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¿Es posible y valedera una visión alternativa del Jardín del Edén? (3)

Por Reynaldo Pareja
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Antes de entrar en materia de una interpretación alternativa a la tradicional religiosa del episodio de la creación del hombre y la mujer, su subsiguiente caída y expulsión del Jardín del Edén, es necesario situar la redacción del Génesis en el contexto histórico y cultural donde se desarrolla.

El Castigo

Toda transgresión de un mandato divino o de una ley justa exige una reparación que, en términos humanos, llamamos castigo. En el relato bíblico, la transgresión de comer del “fruto del árbol que está en medio del jardín” va seguida de la advertencia de Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte», lo que expresa claramente que la transgresión tiene un castigo. ¿Cuál fue? Uno que, a primera vista, parece excesivo, pero que, al analizarlo detalladamente, corresponde más bien a un crecimiento de la conciencia, ya adulta. Veamos cómo esta interpretación se ajusta al texto.

Dios castiga a Eva primero por haber sido la iniciadora de la transgresión: A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará».

Después, al hombre le dio el siguiente castigo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás» (Gen 3, 17-19).

En ambos casos, los castigos parecen negar la condición humana de adultos que toman las riendas de su supervivencia como autores responsables de forjarse su propio destino. 

Desglosemos cada castigo para caer en cuenta que las consecuencias descritas por el texto bíblico corresponden no a un castigo sino al proceso normal de crecimiento de toda persona. Si Eva en el paraíso no experimenta los rigores de un embarazo y de un parto, es porque, en el estadio en que se encuentran en el Edén, ambos viven la etapa infantil de una inocencia que no conoce el ejercicio de la sexualidad. Viven los dos desnudos, sin avergonzarse, pues no tienen conciencia de su desnudez. 

Solo cuando la mujer pasa de su niñez a la adolescencia y después a su juventud es cuando ejerce su sexualidad. Si queda embarazada, lo normal es que experimente los dolores de parto. No hay documentos que acrediten que las mujeres del paleolítico no los tuvieran. 

En cambio, en los documentos anteriores a la redacción del Génesis, en el poema épico mesopotámico de Gilgamesh, el héroe se describe experimentando un dolor intenso, comparable a los dolores del parto de una mujer. Los autores mesopotámicos que vivieron antes de la redacción del Génesis describen con frecuencia los dolores del parto como metáfora del dolor extremo.

Ahora, la segunda parte del castigo que ella recibe es totalmente comprensible en el contexto cultural en el que vivían los israelitas cuando este pasaje fue escrito. A ella, Dios supuestamente le decreta: “Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará”. Si hay un rasgo constante en todas las culturas del Medio Oriente en ese momento histórico -incluido el siglo XXI- es la validación de que la mujer está sujeta al hombre y que él tiene un dominio sobre ella divinamente respaldado. Es el típico patriarcado de la época reflejado en el texto bíblico.

Respecto del supuesto castigo que Adán recibe de tener que labrar la tierra con sudor y esfuerzo para obtener alimento, la realidad documenta que los primeros hombres que vivieron antes de la redacción del Génesis ya habían asumido el rol de cazadores que traían alimento para la tribu y las familias, mientras que la mujer se encargaba del huerto doméstico. Que el hombre asumiera el trabajo más esforzado de ser agricultor a gran escala ocurrió cuando pasó de cazador a agricultor. No fue un castigo sino una transición evolutiva. 

Ese supuesto “castigo” es la expresión bíblica de la evolución de hombres y mujeres que habían alcanzado el estadio de desarrollo en el que ambos habían madurado para ser los responsables de su propia supervivencia y la de su familia. Fue una evolución que no dependía de un castigo divino, sino que era una evolución natural del ser humano que avanzaba en su conocimiento y descubría que podía alimentarse cultivando los alimentos sin tener que soportar los rigores de la incierta caza.

La división del trabajo es un momento eje en el crecimiento de la humanidad, porque asume la responsabilidad y la tarea de sobrevivir con su propio esfuerzo. Los seres humanos dejan la infancia idílica, donde todo lo necesario para sobrevivir es proporcionado por los padres; y evolucionan para asumir la responsabilidad de su propia supervivencia. 

Que el texto bíblico concluya afirmando: “Porque eres polvo y al polvo tornarás” es una constatación vivencial porque, en efecto, la persona que moría se descomponía hasta convertirse en polvo. No era una consecuencia de castigo; era simplemente la ley de la vida temporal: cuando cesa, el cuerpo se descompone. En el contexto bíblico religioso es el recordatorio divino de que nuestro lapso de vida terrenal es limitado, efímero y se manifiesta con la conversión de nuestro cuerpo en polvo.

