Colombia 2022 – ¿Por quién votar?

Por: Juan Laureano Gomez
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La política es, quizá, la actividad más importante que puede desarrollar el ser humano. Los políticos hacen Constituciones, distribuyen presupuestos y deciden sobre lo divino y lo humano a su mejor juicio y decisión. Ellos regulan y controlan desde lo macro hasta lo micro, sin dejar actividad alguna por fuera. 

Los políticos no siempre hacen una buena administración, que consiste en tres tareas básicas: regular, entrenar y controlar. Generalmente, en los países en vías de desarrollo sobrerregulamos, entrenamos poco y controlamos mediocremente. No es difícil concluir entonces que, a menor administración o gerencia de la cosa pública, mayor nivel de corrupción.

Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pues ¿de dónde salen los políticos sino de la misma masa de gobernados? Así, el desarrollo de las naciones se ve limitado porque el nivel de desarrollo cultural dificulta la creación de consensos para elegir a los mejores.

La experiencia de lo que vemos en pequeños y grandes municipios colombianos podríamos determinarla, en mayor o menor grado, como una política de mendicidad, en donde alcalde y concejales son elegidos por votación secreta, mediante elecciones periódicas, contaminadas por una práctica ancestral de intercambio de favores, práctica que con el paso del tiempo evolucionó a una compra de votos y más recientemente a promesas de contratos por votos. Para recuperar su inversión, los políticos deben contratar obras públicas con sobrecostos y los ciudadanos inermes se ven obligados a mendigar servicios eficientes.

En general, los ciudadanos están desanimados y desmoralizados e, incluso, algunos atemorizados (en las zonas más apartadas y desprotegidas) ante las posibles represalias por parte de algunos políticos, de quienes se rumora que tienen contactos con agentes armados al margen de la ley. De esta forma se completa un círculo vicioso, para salir del cual se requiere un cambio cultural en la base de la población con el fin de organizarse y elegir gobernantes adecuados.

Como actividad fundamental, la política está sometida a graves riesgos de cuyo manejo depende la generación de riqueza y el bienestar de los pueblos. Un buen gobierno generará riqueza y bienestar para todos; un gobierno mediocre, riqueza para unos y pobreza para otros, y un mal gobierno pobreza para todos.

Se concluye, entonces, que el primer deber de todo ciudadano es participar en política, debatiendo y planteando soluciones, eligiendo a los mejores y finalmente ejerciendo control, lo cual implica delatar a los corruptos. Cada pueblo o nación deberá encontrar su propio sistema político, unos más representativos o autoritarios, pero que todos atiendan a sus raíces culturales.

Independientemente del sistema político, es urgente reformarnos por las buenas hacia una mejor y más limpia administración pública, lo cual es responsabilidad tanto de electores como de elegidos. Lo contrario es suicida para todos. Quizá la pandemia, al desnudar muchos problemas sociales, acelere los procesos de depuración política. Con que cumpliéramos las amplias y diversas leyes laborales y de protección social, así como la administración limpia e inteligente de los recursos existentes, daríamos un paso gigantesco hacia el progreso. 

Muchos de los problemas actuales de los pequeños municipios o pequeñas aldeas no requieren presupuesto adicional, sino respeto a la ley y, principalmente, a los derechos de los demás.

Finalmente, me inclino porque gane el Centro Esperanza, particularmente por la participación ahí de Alejandro Gaviria. Los programas, como el papel, aguantan todo (y, además, no alcanza la plata para tantas promesas), y los candidatos necesariamente nos pintan pajaritos de oro. Votemos sobre todo por quien con su hoja de vida nos haga soñar con un mejor país donde progresivamente avancemos en justicia, equidad y paz. 

Sin mejorar la productividad no alcanzaremos el progreso. Miro con envidia un país como Corea del Sur, actualmente considerado primero en innovación a nivel mundial y donde la gente moría de hambre después de la guerra en los años cincuenta del siglo pasado. Allí, aún en los municipios más pequeños, se ve un progreso caracterizado por empleo, tanto industrial como agrícola, liderado por administraciones nacionales y municipales eficientes. 

Más que un pedazo de papel con unas promesas improbables, miremos la hoja de vida del candidato que nos demuestra su personalidad y desempeño. Al fin de cuentas estamos eligiendo (“contratando”) a alguien que va a trabajar para nosotros.  

Juan Laureano Gómez

Marzo, 2022

3 Comentarios

Reynaldo+Pareja 11 marzo, 2022 - 9:24 am

Juan L. Ponderada reflexion con el equilibrio del análisis frio del pasado y del presente. Si la masa de los votantes tuvieran la educación para hacer similares análisis no tendriamos el pais que tenemos. De ahi la necesidad de encontrarle una solucion de fondo al reto de la educacion para todos, gratuita en la medida de los posible, pero con un ingrediente de análisis crítico que le permita a la mayoría a hacer una votacion ponderada y atinada.

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John+Arbeláez 11 marzo, 2022 - 9:32 am

Excelente reflexión Laureano. El país está al borde de un colapso social y económico que el nuevo gobierno debe afrontar. Nuestro voto inteligente es el que marcará la diferencia, porque las huestes “del que diga el otro” casi acaban con el país.

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Pedro Jose Benitez Ponton 11 marzo, 2022 - 9:42 am

Juan Gracias por tus reflexiones……..ayudan a i lustrar la decisiòn a tomar

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