Agranda la puerta, Padre

Por: Juan Laureano Gomez
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Ante el misterio de la vida y del universo muchos nos acogemos, en general, a la tutela de un Padre Celestial. Esta decisión también hace parte de la celebración cristiana de la Navidad.

La Navidad es la celebración de la vida, es decir, de la familia. Es recordar la niñez; es volver a un mundo sencillo bajo la tutela de los padres y de un Padre Celestial, es decir, el Creador del universo. Ese padre del cielo y esa niñez de la que cantó Miguel de Unamuno en su Cancionero (1928-1936) estos versos:

Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar;

la hiciste para los niños,

yo, he crecido, a mi pesar.

Si no me grandas la puerta,

achícame por piedad;

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

Eso es lo que corresponde ahora con el transcurso de los años: reconocer al Padre del cielo y volver a esa edad bendita de la sencillez y la confianza, para seguir soñando.

Navidad es también recordar…: es recoger el musgo en la finca de la abuela que bordeaba un río, con un salto de agua y con paseo de olla incorporado, es construir el pesebre grande y cocinar los amasijos en un horno de barro, bajo la dirección de las tías solteras, y es hacer una olla inmensa de tamales para repartir a toda la familia, una tarea que duraba varios días. 

Particularmente, me acuerdo de la navidad en que me regalaron una pistola artesanal que disparaba rascaniguas (o triquitraques). Para estrenarla, salimos a las calles del pueblo con mis hermanos y a la primera persona que encontramos (una matrona muy distinguida), le disparé con mi pistola, a lo cual la señora respondió con un bofetón, llamándome “chino atrevido”.

Más adelante, en los años de seminario, recuerdo las serenatas antes de la misa de medianoche y luego natilla, buñuelos y regalos.

La mejor de las navidades fue cuando, recién nacido mi primer hijo, estrené la paternidad. Ese niño fue mi niño Jesús, la encarnación del milagro de la vida y del universo, y prueba viviente del Dios Creador. Comprendí, entonces, por qué las religiones encarnamos a Dios en un hermano mayor, en nuestro caso Jesucristo, de cuyos labios aprendimos a orar empezando con la advocación Padre nuestro que estas en los cielos… Un solo Padre y todos hijos de Dios, para ser solidarios, justos y equitativos.

En esta navidad tuve una gran sorpresa. Cuando le pregunté a uno de mis familiares más cercanos acerca de su preferencia para obsequiarle un regalo, me respondió que el dinero que yo tuviera asignado para ese regalo se lo entregara a una persona bien pobre. 

Desafortunadamente, Navidad se identifica ahora con el consumo desbordado y muchas veces innecesario. Contribuyamos al mejoramiento del medio ambiente y de la equidad compartiendo con los más necesitados.

Juan Laureano Gómez

Diciembre, 2021

3 Comentarios

Reynaldo+Pareja 27 diciembre, 2021 - 12:15 pm

Laureano, terminas tu reflexion con el pensamiento mas valioso. Si queremos vivir cualquir forma de Navidad tiene que tener el indgrediente de compartir, pues Jesus no enseño por excelencia que el ultimo sentido de nuestra peregrinacion es hacerla con aquellos que nos necesitan y a quienes podemos compartir nuestra abundancia.

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Hernando+Bernal+A. 27 diciembre, 2021 - 12:16 pm

Juan Laureano: hermoso, sentido, sencillo y profundo tu comentario sobre la Navidad. Muchas gracias. Hernando

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Humberto Sánchez Asseff 30 diciembre, 2021 - 11:42 am

Concuerdo con Reynaldo y Hernando. Me gustó tu escrito, particularmente en los sentimientos de la hermandad espiritual ante un mismo Padre. Muy bien escogido el canto de Miguel de Unamuno. Tenemos que empequñecernos para caber por la puerta celestial. Un abrazo por tu cumpleaños y muchos parabienes de Navidad y año nuevo.

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