Home ¿En qué creo hoy? Crónicas de arriba desde abajo – El honor 

Crónicas de arriba desde abajo – El honor 

Por Alberto Echeverri
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Érase una vez un mundo en que el honor era algo construido por la gente misma.

Mujeres y hombres honraban sus vidas en la medida en que las acciones concretas hablaban de su dignidad, de su credibilidad, porque el decir y el actuar coincidían en su historia. Sucedía a veces en tal medida que ella o él eran promovidos al honor de la santidad entre los cristianos. Y así el honrar a los santos no era nada distinto de reconocer en ellos la integridad de la vida. 

La historia había comenzado desde la declaración de las diez palabras, los diez mandamientos: “Honrar a padre y madre”. En su pacto con Israel, Yavé Dios pensaba en padres verdaderos, es decir, aquellos que generaban hijos educados para la belleza, la bondad, la verdad. En suma, para la vida. 

Hubo, sin embargo, una época que hizo una denigrante lectura de la palabra bíblica. Desde entonces “honrar a padre y madre” significó que el padre era algo sagrado pues la Escritura lo ponía en primer lugar; el segundo correspondía a su mujer, no otra cosa que un accesorio más; los doctos la llamaron complemento. 

Mientras Jesús afirmaba que su Dios era trinidad, y por tanto, una comunidad de amor, aquel padre se aburría en su solitaria dignidad. Ya que no había construido su propio honor, empezó a exigírselo a los otros: debía ser honrado a pesar de sus patrañas. Fue así como quiso hacerse pagar los tantos sacrificios que había asumido en nombre de los hijos. Y el honor fue ubicado en el primer puesto, más allá de la vida misma que poco a poco perdió su significado. 

Ya que el padre era el origen de la familia, el fundamento de toda humana existencia, bien podía él decidir sobre la vida y la muerte no solo de los hijos sino de todos los demás. Los tribunales rebajaron las penas para quien asesinaba al que había irrespetado su propiedad más preciada, la mujer: era tan solo un delito de honor. Al fin de cuentas era él, el varón, el garante de un derecho concedido por Dios mismo.

En un cierto momento, Eva y Adán descubrieron en el jardín del Edén que estaban desnudos. Vale decir, llegaron a tomar conciencia de su propia realidad. Y si aquel padre de quien hablamos descubriese su propia desnudez…

Alberto Echeverri

Junio, 2026

2 Comentarios
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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 29 junio, 2026 - 5:50 am

Alberto: Muy inTeresante y par mí muy clara la evolución del concepto de PATERNIDAD. Creo que la evolución del mismo continua. Saludos. Hernando

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Alberto Echeverri 6 julio, 2026 - 5:06 am

Tienes razòn, Hernando. Continùa menos mal. A ratos se aproxoma al evangelio. A ratos. Un abrazo.

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