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Rodolfo Ramón de Roux

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Esto no es un diálogo, pero conmemora la llegada a Ultratumba de Ignacio de Loyola un 31 de julio de 1556. Parece que fue ayer.

En septiembre de 1540 la Compañía de Jesús fue aprobada por la bula de Paulo III, Regimini militantis Ecclesiae. Muy pronto la joven orden religiosa encontró en el trabajo misionero y en la labor educativa los dos pilares de su acción para cumplir con los objetivos de «propagar la fe» y «servir a la Iglesia y al prójimo» ad maiorem Dei gloriam

Educación y misión revestían una significación precisa en ese particular momento histórico. Los grandes viajes marítimos habían abierto a los europeos al conocimiento -y a la dominación- de nuevos espacios y pueblos. Esta expansión ultramarina suscitó un notable impulso misionero que alimentó incluso las rivalidades entre órdenes religiosas con intereses propios y métodos diversos de evangelización. 

Por otra parte, se vivía la «revolución» de la imprenta, el auge del movimiento humanista, un cuestionamiento del sistema medieval de saberes y la ruptura de la unidad del Occidente cristiano. Los luteranos reclamaban una reforma radical de la Iglesia, del clero y sus costumbres, del contenido de la fe, de la interpretación de la Biblia y comenzaban a ganar adeptos entre los artesanos urbanos, la nobleza rural, el bajo clero y el mundo universitario. 

El terreno de la enseñanza, en particular de la universitaria, se convierte en la segunda mitad del siglo XVI en uno de los principales ámbitos del enfrentamiento entre reformados y católicos pues se estructuran centros intelectuales protestantes en los márgenes de un mundo católico cuyo sistema universitario se resquebrajaba: Estrasburgo, Wittenberg y Ginebra florecen mientras que en los bastiones de la catolicidad se libran «guerras de religión» -como en Francia- o combaten movimientos de inspiración protestante como en los Países Bajos españoles. 

El cúmulo de circunstancias que acabamos de mencionar hace que en la Europa del siglo XVI se produzca un renovado interés por los problemas educativos. De ello dan testimonio los escritos de personajes como Erasmo de Rotterdam (1466-1536), Juan Luis Vives (1492-1540), François Rabelais (1495-1553) o Michel de Montaigne (1535-1592). 

No es de extrañar por ello que, en tan agitado contexto, el pequeño grupo de cofundadores de la Compañía de Jesús fuera sensible a la importancia del trabajo intelectual y educativo, más aún si tenemos en cuenta que se habían hecho «amigos en el Señor» mientras frecuentaban las aulas de la Universidad de París. Precisamente, y hasta el día de hoy, uno de los rasgos de la «identidad jesuita» es el papel privilegiado otorgado al trabajo intelectual, una de cuyas expresiones es la labor educativa. Pero antes de detenernos en este punto, recordemos otros dos aspectos que también, desde los inicios de la Compañia, articularon la identidad jesuíta : una perspectiva universal, y una una espiritualidad que une acción y contemplación..[1]

Todos los testimonios de las deliberaciones iniciales de los cofundadores de la Compañía subrayan la intención universalista del grupo, el deseo de extender el campo del apostolado a la escala de ese mundo geográficamente ampliado al que accede entonces Europa. Como dirá la segunda de las Reglas de la Compañía: “nuestra vocación es para discurrir por todas aquellas partes del mundo donde necesario fuere”, regla que hace eco al principio ignaciano de que “el bien mientras más universal es más divino”.2

Francisco Javier llega a Goa en mayo de 1542 y muere en diciembre de 1552 a las puertas de la China. Desde 1546, Ignacio de Loyola negocia con el rey de Portugal una expedición hacia Etiopía, que se hará en 1554. Cuatro jesuítas parten para el Congo en septiembre de 1547, seis hacia el Brasil en febrero de 1549.

Sobre el rápido crecimiento numérico y la dispersión internacional de la jóven orden religiosa habla por sí sola la geografía administrativa de la Compañía, reflejada en la creación de “provincias jesuítas” allí donde se implantan comunidades bajo la autoridad de un Superior provincial. En Europa se erigen provincias en Portugal (octubre de 1546), España (septiembre de 1547), Italia (diciembre de 1551, Francia (octubre de 1552), Alemania (junio de 1556). En el Asia ya hay una provincia jesuíta en la India en octubre de 1549, y en América una provincia en Brasil en julio de 1553. Cuando en1565 se elige a Francisco de Borja como tercer superior general, hay cerca de 3.500 jesuítas. Formidable expansión en solo 25 años de existencia. 3]

Para alcanzar los objetivos señalados de “propagar de la fe” y “ejercer la caridad cristiana”, los fundadores de la Compañía no juzgaron necesario ni oportuno consagrar mucho tiempo a la liturgia, al rezo colectivo del Oficio divino y a la oración comunitaria, como era costumbre hasta el momento en las ordenes religiosas . Privilegiaron en cambio la lectura y la meditación personal de las Sagradas Escrituras, lo mismo que el examen de conciencia individual dos veces al día. Según la lapidaria fórmula de Ignacio de Loyola, había que ser “contemplativos en la acción y activos en la contemplación”.

 Se trata de una espiritualidad que privilegia la vida interior, donde cada cual está confiado a la verdad de su conciencia, bajo la guía del superior local, asistido por los “padres espirituales” de la casa donde se vive. Se puede notar en esto el influjo de la devotio moderna de fines de la Edad Media, así como el influjo de la primera modernidad (1400-1650) cuando se insiste en que el individuo debe saber contar con sus propias fuerzas y asumir su responsabilidad en la manera como corresponde a la gracia de Dios. Como diría Ignacio de Loyola, hay que “actuar como si todo dependiera de mí y esperar como si todo dependiera de Dios”. En otras palabras, “a Dios rogando y con el mazo dando”.

En cuanto a aquel otro razgo de la identidad jesuita – el lugar central acordado al trabajo intelectual-, influyó mucho sin duda alguna el que los cofundadores de la Compañía de Jesús fuesen diplomados de la Universidad de París, donde se formaron en letras, filosofía y después en Teología. Allí beneficiaron de la renovación tomista de principios del siglo XVI. Y allí tambien, algunos de ellos se familiarizaron con la cultura humanista que valoraba el latín y el griego clásicos, la retórica, la elocuencia y el método histórico-crítico que modificaba la relación con las fuentes del saber filosófico y teológico, cosas de las que se acordarán los jesuitas cuando se hagan docentes.

De la experiencia parisina, más que un acervo de conocimientos les quedó la convicción de que había que respetar la labor intelectual. Más aún, que había que realizar ese trabajo de la inteligencia como una manera de hacer fructificar los dones que cada uno había recibido de Dios. En una época de incertidumbres, inquietudes y conflictos que desgarraban a la Cristiandad, los primeros jesuitas verán la educación como el medio por excelencia para iluminar las conciencias y fortalecer las voluntades para el servicio del bien común en la fidelidad a la iglesia católica y romana.

Siguiendo los pasos de Ignacio de Loyola -quien entrado en años y cargado de aventuras y experiencias recomenzó su vida sentándose en los bancos de una escuela para aprender latín-, la joven Compañía le dio un lugar preponderante en su proyecto apostólico al “deber de inteligencia” 4] para participar en la dinámica del saber y en el debate público de ideas, rindiendo así culto a un Dios que se revela a través de verdades accesibles al entendimiento.

La entrada de los jesuitas en el mundo de la enseñanza se dio de la siguiente manera. El grupo inicial quiso asociar a otros compañeros para llevar a cabo una labor que tenía ambiciones universales. Como era lógico, buscaron -a imagen de ellos mismos- hombres instruídos, competentes, con estudios universitarios. El problema era encontrar esas perlas raras. Los clérigos con tales dotes ya ocupaban buenas parroquias, tenían beneficios eclesiásticos o estaban destinados a una prometedora carrera como obispos o cardenales. Otros clérigos que se sentían atraídos por la espiritualidad ignaciana estaban ya entrados en años o tenían una salud frágil, lo que no convenía para enfrentar una vida de austeridad, de trabajo arduo, y de viajes inconfortables. El grupo se encontró entonces, por lo general, con unos candidatos jóvenes y entusiastas, pero sin experiencia ni formación. Casos excepcionales fueron Juan Alfonso de Polanco que había estudiado filosofía y letras en Paris y que entró a la Compañía en 1541; Pedro Canisio que fue recibido en 1543 y que había estudiado letras, filosofía y teología en la Universidad de Colonia, y Jerónimo Nadal que entró en la orden en 1545 y que había comenzado estudios universitarios en Alcalá de Henares.[5]

La educación de los jóvenes postulantes estaba, pues, por hacer. Entre la alternativa de renunciar a dichos candidatos o renunciar a la exigencia de una formación universitaria completa para ellos, la solución (jesuítica) no fue ni la una ni la otra. Se decidió aceptar a los candidatos a título provisional y subvenir a su mantenimiento durante todo el período de sus estudios. Se inventó para ello un nuevo estatuto canónico: serían recibidos en la ordencomo scholastici approbati, libres de partir a todo momento. Recíprocamente, la Compañía podía despedirlos si encontraba que eran incapaces de seguir los estudios requeridos o que su personalidad o conducta eran incompatibles con los fines de la institución.

Para la formación de estos jóvenes scholastici se definió un cursus de estudios, completo y ambicioso. Y se instalaron, frecuentemente en condiciones materiales precarias, pequeños grupos de estudiantes jesuítas en varias de las grandes universidades de la época (París, 1540); Padua, Coimbra, Lovaina, 1542; Colonia, Valencia, 1544. El envío de los scholastici a las más famosas universidades respondía a una doble intención: se esperaba que esos jóvenes beneficiaran de un medio intelectual fecundo y que obtuvieran diplomas respaldados por el prestigio del Alma mater frecuentada; por otra parte, se buscaba que hicieran conocer a la jóven Compañía entre sus condiscípulos y que suscitaran nuevas vocaciones de calidad.

 Pero pronto vino la desilusión. La enseñanza impartida en las universidades no estaba siempre a la altura de su reputación; la falta de apoyo pedagógico hacía también que los scholastici se impacientaran y que algunos se descorazonaran, lo que terminaba siendo una inversión costosa. 

A pesar de las dificultades, Ignacio de Loyola y sus consejeros no quisieron renunciar a las exigencias de un cursus universitario. Buscaron entonces organizar la formación según lo que en numerosos documentos se llama nuestro modo de proceder. Se recurrió así a la experiencia parisina de los fundadores, se dio oídos a las críticas constructivas de algunos estudiantes, en particular a las de Juan de Polanco, diplomado en artes en París, y a quien se había enviado en 1542 a hacer teología en Padua, donde permaneció cuatro años.

La puesta en común de experiencias diversas y su evaluación comparada -lo que permanecerá como una de las características del modo de proceder de la Compañía– condujeron  a la elaboración de una manera propia de enseñar y de estudiar, más eficaz y adaptada a las necesidades de los estudiantes jesuitas.[6] Dicha pedagogía comprendía repeticiones e interrogaciones periódicas; un entrenamiento continuo para la exposición por medio de quaestiones y para el debate público por medio de las disputationes; la redacción de resúmenes de cursos, argumentos y reseñas de libros, lo mismo que toda una panoplia de ejercicios y de lecturas complementarias destinadas a que los estudiantes  progresasen en su capacidad de comprender, conocer, criticar, comparar y discutir, todo ello con la ayuda de los compañeros más adelantados, porque los estudios tenían como finalidad aumentar la capacidad de servir a los demás con inteligencia. Así lo repiten todos los documentos preparatorios a la redacción de la Ratio studiorum, documento que presenta la forma de organizar los estudios en la Compañía de Jesús y que se convirtió en una importante fuente de inspiración educativa en la época moderna.[7]

Los largos años de aprendizaje debían permitir a los futuros jesuitas adquirir un saber estructurado, coherente, que sirviera para afrontar la realidad, y que se pudiera adaptar y comunicar fácilmente en diversas circunstancias (una conversación privada, una dirección espiritual, un debate público, un sermón, la redacción de un informe…). Recordemos que junto con la búsqueda de la eficacia (utilizar «lo que más conduzca al fin») otra característica del espíritu jesuítico es el saberse adaptar a «tiempos, lugares y personas», tal como se repite en las Constituciones de la orden. 

