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Silvio Zuluaga

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Nuestro compañero Silvio Zuluaga nos ofreció una amena tertulia en la cual nos presentó una síntesis de sus impresiones y aprendizajes de su viaje reciente a esa ciudad/país, además de un video con magnífica información sobre el lugar. La tertulia incluyó una serie de observaciones y comentarios de los participantes sobre las razones detrás de tantos avances en todos los aspectos de esa gran nación. La presentamos a nuestros lectores para su información.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 7 de Marzo, 2024
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Comenzamos esta serie de testimonios personales sobre el legado que nos dejaron los años en la Compañía, en la vida de cada uno, que fue el tema de nuestra tertulia 160. Abre la serie el proponente de la idea, Silvio Zuluaga.

Cuando ahora de viejo me preguntan por qué entré a la Compañía de Jesús, no puedo menos que devanarme los sesos para encontrar la respuesta adecuada. 

Eso hace ya 67 años; fue en 1957, cuando 44 de los 52 millones de los colombianos actuales no habían nacido. Las calles de mi pueblo natal no estaban asfaltadas, sino que eran todavía de piedra. La luz eléctrica llegaba porque la familia Trujillo había instalado una generadora de luz, una Pelton, en una quebrada cercana al pueblo, y yo era un párvulo de doce. 

Como he comentado en varias oportunidades, yo no sentí el llamado de Dios, ni una fuerza imperativa de ayudar a los demás. Estaba muy chiquito para esas elucubraciones tan trascendentales. Y enfatizo la parte de la trascendenciaporque, incluso diez años después de haber entrado a la Compañía de Jesús, un día el Padre Rodolfo Eduardo de Roux me dice: “Hermano Zuluaga, usted es muy buena persona, gran colaborador y servicial, pero usted no transciende”. Y tenía mucha razón, no transciendo, sea lo que sea lo que ese vocablo signifique y represente para muchos.  


Y de tanto forcejear en mi mente,creo que encontré una teoría satisfactoria: entré a la Compañía de Jesús debido a la sofisticada maquinaria de mercadeo de los Jesuitas, teoría confirmada por varios hechos: 

1. Los jesuitas habían identificado y se habían focalizado en un nicho de mercado muy definido y propicio para encontrar seguidores a su causa: familias católicas, practicantes y respetables. Este nicho estaba ubicado en los colegios de los jesuitas y en algunas organizaciones juveniles como los Gonzagas, con multitud de candidatos para escoger. 

2. Dentro de ese nicho, habían definido el perfil de los posibles elegidos, como muy bien lo expresaba Ignacio de Loyola: buscaban niños buenos estudiantes, de modales excelentes y por supuesto, como escribió el fundador de los jesuitas, que no fueran “ni bizcos ni cazcorvos” 

3. Estrategia propagandística intensa, al estilo que se pude lograr hoy con las redes sociales y la Inteligencia Artificial, personalizada y en mi caso dirigida adecuadamente a un niño de diez años a quien el Padre Gonzalo Ortiz le hablaba constantemente de una finca muy bonita donde se pasaban vacaciones agradables llamada Patasía y que era parte del Seminario Menor de los jesuitas en Zipaquirá, en donde se jugaba mucho fútbol. 

Nunca se mencionó la salvación del mundo del pecado, ni la ayuda a la humanidad; las motivaciones correspondían a mis quereres de entonces: fútbol y finca. Jugaba mucho fútbol y mis papás tenía una finca a la que íbamos frecuentemente y estaba llena de animales: gallos y gallinas; patos, un par de cabras Margarita, pavos reales,patos gallinetos gansos y además, tenía un trapiche para moler caña y un beneficiadero de café y guaduales. Allí aprendí a montar a caballo. Era ensoñador para nosotros ir a la finca.  

4.  Los jesuitas, audazmente, supieron aprovechar muy bien además, el prestigio histórico, subyacente en la sociedad, asociado con tener un hijo sacerdote, y más aún jesuita, reavivando el noble imaginario de servir a Dios en una sociedad clerical colombiana, a mediados del siglo pasado. 

En resumen, un nicho de mercado claramente definido;  con un perfil del candidato preciso, una propaganda personalizada, persuasiva e insistente, y finalmente, una sutil estrategia de potenciar el imaginario sublime de tener un hijo sacerdote, me llevaron al Seminario Menor. 

Y así, se alinearon las estrellas para unirme a la Compañía de Jesús, a pesar de que mi papá no me quería dejar ir porque no tenía dinero para pagar la matrícula de $120 mensuales, impase superado por mi abuelita, más rezandera que mis papás, a quien cuando le puse la queja de que mi papá no me quería dejar ir al seminario porque no tenía plata, ella me dijo: “Mijito, dígale a su papá que yo le pago la matrícula.” Y colorín colorado al Seminario Menor del Mortiño fui a dar con una felicidad increíble y volando!!! 

Y digo volando, porque nos fuimos en un avión DC3, moderno para nosotros, pero rezago de la II Guerra Mundial, el cual despegaba una vez a la semana del antiguo aeropuerto Santágueda de Manizales a Bogotá. Para tomar el avión mi papá se tomó unos cuantos brandys de antemano, para superar el miedo que le daba ese novedoso y asustador medio de transporte.

Tanto en el Seminario Menor como luego en el Noviciado, éramos un grupo selecto de personas que iríamos a salvar el mundo. Definitivamente se trataba de un empeño noble, energizante en la lucha mortal contra Satanás, con lo que me sentía muy a gusto. Éramos los buenos y nuestra misión sería la de ayudar a la gente a vivir en el mundo, que era un Valle de Lágrimas.

Mis papás orgullosos de tener un hijo jesuita y yo feliz y pleno.

Ibamos a alejar a las almas del mal – el pecado- para que luego todos, el día del Juicio Final, en compañía del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y de la Virgen María, en medio de la escolta de los siete círculos concéntricos de guardianes del ser supremo: Ángeles, Arcángeles, Principados, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Tronos, Querubines y por último los Serafines, quienes se ubicaban en el círculo más cercano a Dios y quienes ardían en el fuego del amor divino y todo en medio de música celestial, disfrutáramos del Cielo, por los siglos de los siglos, Amén.

Silvio Zuluaga

Septiembre, 2023

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Vida de perros

Por Silvio Zuluaga
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Le pregunté a Mr. Google el significado de la expresión “vida de perros” y me contestó que el alcance de este dicho, proveniente del siglo XVI, se “refiere a una situación de pobreza y miseria. También se puede usar de manera sarcástica para referirse a la vida paupérrima de un animal maltratado así por el ser humano”. 

En su uso corriente original tiene una significación negativa, de deprivación y abandono, perjudicial y maligna. Pues bien, en el siglo XXI podemos decir que “vida de perros” tiene  una acepción positiva, si analizamos en detalle la vida de los perros-mascota. 

Infortunadamente no tenemos datos confiables para Colombia, pero en Estados Unidos, según la American Pet Products Association (APPA), en septiembre del 2021 el número de hogares con perros era de 63,4 millones, con un total de 90 millones de perros-mascota. Podemos decir con certeza, que de los 128 millones de hogares en USA, el 53%, o sea 174 millones de personas, tienen una visión positiva de los perros y están dispuestas a invertir recursos para que vivan una vida cómoda y digna, a comunicarse con ellos emocionalmente y a entablar una relación de amistad sincera y profunda para convertirse en un miembro más de la familia, en un hijo más.

Es tan penetrante esta simbiosis entre las mascotas y los nuevos miembros de la familia, que el consumismo desbordado, en los últimos 50 años para la crianza de los hijos, ha sido adoptado y adaptado en forma paralela para los caninos. En la sociedad americana la sofisticación y la revolución gourmet de la comida de perros y niños compiten de igual a igual.

La moda en el vestir es cambiante y adaptada a las estaciones, a las ocasiones, a la edad.

Por otro lado, tanto los perros como los niños de hoy en día necesitan atención especial profesionalizada como sicólogos y siquiatras, profesores que dominen muy bien diversas artes; clínicas de especialistas, fertilización in vitro y, obviamente, la mejora genética en los caninos. Existen SPA para niñas y mascotas, arreglo de pelo y cabelleras, pintados de uñas y la sinfonía de los más variados y vistosos juguetes, que son un común denominador para los dos. 

El negocio de los seguros que garantizan el bienestar de las mascotas cuando mueren sus protectores es boyante; los funerales son grandisosos y costosos y centros de investigación indagan sobre cómo prolongar la vida y no nos podemos olvidar de las páginas web para los perros y de la familiarización temprana de los niños con los gadgets tecnológicos.

La interacción entre humanos y caninos ha llegado a un nivel tan íntimo y de tal significado, que hoy en día las mascotas sirven también de soporte emocional para niños y ancianos, y además, se considera una alternativa válida de vida, escoger entre tener hijos o mascotas.

