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Jesús Ferro Bayona

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En las fiestas de aquí -el carnaval de Barranquilla- confluyen innumerables bailes, comparsas, rituales, disfraces, y esa música exclusiva de la tambora y la flauta de millo que baja por el río.

Si uno no podía participar como actor, los desfiles de carrozas y comparsas del carnaval se disfrutaban mucho desde el bordillo siguiendo la antigua tradición. Esa era mi felicidad en la infancia cuando me llevaban a verlos en la carrera 44. Pero como cada uno lo vive a su manera, y quien lo vive es quien lo goza, no se puede dictar cátedra sobre cuál es la mejor forma de vivirlo.

Lo que sí es indiscutible, y la Unesco lo ratificó cuando declaró que los carnavales de Barranquilla son patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, es que el río Magdalena y sus pueblos ribereños tienen una influencia categórica en el carnaval barranquillero.

En las fiestas de aquí confluyen innumerables bailes, comparsas, rituales, disfraces, y esa música exclusiva de la tambora y la flauta de millo que baja por el río.

Cuando en un escenario más reciente en años, como es el de la Vía 40, empiezan a desfilar los grupos folclóricos como la Danza de los Goleros, con sus ojos saltones, o de los Coyongos, las aves zancudas, detrás del tumulto de carrozas y comparsas que salen en la Batalla de Flores, siento que estoy viviendo la auténtica tradición de nuestro carnaval que es bien distinta a la de Río de Janeiro o de cualquier otra parte.

En el carnaval de Barranquilla se da un despliegue de fauna y flora en los disfraces que hace recordar lo más conmovedor y pegajoso de composiciones como se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla, nada menos. Lo cantan los colombianos inmigrantes en Madrid o en Nueva York. Es inconfundible como la piragua, la piragua, que repite todo el mundo.

De la depresión momposina brotan las danzas que desde años atrás son la vida de fiestas como las del 11 de noviembre de Magangué con su Gigantona que asusta a todos pero

también divierte. Ni hablar de los carnavales de Tamalameque (donde “sale una llorona loca”) que desde épocas inmemoriales con danzas como el Torito y la de Negros hacen bajar por el río a multitudes apretadas en lanchas que casi se estrellan entre sí para desembarcar primeros en el pueblo.

Por el Magdalena bajó la cumbia que es el corazón del carnaval, es su distintivo, madre de todos los ritmos que mueven a las comparsas y las ponen a vibrar. En todo caso, el río es el gran contador de historias, como dice Wade Davis, y por eso hay que prestarle atención a las danzas que llegan de distintos municipios ribereños a mostrarse en el carnaval de Barranquilla. La mayoría de los danzantes han estado preparándose durante meses para venir al escenario barranquillero a ganarse aplausos. Se los merecen.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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En las fiestas de aquí -el carnaval de Barranquilla- confluyen innumerables bailes, comparsas, rituales, disfraces, y esa música exclusiva de la tambora y la flauta de millo que baja por el río.

Si uno no podía participar como actor, los desfiles de carrozas y comparsas del carnaval se disfrutaban mucho desde el bordillo siguiendo la antigua tradición. Esa era mi felicidad en la infancia cuando me llevaban a verlos en la carrera 44. Pero como cada uno lo vive a su manera, y quien lo vive es quien lo goza, no se puede dictar cátedra sobre cuál es la mejor forma de vivirlo.

Lo que sí es indiscutible, y la Unesco lo ratificó cuando declaró que los carnavales de Barranquilla son patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, es que el río Magdalena y sus pueblos ribereños tienen una influencia categórica en el carnaval barranquillero.

En las fiestas de aquí confluyen innumerables bailes, comparsas, rituales, disfraces, y esa música exclusiva de la tambora y la flauta de millo que baja por el río.

Cuando en un escenario más reciente en años, como es el de la Vía 40, empiezan a desfilar los grupos folclóricos como la Danza de los Goleros, con sus ojos saltones, o de los Coyongos, las aves zancudas, detrás del tumulto de carrozas y comparsas que salen en la Batalla de Flores, siento que estoy viviendo la auténtica tradición de nuestro carnaval que es bien distinta a la de Río de Janeiro o de cualquier otra parte.

En el carnaval de Barranquilla se da un despliegue de fauna y flora en los disfraces que hace recordar lo más conmovedor y pegajoso de composiciones como se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla, nada menos. Lo cantan los colombianos inmigrantes en Madrid o en Nueva York. Es inconfundible como la piragua, la piragua, que repite todo el mundo.

De la depresión momposina brotan las danzas que desde años atrás son la vida de fiestas como las del 11 de noviembre de Magangué con su Gigantona que asusta a todos pero

también divierte. Ni hablar de los carnavales de Tamalameque (donde “sale una llorona loca”) que desde épocas inmemoriales con danzas como el Torito y la de Negros hacen bajar por el río a multitudes apretadas en lanchas que casi se estrellan entre sí para desembarcar primeros en el pueblo.

Por el Magdalena bajó la cumbia que es el corazón del carnaval, es su distintivo, madre de todos los ritmos que mueven a las comparsas y las ponen a vibrar. En todo caso, el río es el gran contador de historias, como dice Wade Davis, y por eso hay que prestarle atención a las danzas que llegan de distintos municipios ribereños a mostrarse en el carnaval de Barranquilla. La mayoría de los danzantes han estado preparándose durante meses para venir al escenario barranquillero a ganarse aplausos. Se los merecen.

