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Rodolfo Ramon de Roux

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¡Qué sueño! Yo escuchaba, boquiabierto, mientras un selecto grupo rodeaba a Karl Marx que vociferaba a todo trapo sobre las fantásticas posibilidades del “hombre nuevo” cuando en la sociedad comunista se viviera en el “reino de la libertad” y los individuos hubieran dejado atrás el  “reino de la necesidad” y del sometimiento a poderes sociales -económicos, políticos- y naturales.

MARX.- Sí, camaradas, en esa fase superior de la sociedad comunista inscribiremos en su estandarte «¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!».

LINGUACUTA.-  Eso parece una predicción escatológica: la enunciaste en 1875 y todos seguimos a la espera.

THOMAS HOBBES.- Y seguiremos esperando: ya hemos visto cómo se comporta el “hombre nuevo” cuando se alza con el poder.

LINGUACUTA.- Con suficiente poder -ese virus mortal- hasta las antiguas víctimas terminan comportándose como sus victimarios.

EMIL CIORAN.- Tengamos, pues, por toda víctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.

LINGUACUTA.- El hombre explota al hombre, y a veces es lo contrario.

HOBBES.- El  hombre es lobo para el hombre

LINGUACUTA.- ¡Y también para la mujer!

MARX.- ¡Ánimo, camaradas! Todavía no hemos visto de qué es capaz el hombre.

LINGUACUTA.- Eso es lo que más me asusta.

MARX.- Paciencia, Linguacuta, el enigma de lo que podemos esperar del ser humano sigue abierto. La historia es el proceso de creación humana y continuada formación del hombre por su propia actividad, por su propio trabajo, en el sentido de una universalidad y una libertad crecientes.

LINGUACUTA.-  El problema es que muchos humanos tienen necesidades insaciables: mientras más tienen, más quieren. De ahí la eterna tensión entre los ideales de libertad y de justicia social.

MAX HORKHEIMER.- La libertad y la justicia están tan unidas como opuestas. Mientras más justicia haya, menos libertad. Si queremos avanzar hacia la justicia, debemos prohibir a los hombres que hagan muchas cosas, entre ellas que se agredan y exploten unos a otros. Pero cuanta más libertad haya, quien despliegue sus fuerzas con mayor habilidad que los demás podrá, en última instancia, esclavizarlos; por tanto, menos justicia habrá.

LINGUACUTA.- Admito que el mundo es lucha y que por eso mismo hay que apaciguarlo con justicia pero, por lo general, consideramos inadmisibles los privilegios si no somos sus beneficiarios. En cuanto a los anhelos de libertad, la historia muestra que a muchos se les cae el yugo y ellos mismos se lo vuelven a poner: así funciona la servidumbre voluntaria, como muy bien lo explicó Étienne de La Boétie. Por otra parte, no nos hacemos libres solamente con evitar ser esclavos, también tenemos que evitar ser amos, y esto es tan difícil como aquello.

MARX.- No soy ingenuo. Soy consciente de que los hombres hacen su propia historia; pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos mismos: la hacen en condiciones dadas, directamente heredadas del pasado. Sin embargo, mi convicción es inquebrantable: es evidente que según las leyes inexorables del materialismo histórico y dialéctico, tarde o temprano nos espera un porvenir radiante.

LINGUACUTA.- Nada es más engañoso que una evidencia.

CIORAN.- Karl, eres un creyente perfecto. En el Apocalipsis leemos: “Vi un cielo y una tierra nuevos, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron”. Tachemos ‘cielo’ y quedémonos únicamente con ‘una tierra nueva’ y tendremos el secreto y la fórmula de todos los sistemas utópicos, incluido el de tu sociedad comunista.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU.- Confieso que soy tan optimista como Karl. El ser humano es bueno por naturaleza. Quien lo corrompe es la sociedad.

LINGUACUTA.- Pero la sociedad no cae del cielo, es una construcción humana, es el fruto de lo que nosotros somos. No seas tan romántico, Jean-Jacques.

ROUSSEAU.- Sin romanticismo la vida pierde sentido.

LINGUACUTA.- Y con sobredosis de romanticismo tienes hermosos sueños pero calamitosos despertares.

EMMANUEL KANT.- La madera de la que está hecho el hombre es tan nudosa que con ella no se pueden tallar vigas rectas.

LINGUACUTA.- Por eso forma parte de mis pocas certezas la incertidumbre sobre nuestras posibilidades de mejorar sustancialmente la naturaleza humana. Somos seres racionales, pero no siempre razonables.

SIGMUND FREUD.-  El ser humano no es ese ser bondadoso, corazón sediento de amor, del que se dice que se defiende cuando se le ataca, sino un ser que, por el contrario, debe atribuir a sus instintos buena parte de su agresividad. En efecto, el hombre está tentado de satisfacer su necesidad de agresión a costa de su semejante, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo.

ALBERT CAMUS.- De acuerdo, Sigmund, todos llevamos dentro nuestras prisiones, nuestros crímenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no consiste en desencadenarlos sobre el mundo, sino en combatirlos en nosotros mismos y en los demás.

JERZY LEC.- Bien dicho, Albert, ese es un combate de nunca acabar pues desde que el hombre se alzó sobre sus patas traseras no ha recuperado el equilibrio.

Pitigrilli exclamó: “Ser hombre es ya por sí mismo una circunstancia atenuante”. Hasta Marx y Rousseau sonrieron. Alguien dijo: “Sigamos charlando en el bar ‘La condición humana’ que sobre este tema nos queda tela por cortar”. Con paso alegre las sombras se fueron alejando y a discreta distancia las seguí.

Rodolfo R. de Roux

Enero 2024

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— Con el inicio de un nuevo año he recibido numerosos mensajes deseándome felicidad, amor, salud y prosperidad.

SÉNECA.- Se cumplan o no tan buenos deseos, te aconsejo que vayas practicando la “praemeditatio malorum” o anticipación de desgracias.

— ¿A qué te refieres?

SÉNECA.- Al ejercicio estoico de prever cosas que nos pueden salir mal o que nos pueden ser arrebatadas. En su versión cotidiana se hace al comenzar el día. Tras abrir los ojos, visualiza diferentes acontecimientos negativos que se te pueden presentar: dolencias físicas, infortunios económicos, agravios personales, pérdida de un ser querido o incluso tu muerte.

— Eso es masoquismo pesimista.

SÉNECA.- De ningún modo. No se trata de gozar con el dolor ni de angustiarse inútilmente, sino de prepararse serenamente para saber afrontar los inevitables contratiempos de la vida. ¿Qué es el hombre? Un recipiente quebradizo a cualquier golpe y a cualquier sacudida. No me vengas luego con el “No creí que me llegara a suceder”. ¿Crees que no va a sucederte algo que sabes que puede pasar, que ves que le ha ocurrido a muchos? 

— Puede que eso no sea masoquismo, pero no me vengas con el cuento de que no es pesimismo.

SÉNECA.- ¡Qué va! Es un signo de vitalidad: consideramos que cada día es un regalo que agradecer, no un derecho que exigir. Por ello, visualizar los posibles embates de la existencia es un llamado a vivir plenamente el instante presente –carpe diem– a pesar de cualquier eventualidad futura.

— Te concedo que la vida está llena de sorpresas, y no todas son agradables.

SÉNECA.- Nada hay prometido sobre la noche de hoy, y he dado un plazo demasiado largo: nada hay prometido sobre la hora presente. Peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto.

— Pero ¿la tal previsualización de infortunios realmente sirve?

SÉNECA.- El golpe de una desgracia, prevista de antemano, llega mitigado. 

— Mejor dicho, la visualización negativa es una manera de prepararnos para golpearnos lo más suavemente posible contra el muro de la realidad. 

SENECA.- También yo, como todo el mundo, terminé por golpearme duro contra ese muro. A mis cuarenta y cinco años, siendo un adinerado hombre de Estado, el emperador Claudio me mandó al exilio a un lugar miserable y despoblado en la isla de Córcega. Allí me encontré despojado abruptamente de todo lujo y comodidad durante ocho años. 

— Me han contado que te las ingeniaste para acomodarte a esas adversas circunstancias gracias a tus  premeditaciones matutinas y a los periodos de sopa aguada y baños de agua fría a los que te sometías cuando la suerte te sonreía, previendo que podía cambiar de un momento a otro.

SENECA.- Tal como le escribí a mi madre desde el exilio: “Nunca me fie yo de la suerte, incluso cuando parecía proponerme la paz. Todas las cosas que la suerte iba acumulando tan bondadosamente sobre mí -dinero, cargos, influencia- las puse en un lugar del que pudiera ella recuperarlas sin molestarme a mí. Mantuve una gran distancia entre ellas y yo; por tanto, la suerte me las ha quitado, no arrancado”. 

— Pero la rueda de Fortuna terminó -como siempre- por girar.

SENECA.- Así fue. En el año 49, Agripina, que había desposado a Claudio, lo convenció de dejarme volver a Roma y ella me confió la educación del joven Nerón. Después de la muerte de Claudio en el 54, Nerón subió al trono a los diecisiete años y me convertí en uno de sus más influyentes consejeros hasta el 62. 

— Sospecho que la rueda de la diosa Fortuna volvió a girar.

SENECA.- Aunque no existían evidencias de que yo estuviese vinculado a una  conspiración contra Nerón, el emperador ordenó mi muerte en el 65. Por entonces ya había hecho asesinar a su hermanastro Británico, a su madre Agripina, y a su esposa Octavia.

— Supe que terminaste por suicidarte dando ejemplo de serena dignidad.

SÉNECA.- Lo que nos pone furiosos es la frustración de no ver cumplidas nuestras optimistas ilusiones sobre el mundo y sobre los demás. Te lo repito, peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto. ¡Ve a hacer tu praemeditatio malorum!

Rodolfo Ramon de Roux

Enero, 2024

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En una noche oscura, estando ya mi alma sosegada, soñé, ¡oh dichosa ventura! que con la lámpara de Aladino tropezaba. La froté con entusiasmo pidiendo consejos sabios y de su pico salieron amigos extraordinarios. 

SÓCRATES.- Puesto que te cuesta asimilar lo que se te enseña, el genio de la lámpara nos advirtió darte consejos muy breves. Cada uno de nosotros puede salir solamente por unos segundos, habla y vuelve a ser encapsulado.

–  ¡Qué maravilla!

SÓCRATES.- Por ser el decano, comienzo: Si llegas a saber que nada sabes, al menos conócete a ti mismo. 

PÍNDARO.-  Y, como los buenos atletas, da lo mejor de ti: Llega a ser lo que eres.

SÉNECA.- Pero no lo serás sin lograr convertir los obstáculos en oportunidades: Per aspera ad astra -a través de las dificultades hacia las estrellas-.

EURÍPIDES.- No pierdas tiempo ni energía irritándote contra tus circunstancias, ellas permanecen sordas a tu cólera.

NIETZSCHE.- Más bien entrénate para jugar lo mejor posible la partida con las cartas marcadas que te dio la vida. Abraza tu destino: Amor fati.

VIDAL SASSON.- ¿Que todo eso es muy difícil? Amigo, el único lugar en el que éxito se encuentra antes que trabajo es en el diccionario.

WILLI COLÓN.- Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada.

SEXTO EMPÍRICO.-  Y aprende a no tragar entero: De omnibus dubitandum -hay que dudar de todo-  

VOLTAIRE.- Pues quienes pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades.

LESZEK KOLAKOWSKI.- Cuando las cosas parezcan claras, siembra una confusión curativa y cúbrelas con un velo de inseguridad.

KANT.- Atrévete a pensar con tu propia cabeza: Sapere aude.

DIOGENES EL CÍNICO.- Y atrévete a ser irreverente con quien se lo merece: No te dejes engañar por los buenos modales de quienes tienen pésimas costumbres. 

LINGUACUTA.- Pero no pises callos sin necesidad. Recuerda la regla básica de las relaciones humanas: A nadie le gusta que lo jodan.

OSCAR WILDE.-  Para no ir a joder a los demás “con las mejores intenciones”, no les hagas lo que quisieras que te hagan a ti, ellos pueden tener gustos diferentes.

EURÍPIDES.- Ten paciencia y comprensión que para todos no es bella y sensata la misma cosa, si así lo fuera, no habría disputas entre los humanos.

LAO TSE.- Considera que la amabilidad en las palabras crea confianza. La amabilidad en el pensamiento crea profundidad. La amabilidad al dar crea amor.

EPICURO.- Encuentra la felicidad en el puro placer de la existencia y aspira a una gozosa sobriedad: Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

HORACIO.- Aprovecha el instante presente: Carpe diem.

SOFOCLETO.- Pues tarde o temprano, uno llega a la botica, sin remedio. 

GEORGE SANTAYANA.- No existe cura para el nacimiento y la muerte, excepto disfrutar el intervalo.

MARCO AURELIO.- Vive a fondo tu intervalo realizando cada una de tus acciones como si fuera la última de tu existencia. Y a tus congéneres, instrúyelos o sopórtalos.

SPINOZA.- Pero sopórtalos sin  lloriquear o indignarte en vano; trata, más bien, de comprenderlos: Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere -no ridiculizar, ni lamentar, ni maldecir las acciones humanas, sino entenderlas- .

MARX Aunque después de comprender, actúa: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

EPICTETO.- Sin embargo, si no quieres angustiarte inútilmente, ten claro lo que depende de ti y lo que no depende de ti.

MONTAIGNE.- En tu actuar no seas dogmático ni engreído: por muy alto que sea tu sitial, siempre estarás sentado sobre el culo. 

NIETZSCHE.- [Que se escapó milagrosamente de la lámpara por segunda vez] Si en tu actuar las cosas te salen mal recuerda: Lo que no te mata, te fortalece.

JERZY LEC.-  Y si las cosas te salen bien, cuando saltes de alegría mira que nadie te quite la tierra debajo de los pies.

