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Diálogos de Ultratumba – Salvarle la proposición al prójimo 

Por Rodolfo Ramon de Roux
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“Cuando las cosas parecen claras, hay que sembrar una confusión curativa y cubrirlas con un velo de inseguridad”, afirmó Leszek Kolakowski. Sofrosina respondió que no pretendía distribuir verdades sino el amor por buscarlas, y dirigió una pícara mirada al jesuita Gaspar Astete, autor de un famoso Catecismo que formó en la doctrina cristiana a millones de hispanohablantes que, desde 1599 hasta finales del siglo XX, tuvieron que aprender de memoria y repetir sin chistar sus preguntas y respuestas.

SOFROSINA.- Me parece que dudar es una fuerza espiritual si se trata no sólo de cuestionar sino también de autocuestionarse y de no persistir en la suficiencia y complacencia de supuestas certezas.

GASPAR ASTETE.- No y no, Sofrosina. Te han lavado el seso con tanto elogio insensato de la incertidumbre. De nuestras bocas debe emanar la verdad y tú prefieres esconderte en la oscuridad del error antes que dejarte inundar por la luz. 

SOFROSINA.- Ya sé que en tu Catecismo afirmas que sobre las verdades esenciales, es decir,  sobre “todo lo que está en la Sagrada Escrituras y cuanto Dios tiene revelado a su Iglesia…doctores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán responder”.

LINGUACUTA.- Despacio se ha de mirar de quién poderse fiar.

GASPAR ASTETE.- Vosotras dos sabéis bien de quién podemos y debemos fiarnos ciegamente. Como enseña nuestro santo padre Ignacio en la décimotercera de sus Reglas para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener:“Debemos siempre tener este principio para acertar en todo: lo que veo blanco, creer que es negro si la Iglesia jerárquica así lo determina”.  

LINGUACUTA.- Sobre ese punto prefiero callar para no herirte.

SOFROSINA.-  Gaspar, te confieso que de joven creía saberlo todo, pero con los años me fui embobando: cada vez más comprendí que sabía menos y que la realidad era muchísimo más compleja de lo que suponía. Por eso no soy buen árbol para quien se arrime buscando a su sombra verdades para superar las incertidumbres de la existencia o soluciones definitivas a las desgracias del mundo. 

LINGUACUTA.- Buen mensaje, Sofro: “creer con ligereza, gran torpeza”. 

SOFROSINA.- Muchos creen lo que desean creer y, además, desean seguir creyéndolo.

GASPAR ASTETE.- Si es para vivir en la incertidumbre no entiendo para qué sigues pensando.

SOFROSINA.- No puedo dejar de hacerlo: pensar es hablar conmigo misma… tratando de cultivar una mente abierta para vivir en un mundo incierto.

LINGUACUTA.- Inteligencia es capacidad para afrontar las incertidumbres de la vida.

JORGE WAGENSBERG.- (Connotado físico catalán) Gaspar, sólo se puede tener fe en la duda.

GASPAR ASTETE.- ¿Pero qué dices?

JORGE WAGENSBERG.- Que cuando se tienen certezas no se necesita fe. Admito que se requiere mucha inteligencia para caer en la cuenta de que uno está ante un misterio, pero se necesita aún más para asumir, inmediatamente después, que un misterio es sólo una hipótesis de trabajo. La palabra “misterio” nombra una comprensión fallida.

GASPAR ASTETE.- ¡Quién me mandó a pararle bolas a ustedes! ¡Son un caso perdido!

SOFROSINA.-  Me extraña que, como jesuita, digas eso. Si algo aprecio en los hijos de Loyola es su disposición para buscar lo positivo que puedan tener sus interlocutores.

GASPAR ASTETE.- Tienes razón y pido excusas. A lo que aludes lo llama nuestro santo padre Ignacio, “salvar la proposición del prójimo” y es el “Presupuesto” que colocó al principio de sus  Ejercicios espirituales. 

JORGE WAGENSBERG.- Me gustaría conocer el tal presupuesto pues no estudié con los jesuitas.

GASPAR ASTETE.- Dice así: “…se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira [averigüe] cómo la entiende; y, si mal le entiende, corríjale con amor…”.

SOFROSINA.- Me encanta ese presupuesto pues es fácil interpretar en mal sentido cualquier proposición cuando se está mal dispuesto con ella o con su autor; por el contrario, una buena voluntad siempre halla camino para explicar muchas cosas como conviene. 