Jesús Ferro Bayona

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No hay por qué exagerar los riesgos que implica el empleo de las máquinas como son los computadores, ni tampoco la inteligencia artificial. Aunque sí preocupa la búsqueda del lucro y del ahorro en recursos humanos. En muchos países han surgido más inquietudes sobre la deshumanización de la enseñanza-aprendizaje.

La relación entre profesor y alumno, característica de la enseñanza-aprendizaje, sigue vigente tras incontables siglos de experiencia. Dicen que Confucio transmitía con pedagogía muy cordial sus enseñanzas que tenían además como finalidad no solo comunicar contenidos, sino también enseñar cómo vivir de manera íntegra la vida. Acerca de Platón y su Academia sabemos mucho más en Occidente porque pertenecemos a una cultura que, a pesar de los siglos recorridos, es patrimonio común de Grecia y Roma antiguas y de las modernas civilizaciones europeas y americanas.

¿Sobrevivirá esa tradición civilizadora de la relación entre profesor y alumno? Hay signos contemporáneos que parecen anunciar su desaparición en los años por venir. No hay por qué exagerar los riesgos que implica el empleo de las máquinas como son los computadores ni tampoco la inteligencia artificial. Aunque sí preocupa la búsqueda del lucro y del ahorro en recursos humanos. En muchos países han surgido más inquietudes sobre la deshumanización de la enseñanza-aprendizaje.

Suecia tomó medidas para estimular con mayor presupuesto nacional la educación en las aulas de clase basada en la lectura de textos impresos y la interrelación de alumnos y profesores con el fin de no seguir incentivando con dineros públicos el uso excesivo de las tabletas digitales y la inteligencia artificial. La UNESCO publicó el año pasado una guía de políticas públicas en el uso de dicha inteligencia. Se busca que la comercialización de los productos digitales no arrastre consigo a la educación, humanística y técnica, sino más bien que mantenga su norte con sentido ético y a su vez se prevengan las desigualdades, ya que por costos económicos no se llega a una gran mayoría de la población rural y de bajos ingresos.

La pandemia obligó a acudir a la educación virtual, que es realmente educación a distancia, mediante la utilización de tecnologías que salvaron a millones de estudiantes de quedar confinados en la incomunicación, que es lo más opuesto que puede darse a la interrelación profesor- alumno.

La cercanía, la presencialidad, son intrínsecas a la formación integral, sobre todo en la de los niños y adolescentes. La tecnología es un complemento, necesario por cierto, de esa formación que por siglos ha seguido la tradición de convivencia que desde Confucio y Platón, -desde mucho antes- ha distinguido a la academia. Sin los Diálogos de Platón no sabríamos que Sócrates continúa siendo uno de los mayores pedagogos de la educación basada en virtudes ciudadanas y valores éticos, sin los cuales no habría futuro humano.

Jesús Ferro Bayona

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La difícil coyuntura económica les está poniendo retos enormes tanto a las universidades públicas como a las privadas.

El número de estudiantes matriculados en educación superior empezó a bajar desde 2017. Con la pandemia se acentuó la tendencia. Según datos del Ministerio de Educación, una vez pasada la pandemia se ha registrado un aumento leve de estudiantes matriculados. Son más los que pueden hacerlo en entidades públicas que en las privadas. Las públicas cuentan con financiación del Estado, pero no tienen la capacidad instalada para recibir a todos los que quieren entrar. Por su lado, las universidades privadas se financian con matrículas, en muchos casos elevadas. La mayoría de los jóvenes colombianos pertenecen a estratos de bajos ingresos económicos por lo que no tienen los recursos suficientes para pagar matrículas.

Hay pues un conjunto de razones de orden económico que explican el decrecimiento del número de estudiantes en las universidades privadas de calidad, lo que repercute en gran parte en los problemas financieros que afrontan varias universidades del país que, según informes de prensa, han tenido que hacer recortes en la planta de profesores y de funcionarios con el fin de resolver los menores ingresos económicos con los que cuentan para funcionar.

No obstante, universidades como los Andes han buscado ingresos extraordinarios mediante la consecución de recursos distintos a las matrículas. En una publicación de página entera en un medio nacional, los Andes anunció que había recaudado entre amigos de grandes, medianas empresas y particulares, más de 9 mil millones de pesos para becas, auxilios o ayudas a los aspirantes a estudiar en su claustro. Es una cantidad de dinero apreciable para estos tiempos de bajo crecimiento económico.

En estudios publicados en 2023 por el ICFES, en una encuesta de la Javeriana y USAID entre 4.500 jóvenes, éstos manifiestan esperanzas en un futuro mejor a través de la formación universitaria, pero se encuentran con una realidad que no les ofrece oportunidades para realizar sus proyectos de vida. Una de ellas es el difícil acceso al estudio de profesiones debido a la insuficiente oferta de cupos en universidades públicas o a los costos de las matrículas en las privadas.

Más del 20% de los encuestados señala también la falta de ofertas de empleo en las áreas en las que se formaron. En esta difícil coyuntura económica pienso que las universidades tendrán que ser recursivas para ofrecer oportunidades de estudio mediante financiación y becas a los jóvenes de menores ingresos económicos, que son mayoría, manteniendo la calidad de su oferta educativa.

Es un reto difícil pero no imposible.

Jesús Ferro Bayona

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El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, ha planteado la discusión de si las becas deben ser para la gente que tenga mayores puntajes en las pruebas académicas o más bien para las personas que tengan mayores necesidades en términos de pobreza. 

En los programas de becas universitarias se ha pensado usualmente más en los méritos basados en los puntajes de las pruebas del ICFES, como las llaman, y menos en sopesar puntajes mínimos necesarios con la escasez probada de recursos económicos. Hago la salvedad de que hay bastantes estudiantes en condiciones de pobreza con muy altos puntajes.