Los estudios debían, pues, desembocar en la acción e inscribirse directamente en la realidad del mundo, ya fuera para relacionarse con otras personas, para debatir ideas o para oponerse a los adversarios de la Iglesia católica romana en las polémicas teológicas y políticas. Con la formación académica se pretendía desarrollar al máximo las capacidades de cada jesuita para hacerlo eficaz en la acción misionera en su doble aspecto de revitalización de las comunidades católicas y de conversión de los pueblos de Ultramar.

La calidad de la formación de los estudiantes jesuitas va a ser pronto conocida por otros estudiantes que querrán a su turno beneficiar de ella. A la Compañía le resultará difícil rehusar el compartir un saber y el método para adquirirlo ya que tenía la pretensión de consagrarse al servicio del prójimo y había colocado en alto el «deber de inteligencia». Además, la aceptación de dichas demandas educativas se presentará como un medio de hacer conocer y apreciar el proyecto jesuita, y de atraer benefactores y candidatos. 

En consecuencia, la Compañía comenzó a recibir en sus casas de estudio a unos cuantos estudiantes externos. Al mismo tiempo, algunos amigos y bienhechores poderosos -altos dignatarios de la Iglesia, miembros de la aristocracia española e italiana-, comenzaron a presionar para que los jesuitas fundaran colegios y se encargaran de la dirección de universidades; tal fue el caso de Francisco de Borja, duque de Gandía, y del virrey de Sicilia, Juan de Vega. Fue así como se fundaron colegios en Gandía (noviembre de 1547), Mesina (octubre de 1548), Palermo (noviembre de 1549) y Viena en Austria (mayo de 1551). En Roma, el Colegio Romano (fundado en febrero de 1551) destinado a los estudiantes jesuitas, servirá de laboratorio y de polo de excelencia que reunirá a los estudiantes más dotados y a los profesores más calificados, contribuyendo a la construcción de la imagen pública de la Compañía y a la valoración de sus capacidades intelectuales.

Rápidamente la Compañía se encontrará sumergida -no sin problemas económicos, de personal y de envidias-, en un torbellino de fundaciones y de reestructuraciones de colegios de externos y de algunas universidades. Para captar la importancia de esta fulgurante expansión educativa bastan las siguientes cifras: cuando muere Ignacio de Loyola en 1556, había 936 jesuitas y 46 colegios en los que se ocupaba el 32,6% de los miembros de la orden. Al terminar el siglo XVI había 8.500 jesuitas y poco menos de 400 colegios en los que trabajaba el 42% de los miembros de la orden.[8]

¿Cómo explicar este ardor fundador, esta rápida expansión educativa a pesar de las dificultades que debieron afrontar y considerando que los fundadores de la Compañía no tuvieron la intención previa de consagrar el grueso de su esfuerzo a la labor docente? Como lo ha expuesto Luce Giard, el ingreso de la orden en la enseñanza le sirvió a la institución para poner fin a la incertidumbre de los comienzos, solidarizando las energías hacia un objetivo definido, reconocible y apreciado en la esfera pública. 

Por otra parte, el apostolado educativo satisfizo en lo esencial tanto al deseo de universalismo como al «deber de inteligencia» inscritos en el proyecto jesuítico pues los colegios permitían establecerse en cualquier región, ya se tratara de antigua catolicidad, de tierras en disputa con los protestantes o de sociedades coloniales en vía de constitución. El trabajo educativo fue también un instrumento privilegiado para establecer nexos estrechos con las élites locales de la sociedad civil y de la burguesía en ascenso. Al abrir colegios inventando un modelo educativo, la Compañía respondió a una demanda social que se iba a ampliar cada vez más y encontró un medio de acción no solo religiosa sino también política, en el sentido amplio del término, educando a las élites católicas del naciente mundo moderno. 

Haciéndose educadora a gran escala, la Compañía aseguró su inserción en la sociedad, prestó un servicio a la Iglesia, a los príncipes, a la sociedad civil y a sí misma, convirtiéndose en el motor de su propia expansión gracias al vivero de antiguos alumnos entre los cuales comenzó a reclutar buena parte de sus futuros miembros.


[1]   Sobre la génesis y desarrollo de la Compañía de Jesús se cuenta con un enorme acervo documental gracias a la serie Monumenta historica Societatis Iesu publicada por el Institutum historicum Societatis Iesu que funciona en Roma desde 1930. Esto ha facilitado el surgimiento de numerosos y sólidos trabajos de investigación recientes sobre el mundo de los jesuitas. Sobre esta nueva historiografía puede verse, J.W. O’MALLEY et aliiThe Jesuits: Cultures, Sciences and the Arts, 1540-1773, Toronto, University of Toronto Press, 1999; y P.-A. FABRE y A. ROMANO (editores), «Les jésuites dans le monde moderne. Nouvelles approches», en Revue de synthèse, 120/2-3, 1999, pp. 241-491.

[2] Ese universalismo está en consonancia con la composición internacional del pequeño grupo fundador que cuenta con cinco españoles (Ignacio de Loyola, Francisco Xavier, Nicolás Bobadilla, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, un portugués (Simón Rodrigues), dos franceses (Paschase Broët, Jean Codure) y dos savoyanos (Pierre Favre, Claude Jay).

[3] Quien quiera desarrollar lo aquí simplemente esbozado leerá con provecho el trabajo de J.W. O’MALLEY, The First Jesuits,  Harvard University Press, 1993.

[4] Como apropiadamente lo ha calificado la historiadora Luce Giard en «Le devoir d’intelligence, ou l’insertion des jésuites dans le monde du savoir», en Luce GIARD (éd.), Les jésuites à la Renaissance. Système éducatif et production du savoir, Paris, Presses Universitaires de France, 1995p.XI-LXXIV.

[5] Polanco y Nadal  jugarán un papel importante en la adopción de la cultura humanista en el modelo educativo jesuita.

[6] Sobre la invención del modelo educativo jesuita, véase G. CODINA MIR, Aux sources de la pédagogie des jésuites, le «modus parisiensis», Roma, Institutum historicum Societatis Iesu, 1968.

[7] La Ratio studiorum propone un plan progresivo de estudios humanísticos, filosóficos y teológicos. El texto de 1599, impreso y difundido en todos los establecimientos de la Compañía desde principios del siglo XVII, es el fruto de la evaluación colectiva de medio siglo de actividad educativa de la orden. El documento aborda la formación intelectual de los futuros jesuitas, tema que se entrecruza con la formación intelectual de los demás estudiantes de la Compañía.  La edición del texto latino de las tres versiones sucesivas se encuentra en, Ratio atque institutio studiorum Societatis Iesu (1586,1591,1599), Roma, Institutum historicum Societatis Iesu, 1986. Sobre la gestación de la Ratio studiorum véase el trabajo de Dominique JULIA, «Généalogie de la Ratio studiorum» en, Luce GIARD y Louis de VAUCELLES (editores), Les jésuites à l’âge baroque. 1540-1640, Grenoble, Jérôme Milon, 1996, p. 115-130.

[8] A mediados del siglo XVIII habrá 22.589 jesuitas que regentan 1.180 establecimientos educativos, de los cuales 612 son colegios. 95 de dichos establecimientos educativos se hallaban fuera de Europa. Pueden verse las diferentes cifras en L. LUKACS, «De prima societatis ratione studiorum, sancto Francisco Borgia praeposito generali constituta (1565-1569)», en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol. 27, 1958, p. 209-232; L. LUKACS, «De origini collegiorum externorum deque controversiis circa eorum paupertatem obortis, pars I: 1539-1556», en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol.29, 1960, p. 189-245; «pars II: 1557-1608», vol. 30, 1961, p. 1-89.

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El fraile dominico Gaspar de Carvajal nació hacia el año 1500. En la mitad del camino de su vida se unió como capellán a la expedición de Gonzalo Pizarro, teniente gobernador de Quito que iba en busca del mítico “País de la Canela”. Corría el año 1540. La expedición, en condiciones muy difíciles, pasó los Andes y se internó en la selva amazónica. Escasos de comida, Pizarro ordenó a su segundo al mando, Francisco de Orellana, que con cincuenta y siete hombres -entre los que se encontraba Carvajal- descendiera el río Napo y volviera con las provisiones que pudieran encontrar y cargar en el pequeño barco en el que iban. 

FRAY GASPAR.- (Todavía demacrado y con el rostro arrugado por las penurias pasadas como evangelizador-conquistador). Lo que de aquí en adelante dijere será como testigo de vista y hombre a quien Dios quiso dar parte en un extraordinario acontecimiento que narré en mi Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande de las Amazonas que descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana

SOFROSINA.- Dicho sea de paso, Pizarro, Orellana y tú eran oriundos de Trujillo, ciudad de esa Extremadura cuya extrema y dura pobreza fue semillero de conquistadores que soñaron con “ser más” y “tener más” yéndose a buscar fortuna en el Nuevo Mundo.

LINGUACUTA.- Pero prosigue, Gaspar, cuéntanos tus aventuras amazónicas.

FRAY GASPAR.- El capitán Orellana comenzó a seguir río abajo con el propósito de luego dar la vuelta, si comida se hallase; lo cual salió al contrario de como todos pensábamos, porque no hallamos comida en doscientas leguas.

SOFROSINA.- Tremendo susto debieron pasar.

FRAY GASPAR.- Ni que lo digas. Aunque hubiésemos querido volver agua arriba no era posible por la gran corriente, e intentar regresar por tierra era imposible, de manera que estábamos en gran peligro de muerte a causa de la gran hambre que padecimos; vinimos a tan gran necesidad que no comíamos sino cueros, correas y suelas de zapatos cocidos con algunas yerbas, de manera que era tanta nuestra debilidad que sobre los pies no nos podíamos tener, que unos a gatas y otros con bordones se metieron a las montañas a buscar algunas raíces que comer, y algunos hubo que comieron algunas yerbas no conocidas y estuvieron a punto de muerte, porque estaban como locos y no tenían seso. 

LINGUACUTA.- ¿Por eso estás tan macilento?

FRAY GASPAR.- Por supuesto. Dos meses estuvimos avanzando por el río Napo y siete por el propio Amazonas, antes de llegar a su desembocadura en el océano Atlántico.

SOFROSINA.- ¿Cómo no se murieron de hambre?

FRAY GASPAR.- Gracias a la comida que nos dieron voluntariamente los indios, o que se las quitamos a la brava. Fue una vida de fatiga y de peligros continuos frente a la maraña desconocida, sobre las aguas tumultuosas y al asecho de los ataques indígenas.

LINGUACUTA.- ¿Fue en uno de esos ataques cuando te dejaron tuerto?

FRAY GASPAR.- Sí, me dieron un flechazo por un ojo, que pasó la flecha a la otra parte, de la cual herida he perdido el ojo y no estoy sin fatiga y falta de dolor.

SOFROSINA.- ¡Jesús mío!

FRAY GASPAR.- Haces bien en invocarlo. Nuestro Señor, sin yo merecerlo, me otorgó el seguir vivo para que me enmendara y le sirviera mejor que hasta ese momento.

LINGUACUTA.- ¡Cuánta fe tienes!

FRAY GASPAR.- Sin ella no hubiéramos sobrevivido. Imagínense que un día nos topamos de repente con la tierra y señorío de las Amazonas. Me dieron con una flecha en una ijada que me llegó a lo hueco, y si no fuera por los hábitos, allí hubiera muerto. Se anduvo en esta pelea más de una hora, que los indios no perdían ánimo, antes parecía que se les doblaba, aunque veían muchos de los suyos muertos, y pasaban por encima de ellos, y no hacían sino retraerse y tornar a volver. 

SOFROSINA.- ¡Qué valientes!

FRAY GASPAR.- Quiero que sepan cuál fue la causa por la que estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos y tributarios de las Amazonas, y sabida nuestra venida, les fueron a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que estas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios como capitanas, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía delante de nosotros le mataban a palos, y esta es la causa por donde los indios se defendían tanto.

LINGUACUTA.- ¿A pesar de estar herido pudiste verlas bien?

FRAY GASPAR.- Nunca las olvidaré. Estas mujeres son muy blancas y altas, y tienen muy largo el cabello y entrenzado y revuelto a la cabeza, y son muy membrudas y andan desnudas en cueros tapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra cada una de ellas como diez indios; y en verdad que hubo mujer de estas que metió un palmo de flecha por uno de los bergantines, y otras, aunque flechaban con menos fuerza, hicieron que nuestros dos bergantines parecieran puerco espín.

SOFROSINA.- Yo me hubiera desvanecido del susto.

