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Reynaldo Pareja

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Antes de entrar en materia de una interpretación alternativa a la tradicional religiosa del episodio de la creación del hombre y la mujer, su subsiguiente caída y expulsión del Jardín del Edén, es necesario situar la redacción del Génesis en el contexto histórico y cultural donde se desarrolla.

El Castigo

Toda transgresión de un mandato divino o de una ley justa exige una reparación que, en términos humanos, llamamos castigo. En el relato bíblico, la transgresión de comer del “fruto del árbol que está en medio del jardín” va seguida de la advertencia de Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte», lo que expresa claramente que la transgresión tiene un castigo. ¿Cuál fue? Uno que, a primera vista, parece excesivo, pero que, al analizarlo detalladamente, corresponde más bien a un crecimiento de la conciencia, ya adulta. Veamos cómo esta interpretación se ajusta al texto.

Dios castiga a Eva primero por haber sido la iniciadora de la transgresión: A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará».

Después, al hombre le dio el siguiente castigo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás» (Gen 3, 17-19).

En ambos casos, los castigos parecen negar la condición humana de adultos que toman las riendas de su supervivencia como autores responsables de forjarse su propio destino. 

Desglosemos cada castigo para caer en cuenta que las consecuencias descritas por el texto bíblico corresponden no a un castigo sino al proceso normal de crecimiento de toda persona. Si Eva en el paraíso no experimenta los rigores de un embarazo y de un parto, es porque, en el estadio en que se encuentran en el Edén, ambos viven la etapa infantil de una inocencia que no conoce el ejercicio de la sexualidad. Viven los dos desnudos, sin avergonzarse, pues no tienen conciencia de su desnudez. 

Solo cuando la mujer pasa de su niñez a la adolescencia y después a su juventud es cuando ejerce su sexualidad. Si queda embarazada, lo normal es que experimente los dolores de parto. No hay documentos que acrediten que las mujeres del paleolítico no los tuvieran. 

En cambio, en los documentos anteriores a la redacción del Génesis, en el poema épico mesopotámico de Gilgamesh, el héroe se describe experimentando un dolor intenso, comparable a los dolores del parto de una mujer. Los autores mesopotámicos que vivieron antes de la redacción del Génesis describen con frecuencia los dolores del parto como metáfora del dolor extremo.

Ahora, la segunda parte del castigo que ella recibe es totalmente comprensible en el contexto cultural en el que vivían los israelitas cuando este pasaje fue escrito. A ella, Dios supuestamente le decreta: “Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará”. Si hay un rasgo constante en todas las culturas del Medio Oriente en ese momento histórico -incluido el siglo XXI- es la validación de que la mujer está sujeta al hombre y que él tiene un dominio sobre ella divinamente respaldado. Es el típico patriarcado de la época reflejado en el texto bíblico.

Respecto del supuesto castigo que Adán recibe de tener que labrar la tierra con sudor y esfuerzo para obtener alimento, la realidad documenta que los primeros hombres que vivieron antes de la redacción del Génesis ya habían asumido el rol de cazadores que traían alimento para la tribu y las familias, mientras que la mujer se encargaba del huerto doméstico. Que el hombre asumiera el trabajo más esforzado de ser agricultor a gran escala ocurrió cuando pasó de cazador a agricultor. No fue un castigo sino una transición evolutiva. 

Ese supuesto “castigo” es la expresión bíblica de la evolución de hombres y mujeres que habían alcanzado el estadio de desarrollo en el que ambos habían madurado para ser los responsables de su propia supervivencia y la de su familia. Fue una evolución que no dependía de un castigo divino, sino que era una evolución natural del ser humano que avanzaba en su conocimiento y descubría que podía alimentarse cultivando los alimentos sin tener que soportar los rigores de la incierta caza.

La división del trabajo es un momento eje en el crecimiento de la humanidad, porque asume la responsabilidad y la tarea de sobrevivir con su propio esfuerzo. Los seres humanos dejan la infancia idílica, donde todo lo necesario para sobrevivir es proporcionado por los padres; y evolucionan para asumir la responsabilidad de su propia supervivencia. 

Que el texto bíblico concluya afirmando: “Porque eres polvo y al polvo tornarás” es una constatación vivencial porque, en efecto, la persona que moría se descomponía hasta convertirse en polvo. No era una consecuencia de castigo; era simplemente la ley de la vida temporal: cuando cesa, el cuerpo se descompone. En el contexto bíblico religioso es el recordatorio divino de que nuestro lapso de vida terrenal es limitado, efímero y se manifiesta con la conversión de nuestro cuerpo en polvo.

Resumiendo el significado de la expulsión del paraíso

La expulsión del paraíso corresponde al siguiente paso evolutivo del hombre: la madurez. El hombre y la mujer tienen que asumir, de ahí en adelante, las dificultades que el crecimiento y la independencia de la protección paterna traen consigo. Los dos tienen que asumir los roles de personas maduras que laboran la tierra para alimentarse, soportan los dolores físicos y psicológicos de la procreación y de la crianza de los hijos, y toman plenamente las riendas del adulto que subsiste por su esfuerzo consciente y maduro.

Con esta explicación alternativa del Capítulo 3 del Génesis, el lenguaje del texto adquiere una relevancia suficiente para considerar que dicha descripción simbólica puede entenderse como una evolución de la conciencia humana que requiere etapas claras de progreso en las cuales cada individuo asume la responsabilidad de sus actos al descubrir los impactos que estos tienen en él mismo y en los demás. Es el proceso de crecimiento de nuestro libre albedrío que nos eleva al nivel de la responsabilidad personal y colectiva de nuestras decisiones.

Considero válido destacar que la narración bíblica del capítulo 3 del Génesis pone en relieve el papel que Dios desempeña en la historia de la evolución de la humanidad. Él le ofrece al hombre la guía y la orientación moral de sus actos. Lo hace a través de su emisario-representante, el Portavoz, la Manifestación, el Fundador de una nueva Revelación- que es la guía segura y correcta de cómo comportarse consigo mismo y con los demás. 

Guía que es dada a cada pueblo de acuerdo con su evolución espiritual y con el momento histórico-cultural en que vive. Esta guía es necesaria constantemente porque nuestro yo egoísta no logra definir correctamente qué es moral y éticamente aceptable para todos. Por lo tanto, necesitamos esa guía divina que nos ofrece un claro derrotero para evolucionar en el plano espiritual, expresando lo mejor de nosotros mismos. Cuando así obramos, en ese momento llenamos plenamente el objetivo de nuestra creación, la de comportarnos a “imagen y semejanza del Creador”. 

Reynaldo Pareja

Abril, 2026

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Antes de entrar en materia de una interpretación alternativa a la tradicional religiosa del episodio de la creación del hombre y la mujer, su subsiguiente caída y expulsión del Jardín del Edén, es necesario situar la redacción del Génesis en el contexto histórico y cultural donde se desarrolla.

La desnudez

Con este marco de referencia, inicio mi interpretación alternativa proponiendo que el episodio del mandato divino de no comer del árbol y su transgresión, representa la infancia de la conciencia humana. ¿Por qué me animo a hacer esta interpretación? Primero, porque el estadio de inconciencia de Adán y Eva es tal que no sienten pena o vergüenza por estar desnudos, como lo expresa el final del capítulo 2 del Génesis cuando dice: “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro” (Génesis 2, 25).

Enseguida nos podemos preguntar: ¿Quiénes andan desnudos sin tener la más mínima conciencia ni preocupación por estarlo? Los infantes, cuyo estadio de inocencia inconsciente les permite no sentir la más mínima vergüenza ni preocupación al andar desnudos. La conciencia de su desnudez y de que no deben andar sin ropa la adquieren cuando han crecido y los padres o familiares les han dicho muchas veces que uno no puede andar desnudo, que eso no está bien visto, que la gente se va a reír de ellos, que es indecente, inmoral, etc.

De ahí pues, el diálogo de Dios cuando llama al hombre al final del día y le pregunta «¿Dónde estás?» y él responde: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.» Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?” (Gen. 3, 9-11).

Caer en la cuenta de estar desnudos y sentir miedo se debe a que ambos toman conciencia de su desnudez, que va acoplada al sentimiento de culpabilidad por haber transgredido un mandato divino. En la etapa de crecimiento del infante, la reacción es similar. Los infantes toman conciencia de su desnudez prohibida cuando se dan cuenta de que han transgredido el mandato paterno o familiar de que no es aceptable andar desnudos en el mundo de los adultos. 

La familia se encarga de vestirla con connotaciones de culpabilidad, de vergüenza e inaceptabilidad social. La religión después le añade la dimensión de pecado. Es en ese momento cuando el infante toma conciencia de su cuerpo y de cómo debe manejar socialmente la despreocupación inocente de su desnudez anterior. 

Analicemos ahora el mandato de no comer: “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque si comieres de él morirás sin remedio” (Gen 2, 16-17). Esta advertencia anterior al capítulo 3, se anticipa al razonamiento que Dios le hace a Adán: “Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.» Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?” (Gene, 3, 9-11)

Esta pregunta de Dios vincula la prohibición de comer del árbol con la inocencia de su desnudez. La respuesta de Adán, en cierta medida, demuestra que se queda sin defensa (desnudo) delante de Dios porque no tiene justificación valedera de su acción. O sea que, en términos de análisis alternativo, la inocencia de andar desnudos se pierde cuando se adquiere el conocimiento discerniente entre el bien y el mal, “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque si comieres de él, morirás sin remedio”. (Gen 2, 16). Antes de analizar a qué se muere, puede ponerse de relieve el paralelismo entre el mandato divino y el que se da cuando los padres imponen a los hijos una prohibición que deben obedecer, aunque no tengan pleno conocimiento de por qué.

¿A qué se muere? Al estadio de la evolución de la conciencia que “muere” a la inocencia de la infancia, cuando adquiere el discernimiento entre el bien y el mal, ligado a una directriz divina, pero que, una vez adquirido dicho discernimiento, ya no se puede volver al estadio de inocencia previa que no asumía la responsabilidad de sus actos. No hay otra forma de crecer en la conciencia sino cuando ésta, en el ejercicio del libre albedrío, lleva a cabo una acción, aun contraviniendo el mandato divino o humano de no hacerlo. 

Una vez que se da este paso, “se muere” simbólicamente al estadio de inconsciencia del infante. Cuando Eva y Adán comen del fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal”, “mueren” al estado de inocencia inconsciente y se ven abocados a asumir la responsabilidad por esa y por las decisiones futuras tomadas mediante el ejercicio del libre albedrío. Con ese tipo de decisiones, tienen que asumir las consecuencias ineludibles que conllevan. 

La serpiente

Este personaje merece un análisis detallado para apreciar cómo es un símbolo y no una serpiente física o real. Lo primero que hay que destacar es que no existe una documentación científica que afirme que haya existido una serpiente que pueda hablar y mucho menos con la capacidad de exponer unos argumentos tan persuasivos para que una persona se comporte como lo expresa el texto bíblico: 1La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»

Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.».

Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día que comiéreis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal» (Gen. 3, 1-5).

El solo hecho de que el texto comience calificando a la serpiente como “el más astuto de todos los animales del campo” es ya un claro indicio de que esta afirmación no corresponde a la clasificación de la inteligencia animal establecida por la ciencia moderna. Entre los animales más inteligentes, la ciencia ha descubierto que el delfín y el chimpancé superan a la serpiente. Lo que sí tenemos documentado es que, cuando se escribió el Génesis, la cultura de los pueblos circundantes otorgaba a la serpiente un puesto de preeminencia elevadísimo. La serpiente simbolizaba sabiduría, fertilidad, curación, renovación (por el cambio de piel) e inmortalidad.

No es pues extraño que el autor (o autores) del Génesis haya escogido a la serpiente como el animal tan sabio que era capaz de retar a Eva con el clásico argumento “De ninguna manera moriréis”. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. El excelente razonamiento de la serpiente consiste en abrir el entendimiento de Eva para considerar que el mandato divino no es la muerte, sino, por el contrario, es adquirir un conocimiento mucho más profundo, hasta el punto de ser “como dioses”, lo cual se hacía extensivo implícitamente a Adán, aunque en ese momento no estuviese presente. 

El castigo que inmediatamente Dios le da a la serpiente también pone de relieve que es un símbolo y no un animal real cuando le dijo, “Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida« (Genesis 3, 14).

Esta declaración implicaría que la serpiente, antes del castigo, fuera un animal que caminara sobre sus extremidades. Pero esto no es lo que demuestra la ciencia. La condición de las serpientes, según los restos encontrados por arqueólogos y biólogos, siempre han existido animales que se mueven sobre su vientre. Es el caso de los invertebrados como lombrices, caracoles y babosas. Ninguno de ellos sufrió un castigo divino que lo obligara a desplazarse de esa manera. Simplemente fueron diseñados así para cumplir una función específica.

Veamos cuál puede ser una interpretación alternativa de la capacidad de razonamiento de la serpiente. Lo primero que hay que enfatizar es que su reflexión es de tal profundidad teológica que resulta insostenible que una serpiente pueda hacerla.  

La respuesta que Eva da a Dios «La serpiente me sedujo y comí», es la respuesta típica de la persona que no acepta la culpa de su acto de transgresión, sea de alguna norma divina o de una ley justa creada por el hombre, porque no quiere tomar responsabilidad de las consecuencias de su infracción. Culpar a otro es el mecanismo de defensa para eximirse de las consecuencias de la transgresión.