En todas las capas sociales, desde los más pobres hasta los más pudientes, los individuos cuentan con capacidades innatas básicas que los hacen iguales para afrontar su desarrollo humano. La filósofa Martha Nussbaum afirma que los seres humanos vienen al mundo con el equipamiento suficiente para ser y hacerse.

Al comienzo del año escolar los educadores tenemos que pensar en la lucha que implica educarse, que en el fondo es una lucha con dedicación y constancia por el saber y los conocimientos que transforman : hay que luchar día a día durante el transcurso del año, hasta completar el ciclo anual antes de subir a un nivel más alto. 

Los atletas de la educación no congregan público ni realizan espectáculos mediáticos, pero mantienen viva la llama de la superación individual, del combate consigo mismos, que es la contienda más decisiva de los seres humanos para mantener su dignidad humana desarrollando sus capacidades innatas, su equipamiento básico. 

Pero no es suficiente que pobres y ricos cuenten con iguales capacidades básicas para su desarrollo. Las condiciones sociales y económicas en las que los seres nacen y crecen determinan, no de forma absoluta, pero sí en gran medida, los resultados del esfuerzo por superarse mediante la educación. 

Por esa razón pienso que es pertinente, en un contexto de pobreza y desmejoramiento económico como el de nuestro medio, que Estado y empresas ofrezcan más oportunidades de acceso a la educación con programas de más becas para los jóvenes con menores recursos. 

El gobernador Verano ha planteado la discusión de si las becas deben ser para la gente que tenga mayores puntajes en las pruebas académicas o más bien para las personas que tengan mayores necesidades en términos de pobreza. 

Hago la salvedad de que hay bastantes estudiantes en condiciones de pobreza con muy altos puntajes. Son hijos de motociclistas, de empleadas domésticas, de vendedores informales. 

Encontré muchos de estos casos cuando fui rector de una universidad. A pesar de que una gran mayoría pobre no puede alcanzar tan altos resultados académicos, las ganas de educarse y su potencial humano convierten a muchos en candidatos meritorios de las becas. La voluntad de transformarse a través del estudio patentiza capacidades intelectuales que muchos no han tenido la ocasión de demostrar. Falta darles la mano. 

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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El destino latinoamericano sigue siendo la integración continental, política y cultural, pero también lo es su integración a la democracia occidental, a sus valores, a su desarrollo.

Más allá de los delirios ideológicos, el destino latinoamericano del siglo XXI será más sólido con más cultura y democracia.

Los latinoamericanos nos hemos encontrado más en la cultura que en la política, concluí al terminar la lectura de la última novela de Vargas Llosa Le dedico mi silencio. Desde hace más de dos siglos, desde siempre, si nos miramos desde el acto fundacional de la independencia, la integración ha sido más un proyecto que una realidad. Simón Bolívar lo recordó con amargura al momento de morir. Pensó que había arado en el mar buscando que la Gran Colombia fuera un referente de unidad política, su gran edificación contra la corriente de las divisiones internas.

Fue la cultura la que mantuvo ese sueño que Carlos Granés en su libro Delirio americano, una amplia historia cultural y política de América Latina, atinó al llamarla “un continente en busca de sí mismo”.

El surgimiento del boom literario con García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar & cía. -en los años 60 del siglo pasado- encendió la llama de una segunda esperanza de integración iniciada en la encrucijada de los siglos XIX y XX con Martí, Rubén Darío, y por qué no, Vargas Vila.

La vieja guardia recordará -con discrepancias ideológicas sin resolver- que la revolución cubana, contemporánea del resurgimiento literario, avivó las ilusiones de integración latinoamericana. Solo que la politización de la cultura no ha sido la mejor compañera de la libertad que necesita la creación artística. Con la revolución cubana se venía abriendo paso la dictadura y con esta no hay lugar para la esperanza como se puede comprobar en la Nicaragua de Ortega con sus escritores expulsados o autoexiliados.

No obstante, la cultura, y mucho más la popular, resiste y el pueblo sabe esperar nuevas oportunidades. La música es un buen ejemplo de esa resistencia y con ella el arte, y lo sigue siendo la literatura en nuestros países. Da lástima que la política haya entorpecido tanto el proyecto integracionista latinoamericano y no porque la política sea en esencia perniciosa. Al contrario, es necesaria como lo habían pensado los griegos con la invención de la democracia. Carlos Granés lo señala al titular uno de los capítulos del libro que cito: Los delirios de la soberbia: revoluciones, dictaduras. Son los egos de los dirigentes que se han creído salvadores los que han entorpecido nuestras democracias.

El destino latinoamericano sigue siendo la integración continental, política y cultural, pero también lo es su integración a la democracia occidental, a sus valores, a su desarrollo. Más allá de los delirios ideológicos, el destino latinoamericano del siglo XXI será más sólido con más cultura y democracia.

Jesús Ferro Bayona

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Acierta Vargas Llosa cuando se fija en el sentimiento popular expresado en la música como un lazo identitario de los países de América Latina.

Mario Vargas Llosa se despidió de sus lectores de novelas, que somos incontables, con la última que ha titulado “Le dedico mi silencio”. Me pareció un título curioso. Estuve intrigado hasta que leí, avanzada la narración, que era una dedicatoria hecha por uno de los personajes a una célebre cantante peruana, revelando así, que estaba enamorado de ella. Quién sabe si el autor de la novela también.

