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Juan Laureano Gomez

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Muy al estilo macondiano, Petro ofrece crear el capitalismo a la colombiana, un “capitalismo mágico” para “gozar la vida y vivir sabroso”. Los chinos han sido exitosos, pero el capitalismo del siglo XXI es un fracaso mayor. 

Para gozar la vida ‒todos sabemos‒ se requieren recursos y la fuente principal de recursos del Estado son los impuestos, con lo cual cobra relevancia la reforma tributaria, un primer requisito de los gobiernos en los últimos 30 años. Todos prometen una reforma estructural, aunque en la práctica las reformas no han pasado de ser cortoplacistas, bien sea por miopía financiera, cobardía política o, muy probablemente, una mezcla de las dos. 

Los gobiernos saben que cualquier exceso en impuestos es “perjudicial para la salud” y, por eso, andan con tino; si no, acordémonos de la abortada reforma de Carrasquilla el año pasado. Mucho impuesto a los ricos desestimula la inversión y la creación de puestos de trabajo y mucho impuesto a los pobres aumenta la pobreza y la crisis social en general. Y un nivel bajo de impuestos limita el gasto social, además de mantener un déficit fiscal permanente, como es el caso de las economías en desarrollo. 

Dicho esto, la política colombiana ha sido acomodaticia desde el Frente Nacional. Lo que empezó como una alternancia en el poder de los partidos políticos tradicionales derivó en acuerdos programáticos entre el ejecutivo y el legislativo para obtener mayorías en el Congreso y asegurar así la gobernabilidad. En esta última elección presidencial, a pesar de las promesas de cambio y de lucha contra la corrupción, principalmente caracterizada por el cobro de comisiones en las asignaciones presupuestales, parece que todo seguirá igual. Al menos en el interactuar entre gobierno y Congreso. Así al menos parece por los recientes acuerdos entre el victorioso Pacto Histórico, el Partido Liberal y otras agrupaciones que permitirán al gobierno entrante contar con mayorías en el legislativo. De hecho ‒recordemos‒ las elecciones presidenciales no cambian la composición del Congreso.

Esa alianza parecería servir de moderadora de la ortodoxia socialista de muchas de las propuestas del nuevo presidente. Sin embargo, podría llevar al desengaño de muchos seguidores del Pacto Histórico, votantes claros de un cambio en la forma de hacer política en el país.

Así pues, se impone la realidad de “moler con las mulas que hay” y, en lugar de generar un cambio brusco de consecuencias desconocidas o un “salto al vacío”, parecería que vendrán cambios graduales. Siempre es mejor y más sostenible construir sobre lo construido.

De la habilidad del nuevo presidente para explicar a todos el curso de acción y la implementación de propuestas ‒teniendo en cuenta los acuerdos programáticos‒ dependerá que sigamos avanzando, no sin dificultades como hasta ahora lo hemos hecho, sobre la base que solo el trabajo y la honradez son garantía de progreso.

Es resaltable la declaración de guerra a la pobreza (uno de los argumentos fuertes para la reforma tributaria y pilar de la prometida “vida sabrosa “), de la cual estábamos en mora pues, al parecer, el dolor ajeno termina insensibilizándonos ante la imposibilidad individual de resolverlo. 

Por otra parte, es indispensable reactivar relaciones y comercio con Venezuela ante tanto drama migratorio y necesidades económicas. Si con alguien se debe hablar es con el “enemigo”, que en verdad no lo parecerá tanto después de que hablemos con él. Del amigo siempre sabemos lo que piensa, pero ¿cómo lidiar con el “enemigo” si lo desconocemos totalmente? También con los vecinos debe aplicarse el “moler con las mulas que hay”.

La pregunta del día es el modelo socialista latinoamericano que seguirá el nuevo gobierno y si finalmente dicho modelo cuadra con el capitalismo a la colombiana. Me inclino por que Petro seguirá un modelo de cambios graduales parecido al de AMLO en México.

Nuestro éxito como país dependerá de que hablemos menos y nos escuchemos más para entendernos y juntos poder hacer más. Y, además, cambiar la cultura de la corrupción imperante, esa otra guerra que falta por declarar urgentemente y por la cual la otra mitad del electorado votó y sin la cual la guerra contra la pobreza puede perderse. Es posible que esa otra mitad del electorado se organice como partido político y siga muy de cerca el desarrollo de los acontecimientos.

Con una margen de victoria de apenas 3 % y una situación económica precaria, se impone la necesidad de alcanzar acuerdos programáticos para lograr consensos mayoritarios como un buen comienzo para aterrizar un capitalismo mágico que surja de la unidad. Quizá Colombia logre añadir a su marca país esta denominación del capitalismo que contrastaría con el capitalismo salvaje que tanto se critica hoy.

Juan L. Gómez C.

Septiembre, 2022

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Muy al estilo macondiano, Petro ofrece crear el capitalismo a la colombiana, un “capitalismo mágico” para “gozar la vida y vivir sabroso”. Los chinos han sido exitosos, pero el capitalismo del siglo XXI es un fracaso mayor. 

Para gozar la vida, todos sabemos, se requieren recursos, y la fuente principal de recursos del Estado son los impuestos, con lo cual cobra relevancia la reforma tributaria, un primer requisito de los gobiernos en los últimos treinta años. Todos prometen una reforma estructural, aunque en la práctica las reformas no han pasado de ser cortoplacistas, bien sea por miopía financiera, cobardía política o, muy probablemente, una mezcla de las dos. 

Los gobiernos saben que cualquier exceso en impuestos es “perjudicial para la salud” y, por eso, andan con tino; si no, acordémonos de la abortada reforma de Carrasquilla el año pasado. Mucho impuesto a los ricos desestimula la inversión y la creación de puestos de trabajo y mucho impuesto a los pobres, aumenta la pobreza y la crisis social en general. Y un nivel bajo de impuestos limita el gasto social, además de mantener un déficit fiscal permanente, como es el caso de las economías en desarrollo. 

Dicho esto, la política colombiana ha sido acomodaticia desde el Frente Nacional. Lo que empezó como una alternancia en el poder de los partidos políticos tradicionales derivó en acuerdos programáticos entre el ejecutivo y el legislativo para obtener mayorías en el Congreso y asegurar así la gobernabilidad. En esta última elección presidencial, a pesar de las promesas de cambio y de lucha contra la corrupción, principalmente caracterizada por el cobro de comisiones en las asignaciones presupuestales, parece que todo seguirá igual. Al menos en el interactuar entre gobierno y Congreso. Así al menos parece por los recientes acuerdos entre el victorioso Pacto Histórico, el Partido Liberal y otras agrupaciones que permitirán al gobierno entrante contar con mayorías en el legislativo. De hecho, ‒recordemos‒ las elecciones presidenciales no cambian la composición del Congreso.