Resumiendo el significado de la expulsión del paraíso

La expulsión del paraíso corresponde al siguiente paso evolutivo del hombre: la madurez. El hombre y la mujer tienen que asumir, de ahí en adelante, las dificultades que el crecimiento y la independencia de la protección paterna traen consigo. Los dos tienen que asumir los roles de personas maduras que laboran la tierra para alimentarse, soportan los dolores físicos y psicológicos de la procreación y de la crianza de los hijos, y toman plenamente las riendas del adulto que subsiste por su esfuerzo consciente y maduro.

Con esta explicación alternativa del Capítulo 3 del Génesis, el lenguaje del texto adquiere una relevancia suficiente para considerar que dicha descripción simbólica puede entenderse como una evolución de la conciencia humana que requiere etapas claras de progreso en las cuales cada individuo asume la responsabilidad de sus actos al descubrir los impactos que estos tienen en él mismo y en los demás. Es el proceso de crecimiento de nuestro libre albedrío que nos eleva al nivel de la responsabilidad personal y colectiva de nuestras decisiones.

Considero válido destacar que la narración bíblica del capítulo 3 del Génesis pone en relieve el papel que Dios desempeña en la historia de la evolución de la humanidad. Él le ofrece al hombre la guía y la orientación moral de sus actos. Lo hace a través de su emisario-representante, el Portavoz, la Manifestación, el Fundador de una nueva Revelación- que es la guía segura y correcta de cómo comportarse consigo mismo y con los demás. 

Guía que es dada a cada pueblo de acuerdo con su evolución espiritual y con el momento histórico-cultural en que vive. Esta guía es necesaria constantemente porque nuestro yo egoísta no logra definir correctamente qué es moral y éticamente aceptable para todos. Por lo tanto, necesitamos esa guía divina que nos ofrece un claro derrotero para evolucionar en el plano espiritual, expresando lo mejor de nosotros mismos. Cuando así obramos, en ese momento llenamos plenamente el objetivo de nuestra creación, la de comportarnos a “imagen y semejanza del Creador”. 

Reynaldo Pareja

Abril, 2026

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3 Comentarios

Vicente Alcalá 24 abril, 2026 - 7:29 am

Reynaldo, muy interesantes la contextualización del texto bíblico y tus reflexiones a propósito del mismo. Hablas de la evolución de la conciencia humana… del crecimiento de nuestro libre albedrio que nos eleva al nivel de la responsabilidad personal y colectiva de nuestras decisiones. Yo me devuelvo en sentido contrario, de la consciencia al inconsciente personal y colectivo: a la imagen de la serpiente; además de todo lo escrito sobre el pecado de origen, no podemos negar ni ignorar al animal que “llevamos dentro” y sus instintos que inducen a la transgresión y a la irracionalidad de la violencia, entre otras conductas regresivas.

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Rodolfo Ramon de Roux 24 abril, 2026 - 9:26 am

Reynaldo, nos has mostrado cómo en todo mito -en este caso el del “jardín del Edén”- hay un juego entre su narración y su mensaje. Si uno cree a pie juntillas en su narración no logra descifrar su mensaje. De ahí la necesidad de interpretar el mito. Y, en lo que concierne a las interpretaciones, ellas -según tiempos, lugares y personas- abren un abanico de lecturas. La tuya es estimulante. Nuestro maestro Carlos Bravo te hubiera felicitado.

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EDUARDO JIMENEZ 24 abril, 2026 - 12:31 pm

Que el Paraiso Terrenal existió realmente, hay quienes lo afirman. Uno de ellos Cristobal Colon, quien durante su tercer viaje (1498), cuando navegando por las costas de Venezuela, llegó a la desembocadura del Río Orinoco, concluyó que allí podría haber estado el Paraíso Terrenal. Citando de sus crónicas> “Yo siempre tuve en mi ánimo que el Paraíso Terrenal está en el fin del Oriente…Y digo que si del Paraíso sale el río que aquí viene, es cosa muy grande, y así creo que este es aquel lugar…Porque tan grandes son las señales de la tierra y del agua dulce que allí hallé, que me dan motivo para creerlo.”
Yo navegué mucho la desembocadura del Orinoco, y creo que Colón tenía razón…

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