Ciencia sin religión, se convierte en materialismo asfixiante
Religión sin ciencia, se convierte en fanatismo beligerante
Al inicio de esta serie de artículos que venimos publicando en el blog, pusimos la siguiente base: investigaríamos los componentes de la realidad total desde dos puntos de percepción diferentes: desde la fisica-tangible abordada por la ciencia con su metodología de análisis científico concentrado en la realidad visible y tangible. El otro es el no-físico, atemporal, trascendental, cuya metodología de análisis se basa en una revelación específica. Cada método de análisis es válido para tratar los dos diferentes niveles de la realidad total. Cada método hace dicho análisis desde su propio marco conceptual y con sus propios sistemas de aproximación.
Hasta ahora hemos expuesto múltiples descubrimientos de la ciencia sobre la composición interna de la realidad física y tangible para llegar a dos conclusiones generales: La primera, es que toda realidad física –tanto la cosmológica, como la inmediata en la tierra, incluidos nosotros y todo ser viviente- tiene una interioridad que despliega un nivel de organización y diseño innegables.
La segunda es que la ciencia nos ha demostrado que dicha materia física tiene un nivel de existencia invisible o detectable por el ojo humano. Ese nivel es el microscópico y que, aunque es invisible a nuestra mirada, no deja de ser real. Esta realidad es aún más evidente cuando la ciencia se ha adentrado al nivel cuántico,donde la temporalidad y espacialidad dejan de tener las mismas funciones que en el mundo macro. En este nivel, la realidad física da paso a la realidad potencial que no es visible ni espacial ni temporal; sin embargo, es real y existe.
De ahí hemos podido deducir que la realidad total está compuesta por un nivel físico, visible y temporal y a la vez tiene -afirmada por la religión- una dimensión trascendental que es invisible, inmaterial, atemporal pero real, como lo es la dimensión cuántica respecto a la realidad física. La dimensión trascendental se hace especialmente presente en la realidad del hombre, conocida como su realidad espiritual.
Ahora es el momento para afirmar categóricamente que la religión no es ciencia -tal como se la define hoy- pues el objetivo de la religión no es hacer afirmaciones científicas sobre la realidad física. Su objetivo es la develación de la otra realidad no-visible, pero sí real, la espiritual.
Por lo tanto, utilizar los textos sagrados de cualquiera de las religiones mundiales para hacer afirmaciones científicas –con los criterios de explicación científica modernos– es un error metodológico y de aplicación del conocimiento de las dos realidades esencialmente diferentes. Cuando esto se hace, la religión se convierte en un fanatismo beligerante.
Rescatemos varios episodios históricos donde esta confusión se hizo patente y dramática. Probablemente, el caso histórico más conocido fue la interpretación literal que la Iglesia hizo de pasajes de la biblia, al afirmar que la tierra era el centro del universo y que el sol, los planetas y estrellas giraban a su alrededor. Esta explicación era conocida como el sistema tolemaico.
Los estudios astronómicos hechos por Nicolas Copérnico, (1473 -1543), Giordano Bruno (1548-1600) y Galileo Galilei (1564 –1642) afirmaron lo contrario: que el sol era el centro del sistema planetario y que los planetas giraban a su alrededor. Este descubrimiento fue arduamente reñido por la iglesia católica como herético y contrario a la enseñanza bíblica.
Fue tal la batalla que emprendió contra cada uno de estos científicos que, el 24 de febrero de 1616, se reunió una comisión formada por once teólogos no-científicos quienes unánimemente concluyeron que la interpretación heliocéntrica de Copérnico era “estúpida, absurda en filosofía y formalmente herética por contradecir la Sagrada Escritura”. Asimismo, señalaron que afirmar que la Tierra no era el centro del universoy que giraba sobre sí misma era “absurdo” y “erróneo en la fe”.
Giordano Bruno era un astrónomo, filósofo, teólogo, matemático y poeta italiano, juzgado por la Inquisición y condenado a morir quemado en la hoguera por sostener la afirmación heliocéntrica. Expresar una teoría diferente era prohibido por la autoridad eclesiástica. Adicionalmente, Bruno hizo interpretaciones de raciocinio lógico sobre la Trinidad que iban en contra de la definición dogmática establecida y ratificada por la Iglesia Católica.