Esa alianza parecería servir de moderadora de la ortodoxia socialista de muchas de las propuestas del nuevo presidente. Sin embargo, podría llevar al desengaño de muchos seguidores del Pacto Histórico, votantes claros de un cambio en la forma de hacer política en el país.

Así pues, se impone la realidad de “moler con las mulas que hay” y, en lugar de generar un cambio brusco de consecuencias desconocidas o un “salto al vacío”, parecería que vendrán cambios graduales. Siempre es mejor y más sostenible construir sobre lo construido.

De la habilidad del nuevo presidente para explicar a todos el curso de acción y la implementación de propuestas ‒teniendo en cuenta los acuerdos programáticos‒ dependerá que sigamos avanzando, no sin dificultades como hasta ahora lo hemos hecho, sobre la base que solo el trabajo y la honradez son garantía de progreso.

Es resaltable la declaración de guerra a la pobreza (uno de los argumentos fuertes para la reforma tributaria y pilar de la prometida “vida sabrosa “), de la cual estábamos en mora pues, al parecer, el dolor ajeno termina insensibilizándonos ante la imposibilidad individual de resolverlo. 

Por otra parte, es indispensable reactivar relaciones y comercio con Venezuela ante tanto drama migratorio y necesidades económicas. Si con alguien se debe hablar es con el “enemigo”, que en verdad no lo parecerá tanto después de que hablemos con él. Del amigo siempre sabemos lo que piensa, pero ¿cómo lidiar con el “enemigo” si lo desconocemos totalmente? También con los vecinos debe aplicarse el “moler con las mulas que hay”.

La pregunta del día es el modelo socialista latinoamericano que seguirá el nuevo gobierno y si finalmente dicho modelo cuadra con el capitalismo a la colombiana. Me inclino por que Petro seguirá un modelo de cambios graduales parecido al de AMLO en México.

Nuestro éxito como país dependerá de que hablemos menos y nos escuchemos más para entendernos y juntos poder hacer más. Y, además, cambiar la cultura de la corrupción imperante, esa otra guerra que falta por declarar urgentemente y por cual la otra mitad del electorado votó y sin la cual la guerra contra la pobreza puede perderse. Es posible que esa otra mitad del electorado se organice como partido político y siga muy de cerca el desarrollo de los acontecimientos.

Con una margen de victoria de apenas 3 % y una situación económica precaria, se impone la necesidad de alcanzar acuerdos programáticos para lograr consensos mayoritarios como un buen comienzo para aterrizar un capitalismo mágico que surja de la unidad. Quizá Colombia logre añadir a su marca país esta denominación del capitalismo que contrastaría con el capitalismo salvaje que tanto se critica hoy.

Juan L. Gómez C.

Julio, 2022

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La política es, quizá, la actividad más importante que puede desarrollar el ser humano. Los políticos hacen Constituciones, distribuyen presupuestos y deciden sobre lo divino y lo humano a su mejor juicio y decisión. Ellos regulan y controlan desde lo macro hasta lo micro, sin dejar actividad alguna por fuera. 

Los políticos no siempre hacen una buena administración, que consiste en tres tareas básicas: regular, entrenar y controlar. Generalmente, en los países en vías de desarrollo sobrerregulamos, entrenamos poco y controlamos mediocremente. No es difícil concluir entonces que, a menor administración o gerencia de la cosa pública, mayor nivel de corrupción.

Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pues ¿de dónde salen los políticos sino de la misma masa de gobernados? Así, el desarrollo de las naciones se ve limitado porque el nivel de desarrollo cultural dificulta la creación de consensos para elegir a los mejores.

La experiencia de lo que vemos en pequeños y grandes municipios colombianos podríamos determinarla, en mayor o menor grado, como una política de mendicidad, en donde alcalde y concejales son elegidos por votación secreta, mediante elecciones periódicas, contaminadas por una práctica ancestral de intercambio de favores, práctica que con el paso del tiempo evolucionó a una compra de votos y más recientemente a promesas de contratos por votos. Para recuperar su inversión, los políticos deben contratar obras públicas con sobrecostos y los ciudadanos inermes se ven obligados a mendigar servicios eficientes.

En general, los ciudadanos están desanimados y desmoralizados e, incluso, algunos atemorizados (en las zonas más apartadas y desprotegidas) ante las posibles represalias por parte de algunos políticos, de quienes se rumora que tienen contactos con agentes armados al margen de la ley. De esta forma se completa un círculo vicioso, para salir del cual se requiere un cambio cultural en la base de la población con el fin de organizarse y elegir gobernantes adecuados.

Como actividad fundamental, la política está sometida a graves riesgos de cuyo manejo depende la generación de riqueza y el bienestar de los pueblos. Un buen gobierno generará riqueza y bienestar para todos; un gobierno mediocre, riqueza para unos y pobreza para otros, y un mal gobierno pobreza para todos.

Se concluye, entonces, que el primer deber de todo ciudadano es participar en política, debatiendo y planteando soluciones, eligiendo a los mejores y finalmente ejerciendo control, lo cual implica delatar a los corruptos. Cada pueblo o nación deberá encontrar su propio sistema político, unos más representativos o autoritarios, pero que todos atiendan a sus raíces culturales.

Independientemente del sistema político, es urgente reformarnos por las buenas hacia una mejor y más limpia administración pública, lo cual es responsabilidad tanto de electores como de elegidos. Lo contrario es suicida para todos. Quizá la pandemia, al desnudar muchos problemas sociales, acelere los procesos de depuración política. Con que cumpliéramos las amplias y diversas leyes laborales y de protección social, así como la administración limpia e inteligente de los recursos existentes, daríamos un paso gigantesco hacia el progreso. 

Muchos de los problemas actuales de los pequeños municipios o pequeñas aldeas no requieren presupuesto adicional, sino respeto a la ley y, principalmente, a los derechos de los demás.

Finalmente, me inclino porque gane el Centro Esperanza, particularmente por la participación ahí de Alejandro Gaviria. Los programas, como el papel, aguantan todo (y, además, no alcanza la plata para tantas promesas), y los candidatos necesariamente nos pintan pajaritos de oro. Votemos sobre todo por quien con su hoja de vida nos haga soñar con un mejor país donde progresivamente avancemos en justicia, equidad y paz. 