MAHATMA GANDHI.-  Te doy mis consejos como una metralleta porque el genio de la lámpara dice que el tiempo se está acabando: Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras; cuida tus palabras porque se volverán actos; cuida tus actos porque se harán costumbre; cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter; cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida. 

SPEEDY GONZÁLES.- ¿Te parece complicado lograr lo que te dice Ghandi? ¡No te desanimes! Sigue corriendo tras tus sueños: si no los alcanzas, al menos adelgazas.

TOMÁS MORO.- Y sé feliz riendo de ti mismo porque nunca terminarás de divertirte.

GRACIAN.- Acércate que voy a decirte un secreto. 

– Te escucho.

GRACIAN.-  [Susurrándome al oído] Los secretos ni oírlos ni decirlos.

Y colorín colorado, este sueño se ha acabado.

Rodolfo R. de Roux

Diciembre 2023

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Muchos conocen “El arte de la guerra” de Sun Tzu. No pasa lo mismo con “El arte de la persuasión” de Guiguzi quien es, en muchos aspectos, su complemento para la negociación y la diplomacia. El llamado “Maestro del Valle de los demonios” es ante todo un taoísta oportunista y pragmático, un “anti Confucio” adepto de la “realpolitik”, hábil en el manejo de la retórica y de la disimulación.

Empeñado Maquiavelo en hacerme ver la verdad concreta de la lucha por el poder -“la verità effettuale della cosa”- me consiguió una entrevista con Guiguzi, su lejano antecesor, quien  contribuyó a formar algunos de los grandes estrategas del agitado periodo chino de los “Reinos combatientes”, en el siglo IV antes de nuestra era. He aquí nuestro diálogo al borde de un río rumoroso que atravesaba aquel valle solitario y misterioso.

–  Me he percatado de que para ti la realidad es brumosa pues consideras que no hay nada constante en la vida, que la única permanencia es la impermanencia.

GUIGUZI.- Los cambios son sin fin y cada uno de ellos sigue su propio camino. La bruma de la existencia es un hecho, y no pretendo disiparla. Me parece que solo cuenta saber abrirse un camino que nos permita ser eficaces en lo que pretendemos en medio de la complejidad y el desorden de la existencia.

–  Eres, pues, un oportunista que según sus intereses va de derecha a izquierda, como una brújula. ¡No es casualidad que hayas sido el primero en hacer referencia al fenómeno del magnetismo!

GUIGUZI.- Óyeme bien: “En el mundo no hay nada constantemente noble, las cosas no obedecen siempre a la misma regla. Hay que ponerse al servicio de la persona con la que las cosas puedan salir bien y los planes puedan cuajar”.

–  Permite que te diga que a veces encuentro oscura tu prosa.

GUIGUZI.- Porque oscura es la realidad. Pero mi mensaje gira alrededor de algunas cosas claras.

–  Quisiera que me las digas.

GUIGUZI.- Penetrar en el pensamiento del otro analizando no solo sus palabras, sino también sus gestos y ademanes para relacionar la superficie visible con lo que cubre de invisible -a eso lo llaman ahora comunicación no verbal-. Descifrar los signos de toda clase para percibir las intrigas, medir las capacidades y sondear las intenciones de los demás. Sopesar correctamente las circunstancias para poder actuar eficazmente y en el momento oportuno. Forjar relaciones de confianza e intimidad con quien tiene el poder. Utilizar cualquier tipo de falla, por pequeña que sea, para dividir o para unir, según las circunstancias. Elaborar planes estratégicos persuadiendo y disimulando los propios sentimientos y privilegiando los propios intereses. 

– ¿Tienes un modo de obrar preferido?

GUIGUZI.- Observa con mucha atención a los demás, trata de comprenderlos para controlarlos mejor ya sea con la palabra o con el silencio pues, no lo olvides, a veces es preferible callar ciertas verdades.

– Eso me recuerda un proverbio francés que aparece en algunos tratados políticos: Toute vérité n’est pas bonne à dire.

GUIGUZI.- Así es. No toda verdad merece ser dicha, sino solamente la que puede seducir o confundir para lograr tus propósitos.

– Por eso mismo, con tantas “verdades seductoras” en circulación, Beaumarchais completó así el proverbio: No toda verdad merece ser dicha; no toda verdad merece ser creída…más aún, si sale de la boca de un político asesorado por un diplomático. Con los años he aprendido que en guerra y en política la verdad está protegida por un muro de mentiras.

GUIGUZI.- Me ganaste en cinismo.

– ¿Acaso tú, fundador de la “Escuela de Diplomáticos”, no sabes cómo se los reconoce?

GUIGUZI.- Dímelo tú.

– Cuando un diplomático dice “sí” es “tal vez”. Cuando dice “tal vez” es “no”. Si dice “no”, no es diplomático. Lo que aconsejas sobre manejar el lenguaje con sutileza me recuerda la siguiente historia: Una señora muy distinguida se encontraba en un avión próximo a aterrizar. Como estaba sentada al lado de un simpático sacerdote, le preguntó:

– Padre, ¿puedo pedirle un favor?

Depende, hija, ¿de qué se trata?

– Compré un esfigmomanómetro analógico muy caro para mi esposo que es médico y estoy preocupada con la aduana porque me he excedido en el valor de las cosas que puedo traer conmigo. ¿Podría usted llevarlo debajo de su sotana?

Claro que puedo, hija, ¡pero debes saber que no puedo mentir!

– Padre, usted tiene un rostro tan honesto que de seguro los aduaneros no le harán ninguna pregunta.

Y le dio el esfigmomanómetro.

Cuando el avión llegó a su destino y el sacerdote se presentó en la Aduana, le preguntaron:

– ¿Tiene algo que declarar? 

El sacerdote respondió: Desde lo alto de mi cabeza hasta mi cintura, no tengo nada que declarar, hijo.

– Encontrando extraña la respuesta, el aduanero preguntó: Y de la cintura para abajo, ¿qué es lo que usted tiene?

Tengo un equipo maravilloso, pero sin estrenar.

Muerto de risa, el aduanero exclamó: Puede pasar, Padre. ¡El siguiente…!

– De joven me lo enseñaron: No es necesario mentir, basta saber escoger las palabras. 

GUIGUZI.-  ¿Acaso estudiaste con los jesuitas?

– ¿Por qué me lo preguntas?

GUIGUZI.- ¿Por qué me respondes con otra pregunta?

– ¿Y por qué no?

GUIGUZI.- ¡Has disipado mi duda! 

– Maestro, antes de que te esfumes dame, por favor, otros consejos.

GUIGUZI.- Hay que escuchar mucho, observar y saber esperar: es como poner redes para capturar una presa. Busca los puntos débiles del otro. No despliegues tu fuerza sin conocer sus fallas.

– Y en cuanto al comportamiento propio, ¿qué aconsejas?

GUIGUZI.- Si quieres comprender al otro, comienza por conocerte. Controla la verborrea: quien mucho habla deja escapar muchas de sus debilidades. ¡Ah!, y no dejes que se note nada en tu cara, que ella no revele tus sentimientos. Fíjate cómo lo hacen Putin y Xi Jinping, son más impenetrables que un tramposo.

–  Bueno es saberlo, pero no lo lograré, soy demasiado parlanchín y transparente.

GUIGUZI.- No te preocupes: ya tienes pie y medio en Ultratumba. ¿Para qué quieres que siga gastando saliva contigo?

–  Tu experiencia puede servirles a otros más jóvenes.

GUIGUZI.- No seas iluso: cada quien está ansioso por cometer sus propios errores.

–  Por eso seguimos metiendo la pata de manera tan abundante.

GUIGUZI.- La experiencia es algo bastante inútil. Se hace poco caso de la ajena. Y en cuanto a la propia, cuando la necesitamos no la tenemos y cuando la tenemos no la necesitamos. 

–  Por lo visto la experiencia es la peineta que nos da la vida cuando ya no tenemos pelo.

GUIGUZI.- Como me dijo Confucio, la experiencia es una linterna que llevamos a la espalda: ilumina el camino que ya hemos recorrido. 

– ¿Entonces “experiencia” es el nombre con el que sublimamos nuestros errores?

GUIGUZI.-¡Vete y no molestes más! 

Rodolfo R. de Roux

Diciembre de 2023

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Se entabló el siguiente diálogo al resplandor de las bombas que caen inmisericordemente en la Banda de Gaza y en las llanuras de Ucrania, donde todos los beligerantes apelan a morir por la patria. 

LINGUACUTA.- Estimado Horacio, todavía no entiendo cómo pudiste escribir que es dulce morir por la patria.

HORACIO.- No hice sino ponerle lirismo al tradicional “a morir por la patria” de las arengas militares. ¿No te parece hermoso mi verso “dulce et decorum est pro patria mori”?

LINGUACUTA.- ¿Te das cuenta de la sonrisa burlona con la que te está mirando el general George Patton?

GENERAL PATTON.- Ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otro estúpido bastardo muera por la suya.

SOFROSINA.- Con tan descarnada frase comenzaste tu famosa arenga a la 6.ª División Blindada de los EE. UU. cinco días antes del “Día D” en Normandía.

GENERAL PATTON.- Las orejas piadosas dijeron que yo era un zafio, pero mi lenguaje cuartelero motivó a la tropa diciéndoles de manera cínica una verdad de a puño.

LINGUACUTA.- También dijiste en esa arenga muchas otras frases que le pusieron los pelos de punta a una minoría de oficiales. Te recuerdo algunas: La forma más rápida de acabar esta guerra es ir por los bastardos que la empezaron y barrerlos del mapa. Cuanto antes lo hagamos, más pronto volveremos a casa. (…) No solo vamos a dispararles a los alemanes, ¡nuestra intención es arrancarles las tripas y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques: vamos a matar a esos malditos teutones de a cien por metro! (…) La guerra es un asunto sangriento y mortal. O derraman ustedes la propia sangre, o derraman la de ellos. Rájenles el vientre, dispárenles en las tripas. 

ERASMO DE ROTTERDAM.- ¿Te das cuenta, amigo Horacio? La guerra solo es dulce para quienes no la han experimentado: Dulce bellum inexpertis.

FLAVIO VEGECIO.- Por eso mismo en mi Epitoma rei militaris (Compendio de técnica militar) advertí: “No te fíes del todo de un recluta que quiere combatir, porque el combate es grato a los bisoños”.

ERASMO.- Ya lo decía Píndaro hace dos mil quinientos años: “La guerra es grata a quien no la ha experimentado, pero cuando se avecina, el corazón del veterano se estremece sobremanera”. En mis Adagios, al comentar la máxima Dulce bellum inexpertis expuse ampliamente que la guerra arruina, extingue, barre de repente y de una sola vez todo lo alegre y todo lo bello y descarga sobre la vida de los hombres una cloaca de males.

SOFROSINA.- Pero no nos engañemos: muchos anhelan convertirse en héroes legendarios en los campos de batalla. 

LINGUACUTA.- El detalle desagradable es que para convertirse en leyenda primero hay que naufragar en las marejadas de la historia.

SOFROSINA.- ¿Para qué sirven tantos vanos afanes y dolores? Somos tierra, la fama es humo y el final, ceniza: Homo humus, fama fumus, finis cinis.

FRIDA KAHLO.- Pero a cada uno le gusta escoger el tamaño de la cebolla con la que va a llorar.

ESTANISLAO ZULETA.- Los diversos tipos de pacifismo hablan abundantemente de los dolores, las desgracias y las tragedias de la guerra y eso está muy bien, aunque nadie lo ignora; pero suelen callar sobre otro aspecto inconfesable y decisivo: la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Cómo así?

ESTANISLAO ZULETA.- Si se quiere evitar al hombre el destino de la guerra hay que empezar por confesar, serena y severamente la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de su soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta su vida. Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón, y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre. 

SOFROSINA.- Ojalá meditaran tus palabras los belicistas entusiasmados con esa fiesta de la guerra  frente a un enemigo visto como el mal absoluto. 

E. ZULETA.- Precisamente convertir al enemigo -la otra clase social, la otra etnia, la otra religión, la otra nación- en el mal absoluto es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, puesto que es el que genera la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Por qué dijiste en tu reflexión Sobre la guerra que a ésta no había que oponerle un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad?

E. ZULETA.- Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. 

SOFROSINA.- ¿Hacemos entonces una cruz sobre la llamada “paz total”?

ESTANISLAO  ZULETA.- La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable, ni en la vida personal -en el amor y la amistad- ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a su supresión, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo. 

SOFROSINA.- ¡Vasto programa!

E. ZULETA.- Una sociedad más justa, organizada y racional es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.

SOFROSINA- Desafortunadamente la razón de las armas silencia fácilmente a las armas de la razón.

LINGUACUTA.- ¿Cuándo has visto que sea justa la causa de los “otros”? Solo es justa la guerra que hacen los “nuestros”, pero por justa que sea su causa terminamos enlodándola por el ansia de verla triunfar. ¿Por qué me miras tan mal, Netanyahu?

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre de 2023

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La conversación no fue edificante pero sí aleccionadora. En un ambiente de intenso olor a azufre, departían así los dialogantes.

IÓSIF STALIN.– [Con tono burlón] En 1940 ordené el asesinato de más de cuatro mil oficiales del ejército polaco en el bosque de Katyn e hice creer que era obra de los nazis. 

MIJAÍL GORBACHOV.- ¡Zorro que eres, tovarisch! Hubo que esperar hasta 1990 cuando, con mi política de glásnost[transparencia] reconocí que la soviética NKVD había ejecutado y encubierto aquella matanza e impulsé una investigación para esclarecer definitivamente el asunto. 

STALIN.- Pues tu  glásnost no duró gran cosa. Las investigaciones que iniciaste fueron frenadas en 2004 por mi buen Vladimir Putin.  ¿Qué opinas, Tricky Diky?

RICHARD NIXON.- No seré yo quien te lance la primera piedra. 

