socialmente sostenible?

Este estado de cosas es un llamado a una guerra inteligente, pero radical, contra la corrupción (incluyendo la informalidad), antes que nada. Sin este saneamiento previo, ganar las otras batallas parece muy difícil.

Juan L. Gómez

Noviembre, 2022

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