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Rodolfo Ramon De Roux

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Paseaban Séneca y sus amigos por la Calle de la Amargura cuando vieron a Linguacuta con cara de Dolorosa pues, intempestivamente, habían salido del baúl de sus recuerdos algunos episodios difíciles de su vida terrenal. Amablemente, pero con cierta condescendencia, Séneca le puso una mano en el hombro mientras le decía: “Querida amiga, piensa más bien que no hay nadie más desgraciado que aquel a quien no le han sucedido desgracias y dificultades pues no ha podido ponerse a prueba a sí mismo”. Al tiempo que Linguacuta se enjugaba una lágrima, otros amigos comenzaron a consolarla diciendo:

EINSTEIN.- Joven amiga, considera que en medio de la dificultad yace la oportunidad.

SÉNECA.-Y también el mérito: el gladiador considera deshonroso que se le enfrente a uno más débil y sabe que vence sin gloria quien vence sin peligro.

LINGUACUTA.- Tanto elogio de la dificultad es fácil para quien no ha tenido que soportarlas.

SÉNECA.- Ten por seguro que todos los aquí presentes tuvimos que atravesar nuestra noche oscura. ¿Qué sabe de la vida el que no ha sufrido penas profundas y serias dificultades?

SOFROSINA.- Menos mal que así fue: ser siempre feliz y pasar por la vida sin ninguna punzada en el alma equivale a ignorar la mitad de la naturaleza humana.

ESTANISLAO ZULETA.- (Con vehemencia tropical) Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación es un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición.

LINGUACUTA.- ¿Y eso justifica que nos arriesguemos aunque nos desbarranquemos?

SÉNECA.- No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.

SOFROSINA.- No busques la facilidad, Linguacuta. Facilidad es un camino que comienza en Despreocupado y termina en Arrepentido. Por otra parte, no hay mayor dificultad que la poca voluntad.

E. ZULETA.- Ya te lo dijo Séneca, sólo en la dificultad sabemos quiénes somos y de qué somos capaces, por eso Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito de habernos liberado del paraíso; nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.

SÉNECA.- Todo lo grande, Linguacuta, surge en medio de las dificultades y éstas arrancan muchas máscaras en la palestra de la vida.

LINGUACUTA.- Prefiero gozar en calma de lo pequeño, small is beautiful.

GOETHE.- En la calma podrás educar el talento, pero el carácter se forja en la tempestad.

EPICTETO.- Es fácil ser capitán en aguas mansas, por eso la reputación de buen marino se gana en las tormentas.

SOFROSINA.- Y en las tormentas de la vida si luchas puedes perder, pero si no luchas estás perdida.

LINGUACUTA.- Imagino que van a decirme que persevere, que ningún esfuerzo es inútil pues sirve al menos para sacar músculos.

C.S. LEWIS.- No sólo eso, jovencita: a menudo las dificultades preparan a la gente ordinaria para un destino extraordinario.

HORACIO.- La adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubieran permanecido dormidos.

SOFROSINA.- Y es más meritorio llegar a ser que haber nacido siendo.

JOSEPH CAMPBELL.- Escucha, Linguacuta: pasé mi vida estudiando mitos y te aseguro que la cueva en la que tienes miedo de entrar posee el tesoro que buscas.

SÉNECA.- Ad astra per aspera, a las estrellas a través de las dificultades.

BERTRAND RUSSELL.- Pero en cuestión de dificultades te advierto, amiga, que lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar.

LINGUACUTA.- (Ya de mejor humor) Al próximo que me diga que las dificultades hacen crecer voy a apalearlo hasta que se sienta inmenso.

Y todos muy sonrientes se fueron a beber ambrosía en el bar “Los inmortales”.

Rodolfo R. de Roux

Mayo de 2024

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Les juro que casi no los reconozco. Sus rostros enjutos estaban muy cambiados y los ensombrecía un rictus de amargura causado tal vez por constatar, con el paso del tiempo, la vacuidad de su apostólico y excesivo celo. Por fin supe quiénes eran al distinguir su hábito donde se fundía el blanco con el negro y también porque apretaban entre sus manos sendos volúmenes del Malleus maleficarum, ese “Martillo de brujas” con el que contribuyeron a machacar -y a quemar- a muchas de ellas.

Sus nombres: Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, miembros de los “perros del Señor”, los Domini cani, fundados por el castellano Domingo de Guzmán en Toulouse para combatir a la herejía cátara y, después, a todo aquel o aquella que se atreviera a poner en duda la ortodoxia católica romana. No fue, pues, un azar que de sus filas salieran los más grandes inquisidores como el francés Bernardo Gui o el castellano Tomás de Torquemada.

LINGUACUTA.- Sufran, reverendos padres. Miren cómo las feministas han convertido al personaje de la bruja en un ícono, símbolo tanto de la misoginia, como del poder invicto de las mujeres.

JACOB SPRENGER.- Todo ese alboroto nos pone los pelos de punta.

HEINRICH KRAMER.- Es cierto que en el Malleus establecimos por primera vez un vínculo directo entre la mujer y la brujería, pero simplemente recogimos afirmaciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, de autores católicos medievales y de los Padres de la Iglesia donde se advierte que las mujeres son peligrosas por su sexualidad, a pesar de ser necesarias para la reproducción de la especie.

LINGUACUTA.- Me confirmas que la ancestral diabolización de la mujer alimentó esa explosión de misoginia que fue la cacería de las supuestas “brujas”.

SPRENGER.- En vez de echarnos pullas infórmate en nuestro Malleus sobre los actos horrendos cometidos por esas infames.

KRAMER.- Ampliamente expusimos sus vuelos nocturnos cabalgando en fálicas escobas, sus abyectos aquelarres, el asesinato de niños pequeños, la fabricación de venenos, su habilidad de crear impotencia sexual en los varones y aun de arrebatarles su miembro viril, ¡y horror de los horrores! sus relaciones sexuales con el Maligno.

SPRENGER.- Con toda claridad advertimos que el Demonio se aprovecha del insaciable apetito carnal de las mujeres y del hecho de que son más crédulas, más propensas a la malignidad y embusteras por naturaleza.

KRAMER.- Por eso hay más brujas que brujos.

SPRENGER.- No comprendo por qué hacen tanta bulla ustedes las mujeres, si también quemamos brujos.

LINGUACUTA.- No seas cínico, que en los 110.000 juicios identificados entre 1580 y 1640 las mujeres representaron el 80% de los acusados y el 85% de los condenados a muerte, que fueron entre 60.000 y 70.000.

SPRENGER.- Por algo sería.

LINGUACUTA.- ¡Qué fácil es responsabilizar a las mujeres de la violencia que se les inflige!

SOFROSINA.- Te voy a recordar ese “por algo sería”. Durante las grandes cacerías de brujas de las décadas de 1580 y 1640, a la tradicional misoginia patriarcal se sumó un creciente temor al demonio entre la población, vinculado a las desgracias de la época, alimentadas por conflictos religiosos, tensiones políticas, crisis económicas y plagas recurrentes. A nivel de las élites y de los gobernantes, se produjo un aumento de la intolerancia, alimentado por la proliferación de manuales de demonología como ese Malleus maleficarum que ustedes escribieron.

LINGUACUTA.- La caza de brujas se enriqueció, además, con el testimonio de los propios jueces. Los juicios que ellos llevaron a cabo corroboraron a los ojos del pueblo la existencia de “brujas”, fomentaron las denuncias contra ellas y fueron un verdadero desencadenante de “epidemias de brujas”.

KRAMER.- Ustedes pueden decir lo que quieran, me siento orgulloso de que nuestro Malleus, publicado en 1487, se haya convertido hasta el día de hoy en el más famoso de todos los libros sobre brujería.

SOFROSINA.- Dale gracias a la invención de la imprenta moderna que incrementó el influjo de tu manual del perfecto cazador de brujas.

KRAMER.- Así es. Solamente entre los años 1487 y 1520, nuestra obra fue publicada 13 veces. ¡Un exitazo!

SPRENGER.- A Dios lo que es de Dios y al Papa lo que es del Papa. También démosle gracias a Su Santidad Inocencio VIII quien, en su bula Summis desiderantes affectibus reconoció en diciembre de 1484 la existencia de las brujas y nos nombró inquisidores con poderes especiales para que investigáramos los delitos de brujería en las provincias del norte de Alemania.

KRAMER.- Al año de expedida la bula, solo en la ciudad italiana de Como, fueron quemadas vivas cuarenta y una brujas, provocando un enorme éxodo de mujeres a zonas más seguras. ¡Eficaz la palabra de nuestro Inocencio!

LINGUACUTA.- Nada inocente era Inocencio VIII: no practicó la brujería pero sí el nepotismo para engrandecer a su familia.

SPRENGER.- Viperina eres.

LINGUACUTA.- ¿Yo? Pero si fue él quien negoció el matrimonio de su hijo ilegítimo Francisco Cybo con Magdalena de Médici, hija de Lorenzo de Médici, señor de Florencia. Y elevó después al cardenalato a Giovanni de Médici -futuro León X- hermano de su nuera, cuando tenía solo 13 años de edad.

KRAMER.- Deja de mirar la pajita en el ojo ajeno y volvamos a nuestro Malleus. En la Parte I detallamos cómo el Demonio y sus seguidores -brujas y hechiceros- perpetran una plétora de males “con el permiso de Dios Todopoderoso”.

SPRENGER.- En la Parte II informamos ampliamente sobre los hechizos, pactos, sacrificios y cópula con el Diablo de tan malvadas féminas.

SOFROSINA.- Ustedes respiran antifeminismo por todos los poros. Ya desde el título del libro utilizan la palabra maleficarum, la forma femenina del sustantivo, y declaran más adelante, incorrectamente, que la palabra femina es una derivación de fe minus, menos fe.

LINGUACUTA.- Por otra parte, quisiera que me dijeran cómo se obtuvieron esas “amplias informaciones” sobre las actividades de las que ustedes llaman “brujas”.

KRAMER.- No tenemos de qué avergonzarnos. En la Parte III del Malleus detallamos los métodos para detectarlas, enjuiciarlas y sentenciarlas.

LINGUACUTA.- Sí, y ahí hablan de torturar para detectar.

SPRENGER.- ¡Qué le íbamos a hacer! Si la bruja -o el brujo- no confesaba voluntariamente su culpa, es normal que se aplicara la tortura como un incentivo para que confesara.

LINGUACUTA.- Para que confesara lo que el inquisidor quería.

SOFROSINA.- Es fácil imaginar el pánico y la angustia de esas mujeres en total soledad y en manos de jueces, guardias, interrogadores y torturadores exclusivamente masculinos que desahogaban en ellas sus impulsos sádicos, su misoginia y sus frustraciones sexuales.

LINGUACUTA.- A no pocas de ellas las violaron sus carceleros.

SOFROSINA.- Recuerden que por recomendación de ustedes dos en el Malleus, las acusadas, tras su detención, eran desnudadas, afeitadas y entregadas a un “pinchador”, que buscaba meticulosamente la “marca del Diablo”, tanto en la superficie como en el interior de sus cuerpos, clavándoles agujas. Cualquier mancha o cicatriz podía servir de prueba.

LINGUACUTA.- ¡Jesús mío, cuántas bestialidades y estupideces se han hecho en tu nombre!

SOFROSINA.- También explican ustedes cómo los jueces debían ser instruidos para engañar al acusado, prometiéndole misericordia si confesaba su culpa y buscando luego subterfugios para no cumplirle lo prometido. ¡Qué retorcidos!

KRAMER.- Reconoce que también hablamos sobre la confianza que se puede poner en los testimonios de los testigos y la necesidad de eliminar acusaciones maliciosas.

SOFROSINA.- Lo reconozco, pero igualmente afirmaron ustedes que el rumor público es suficiente para llevar a la persona a juicio y que una defensa demasiado vigorosa es evidencia de que el defensor está también poseído por Satanás. Excelente manera de eliminar al enemigo, ¿no les parece?

SPRENGER.- Satanás y sus brujas nos habían puesto en un estado de emergencia pública. Contra el Mal hay que ser implacables, y si se cometen excesos, son perdonables en aras de ese objetivo superior a todo que es salvar las almas de los fieles.

