Las protestas en Colombia, una oportunidad para el cambio

Por: Juan Laureano Gomez
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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

La pandemia exacerbó la crisis social: más desempleo e inequidad y menos oportunidades (para 74 % de los jóvenes el principal problema actual del país es el desempleo, que es de 24 % entre los jóvenes). 

Las protestas son un derecho y son entendibles, pero no justifican la violencia ni los bloqueos, que son delitos, pues secuestran a otros al coartarles la libertad de circulación para el trabajo, la alimentación y la salud, lo que es ilegal. 

La autoridad, por otra parte, parece limitada para garantizar los derechos de las mayorías ‒que sufren las consecuencias de la violencia por parte de unos pocos‒, y para castigar a los culpables.

El desarrollo de las redes sociales ha complicado aún más las cosas por la proliferación de noticias falsas que exacerban el inmediatismo de la sociedad de consumo. No hay tiempo ni base intelectual para filtrar, ordenar y asimilar tanta información circulante, promotora de cambios inmediatos y supuestamente fáciles de implementar.

Frente a esta situación, es necesario implementar varias acciones:

Programas masivos de empleo entre el gobierno y la empresa privada, con la meta de sustituir importaciones. Japón es el país con menos desempleo en el mundo, con una tasa estimada de alrededor de 3 %; en China, el desempleo es de alrededor de 5 %. Otorgar un ingreso solidario mínimo a millones de ciudadanos en estado de hambre es lógico, pero no darles trabajo a cambio (al menos a los que sean capaces), es un crimen porque los hace dependientes y degrada su condición humana. Importamos 12 millones de toneladas de alimentos anualmente, equivalentes aproximadamente a 30 % del total requerido. ¿Cuanto de esto se podría sustituir dando empleo?

Cambios en las leyes laborales, que son demasiado paternalistas. Podrían consolidarse primas y cesantías en el salario mensual e implementar un subsidio de desempleo. El camino más rápido al comunismo es el subsidio indiscriminado y sin contrapartida (cuando esto sea posible), para el bien común de donde sale el subsidio. Los subsidios generalizados son fiscalmente insostenibles. 

Necesitamos mejorar nuestra inteligencia social para aprender a escuchar, hablar y, en general, interactuar en el tiempo y la manera indicadas. Los humanos somos seres sociales por naturaleza, pero eso no nos dota automáticamente del equilibrio necesario para interactuar con los demás. Necesitamos un gran refuerzo mediante la educación (entre más temprano, mejor), para adquirir el sentido de lo comunitario, basado en el respeto a los otros y el diálogo en busca del bien común como el bien mayor (incluso mayor que el bien individual, si alguna vez fuesen antagónicos). Buena parte de los problemas de inequidad e injusticia vienen de un bajo nivel de capital social, para cuya construcción se requiere educar a los niños en los valores comunitarios y el sentido de nación como empresa común que todos vamos a construir. 

Requerimos mecanismos de control de los nuevos canales digitales donde cada uno expresa lo que quiere, por lo general inmunemente. Son fenómenos sociales desbordantes en todas partes del mundo (una pandemia más voraz que el COVID-19, pues no tiene vacuna), con excepción de los regímenes totalitarios. Los riesgos de las redes sociales como un sistema de información errático y caótico apenas están empezándose a sentir. La tecnología es buena o mala según se use, y en sí misma no lleva implícito ningún control o análisis de riesgo. El mal uso de las redes sociales puede distorsionar y aun destruir el capital social de una nación, sobre todo si el fenómeno se acentúa por fallas (en el sistema educativo), generadoras de un bajo coeficiente de inteligencia social. 

Nosotros, ¿qué podemos hacer?

Así como hay un comité nacional de paro (CNP), deberíamos tener un comité nacional antibloqueo (CNA) para movilizar a las mayorías silenciosas que queremos un cambio pacífico. Impedir la libre circulación por una vía: la corrupción, la inequidad, la injusticia y la pobreza son todas formas de bloqueo que nos impiden avanzar y convivir en paz. 

Debemos levantar nuestra voz pacífica contra todos esos bloqueos. Movilizar las mayorías silenciosas, a través de redes sociales, para lograr una mayor participación en la contienda electoral de 2022, lo que es crítico para preservar los valores democráticos de Colombia. 

Muchas cosas requieren cambio y renovación en esta encrucijada, pero lo evidente es que además de mayor productividad para hacer crecer la torta y repartir más, también necesitamos mayor legalidad y orden. De lo contrario, cada vez tendremos menos libertad y menos orden, por una parte y, por la otra, menos productividad y más pobreza. 

Juan L. Gómez

Julio, 2021

3 Comentarios

Vicente Alcala 9 julio, 2021 - 9:25 am

Juan L, tienes razón, padecemos de muchos bloqueos más graves que el de las vías, pero nos pasa lo mismo que a la rana que se fue “acomodando” al agua tibia… y ya no reaccionamos a los males sociales que nos aquejan,

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Hernando+Bernal+A. 9 julio, 2021 - 9:41 am

Juan: muy útiles y acertadas tus reflexiones, análisis y propuestas. Muchas gracias. Saludos

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Luis Alberto Restrepo 9 julio, 2021 - 11:51 am

Gracias, Juan L. Tienes razón, es urgente la creación de empleo. Pero también hay una gran demanda de salud, educación y sobre todo de participación política. Y quizás nos convenga leer el informe de la Comisión Interamericana de Derechos humanos, que pone en cuestión muchos de nuestros esquemas mentales.

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