Cuando supe que Vargas Llosa escribía una novela en torno al vals peruano, yo estaba dando un curso sobre algunos tópicos de la historia del país incaico. No había encontrado antes un relato tan completo y afortunado de ese fenómeno cultural peruano que impregna las canciones de Chabuca Granda entre las cuales La flor de la canela es una de mis favoritas. En la voz de José Luis Rodríguez, “El Puma”, tiene un sello único.

Vargas Llosa sabe bien de qué escribe cuando eligió el tema de su última novela. Pienso que no es la mejor desde que formó parte del boom literario latinoamericano con La ciudad y los perros, pero es una cuestión de gustos. Cuando vi por primera vez el video de Caetano Veloso donde interpreta el vals peruano Fina estampa, cantando los versos de fina estampa, caballero de fina estampa, moviéndose como si estuviera montando a caballo, me di cuenta que la canción encerraba una historia personal.

Chabuca contó en una entrevista que le compuso la canción a su padre. Con razón “la veredita sonríe cuando tu piel la acaricia”. Bello recuerdo filial. En el relato, Vargas Llosa trae a cuento la letra del vals El guardián, que poco se conoce acá, pero vale le pena citarlo porque la letra es del compositor colombiano Julio Flórez muerto en Usiacurí, aquí al lado, pero que en Perú es muy popular: “Yo te pido, guardián, que cuando muera/borres los rastros de mi humilde fosa…”

Acierta Vargas Llosa cuando se fija en el sentimiento popular expresado en la música como un lazo identitario de los países de América Latina. Valoramos más la integración política y económica, que no hemos logrado, por encima de la cultural, -como pudiera ser, por ejemplo, el sentimiento popular latino- que ha acercado más a la gente rompiendo las fronteras.

Cómo no sentir esa conexión latinoamericana en el vals Ódiame de Federico Barreto que no es propiedad del folclore peruano porque en Colombia se oye por todas partes: Ódiame por piedad, yo te lo pido/ ódiame sin medida ni clemencia… El que canta con ese despecho sabe “que tan solo se odia lo querido”.

“Le dedico mi silencio”, cuya trama no conté, es la despedida del novelista Vargas Llosa, honrando a su cultura popular peruana.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

(*) Título corregido con autorización del autor.

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Según las encuestas, los libros más vendidos este año en Colombia han sido los de autoayuda. También los llaman libros de superación personal. El Diccionario de la lengua española define la autoayuda como el método que uno puede prestarse a sí mismo para mejorar algún aspecto de su conducta o de su personalidad. 

No es de extrañar que uno de los libros más vendidos en Colombia, que encaja casi a la perfección con la definición, sea el de James Clear titulado Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

Confieso que no lo he leído. Presiento, por alguna razón que no sé cómo calificar, que no va a llenar mis expectativas. Quizás una frase de Byung-Chul Han que encontré en Vida contemplativa lo explique mejor que yo: “Es posible que el ser humano se deshaga en el futuro tanto del dormir como del soñar porque ya no le parecerán eficientes”. 

Precisamente ese librito del pensador coreano que vive en Alemania, donde afirma críticamente que solo percibimos la vida en términos de rendimiento, -dormir y soñar desaparecerán si seguimos como vamos- se volvió uno de mis preferidos. 

En otro libro que el coreano tituló Loa a la tierra, cuenta que tomó un día la resolución de practicar a diario la jardinería porque sentía la necesidad de estar cerca de la tierra. El trabajo de cuidar del jardín en su casa se le volvió meditación cotidiana, incluso devoción piadosa, una especie de juego. 

Pero resulta que la obsesión de hoy por el rendimiento destruye el juego. Jugar a cuidar el jardín de la tierra suena a actividad inútil. Pensar así llevaría a estar donde estamos, destruyendo la tierra para explotarla. Violencia humana contra la tierra que es la forma más antigua y moderna de acabar con la naturaleza, de destruirla para producir bienes magteriales sin límites bienes materiales. 

Los libros que llamo de autoayuda no tienen fines comerciales. El hombre en busca de sentido de Víktor Frankl, que sufrió la experiencia de un campo de concentración, muestra la capacidad que tiene el ser humano de superar traumas tan terribles, y de encontrar un sentido a la vida que es al final lo que se busca con los libros de autoayuda.

En busca de consuelo, libro reciente del ensayista y expolítico canadiense Michael Ignatieff comenta libros de la consolación en tiempos oscuros como los Ensayos de Montaigne o los poemas de la rusa Anna Ajmátova que tienen, a mi juicio, la profundidad que no se halla en muchas de las publicaciones de autoayuda más vendidas. El crecimiento de uno mismo no consiste tanto en fórmulas hechas. Es más asunto de reflexión con la que uno se ayuda en las lecturas de superación personal.

¡Feliz Año Nuevo!

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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Nuestro blog “Exjesuitas en tertulia” se enorgullece de transcribir aquí la reciente entrevista que le hiciera a nuestro compañero Chucho Ferro, el periodista Leydon Contreras Villadiego para el periódico El Espectador, de Bogotá.

Hace 80 años, cuando el río Magdalena aún se imponía como la principal ruta de acceso al interior del país, una humilde costurera daba a luz a Jesús María Ferro Bayona, uno de los filósofos y académicos más destacados del Caribe colombiano, quien llegó a este mundo a través del municipio ribereño de Magangué, entre las ardientes temperaturas que compactan los paisajes de La Mojana bolivarense y la Depresión Momposina en el departamento de Bolívar.

Con más de una docena de libros en los que se despliegan sus ideas filosóficas sobre el Caribe, la educación, la cultura y las ciencias, Jesús Ferro Bayona también cuenta entre sus más arduas tareas con el mérito de haber sido el rector que más años llevaba al frente de una universidad en Colombia: 37 largos años de su vida (de 1980 a 2017) dedicados al proyecto educativo, social y cultural que es hoy en día la Universidad del Norte.