Sin mejorar la productividad no alcanzaremos el progreso. Miro con envidia un país como Corea del Sur, actualmente considerado primero en innovación a nivel mundial y donde la gente moría de hambre después de la guerra en los años cincuenta del siglo pasado. Allí, aún en los municipios más pequeños, se ve un progreso caracterizado por empleo, tanto industrial como agrícola, liderado por administraciones nacionales y municipales eficientes. 

Más que un pedazo de papel con unas promesas improbables, miremos la hoja de vida del candidato que nos demuestra su personalidad y desempeño. Al fin de cuentas estamos eligiendo (“contratando”) a alguien que va a trabajar para nosotros.  

Juan Laureano Gómez

Marzo, 2022

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De todos los relatos de horror y barbarie revelados en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición hay uno que me impresionó particularmente: el del paramilitar que recibió la orden de matar a todos los habitantes, mujeres u hombres, adultos o niños, que fueran a salir de un caserío. 

Cuando se acercaban al sitio señalado, los hombres armados vieron venir una pareja de jóvenes mujeres. El comandante dio la orden de disparar a la de mayor altura, que fue ultimada al instante. La segunda joven logró correr y se abrazó a los pies del comandante, suplicando por su vida, diciéndole: “no me mate, yo me le entrego…, yo soy virgen y, si no lo fuera, entonces usted me mata”. Sin embargo, el comandante desenfundó su arma, la mató y luego la descuartizó, porque si no lo hacía lo mataban a él, según su relato.

Vienen a la memoria otras barbaries. Durante la segunda guerra mundial el exterminio no fue solo de los judíos. En la invasión del ejército alemán a Rusia, la orden era arrasar con todo, de tal forma que se agrupaba a los campesinos y los fusilaban para luego quemar las aldeas y los campos. En esa misma guerra, por un error de la aviación alemana que terminó bombardeando Londres ‒según la historia oficial‒, se desató un bombardeo indiscriminado de ciudades por parte y parte con miles y miles de víctimas. 

En 1900, durante la guerra de los bóxers en China, luego que los rebeldes ocuparan la embajada alemana y mataran al embajador e hicieran otras atrocidades, ocho potencias europeas organizaron una invasión de China. La despedida de los soldados alemanes que iban a ese país incluyó la exhortación oficial a acabar con todo lo que encontraran a su paso.  

Y las cosas empeoran si seguimos retrocediendo en el tiempo, a las guerras religiosas, a las Cruzadas, a los antiguos imperios de India, China y Persia… Corrían ríos de sangre, literalmente. Durante la primera Cruzada los musulmanes fueros sorprendidos: los cristianos lograron tomar Jerusalén; la mortandad fue tan grande que ‒según unos historiadores‒ la sangre llegaba hasta las rodillas de los soldados y, para otros, hasta la altura de los tobillos. Algo similar pasaba en los sacrificios humanos de los aztecas. Así, la barbarie no es novedosa entre los humanos, a pesar de lo cual con frecuencia pensamos y, sobre todo, sentimos que nuestra barbarie es única y, por supuesto, la más dolorosa de todas, pues es la que nos correspondió vivir.

En la oración universal ‒el padrenuestro‒ pedimos que se nos perdone, así como perdonamos a los que nos ofenden, quizás como forma de reconciliarnos con el destino cruel de nuestra naturaleza, en la que a veces uno sufre lo que hacen otros y, luego, otros sufren lo que hacemos nosotros. Aun así, las perspectivas de la violencia cambian de acuerdo con la educación; por ejemplo, los militares que se entrenan para la guerra, y los ejércitos (legales e ilegales) que abundan.

Es muy probable que el futuro sea mejor, aunque el proceso de mejora sea lento y solo veamos resultados en unos diez años o más.  No nos desanimemos…, la humanidad ya superó dos guerras mundiales. Es reconfortante pensar que después de la tempestad viene la calma. 

El camino a la paz requiere sacrificios. No olvidemos que la paz permite todas las oportunidades, mientras la guerra materializa todos los riesgos. Quisiéramos pensar que lo sucedido en Colombia es único en el mundo, pero no es así, como lo demuestra la historia universal. 

Juan Laureano Gómez

Enero, 2022

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En un mundo cada vez más digitalizado y con mayores flujos de información y automatización se hace esencial mantener una ciberseguridad adecuada que provea sostenibilidad a las empresas y gobiernos.

A las pandemias del COVID-19 y de las redes sociales se ha unido la epidemia de hackeos, entre los cuales se cuentan el del mayor oleoducto de Estados Unidos (Colonial Pipeline), que transporta gasolina y otros combustibles desde Texas hasta Nueva Jersey (8800 km). Se hizo en mayo de 2021 y resultó en un pago de rescate en bitcoins equivalente a cinco millones de dólares. Los criminales vulneraron una entrada vía VPN (red privada virtual, por sus siglas en inglés) que no contaba con doble seguridad, es decir, solo requería una contraseña sin requerimiento adicional (por ejemplo, mediante un mensaje de texto a un celular).

También en mayo pasado, JBS (nombre formado por las iniciales del nombre de su fundador, el brasileño José Batista Sobrinho), la empresa procesadora de carne más grande del mundo, sufrió ataques que paralizaron su operación en Estados Unidos, Canadá y Australia. En Estados Unidos incluso los departamentos de policía han optado por pagar rescates para no perder información crítica o para no incurrir en el costo de reconstruir los sistemas de información. Para la mayoría de las empresas un riesgo relevante es el de las demandas de sus usuarios por la revelación de información confidencial de ellos que está en poder de las empresas. 

Cualquier empleado sin preparación suficiente o con actitud desprevenida puede originar un hackeo al bajar de internet información contaminada o al perder su clave de acceso. La pandemia del COVID-19 desplazó a sus casas a millones de empleados que antes contaban con ambientes más seguros en las oficinas de las entidades donde trabajaban y que en sus hogares estaban sujetos a mayores distracciones por atender múltiples actividades en la familia, como el cuidado de niños y tareas del hogar.

En cualquier lugar donde haya conectividad existen riesgos de ciberseguridad. Muchos procesos ahora están automatizados y reciben órdenes a través de redes informáticas que pueden ser vulneradas.

Entre las acciones que pueden tomar las empresas (algunas de las cuales también pueden ser aplicables a individuos) para protegerse en estos temas está la toma de conciencia del riesgo, es decir, fortalecer la cultura del riesgo. 

