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La Costa vista por un viajero sabio

Por Jesús Ferro Bayona
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Lo sabemos por la historia de las migraciones, pero leerlo en un escrito de esa época parece una fotografía de actualidad.

Viajar en velero, mar abierto, no es aventura para quienes solo somos navegantes en la imaginación. Joseph Conrad viajó por muchos mares. De ahí salió Nostromo, novela de nuestro Caribe, de Santa Marta a Panamá. En cambio, Élisée Reclus, geógrafo francés, viajó en sentido contrario. Se embarcó en Panamá. Pasó por Sabanilla y Cartagena. Llegó a Riohacha. Al sur de Dibulla compró tierras para la agricultura. Realizó un sueño, que describió en Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta. Lleva una frase abajo: Paisajes de la naturaleza tropical, inspirada en Rousseau pero en clave poética. Tras recorrer pantanos y sufrir los mosquitos, le bajó el tono al entusiasmo inicial por estas tierras para anotar que “la naturaleza virgen es bella, pero de una tristeza infinita”.

Exalta la belleza de nuestro territorio. A través de inmensas selvas logró penetrar hasta esas montañas de la Sierra, que se elevan como ciudadelas, pero puntualiza que le impresionó más “la vista del pueblo que se forma en esas soledades”. Un gran pueblo en medio del aislamiento en que lo tenía el mundo a su parecer. Su relato de geógrafo francés del siglo XIX es rico en detalles que asombran al lector de nuestro tiempo por las observaciones que consigna sobre distintos sitios que visitó en el caribe colombiano (1855 a 1857). 

Al pasar en una goleta por Sabanilla, vio una casa blanca construida para el servicio de la Aduana -que hoy llamamos Castillo de Salgar-. Vio también una larga hilera de chozas cubiertas de palma, antes de llegar a Barranquilla, en donde desembarcó para andar por sus calles, destacando su pujanza comercial e industrial, y el vecindario de casas de piedra y peristilo. Anota que la importancia de Barranquilla se debe casi exclusivamente a los comerciantes extranjeros, ingleses, americanos, alemanes, holandeses. Lo sabemos por la historia de las migraciones, pero leerlo en un escrito de esa época parece una fotografía de actualidad. 

Yendo para Santa Marta, navegó por los caños, como el Clarín, que comunican al río Magdalena con la Ciénaga Grande, consignando detalles sobre las “calles de árboles” que los sombrean. Pasando por Ciénaga, continuó su viaje a Santa Marta montado en una mula. 

El relato es el de un viajero lleno de ciencia, en prosa diáfana que ilustra sobre nuestra tierra a la que llama un paraíso. En el prefacio dice que su relato es para dar a conocer un país admirable que considera solitario. El viaje a la Sierra Nevada de Reclus semeja un anticipo del discurso de García Márquez al recibir el premio Nobel: La soledad de América Latina.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

2 Comentarios
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2 Comentarios

Vicente Acalá 18 septiembre, 2024 - 4:46 am

Chucho, emocionante combinación de paisaje y literatura.

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Pedro Benìtez P 18 septiembre, 2024 - 10:41 pm

Chucho maravilloso relato de esta experiencia..gracias por compartir

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