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Diálogos de Ultratumba – La tentación del bien

Por Rodolfo Ramon de Roux
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“¿Tentación del bien? ¿Por qué afirmas eso si el que nos tienta es el mal?”, le dijo Linguacuta a Tzvetan Todorov, quien le respondió: “El peor legado del siglo XX es el totalitarismo, cuyas dos variantes -comunismo y nazismo- provocaron la muerte de millones de seres humanos, la tortura, la deportación y la humillación de millones más; y, sin embargo, sus protagonistas aspiraban al bien, no al mal.”

SOFROSINA.- Linguacuta, lee Mémoire du mal. Tentation du bien, allí Tzvetan analiza cómo los comunistas intentaron crear un “hombre nuevo” y un “radiante porvenir”. Por su parte, los nazis trataron de eliminar a las “razas” y a los individuos considerados nocivos, “infrahumanos” –Untermenschen-. La prosecución de lo que consideraban como “bien” les sirvió de motivación -o de excusa- para la implacable dureza de su misión salvífica.[1]

LINGUACUTA.- Está visto que de las banderas mesiánicas chorrea sangre en abundancia.

TODOROV.- Porque los mesianismos son maniqueos: dividen el mundo entre buenos y malos y proponen aniquilar a estos últimos. 

SOFROSINA.-  Ésa es la tragedia de quienes en nombre de una futura redención religiosa o social repiten a lo largo de la historia escenarios dominados por la exigencia de testimonios dolorosos, de martirios y de baños de sangre purificadores.

LINGUACUTA.- Los jueces de la Inquisición llevaban a los condenados a la hoguera para salvar su alma.

SOFROSINA.- Y en la Revolución francesa Robespierre aprobó el régimen del Terror para conservar la pureza revolucionaria. Su amigo Saint-Just, el “Arcángel del Terror”, lo dijo crudamente: “Lo que constituye una república es la destrucción total de todo lo que se le opone”. 

TODOROV.- La preocupación abstracta por “el bien de la causa” produce un proceso deshumanizador que elimina la compasión por los seres concretos.

LINGUACUTA.- La legitimación abstracta y trascendente de una “violencia redentora” es el tobogán hacia una inflexible crueldad.

SOFROSINA.- Tengamos en cuenta que la tentación del bien proporciona a sus seguidores una razón para vivir. El problema es que si se convierte en totalitarismo encierra a la gente en un espacio donde no hay lugar para objeciones ni disidencias…

TODOROV.- … y donde las libertades individuales son sacrificadas en aras del advenimiento de un “hombre nuevo” y un “mundo nuevo”.

LINGUACUTA.- De buenas intenciones está pavimentado el Infierno.

SOFROSINA.- No hay que desesperar de los humanos: también son capaces de lo mejor.

JORGE WAGENSBERG.- Tienes razón. Los humanos son la especie que más individuos mata de su propia especie, pero es también la especie que mejores poemas escribe.

SOFROSINA.- No seas cínico.

JOSEPH ROTH.- Jorge dice una verdad incómoda de la que es símbolo el campo de concentración nazi de Buchenwald;

LINGUACUTA.- Explícate.

JOSEPH ROTH.- Buchenwald está situado a pocos kilómetros de Weimar, cuna de la “alemanidad” y centro cultural de gran importancia donde residieron, entre otros, Goethe, Schiller, Liszt, Wagner y Alexander von Humboldt. Pues en el interior del campo de concentración de Buchenwald, se hallaba el roble a cuya sombra el cultísimo Goethe solía echar a volar su imaginación poética. Precisamente el último texto que escribí antes de morir se titula El roble de Goethe en Buchenwald.

SOFROSINA.- Despelucador simbolismo. 

LINGUACUTA.- También me despeluca saber que la democracia no está exenta de la tentación del bien, que puede llevarla a lanzar sus bombas “de carácter humanitario”.

TODOROV.- No hay que bajar la guardia: la democracia no está inmunizada contra la vieja tentación de erigirse en encarnación del bien para imponérselo al mundo.

SOFROSINA.- El atractivo de la tentación del bien es la promesa de un futuro de plenitud y de “mañanas luminosos”.

TODOROV.- Promesa hasta ahora incumplida… pero siempre podemos ilusionarnos diciéndonos que la próxima vez será la buena. 

LINGUACUTA.- Aunque se trate de totalitarismos ateos, como el nazismo y el comunismo, esa tentación del bien está impregnada de un milenarismo cristiano que ha terminado influyendo aun en los incrédulos. Bueno, eso me parece.

TODOROV.- A mí también me parece. A lo largo de la historia del cristianismo muchos han creído que Cristo volverá a la Tierra y reinará allí durante mil años junto a los justos resucitados. Los humanos, por fin, vivirán felices. Esta creencia, que se basa en el Apocalipsis de San Juan, fue refutada por san Agustín de Hipona. Sin embargo, reapareció con fuerza a finales del siglo XII de la mano del monje calabrés Joaquín de Fiore, cuyas visiones proféticas se extendieron por toda Europa. 

SOFROSINA.- Los sesudos trabajos de Norman Cohn y de Jean Delumeau[2] muestran cómo, a lo largo de los siglos, el milenarismo ha resurgido en múltiples formas. Thomas Müntzer, Jean de Leyde y Tommaso Campanella entre otros, evocaron ese futuro radiante. Cristóbal Colón esperaba extender este reino cristiano de los “últimos días” a toda la Tierra.[3]

TODOROV.- ¿Qué me dices de los “Padres Peregrinos” que se establecieron en América del Norte en la década de 1620? Querían convertir esta parte del mundo en el centro del reino de Cristo, y esa esperanza ha sido uno de los componentes de la identidad estadounidense. 