En USA, el número de mascotas es igual al de niños y en España el número de mascotas, 12 millones, dobla al de los niños, 6,3 millones. Obviamente, ese comportamiento de los humanos con los caninos tan difundido en USA está creciendo aceleradamente en Colombia y ahora es parte del paisaje patrio, grupos de mascotas en parques y multitud en los edificios de apartamentos, centros comerciales y restaurantes y obviamente en las casas, en donde el 40% de los hogares alberga y comparte cariño con una mascota.

La única área en donde pareciera que se pudiera diferenciar el tratamiento de los niños y de las mascotas es en la experimentación genética. Ya tenemos algunas razas de perros desarrolladas genéticamente, pero aún siguen perteneciendo a la especie canina. Aquí cabría una pregunta: el proceso de evolución ha tomado millones de años para hacer cambios sustanciales; ¿será que este trato especial de relacionarse con las mascotas aunado a la práctica de la ingeniería genética, generará “aceleradamente” la aparición de una nueva especie de perros más inteligentes, con mayor capacidad de comunicación, no solamente a través de ladridos, y con una habilidad más sofisticada.

Un último asunto. “Lunita” era la perra fiel de mi amigo que cuando llegaba a la finca no se desprendía de él. Lo acompañaba a jardinear, a visitar los cultivos y estaba a su lado mientras él comía. Era evidente la especial relación de cariño, compresión y amor entre mi amigo y “Lunita”.

Un día me dijo: Silvio voy a despedirme de Lunita. Efectivamente, ella ya a los ocho años, había desarrollado una artritis profunda que le impedía moverse y se le notaba la pena y la dificultad en trasladarse de una parte para otra. Se acercó a ella y, con inmensa ternura, mi amigo le dijo: Lunita, tú has sido mi compañera por muchos años; me has acompañado en muchas situaciones; me has cuidado; me has dado múltiples satisfacciones. Pero, con toda sinceridad no aguanto más tu dolor, ni puedo verte sufrir. Descansa tranquila.” A renglón seguido se le aplicó la inyección y Lunita descansó para siempre.

Según la APPA, en USA se practicaron 670 000 eutanasias de mascotas en el 2020. Si la vida promedio de la especie canina es de 14 años y existen 90 millones de mascotas, deberían morir en promedio 6.4 millones anualmente, lo que representa que casi un 11% murió por eutanasia. Recíprocamente, se podría preguntar: ¿Ese comportamiento tan genuino, tan sincero, y diríamos tan humano, de practicar la eutanasia a las mascotas queridas, se verá proximamente reflejado en la forma como los humanos trataremos a nuestros congéneres en las mismas circunstancias?

Cuando terminé de leerle este artículo a mi amigo, sus ojos estaban encharcados con los recuerdos de “Lunita”. ¡¡¡Qué nobleza!!!

Silvio Zuluaga

Julio, 2023

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Responde Francisco fue un foro donde jóvenes de diversas nacionalidades y condiciones, compartieron con el Papa. 

El comienzo se caracterizó por un ambiente en donde los jóvenes se mostraban nerviosos, halagados y ansiosos para terminar con miradas de gratitud y cariño hacia la bonhomía de un hombre que sabe escuchar y generar confianza e informalidad.

El hielo lo rompió una joven preguntándole cómo se sentía de la rodilla, luego otro indagó si tenía salario como Papa, otra le preguntó sobre su familia y finalmente otra joven quiso averiguar sobre su manejo de las redes sociales.  Las respuestas surgían con el mismo porte de espontaneidad y candidez: sí la rodilla duele; éramos cinco hermanos y ya solo quedamos dos; tengo salario que comparto con entidades que lo necesitan y finalmente, no manejo redes sociales, pero busco mantenerme bien informado en reuniones como esta y mi Twitter lo manejan mis secretarios.

Antes de comenzar a detallar el contenido del encuentro quisiera resaltar la video producción del evento en que inicialmente presentaban la sencillez de la vida del Papa; la informalidad de los participantes en donde intercalaban intervenciones de los jóvenes con escenas de su vida particular. Era un formato ágil y entretenido, desde mi perspectiva, y de muy buena producción técnica.

Percibí que las intervenciones fueron muy bien programadas, preparadas minuciosamente con antelación, entre los participantes y los organizadores del evento, con el fin de abarcar una variedad de temas. Se trataba de plantear problemáticas de valor para la juventud, sin el propósito de profundizar en ellas, ni tampoco de llegar a conclusiones en temas controvertidos. Eran cuestiones expuestas con profundos sentimientos de inconformidad, la mayoría de ellos, pero con una gran carga de vida.

Los participantes plantearon nueve temas; el único repetido fue el de los inmigrantes, los demás fueron el ateísmo, la consejería positiva de la Iglesia en una situación de una joven con problemas, el aborto, la pederastia, la mujer como sacerdotisa y papisa, el comportamiento sexual binario, las redes sociales, la pornografía, la fe y la dificultad de vivirla. El 55% de los asuntos tratados se relacionaron con temas sexuales o de género.

La cámara enfocaba de cerca a Francisco y mientras los jóvenes esbozaban sus inquietudes, se advertía una cara de bondad y una actitud de escucha sincera. Sus intervenciones eran de apoyo a quienes eran superados por las emociones y tenían dificultad para continuar. Las participaciones de Francisco se caracterizaban por la comprensión, la benevolencia y la tolerancia.

Las intervenciones de los jóvenes estaban cargadas de argumentos sólidos, de grandes emociones y algunas lágrimas. El ambiente permitía a la juventud compartir posiciones diferentes a las de la Iglesia Católica, relacionadas con  el ateísmo, la producción de pornografía, el aborto, la exclusión de las mujeres de la jerarquía eclesiástica, el comportamiento binario a lo cual Francisco respondía con bondad y comprensión y sin dogmatismo. Tan solo tres de las diez personas que intervinieron se declararon practicantes católicos, convencidas de la bondad de su fe.

Profundizado en la temática, desde el punto de vista de mercadeo, me pareció que se escogieron temas picantes y vendedores, para un determinado público. Tal vez el mercado objetivo de la entrevista era llegar a las personas mayores de 50 años, pero que en realidad no reflejan las inquietudes que fastidian o angustian a los jóvenes, según mi experiencia en los últimos 18 años de trabajo de tiempo completo con jóvenes universitarios. Comentando esta impresión del público objetivo de la entrevista un amigo me dijo que él pensaba que la entrevista no había sido diseñada para el mercado juvenil, sino hacia un sector de la iglesia católica institucional recalcitrante y para personas mayores de cincuenta años.  

El binarismo y el homosexualismo son temas que no inquietan a la juventud. Cuando nuestros hijos tenían menos de cinco años, hoy ya en los cuarenta, y salíamos de viaje solos con mi esposa, mi hermana y su compañera los cuidaban,  los cuatro dormían juntos en la cama. La respuesta de ellos, con respecto a estos asuntos, es la misma que me dio ayer en la tarde una joven de 28 años cuando nos tomábamos un café y le pregunté: “ Cómo ves el problema del homosexualismo y el binarismo en la juventud? “. Su respuesta fue sencilla: “ No veo el problema”.  No entiende uno cómo se pueda incluir dentro de las inquietudes religiosas ni al binarismo ni al homosexualismo, ni mucho menos el por qué se las sataniza. 

La participación de las mujeres en la iglesia como sacerdotisas o papisas es una controversia que habré oído una o dos veces en la universidad, en los últimos dieciocho años y a la inmensa mayoría de la juventud este asunto no le quita el sueño. Parece ser un asunto controvertido dentro de la iglesia católica, el cual podría generar un cismo interno, como se evidenció recientemente en el Sínodo del Amazonas.

Uno podría decir que la agenda fue preparada por una persona mayor de cincuenta años, representante de una institución encuevada en costumbres atávicas y sin mayor contacto con los desasosiegos de la juventud que enfrenta los retos de la cuarta revolución industrial. Obviamente, uno pensaría, que en la orquestación de la temática, Francisco debió haber estado involucrado.

Los temas escogidos por los organizadores, no dieron cabida a otros, como la justicia social, el medio ambiente, la corrupción y la paz, asuntos más bien cercanos a la juventud y ninguno de ellos de carácter religioso. 

Otro tema que pasó completamente desapercibido fue el del sentido de la vida, de gran importancia para los jóvenes y en donde la institución eclesial puede, supuestamente, aportarle al ser humano y a la juventud en particular. La respuesta que dio Francisco a la persona que planteó la dificultad de practicar la fe me pareció muy teórica y difusa y podría haber aprovechado para ofrecer el “ amaos los unos a los otros” como la misión de vida en el mundo actual, asunto difícil de vender en este ambiente de consumismo extremo, pero que le puede dar sentido a la vida y por supuesto a la juventud. 

