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Jesús Ferro Bayona

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Nuestro blog “Exjesuitas en tertulia” se enorgullece de transcribir aquí la reciente entrevista que le hiciera a nuestro compañero Chucho Ferro, el periodista Leydon Contreras Villadiego para el periódico El Espectador, de Bogotá.

Hace 80 años, cuando el río Magdalena aún se imponía como la principal ruta de acceso al interior del país, una humilde costurera daba a luz a Jesús María Ferro Bayona, uno de los filósofos y académicos más destacados del Caribe colombiano, quien llegó a este mundo a través del municipio ribereño de Magangué, entre las ardientes temperaturas que compactan los paisajes de La Mojana bolivarense y la Depresión Momposina en el departamento de Bolívar.

Con más de una docena de libros en los que se despliegan sus ideas filosóficas sobre el Caribe, la educación, la cultura y las ciencias, Jesús Ferro Bayona también cuenta entre sus más arduas tareas con el mérito de haber sido el rector que más años llevaba al frente de una universidad en Colombia: 37 largos años de su vida (de 1980 a 2017) dedicados al proyecto educativo, social y cultural que es hoy en día la Universidad del Norte.

En 2017, y con un President’s Global Leadership Award entre manos, un prestigioso reconocimiento que la Universidad del Sur de la Florida otorga a destacados líderes mundiales, Jesús Ferro Bayona entregó la dirección de una institución que, en sus inicios, surgió como un politécnico ingeniado exclusivamente para la formación de técnicos y profesionales que suplieran las demandas de las empresas e industrias locales. 

Sin embargo, como un buen hijo de costurera, el filósofo rector no dio puntada sin dedal y supo ensartar el fino hilo de las humanidades y las ciencias sociales en las arterias de varias generaciones de profesores y estudiantes, transformando así aquel iniciático politécnico, en el actual campus universitario que la Uninorte es hoy.

¿Cuál es su percepción sobre el estado actual del desarrollo de la filosofía en Colombia y, en particular, en la región del Caribe?

La filosofía actual permanece muy restringida en Colombia al ámbito de las universidades. No se nota un pensar filosófico que se exprese con resonancia fuera de la Academia.

En el Caribe pasa igualmente. No obstante, dentro de la Academia del Caribe, lo que distingue nuestro tiempo de épocas anteriores es que los filósofos de hoy se han formado en estudios de postgrados, especialmente como doctores. No es el título por el título, sino la raigambre en el pensamiento formal que contribuye a la formación más robusta y disciplinada de los profesores.

Desde su perspectiva, ¿qué autores (locales, nacionales y de fuera del país y el continente) considera que han tenido un papel fundamental en la organización del pensamiento filosófico en el Caribe colombiano?

Para no mencionar a los mismos de siempre como Rafael Carrillo o Julio Enrique Blanco, Guillermo Hoyos Vásquez fue un gran pensador colombiano y sigue vigente con su obra fenomenológica, que llevó más allá de los muros académicos. Aprecio el trabajo filosófico de Amalia Boyer y al tiempo lamento que no haya seguido ejerciendo en el Caribe, desde donde podría irradiar un pensar en permanente inquietud y búsqueda como el suyo.

¿Existen procesos filosóficos locales que hayan influido de manera significativa en la región?

Por supuesto que sí. Sobre todo los procesos que han tenido lugar en las universidades del Atlántico y del Norte, y también en la de Cartagena. Su significación ha consistido más que todo en la enseñanza. Yo espero que suelten amarras: que en la región se sienta su aporte en la dimensión pública, en las publicaciones más allá de lo estrictamente académico, en la difusión más asequible a la opinión, sin perder el rigor.

¿Cómo ve la relación entre la filosofía y la formación académica en la actualidad y cuál es su opinión sobre la integración de la filosofía en los planes de estudio de las instituciones educativas en Colombia?

La filosofía ha ido tomando asiento y forma entre los estudiantes que van a estudiar postgrados en filosofía en las universidades del Atlántico y del Norte. No me refiero tanto a las asignaturas de ética y de historia de la filosofía, impartidas por filósofos que se dan en los distintos programas de pregrado. Es demasiado obvio y puede hasta volverse una actividad liviana si uno se descuida.

Desde su experiencia, ¿cómo ha influido la filosofía en la cultura y las expresiones artísticas en el Caribe colombiano?

Quisiera referirme, por ejemplo, a la densidad del pensar en la obra poética del cartagenero Gustavo Ibarra Merlano. Falta conocer más sus poemas y dejarse arrastrar por su consistencia y profundidad.

¿Ve alguna conexión específica entre la filosofía y las manifestaciones culturales en la región?

Esa conexión es aún muy tímida. La filosofía podría filtrarse más en las expresiones artísticas del Caribe que son de las más creativas del país. Alfonso Fuenmayor, del grupo Barranquilla, filósofo de formación, les ponía el tono mayor a los concurrentes de La Cueva. Así lo percibía García Márquez, que lo admiraba. Nos hemos olvidado de ese hecho cultural: Fuenmayor en el periodismo cultural junto con Alejandro Obregón en la pintura ahondan en los simbolismos que ponen a pensar como sucede en los cuadros de la violencia de Obregón: los cuadros que pintan el nueve de abril son referentes del impacto estético-filosófico de la muerte. Para no hablar del toro, los cóndores y las barracudas del Caribe que se esparcen en sus cuadros.

Mirando hacia el futuro, ¿Qué papel podría desempeñar la filosofía en la construcción de un futuro más próspero y equitativo en la región?