Entonces, ¿qué puede simbolizar la serpiente? Propongo que es el ego personal, que siempre busca la gratificación constante, sin tener en cuenta el impacto de su comportamiento, tanto en sí mismo como en los demás. En ese sentido, el ego humano es irracional. Obra por impulso ciego de adquirir aquello apetecible, a cualquier precio, sin sopesar el daño que pueda causar a los demás. Es el comportamiento de Eva: “Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió”.

Eva en ningún momento refutó a la serpiente el razonamiento de que sería “como dios”. Más bien, la posibilidad de convertirse en dios fue mayor y más apetecible que el darse cuenta del absurdo del argumento serpentino. Nada de lo que humanamente elegimos hacer nos convierte en Dios. Podemos asemejarnos a Él cuando obramos con los atributos divinos impresos en nuestra alma, como la compasión, el perdón, la humildad, la paciencia, la empatía, el sacrificio amoroso, la defensa del oprimido y la denuncia de la injusticia. Pero de ninguna manera obrar así nos convierte literalmente en “dios”.

La literatura y la psicología nos dan la imagen de que “oímos” dentro de nosotros una voz que nos incita a obrar en contra de las normas establecidas consideradas necesarias y deseables para una convivencia de amor y tolerancia. Esa “voz” es nuestra conciencia en el diálogo argumentativo sobre hacer o no hacer aquello que nos apetece. Cuando cedemos y nos damos cuenta del error cometido, lo típico, es decir: “el diablo me tentó y no pude resistir”. Es el equivalente hoy día de aquel momento en que Eva dijo: “La serpiente me sedujo y comí».

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Antes de entrar en materia de una interpretación alternativa a la tradicional religiosa del episodio de la creación del hombre y la mujer, su subsiguiente caída y expulsión del Jardín del Edén, es necesario situar la redacción del Génesis en el contexto histórico y cultural donde se desarrolla. 

Presentaremos estas consideraciones en tres entregas sucesivas.

Esto permite darnos cuenta de que no es una narración original del pueblo judío, sino producto de las historias sobre la creación que tenían los pueblos vecinos, cuyos elementos culturales, simbólicos e interpretaciones sobre la aparición del hombre alimentaron esta versión hebrea. 

La porción del Génesis que narra el episodio del Jardín del Edén es tradicionalmente atribuida a Moisés, aunque muchos estudiosos contemporáneos sostienen que el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia) fue escrito y compilado por múltiples autores a lo largo de varios siglos, entre el siglo X y el VI a.C., aunque las tradiciones orales que lo sustentan podrían ser mucho más antiguas.

Una de las teorías actuales más influyentes es la hipótesis documental que sugiere que el Pentateuco fue compuesto a partir de varias tradiciones escritas, comúnmente identificadas como las fuentes J (Yahvista), E (Elohista), P (Sacerdotal) y D (Deuteronomista). La narración del Jardín del Edén se asocia a menudo con la fuente J, caracterizada por su estilo narrativo vívido y su enfoque en la relación personal entre Dios y la humanidad. Se estima que el relato del Edén de la fuente yahvista fue escrito o compilado entre los siglos X y VI a.C.

En cuanto a las civilizaciones contemporáneas o anteriores al momento en que se escribió el Génesis, se deben mencionar:

  • Mesopotamia. Civilizaciones como los sumerios, acadios, babilonios y asirios, que tenían mitos de creación y relatos sobre jardines y dioses podrían haber influido en la narrativa del Jardín del Edén.
  • Egipto. La cultura egipcia, con su rica mitología y simbolismo, también podría haber influido en las historias bíblicas.

Respecto a las historias culturales que podrían haber sido adoptadas e incluidas en la historia del Jardín del Edén, se destacan: 

Las historias mesopotámicas. El poema épico de Gilgamesh incluye un jardín y un árbol de la vida, lo que refleja temas de creación y conocimiento similares al relato del Edén. La historia de Enki y Ninhursag (sobre la costilla) influyó en el relato. La historia de Adapa, un sabio de la mitología mesopotámica, también presenta paralelismos en la búsqueda de la inmortalidad y el conocimiento.

Los mitos egipcios. La mitología egipcia incluye relatos sobre dioses que crean a los humanos y jardines que simbolizan la vida y la fertilidad. La idea de un lugar perfecto y la relación entre los dioses y los humanos son temas recurrentes.

Las tradiciones cananeas: Las historias de dioses y héroes cananeos también pueden haber influido en la narrativa hebrea, especialmente en lo relativo a la creación y a la relación entre lo divino y lo humano.

Los mitos de la creación: Muchas culturas anteriores a la formación del pueblo hebreo contaban relatos sobre la creación del mundo y de la humanidad que compartían temas comunes, como la relación entre los humanos y lo divino, la vida y la muerte y el conocimiento. 

El árbol del conocimiento: La idea de un árbol que otorga conocimiento o sabiduría es un tema recurrente en varias tradiciones de la época, y simboliza la tentación y la transgresión. 

Estos elementos sugieren que el relato del Jardín del Edén no es exclusivo de la tradición israelita. También refleja un diálogo con las narrativas y mitologías de las civilizaciones vecinas y nos permite encuadrar el mundo civilizado, cultural y mitológico que tuvo un claro influjo en la versión hebrea de la creación del hombre y la mujer, su vida idealista en el jardín, su prueba, su caída y su expulsión. 

Al texto del Génesis (3,1-19 – Biblia de Jerusalén), sobre el cual voy a proponer una interpretación alternativa, hay que situarlo en la perspectiva de nuestro momento histórico, en 2026. 

Se calcula que han transcurrido entre 3430 y 3470 años desde que este capítulo fuera escrito. Este tiempo transcurrido permite ubicarnos a una distancia en la cual la ciencia arqueológica, los estudios de las mitologías y sus símbolos, el contexto cultural de las civilizaciones de la época y el análisis crítico, nos ofrecen los elementos para elaborar una interpretación distinta a una de las más tradicionales, posiblemente la más publicitada, porque es moralizante y afirma que lo narrado ocurrió literal y físicamente en tiempo real. 

Lo primero que debemos esclarecer es que todo el episodio de la creación del universo, de la tierra, de los elementos que permitieron la aparición de la vida mineral, vegetal, animal y del hombre que narra el Génesis en los primeros tres capítulos, no corresponde a los datos de la ciencia.

  • La formación de la tierra tardó aproximadamente entre 10 y 100 millones de años después de que el sistema solar comenzara a formarse.
  • La vida apareció hace unos 3500-4000 millones de años, tras el enfriamiento del planeta. 
  • El homo neanderthalensis aparece aproximadamente 400000 años antes.
  • El homo sapiens apareció hace unos 300000 años (Wikipedia).
  • En la era del homo sapiens, la historia de la humanidad se ha manifestado en forma gráfica o escrita, especialmente en los últimos 12 mil años.

El resumen de estos datos nos permite, inmediatamente, afirmar que la narración bíblica de seis días no coincide con la explicación científica de la creación del universo y de la tierra, ni de la aparición del hombre en el sexto día, sino que es una forma simbólica del escritor para expresar una realidad de evolución organizada, cuyas dimensiones científicas no se conocían entonces. Esa forma sencilla permitía entender que Dios era el autor de dicha creación y que podía comprenderse sin el conocimiento científico que tenemos hoy. 

Por lo tanto, vamos a hacer la interpretación alternativa de estos pasajes del Génesis, analizando las imágenes que la narración proporciona, bajo la lupa del simbolismo que ofrece, evitando la interpretación literal de lo narrado.

Reynaldo Pareja

Abril, 2026

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En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de este mes, nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Te compartimos hoy el aporte de Reynaldo Pareja…

Haz click aquí para apreciar el video: https://youtu.be/KqKWmObLhnI

Mi vivencia de la longevidad

¿Qué prácticas, creencias y convencimientos de mi estilo de vida se relacionan con la longevidad que vivo y pienso seguir viviendo?

La alimentación

Comienzo por algo básico, pero clave. Es la alimentación. Cuántos hombres se han dedicado a comer desordenadamente, con comida enlatada por conveniencia para no tener que cocinar sino solo calentar, o peor, comer en esos típicos comederos de comida rápida o “comida chatarra”. A los 50-60 años son obesos y no pueden hacer ejercicio o esfuerzo físico.

He constatado que si tengo buena salud es porque me he preocupado por aprender a comer sano, de acuerdo al tipo de sangre que tengo, a mi morfología y a mi edad de 82 años y medio. La comida sana, balanceada, es el combustible que mi cuerpo necesita para mantenerse vigoroso y sano. Además, una comida balanceada en vitaminas, proteínas y aminoácidos permite que el estómago y el intestino la digieran bien, y pueda convertirse en una sustancia apta para distribuirse a todos los órganos, por el torrente sanguíneo. Hoy dicen los doctores que el sistema digestivo es el más importante, pues es el que procesa los alimentos que me mantienen vivo y sano.

El Ejercicio

El segundo componente de mi presente longevidad es hacer ejercicio fuerte, sistemático y constante. ¿Por qué? Sencillamente, porque el ejercicio intenso es el motor que impulsa la sangre a través de todas las arterias y venas que transportan nutrientes y oxígeno a todos los órganos y músculos que el cuerpo necesita para mantenerse sano. 

El ejercicio logra esta función porque, una vez iniciado, el corazón se ve estimulado a bombear más sangre y más rápidamente que de forma normal. Al realizar este vigoroso bombeo, se produce un mayor volumen de sangre, lo que le permite llegar con mayor intensidad a todos los órganos y músculos, que son revitalizados, renovados y reparados con los nutrientes que el cuerpo necesita. La sangre recibe estos nutrientes durante su recorrido por el intestino delgado.

Por lo tanto, he adoptado una rutina en la que voy a un gimnasio tres veces por semana y con pesas livianas, estimulo los músculos de los brazos, la espalda, el pecho, los abdominales y las piernas. Todos ellos los llevo a cabo en secuencia alternada para descansar unos músculos y seguir con los otros. Hago esta rutina durante 30-40 minutos.  Si no puedo ir al gimnasio, la hago en el apartamento para asegurarme de que el bombeo sanguíneo se mantenga en los niveles que mi cuerpo necesita para mantenerme lo más sano posible. 

Sueño suficiente y de buena calidad

La ciencia ha registrado que dormir entre 7 y 9 horas diarias es fundamental para la salud integral, ya que fortalece el sistema inmunológico, regula el metabolismo y el peso, mejora la función cerebral (memoria y concentración) y reduce el estrés y la presión arterial. Durante el sueño, el cuerpo se repara, se consolida la memoria y se liberan hormonas esenciales para el crecimiento y el equilibrio emocional. 

De ahí que procuro hacer lo necesario para dormir lo suficiente y descansar. No todos tienen que dormir siete y más horas. A algunas personas les basta con cinco horas. Me incluyo entre esas y las refuerzo con una siesta de una hora después del almuerzo.

He verificado en mí que los consejos de los entendidos sobre cómo dormir profundo funcionan. Lo primero es no ver televisión, mucho menos las noticias, antes de ir a dormir, pues estas alteran la paz interior con sentimientos de angustia, tensión, temor, ansiedad y de ser una víctima sin poder hacer frente a lo que está pasando en el mundo.

Por lo tanto, he verificado que oír música que reduce la tensión, con vibraciones en Hertz que calman, melodías suaves que invitan a la paz mental e interior, es una de las mejores formas de relajarme, lo que me invita a tener un sueño reparador. Cuando así duermo, me despierto descansado, optimista y dispuesto a aprovechar el día con todas las actividades pendientes que no pude realizar el día anterior.

Otra forma de apaciguar la mente y las emociones para dormir descansadamente es hacer ejercicios de respiración controlada y profunda que contribuyen a calmar la mente y las emociones, predisponiéndome a un sueño reparador. Este tipo de sueño contribuye a reparar todo lo que el cuerpo necesita, a consolidar la memoria y a liberar las hormonas esenciales para el equilibrio emocional. Dormir bien, profundamente, permite descansar y liberar tensiones que contribuyen a que mi longevidad se estire en años de vitalidad.

Cultivar amistades

El dicho popular dice que el hombre es esencialmente un ser social, que no puede vivir plenamente si no mantiene relaciones con amistades verdaderas y profundas. Soy testigo del impacto positivo que los amigos verdaderos han tenido en mí y me prolongan la longevidad. Vivimos rodeados de familia, en comunidades pequeñas, en círculos territoriales y aun internacionales. El contacto con esta diversidad de personas nos estimula a salir de la concha de ensimismamiento y florecer, pues al convivir con ellas, se me presentan innumerables oportunidades de compartir mis ideas sobre los temas de fondo que nos impactan. Los amigos me permiten comparar mis puntos de vista sobre los hechos que tejen la realidad presente. Estos acontecimientos se perciben desde varias perspectivas diferentes a las mías, lo que me permite apreciar la riqueza de nuestra humanidad. Los amigos son, a la vez, la válvula de escape de tensiones emocionales cuando su manera de verlas me invita a neutralizarlas e incluso disolverlas.

Los amigos se me presentan con frecuencia como oportunidades de servicio y de actos de comprensión, aceptación, perdón, empatía, amor, incluso de genuino sacrificio que me permiten crecer interiormente en lo mejor de mí mismo.

