Home ¿En qué creo hoy? Ciencia y Religión (5) – El arte de la comunicación divina 

Ciencia y Religión (5) – El arte de la comunicación divina 

Por Reynaldo Pareja
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Ciencia sin religión, se convierte en materialismo asfixiante. Religión sin ciencia es fanatismo beligerante. Esta es la última entrega de esta serie. 

¿Cómo nos comunicamos los humanos? La aparición del idioma hablado. 

Hagamos el ejercicio de imaginarnos cómo, posiblemente, fue apareciendo y estructurándose el idioma hablado. Alguien, mientras sostenía entre sus manos algún objeto, emitía algún sonido, mostrándolo. Con un bebé en los brazos emitía un gruñido que, cada vez que se lo repetía al compañero, los otros entendían que ese sonido representaba al bebé. 

A medida que se identificaba un objeto, se repetía un sonido que lo representaba. Muy pronto, todos los objetos y personas del grupo, de la tribu, crearon sus propios sonidos que identificaban todo lo que tenían a su alrededor. Sonidos que se convirtieron en vocablos. Después comenzaron a inventarse vocablos para identificar acciones, como por ejemplo, el vocablo “cacería” que se relacionaba con el vocablo del animal a cazar. 

A medida que el vocabulario se enriquecía con los nombres de las cosas y con las acciones a realizar, el idioma que fuese, por más primitiva que fuera su estructura, brindaba un doble servicio: todo podía ser nombrado y los sonidos representaban a las cosas; además, se podía comunicar la acción que se quería realizar.  

Es altamente probable que, simultáneamente, los miembros del grupo fueron inventando palabras para referirse a emociones, sentimientos, estados de ánimo. Esta actividad creativa del hombre le dio la posibilidad de intercambiar conceptos, ideas, sentimientos, deseos, razonamientos, conocimiento de la realidad que lo circundaba, hasta el punto de lograr desarrollar grupos de sonidos para referirse a todos los aspectos de la vida, necesarios para la sobrevivencia. 

Cuando el idioma se desarrolló y se enriqueció con múltiples palabras y construcciones gramaticales, surgieron las mejores expresiones de poesía, descripciones literarias de emociones y aventuras, de pensamientos artísticos y filosóficos, de canciones; de descripciones magníficas, de acontecimientos espectaculares como terremotos, volcanes, huracanes.  

El idioma pues, se convirtió para la humanidad en el vehículo por excelencia para referirse a todo aquello que el hombre experimenta, piensa, crea, modifica y hasta destruye, con expresiones horrorosas e hirientes. 

¿Cómo se comunica Dios con el hombre? 

La religión ha revelado que Dios no es un ser físico, contingente, limitado por el tiempo y el espacio. Para comunicarse con nosotros, lo más lógico es que Dios lo haga valiéndose del vehículo que usamos: el lenguaje vivo. Como Dios no tiene cuerdas vocales, se vale de un hombre que, no solo se parece físicamente a quienes se dirige, sino que se expresa en el idioma que ese grupo humano habla. La gran diferencia es que las palabras, lo que él dice, cómo las dice, tienen una fuerza interior capaz de tocar el alma del oyente, de ofrecerle inspiración, de activar la intuición, de hacer que el individuo experimente una paz interior y certeza que confirman, al quien recibe, que de alguna “manera” Dios le ha “hablado”. 

Esas personas están comunicadas con Dios de una manera especialísima que les permite tener una vivencia y un conocimiento de Dios tal, que las habilita para transmitir el mensaje que Dios quiere que escuchemos. Las hemos llamado con varios nombres: Profetas, Voceros de Dios, Mensajeros Divinos, Manifestaciones de Dios, dependiendo del momento histórico y de las culturas donde aparecen. 

¿Qué perfil deben tener dichos personajes para aceptarlos como mensajeros divinos? 

Sin tener que ser expertos en las cualidades que estos Voceros de Dios tienen en su esencia, podemos enumerar unas de puro sentido común y otras de Revelación. 