FRAY GASPAR.- Bendito sea Nuestro Señor que fue servido de dar fuerza y ánimo a nuestros compañeros, que mataron a siete u ocho de las Amazonas, a causa de lo cual los indios desmayaron y fueron vencidos y desbaratados con harto daño de sus personas; y porque venía de los otros pueblos mucha gente de socorro y se habían de revolver, porque ya se tornaban a apellidar, mandó el capitán Orellana que a muy gran prisa se embarcase la gente, porque no quería arriesgar la vida de todos. Fue así como superamos tan tremendo trance.

LINGUACUTA.- Gaspar, me queda claro que ustedes se enfrentaron con unas valientes guerreras, pero no me queda claro por qué afirmas que eran Amazonas.

FRAY GASPAR.- ¿Qué otra cosa podrían haber sido tan fornidas y diestras arqueras? ¿Acaso no habéis oído hablar de la guerra de Troya y de las hazañas de Pentesilea? La cosa es clara como el agua.

SOFROSINA.- Claro es que todos examinamos el mismo mundo, pero no vemos las mismas cosas, porque cada uno las ve a través del cristal de sus propias experiencias y de la manera como tiene “formateado” el entendimiento por la educación que ha recibido.

Apareció como por encanto el gordo Tomás de Aquino del brazo de la bella Pentesilea y mirando al ojo sano de su cofrade dominico exclamó con tono apodíctico: Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur.[1]

La reina de las Amazonas, flechada por la agudeza del Aquinate, agregó: Todo conocimiento está teñido por la perspectiva vital del sujeto. ¿Puedes verlo, Gaspar?


[1]           Lo que se recibe se recibe a la medida del recipiente. 

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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“Me asombra ver cómo le siguen lavando el cerebro a la gente a base de propaganda, especialmente en el momento de elecciones políticas”, exclamó Linguacuta. “No sólo en ese momento”, le dijo Vance Packard, y añadió: “No te asombres, los expertos en propaganda saben vender ilusiones. Hace más de medio siglo, en mi libro Las formas ocultas de la propaganda, expuse cómo lo hacen”. 

“Vance, competir por encontrar formas de modificar los comportamientos o los pensamientos de la gente es algo más viejo que la moda de andar a pie. Pero fue la Iglesia católica la que inventó la palabra propaganda y le dio consistencia”, dijo muy orondo el papa Gregorio XV. 

LINGUACUTA.- ¿Qué cuento es ese, Gregorio?

GREGORIO XV.- Así es, muchacha. El origen de la palabra propaganda -con el sentido de fomento interesado de ideas, creencias y comportamientos- procede de la Sacra Congregatio de Propaganda Fide [Sagrada Congregación para la propagación de la fe], órgano del Vaticano que creé en 1622 para propagar el catolicismo por múltiples medios: misiones, predicación, liturgia, educación, arquitectura, pintura, música….[1]

SOFROSINA.- De ahí surgió el arte tan particular del barroco romano, destinado a conmover a los creyentes.

MAQUIAVELO.- No niego que la Iglesia católica le dio una organización internacional e institucional a la propaganda, pero recuerden que, un siglo antes, yo ya le había dicho al Príncipe que debía jugar con las emociones para ganarse a la opinión pública.

BENJAMIN FRANKLIN.- Un gran empujón a la propaganda política lo va a dar, en la segunda mitad del siglo XVIII, el desarrollo de la prensa. Varios de los protagonistas de la independencia estadounidense tuvimos una relación directa y significativa con la prensa. Modestia aparte, fui un exitoso editor de periódicos, y propietario de la Pennsylvania Gazette.

SAMUEL ADAMS.- Por mi parte, escribí para el Boston Gazette, abogando por la acción militar contra los británicos. Tampoco olvidemos que los “padres de la patria” Alexander Hamilton, James Madison y John Jay escribieron los Federalist Papers, que fueron publicados por primera vez en el Independent Journal de Nueva York, como artículos de prensa destinados a persuadir a la opinión pública.

JEAN-PAUL MARAT.- También, durante la Revolución francesa, los panfletos y periódicos fueron claves para forjar la opinión pública. Intensifiqué mi propaganda de los ideales revolucionarios en mi influyente periódico L’Ami du Peuple. Camille Desmoulins lo hizo en sus publicaciones periódicas Les Révolutions de France et de Brabant, y Le Vieux Cordelier. Jacques Hébert, célebre por su lenguaje soez y agresivo, deliberadamente utilizado para “conectar” con el pueblo llano, agitó las masas con su periódico Le Père Duchesne.

MAXIMILIEN ROBESPIERRE.- Mis amigos jacobinos controlaron varios órganos de prensa. Pero también los contrarrevolucionarios utilizaron la prensa para defender la monarquía y atacarnos a nosotros, los revolucionarios. La libertad de expresión es un arma de doble filo, por eso utilicé la censura en la época del Terror revolucionario.

LINGUACUTA.- (Sonriendo maliciosamente.) Libertad de expresión sí, pero para los amigos. 

ANTONIO NARIÑO.-  En los movimientos de independencia hispanoamericanos la prensa desempeñó igualmente un papel significativo en la propaganda política. El 14 de julio de 1811 -el mismo día del aniversario de la Toma de la Bastilla- salió mi periódico La Bagatela, que fue leído no sólo en la Nueva Granada sino también en Venezuela, Quito, Panamá y Puerto Rico. 

MIGUEL HIDALGO.- Perdona, pero al fundar en Guadalajara El Despertador Americano, el 20 de diciembre de 1810,fui el primer caudillo hispanoamericano que utilizó la prensa periódica en la lucha independentista.

SOFROSINA.- Quién fue el primero es secundario. Lo importante es que la prensa se convirtió desde aquellos tiempos de revoluciones e independencias en un arma valiosa de propaganda para forjar la llamada “opinión pública” y orientar la “política de masas”.

GABRIEL TARDE.- Ah, las masas; empezaron a tomar tanta importancia que yo, como poco después Gustave Le Bon, en la segunda mitad del siglo XIX, fuimos pioneros de la sicología social analizando el fenómeno de las multitudes y de los medios para movilizarlas y manipularlas.

GUSTAVE LE BON.- En mi Psychologie des foules [Sicología de las multitudes], que publiqué en l895 y que tuvo gran éxito, expuse cómo los seres humanos desarrollan en colectivo comportamientos que jamás tendrían individualmente. Por otra parte, si se utilizan los métodos adecuados, es posible hacer que los individuos convertidos en masa actúen colectivamente en una misma dirección. 

SOFROSINA.- Por eso tu obra le ha interesado a figuras tan diversas como Mussolini, Roosevelt, Freud -que, en 1921, la analizó en su Psicología de las masas y análisis del yo- y los teóricos de la moderna publicidad y propaganda política. 

GUSTAVE LE BON.- Creo que hice un buen aporte al analizar cómo, convertidos en muchedumbre, los individuos disminuyen su capacidad crítica, se dejan llevar por emociones colectivas y aceptan fácilmente ideas simples, por no decir simplistas.

SOFROSINA.- Las emociones se contagian; la inteligencia no. Por eso poco o nada puede ésta contra aquéllas.

LINGUACUTA.- En política la masa es un pésimo conductor de energía racional y un óptimo conductor de energía pasional.

LENIN.- Ustedes, Tarde y Le Bon, eran conservadores y despreciaban o temían a las masas, pero nosotros, los de izquierda, necesitamos usar la propaganda para agitar a las masas explotadas y liberarlas. 

SOFROSINA. Propaganda hecha de mitos colectivos como el “hombre nuevo” y el “porvenir radiante” de la futura sociedad comunista.

GEORGES SOREL.- Los mitos colectivos son importantes para la acción colectiva. Te lo digo yo, que fui teórico del sindicalismo revolucionario a finales del siglo XIX y principios del XX y le hice propaganda a la “huelga general” que pondría fin al dominio de la burguesía. Por su parte, la derecha propagaba el mito de la nación que trasciende las clases sociales. 

LINGUACUTA.- La Revolución rusa nos saturó de propaganda revolucionaria. Y la Primera Guerra Mundial nos saturó de propaganda nacionalista.

SOFROSINA.- Tanto auge tomaron la publicidad y la propaganda política que, a finales de la década de 1920, Harold Lasswell y Edward Bernays señalaron que la propaganda había sustituido a la religión. Bernays, que publicó en 1928 su influyente libro Propaganda, utilizó ampliamente a Le Bon y a su tío Freud asumiendo que las masas son esencialmente irracionales, gobernadas por impulsos inconscientes, miedos y deseos que el propagandista puede canalizar. 

LINGUACUTA.- El comunismo y el nazismo, con sus bien orquestadas manifestaciones masivas, supieron sacar provecho de todos los análisis sobre la manipulación de las multitudes.

SOFROSINA.- Los gobernantes del “mundo libre” tampoco se quedaron atrás en el manejo de la propaganda, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. 

LINGUACUTA.- A partir de entonces, todo el mundo está convencido de que la propaganda es eficaz y capaz de mantener unidas a las sociedades ante las mayores adversidades o de debilitar al adversario mediante mentiras. 

SOFROSINA.- Mentiras que, con la llegada del Internet y el auge de las redes sociales digitales, es ahora más fácil difundir masivamente. Aunque las formas clásicas de propaganda siguen existiendo, comienza una nueva era de desinformación… de la que Donald Trump es un destacado ejemplo: miente y manipula los medios de comunicación, favoreciendo las “redes sociales” en detrimento de la prensa.

LINGUACUTA.- Rusia, con su “fábrica de troles” de San Petersburgo al servicio de Putin; China, con sus miles de censores dedicados a Internet; e Irán, con el servicio de operaciones de los Guardianes de la Revolución, recurren a la manipulación profesional de la información. Y no dudo que muchos otros países -incluidos los democráticos- tienen sus servicios de propaganda y desinformación.

GEORGE ORWELL.- La generalización de las falsas informaciones y de las manipulaciones políticas hace indispensable la educación de los ciudadanos para saber analizar y verificar la propaganda a la que están sometidos.

SOFROSINA.- Espero que así sea, aunque es tarea de titanes: el buen ciudadano necesita tener capacidad para tomar decisiones reflexivamente meditadas, y vemos cómo los diferentes sistemas políticos favorecen la aparición de ciudadanos teledirigidos y con una capacidad crítica sedada.

HANNAH ARENDT.- Por eso mismo es urgente e indispensable la educación del espíritu crítico, para no “tragar entero” lo primero que se nos dice. Es el intercambio de opiniones y puntos de vista lo que teje nuestro mundo común, siempre y cuando esas opiniones y puntos de vista se basen en hechos. Las “verdades fácticas” constituyen la materia de las opiniones, y estas son válidas siempre y cuando se ajusten a la verdad de los hechos. 

LINGUACUTA.- ¿Y qué es la verdad de los hechos?

HANNAH ARENDT.- Mira, le preguntaron a George Clemenceau sobre la Primera Guerra Mundial: ¿Qué cree usted que pensarán los historiadores del futuro sobre este tema tan espinoso y controvertido? Él respondió: “De eso no tengo ni idea, pero de lo que sí estoy seguro es de que no dirán que Bélgica invadió Alemania”. Somos libres de tener opiniones, pero una opinión solo es válida y tiene sentido en la medida en que, de una forma u otra, se base en un hecho que, una vez verificado, no pueda ponerse en duda.[2]

SOFROSINA.- De acuerdo, Hannah, cuando se descarta u oculta la verdad de los hechos, el debate público pierde lo que le sirve de base y de punto de referencia. Menos mal los hechos son testarudos y la verdad factual acaba por salir a la luz. 

LINGUACUTA.- El inconveniente es que no siempre uno vive el tiempo suficiente para verlo.


[1]          El nombre de esta congregación se modificó en 1967 por el de Congregación para la Evangelización de los Pueblos, debido a la connotación negativa adquirida por el término “propaganda”.

[2]   Cf. Diálogos de Ultratumba, “Monólogo sobre la mentira en política”, tomo IV, pp. 203-218

Rodolfo Ramón de Roux

Junio 15, 2026

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El 29 de mayo de 2026 fue recibido con pompa en Ultratumba el sabio humanista Edgar Morin. Tenía 104 lúcidos años. A los 103 había publicado el breve ensayo Y a-t-il des leçons de l’Histoire ? disponible en castellano con el título Lecciones de la Historia.

