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El dinero y yo

Por Juan Laureano Gomez
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Quiero invocar tres imágenes sobre el dinero: primera, el “estiércol del diablo”, como me lo dijeron en el seminario; segunda, el billete de un dólar con la inscripción “En Dios confiamos (“in god we trust”); así lo experimenté desde mi primer viaje a los EE UU a los 20 años; y tercera, la jota española: “Te quiero morena, te quiero, como se quiere a la gloria, como se quiere al dinero, como se quiere a la madre”.

En mi pueblo natal Charalá, eran pocos los ricos. Mi madre enviudó cuando yo tenía cinco años y éramos 10 hermanos. El párroco local ayudó a mi madre a conseguir el cargo de telefonista del pueblo. Era como ser secretaria de todo el pueblo (solo existía un teléfono).

Para mi suerte, y gracias a que uno de mis hermanos mayores era jesuita y estaba como “maestrillo” en el colegio Ortiz de Tunja, se me otorgó una beca para el internado allí. Esto me trasladó a un ambiente donde yo era minusválido económico, frente al poder adquisitivo de mis compañeros. Allí se me despertó la necesidad urgente de superarme para elevar mi nivel económico y el de mi familia, y en tal sentido allí hice mi primer voto (no ya de pobreza), sino de riqueza, en lo cual, sin haber sido extraordinariamente exitoso, me considero satisfecho, en gran medida por mi perseverancia en el trabajo en un banco internacional, donde adquirí la cuasi obsesión (o hobby) por las finanzas.

Vuelvo a otras imágenes y contenidos sobre el dinero: Primera, el joven rico que pregunta a Jesús cómo alcanzar la vida eterna y la respuesta que todos sabemos: “vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y ven y sígueme”. Segunda, el ojo de la aguja por donde le quedaría más fácil pasar a un camello que a un rico entrar al reino de los cielos. Tercera, ser rico no es tener mucho, sino necesitar poco.

Todo lo anterior para confesar que aún vivo en medio de todas esas imágenes arriba evocadas. A ratos generoso, a ratos mezquino y acumulador. A ratos con un pie en el reino celestial, y a ratos sin poder pasar por el ojo de la aguja. Tengo memorias claras de eventos que me engrandecen y de otros que me hieren.

Me consuelo pensando que, así como el amor, el dinero también está entre los temas cruciales de nuestra humanidad, que siempre habrá que trabajar para moldearnos y vencer las malas inclinaciones de nuestra naturaleza.

Juan Laureano Gómez

Junio, 2024

1 comentario
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1 comentario

Luis Arturo Vahos 7 junio, 2024 - 9:10 am

Juan Laureano. En pocas líneas eres capaz no sólo de reflejar la contradicción en que todos nos movemos, sino de mostrarnos facetas familiares y sociales propias de un colombiano común, que si no tiene padrino político o religioso entra en el mundo de los desposeídos. Por fortuna, encontraste apoyo que supiste aprovechar para avanzar con éxito por el camino de la vida. Abrazos.Gracias

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