En 2017, y con un President’s Global Leadership Award entre manos, un prestigioso reconocimiento que la Universidad del Sur de la Florida otorga a destacados líderes mundiales, Jesús Ferro Bayona entregó la dirección de una institución que, en sus inicios, surgió como un politécnico ingeniado exclusivamente para la formación de técnicos y profesionales que suplieran las demandas de las empresas e industrias locales. 

Sin embargo, como un buen hijo de costurera, el filósofo rector no dio puntada sin dedal y supo ensartar el fino hilo de las humanidades y las ciencias sociales en las arterias de varias generaciones de profesores y estudiantes, transformando así aquel iniciático politécnico, en el actual campus universitario que la Uninorte es hoy.

¿Cuál es su percepción sobre el estado actual del desarrollo de la filosofía en Colombia y, en particular, en la región del Caribe?

La filosofía actual permanece muy restringida en Colombia al ámbito de las universidades. No se nota un pensar filosófico que se exprese con resonancia fuera de la Academia.

En el Caribe pasa igualmente. No obstante, dentro de la Academia del Caribe, lo que distingue nuestro tiempo de épocas anteriores es que los filósofos de hoy se han formado en estudios de postgrados, especialmente como doctores. No es el título por el título, sino la raigambre en el pensamiento formal que contribuye a la formación más robusta y disciplinada de los profesores.

Desde su perspectiva, ¿qué autores (locales, nacionales y de fuera del país y el continente) considera que han tenido un papel fundamental en la organización del pensamiento filosófico en el Caribe colombiano?

Para no mencionar a los mismos de siempre como Rafael Carrillo o Julio Enrique Blanco, Guillermo Hoyos Vásquez fue un gran pensador colombiano y sigue vigente con su obra fenomenológica, que llevó más allá de los muros académicos. Aprecio el trabajo filosófico de Amalia Boyer y al tiempo lamento que no haya seguido ejerciendo en el Caribe, desde donde podría irradiar un pensar en permanente inquietud y búsqueda como el suyo.

¿Existen procesos filosóficos locales que hayan influido de manera significativa en la región?

Por supuesto que sí. Sobre todo los procesos que han tenido lugar en las universidades del Atlántico y del Norte, y también en la de Cartagena. Su significación ha consistido más que todo en la enseñanza. Yo espero que suelten amarras: que en la región se sienta su aporte en la dimensión pública, en las publicaciones más allá de lo estrictamente académico, en la difusión más asequible a la opinión, sin perder el rigor.

¿Cómo ve la relación entre la filosofía y la formación académica en la actualidad y cuál es su opinión sobre la integración de la filosofía en los planes de estudio de las instituciones educativas en Colombia?

La filosofía ha ido tomando asiento y forma entre los estudiantes que van a estudiar postgrados en filosofía en las universidades del Atlántico y del Norte. No me refiero tanto a las asignaturas de ética y de historia de la filosofía, impartidas por filósofos que se dan en los distintos programas de pregrado. Es demasiado obvio y puede hasta volverse una actividad liviana si uno se descuida.

Desde su experiencia, ¿cómo ha influido la filosofía en la cultura y las expresiones artísticas en el Caribe colombiano?

Quisiera referirme, por ejemplo, a la densidad del pensar en la obra poética del cartagenero Gustavo Ibarra Merlano. Falta conocer más sus poemas y dejarse arrastrar por su consistencia y profundidad.

¿Ve alguna conexión específica entre la filosofía y las manifestaciones culturales en la región?

Esa conexión es aún muy tímida. La filosofía podría filtrarse más en las expresiones artísticas del Caribe que son de las más creativas del país. Alfonso Fuenmayor, del grupo Barranquilla, filósofo de formación, les ponía el tono mayor a los concurrentes de La Cueva. Así lo percibía García Márquez, que lo admiraba. Nos hemos olvidado de ese hecho cultural: Fuenmayor en el periodismo cultural junto con Alejandro Obregón en la pintura ahondan en los simbolismos que ponen a pensar como sucede en los cuadros de la violencia de Obregón: los cuadros que pintan el nueve de abril son referentes del impacto estético-filosófico de la muerte. Para no hablar del toro, los cóndores y las barracudas del Caribe que se esparcen en sus cuadros.

Mirando hacia el futuro, ¿Qué papel podría desempeñar la filosofía en la construcción de un futuro más próspero y equitativo en la región?

En términos de filosofía política, la formación del pensamiento independiente y creativo de los jóvenes es una tarea que está en ciernes. Cuánto hay que pensar y decir en torno a las dependencias, por no decir adicciones, de las tecnologías que oscurecen el futuro. Todavía hace falta abrir el horizonte a una fenomenología del cambio climático. Hace más de 40 años en Lyon, cuando aún no se sentían las amenazas del ecocidio, escuché la elaboración de una filosofía a mi profesor Henry Maldiney sobre el espacio y el cuerpo en un entorno en que la naturaleza se va volviendo naturaleza muerta para tornarse llamado al rescate de la palabra humana que le devuelva el vigor a la ecología. Esta se está volviendo materia de falsos anuncios en encuentros mundiales como el de la COP que tuvo lugar en Dubái este año.