La primera es que dichos individuos no se eligen a sí mismos como mediadores de la humanidad con Dios. Ellos son escogidos por Dios para esa labor. Lo contrario sería el ego del individuo que se autoproclama vocero Dios sin haber sido escogido. La humildad necesaria para desempeñar ese rol se esfuma y termina inventando una revelación que no es de Dios, sino de su afiebrada imaginación o de una descontrolada ambición de control de sus seguidores. La elección de Dios de su vocero ha sido consignada en las narraciones religiosas como el momento cuando Dios se les manifiesta y los invita a llevar a cabo dicha labor. 

Baste recordar que Abraham es llamado por Dios para que un pueblo entero crea en un solo Dios, por contraposición a la multiplicidad de dioses que los pueblos vecinos habían inventado. Para conseguir este propósito, recibe la instrucción de salir de su lugar de residencia e ir a la región de Canaán donde su familia crece, proclamando que solo hay un Dios. De esta familia, más tarde, aparece Moisés. 

Moisés es enviado por Dios en su edad madura para liberar a los israelitas que habían sido esclavizados por el faraón de Egipto. Logra conseguir la liberación del pueblo israelita después de demostrarle al faraón el poder que solo Dios tiene cuando envía las siete plagas. La última cobra la vida de todos los hijos mayores del país, incluido el del faraón, razón suficiente para que deje libres a los israelitas. En la travesía por el desierto, Moisés recibe los 10 mandamientos que se convierten en la carta magna del  comportamiento moral-espiritual del pueblo judío, muy por encima de los códigos éticos de los pueblos circundantes. 

Jesús aparece más o menos 1470 años después de Moisés y es confirmado divinamente por una voz celestial como el Mesías esperado cuando es bautizado por Juan. Se retira al desierto durante 40 días, preparándose para presentar la Revelación que Dios le ha encargado ofrecer a la nación judía. Esta quedó consignada en los Evangelios y complementada por las cartas de los apóstoles, convirtiéndose en el Nuevo Testamento.  

Mahoma aparece unos 600 años después de Jesús y recibe una revelación en muchos puntos similar a la revelación del Mesías. La recibe por intermedio del Ángel Gabriel en el 610, mientras meditaba en una cueva en el monte Hira. Esa Revelación continuó durante unos 23 años y se convirtió en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes. 

Bahá’u’lláh (su nombre significa la gloria de Dios) es la más reciente manifestación de Dios. El revela la Fe Bahá’i a partir de l863, hasta su muerte en 1892. Su aparición fue anunciada por el Báb, como Jesús fue anunciado por Juan el Bautista. El Báb en árabe significa La Puerta – a través de la cual pasa Bahá’u’lláh. Él se retira dos años como ermitaño en Bagdad para prepararse a dar su portentosa revelación que apenas lleva 180 años de ser proclamada y ahora se encuentra divulgada en más de 238 países. 

Estos mensajeros tienen una relación de cercanía a Dios que ninguno de nosotros posee, lo que les permite tener un conocimiento de Dios que ninguno de nosotros tiene ni puede llegar a tener. De no tener ese nivel de conocimiento de Dios que está por encima del de cualquiera de nosotros, no podría entonces decirnos nada de Dios que nosotros no pudiéramos deducir por nuestro propio esfuerzo.  

Este conocimiento de Dios es superior al que tiene el más brillante, el más espiritual, el más noble ser humano. No lo otorga ninguna escuela religiosa. Los mensajeros nacen con dicho conocimiento, pero tienen que esperar a que Dios les inspire el momento de dárnoslo a conocer. Aun así, lo que ellos nos develan de Dios no es el conocimiento total de su esencia, pues ésta es incognoscible para toda criatura creada por El, incluidos sus mensajeros. Su misión es comunicarnos el conocimiento que tienen de Dios con tal sencillez que, quienes los escuchen, puedan elaborar una imagen, una representación humana que les permita obtener un conocimiento mínimo de cómo entender quién es Dios, en el idioma propio del grupo humano que recibe esa Revelación específica. 