GASPAR ASTETE.- Ojalá en las discusiones políticas se practicara el salvarle la proposición al prójimo escuchando serenamente las opiniones de los demás, y estando dispuestos a llegar a acuerdos razonables.

LINGUACUTA.- Eso de “salvarle la proposición al prójimo” es muy bello, pero es más fácil decirlo que hacerlo. Además, podemos llevarnos buenos chascos pues vemos los rostros, no los corazones.

Intervino en ese momento Baltasar Gracián, también jesuita pero más agudo y menos piadoso que Astete.

BALTASAR GRACIÁN.- No te falta razón, agraciada Linguacuta, si ni siquiera nos conocemos bien a nosotros mismos imagínate si vamos a conocer bien a los demás. Por eso mismo mantener una postura abierta para acoger las opiniones ajenas no implica  pecar de ingenuos. 

SOFROSINA.- A mí me enseñaron que el mismísimo Jesús le dijo a sus discípulos que debían ser sencillos como palomas… y prudentes como serpientes, pues los enviaba como a ovejas en medio de lobos.

LINGUACUTA.- Por eso los jesuitas leen El Principito…y El Príncipe.

BALTASAR GRACIÁN.  Oh la la, ¡qué afilado tienes el colmillo!

LINGUACUTA.- Y tú lo tienes bien ahumado.

BALTASAR GRACIÁN.– Privilegio de la experiencia que dan los años.

LINGUACUTA.- No siempre: no todos los viejos son gente “madura”; muchos están, simplemente, marchitos.

GASPAR ASTETE.- ¡Qué lengua, Dios mío!

SOFROSINA.- Volvamos a lo de salvarle la proposición al prójimo.

BALTASAR GRACIÁN.– Simplemente digo que la apertura al otro es legítima y necesaria, pero el mundo es un teatro donde casi nadie muestra lo que es, no por perversidad sino porque la vida social exige máscaras.

SOFROSINA.- Se necesita mucho tino para navegar entre la apertura necesaria para conocer al otro y la prudencia necesaria para no ser ingenuo. 

BALTASAR GRACIÁN.– De ahí que la habilidad central del hombre prudente no sea la fuerza ni la elocuencia, sino la penetración: la capacidad de ver detrás de lo que se muestra. La realidad social es un sistema de apariencias que hay que aprender a atravesar.

LINGUACUTA.- Y tú ¿qué aconsejas para esa travesía?

BALTASAR GRACIÁN.– En mi Oráculo manual y arte de prudencia doy abundantes consejos para ejercitarse en el arte de leer a las personas. Recuerdo que en otra oportunidad ya hablamos sobre él.  

SOFROSINA.- Así es, pero no nos sobran tus consejos.

BALTASAR GRACIÁN.– Lean a las personas por los extremos, no por el centroEl momento más revelador de una persona no es su comportamiento ordinario sino sus extremos: cómo reacciona bajo presión, cómo se comporta cuando cree que no la observan, cómo trata a quienes no pueden hacerle ni bien ni mal. 

LINGUACUTA.- Eres muy astuto.

BALTASAR GRACIÁN.– Astuto es escuchar mucho y hablar poco: con los habladores se descubre pronto lo que saben y lo que ignoran. Además, quien habla mucho no sólo revela información, revela que necesita revelarla, que busca aprobación o dominio. El prudente calla cuando conviene, y observa cuando otros hablan. 

SOFROSINA.- Por lo que dices, lo elocuente no es el silencio sino la incontinencia verbal del otro.

BALTASAR GRACIÁN.– Por la lengua muere el pez. Dejando que el otro hable y observándolo atentamente se puede hacer una lectura del deseo ajeno.

LINGUACUTA.- ¿Lectura del deseo ajeno? 

BALTASAR GRACIÁN.– Es identificar qué quiere realmente el otro, no lo que dice querer. Toda relación humana tiene una economía de deseos que rara vez se declara abiertamente. El que discierne bien lee esa economía subterránea e identifica el interés central del otro -su amor propio, su miedo, su ambición…- lo cual es clave para entender su conducta.

SOFROSINA.- Me pones nerviosa. Tu arte de leer a las personas puede servir para “salvarles la proposición” pero también para manipularlas de lo lindo.

GRACIÁN.-  No ignoro esa dualidad. La lectura del otro no es algo neutral ni simplemente técnico. Por eso exige una ética de la dignidad personal: se lee bien al otro para ayudarlo, no para engañarlo… y para que no nos engañe.

LINGUACUTA.- Eso se llama combinar lucidez y decoro.