Los retos que presentan las redes sociales con respecto a la interacción humana, tampoco afloraron en la entrevista. Las redes sociales con su carácter de inmediatez, deslumbramiento, manipulabilidad, están generando formas de comportamiento y caminos no andados por la sociedad, algunos de ellos con arenas movedizas. 

El desempleo generado por la cuarta revolución industrial, por las nuevas formas de contratación, por la economía gig[1], son realidades que angustian a los jóvenes, quienes no ven perspectivas confiables para emplearse. Además, la actitud de no compromiso laboral de la juventud, acrecienta las dificultades de empleo.

Los temas tratados en la charla con Francisco, parecen estar muy lejos de la problemática de la juventud actual, según mi experiencia profesional.

Preguntándole al ChatGPT cuáles son los principales problemas de la juventud actual, esta fue su respuesta: “ Los problemas que afectan la juventud pueden variar según el contexto social, económico y cultural da cada país o región. Sin embargo, a continuación mencionaré cinco problemas que suelen ser comunes en mucha partes del mundo en la actualidad”.

  1. Desempleo: dificultad para entrar al mercado laboral por falta de experiencia, lo cual puede llevar a frustraciones y a la no independencia financiera.
  2. Educación deficiente: no tienen acceso a una educación de calidad, aumento de la brecha digital lo que conlleva un efecto negativo para la consecución de empleo y bienestar general de los jóvenes.
  3. Salud Mental: problema que está en aumento debido a la presión académica, el estrés, la ansiedad, la depresión y los trastornos en la alimentación.
  4. Desigualdad y discriminación: por motivos de género, raza, religión, orientación sexual u origen étnico, los cuales pueden obstaculizar su desarrollo personal y profesional y contribuir a la exclusión social.
  5. Adiciones y consumo de drogas: falta de información, la influencia de grupos sociales negativos, la presión de grupo y la búsqueda de emociones pueden llevar a comportamientos de riesgo y a la dependencia de sustancias adictivas, lo que conlleva un impacto negativo en la salud física, mental y social de la juventud.

Es interesante anotar que de los cinco retos más importantes para la juventud identificados por el ChatGPT, con una gran base de estudios para analizar, ninguno está relacionado con la religión o con la Iglesia Católica.

Finalmente, creo que Francisco perdió una oportunidad de preguntarle al grupo de jóvenes por qué no consideran a la iglesia católica como una opción religiosa atractiva para ellos. 

No puede uno menos de admirar el coraje de un jefe de estado que se siente a hablar con jóvenes, que podrían ser sus biznietos, con variadas experiencias de vida en una forma tan relajante y dialogante y con tanta comprensión, de la problemática que la iglesia considera, desenfocadamente, como la problemática de la juventud de hoy. 

Definitivamente, Francisco es un gran ser humano, sorprendente y las miradas de los jóvenes, al cierre del evento, reflejaban compasión y agradecimiento hacia Francisco, un hombre que escucha y como le oí decir a alguien, podría estar en el lugar equivocado.


[1] La gig economy o economía gig se refiere a un nuevo formato para generar ingresos fuera de la idea de trabajo tradicional, en la cual una persona se encarga de realizar una tarea específica, y cobra este servicio de forma independiente.

Silvio Zuluaga

Julio, 2023

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El giro lento de un caleidoscopio nos va presentando una abundancia de formas con diversas representaciones y colores deslumbrantes.

Me permito compartir con ustedes el aporte de dos personajes y de un viaje en un tobogán lento que me ha llevado a vivir mi vida con imaginarios radicalmente diversos y fascinantes: mi abuelita, el señor Stanley Applegate y un viaje.

Mi abuelita.

El año 1955 entré a estudiar 5º de primaria al recién inaugurado Colegio San Luis Gonzaga de los jesuitas en Manizales. Era un niño de una familia católica profundamente practicante, juicioso, miembro de la Congregación Mariana, servicial y bien presentado. Es decir, me ajustaba a cabalidad al perfil de reclutable, según el prediseño elaborado por los jesuitas para inducir candidatos que pudieran engrosar las filas de su organización religiosa. Allí entró a jugar un papel muy importante el padre Gonzalo Ortiz, jesuita, quien me hablaba maravillas del Seminario Menor de El Mortiño, en el municipio de Zipaquirá, y de una finca encantadora llamada Patasía. Poco a poco me fue calando la ilusión de irme para el Seminario pero, a pesar de mi insistencia, mi papá no me dejaba ir porque no tenía plata para pagar la pensión, que era entonces de $ 120 mensuales…hasta que un día mi abuelita me dijo: “mijito dígale a su papá que yo le pago la pensión para que pueda irse al Seminario”.

No sabes abuelita, aún hoy, a los ochenta años, lo agradecido que estoy contigo porque con el empujón que me diste y siendo aún un niño, marché feliz al Seminario en donde disfruté 16 años en la Compañía de Jesús en un mundo alucinante, embelesado con las costumbres del siglo XVI como la disciplina, los azotes y el cilicio; con una formación humanista de carácter greco romano; equipándonos fuertemente para salvar almas del malvado Lucifer, bajo el liderazgo de Jesucristo el Salvador, y en donde coseché, a granel, amigos increíbles para toda la vida. 

Ciertamente viví en la Compañía de Jesús a plenitud en medio de un imaginario rígido, altruista y vigorizante.

Stanley Applegate.

Ya habían transcurrido casi tres lustros desde mi entrada al Seminario Menor y en ese entretiempo había terminado mi bachillerato, vivido dos años de formación religiosa en el Noviciado y completado la carrera de Filosofía y Letras. 

Luego vinieron dos años de trabajo en el Instituto Mayor Campesino de Buga, un bachillerato para jóvenes campesinos del suroccidente de Colombia donde, además de los estudios clásicos se les preparaba en los temas relacionados con las organizaciones agrarias, con el fin de mejorar la situación del campesinado: cooperativismo, sindicalismo, Juntas de Acción Comunal. 

Fueron dos años fascinantes de inmersión en la realidad rural de país. Seguía entonces la parte final de mi formación sacerdotal que eran los estudios de teología y me encontraba en la contradicción de si seguir o no en la Compañía de Jesús. Por un lado, mi carrera jesuítica estaba atrancada y cuestionada, ya que me habían negado el paso a estudiar teología, lo que significaba un frenón súbito y una cuasi sentencia de despido.  

Por otro lado, la experiencia de trabajo en el Instituto Mayor Campesino me llevaba a fantasear para convertirme en un sacerdote que podría encauzar las reivindicaciones de los pobres del sector rural, bajo la tutela no de Cristo Rey, ni del Buen Pastor, sino del Cristo liberador de los pobres. Y a decir verdad, también me daba pánico, a los 26 años, salir a enfrentarme a un mundo laboral sin herramientas profesionales, ya que tenía un título universitario en filosofía y letras y yo no era, ni filósofo ni literato. 

Stanley Applegate era entonces el Agregado Cultural de la Embajada Americana, de quien me hice muy amigo pues era una persona muy sensible a la problemática social y también nos cooperó logística y financieramente en varios proyectos del Instituto Mayor Campesino. Un día de desconsuelo, hablando con él, le comenté la encrucijada en que me encontraba, el conflicto vivencial con el que luchaba. “Silvio -me dijo- no te preocupes, tómate tu tiempo” y abriendo un cajón de su escritorio continuó: “yo te puedo asignar una beca para que estudies lo que desees en cualquier parte del mundo”.   

Stanley, también contigo estoy muy agradecido porque me enseñaste que en los momentos adversos hay que buscarle, en forma creativa, la comba al palo y además, porque me brindaste la oportunidad de empezar a conocer otros mundos. Indagué entonces alternativas de Magister y al final me decidí por Economía Agrícola que me serviría, tanto si continuaba en la orden religiosa o si me retiraba de ella. Ilusionado me embarqué entonces para la Universidad de Wisconsin, en donde inicié un proceso de inmersión en un mundo extraño y arisco, lo cual rápidamente inclinó la balanza para que me retirara de la Compañía de Jesús. 

Un cúmulo de situaciones diversas me plantearon la oportunidad de cambiar radicalmente de imaginario, lo cual hice de forma apacible. 

Viaje lento en un tobogán. 

Imagínense el reto para un joven que había nacido en un pueblo rural, en los años cuarenta del siglo pasado y luego se había enclaustrado por 15 años en una vida monástica, aterrizar de repente en un país extraño, vivir solo en una universidad catalogada como revolucionaria en los años 70 y sin apoyo institucional religioso. 