STALIN.- Ni más faltaría. Lo del bosque de Katyn fue un moco de pavo al lado de tu aprobación de la campaña encubierta de bombardeos masivos sobre Camboya y Laos durante la guerra de Vietnam. 

NIXON- Estamos de acuerdo en que las guerras no se ganan con glásnost. Miren no más los actuales conflictos bélicos entre Ucrania y Rusia o entre Israel y Hamás: cada bando informa lo que le conviene. Ni siquiera sabemos a ciencia cierta el número de soldados muertos o heridos pues se minimizan los propios y se maximizan los del adversario.

ESQUILO.- Ya lo dije hace dos mil quinientos años: La primera víctima de la guerra es la verdad.

GEORGES BUSH.- Si mi hijo Georges W. se hubiera puesto muy quisquilloso con eso de la transparencia, en el caso de las supuestas armas químicas de Sadam Hussein, no hubiera podido invadir a Irak.

NIXON.- En cuanto a la verdad como primera víctima de la guerra, las cosas no han cambiado desde tu época, Esquilo; antes por el contrario, se han sofisticado. ¿No vemos cómo hace muy pocos años en Colombia salieron con el macabro engaño de los “falsos positivos”?  

SUN TZU.- Amigo Esquilo, ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo: más o menos por los años en que tu vivías en Grecia, expliqué en mi Arte de la guerra que ésta es el arte del engaño.

ESQUILO.- ¿En serio? 

SUN TZU.- Te cito un párrafo claro como el agua: “La guerra es el arte del engaño. Por lo tanto, si eres capaz, finge incapacidad. Si estás preparado, finge no estarlo. Si estás cerca, finge estar lejos. Si estás lejos, finge estar cerca. Tienta al enemigo con cebos, finge desorden y golpéalo. Si el enemigo es consistente, prepárate. Si es fuerte, evítalo. Si es iracundo, provócalo. Si es orgulloso, muestra humildad. Si está descansado, fatígalo. Si está unido, divídelo. Atácalo cuando no lo espere. Aparece de manera imprevista.”

ESQUILO.- Acabo de leer unos reportes de prensa según los cuales en estos momentos en la Tierra, Ucrania utiliza réplicas de madera del eficaz sistema de misiles estadounidense HIMARS como señuelo para atraer el fuego del ejército ruso, con lo cual logra que éste gaste municiones inútilmente y que, además, revele su propia posición. 

SUN TZU.- La argucia no es nueva. En mi Arte de la guerra recomendé a los comandantes que “pusieran señuelos y crearan confusión”, para hacer que el enemigo calculara mal la fuerza contraria. 

WINSTON CHURCHILL.- ¿Qué comandante no ha seguido tu recomendación? Durante la II Guerra Mundial, antes de que desembarcáramos en Normandía en 1944, ya habíamos probado en Inglaterra las réplicas de tanques inflables en Inglaterra. Y ni hablar de las falsas informaciones de inteligencia que sirvieron para despistar a los alemanes sobre el lugar donde se llevaría a cabo el desembarco.

DWIGHT EISENHOWER.- Tan grande fue la importancia de los engaños tácticos, que el Ejército estadounidense creó el 23° Cuartel General de Tropas Especiales, también conocido como el “ejército fantasma”. Se trataba de un regimiento con tanques, camiones y aviones inflables, que se complementaban con grabaciones de desplazamiento de vehículos, reproducidas con poderosos parlantes. Con ese “ejército fantasma” se llevaron a cabo, después del “Día D”, grandes operaciones de distracción en Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo. Eran algo más de 1.000 hombres, pero le hacían creer a los alemanes que fuerzas de hasta 30.000 soldados adicionales estaban amenazando sus líneas, lo que los llevaba a redistribuir tropas a lugares favorables para los aliados.

LINGUACUTA- Dijo Clausewitz que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, pero si la guerra es el arte del engaño, también podría decirse que la política es la continuación de la guerra por otros medios.

CARDENAL MAZARINO.- ¡Qué lengua! Aunque no te falta razón. Los años que estuve como primer ministro del joven Luis XIV de Francia me enseñaron que para triunfar en política se necesita -como en la guerra- dominar el arte de simular y de disimular.  Disimular lo que se es y simular lo que no se es.  Todo ello está expuesto en el Bréviaire des politiciens, libro que se me atribuye y que, aunque no fuera de mi pluma, expone bien mis argucias.

JOHN ARBUTNOTH- En El arte de la mentira política, que publiqué en Amsterdam en 1773 en versión francesa, se pueden apreciar igualmente algunas estratagemas similares a las usadas en la guerra. Por ejemplo, además de las mentiras que se suministran pública y abiertamente, hay otras que deben esparcirse ocultamente y sin hacer ruido. Es muy útil también hacer “mentiras de prueba”:  son como la primera carga de ensayo que se pone en una pieza de artillería; se echan para sondear la credulidad de aquellos a quienes se destinan. 

LINGUACUTA.- Tan lejos como podamos recordar en la historia, el secreto, el engaño, la falsificación deliberada y la mentira pura y simple han sido utilizados como medios para alcanzar la realización de objetivos políticos y militares. 

MAZARINO.- ¡Miren quién viene! Nada menos que Joseph-Marie Amiot.

LINGUACUTA.- ¿Ese que trae sotana? ¿Quién es?

MAZARINO.- Uno de los últimos misioneros jesuitas en China, donde vivió 43 años hasta su muerte en 1793. Fue él quien tradujo al francés e introdujo en Europa, en 1772, el Arte de la guerra, del aquí presente Maestro Sun. 

LINGUACUTA.- ¿No te digo? Se topa uno con los jesuitas por todas partes.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre 2023

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En la gran “Explanada Cósmica”, una multitud de estupefactos ultratúmbicos observaba en grandes pantallas las imágenes procedentes de la Tierra, gracias al potente telescopio Galileo. De manera intermitente se veían los destellos de los bombazos que iluminaban la superficie del lejano planeta. Al terminar tan humano espectáculo, un grupo de asistentes entabló el siguiente diálogo.

SUN TZU.- Estas imágenes me interpelan. Tengo que actualizar mi “Arte de la guerra” pues pasan los siglos y los Sapiens siguen destrozándose entre ellos, pero con mucha más eficacia. Nada ha progresado tanto como la ciencia militar.

HOBBES.- Dije que el hombre era un lobo para el hombre. Le pido perdón al lobo: no hay predador más temible que el humano.  

LINGUACUTA.- “Maximus praedator” que no sólo marca su territorio, sino que le tiene desmedido amor al ajeno.

MOISÉS.- Por qué creen que tuve que grabar en las tablas del Decálogo: “No robarás”, “No matarás”, “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.

MAQUIAVELO.- Y a pesar de tan divinas prohibiciones con su consiguiente promesa de castigo eterno, Maximus praedator sigue utilizando toda clase de astucias, engaños, justificaciones y violencias para lograr sus propósitos, al mismo tiempo que se llena la boca proclamando a los cuatro vientos que “el fin no justifica los medios”. 

LINGUACUTA.- Basta ver cómo se están destripando en estos momentos rusos y ucranianos, palestinos y judíos. Y ya verás que los estadounidenses van a vender cara la pérdida de su hegemonía, como cara la han vendido todos los imperios que en el mundo han sido.

CAÍN.- La sangre no ha dejado de correr desde que me cargué a Abel. 

FLAVIO VEGECIO.- Y va a seguir corriendo. Por eso dije: Si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra).

VÁSQUEZ MONTALBÁN: ¡Qué desgracia! La vida se vuelve así para muchos como la escalera de un gallinero: corta y llena de mierda.

LINGUACUTA..- Mierda es eso de que la guerra es arte y ciencia; es simplemente dolor, lágrimas y muerte.

ORTEGA Y GASSET.- Esperemos que cambien las circunstancias.

LINGUACUTA.- Bien recuerdo que dijiste “yo soy yo y mis circunstancias”, pero las circunstancias nos terminan tragando. Ya hemos visto suficientemente que en determinadas circunstancias -como en las guerras- somos capaces de perpetrar horrores que jamás creímos que pudiéramos hacer. 

SOFROSINA.- Al paso que vamos, regresaremos a las cavernas.

MALTHUS.- Ya es imposible: ¡Somos demasiados!

SOFROSINA.- Menos mal la tristeza de la vida no es definitiva.

LINGUACUTA.- Tampoco la alegría: en el mundo caben felicidades, no la felicidad. 

SCHOPENHAUER.- Si la vida y la existencia fueran estados de felicidad, todos se sumergirían a regañadientes en el estado inconsciente del sueño y saldrían a flote de buen grado. Mas sucede justo lo contrario, pues todo el mundo se va de buena gana a dormir y se levanta de mala gana. 

SOFROSINA.- No me explico cómo siendo tú un pesimista redomado pudiste escribir El arte de ser feliz. 

SCHOPENHAUER.- Precisamente mi convicción de que la existencia humana oscila entre el dolor y el aburrimiento me mostró la importancia de encontrar reglas de vida para soportar nuestra condición y esperar, si no la felicidad perfecta, al menos una felicidad relativa, la que consiste en la ausencia de sufrimiento.

SOFROSINA.- Me parece que no hay que mirar tan ferozmente el mundo: ahí hemos de estar hasta el final.

LINGUACUTA.- Por eso los optimistas zurcen sus corazones cada nuevo día.

SOFROSINA.- Schopen, danos alguno de tus consejos para ser felices…relativamente.

SCHOPENHAUER.- Mira, cuando era joven entablé amistad con Goethe quien, viendo mi propensión al pesimismo, un buen día me dejó una nota con este par de versos: “Si quieres conocer el gozo de vivir, valor al mundo tendrás que atribuir”.

SOFROSINA.- Bonito pensamiento.

SCHOPENHAUER.- Pero no me impresionó. En uno de mis cuadernos, al lado del consejo de Goethe, puse esta cita de Nicolás de Chamfort: “Más vale aceptar a los hombres por lo que son, que tomarles por lo que no son”. 

SOFROSINA.- ¿Y qué piensas que somos?

SCHOPENHAUER.- Somos seres habitados por una fuerza poderosa que altera todos los planes y juicios de la razón. La llamé “voluntad de vivir” (Wille zum Leben): es el inherente impulso humano de mantenerse vivo y reproducirse.

SOFROSINA.- No veo problema alguno. Me suena semejante al conatus de Spinoza, ese esfuerzo de toda cosa por perseverar en su ser.

SCHOPENHAUER.- El problema es que nuestra voluntad de vivir lleva en sí misma una insatisfacción radical y unos impulsos que acarrean muchos sufrimientos, a nosotros y a los otros. Por eso afirmé que “vivir, por regla general, significa experimentar una serie de desgracias, grandes o pequeñas”.

JERZY LEC.- De ahí que no se debe alargar la vida humana sino acortando sus sufrimientos.

SOFROSINA.- Tremenda cosa lo que ustedes dicen.

SCHOPENHAUER.- Por supuesto que es tremenda. Al género humano se le puede comparar con el resto del reino animal, donde la única manera en la que cada animal puede conservar su existencia es suprimiendo constantemente a otro animal. Así, el ser humano que busca la supervivencia no encuentra otra manera de salvarse sino en una constante lucha con otros seres, incluidos los de su misma especie. “Struggle for life“, como dijo Darwin. 

SOFROSINA.- Schopen, para Darwin la “lucha por la vida”, el esfuerzo -el conatus- para mantenernos en vida y mantener la vida no tiene porqué reducirse a un combate de todos contra todos, ni justificar que el más fuerte aplaste al más débil.  

SCHOPENHAUER.- Ya quisiera que ese conatus, esa “voluntad de vivir”, estuviera exenta de dolor, violencia y frustración. Pero no es así. Por eso albergamos en nuestros corazones algo incurable: la esperanza.

LINGUACUTA.- Que solo existe como presagio, y sin garantía.

SOFROSINA.- ¡Ah, la esperanza! Es una maravillosa proyección en el tiempo que nos impulsa a vivir aguardando lo mejor, sabiendo que detrás se puede esconder también lo peor.

LINGUACUTA.- La mejor ilusión: la peor decepción. A quien nada en la esperanza le aconsejo ser prudente y quedarse donde pueda tocar fondo. 

JERZY LEC.- Escuchándolos y recordando las terribles imágenes de muerte que acabamos de ver, no puedo sino decir: “Amo al hombre. Jamás lo hubiera creado”.

SOFROSINA.- Jerzy, veo que estás de vuelta de muchas cosas.

JERZY LEC.- No vuelvo de nada: después de haber vivido en Polonia bajo el nazismo y luego bajo el comunismo, desde hace tiempo ya no voy.

SOFROSINA.- No hay como la provecta edad para observar mejor la realidad porque entonces se asume la oscuridad más claramente. 

JERZY LEC.-  Con la vejez terminé por despreocuparme de muchas tonterías.

LINGUACUTA.- ¿Como cuáles?

JERZY LEC.- Cuando llegues a vieja lo sabrás.

LINGUACUTA.- Ya veremos: puede que la sabiduría aumente con el tiempo, pero la tontería también. 

JERZY LEC.- En teoría la sabiduría debe encontrarse en abundancia; en efecto, ¿quién la utiliza?

LINGUACUTA.- Aclaro que no soy pesimista, simplemente no me cabe un gramo más de optimismo.

SOFROSINA.- A mí el optimismo me tentó, pero requiere un esfuerzo intelectual agotador.

JERZY LEC.- Optimismo y pesimismo se diferencian sólo por la fecha del fin del mundo.

SOFROSINA.- Que tarde o temprano llegará: todo se compone de hechos históricos y todo en ellos se descompone, a menos que suceda un milagro.

JERZY LEC.- Yo mismo presencié un milagro. Fue cuando las cosas aún podían arreglárselas sin ellos.

SOFROSINA.-  Noto cierta nostalgia en lo que dices.