Pero la dimensión más importante de la amistad es la vivencia de amor genuino que experimento con mis hijos y con Patricia, mi compañera de 50 años de convivencia sin igual. Tanto ella como mis hijos me han permitido tener una poderosa motivación para querer seguir vivo, sano y vigoroso. Ellos son la razón fundamental de mis prácticas de longevidad, pues constituyen el eje que da a mi vida su pleno sentido. 

Mantener la mente activa

Otra práctica que reconozco como clave para mantener mi longevidad es tener mi mente activa de forma constante. El don divino que nos asemeja a nuestro Creador es precisamente la capacidad creativa de nuestra mente. Ella produce incansablemente todos los pensamientos que crean la realidad que experimento, vivo y comparto con quienes estén interesados en conocerla. 

Mente que no se ejercita todos los días, simplemente se va reduciendo a funciones cerebrales que no crean y recrean la realidad que se quiere vivir. El constante flujo sináptico de conexiones neuronales estimuladas es el que permite a la mente encontrarle sentido a la vida, descubrir secretos, inventar máquinas que resuelven problemas prácticos, plasmar esplendorosos paisajes en un lienzo, componer piezas musicales sublimes, escribir versos cadenciosos, majestuosas novelas o tratados filosóficos de profundidades insospechadas. 

Por eso me dedico todos los días a escribir algún pensamiento valioso, leo escritos que me estimulan a pensar profundamente, analizo lo que está ocurriendo en la historia presente, indago cuál es el sentido de nuestra existencia. Con el paso del tiempo descubro que mi actividad mental no disminuye, sino que aumenta y me energiza hasta tal grado, que bendigo este momento de longevidad creativa.

La introspección interior

Una dimensión que me mantiene vigorosamente activo es el ejercicio consciente, sistemático, de dedicarme un tiempo a la introspección interior donde me encuentro con el yo-esencial que soy, no el que proyecto hacia los demás, no la forma de ser con la que otros me definen.

Es en la intimidad silenciosa donde me percibo como ese yo único e irrepetible que lleva dentro de mí una chispa de divinidad, pues he sido creado por Dios a su imagen y semejanza, lo que implica que, de alguna manera, esa imagen y semejanza son un reflejo de la imagen y semejanza con el Creador. Y esta semejanza la expreso magníficamente al crear realidades tangibles, lo hago con mi mente creadora.

La vida espiritual

De ese encuentro íntimo con mi esencia de creado nace espontáneamente una vivencia que prolonga mi longevidad y es la intensa vida espiritual a la que me siento llamado por el hecho revelado de que dentro de mí hay una presencia de Amor Divino. Esta me llena de una profunda alegría de vivir para compartir, con quien me quiera escuchar, esta experiencia como una de las más preciosas revelaciones de quienes somos.

Así como me preocupo por ingerir todos los días la alimentación que mantiene mi cuerpo en excelentes condiciones de vida, me he dado cuenta de que mi espíritu requiere alimento espiritual diario para mantenerme igualmente vigoroso y sano. De ahí que he incorporado unas prácticas diarias de comunión con ese Creador-Amor que me ha hecho a su imagen y semejanza para aumentar esa amistad, que no tiene límites de crecimiento, pues la perfección del Ser de Dios da cabida a toda limitación personal.

Entre las prácticas que me han servido para crecer en esa amistad están: lecturas de las Revelaciones hechas por Dios a lo largo de la historia, donde nos devela nuestra dimensión espiritual y nuestro origen divino. He ensayado varias modalidades de meditación según el momento de mi día: meditación trascendental, meditación yoga, meditación tántrica, meditación de gratitud guiada o meditación silenciosa contemplativa. Lo importante es descubrir cuál se adapta mejor a la espiritualidad personal.

La relación personal con un Dios Trascendental es la clave que me mantiene consciente de que mi longevidad está directamente ligada a la intensidad de mi crecimiento espiritual como algo esencial para mantenerme longevo a la sombra del Infinito. Por lo tanto, la conexión diaria con ese Creador me es tan indispensable como respirar, comer, ejercitarme, tener amistades profundas, descubrirme en mi yo íntimo y crecer sin parar en esa relación con la Fuente Divina de mi existencia.

Reynaldo Pareja

Marzo, 2026

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Alberto: Excelente reflexión sobre la presencia espacial e inespacial de Dios que expresa la complejidad de una realidad que tiene aparentes contradicciones. Quiero contribuir a tu reflexión añadiéndole algo más de complejidad. 

Parto de una premisa esencial. Cualquiera de nosotros puede hacer la pregunta de: ¿Quién es Dios? ¿Cómo se entiende su Esencia? 

Cualquier respuesta a esas preguntas es simple cavilación humana que no corresponde a la realidad de quién es Dios, ni cómo se entiende su esencia. De ser correcta, exhaustiva, esa respuesta es equivalente a que tenemos la capacidad de conocer en su esencia la realidad de un Ser que es el Absoluto, la Trascendencia Total. De ser esto posible, estaríamos en el mismo nivel de Ser de Dios. Contradicción inmediata. 

Lo que sí es correcto afirmar es que Dios es incognoscible en su Esencia por cualquier hombre/mujer que haga las preguntas sobre esa realidad absoluta, pues sería equivalente a que seríamos idénticos a Dios en su Esencia Trascendental.

Por lo tanto, tu definición del espacio de Dios es acertada en cuanto a que Él es la fuente y el origen de todo lo que existe y continúa existiendo, puesto que sin su “élan vital” toda realidad dejaría de ser. Además, el tiempo y espacio en los que nos movemos son obra suya, no creación nuestra. Que Su presencia se puede “observar”, “deducir”, “contemplar” es porque podemos verificarla en la multi-riqueza y variedad de todo lo que existe. 

Nos quedamos embelesados ante la belleza del colorido de un jardín de flores en donde esa hermosura parece bailar al sutil impulso de una brisa, mostrando el esplendor de una acuarela sin par. Enmudecemos y sentimos un arrobamiento al contemplar la caída del sol en un horizonte de mar teñido de resplandores anaranjados. Nos quedamos extasiados en una noche estrellada que nos hace caer en cuenta de la inmensidad de un universo allá arriba que supera toda imaginación y nos da la medida de nuestra pequeñez planetaria. Igualmente quedamos prendados de la belleza del colorido de los miles de variedades de aves, que, con sus radiantes plumajes, susurran que la capacidad creativa de Dios no tiene límite en el espacio que ha creado para nuestro deleite. 

Es entonces válido afirmar que Él no tiene espacio ni tiempo en sí mismo, pues siendo el Creador y su fuente, estas dimensiones no lo constriñen ni lo afectan. Además, en la continua Revelación histórica que Él nos ha dado de Sí mismo, nos ha dicho que Él es Eterno y que la Eternidad en Él es un atributo esencial que lo define como Total Trascendencia.

Lo que sí podemos enfatizar es que el regalo del espacio y tiempo creados por Él es el océano de la existencia en el que nos movemos y vivimos. Ese espacio se materializa en un planeta vivo, perfecto, pero a la vez delicado. Tan delicado, que somos capaces de maltratarlo, asfixiarlo, destruirlo con nuestro incontrolable apetito de explorarlo sin misericordia, pues hemos decretado que está ahí para nuestro deleite y consumo.

La educación de miles de años en la que hemos sido criados es que tenemos el permiso para explotar este planeta sin ninguna restricción, pues es “tan aparentemente rico que aguanta todo el impulso explotador que queramos infligirle”. Bien contrario a la enseñanza que nos ofrece la Biblia cuando Dios dejó al hombre en el jardín del Edén, “para que lo labrase y cuidase.’ (Génesis 2:15), no para que lo explotara desmedidamente.

Lo que necesitamos es una nueva conciencia planetaria de que nuestra misión es cuidarlo y administrarlo con la responsabilidad de quienes somos conscientes que el globo terráqueo donde hacemos nuestra peregrinación temporal se nos ha encomendado como un país único donde tenemos que aprender a convivir sin agredirnos y matamos por las declaradas diferencias absolutistas que justifican tanta agresión y destrucción.

Estamos, sin duda, en un momento crítico de la evolución como especie. El ritmo y la explotación que hemos desarrollado tienen la capacidad de alterar, tanto los sistemas ecológicos como producir un caos planetario. Sin esa toma de conciencia de que somos creados a imagen y semejanza del Creador, el Ser por excelencia que crea por amor, y por lo tanto, esa debe ser la misma forma es nuestra relación con el planeta.

Es decir, que debemos tener la misma relación de amor y respeto con el planeta, así como la tiene el Creador con nosotros. Esta se traduce en administrar responsablemente este único país, el globo terráqueo,  cuidándolo, respetándolo, amándolo, pues es el único y real hogar que tenemos. De lo contrario, si lo destruimos, estamos abocados a caer víctimas de esa destrucción. 

Reynaldo Pareja

Enero, 2026

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Cuando nos deseamos un Próspero Año Nuevo, o que el Nuevo Año llegue cargado de parabienes, inconscientemente estamos reaccionando no solo a una tradición creada por nuestros antecesores sino, insospechadamente, a una forma mágica de pensar.

Históricamente, el comienzo del Año Nuevo fue definido por razones político-religiosas.  Por ejemplo, el Año Nuevo Occidental moderno comenzó a festejarse el 1 de enero de 1582, dispuesto por el papa Gregorio XIII para todos los países católicos, inaugurando así la vigencia del calendario gregoriano que sustituyó al calendario juliano impuesto por los emperadores romanos. Fue una forma de enfatizar el divorcio de la Iglesia Católica de cualquier vestigio de la época pagana romana. 

Las civilizaciones anteriores iniciaban sus años nuevos basados en los ciclos de la naturaleza, como el final del invierno y el comienzo de la primavera (alrededor del 21 de marzo del calendario actual), cuando el Sol “toca” el punto vernal y la rueda de las estaciones repite su ciclo. 

De ahí que el Año Nuevo se celebre en diferentes fechas. El Año Nuevo chino comienza entre enero y febrero, con la primera luna nueva de Acuario. El Año Nuevo Tibetano se celebra entre enero y marzo. El Rosh Hashaná (cabeza de año) judío empieza en el mes de Tisri del calendario hebreo, que equivale a septiembre u octubre del gregoriano. El Año Nuevo musulmán es en el mes de Muharram que, como obedece a un calendario lunar, puede caer en cualquier mes gregoriano.

Como estas civilizaciones son anteriores a la occidental, se encuentran viviendo un año diferente: los chinos viven en el año 4 704 y el próximo 18 de febrero recibirán el año del Cerdo que equivale al 4 705. Los judíos transitan el 5 774, establecido a partir de la supuesta fecha del nacimiento de Adán. Los musulmanes, cuyo almanaque comienza con la huida de Mahoma a Medina en el año 622, viven el año 1 384. 

Todo esto para afirmar que la definición de lo que consiste el inicio de un Año Nuevo es el resultado de tradiciones, creencias, observaciones, que culturalmente terminan estableciendo una fecha en la que la mayoría de ese grupo humano hace su celebración; la arbitrariedad de Occidente no es la única ni la más valedera. 

El Año Nuevo, desde el punto de vista planetario, es otra realidad. El cambio de un día al otro, de un año al otro, no es más que la rotación de la Tierra sobre sí misma cada 24 horas (nuestra medida de tiempo) y el cambio de una estación a otra es su rotación alrededor del Sol y su inclinación axial frente a él. Esto lo ha venido haciendo durante millones de años con una rutinaria precisión, lo que nos ha permitido planificar nuestra existencia, nuestras actividades, nuestras vacaciones, nuestros proyectos, basados en esa regularidad. El Año Nuevo, independientemente de la fecha de su celebración, corresponde tan solo al tiempo de la rotación de la tierra sobre sí misma y alrededor del sol. 

Desearnos prosperidad con la llegada del Año Nuevo es un sentimiento nacido de nuestra creación mágica que atribuye al inicio de un nuevo año, la posibilidad de cambiar algo del nuevo ciclo que llega. Pero la realidad es otra. Nada va a cambiar para la tierra que está programada para producir, como todos los años anteriores, las estaciones, la lluvia, las sequías, las nevadas, las tormentas, los ciclones. Esto es lo que hace cada año, en cada ciclo natural. Es su forma normal de manifestarse como un planeta vivo. 

En cuanto a nosotros, parientes, amigos, desconocidos, y todos quienes viven en nuestro país y en nuestro planeta, nada cambiará si no cambiamos nuestra forma de creer y actuar como sabemos que tenemos que comportarnos. No tendremos mejor salud si no dejamos de comer lo que nos hace daño o engorda, si no hacemos el ejercicio que hemos abandonado hace meses o años. No conseguiremos mejores trabajos, si no lo hacemos inteligentemente. 

No se mejorará la relación con la esposa a menos que se deje de lado la infidelidad oportunista, se colabore más en la crianza de los hijos y se gaste menos tiempo farreando con los supuestos ‘amigos’ de bebeta. No se mejorará la situación económica a menos que se hagan inversiones sensatas, estudiadas, consultadas. No se mejorará la relación con los hijos a menos que se establezca una verdadera amistad con ellos, se dialoguen sus problemas y se comparta con ellos el tiempo que requieren. 

