Para todos, con el recuerdo de un gran ser humano que hoy nos dejó. Nos volveremos a encontrar, querido Alfredo, en la dimensión del puro amor, donde no hay dolor, ni soledad ni angustia alguna. Allí donde estás esperándonos para volver a compartir poemas, ilusiones, risas, sonrisas y AMOR, sólo amor.
En contraste con la inmediatez que hoy vivimos y con la transmisión de datos “en tiempo real” de la que hoy disfrutamos, en mi memoria, casi fotográficamente, mejor aún, casi cinematográficamente, conservo lo vivido hace más de 50 años, cuando en Santa Rosa conocí a Alfredo.

Fotografía del anuario de Nazaret, 1959, año de su ingreso al noviciado.
Era un medio día en el comedor del juniorado y había “academia” en ese almuerzo de “primerísima”. Nos permitieron a los novicios asistir, almorzar muy bien y celebrar alguna fiesta importante con toda la comunidad. No sé si era la Fiesta de San Ignacio o el cumpleaños del Padre Rector. Veo muy “ensotanados” y escucho aún a Alberto Jaramillo, Alfredo Cortés, Joaco Sánchez al acordeón, Lucho Nates, quizás Lucho Peña y dos o tres músicos más, mientras entonan canciones de “Los Bocheros”, el famoso conjunto español de la época. Alfredo, rubio y rubicundo, sacude rítmicamente las maracas, marcando el compásde la tonada. Escucho sus voces cantando “El sereno”, “Camino verde”, “Puente de piedra” o “Pasodoble te quiero”. En mi memoria juvenil y en mi corazón se grabaron para siempre esas imágenes y sonidos de los momentos más gratos que vivimos en La Quinta.
Además, tuvimos la suerte de compartir con esos músicos refinados, una deliciosa temporada de vacaciones en El Ocaso, cuando ellos partían de Santa Rosa para Ciencias y Filosofía en Bogotá y nosotros iniciábamos como noveles juniores los tres años de humanidades tan espectaculares que vivimos en Santa Rosa.
Hoy, gracias a las redes sociales y en conversaciones instantáneas, podemos compartir “en tiempo real”los acontecimientos recientes o inmediatos que estamos viviendo aquí y ahora. Con excelentes instantáneas, capturamos recuerdos, vivencias, experiencias, que conservamos con cuidado, con cariño, porque significan mucho para nosotros. Estas últimas fotografías que nos han compartido con la imagen de nuestro querido Alfredo junto a Elsita, Pilar, Darío, Gabriel y Stellita son un testimonio, no sólo del maravilloso momento, sino de la sólida y perdurable amistad, del cariño y de la calidez de estos amigos de toda la vida.
Es un acontecimiento reciente que difícilmente se va a olvidar, además, porque el registro de imagen y sonido refuerza el que queda en el corazón y en la memoria. Es puro amor del bueno.

En nuestras tertulias de los jueves, cada intervención de Alfredo para compartir sus escritos y sus experiencias enriqueció nuestras tardes, llenó corazones con su pluma directa, poética, llena de amor. Junto a Elsita, sus hijos y familiares, damos gracias al dueño de la vida porque nos permitió vivirla juntos, unos más cerca de él que otros, pero siempre compartiendo ilusiones, experiencias, valores, regalos del alma barranquillera y siempre abierta de amigo y hermano. Te llevaremos en el corazón, querido Alfredo y nos volveremos a encontrar en el amor infinito, en la dimensión del Señor a quien buscaste toda tu vida y en donde ya no hay penas ni dolores, solo amor y eternidad.
Bernardo Nieto Sotomayor
26 de Mayo, 2026