JERZY LEC.- Es normal: con la vejez se reducen las alternativas y se acrecientan las nostalgias.

SOFROSINA.- Y a mayor nostalgia del pasado menor confianza en el presente.

LINGUACUTA.- Atento, Jerzy, que vivir de recuerdos es morir de suspiros.

JERZY LEC.- ¿Y qué? si ya exhalé el último.

Rodolfo Ramon De Roux

Octubre de 2023

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Deambulaba en mi sueño por el parque “Último suspiro”, cuando oí de pronto unas voces familiares que venían de entre los árboles. Me acerqué -curioso y sigiloso- paré la oreja y escuché este diálogo sobre cuál es la mejor de las religiones monoteístas. No sé por qué, pero me pareció estar oyendo algo ya oído, así como volvemos a soñar lo ya soñado.

SULTÁN SALADINO.- Puesto que escucho que eres sabio, a ver si me dices, judío Natán, ¿cuál de las tres religiones es la mejor? ¿El cristianismo, el judaísmo o el islamismo?

NATÁN.- Permíteme responder con una fábula. Hace muchos años, vivía en Oriente un varón que poseía un anillo que tenía la fuerza de hacer agradable a los ojos de Dios y de los hombres a quien lo llevara con esa confianza. ¿Quién se extrañará de que ese varón no quisiera dejar de llevarlo nunca en su dedo, y de que tuviera la disposición de conservarlo eternamente en su casa?  Dejó el anillo al predilecto de sus hijos, estableciendo que éste, a su vez, lo legara al que fuese su hijo predilecto, y así sucesivamente, de modo que el dueño del anillo se convirtiera en cabeza y príncipe de la familia. Entiéndeme, Sultán.

SALADINO.- Te entiendo. ¡Prosigue!

NATÁN.- De hijo en hijo llegó finalmente el anillo a un padre que tenía tres hijos, los cuales le eran igualmente obedientes y en consecuencia, no podía menos de quererlos igual a los tres. Pero al aproximarse la muerte del padre, este se preguntaba qué hacer.

SALADINO.- ¿Y qué hizo?

NATÁN.- Mandó en secreto fabricar otros dos anillos completamente iguales, tanto que ni él mismo  pudo distinguir el original. Entonces llamó por separado a cada uno de sus hijos, le dio su bendición -y su anillo- y murió. Estás oyendo ¿no, Sultán?

SALADINO.- ¡Oigo, oigo! Pero acaba pronto con tu fábula. 

NATÁN.- Apenas muerto el padre, cada uno de los hijos quiso -por la gracia del anillo- ser el príncipe de la casa. Se investiga y se discute inútilmente: resulta imposible demostrar cuál es el verdadero anillo; casi tan indemostrable como nos resulta ser la fe verdadera.

SALADINO.- ¡No juegues conmigo! Las religiones que te indiqué, bien que se las puede distinguir. ¡Hasta por el vestido, hasta por la comida y la bebida!

NATÁN.- Pero no precisamente por razón de sus respectivos fundamentos. Porque, ¿no se basan las tres en la historia? ¡Escrita, u oralmente transmitida, es lo mismo! Y la historia, ¿no hay que aceptarla acaso solamente por confianza y fe? Ahora bien ¿cuál es la confianza y la fe de la que duda uno menos? ¿No es la de aquellos cuya sangre llevamos, la de aquellos que desde nuestra infancia nos dieron pruebas de su amor y no nos engañaron nunca, sino cuando pensaron que era más conveniente para nosotros el ser engañados? ¿Cómo es posible que crea yo a mis padres menos que tú a los tuyos? O al revés. ¿Puedo yo exigirte que desmientas las mentiras de tus antepasados para que no contradigan a las de los míos? O al revés. Lo mismo vale de los cristianos. ¿No? 

SALADINO.- ¡Por el Sumo Viviente! Tienes razón. 

NATÁN.-  Volvamos a nuestros anillos. Los hijos se querellaron y cada cual juró ante el juez haber recibido el anillo directamente de manos de su padre. ¡Cosa que era verdad! 

SALADINO .— Menudo lío. ¿Cómo pudo solucionarse?

NATÁN .— El juez declaró: Me dicen ustedes que el anillo auténtico posee la fuerza maravillosa de hacer que su dueño sea grato a los ojos de Dios y de los hombres. ¡Sea esto lo que decida, puesto que los anillos falsos no tienen ese poder! Díganme ¿quién de ustedes cree ser el más amado?  ¡Respondan! ¿Acaso cada uno de ustedes a quien más ama es a sí mismo? ¡En ese caso, orgullosos egoístas, ustedes tres son estafadores estafados! y ninguno de los tres anillos es el verdadero. Seguramente se perdió el auténtico y el padre mandó hacer tres para ocultar la pérdida.

SALADINO.- ¡Qué agudeza!

NATÁN.- Así pues, prosiguió el juez, si prefieren mi sentencia a mi consejo, ¡váyanse! Les doy, sin embargo, mi consejo: Cada cual recibió del padre su anillo, pues crea cada cual que su anillo es el auténtico. Existe otra posibilidad: ¡que el padre ya no haya querido tolerar más la tiranía del anillo único! Pero una cosa es segura: los amaba a ustedes tres, y los amaba igual, por eso no quiso relegar a dos de ustedes para favorecer a uno. ¡Pues bien! ¡Esfuércese cada uno de ustedes por manifestar la fuerza de la piedra que hay en su anillo! Y háganlo llevando una vida piadosa, humanitaria y ejemplar.

SALADINO.- Sabia fábula: lo que muestra cuál es la mejor de las creencias; es la vida que llevan sus adeptos.

NATÁN.- Quiero dejar claro que esta fábula no es mía sino de Gotthold Lessing. Por añadidura, cuatrocientos años antes de Lessing, Giovanni Boccaccio contó una muy parecida en su Decamerón.

SOFROSINA.- Vamos montados en hombros de gigantes. Muchas de nuestras “novedosas” ideas no son sino reciclajes y actualizaciones: “aggiornamenti”, como dicen los italianos.

NATÁN.- Una vez en Ultratumba, no tiene mayor importancia eso de la “propiedad intelectual”.  Lo que cuenta es que se difundan y reciclen las ideas de tolerancia religiosa que transmite la fábula de los tres anillos que, por lo demás, es muy conocida. 

SOFROSINA.- No por conocida es menos necesario recordarla con frecuencia. ¿No ves la miserable degollina en la que se han enfrascado de nuevo judíos, musulmanes y cristianos? 

NATÁN.- No deja de asombrarme el número de masacres perpetradas por la diferente manera de concebir el mandato divino de amar al prójimo. 

SOFROSINA.- Toda “elección divina” produce réprobos. Y, al grito guerrero de “¡Dios lo quiere!”, los “elegidos” movilizan la supuesta voluntad divina para legitimar sus particulares intereses y carnicerías.

NATÁN.- ¿Por qué abundarán los enamorados incondicionales y ciegos de su exclusiva y excluyente verdad revelada?

SOFROSINA.- Porque creer duro como hierro le sirve a muchos como salvavidas en el naufragio de la existencia.

NATÁN.- Pero los que tienen sobredosis de convicción deberían pensar que si proclaman que solo su anillo -perdón, quise decir su credo- es bueno y verdadero, todos los credos terminan por ser falsos.

SOFROSINA.- Cualquier fanático está animado por la “íntima convicción” en la justicia o santidad de su causa. Pero la íntima convicción no es prueba de verdad, sino de fe en la verdad de la propia creencia. Eso lo saben muy bien las víctimas de muchísimas y seculares “íntimas convicciones”.

LINGUACUTA.- Ojalá la historia de los tres anillos no fuera fábula sino verdad.

NATÁN.- La verdad necesita de la belleza de la fábula.

SOFROSINA.- Y nosotros necesitamos de fábulas para soñar la vida.

Rodolfo Ramón de Roux

Noviembre 2023

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Hoy, Rodolfo Ramón nos regala otro de los productos de su generosa pluma. He aquí algunas de las 304 nuevas definiciones que enriquecen la reciente 5ª edición del Diccionario para malpensantes, disponible como libro impreso en “Amazon”.

ADVERSARIO: Al más difícil de vencer lo ves a diario en el espejo.

AFORTUNADO: Amó y fue amado; sin ser envidiado ni envidioso fue dichoso; con las cartas marcadas que le dio la vida jugó lo mejor posible la partida.

ALERTA (ESTAR): Si al encontrarte con alguien tienes que estar siempre alerta, significa que estás hablando con la persona equivocada.

AMOR (PENAS DE): Es inútil tratar de ahogarlas en alcohol, saben nadar.

ANGUSTIA: Lo que nos han costado todos nuestros miedos sin realizar.

ÁRBOL GENEALÓGICO: Especie que requiere mucho cuidado, pues suele tener ramas torcidas.

APTITUD: Don natural que, si no se cultiva, es como tener un diamante, pero en bruto. De poco sirve aPtitud sin aCtitud.

AÚLICO: Lamebotas que asciende reptando.

AUTÓCRATA: La amplitud de su dominio es su mayor debilidad: el que carga con todo el poder, carga con todos los reproches.

AVESTRUZ (ESTRATEGIA DEL): Esperar que la realidad cambie por el hecho de no querer verla.

AVIVATO: Sujeto habilísimo para recoger frutos de árboles que nunca sembró.

BRILLANTE: Inteligente es quien sólo cree la mitad de lo que oye. Brillante es aquel que sabe qué mitad creer. Brillantísimo es quien piensa como yo.

CAUTELOSO: No cree en todo lo que piensa porque sabe que los pensamientos no corresponden siempre a los hechos.

CIRCO MEDIÁTICO: Levanta su carpa donde hay tragedias y escándalos. Cuando el público se cansa del espectáculo, el circo se va a otra parte en busca de nuevas desgracias que hacen olvidar las precedentes.

CIVILIZACIONES: Construcciones de las que el homo sapiens se siente muy orgulloso: no debería olvidar que todas ellas tienen también su fondo de barbarie.

CLAROSCURO: Mirar constantemente hacia el abismo humano es deprimente. Observar sólo sus cumbres luminosas, enceguece. Somos luces y sombras, simplemente.

CONFIANZA: Crece lenta como palmera y cae rápida como coco.

CONQUISTA (ESPÍRITU DE): Uno de los mayores motores a explosión de la Historia.

CORAJE: Hacer preguntas que te pueden matar.

COSAS: Las cosas más importantes de la vida no son cosas.

CRIMINALIDAD: Algo que ha descendido enormemente: en tiempos de Caín y Abel había un 50% de asesinos.

CRISIS CLIMÁTICA: Un desastre desde el punto de vista humano. Una corrección desde el punto de vista del planeta Tierra.

CUMPLEAÑOS: Festejo de los años que tenemos y que son los que ya no tenemos. Un año más es también un año menos; depende del punto de vista.

DAR: Como dicen los buenos boxeadores, es mejor dar que recibir.

DEGLUTIR: Aprender a no tragar entero, en particular las noticias: es común el mentir, sea cuidadoso en creer.

DERROTA: Es fructuosa si por sus grietas se filtra lucidez.

DESCALABRO: Cabeza y corazón tirando en opuestas direcciones.

DILEMA ÉTICO: ¿Tengo que salvar al mundo o salvarme de él?

EQUIVOCACIÓNLa más grande es vivir continuamente con miedo a equivocarse.

ESCÉPTICO: Individuo que se indigestó de tanto tragar mentiras y hace ayuno prolongado de certezas.

ESPIRITUALIDAD: Diálogo privado y desregulado con el misterio de la existencia. Las religiones son conversaciones colectivas y reglamentadas con ese misterio.

ESTUPIDEZ (ASIMETRÍA DE LA): “La cantidad de energía necesaria para refutar una estupidez es muy superior a la necesaria para producirla” (Ley de Brandolini). Por lo tanto, mide bien tu energía antes de cometer la estupidez de querer convencer a un estúpido.

ETICA: Es la estética del comportamiento; desafortunadamente el mundo está lleno de patanes.

EXCELENCIA: Fruto maduro de la dificultad.

FALACIA DEL ESPANTAPÁJAROS: Truco retórico que consiste en caricaturizar los argumentos del oponente para así refutarlo con facilidad. El problema es que también se termina por caricaturizar los propios.

FATALISTA: Pesimista sistemático. Confunde aceptación de “lo que es” con resignación que impide explorar los caminos para atravesar “lo que es”.

FE (MISTERIO DE LA): Consiste en aceptar que debemos creer para poder comprender, lo cual es bastante misterioso.

GENIO: Quien ve lo que los demás no ven porque piensa como los demás no piensan: “el genio es el error en el sistema” (PAUL KLEE).

GUERRA SANTA: ¡Deus vult! (Dios lo quiere): es la supuesta voluntad divina movilizada para justificar nuestros intereses y masacres.

HERIDAS INVISIBLES: Las que nos dejan las batallas necesarias que no quisimos, no pudimos o no supimos dar.

HISTORIA OFICIAL: Otro nombre de la propaganda política.

IDEOLOGÍA: Lo que piensa por mí: “Las ideologías prestan a quienes carecen de ideas el mismo servicio que las pelucas a los calvos” (RICARDO MORENO CASTILLO).

IDIOTA: Sólo los idiotas no tienen dudas. -¿Estás seguro?- Segurísimo.

IMPOSIBLE: Hacerle trampa a las cartas marcadas de la vida.

ÍNDICE DE LIBROS PROHIBIDOS: Forma extrema de la crítica literaria que practicó la Iglesia católica entre 1564 y 1966. 

INDIFERENTE: Alguien consciente de que algunos lo aman por ser como es y otros lo detestan por la misma razón.

INMORTALIDAD: Nuestros deseos de inmortalidad son los que más difícilmente mueren.

INSENSATEZ: 1. Quejarnos de las consecuencias mientras acariciamos sus causas. 2. Discutir con alguien cuyo televisor es más grande que su biblioteca.