La ciberseguridad es uno de los tres riesgos de mayor importancia actualmente, según varios sondeos de opinión. Este riesgo debe incorporarse en la planeación estratégica y en los planes de acción de empresas y otras entidades, como las universidades. Las que elaboren Mapas de Riesgo tendrán las herramientas para la identificación, análisis, evaluación y seguimiento de cada riesgo particular relacionado con la ciberseguridad 

Todo acceso a computadores, fuentes o redes de información debe incluir un doble control (como una contraseña y la confirmación mediante un código adicional vía mensaje de texto). Actualmente existen herramientas para el acceso sin contraseñas ‒por ejemplo, a través de la identificación biométrica‒, pero su popularización es aún lenta.

Así como en temas de cumplimiento se exige cero tolerancia, en cuestión de ciberseguridad debe manejarse cero confianza para el manejo de los controles.

No hay almuerzo gratis o de eso tan buen no dan tanto, decimos coloquialmente como prevención de lo que no nos cuesta. En verdad, internet provee un gran volumen de información gratuita, pero no por eso está libre de riesgos que pueden resultar muy costosos.

Juan L. Gómez

Enero, 2022

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Ante el misterio de la vida y del universo muchos nos acogemos, en general, a la tutela de un Padre Celestial. Esta decisión también hace parte de la celebración cristiana de la Navidad.

La Navidad es la celebración de la vida, es decir, de la familia. Es recordar la niñez; es volver a un mundo sencillo bajo la tutela de los padres y de un Padre Celestial, es decir, el Creador del universo. Ese padre del cielo y esa niñez de la que cantó Miguel de Unamuno en su Cancionero (1928-1936) estos versos:

Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar;

la hiciste para los niños,

yo, he crecido, a mi pesar.

Si no me grandas la puerta,

achícame por piedad;

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

Eso es lo que corresponde ahora con el transcurso de los años: reconocer al Padre del cielo y volver a esa edad bendita de la sencillez y la confianza, para seguir soñando.

Navidad es también recordar…: es recoger el musgo en la finca de la abuela que bordeaba un río, con un salto de agua y con paseo de olla incorporado, es construir el pesebre grande y cocinar los amasijos en un horno de barro, bajo la dirección de las tías solteras, y es hacer una olla inmensa de tamales para repartir a toda la familia, una tarea que duraba varios días. 

Particularmente, me acuerdo de la navidad en que me regalaron una pistola artesanal que disparaba rascaniguas (o triquitraques). Para estrenarla, salimos a las calles del pueblo con mis hermanos y a la primera persona que encontramos (una matrona muy distinguida), le disparé con mi pistola, a lo cual la señora respondió con un bofetón, llamándome “chino atrevido”.

Más adelante, en los años de seminario, recuerdo las serenatas antes de la misa de medianoche y luego natilla, buñuelos y regalos.

La mejor de las navidades fue cuando, recién nacido mi primer hijo, estrené la paternidad. Ese niño fue mi niño Jesús, la encarnación del milagro de la vida y del universo, y prueba viviente del Dios Creador. Comprendí, entonces, por qué las religiones encarnamos a Dios en un hermano mayor, en nuestro caso Jesucristo, de cuyos labios aprendimos a orar empezando con la advocación Padre nuestro que estas en los cielos… Un solo Padre y todos hijos de Dios, para ser solidarios, justos y equitativos.

En esta navidad tuve una gran sorpresa. Cuando le pregunté a uno de mis familiares más cercanos acerca de su preferencia para obsequiarle un regalo, me respondió que el dinero que yo tuviera asignado para ese regalo se lo entregara a una persona bien pobre. 

Desafortunadamente, Navidad se identifica ahora con el consumo desbordado y muchas veces innecesario. Contribuyamos al mejoramiento del medio ambiente y de la equidad compartiendo con los más necesitados.

Juan Laureano Gómez

Diciembre, 2021

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Nuestro compañero Juan Laureano, con una amplia trayectoria en el mundo del riesgo bancario en el Bank of America, tanto en Colombia como en Estados Unidos, se ha dedicado últimamente a estudiar el blockchain y las criptomonedas, con miras a editar su segundo libro relacionado con la gestión de riesgos en la pospandemia del COVID-19. En su charla con nuestro grupo, a pesar de considerarse “amateur” en este tema, nos acercó de manera cultural para compartir su información sin ánimo de recomendar ninguna alternativa a los interesados. Luego de una introducción, algo de la tecnología que conlleva este asunto, sus consecuencias en las finanzas, en la economía y en la  sociología, su charla y las preguntas que siguieron nos abrieron la curiosidad sobre este tema tan interesante, aparentemente de repercusiones futuras inimaginables.

Exjesuitas en tertulia- Noviembre 11, 2021
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El manejo de la pandemia que estamos viviendo ha debido convocar a los países de América Latina. Si nos hubiéramos unido cabría la posibilidad de desarrollar una vacuna latinoamericana contra el COVID-19. O, también, pensar en una criptomoneda común.

El COVID-19 es un llamado a la unidad latinoamericana. Históricamente, ha habido imperios dominantes y hasta no hace mucho los imperios se creaban a sangre y fuego; sin embargo, ahora, ante el riesgo de la mutua destrucción por las armas atómicas, se compite en guerras frías; la primera, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta poco antes del fin del siglo pasado, entre Estados Unidos y Rusia, que ahora es entre Estados Unidos y China, aunque sin alcanzar las mismas dimensiones. 

Hoy, la competencia es por los mercados de bienes y servicios, que va a ganar quien tenga más peso en el mercado mundial. La cereza en el pastel es la dominación monetaria y financiera, pues le permite al poder dominante emitir dinero impunemente para apalancar su propio crecimiento y competitividad.

En contraposición, para los países pobres la emisión monetaria está limitada por el mercado interno, so pena de generar inflación y ruina generalizada. Por ello, se ven obligados a endeudarse en moneda fuerte, volviéndose así cada vez más dependientes del poder dominante. Pensemos, por ejemplo, en Venezuela: no obstante tener las mayores reservas de petróleo del mundo, ha caído en la hiperinflación y la pobreza por su falta de disciplina fiscal e ineficiencia general. 