El futuro es ahora, no hay que dejarlo que ocurra. Hay que llamarlo anticipatoriamente y construirlo con la palabra, que es la fortaleza del filósofo, una palabra que sea construcción crítica, pero no apocalíptica del mundo que debe venir, porque los pensadores lo estamos impregnando con el fuego de la esperanza que aún tenemos. Los seres humanos resistiremos a la debacle anunciada si la afrontamos a partir de la fuerza del pensar, sin populismos ni autocomplacencia, con fundamento en la ciencia y rigor en el razonamiento, tarea ineludible que se autoimpone el filósofo consciente de la responsabilidad que tiene consigo y con los demás, insertado en el devenir.

23 de diciembre de 2023 

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De cómo la literatura y la historia se hermanan para comprender mejor una realidad. 

En un 17 de diciembre de 1830, moría en Santa Marta el Libertador Simón Bolívar, alojado en la Quinta de San Pedro Alejandrino, de propiedad, qué ironía, de un español. 

García Márquez describió en El General en su laberinto sus últimos instantes con un estilo que va más allá de lo que habría podido escribir un testigo presencial : “por primera vez vio la última cama prestada, el tocador de lástima cuyo turbio espejo de paciencia no lo volvería a repetir, el aguamanil de porcelana descarchada, la toalla y el jabón para otras manos, la prisa sin corazón del reloj octogonal desbocado hacia la cita ineluctable del 17 de diciembre a la una y siete minutos de su tarde final”.

Ficción y realidad. La escena está basada en el hecho histórico descrito sobriamente -es la visión del historiador- por el norteamericano David Bushnell en Simón Bolívar, proyecto de América, con erudición y detalles afortunados. Nunca sabremos, es apenas obvio, todo lo que pasaría por la mente de Bolívar, en esos momentos de la verdad imaginados por García Márquez. 

Pero uno tiene la posibilidad de evocar lo que ambos autores narran, a su modo, sobre el pasado del Libertador. Sus viajes de juventud a España donde conoció en Madrid a María Teresa Rodríguez del Toro de quien se enamoró locamente y sin demora le propuso matrimonio. Se casaron con el infortunio que les sobrevino, recién instaladps en Caracas, con la muerte de María Teresa a los ocho meses de matrimonio. 

Bolívar no volvió a casarse jamás, pese a que Manuelita Sáenz se convirtiera después en la mujer de su vida. Regresó a España de paso hacia Francia y en París estuvo en los años cuando Napoleón se engrandecía con su coronación en Nôtre Dame. Admiró al emperador Bonaparte. Incluso le cautivó el culto a la gloria que Bolívar no desdeñaría en imitar, pero criticaba a Napoleón por haber supeditado todo a su ambición personal, traicionando el ideario republicano de la Revolución Francesa, anota Bushnell. Esta última es una apreciación discutible. Napoleón le puso fin a la revolución del terror al decir que “la revolución ha terminado”.

En esa última hora Bolívar quizás evocó el viaje que hizo a Roma, en donde juró en una de sus colinas que no descansaría hasta ver librada América de las cadenas impuestas por el imperio español. Y porque lo dijo poco antes de morir, habría recordado que pidió a los pueblos de Colombia “trabajar por el bien inestimable de la Unión”. 

En el aniversario de su muerte hay que recalcar además, que Bolívar soñó con la integración continental, una de las grandes tareas pendientes de la región.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año. Sólo el 21.2% dijo haber leído uno.

Un médico neurólogo comentaba hace poco, en una entrevista, que eran muchos sus pacientes con problemas de sueño. Analizando con cada uno, la mayoría contaba que, al despertar al día siguiente tras una noche de lucha contra el insomnio, tenía el televisor prendido, otros que el Ipad se les había quedado en la cama y el teléfono celular al lado de la almohada. ¿Quién puede conciliar el sueño con todo eso dentro de la habitación? Es como dormir con el enemigo. La tecnología de esos aparatos es de mucha utilidad en la vida diaria, pero su excesivo uso conduce a la adicción. A una que no deja ni dormir.

En épocas pasadas, los abuelos cabeceaban leyendo un libro en la noche y cuando ya no aguantaban más se iban a la cama para un sueño placentero. Pero ahora es al revés. En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año, mientras que el 21.2% dijo haber leído uno. El dato revela que es muy bajo el índice de lectura de libros. Se podría concluir que no se leen libros, ni siquiera para conciliar el sueño. 

Las tabletas y los celulares, con la televisión, son los acompañantes hasta en la cama, al final del día. No sorprenden, por tanto, pero sí preocupan los últimos resultados de las pruebas PISA -el Programa para la evaluación internacional de estudiantes- entre los países miembros de la OCDE, a la que Colombia pertenece. 

En materia de lectura -que significa habilidades del estudiante para seleccionar, interpretar y evaluar información de una variedad de textos- los estudiantes universitarios del país -con la excepción de Bogotá que va mejor- vienen mostrando resultados a la baja desde 2015, cuando se inició la caída más fuerte en las pruebas del ICFES, con el consecuente mal índice de este año en las pruebas PISA. Es llamativo que, en materia de lectura, los hombres han tenido puntajes menores que las mujeres. Éstas les ganan por 12 puntos de ventaja.

Hay que aclarar que no es lo mismo leer una novela o un libro de historia para el disfrute personal, que un texto para el aprendizaje escolar. Lo cierto es que, gran número de jóvenes y adultos no duermen bien en la noche, tras estar viendo pantallas luminosas que estimulan en exceso las imágenes en el cerebro. 

Cuando un padre de familia me dijo, comentando mi columna pasada sobre Napoleón, que a su pequeño hijo le gustaba mucho la historia, me apresuré a responderle que le fomentara el gusto, porque el hábito se crea para toda la vida. Y además dormirá mejor.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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La película de Ridley Scott (86 años), nos plantea de nuevo el permanente contrapunto entre la historia y su representación como materia recreada por un artista. En este caso de la mano de uno de los más grandes cineastas de los últimos tiempos. Por eso vale la pena verla.