Como testigo y analista de las atrocidades de la guerra y de los trastornos económicos, políticos y ecológicos que asolan actualmente a los humanos, Morin extrajo de la Historia y de su historia penetrantes lecciones que Sofrosina y Linguacuta quisieron escuchar de su boca.

EDGAR MORIN.- Identifiqué y expuse dieciséis lecciones que aprendí de la Historia, pero no me siento con fuerzas para detallarlas todas. Todavía no me he adaptado al cambio de horario.

SOFROSINA.- Te prometemos no abusar. ¿Cuál fue la primera lección? 

E. MORIN.- El resultado de una acción puede ser contrario a su intención inicial.

LINGUACUTA.- Sabido es que el Infierno está pavimentado de buenas intenciones…

SOFROSINA.-  … y que nos hacemos mayores cuando nos damos cuenta de lo fácil que resulta que las cosas salgan mal. 

LINGUACUTA.- Por eso llaman “experiencia” a lo que se obtiene cuando no se consigue lo que se quería.

SOFROSINA.- Edgar, ¿cuál es la segunda lección?

E. MORIN.- No hay observación válida sin auto-observación.

SOFROSINA.- Es lo que estaba escrito en el frontón del templo de Apolo en Delfos: Conócete a ti mismo.

LINGUACUTA.- Conocimiento dificilísimo, por no decir imposible. Ni ilusionarnos, pues, con pretender conocer a los demás, y mucho menos cambiarlos.

E. MORIN.- Esas dos primeras lecciones nos recuerdan la complejidad de la realidad. La primera lección muestra que toda acción, en un entorno incontrolado o que implique un elemento de azar, está sujeta a fuerzas que pueden desviarla de su objetivo. La segunda lección apunta a que todo debe contextualizarse e historicizarse, incluido el historiador y el contextualizador.

SOFROSINA.- Pasemos a la tercera lección.

E. MORIN.- Lo improbable puede acontecer. Lo probable era que Atenas, en el siglo V a. C., hubiera sido arrasada por el Imperio persa. No fue el caso y, cincuenta años más tarde, se dio el establecimiento de la democracia ateniense y el florecimiento de las filosofías socrática, platónica y aristotélica, que van a ser muy influyentes en la cultura europea. De manera irresistible, me pareció así que, en lugar de lo probable, lo improbable podía suceder.

LINGUACUTA.- El triunfo de lo improbable está cargado a su vez de nuevas incertidumbres.

E. MORIN.- Por supuesto. Sigamos con el ejemplo de Atenas. En el año 339 a. C., Filipo de Macedonia derrotó a las ciudades griegas unidas en coalición y Atenas cayó bajo el yugo macedonio. Sin embargo, fue a partir de este desastre para la democracia griega que su hijo, Alejandro Magno, pudo, a lo largo de sus conquistas, difundir la cultura helenística por gran parte de Asia y Egipto. De ahí el doble aspecto de la caída de Atenas: negativo desde el punto de vista democrático, pero positivo por la difusión de la cultura griega. Ese fue mi primer gran descubrimiento de las ambivalencias que a menudo caracterizan a los grandes acontecimientos históricos.

SOFROSINA.- Ambivalencias y complejidades.

E. MORIN.- Esa es la cuarta lección: Las causas de los acontecimientos históricos son siempre múltiples y entrelazadas. En estos últimos cien años, cuántos episodios inesperados, incluso imprevisibles. Las causas que permiten explicarlos se van revelando poco a poco, y el establecimiento de una causalidad a posteriori suele conducir a una forma de racionalización. Pero no hay que olvidar los factores irracionales tan presentes en el comportamiento humano.

LINGUACUTA.-  Me asombra la capacidad de los humanos para comportarse de manera irracional, lo mismo que su propensión a la ilusión… 

SOFROSINA.- …la cual hace que el paso de los años nos convierta en desilusionadas y desilusionados con deseos de seguir creyendo.

E. MORIN.- Ni que hubieran adivinado la quinta lección: Los mitos tienen una gran influencia en la Historia.

SOFROSINA.- ¿Piensas también en las religiones?

E. MORIN.- Evidentemente. Las religiones nos muestran hasta qué punto la imaginación y el mito influyen en la Historia. 

LINGUACUTA.- Basta ver cómo, tanto los cristianos conservadores en Estados Unidos como los ayatolas en Irán o los jaredíes en Israel agitan el “Dios con nosotros”. 

E. MORIN.- Precisamente en la lección decimocuarta, Lo imaginario forma parte de la realidad, expuse que la imaginación, activa en la Historia, es letal en las religiones que conquistan o se enfrentan, así como en las mitologías nacionalistas.

LINGUACUTA.- Esas mitologías nacionalistas son expresión de narcisismo colectivo y de amor desmedido por las fronteras ajenas.

E. MORIN.- La sexta lección me la dio “El increíble destino de la revolución rusa”; así la titulé. Esa revolución es un buen ejemplo del triunfo de lo inesperado y del papel fundamental del mito en la Historia.

SOFROSINA.- Acontecimiento inesperado pues, según el análisis marxista, la revolución debería haberse dado en los países industrializados. 

LINGUACUTA.- Y también revolución portadora del mito del “Hombre nuevo” y el “Porvenir radiante”.

E. MORIN.- Al reflexionar sobre el nacionalismo, por el cual nos destripamos los humanos, la Historia me dio una séptima lección: La nación es una invención reciente. Si queremos comprender la historia humana tenemos que ver lejos.

LINGUACUTA.- Hoy la Tierra está poblada de naciones y su existencia nos parece algo evidente.

E. MORIN.- Sin embargo, la nación surgió tardíamente en la Historia, y de manera singular en Europa occidental, durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Mientras que en la Antigüedad el planeta contó principalmente con imperios y ciudades, el auge de Europa occidental dio origen a la nación, cuya fórmula se amplió en tres naciones-imperio que dominan el mundo y controlan, o incluso someten, a los pueblos: China, Rusia y Estados Unidos. 

SOFROSINA.- Como insinuó hace poco Linguacuta, las naciones se construyen también con inyecciones masivas de mitología: “somos el pueblo elegido”, “somos el ombligo del mundo”, “somos la raza superior”, “tenemos un Destino manifiesto”…

E. MORIN.- Por eso mi octava lección fue: La racionalidad de la Historia no es, a menudo, más que una posracionalización. La razón puede convertirse en instrumento de una actividad no solo irracional, sino también demencial. Así, una organización racional aliada a la racionalidad industrial se puso al servicio de una empresa de exterminio de los judíos de Europa. 

LINGUACUTA.- No es raro ver que la racionalidad de las ciencias y las técnicas se pone ampliamente al servicio de las guerras.

E. MORIN.- Al examinar las guerras, las devastaciones y las masacres que han asolado y destruido civilizaciones enteras desde el inicio de los tiempos históricos no se puede considerar el ruido y la furia como fenómenos marginales, sino que, por el contrario, hay que reconocer esa irracionalidad bárbara que se renueva sin cesar a lo largo de la Historia. Por otra parte, las guerras son una mezcla de azar y determinismo (lección dieciséis) y, paradójicamente, los destructores son a veces también grandes civilizadores (novena lección): una invasión puede dar lugar a la simbiosis creadora de una nueva civilización.

SOFROSINA.- Como dijo el poeta Horacio: “Grecia vencida conquistó (culturalmente) a su feroz vencedor (Roma)”. Desafortunadamente esa “destrucción/creación” por medio de la violencia guerrera es algo muy cruel.

E. MORIN.- Nada es más humano y más inhumano que la guerra, es la décima lección que me dio la Historia. Desde la más remota antigüedad la creación de herramientas de caza —lanzas, flechas— favoreció el carácter mortífero de las guerras entre las sociedades humanas. El Homo faber trabajó para el Homo demens.

LINGUACUTA.- Homo demens dispuesto a seguir al Führer de turno, para lo mejor y lo peor.

E. MORIN.- Esa es la undécima lección: Un solo individuo puede cambiar el curso de la historia mundial.

SOFROSINA.- Me parece una afirmación excesiva que no hace justicia a las dinámicas colectivas en la Historia.

LINGUACUTA.- No puedo dejar de pensar en las Preguntas de un obrero que lee: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? César derrotó a los galos. ¿No llevaba siquiera cocinero? Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida. ¿No lloró nadie más? Federico II venció en la Guerra de los Siete Años. ¿Quién venció además de él? Cada página una victoria. ¿Quién cocinó el banquete de la victoria? Cada diez años un gran hombre. ¿Quién pagó los gastos?”.

E. MORIN.- Esa crítica me la hicieron cuando salió mi libro. Es cierto, puse el énfasis en los grandes personajes que modifican la Historia. Pero les señalo que también dije que a esos grandes personajes -sobre todo a los militares y políticos- los acecha la megalomanía -enfermedad del poder-, y que, cuando se dejan llevar por la hybris, siembran desolación y muerte. Menos mal es también en la Historia y a través de ella donde se nos revelan las cualidades excepcionales de los héroes y los santos, como expuse en la duodécima lección.

LINGUACUTA.- ¿Te volviste religioso?

E. MORIN.- Los santos que me interesan no son aquellos reconocidos como tales por su religión, por su inmensa piedad o por el martirio sufrido por su fe, sino esos hombres o mujeres, con o sin sotana, que dedican su vida a los demás, y en particular a los desfavorecidos. Esos santos son testimonio de lo mejor de la humanidad en el caos y las tinieblas de la Historia.

SOFROSINA.- Caos y tinieblas que pueden transformarse en pánico, en rebelión o en furia.

E. MORIN.- Hay que tener mucho cuidado con las angustias y frustraciones colectivas. Esa fue la decimotercera lección que me dio la Historia: De la euforia a la revuelta solo hay un paso.

LINGUACUTA.- Me temo que siempre habrá frustraciones, injusticias y revueltas.

E. MORIN.- También lo temo, pues el progreso material no va acompañado de ningún progreso moral (decimoquinta lección). La idea de que el progreso es la ley suprema de la Historia se impuso a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, la paradoja es que no solo el progreso material no va acompañado del progreso moral, sino que además muchos adelantos técnicos se utilizan en favor de la servidumbre, incluso de genocidios, y en las matanzas y guerras que aún se libran con la mayor crueldad. 

SOFROSINA.- Y ni hablar del “progreso” que ha conducido a la degradación ecológica del planeta.

E. MORIN.- Aquí les va otra paradoja histórica: mientras el planeta se ve sumido en procesos regresivos que parecen implacables —con la hegemonía del lucro, la degradación ecológica, las guerras y las múltiples crisis entrelazadas en una policrisis—, una élite tecnocrática ha resucitado y globalizado una creencia en el progreso basada en los logros de la ciencia. 

LINGUACUTA.- Hasta sueñan con vencer a la muerte, con una sociedad perfectamente regulada por la inteligencia artificial y con la continuación de la aventura humana en planetas colonizados, comenzando por la Luna y Marte.

E. MORIN.- Francamente, me parece que el verdadero progreso que necesitaría la humanidad sería el de la comprensión humana, la benevolencia, la solidaridad y la amistad. Sin embargo, en esos ámbitos solo ha habido avances parciales y provisionales en medio de un retroceso generalizado.

SOFROSINA.- Edgar, te vemos cansado y no queremos abusar de tu proverbial amabilidad. ¿Cómo quisieras concluir?

E. MORIN.- La historia, incierta por naturaleza, solo ofrece certezas en retrospectiva, una vez que los hechos ya han ocurrido. Es orden y desorden, determinismo y azar. Es creadora y destructora. Es reveladora tanto del genio como de la estupidez. Nos muestra todas las facetas de la naturaleza humana. Desde las más sublimes hasta las más bárbaras. La principal lección de la Historia es que pone de relieve los diversos rostros de la humanidad, los diferentes comportamientos humanos, pero también la estrecha combinación antropológica de razón y locura, de técnica y mito. Nos recuerda que la humanidad siempre ha estado y siempre estará en constante evolución. Pero díganme ustedes ¿qué les ha enseñado la Historia?

SOFROSINA.- Que esa “maestra” es una continua montaña rusa con ascensos, descensos y giros inesperados… por eso -como dice el amigo Horacio- un pecho bien preparado espera en la adversidad y teme en la prosperidad un cambio de suerte.[1] Puesto que la enseñanza más cierta de la Historia es que la Historia es incierta, todo buen gobierno, toda buena sociedad, toda buena idea pueden llegar a dejar de serlo.