Aunque mi vida ha sido relativamente tranquila, sin altibajos bruscos, mientras adelantaba los estudios del Magister sentía que iba en un tobogán lento, a campo traviesa, abrumado por un mundo desarrollado, multicultural, multirracial y con comportamientos extraños y bajaba pausadamente de una nube celestial cuestionando costumbres, creencias, mitos y ritos que me habían acompañado por décadas, e iba dejando atrás, a la vera del camino. 

Desde que estaba en la Compañía de Jesús ya venía con interrogantes internos no resueltos, como la injusticia irracional de la existencia de un infierno y pensaba apesadumbrado en Judas Iscariote que en más de 1.900 años no había saldado la cuenta de una trasgresión de la cual recibió 30 denarios y de la que seguiría pagando eternamente. Asimismo, el libre albedrío me parecía, un juego de dados cargados en el que cara gana dios y sello pierden los humanos y para terminar la aversión de oír en confesión, actividad que no encuadra con mi personalidad, y a la que me resistía a ejercer, si hubiera sido ordenado como sacerdote.

Mis primeras relaciones sexuales no fueron fruto del amor, ni de la pasión, ni del deseo de tener hijos; fueron el producto de una amistad tranquila, placentera y continua, amistad que después de décadas perdura y con ella y su esposo aún hoy en día tomamos vacaciones juntos, con mi esposa. Esa primera relación derrumbó, como un castillo de naipes, la sórdida, impúdica y escabrosa conceptualización que tenía sobre la sexualidad. De igual manera, hace 55 años empecé una relación con un amigo y tanto él como dos de mis hermanas pronto manifestaron abiertamente su homosexualidad. Cómo se desinflan automáticamente las preconcepciones atávicas e irracionales cuando situaciones como éstas se conviven con un amigo leal y con hermanas de la misma sangre y cuando el cariño profundo e inquisitivo descubre injusticias divinamente justificadas.

Ahora me encuentro en un llanito en el cual la inmensa mayoría de las creencias y ritos de mi pasado monacal como la transformación del pan y del agua en cuerpo y sangre, el bautizo, el pecado, la virgen María etc., etc.… me han dejado o me he ido desprendiendo de ellos sin traumatismos. Soy un hombre con pocas certidumbres, veo que en el proceso evolutivo de humanización que vivimos podemos decidir respetarnos más individual y colectivamente y alcanzar una mayor equidad social.  Me imagino que no existe la reencarnación, ni tampoco otra vida y que la mía culminará felizmente con la muerte. He sido una persona privilegiada en todos los escenarios en que he trasegado y añoro poder planear mi muerte sin tristezas, sin dolores ni demoras y con una ceremonia de agradecimiento, en donde pueda expresar mi gratitud sincera al entorno, a mis amigos y a mi familia.

Mi vida laboral, en una multinacional norteamericana, me llevó a vivir en cuatro países y a atender profesionalmente las oficinas de ocho países de habla hispana y portuguesa, en Europa y en América Latina a donde viajé continuamente. Y como complemento, siendo un caminante-lector curioso he visitado y leído sobre las costumbres, creencias, comportamientos sociales y económicos de los 42 países por los que he peregrinado. Como consecuencia, a los casi ochenta años de caminar, me queda la fascinación y la seducción ocasionadas por los diversos, heterogéneos y complejos imaginarios del espléndido caleidoscopio humano. 

Silvio Zuluaga

Abril, 2023

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No hay duda de que soy un privilegiado. Nací en una familia en donde los hijos eran una fortuna y un tesoro añorado. Tuve lo que todo niño debería tener: comida, abrigo, juguetes y cariño; padres llenos de ternura, abuelitos alcahuetas y hermanos juguetones y peleones y, además y por supuesto, las fábulas y las ilusiones correteaban por todos los rincones de las casonas que habitamos. 

Hace 66 años, cuando frisaba los 12, en medio de la inocencia infantil de aquellas épocas, entré al Seminario Menor de los jesuitas y empecé a sumergirme en un mundo fascinante donde conocí a los amigos de toda la vida, con quienes todavía comparto momentos inolvidables. Corrí con entusiasmo por campos verdes, por quebradas cristalinas y durante 17 años crecí dentro de una burbuja fascinante, cuando pensábamos que iríamos a salvar al mundo del pecado mientras nos dedicábamos desinteresadamente a ayudar al prójimo. Era algo de otro mundo.

Con el tiempo y con tranquilidad me fui escabullando y apartando de aquella vida bucólica y encontré unos horizontes fascinantes, como fueron la competencia y el amor. Me encantaron los trabajos que disfruté por cerca de 50 años, los cuales adelanté con pasión y siempre colaborando. Competía con fruición e innovación. ¡Qué tiempos tan agradables fueron aquellas jornadas productivas, viviendo en escenarios multiculturales en Colombia, México, Estados Unidos y Brasil! No solo fue un goce continuo trabajar por medio siglo, sino que con ello la familia disfrutó de un nivel de vida placentero, confortable y lleno de ilusiones. Finalmente, este período me permitió acopiar los recursos financieros para una vejez apacible, lo cual considero, además, otra faceta de mi vida llena de privilegios.

Luego apareció la bondad de Kathy, mi primera esposa, con quien transitamos sendas inusitadas y descubrimos parajes espléndidos y nos regalamos dos muchachos, Marc y David, quienes son nuestra alegría, acompañados por sus cómplices compañeras y sus hijos, nuestros nietos. El mundo del amor, de la convivencia, de la planeación de aventuras, de la búsqueda de nuevas fronteras nos mantenían ocupados y felices hasta que se nos fue agotando el amor mutuo.

Ahora bien, con Ro, mi segunda esposa, nos conocimos cuando ya ambos teníamos cuantiosos recuerdos en las mochilas y cada uno había trasegado por senderos diferentes. Ella llegaba con Silvia, su hija, quien después nos daría tres nuevos nietos y a su esposo. Ro, festiva y sensible, llega a la edad de la jubilación, la cual vivimos apoyándonos mutuamente y aventurando por doquier. Tenemos una afición especial y es la de visitar a nuestros hijos en Estados Unidos y en Suiza cada año y a renglón seguido nos escabullimos a otras culturas, a saborear cocinas diversas, a dejarnos sorprender por encantos naturales y sofisticados, tanto en Colombia como en más de los 30 países que hasta ahora hemos visitado juntos. 

¡Cómo no sentirme privilegiado con mi familia de nacimiento, con mis papás y hermanos, con los amigos de toda la vida, con mis dos esposas, hijos y nietos, con mis amigos y trabajos, que se han entrecruzado aleatoriamente, para generar un entramado de vivencias energizantes y positivas que se han convertido en una vida henchida de privilegios!

Ahora bien, mirando por el retrovisor los pasos vividos en estos 78 años me encuentro con un mundo extraño. Mi entrada a la Compañía de Jesús parece haber sido el producto de la metodología de búsqueda de personas con un perfil muy definido por parte de los jesuitas y la identificación de un niño juicioso en el seno de una familia de clase media católica-practicante. Con toda sinceridad les comento que nunca oí o sentí ese llamado explícito de Dios, llamado vocación, aunque eso sí, viví pleno en la compañía de Jesús.

 El Cristo que me llamaba la atención no era el Buen Pastor, ni el Cristo Rey, sino el Cristo de los pobres, figura que también se desvaneció con el pasar de los acontecimientos. A los 17 años hice votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia, sin percatarme muy bien de lo que hacía. Por ejemplo, nunca me imaginé que el voto de pobreza era tener comida, abrigo, estudios, vejez y vacaciones seguras y de excelente nivel, a diferencia de las afugias, tensiones y limitaciones de quienes no habían profesado el voto de pobreza. Asimismo, las exigencias del voto de castidad y de obediencia iban apareciendo poco y se iban asimilando con naturalidad, entusiasmo y con la fortaleza que nos daban los ideales para los cuales nos estábamos formando. 

Del seminario menor pasé al noviciado, luego el estudio de filosofía y letras y después dos años de trabajo en las obras de la Compañía de Jesús. El último peldaño era estudiar teología para culminar con el sacerdocio. En ese momento se interpuso el padre Provincial para negarme la entrada al teologado. Al ver cerrada esa puerta le solicité al Provincial que me dejara estudiar economía, profesión que nunca he ejercido. 

Coincidencialmente, el agregado cultural de la embajada de Estados Unidos me ofreció una beca para optar a un magister en economía en el exterior y pude viajar por una carambola a cuatro o cinco bandas, debido a una pelea encarnizada entre el padre Provincial, que no quería dejarme ir, y mi padre espiritual, que reemplazó al Provincial por un mes y me facilitó la salida del país en forma apresurada ‒y diría que furtiva‒ a la Universidad de St. Louis en Estados Unidos para estudiar inglés. 