Galileo Galilei fue un astrónomo, ingeniero, matemático y físico italiano, que inventó en 1609 el primer telescopio funcional para estudiar sistemáticamente las estrellas y planetas. Sus observaciones confirmaron las conclusiones heliocéntricas de Copérnico y Giordano Bruno. Su Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo fue juzgado por la Inquisición como herético. El 22 de junio de 1633 el astrónomo era condenado por herejía y sentenciado a prisión indefinida, lo que le llevó a abjurar de sus ideas por escrito. Al día siguiente su pena fue conmutada por un arresto domiciliario hasta cuando murió
La prohibición de las obras de Copérnico y Galileo se mantuvo hasta 1835, y no fue sino hasta 400 años después, en 1992, cuando el Papa Juan Pablo II reconoció “el error de los teólogos de la época” y declaró oficialmente que Galileo Galilei era inocente de la acusación por la que había sido condenado en el año 1633,precisando que “a la Biblia no le conciernen los detalles del mundo físico, cuya comprensión es competencia de la experiencia y el razonamiento humanos”. Tardía aceptación de que las Escrituras Sagradas no son libros científicos, sino revelación sobre el mundo espiritual.
Isaac Newton (1642-1727).
Como científico racional nacido en una familia anglicana, Newton cuestionaba, en secreto, el dogma de la Trinidad como contrario a un análisis lógico. De haberlo declarado públicamente hubiera sido juzgado blasfemo y herético. Eso le hubiera impedido llegar a ser miembro del Trinity College, y profesor de matemáticas. Nunca se habría convertido en miembro del parlamento, ni habría sido presidente de la Royal Society; tampoco habría sido nombrado caballero por la reina.
Sabiendo que esto podía ocurrir, Newton optó por no expresar abiertamente sus convicciones religiosas, lo que le permitió colocarse a la vanguardia en áreas como el cálculo integral y diferencial, la formulación de leyes de física y astronomía, el avance de la matemática con el teorema del binomio, el inicio de la espectroscopia, la propuesta de que la luz estuviera compuesta por partículas, la ley de convención térmica, los estudios sobre la velocidad del sonido en el aire, la propuesta de una teoría sobre el origen de las estrellas, los estudios pioneros de la mecánica de fluidos, estableciendo una ley sobre la viscosidad y la propuesta de la ley de la gravitación universal. Un verdadero gigante científico que tuvo que quedarse callado frente a su religión, para no ser silenciado.
Charles Darwin (1809–1882)
Darwin aparece relativamente cerca a nuestra época. Dado que era un naturalista, geólogo y biólogo inglésinteresado en la evolución de las especies, propuso su teoría de que las especies evolucionan gradualmente con el tiempo, adaptándose a su medio ambiente.
La teoría de Darwin fue interpretada como un desafío a la creencia de la Iglesia de que Dios había creado originalmente todas las especies de vida vegetal y animal, tal como existen hoy en día; que la creación delmundo tuvo lugar hace unos pocos miles de años y que el orden natural que vemos hoy surgió directamentede la mente de Dios. Admitir la evolución como Darwin la proponía iba en contra de esta firme creencia, nacida y respaldada por la interpretación literal de la biblia, sin base científica. No se hizo esperar el ataque abierto de teólogos y biólogos. Sin embargo, no hubo una persecución oficial ni una condena formal por parte de la Iglesia Anglicana o la Iglesia Católica. Las repercusiones se manifestaron más en el ámbito social y académico, con debates intensos contra él entre científicos, teólogos y el público en general. Darwin, consciente de la controversia potencial de su teoría y para evitar confrontación directa con la Iglesia retrasó la publicación de su obra principal durante más de 20 años.
Complementariedad de la religión a lo afirmado por la ciencia
¿Qué afirma la religión sobre el gran diseño que hemos develado tanto en el Cosmos, en la Tierra, como en los seres vivos, incluidos los hombres?
Todas las religiones mundiales afirman que dicho diseño inteligente, organizador ha tenido como fuente a un Ser no espacial, ni temporal, ni físico al que se le han dado múltiples nombres: – Dios, Ahura Mazda, el Gran Espíritu, Allah.
Esta no es una declaración científica. Sencillamente afirma que Dios es el origen y sostén de la realidad física. Cuando la religión describe la forma como Dios llevó a cabo la creación, usa la alegoría imaginaria de una operación hecha por el hombre cuando toma una materia prima y le da formas visibles y tangibles diferentes. Esta explicación es más inteligible para la mayoría, que el entender que el acto creador de Dios es directo, inmediato y que solo basta que Dios lo conciba para que eso aparezca físicamente en esta dimensión temporal.