No se aumentará el cariño por la compañera(ro), si no se liberan horas de trabajo para estar con él o con ella. No se mejorará el clima de cooperación en el trabajo, a menos que se pongan de un lado las envidias por el puesto del otro, y se cree un ambiente de confianza y generosidad, de esfuerzo y colaboración para alcanzar las metas de la empresa, sin pisotear a nadie. No cambiará la corrupción institucionalizada, si no se rechaza participar en ella. Nada de esto se obtendrá porque comienza un Año Nuevo. Se conseguirá porque se decide que así sea y se ponen los medios para lograrlo.

Que este Año Nuevo que ha de comenzar en unos días sea la oportunidad de la vida para hacer los cambios que hagan la diferencia en la calidad de cómo vamos a vivir el 2026, individual y colectivamente.

Reynaldo Pareja

Enero, 2026

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Dedicamos en Julio una tertulia, preparada varias semanas antes a través de la lectura del libro reciente sobre el Papa Francisco, para conversar entre amigos sobre el impacto, las conclusiones, observaciones, reacciones o ideas clave de este libro reciente de Javier Cercas. Trece de nosotros compartieron sus escritos, puntos de conversación o improvisaciones sobre el tema. La tertulia se convirtió en un homenaje a la memoria y el impacto que tuvo el recién fallecido Papa en la transformación de la Iglesia católica. Hoy compartimos una de ellas.

Exjesuitas en tertulia- 24 de Julio, 2025

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La hermandad entre un grupo de exjesuitas que convivimos en nuestras etapas iniciales de formación espiritual y humanística en el Noviciado y Juniorado de la Compañía de Jesús en Colombia, hace más de 50 años, puede explicarse por muchos factores profundamente humanos, espirituales y culturales. En esa sesión especial de nuestro grupo, 13 voluntarios compartimos esos recuerdos y sobre todo los aprendizajes que nos quedaron para la vida de esa hermosa e intensa experiencia. Compartimos en estos próximos días las contribuciones individuales de ese día para aquellos lectores que no tuvieron el tiempo suficiente de escuchar la sesión completa, ya publicada hace pocos días.

Exjesuitas en tertulia, 29 de Mayo, 2025

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El jueves 6 de marzo tuvimos la idea de volver a encontrarnos para compartir un momento poético como el primero que tuvimos el año pasado. La particularidad fue que propusimos sacar algunos poemas del “baúl de los recuerdos” y nos llevamos muchas buenas sorpresas. En este blog iremos publicando a quienes en algún momento “cometieron” poesía, para el placer de todos.

Mientras hacia una consultoría de trabajo en Gikongoro, Rwanda en al año 2,000 tuve oportunidad de visitar en esa ciudad la escuela convertida en un testimonio demoledor de la barbarie cometida en el genocidio de aproximadamente 800,000 Tutsis, en tan solo tres-cuatro meses, por los Hutus. En ese frenesí de locura colectiva masacraron sin piedad a losTutsis, hermanos de sangre y raza. Tuve la impactante experiencia de ver los huesos de alrededor de 21,000 víctimas exhibidas en las improvisados salones-tumbas. El horror y la angustia de esos esqueletos se impregnaron en mi alma con tanta fuerza que tuve que capturarlos en este poema que me hace estremecer cada vez que lo leo. Si alguien lo lee y se le despierta el convencimiento de la inutilidad de la guerra, he logrado rescatar para la posteridad una lección que nunca debemos olvidar.

Reynaldo Pareja – Mayo, 2000

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Ciencia sin religión, se convierte en materialismo asfixiante. Religión sin ciencia es fanatismo beligerante. Esta es la última entrega de esta serie. 

¿Cómo nos comunicamos los humanos? La aparición del idioma hablado. 

Hagamos el ejercicio de imaginarnos cómo, posiblemente, fue apareciendo y estructurándose el idioma hablado. Alguien, mientras sostenía entre sus manos algún objeto, emitía algún sonido, mostrándolo. Con un bebé en los brazos emitía un gruñido que, cada vez que se lo repetía al compañero, los otros entendían que ese sonido representaba al bebé. 

A medida que se identificaba un objeto, se repetía un sonido que lo representaba. Muy pronto, todos los objetos y personas del grupo, de la tribu, crearon sus propios sonidos que identificaban todo lo que tenían a su alrededor. Sonidos que se convirtieron en vocablos. Después comenzaron a inventarse vocablos para identificar acciones, como por ejemplo, el vocablo “cacería” que se relacionaba con el vocablo del animal a cazar. 

A medida que el vocabulario se enriquecía con los nombres de las cosas y con las acciones a realizar, el idioma que fuese, por más primitiva que fuera su estructura, brindaba un doble servicio: todo podía ser nombrado y los sonidos representaban a las cosas; además, se podía comunicar la acción que se quería realizar.  

Es altamente probable que, simultáneamente, los miembros del grupo fueron inventando palabras para referirse a emociones, sentimientos, estados de ánimo. Esta actividad creativa del hombre le dio la posibilidad de intercambiar conceptos, ideas, sentimientos, deseos, razonamientos, conocimiento de la realidad que lo circundaba, hasta el punto de lograr desarrollar grupos de sonidos para referirse a todos los aspectos de la vida, necesarios para la sobrevivencia. 

Cuando el idioma se desarrolló y se enriqueció con múltiples palabras y construcciones gramaticales, surgieron las mejores expresiones de poesía, descripciones literarias de emociones y aventuras, de pensamientos artísticos y filosóficos, de canciones; de descripciones magníficas, de acontecimientos espectaculares como terremotos, volcanes, huracanes.  

El idioma pues, se convirtió para la humanidad en el vehículo por excelencia para referirse a todo aquello que el hombre experimenta, piensa, crea, modifica y hasta destruye, con expresiones horrorosas e hirientes. 

¿Cómo se comunica Dios con el hombre? 

La religión ha revelado que Dios no es un ser físico, contingente, limitado por el tiempo y el espacio. Para comunicarse con nosotros, lo más lógico es que Dios lo haga valiéndose del vehículo que usamos: el lenguaje vivo. Como Dios no tiene cuerdas vocales, se vale de un hombre que, no solo se parece físicamente a quienes se dirige, sino que se expresa en el idioma que ese grupo humano habla. La gran diferencia es que las palabras, lo que él dice, cómo las dice, tienen una fuerza interior capaz de tocar el alma del oyente, de ofrecerle inspiración, de activar la intuición, de hacer que el individuo experimente una paz interior y certeza que confirman, al quien recibe, que de alguna “manera” Dios le ha “hablado”. 

Esas personas están comunicadas con Dios de una manera especialísima que les permite tener una vivencia y un conocimiento de Dios tal, que las habilita para transmitir el mensaje que Dios quiere que escuchemos. Las hemos llamado con varios nombres: Profetas, Voceros de Dios, Mensajeros Divinos, Manifestaciones de Dios, dependiendo del momento histórico y de las culturas donde aparecen. 

¿Qué perfil deben tener dichos personajes para aceptarlos como mensajeros divinos? 

Sin tener que ser expertos en las cualidades que estos Voceros de Dios tienen en su esencia, podemos enumerar unas de puro sentido común y otras de Revelación. 

La primera es que dichos individuos no se eligen a sí mismos como mediadores de la humanidad con Dios. Ellos son escogidos por Dios para esa labor. Lo contrario sería el ego del individuo que se autoproclama vocero Dios sin haber sido escogido. La humildad necesaria para desempeñar ese rol se esfuma y termina inventando una revelación que no es de Dios, sino de su afiebrada imaginación o de una descontrolada ambición de control de sus seguidores. La elección de Dios de su vocero ha sido consignada en las narraciones religiosas como el momento cuando Dios se les manifiesta y los invita a llevar a cabo dicha labor. 

Baste recordar que Abraham es llamado por Dios para que un pueblo entero crea en un solo Dios, por contraposición a la multiplicidad de dioses que los pueblos vecinos habían inventado. Para conseguir este propósito, recibe la instrucción de salir de su lugar de residencia e ir a la región de Canaán donde su familia crece, proclamando que solo hay un Dios. De esta familia, más tarde, aparece Moisés. 

Moisés es enviado por Dios en su edad madura para liberar a los israelitas que habían sido esclavizados por el faraón de Egipto. Logra conseguir la liberación del pueblo israelita después de demostrarle al faraón el poder que solo Dios tiene cuando envía las siete plagas. La última cobra la vida de todos los hijos mayores del país, incluido el del faraón, razón suficiente para que deje libres a los israelitas. En la travesía por el desierto, Moisés recibe los 10 mandamientos que se convierten en la carta magna del  comportamiento moral-espiritual del pueblo judío, muy por encima de los códigos éticos de los pueblos circundantes. 

Jesús aparece más o menos 1470 años después de Moisés y es confirmado divinamente por una voz celestial como el Mesías esperado cuando es bautizado por Juan. Se retira al desierto durante 40 días, preparándose para presentar la Revelación que Dios le ha encargado ofrecer a la nación judía. Esta quedó consignada en los Evangelios y complementada por las cartas de los apóstoles, convirtiéndose en el Nuevo Testamento.  

Mahoma aparece unos 600 años después de Jesús y recibe una revelación en muchos puntos similar a la revelación del Mesías. La recibe por intermedio del Ángel Gabriel en el 610, mientras meditaba en una cueva en el monte Hira. Esa Revelación continuó durante unos 23 años y se convirtió en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. 

Bahá’u’lláh (su nombre significa la gloria de Dios) es la más reciente manifestación de Dios. El revela la Fe Bahá’i a partir de l863, hasta su muerte en 1892. Su aparición fue anunciada por el Báb, como Jesús fue anunciado por Juan el Bautista. El Báb en árabe significa La Puerta – a través de la cual pasa Bahá’u’lláh. Él se retira dos años como ermitaño en Bagdad para prepararse a dar su portentosa revelación que apenas lleva 180 años de ser proclamada y ahora se encuentra divulgada en más de 238 países. 

Estos mensajeros tienen una relación de cercanía a Dios que ninguno de nosotros posee, lo que les permite tener un conocimiento de Dios que ninguno de nosotros tiene ni puede llegar a tener. De no tener ese nivel de conocimiento de Dios que está por encima del de cualquiera de nosotros, no podría entonces decirnos nada de Dios que nosotros no pudiéramos deducir por nuestro propio esfuerzo.  

Este conocimiento de Dios es superior al que tiene el más brillante, el más espiritual, el más noble ser humano. No lo otorga ninguna escuela religiosa. Los mensajeros nacen con dicho conocimiento, pero tienen que esperar a que Dios les inspire el momento de dárnoslo a conocer. Aun así, lo que ellos nos develan de Dios no es el conocimiento total de su esencia, pues ésta es incognoscible para toda criatura creada por El, incluidos sus mensajeros. Su misión es comunicarnos el conocimiento que tienen de Dios con tal sencillez que, quienes los escuchen, puedan elaborar una imagen, una representación humana que les permita obtener un conocimiento mínimo de cómo entender quién es Dios, en el idioma propio del grupo humano que recibe esa Revelación específica. 

Otra exigencia que les pondríamos a estos representantes de Dios es que vivan una vida impecable, basada en lo que enseñan. Su forma de vida es la encarnación de lo que revelan dándole al contenido revelado la validez y autoridad necesarias para que éste sea aceptado. 

Históricamente, estos Mensajeros Divinos han sufrido persecuciones implacables por parte de las autoridades religiosas del momento, porque sus enseñanzas desafían lo que esas autoridades han malinterpretado de la Revelación original, imponiéndola a los seguidores, bajo amenaza de castigo divino.  

Fue el caso de las ceremonias rituales de los sacrificios de animales en el Templo de Jerusalén, o la errónea interpretación cristiana que la sexualidad es pecaminosa, o las exigencias del régimen musulmán que obliga a las mujeres a usar el burka que las cubre de la cabeza a los pies, perdiendo así su identidad corporal. 

El acosamiento contra los Mensajeros divinos se ha manifestado en prisión, destierro, castigo corporal violento, y/o muerte en forma extrema como la crucifixión de Jesús, el acosamiento de Mahoma por los sacerdotes de las religiones dominantes en la Meca que lo obligan a salir de allí y refugiase en Medina por proclamar a Allah, como el único Dios, o la ejecución del Báb por un regimiento de 750 mosquetes disparados sobre su cuerpo, destrozándolo literalmente. Bahá’u’lláh, por seguir y defender lo revelado por el Báb sufre prisión y destierro durante 40 años. Estos Mensajeros de Dios son víctimas de este trato nefasto sólo por ser fieles toda su vida, proclamando incesantemente la Revelación que Dios les ha encomendado predicar. 

La validez de las Revelaciones dada por estas Manifestaciones 

La oposición violenta de las autoridades contra estos mensajeros es motivada por la coherencia entre lo que revelan y cómo lo viven en su vida diaria, porque es la mejor prueba de que sus Enseñanzas son de Dios. Se reconocen como el camino, la verdad y la vida espiritual que nos estimulan a vivir diariamente.  

La mejor prueba de la validez de lo que revelaron es que, después de 4 085 años los judíos siguen leyendo la Torah; los hindúes siguen las enseñanzas de Krishna desde hace más o menos 3 500 años; los zoroastrianos viven las normas que les dejo Zoroastro hace aproximadamente 2 400 años; los budistas practican la espiritualidad enseñada por Buda hace 2 500 años; los cristianos proclaman las enseñanzas de Jesús desde hace más de 2 000 años; los musulmanes siguen los derroteros de Muhammad después de 1 392 años, los Bahá’is proclaman lo revelado por Bahá’u’lláh desde hace 180 años.  