En términos de filosofía política, la formación del pensamiento independiente y creativo de los jóvenes es una tarea que está en ciernes. Cuánto hay que pensar y decir en torno a las dependencias, por no decir adicciones, de las tecnologías que oscurecen el futuro. Todavía hace falta abrir el horizonte a una fenomenología del cambio climático. Hace más de 40 años en Lyon, cuando aún no se sentían las amenazas del ecocidio, escuché la elaboración de una filosofía a mi profesor Henry Maldiney sobre el espacio y el cuerpo en un entorno en que la naturaleza se va volviendo naturaleza muerta para tornarse llamado al rescate de la palabra humana que le devuelva el vigor a la ecología. Esta se está volviendo materia de falsos anuncios en encuentros mundiales como el de la COP que tuvo lugar en Dubái este año.

El futuro es ahora, no hay que dejarlo que ocurra. Hay que llamarlo anticipatoriamente y construirlo con la palabra, que es la fortaleza del filósofo, una palabra que sea construcción crítica, pero no apocalíptica del mundo que debe venir, porque los pensadores lo estamos impregnando con el fuego de la esperanza que aún tenemos. Los seres humanos resistiremos a la debacle anunciada si la afrontamos a partir de la fuerza del pensar, sin populismos ni autocomplacencia, con fundamento en la ciencia y rigor en el razonamiento, tarea ineludible que se autoimpone el filósofo consciente de la responsabilidad que tiene consigo y con los demás, insertado en el devenir.

23 de diciembre de 2023 

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De cómo la literatura y la historia se hermanan para comprender mejor una realidad. 

En un 17 de diciembre de 1830, moría en Santa Marta el Libertador Simón Bolívar, alojado en la Quinta de San Pedro Alejandrino, de propiedad, qué ironía, de un español. 

García Márquez describió en El General en su laberinto sus últimos instantes con un estilo que va más allá de lo que habría podido escribir un testigo presencial : “por primera vez vio la última cama prestada, el tocador de lástima cuyo turbio espejo de paciencia no lo volvería a repetir, el aguamanil de porcelana descarchada, la toalla y el jabón para otras manos, la prisa sin corazón del reloj octogonal desbocado hacia la cita ineluctable del 17 de diciembre a la una y siete minutos de su tarde final”.

Ficción y realidad. La escena está basada en el hecho histórico descrito sobriamente -es la visión del historiador- por el norteamericano David Bushnell en Simón Bolívar, proyecto de América, con erudición y detalles afortunados. Nunca sabremos, es apenas obvio, todo lo que pasaría por la mente de Bolívar, en esos momentos de la verdad imaginados por García Márquez. 

Pero uno tiene la posibilidad de evocar lo que ambos autores narran, a su modo, sobre el pasado del Libertador. Sus viajes de juventud a España donde conoció en Madrid a María Teresa Rodríguez del Toro de quien se enamoró locamente y sin demora le propuso matrimonio. Se casaron con el infortunio que les sobrevino, recién instaladps en Caracas, con la muerte de María Teresa a los ocho meses de matrimonio. 

Bolívar no volvió a casarse jamás, pese a que Manuelita Sáenz se convirtiera después en la mujer de su vida. Regresó a España de paso hacia Francia y en París estuvo en los años cuando Napoleón se engrandecía con su coronación en Nôtre Dame. Admiró al emperador Bonaparte. Incluso le cautivó el culto a la gloria que Bolívar no desdeñaría en imitar, pero criticaba a Napoleón por haber supeditado todo a su ambición personal, traicionando el ideario republicano de la Revolución Francesa, anota Bushnell. Esta última es una apreciación discutible. Napoleón le puso fin a la revolución del terror al decir que “la revolución ha terminado”.

En esa última hora Bolívar quizás evocó el viaje que hizo a Roma, en donde juró en una de sus colinas que no descansaría hasta ver librada América de las cadenas impuestas por el imperio español. Y porque lo dijo poco antes de morir, habría recordado que pidió a los pueblos de Colombia “trabajar por el bien inestimable de la Unión”. 

En el aniversario de su muerte hay que recalcar además, que Bolívar soñó con la integración continental, una de las grandes tareas pendientes de la región.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año. Sólo el 21.2% dijo haber leído uno.

Un médico neurólogo comentaba hace poco, en una entrevista, que eran muchos sus pacientes con problemas de sueño. Analizando con cada uno, la mayoría contaba que, al despertar al día siguiente tras una noche de lucha contra el insomnio, tenía el televisor prendido, otros que el Ipad se les había quedado en la cama y el teléfono celular al lado de la almohada. ¿Quién puede conciliar el sueño con todo eso dentro de la habitación? Es como dormir con el enemigo. La tecnología de esos aparatos es de mucha utilidad en la vida diaria, pero su excesivo uso conduce a la adicción. A una que no deja ni dormir.

En épocas pasadas, los abuelos cabeceaban leyendo un libro en la noche y cuando ya no aguantaban más se iban a la cama para un sueño placentero. Pero ahora es al revés. En reciente publicación del monitoreo a la calidad de vida urbana “Barranquilla cómo vamos”, el 51% de los encuestados sobre el tema de la cultura dijo que no había leído un libro en todo el año, mientras que el 21.2% dijo haber leído uno. El dato revela que es muy bajo el índice de lectura de libros. Se podría concluir que no se leen libros, ni siquiera para conciliar el sueño. 

Las tabletas y los celulares, con la televisión, son los acompañantes hasta en la cama, al final del día. No sorprenden, por tanto, pero sí preocupan los últimos resultados de las pruebas PISA -el Programa para la evaluación internacional de estudiantes- entre los países miembros de la OCDE, a la que Colombia pertenece. 