E. MORIN.-  Pesimista ¿no?

SOFROSINA.- Ni tanto. Pienso que el pesimismo de la lucidez se tempera con el optimismo de la creatividad, esa capacidad para crear alternativas cuando llegan las crisis…que en el mundo de los humanos no son la excepción sino la regla y que aparecen para señalar errores. Por lo demás, como dice Jerzy Lec, “jamás caigan en la desesperación: ella no cumple (siempre) sus promesas”.

LINGUACUTA.- Por mi parte, aprendí que con la maestra Historia poco se aprende porque somos alumnos necios y desmemoriados aunque, la verdad sea dicha, a veces hay algunos buenos estudiantes como tú, querido Edgar.

El buen Morin se sonrojó y pidió amablemente que lo dejaran ir a descansar. Su último viaje lo había dejado exhausto.


[1]   Sperat infestis, metuit secundis alteram sortem bene praeparatum pectus. Odas, II, 10.

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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A Alfredo Cortés Daza

En su nueva morada, rodeado de poetas como él, contempla Alfredo el gran reloj del Tiempo y su inscripción: AHORA.

ALFREDO CORTÉS.- Amigo Horacio, atento estuve a tu consejo del carpe diem.

HORACIO.- Es lo mejor ante el futuro incierto y antes de que la pálida Muerte venga a golpear en nuestra puerta.

MIGUEL DE CERVANTES.- La muerte es sorda, y cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de prisa. En un instante se pasa la vida, y en otro instante se acaba. 

JORGE MANRIQUE.- Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Ya experimentamos cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando.

MIGUEL DE CERVANTES.- La vida es breve, la ocasión corta, los médicos muchos y las enfermedades crecientes.

SÉNECA.- La vida es larga si se sabe usar. No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. 

SOFROSINA.- Y si la vida sabemos usar, a la muerte ni temerla ni buscarla, sólo esperarla. 

LINGUACUTA.- A mal que no tiene cura, hacerle la cara dura.

LUIS DE GONGORA.- (Declama con solemnidad.)

Goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

FRANCISCO DE QUEVEDO.- (Que todavía se echa pullas con Góngora, no quiso aparecer como menos menos inspirado y recitó muy serio los siguientes versos.)

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte. 

JORGE MANRIQUE.- Ojalá vean los vivientes de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que en aquel mundo traidor aun primero que muramos las perdemos. 

ANTONIO MACHADO.- Cuando llegó el día de mi último viaje, y partió la nave que nunca ha de tornar, me encontraron a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. 

QOHELET.- Vanidad de vanidades y todo vanidad.

ANTONIO MACHADO.- Nada eterno: ni gobierno que perdure, ni mal que cien años dure.

JORGE LUIS BORGES.-  Como nacen los linajes que en polvo se deshacen, todos vamos hacia el olvido, la única diferencia es que algunos llegan más rápido.

ANTONIO MACHADO.- Por eso nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; amé los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. 

ALFREDO CORTÉS.- Me fui al Diccionario de la Real Academia Española donde dice que longevidad significa larga duración de vida. Pero no es eso lo que busqué para mis días. Yo no busqué largos años. Sólo luché, celebré y viví para el amor. El amor sobretodo a Elsa en lo que llevamos más de 50 años juntos.

SOFROSINA. ¡Admirable!

ALFREDO CORTÉS.- No entendí la vida sino como una confirmación, cuidado y exaltación del amor. Así la entendí. Una vida hecha de instantes, con instantes a los que se les pide que duren. Fue lo que busqué y quise: multiplicar hasta el infinito los instantes de amor por Elsa.

Quevedo, haciéndose eco de la emoción que embargó a todos los presentes, exclamó: 

Alfredo, venas que humor a tanto fuego han dado, polvo serán, mas polvo enamorado.

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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A LA MEMORIA DE ALFREDO CORTÉS DAZA, AMIGO ENTRAÑABLE, HOMBRE AMABLE, SENSIBLE, GENEROSO,

EN UNA PALABRA, BUENO.

Por esas cosas que sólo suceden en Ultratumba nos encontramos con un grupo de conquistadores españoles que rememoraban su hambre de oro.

GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA.- ¡Qué apreciable fue el apetito aurífero que  nos impulsó a la búsqueda del fabuloso y huidizo El Dorado! 

HERNÁN CORTÉS.- Puerto Rico, Costa Rica, Río de la Plata, Castilla del Oro… los topónimos traicionan la obsesión de quienes vimos en el Nuevo Mundo un asiento a la antiquísima esperanza en el tesoro oculto e inconmensurable que se topa por un golpe del destino o por misericordia divina.

FRANCISCO PIZARRO.- ¡Ay, Hernán! El oro que encontrábamos siempre nos parecía poco. Con empecinamiento capaz de superar las peores desilusiones, pensábamos hallar minas inagotables, tesoros acumulados por siglos y, al final, el reino mismo del oro: El Dorado.

CRISTÓBAL COLÓN.- La búsqueda del vellocino de oro comenzó pocas horas después de la primera recalada de nuestras naves en Guanahaní. El sábado 13 de octubre de 1492 anoté en mi Diario de navegación: 

“Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en la nariz. Y por señas pude entender que, yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello y tenía muy mucho”.

SEBASTIÁN DE BELALCÁZAR.- Leyendo el Diario de tu primer viaje al Nuevo Mundo encontré que haces en él ciento cuatro referencias al oro. ¡Te sobraste, Cristóbal!

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO.- No le eches puyas a Colón, que todos estábamos en la misma onda. Por eso dije sin rodeos que habíamos ido al Nuevo Mundo “por servir a Dios, su Majestad, y dar a luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas, que todos los hombres buscamos”.[1]

FRANCISCO DE ORELLANA.- Recuerden cómo, con el paso del tiempo, la quimera del oro creció en nuestras mentes. En la elaboración de ese mítico El Dorado contribuyeron tanto nuestra codicia como las interesadas noticias de los indios que nos prometían lo que veían que deseábamos: oro.

PEDRO CIEZA DE LEÓN.- Como escribí en mi Crónica del Perú, buscando gloria y riqueza emprendimos expediciones por espesas selvas, montañas imponentes o calcinantes llanuras, dispuestos a comer sabandijas, ranas, lagartos, víboras, gusanos, hierbas, caballos y perros muertos de flecha y de plaga, carne humana y aun el cuero de zapatos, sillas y estribos cocidos en agua y después asados al rescoldo, porque la salsa del hambre es el mejor cocinero de todos.

DIEGO DE ALMAGRO.- Qué de penurias arrostramos tras la incierta esperanza de obtener la riqueza que nos hiciera “valer más” al conseguir ese oro con el que después todo se dora.

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Esperanza incierta… pero también concreta y cargada de violencia. Contantes y sonantes fueron las 181 toneladas de oro y casi 17.000 de plata que, entre 1500 y 1560, llegaron oficialmente a Sevilla desde América.

PIERRE CHAUNU.- (El docto historiador francés no se aguantó las ganas e intervino para precisar lo siguiente): Bartolomé, a las cifras que das hay que añadir las grandes cantidades de oro y plata que llegaron de contrabando. Por eso propuse elevar las cuentas a 300 toneladas de oro y 25.000 de plata. Aun rectificadas, esas cifras no representan la totalidad de la plata y del oro extraídos, porque, una parte, difícil de evaluar, se quedó en las Indias para acuñar monedas, enriquecer a particulares o adornar los altares de las iglesias.[2]

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Ya ven porqué en mi escrito Entre los remedios repetí en diversas formas que “todos los que pasan a las Indias van y son hombres pobres y codiciosos y no los mueve ir allá otro fin sino sola codicia y el ansia de salir no solamente de pobreza, pero de ser ricos, y no como quiera ricos, sino con más opulencia ricos que en los tiempos pasados nadie pudo tanta riqueza ser en el mundo posible pensar ni soñar”.[3]

SOFROSINA.- Bartolomé, se puede objetar -y con razón- que eras un testigo demasiado apasionado. Pero, sin duda, el hambre de oro fue una omnipresente realidad en la conquista del Nuevo Mundo. Tu detestado Fernández de Oviedo -quien no se caracterizó por ser un defensor de indios- no dudó en escribir “que he visto en estas Indias grandes allegadores deste oro”, aunque agrega enseguida que “por no lo despender bien, han acabado en mucha miseria, e se les fue de las manos, como rocío o sombra, e aun sus vidas tras sus dineros”.[4]

LINGUACUTA.- Señores conquistadores, sea porque ustedes no encontraron las riquezas esperadas, sea porque las malgastaron, el hambre de oro y plata los pusieron nuevamente en marcha. Sin ese móvil la conquista española de América se habría demorado varios decenios más. 

SOFROSINA.- Y, cuando se disipó la ilusión de un enriquecimiento súbito porque los ríos de oro y plata no aparecían, ustedes dirigieron su codicia a otro bien precioso: los indígenas, que les fueron “repartidos” por los jefes de expedición o por los funcionarios reales.

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Fue así como vosotros, que en España habíais sido simples pecheros [plebeyos], ascendisteis en el Nuevo Mundo al rango de “señores” y pudisteis “vivir noblemente”, percibiendo el tributo entregado por “vuestros” indios.

Los embraguetados conquistadores comenzaban a sulfurarse cuando, inesperadamente, apareció el poeta Salvatore Quasimodo y lanzó este contundente verso que a todos los presentes dejó pensativos:

                                    Dalla rete dell’oro pendono ragni ripugnanti.[5]


[1]   Bernal DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, México, Editorial Pedro Robredo, 1943, tomo II, p. 394.

[2]   Cf. Pierre et Huguette CHAUNU, Seville et l’Atlantique (1504-1650), 12 vol., Paris,  S. E. V. P. E. N., 1955-1960.

[3]   Bartolomé de LAS CASAS, Obras escogidas, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1958, tomo CX, p. 87.

[4]   Gonzalo FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Historia general y natural de las Indias, libro III, cap. VIII, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959.

[5]   De la red del oro cuelgan arañas repugnantes.

Rodolfo Ramón de Roux

26 de Mayo, 2026

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Cuando un 12 de octubre de 1492 llegaron a Guanahaní las carabelas castellanas, se abrió para los europeos no sólo un amplio y desconocido espacio geográfico sino también un fértil campo para la imaginación. Sus mentes, nutridas con leyendas bíblicas, greco-romanas o medievales, se pusieron en contacto con leyendas indígenas y con una realidad fabulosa en la que proyectaron sus ancestrales anhelos, temores y fantasmas.

Lo fantástico y peregrino alimentó los espíritus e impulsó empresas descabelladas. Juan Ponce de León se topó con la Florida cuando, en 1512, iba en busca de la Fuente de la eterna juventud. Los ricos torreones y cúpulas de las siete ciudades de Cíbola, descrita por fray Marcos de Niza, pusieron en movimiento la expedición de Francisco Vásquez de Coronado que, persiguiendo un sueño, llegó hasta Arizona. Otros, con obcecado empeño, dejaron sus huesos antes que sus ilusiones, buscando el lago donde dormía el Sol, la Sierra de la Plata, el gran Paititi o la ciudad encantada de la Patagonia.[1]

Aparecieron por entonces caníbales que no eran otra cosa sino gente del Gran Can; gigantes que, arrodillados, eran más altos que los europeos erguidos; hombres con cola, con cabeza de perro o, simplemente, sin cabeza; indios que tenían los pies al revés, que dormían bajo el agua, que se sustentaban con el solo olor de flores y hierbas; viriles amazonas y amables sirenas, como las tres que vio Cristóbal Colón el 9 de enero de 1493, cuando ya emprendía el regreso de su primer viaje.

A humanidad tan sorprendente corresponde un bestiario y una flora no menos inusitados, pues los conquistadores pensaron haber encontrado un sinnúmero de criaturas en las que el Creador había extremado sus más paradójicas posibilidades: serpientes con alas y brazos; tigres “cobardes”; puercos con ombligos en el espinazo; monstruos marinos; hienas que un año son machos y otro hembras, y en los ojos tienen una piedra llamada “hiena” que, puesta bajo la lengua, confiere poderes adivinatorios; grifos “que tenían uñas como de hierro fortísimas…y se llevaban en ellas a los hombres hasta las sierras, adonde se los comían”[2]; manantiales que roncan, árboles cuya sombra da dolor de cabeza y que llegan a dejar ciego a quien allí se quede dormido.[3]

A los ojos de los europeos el desmesurado Nuevo Mundo hacía que lo imposible cobrara visos de factibilidad. El asombro fue particularmente intenso en los primeros años del “encuentro” -que se convirtió en encontronazo-, pero todavía un siglo después de la llegada de Colón, Juan de Cárdenas -español radicado en México- publicaba en 1591 sus Problemas y secretos maravillosos de las Indias para dar a conocer a sus compatriotas esas “maravillas de Indias”, que nada tenían que envidiar a aquellas con que la mitología de los antiguos había inflamado la imaginación de Occidente.