Las cartas de amor entre Napoleón y Josefina fueron abundantes. Se han conservado cerca de 300. La película del británico Ridley Scott, estrenada hace pocos días a un costo de 200 millones de dólares, fue armada sobre la correspondencia epistolar entre los dos amantes, lo que es válido como recurso narrativo, aunque bastantes episodios de la película son imprecisos históricamente. 

Según el filme, en la campaña célebre de Egipto contra los ingleses comandados por Nelson, el general Bonaparte decidió retornar a Francia por amor a Josefina. La verdad fue que el gobierno del Directorio le instó con urgencia regresar a París debido a la situación de inestabilidad política interna, agravada por el riesgo de invasión con la que ingleses, rusos y prusianos amenazaban a la aún frágil república nacida de la Revolución de 1789.

De las muchas batallas, Ridley Scott escogió cuatro: 

1) Tolón, sitiada por los ingleses y españoles en apoyo a los monárquicos franceses, que ganó Napoleón apenas con el grado de capitán. 

2) Austerlitz, que le dio grandeza siendo ya emperador, pero que el director del filme presenta, en el marco de unas escenas fílmicas espectaculares, como si la batalla la ganara la naturaleza y no Bonaparte que contaba con inferior número de soldados que disparaban contra el hielo quebradizo que cubría la superficie de los estanques; la leyenda dice que se ahogaron cerca de 27 mil soldados rusos y austríacos. 

3) La campaña contra Rusia, que libró en medio de un invierno espantoso, en la que encontró a Moscú en llamas que el zar y sus habitantes incendiaron para que su victoria fuera sobre unas ruinas humeantes y una ciudad ya sin provisiones para los soldados napoleónicos que morían de hambre y frío. 

4) Finalmente, la batalla de Waterloo, la derrota que le puso fin al sueño de Napoleón de volver a ser el glorioso emperador que fue antes del exilio en la isla de Elba. En su narrativa, Ridley Scott magnifica con excesivos detalles a su compatriota el duque de Wellington, como estratega solitario de las tropas inglesas, holandesas, rusas y prusianas, que realmente fue una coalición necesaria para derrotar a Napoleón.

Espléndida la actuación de Joaquín Phoenix, tan parecido físicamente al emperador francés que logra impresionar. Encantadora la actriz Vanessa Kirby en el papel de Josefina, que nunca dejó de amarlo. 

La película de Ridley Scott muestra escenarios grandiosos con fotografía exquisita. Vale la pena verla, siendo cautelosos frente a las licencias históricas que Ridley Scott se permite en su versión cinematográfica.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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La figura mítica de Perón no ha muerto. Empezó ahora el cuarto de hora de Milei y del peronismo en la oposición. Es el péndulo de la historia.

En casi todas las biografías, el biógrafo transmite lo que investigó o vivió sobre la persona que describe. Se diría, extremando la metáfora, que hay tantos Enrique VIII de Inglaterra como biógrafos suyos han existido y existirán. Hay temas inagotables. En la biografía novelada de Tomás Eloy Martinez sobre Juan Domingo Perón, que tituló La novela de Perón, se hace evidente su entramado. Desde el comienzo del libro el lector queda advertido de la realidad y la ficción que el autor está tejiendo. 

Después del llamado “fracaso del peronismo”, según titulares de prensa tras las elecciones del domingo pasado, se habría olvidado que Milei, “el liberal libertario”, había consagrado como uno de sus lemas una frase dicha por Perón en 1972: “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada”. Del lado opuesto, la semana antes de elecciones, las bases sindicalistas de la Unión General de Trabajadores, en apoyo al candidato oficialista Sergio Massa, cantaban por las calles de Buenos Aires: “Perón, Perón qué grande sos”. 

Sin ser uno argentino y basándose en biografías, se comprende que la figura de Perón es sagrada. Mientras los sindicalistas la aclaman con acentos míticos, Milei había preferido arremeter contra el peronismo, el partido al que le ganó las elecciones, que llevaba más de 40 años en el poder… más de 70 dicen otros.

Tomás Eloy Martínez, en el libro citado, dice que cuando el General Perón murió el 1 de julio de 1974, no era fácil medir el tiempo. “En la eternidad de las exequias, la enorme muerte del General regaba su contagio sin respeto ni límites”. Se tejió una telaraña de datos y opiniones que pusieron al General aún más lejos del alcance de las comadres, como si se lo llevara un espejismo. 

La multitud que aguardaba para verlo debía superar las cuatrocientas mil personas. No más de dos mil por hora conseguían llegar al catafalco. A las nueve y media del 4 de julio, el cortejo fúnebre partió hacia la capilla de Nuestra Señora de la Merced, en la residencia presidencial. Las comadres rompieron a llorar. La narradora, doña Luisa, se dio cuenta de que apenas el ataúd desapareciera de la pantalla de la televisión “todos quedarían huérfanos para siempre”. No se resignó al hecho y abrazó el televisor. “La sonrisa del General la envolvió entonces con su calor omnipotente. Pensó que todo podía suceder. Bastaba decirlo para que sucediera: Resucitá, machito -exclamó. ¿Qué te cuesta?”. La figura mítica de Perón no ha muerto. Empezó ahora el cuarto de hora de Milei y del peronismo en la oposición. Es el péndulo de la historia.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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Los 400 años de la Javeriana son ocasión para exaltar su obra educativa que abre las mentes a los conocimientos y a la investigación.