SOFROSINA.- Delumeau explica muy bien cómo las expectativas milenaristas se fueron secularizando poco a poco hasta integrarse en la ideología del progreso: en el siglo XVIII el científico y teólogo británico Joseph Priestley esperaba mil años de felicidad tras la Revolución Francesa. Y fue precisamente la tradición milenarista la que en el siglo XIX inspiró al político francés Pierre Leroux, creador del término “socialismo”, cuando escribió: “Se ha prometido el reino de Cristo en la tierra”. 

TODOROV.- Subrayo que, a diferencia de los milenaristas cristianos, el utopismo ateo pretende construir una sociedad perfecta sólo con el esfuerzo de los hombres, sin ninguna referencia a Dios. 

SOFROSINA.- Y yo subrayo que ambos, el milenarismo cristiano y el utopismo, están vinculados a la coerción y a la violencia cuando, aun sabiendo que los hombres son imperfectos, intentan imponer una cierta perfección social e individual, aquí y ahora.

LINGUACUTA.- Entonces ¿hay que aceptar con resignación el mundo tal cual es?

TODOROV.- No es necesario elegir entre la renuncia a cualquier ideal y la aceptación de cualquier medio para imponerlo.La utopía tiene derecho a existir, siempre y cuando no intente encarnarse por la fuerza.

SOFROSINA.- Más vale renunciar a cualquier proyecto global de extirpar el mal de la Tierra para que reine en ella el bien. Todos los que han creído que el paraíso estaba al alcance de la mano se han topado con el gulag

LINGUACUTA.- Insistir en que todo futuro es imperfecto puede servir de excusa para instalarse cómodamente en el presente.  

SOFROSINA.- Amiga, comprender que el eutopos –ese “mejor lugar”– no se realiza con proyectos globales de extirpar el mal, no significa renunciar a la utopía. En un planeta que siempre tendrá que afrontar graves desafíos, la solución no es eliminar la búsqueda de un mundo mejor, sino soñar con los ojos bien abiertos para analizar las formas concretas que toma dicha búsqueda, las funciones que llena, los senderos que invita a recorrer.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo de 2026


[1]           Cf. Diálogos de Ultratumba, “La ebriedad de la misión salvífica”, mayo 3 de 2026.

[2]   Norman COHN, The Pursuit of the Millennium: Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, Oxford University Press, 1957; Jean DELUMEAU, Une histoire du paradis. Mille ans de bonheur, Fayard, Paris, 1995.

[3]   Cristóbal Colón en su Carta a doña Juana de la Torre (el ama del príncipe Don Juan), escrita a finales del año 1500 dice: “del nuevo cielo y tierra que decía Nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis, después de dicho por boca de Isaías, me hizo a mí mensajero y amostró en cuál parte”.

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9 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 15 mayo, 2026 - 6:48 am

Rodolfo: Te incluyo mi pensamiento sobre la Utopía:
La utopía es un sueño, es una esperanza, es un ideal: es un motor. Es la búsqueda de la sociedad perfecta, entendiendo posiblemente como tal a aquella en la cual reina la paz y la concordia entre los seres humanos, donde desaparecen o se llegan a controlar los factores que causan las querellas y el conflicto.
Pero, como los humanos no son ni pueden ser perfectos, la utopía refleja lo imposible de lograr. Por lo tanto, es una afirmación que se invalida a sí misma en el momento en que se la pronuncia. Pero al mismo tiempo es una afirmación que es imperativo formular, porque de lo contrario se cierra toda esperanza. En cuanto se la formula y se la afirma, tiene el valor de convocar las voluntades, los esfuerzos y las acciones humanas para la búsqueda del ideal. De ahí su dinámica y fortaleza. Un mundo sin utopías es tan invivible como el mundo que llegara a realizar su propia utopía. Parece una paradoja, pero en ella se encierra la voluntad del cambio, el llamamiento al sacrificio, la entrega a un ideal y la razón de ser de tantos esfuerzos para transformar las realidades; es decir, para cambiar el mundo. Hernando

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Rodolfo Ramon de Roux 15 mayo, 2026 - 6:50 am

Enriquecedor comentario. Gracias, Hernando.

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Enrique Sánchez 15 mayo, 2026 - 10:08 am

Tu propuesta Rodolfo es tentadora.

Me parece que la historia del bien en la humanidad tiende a manifestarse de dos maneras:

Por un lado está el bien que nos conviene e incluso consideramos universal; por otro lado está el bien genuino y desinteresado que procede del corazón y del que a veces somos capaces.

El primero es fuente de conflictos, el segundo inspira la gratitud y bienestar.

Respuesta
Rodolfo Ramon de Roux 15 mayo, 2026 - 10:24 am

Me inclino ante el bien que inspira gratitud y bienestar. Gracias, Enrique.

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Juan Gregorio Vélez 15 mayo, 2026 - 11:34 am

Gracia Rodolfo. Interpreto la tentación del bien en olvidar que cualquier bien que pretendamos tiene que ser para todos sin exclusiones.

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Rodolfo Ramon de Roux 15 mayo, 2026 - 11:37 am

Gracias, Goyo. Cada nuevo comentario nos enriquece.

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Vicente Alcalá 16 mayo, 2026 - 7:22 am

Rodolfo, como dijo un amigo nuestro “No se escoge el mal, sino que se escoge mal”. Se escoge el bien, pero se cojea al caminar hacia el bien.

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Rodolfo Ramon de Roux 16 mayo, 2026 - 8:07 am

Vicente, muy sabio tu amigo.

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Gonzalo Cataño 16 mayo, 2026 - 10:55 pm

Gracias por recordar el nombre de Joseph Roth, un galitziano que luchó contra Hitler cuando todavía no aparecía la Segunda Guerra Mundial.

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