Los periodos de duración de estas religiones mundiales son la mejor prueba de que su contenido no es elaborado por sus voceros. Ellos lo recibieron como revelación, cada uno de forma extraordinaria, lo que precisamente los hace auténticos expositores de dichas Revelaciones.  

El contenido de esas religiones tiene la fuerza para moldear y dirigir la vida de los seguidores porque sus contenidos los invitan a adoptar una respuesta de comportamientos morales y éticos en función del respeto de los demás, reconociéndoles a todos el origen divino, creados a “imagen y semejanza de Dios”. Esta es una enseñanza que solo la da la religión, no la ciencia. Por eso la religión completa, amplía y da sentido a la vida de quienes siguen las enseñanzas originales de los fundadores de dichas religiones.  

Queda ahora claro por qué comenzamos estos artículos definiendo lo que compone la realidad total: la dimensión física espacial-temporal, y la dimensión trascendente que no es ni espacial ni temporal pero tan real como la primera. Develamos en la realidad física la constante y omnipresente estructura que exhibe un diseño constante y espectacularmente complejo que solo lo puede dar una Consciencia cósmica que conoce la esencia de lo que crea, pero en armonía con todos los otros objetos físicos, tanto en la dimensión cósmica como en la microscópica. 

Descubrimos en esta dimensión microscópica una realidad cuántica que no está restringida por las leyes de la macrofísica, pero que es a la vez sustrato de todo lo que existe como una potencialidad que está pronta a manifestarse en el nivel físico cuando se dan las condiciones apropiadas. 

Después develamos cómo la religión es aquella disciplina que aborda lo que la ciencia física ni quiere ni puede porque no es ese el objeto de su práctica. La religión devela el sentido individual, colectivo y cósmico que la existencia tiene, sin que sea restringida por su manifestación espacio-temporal. Nos informa que la energía vital divina es la que anima el alma, que a su vez sostiene la existencia terrenal del hombre y de todo lo creado, tanto cuanto que ella es la fuente misma de todo lo que está vivo. Esta energía es revelada por las religiones como el origen divino de todo lo creado, Dios, un ser Eterno, Omnisciente, Omnipotente, pleno de Amor Incondicional que, siendo el origen de nuestra mortalidad, es al mismo tiempo, la meta de regreso a nuestro origen espiritual cuando hacemos la transición temporal.  

Vistos así, la realidad total tiene dos niveles de existencia. La ciencia nos devela la maravillosa estructura interna de todo el mundo físico que proclama a gritos un origen organizador e inteligente que le da vida y un propósito especifico de existencia. La religión, en cambio, le ofrece al hombre, individual y colectivamente, un horizonte de sentido existencial cuya meta, después de la transición temporal, es la inmortalidad en un peregrinaje espiritual hasta llegar a la contemplación ininterrumpida de la presencia de Dios. Esta Presencia le da a todo ser humano la experiencia incomparable de felicidad sin interrupción por haber llegado a la Fuente Divina que le dio origen por el solo deseo de compartir su Amorosa Sobreabundancia.  

Este maravilloso origen y sentido de nuestra existencia nos la expresó Baha’u’lláh así: 

“Oh hijo del hombre! Velado en mi ser inmemorial y en la antigua eternidad de mi esencia, conocí Mi amor por ti, por lo tanto, te cree, he grabado en ti Mi imagen y te he revelado Mi Belleza”.  

Reynaldo Pareja

Agosto, 2024

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    Ciencia sin religión, se convierte en materialismo asfixiante 

   Religión sin ciencia, se convierte en fanatismo beligerante 

Al inicio de esta serie de artículos que venimos publicando en el blog, pusimos la siguiente base: investigaríamos los componentes de la realidad total desde dos puntos de percepción diferentes: desde la fisica-tangible abordada por la ciencia con su metodología de análisis científico concentrado en la realidad visible y tangible. El otro es el no-físico, atemporal, trascendental, cuya metodología de análisis se basa en una revelación específica. Cada método de análisis es válido para tratar los dos diferentes niveles de la realidad totalCada método hace dicho análisis desde su propio marco conceptual y con sus propios sistemas de aproximación.

Hasta ahora hemos expuesto múltiples descubrimientos de la ciencia sobre la composición interna de la realidad física y tangible para llegar a dos conclusiones generales: La primera, es que toda realidad física –tanto la cosmológica, como la inmediata en la tierra, incluidos nosotros y todo ser viviente- tiene una interioridad que despliega un nivel de organización y diseño innegables. 

La segunda es que la ciencia nos ha demostrado que dicha materia física tiene un nivel de existencia invisible o detectable por el ojo humano. Ese nivel es el microscópico y que, aunque es invisible a nuestra mirada, no deja de ser real. Esta realidad es aún más evidente cuando la ciencia se ha adentrado al nivel cuántico,donde la temporalidad y espacialidad dejan de tener las mismas funciones que en el mundo macro. En este nivel, la realidad física da paso a la realidad potencial que no es visible ni espacial ni temporal; sin embargo, es real y existe.

De ahí hemos podido deducir que la realidad total está compuesta por un nivel físico, visible y temporal y a la vez tiene -afirmada por la religión- una dimensión trascendental que es invisible, inmaterial, atemporal pero real, como lo es la dimensión cuántica respecto a la realidad física. La dimensión trascendental se hace especialmente presente en la realidad del hombre, conocida como su realidad espiritual. 

Ahora es el momento para afirmar categóricamente que la religión no es ciencia -tal como se la define hoy- pues el objetivo de la religión no es hacer afirmaciones científicas sobre la realidad física. Su objetivo es la develación de la otra realidad no-visible, pero sí real, la espiritual. 

Por lo tanto, utilizar los textos sagrados de cualquiera de las religiones mundiales para hacer afirmaciones científicas –con los criterios de explicación científica modernos– es un error metodológico y de aplicación del conocimiento de las dos realidades esencialmente diferentes. Cuando esto se hace, la religión se convierte en un fanatismo beligerante.

Rescatemos varios episodios históricos donde esta confusión se hizo patente y dramática. Probablemente, el caso histórico más conocido fue la interpretación literal que la Iglesia hizo de pasajes de la biblia, al afirmar que la tierra era el centro del universo y que el sol, los planetas y estrellas giraban a su alrededor. Esta explicación era conocida como el sistema tolemaico. 

Los estudios astronómicos hechos por Nicolas Copérnico, (1473 -1543), Giordano Bruno (1548-1600) y Galileo Galilei (1564 –1642) afirmaron lo contrario: que el sol era el centro del sistema planetario y que los planetas giraban a su alrededor. Este descubrimiento fue arduamente reñido por la iglesia católica como herético y contrario a la enseñanza bíblica.

Fue tal la batalla que emprendió contra cada uno de estos científicos que, el 24 de febrero de 1616, se reunió una comisión formada por once teólogos no-científicos quienes unánimemente concluyeron que la interpretación heliocéntrica de Copérnico era “estúpida, absurda en filosofía y formalmente herética por contradecir la Sagrada Escritura”. Asimismo, señalaron que afirmar que la Tierra no era el centro del universoy que giraba sobre sí misma era “absurdo” y “erróneo en la fe”.

Giordano Bruno era un astrónomo, filósofo, teólogo, matemático y poeta italiano, juzgado por la Inquisición y condenado a morir quemado en la hoguera por sostener la afirmación heliocéntrica. Expresar una teoría diferente era prohibido por la autoridad eclesiástica. Adicionalmente, Bruno hizo interpretaciones de raciocinio lógico sobre la Trinidad que iban en contra de la definición dogmática establecida y ratificada por la Iglesia Católica.

Galileo Galilei fue un astrónomo, ingeniero, matemático y físico italiano, que inventó en 1609 el primer telescopio funcional para estudiar sistemáticamente las estrellas y planetas. Sus observaciones confirmaron las conclusiones heliocéntricas de Copérnico y Giordano Bruno. Su Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo fue juzgado por la Inquisición como herético. El 22 de junio de 1633 el astrónomo era condenado por herejía y sentenciado a prisión indefinida, lo que le llevó a abjurar de sus ideas por escrito. Al día siguiente su pena fue conmutada por un arresto domiciliario hasta cuando murió

La prohibición de las obras de Copérnico y Galileo se mantuvo hasta 1835, y no fue sino hasta 400 años después, en 1992, cuando el Papa Juan Pablo II reconoció “el error de los teólogos de la época” y declaró oficialmente que Galileo Galilei era inocente de la acusación por la que había sido condenado en el año 1633,precisando que “a la Biblia no le conciernen los detalles del mundo físico, cuya comprensión es competencia de la experiencia y el razonamiento humanos”. Tardía aceptación de que las Escrituras Sagradas no son libros científicos, sino revelación sobre el mundo espiritual.

Isaac Newton (1642-1727).

Como científico racional nacido en una familia anglicana, Newton cuestionaba, en secreto, el dogma de la Trinidad como contrario a un análisis lógico. De haberlo declarado públicamente hubiera sido juzgado blasfemo y herético. Eso le hubiera impedido llegar a ser miembro del Trinity College, y profesor de matemáticas. Nunca se habría convertido en miembro del parlamento, ni habría sido presidente de la Royal Society; tampoco habría sido nombrado caballero por la reina.

Sabiendo que esto podía ocurrir, Newton optó por no expresar abiertamente sus convicciones religiosas, lo que le permitió colocarse a la vanguardia en áreas como el cálculo integral y diferencial, la formulación de leyes de física y astronomía, el avance de la matemática con el teorema del binomio, el inicio de la espectroscopia, la propuesta de que la luz estuviera compuesta por partículas, la ley de convención térmica, los estudios sobre la velocidad del sonido en el aire, la propuesta de una teoría sobre el origen de las estrellas, los estudios pioneros de la mecánica de fluidos, estableciendo una ley sobre la viscosidad y la propuesta de la ley de la gravitación universal. Un verdadero gigante científico que tuvo que quedarse callado frente a su religión, para no ser silenciado.


Charles Darwin (1809–1882) 

Darwin aparece relativamente cerca a nuestra época. Dado que era un naturalista, geólogo y biólogo inglésinteresado en la evolución de las especies, propuso su teoría de que las especies evolucionan gradualmente con el tiempo, adaptándose a su medio ambiente.

La teoría de Darwin fue interpretada como un desafío a la creencia de la Iglesia de que Dios había creado originalmente todas las especies de vida vegetal y animal, tal como existen hoy en día; que la creación delmundo tuvo lugar hace unos pocos miles de años y que el orden natural que vemos hoy surgió directamentede la mente de Dios. Admitir la evolución como Darwin la proponía iba en contra de esta firme creencia, nacida y respaldada por la interpretación literal de la biblia, sin base científica. No se hizo esperar el ataque abierto de teólogos y biólogos. Sin embargo, no hubo una persecución oficial ni una condena formal por parte de la Iglesia Anglicana o la Iglesia Católica. Las repercusiones se manifestaron más en el ámbito social y académico, con debates intensos contra él entre científicos, teólogos y el público en general. Darwin, consciente de la controversia potencial de su teoría y para evitar confrontación directa con la Iglesia retrasó la publicación de su obra principal durante más de 20 años.

Complementariedad de la religión a lo afirmado por la ciencia

¿Qué afirma la religión sobre el gran diseño que hemos develado tanto en el Cosmos, en la Tierra, como en los seres vivos, incluidos los hombres?

Todas las religiones mundiales afirman que dicho diseño inteligente, organizador ha tenido como fuente a un Ser no espacial, ni temporal, ni físico al que se le han dado múltiples nombres: – Dios, Ahura Mazda, el Gran Espíritu, Allah.

Esta no es una declaración científica. Sencillamente afirma que Dios es el origen y sostén de la realidad física. Cuando la religión describe la forma como Dios llevó a cabo la creación, usa la alegoría imaginaria de una operación hecha por el hombre cuando toma una materia prima y le da formas visibles y tangibles diferentes. Esta explicación es más inteligible para la mayoría, que el entender que el acto creador de Dios es directo, inmediato y que solo basta que Dios lo conciba para que eso aparezca físicamente en esta dimensión temporal.

A esta afirmación la conocemos como Revelación Divina, sin explicar científicamente cómo se da dicha creación. La religión ha afirmado que Dios es a la vez Todopoderoso para crear con solo ‘pensar/concebir’ una realidad física para que ésta inmediatamente se manifieste en la temporalidad. La religión no afirma que esta aparición sea estática e inmodificable, interpretando la teoría de la evolución propuesta por Darwin.

La Religión revela que Dios es Infinitamente Inteligente. Ese Atributo le permite a Dios conocer la intimidad misma de lo que crea. Sin esta capacidad creadora consciente y conocedora de la intimidad de todo lo que ha creado, crea y creará en el futuro, no es posible que aparezca en la temporalidad con un diseño tan claro y evidente como el que hemos descubierto.

Por lo tanto, ese Ser-Creador debe ser consciente de qué es lo que crea y cómo está constituida su esencia. Este Ser debe, por deducción lógica, ser el Origen de todo lo creado porque todo lo creado tiene un diseño organizador, como lo hemos constatado en el análisis de los primeros artículos. 