En materia de lectura -que significa habilidades del estudiante para seleccionar, interpretar y evaluar información de una variedad de textos- los estudiantes universitarios del país -con la excepción de Bogotá que va mejor- vienen mostrando resultados a la baja desde 2015, cuando se inició la caída más fuerte en las pruebas del ICFES, con el consecuente mal índice de este año en las pruebas PISA. Es llamativo que, en materia de lectura, los hombres han tenido puntajes menores que las mujeres. Éstas les ganan por 12 puntos de ventaja.

Hay que aclarar que no es lo mismo leer una novela o un libro de historia para el disfrute personal, que un texto para el aprendizaje escolar. Lo cierto es que, gran número de jóvenes y adultos no duermen bien en la noche, tras estar viendo pantallas luminosas que estimulan en exceso las imágenes en el cerebro. 

Cuando un padre de familia me dijo, comentando mi columna pasada sobre Napoleón, que a su pequeño hijo le gustaba mucho la historia, me apresuré a responderle que le fomentara el gusto, porque el hábito se crea para toda la vida. Y además dormirá mejor.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

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La película de Ridley Scott (86 años), nos plantea de nuevo el permanente contrapunto entre la historia y su representación como materia recreada por un artista. En este caso de la mano de uno de los más grandes cineastas de los últimos tiempos. Por eso vale la pena verla.

Las cartas de amor entre Napoleón y Josefina fueron abundantes. Se han conservado cerca de 300. La película del británico Ridley Scott, estrenada hace pocos días a un costo de 200 millones de dólares, fue armada sobre la correspondencia epistolar entre los dos amantes, lo que es válido como recurso narrativo, aunque bastantes episodios de la película son imprecisos históricamente. 

Según el filme, en la campaña célebre de Egipto contra los ingleses comandados por Nelson, el general Bonaparte decidió retornar a Francia por amor a Josefina. La verdad fue que el gobierno del Directorio le instó con urgencia regresar a París debido a la situación de inestabilidad política interna, agravada por el riesgo de invasión con la que ingleses, rusos y prusianos amenazaban a la aún frágil república nacida de la Revolución de 1789.

De las muchas batallas, Ridley Scott escogió cuatro: 

1) Tolón, sitiada por los ingleses y españoles en apoyo a los monárquicos franceses, que ganó Napoleón apenas con el grado de capitán. 

2) Austerlitz, que le dio grandeza siendo ya emperador, pero que el director del filme presenta, en el marco de unas escenas fílmicas espectaculares, como si la batalla la ganara la naturaleza y no Bonaparte que contaba con inferior número de soldados que disparaban contra el hielo quebradizo que cubría la superficie de los estanques; la leyenda dice que se ahogaron cerca de 27 mil soldados rusos y austríacos. 

3) La campaña contra Rusia, que libró en medio de un invierno espantoso, en la que encontró a Moscú en llamas que el zar y sus habitantes incendiaron para que su victoria fuera sobre unas ruinas humeantes y una ciudad ya sin provisiones para los soldados napoleónicos que morían de hambre y frío. 

4) Finalmente, la batalla de Waterloo, la derrota que le puso fin al sueño de Napoleón de volver a ser el glorioso emperador que fue antes del exilio en la isla de Elba. En su narrativa, Ridley Scott magnifica con excesivos detalles a su compatriota el duque de Wellington, como estratega solitario de las tropas inglesas, holandesas, rusas y prusianas, que realmente fue una coalición necesaria para derrotar a Napoleón.

Espléndida la actuación de Joaquín Phoenix, tan parecido físicamente al emperador francés que logra impresionar. Encantadora la actriz Vanessa Kirby en el papel de Josefina, que nunca dejó de amarlo. 

La película de Ridley Scott muestra escenarios grandiosos con fotografía exquisita. Vale la pena verla, siendo cautelosos frente a las licencias históricas que Ridley Scott se permite en su versión cinematográfica.

Jesús Ferro Bayona

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La figura mítica de Perón no ha muerto. Empezó ahora el cuarto de hora de Milei y del peronismo en la oposición. Es el péndulo de la historia.

En casi todas las biografías, el biógrafo transmite lo que investigó o vivió sobre la persona que describe. Se diría, extremando la metáfora, que hay tantos Enrique VIII de Inglaterra como biógrafos suyos han existido y existirán. Hay temas inagotables. En la biografía novelada de Tomás Eloy Martinez sobre Juan Domingo Perón, que tituló La novela de Perón, se hace evidente su entramado. Desde el comienzo del libro el lector queda advertido de la realidad y la ficción que el autor está tejiendo. 

Después del llamado “fracaso del peronismo”, según titulares de prensa tras las elecciones del domingo pasado, se habría olvidado que Milei, “el liberal libertario”, había consagrado como uno de sus lemas una frase dicha por Perón en 1972: “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada”. Del lado opuesto, la semana antes de elecciones, las bases sindicalistas de la Unión General de Trabajadores, en apoyo al candidato oficialista Sergio Massa, cantaban por las calles de Buenos Aires: “Perón, Perón qué grande sos”. 

Sin ser uno argentino y basándose en biografías, se comprende que la figura de Perón es sagrada. Mientras los sindicalistas la aclaman con acentos míticos, Milei había preferido arremeter contra el peronismo, el partido al que le ganó las elecciones, que llevaba más de 40 años en el poder… más de 70 dicen otros.

Tomás Eloy Martínez, en el libro citado, dice que cuando el General Perón murió el 1 de julio de 1974, no era fácil medir el tiempo. “En la eternidad de las exequias, la enorme muerte del General regaba su contagio sin respeto ni límites”. Se tejió una telaraña de datos y opiniones que pusieron al General aún más lejos del alcance de las comadres, como si se lo llevara un espejismo. 