Cárdenas reitera y explica cómo las plantas y animales maravillosos encerrados en la Historia natural del latino Plinio quedaban muy por debajo de los que el Nuevo Mundo enseñaba ahora a los españoles. Allí todo es nuevo y asombroso: las estaciones del año, el paisaje, las formas que toma la vida, los hombres. Habrá qué esperar hasta la época de la Ilustración para que haga carrera la tesis contraria: la de la inferioridad “natural” de América y de los americanos. 

En la segunda mitad del siglo XVIII, las muy leídas historias generales de América de William Robertson -pastor presbiteriano británico-[4], y del abate Raynal -filósofo galo-[5], difundieron por toda Europa la doctrina que, a mediados de ese siglo formulara el influyente naturalista y botánico francés el conde De Buffon: la teoría de la inferioridad de la naturaleza americana, bien sea por inmadurez o desarrollo truncado, bien sea por degeneración o agotamiento. Teoría que el holandés Corneille De Pauw radicalizaría hasta incluir en ella a todos los seres humanos nacidos en América.[6]

Contra esta teoría se pronunciaron con especial vigor algunos jesuitas que, después de haber sido expulsados de América en 1767, encontraron viva en Europa la polémica sobre la bestialidad de los amerindios y sobre la inferioridad de los criollos, es decir, de los españoles americanos. Uno de esos jesuitas, el historiador y filósofo mexicano Francisco Javier Clavijero, la emprendió con pasión contra las teorías de Buffon y, sobre todo, contra De Pauw.[7]

Aunque la opinión más generalizada se volvió en contra de De Pauw y no faltó alguien de la estatura de Alexander von Humboldt que rebatiera sus teorías[8], las Investigaciones filosóficas sobre los americanos escritas por De Pauw, propinaron una herida mortal al mito del buen salvaje americano. Mito de muy larga duración, como tendremos oportunidad de ver en otra ocasión.

La historia a la que hemos aludido nos enseña, por una parte, lo desbordante que es la imaginación humana y, por otra parte, cuán variada y variable es la interpretación de la realidad. 

Rodolfo R. de Roux

Mayo de 2026


[1]   Para un amplio panorama de las manifestaciones del imaginario en la época de la conquista española de América, véase, Jean-Pierre SÁNCHEZ, Mythes et légendes de la conquête de l’Amérique, Presses Universitaires de Rennes,   1996, 2 vol., 954 p.

[2]   Fray Toribio de BENAVENTE, Historia de los indios de la Nueva España, Tratado tercero, cap. VII, edición de Georges Baudot, Madrid, Editorial Castalia, 1985.

[3]   De este fantástico bestiario y fabulosa flora trae abundantes ejemplos Antonello GERBI en su documentada obra La natura delle Indie nove. Da Cristoforo Colombo a Gonzalo Fernández de Oviedo, Milano-Napoli, Riccardo Ricciardi Editore, 1975. Alberto M. SALAS en Para un bestiario de Indias (Buenos Aires, Losada, 1968) ha evocado con singular gracejo los animales grandes o pequeños, bonachones o crueles, que integraron el mundo y la vida de los conquistadores y que fueron su terror, mortificación y angustia, o bien su entretenimiento, asombro o alimento.

[4]   William ROBERTSON, The History of America, London, 1777.

[5]   Guillaume RAYNAL, Histoire philosophique et politique des établissements et du commerce des Européens dans les deux Indes, Genève, 1775.

[6]   Corneille DE PAUW, Recherches philosophiques sur les Américains ou mémoires pour servir à l’histoire de l’espèce humaine, Berlin, 1768.

[7]   Francisco Javier CLAVIJERO, Capítulos de historia y disertaciones, (alrededor de 1778).

[8]          La refutación de Humboldt a De Pauw se concentra de manera especial en dos de sus obras: Vista de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América (1810)  y Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España (1811).

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“¿Tentación del bien? ¿Por qué afirmas eso si el que nos tienta es el mal?”, le dijo Linguacuta a Tzvetan Todorov, quien le respondió: “El peor legado del siglo XX es el totalitarismo, cuyas dos variantes -comunismo y nazismo- provocaron la muerte de millones de seres humanos, la tortura, la deportación y la humillación de millones más; y, sin embargo, sus protagonistas aspiraban al bien, no al mal.”

SOFROSINA.- Linguacuta, lee Mémoire du mal. Tentation du bien, allí Tzvetan analiza cómo los comunistas intentaron crear un “hombre nuevo” y un “radiante porvenir”. Por su parte, los nazis trataron de eliminar a las “razas” y a los individuos considerados nocivos, “infrahumanos” –Untermenschen-. La prosecución de lo que consideraban como “bien” les sirvió de motivación -o de excusa- para la implacable dureza de su misión salvífica.[1]

LINGUACUTA.- Está visto que de las banderas mesiánicas chorrea sangre en abundancia.

TODOROV.- Porque los mesianismos son maniqueos: dividen el mundo entre buenos y malos y proponen aniquilar a estos últimos. 

SOFROSINA.-  Ésa es la tragedia de quienes en nombre de una futura redención religiosa o social repiten a lo largo de la historia escenarios dominados por la exigencia de testimonios dolorosos, de martirios y de baños de sangre purificadores.

LINGUACUTA.- Los jueces de la Inquisición llevaban a los condenados a la hoguera para salvar su alma.

SOFROSINA.- Y en la Revolución francesa Robespierre aprobó el régimen del Terror para conservar la pureza revolucionaria. Su amigo Saint-Just, el “Arcángel del Terror”, lo dijo crudamente: “Lo que constituye una república es la destrucción total de todo lo que se le opone”. 

TODOROV.- La preocupación abstracta por “el bien de la causa” produce un proceso deshumanizador que elimina la compasión por los seres concretos.

LINGUACUTA.- La legitimación abstracta y trascendente de una “violencia redentora” es el tobogán hacia una inflexible crueldad.

SOFROSINA.- Tengamos en cuenta que la tentación del bien proporciona a sus seguidores una razón para vivir. El problema es que si se convierte en totalitarismo encierra a la gente en un espacio donde no hay lugar para objeciones ni disidencias…

TODOROV.- … y donde las libertades individuales son sacrificadas en aras del advenimiento de un “hombre nuevo” y un “mundo nuevo”.

LINGUACUTA.- De buenas intenciones está pavimentado el Infierno.

SOFROSINA.- No hay que desesperar de los humanos: también son capaces de lo mejor.

JORGE WAGENSBERG.- Tienes razón. Los humanos son la especie que más individuos mata de su propia especie, pero es también la especie que mejores poemas escribe.

SOFROSINA.- No seas cínico.

JOSEPH ROTH.- Jorge dice una verdad incómoda de la que es símbolo el campo de concentración nazi de Buchenwald;

LINGUACUTA.- Explícate.

JOSEPH ROTH.- Buchenwald está situado a pocos kilómetros de Weimar, cuna de la “alemanidad” y centro cultural de gran importancia donde residieron, entre otros, Goethe, Schiller, Liszt, Wagner y Alexander von Humboldt. Pues en el interior del campo de concentración de Buchenwald, se hallaba el roble a cuya sombra el cultísimo Goethe solía echar a volar su imaginación poética. Precisamente el último texto que escribí antes de morir se titula El roble de Goethe en Buchenwald.

SOFROSINA.- Despelucador simbolismo. 

LINGUACUTA.- También me despeluca saber que la democracia no está exenta de la tentación del bien, que puede llevarla a lanzar sus bombas “de carácter humanitario”.

TODOROV.- No hay que bajar la guardia: la democracia no está inmunizada contra la vieja tentación de erigirse en encarnación del bien para imponérselo al mundo.

SOFROSINA.- El atractivo de la tentación del bien es la promesa de un futuro de plenitud y de “mañanas luminosos”.

TODOROV.- Promesa hasta ahora incumplida… pero siempre podemos ilusionarnos diciéndonos que la próxima vez será la buena. 

LINGUACUTA.- Aunque se trate de totalitarismos ateos, como el nazismo y el comunismo, esa tentación del bien está impregnada de un milenarismo cristiano que ha terminado influyendo aun en los incrédulos. Bueno, eso me parece.

TODOROV.- A mí también me parece. A lo largo de la historia del cristianismo muchos han creído que Cristo volverá a la Tierra y reinará allí durante mil años junto a los justos resucitados. Los humanos, por fin, vivirán felices. Esta creencia, que se basa en el Apocalipsis de San Juan, fue refutada por san Agustín de Hipona. Sin embargo, reapareció con fuerza a finales del siglo XII de la mano del monje calabrés Joaquín de Fiore, cuyas visiones proféticas se extendieron por toda Europa. 

SOFROSINA.- Los sesudos trabajos de Norman Cohn y de Jean Delumeau[2] muestran cómo, a lo largo de los siglos, el milenarismo ha resurgido en múltiples formas. Thomas Müntzer, Jean de Leyde y Tommaso Campanella entre otros, evocaron ese futuro radiante. Cristóbal Colón esperaba extender este reino cristiano de los “últimos días” a toda la Tierra.[3]

TODOROV.- ¿Qué me dices de los “Padres Peregrinos” que se establecieron en América del Norte en la década de 1620? Querían convertir esta parte del mundo en el centro del reino de Cristo, y esa esperanza ha sido uno de los componentes de la identidad estadounidense. 

SOFROSINA.- Delumeau explica muy bien cómo las expectativas milenaristas se fueron secularizando poco a poco hasta integrarse en la ideología del progreso: en el siglo XVIII el científico y teólogo británico Joseph Priestley esperaba mil años de felicidad tras la Revolución Francesa. Y fue precisamente la tradición milenarista la que en el siglo XIX inspiró al político francés Pierre Leroux, creador del término “socialismo”, cuando escribió: “Se ha prometido el reino de Cristo en la tierra”. 

TODOROV.- Subrayo que, a diferencia de los milenaristas cristianos, el utopismo ateo pretende construir una sociedad perfecta sólo con el esfuerzo de los hombres, sin ninguna referencia a Dios. 

SOFROSINA.- Y yo subrayo que ambos, el milenarismo cristiano y el utopismo, están vinculados a la coerción y a la violencia cuando, aun sabiendo que los hombres son imperfectos, intentan imponer una cierta perfección social e individual, aquí y ahora.

LINGUACUTA.- Entonces ¿hay que aceptar con resignación el mundo tal cual es?

TODOROV.- No es necesario elegir entre la renuncia a cualquier ideal y la aceptación de cualquier medio para imponerlo.La utopía tiene derecho a existir, siempre y cuando no intente encarnarse por la fuerza.

SOFROSINA.- Más vale renunciar a cualquier proyecto global de extirpar el mal de la Tierra para que reine en ella el bien. Todos los que han creído que el paraíso estaba al alcance de la mano se han topado con el gulag

LINGUACUTA.- Insistir en que todo futuro es imperfecto puede servir de excusa para instalarse cómodamente en el presente.  

SOFROSINA.- Amiga, comprender que el eutopos –ese “mejor lugar”– no se realiza con proyectos globales de extirpar el mal, no significa renunciar a la utopía. En un planeta que siempre tendrá que afrontar graves desafíos, la solución no es eliminar la búsqueda de un mundo mejor, sino soñar con los ojos bien abiertos para analizar las formas concretas que toma dicha búsqueda, las funciones que llena, los senderos que invita a recorrer.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo de 2026


[1]           Cf. Diálogos de Ultratumba, “La ebriedad de la misión salvífica”, mayo 3 de 2026.

[2]   Norman COHN, The Pursuit of the Millennium: Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages, Oxford University Press, 1957; Jean DELUMEAU, Une histoire du paradis. Mille ans de bonheur, Fayard, Paris, 1995.

[3]   Cristóbal Colón en su Carta a doña Juana de la Torre (el ama del príncipe Don Juan), escrita a finales del año 1500 dice: “del nuevo cielo y tierra que decía Nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis, después de dicho por boca de Isaías, me hizo a mí mensajero y amostró en cuál parte”.