LINGUACUTA.- Sin duda ya saben que hasta hoy en día los estados policiales aprendieron bien esa lección inquisitorial: el temor a la “situación de emergencia” es utilizado por el poder punitivo para eliminar cualquier obstáculo que se le presente. Toda persona que se oponga a dicho poder será acusada de cómplice del Mal, enemiga de la Patria o idiota útil a intereses foráneos y será condenada sin garantías ni derecho a la defensa.

KRAMER. Tu astucia argumentativa huele a azufre. ¡Eres una bruja!

LINGUACUTA.- Viejos misóginos, esperen a que lleguen mis sororas del movimiento ecofeminista Witch -Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell-. Los vamos a hacer pasar un mal rato.

SOFROSINA.- ¡Qué emoción! Allá viene el grupo de las italianas entonando: “Tremate, tremate, le streghe son tornate” (Tiemblen, tiemblen, las brujas han regresado).

LINGUACUTA.- Mirá ese otro grupo con carteles que dicen: “Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”.

SPRENGER.- ¡A todas ustedes las vamos a purgar con agua bendita!

KRAMER.- Mejor pongamos pies en polvorosa, hermano.

Siento que me ahogo, que no puedo respirar bien. Me incorporo en medio de una pesada bruma de vapores hirvientes. Estoy sudando más que un condenado a galeras. Tiemblo de susto, pero no, no es una hoguera inquisitorial: me quedé dormido en un baño turco.

Rodolfo R. de Roux

Abril de 2024

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No se puede creer cómo el pueblo en cuanto es sometido, cae en un olvido tan grande de la libertad sirviendo de tan buena gana que diríase que no perdió su libertad, sino que ganó su servidumbre.

Étienne de La Boétie

Con menos de dieciocho años de edad, La Boétie -cual Mozart de la filosofía política-, escribió su apasionado y brillante “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, texto radical sobre la libertad. Con gran virtuosismo retórico, La Boétie la emprende contra toda forma de dominación política, allí donde quiera que se dé. Para él, todo poder concentrado en una sola persona es, por naturaleza, abusivo. Sus reflexiones continúan interrogándonos a la luz de los totalitarismos del siglo XX, que llevaron tan alto el culto a la personalidad y la sumisión de todos a los delirios de grandeza y de poder del Uno, llámese “Duce”, “Führer”, “Conducator”, “Caudillo”, “Vozhd”, “Guía supremo” o “Gran Timonel”. Por lo demás, los autócratas no se han extinguido ni se extinguirán. La lucha continúa.

Acompañado por mis hijas fui en “peregrinación” a Sarlat -bella ciudad medieval del suroeste de Francia- donde nació La Boétie un 1 de noviembre de 1530. Mientras visitábamos su casa natal, situada frente a la catedral, tuve un arrobamiento -¿embobamiento?- donde vi claramente, como en un mediodía soleado, la figura del joven magistrado que viajó a Ultratumba a la temprana edad de 33 años, dejando en la más profunda desolación a su amigo del alma, Michel de Montaigne.

— Tu Discurso sobre la servidumbre voluntaria sigue siendo muy actual. 

LA BOÉTIE.- Me asombra la repercusión de ese escrito juvenil que no fue publicado sino después de mi muerte.

— De lo contrario te hubiera traído no pocos problemas.

LA BOÉTIE.- No lo dudo. La primera utilización política del Discurso fue la de servir a los protestantes de arma contra la monarquía francesa, muy particularmente después de la terrible “Masacre de San Bartolomé”, cuando miles de ellos fueron asesinados en 1572 en el contexto de las guerras de religión en Francia. Poco después también lo utilizaron los ultracatólicos, que tildaban de tiranos a los Valois por sus políticas moderadas, especialmente cuando en 1595 Enrique de Navarra, un protestante convertido al catolicismo, fue nombrado rey con el nombre de Enrique IV.

— No es de extrañar que con el triunfo de la monarquía absoluta tu escrito haya prácticamente desaparecido en el siglo XVII. 

LA BOÉTIE.- Pero con el advenimiento del Siglo de las Luces y de la Revolución francesa volvió a circular ampliamente.

— Me consta que de ahí en adelante han abundado las ediciones de tu Discurso y que sigue siendo utilizado por todos los que predican sacudirse el yugo de una tiranía. 

LA BOÉTIE.- Comprendo que así sea pues mi preocupación fue “entender cómo puede ser que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces a un tirano solo, que no tiene más poder que el que ellos le dan, que no tiene el poder de hacerles daño, sino en tanto que ellos tienen la voluntad de soportarlo, que no podría hacerles ningún mal, sino en la medida en que ellos prefieren sufrirlo antes que contradecirlo”. 

— El supuesto tradicional era que el poder contrariaba la voluntad de los sometidos. Y tú nos dices que el poder es querido por los que somete. Inviertes así la perspectiva al señalar que el arcanum del poder, su secreto, no debe buscarse en los que lo ejercen, sino en quienes lo soportan.

LA BOÉTIE.- Así es. El tirano no tiene por sí mismo poder alguno, no tiene otro que el que le proporcionan los que a él se someten. El poder viene siempre de abajo, de esos que aparentemente no lo tienen. Los de abajo no lo ejercen, se ejerce sobre ellos; sin embargo, ellos son los que lo generan. 

— Mejor dicho, si hay poder de dominación es porque el dominado está dispuesto a que lo haya. 

LA BOÉTIE.- Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no lo apoyes más; luego verás cómo, igual que un gran Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos.

— Afirmas que el sometimiento a un gobernante arbitrario y con poder ilimitado no se debe tanto al empleo de una gran fuerza, sino a que las gentes lo aceptan engañadas o seducidas. Por lo que dices, los tiranos son expertos en convertir a sus vasallos en su propia cárcel.

LA BOÉTIE.- De alguna manera, los tiranos hipnotizan a su pueblo. Es un espectáculo desolador ver a un millón de hombres sirviendo miserablemente con el cuello bajo el yugo, no obligados por una fuerza mayor, sino de algún modo encantados y seducidos por la simple mención de uno cuyo poder no habrían debido amar, ya que se mostraba salvaje e inhumano con ellos. 

— Que el carisma de un tirano puede funcionar como el hechizo de una poción amorosa es algo que han demostrado muchos autócratas hasta épocas recientes. ¡Basta ver las larguísimas filas de devotos llorando mientras desfilaban ante el féretro de Stalin!

LA BOÉTIE.- No niego que nuestra debilidad hace que frecuentemente tengamos que obedecer a la fuerza. Pero la originalidad de mi Discurso consiste en explicar cómo es posible la servidumbre voluntaria. 

— Ilumina mis entendederas.

LA BOÉTIE.- El tirano está de suyo derrotado solo con que el país no consienta en su servidumbre; no es preciso que se le quite nada, basta con no darle nada. No le entreguemos nada y se vendrá abajo, no hagamos lo que espera, mantengámonos pasivos al respecto. Y si ni siquiera esto somos capaces de hacer, entonces solo cabe decir que servimos voluntariamente. 

— Lo que sugieres te enlaza con la cultura de la desobediencia civil, de Henry David Thoreau en adelante. Se trata del antiguo non serviam -no serviré-.

LA BOÉTIE.- Son los pueblos mismos quienes se dejan o se hacen maltratar, ya que rehusando servir se librarían de ello. Es el pueblo el que se somete, quien se corta el cuello, quien teniendo la opción de ser siervo o ser libre abandona la libertad y se pone el yugo, quien consiente en su mal o aun lo persigue.

— Por eso abundan las marionetas con cadenas en lugar de hilos.

LA BOÉTIE.- Si el cuerpo del tirano tiene muchos ojos para espiarnos y numerosas manos para golpearnos, no es sino porque le damos nuestros ojos y manos. 

— Pero no todos los tiranos son iguales. Por eso existen “dictablandas” y “dictaduras”.

LA BOÉTIE.- No te engañes. Servidumbre es servidumbre. Hay tres clases de tiranos y se distinguen por su origen: los que acceden al poder por la fuerza, los que lo reciben en herencia, y los que son elegidos. Todos acaban comportándose del mismo modo opresivo. Los primeros tratan a sus súbditos como gente conquistada; los segundos no son por lo general apenas mejores, toda vez que, acostumbrados como están a dominar, toman a los regidos como «siervos hereditarios»; y en cuanto a los terceros, los elegidos por el pueblo, de los que se esperaría una conducta distinta, y puede que en efecto sea así al principio, una vez que son alzados sobre los demás, adulados y se acostumbran al ejercicio del poder, tratan de dejar a los propios hijos como herederos, caen en la corrupción moral y terminan superando en vicios e incluso crueldad a los demás tiranos. 

— Todavía no me has explicado cómo es posible la servidumbre voluntaria.

LA BOÉTIE.- La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre. Una vez dada la desgracia bien de la coacción o bien del engaño, lo primero que pierde el humano es el deseo natural de la libertad, y con él se pierden el valor en la lucha y la honestidad, puesto que se facilita la corrupción. El paso del tiempo no hará sino consolidar la dominación. E incluso los tiranos intentarán apoyarse en ese largo pasado de dominación para acreditar la legitimidad de su poder. 

— Si el tiempo arraiga las costumbres de servidumbre ¿no hay ya nada qué hacer?

LA BOÉTIE.- No todo lo puede la tiranía. Piensa que siempre hay algunos que sienten el peso del yugo y que no pueden evitar sacudírselo, que no se amansan nunca con el sometimiento. Es gente que ha sabido educar sus capacidades naturales y nunca se acostumbrará a la tiranía.

— Observo con satisfacción que relacionas educación y libertad. Lo mismo hizo Paulo Freire, eximio pedagogo brasilero, en su notable libro “La educación como práctica de la libertad”.

LA BOÉTIE.- ¡Que buena noticia! Hay que educar para la libertad, para que dé frutos su semilla. Como dije en mi Discurso: “La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero también su naturaleza es tal que espontáneamente adopta el pliegue que la educación le da”. 

— Recuerdo que también dijiste que cuando unos pocos individuos se liberan, a menudo es porque sus ojos se han abierto mediante el estudio de la historia. Aprendiendo de tiranías pasadas similares, reconocen el modelo en su propia sociedad. 

LA BOÉTIE.- La tiranía no desconoce la capacidad crítica de esos ilustrados y sabe que si evita el intercambio de ideas, si impide la publicación de libros, dificultará el entendimiento de reconocerse en tiranía y de odiarla.  

— Admito que las ideas saltan como piojos de persona a persona, el problema es que no suelen morder a todas, como me dijo Jerzy Lec. 

LA BOÉTIE.- Te añado que no basta el entendimiento ilustrado y la libre circulación de ideas para sacudirse el yugo de la opresión. También es preciso tener valor. Sin él, la sabiduría queda inerme.  

— Pero la falta de libertad corrompe el carácter de la gente, y su valor. 

LA BOÉTIE.-  Es una circularidad trágica: la cobardía y la debilidad conducen al sometimiento y este a aquellas. 

— También Maquiavelo señala que fácilmente las personas se vuelven cobardes y débiles bajo los tiranos. Ellos saben perfectamente cómo utilizar el miedo para gobernar.

LA BOÉTIE.- El miedo y las prebendas. Con la distribución de cargos, ganancias y privilegios, al final ocurre que hay casi tantos de aquellos a los que la tiranía parece ser provechosa como de aquellos a los que la libertad sería agradable. 

— Multiplicando favores los tiranos acostumbran al pueblo no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. 

LA BOÉTIE.- Desde el momento en que un gobernante se vuelve déspota y regala favores, todos los que tienen una ardiente ambición y una notable avaricia se amontonan a su alrededor y lo sostienen para tener parte en el botín y ser, bajo el gran tirano, tiranuelos ellos mismos. 

— ¡Que tristeza!

LA BOÉTIE.- Viendo a quienes se ponen a disposición del tirano para hacerle los trabajos sucios, a menudo soy presa de asombro ante su maldad, y a veces de compasión ante su estupidez. Pues, a decir verdad, ¿qué otra cosa es aproximarse al tirano, sino alejarse más de la libertad y, por decirlo así, abrazar y estrechar con las dos manos la servidumbre? 