La multitud que aguardaba para verlo debía superar las cuatrocientas mil personas. No más de dos mil por hora conseguían llegar al catafalco. A las nueve y media del 4 de julio, el cortejo fúnebre partió hacia la capilla de Nuestra Señora de la Merced, en la residencia presidencial. Las comadres rompieron a llorar. La narradora, doña Luisa, se dio cuenta de que apenas el ataúd desapareciera de la pantalla de la televisión “todos quedarían huérfanos para siempre”. No se resignó al hecho y abrazó el televisor. “La sonrisa del General la envolvió entonces con su calor omnipotente. Pensó que todo podía suceder. Bastaba decirlo para que sucediera: Resucitá, machito -exclamó. ¿Qué te cuesta?”. La figura mítica de Perón no ha muerto. Empezó ahora el cuarto de hora de Milei y del peronismo en la oposición. Es el péndulo de la historia.

Jesús Ferro Bayona

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Los 400 años de la Javeriana son ocasión para exaltar su obra educativa que abre las mentes a los conocimientos y a la investigación.

Me cuento entre los miles de egresados de la Universidad Javeriana, donde me gradué en Filosofía y Letras. Este año la Javeriana está de fiesta. Cumple 400 años, período de vida que se divide en dos etapas: la que va de 1623, año de su fundación, hasta 1767, cuando los jesuitas salieron de la Nueva Granada por orden de la pragmática sanción de Carlos III que los expulsó de todos los dominios de la corona española. 

La segunda etapa empezó con su restablecimiento en abril de 1930, en acto que tuvo lugar en el Colegio de San Bartolomé. No hay suficiente espacio en esta columna para contar las vicisitudes por las que atravesó la Compañía de Jesús en su historia, ni siquiera en Colombia.

Voltaire, que fue alumno de los jesuitas como lo fue Fidel Castro, decía que eran muy vanidosos. Exageraba con mordacidad al decir que los jesuitas pensaban que nadie quería morir sin tener a su lado a un miembro de la Orden para recibir la extremaunción, pero les reconocía méritos cuando calificó las misiones jesuíticas entre los indios del Paraguay como un triunfo de la humanidad, añadiendo que esas misiones eran expiación por las crueldades de los primeros conquistadores. No le faltaba razón. 

El padre Joseph Gumilla, misionero en los ríos Orinoco, Meta y Casanare, dejó escrita una Historia Natural de las Naciones, resultado de su estudio científico de esas regiones entre 1731 a 1750, cuando murió en los Llanos. Su misión no se limitó a evangelizar a los indígenas, como era lo esperado, sino que se extendió al estudio de las ciencias naturales en territorios inexplorados aún por la investigación científica. 

He conocido a incontables jesuitas aquí y en Europa que sobresalen en variados campos de las ciencias físicas, sociales y humanas, un distintivo suyo desde su creación por San Ignacio de Loyola, que los acreditó desde el comienzo para ser fundadores de colegios y universidades. 

Pienso que su carácter religioso no los ha restringido. Por el contrario, han sabido combinar la fe religiosa con la libertad para pensar e investigar, lo que les ha valido a muchos de ellos un sinnúmero de incomprensiones y rechazos como fue el caso -por mencionar apenas uno- del padre Teilhard de Chardin en cuya biblioteca de París estuve un tiempo, cuando era estudiante. Sus investigaciones arqueológicas se reflejaron con profundidad en sus reflexiones sobre la fe, motivo de admiración, como de censura entre creyentes e incluso miembros de su comunidad. 

Los 400 años de la Javeriana son ocasión para exaltar su obra educativa que abre las mentes a los conocimientos y a la investigación.

Jesús Ferro Bayona

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El legado árabe en la Costa es muestra de laboriosidad y filantropía: Don Elías Muvdi, de origen palestino, donó al departamento un predio de 101 hectáreas sobre la calle 30, donde se halla entre otros el Hospital Uninorte. Sus apellidos son inconfundibles.

Cuando estudiaba en París, hice amistad con dos estudiantes de origen árabe, muy cultos, uno libanés y otro egipcio. El primero, nacido en Beirut, hablaba a la perfección el francés. Fui con ellos una vez a escuchar al escritor libanés Amin Maalouf quien disertó sobre Las cruzadas vistas por los árabes, tema sobre el que es muy versado y sobre el que publicó el libro homónimo que lo dio a conocer. 

Al escucharlo entendí mejor el punto de vista árabe sobre las Cruzadas que fueron matanzas y sufrimientos que los occidentales cristianos infligieron a los árabes cuando llegaron a Tierra Santa. Un testigo musulmán dejó escrito: “Los cruzados hicieron trizas el ejército turco. Mataron, saquearon e hicieron muchos prisioneros que vendieron como esclavos”. Aprendí cuán importante es ponerse en el punto de vista del otro para entender su historia, sus creencias, sus costumbres. Yo estudiaba teología en ese entonces y estaba marcado por la concepción occidental de la historia. Los cruzados eran sobre todo héroes, santos luchadores en la defensa del Santo Sepulcro de Jerusalén y no más.

Cuando les contaba a mis amigos árabes que yo venía de una región colombiana adonde habían migrado muchas familias árabes que huían de las guerras del Medio Oriente y a quienes llamábamos turcos, sin distinguir entre sirios, palestinos, libaneses, sauditas, una simplificación de la diversidad de países del imperio otomano de donde procedían, antes de la Primera Guerra Mundial, no me quisieron creer. 

Me di cuenta que sonreían ante el desconocimiento de la geografía e historia de su región por parte de los habitantes de acá, como fue el caso de los inspectores aduaneros en el muelle de Puerto Colombia, que cambiaban a su arbitrio sus nombres, incomprensibles para ellos, por otros que les eran familiares. 