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El presidente Trump, quien alardea de tener la protección divina en su aventura militar contra Irán, difundió en su red Truth Social una controvertida imagen que lo representa como un Jesús taumaturgo de cuyas manos sale una luz sobrenatural que ilumina el rostro de un anciano postrado en su lecho.  

A espaldas del Trump/Jesús salvífico ondea una imponente bandera de los Estados Unidos, un águila -símbolo nacional- y unos aviones de guerra sobrevuelan la Estatua de la Libertad mientras suben hacia el firmamento los cuerpos gloriosos de unos soldados (presuntamente estadounidenses muertos en la guerra “justa” contra Irán).

“Tarde o temprano su arrogante prepotencia le pasará factura al mesías del Make America Great Again”, exclamó Linguacuta.

SOFROSINA.- Las fanfarronadas de Trump son lo de menos. Lo de más es la ebriedad salvífica del gran Duce del MAGA, tan amante del pronombre “Yo”. 

SEXTO EMPIRICO.- Llevo más de mil ochocientos años observando desde Ultratumba cuán fácilmente se han justificado a lo largo de la Historia comportamientos mortíferos en nombre de un “bien superior”: la grandeza de la Nación -como en el MAGA-, la defensa de la Libertad, la implantación de la Justicia, el cumplimiento de los designios de Dios…

SOFROSINA.- …como en el “Dios lo quiere” -Deus vult – grito con el que la muchedumbre aclamó la declaración de la primera Cruzada contra los musulmanes por el papa Urbano II en el Concilio de Clermont, en 1095.

RAIMUNDO IV DE TOLOSA.- Fui de los primeros en unirme a esa Cruzada. Cuando caímos sobre Jerusalén matamos a 30.000 personas en tres días. Se reunió a los judíos en la sinagoga y los pasamos por la espada, y unos diez mil musulmanes que buscaron la salvación en el santuario de Haram al-Sharif fueron eliminados. Como escribió mi cronista, el sacerdote Raimundo de Aguilers: “Se veían montañas de cabezas, manos y pies. La sangre llegaba a las rodillas. De hecho, que aquel lugar estuviera empapado por la sangre de los infieles constituía el justo y espléndido juicio de Dios”.1

SAN BERNARDO DE CLARAVAL.- Así fue, Raimundo: un justo y espléndido juicio de Dios. Fui un apasionado predicador de la segunda Cruzada y dejé bien claro en mi elogio de los monjes caballeros templarios que matar sarracenos era una ofrenda a Dios, que masacrarlos no era un homicidio sino un malicidio.2

LINGUACUTA.- Sentirse llamado -eso es la vocación- puede dar sentido a una vida, pero también puede extraviarla en el fanatismo de la misión.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL.- ¿Acaso me estás echando una indirecta?

LINGUACUTA.- A buen entendedor, pocas palabras.

MONTAIGNE.- Bernardo, me consta que en aras de un implacable Absoluto hasta la santidad puede volverse cruel. Fui testigo de ello con la degollina entre católicos y protestantes en Francia durante las guerras de religión en el siglo XVI.

LINGUACUTA.- ¿Y qué tal la época del Terror cuando, en la Revolución Francesa, el Comité de Salvación Pública hizo rodar miles de cabezas en la guillotina para cumplir su misión de crear una “República de la Virtud”, supuestamente la encarnación de los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad? Me asustan todas esas mayúsculas en manos de los que se sienten investidos de una misión salvífica y purificadora.

SOFROSINA.- No necesitamos remontarnos demasiado en el tiempo para verificar los horrores cometidos en nombre de altos ideales y con el apoyo de masas silenciosas, cuando no cómplices. Ejemplos recientes son, entre otros, los campos de concentración nazis, el Gulag soviético, la represión en la China maoísta, el genocidio de los Jemeres Rojos camboyanos, la purificación étnica en la antigua Yugoslavia o en Ruanda, la guerra de los Estados Unidos contra el “Eje del Mal”…inútil continuar la enumeración.

LINGUACUTA.- Donald Narcissus -que hace tantas galas de fe cristiana- me puso los pelos de punta cuando el 7 de abril de 2026 en su plataforma Truth Social lanzó esta amenaza en plena guerra contra Irán: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá.”

SOFROSINA.- Es algo indigno de quien preside una nación que se proclama “bendecida por Dios” y “faro de la Libertad y de la Democracia”.

PAPA FRANCISCO.- Me parece excelente que mi sucesor, León XIV, le haya plantado cara a Trump -sin mencionarlo- pronunciando estas palabras el 16 de abril en su visita a Camerún: “¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! Pero ¡ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia!”

LINGUACUTA.- Espero que algún creyente con ebriedad de misión salvífica cree una nueva religión con un solo mandamiento: Trata de ser feliz sin hacerle daño a nadie, y encuentra felicidad haciendo felices a otros. 

1 Cf. RAYMOND D’AGUILERS, Historia Francorum qui ceperunt Iherusalem (Historia de los francos que capturaron a Jerusalén).

2 Cf. BERNARD DE CLAIRVAUX, Liber ad milites templi de laude novae militiae (Libro a los caballeros templarios. Elogio de la nueva milicia), escrito entre 1129 y 1131.

Rodolfo R. de Roux

Abril de 2026

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Mientras degustaba un “Delirium Trump” en el bar “Uncle Sam”, Theodore “Teddy” Roosevelt comentó: Me entusiasmé cuando Donald exclamó en su discurso de posesión que, durante su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, “América reclamará su legítimo lugar como la nación más grande, más poderosa y más respetada de la Tierra, inspirando el asombro y la admiración del mundo entero”. Pero me inquieta que sus políticas agresivas, inclusive con los tradicionales “aliados”, estén inspirando más desconfianza, incertidumbre  y animadversión que asombro y admiración.

WILLIAM MCKINLEY.- Pues a mí me gustó mucho el fotomontaje que divulgó Donald plantando nuestra gloriosa bandera en Groenlandia para tomar posesión de ella.

RONALD REAGAN.- Durante mi campaña presidencial en 1980 fui el primero en utilizar el eslogan “Let’s Make America Great Again”, pero eso no puede significar alienarse a los aliados. Me parece una provocación inoportuna  que Donald divulgue en su red “Truth Social” esa otra imagen que lo presenta en el Oval Office explicando a líderes europeos un mapa alterado donde Groenlandia, Canadá y Venezuela aparecen cubiertos por la bandera estadounidense. 

LINGUACUTA.- Recuérdenle a Donald Narcissus que cuando los dioses quieren destruir a alguien, primero lo enloquecen con la arrogancia y desmesura de la hibris.

SOFROSINA.- La mezcla de nacionalismo mesiánico y de narcisismo personal es explosiva. Por eso el cóctel que ustedes están bebiendo se llama “Delirium Trump”.

LINGUACUTA.- El problema no es solo Donald Narcissus sino también sus aúlicos y seguidores de quienes él es el Führer, el Duce, el Conducator, el Caudillo. El nacionalismo MAGA, como cualquier nacionalismo, es un narcisismo colectivo.[1]

SOFROSINA.- Narcisismo construido sobre una ficción identitaria que engendra amores y odios colectivos.

BENEDICT ANDERSON.-  Amores y odios que impulsan a actuar en nombre de una comunidad imaginada llamada Nación, como expuse ampliamente en mi libro Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism.

SOFROSINA.- Comunidad imaginada que se construye, entre otras cosas, a base de leyendas heroicas y creencias en fabulosos destinos. Como la creencia de que los Estados Unidos era una nación elegida por Dios y que, por designio divino, tenía el “destino manifiesto” de extenderse desde el Atlántico hasta el Pacífico, lo cual expuso por primera vez John L. O’Sullivan en 1845.

LINGUACUTA.- “Destino manifiesto” hecho de sudor y lágrimas: exterminio o deportación de la población amerindia, anexión de cerca del 55% del territorio mexicano, violencia de la “conquista del Oeste”.

SOFROSINA.- Y tú, McKinley, tan admirado por Donal Narcissus, continuaste la política del “destino manifiesto” anexionando Hawái y tomando el control de Filipinas, Guam, Cuba y Puerto Rico. Contigo, en nombre de nuevos intereses marítimos y comerciales, la expansión territorial se transformó en una política de influencia y adquisición en el extranjero, lo que supuso la entrada de Estados Unidos en el club de las potencias imperialistas mundiales. 

LINGUACUTA.-  Ese “destino manifiesto” llevó también a que, a principios del siglo XX, las fuerzas armadas estadounidenses intervinieran en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Haití.  Pues, como declaró en 1912 el presidente William Taft: “El hemisferio todo nos pertenecerá, como de hecho, ya nos pertenece moralmente, por la virtud de la superioridad de nuestra raza”.

TEDDY ROOSEVELT.- “El hemisferio todo nos pertenecerá”, no otra cosa dice nuestro querido Trump. Para cumplir con nuestro destino manifiesto necesitamos recursos naturales, muchos, muchos. Económica y geopolíticamente América -me refiero a todo el hemisferio- es nuestro espacio vital, nuestro Lebensraum. ¡Heil, Donald!

HARRY TRUMAN.- Teddy, nuestro destino manifiesto es mundial, no se limita al continente americano. Por eso, después de la Primera Guerra Mundial, Woodrow Wilson afirmó que nuestro país tenía el privilegio de “respetar su destino y de salvar al mundo”. Cuando en 1942 entramos a la Segunda Guerra Mundial, tu tío Franklin Delano [qué nombre tan feo, exclama Linguacuta] se refirió al deber de los Estados Unidos, como patria de la libertad, de oponerse al fascismo. Y yo, en los años 1950, reafirmé el deber de los Estados Unidos de defender la libertad y la democracia frente a la amenaza soviética. 

RONALD REAGAN.- No olviden mi cruzada contra el “Imperio del mal” soviético.

GEORGE BUSH.- O la de mi hijo George W. contra el “Eje del mal”.


RONALD REAGAN.- ¡Venceremos! “In God we trust”, así lo proclaman nuestros dólares. 

LINGUACUTA.- A Dios rogando y con el dólar dando.

RONALD REAGAN.- Tus tonterías me resbalan. Hemos sido elegidos por Dios para ser un instrumento salvífico, ese es nuestro expansivo destino manifiesto. Como dijo Donald en su discurso de investidura el 20 de enero de 2025: “Perseguiremos nuestro destino manifiesto hacia las estrellas, lanzando astronautas estadounidenses para plantar la bandera de las barras y las estrellas en el planeta Marte”.[2]

TEDDY ROOSEVELT.- Ese día lloré de orgullo cuando Donald exclamó desafiante: “A partir de hoy, nuestro país florecerá y volverá a ser respetado en todo el mundo. Seremos la envidia de todas las naciones, y no permitiremos que se sigan aprovechando de nosotros. […] Nuestro poder detendrá todas las guerras y traerá un nuevo espíritu de unidad a un mundo que ha estado enfadado, violento y totalmente impredecible. […] No nos conquistarán, no nos intimidarán, no nos doblegarán y no fracasaremos. A partir de hoy, los Estados Unidos de América serán una nación libre, soberana e independiente.”

LINGUACUTA.- ¿Acaso no eran una nación libre, soberana e independiente? Por otra parte, prometer que “seremos la envidia de todas las naciones” y que “nuestro poder detendrá todas las guerras” no es solo delirio narcisista sino también un cuento de hadas. 

SOFROSINA.- Bien sabe Donald que todo pueblo se une alrededor de mentiras piadosas que lo ayudan a forjarse una imagen heroica o, por lo menos, aceptable de si mismo. No olvides que también es un experto en “verdades alternativas”.

LINGUACUTA.- Donald Narcissus, como cualquier otro, tiene derecho a su propias opiniones pero no a sus propios hechos. Con la realidad paralela de sus “verdades alternativas” va a terminar como el pastorcito mentiroso: cuando diga una verdad no le van a creer. El tiro le va a terminar saliendo por la culata.

SOFROSINA.- A Trump le quedan tan ricas las “verdades alternativas” que sus seguidores se las comen con gusto, pero van a volverse incapaces de apreciar la verdad sin más.

LINGUACUTA.-  En boca de un mentiroso, lo cierto se hace dudoso.

Tricky Dicky Nixon comenzaba a defender las “verdades alternativas” cuando apareció en la puerta del bar “Uncle Sam” el vate colombiano Rafael Pombo declamando su poema “Los filibusteros”:

Venid, venid, apóstoles de la sin par República
Con el hachón del bárbaro y el rifle del ladrón.
Venid hambrientos pájaros a entretejer con crímenes

El nido para el águila que precediendo vais;

Venid, infecto vómito de la extranjera crápula,

Con la misión beatífica de americanizar.