Esto es posible, además, porque la religión nos afirma que Dios es Omniciente/Sapientisimo. El todo lo sabe, El conoce todo lo que ha existido, lo presente y lo que ha de aparecer en la existencia en el futuro. Dios no tiene barreras en la extensión, profundidad y amplitud de todo lo que se puede conocer. El, en Sí, es la fuente de todo conocimiento, aun el que nosotros tenemos. Sin esa Omnisciencia no es posible crear este Universo y los potenciales que aún no conocemos, los millones de galaxias, los trillones de estrellas; la estructura de una célula, la cadena del ADN y los millones de seres humanos que habitamos en este planeta.

Adicionalmente, la religión nos afirma que Dios tiene otras cualidades relacionadas con ser el creador de todo lo creado. Enumeremos algunos.

Es autosubsistente: Por definición esto quiere decir que la existencia de Dios no le proviene de una fuente externa. Él es la fuente, el origen de Sí mismo. Su existencia nace de Sí Mismo, porque Él es la fuente de Sí mismo. Al no depender de una fuente de existencia, Él es la fuente de todo lo creado.

Es todopoderoso/omnipotente: Por definición, este tributo expresa que Dios es en Sí capaz de crear todo lo que existe porque es Todopoderoso. No hay barrera que le impida manifestar dicho poder. Por lo tanto, este Atributo de Dios es esencial para ser el Creador puesto que una creación de la magnitud de la que hemos dilucidado no puede manifestarse al menos que Dios sea Todopoderoso, que no tenga barreras para continuar siendo el Creador de todo lo que constatamos que existe. Dios es la fuente de toda la creación.

El Amor Absoluto que todo lo comparteLo más sorprendente es entender, apreciar y agradecer que el “motor”, “la motivación”, la intencionalidad de Dios es la de comunicarse como Amor Absoluto, dispuesto a compartir con la Creación y con nosotros lo más íntimo de Quien es El, el Amor sin restricciones. Esto no lo descubre ni lo puede afirmar la ciencia. La Revelaciones de todas las religiones son las que nos han dado a conocer esa exquisita forma de Ser de Dios que nos comparte a raudales, todos los días, la Creación entera, esta Casa que habitamos, para nuestro goce y agradecimiento interior.

Nos crea su imagen y semejanzaSi de alguna manera la religión afirma algo que la ciencia no puede ni tiene los instrumentos para hacerlo es que hemos sido creados directamente por Dios a “su imagen y semejanza”. ¿Qué quiere decir esto?

Que, de alguna manera, la esencia de quienes somos es atemporal, no espacial. La religión la llama el alma, que en efecto no tiene forma ni ocupa espacio dentro del cuerpo humano pues la ciencia no ha podido detectarla. Pero que existe y es real, lo es como lo es la realidad cuántica de la materia. Tanto que, cuando esta esencia se desliga del cuerpo, éste deja de ser una unidad viva y comienza a descomponerse.

¿De qué manera esa ‘imagen y semejanza’ con Dios se expresa mejor en nosotros? Se expresa en una función intangible, sin espacio ni tiempo. En nuestra capacidad de crear a partir de una intuición, una deducción, una imaginación, una pregunta. El mundo creado por el hombre es absolutamente impresionante en su dimensión, profundidad y espectacularidad. Ante un puente que une islas enteras, un rascacielos que toca las nubes, un avión que se remonta a cientos de kilómetros de altura y a velocidades próximas a la del sonido; a diseños arquitectónicos que nos quitan el aliento, hasta sinfonías que elevan a sus oyentes a un estado de arrobamiento.

Este poder creativo del hombre es quizá uno de los más inmediatos reflejos de esa ‘imagen y semejanza de Dios’ que tenemos dentro de nuestra alma. Pero la semejanza se ve coronada con las miles y múltiples expresiones diarias de amor que nos damos los unos a los otros. La madre que pacientemente alberga durante nueve meses una nueva vida en su vientre generoso, el padre que trabaja dos jornadas para que la familia pueda comer, las enfermeras que no duermen atendiendo a los pacientes; los socorristas que inmediatamente se hacen presentes en zonas devastadas por incendios, terremotos, huracanes, ciclones; en aquellos que, sin pensarlo dos veces, se lanzan a rescatar a alguien que se está ahogando o a quien que es golpeado por unos asaltantes; personas que se desprenden de su alimento, de su vestido para dárselos a quien no los tiene. Todos estos actos de amor reflejan el Amor incondicional con que Dios nos creó, aunque también somos capaces de infligirnos infinitas barbaridades los unos a los otros.

El sentido de la vidaLa ciencia no está orientada a descubrir ni definir cuál es el propósito final del por qué estamos en la existencia temporal. Esa respuesta nos la da la religión a través de las enseñanzas de cada fundador.

Dicho sentido está íntimamente relacionado con la afirmación inequívoca de que Dios es el Creador de todo el universo, así como del hombre hecho a su “imagen y semejanza”. Esta afirmación hecha por la religión ofrece un punto de referencia que la ciencia no tiene ni puede ofrecer porque no es su campo de reflexión. 

Dios, al hacernos “a su imagen y semejanza” nos imprimió un alma, como esencia de lo que somos, una realidad sin espacio ni tiempo. Como tal está, más allá de la restricción del tiempo-espacio de nuestra vida temporal. Cuando dejamos de vivir en esta dimensión, nuestra alma, que no es espacial ni temporal, queda liberada para seguir existiendo en esa otra dimensión tan difícil de visualizar, la espiritual, que es afirmada por la religión, que existe y es real. Ese gran destino y sentido de la vida es Revelación, no es hallazgo científico. La Revelación da pleno y esperanzador sentido al propósito de la existencia temporal con la que hemos sido regalados.

En esa perspectiva podemos afirmar que nuestra vida puede ser una ofrenda de comunión con la presencia diáfana y divina del Cosmos en el que navegamos como en el océano que nos lleva a la orilla de la Eternidad.

Podemos concluir que, para conocer, entender y apreciar la realidad total, es necesario utilizar la ciencia y la religión pues ambas dan su aporte, desde su propio marco de referencia, permitiéndonos abarcar, aceptar y vivir nuestra vida en plenitud.

Reynaldo Pareja 

Julio, 2024

    

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Ciencia sin religión se convierte en materialismo asfixiante. Religión sin ciencia es fanatismo beligerante.

Conclusiones con los datos científicos presentados

En los dos primeros artículos sobre este tema hemos presentado suficientes ejemplos descubiertos por la ciencia que nos demuestran cómo la realidad física está compuesta intrínsicamente de tal forma, que podemos concluir lo siguiente:

Uno. Que todos los datos sobre la realidad fisica, cósmica y microscópica muestran que hay una organización intrínseca en todo lo que la vida pujante nos muestra en el universo, así como en las realidades físicas y mentales de nuestra realidad humana, compuesta de un nivel físico y de otro psíquico-mental. 

Dos. Que dicha macro y micro organización no puede ser el resultado del azar. Por el contrario, que semejante organización cósmica, intraterrestre, biológica y mental, requiere de una fuente, de un principio organizador que conoce la intimidad de todo lo expuesto anteriormente, para que esta multi-realidad se manifieste en el nivel estructurado que hemos constatado como su modo de existir.

Tres. Ninguna de estas realidades ha sido el producto de un ensayo al azar. El azar nunca ha demostrado que tiene un diseño de organización intrínseca y extrínseca, desde el inicio de cualquier cosa fisica. Nada de lo expuesto en su complejidad podría existir sin un diseño organizador. Es demasiado compleja dicha organización para que sea el resultado de un ensayo fortuito, sin dirección, sin objetivo claro de funcionamiento, sin llevar dentro de sí una orientación de relaciones con todas las otras entidades del mundo y el universo.

Cuatro. Lo que sí podemos deducir es que la complejidad organizativa que la ciencia ha comprobado que tiene la realidad fisica, biológica, psíquica y mental, es el resultado de un principio organizador que se fue expresando evolutivamente hasta que el planeta pudo albergar la vida sensible y el hombre. 

Cinco. Que dicho principio, por más lejano o abstracto que pueda ser, tiene que tener una inteligencia organizadora, capaz de producir el nivel de organización constatado. 

Seis. Esto lo podemos afirmar porque nosotros mismos somos creadores permanentes de realidades físicas. Estas son el producto de una idea, una intuición, un pensamiento o una imaginación. Desde el momento de su origen, esa creación mental tiene un diseño organizativo implícito que se hace evidente cuando la función del producto final pone de manifiesto que había sido concebido con un diseño y organización tal que, en efecto, cumple con la función de su diseño. 

Siete. Una entidad con dicha capacidad organizadora requiere de un nivel de consciencia creativa, sin la cual no es posible crear nada que no tenga un diseño organizador. Lo que hemos analizado es que el diseño está impreso en todo lo que vemos, tocamos, analizamos, y conceptualizamos. La Energía Vital-creadora de todo lo que existe, debe tener pues, la facultad organizadora para imprimir un diseño específico en todo lo que existe, con el nivel de complejidad que la ciencia nos devela como su intimidad.  

Todo lo anterior es para reafirmar que la Energía Vital presente en todo lo que existe es consciente y creativamente organizadora.  Tiene que ser así para saber qué es lo que está creando, cuál es la función de cada cosa creada en el esquema evolutivo de la materia y del hombre, y cómo debe comportarse, para que dicho Plan Universal pueda mantenerse en armonía, unidad y con una direccionalidad claramente delineada en su esencia misma. 

Un ejemplo casero puede servirnos. Tomemos al director de una orquesta sinfónica. Para que la ejecución de la obra musical tenga éxito, dicho director debe conocer las notas que cada instrumento de la sinfónica puede producir. Debe conocer a fondo la partitura para entender en qué momento cada instrumento entra, complementa o introduce una nueva dirección a toda la pieza musical. Debe tener desarrollado el sentido de la armonía que han de producir todos los instrumentos, tocados por los músicos y en el momento en que  deben sonar. 

Este conductor tiene que saber de antemano cuál es el diseño total de la sinfonía que va a dirigir, lo que implica que sabe leer música, pues tiene, frente a sí, una partitura que solo muestra signos y símbolos que no producen las notas en sí. 

Nada menos, encarna a la Energía Vital, la responsable de que exista Vida en toda su expresión de complejidad y diseño, pues como Energía-Creadora tiene que tener el conocimiento íntimo de lo que crea, para que todo lo creado responda a la orquestación cósmica en la cual está inmersa cada individualidad, incluidos nosotros.

Las catástrofes, ¿tienen diseño programado?

¿Cómo conciliar la presencia de diseño y la organización en la naturaleza, con el hecho irrefutable que ella crea catástrofes de tal nivel de destrucción que arrasa lo creado por el hombre para su supervivencia, además de sepultar miles de vidas humanas en su imparable fuerza demoledora?

Para responder adecuadamente a esta observación válida, es necesario hacer una distinción que la misma ciencia moderna nos ofrece con sus nuevas y reveladoras investigaciones. Las catástrofes son de dos tipos. Catástrofes causadas por fuerzas de la naturaleza, expresadas con niveles destructivos como los huracanes, las tormentas eléctricas, los vientos de fuerza demoledora o los tsunamis que pueden ahogar completamente a un pueblo costero, o los volcanes con capacidad para “borrar” áreas de viviendas, junto con sus ocupantes.

La ciencia nos explica que todos estos son procesos naturales del planeta, que tienen como finalidad necesaria liberar energías para mantener el equilibrio planetario. Si los volcanes mantuvieran represada la lava interna que puja por salir y no hacen erupción, la presión de esa lava reprimida haría explotar literalmente la corteza terrestre, causando una destrucción y daño muchísimo mayor que el causado por las esporádicas erupciones. Los huracanes y terremotos igualmente tienen una función específica de renovación de la atmósfera o de alineamiento de las placas terrestres, ambos necesarios para mantener en equilibrio los sistemas ecológicos que dan y sostienen la vida en la tierra. Sin estas manifestaciones de fuerza imparable, la destrucción de la vida del planeta seria total.

La destrucción creada por el hombre

La segunda categoría de catástrofes es la creada por nosotros, quienes somos los directamente responsables del impacto en las personas, en el medio ambiente, en el equilibrio ecológico, causando un nivel de destrucción tanto o mayor que el producido por los fenómenos naturales.

Tomemos el caso que se da ahora a nivel planetario: el envenenamiento del suelo agrícola por la llamada agricultura mecanizada. Para lograr un alto rendimiento, y asegurar que la tierra tenga los nutrientes adecuados y el alimento crezca, se satura el suelo con fertilizantes químicos, supuestamente requeridos por las plantas, para dar cosechas ‘sanas y abundantes’. Cuando se cultivan miles de hectáreas de un mismo producto, hay que prevenir que sus propias plagas no dañen las cosechas. Sin admitirlo, esta agricultura industrializada, es el segundo sector más contaminante que representa alrededor del 11% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por lo tanto, hay que cubrir las plantas con plaguicidas, fertilizantes y tantos otros elementos químicos nocivos para la salud, que han convertido el subsuelo en una fábrica de “alimentos artificiales contaminados”, causantes de alergias, cánceres, destrucción de órganos y de células sanas, esenciales para tener cuerpos saludables.

Envenenamos el mismo aire que necesitamos para respirar cuando las gigantescas chimeneas de tantas fábricas saturan el aire con nubes de gases tóxicos, junto con los millones de automóviles que producimos. Estos gases nocivos son: el dióxido de carbono, el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno (NOx) y los óxidos de azufre (SOx); todos producidos por las emisiones de los vehículos motorizados y por los productos derivados de procesos industriales.