Después de tres meses de inmersión viajé al Departamento de Estado en Washington para reclamar la beca como era lo acordado y para gran sorpresa mía me dijeron que había habido un malentendido con el Icetex y que ahora ellos debían asignar las becas. Era preciso, entonces, hacer una llamada urgente al recién nombrado director del Icetex y hablar con el nuevo director, Augusto Franco. Increíble, pero cierto: Augusto había sido profesor mío en quinto de primaria en el colegio San Luis en Manizales. Quedé admirado al saber que se acordaba de mí y me aseguró que él se encargarìa del proceso, que no me preocupara, lo cual cumplió cabalmente. No sé si calificar esta situación como caótica o resultado del azar; ciertamente, estaba fuera de todo proceso racional de planeación. La inmersión en una cultura diferente, el inglés y el magister abrieron, sin planearlo, horizontes inesperados. 

El matrimonio con Kathy fue planeado para toda la vida y no resultó así. Mirando hacia atrás, de nuevo la obediencia, la castidad y el proceso de generar y administrar recursos económicos me parecieron más fáciles de cumplir dentro del ámbito de la Compañía de Jesús que fuera de ella y eso no sé si se debió a la diferencia de edad o al enclaustramiento e imaginarios potentes que manejábamos como religiosos.

El inicio de mi vida laboral fue azaroso y tortuoso. Dos veces fui despedido de mi trabajo, aunque me encontraba muy a gusto en ambas empresas. Llegué a Estados Unidos en la recesión de 1982 y la dificultad de encontrar trabajo me llevó a aplicar como vendedor de seguros de vida puerta a puerta, profesión que se catalogaba como la de mayor deserción laboral en Estados Unidos. En esa empresa llegué a vicepresidente comercial para las subsidiarias de MetLife ubicadas en América Latina, España y Portugal. 

Ya en edad de jubilación regresé a Colombia y coincidí en una reunión con César Vallejo, compañero exjesuita y rector de la Universidad Autónoma de Manizales quien me ofreció el trabajo de mi vida, en donde laboré hasta los 75 años cumplidos. Se trataba de coordinar un programa por medio del cual todos los estudiantes de todas las carreras universitarias se vinculaban a proyectos de paz y desarrollo en los municipios del Eje Cafetero durante un semestre completo. Un gran proceso de formación para los estudiantes y mucha huella en las instituciones y en las gentes de los municipios, veredas y resguardos indígenas del país. Disfruté esta época laboral como ninguna otra.

Como ven, la ejecución de lo poco que he planeado en mi vida ha resultado en logros diferentes a las metas originales. El azar ha jugado un papel preponderante en mi camino, lo mismo que la agilidad para responder a la cotidianidad del caos y la rapidez para usufructuar las oportunidades inesperadas. Los productos, por supuesto, han sido admirables: una niñez de ensueño; una juventud bucólica; una edad adulta energizante y amorosa, y una vejez saludable, confortable, amando y siendo amado y, por supuesto, plena de alternativas. Es patente que en todas las sendas en donde me he aventurado el azar, la casualidad y el caos han jugado un papel definitivo. 

Por eso, considero que el manejo adecuado del caos y del azar son indispensables en la vida, pero tampoco suficientes para garantizar el éxito. Reflexionando alrededor en cada instancia de mi vida, me he preguntado una y otra vez: ¿por qué he sido tan afortunado y por qué un número tan significativo de personas no ha sido tan privilegiado como yo? Sé que vivo en un mundo inequitativo e injusto. La realidad es un bicho extravagante, extraño e inexplicable, pero sin duda alguna la he disfrutado inmensamente en cada uno de sus estadios y, sin saber por qué, me ha beneficiado de manera desproporcionada.

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2022

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Antes de las elecciones una victoria de Petro significaba el fin de la democracia, de la libertad y hasta de los valores familiares. A las 4:51 de la tarde del día la votación los nubarrones desaparecieron por arte de magia y el respeto por la democracia primó y con ello la peregrinación de apoyos al candidato elegido. 

¡Qué proceso tan voluble y acomodado el de la reciente elección presidencial! Parece que ella hubiere mutado de un ejercicio democrático a una práctica oportunista en donde todo se vale. Por lo tanto, para las elecciones se estimula un ambiente enrarecido artificialmente; se propicia la confusión en los temas tratados y se fomentan mecanismos de manipulación de la información. Es un proceso esencialmente manipulado.

1. Ambiente enrarecido

Desde el inicio del proceso electoral se fomenta artificialmente un contexto para que terminemos escondidos y atemorizados en una burbuja polarizante e irracional, combinada con hastío, cansancio y desesperanza y ahí sí estamos listos para depositar nuestro voto en la urna. Cómo es posible que después del paso por un trapiche quiebrahuesos de los cincuenta candidatos a la presidencia siguiéramos tratando a las cuatro personas que conforman las dos fórmulas presidenciales con insultos personales, con ultrajes racistas, con desprecio y palabrotas, y cuando estamos lo suficientemente entumecidos y aturdidos llega el momento de salir a decidir. Una de las dos fórmulas nos iba a gobernar por cuatro años y no se escatimó esfuerzo alguno para desacreditar y vilipendiar a la contraparte. Qué fácil y placentero es recurrir a señalamientos absolutistas y dramáticos para hablar de ricos desalmados; fin de la democracia, de la libertad, de los valores de familia.

Con el fin de destruir al otro todo se vale, sin reato de conciencia, sin compasión humana, sin ética y, tristemente para la gran mayoría de quienes diseñaron y aplicaron estas estrategias y tácticas demoledoras, mudar de posición es tan fácil como cambiar la corbata por otra de color diferente, con tranquilidad y sin ponderar la desconfianza y el desasosiego que pocos minutos atrás habían estado promoviendo con ahínco y con todos los adelantos tecnológicos de una mercadotecnia insensata.

Brincan inmediatamente preguntas: ¿cuánto o qué se cobra por ese salto mortal? Cuánto tiempo durará esta unión espontánea? ¿O es que en realidad sí se busca el bien del país?

La inmensa mayoría de quienes votamos nos sentimos frustrados, atemorizados, intimidados y/o manipulados por los conductores de las campañas “democráticas”.

2. Planes de gobierno confusos y simplistas

Se espera que un candidato responsable tenga un plan de gobierno integral y coherente. El plan del gobierno del candidato ganador, Colombia, Potencia Mundial de la Vida, contiene 54 páginas. El volumen de información compartido en una campaña es ínfimo y se reduce a temas en boga en el país en forma esquemática y simplista; por lo regular sin un plan financiero que lo haga factible y, con toda seguridad, sujeto a distorsiones por parte de la campaña contraria.

Los temas seleccionados por el candidato se presentan como un conjunto de anzuelos con diferentes carnadas para que caigan peces de las más variadas especies. Por lo regular, la decisión de una persona para votar se basa en la aceptación emocional de un tema y no contempla el análisis ponderado de todos los planes de un candidato, ni mucho menos se toma el tiempo para comparar las ofertas programáticas de la contraparte.

La falta de información de los votantes, sobre el plan de gobierno de los candidatos es crasa, a lo cual hay que añadirle los ataques del bando contrario que embadurnan y deforman las propuestas de la competencia.

Surge entonces la pregunta: realmente, ¿hay claridad en la mente de los ciudadanos sobre el plan de gobierno que propone el candidato de su elección? Siendo generosos, podría decirse que el plan de gobierno de los candidatos lo conoce adecuadamente máximo el 1 % de la población. ¿Podríamos aseverar que quienes votan conocen los programas de gobierno, su coherencia y viabilidad financiera y administrativa?

3. Información distorsionada

Los medios para divulgar los planes de gobierno son insólitos. Uno es la plaza pública en medio del sol, el sudor, la lluvia, la gritería, la venta de helados, empanadas y el ruido de las chirimías. Se vociferan hasta la saciedad estribillos pegajosos del plan de gobierno y se distorsionan tanto en forma sutil como grotesca los del candidato rival.

Otra forma de comunicar las ideas del candidato es a través de los medios escritos y hablados tradicionales, que selectiva y tendenciosamente presentan generalidades favorables a sus financiadores y distorsionan las del adversario. Por último, llega el medio más efectivo de comunicación de los planteamientos de los candidatos como es la guerra de guerrillas, es decir, las redes sociales. Esta táctica es altamente eficaz porque la recibimos cuando subimos las escaleras, estamos en una reunión o dormimos tranquilamente; puede ser personalizada y focalizada para generar miedo y pánico individual o para convertir las creencias en dogmas inmutables y excluyentes. Votamos en medio de la confusión y el precondicionamiento emocional.

4. Reflexión final: un poco de todo

En el proceso electoral que terminó hace poco, solo votó el 58 % de la población; al candidato electo lo acompañó un exiguo 31 % de los votantes potenciales; el número de personas que aportaron financieramente a las campañas fue minúsculo; el conocimiento de los programas de gobierno por parte de los ciudadanos que se acercaron a las urnas fue irrisorio; quienes manipulan el proceso son un número reducido de individuos, y los que votamos lo hicimos en un ambiente enrarecido, manipulado, fantasioso y artificial.