— Sacudido por la vehemencia de mi interlocutor, volví a mis cabales. La Boétie seguía allí, interpelándome.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril de 2024

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Otium divos rogat, Horacio, Odas, II,16

PAUL LAFARGUE.- Camarada Stajánov, deja de sacar carbón como un desesperado.

ALEKSÉI GRIGÓRIEVICH STAJÁNOV.- Tengo que dar ejemplo. ¿No ves que me nombraron “Héroe del Trabajo Socialista”?

LAFARGUE.- No tienes que demostrarle nada a nadie. Ya sabemos que en agosto de 1935 extrajiste 102 toneladas de carbón en 5 horas y 45 minutos de trabajo.

STAJÁNOV.- Lo cual era catorce veces más la media de carbón que sacaban mis compañeros. Lo mejor fue que al mes siguiente rompí mi propio récord al extraer 227 toneladas. Y la palabra “estajanovista” pasó a designar un trabajador extremadamente productivo.

LAFARGUE.- Querrás decir un “trabajólico”.

STAJÁNOV.- ¡Insolente! Podrás ser yerno de Karl Marx pero tu libro Le droit à la paresse (El derecho a la pereza) me da pena.

LAFARGUE.- Pena debería darte la manera como te explotaron. ¡Te utilizaron para la propaganda soviética!

STAJÁNOV.- Pues lo hice gustoso.

LAFARGUE.- Sarna con gusto no pica y si pica, no mortifica.

STAJÁNOV.- Lo que no entiendo todavía es por qué con tu “derecho a la pereza” te dedicaste a desmitificar el valor del trabajo, indispensable para construir el socialismo.

LAFARGUE.- Y también el capitalismo. ¿No te das cuenta, Stajánov, que con la revolución industrial y el progreso técnico, la máquina ha entrado en competencia con el hombre en lugar de liberarlo del trabajo? Tú mismo eres claro ejemplo de eso.

STAJÁNOV.- (En tono burlón). Si tú lo dices.

LAFARGUE.- A medida que las máquinas se perfeccionan y realizan el trabajo del hombre con una rapidez y precisión cada vez mayores, el trabajador, en lugar de prolongar su descanso en la misma medida, redobla sus esfuerzos, como si quisiera competir con las máquinas.

STAJÁNOV.- No se trata de competir con las máquinas sino de ser productivos, es decir, ser útiles a la sociedad. Pero esto no lo puede entender quien aboga por el derecho a la pereza, no por el derecho al trabajo.

LAFARGUE.- Si la clase obrera se levantara, no para exigir el derecho al trabajo, sino para prohibir a todo hombre trabajar más de tres horas diarias, la Tierra, estremeciéndose de alegría, sentiría brotar en su interior un nuevo universo.

STAJÁNOV.- Eres un ingenuo soñador. ¡La pereza es la madre de todos los vicios!

LAFARGUE.- ¡Y, como es madre, hay que respetarla! Me admira la extraña locura del amor de los proletarios al trabajo siendo que este es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica.

STAJÁNOV.- Pero si el amor al trabajo es algo universal.

LAFARGUE.- ¡Pamplinas! Las sociedades primitivas que los misioneros del comercio y los mercaderes de la religión aún no han corrompido con el cristianismo y el dogma del trabajo escapan a esto, al igual que las civilizaciones antiguas en las que los filósofos consideraban el trabajo como una “degradación del hombre libre”.

ARISTÓTELES.- (Con una suave sonrisa). No me disgusta lo que dices, Lafargue, aunque lo matizaría.

LAFARGUE. – ¿De qué manera?

ARISTÓTELES.- Prefiero hablar de ocio, no de pereza.

LAFARGUE.- ¿Acaso no son la misma cosa?

ARISTÓTELES.- En manera alguna. Los romanos tradujeron con la palabra otium (ocio) lo que los griegos llamábamos skholé, que no tiene nada que ver con la pereza.

LAFARGUE.- Explícate mejor.

ARISTÓTELES.- Para nosotros la jornada se dividía en tres partes: un tiempo dedicado al trabajo (askholía), un tiempo para el descanso (anápausis) y, por último, el momento del día dedicado al ocio (skholé).

LINGUACUTA.- ¿Cómo se relacionan esas tres realidades?

ARISTOTELES.- El descanso (anápausis) se ordena al trabajo (askholía), y el trabajo se ordena al ocio (skholé). Mientras que descanso (anápausis) y trabajo (askholía) se mueven en la esfera de lo necesario para la vida, el cultivo del ocio (skholé) se mueve en la esfera de lo libre. No se vive para trabajar; se trabaja para vivir. El trabajo es necesario para sobrevivir; la skholé (el otium), es necesaria para ‘vivir bien’.

LINGUACUTA.- Todo lo que dices suena muy bonito pero, hoy por hoy, si dices de alguien que es un ocioso significa que es un holgazán, un perezoso. Si quieres que entiendan tu skholé, tendrás que decir “ocio creativo”.

ARISTÓTELES.- Te haré caso. Y preciso que la skholé es ese tiempo liberado de urgencias y cálculos, dedicado a la imaginación, la reflexión, la búsqueda de la sabiduría, el gusto de pensar la complejidad de la realidad, de cultivar la amistad y la empatía, en resumen, un tiempo no dedicado a una estrategia interesada y remunerada, a un negocio, que etimológicamente es la negación del ocio, nec otium.

LINGUACUTA.- Eso de “skholé” me suena a “escuela”.

ARISTÓTELES.- Tienes buen oído, muchacha. El vocablo latino schola (de donde viene “escuela”) designa el lugar por excelencia para impartir los conocimientos y habilidades necesarios para la skholé, para el ocio fructífero.

LINGUACUTA.- Te cuento que actualmente en la Tierra es un derecho generalizado asistir a la escuela.

ARISTÓTELES.- Me alegra saberlo, pues nuestra skholé era privilegio de pocos.

SOFROSINA.- Pero muchos experimentan hoy ese derecho de asistir a la escuela más como una imposición molesta que como una oportunidad para enriquecerse como personas.

ARISTÓTELES.- Triste es oírlo.

SOFROSINA.- Se supone que por encima de los conocimientos puramente instrumentales que preparan directamente para la vida profesional, en la escuela debe tener prioridad lo que alimenta el espíritu crítico, la imaginación, el gusto estético, la responsabilidad, en suma, todo aquello que contribuye al crecimiento personal de los “escolares”. Ciertamente la escuela intenta satisfacer ambas ambiciones, pero la orientación utilitarista tiende a crecer y, a menudo, a dominar bajo la presión por garantizar una salida profesional a cada alumno.

ARISTÓTELES.- Entiendo la inquietud “utilitarista”, sobre todo en el caso de personas para quienes la supervivencia es complicada. Pero espero que no se pierda de vista que el tiempo “escolar” debería ser “tranquilo”, “sosegado” -posibles traducciones del adjetivo skholaios- porque es el tiempo de tomarse su tiempo, sin estar sometido al imperativo de la utilidad inmediata.

LINGUACUTA.- Ojalá el devolver a la escuela su sentido de skholé ayude a resistir a la idea de que aquella solo sirve para adaptarnos a la askholía, es decir, al trabajo.

SOFROSINA- Es altamente positivo que las legislaciones sociales, a partir del siglo XX, hayan democratizado en muchísimos países la posibilidad del ocio creativo con la reducción de la jornada laboral y la institución de las vacaciones pagadas.

LINGUACUTA.- Sin embargo, el desarrollo relativamente ininterrumpido de la posibilidad del otium no ha escapado de las garras de un negocio -nec otium- que transforma hábilmente el tiempo libre en objeto de especulación económica.

SOFROSINA- Incluso se ha desarrollado una verdadera “economía de la atención”, respaldada por los conocimientos neurológicos y sicológicos más avanzados, para crear desde cero y explotar frenéticamente un mercado prodigiosamente rentable. Basta ver cuánta gente se ha vuelto ciberadicta. ¡Parecen zombis frente a una pantalla interactiva!

LINGUACUTA.- Bien lo sabes: todo progreso tiene sus efectos perversos e inesperados. Concebido como fuente de crecimiento personal y emancipación, el tiempo libre también se ha vuelto instrumento de alienación en beneficio del gran negocio de la diversión.

PAUL LAFARGUE.- Dejémonos de lamentos: mejor que sobre otium y no que falte. De todas maneras cada quien se seguirá alienando como puede. ¿No es así, camarada Stajánov? Espero que hayas entendido que el otium no es necesariamente un tiempo “útil” pero sí fructífero, propicio a la reflexión libre, a la curiosidad asidua y al vagabundeo concienzudo.

ARISTÓTELES.- Y yo espero, Lafargue, que ya sepas distinguir entre otium y pereza. Pues ese tiempo libre para conocernos mejor, para desplegar nuestras facultades, nuestra creatividad y nuestra lucidez exige esfuerzo, a veces agradable, y a veces no tanto. La epimeleia heautou o “cuidado de uno mismo” no tiene nada de pereza.

SÉNECA.- Esos momentos dedicados a la cura sui -como llamamos los romanos al “cuidado de sí mismo- son el tiempo afortunado para construir nuestro discernimiento, para hacernos más profundos, más coherentes, más fiables, más imaginativos, más empáticos.

ARISTÓTELES.- Haces bien en señalar lo último. El “cuidado de sí mismo” contribuye al bien común pues es imposible estar fuera de la comunidad a la que se pertenece. Nadie es una isla.

STAJÁNOV.- (Derramando una furtiva lágrima). No debí obsesionarme con la extracción de carbón.

GRACIÁN.- Lo siento, camarada. Darse cuenta tarde no sirve de remedio, sino de pesar.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril, 2024

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Era el mediodía de un caluroso domingo de verano. Después de la tradicional bendición papal, me encontré en la Piazza San Pietro en medio de una interminable fila de turistas dispuestos a visitar la basílica dedicada al “príncipe de los Apóstoles”. Como la “cola” no avanzaba, un sol inclemente empezó a hacer estragos en mi trajinado cerebro, ya de por sí bastante propenso a los ensueños. Les aseguro que delante de mí apareció un señor serio y robusto, de nariz prominente, unos cincuenta años de edad y porte distinguido. Vestía una indumentaria propia de los humanistas del primer Renacimiento italiano y me dijo llamarse Lorenzo Valla.

— ¿Vas a alguna fiesta de disfraces en el Vaticano?

VALLA.- No. Estoy recogiendo mis pasos.

— ¿Cómo así?

VALLA.- Por aquí estuve a mediados del siglo XV cuando Nicolás V me contrató para la traducción del griego al latín de documentos tanto paganos como cristianos y tenía curiosidad de saber si todavía existían papas.

— ¿Los querías mucho?

VALLA.- ¡Qué va! Hartos problemas -aunque también mucha fama- me trajo publicar en 1440 mi escrito De falso credita et ementita Constantini donatione [Sobre la falseada y ficticia Donación de Constantino] que me convirtió en pionero de la crítica histórica. 

— Picas mi curiosidad. Explícame de qué se trataba el asunto.

VALLA.- Pues que el Papado se arrogaba el dominio de extensos territorios del llamado Occidente cristiano diciendo que  se los había otorgado el emperador romano Constantino. 

— ¿Constantino el Grande, el que dio la libertad de culto al cristianismo en 313 y contribuyó de manera decisiva a instalar la Iglesia en el Imperio, dando comienzo a un largo connubio entre “poder temporal” y “poder espiritual” en el orbe cristiano?

VALLA.- El mismo. Tal vez ya sabes que en el Medioevo los papas se convirtieron en “monarcas temporales”, que disponían incluso de ejércitos para imponer su dominio en los territorios que poseían. 

— Lo sé.

VALLA.- Pues bien, cuando tuvieron que justificar semejante situación tan contraria a las enseñanzas del humilde pescador de Galilea, los “soberanos pontífices” inventaron un documento en latín que ha pasado a la historia como la Donatio Constantini, o sea, la Donación de Constantino. 

— ¿Qué decía tal documento?

VALLA.- Que Constantino reconocía como soberano al papa Silvestre, le donaba la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el resto del Imperio romano de Occidente. 

— Imagino que Silvestre se apresuró a mostrar dicho documento tan pronto se lo dio Constantino.

VALLA. Estás soñando. Fue mencionado por primera vez quinientos años después en una comunicación del papa Adriano I a Carlomagno, a principios del siglo IX. 