Las monedas dominantes en el mundo son el dólar estadounidense, el yuan chino, el euro y el yen japonés. De estos países, Japón es la nación con mayor nivel de deuda pública en comparación con su producto interno bruto, actualmente de alrededor de 2.5 veces. La emisión monetaria inorgánica no ha cesado en Japón desde la década de 1980, cuando el país experimentó una enorme burbuja inmobiliaria que generó una gran crisis económica. Como los economistas saben, las crisis financieras se solucionan mediante emisiones monetarias y es lo que están haciendo los países con monedas fuertes debido a la crisis provocada por el COVID-19.

Seguimos muy lejos de lograr una unión latinoamericana. El desarrollo de una vacuna contra el COVID-19 fue una oportunidad perdida por falta de confianza en nosotros mismos. Ahora que la vacuna Soverana-2 de Cuba ha sido autorizada por la Organización Mundial de la Salud, qué bueno habría sido aliarnos para generar nuestra propia vacuna, no solo con Cuba, sino también con Brasil, donde también se está desarrollando otra contra el COVID-19. Aliarse respetando las ideologías de cada país y sin entrometerse en asuntos internos, lo que de todas maneras ni hacemos ni podemos hacer. 

Por otro lado, en Colombia, la autorización de la Superfinanciera a algunos bancos para explorar el uso de las criptomonedas es positiva. China está avanzando rápidamente en una criptomoneda respaldada por el yuan; en India, está en trámite una ley para prohibir el uso de criptomonedas extranjeras, pendiente de su propia emisión. 

Pero aún más importante que explorar el uso de las criptomonedas, es disminuir el uso del dinero físico, aumentando al mismo tiempo los pagos digitales para ganar tiempo y transparencia. De todas maneras, el cada vez mayor uso de las criptomonedas parece imparable. 

¿Contribuirán estas a una mayor autonomía financiera para los países emergentes? ¿Deberíamos en Colombia desarrollar una criptomoneda respaldada por el Banco de la República?  ¿Llegaremos a tener en Latinoamérica una criptomoneda común? Además, ¿qué tanta emisión inorgánica de dinero puede soportar un país como Colombia, sin generar inflación? 

Sin duda, de mantenerse una adecuada generación y distribución de bienes y servicios algún margen habrá. Los paros y protestas recientes en varios países de la región, producto de la inestabilidad social y política, han generado inflación de productos alimenticios porque interrumpen las cadenas de suministro y producción, lo que representa un peligro mayor que una moderada emisión monetaria.  

Pandemia y criptomonedas son temas muy complejos, pero lo menos que puede  hacerse en esta situación de crisis es investigar e innovar. 

Juan L. Gómez

Octubre, 2021

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El libro Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica, de Howard Gardner, publicado en 1995, abrió la concepción de que había de inteligencia en varias dimensiones, como la inteligencia interpersonal y la intrapersonal, la corporal, la naturalista o la musical.

Hoy se habla de muchas formas de inteligencia. Están la lógica-matemática, la lingüística y la espacial, entre otras. Después empezó a hablarse de la inteligencia emocional, como un camino para conocer y controlar las emociones. La inteligencia social, también denominada interpersonal, facilita la interacción con los otros. Desarrollar ese tipo de inteligencia nos ayuda a escuchar, hablar y, en general, a desenvolvernos en el tiempo y de la manera indicada.

Los humanos somos seres sociales por naturaleza, pero eso no nos dota automáticamente del equilibrio necesario para interactuar con los demás. Necesitamos un gran refuerzo mediante la educación (entre más temprano, mejor), para adquirir el sentido de lo comunitario, basado en el respeto a los otros y el diálogo en busca del bien común como el bien mayor (incluso mayor que el bien individual, si alguna vez fuesen antagónicos). La libertad, por ejemplo, es un bien individual muy preciado, pero sin límites termina en el desorden, que es un mal para toda la comunidad. El individuo es libre, pero dentro del orden, que es el respeto a los demás.

Buena parte de los problemas de inequidad e injusticia vienen de un bajo nivel de capital social. Para construir capital social se requiere educar a los niños en los valores comunitarios y en el sentido de nación como empresa común que debemos construir todos. No ayuda minimizar asignaturas en el currículo escolar, como ha sucedido con la historia y la geografía y otras disciplinas humanísticas ‒incluidas en un área llamada ciencias sociales‒, y la filosofía, que nos ubican en el tiempo y el espacio como seres sociales pensantes.

Tampoco ayuda que no se evalúen los profesores. ¿Qué mensaje se envía a los educandos cuando los maestros no permiten ser evaluados si en el mundo exterior todo está sujeto a evaluación y supervisión?  

El desarrollo de las redes sociales ha complicado aún más las cosas por la proliferación de noticias falsas que exacerban el inmediatismo de la sociedad de consumo. No hay tiempo ni base intelectual para filtrar, ordenar y asimilar tanta información circulante, promotora de cambios inmediatos y supuestamente fáciles de implementar.

Tampoco la sociedad ha desarrollado mecanismos de control de los nuevos canales digitales, en los cuales cada uno expresa lo que quiere, generalmente de forma inmune y sin tener que responder por lo que se dice. Son fenómenos sociales desbordantes en todas partes del mundo (una pandemia más voraz que el COVID-19, pues no tiene vacuna), con excepción de los regímenes totalitarios.

Los riesgos de las redes sociales, como sistema de información errático y caótico, apenas están empezándose a sentir. La tecnología es buena o mala, según se use. En sí misma no lleva implícito ningún control o análisis de riesgo.

El mal uso de las redes sociales puede distorsionar y aun destruir el capital social de una nación, sobre todo si el fenómeno se acentúa por fallas (en el sistema educativo), generadoras de un bajo coeficiente de inteligencia social. 

Juan L. Gómez

Septiembre, 2021

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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

La pandemia exacerbó la crisis social: más desempleo e inequidad y menos oportunidades (para 74 % de los jóvenes el principal problema actual del país es el desempleo, que es de 24 % entre los jóvenes). 

Las protestas son un derecho y son entendibles, pero no justifican la violencia ni los bloqueos, que son delitos, pues secuestran a otros al coartarles la libertad de circulación para el trabajo, la alimentación y la salud, lo que es ilegal. 

La autoridad, por otra parte, parece limitada para garantizar los derechos de las mayorías ‒que sufren las consecuencias de la violencia por parte de unos pocos‒, y para castigar a los culpables.

El desarrollo de las redes sociales ha complicado aún más las cosas por la proliferación de noticias falsas que exacerban el inmediatismo de la sociedad de consumo. No hay tiempo ni base intelectual para filtrar, ordenar y asimilar tanta información circulante, promotora de cambios inmediatos y supuestamente fáciles de implementar.