¿Podemos calificar este proceso como libre y democrático? Si quisiéramos aportar al mejoramiento del sistema de elecciones, con el planteamiento de un diagnóstico más realista, ¿no sería mejor que nos bajáramos de esa nube mítica, incuestionada y base de nuestra institucionalidad, de que vivimos en una democracia libre, y aceptar que operamos en un sistema oligárquico y manipulador?

Silvio Zuluaga

Agosto, 2022

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Elecciones al Congreso de Colombia 2022

Cuando un enfermo grave sigue estable por mucho tiempo, no es una buena señal. Esa parece ser la situación del Congreso colombiano: es un enfermo que ha estado grave por muchos años y sigue ‘estable’. 

Hay tres signos vitales en nuestro Congreso que nos llenan de desesperanza: honestidad, respeto por la cosa pública e innovación.

Entonces, empecemos a analizar el estado de los signos vitales en los grupos políticos que pertenecen al establecimiento y a la oposición ‒que son idénticos‒, visibilizando los números de los congresistas que usualmente se le unen al ejecutivo de la estabilidad.

Honestidad

En las elecciones de legisladores del 13 de marzo pasado para el período 2022-2026 los partidos Conservador, Liberal, Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U nombraron 64 de los 108 senadores que conforman la Cámara Alta, es decir, que controlan el 61 % de los votos totales. Asimismo, estos cinco partidos políticos eligieron 104 de los 187 Representantes a la Cámara, lo que equivale a 56 % de los votos. 

Estas cifras son una mayoría suficiente, generosa y amplia para sentarse tranquilamente con cualquiera sea el presidente elegido, con el fin de negociar el pago de los gastos de las respectivas campañas al Congreso y a la Presidencia a través del nombramiento de ministros, embajadores, directores de organismos descentralizados o para aprobar legislaciones sesgadas (con micos que benefician a unos cuantos grupos de presión). Estas negociaciones es lo que se denomina en el argot popular como ‘mermelada’.

En la actual nómina de congresistas hay 63 que tienen procesos e imputaciones de carácter penal. Es decir, que de los 295 miembros del Congreso actual (senadores y representantes) 21 % puede estar en deudas con la justicia. Obviamente, sabemos que no todos serán condenados porque existen mecanismos para desviar, ralentizar y archivar los procesos:  la prescripción, compra y desaparición de testigos, la manipulación de jueces, los cambios de fiscales por la Fiscalía y un nutrido grupo de abogados hábiles y de los más granados del país. También podemos asumir que un porcentaje pequeño de estos serán absueltos porque no han cometido ningún delito, pero al final el saldo de congresistas corruptos, condenados o no, es alarmante. 

No es una manzana podrida la que toma asiento vorazmente en el Congreso; es un grupo respetable de corruptos, de ‘la izquierda y/o de la derecha’, diseminados en las diversas Comisiones del Congreso, lo que nos llena de desesperanza. ¡Lástima que hubiera ganado la estabilidad! 

Respeto por la cosa pública

Se nos ponen los pelos de punta cuando hay apropiación de los espacios públicos en andenes, parques o en lotes urbanizables y, por supuesto, criticamos con efervescencia estos robos, pues se trata de apropiación individual del patrimonio público; pero luego viene la calma: decidimos no hacer nada al respecto. 

En uno de los comentarios de La Pulla mencionaron, antes de elecciones, los nombres de algunos grupos familiares que han decidido apropiarse de los escaños del Congreso y tienen la habilidad para heredarlos a hermanos, cuñadas, esposos, primos… Los árboles genealógicos mencionados en dicho programa son la familia Barreto, en el Tolima; la familia Merheg, en Risaralda; las familias Aguilar y Villamizar, en Santander; las familias Torres e Ibargüen, en Chocó; las familias Char y Gerlein en Atlántico. La lista no es exhaustiva. 

Estas familias son reconocidas no solo por la habilidad para ‘escriturar’ las curules a sus parientes, sino que en el mismo programa mencionan los procesos e imputaciones que tienen pendientes por corrupción en relación con el erario público (valga la redundancia), tanto a nivel nacional como regional. ¡Más de los mismo, qué vaina! ¿Podremos esperar cambios en la gobernanza legislativa para el próximo cuatrienio? Probablemente, no. 

Innovación

La edad de los directores reales de los cinco partidos mencionados, que controlan el Congreso son, en orden de edad: Partido Conservador (O. Yepes, 85); Partido Liberal (C. Gaviria, 75); Centro Democrático (A. Uribe, 70); Cambio Radical (G. Vargas Lleras, 63) y Partido de la U (D. F. Toro, 60). Su promedio aritmético es de 71 años de edad y, por lo menos, 30 en política activa. 

No tengo nada contra la edad o la experiencia, sino que después de ‘tantos éxitos’ no pareciera que a estos personajes se les ocurra cambiar su modus operandi. Pero vale la pena hacernos algunas preguntas.  ¿Qué versatilidad y deseos de renovación existe entre estos dirigentes, que están convencidos de que han manejado el sistema bien, con estabilidad y progreso? ¿Tendrán la capacidad de plantear políticas emanadas de la 4ª.  revolución industrial, en donde la inteligencia artificial puede ser una fuente para el aumento de la eficiencia industrial, agrícola, comercial y administrativa que tanto necesita el país? ¿Tendrán estas mentes, que viven en el confort del ‘éxito’, la capacidad de aplicar el blockchain con el fin de controlar la intermediación voraz del sistema bancario y de los comerciantes? ¿Se les ocurrirá a estos personajes, con su ego de salvadores de la patria, que la robotización puede ser una oportunidad para aumentar sustantivamente la producción y llegar al pleno empleo digno, con nuevos esquemas laborales? Si el modelo les ha funcionado en los últimos treinta años, no parece que tuvieran el menor deseo de mover el catre. Como vamos, ¡vamos bien! Lástima que la ‘mejor’ alternativa fuera la continuidad.  

La estabilidad del sistema beneficia a un porcentaje relativamente bajo, digamos ‒siendo generosos‒ al 25 %, que se encuentra bien dentro de este modus operandi. Como consecuencia, los dados están cargados en contra de la inmensa mayoría ¿A quién beneficia la estabilidad!

Coletilla 1: comenzando el año 2026, seremos testigos de nuevo de lo que sucedió cuatro años atrás, en 2022. Tendremos a la gran mayoría de miembros del Congreso, recién elegido y a algunos nuevos herederos de curules, repitiendo los temas de superación de la corrupción que habremos vivido en el período 2022-2026; oiremos las desgastadas promesas de mejorar la educación, la salud, el acceso a la vivienda. Ah, ¡y la equidad! ‒se me olvidaba‒, será otro tema renovador. El Congreso, a partir de 2026, ¿seguirá más grave, pero estable? ¡Lástima!

Coletilla 2: para mí, existe una gran diferencia positiva entre los que sostienen el modelo estable y los que a pesar de las limitaciones de los signos vitales proponen cambios que favorecen más a las mayorías que están sufriendo las consecuencias de los dados cargados.

Silvio Zuluaga

Abril, 2022

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Me preguntaron cual programa de gobierno de los candidatos a la Presidencia 2022-2026 me gustaba. Leí con detenimiento cinco de ellos, que cobijan el abanico de las diversas tendencias políticas, y todos me gustan. 

Me gustaron los cinco programas de gobierno que leí, los cuales han sido tejidos por personas que conocen la realidad del país y apuntan a resolver algunos de los muchos problemas en los que está atascada nuestra gente. Estoy hablando de los programas de gobierno oficiales y no de las distorsiones que se hacen de los mismos. Sin embargo, los programas de gobierno ‒me parece‒ son un elemento lógico, pero no el definidor de las elecciones… 

Hay otro elemento, que es el emocional, pero tampoco es el determinante en la elección de presidente. Es el proceso de desprestigiar al otro candidato, sacar trapitos al sol, distorsionar la verdad. Estos ataques pueden curarse total o parcialmente, de acuerdo como le asiente al candidato el “ungüento teflón”. 