— ¡No lo puedo creer!

VALLA.- Más aún, solo a mediados del siglo XI fueron citados textos de la “Donación” en un documento papal oficial. Los utilizó el papa León IX como argumentos para requerir al patriarca ortodoxo de Constantinopla que debía reconocerse la sujeción a la sede papal de Roma, pues únicamente a ésta correspondía la jefatura universal del cristianismo. 

— ¿Cómo se pudo creer en un documento supuestamente emitido siglos antes y cuyo original nadie vio jamás?

VALLA.- Insondable es la capacidad de creer que tenemos los humanos. Pero también tenemos cerebro.

— ¿Cómo lo usaste para demostrar que se trataba de un documento falsificado?

VALLA.- Analicé cuidadosamente su contenido y mostré de manera fehaciente sus numerosas incongruencias e inexactitudes.

— ¿Por ejemplo?

VALLA.-  No es verosímil que el Senado y el pueblo romano hubieran aceptado, sin protestar, el que se donara la ciudad de Roma y el Imperio romano al jefe de un grupo religioso al que poco antes se estaba persiguiendo. Y no hay testimonio alguno de protestas. Por otra parte, los documentos escritos, la numismática y la epigrafía existentes confirman que Constantino y todos los emperadores posteriores a él poseyeron el imperio, y no los papas.

— Mencionaste no solo incongruencias sino también inexactitudes. Dime una, por lo menos.

VALLA.- No te voy a aburrir con detalles, pero precisamente en los detalles caen los mentirosos. Asevera el falso documento que Constantino hizo la “donación” al papa Silvestre días después de que lo bautizara, en agradecimiento por haberlo curado de la lepra.

— ¿Y?

VALLA.- No consta en los documentos de la época de Constantino que este haya tenido lepra. Y mucho menos que lo hubiera sanado milagrosamente Silvestre, que tampoco lo bautizó, porque quien lo hizo fue Eusebio de Nicomedia, poco antes de la muerte del emperador, acaecida el 22 de mayo de 337, ¡dos años después de la muerte del papa Silvestre! Te añado que también procedí a un minucioso análisis lingüístico del texto.

— ¿Y qué concluiste?

VALLA.- Que incorporaba giros idiomáticos y palabras que no existían en el latín de la época de Constantino. Señalé también la rudeza gramatical de ciertos pasajes, impropia de un decreto imperial.

— Cuán cierto es que con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver.

VALLA.- Bien lejos fueron los soberanos pontífices: la falsa “Donación” les sirvió para justificar y defender el dominio temporal de la Santa Sede, en particular, sobre los Estados Pontificios, desde el año 756 hasta 1870. Se trata de territorios que, en su máxima extensión, cubrieron las regiones italianas modernas del Lacio, Las Marcas, Umbría y Emilia-Romaña.

— ¡Y predican que el fin no justifica los medios!

VALLA.- ¿Acaso quieres que te hable sobre los métodos inquisitoriales para “salvar almas” o sobre los medios utilizados para ganar “guerras santas”?

Del sopor -y de la charla con Valla- me sacaron las sirenas de las motocicletas que escoltaban a una elegante limusina negra con vidrios ahumados y las letras SCV en sus placas. Un joven preguntó: “Qué significa SCV?”. Su padre le respondió: “Stato della Città del Vaticano”. Alguien añadió con sorna: “SCristo Viera”…

Rodolfo R. de Roux

Marzo de 2024

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VOLTAIRE.- Decidí ser feliz porque era bueno para la salud. 

ALBERT SCHWEITZER.- La felicidad no es más que buena salud… y mala memoria

LINGUACUTA.- Pero hay que tener buena memoria para no seguir buscando la felicidad en el mismo sitio donde la perdimos.

SOFROSINA.- Tu frase, Voltaire, es ingeniosa pero vacua: la felicidad -como el amor- se esfuma en el momento mismo de ser exigida. La felicidad es reacia al modo imperativo.

LINGUACUTA.- Lamento que no pueda exigirse el ser feliz porque las personas felices joden menos.

CERVANTES.- Es normal que los infelices jodan más porque las tristezas no son propias de las bestias sino de los hombres, pero si los hombres las sienten en demasía se vuelven bestias. 

SOFROSINA.- Por eso ayudar a que los demás sean felices no es solo un acto de benevolencia, sino también de salubridad pública. Por otra parte, la manera más sencilla de ser feliz es tratar de hacer feliz a otro.

PITIGRILLI.- Puede tener algo de verdad lo que dijo Voltaire al principio, pues la felicidad es un fenómeno autosugestivo de duración variable.

JARDIEL PONCELA.- Que, a semejanza del arte, cuanto más se calcula menos se logra.

SOFROSINA.- E inquieta sobremanera a quienes se obstinan en alcanzarla. Como dice Comte-Sponville, siempre estamos separados de la felicidad por la misma esperanza que la persigue. 

LINGUACUTA.- Pero no pocos encuentran sentido en el sufrimiento que les conlleva la lucha por ser felices.

KIERKEGAARD.- Les convendría darse cuenta de que la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.

JARDIEL PONCELA.- Me aburrí de ver gente que vivía repitiendo que el fin de la vida es conseguir la felicidad para, una vez conseguida, esforzarse inmediatamente en perderla.

LINGUACUTA.- En perderla, o en que se la hicieran perder: cada vez que nadamos en la felicidad no falta el imbécil que nos hace tragar agua.

JACQUES PREVERT- Sin embargo, hay que seguir nadando: debemos intentar ser felices, aunque sólo sea para dar ejemplo.

LINGUACUTA.-  Lo del ejemplo es lo de menos, lo de más es no dejar pasar las pequeñas alegrías por quedarse esperando la llegada incierta de la gran felicidad. 

CERVANTES.- Bien dicho, hermosa doncella: el que no sabe gozar de la ventura cuando llega, no debe quejarse cuando pasa. 

JULES RENARD.- Y, como toda ventura es pasajera, si se construyera la casa de la felicidad la pieza más grande sería la sala de espera. 

AGUSTÍN DE HIPONA.- En esa sala, nosotros, cristianos, esperamos la vida eterna, porque quien desea ser feliz debe procurarse bienes permanentes, que no le puedan ser arrebatados. Por eso la felicidad es inseparable de la fe en un “más allá” donde todo es definitivamente armónico y justo.

KANT.- Más que cómo ser felices me preocupa cómo hacernos dignos de la felicidad en esa vida eterna que nos espera.

SPINOZA.- Para ser felices no hay que rechazar el mundo que nos tocó vivir y esperar otro, “más allá” y supuestamente perfecto. Basta potenciar lo que nos produce plenitud, entusiasmo, ganas de seguir viviendo. Y restringir lo que nos cause desasosiego, desesperación, tristeza.

NIETZSCHE.- De acuerdo. Hay que vivir de tal manera que quisiéramos que se repita una e infinitas veces lo que hacemos en el “más acá”, no en ningún ficticio “más allá”.

SOFROSINA.- Bueno, pero en fin de cuentas ¿qué es la felicidad? 

LINGUACUTA.- La cosa es tan incierta que, cuando los humanos han planeado el asalto obligatorio a la ciudadela de una supuesta felicidad colectiva han fabricado infiernos bien reales. Si no me creen vayan a dialogar con los inquisidores papales o con los comisarios políticos soviéticos.

EPICTETO.- La verdad, Linguacuta, es que sólo hay un camino hacia la felicidad: dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad.

EPICURO.- Para mí, de los bienes que la sabiduría ofrece para la felicidad de la vida entera, el mayor, con mucho, es la adquisición de la amistad.

MADAME DU CHÂTELET.-  Pues yo estimo que la pasión amorosa es tal vez la única que puede hacernos desear vivir y llevarnos a agradecer al autor de la naturaleza, sea quien sea, habernos dado la existencia.

MONTAIGNE.- Por mi parte la felicidad no se obtiene con grandes pasiones ni con renuncias heroicas, sino con placeres sencillos y un espíritu benevolente, con vivir una vida meramente excusable, y que simplemente no me pese, ni a mí ni a los demás.

MARCO AURELIO.- Hace falta muy poco para tener una vida feliz; está todo dentro de ti, en tu forma de pensar: acepta las cosas a las que el destino te ata y ama a las personas que el destino te trae, pero hazlo con todo tu corazón. 

JOHN LOCKE.- Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.

LINGUACUTA.- Aunque harto influyen las circunstancias en la disposición de la mente.

RICARDO MORENO CASTILLO- [Que intervino desde la Tierra por medio de una representación holográfica]. Ciertamente la llave de la felicidad la lleva cada uno consigo, y para quien no la encuentra en sus propios bolsillos de nada le valen ni la apariencia atractiva, ni las posesiones, ni las capacidades intelectuales y artísticas. Ahora bien, si es verdad que todas estas cosas no son la llave de la felicidad, también lo es que engrasan la cerradura con admirable eficacia.

GANDHI.- La felicidad aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía. 

JEAN PAUL SARTRE.- La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. 

VIKTOR FRANKL.- La felicidad se da como consecuencia no buscada de perseguir una meta mayor que uno mismo.

SOFROSINA.- ¡Ni sigamos! Veo que todos buscamos la felicidad pero que cada quien la entiende y la vive de acuerdo con su carácter, sus expectativas, su visión del sentido de la existencia.

TOMÁS DE AQUINO.- Porque todo lo que se recibe, se recibe a la manera del recipiente.

LINGUACUTA.- Mi recipiente rebosa de “felicidad” cuando cada día que pasa tiene más momentos buenos que malos.

SOFROSINA. Para lo cual sirve evitar los males evitables y sobrellevar los inevitables. Y, sobre todo, amar y ser amado.

AMADO NERVO.- Fue lo mismo que dije, muy cerca de mi ocaso:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Rodolfo R. de Roux

Febrero de 2024

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“Como vamos, vamos bien”, dijo un pollo a la puerta del horno.

LINGUACUTA.- Desde nuestro diálogo sobre el transhumanismo te noto muy interesada por el tema del “progreso”.

SOFROSINA.- Por eso he invitado a unos amigos que han reflexionado abundantemente sobre el asunto. Te presento a Robert Nisbet, sociólogo estadounidense, quien escribió en 1980 una interesante History of the Idea of Progress; Georg von Wright, filósofo finlandés, colaborador de Wittgenstein y autor de The Myth of Progress [1993], y Jacques Bouveresse, filósofo francés, que publicó Le mythe moderne du progrès en 2017. Estoy segura de que nos darán unas buenas pistas de reflexión.

LINGUACUTA.- Harto las necesitamos pues en el discurso de políticos, científicos, tecnócratas, economistas, empresarios y financieros abundan los llamados a servir imperativamente la causa del progreso, entendido éste como avanzar, y rápido, sin que se precise mucho para qué y hacia dónde.

SOFROSINA.- Me parece que se ha dado una evolución en la manera de concebir lo que llamamos “progreso”.

NISBET.- Acerca de la idea de progreso está muy difundido un concepto erróneo que debo subrayar de inmediato. Se cree comúnmente que esta idea es absolutamente moderna, prácticamente ignorada por los antiguos griegos y romanos. Pero, tanto ellos como otras civilizaciones más antiguas han conocido los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Sin embargo, aparentemente sólo en la civilización occidental existe la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse, paso a paso, a través de fuerzas inmanentes, hasta alcanzar en un futuro remoto una condición cercana a la perfección para todos los hombres.

LINGUACUTA.- Sospecho que la esperanza en ese “progreso indefinido” es, en el fondo, una secularización de la esperanza cristiana.

SOFROSINA.- No es descabellado pensarlo. El Occidente cristiano está impregnado de la esperanza en un porvenir radiante: el advenimiento de un “nuevo cielo” y de una “nueva tierra” al “final de los tiempos”. Como dijo san Gregorio Magno: “En el cielo hay luz sin eclipse, alegría sin gemido, deseo sin sufrimiento”. Y el teólogo medieval Hugo de San Víctor añadió: “En esta patria celestial hay vida sin muerte, juventud sin vejez, deleite sin disgusto, belleza sin vergüenza, agilidad sin obesidad, fuerza sin debilidad, placer sin ansiedad”.