Loor Naissir cuenta en su libro Sin retorno, que su abuelo recién llegado de El Líbano, al ir a registrar su residencia en Colombia -y a la mayoría de migrantes árabes les pasó igual- vio cómo el funcionario le cambió de nombre, que era Knule Fayad, por Nicolás, porque el nombre de origen le era difícil de escribir. 

El legado árabe en la Costa es muestra de laboriosidad y filantropía: Don Elías Muvdi, de origen palestino, donó al departamento un predio de 101 hectáreas sobre la calle 30, donde se halla hoy, entre otros, el Hospital Uninorte.

Sus apellidos son inconfundibles. No hay pierde, en la política actual, los Turbay, Arana Padaui, Zuleta Bechara, Char Abdala, por ejemplo, se cuentan en las listas de los mandatarios costeños electos para los próximos cuatro años.

Jesús Ferro Bayona

Noviembre, 2023

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La alta votación que Eduardo y Álex obtuvieron el pasado domingo es demostración inequívoca de todo lo que se espera de ambos. Tienen retos sociales y económicos para mayor bienestar ciudadano. Hay que desearles que les vaya muy bien en beneficio del departamento y de la ciudad. 

Los egresados de una universidad son la muestra del resultado cualitativo del proceso académico. En cierta forma, son el sentido de la misión formadora de una universidad. A su vez, se benefician del prestigio del Alma Mater, lo que les abre mayores oportunidades en el mundo laboral y empresarial. Cuando los egresados se destacan en los sectores público y privado demuestran con su desempeño la calidad de la formación de su universidad. 

Esa es la razón por la que es tan satisfactorio que Eduardo Verano y Álex Char, graduados de Uninorte, hayan obtenido en las elecciones del domingo 29 de octubre, las más altas votaciones para ser elegidos gobernador del Atlántico y alcalde de Barranquilla respectivamente. 

Antes de llegar a la rectoría de Uninorte en 1980, asistí al seminario sobre Desarrollo regional que dirigió a jóvenes líderes locales el profesor Roderick O’Connor, autoridad mundial en el tema. Desde entonces conozco a Eduardo, que ya manejaba el discurso de la autonomía regional que lo ha caracterizado y que más tarde fue consagrada en la Constitución de 1991. 

En 2017 más de 2.5 millones de ciudadanos refrendamos con el Voto Caribe el proceso que lideró con el fin de que la Costa Caribe sea una entidad administrativa y de planificación. Eduardo tiene ahora nuevas oportunidades para sacar adelante con los gobernantes departamentales la autonomía regional de la Costa.

Siendo rector de Uninorte, le entregué el diploma de Ingeniero Civil a Álex Char. En la ceremonia de graduación se acercó Adela Chaljub, su madre (q.e.p.d.), muy emocionada con el grado de Álex para decirme que su hijo sería un gran profesional que le prestaría un gran servicio a Barranquilla como efectivamente lo ha hecho. 

En las dos anteriores alcaldías de Álex Char, la ciudad cambió para mejor. Nos entregó una ciudad con notorios progresos que admiran propios y visitantes, dada la transformación de Barranquilla, que no es solo urbanística, pues ha dignificado los espacios educativos para niños y jóvenes de menores recursos que se lo merecen. 

Sigue la tarea de mejorar aún más la calidad educativa de los profesores con títulos de postgrado y dotación de tecnología educativa. Álex posee un gran don de gentes, una capacidad de gestión que le ha valido ser reconocido como mejor alcalde del país en anteriores mandatos. La alta votación que Eduardo y Álex obtuvieron el pasado domingo es demostración inequívoca de todo lo que se espera de ambos. Tienen retos sociales y económicos para un mayor bienestar ciudadano. Hay que desearles que les vaya muy bien en beneficio del departamento y de la ciudad.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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Las noticias sobre el Medio Oriente son atropelladas por lo numerosas. Informan sobre muertes de seres humanos indefensos en situaciones horrendas. La guerra es eso: el reino del instinto de la muerte, del Tánatos.

Pensadores palestinos e israelíes han hablado hasta en épocas recientes de formas de entenderse sin excluir la disparidad de posiciones. El palestino Sari Nusseibeh, rector de la universidad árabe de Jerusalén “Al Quds”, lucha por conseguir la paz entre los dos pueblos, basando su argumentación en la coexistencia de dos estados vecinos. 

En diálogo con el escritor judío Amos Oz, proclamó: “queremos acabar de una vez por todas con el dolor, y el mundo nos puede ayudar a conseguirlo apoyándonos a los que estamos en la vía del pacifismo”. El judío Oz coincidió con Nusseibeh en la defensa de la creación de un Estado palestino, con Jerusalén como capital compartida de los dos Estados: “La mayoría de la población está convencida que lo que proponemos es la respuesta al problema, pero no es ningún secreto que en nuestras sociedades hay todavía mucha rabia y mucho dolor y quizás, odio”. 

El odio se convierte en venganza, si no se controla con la razón. La venganza se halla ligada con el origen de las guerras. La cólera de Aquiles incendió la guerra contra Troya, canta Homero en la Ilíada. 

En una entrevista hecha recientemente por El País de Madrid a una sobreviviente del Holocausto, la poeta judía de 92 años, Edith Bruck, decía que estaba dolida con la masacre de niños, jóvenes, mujeres, cometida por Hamás: “algo espantoso, una barbarie”. Pero siente temor por la respuesta de Israel a los terroristas : “la venganza y la violencia sirven de poco”. 