INTELIGENCIA RELACIONAL: Cambiar a quien te hace perder el tiempo por quien te hace perder la noción del tiempo.

INTRANQUILO: Quien quiere mucho donde puede poco.

MACHISMO: En culturas donde Dios es un varón, los varones terminan por creerse dioses.

MATIZAR: Elegancia de la inteligencia.

MEDIOCRIDAD: Tentación en la que fácilmente perseveramos.

MIEDOSO: Da muchos pasos en falso al quedarse quieto por temor a equivocarse.

MISOGINIA: Considerar que por naturaleza las mujeres son siempre las víctimas.

MODERACIÓN: Excelente cosa, pero sin exagerarla.

MUJER VENTANERA: Antigua cámara de vigilancia con chismógrafo incorporado.

MUROS SOCIALES: Los derrumban quienes ansían lo que está al otro lado…en el que pronto construirán nuevos muros.

NOSTALGIA: Tristeza que rezuman las reliquias de nuestros paraísos perdidos.

ODIO: 1. Pasión sensible a los cambios de temperatura: a sangre caliente se vuelve cólera; a sangre fría, venganza. 2. Es un engrudo que nos pega a quienes detestamos. 3. Conduce a las peores decisiones: “La hormiga por odio a la cucaracha, votó por el insecticida. Murieron todos, hasta el grillo que se abstuvo”.

PEDESTAL: Soporte engañoso: “A algunos se les considera grandes porque también se cuenta el pedestal”. (SÉNECA)

PENSAR CRÍTICAMENTE: Ejercicio de salud pública, pues “aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”. (VOLTAIRE)

PLUTOCRACIA: Don Dinero presidente: los ciudadanos votan cada cuatro o cinco años; las bolsas de valores votan todos los días.

POLÉMICA: Guerra (polemos) verbal en la que rápidamente se sube la voz, se bajan los argumentos y se irrespeta al otro porque más que la verdad importa defender una causa y sacudir (polemizein) al adversario. Por eso los polemistas son panfletarios perentorios.

PREPOTENTE: 1. Debilidad del que se cree muy fuerte. La borrachera del poder lo tumba. 2. Deja su impronta pisoteando a los demás.

PRESCINDIR: Algo que se aprende con el paso del tiempo, sobre todo a prescindir del que prescinde de mí.

PROCRASTINAR: Un “más tarde” que pronto se vuelve tarde, sin más.

PUNTO CIEGO: Punto del sistema ocular en el que carecemos de visión. También el cerebro tiene un punto ciego cuya función es darnos la ilusión de no tener punto ciego. Por eso tragamos y decimos numerosas imbecilidades.

RABIA: Castigo que nos infligimos por el error de otro.

REALIDAD (PRINCIPIO DE): El mundo no existe para satisfacer mis deseos.

REALPOLITIK: 1. Intereses determinantes tras declaraciones altisonantes. 2. Festín de convenios quebrantados, palabras engañosas y real ruido de botas. 3. Ponerse en el pellejo del adversario antes de que él se ponga en el tuyo y te lo quite.

RECONOCIMIENTO: Remedio que mitiga el resentimiento.

REFLEXIONAR: Incomodar neuronas.

REVOLUCIÓN: No es abolición de toda dominación, sino cambio de dominación.

REVOLUCIONARIO UTÓPICO: Ignorante de la geografía: piensa encontrar el Cielo en la Tierra.

SABIO: Quien cada nuevo día se da cuenta que no era tan sabio como pensaba ayer.

SER DE LUZ: Hay seres de luz tan intensa que no pueden ver sus propias sombras.

SIRENAS: Búrlese y tire la primera piedra quien no haya perseguido quimeras ni escuchado cantos de sirenas.

SOÑADOR: Debe despertar si quiere realizar sus sueños.

TEMOR A DIOS: Es mejor que el temor a Dios vaya acompañado del temor a los demás, porque quienes sólo temen a Dios han demostrado que son capaces de cometer muchas atrocidades en Su nombre.

TIERRA PROMETIDA: Tierra que cambia de sitio cuando creemos que hemos llegado a ella.

TOLERANCIA: A fuerza de tolerar muchas cosas, terminan por llegar las que no queremos soportar.

TOMAR DISTANCIA: Tomar distancia para comprender; tomar distancia de mí, tomar distancia para comprenderme.

ÚNICO: Eso soy. Como todo el mundo.

VIOLENCIA SOCIAL: Respuesta a las preguntas que el Poder no oyó.

Rodolfo Ramón de Roux

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El vino estaba excelente, aunque muy subido de alcohol. Lógico: era un añejo Falerno. Después de unas cuantas copas, se desataron las lenguas a propósito de la identidad de un “yo” que se iba haciendo cada vez más incierto bajo el efecto de los tragos. 

Comenzó Plutarco trayendo a colación la leyenda según la cual Teseo -con la ayuda de Ariadna- eliminó al temible Minotauro. Después de explicar cómo el mítico héroe logró salvar a los jóvenes destinados al sacrificio en el intrincado Laberinto, el ilustre historiador contó lo siguiente:

PLUTARCO.- Hasta la época de Demetrio de Falero, quien gobernó Atenas del 317 al 307 antes de vuestra era cristiana, los atenienses conservaron durante muchísimo tiempo el barco de treinta remos en el cual Teseo y los jóvenes volvieron de Creta. 

LINGUACUTA.- ¿Cómo lo lograron? 

PLUTARCO.- A medida que pasaban los años y se deterioraba la nave se retiraban las tablas estropeadas y se reemplazaban por unas nuevas y más resistentes. Llegó un momento en el cual todas las partes del barco habían sido sustituidas, de modo que éste se convirtió en un ejemplo para reflexionar sobre la identidad de las cosas. Unos filósofos defendían que el barco de Teseo continuaba siendo el mismo, mientras otros aseguraban que ya no lo era.

LINGUACUTA.- ¿No es eso lo que sucede con todas las células de nuestro propio cuerpo con el paso del tiempo? ¡Que angustia! ¿Soy o no soy la misma que hace veinte años?

SOFROSINA- No sólo ya no eres la misma, sino que serás “otra” dentro de unos años más. 

LINGUACUTA.- Déjame tranquila con mi “mismidad” que yo no me meto con la tuya.

SOFROSINA- Para que no te golpee la realidad vete haciendo a la idea del cambio permanente. No pienses la identidad como algo inmutable, sino como el fruto de una evolución en la cual “lo mismo” persiste en “lo otro”, pero de manera diferente.

MARX.- Pura dialéctica, Linguacuta: tesis, antítesis, síntesis… y vuelve y juega. También la Historia es más de lo mismo -“nada nuevo bajo el sol”- pero de otra manera pues “no nos bañamos dos veces en el mismo río”, Heraclitus dixit. 

LINGUACUTA.- En otras palabras, la Historia no se repite…pero rima y tartamudea.

SOFROSINA- Me parece buena solución considerar la identidad -personal y colectiva- como un proceso complejo de mutaciones y permanencias, de continuas ósmosis entre lo idéntico y lo diverso, y no como algo estático e incontaminado, lo que quisieran algunos peligrosos promotores de la pureza identitaria que le tienen terror al “otro”.

LINGUACUTA.- Y que claman: “Defendamos nuestras raíces”. 

SOFROSINA- ¡Ni que fuéramos árboles!

KRISHNAMURTI.- Aunque comprendo la inquietud de los “identitarios”: sí, tenemos raíces, pero añado que no son inertes. Todo lo que nos concierne, tanto en lo interno como en lo externo, nuestras relaciones, pensamientos, sentimientos, es impermanente, se halla en un estado de fluir constante. Dándose cuenta de esto, la mente anhela permanencia, un estado perpetuo de paz, de amor, de bondad, una seguridad que ni el tiempo ni los acontecimientos puedan destruir. Pero esta permanencia nace de la impermanencia, por lo tanto, lleva en sí las semillas de lo impermanente. 

SERGIO PITOL.- ¿Que quién soy? Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.

IMRE KERTÉSZ.- Por eso dije que “el yo es una ficción de la que a lo sumo somos coautores”.

ARTHUR RIMBAUD.- Más lapidario fui al decir: Je suis un autre (Yo soy otro).

LINGUACUTA.- Excelente tu paradójica formulación. Señala la íntima relación entre identidad y alteridad: es una invitación a concebir el sujeto en su relación con los demás.

RIMBAUD.- Es más: ¿quién habla cuando digo “yo”? ¿Cuántas voces resuenan en mi interior?

SÓCRATES.- ¡Por Zeus! ¿En dónde queda mi “conócete a ti mismo” si “yo soy otro”? ¿Debería acaso afirmar: “conozcámonos a ti mismo”? Todo esto parece un chiste de esquizofrénicos. De verdad que ya sólo sé que nada sé.

LINGUACUTA.- Es comprensible que estés enredado. También comienzo a preguntarme ¿cuántas personas recubren mi pomposo “yo”? 

SOFROSINA- Por algo la palabra latina “persona” significa “máscara de actor”. El “uno mismo” es una gruesa maraña de recuerdos y olvidos, en un flujo incesante que apenas sentimos, inmersos como estamos en el río de la Vida “cuyas aguas no repiten estrellas”.

Se oyó un sonoro bostezo. Molestóse Sofrosina. No era problema con ella; era efecto del Falerno. ¡Qué bebida tan divina! Se echaron los dialogantes bajo una frondosa encina. Títiro en sueño profundo los sumió con su flautina. Chuang Tse preguntó al despertarse: “¿Quién soy yo? Soñé que era mariposa, ¿si será que soy Chuang Tse?”. “No te preocupes mi Chuang, estamos hechos de sueños”, dijo Shakespeare, que soñaba que era el sueño de otro sueño. “Que toda la vida es sueño, -replicóle Calderón- y los sueños, sueños son”. Nandino, de nombre Elías, concluyó con estos versos: “Cuando soñamos/ parece que vivimos, / cuando vivimos/ parece que soñamos./ Y así,/ confundiendo los sueños con la vida /y la vida con los sueños,/ sin sentir/ nos apagamos”.

Rodolfo Ramón de Roux

Octubre de 2023

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En la ultratúmbica tertulia “¿Acaso estamos muertos?” escuché el siguiente intercambio de incertidumbres. Pero ¿habré oído bien?

DANTE ALIGHIERI.- No menos que saber, dudar me gusta más.

MICHEL DE MONTAIGNE.- A  mí me gusta saber mucho porque da ocasión de dudar más.

LINGUACUTA.- Dudo, luego existo.

KARL MARX.- De omnibus dubitandum, hay que dudar de todo: era mi máxima favorita.

LINGUACUTA.- Tú, tan perentorio e inclinado a profetizar, ¿nos estás tomando el pelo?

MARX.- Si lo dudan, pregúntenle a mi hija Eleanor, que fue mi secretaria y lo ha contado.

LINGUACUTA.- ¿Tenemos, pues, que dudar de todo menos de tu dudosa capacidad de dudar?.

DAVID HUME.- Muchas veces nuestras dudas surgen de aquello que teníamos por lo más cierto. Puede ser que eso le haya pasado a Marx, a posteriori.

MONTAIGNE.- ¡Pero miren quién llega! Bienvenido, mi querido Sexto Empírico, príncipe de  escépticos. He vuelto a leer con provecho tus Esbozos pirrónicos.

SEXTO EMPÍRICO.- ¿Y te has reafirmado en tu escepticismo? 

MONTAIGNE.- Sin dudarlo. Me parece razonable que si el conocimiento humano es relativo a nuestra percepción de las cosas -y esa percepción es limitada- entonces debemos carecer de opiniones definitivas. 

SEXTO EMPIRICO.- Bien lo dices. No es el escepticismo un rechazo del conocimiento, sino un cuestionamiento del carácter absoluto de nuestro conocimiento. Tengamos presente que la palabra griega skepsis significa indagación, examen y que el examen escéptico es, simplemente, un proceso del despertar filosófico a la complejidad de la realidad. 

LINGUACUTA.- Examen que implica esfuerzo.

SEXTO EMPIRICO.- Y que exige tomarse su tiempo, no precipitarse, analizar –sine ira et studio– las diferentes visiones sobre una misma realidad, lo cual nos conduce a la suspensión del juicio o epojé. Buscamos así tranquilidad de espíritu –ataraxia- con esta actitud de prudencia epistemológica.

MONTAIGNE.- Me molesta oír que este asumir el vivir y pensar sin certezas definitivas es propio de indolentes carentes de principios y de personalidad.

SEXTO EMPÍRICO.- Pongo en duda la seriedad de quien afirma tal cosa: el escéptico no es una persona desprovista de toda opinión o principio respecto de cuestiones relativas a la acción o a la especulación, ya que no es posible que exista alguien así. 

LINGUACUTA.- ¿Te parece entonces que es una acusación injusta?

SEXTO EMPÍRICO.- Sospechar de la capacidad de nuestros sentidos o de nuestra inteligencia; no tragar entero; observar cuidadosamente lo que tragamos; reconocer que nos hemos podido equivocar al tragar; desconfiar del tragar gregario que exige solidaridades incondicionales; cultivar los matices para no ver la vida en blanco y negro; oponer el humor a la imbecilidad; no disfrazar los hechos para contentar a una determinada manada: actúa así y te echarás encima a los fanáticos de todos los pelambres.

HUME.- Eso me pasó. Por escéptico -y muy particularmente en materia de religión- me bloquearon mi carrera académica en Edimburgo.

LINGUACUTA.- Y a tu gran amigo, el reputado Adam Smith, le amargaron la vida por atreverse a hacer tu elogio fúnebre y escribir que “En líneas generales, tanto durante su vida como desde su muerte, siempre le he tenido [a Hume] por una persona cuya erudición y virtud se acercaban tanto a la perfección como tal vez permita la fragilidad humana”. 