LINGUACUTA.- Pero, para los “modernos”, la fe en el poder de la ciencia ha engendrado la esperanza en “futuros luminosos” intramundanos, y no en el “más allá” como es el caso de la esperanza cristiana.

NISBET.- Es la esperanza terrenal en un futuro de libertad, igualdad y fraternidad para toda la humanidad, aunque la idea moderna de progreso también ha servido para afirmar la conveniencia y la necesidad del absolutismo político, de la superioridad racial y del colonialismo “benefactor”.

BOUVERESSE.- Es curioso que sin definir bien hacia dónde se quiere ir como humanidad, todo el mundo parece obligado a creer que estamos progresando, que podemos progresar ilimitadamente y que la obligación de seguir progresando es una especie de imperativo categórico.

LINGUACUTA.- Cada vez me asaltan más dudas sobre ese imperativo categórico. No pienso que todo tiempo pasado fue mejor, pues admito que hay una multitud de progresos puntuales posibles, necesarios y urgentes. Pero tampoco creo en la ineluctabilidad de “mañanas luminosos” donde todos los males de la humanidad serán resueltos.

SOFROSINA.- Comparto tus dudas, puesto que en la ciencia y en la tecnología el progreso se acumula, pero en la política y en la ética, el progreso es cíclico: ya se ha visto cuán rápidamente se pasa de la civilización a la barbarie. Los progresos en el conocimiento científico pueden almacenarse en un disco duro, pero no los hábitos del comportamiento, que una vez deteriorados son difíciles de reparar.

BOUVERESSE.- Por otra parte, es suficiente haber sido testigo de la “revolución industrial” para comprender que si bien la religión del progreso ha mejorado las condiciones materiales de vida -al menos para la “mejor” parte de los humanos- también ha engendrado relaciones de dominación política, social y económica.

VON WRIGHT.- La tontería fundamental es considerar el progreso no como un medio, sino como un fin. De este modo, los humanos lo persiguen sin alcanzarlo, porque detrás de un avance siempre hay otro, y la insatisfacción se vuelve permanente ya que el disfrute se pospone indefinidamente.

BOUVERESSE.- Paradójicamente el crecimiento económico continuo termina convirtiéndose en una condición para resolver los problemas que la misma producción industrial intensificada y racionalizada crea, sobre todo en términos de daños medioambientales.

VON WRIGHT.- La especie humana está sujeta a la misma ley de precariedad y obsolescencia que otras especies. En otras palabras, no hay garantía de que no vaya a extinguirse. Tampoco hay garantía de que los seres humanos sigan siendo capaces de adaptarse a un entorno que han contribuido a transformar y siguen transformando de forma tan espectacular y rápida.

NISBET.- Ya se está viendo cómo los excesos del consumismo, que implican y justifican los del productivismo, pueden muy bien, en ciertos casos, convertirse en una amenaza concreta, no sólo para la supervivencia de ciertas especies naturales, sino también para la de la propia especie humana.

BOUVERESSE.- Este es el tipo de resultado al que puede conducir, y a veces ya conduce, la idea de que todo lo que tenemos que hacer es producir y consumir más y más, adoptando la actitud de conquistador-propietario frente a la naturaleza.

VON WRIGHT.- Lo nuevo de esta idea de progreso no es la creencia de que la humanidad puede efectivamente progresar de diversas maneras, sino la convicción de que la necesidad de un progreso sin límites está inscrita en la naturaleza del ser humano como especie. Esto es lo que lleva a un sabio como Fontenelle a declarar que “el ser humano nunca degenerará, el crecimiento y el desarrollo de su sabiduría no tendrán fin”, lo cual está por verse.

BOUVERESSE.- También está por verse si la idea de progreso ilimitado no entrará en algún momento en contradicción con la idea misma de especie natural, que incluye necesariamente la referencia a un entorno y a unas condiciones de vida que también deben seguir siendo, al menos hasta cierto punto, naturales y no pueden transformarse de cualquier modo y sin límites.

LINGUACUTA.- Si la ciencia y la técnica van a progresar indefinidamente, espero -aunque lo dudo- que también lo hagan la inteligencia, la prudencia y la benevolencia, de lo contrario se va a agitar -indefinidamente- el avispero humano.

Rodolfo R. de Roux

Febrero de 2024

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LINGUACUTA.- Escuchen esta historia picante que le sucedió al muy serio Aristóteles de Estagira. ¡Quién lo hubiera imaginado!

— ¡Cuenta, cuenta!, exclamó un grupo ávido de chismes, gusto que los humanos no pierden ni en Ultratumba.

LINGUACUTA.- He oído de buena fuente que siendo adolescente, Alejandro de Macedonia -el futuro “Magno”- se encaprichó con una bella cortesana llamada Filis. Alejandro, con las hormonas superalborotadas, decayó en sus estudios, lo que molestó mucho a su preceptor Aristóteles, quien le cortó el romance con Filis. Entonces los dos tortolitos urdieron un engaño para poder seguir viéndose.

— ¿Cómo se la jugaron a Aristóteles?

LINGUACUTA.- Filis lo sedujo haciéndole ojitos y diciéndole que se había dado cuenta de que era mejor entregarse a juegos eróticos con un hombre de su talla que con un joven inexperto. Cuando a Aristóteles se le iluminó el rostro, la joven lo invitó a que se encontraran en un bosque cercano.

— ¡No vayas a decirnos que un tipo tan inteligente cayó en la trampa!

LINGUACUTA.- Cayó redondito. Aristóteles se dirigió al lugar de la cita entusiasmado con la idea de poseer a la atractiva Filis quien lo recibió, casi desnuda, exponiendo dos poderosos argumentos que saltaban juguetonamente a la vista y que dejaron completamente turulato al filósofo.

— Esto se pone escabroso.

LINGUACUTA.- Filis, viendo que ya se había puesto de bulto la turbación de Aristóteles, le pidió que se desnudara y se pusiera en cuatro patas para dejarse cabalgar y azotar las nalgas. Aristóteles, excitadísimo, aceptó y permitió que la bella lo cabalgara y azotara vigorosamente. En aquel momento aparecieron Alejandro, su padre Filipo y otros miembros de la corte, invitados por Alejandro para que vieran cuán poco virtuoso era en realidad su preceptor. Aristóteles, avergonzado, se retiró a una isla del Egeo a escribir un ensayo, casualmente contra las mujeres. Y Alejandro pudo seguir calmando tranquilamente su libido.

SOFROSINA.- Linguacuta, estás bien atrasada de noticias. Hace mucho tiempo circuló en Europa ese relato. A partir de una fuente oral y anónima tomó forma escrita en el siglo XIII y se hizo popular porque de ahí en adelante fue retomado por varios artistas, en medios que van desde la escultura en piedra en las iglesias hasta paneles de madera o marfil, alfombras y tapices, grabados, pinturas al óleo, aguamaniles y vidrieras. El tema atrajo a artistas tan reputados como Durero, Hans Baldung o el viejo Lucas Cranach.

LINGUACUTA.- No tenía ni idea, Sofro.

SOFROSINA.- Infórmate mejor antes de andar divulgando chismes.

LINGUACUTA.- ¿Chismes? ¿Acaso no es historia?

SOFROSINA.- No es historia, es historieta. Es un puro invento clerical para aleccionar y asustar a los machos sobre el peligro que representa el poder seductor -y “demoníaco”- de las hijas de Eva, capaz de triunfar inclusive sobre un intelecto masculino de primera categoría, como el de Aristóteles.

LINGUACUTA.- Mejor dicho, tragué cuento. ¡Yo que pensaba que las fake news eran una novedad! Ya entiendo por qué Gracián me advirtió: “Es ordinario el mentir, sea extraordinario el creer”.

SOFROSINA.- ¡Espabílate, muchacha! En materia de comportamiento humano no hay nada nuevo sino lo que se ha olvidado.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero de 2024

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Una vez instalados cómodamente en una mesa de “La condición humana”, nuestros dialogantes continuaron conversando sobre el tema que daba su nombre a tan reputado establecimiento, bien conocido por sus famosos “Dry Ambrosía” que contribuyeron a avivar los espíritus, comenzando por el del agudo y apasionado Blaise Pascal.

PASCAL.- El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero aun cuando el universo le aplastara, el hombre sería todavía más noble que lo que le mata, porque sabe que muere y lo que el universo tiene de ventaja sobre él; el universo no sabe nada de esto.

LINGUACUTA.- Irrisorio consuelo es ser conscientes de nuestra indefensión frente al poderío de las fuerzas del universo. Pero me gusta eso de que somos “caña pensante”: grandeza y miseria, en definitiva, del ser humano.

PASCAL.- La grandeza del hombre es eminente en la medida en que se sabe miserable; un árbol no se reconoce miserable. Así pues, es miserable reconocerse como tal, pero es grande reconocer que se es miserable. Y para aceptarse limitado y miserable, hay que destruir el ego: el yo es odioso -le moi est haïssable-.

LINGUACUTA.- Y bien odioso lo es, por peligroso: engendra vanidad, que bien alimentada es benévola, pero hambrienta es déspota.

PASCAL.- Esa “caña” es frágil no solo ante las fuerzas de la naturaleza sino que se fragiliza ella misma por su orgullo, egoísmo, inconstancia, cobardía, miedo a la verdad y a la muerte…

ARTHUR KOESTLER.- Mira, Blaise, existen dos partes en el cerebro: una pequeña parte ética y racional -todavía muy reducida- y una enorme parte trasera del cerebro, bestial, animal, territorial, llena de temores, de irracionalidades, de instintos asesinos; y creo que todavía tendrán que transcurrir millones de años para que la evolución moral enmiende nuestra condición, nuestras técnicas de destrucción y de agresión.

SIGMUND FREUD.- Por mi parte pienso que la cultura y la civilización constituyen una capa tremendamente fina, como una corteza sobre un volcán, y que jamás podrán resistir totalmente a los embates de las profundas pulsiones de destrucción y muerte que nos habitan.

GEORG F. HEGEL.- No estoy de acuerdo. El esfuerzo educativo y cultural ha desarrollado y va a

seguir desarrollando nuestra humanidad. La “astucia de la Razón” nos llevará muy lejos.

LINGUACUTA.- Pues durante la época nazi ya llevó bastante lejos a tu querida Alemania, reputada por ser un país muy culto. ¿Acaso por ser cultos nos convertimos en inocentes y bondadosas personas?

HEGEL.- ¿Abogas, entonces, por la incultura?

LINGUACUTA.- En manera alguna. Pero habiendo visto de lo que son capaces muchos humanos “cultos” no me hago la ilusión de que con educación y cultura se cambiará sustancialmente lo que somos y se solucionarán por arte de birlibirloque todos nuestros problemas.

HEGEL.- ¿Y qué somos?

EDGARD MORIN [Que está a punto de mudarse a Ultratumba].- Antes de entrar en sutilezas sobre la miseria o la grandeza de la condición humana no olvidemos que somos animales de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género Homo, de la especie Sapiens.

LINGUACUTA.- Si lo olvidamos y pretendemos ser ángeles terminamos comportándonos no como animales humanos sino como bestias salvajes.

PASCAL.- Eso lo dije yo, aunque en otro contexto: “El hombre no es ni ángel ni bestia, y nuestra desgracia quiere que quien pretende hacer de ángel haga de bestia”.

LINGUACUTA.- Esperemos que no terminen haciendo bestialidades los que ahora en la Tierra – ensoberbecidos con los adelantos científicos y tecnológicos – hablan del Homo Deus, capaz de crear algo superior a la propia condición humana.

PASCAL.- Dejemos que Morin continúe desarrollando su punto de vista. Le habíamos cortado la palabra.

MORIN.- Gracias, Blaise. El hombre es un ser de afectividad intensa e inestable, que sonríe, ríe, llora, un ser ansioso y angustiado, un ser gozón, ebrio, extático, violento, amoroso, un ser invadido por lo imaginario, un ser que conoce la muerte y no puede creer en ella, un ser que segrega mitos y magia, un ser poseído por espíritus y dioses, un ser que se alimenta de ilusiones y quimeras, un ser subjetivo cuya relación con el mundo objetivo es siempre incierta, un ser sujeto al error y al extravío, un ser excesivo que produce desorden.