En una campaña de elección popular el elemento definitivo de éxito, diría yo, es el dinero como condición sine qua non y primordial. Es crucial la capacidad del candidato para hipotecar el futuro de bienes públicos con el fin de cubrir hoy los gastos de la campaña, que requiere vallas por doquier; propaganda radial y televisiva; difusión en las redes sociales; desplazamientos en helicópteros, aviones privados y en líneas comerciales; hoteles; restaurantes para grandes comitivas; buses para desplazamientos masivos a las manifestaciones; mensualidades a líderes barriales para que vayan calentando a los electores meses antes; movilizaciones en taxis los días de votación; almuerzos y refrigerios el día de la elección;  arrendamientos de oficinas y equipos; compra física en efectivo de votos de $50.000 a $100.000, multiplicada por varios miles y miles; infraestructura de manejadores de campaña, por meses; comisiones por consecución de recursos económicos… 

Según Las 2 Orillas una curul al Senado puede costar en promedio $6000 millones. Sugiero que trabajemos una métrica financiera electoral con las siguientes cifras: la elección de 105 senadores, a $6000 millones cada uno, costaría $ 630.000 millones; a esto le sumamos el precio de elegir 188 Representantes a la Cámara, a unos $3000 millones cada uno: serían $564.000 millones, para un subtotal de $ 1.1 billones. A esto le sumamos los gastos de los cientos de candidatos que no alcanzaron a coronarse como senadores o representantes. Digamos que ese monto sería solo de $500.000 millones, lo cual nos daría un nuevo subtotal de $1.6 billones, solo para las elecciones de Senado y Cámara. Ahora bien, no pude obtener datos del costo de una campaña presidencial; obviamente, sería casi imposible calcular el monto de los gastos de los 18 candidatos involucrados en este momento en campañas presidenciales. Seamos cautelosos y digamos que van a costar solamente $400.000 millones, incluyendo la compra de votos en las dos vueltas presidenciales. Esto significa, que para el 7 de agosto del 2022 la elección del nuevo Congreso y del nuevo presidente habrá costado unos dos billones. No le pongamos más calificativos a esta cifra, que por ahora es extravagante, increíble y aterradora. 

Preguntémonos ahora: ¿de dónde sale toda esta plata? Todos sabemos que esos dineros no provienen ni del sueldo del presidente, ni del sueldo de los Congresistas, ni tampoco del patrimonio de los políticos. Claramente, existen personas, empresas, contratistas, uniones temporales, gremios, conglomerados financieros… que, con generosidad calculada, están prestos a invertir en candidatos promisorios y, por supuesto apostándole, por seguridad, a varios caballos simultáneamente, así sea de corrientes políticas de ‘tendencias divergentes’. 

Aquí es donde se empieza a cocinar la famosa formula de la mermelada. Estos dineros son préstamos superusureros que hay que pagar con creces, con unos intereses que asemejan en su rentabilidad al depredador gota-gota tan conocido en nuestro país. 

Los grandes financiadores son prácticos en sus aportes y juegan a dos o tres bandas, como en el caso Odebrecht, del cual fuimos testigos de sus lujos de marañas y embrollos en los estrados judiciales, cuando presenciamos el baile nervioso de candidatos y managers de las dos campañas presidenciales que participaron en la contienda de 2014, y en donde ‒finalmente‒ no pasó nada. 

Los grandes financiadores de las campañas tienen montado, de manera permanente, un tinglado para recuperar con creces la inversión, conformado por organismos para delinquir en EPPs: Empresas Público-Privadas. Estas cobran en diversas modalidades: contratos, exenciones de impuestos, proyectos legislativos favorables, bloqueo de legislaciones `inconvenientes`, nombramientos en puestos claves… Su sed de autorretribución es insaciable e inextinguible: no es sino ver el caso Tapias – Centros Poblados. 

La pregunta que me hago ahora es: ¿cómo priorizaría la importancia de los tres elementos necesarios para llegar a ser presidente? Estos son: 1. El componente racional: el plan de gobierno; 2. El componente emocional: la resiliencia ante los ataques de la competencia, y 3. El componente monetario: la capacidad de hipotecar el futuro de bienes públicos para conseguir hoy los recursos económicos que demanda la campaña.

Me atrevería a proponer unos porcentajes de importancia para cada componente: 

10% Componente racional – programa de gobierno: 

         • Fácil de formular, con muchos lugares comunes de necesidades imperantes. 

         • La gran mayoría de las personas no los conoce, ni menos los compara con otros programas. 

         • El voto de opinión, el cual es relativamente bajo. 

20% Componente emocional – resiliencia ante los ataques: 

         • La polarización política nos lleva a posiciones inmutables, de gran estupidez.  

         • Estamos anestesiados frente al sistema judicial paquidérmico-selectivo y al éxito de abogados mañosos para obtener prescripciones de procesos claves. 

70% Componente económico – capacidad para hipotecar el futuro de bienes públicos: 

         • Los costos de una campaña presidencial son préstamos reembolsables. 

         • Sin hipoteca no hay paraíso = préstamos, y es grave no pagarlos. 

         • El modelo para sobrepagar las hipotecas no falla; es efectivo, funciona. 

Para terminar, diría que la financiación de las campañas políticas es el primer ingrediente de la fórmula de la mermelada, a la que luego se le añade un diálogo muy rentable entre Presidencia, legisladores electos y financiadores; a continuación se  revuelve todo en una mezcla confusa-concreta de negociaciones de contratos, exenciones tributarias y legislaciones favorables. Luego, por descuido, se filtran sin querer  algunos acuerdos que los medios de comunicación ‘chivean’ para que  la población se enardezca por unas horas, y todo el proceso se recubre con una capa viscosa de abogados mágicos y  justicia paquidérmica que congela, archiva o prescribe procesos judiciales en curso y se abandona en forma precipitada  porque ya va a empezar la campaña electoral del 2026, en donde todos los candidatos se envolverán en la bandera de la ‘lucha fresca y auténtica’ contra la corrupción.  

Silvio Zuluaga 

Febrero 2022

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En la cultura caldense la Navidad de los años 50 era una celebración alrededor del cerdo. El 24 de diciembre, antes de las siete de la mañana, se abría la primera botella de aguardiente y se sacrificaba al porcino mientras nos escondían a los chiquitos en una pieza para que desde allí oyéramos los horripilantes gemidos del pobre animal. Luego, nos permitían presenciar la quema y la horripilante y sangrienta despresada del difunto para comenzar con la fritanga, la manufactura de la morcilla, y coma y beba.

Para los adultos, en un primer modelo, Navidad era una parranda con comilona de buñuelos, natilla y fritanga; trago desde la alborada del 24 y baile hasta la alborada del 25. Para la misa de gallo no había tiempo, solamente una media hora para la novena.   

Para los pequeños ya había pasado la recogida del musgo para hacer el pesebre y el encanto de adornarlo con ovejitas, pastores, la mula y el buey, cascadas hechas con papel cristal y laguitos con espejos, y todo al son de los ritmos de Tutaina, Los pastores de Belén… Se acercaba inminentemente el gran momento de la Navidad: la respuesta del niño Dios a las solicitudes pedigüeñas de mil y un regalos. Por la noche, saltábamos alrededor de los triquitraques y las velitas de luces en espera de los regalos. Los mayorcitos presuntuosos guardaban socarronamente ese gran secreto: el secreto que los regalos no los traía el niño Dios.

En resumen, era una celebración de mucha alegría, algarabía y de unión auténtica de la familia extendida. Vista sesenta y cinco años más tarde la Nochebuena, diría, era una celebración predominantemente pagana. 

El segundo modelo fue la Navidad como miembro activo de la Compañía de Jesús, celebración del cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento que vaticinaba que Jesús, hijo de Dios, nacería de una virgen en Belén de Judá. En un ambiente de total recogimiento, de meditación y de completa austeridad celebrábamos la Navidad en medio de contemplaciones y con inmensa alegría interior porque Dios estaba con nosotros, había venido a salvarnos y éramos parte del equipo que iría a difundir la buena nueva. 

Momentos de profunda reflexión, en medio de música religiosa, en donde el villancico Noche de paz, noche de amorpermeaba por doquier. Una experiencia de profunda reflexión, de sosiego interior y de muchos sueños.

La tercera Navidad giró alrededor de Santa Claus con su trineo atiborrado de regalos, halado por Rudolph. Vivía en Estados Unidos con mi familia y la temporada navideña en los años ochenta empezaba el día siguiente al Thanksgiving, festividad que se celebra el último jueves de noviembre. La época de Navidad comenzaba con los grandes descuentos en todos los centros comerciales y un alud abrumador de publicidad escrita y vía medios de comunicación radiales y televisivos. Era una especie de día sin IVA, a super gran escala, que duraba más de tres semanas. 

A mediados de diciembre íbamos con los niños a un vivero de árboles de Navidad a cortar el nuestro, el cual adornábamos cada año con guirnaldas cada vez más vistosas. En Estados Unidos la Navidad se celebra el día 25, en tres sesiones: la primera, los niños se levantan a abrir los regalos colocados a los pies del árbol; la segunda, después del desayuno, se va a visitar a los parientes cercanos y llevarles sus regalos y, finalmente, por la tarde, hay un banquete.