HUME.- Aclaro que no prediqué el ateísmo. Tanto Smith como yo defendimos que la religión nace para satisfacer una necesidad psicológica: ayudar a la gente a reconciliarse con su naturaleza y su destino. Aunque al vivir y morir, con felicidad y dignidad, pero sin fe, demostré estar por encima de esta necesidad.

LINGUACUTA.- Lo cual enervó mucho a los guardianes del Templo, cuyo celo por el dogma los consume.

HUME.- Cambiando de tema, les cuento que antes de mi llegada a Ultratumba estuve de viaje por mi querida Escocia con un amigo un tanto ingenuo y un discípulo demasiado escéptico.

SEXTO EMPÍRICO. ¿Te sucedió algo interesante?

HUME.- Al menos, simpático. Por la ventanilla del carruaje en el que viajábamos vimos un campo con ovejas negras. Ninguno de mis dos acompañantes había visto antes ovejas negras, por lo que se estableció un curioso diálogo: 

  • -¡Vaya! ¡En Escocia las ovejas son negras!- dijo mi amigo.
  • Querrás decir que en Escocia algunas ovejas son negras…, corregí.
  • Bueno, con lo que hemos visto lo único que podemos decir es que en Escocia algunas ovejas son negras… ¡por un lado!, remató mi discípulo con excesivo escepticismo.

SEXTO EMPÍRICO.- Me da la impresión de que eso es un chiste.

HUME.- Pues verifícalo. ¿Acaso no afirmaste que no hay que tragar entero?

BALTASAR GRACIÁN.- Es muy ordinario el mentir, sea extraordinario el creer.

SEXTO EMPÍRICO.- Hume, me parece exagerada la posición de tu discípulo: no hay que caer en un dogmatismo de la duda.

HUME.- No solo sería contradictorio, sino también estéril. 

SEXTO EMPÍRICO.- Así es. Bien señalaste en tu Investigación sobre el Entendimiento Humano que todos los humanos, en la vida cotidiana, actuamos con base a creencias, costumbres y pasiones.

HUME.- Por ello, aun sabiendo que nuestros sentidos y experiencia son limitados, y que nuestra razón es esclava de las pasiones, me inclino por un escepticismo mitigado. La duda excesiva y sistemática está bien para las discusiones teóricas y para los laboratorios científicos, pero no ayuda para la vida concreta. Sin embargo, no temo la duda excesiva con quienes quieren imponer a toda costa sus creencias.

LINGUACUTA.- En tal caso te gustará la siguiente anécdota contada por Simón Blackburn, uno de tus estudiosos.

HUME.- Soy todo oídos, aguda señorita.

LINGUACUTA.- Eminentes representantes de diversas religiones se encuentran un día en un programa de televisión. El budista hace el elogio de la paz interior, de la compasión, de la renuncia a los deseos. Los otros le dicen: “Es maravilloso. Si eso funciona para usted, es fantástico”. 

El hinduista toma la palabra y habla del Samsara, de los ciclos de la vida, de la enseñanza de Khrisna en el Bhagavad-gītā. Los otros participantes le dicen: “Es maravilloso. Si eso funciona para usted, es fantástico”. 

El católico habla entonces del mensaje de Jesús, de su encarnación, de su muerte redentora, de la vida eterna, del amor a los demás. Los participantes a la reunión le dicen: “Es maravilloso. Si eso funciona para usted, es fantástico”. 

El católico se enfurece y dice a los otros participantes: “¡Pero si el asunto no es que eso funcione para mí! ¡Se trata de la verdad universal, de la palabra del verdadero Dios! ¡Y si ustedes no creen, se condenarán por toda la eternidad!

Los otros le responden al unísono: “Es maravilloso. Si eso funciona para usted, es fantástico”. 

  • En medio de las sonrisas maliciosas de Sexto, Montaigne, Hume y Linguacuta, Blaise Pascal no se aguantó y exclamó airado:

PASCAL.- Detesto a los escépticos: son incapaces de decidirse y dar el salto de la fe. A ustedes se les pueden aplicar las palabras del Señor en el Apocalipsis: “Puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. 

HUME.- Take it easy, Blaise, que con salto o sin salto de la fe todos hemos venido a templar en Ultratumba. Be cool.

PASCAL.- No estés tan tranquilo, insensato. Ya vendrá el Juicio final. ¡Todos ustedes van a ver lo que es el Infierno!

JEAN-PAUL SARTRE.- El Infierno ya fueron los otros. ¿Acaso nos prometes una dosis extra?

PASCAL.- Temblarás aquel día de la ira divina: ¡Dies irae, dies illa! ¡Quantus tremor est futurus, quando iudex est venturus!

LINGUACUTA.- Soseguémonos por el momento. Los invito a escuchar a este letrado exjesuita que desde hace poco nos acompaña en Ultratumba.

ANDRÉS ORTÍZ-OSÉS.- El agnóstico no sabe y no opina; el ateo no sabe y opina que no; el creyente no sabe y opina que sí. 

PASCAL.- Yo no opino, yo afirmo: Dios es.

ORTÍZ-OSÉS.- Dios es el nombre de lo innombrable, el concepto de lo inconcebible.

PASCAL.- Si creyéramos en Dios todo sería distinto.

ORTÍZ-OSÉS.- Con Dios todo sería distinto: el asunto es que Dios es tan distinto que no se corresponde con nuestra realidad. Dios es el que es: y nosotros somos como somos.

PASCAL.- Somos su imagen.

JERZY LEC.- Dios nos creó a su imagen. Pero ¿cómo sabemos si era realista?

PASCAL.- ¡Atrevido! No admito que bromees con las cosas divinas: es una cuestión de principios.

JERZY LEC.- Cuando me esgrimen que es “cuestión de principios” sé que llegamos al final del diálogo. Como dijo León Molina: “Me gusta charlar con personas de sólidas creencias; acabamos en un santiamén.”

LINGUACUTA.- Me da la impresión de que los ánimos se están caldeando.

SEXTO EMPÍRICO.- Y me parece que eso no es bueno para la ataraxia. Tal vez ya hemos hablado demasiado.

HUME.- Probablemente es hora de irnos al descanso.

MONTAIGNE.- Ojalá que no sea eterno.

R.I.P.

Rodolfo Ramón de Roux

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HORACIO. – ¿Por qué me fatigas con tus lamentos? Un pecho bien dispuesto espera en los desastres y teme un cambio de la suerte cuando todo va bien. 

BUDA. – Escucha a tu querido Horacio: todo es impermanente.

HERÁCLITO. – Panta rei: todo fluye. Ten paciencia.

LAO TSE. – Lo que existe forma un Todo-Uno en el que todo participa y todo se integra. Este Todo que vive, se mueve y se transforma constantemente es el Tao, pero puedes llamarlo como quieras: el Tao que se puede nombrar no es el verdadero Tao.

  • No entiendo para qué pueden servirme tus elucubraciones.

LAO TSE. – Espero que lo veas pronto, pero si no lo ves, tampoco es grave.  De todas maneras, si las aceptas, las cosas son como son. Y si no las aceptas, las cosas son como son. Dentro del Tao único y absoluto, todo lo que existe despliega su propia lógica de vida.

SPINOZA: Eso se parece mucho a mi “Deus sive Natura”, Dios o la Naturaleza.

LAO TSE: Tanto mejor.

HERÁCLITO: También se parece mucho al “todo fluye” de mi “panta rei”.

LAO TSE: De acuerdo. El Tao es el inmenso río de la Vida en el que todo es devenir: siempre mutando y transmutándose. 

  • ¿Entonces mi apreciado “yo” no es sino una consciente efímera forma animada del movimiento incesante de la Vida?

LAO TSE. – Abre los ojos y verás que eres un agregado de todo lo que te ha precedido, de todo lo que has heredado. Y que todo cambia constantemente. No eres el mismo de cuando naciste, ni de cuando tenías 5, 10, 20, 40, 60 años. 

  • Si la cosa es así solo se puede adquirir el autoconocimiento a través de un proceso de autoexamen que nunca termina, puesto que todo está en constante cambio. 

LAO TSE. – Cambio no solo individual sino también colectivo. ¿Es la sociedad en la que vivimos otra cosa que el reflejo de miles de millones de acciones llevadas a cabo por miles de millones de personas desde hace miles de años? Solemos quejarnos de la situación social, pero no es una “criatura” ajena a nosotros. ¡Es hora de aprender a ver quiénes somos!

  • Dímelo.

LAO TSE. – Si el llamado Big Bang se hubiera producido hace un año, el homo sapiens habría aparecido en la superficie del globo terrestre diez minutos antes de medianoche del último día del año, y toda la historia de la humanidad ocuparía solo los últimos 21 segundos. En resumen, somos recientísimos ocupantes de una pequeña bola perdida en el espacio infinito. 

  • ¡Y a mí que me dijeron desde niño que los humanos éramos “el centro de la Creación” y “la medida de todas las cosas”!

LAO TSE. – Se necesita mucha imaginación y desmedido orgullo para afirmarlo. Somos polvo de estrellas.

  • Ya quedé bien sacudido al enterarme de que los dinosaurios ocuparon el planeta Tierra setecientas veces más tiempo que el homo sapiens, y que nuestra ocupación puede ser bastante efímera ahora que somos capaces de autodestruirnos.

LAO TSE. – Sobre nuestra mortalidad quisiera narrarte la siguiente historia: La esposa de Chuang Tse murió, y cuando Hui Shi llegó para ofrecerle sus condolencias encontró a Chuang Tse agachado, golpeando una olla como si fuera un tambor y cantando. Hui Shi le dijo entonces: “Has vivido con esta mujer, habéis criado a vuestros hijos y envejecido juntos. ¡No llorar su muerte ya me parece mal! Pero ¿tocar el tambor y cantar no lo encuentras excesivo?”. “No -contestó Chuang Tse-. Así es como son las cosas. Al morir ella, ¿cómo podría yo no haber sentido pesar? Pero he pensado con mayor detenimiento y he comprendido que antes de que ella naciera, no tenía vida. No sólo no la tenía, sino que carecía de forma. No sólo carecía de forma, sino que ni tan sólo tenía chi [flujo vital de energía]. Pero en alguna parte del vasto e imperceptible mundo hubo un cambio y ella adquirió el chi, después éste cambió y ella adquirió una forma; después ésta cambió y ella obtuvo la vida. Ahora ha habido otro cambio y ella está muerta. Es como el mutuo ciclo de las Cuatro Estaciones. Ahora mi esposa descansa silenciosamente en la Gran Casa. Si tuviera que correr tras ella llorando sería sin duda demostrar que no comprendo lo que está predestinado. Así que he dejado de hacerlo”.

MONTAIGNE. – Eso se llama comprender el ciclo de la vida y la muerte. Por eso escribí en mis Ensayos, citando a Cicerón: “Filosofar es prepararse a morir”. Salgamos de este mundo como en él entramos. El mismo tránsito que hicimos de la muerte a la vida, sin pasión y sin horror, hagámoslo de nuevo de la vida a la muerte. Nuestro fin es uno de los componentes del orden del universo, es uno de los accidentes de la vida del mundo. La aceptación lúcida de nuestra muerte es sencillamente el requisito para una vida auténtica. 

HORACIO. – Imagina que cada día es el último que para ti alumbra, y agradecerás el mañana que ya no esperabas.

CÁTULO. – Y agradece también cuando tu edad florida gozaba su alegre primavera.

LAO TSE. – Ten bien presente que primero es la Vida, no el humano, quien solo es una de sus manifestaciones.

  • Puede que desde un punto de vista cósmico yo sea algo insignificante, pero esa cosa tan insignificante me parece más preciosa que el diamante más grande y más puro.

LAO TSE. – Por supuesto, pues es lo único “tuyo”. De ahí que tu vida sea simultáneamente preciosa e insignificante. Puedes extender esta conclusión a cada una de tus actividades: son fútiles desde un punto de vista cósmico, pero son valiosas a tus ojos, de lo contrario no las emprenderías.

  • Observo que tu visión del mundo está repleta de opuestos indisociables.

LAO TSE. – Es el principio del ying y el yang: vida/muerte, salud/enfermedad, dicha/desgracia, surgimiento/decaimiento, bondad/maldad, belleza/fealdad, recuerdo/olvido,  justicia/injusticia, no se dan la una sin la otra. 

  • No me digas que también son complementarios orden y desorden.

LAO TSE. – La complementariedad de los opuestos puede generalizarse a toda la vida. Por ejemplo, el “nosotros” no excluye al “yo”: la vida resulta precisamente de la tensión entre ambos. Por ello ningún sistema de derecho o de gobierno -por justo y bien intencionado que sea- puede eliminar las angustias y los conflictos provocados por nuestras interacciones en el río del tiempo, donde todo fluye y cambia inexorablemente, a veces de manera tumultuosa. 

  • ¿Qué me aconsejas para tan compleja convivencia, sabio amigo?

LAO TSE. –  Deja que el agua te enseñe a vivir.

  • ¿Cómo así?

LAO TSE. – Fluye como el agua. Aprende la humildad de un río en calma que se desplaza plácidamente y nutre silencioso sus riberas. Fluye con tus experiencias, ideas y sentimientos tal como éstos van y vienen en tu vida: ése es el “fluir con el momento”.

  • Pero también puede suceder que el río se vuelva caudaloso y peligroso.

LAO TSE. –  Aprende, entonces, a nadar con la corriente, como sobrenada una pelota en un torrente montañoso sin poder escapar a sus circunvoluciones y serpenteos.

  • Si me dejo llevar por la corriente temo más parecer pelotudo que pelota.

LOA TSE. – Pelotudo serás si te empeñes en “dar coces contra el aguijón” haciendo caso omiso de la fuerza de la corriente en la que estás inmerso, sus olas, remolinos y torbellinos. Ya te lo dije, el fluir del agua te enseña humildad. Y también perseverancia, oportunidad y flexibilidad.

  • Explícate mejor.