A esta afirmación la conocemos como Revelación Divina, sin explicar científicamente cómo se da dicha creación. La religión ha afirmado que Dios es a la vez Todopoderoso para crear con solo ‘pensar/concebir’ una realidad física para que ésta inmediatamente se manifieste en la temporalidad. La religión no afirma que esta aparición sea estática e inmodificable, interpretando la teoría de la evolución propuesta por Darwin.
La Religión revela que Dios es Infinitamente Inteligente. Ese Atributo le permite a Dios conocer la intimidad misma de lo que crea. Sin esta capacidad creadora consciente y conocedora de la intimidad de todo lo que ha creado, crea y creará en el futuro, no es posible que aparezca en la temporalidad con un diseño tan claro y evidente como el que hemos descubierto.
Por lo tanto, ese Ser-Creador debe ser consciente de qué es lo que crea y cómo está constituida su esencia. Este Ser debe, por deducción lógica, ser el Origen de todo lo creado porque todo lo creado tiene un diseño organizador, como lo hemos constatado en el análisis de los primeros artículos.
Esto es posible, además, porque la religión nos afirma que Dios es Omniciente/Sapientisimo. El todo lo sabe, El conoce todo lo que ha existido, lo presente y lo que ha de aparecer en la existencia en el futuro. Dios no tiene barreras en la extensión, profundidad y amplitud de todo lo que se puede conocer. El, en Sí, es la fuente de todo conocimiento, aun el que nosotros tenemos. Sin esa Omnisciencia no es posible crear este Universo y los potenciales que aún no conocemos, los millones de galaxias, los trillones de estrellas; la estructura de una célula, la cadena del ADN y los millones de seres humanos que habitamos en este planeta.
Adicionalmente, la religión nos afirma que Dios tiene otras cualidades relacionadas con ser el creador de todo lo creado. Enumeremos algunos.
Es autosubsistente: Por definición esto quiere decir que la existencia de Dios no le proviene de una fuente externa. Él es la fuente, el origen de Sí mismo. Su existencia nace de Sí Mismo, porque Él es la fuente de Sí mismo. Al no depender de una fuente de existencia, Él es la fuente de todo lo creado.
Es todopoderoso/omnipotente: Por definición, este tributo expresa que Dios es en Sí capaz de crear todo lo que existe porque es Todopoderoso. No hay barrera que le impida manifestar dicho poder. Por lo tanto, este Atributo de Dios es esencial para ser el Creador puesto que una creación de la magnitud de la que hemos dilucidado no puede manifestarse al menos que Dios sea Todopoderoso, que no tenga barreras para continuar siendo el Creador de todo lo que constatamos que existe. Dios es la fuente de toda la creación.
El Amor Absoluto que todo lo comparte: Lo más sorprendente es entender, apreciar y agradecer que el “motor”, “la motivación”, la intencionalidad de Dios es la de comunicarse como Amor Absoluto, dispuesto a compartir con la Creación y con nosotros lo más íntimo de Quien es El, el Amor sin restricciones. Esto no lo descubre ni lo puede afirmar la ciencia. La Revelaciones de todas las religiones son las que nos han dado a conocer esa exquisita forma de Ser de Dios que nos comparte a raudales, todos los días, la Creación entera, esta Casa que habitamos, para nuestro goce y agradecimiento interior.
Nos crea a su imagen y semejanza: Si de alguna manera la religión afirma algo que la ciencia no puede ni tiene los instrumentos para hacerlo es que hemos sido creados directamente por Dios a “su imagen y semejanza”. ¿Qué quiere decir esto?
Que, de alguna manera, la esencia de quienes somos es atemporal, no espacial. La religión la llama el alma, que en efecto no tiene forma ni ocupa espacio dentro del cuerpo humano pues la ciencia no ha podido detectarla. Pero que existe y es real, lo es como lo es la realidad cuántica de la materia. Tanto que, cuando esta esencia se desliga del cuerpo, éste deja de ser una unidad viva y comienza a descomponerse.
¿De qué manera esa ‘imagen y semejanza’ con Dios se expresa mejor en nosotros? Se expresa en una función intangible, sin espacio ni tiempo. En nuestra capacidad de crear a partir de una intuición, una deducción, una imaginación, una pregunta. El mundo creado por el hombre es absolutamente impresionante en su dimensión, profundidad y espectacularidad. Ante un puente que une islas enteras, un rascacielos que toca las nubes, un avión que se remonta a cientos de kilómetros de altura y a velocidades próximas a la del sonido; a diseños arquitectónicos que nos quitan el aliento, hasta sinfonías que elevan a sus oyentes a un estado de arrobamiento.