Frente a esta situación, es necesario implementar varias acciones:

Programas masivos de empleo entre el gobierno y la empresa privada, con la meta de sustituir importaciones. Japón es el país con menos desempleo en el mundo, con una tasa estimada de alrededor de 3 %; en China, el desempleo es de alrededor de 5 %. Otorgar un ingreso solidario mínimo a millones de ciudadanos en estado de hambre es lógico, pero no darles trabajo a cambio (al menos a los que sean capaces), es un crimen porque los hace dependientes y degrada su condición humana. Importamos 12 millones de toneladas de alimentos anualmente, equivalentes aproximadamente a 30 % del total requerido. ¿Cuanto de esto se podría sustituir dando empleo?

Cambios en las leyes laborales, que son demasiado paternalistas. Podrían consolidarse primas y cesantías en el salario mensual e implementar un subsidio de desempleo. El camino más rápido al comunismo es el subsidio indiscriminado y sin contrapartida (cuando esto sea posible), para el bien común de donde sale el subsidio. Los subsidios generalizados son fiscalmente insostenibles. 

Necesitamos mejorar nuestra inteligencia social para aprender a escuchar, hablar y, en general, interactuar en el tiempo y la manera indicadas. Los humanos somos seres sociales por naturaleza, pero eso no nos dota automáticamente del equilibrio necesario para interactuar con los demás. Necesitamos un gran refuerzo mediante la educación (entre más temprano, mejor), para adquirir el sentido de lo comunitario, basado en el respeto a los otros y el diálogo en busca del bien común como el bien mayor (incluso mayor que el bien individual, si alguna vez fuesen antagónicos). Buena parte de los problemas de inequidad e injusticia vienen de un bajo nivel de capital social, para cuya construcción se requiere educar a los niños en los valores comunitarios y el sentido de nación como empresa común que todos vamos a construir. 

Requerimos mecanismos de control de los nuevos canales digitales donde cada uno expresa lo que quiere, por lo general inmunemente. Son fenómenos sociales desbordantes en todas partes del mundo (una pandemia más voraz que el COVID-19, pues no tiene vacuna), con excepción de los regímenes totalitarios. Los riesgos de las redes sociales como un sistema de información errático y caótico apenas están empezándose a sentir. La tecnología es buena o mala según se use, y en sí misma no lleva implícito ningún control o análisis de riesgo. El mal uso de las redes sociales puede distorsionar y aun destruir el capital social de una nación, sobre todo si el fenómeno se acentúa por fallas (en el sistema educativo), generadoras de un bajo coeficiente de inteligencia social. 

Nosotros, ¿qué podemos hacer?

Así como hay un comité nacional de paro (CNP), deberíamos tener un comité nacional antibloqueo (CNA) para movilizar a las mayorías silenciosas que queremos un cambio pacífico. Impedir la libre circulación por una vía: la corrupción, la inequidad, la injusticia y la pobreza son todas formas de bloqueo que nos impiden avanzar y convivir en paz. 

Debemos levantar nuestra voz pacífica contra todos esos bloqueos. Movilizar las mayorías silenciosas, a través de redes sociales, para lograr una mayor participación en la contienda electoral de 2022, lo que es crítico para preservar los valores democráticos de Colombia. 

Muchas cosas requieren cambio y renovación en esta encrucijada, pero lo evidente es que además de mayor productividad para hacer crecer la torta y repartir más, también necesitamos mayor legalidad y orden. De lo contrario, cada vez tendremos menos libertad y menos orden, por una parte y, por la otra, menos productividad y más pobreza. 

Juan L. Gómez

Julio, 2021

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El bitcóin, inventado en Japón hace apenas 12 años, se concibió inicialmente como medio de pago de compras en internet, pero con el tiempo su tecnología de encriptado empezó a utilizarse para todo tipo de registro seguro. Ignoramos para qué más se utilizará en el futuro.

Esa es la historia del desarrollo de la humanidad en tantos otros variados quehaceres. Por ejemplo, cuando el italiano Alessandro Volta inventó hacia 1880 la pila eléctrica mediante el contacto entre varios metales que generaban electricidad, era imposible predecir todos los adelantos que traería su invento, entre ellos la revolución de la luz eléctrica y el transistor. Algo parecido sucedió a partir del invento del celular, cuyo uso en múltiples aplicaciones ahora se ha popularizado. 

La tecnología siempre ha sido disruptiva, para bien o para mal, y el bitcóin no será la excepción. Sin embargo, pocos preveían un nuevo papel para el bitcóin como moneda de reserva, refugio contra la inflación y medio de especulación. Debido al número limitado de bitcóins que se pueden imprimirse (un total de 21 millones, de los cuales hasta la fecha circulan 18.6 millones, con un valor actual de US$876.000 millones), muchos lo ven como un refugio seguro y eso ha incentivado la especulación con una valorización cercana al 60 % en lo corrido de este año.

Hay otras monedas virtuales que eliminan la restricción del número de ellas en circulación, que seguramente irán ganando aceptación y competirán con el bitcóin a medida que se fortalezca la confianza de productores, consumidores y agentes reguladores.  

¿Se llegará a controlar y restringir el uso de las monedas virtuales? Empecemos por decir que las monedas virtuales ya existían antes del bitcóin. El dinero que hoy tenemos depositado en los bancos, en su gran mayoría, es de naturaleza virtual, es decir, se usa para pagos virtuales, los cuales han ganado preeminencia durante la pandemia del COVID-19. La diferencia es el grado de confianza del público, aun mayoritariamente centrada en la moneda tradicional que garantizan los bancos centrales.

El bitcóin, entonces, está basado más en una confianza “popular” que “pública”; por eso se lo considera más democrático. Pero la del bitcóin también es una confianza más tecnológica, basada en la encriptación y la promesa de invencibilidad (si pudiéramos usar ese término), de la cadena (chain) del registro.  

Tan segura ha resultado hasta ahora esa cadena de registro que quienes extravían la clave de 10 dígitos de acceso al registro pierden irremediablemente sus fondos. Los estimados de dichas pérdidas son de alrededor del 20 % del total hasta ahora emitidos, unos US$175.000 millones de dólares al precio actual. Ha habido otras pérdidas originadas en fallas en seguridad de los intermediarios en la compraventa del bitcóin, pero estas suceden cotidianamente en todos los sectores.