LOA TSE. – Ante los obstáculos -y siempre los tendrás- el agua sabe encontrar la grieta y ejercer allí pacientemente su fuerza hasta poder fluir libremente. Aprende -como el agua- a hallar la grieta por donde se abre un nuevo camino, una nueva oportunidad; entonces su flexibilidad vence a la dureza. Además, como el agua, que cuando la temperatura es extrema, puede convertirse en hielo o en vapor, no dudes en cambiar para seguir avanzando. Espero que te hayas dado cuenta de que lo más importante en todo esto es la práctica, no la teoría.

  • Lo tengo tan claro como claro le quedó a un colega universitario lo que significa saber fluir con los acontecimientos.

LAO TSE. Acicateas mi curiosidad.

  • Un día no hubo clases y mi colega regresó a casa mucho antes de la hora acostumbrada. Pero al llegar al hogar su mujer no estaba en la cocina. Ni en la sala. Ni en el patio. El profesor escuchó ruidos misteriosos en la recámara de arriba, subió las escaleras sigilosamente y abrió la puerta del cuarto. Su mujer y un tipo estaban en la cama. “¿Qué significa esto?” -preguntó mi colega-. “Mmmm, a decir verdad, no tengo ni idea -respondió el tipo-. Lo mío es la práctica, no la teoría”.

Rodolfo Ramón de Roux

Octubre, 2023

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EPICURO: No lograrás calmar las inquietudes de tu espíritu tratando de saciar tus deseos: tienes un buen coche, quieres el último modelo; tienes casa propia, quieres tener también casa de campo; eres millonario, quieres ser multimillonario. Como decía Schopenhauer, “somos máquinas deseantes”. Eso lo saben bien los publicistas y los amantes.

− Ya he verificado que los deseos son como el agua de mar: mientras más la bebemos más sed tenemos. Pero del deseo no se libran ni los budistas: desean no desear.

EPICURO: Qué irónico estás.

− La ironía es el arma de la impotencia.

EPICURO: Buen destello de lucidez.

− Aunque para ser medianamente feliz no hay que ser excesivamente lúcido.

EPICURO: Por eso abunda la lucidez: muchos la desechan para evitar encontrarse consigo mismos.

− No nos alejemos del tema: explícame tu terapia del deseo.

EPICURO: Pienso que la vida es para disfrutarla teniendo el mayor placer y el menor dolor posibles. Pero la capacidad de disfrutar de la vida se ve mermada por cuatro grandes miedos: a los dioses, a la muerte, al dolor y al futuro. Como estimo que la filosofía debe ser una “medicina del alma” ofrezco cuatro remedios para superar esos miedos, ése es mi “tetrafármaco”.

− ¿En qué consiste?

EPICURO: Fácilmente lo sabrás leyendo mi breve Carta a Meneceo, uno de los pocos escritos míos que sobrevivieron al triunfo del cristianismo que, por supuesto, trató de borrarme del mapa pues se trata de una religión del pecado, la culpabilidad y el castigo eterno que exalta el dolor redentor, la felicidad, pero post mortem y para algunos elegidos –extra Ecclesiam nulla salus– y el amor divino -no el sensual-, todo ello en las antípodas de lo que yo pregonaba.

− Pero, admite que el cristianismo es también la religión del amor al prójimo y que eso de tener como objetivo una vida placentera es algo bastante limitado y que no entusiasma a quienes buscan un sentido trascendente a sus vidas.

EPICURO: ¿Acaso te parece poca cosa una vida dichosamente serena? Al menos yo no sé qué pensar del bien, si excluyo el gozo proporcionado por el gusto y el olfato, si excluyo el proporcionado por las relaciones sexuales, si excluyo el proporcionado por el oído y si excluyo las dulces emociones que a través de las formas llegan a la vista. 

− Por eso a los epicúreos se les ha acusado de ser unos voluptuosos y vulgares materialistas.

EPICURO: Incluso nos han tratado de “cerdos” libidinosos. Recuerda que Horacio -excelso poeta que amaba la vida y el placer de ser feliz- reivindicó ser “un cerdo de la piara de Epicuro” (Epicuri de grege porcum).

− Por algo tuvo que decirlo.

EPICURO: Lo dijo irónicamente, pues confundir el epicureísmo con el libertinaje es un grosero error. Expliqué suficientemente que ni las bebidas ni las juergas continuas ni tampoco los placeres que presenta una mesa suntuosa originan una vida gozosa. Fue mi enseñanza -de palabra y obra- la de una gozosa sobriedad. Analicé el carácter insaciable de muchos deseos que se tornan imposibles de satisfacer y se vuelven así una fuente de frustración, de envidias, de violencias, de angustias que, por ende, nos apartan de la felicidad. 

− ¿Me vas a volver a decir que lea la Carta a Meneceo?

EPICURO:  Ni que fueras adivino. Pero lee también el De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas)En esa admirable exposición en verso del epicureísmo, mi discípulo Lucrecio dice que nuestra alma es un vaso en el que vertemos el líquido de los placeres. Pero es un vaso resquebrajado y, por lo tanto, imposible de llenar. Las grietas que lo surcan son los deseos ilimitados. 

− Bella imagen.

EPICURO:  Lucrecio me elogia por haber advertido que el defecto se halla en el vaso mismo, repleto de poros y agujeros que hacen que todo cuanto en él se vierte se pierda y no haya forma alguna de llenarlo.

− Entonces ¿no hay nada que podamos hacer?

EPICURO: Para sellar las grietas del vaso de nuestra alma tenemos que elegir nuestros deseos con cuidado. Ningún placer es, en sí mismo, un mal; pero nuestra actitud hacia ellos puede hacer peligrar nuestra felicidad: no conviene desear todo placer. Es aconsejable proceder a un cálculo cuidadoso y racional de los placeres, mediante un ascetismo razonado de los deseos.

− ¿Quieres decir que no es posible vivir gozosamente sin hacerlo sobriamente, con sensatez y de forma justa, ni tampoco vivir sobriamente, con sensatez y de forma justa sin hacerlo gozosamente? 

EPICURO: Has entendido la gozosa sobriedad.

− Pero no es fácil elegir qué deseos experimentar y cuáles rechazar para alcanzar la gozosa sobriedad.

EPICURO: Amigo, la felicidad de la gozosa sobriedad es una conquista. Hay mucho en juego: tal es la condición de nuestra libertad. Nuestras pasiones nos alienan, nos despojan de nosotros mismos en favor del objeto de nuestro deseo. Es fácil ser adicto a ciertos placeres, convertirse en sus esclavos. Y son tantas las adicciones entre las que elegir: el sexo, el dinero, el poder, el alcohol, las drogas, las “redes sociales”, los videojuegos…

− ¿Podrías aconsejarme algo práctico?

EPICURO: Te recomiendo un ejercicio muy sencillo: la anticipación. Ante cualquier deseo hazte la siguiente pregunta: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo y qué si no se cumple? 

– Esa recomendación me recuerda la historia de un hombre que tenía un ombligo muy protuberante. Aquello le ocasionaba mucha vergüenza, porque cuando iba a la piscina, se burlaban de él. Como era muy creyente, le pedía fervorosamente a Dios que le quitara ese ombligo. Una noche soñó que un ángel se lo extraía y lo dejaba encima de la mesa. Al despertar comprobó que el sueño era realidad. Muy feliz saltó de la cama y… se le cayeron las nalgas.

EPICURO: ¿Ya lo ves?. Hay deseos cuyo cumplimiento conlleva más dolores que gozos. Antes de cambiar algo, aunque pienses que es para mejor, examina sus posibles efectos secundarios.

− El sabio Chuang Tse, que nos había estado escuchando, nos contó entonces la siguiente historia.

CHUANG TSE: Un día, un hombre se encontró en posesión de un arco excepcional. Hecho de un viejo trozo de sándalo rojo, era sólido y flexible al mismo tiempo: su manejo era excepcional. El hombre estaba encantado con su arco. Pero, al mismo tiempo, le parecía que no era lo bastante bonito, demasiado sobrio. Así que pidió al artesano más hábil del país que lo adornara con una escena de caza. El artesano puso todo su talento en grabar la escena de caza, y el resultado fue asombrosamente realista. Caballos corriendo en pos de la presa, jinetes disparando flechas con sus arcos, el sol y el paisaje… no faltaba nada. Magníficos adornos completaban el cuadro, grabados en toda la superficie restante del arco. El hombre estaba encantado con el resultado: su arco era ahora perfecto. Lo cogió, colocó una flecha y tiró de la cuerda enérgicamente hacia él. Y entonces, pum, el arco se rompió: el excesivo embellecimiento había debilitado la madera y le había pasado factura.

– Al que vive encendiendo la llama de las cosas perfectas, cada día le depara nuevas frustraciones.  Y te advierto -me dijo Linguacuta, que por allí pasaba-: la noria de nuestros insaciables deseos también opera a escala social: la lucha por “un mañana mejor” no nos protege de quienes quieren a toda costa “un pasado mañana aún mejor”.

Rodolfo R. De Roux

Septiembre de 2023

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Antes de buscar al hombre, hay que haber encontrado la linterna. 

¿Tendrá que ser la linterna del cínico?

F. Nietzsche, Humano, demasiado humano.

“Cínico” se ha convertido en un insulto. “No sea cínico” es sinónimo de no ser procaz y desvergonzado. Pero ese comportamiento “perruno” (del griego kynikós) de los filósofos cínicos fue un grito de libertad, de rebelión contra los conformismos sociales y un llamado a vivir de manera sencilla y autosuficiente, “conforme a la naturaleza”. 

La escuela cínica, fundada por Antístenes de Atenas (444 – 365 a.C.) tiene su figura más representativa en su discípulo Diógenes de Sínope, el “Cínico” (404 – 323 a.C.), figura legendaria por su comportamiento excéntrico, su extrema austeridad y su intrépido ejercicio de la libertad. De palabra y de obra, llevó al extremo la vida de filósofo, con la intención, según relató, de seguir “el ejemplo de los instructores corales, que fijan un tono ligeramente alto para asegurarse de que el resto alcanza la nota adecuada”. 

Nómada libre de preocupaciones domésticas y sin ningún vínculo amistoso, Diógenes se enorgulleció de su condición de exiliado apátrida, reivindicando para sí el título de “cosmopolita”, o sea, ciudadano del mundo: viajaba de un lugar a otro, permaneciendo la mayor parte del tiempo en Atenas o Corinto, donde no habitaba en una casa, sino en una gran tinaja de barro. 

Para vivir de la forma más natural posible y acostumbrarse a las penurias, Diógenes se arrojaba en verano sobre la arena caliente y en invierno se abrazaba a estatuas cubiertas de nieve. No dio conferencias en público, ni formó discípulos en privado, ni mostró interés alguno por los asuntos públicos o por el poder político. Pero el “Perro” -como también se le llamó- sigue siendo hasta nuestros días ejemplo extremo de una vida de independencia primitiva, libre de deseos innecesarios y posesiones materiales. Provocadoramente irrespetuoso de normas y costumbres de la “buena sociedad”, Diógenes podría ser considerado como un santo patrono de los modernos “hippies”. Sobre la vida del “Cínico”, su homónimo Diógenes Laercio (180 – 240) nos dejó una multitud de anécdotas -inverificables pero sabrosas- en su conocida obraVidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.

Un día me topé por pura casualidad con el de Sínope, cuando él regresaba a la tinaja donde vivía, después de pasearse a plena luz del día con una lámpara encendida gritando infructuosamente:“¡Busco un hombre!”. He aquí el vívido recuerdo de nuestro breve encuentro.

− ¿Por qué ustedes los cínicos se identificaron con la figura del perro?

DIÓGENES. – Por la sencillez y naturalidad de la vida de los canes. Creemos que la felicidad viene acompañada de una existencia simple, de acuerdo con las leyes de la naturaleza -como los animales- sin riquezas innecesarias, sin preocuparnos por el “qué irán a decir de mí”.

− ¿Por eso vives en Atenas como un vagabundo, durmiendo en una tinaja y convirtiendo la pobreza extrema en una virtud?

DIÓGENES. – Mi voluntario despojamiento de todo lo accesorio es una manera de asegurar mi independencia y libertad. Puedes ver que mis únicas pertenencias son un manto y un bastón. Tenía también un cuenco, hasta que vi a un niño que bebía en sus manos y abandoné el cuenco. Una vez alguien me reprochó que me metía en lugares infectos y le respondí: “También el sol entra en los retretes, pero no se mancha”.

− Que réplica tan lancinante.

DIÓGENES. – Asumí como misión sacudir a la gente para que reaccionara. 

− Bien sacudido quedó el hijo de una prostituta que estaba lanzándole piedras a los presentes cuando le gritaste: “Cuidado, no vaya a ser que golpees a tu padre”. 

DIÓGENES. – Hubieras visto la cara que pusieron unos sacerdotes cuando conducían a alguien que había robado una vasija del templo y comenté en voz alta, para que se oyera bien: “los ladrones grandes llevan preso al pequeño”.

− ¡Blandías diestramente el cuchillo rojo de tu lengua!

DIÓGENES. – A pesar de mi mordacidad, no faltaban los curiosos que se me acercaban, aun corriendo el riesgo de salir con el rabo entre las piernas. Como aquella vez cuando estaba comiendo en el ágora y algunos comenzaron a gritar repetidamente: “¡Perro!”. Les contesté: “Perros son ustedes que me rodean cuando como”. Otro día, en medio de un grupo de personas, alguien me preguntó por qué la gente les daba dinero a los pobres y no a los filósofos. Y le respondí: “Porque creen que pueden llegar a ser pobres, pero filósofos, nunca”. Unos se molestaron, otros rieron.

− Esas risas me indican cuán paradójica era tu popularidad. A diferencia de Sócrates, nunca fuiste llevado a juicio y, a diferencia de Aristóteles, nunca te viste obligado a huir de Atenas por miedo. No se te consideraba una amenaza, quizá porque la mayoría de la gente no te tomaba en serio. En cambio, eras alabado como un alegre provocador, o como si fueras un loco sagrado.