Dijo algo increíble: Estando en un campamento, tras la liberación del campo de concentración donde se hallaba, vio a un soldado nazi capturado por los americanos, que le pedía un poco de comida: “El que tenía enfrente podía haber sido el que mató a mi padre o a mi madre, pero me dije “no empecemos con odio”. Y compartió con él pan y chocolate. 

“El odio se ha multiplicado”, -prosigue Edith-. No confío en que pueda resolverse. Es muy difícil que se produzca un acercamiento, que se entable un diálogo. Tanto árabes como israelíes judíos han tenido todo el tiempo del mundo para firmar definitivamente cualquier tipo de acuerdo de convivencia y paz, incluso mínimo”. Bruck no oculta su escepticismo. Pero tanto Oz como Nusseibeh rechazaron que sus planes para Israel y Palestina sean utópicos, aunque admitieron que, por el momento, los respectivos dirigentes políticos no están en la labor de asumirlos.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla.

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Un fraude electoral facilitado por las fallas de reportes de los fallecidos, sobre todo en lugares apartados del país. No se ha vuelto a hablar de los muertos que votan en las elecciones.

En pasadas épocas electorales, se denunciaba que en los puestos de votación se contaban cédulas de individuos ya difuntos que aparecían sufragando. Un fraude electoral facilitado por las fallas de reportes de los fallecidos, sobre todo en lugares apartados del país.

Curiosa la semejanza de dos palabras con la misma raíz, pero con distinto significado: el o la votante que hace uso del derecho universal al sufragio electoral y el sufragio que se envía al familiar de alguien que ha fallecido. El sufragio, dice el diccionario de la Academia, es el voto de quien tiene capacidad de elegir a otros para ocupar cargos públicos. Pero en el uso cotidiano de la lengua, significa dar el pésame o condolencias, mediante una tarjeta que se envía a los familiares del difunto con la promesa de oraciones que se harán por su eterno descanso.

En el siglo XIX, el escritor ruso Nikolái Gogol escribió un cuento tétrico con el título Las almas muertas. El protagonista, un tal Chíchikov, junto con su cochero, recorre varias aldeas de Rusia con la intención de comprar almas muertas. En la Rusia de entonces los propietarios tenían derecho a poseer, literalmente, siervos para cultivar la tierra. Los siervos eran considerados propiedad del terrateniente que podían comprar, vender o hipotecar como cualquier bien. Para cuantificar los siervos – también los individuos- se empleaba la palabra “alma”, de uso más frecuente antes en nuestra lengua. Chíchikov se dedicó al negocio de la compra de “almas muertas” para enriquecerse. Sucedía que durante la recaudación de impuestos en muchos casos los propietarios debían seguir pagando por los siervos que ya no vivían. Ahí se hallaba el negocio de Chíchikov, que compraba almas muertas, librando a los propietarios de pagar impuestos por ellos. Chíchikov lograba obtener reconocimiento de los funcionarios estatales, apareciendo como propietario con poder económico para obtener préstamos del Estado. 

El cuento de Gogol tiene rasgos macabros, pero le sirvió para criticar la servidumbre rural, una forma de esclavitud, que se practicaba en Rusia hacía muchos siglos. El escritor ruso no logró con su sátira cambiar el estado de cosas. Se ganó más bien la enemistad de la clase terrateniente, de los funcionarios públicos y del mismo gobierno de los zares.

El cuento de Gogol es pertinente ahora cuando estamos viviendo un octubre bastante agitado en señalamientos de fraude electoral que vienen de distintas vertientes políticas. El voto de los muertos es un fraude macabro.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en EL HERALDO, Barranquilla.

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Sus hijos han dicho que estuvo creando hasta el último momento de su vida. Uno de ellos dijo a la prensa que Fernando Botero murió en su ley. Ojalá los colombianos aprendiéramos todos a morir en esa ley, que es la de enaltecer la propia vida como una obra de arte y de prodigar el bien a los demás.

Cuando vi por primera vez, hace bastante tiempo, los cuadros y esculturas de Fernando Botero, no simpaticé con los gordos y las gordas, como dicen, figuras que caracterizan su obra que goza de admiración universal. Las lecturas de los conocedores de su arte y de diversas publicaciones contribuyeron a afinar mi mirada para cambiarla. Menciono entre ellas una del Banco de la República editada con pulcritud y comentarios explicativos de sus cuadros y de la colección de pintores de su colección particular con el título  Donación Botero, muestra de su generosidad con el país al que donó obras de inmenso valor.

Con motivo de su fallecimiento he repasado varias de esas publicaciones. He recordado exposiciones de sus obras, esculturas regadas por calles, museos, plazas, incluso réplicas en lobbies de hoteles en los que me he alojado.  

El maestro Fernando Botero honró a Colombia con su arte que lleva a primer plano a nuestra gente, la violencia, muertos y sicarios, con realismo impresionante. Fue su mirada diferente sobre nuestro mundo, y el retrato que de todo ello plasmó,  lo que me enseñó a apreciar, tras largas reflexiones, los voluminosos trazos de su pincel sobre el lienzo. 

La mejor apreciación de las obras de arte es resultado del aprendizaje que es consecuencia de una pedagogía artística que debiera hacer parte integral de la educación desde la escuela pasando por la universidad, insertándose en la comunicación periodística, por ejemplo. La apreciación artística se aprende leyendo literatura, oyendo música, viendo obras de arte, entre otros aspectos del aprendizaje de las humanidades. Se sustenta en la disciplina que se adquiere como fue la vida del maestro Botero, un pintor disciplinado. 