Lo evidente, por ahora, es que cada vez somos más especulativos, o, al menos, un mayor número de personas tiene acceso a la especulación financiera. Muchos de los adultos mayores tuvimos acceso a inversiones especulativas hace unos 30 años, cuando rondábamos los 40. Hoy, desde el bachillerato, los jóvenes adquieren nociones al respecto y quien esté interesado tiene todo tipo de instrumentos de aprendizaje y especulación en internet.

Las monedas virtuales llegaron muy probablemente para quedarse y paulatinamente ganarán aceptación y uso. Los otros vicios o quehaceres, como la especulación, son tan viejos como el hombre y de cada uno depende la perspectiva desde la cual se acerca a ellos. Al fin de cuentas, es posible especular con cualquier producto y, lamentablemente, la ganancia de uno es la pérdida de otro. En el caso del bitcóin, algunos bancos centrales sostienen que eventualmente todos los inversionistas en bitcóin perderán el 100 % de su inversión, lo cual podría suceder si se desvanece la confianza en la moneda o si un gobierno como el estadounidense prohíbe la moneda, lo cual parece remoto en este momento. 

En cuanto a la especulación, el papel de los gobiernos y reguladores es asegurarse que se sigan unas reglas mínimas para proveer las mismas oportunidades a todos los jugadores y así, los que decidan especular, lo hagan a su propio riesgo y nadie tenga asegurado el lado del ganador. Por otra parte, para que nadie tenga asegurado ese lado también se requiere, además de una regulación balanceada, libertad y transparencia del mercado.

El dólar estadounidense vale porque todos confiamos en él, lo cual permite al gobierno norteamericano emitir cuanto dinero quiera, lo que de hecho está sucediendo en esta pandemia del COVID-19. Pero una emisión excesiva puede generar inflación y devaluar la moneda, lo cual constituye otra razón más para los que tienen fe en el bitcóin, que no controla ningún país, para su propio provecho. 

Los inversionistas prudentes deben diversificar sus portafolios. Esa es, a su vez, otra razón más para los defensores del bitcóin. El refugio seguro en tiempos de crisis era, sin duda, el dólar estadounidense para los países en vías de desarrollo y el oro para todo el mundo; pero, no cabe duda, esto está cambiando y rápidamente.

Si desea profundizar las implicaciones comerciales de las criptomonedas en Colombia puede leer, en El Espectador, el artículo “El Espectador le explica qué es el bitcóin y por qué crece como espuma”* del 24 de febrero de 2021.  Actualmente, el Banco de Bogotá, Davivienda y Bancolombia están haciendo pruebas para pagos en algunas de estas monedas.

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Juan Laureano Gómez

Abril, 2021

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Por muchos años y a medida que el multipartidismo en los partidos políticos se extendía por el mundo, uno se preguntaba por qué algunos países se resistían a esa tendencia. En Colombia, por ejemplo, recién a fines del siglo pasado con la Constitución de 1991 se flexibilizó la creación de partidos y se estableció la doble vuelta en las elecciones presidenciales. Colombia se precia todavía de haber contado solamente con una dictadura en el siglo XX, mientras países como Bolivia llegaron a tener varios alzamientos en un mismo día hasta cuando alguno de los líderes militares finalmente consolidaba un apoyo mayoritario.

En otros países, como China, todavía se mantiene un partido único, pero reconozcamos que esto representa un avance de la época en que existía un imperio, cuando el único partido era el de la familia imperial, tal y como sucedió por siglos en Europa y aún sucede en algunos países del Medio Oriente, como Arabia Saudita.

La pregunta ahora es si en Estados Unidos de América por fin se abrirá campo el multipartidismo. Después del intento de golpe de Estado por parte de seguidores de Trump, azuzados por él el 6 de enero pasado, la sociedad ha visto horrorizada hasta dónde puede llegar la corrupción de algunos políticos cuando al frente del gobierno hay un líder autoritario e inescrupuloso, pero políticamente conveniente para algunos que, por otra parte, desaprovecharon la oportunidad de frenar a Trump durante su primer juicio en el Congreso en enero de 2020.

Ahora, la sociedad civil ‒a través de varias instituciones‒ ha visto cómo desde ella se llegó a intervenir y cancelar la cuenta de Trump en twitter, se suspendieron las contribuciones monetarias a los congresistas que votaron en el Senado contra la confirmación de Biden como presidente y otras acciones que indican un rechazo a una parte de la clase política. Grandes empresas tecnológicas, como Apple y Amazon, también tomaron acciones restrictivas para limitar el proselitismo de Trump. 

La respuesta a la pregunta inicial tiene lógica, pues en caso de incendio se rompe el vidrio para apagarlo con la manguera, y cuando un loco ataca corresponde defenderse con cuanto medio haya al alcance. De lo contrario, tanto el incendio como el loco acaban con todo y ya no queda nada para nadie.

Por otra parte, no se ve una intención clara de reforma por parte de la clase política estadounidense, al menos en el corto plazo. Además, la sociedad en general está traumatizada por los efectos de la pandemia del COVID-19 y el fraccionamiento cultural acentuado por la desinformación creada por Trump. El componente crítico de todo sistema político es el proceso electoral que, en Estados Unidos, por las razones anteriores, por miopía o por miedo a perder privilegios, no parece estar en la mira de los políticos ni de las elites en general.

Dos partidos parecen suficientes y algo ideal; pero la realidad es que el multipartidismo se ha establecido en muchas y diversas geografías y puede estar más acorde con sociedades más diversas, tolerantes e inclusivas. ¿Será Estados Unidos la excepción? ¿O logrará Trump crear y hacer sostenible un nuevo partido, The Patriot Party, como aseguran algunos?

La toma del capitolio en Washington ha escandalizado al mundo. Quizá sea necesaria una dosis de humildad para entender los cambios que se están dando y los problemas implícitos en seguirse considerando especiales o únicos en el mundo y, además, con derecho a imponer su mismo sistema político-económico en otras partes. 

Juan Laureano Gómez

Febrero, 2021

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El libro está muy bien documentado. Cuenta con una amplia bibliografía que evidencia el dominio de los temas y el sustento histórico de la búsqueda de la utopía como aspiración trascendente del hombre.

Los planteamientos de Hernando Bernal tienen una actualidad relevante y holística y cuentan con una aplicación práctica en búsqueda de soluciones, particularmente en lo concerniente a América Latina. Presentan una radiografía descarnada de nuestras realidades plagadas de líderes mesiánicos y delirantes, como en Venezuela, o de neoliberales fieles seguidores del imperio de turno y del libre mercado.