Me cuento entre los miles de egresados de la Universidad Javeriana, donde me gradué en Filosofía y Letras. Este año la Javeriana está de fiesta. Cumple 400 años, período de vida que se divide en dos etapas: la que va de 1623, año de su fundación, hasta 1767, cuando los jesuitas salieron de la Nueva Granada por orden de la pragmática sanción de Carlos III que los expulsó de todos los dominios de la corona española. 

La segunda etapa empezó con su restablecimiento en abril de 1930, en acto que tuvo lugar en el Colegio de San Bartolomé. No hay suficiente espacio en esta columna para contar las vicisitudes por las que atravesó la Compañía de Jesús en su historia, ni siquiera en Colombia.

Voltaire, que fue alumno de los jesuitas como lo fue Fidel Castro, decía que eran muy vanidosos. Exageraba con mordacidad al decir que los jesuitas pensaban que nadie quería morir sin tener a su lado a un miembro de la Orden para recibir la extremaunción, pero les reconocía méritos cuando calificó las misiones jesuíticas entre los indios del Paraguay como un triunfo de la humanidad, añadiendo que esas misiones eran expiación por las crueldades de los primeros conquistadores. No le faltaba razón. 

El padre Joseph Gumilla, misionero en los ríos Orinoco, Meta y Casanare, dejó escrita una Historia Natural de las Naciones, resultado de su estudio científico de esas regiones entre 1731 a 1750, cuando murió en los Llanos. Su misión no se limitó a evangelizar a los indígenas, como era lo esperado, sino que se extendió al estudio de las ciencias naturales en territorios inexplorados aún por la investigación científica. 

He conocido a incontables jesuitas aquí y en Europa que sobresalen en variados campos de las ciencias físicas, sociales y humanas, un distintivo suyo desde su creación por San Ignacio de Loyola, que los acreditó desde el comienzo para ser fundadores de colegios y universidades. 

Pienso que su carácter religioso no los ha restringido. Por el contrario, han sabido combinar la fe religiosa con la libertad para pensar e investigar, lo que les ha valido a muchos de ellos un sinnúmero de incomprensiones y rechazos como fue el caso -por mencionar apenas uno- del padre Teilhard de Chardin en cuya biblioteca de París estuve un tiempo, cuando era estudiante. Sus investigaciones arqueológicas se reflejaron con profundidad en sus reflexiones sobre la fe, motivo de admiración, como de censura entre creyentes e incluso miembros de su comunidad. 

Los 400 años de la Javeriana son ocasión para exaltar su obra educativa que abre las mentes a los conocimientos y a la investigación.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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El legado árabe en la Costa es muestra de laboriosidad y filantropía: Don Elías Muvdi, de origen palestino, donó al departamento un predio de 101 hectáreas sobre la calle 30, donde se halla entre otros el Hospital Uninorte. Sus apellidos son inconfundibles.

Cuando estudiaba en París, hice amistad con dos estudiantes de origen árabe, muy cultos, uno libanés y otro egipcio. El primero, nacido en Beirut, hablaba a la perfección el francés. Fui con ellos una vez a escuchar al escritor libanés Amin Maalouf quien disertó sobre Las cruzadas vistas por los árabes, tema sobre el que es muy versado y sobre el que publicó el libro homónimo que lo dio a conocer. 

Al escucharlo entendí mejor el punto de vista árabe sobre las Cruzadas que fueron matanzas y sufrimientos que los occidentales cristianos infligieron a los árabes cuando llegaron a Tierra Santa. Un testigo musulmán dejó escrito: “Los cruzados hicieron trizas el ejército turco. Mataron, saquearon e hicieron muchos prisioneros que vendieron como esclavos”. Aprendí cuán importante es ponerse en el punto de vista del otro para entender su historia, sus creencias, sus costumbres. Yo estudiaba teología en ese entonces y estaba marcado por la concepción occidental de la historia. Los cruzados eran sobre todo héroes, santos luchadores en la defensa del Santo Sepulcro de Jerusalén y no más.

Cuando les contaba a mis amigos árabes que yo venía de una región colombiana adonde habían migrado muchas familias árabes que huían de las guerras del Medio Oriente y a quienes llamábamos turcos, sin distinguir entre sirios, palestinos, libaneses, sauditas, una simplificación de la diversidad de países del imperio otomano de donde procedían, antes de la Primera Guerra Mundial, no me quisieron creer. 

Me di cuenta que sonreían ante el desconocimiento de la geografía e historia de su región por parte de los habitantes de acá, como fue el caso de los inspectores aduaneros en el muelle de Puerto Colombia, que cambiaban a su arbitrio sus nombres, incomprensibles para ellos, por otros que les eran familiares. 

Loor Naissir cuenta en su libro Sin retorno, que su abuelo recién llegado de El Líbano, al ir a registrar su residencia en Colombia -y a la mayoría de migrantes árabes les pasó igual- vio cómo el funcionario le cambió de nombre, que era Knule Fayad, por Nicolás, porque el nombre de origen le era difícil de escribir. 

El legado árabe en la Costa es muestra de laboriosidad y filantropía: Don Elías Muvdi, de origen palestino, donó al departamento un predio de 101 hectáreas sobre la calle 30, donde se halla hoy, entre otros, el Hospital Uninorte.

Sus apellidos son inconfundibles. No hay pierde, en la política actual, los Turbay, Arana Padaui, Zuleta Bechara, Char Abdala, por ejemplo, se cuentan en las listas de los mandatarios costeños electos para los próximos cuatro años.

Jesús Ferro Bayona

Noviembre, 2023

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