LINGUACUTA.- Qué compleja condición. Como dijo Nassim Taleb, “estudiar neurobiología para entender al ser humano es como estudiar la tinta para entender la literatura”.

MORIN.- Y como llamamos locura a la conjunción de ilusión, exceso, inestabilidad, incertidumbre entre lo real y lo imaginario, confusión entre lo subjetivo y lo objetivo, error y desorden, nos vemos obligados a ver que homo sapiens es homo demens.

LINGUACUTA.- Parte de esa demencia, a veces sublime a veces mortífera, es la búsqueda de gloria.

PASCAL.- La mayor bajeza del hombre es la búsqueda de la gloria, pero es esto mismo lo que constituye la mayor marca de su excelencia; porque cualquiera que sea la posesión que tenga en la tierra, cualquiera que sea la salud y la comodidad esencial que posea, no está satisfecho a menos que tenga la estima de los hombres.

LINGUACUTA.- Muchos buscan esa estima -y es loable- tratando de dejar a su muerte un mundo mejor que el que encontraron al nacer, pero lo primero es no dejarlo peor, y a esa importante tarea contribuye una miríada de anónimos benefactores de la humanidad.

MARY ANN EVANS.- Que las cosas no sean tan malas como pudieran haber sido se debe, en

parte, a muchas personas que vivieron fielmente una vida discreta y duermen en tumbas que nadie visita.

LINGUACUTA.- Levantemos, pues, por ellos nuestras copas.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero de 2024

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El planteamiento transhumanista ve en la tecnología la superación de lo natural humano.

SOFROSINA- Observo con interés cómo los prodigiosos adelantos científicos y tecnológicos que se han acelerado en el planeta Tierra llevan a algunos hiperoptimistas a pensar que en un futuro no lejano se logrará una transformación radical del ser humano, es decir, que iremos “más allá” (trans) del humano.

LINGUACUTA.- Ojalá que este “imperativo de mejoramiento” no lleve a cometer locuras. Hay quienes se alegran porque vamos rápido y derecho, aunque no sepamos a dónde y sin medir bien las consecuencias.

SOFROSINA.- Me haces recordar aquello de Sófocles: “Nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia.”

LINGUACUTA.- No otra cosa te dirán las víctimas de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki…

SOFROSINA- Habrás oído que algunos fervientes transhumanistas postulan inclusive que el envejecimiento y la muerte son errores biológicos, o más precisamente subproductos evolutivos, resultados colaterales de la selección natural que podrán ser corregidos por la ciencia, sustituyendo nuestros diferentes órganos “fuera de servicio” o controlando el envejecimiento de nuestras células. ¡No habrá que esperar hasta la “resurrección de la carne” en la “otra vida”!

LINGUACUTA.- Por eso mismo hay quienes dicen que la religión es una forma prematura de transhumanismo, y que ésta es una nueva religión que viene a corregir las carencias de las anteriores. 

SOFROSINA.- En efecto, los transhumanistas abordan temas favoritos de las religiones, como la relación con la muerte, la abolición del sufrimiento, el destino último del hombre y del universo. 

LINGUACUTA.- Esos sueños escatológicos están presentes en las mitologías y teologías de todas las épocas.

SOFROSINA.- Larga es la tradición filosófica y teológica que ha considerado al humano como un ser enfermo, o “caído”. Piensa no más en el “pecado original” judeo-cristiano, o en quienes han descrito el cuerpo humano como una cárcel. 

LINGUACUTA.- Y si el ser humano es un animal enfermo, prisionero en un cuerpo sufriente, su mejoramiento ha de ser entonces una forma de terapia de exigencia indiscutible. 

SOFROSINA.- Terapia que a lo largo de la historia ha sido confiada a «técnicas sociales», como la educación o las leyes -para las mejoras morales o mentales-, o a técnicas tradicionales relacionadas con el ejercicio corporal, el uso de plantas medicinales, las costumbres alimentarias -para las mejoras físicas-. 

LINGUACUTA.- Más recientemente he escuchado que ha llegado la hora de que sean las tecnologías biomédicas y cibernéticas quienes tomen en sus manos el asunto del mejoramiento humano. ¿Tienes alguna información al respecto, Sofro?

SOFROSINA.- Que te la dé Max O’Connor, más conocido como Max More, cuyo holograma te presento. [Sofrosina activa su sofisticado dispositivo de vídeo holográfico interactivo y aparece Max More].

MAX MORE.- Con el artículo “Transhumanism: Toward a Futurist Philosophy“, que publiqué en 1990, me convertí en un pionero de este movimiento. Posteriormente, en 2013, en el libro colectivo The transhumanist reader –presentación del transhumanismo para un público amplio-, expliqué de qué se trata.

LINGUACUTA.- ¿Me lo puedes repetir brevemente?

MAX MORE.- El término ‘Transhumano’ enfatiza el modo en el que se va mucho más allá del humanismo, tanto en medios como en fines. El humanismo tiende a confiar exclusivamente en los refinamientos educativos y culturales para mejorar la naturaleza humana, en tanto que los transhumanistas queremos aplicar la tecnología a la superación de los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética. Los transhumanistas no vemos la naturaleza humana como un fin en sí mismo, ni como perfecta, ni como poseedora de ningún derecho a nuestra lealtad. Por el contrario, la naturaleza humana no es más que un punto en un camino evolutivo y podemos aprender a reconfigurarla, de acuerdo con las formas que estimemos deseables y valiosas. Mediante la aplicación cuidadosa, pero también audaz, de la tecnología a nosotros mismos, podemos llegar a ser algo que ya no podremos describir adecuadamente como humano; podemos llegar a ser posthumanos.

LINGUACUTA.- ¡Vasto y paradójico programa: el humano que se propone dejar de serlo…para mejorarse! 

SOFROSINA.- El desarrollo tecnológico y científico ha buscado ayudar a los humanos a vivir de la mejor manera posible en el mundo que les tocó habitar. Pero me parece ilógico que, para conseguir plenamente esa adaptación, se propugne la disolución de lo humano. 

LINGUACUTA.- Me inquieta que estemos jugando al Doctor Fausto.

MAX MORE.- El progreso tecnológico es imparable.

LINGUACUTA.- Acepto que no podemos renunciar a la tecnología, pero sí podemos desobedecer al imperativo que convierte en necesario todo lo que es técnicamente posible. 

MAX MORE.- Nada grande se hace sin intrepidez. En 1992, junto con Tom Morrow fundé el Extropy Institute, la primera institución oficialmente dedicada a promover los fines del transhumanismo. Reconozco, sin embargo, que actualmente, enero de 2024, la organización transhumanista más influyente y estructurada es la Asociación Transhumanista Mundial (World Transhumanist Association, WTA), fundada en 1998 por Nick Bostrom y David Pearce. Les advierto que, en el 2008, cambió su nombre por «Humanity+», o, abreviadamente, H+. 

SOFROSINA. ¿Cuál es su objetivo?

MAX MORE.- Construir una especie nueva y mejorada gracias a la informática, la IA, la nanotecnología, la ingeniería genética y la cibernética; se trata de una especie posthumana descendiente de nuestro linaje pero mucho más avanzada, a la que ya se ha querido bautizar con el nombre de Homo excelsior.

LINGUACUTA.- Me temo que puede llegar a ser un Excelsior praedator. ¿Qué pasará con los “simplemente” humanos que queden en manos de los “excelsos” transhumanos? ¿Acaso piensas que todos ellos se van a comportar como Teresa de Calcuta o como Francisco de Asís?

SOFROSINA.- Estoy de acuerdo en mejorar la vida humana con la tecnología, pero cosa muy distinta es buscar transformar al mismo ser humano mediante la tecnología. Se está echando a andar algo que va a sacudir las bases en las que se ha cimentado la vida social y ética, que va a introducir nuevas desigualdades y va a reforzar de forma extrema el poder de una minoría sobre la gran mayoría.

LINGUACUTA.- Hasta que no se puedan hacer proyecciones seguras, no habrá mayor valentía que la cautela.

MAX MORE.- Bien saben ustedes dos que quien no arriesga un huevo no saca un pollo, o que para hacer una gran tortilla hay que quebrar muchos huevos.

LINGUACUTA.- El problema es que siempre son los huevos de los desvalidos.

MAX MORE.- Deja de ser aguafiestas. El advenimiento del Homo excelsior vendrá dado por un proceso acelerado y dirigido según nuestras decisiones y no por el azar genético sometido a las imposiciones del medio ambiente. Lo que el transhumanismo defiende con empeño es que hemos de abandonar la pasividad a la que nos hemos visto sometidos en el proceso evolutivo darwiniano, que nos ha hecho tal como somos, unos primates parlantes e inteligentes pero sometidos a múltiples limitaciones que podrán ser superadas tecnológicamente. 

LINGUACUTA.- Que el ser humano tome el control de su propia evolución y haga de ella una evolución dirigida o diseñada para “mejorar la raza” es un viejo sueño. Tengo bien presente que hace más de un siglo, el lema del Segundo Congreso Internacional de Eugenesia celebrado en 1921 fue: “Eugenics is the self direction of human evolution”.

SOFROSINA.- Y ya sabemos los desvaríos y crímenes que se cometieron en nombre del sueño eugenésico, en particular en la Alemania nazi, pero no sólo en ella.

MAX MORE.- Ya aprendimos la lección.

SOFROSINA.- Eso espero, lo cual no me tranquiliza: la Historia puede ser maestra de vida, pero tiene alumnos desmemoriados.

MAX MORE.- Por otra parte, el “viejo” (?) sueño eugenésico  no disponía, como ahora, de las tecnologías necesarias para realizar la “self direction of human evolution”. Tengan en cuenta que, como dijo el eminente Gregory Bateson, la cibernética es “el más grande mordisco a la fruta del árbol del conocimiento que la humanidad haya dado en los últimos 2000 años”.

LINGUACUTA.- Ojalá que en ese mordisco no vayan pedazos de fruta envenenada.

Rodolfo Ramón de Roux

Enero de 2024

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¡Qué sueño! Yo escuchaba, boquiabierto, mientras un selecto grupo rodeaba a Karl Marx que vociferaba a todo trapo sobre las fantásticas posibilidades del “hombre nuevo” cuando en la sociedad comunista se viviera en el “reino de la libertad” y los individuos hubieran dejado atrás el  “reino de la necesidad” y del sometimiento a poderes sociales -económicos, políticos- y naturales.

MARX.- Sí, camaradas, en esa fase superior de la sociedad comunista inscribiremos en su estandarte «¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!».

LINGUACUTA.-  Eso parece una predicción escatológica: la enunciaste en 1875 y todos seguimos a la espera.

THOMAS HOBBES.- Y seguiremos esperando: ya hemos visto cómo se comporta el “hombre nuevo” cuando se alza con el poder.

LINGUACUTA.- Con suficiente poder -ese virus mortal- hasta las antiguas víctimas terminan comportándose como sus victimarios.

EMIL CIORAN.- Tengamos, pues, por toda víctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.

LINGUACUTA.- El hombre explota al hombre, y a veces es lo contrario.

HOBBES.- El  hombre es lobo para el hombre

LINGUACUTA.- ¡Y también para la mujer!

MARX.- ¡Ánimo, camaradas! Todavía no hemos visto de qué es capaz el hombre.

LINGUACUTA.- Eso es lo que más me asusta.

MARX.- Paciencia, Linguacuta, el enigma de lo que podemos esperar del ser humano sigue abierto. La historia es el proceso de creación humana y continuada formación del hombre por su propia actividad, por su propio trabajo, en el sentido de una universalidad y una libertad crecientes.

LINGUACUTA.-  El problema es que muchos humanos tienen necesidades insaciables: mientras más tienen, más quieren. De ahí la eterna tensión entre los ideales de libertad y de justicia social.

MAX HORKHEIMER.- La libertad y la justicia están tan unidas como opuestas. Mientras más justicia haya, menos libertad. Si queremos avanzar hacia la justicia, debemos prohibir a los hombres que hagan muchas cosas, entre ellas que se agredan y exploten unos a otros. Pero cuanta más libertad haya, quien despliegue sus fuerzas con mayor habilidad que los demás podrá, en última instancia, esclavizarlos; por tanto, menos justicia habrá.