Muchos gases de efecto invernadero se producen de forma natural en la atmósfera. Sin embargo, la actividad humana contribuye a su acumulación y aumenta el calentamiento de la Tierra. Los gases fluorados son el tipo más potente y persistente de gases emitidos por las actividades del ser humano. 

Pueden producir un efecto invernadero miles de veces mayor que el CO2 natural. Se incluyen en este tipo los hidrofluorocarburos (HFC), (perfluorocarburos), hexafluoruro de azufre (SF6) y el trifluoruro de nitrógeno (NF3). Como consecuencia, las temperaturas medias aumentan y los fenómenos climáticos extremos, como las olas de calor y las sequías extensivas ocurren ahora donde antes no ocurrían. Se dan también, inusitadamente, inundaciones que ahogan cultivos, destruyen casas, arrasan vehículos y cobran vidas.

No quiero detallar aquí cómo envenenamos los mares, los ríos y sus afluentes, cuando se los utiliza como vertederos de toda la basura producida por nosotros. Baste con anotar que la mancha del océano Índico, descubierta en 2010, es una cantidad de desechos marinos y plásticos suspendidos en la superficie, estimada en 10 000 partículas por kilómetro cuadrado, compuesta por condones, compresas, residuos sanitarios, y gasolina de los buques. Estos desechos contienen contaminantes bacterianos que transmiten enfermedades infecciosas a los bañistas.

Los ríos no se ven libres de la muerte lenta causada por sus aguas contaminadas. Un arquetipo es el río Ganges de la India. Con una longitud de 2.510 kilómetros, atraviesa la India y desemboca en un gran delta, que comparte con el río Brahmaputra (Bangladés) y el río Meghna (Chandpur), en la Bahía de Bengala. 

Es usado como drenaje urbano donde se vierten desechos de alimentos y animales muertos, pesticidas, fertilizantes, metales industriales y riachuelos de cenizas de cuerpos cremados. En él se bañan miles de hindúes convencidos religiosamente de que las aguas del rio son sagradas, desconociendo que se han convertido en un poderoso medio de trasmisión de múltiples enfermedades.

Las guerras o la destrucción masiva del hombre por el hombre. Planeadas y  ejecutadas con alevosía, con la intención de acabar con el “otro” que se opone a los deseos del agresor. No hay que sofocar al lector con esta terrible realidad. Baste recordar el precio humano de algunas de las guerras modernas que conocemos: 

  • Primera Guerra Mundial: murieron casi 10 millones de soldados y alrededor de 13 millones de no combatientes. 
  • Segunda Guerra Mundial: un estimado de 40 – 50 millones de muertos.
  • La revolución china: con cerca de 1 a 2 millones de víctimas.
  • La guerra del Vietnam: 2 millones de civiles y 1.1 millones de combatientes.
  • La industria del narcotráfico en Colombia: 450.664 personas perdieron la vida a causa del conflicto armado entre 1985 y 2018. Si se tiene en cuenta el subregistro, la estimación del total de homicidios puede llegar a las 800 000 víctimas.
  • En Gaza, hasta ahora, se calcula que los muertos palestinos superan los 35 000. 

Llegamos así al momento de abordar cómo la religión arroja, a lo que la ciencia nos ofrece, la perspectiva de la llamada dimensión no física, la trascendente, tan real como la fisica, aunque no visible como ella. Esto lo haremos en el próximo artículo.

Datos ecológicos encontrados en Wikipedia. Datos sobre la guerra en Google, múltiples fuentes.

Reynaldo Pareja

Julio, 2024

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¿Rivales irreconciliables o interpretaciones complementarias de la realidad total?

La ciencia sin religión se convierte en materialismo asfixiante. La religión sin ciencia es fanatismo beligerante.

En el primer artículo expusimos lo que la ciencia nos dice de cómo la realidad física- densa está organizada a nivel macro del universo exterior, y a nivel medio en el planeta. En cada uno de ellos se puso de manifiesto que lo que hay de común en ellos es una impresionante organización-estructura que exige un diseño previo para evolucionar en lo que hoy podemos constatar.

En este articulo vamos a investigar si este mismo principio de organización y estructura se da a nivel microscópico. Comencemos por el nivel celular.

Organización de la vida celular

Si encontramos un diseño y una organización interna en la realidad física ‘inerte’, con mayor intensidad se da la misma constante en la vida celular. Veámosla en los diferentes niveles donde se expresa.

Todos nuestros órganos están compuestos por miles de miles de células vivas. Basta con mencionar algunos de los órganos más conocidos para apreciar su complejidad celular.

– El hígado: a las células hepáticas se les conoce como lobulillos hepáticos. El hígado humano contiene entre 50 000 y 100 000 de estos lobulillos, encargados de las funciones del hígado de regular los niveles químicos de la sangre. Adicionalmente, el hígado excreta la bilis que ayuda a descomponer las grasas y las prepara para su digestión y absorción.

– El corazón: los investigadores han determinado que las cuatro cámaras del corazón humano contienen los núcleos de aproximadamente 287 269 células, todas trabajando al unísono para que el corazón lata, en promedio, 70 veces por minuto. Esto supone 100 000 latidos diarios, que bombean en un minuto 5 litros de sangre, 7 500 litros diarios, que recorren unos 100 000 kilómetros de arterias y venas.

– Los pulmones: están compuestos por una multitud de pequeños sacos adyacentes llenos de aire, denominados alvéolos. Se hallan interconectados unos con otros por los llamados poros de Kohn que facilitan la distribución del oxígeno. Los pulmones tienen alrededor de 500 millones de alvéolos, formando una superficie total cercana a los 70 m². Una vez más, encontramos un diseño singular que permite la ingestión de oxígeno, vital para la vida de las células y la expulsión del dióxido de carbono que es tóxico para el cuerpo.

– Una sola célula: si todos los números anteriores de células en los órganos descritos son de una magnitud difícil de imaginar, es todavía igualmente difícil de apreciar la complejidad organizativa de una sola célula.

Los biólogos nos explican que cada célula es la unidad morfológica y funcional de todo ser vivo. A los organismos de una célula se les denomina unicelulares (protozoos, bacterias, y otros organismos microscópicos). Si tienen más de una célula se les llama pluricelulares. Las células suelen poseer un tamaño de 10 µm y una masa de 1 ng. En ellos, el número de

células es variable: de unos pocos cientos, como en algunos nemátodos, a cientos de billones (1014) de células que todo individuo tiene.

Las funciones vitales de los organismos ocurren dentro de las células, y son controladas por sustancias que ellas secretan. Cada célula es un sistema abierto, que intercambia materia y energía con su medio. En una célula ocurren todas las funciones vitales, de manera que basta una sola de ellas para que haya un ser vivo unicelular. Así pues, la célula es la unidad fisiológica de la vida.

Además, cada célula contiene toda la información hereditaria, necesaria para el control de su propio ciclo y del desarrollo y el funcionamiento de un organismo de su especie, así como para la transmisión de esa información a la siguiente generación celular.

– Las células poseen material genético en forma de ADN, el material hereditario de los genes, que contiene las instrucciones para el funcionamiento celular. Igualmente, la célula contine el ARN, que contribuye a que el ADN exprese. Las células tienen enzimas y proteínas que sustentan un metabolismo activo.

– La composición de una ‘hebra’ de ADN (ácido desoxirribonucleico -conocido como ADN) es de por sí una obra impresionante de organización-estructura. En términos técnicos, se le llama una “doble hélice”, usada para describir la estructura física del ADN. Una molécula de ADN está compuesta por dos cadenas complementarias que se enrollan entre sí y parecen una escalera de caracol con forma de hélice. Cada hebra tiene una estructura principal compuesta por grupos alternados de azúcar (desoxirribosa) y fosfato. Unida a cada azúcar hay una de cuatro bases: adenina (A), citosina (C), guanina (G) o timina (T). Las dos hebras se conectan por enlaces químicos entre las bases: enlaces de adenina con timina y enlaces de citosina con guanina.

– La doble hélice es realmente una estructura impresionante. No se puede mirar a la doble hélice por mucho tiempo, sin tener una especie de respeto hacia la elegancia de esta molécula de ADN que guarda la información genética. La forma de doble hélice es, básicamente, la manera como todas las formas de vida están conectadas entre sí, porque todas utilizan esta misma estructura para la transmisión de esa información. Dentro de las células, el ADN está organizado en estructuras llamadas cromosomas que, durante el ciclo celular se duplican, antes que la célula se divida.

– Las secuencias de ADN que constituyen la herencia se denominan genes. Cada gene contiene una parte que se transcribe al ARN y otra que se encarga de definir cuándo y dónde deben expresarse. El material genético completo de una dotación cromosómica se denomina genoma y, con pequeñas variaciones, es característico para cada especie.

En resumen:

Pensar que no una, sino billones de células presentes en un humano se replican en los más de 8 billones de personas que hay en el mundo, es de por sí un espectáculo grandioso de diseño organizativo, imposible de ser creado por una energía no pensante, no consciente, sin el conocimiento interno de cómo deben estar organizados los órganos de nuestro cuerpo para que funcionen y se mantengan activos durante toda la vida de cada individuo.

La organización de nuestros órganos internos.

De acuerdo con la clasificación y función, nuestro cuerpo está compuesto por 78 órganos, cada uno especializado en realizar una función específica.

– Por ejemplo, los riñones filtran el ácido úrico, expelido de la vejiga por el esfínter como orina;

– Los pulmones inhalan aire con oxígeno y lo lanzan al torrente sanguíneo.

– El corazón palpita en promedio entre 60-120 latidos por minuto y bombea, sin parar, la sangre que alimenta a todos los órganos.

– El páncreas tiene dos funciones principales: la de producir las enzimas que ayudan en la digestión de las grasas, los carbohidratos y las proteínas de los alimentos. La segunda función es la producción de la insulina y el gluon que mantiene el nivel adecuado de glucosa en la sangre.

– Todos los órganos del cuerpo trabajan dentro de ocho sistemas: locomotor (muscular y óseo), respiratorio, digestivo, excretor, circulatorio, endocrino, nervioso y reproductor. Continuamente llevan a cabo sus funciones manteniendo todo el cuerpo humano en un estado de equilibrio cuya orientación y finalidad es mantenerlo sano y en armonioso funcionamiento como una sola unidad. Cuando alguno de los órganos o sistemas tiene un funcionamiento descoordinado, el cuerpo entra en desequilibrio, lo que llamamos enfermedad.

– Una vez más, la organización, el diseño inteligente y armonioso, poniendo de relieve que tiene que tener una fuente inteligente y capaz de comprender a fondo el funcionamiento de cada célula, de cada sistema, para que la unidad corporal funcione eficazmente, cumpliendo el propósito para el cual fue diseñada.

La organización de nuestro cerebro

Nuestro cerebro contiene más de mil millones de neuronas que controlan todas las funciones que los órganos del cuerpo llevan a cabo diariamente para mantenernos vivos, sin tener que preocuparnos de estar conscientes para dirigir cada una de esas funciones.

Estas se llevan a cabo por el control automático del cerebro, como el latir del corazón, la respiración, la digestión, el sistema circulatorio, las pulsaciones bioenergéticas que van a todos los órganos, la renovación permanente de células nuevas.

Adicionalmente, grupos específicos de neuronas cerebrales sirven de base para que podamos razonar, experimentar sentimientos, y comprender el mundo.

La organización de nuestra mente

Nuestra mente no es un órgano físico; es inmaterial, no ocupa espacio preciso dentro del cerebro, ni depende del tiempo para llevar a cabo sus funciones.

Es la creadora de nuestros pensamientos que no tienen existencia fisica. Sin embargo, están allí cada vez que los necesitamos sea para razonar, para recordar, para crear nuevos pensamientos.

Tenemos también una mente que reacciona ante situaciones extremas con una respuesta emocional expresada verbalmente, físicamente y aun con reacciones químicas del cuerpo.

En sus funciones superiores, la mente tiene la facultad de razonar lógicamente, deducir conclusiones, a partir de ciertas premisas o leyes constatables como estables y algunas universales.

Igualmente, la mente tiene la capacidad de entender sin razonar, en forma directa y la llamamos intuición.

Después tiene la increíble capacidad de crear ideas, conceptos, pensamientos que no existían antes, ni tenían realidad física, sino hasta el momento en que pasamos de la idea, del pensamiento al diseño, de ahí a la búsqueda de los elementos necesarios para expresar físicamente lo creado por la imaginación.

Procesamos los materiales escogidos de acuerdo con el diseño, para obtener un producto final, como una silla, una computadora, un vehículo, una lámpara, un vestido, un plato favorito, una pintura, un poema, una partitura de música, un baile, una canción, una obra de teatro, una sinfonía, un rascacielos.

Nada de eso existe en la naturaleza; es el producto de la mente que crea realidad a través de su facultad de imaginar, de percibir la solución a un problema, de encontrar los medios para expresar la idea, y finalmente de producir físicamente aquello que apenas fue un chispazo de la imaginación, de la intuición.

Esta facultad inmaterial nos ofrece la base constatable para afirmar que en nosotros existe un nivel, una facultad sin espacio ni tiempo, que nos define y distingue del resto de la realidad fisica que hemos analizado. Nos da pie para postular una dimensión interior nuestra –real– pero sin concreción fisica como es nuestro cuerpo.

¿Puede la energía vital crear una realidad que ella misma desconoce y no puede manifestar?

