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La muerte, el descanso eterno

Por Juan Laureano Gomez
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Así está en la liturgia católica: “…dales Señor el descanso eterno…”. Cristianos y musulmanes esperamos el paraíso con nuestros cuerpos resucitados.

El hinduismo prolonga la vida a través de la reencarnación para finalmente, tras la purificación, entrar al nirvana o paraíso. No en valde se atribuye el nacimiento de las religiones al culto de los muertos, entre otras razones. La cremación, aceptada por milenios por el hinduismo, ha ganado aceptación creciente a nivel mundial.

Mi primer contacto con la muerte cuando tendría como 5 o 6 años, fue la muerte de un primo lejano ya mayor y cuando vi el ataúd y al muerto dije, en voz alta, que a mí la muerte no me alcanzaría, porque yo podía correr más que ella vestida con túnica negra y armada con guadaña. 

Cuando murió mi madre hace unos 25 años, ella agonizando, yo sostenía su mano que me apretaba débilmente; yo no pude soportar el momento y decidí retirarme unos minutos, allí murió. Contando este evento a un amigo médico, me explicó que normalmente los humanos somos cobardes antes la enfermedad, la muerte y el sufrimiento en general y que por eso los médicos y el personal de salud requieren de un entrenamiento especial para sobreponerse al sufrimiento ajeno, lo cual alivió mi sentido de culpa.

Ahora, ya pasado el cuarto de siglo, una edad que cuando joven no contemplaba alcanzar (hace 60 años las expectativas de vida eran tan solo de 50 – 55 años), acepto la certeza de la muerte e incluso veo las ventajas del descanso eterno (todo tiene su parte positiva, y más lo que es inevitable). Además, no soy el único que se va a morir y, aunque suene duro, en el largo plazo todos estaremos muertos y ni siquiera la supervivencia de la especie está garantizada. Aun así, no es fácil para el humano visualizar la propia inexistencia, y menos fácil aun aceptarla (por el instinto de supervivencia), aunque todas las noches dormimos sin conciencia de ser, lo más parecido a la muerte. 

La cercanía de la muerte se hace evidente con el pasar de los años. Podemos ignorar el más allá…, o esperar convertirnos en polvo de estrellas…, o esperar la resurrección. Pero, siempre prefiero una vida con esperanza, cuya mayor o menor certeza metafísica dependerá de la práctica de una vida religiosa (como vivimos, así moriremos). 

Al final, más importante que morirse es dejar todo en orden y, con una cartica a los parientes confirmar nuestro amor y agradecimientos, explicando cuestiones importantes y dejando nuestras últimas recomendaciones.

Juan Laureano Gómez

Noviembre, 2023

3 Comentarios
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3 Comentarios

Alberto Echeverri 12 diciembre, 2023 - 6:30 am

Muy generoso por lo íntimo tu escrito, Juan Laureano. Sigo pensando que el famoso descanso eterno, que nos hace imaginar algo así como un estupendo sofá con un buen trago en la mano y si acaso con amigos muy queridos al lado, en latín habla de la paz (requiescat in pace) que la segunda alianza (eso que los católicos llamamos el Nuevo Testamento) identifica con LA PAZ, es decir, con el amor de Dios mismo. Un abrazo y una bella Navidad para ti y tu gente.

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Hernando+Bernal+A. 12 diciembre, 2023 - 7:17 am

Juan Laureano: Estupenda reflexión. Práctica y profunda. Gracias. Hernando

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Humberto Sánchez Asseff 12 diciembre, 2023 - 8:15 am

Juan Laureano, muchas gracias por la transparencia con que muestras la realidad de la muerte. Recuerdo que en la Apostólica, todas las noches nos reunían en la capilla y nos recitaban: “He de morir y no se cómo, seré juzgado de Dios y no sé cuando, si fuera esta noche, qué cuenta le daría? Qué sentencia me tocaría? Sería de salvación o de condenación? Y con esta incertidumbre no lloraré mis pecados? Ahora que tengo tiempo, no enmendaré mi vida?” Desde niños nuestros formadores nos enfrentaron con la realidad de la muerte, sin embargo nos sorprendemos siempre frente a ella.

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