Sus hijos han dicho que estuvo creando hasta el último momento de su vida. Uno de ellos dijo en la prensa que Fernando Botero murió en su ley. Ojalá los colombianos aprendiéramos todos a morir en esa ley que es la de enaltecer la propia vida como una obra de arte y de prodigar el bien a los demás. 

Seríamos un país diferente. Un país que significara exaltación de la vida, un país que ha abolido, para siempre, el estigma de la violencia. Podremos llegar a la construcción de una sociedad de bienestar, de solidaridad, de una convivencia justa y armoniosa en la medida en que desde la infancia, y sin parar, nos enseñen a crecer en conocimientos que aporten bienestar social pero también humanismo, fundado todo en el esfuerzo de cada día para ser mejores individuos y en la disciplina de vida que nos lleve con dignidad hasta el último suspiro.

Jesús Ferro Bayona

Octubre, 2023

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Consagrar la educación como un derecho fundamental de todos los individuos es un paso importante que debe incluir el derecho a la educación superior. La consagración de la educación como derecho fundamental, además, contribuye a mejorar la equidad social que es un propósito central del actual gobierno.

De los 502,6 billones del presupuesto nacional 2024, 70,4 billones se destinarán a la educación. Es un monto importante para reforzar un sector clave del desarrollo humano de los colombianos. El drama es que las necesidades educativas son enormes. Si esos recursos se administran con eficiencia y se mantiene la tendencia de su crecimiento en los tres años de gobierno que siguen, la juventud colombiana tiene futuro.

Sin embargo, no basta con que la financiación de la educación aumente. Se requiere que haya un norte en las políticas educativas, un plan de desarrollo adecuado para el sector y saber hacer lo que hay que hacer. Por eso, el proyecto de ley estatutaria de reforma que el Ministerio de Educación presentó para debate y aprobación del Congreso es crucial. El proyecto debe armonizarse con el presupuesto nacional para que la financiación no se convierta en un elefante blanco, en un país que no tiene los recursos financieros que los países más desarrollados manejan con holgura. 

En ese sentido, y refiriéndome a la educación superior, el aumento de la cobertura que busca el proyecto es de entrada un asunto que abre la discusión: crear 500 mil cupos nuevos, o pasar de 55% a 62% de matriculados en los próximos tres años es una meta loable. Social y políticamente resonante incluso. El riesgo que se corre es que mientras la cobertura crece, la calidad, si no recibe la inversión requerida, desfallece. 

Esa es una debilidad que los expertos, entre ellos rectores de cuatro prestantes universidades privadas, vienen anotándole al proyecto. La calidad no da réditos sociales y políticos inmediatos, como suele pasar con la cantidad de estudiantes que entren al sistema, pero es fundamental para el desarrollo a largo plazo. Por ejemplo, egresados que demuestren sólida formación básica, competencias profesionales en las empresas públicas y privadas, manejo de otro idioma distinto al español y comportamientos éticos en los negocios y en la vida ciudadana, son los que abren horizontes seguros de competencia en el mundo globalizado con retornos de prosperidad económica y social al país.

Consagrar la educación como un derecho fundamental de todos individuos es un paso importante que debe incluir el derecho a la educación superior. La consagración de la educación como derecho fundamental, además, contribuye a mejorar la equidad social que es un propósito central del actual gobierno. Pero la equidad entendida solo como cobertura produciría mayor desempleo si no hay idoneidad profesional de los egresados en el mercado laboral.

Jesús Ferro Bayona

Octubre 20, 2023

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La actualidad de la película Oppenheimer del director Christopher Nolan, nos recuerda una de las frases más conmovedoras del inventor de la bomba atómica: “Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”, tras el estallido de la primera bomba atómica de la historia, en 1945.

Después del éxito de la primera explosión nuclear en el desierto de Nuevo México, julio 1945, el llamado “padre de la bomba atómica”, Robert Oppenheimer, recordó, según dicen, unos versos de un poema hindú: “Ahora me he convertido en La Muerte, Destructora de Mundos”. 

De ser cierta, es una escalofriante evocación. Ahora cuando la película se ha estrenado en las salas de cine, recordé el reportaje que escribió el jesuita español Pedro Arrupe, titulado Yo viví la bomba atómica

El 6 de agosto del mismo año, el padre Arrupe estaba en Hiroshima, ciudad arrasada por la bomba nuclear creada por Oppenheimer: “A eso de las 8 menos 5 de la mañana apareció un bombardero B-29”. De repente, “vimos una luz potentísima, como un fogonazo de magnesio disparado ante nuestros ojos”. 

Prosigue con una memoria lúcida hasta en los detalles: “Al abrir la puerta de nuestro cuarto oímos una explosión formidable que se llevó por delante puertas, ventanas, paredes endebles. Tirados al suelo, seguía sobre nosotros la lluvia de tejas, ladrillos, trozos de cristal”. 

Hasta aquí, la descripción podría ser la de un tornado cualquiera de los que suceden en cualquier sitio. Pero el testimonio del padre Arrupe no se detiene ahí. Sigue un escenario dantesco. Salió a la calle y lo primero que vio fue un grupo de muchachas jóvenes, de 18 a 20 años, que venían agarradas unas a otras :”Una de ellas tenía una ampolla que le ocupaba todo el pecho. Tenía además la mitad del rostro quemado y un corte producido por la caída de una teja que, desgarrándole el cuero cabelludo, dejaba ver el hueso, mientras gran cantidad de sangre le resbalaba por la cara. Y así la segunda, y la tercera…”. 

Arrupe improvisó un hospital en la casa de los jesuitas con los primeros auxilios irrisorios para atender aquella tragedia con yodo, aspirinas, sal de frutas, bicarbonato. Los japoneses, unas 150 personas de los 400 mil habitantes devastados de Hiroshima, estaban sobre el piso con “sufrimientos espantosos, dolores terribles que hacían retorcerse los cuerpos como serpientes…no se oía un solo quejido”. Todos sufrían en silencio”. 

