El día de la despedida eterna de nuestro compañero Ricardo Pulido, Silvio pronunció estas palabras. Por su intensidad, por su verdad, las queremos hacer públicas en nuestro blog.
Al enterarnos de tu muerte, Ro y yo nos sentamos en el estudio y lloramos largamente. Fueron momentos de profundo dolor por tu partida y de inmenso cariño por tus recuerdos.
En medio de ese llanto recibimos una llamada de César Vallejo. «Silvio, acabo de enterarme de la muerte de Ricardo y siento un inmenso deseo de darte un enorme abrazo de hermano», me dijo.
Eso fuiste, Ricardo: alguien que supo crear hermandad a tu alrededor. Un hermano fiel. Un hermano a lo grande.
Nos conocimos cuando apenas empezábamos a descubrir el mundo. Teníamos unos doce años; desde entonces han pasado más de setenta. Nuestra infancia transcurrió entre caminatas por las montañas, partidos de fútbol y paseos por la finca Patasía.
Después, el 25 de noviembre de 1959, ingresamos al noviciado de los jesuitas y empezamos a llamarnos hermanos: tú eras el hermano Pulido y yo, el hermano Zuluaga. También estaban los hermanos Cortés, Torres, Londoño, Velasco, Trujillo, Cristancho y Olivo entre otros, que ya partieron. Por varios años nos seguimos llamando hermanos y amándonos como hermanos en la mítica vida de la Compañía de Jesús.
Más tarde, ya en la vida secular, nuestra hermandad se hizo aún más fuerte. Compartimos alegrías, conversaciones, momentos difíciles y tantos recuerdos que hoy vuelven con especial fuerza. Ricardo: estuviste presente en una parte inmensa de mi historia. Tu manera de ser, tu compañía y todo lo que vivimos juntos dejan en mí una huella imborrable.
Hoy me cuesta aceptar que ya no estás, pero sé que seguirás viviendo en mi memoria y en el cariño de todos los que tuvimos la suerte de conocerte. Muchos hemos perdido a un hermano leal: quienes alguna vez nos llamábamos hermano Zuluaga, hermano Vallejo, Hermano Escobar y hermanos Jaramillo, Correa, Urreta, Posada, Palacio, Restrepo, Jiménez, Díaz, Pérez y Vélez, Nieto, Niño y Gamboa y a tantos otros hermanos que podemos mencionar… yo soy uno de los que hoy sigue lamentando la pérdida de un gran hermano.
Luz Stella, no sabes cuánto me conmovía y cuánto me hacía sentir querido que, durante este año, a raíz de mi enfermedad, Ricardo me llamara periódicamente para preguntar por mi salud. ¡Qué gran hermano! Ricardo siempre presente.
Luz Stella y Sandra: compartimos el dolor con ustedes por la partida de Ricardo. Y si algo sirve de confort les decimos que para muchas, muchas personas Ricardo fue el amigo leal, el hermano siempre presente y estamos inmensamente agradecidos por todo lo que nos dio.
Ricardo, nos conocimos a los doce años y caminamos juntos durante más de setenta. Fuiste esa persona que encontré a la vera del camino y que, con el tiempo, se convirtió en un hermano ejemplar y en parte esencial de mi vida. ¡Qué privilegio tuvimos tantos de compartir contigo esta hermandad durante un trayecto tan largo!
Despidamos a Ricardo, nuestro gran hermano, con un inmenso aplauso de agradecimiento.
Descansa en paz, querido hermano. Adiós.
Silvio Zuluaga
Octubre,2026