¿Qué conclusiones podemos sacar de estos datos científicos?

Varias y muy reveladores. Pero como son tantas y tan profundas, merecen otro artículo.

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– Datos de los órganos y células obtenidos de Wikipedia y de La Enciclopedia Británica.

Reynaldo Pareja

Junio, 2024

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A partir de esta entrega -son 5- Reynaldo nos compartirá sus reflexiones sobre este tema que es de interesante actualidad hoy.

¿Rivales irreconciliables o interpretaciones complementarias de la realidad total? Ciencia sin religión, se convierte en materialismo asfixiante. Religión sin ciencia, es fanatismo beligerante.

Por lo general la definición de realidad en uso, se enfoca en la existencia fisica constatable de algo. Sin embargo, esta definición no es completa. La realidad total tiene un doble nivel de existencia: el primero es el físico, tangible, medible, visual. El segundo nivel de la realidad total es la existencia de lo intangible, no-visible, no físico, inmaterial, trascendental, que, sin embargo, es real y verificable por medios diferentes a los que usamos para afirmar la realidad fisica.

Cada nivel tiene su propia metodología de constatación que, aunque diferentes en su punto de referencia, los dos ofrecen una perspectiva complementaria que conforma la realidad total. Partiremos de lo que nos ofrece la ciencia respecto de la composición del cosmos, de la materia densa para descubrir que este nivel físico ya apunta a una realidad interna que va más allá de lo que, a simple vista, se constata como realidad “objetiva”.

A medida que la ciencia moderna sigue avanzando con sus extraordinarios descubrimientos, cada vez nos ofrece evidencias que, antes que reñirse con las vivencias espirituales, nos sirven para afianzarlas con datos sólidos que nos permiten adentrarnos en la dimensión aparentemente inalcanzable de la Trascendencia.

Comencemos por los nuevos descubrimientos que ha hecho la ciencia respecto de la grandiosidad de ese Universo que nos hace guiños nocturnos en un esplendoroso despliegue de rutilantes estrellas.

Organización de nuestra galaxia

De acuerdo con los astrónomos, la Vía Láctea tiene un diámetro de unos 105 700 años luz y está compuesta por 200 000 a 400 000 millones de estrellas (soles). Analizando los datos del Kepler, estos afirman que pueden existir más de 160 000 millones de posibles planetas terrestres y de estos unos 300 millones habitables, lo que permite postular que en ellos habría expresiones de vida celular similar a la que tenemos en la tierra.

Una primera conclusión de estos datos es que la tierra no es el único planeta que tiene vida celular y que la manifestación de esta forma de vida es tan común en esos planetas como lo es en el nuestro.

Nuestra galaxia “cohabita” o comparte un vecindario galáctico con otras dos galaxias espirales gigantes, Andrómeda y la Galaxia del Triángulo. Las tres son conocidas como el Grupo Local. Comparten con ellas otras pequeñas galaxias. Esta es una foto del Grupo para apreciar cuantas estrellas lo componen.

A su vez, el Grupo Local está contenido dentro del supercúmulo de Laniakea, cuyo centro gravitatorio es el denominado Gran Atractor, hacia el cual se dirige el Grupo Local. Su diámetro es de 3 megaparsecos aproximadamente (cada megaparserco es un millón de parsecos, distancia equivalente a 3 026 millones de años luz).

Estas tres gigantes y sus acompañantes mantienen una relación gravitacional estable entre sí que denota una organización de equilibrio pues han mantenido sus relaciones espaciales por millones de años sin aniquilarse.

La organización del universo profundo

Según las “fotos” del Telescopio Hubble y el nuevo, el James Webb que fue lanzado el 25 de diciembre de 2021, los astrónomos que han estudiado el conjunto de imágenes del Hubble estiman que hay más de 1 billón de galaxias en el universo observable. Cada una de ellas contiene millones y millones de planetas y de estrellas.

Estudiando las fotos del universo profundo tomadas por el telescopio James Webb, los astrofísicos han estipulado la existencia astronómica de 300 trillones de estrellas en esa porción del universo apenas descubierto. La siguiente foto muestra apenas una porción de ese espacio. Cada punto luminoso fuerte es equivalente a una galaxia:

Según la NASA, si multiplicamos 8 (planetas) por 300 000 000 000.000 (sistemas solares) por 2 000 000 000 (de galaxias) nos da que, solo en el universo observable pueden haber cerca de 4 800 000 000 000 000 000 000 000 planetas. Esta es una cifra que el común de las personas no puede siquiera expresarla verbalmente porque no sabe qué representa.

La organización de la materia fisica

Nuestro planeta está compuesto de materia fisica densa que se expresa en montañas, rocas, minerales, cuya durabilidad en el tiempo abarca millones de años, así como en manifestaciones menos densas como el agua, el aire, la tormenta, el tornado, los tsunamis.

Cuando se analiza la composición de la materia densa, se descubre que está compuesta por elementos químicos y que, algunas veces, despliega una estructura interna geométrica de increíbles combinaciones presentando un panorama exquisito de riqueza organizacional. Este diseño con frecuencia es imposible de captar con solo los ojos, pues se requiere de un microscopio de alta potencia para revelar su interioridad.

Breves ejemplos:

Las montañas: estas masivas moles de piedra por lo general comienzan con una altura de más de 700 metros de altura respecto a su base pero las más altas alcanzan entre 6 890 (Nevado Ojos del Salado) y 8 846 metros de altura (monte Everest).

Estas elevaciones topográficas suelen agruparse en cordilleras o sierras, que pueden ser breves o prolongadas a lo largo de kilómetros de distancia. Se clasifican en: volcánicas, plegadas (producto de una falla tectónica) o plegado-fracturadas. Las montañas cubren un 24% de la superficie terrestre.

Las montañas son importantes porque actúan como barreras físicas que encausan la circulación del aire y la distribución de las lluvias en el planeta. Cumplen una función hidrológica, pues una gran cantidad del agua se forma en lo alto de sus cimas. Adicionalmente, ellas cumplen el papel de reducción de la intensidad de los desastres naturales. Si hay algo que define la característica esencial de las montañas es su edad, que supera a todos los otros elementos densos. Las más antiguas que existen en el planeta forman el cinturón de rocas verdes de Barberton con una antigüedad estimada de unos 3 600 millones de años. Se encuentran en Sudáfrica y Suazilandia. El cinturón es conocido por sus formaciones rocosas bien conservadas.

Si la masividad, dureza y durabilidad de las montañas muestran con facilidad que ellas surgieron en el transcurso de los millones de años con un diseño y las funciones específicas anotadas arriba, los minerales demuestran en su interior un diseño y organización igualmente evidentes. Veamos algunos de ellos.

El diamante: está compuesto por carbono puro cristalizado, cuyos átomos están dispuestos en una estructura cristalina cúbica, centrada en la cara denominada la ‘red de diamante’.

El carbono: Es un elemento químico no metálico, con 4 electrones y 6 protones para formar enlaces químicos covalentes. El carbono es el pilar básico de la química orgánica. Está presente en la tierra en estado de cuerpo simple, de compuestos inorgánicos (CO2 y CaCO3) y de compuestos orgánicos (biomasa, petróleo y gas natural).

El titanio: Es un metal que tiene una estructura interna cristalina hexagonal de color gris, baja densidad y gran dureza. Es muy resistente a la corrosión por agua del mar, y aun del cloro. En estado puro presenta la mayor proporción de dureza-densidad de todos los elementos metálicos.

El hierro: El hierro es un elemento químico de número atómico 26, lo que significa que cada átomo de hierro cuenta con 26 protones en su núcleo. Este material se usa en millares de artículos construidos por el hombre: puentes, aviones, submarinos, carros, trenes, rascacielos, armas…

El cuarzo: compuesto de sílice (Si02), es el mineral más común en la tierra. Tiene una estructura de armazón tridimensional donde el tetraedro de silicio y oxígeno es compartido por dos silicios. Se destaca por su dureza y resistencia para la construcción y moldes. Se le utiliza en la fabricación de joyas y talla en piedra. Es el componente principal del vidrio común. Además, los cristales de cuarzo se utilizan en osciladores electrónicos, en relojes y en radiotransmisores y receptores.

Si bien todos los elementos enumerados pueden ser clasificados como materia fisica densa, hay manifestaciones que diluyen el concepto de densidad, pero su omnipresencia en la tierra es tal, que se deben mencionar porque igualmente tienen su estructura, organización, un claro diseño y propósito de su existencia. Estos son el agua y el aire:

El agua: este líquido omnipresente en el planeta está compuesto por moléculas de H2O que llamamos con diferentes nombres (mares, ríos, lagos, agua para beber) clasificados de acuerdo a su extensión y densidad.

Los mares: cubren más del 70% de la superficie del planeta. El volumen total es de aproximadamente 1 350 millones de kilómetros cúbicos con una profundidad media de casi 3 700 m. El océano mundial es el principal componente de la hidrosfera de la tierra, forma parte del ciclo del carbono e influye en los patrones del clima. El océano es, además, el hábitat de 230 000 especies conocidas. Se afirma que en el mar fue donde aparecieron las primeras formas de vida que más tarde evolucionaron hasta convertirse en todas las especies conocidas, cada una con su diseño y organización-estructura.

Los ríos: se calcula que hay alrededor de 165 ríos grandes en el mundo. Los ríos forman parte del ciclo hidrológico que nace de la precipitación pluvial, del hielo y nieve que se derriten, de agua subterránea y de manantiales. Los ríos fluyen de las montañas hacia otros ríos y finalmente al mar. En el transcurso de su descenso dan al subsuelo los minerales que necesitan, el líquido que beben los miles de animales y los hombres que lo recogen o almacenan como agua para beber y sobrevivir.

Una gota de agua: aunque pequeña por comparación a la inmensidad de un océano, cada gota de agua es una obra impresionante de ingeniería. La razón por la cual una gota de agua se ve como una pequeña esfera es porque su superficie exterior tiene una tensión que actúa como una membrana que mantiene los elementos interiores sin que estos se dispersen. A medida que la gota crece, el efecto de curvatura disminuye y tiende a anularse. A partir de los 2 o 3 micrones de radio, la gota se comporta como si tuviera superficie plana dejando salir su interior como líquido. Esta estructura se repite en los trillones de gotas que conforman un océano, un lago, un río.

El aire (atmósfera): es una capa de gas transparente, compuesta principalmente de nitrógeno (78,08%) y oxígeno (20,95%). Junto a éstos, existen otros gases como el argón (0.93 %) y el dióxido de carbono (0.035%). La atmósfera cubre toda la tierra, con un espesor de aproximadamente 1 000 kilómetros y a su vez se divide en varias capas concéntricas sucesivas, que se extienden desde la superficie del planeta hasta el espacio exterior.

La atmósfera tiene varias funciones: Participa en la regulación del clima, tanto por el movimiento de las masas de aire frío y caliente sobre los océanos y masas continentales, como por su efecto en las corrientes oceánicas y en el transporte del vapor de agua que después se vierte en forma de precipitación en los continentes. Aunque su composición de oxígeno es menor que la del nitrógeno, es suficiente y esencial para nuestra supervivencia, pues sin él sencillamente dejamos de funcionar orgánicamente. Necesitamos del oxígeno como elemento esencial para conservarnos, crecer, y desempeñarnos adecuadamente, en todo lo que llevamos a cabo diariamente.

Conclusiones parciales

Las cifras celestiales presentadas son de tal magnitud que trascienden nuestra capacidad de visualizar, de comprender, de apreciar en detalle la complejidad monumental que tiene este universo que apenas estamos comenzando a percibir.

Lo que sí podemos concluir es que esta esta magnitud millonaria de galaxias y en ellas los millones de millones de soles y planetas, postulan que el universo desde su inicio evolucionó siguiendo un diseño intrínseco que despliega una organización gigantesca, con leyes estables de relaciones armónicas que permite mantener una relación de equilibrio, e impide una colisión sin control de multitud de galaxias que crearía un caos imparable y una destrucción cósmica irreparable.

Baste, pues, sacar en claro, apoyados por la ciencia, que semejante universo con esas dimensiones imposibles de manejar por nuestros limitados conocimientos, es es imposible de que se dé por simple ensayo, al azar, sin un diseño implícito manifestado en su extraordinaria complejidad, que permite el nacimiento de billones de estrellas que mantienen entre sí una organización estable y un diseño exquisito.

Igualmente, la materia fisica densa, cuando se la estudia bajo un microscopio, despliega en su interior una variedad de formas geométricas de tal precisión que manifiestan diseños previos de sus variadísimas estructuras que superan cualquier explicación de ensayo y error.

Finalmente, la composición del agua y de la atmósfera demuestra una organización molecular que declara sin ambigüedades que su existencia responde a un diseño previo que le permite manifestarse con la grandiosidad y especificidad, convirtiéndola en elemento absolutamente necesario para albergar a los seres vivos y sensibles del planeta.

Reynaldo Pareja

Junio, 2024

– Datos del universo obtenidos de Wikipedia.

– Datos montañas: https://concepto.de/montana/#ixzz8b3cvCRFT

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En nuestra tertulia del 15 de febrero, tuvimos el regalo de conversar con el Padre Arturo Sosa, S.J., general de los jesuitas en el mundo. A raíz de su presencia y de lo que nos dijo, consideramos estimulante traer a nuestro blog “en vivo y en directo”, las manifestaciones de algunos de nosotros.

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