Otra exigencia que les pondríamos a estos representantes de Dios es que vivan una vida impecable, basada en lo que enseñan. Su forma de vida es la encarnación de lo que revelan dándole al contenido revelado la validez y autoridad necesarias para que éste sea aceptado. 

Históricamente, estos Mensajeros Divinos han sufrido persecuciones implacables por parte de las autoridades religiosas del momento, porque sus enseñanzas desafían lo que esas autoridades han malinterpretado de la Revelación original, imponiéndola a los seguidores, bajo amenaza de castigo divino.  

Fue el caso de las ceremonias rituales de los sacrificios de animales en el Templo de Jerusalén, o la errónea interpretación cristiana que la sexualidad es pecaminosa, o las exigencias del régimen musulmán que obliga a las mujeres a usar el burka que las cubre de la cabeza a los pies, perdiendo así su identidad corporal. 

El acosamiento contra los Mensajeros divinos se ha manifestado en prisión, destierro, castigo corporal violento, y/o muerte en forma extrema como la crucifixión de Jesús, el acosamiento de Mahoma por los sacerdotes de las religiones dominantes en la Meca que lo obligan a salir de allí y refugiase en Medina por proclamar a Allah, como el único Dios, o la ejecución del Báb por un regimiento de 750 mosquetes disparados sobre su cuerpo, destrozándolo literalmente. Bahá’u’lláh, por seguir y defender lo revelado por el Báb sufre prisión y destierro durante 40 años. Estos Mensajeros de Dios son víctimas de este trato nefasto sólo por ser fieles toda su vida, proclamando incesantemente la Revelación que Dios les ha encomendado predicar. 

La validez de las Revelaciones dada por estas Manifestaciones 

La oposición violenta de las autoridades contra estos mensajeros es motivada por la coherencia entre lo que revelan y cómo lo viven en su vida diaria, porque es la mejor prueba de que sus Enseñanzas son de Dios. Se reconocen como el camino, la verdad y la vida espiritual que nos estimulan a vivir diariamente.  

La mejor prueba de la validez de lo que revelaron es que, después de 4 085 años los judíos siguen leyendo la Torah; los hindúes siguen las enseñanzas de Krishna desde hace más o menos 3 500 años; los zoroastrianos viven las normas que les dejo Zoroastro hace aproximadamente 2 400 años; los budistas practican la espiritualidad enseñada por Buda hace 2 500 años; los cristianos proclaman las enseñanzas de Jesús desde hace más de 2 000 años; los musulmanes siguen los derroteros de Muhammad después de 1 392 años, los Bahá’is proclaman lo revelado por Bahá’u’lláh desde hace 180 años.  

Los periodos de duración de estas religiones mundiales son la mejor prueba de que su contenido no es elaborado por sus voceros. Ellos lo recibieron como revelación, cada uno de forma extraordinaria, lo que precisamente los hace auténticos expositores de dichas Revelaciones.  

El contenido de esas religiones tiene la fuerza para moldear y dirigir la vida de los seguidores porque sus contenidos los invitan a adoptar una respuesta de comportamientos morales y éticos en función del respeto de los demás, reconociéndoles a todos el origen divino, creados a “imagen y semejanza de Dios”. Esta es una enseñanza que solo la da la religión, no la ciencia. Por eso la religión completa, amplía y da sentido a la vida de quienes siguen las enseñanzas originales de los fundadores de dichas religiones.  

Queda ahora claro por qué comenzamos estos artículos definiendo lo que compone la realidad total: la dimensión física espacial-temporal, y la dimensión trascendente que no es ni espacial ni temporal pero tan real como la primera. Develamos en la realidad física la constante y omnipresente estructura que exhibe un diseño constante y espectacularmente complejo que solo lo puede dar una Consciencia cósmica que conoce la esencia de lo que crea, pero en armonía con todos los otros objetos físicos, tanto en la dimensión cósmica como en la microscópica. 