DIÓGENES. – Eso dijo mi detestado Platón: me tachó de ser “un Sócrates enloquecido”.

− Por lo que sé, diste motivos para ello. Además de tusrespuestas agresivas, tenías fama de tirarte ruidosos pedos en cualquier lado, orinar y defecar donde fuera, e incluso masturbarte en público mientras gritabas: “ojalá fuera tan fácil quitarme el hambre con tan sólo frotarme la barriga”. 

DIÓGENES. – Lo hacía para mostrar no solo de palabra sino también y sobre todo con mis acciones, que no hay que avergonzarse de nuestra naturaleza. Por eso reivindico el que nos llamen “cínicos”: como los perros, comemos, cagamos, hacemos el amor en público, vamos descalzos y dormimos en la calle.

− Si todos nos comportáramos con tanta desfachatez, la vida en sociedad sería muy desagradable. Reconozco que soy incapaz de comportarme como tú.

DIÓGENES. – Pues regálame ya tu ausencia si no valoras mi presencia.

− Que menosprecies el discreto encanto de la cortesía y su capacidad para poner unos gramos de fineza en un mundo lleno de ordinariez y bestialidad no me impide ver el lado positivo de tu anhelo de liberarte de convenciones sociales que consideras inútiles.

DIÓGENES. – No solo inútiles sino también nocivas e hipócritas. Me niego a rendir homenaje a “lo respetable” y pretendo denunciar la inautenticidad de esa respetabilidad, que los demás aceptan por costumbre y comodidad más que por razonamiento.

− Los buenos modales -y aun la hipocresía de ciertos buenos modales- son la vaselina de las relaciones sociales.

DIÓGENES. – Tanta cortesía y cumplimiento no son sino eso: cumplo y miento. Puedo ser truculento y escandaloso, pero no engañoso. Desconfía, en cambio, de las buenas maneras de las malas gentes: son las bellas flores de unas malas hierbas.  

− He aprendido que, si quiero vivir en sociedad con relativa paz,de nada me sirve ofender y provocar a los demás: también hay que saber lidiar con las malas hierbas.

DIÓGENES. – Yo me quité de encima ese problema del “saber vivir en sociedad”.

− Y te quedaste sin familia y sin amigos. 

DIÓGENES. – Ese no fue un problema para mí.

− Pero sí lo es para la inmensa mayoría de los mortales.

DIÓGENES. – Preferí ser, como Sócrates, un tábano; pero bien agresivo.

− Pues lo lograste, y con creces: dejaste fama de fustigador, en particular de los más pudientes y poderosos. Bien conocida es la anécdota de tu encuentro con Alejandro Magno. 

DIÓGENES. – El tal Alejandro era muy pagado de sí mismo y le di una lección inolvidable. El macedonio andaba de ruta visitando sus recientes conquistas, en aquella ocasión Corinto, donde yo me encontraba. Al parecer, Alejandro se interesó por mi forma de vivir y decidió ir a buscarme. Yo estaba desnudo tomando el sol. Alejandro se acercó y me dijo: “pídeme lo que quieras, porque puedo dártelo”. Me quedé mirándolo y le contesté: “apártate de donde estás, que me haces sombra y me quitas el sol”.

− No le debe haber hecho mucha gracia tu impertinencia.

DIÓGENES. – No lo creas, Alejandro no se disgustó. El disgustado fue Aristipo de Cirene -primer discípulo de Sócrates que enseñó la filosofía por estipendio- cuando en cierta ocasión, lavando yo unas hierbas para comer, me dijo: “Si supieras tratar a los demás no estarías comiendo hierbas”. Y le respondí: “Si hubieras aprendido a comer hierbas, no solicitarías los palacios de los tiranos”. 

− Dejando a un lado el aspecto chocante de tus provocaciones,pienso que tu llamado a una vida frugal y con lo mínimo necesario, debería hacer de ti un precursor de los actuales apóstoles del “decrecimiento” que predican la necesidad de reducir el consumo y la producción global, abogan por unas sociedades ecológicamente sostenibles y señalan el daño causado por la búsqueda del crecimiento ilimitado en un mundo de recursos limitados.

DIÓGENES. –  Lo propio de los dioses es no tener necesidad de nada y lo propio de las gentes semejantes a los dioses es desear pocas cosas: eso las hará libres y felices.

− Sin necesidad de llegar a tu extremo ascetismo comparto contigo la urgencia de una terapia del deseo. Tenemos que salir de la toxicodependencia a bienes de consolación con obsolescencia programada que aseguran la supervivencia de una sociedad del despilfarro llamada “sociedad de consumo” en la cual el destino de los consumoadictos es nacer, crecer, endeudarse y morir.

DIÓGENES. – Ese es el precio de vivir según la divisa “Compro, luego existo”.

− El hiperconsumo y el mito prometeico que pone nuestra salvación en la técnica y en el dominio de la Naturaleza por los humanos, no solo no nos han hecho más felices, sino que están amenazando gravemente todos los ecosistemas. La maldita cupiditas dominandi nos ha convertido en la corona de espinas de la Creación. Es urgente movilizarse para salvar el planeta.

DIÓGENES. – No seas ingenuo, o hipócrita. Cuando muchos mortales gritan angustiados “Salvemos el planeta” lo que buscan es salvar “nuestro” planeta, el que necesitan para no extinguirse como especie.

− ¿No te das cuenta de que la situación se está volviendo apocalíptica?

DIÓGENES. – Si apocalipsis hay, no será el fin “del” mundo, sino el fin de “un” mundo. Y no será la primera ni la última vez que suceda. El planeta -y el Universo- seguirán su curso, indiferentes a tus rezos y sollozos, e indiferentes a la extinción de los mortales. 

− Por todos los dioses del Olimpo, Diógenes, que respuesta tan cínica.

Rodolfo Ramon de Roux

Agosto 2023

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Duró semanas interminables la proyección de la serie documental “Civilizar y salvar a los pueblos” pues era inmenso el material acumulado a lo largo de siglos. Al final de la proyección reinó un silencio sepulcral en el ultratúmbico teatro “La commedia è finita”. Muchos de los asistentes habían sido protagonistas -activos o pasivos- de los intentos de civilizar o de llevar la salvación a los demás y se interrogaban sobre los métodos y consecuencias de aquellas empresas salvífico-civilizadoras.

A la salida del cinematógrafo, cruzaron entre sí las siguientes palabras el sabio taoísta chino Chuang Tse y el letrado español Juan Ginés de Sepúlveda, cronista y capellán del emperador Carlos V, preceptor de Felipe II y gran defensor de la “empresa civilizadora y evangelizadora” de España en las otrora llamadas Indias Occidentales. Rápidamente se entremetió en la conversación la mordaz Linguacuta, la de candente lengua.

CHUANG TSE.- Los innumerables intentos de llevarles la “civilización” y/o la “salvación” a otros pueblos me dejan perplejo al ver tantas injusticias y masacres cometidas “con las ​mejores intenciones”… que muchas veces encubren a las peores.

SEPÚLVEDA.- ¡No se hace una tortilla sin quebrar huevos! Yo estaba convencido -y lo sigo estando, como muchos otros- del carácter civilizador que correspondía al imperio español sobre los “indios”, para elevarlos a un grado mayor de razón y a costumbres mejores. 

LINGUACUTA.- Convicción que te llevó a legitimar sin ambages las guerras de conquista como lo hiciste en tu tratado “Sobre las justas causas de la guerra contra los indios”.

SEPÚLVEDA.- Y reitero lo que allí dije: “¿Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más​conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo; de torpes y ​libidinosos, en probos yhonrados, de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del verdadero Dios?”.

CHUANG TSE.- Juan Ginés, te voy a contar una historia que narré en el capítulo XVIII de mi libro conocido simplemente como “Maestro Chuang Tse”.

SEPÚLVEDA.- Te escucho.

CHUANG TSE.- Un día, un ave marina se posó en las afueras de la capital del país de Lu. Encantado por la noticia, el soberano de Lu fue respetuosamente a buscar el ave y la depositó en el templo de sus antepasados. Allí le obsequió la más hermosa de las ​celebraciones -incluida mucha música- y le ofreció los vinos más finos y las carnes más delicadas. Pero el ave, con aspecto sombrío y abatido, no tocó ni la carne ni el vino. Al cabo de tres días murió de hambre y sed. 

SEPÚLVEDA.- ¿Cómo pudo suceder tal cosa?

CHUANG TSE.- El soberano de Lu había tratado al ave como él se hubiera tratado a sí ​mismo, no como se trataría a un pájaro. Para tratar al ave desde su propia perspectiva​tendría que haberla puesto en un bosque profundo, liberarla en terrenos pantanosos y dejarla flotar en ríos y lagos. Debería haberle dado de comer anguilas y pececillos, permitir que se juntara con las demás aves de su especie y que se posara donde quisiera. Oír hablar a la gente ya era un suplicio para este pobre pájaro, así que ¿cómo iba a soportar además el estruendo de la música? 

SEPÚLVEDA.- ¿Qué quieres insinuarme?

CHUANG TSE.- Que no basta tener las mejores intenciones y tratar al otro como te tratarías a ti mismo. Es necesario tener en cuenta la existencia de otras expectativas y costumbres.

LINGUACUTA.-  Juan Ginés, medita sobre este consejo que me dio Oscar Wilde: “No le hagas a los demás lo que quisieras que te hagan a ti; ellos pueden tener gustos diferentes”.

CHUANG TSE.-  Gustos, necesidades, creencias y valores diferentes.

LINGUACUTA.- ¡Ah, las buenas intenciones! Son dosis ingentes de sincero compromiso y de buena voluntad que pueden alimentar admirablemente errores catastróficos.

CHUANG TSE.- No sin razón dicen que de buenas intenciones está pavimentado el infierno.

LINGUACUTA.- Hay que cuidarse del abrazo que protege: fácilmente se convierte en abrazo que asfixia. Dejemos que los demás marchen al ritmo de su propio tambor.

CHUANG TSE.- Cuando uno quiere hacer a toda costa la felicidad de los demás desde la ​perspectiva propia, la mano que redime termina siendo la que oprime.

LINGUACUTA.- Permítanme traer a colación una ​historia relativamente reciente: en el siglo XIX, con la euforia y el optimismo generados por la llamada Revolución industrial en Europa y en los Estados Unidos de América, se gestó una ideología del progreso que postuló que todos los pueblos marchaban hacia una meta ideal de civilización.

SEPÚLVEDA.-  Hasta ahora no veo cuál es el problema.

LINGUACUTA.- En esa carrera hacia la “civilización” algunos pueblos merecían el calificativo de “atrasados” y otros el de “adelantados”. A estos últimos correspondía tomar bajo su amparo a los otros para hacerlos progresar y, de paso, administrar sus riquezas naturales.

CHUANG TSE.- Me parece, Juan Ginés, que ya vas sospechando hacia dónde se dirige Linguacuta.

LINGUACUTA.- Llegó a hablarse del “deber de civilizar a las razas y pueblos inferiores”. Lo cual se interpretó como un “altruismo agresivo”. No se olvidó tampoco el argumento religioso, como se observa en las palabras del presidente de los Estados Unidos de América, William McKinley, destinadas a justificar la política de su país hacia Filipinas, después de la guerra con España en 1898.

SEPÚLVEDA.-  Como español estoy muy interesado en oírlas.

LINGUACUTA.- Escúchalas: “Ninguna otra cosa podíamos hacersino tomar a los filipinos y educarlos; elevarlos, civilizarlos y cristianizarlos; y por la gracia de Dios, hacer por ellos -prójimos nuestros por quienes Cristo también murió- todo lo que estuviera a nuestro alcance”.

CHUANG TSE.- ¡Juan Ginés, parece como si hubieras reencarnado en la persona de McKinley!

SEPÚLVEDA.-  No sólo en McKinley. Tengo una miríada de seguidores. Escuchen no más a Jules Ferry, portavoz de la política colonial francesa, diciendo en el debate parlamentario del 28 de julio de 1885: “Repito que las razas superiores tienen un derecho porque tienen un deber. Tienen el deber de civilizar a las razas inferiores”. O hablen con Rudyard Kipling, ​premio Nobel de Literatura en 1907 e inspirado ensalzador de la misión civilizadora del imperialismo británico. ¡Por favor, abran los ojos! ¿Acaso están ustedes en contra del ​progreso moral y material de la Humanidad?

LINGUACUTA.- El problema es que no todos quieren o pueden bailar la música de “tu” progreso, y mucho menos obligados. Los mesías armados me ponen nerviosísima.

SEPÚLVEDA.-  Pues vas a tener que seguir tomando mucha valeriana y pasiflora mientras existan los humanos. Mira cómo, a pesar de la reciente quiebra de la Casa Marx, no faltan adeptos suyos que siguen soñando con imponer la dictadura salvífica del proletariado la ​cual, supuestamente, nos conducirá a “mañanas luminosos”. Y ni para qué te enumero la serie de gobernantes estadounidenses convencidos de estar investidos por la Providencia divina de la misión de difundir -así sea por la fuerza- las bondades de la democracia liberal capitalista.

CHUANG TSE.- No es necesario que sigas. Ya sé que la cosechade vocaciones mesiánicas es inagotable. Pero también sé que los mesías desarmados terminan crucificados; y los armados, crucificando en nombre del “progreso moral o material de la Humanidad”. 

LINGUACUTA.- Por eso cuando alguien grita “¡Viva el progreso!”, me pregunto siempre: el progreso ¿de qué?, el progreso ¿para qué?, el progreso ¿para quién? 

CHUANG TSE.- A los ebrios del progreso salvífico habría que enviarlos a centros de desintoxicación.

LINGUACUTA.- ¡No te escapes, Juan Ginés! 

Rodolfo Ramon de Roux

Agosto 2023

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