LINGUACUTA.- Admito que el mundo es lucha y que por eso mismo hay que apaciguarlo con justicia pero, por lo general, consideramos inadmisibles los privilegios si no somos sus beneficiarios. En cuanto a los anhelos de libertad, la historia muestra que a muchos se les cae el yugo y ellos mismos se lo vuelven a poner: así funciona la servidumbre voluntaria, como muy bien lo explicó Étienne de La Boétie. Por otra parte, no nos hacemos libres solamente con evitar ser esclavos, también tenemos que evitar ser amos, y esto es tan difícil como aquello.

MARX.- No soy ingenuo. Soy consciente de que los hombres hacen su propia historia; pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos mismos: la hacen en condiciones dadas, directamente heredadas del pasado. Sin embargo, mi convicción es inquebrantable: es evidente que según las leyes inexorables del materialismo histórico y dialéctico, tarde o temprano nos espera un porvenir radiante.

LINGUACUTA.- Nada es más engañoso que una evidencia.

CIORAN.- Karl, eres un creyente perfecto. En el Apocalipsis leemos: “Vi un cielo y una tierra nuevos, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron”. Tachemos ‘cielo’ y quedémonos únicamente con ‘una tierra nueva’ y tendremos el secreto y la fórmula de todos los sistemas utópicos, incluido el de tu sociedad comunista.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU.- Confieso que soy tan optimista como Karl. El ser humano es bueno por naturaleza. Quien lo corrompe es la sociedad.

LINGUACUTA.- Pero la sociedad no cae del cielo, es una construcción humana, es el fruto de lo que nosotros somos. No seas tan romántico, Jean-Jacques.

ROUSSEAU.- Sin romanticismo la vida pierde sentido.

LINGUACUTA.- Y con sobredosis de romanticismo tienes hermosos sueños pero calamitosos despertares.

EMMANUEL KANT.- La madera de la que está hecho el hombre es tan nudosa que con ella no se pueden tallar vigas rectas.

LINGUACUTA.- Por eso forma parte de mis pocas certezas la incertidumbre sobre nuestras posibilidades de mejorar sustancialmente la naturaleza humana. Somos seres racionales, pero no siempre razonables.

SIGMUND FREUD.-  El ser humano no es ese ser bondadoso, corazón sediento de amor, del que se dice que se defiende cuando se le ataca, sino un ser que, por el contrario, debe atribuir a sus instintos buena parte de su agresividad. En efecto, el hombre está tentado de satisfacer su necesidad de agresión a costa de su semejante, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo.

ALBERT CAMUS.- De acuerdo, Sigmund, todos llevamos dentro nuestras prisiones, nuestros crímenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no consiste en desencadenarlos sobre el mundo, sino en combatirlos en nosotros mismos y en los demás.

JERZY LEC.- Bien dicho, Albert, ese es un combate de nunca acabar pues desde que el hombre se alzó sobre sus patas traseras no ha recuperado el equilibrio.

Pitigrilli exclamó: “Ser hombre es ya por sí mismo una circunstancia atenuante”. Hasta Marx y Rousseau sonrieron. Alguien dijo: “Sigamos charlando en el bar ‘La condición humana’ que sobre este tema nos queda tela por cortar”. Con paso alegre las sombras se fueron alejando y a discreta distancia las seguí.

Rodolfo R. de Roux

Enero 2024

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— Con el inicio de un nuevo año he recibido numerosos mensajes deseándome felicidad, amor, salud y prosperidad.

SÉNECA.- Se cumplan o no tan buenos deseos, te aconsejo que vayas practicando la “praemeditatio malorum” o anticipación de desgracias.

— ¿A qué te refieres?

SÉNECA.- Al ejercicio estoico de prever cosas que nos pueden salir mal o que nos pueden ser arrebatadas. En su versión cotidiana se hace al comenzar el día. Tras abrir los ojos, visualiza diferentes acontecimientos negativos que se te pueden presentar: dolencias físicas, infortunios económicos, agravios personales, pérdida de un ser querido o incluso tu muerte.

— Eso es masoquismo pesimista.

SÉNECA.- De ningún modo. No se trata de gozar con el dolor ni de angustiarse inútilmente, sino de prepararse serenamente para saber afrontar los inevitables contratiempos de la vida. ¿Qué es el hombre? Un recipiente quebradizo a cualquier golpe y a cualquier sacudida. No me vengas luego con el “No creí que me llegara a suceder”. ¿Crees que no va a sucederte algo que sabes que puede pasar, que ves que le ha ocurrido a muchos? 

— Puede que eso no sea masoquismo, pero no me vengas con el cuento de que no es pesimismo.

SÉNECA.- ¡Qué va! Es un signo de vitalidad: consideramos que cada día es un regalo que agradecer, no un derecho que exigir. Por ello, visualizar los posibles embates de la existencia es un llamado a vivir plenamente el instante presente –carpe diem– a pesar de cualquier eventualidad futura.

— Te concedo que la vida está llena de sorpresas, y no todas son agradables.

SÉNECA.- Nada hay prometido sobre la noche de hoy, y he dado un plazo demasiado largo: nada hay prometido sobre la hora presente. Peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto.

— Pero ¿la tal previsualización de infortunios realmente sirve?

SÉNECA.- El golpe de una desgracia, prevista de antemano, llega mitigado. 

— Mejor dicho, la visualización negativa es una manera de prepararnos para golpearnos lo más suavemente posible contra el muro de la realidad. 

SENECA.- También yo, como todo el mundo, terminé por golpearme duro contra ese muro. A mis cuarenta y cinco años, siendo un adinerado hombre de Estado, el emperador Claudio me mandó al exilio a un lugar miserable y despoblado en la isla de Córcega. Allí me encontré despojado abruptamente de todo lujo y comodidad durante ocho años. 

— Me han contado que te las ingeniaste para acomodarte a esas adversas circunstancias gracias a tus  premeditaciones matutinas y a los periodos de sopa aguada y baños de agua fría a los que te sometías cuando la suerte te sonreía, previendo que podía cambiar de un momento a otro.

SENECA.- Tal como le escribí a mi madre desde el exilio: “Nunca me fie yo de la suerte, incluso cuando parecía proponerme la paz. Todas las cosas que la suerte iba acumulando tan bondadosamente sobre mí -dinero, cargos, influencia- las puse en un lugar del que pudiera ella recuperarlas sin molestarme a mí. Mantuve una gran distancia entre ellas y yo; por tanto, la suerte me las ha quitado, no arrancado”. 

— Pero la rueda de Fortuna terminó -como siempre- por girar.

SENECA.- Así fue. En el año 49, Agripina, que había desposado a Claudio, lo convenció de dejarme volver a Roma y ella me confió la educación del joven Nerón. Después de la muerte de Claudio en el 54, Nerón subió al trono a los diecisiete años y me convertí en uno de sus más influyentes consejeros hasta el 62. 

— Sospecho que la rueda de la diosa Fortuna volvió a girar.

SENECA.- Aunque no existían evidencias de que yo estuviese vinculado a una  conspiración contra Nerón, el emperador ordenó mi muerte en el 65. Por entonces ya había hecho asesinar a su hermanastro Británico, a su madre Agripina, y a su esposa Octavia.

— Supe que terminaste por suicidarte dando ejemplo de serena dignidad.

SÉNECA.- Lo que nos pone furiosos es la frustración de no ver cumplidas nuestras optimistas ilusiones sobre el mundo y sobre los demás. Te lo repito, peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto. ¡Ve a hacer tu praemeditatio malorum!

Rodolfo Ramon de Roux

Enero, 2024

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En una noche oscura, estando ya mi alma sosegada, soñé, ¡oh dichosa ventura! que con la lámpara de Aladino tropezaba. La froté con entusiasmo pidiendo consejos sabios y de su pico salieron amigos extraordinarios. 

SÓCRATES.- Puesto que te cuesta asimilar lo que se te enseña, el genio de la lámpara nos advirtió darte consejos muy breves. Cada uno de nosotros puede salir solamente por unos segundos, habla y vuelve a ser encapsulado.

–  ¡Qué maravilla!

SÓCRATES.- Por ser el decano, comienzo: Si llegas a saber que nada sabes, al menos conócete a ti mismo. 

PÍNDARO.-  Y, como los buenos atletas, da lo mejor de ti: Llega a ser lo que eres.

SÉNECA.- Pero no lo serás sin lograr convertir los obstáculos en oportunidades: Per aspera ad astra -a través de las dificultades hacia las estrellas-.

EURÍPIDES.- No pierdas tiempo ni energía irritándote contra tus circunstancias, ellas permanecen sordas a tu cólera.

NIETZSCHE.- Más bien entrénate para jugar lo mejor posible la partida con las cartas marcadas que te dio la vida. Abraza tu destino: Amor fati.

VIDAL SASSON.- ¿Que todo eso es muy difícil? Amigo, el único lugar en el que éxito se encuentra antes que trabajo es en el diccionario.

WILLI COLÓN.- Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada.

SEXTO EMPÍRICO.-  Y aprende a no tragar entero: De omnibus dubitandum -hay que dudar de todo-  

VOLTAIRE.- Pues quienes pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades.

LESZEK KOLAKOWSKI.- Cuando las cosas parezcan claras, siembra una confusión curativa y cúbrelas con un velo de inseguridad.

KANT.- Atrévete a pensar con tu propia cabeza: Sapere aude.

DIOGENES EL CÍNICO.- Y atrévete a ser irreverente con quien se lo merece: No te dejes engañar por los buenos modales de quienes tienen pésimas costumbres. 

LINGUACUTA.- Pero no pises callos sin necesidad. Recuerda la regla básica de las relaciones humanas: A nadie le gusta que lo jodan.

OSCAR WILDE.-  Para no ir a joder a los demás “con las mejores intenciones”, no les hagas lo que quisieras que te hagan a ti, ellos pueden tener gustos diferentes.

EURÍPIDES.- Ten paciencia y comprensión que para todos no es bella y sensata la misma cosa, si así lo fuera, no habría disputas entre los humanos.

LAO TSE.- Considera que la amabilidad en las palabras crea confianza. La amabilidad en el pensamiento crea profundidad. La amabilidad al dar crea amor.

EPICURO.- Encuentra la felicidad en el puro placer de la existencia y aspira a una gozosa sobriedad: Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

HORACIO.- Aprovecha el instante presente: Carpe diem.

SOFOCLETO.- Pues tarde o temprano, uno llega a la botica, sin remedio. 

GEORGE SANTAYANA.- No existe cura para el nacimiento y la muerte, excepto disfrutar el intervalo.

MARCO AURELIO.- Vive a fondo tu intervalo realizando cada una de tus acciones como si fuera la última de tu existencia. Y a tus congéneres, instrúyelos o sopórtalos.

SPINOZA.- Pero sopórtalos sin  lloriquear o indignarte en vano; trata, más bien, de comprenderlos: Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere -no ridiculizar, ni lamentar, ni maldecir las acciones humanas, sino entenderlas- .

MARX Aunque después de comprender, actúa: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

EPICTETO.- Sin embargo, si no quieres angustiarte inútilmente, ten claro lo que depende de ti y lo que no depende de ti.

MONTAIGNE.- En tu actuar no seas dogmático ni engreído: por muy alto que sea tu sitial, siempre estarás sentado sobre el culo. 

NIETZSCHE.- [Que se escapó milagrosamente de la lámpara por segunda vez] Si en tu actuar las cosas te salen mal recuerda: Lo que no te mata, te fortalece.

JERZY LEC.-  Y si las cosas te salen bien, cuando saltes de alegría mira que nadie te quite la tierra debajo de los pies.

MAHATMA GANDHI.-  Te doy mis consejos como una metralleta porque el genio de la lámpara dice que el tiempo se está acabando: Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán actos; cuida tus actos porque se harán costumbre; cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter; cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida. 

SPEEDY GONZÁLES.- ¿Te parece complicado lograr lo que te dice Ghandi? ¡No te desanimes! Sigue corriendo tras tus sueños: si no los alcanzas, al menos adelgazas.

TOMÁS MORO.- Y sé feliz riendo de ti mismo porque nunca terminarás de divertirte.

GRACIAN.- Acércate que voy a decirte un secreto. 

– Te escucho.

