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Bitcóin, ¿el oro digital?

by Juan Laureano Gomez
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El bitcóin, inventado en Japón hace apenas 12 años, se concibió inicialmente como medio de pago de compras en internet, pero con el tiempo su tecnología de encriptado empezó a utilizarse para todo tipo de registro seguro. Ignoramos para qué más se utilizará en el futuro.

Esa es la historia del desarrollo de la humanidad en tantos otros variados quehaceres. Por ejemplo, cuando el italiano Alessandro Volta inventó hacia 1880 la pila eléctrica mediante el contacto entre varios metales que generaban electricidad, era imposible predecir todos los adelantos que traería su invento, entre ellos la revolución de la luz eléctrica y el transistor. Algo parecido sucedió a partir del invento del celular, cuyo uso en múltiples aplicaciones ahora se ha popularizado. 

La tecnología siempre ha sido disruptiva, para bien o para mal, y el bitcóin no será la excepción. Sin embargo, pocos preveían un nuevo papel para el bitcóin como moneda de reserva, refugio contra la inflación y medio de especulación. Debido al número limitado de bitcóins que se pueden imprimirse (un total de 21 millones, de los cuales hasta la fecha circulan 18.6 millones, con un valor actual de US$876.000 millones), muchos lo ven como un refugio seguro y eso ha incentivado la especulación con una valorización cercana al 60 % en lo corrido de este año.

Hay otras monedas virtuales que eliminan la restricción del número de ellas en circulación, que seguramente irán ganando aceptación y competirán con el bitcóin a medida que se fortalezca la confianza de productores, consumidores y agentes reguladores.  

¿Se llegará a controlar y restringir el uso de las monedas virtuales? Empecemos por decir que las monedas virtuales ya existían antes del bitcóin. El dinero que hoy tenemos depositado en los bancos, en su gran mayoría, es de naturaleza virtual, es decir, se usa para pagos virtuales, los cuales han ganado preeminencia durante la pandemia del COVID-19. La diferencia es el grado de confianza del público, aun mayoritariamente centrada en la moneda tradicional que garantizan los bancos centrales.

El bitcóin, entonces, está basado más en una confianza “popular” que “pública”; por eso se lo considera más democrático. Pero la del bitcóin también es una confianza más tecnológica, basada en la encriptación y la promesa de invencibilidad (si pudiéramos usar ese término), de la cadena (chain) del registro.  

Tan segura ha resultado hasta ahora esa cadena de registro que quienes extravían la clave de 10 dígitos de acceso al registro pierden irremediablemente sus fondos. Los estimados de dichas pérdidas son de alrededor del 20 % del total hasta ahora emitidos, unos US$175.000 millones de dólares al precio actual. Ha habido otras pérdidas originadas en fallas en seguridad de los intermediarios en la compraventa del bitcóin, pero estas suceden cotidianamente en todos los sectores.

Lo evidente, por ahora, es que cada vez somos más especulativos, o, al menos, un mayor número de personas tiene acceso a la especulación financiera. Muchos de los adultos mayores tuvimos acceso a inversiones especulativas hace unos 30 años, cuando rondábamos los 40. Hoy, desde el bachillerato, los jóvenes adquieren nociones al respecto y quien esté interesado tiene todo tipo de instrumentos de aprendizaje y especulación en internet.

Las monedas virtuales llegaron muy probablemente para quedarse y paulatinamente ganarán aceptación y uso. Los otros vicios o quehaceres, como la especulación, son tan viejos como el hombre y de cada uno depende la perspectiva desde la cual se acerca a ellos. Al fin de cuentas, es posible especular con cualquier producto y, lamentablemente, la ganancia de uno es la pérdida de otro. En el caso del bitcóin, algunos bancos centrales sostienen que eventualmente todos los inversionistas en bitcóin perderán el 100 % de su inversión, lo cual podría suceder si se desvanece la confianza en la moneda o si un gobierno como el estadounidense prohíbe la moneda, lo cual parece remoto en este momento. 

En cuanto a la especulación, el papel de los gobiernos y reguladores es asegurarse que se sigan unas reglas mínimas para proveer las mismas oportunidades a todos los jugadores y así, los que decidan especular, lo hagan a su propio riesgo y nadie tenga asegurado el lado del ganador. Por otra parte, para que nadie tenga asegurado ese lado también se requiere, además de una regulación balanceada, libertad y transparencia del mercado.

El dólar estadounidense vale porque todos confiamos en él, lo cual permite al gobierno norteamericano emitir cuanto dinero quiera, lo que de hecho está sucediendo en esta pandemia del COVID-19. Pero una emisión excesiva puede generar inflación y devaluar la moneda, lo cual constituye otra razón más para los que tienen fe en el bitcóin, que no controla ningún país, para su propio provecho. 

Los inversionistas prudentes deben diversificar sus portafolios. Esa es, a su vez, otra razón más para los defensores del bitcóin. El refugio seguro en tiempos de crisis era, sin duda, el dólar estadounidense para los países en vías de desarrollo y el oro para todo el mundo; pero, no cabe duda, esto está cambiando y rápidamente.

Si desea profundizar las implicaciones comerciales de las criptomonedas en Colombia puede leer, en El Espectador, el artículo “El Espectador le explica qué es el bitcóin y por qué crece como espuma”* del 24 de febrero de 2021.  Actualmente, el Banco de Bogotá, Davivienda y Bancolombia están haciendo pruebas para pagos en algunas de estas monedas.

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Juan Laureano Gómez

Abril, 2021

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2 comments

John Arbeláez 6 abril, 2021 - 7:13 pm

JUan L. tu ecplicación ha sido clara y sustanciosa. Mil gracias.

JOHN

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Luis Arturo Vahos 10 abril, 2021 - 6:58 pm

Juan Laureano, gracias por ilustrarnos sobre esta novedad. Sólo falta tener dinero para probar y perder el miedo. Tu artículo es muy claro y conciso.

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