Siembra la inquietud de la tarea común para construir “la transformación cultural, es decir, (…) la transformación de hábitos y costumbres”. Una tarea titánica, solo posible con el desarrollo de una “conciencia personal, social y ecológica”mediante la educación.

El alcance del texto es ambicioso, pero no por eso menos aterrizado y conocedor de las limitaciones de nuestro ser latinoamericano. Tras un análisis exhaustivo de las circunstancias actuales, con sus riesgos y oportunidades, el libro se centra finalmente en buscar mecanismos que permitan la transformación cultural: “Son tiempos de grandes realizaciones y esperanzas, pero a la vez de peligros inminentes y riesgos exponenciales”.

En estos momentos de pandemia que afectan a la humanidad, el libro cobra especial relevancia para recordarnos la importancia de una adecuada gestión de riesgos. El COVID-19, por ejemplo, ha generado altos niveles de desempleo que se incrementarán en línea con las innovaciones tecnológicas necesarias para paliar la crisis. Y si algo enseña el pasado inmediato es que “gran parte de los riesgos que enfrenta la humanidad se deben a los progresos desbordados de la ciencia y su aplicación tecnológica”. Por otra parte, la búsqueda de la sostenibilidad, implícita en la gestión de riesgos, constituye en sí otra utopía.

Utopía y transformación cultural es un libro para incluir como texto de estudio y reflexión en colegios y universidades donde las nuevas generaciones han de adquirir los valores que nos lleven a superar las crisis presentes y futuras. Sin la educación adecuada será difícil superar nuestro estado actual; pero, aun así, no deja de ser imperativa la construcción de utopías que nos permitan avanzar hacia un mundo mejor. 

* Hernando Bernal Alarcón (2017), Utopía y transformación cultural. Bogotá: UNAD.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2020

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Ahora que estamos en pandemia he vuelto a rezar el rosario con mi esposa. Me conforta repasar la vida de Cristo y nos turnamos para hacer peticiones y animarnos a la mejora continua a la luz de la vida de Jesús. También rezo diariamente la “Oración para todas las gracias”, del papa Clemente XI, pues la encuentro completa en todo lo que podamos pedir. Es una perspectiva un poco egoísta, ¿pero no es egoísta todo lo que hacemos si nacemos centrados en nosotros mismos?

¿Por qué pedimos tanto a Dios? Porque nuestra limitación innata necesita una vía de escape y trascendencia. Es cierto: suena extraño… escapar a lo trascendente.

El coronavirus nos ha recordado la enfermedad y la muerte. Ha generado miedo e incertidumbre, la cual debemos aceptar humildemente. La incertidumbre siempre ha estado ahí, agazapada y camuflada entre las múltiples ocupaciones de la vida.  

El trabajo, que entretiene y ocupa la mente al mismo tiempo, me ha generado además la satisfacción de contribuir a la marcha de la vida desde mis habilidades personales (únicas para cada ser, dirán los sicólogos).

En retrospectiva, mi gran satisfacción fue tener una familia e hijos en particular. Son la corona de la vida, digo yo. La trascendencia, la expresión del amor y un valioso agente de renuncia a sí mismo (del amor propio, que muere quince minutos después de que uno fallece, como decía el padre maestro Fernando Londoño) han sido necesarias para acercarme a la paz interior.

El camino hacia esa paz lo recorro cada día con avances, retrocesos, caídas y resbalones. Para poder avanzar en él me he ayudado, particularmente, de tres instrumentos.

El primero, trabajar por una mente sana en un cuerpo sano, con alimentación balanceada, suficiente ejercicio físico y/o prácticas físico-mentales, como el yoga. No me canso de recomendar la práctica yoga de la respiración alterna, de la cual hay mucha información en internet. Baste decir que consiste en turnar la respiración entre las dos fosas o ventanas nasales para equilibrar el lado izquierdo y el derecho del cerebro, mejorar la oxigenación y la presión sanguínea y reducir la ansiedad. Cuerpo y mente sanos son una gran ganancia en la búsqueda de la paz interior.

El segundo es hacernos conscientes de que no somos el centro del universo y, por tanto, no tomar nada personalmente. Este es uno de los acuerdos fundamentales de una de las culturas mexicanas ancestrales, según expone Miguel Ruiz en su libro Los cuatro acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca.

Y, finalmente, perdonar setenta veces siete, complemento ideal y casi consecuencia de no tomar nada personalmente.

En cuanto a la religión, siempre la he visto como una necesidad. La historia de las religiones así lo confirma. El mismo evangelio lo ratifica cuando Jesús, después de su discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, donde dijo que es el pan de vida y que el que no cree no tiene vida eterna y muchos no le creyeron, lo que ocasionó que bastantes de sus seguidores decidieran no seguirlo, anuncia su viaje a Jerusalén para ser entregado, pero los discípulos se oponen. Cuando Jesús les responde y les dice pregunta si también van a marcharse, Pedro le contesta: “Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Las religiones son producto de la cultura de los pueblos y por eso se adaptan a sus necesidades; pero como además de expresión cultural son depositarias de la mitología, su evolución es más lenta que la de la cultura en general. Le tomó 500 años al catolicismo levantar la excomunión a Lutero. En ese aspecto podemos considerar al protestantismo y a las múltiples denominaciones “evangélicas” de allí derivadas como vanguardia de la evolución cristiana.

Viví cerca de diez años en Estados Unidos y allá llegué con la idea clara de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Sin embargo, conocí muchos evangélicos (allá los católicos son minoría), íntegros y devotos, lo cual cambió totalmente mi perspectiva.

Tampoco podemos culpar a las religiones de todos los males, como si, por ejemplo, el maltrato a la mujer y la esclavitud fuesen hechos abstractos separados de las culturas de los pueblos. La libertad de conciencia y la libertad de cultos fueron desarrollos que se llevaron a cabo, principalmente, en el período entre las dos guerras mundiales del siglo pasado, cuando se formalizaron en las Naciones Unidas. El catolicismo formalizó también estos derechos una veintena de años después en el Concilio Vaticano II.

Mirada desde esa perspectiva, la religión es tanto más útil al hombre cuanto menos ideologizada esté, aunque el viejo vicio de “ideologizar” los pensamientos hace parte de nuestra naturaleza. Por otra parte, toda organización requiere normas y regulaciones para mantenerse en funcionamiento. El exceso normativo, sin embargo, traba el desarrollo y degrada los ideales.

En la práctica, que sea como decía San Ignacio: “tanto cuanto le sea útil para el fin que fue creado…”.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2020

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