GRACIAN.-  [Susurrándome al oído] Los secretos ni oírlos ni decirlos.

Y colorín colorado, este sueño se ha acabado.

Rodolfo R. de Roux

Diciembre 2023

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Muchos conocen “El arte de la guerra” de Sun Tzu. No pasa lo mismo con “El arte de la persuasión” de Guiguzi quien es, en muchos aspectos, su complemento para la negociación y la diplomacia. El llamado “Maestro del Valle de los demonios” es ante todo un taoísta oportunista y pragmático, un “anti Confucio” adepto de la “realpolitik”, hábil en el manejo de la retórica y de la disimulación.

Empeñado Maquiavelo en hacerme ver la verdad concreta de la lucha por el poder -“la verità effettuale della cosa”- me consiguió una entrevista con Guiguzi, su lejano antecesor, quien  contribuyó a formar algunos de los grandes estrategas del agitado periodo chino de los “Reinos combatientes”, en el siglo IV antes de nuestra era. He aquí nuestro diálogo al borde de un río rumoroso que atravesaba aquel valle solitario y misterioso.

–  Me he percatado de que para ti la realidad es brumosa pues consideras que no hay nada constante en la vida, que la única permanencia es la impermanencia.

GUIGUZI.- Los cambios son sin fin y cada uno de ellos sigue su propio camino. La bruma de la existencia es un hecho, y no pretendo disiparla. Me parece que solo cuenta saber abrirse un camino que nos permita ser eficaces en lo que pretendemos en medio de la complejidad y el desorden de la existencia.

–  Eres, pues, un oportunista que según sus intereses va de derecha a izquierda, como una brújula. ¡No es casualidad que hayas sido el primero en hacer referencia al fenómeno del magnetismo!

GUIGUZI.- Óyeme bien: “En el mundo no hay nada constantemente noble, las cosas no obedecen siempre a la misma regla. Hay que ponerse al servicio de la persona con la que las cosas puedan salir bien y los planes puedan cuajar”.

–  Permite que te diga que a veces encuentro oscura tu prosa.

GUIGUZI.- Porque oscura es la realidad. Pero mi mensaje gira alrededor de algunas cosas claras.

–  Quisiera que me las digas.

GUIGUZI.- Penetrar en el pensamiento del otro analizando no solo sus palabras, sino también sus gestos y ademanes para relacionar la superficie visible con lo que cubre de invisible -a eso lo llaman ahora comunicación no verbal-. Descifrar los signos de toda clase para percibir las intrigas, medir las capacidades y sondear las intenciones de los demás. Sopesar correctamente las circunstancias para poder actuar eficazmente y en el momento oportuno. Forjar relaciones de confianza e intimidad con quien tiene el poder. Utilizar cualquier tipo de falla, por pequeña que sea, para dividir o para unir, según las circunstancias. Elaborar planes estratégicos persuadiendo y disimulando los propios sentimientos y privilegiando los propios intereses. 

– ¿Tienes un modo de obrar preferido?

GUIGUZI.- Observa con mucha atención a los demás, trata de comprenderlos para controlarlos mejor ya sea con la palabra o con el silencio pues, no lo olvides, a veces es preferible callar ciertas verdades.

– Eso me recuerda un proverbio francés que aparece en algunos tratados políticos: Toute vérité n’est pas bonne à dire.

GUIGUZI.- Así es. No toda verdad merece ser dicha, sino solamente la que puede seducir o confundir para lograr tus propósitos.

– Por eso mismo, con tantas “verdades seductoras” en circulación, Beaumarchais completó así el proverbio: No toda verdad merece ser dicha; no toda verdad merece ser creída…más aún, si sale de la boca de un político asesorado por un diplomático. Con los años he aprendido que en guerra y en política la verdad está protegida por un muro de mentiras.

GUIGUZI.- Me ganaste en cinismo.

– ¿Acaso tú, fundador de la “Escuela de Diplomáticos”, no sabes cómo se los reconoce?

GUIGUZI.- Dímelo tú.

– Cuando un diplomático dice “sí” es “tal vez”. Cuando dice “tal vez” es “no”. Si dice “no”, no es diplomático. Lo que aconsejas sobre manejar el lenguaje con sutileza me recuerda la siguiente historia: Una señora muy distinguida se encontraba en un avión próximo a aterrizar. Como estaba sentada al lado de un simpático sacerdote, le preguntó:

– Padre, ¿puedo pedirle un favor?

Depende, hija, ¿de qué se trata?

– Compré un esfigmomanómetro analógico muy caro para mi esposo que es médico y estoy preocupada con la aduana porque me he excedido en el valor de las cosas que puedo traer conmigo. ¿Podría usted llevarlo debajo de su sotana?

Claro que puedo, hija, ¡pero debes saber que no puedo mentir!

– Padre, usted tiene un rostro tan honesto que de seguro los aduaneros no le harán ninguna pregunta.

Y le dio el esfigmomanómetro.

Cuando el avión llegó a su destino y el sacerdote se presentó en la Aduana, le preguntaron:

– ¿Tiene algo que declarar? 

El sacerdote respondió: Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar, hijo.

– Encontrando extraña la respuesta, el aduanero preguntó: Y de la cintura para abajo, ¿qué es lo que usted tiene?

Tengo un equipo maravilloso, pero sin estrenar.

Muerto de risa, el aduanero exclamó: Puede pasar, Padre. ¡El siguiente…!

– De joven me lo enseñaron: No es necesario mentir, basta saber escoger las palabras. 

GUIGUZI.-  ¿Acaso estudiaste con los jesuitas?

– ¿Por qué me lo preguntas?

GUIGUZI.- ¿Por qué me respondes con otra pregunta?

– ¿Y por qué no?

GUIGUZI.- ¡Has disipado mi duda! 

– Maestro, antes de que te esfumes dame, por favor, otros consejos.

GUIGUZI.- Hay que escuchar mucho, observar y saber esperar: es como poner redes para capturar una presa. Busca los puntos débiles del otro. No despliegues tu fuerza sin conocer sus fallas.

– Y en cuanto al comportamiento propio, ¿qué aconsejas?

GUIGUZI.- Si quieres comprender al otro, comienza por conocerte. Controla la verborrea: quien mucho habla deja escapar muchas de sus debilidades. ¡Ah!, y no dejes que se note nada en tu cara, que ella no revele tus sentimientos. Fíjate cómo lo hacen Putin y Xi Jinping, son más impenetrables que un tramposo.

–  Bueno es saberlo, pero no lo lograré, soy demasiado parlanchín y transparente.

GUIGUZI.- No te preocupes: ya tienes pie y medio en Ultratumba. ¿Para qué quieres que siga gastando saliva contigo?

–  Tu experiencia puede servirles a otros más jóvenes.

GUIGUZI.- No seas iluso: cada quien está ansioso por cometer sus propios errores.

–  Por eso seguimos metiendo la pata de manera tan abundante.

GUIGUZI.- La experiencia es algo bastante inútil. Se hace poco caso de la ajena. Y en cuanto a la propia, cuando la necesitamos no la tenemos y cuando la tenemos no la necesitamos. 

–  Por lo visto la experiencia es la peineta que nos da la vida cuando ya no tenemos pelo.

GUIGUZI.- Como me dijo Confucio, la experiencia es una linterna que llevamos a la espalda: ilumina el camino que ya hemos recorrido. 

– ¿Entonces “experiencia” es el nombre con el que sublimamos nuestros errores?

GUIGUZI.-¡Vete y no molestes más! 

Rodolfo R. de Roux

Diciembre de 2023

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Se entabló el siguiente diálogo al resplandor de las bombas que caen inmisericordemente en la Banda de Gaza y en las llanuras de Ucrania, donde todos los beligerantes apelan a morir por la patria. 

LINGUACUTA.- Estimado Horacio, todavía no entiendo cómo pudiste escribir que es dulce morir por la patria.

HORACIO.- No hice sino ponerle lirismo al tradicional “a morir por la patria” de las arengas militares. ¿No te parece hermoso mi verso “dulce et decorum est pro patria mori”?

LINGUACUTA.- ¿Te das cuenta de la sonrisa burlona con la que te está mirando el general George Patton?

GENERAL PATTON.- Ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otro estúpido bastardo muera por la suya.

SOFROSINA.- Con tan descarnada frase comenzaste tu famosa arenga a la 6.ª División Blindada de los EE. UU. cinco días antes del “Día D” en Normandía.

GENERAL PATTON.- Las orejas piadosas dijeron que yo era un zafio, pero mi lenguaje cuartelero motivó a la tropa diciéndoles de manera cínica una verdad de a puño.

LINGUACUTA.- También dijiste en esa arenga muchas otras frases que le pusieron los pelos de punta a una minoría de oficiales. Te recuerdo algunas: La forma más rápida de acabar esta guerra es ir por los bastardos que la empezaron y barrerlos del mapa. Cuanto antes lo hagamos, más pronto volveremos a casa. (…) No solo vamos a dispararles a los alemanes, ¡nuestra intención es arrancarles las tripas y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques: vamos a matar a esos malditos teutones de a cien por metro! (…) La guerra es un asunto sangriento y mortal. O derraman ustedes la propia sangre, o derraman la de ellos. Rájenles el vientre, dispárenles en las tripas. 

ERASMO DE ROTTERDAM.- ¿Te das cuenta, amigo Horacio? La guerra solo es dulce para quienes no la han experimentado: Dulce bellum inexpertis.

FLAVIO VEGECIO.- Por eso mismo en mi Epitoma rei militaris (Compendio de técnica militar) advertí: “No te fíes del todo de un recluta que quiere combatir, porque el combate es grato a los bisoños”.

ERASMO.- Ya lo decía Píndaro hace dos mil quinientos años: “La guerra es grata a quien no la ha experimentado, pero cuando se avecina, el corazón del veterano se estremece sobremanera”. En mis Adagios, al comentar la máxima Dulce bellum inexpertis expuse ampliamente que la guerra arruina, extingue, barre de repente y de una sola vez todo lo alegre y todo lo bello y descarga sobre la vida de los hombres una cloaca de males.

SOFROSINA.- Pero no nos engañemos: muchos anhelan convertirse en héroes legendarios en los campos de batalla. 

LINGUACUTA.- El detalle desagradable es que para convertirse en leyenda primero hay que naufragar en las marejadas de la historia.

SOFROSINA.- ¿Para qué sirven tantos vanos afanes y dolores? Somos tierra, la fama es humo y el final, ceniza: Homo humus, fama fumus, finis cinis.

FRIDA KAHLO.- Pero a cada uno le gusta escoger el tamaño de la cebolla con la que va a llorar.

ESTANISLAO ZULETA.- Los diversos tipos de pacifismo hablan abundantemente de los dolores, las desgracias y las tragedias de la guerra y eso está muy bien, aunque nadie lo ignora; pero suelen callar sobre otro aspecto inconfesable y decisivo: la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Cómo así?

ESTANISLAO ZULETA.- Si se quiere evitar al hombre el destino de la guerra hay que empezar por confesar, serena y severamente la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de su soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta su vida. Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón, y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre. 

SOFROSINA.- Ojalá meditaran tus palabras los belicistas entusiasmados con esa fiesta de la guerra  frente a un enemigo visto como el mal absoluto. 

E. ZULETA.- Precisamente convertir al enemigo -la otra clase social, la otra etnia, la otra religión, la otra nación- en el mal absoluto es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, puesto que es el que genera la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Por qué dijiste en tu reflexión Sobre la guerra que a ésta no había que oponerle un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad?

E. ZULETA.- Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. 

SOFROSINA.- ¿Hacemos entonces una cruz sobre la llamada “paz total”?

ESTANISLAO  ZULETA.- La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable, ni en la vida personal -en el amor y la amistad- ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a su supresión, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo. 

SOFROSINA.- ¡Vasto programa!

E. ZULETA.- Una sociedad más justa, organizada y racional es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.

SOFROSINA- Desafortunadamente la razón de las armas silencia fácilmente a las armas de la razón.

LINGUACUTA.- ¿Cuándo has visto que sea justa la causa de los “otros”? Solo es justa la guerra que hacen los “nuestros”, pero por justa que sea su causa terminamos enlodándola por el ansia de verla triunfar. ¿Por qué me miras tan mal, Netanyahu?

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre de 2023

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