Entrad con el ropaje de inofensivos huéspedes

Llevando el rifle cómodo y el pérfido puñal.

En ese instante el impetuoso Teddy Roosevelt -que comprendía el castellano porque había estado echando bala en Cuba con sus “Rough Riders”- salió del bar, se lanzó como un Miura sobre el frágil Rafael…y atravesó su cuerpo glorioso sin romperlo ni mancharlo. Pombo lanzó una carcajada ultratúmbica y se esfumó dejando a los filibusteros viendo un chispero.


[1]   Diálogos de Ultratumba, “Make America Great Again”, 23 de febrero de 2025.

[2]          Diálogos de Ultratumba, “Narrativas geopolíticas, ¡cuántos cuentos!”, 16 de marzo de 2025.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero, 2026

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La Revolución francesa de 1789, heredera de la revolución cultural de la Ilustración, llegó como un huracán dispuesto a barrer con el “Antiguo Régimen” monárquico del que la Iglesia católica era uno de los pilares. Del brazo de Napoleón Bonaparte, Sofrosina y Linguacuta fueron al encuentro de los tres “Píos” -VI, VII y IX- a quienes les tocó vivir de manera intensa el momento revolucionario liberal del siglo XIX.

NAPOLEÓN.- (Levantando el mentón, y metiendo la barriga) En 1796, las tropas bajo mi mando invadieron Italia, marcharon sobre los Estados Pontificios, derrotaron al ejército papal y obligaron al aquí presente Pío VI a pedir la paz. 

PÍO VI.- (Acongojado) Según lo establecido en el Tratado de Tolentino de 1797, tuve que autorizar la ocupación de Bolonia y Rávena por parte de los franceses, garantizarles el libre acceso a todos los puertos pontificios y pagarles una cuantiosa indemnización. 

NAPOLEÓN.- (Acariciando la empuñadura de su espada) No obstante, al año siguiente estalló un tumulto en Roma durante el cual murió uno de mis generales. Entonces mis tropas ocuparon la ciudad y proclamaron la constitución de la República Romana.

PÍO VI.- Te he perdonado ese atropello, pero no olvido que por negarme a renunciar a la autoridad suprema sobre los Estados Pontificios me recluiste en un monasterio a las afueras de Florencia. Sin embargo, mi Dios es grande y poco después la situación en el centro de Italia se complicó para tus tropas.

NAPOLEÓN.- (Sarcástico) También se complicó para ti pues te llevamos prisionero a Francia.

PÍO VI.- (Indignado) Ese viaje atravesando los Alpes fue un horror: tenía 82 años y estaba muy enfermo. El 29 de agosto de 1799 -tan solo seis semanas después de llegar penosamente a Valence- exhalé allí mi último suspiro. Se me negó un entierro cristiano y el prefecto de la ciudad inscribió en el registro de defunciones: “Falleció el ciudadano Braschi, que ejercía profesión de pontífice”. En Ultratumba me enteré de que muchos periódicos y gacetas de Europa sentenciaron al papado titulando: “Murió Pío VI y último”. 

SOFROSINA.- Subestimaron el hecho de que – como escribió tu paisano Benedetto Croce – “la vieja fe era un modo, tan mitológico como se quiera, de mitigar y aplacar sufrimientos y dolores, de resolver el angustioso problema de la vida y la muerte.” 

LINGUACUTA.- Subestimaron, igualmente, la extraordinaria resistencia del papado que ha mostrado gran aptitud para asimilar golpes e imaginar respuestas gracias a una larga experiencia histórica, una sólida organización institucional y una proverbial capacidad de espera que le permite hacer planes de larga duración.

PÍO VI.- Para desesperación de los gobernantes impíos nosotros sabemos esperar porque tenemos la certeza de que nuestros enemigos no ganarán, ¡Non praevalebunt! ¿Lo oíste, Bonaparte? ¿Lo oíste?

NAPOLEÓN.- No soy bobo, Braschi. Sé que hay que tener cuidado con el poder religioso. Te lo puede confirmar Pío VII, con quien firmé en 1801 un Concordato para calmar el conflicto con la Iglesia…y obtener legitimación después de haberme autoproclamado como “Primer cónsul”. 

LINGUACUTA.- Tuviste muy en cuenta que con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa menos sentarse sobre ellas.

SOFROSINA.- (Dirigiéndose a Napoleón) Eso lo entendió bien Simón Bolívar, uno de tus grandes admiradores, cuando sentenció que la unión del incensario con la espada de la ley es la verdadera arca de la alianza.

PÍO VII.- Yo comprendí, igualmente, que era mejor llegar a un acuerdo entre la espada y el incensario. En ese “toma y daca” que es un concordato, la Iglesia también obtuvo ciertos beneficios con la declaración de que el catolicismo era “la religión de la gran mayoría de los franceses”…

NAPOLEÓN.-  … pero no la religión oficial del Estado. 

PÍO VII.- Traté de mantener unas relaciones apaciguadas contigo, pero abusaste de mi ingenuidad. Cuando en 1804 me convocaste a tu coronación imperial en la catedral de Notre-Dame, humillaste la dignidad pontificia colocándote tú mismo la corona.

NAPOLEÓN.- (En tono despectivo) ¿Acaso Roma no era sino un satélite en el firmamento de mi Imperio?

PÍO VI.- (Sonriendo maliciosamente) Ya ves en qué quedó tu efímero imperio. En cambio, el papado sigue tan campante. 

NAPOLEÓN.-  Aunque te sientas muy contento de haber recuperado en 1815 los territorios de los Estados Pontificios -menos Aviñón-, lo que en aquel momento pareció un gran triunfo del papado lo puso en rumbo de colisión con los patriotas italianos que, en 1870, terminaron definitivamente con los Estados Pontificios y convirtieron a Roma en capital del nuevo Reino de Italia.

PÍO IX.- Ese no es motivo para que nos mires por encima de tus raídas charreteras, tú, que terminaste miserablemente tus días como prisionero de los ingleses en una remota islita.

LINGUACUTA.- (Guiñándole un ojo a Napoleón) Para volverse una leyenda primero hay que naufragar en las marejadas de la Historia (Napoleón sonríe).

NAPOLEÓN.- (Sacando pecho) Los voy a hacer sufrir mostrándoles imágenes del apoteósico entierro que me hicieron en París.

PÍO IX.- (Ajustándose la mitra mientras los otros dos “píos” acarician sus ínfulas papales) Veo bien de qué pie cojeas, ¡eres un redomado vanidoso! 

NAPOLEÓN.- Un burro diciéndole a otro, ¡orejón!

LINGUACUTA.- (Sotto voce) Dizque con el tiempo se debilita la preocupación por las apariencias. Puro cuento.

SOFROSINA.- Cálmense y sigamos conversando sobre el papado en aquella época tormentosa.

LINGUACUTA.- ¿Cuál no ha sido?

NAPOLEÓN.- Cuando perdí la partida, Europa quedó bajo el control de una “Santa Alianza” monárquica y el papado esperó poder volver al mundo anterior a la Revolución.

LINGUACUTA.- Vana ilusión. Las ideas de libertad de conciencia y de autonomía de la sociedad frente a la religión ya se habían arraigado. 

SOFROSINA.- Además, la revolución industrial ya estaba cambiando aún más profundamente que la política los cimientos del catolicismo.

PÍO IX.- Me enorgullezco de haberme opuesto frontalmente a ese mundo “moderno” y a su liberalismo religioso, filosófico, moral, jurídico y político.

SOFROSINA.-Imposible olvidar ese bombazo doctrinal del Syllabus que lanzaste en 1864 contra “todos los errores del mundo moderno”.

PÍO IX.- Pensar que al principio de mi pontificado creyeron que simpatizaba con los liberales.

LINGUACUTA.- Quien piensa que conoce bien a una persona, tiene razón…¡piensa!

PÍO IX.- Entre las ochenta afirmaciones condenadas en mi Syllabus, desató las pasiones el anatema final contra la proposición de que «El pontífice romano puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna». 

LINGUACUTA.- Con esa condenación consagraste un catolicismo de rechazo. 

SOFROSINA.- Como si la Iglesia fuera una fortaleza asediada, reagrupaste las fuerzas católicas en torno a la autoridad y la persona del «vicario de Cristo».[1]

LINGUACUTA.- Y reafirmaste la autoridad pontificia con el dogma de la infalibilidad papal.

SOFROSINA.- Proclamado a instancias tuyas por el Concilio Vaticano I, dos meses antes de que perdieras definitivamente los Estados Pontificios, el 20 de septiembre de 1870. 

PÍO IX.- A partir de ese día me encerré en el palacio del Vaticano y me declaré “prisionero”. Sentí como si me hubieran clavado un puñal en mi corazón de pastor universal y me reafirmé en mi intransigencia antiliberal.

SOFROSINA.- De eso conversamos hace poco cuando nos contaste que un grupo de liberales masónicos quiso tirar tu cadáver al río Tíber.[2]

LINGUACUTA.- Tal vez quisieron comprobar si la barca de Pedro hacía agua.

PÍO IX.- Pues se quedaron viendo un chispero: en esa segunda mitad del siglo XIX surgieron nuevas congregaciones religiosas, se reanudó vigorosamente el trabajo misionero y el catolicismo experimentó un movimiento de renovación y fervor. 

SOFROSINA.- Fervor que fomentaste al proclamar en 1854 el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen.

PÍO IX.- Dogma que complementó Pío XII proclamando en 1950 el dogma de la Asunción de María. No olviden que durante mi pontificado también se difundió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

LINGUACUTA.- La cual expresaba muy bien la visión de la Iglesia como fortaleza asediada: Jesús era “el prisionero del Sagrario”, y sus devotos debían refugiarse a sus pies para reparar los pecados cometidos por los enemigos de la Iglesia.

SOFROSINA.- Por otra parte, el pensamiento católico tradicionalista se convirtió en la corriente predominante dentro de la Iglesia e interpretó la Historia como si estuviera controlada por “los poderes del mal”. 

LINGUACUTA.- Se acentuó una visión maniquea del mundo según la cual, por un lado, estaban los enemigos de Dios y de la Iglesia, y por el otro lado estaban los buenos católicos, que debían unirse alrededor del papa en una actitud clara y decididamente antiliberal.

PÍO IX.- (Enfáticamente) ¡Eso era lo que se necesitaba y lo que promoví! Después de que me autodeclarara prisionero creció mi popularidad entre los católicos de todo el mundo. Mi pontificado marcó el inicio de una característica típica de los católicos que continúa hasta el día de hoy.

LINGUACUTA.- ¿A qué te refieres?

PÍO IX.- A un sentido de relación personal con quien ocupa la sede de Pedro, lo que implica la obligación de ser fiel a su persona.

SOFROSINA.- Muchos hasta veneran cada uno de sus gestos y palabras. 

PÍO IX.- ¡Qué belleza! 

LINGUACUTA.- Ojo con la papolatría.

Pío IX no alcanzó a responderle a Linguacuta pues vió que Pío VI estaba a punto de desmayarse al divisar que se acercaba Lorenzo Ricci, último Superior general de la primera Compañía de Jesús a quien Clemente XIV encerró injustamente en el castillo de Sant’Angelo. 

Ricci murió, viejo y enfermo, como prisionero del papa Pío VI, quien posiblemente lo hubiera liberado. Posiblemente, eso dicen. En tono burlón exclamó Napoleón: “Ciudadano Braschi, Dios no castiga ni con palo ni con rejo sino con el propio pellejo”. “A veces pagan justos por pecadores, ese fue mi caso”, replicó Pío VI recordando su triste final en Valence como prisionero de los revolucionarios franceses. 

El “duro” de Pío IX se sulfuró al oír lo que dijo Bonaparte y los ánimos empezaron a caldearse. Nuestras dos amigas se esfumaron antes de que todo pasara a mayores.


[1]   Se trata de un particular proceso de “romanización” de la Iglesia católica que ha continuado hasta nuestros días. Para sus características en Latinoamérica, ver, Rodolfo de Roux, “La romanización de la Iglesia católica en América Latina: una estrategia de larga duración”, Pro-Posições 25 (1) Abril 2014, https://doi.org/10.1590/S0103-73072014000100003

[2]   “¡Arrojen el cadáver del papa al Tíber!”, Diálogos de Ultratumba, 20 de julio de 2025

Rodolfo Ramón de Roux

Enero, 2026

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