Descubrimos en esta dimensión microscópica una realidad cuántica que no está restringida por las leyes de la macrofísica, pero que es a la vez sustrato de todo lo que existe como una potencialidad que está pronta a manifestarse en el nivel físico cuando se dan las condiciones apropiadas. 

Después develamos cómo la religión es aquella disciplina que aborda lo que la ciencia física ni quiere ni puede porque no es ese el objeto de su práctica. La religión devela el sentido individual, colectivo y cósmico que la existencia tiene, sin que sea restringida por su manifestación espacio-temporal. Nos informa que la energía vital divina es la que anima el alma, que a su vez sostiene la existencia terrenal del hombre y de todo lo creado, tanto cuanto que ella es la fuente misma de todo lo que está vivo. Esta energía es revelada por las religiones como el origen divino de todo lo creado, Dios, un ser Eterno, Omnisciente, Omnipotente, pleno de Amor Incondicional que, siendo el origen de nuestra mortalidad, es al mismo tiempo, la meta de regreso a nuestro origen espiritual cuando hacemos la transición temporal.  

Vistos así, la realidad total tiene dos niveles de existencia. La ciencia nos devela la maravillosa estructura interna de todo el mundo físico que proclama a gritos un origen organizador e inteligente que le da vida y un propósito especifico de existencia. La religión, en cambio, le ofrece al hombre, individual y colectivamente, un horizonte de sentido existencial cuya meta, después de la transición temporal, es la inmortalidad en un peregrinaje espiritual hasta llegar a la contemplación ininterrumpida de la presencia de Dios. Esta Presencia le da a todo ser humano la experiencia incomparable de felicidad sin interrupción por haber llegado a la Fuente Divina que le dio origen por el solo deseo de compartir su Amorosa Sobreabundancia.  

Este maravilloso origen y sentido de nuestra existencia nos la expresó Baha’u’lláh así: 

“Oh hijo del hombre! Velado en mi ser inmemorial y en la antigua eternidad de mi esencia, conocí Mi amor por ti, por lo tanto, te cree, he grabado en ti Mi imagen y te he revelado Mi Belleza”.  

Reynaldo Pareja

Agosto, 2024

4 Comentarios
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4 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 12 agosto, 2024 - 6:47 am

Reynaldo: Muchas gracias por esa formidable síntesis sobre la comunicación de Dios, la comunicación human y la comunicación desde la ciencia. Cordial saludo. Hernando

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Vicente Alcalá 12 agosto, 2024 - 9:06 am

Reynaldo, muchas gracias. La primera parte de tu artículo me trajo a la memoria el libro de G. Lohfink “Ahora entiendo la biblia” en el que parte de las formas de comunicación: desde una carta, una receta de cocina, las esquelas funerarias, charla de café, los saludos, desde la poesía a la novela… La segunda parte de tu artículo muestra muy bien los diversos niveles de la realidad y las diferentes formas de llegar a conocerlos. La Revelación de Dios a la humanidad es otro hecho histórico, misterioso, y por entender todavía.

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Reynaldo Pareja 12 agosto, 2024 - 7:20 pm

Gracias a ti Hernando por invertir el tiempo de lectura y darme la retroalimentacion que me estimula a seguir pensando-escribiendo.

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Reynaldo Pareja 12 agosto, 2024 - 7:27 pm

Gracias Vicente por tu reaccion a mi articulo ultimo de esta serie. Nada como confirmar que alguien leyo lo escrito y me dio su punto de vista. Ciertamente que la Comunicación Divina con esta creacion suya no tiene una sola forma de hacerlo, pero lo cierto es que se da cuando estamos abiertos a escucharla en el silencio interior de la inspiracion, la reflexion, el analisis, las conclusiones logicas y la aceptacion del margen del misterio que se presenta como la puerta abierta a seguir indagando con la certeza de ir encontrando respuestas satisfactorias.

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