Este poder creativo del hombre es quizá uno de los más inmediatos reflejos de esa ‘imagen y semejanza de Dios’ que tenemos dentro de nuestra alma. Pero la semejanza se ve coronada con las miles y múltiples expresiones diarias de amor que nos damos los unos a los otros. La madre que pacientemente alberga durante nueve meses una nueva vida en su vientre generoso, el padre que trabaja dos jornadas para que la familia pueda comer, las enfermeras que no duermen atendiendo a los pacientes; los socorristas que inmediatamente se hacen presentes en zonas devastadas por incendios, terremotos, huracanes, ciclones; en aquellos que, sin pensarlo dos veces, se lanzan a rescatar a alguien que se está ahogando o a quien que es golpeado por unos asaltantes; personas que se desprenden de su alimento, de su vestido para dárselos a quien no los tiene. Todos estos actos de amor reflejan el Amor incondicional con que Dios nos creó, aunque también somos capaces de infligirnos infinitas barbaridades los unos a los otros.
El sentido de la vida. La ciencia no está orientada a descubrir ni definir cuál es el propósito final del por qué estamos en la existencia temporal. Esa respuesta nos la da la religión a través de las enseñanzas de cada fundador.
Dicho sentido está íntimamente relacionado con la afirmación inequívoca de que Dios es el Creador de todo el universo, así como del hombre hecho a su “imagen y semejanza”. Esta afirmación hecha por la religión ofrece un punto de referencia que la ciencia no tiene ni puede ofrecer porque no es su campo de reflexión.
Dios, al hacernos “a su imagen y semejanza” nos imprimió un alma, como esencia de lo que somos, una realidad sin espacio ni tiempo. Como tal está, más allá de la restricción del tiempo-espacio de nuestra vida temporal. Cuando dejamos de vivir en esta dimensión, nuestra alma, que no es espacial ni temporal, queda liberada para seguir existiendo en esa otra dimensión tan difícil de visualizar, la espiritual, que es afirmada por la religión, que existe y es real. Ese gran destino y sentido de la vida es Revelación, no es hallazgo científico. La Revelación da pleno y esperanzador sentido al propósito de la existencia temporal con la que hemos sido regalados.
En esa perspectiva podemos afirmar que nuestra vida puede ser una ofrenda de comunión con la presencia diáfana y divina del Cosmos en el que navegamos como en el océano que nos lleva a la orilla de la Eternidad.
Podemos concluir que, para conocer, entender y apreciar la realidad total, es necesario utilizar la ciencia y la religión pues ambas dan su aporte, desde su propio marco de referencia, permitiéndonos abarcar, aceptar y vivir nuestra vida en plenitud.
Reynaldo Pareja
Julio, 2024


4 Comentarios
Reynaldo, el aforismo con el que encabezas tus entregas y las reflexiones que acompañan los datos que recopilas, tienen una síntesis luminosa en el aforismo -semejante- que expresó Albert Einstein “la ciencia sin la religión está coja, y la religión, sin la ciencia, ciega”
Reynaldo: Muy importante y profundo tu análisis y tu comprensión sobre la correlación necesaria entre ciencia y religión, en el marco de las premisas de la realidad total y de nuestra semejanza con Dios. Gracias. Hernando
Vicente, Gracias por compartir la reflexion de Einstein que, ciertamente pocas veces resaltamos cuando se habla de religion y ciencia. Nuestro estimado genio entendio la conexion complementaria entre una disciplina y la otra, no la rivalidad que suscitó el desarrollo de la ciencia moderna como la única interpretación válida de la realidad fisica, pues la otra era imposible de medir, de objetivizar, de fotografiar, de expresar en una ecuación. Por lo tanto, podia declararla inexistente, -no-relevante para entender el universo fisico.
Hernando, gracias por tu reflexion que me confirma que lo que he querido abordar como tema tiene sentido y claridad. La realidad total tiene dos niveles que exigen un analisis integral. Si no se aceptan las premisas de analisis de la una y la otra disciplina es virtualmente imposible ver donde se da la complementaridad y la validez de sus visiones de la realidad. Que la profundizacion constante nos enriquezca la vision integral que es la que nos da el marco completo para entender nuestro puesto en dar sentido a la existencia.