A las cinco de la tarde, recorriendo la ciudad en escombros, entre los horrores, vio a un niño con un cristal clavado en la pupila del ojo izquierdo, y así tantos otros… Arrupe y sus compañeros levantaron pirámides de cadáveres para rociarlas con petróleo y quemarlas, para evitar una peste. Luego salieron las estadísticas: 260 mil muertos, 163 293 heridos en solo Hiroshima. Después vimos en fotos cuerpos deshechos por la radiaciones. 

Era la Muerte, destructora de Mundos.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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Para lograr la calidad que he expuesto en mi anterior columna, se requiere financiación porque la calidad es costosa. El punto es que la reforma debe ser explícita en formular los objetivos académicos buscados por la nueva ley.

En mi columna anterior hice, con base en mi experiencia en dirección universitaria, una síntesis de las características de la calidad educativa que deberían demostrar las instituciones de educación superior a fin de acreditarse institucionalmente por el Ministerio de Educación. Termino por completar mi punto de vista.

Primero: la pertinencia y actualización de los planes de estudio de cada carrera -en términos más específicos “el currículo académico”- deben estar conectado con el desarrollo de la sociedad en permanente evolución. 

Segundo: la evaluación del desempeño de los egresadoshecha por empresarios de organismos públicos como privados. Es indispensable conocer su opinión sobre los graduados, para confiar en la calidad de una institución educativa. 

Tercero: el bienestar universitario que, a primera vista no parece tener relación directa con objetivos académicos. No es cierto. Un buen clima organizacional se sustenta en que profesores, funcionarios y estudiantes trabajan y estudian en espacios físicos adecuados, confortables, que propician la productividad científica y académica. Así, también es relevante del bienestar es que existan complementos como las actividades culturales (grupos musicales, danza y teatro) y los deportes, ojalá con escenarios para practicarlos. 

Cuarto: en conexión mayor y visible con la calidad académica, modernamente entendida, lainternacionalización se ha convertido en elemento clave de la calidad. Es indudable que a los estudiantes se los debe formar para un mundo globalizado, para ser ciudadanos de este mundo. Exigencia que implica el manejo del inglés -la lingua franca de hoy-. Mejor aún, si la universidad ofrece el aprendizaje de otras lenguas, ya que la formación multilingüe abre muchas puertas a los profesionales. 

Quinto: si los profesores ostentan además alguno de sus títulos académicos obtenidos en el exterior, el conocimiento de otras lenguas, la calidad del proceso educativo aumentará, y motivará a los estudiantes. 

Además, la educación superior pública y privada constituyen un sistema articulado: si bien el Estado está obligado a financiar la educación pública, ello no le impide ofrecer planes de fomento a la educación superior privada que cuenta con el 46% de los matriculados del país.

Jesús Ferro Bayona

Artículo publicado en El Heraldo, Barranquilla

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En mayo de este año fue publicada en España la segunda novela, y la primera suya traducida al español, de Victoria Amelina, la escritora ucraniana que murió recientemente tras las secuelas que le dejó un bombardeo ruso a la pizzería donde se encontraba departiendo con tres periodistas colombianos. 

Desde cuando fue invadida en febrero de 2022 hasta el 24 de julio del presente, la guerra contra Ucrania lleva 1 año 4 meses y 3 semanas. No parece mucho tiempo si se compara con otras guerras como la librada en Siria hace 12 años, o las que todavía tienen lugar en África, tras más de 50 años de descolonización, con sus cientos de miles de refugiados que huyen por el Mediterráneo hacia Europa. 

Pero es que Ucrania no lleva solo el año largo de ocupación rusa. Toda su historia, desde las invasiones de los mongoles en el siglo XIII hasta nuestros días, el pueblo ucraniano ha sufrido guerras, anexiones a la brava y ocupaciones.

Cuando se cuenta la historia de Rusia como lo hace el historiador Orlando Figes, experto en el tema, impresiona el sinnúmero de menciones que hace de Ucrania en términos bélicos. En los pocos más de tres siglos y medio que los zares gobernaron en la región, no hay excepción a la regla contra Ucrania. El gobierno dictatorial de Stalin ordenó matar de hambre a los campesinos, apropiándose de su producción agrícola, con motivo de la resistencia ucraniana a la colectivización forzosa de la economía que impuso el líder soviético. En ucraniano quedó para la historia el término “holodomar”, como un holocausto, referido a esa hambruna que no olvidarán. 

Las noticias de estos días dan cuenta de la destrucción de unas 600 mil toneladas de cereales que Ucrania iba a exportar por el puerto de Odesa -bombardeado sin piedad- hacia los mercados internacionales. Pensamos que la guerra en Ucrania no es asunto nuestro porque creemos erróneamente que no nos toca directamente como en efecto lo hacen los problemas de nuestra economía. Sin embargo, el aumento del precio de los cereales encarecerá nuestras importaciones de alimentos. No somos autosuficientes en el renglón alimentario; los precios mundiales de los cereales nos afectarán.

En la novena mencionada de Victoria Amelina, titulada Un hogar para Dom, nombre del perro narrador de su vida -que seguramente fue la de Victoria- dice el perro que la historia “cuenta el episodio de mi muerte a manos de la gente”, asombrosa premonición de la misma muerte de la escritora ucraniana el primero de julio pasado. Se estremece uno con la sola idea de que la frase perruna pueda ser la predicción de la destrucción de Ucrania. 

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo de Barranquilla

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