“Invito a todos los presentes a beber una copa de Agua de San Ignacio para que nos aumente la lucidez y el decoro”, exclamó alegremente Gracián. Astete replicó: “A Linguacuta no le den una copa sino un garrafón”, y se fue refunfuñando.

Rodolfo R de Roux

Julio de 2026

11 Comentarios
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11 Comentarios

JUAN L GOMEZ C 1 julio, 2026 - 9:25 am

Muy interesante, concluyo con lo que oímos de Fernando Londoño en el noviciado: “la fe es un acto de la voluntad”.

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Rodolfo Ramon de Roux 1 julio, 2026 - 9:33 am

Fernando sabía de qué hablaba. Gracias, J.L.

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Rafael Falcón Castro 1 julio, 2026 - 11:05 am

El Dios de la vida proveerá. En esta etapa de la vida no sabemos si la voluntad es suficiente para mantener y seguir atesorando durante mucho tiempo esa lucidez y decoro que quisiéramos no perder al menos. Vivamos “el ahora” que “Dios proveerá”.

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Rodolfo Ramon de Roux 1 julio, 2026 - 12:35 pm

Así es Rafael, ojalá podamos vivir el ahora con lucidez y decoro.

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Marco A. Muñoz D. 1 julio, 2026 - 2:45 pm

El sesudo artículo invita a la actuación, en la dinámica social y política, de caridad cristiana para con el otro. Muy necesaria de tener en cuenta dentro de una actuación verdaderamente católica en el espectro sociopolítico. Esa característica era muy recomendada por el Padre Baltasar Gracián. Presume, con razón una buena dosis de empatía cálida, es decir, como el artículo acertadamente lo define: de leer a las personas, pero con ética. La empatía fría, como lo arguye Sofrosina, la han detentado algunos políticos que la han usado para la manipulación. Por ejemplo, Hitler. En suma, los diálogos constituyen una conversación muy interesante, en la cual juega papel relevante el Padre Baltasar Gracián, considerado uno de los pioneros significativos de la psicología social y de su derivación, la psicología política.

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Vicente Alcalá 2 julio, 2026 - 5:59 am

“…salvar la proposición del próximo… y corrígale con amor”. No se escoge el mal, pero se escoge mal. “Corregir al que yerra” si las consecuencias lo demuestran; pero la “retroinformación” es mu difícil si no se solicita o no se está dispuesto a recibirla. Gracias Rodolfo.

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Rodolfo Ramon de Roux 2 julio, 2026 - 8:39 am

Muy cierto, no se escoge el mal, pero se escoge mal. Gracias, Vicente.

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John 4 julio, 2026 - 9:25 pm

“Sois cristianos?”

“Sí, por la gracia de Dios”

“ y ese nombre de quién lo recibimos?”

“De Cristo Nuestro Señor”…
Ese inicio quedó grabado en forma indeleble desde los 8 años…

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Alberto Echeverri 6 julio, 2026 - 5:02 am

Un garrafòn de agua de san Ignacio para Linguacuta. Una aspirante a la Compañìa de Jesùs, lectora insaciable de El prìncipe y de El principito. ¡Què de verdades en tu texto, querido Rodolfo! Un abrazo.

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Enrique Sánchez 10 julio, 2026 - 12:25 pm

Las tertulias de Ultratumba son un manjar del que Rodolfo es un gran maestro.

Salvar “la proposición del prójimo”, requiere de ante mano un profundo conocimiento propio, de discernimiento, de equilibrio interior para separarse persolmente de los afectos y desafectos que nos pueden conducir al error a nosotros mismos.

Limpiar el lente con el que observamos y entendemos nos ayuda a estar más atentos a la verdad, pero sin olvidar que no somos infalibles y que por lo tanto en todo momento hemos de discernir.

El ejercicio de este arte es necesario prerrequisito para ayudarnos a pasar a otro importante ejercicio como es el de leer a las personas, usando por ejemplo los ingeniosos instrumentos aportados por Baltasar Gracián en su “Oráculo manual y arte de prudencia”.

Hemos de ser conscientes de que lo mejor que podemos hacer es aproximarnos a la verdad sin pretender llegar a poseerla, pues en todo caso apenas obtendremos nuestra versión de la verdad, que en cualquier momento puede ser modificada por la vida o la experiencia.

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Rodolfo Ramon de Roux 10 julio, 2026 - 12:28 pm

Gracias, Enrique, por tu enriquecedor comentario.

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