La cena de Navidad era una ceremonia elegante y formal en donde se vestía con la percha nueva o la más elegante y se comía pavo relleno de pan viejo, panceta, manzanas, ciruelas pasas y caldo rociado con salsa de arándanos y se complementaba con un plato de verduras, habichuelas y puré de papa. De postre se servía pastel de manzana o de ahuyama y galletas de jengibre, todo ello acompañado de un buen vino.

En nuestro caso, como no practicábamos ninguna religión, ni los niños habían sido bautizados, no sentíamos la necesidad de participar en ceremonia religiosa alguna. La Navidad era una celebración elegante, de gran sentido familiar y envuelta en un consumismo excesivo.

Finalmente, llegamos al último modelo de la celebración de la Navidad, la que disfrutamos como jubilados. Se trata de una reunión sencilla, preferiblemente con familiares o amigos muy cercanos y no con los hijos, pues ellos viven en el hemisferio norte y el inclemente frío en esa época no se compadece con nuestra edad. Es una reunión en la que priman el buen comer, tipo gourmet, licor, música y conversación agradables, y pocos, muy pocos regalos. Mas bien, pensamos en que otros no tienen tanto como nosotros y disfrutamos compartir con ellos algo de lo que tenemos.

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2021

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Salimos de Zúrich con la mira de pueblear al sur de Alemania en la región de Baviera, a recorrer villas cargadas de preciosos recuerdos centenarios, senderear por los Alpes y disfrutar de la cocina original de los labradores bávaros con carnes especiadas, como la de ciervo y, obviamente, viandas acompañadas de una buena cerveza.

Al dejar atrás Zúrich, íbamos a toda marcha por una autopista de dos carriles en cada sentido. De pronto, la música fue interrumpida por un mensaje en alemán que advertía acerca de un accidente de tráfico más adelante. Poco a poco los automóviles se fueron orillando sobre las bermas de la autopista, dejando un gran espacio de circulación en la mitad. Poco después pasaron sin dificultad un carro de la policía, una ambulancia y una grúa remolcadora. Me pareció un reflejo natural de sana solidaridad dar preferencia automáticamente a la atención de las personas accidentadas sobre las necesidades de turistas, personas de negocios o transporte de bienes.

La solidaridad en acción permea muchos comportamientos de la organización suiza. En 2019, antes de la pandemia, el gasto público del gobierno central y los gobiernos de los cantones y municipalidades ascendió a US $271.602 millones, cifra que dividida por el número de ciudadanos (8.157.000), corresponde a un gasto público anual por persona de US$ 33.296 o 109 millones de pesos colombianos. En contraposición, el gobierno de Colombia en ese mismo año tuvo un presupuesto de 250.000 millones de pesos, equivalente a un gasto por persona de alrededor de $5.000.000. Esto significa que el gobierno suizo invierte anualmente en cada ciudadano 22 veces más que el gobierno colombiano.

El gasto público de los gobiernos central, cantonal y municipal suizos es un sistema solidario que tiene dos objetivos principales: el primero, proveer una infraestructura de confort para todos los ciudadanos; el segundo, brindar un sistema de redistribución para igualar los desequilibrios humanos: deficiencias de salud, malas rachas, discapacidades… 

En primer lugar, la infraestructura suiza cubre aspectos de telecomunicaciones; un sistema de carreteras y ferroviario de excelencia, en un país que es 60 % montañoso, con el túnel más largo del mundo ‒el Gotardo‒ de 57 kilómetros de longitud; seguridad personal en las áreas urbanas y rurales; un sistema educativo sin cargo para los ciudadanos; recolección de residuos; parques y senderos para caminar; bibliotecas públicas… Además, Suiza es el país del mundo que más invierte en investigación y desarrollo per cápita, con un componente significativo de fondos provenientes del patrimonio público. Un montaje institucional de lujo para beneficio de todos.

El segundo aspecto de la solidaridad del sistema suizo consiste en subsidiar aquellas necesidades particulares y familiares de ciudadanos que por diversas circunstancias no logran producir el mínimo vital social o tienen necesidades adicionales. Por eso, han creado un sinnúmero de subsidios para las familias con hijos; para sufragar gastos de salud y vivienda; para las eventualidades de desempleo y/o recapacitaciones con motivo de cambios de profesión, para un sistema de seguridad de vejez e invalidez… Un montaje institucional de lujo para aminorar las diferencias sociales.

Pues bien, el gobierno suizo no tiene recursos propios que le generen riqueza, como sucede en Arabia Saudita, Rusia o Noruega. Este mecanismo solidario de infraestructura y de subsidios se financia con los aportes de los ciudadanos y las empresas, en un sistema donde todos ponen. Y aunque en Suiza no hay salario mínimo, todas las personas ‒de acuerdo con sus ingresos‒ aportan en forma progresiva a sostener el modelo solidario. En la práctica, ni los individuos ni las empresas suizas se quiebran por pagar los impuestos necesarios para financiar el sistema solidario que provee la infraestructura de lujo y los subsidios que aplanan las diferencias socioeconómicas.

Un conjunto de nuevas métricas en Colombia consistiría en instaurar un sistema progresivo de impuestos, sin exenciones, en donde todos paguen, tanto a nivel personal como empresarial, con el fin de cubrir las necesidades de infraestructura y subsidios para que, en esa forma, todos los residentes del país gocen por lo menos no de un mínimo vital, sino de un medio vital. Las diferencias económicas extravagantes originan malestar, inseguridad, temores, tensiones, odios en todas las partes y no permiten disfrutar a plenitud los logros. Podríamos cambiar, por el momento, las métricas y mandamientos actuales y buscar la implementación de las métricas propuestas.

El modelo de Suiza, que funciona, es de salarios altos, baja diferenciación salarial e impuestos progresivos para todos los individuos y para todas las empresas. Podíamos decir que este modelo no es socialista, pues se respeta la libre empresa; no es capitalista de libre mercado, porque se regula y se autorregula por doquier, ni es religioso (ni cristiano, ni mahometano, ni budista, ni judío), pues de hecho el 86 % de la población considera que la religión no influye al tomar decisiones fundamentales y existe una separación real entre la Iglesia y el Estado.

A veces, nos enredamos en imaginarios rígidos, amenazantes, polarizantes, caprichosos y salvadores que nos prometen el cielo y la tierra, y nos quedamos empantanados en un modelo turbio repleto de incongruencias, confort y miseria porque le tenemos pánico a ser institucionalmente solidarios. 

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2021

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Bleuler Machinenbau es una microempresa ubicada en el área metropolitana de Zúrich, propiedad de un gran amigo a quien visitamos todos los años. Varios componentes llaman la atención del modo como está estructurada esa empresa en Suiza.

Bleuler Machinenbau es una empresa metalmecánica altamente eficiente desde la perspectiva operativa y de alta sofisticación tecnológica. Tiene once empleados: seis operarios veteranos, dos aprendices tipo SENA y tres administrativos, incluido Cristoph, quien es el gerente general y propietario. La empresa cuenta con ocho máquinas sofisticadas, complejas y especializadas, totalmente programables, de modo que un operario maneja ‘simultáneamente’ varios equipos. El costo aproximado de la maquinaria y los equipos de la empresa están avaluados en unos cuatro millones de dólares*.  

Por otro lado, uno no puede menos que quedarse perplejo con la estructura salarial de Bleuler Machinenbau. El operario de menor ingreso devenga US $3850 mensuales; el operario mejor pagado recibe US $ 7700 y el gerente propietario tiene un salario mensual que no llega a cuatro veces el salario del operario de menor ingreso.  Cristoph comenta que no entiende cómo la diferencia salarial entre un operario de base y el del gerente general pueda llegar a múltiplos de seis, ocho o más veces (como sucede en Colombia). 

Impresionan la pulcritud, el orden y la organización física de la planta. Las varillas de hierro, perfectamente alineadas en soportes metálicos; cada empleado cuida la limpieza de su sitio de trabajo; se siguen las normas de seguridad industrial al pie de la letra y se acatan las disposiciones ambientales con rigor.

Esta perspectiva laboral devela el respeto profundo por el ser humano en el sistema laboral suizo, representado primero en la compensación salarial suficiente para cubrir las necesidades básicas completas ‒comida, vivienda, vacaciones, ahorro para la vejez, salud, entretenimiento…‒.  El sistema de salud en Suiza es privado y obligatorio para todos los ciudadanos, por lo cual ellos pagan su Plan Básico de Salud y tienen opción de comprar un seguro de salud adicional complementario. 

Otra característica que resalta el respeto por la persona es la estructura salarial semiplana.  No existe dentro de la empresa suiza el concepto de `señora de los tintos`, ni de `doctor`. La persona que colabora en la limpieza de la casa de los Bleuler, cuatro horas a la semana, tiene un estipendio de US $35 por hora, es decir US $140, equivalente a $ 544.000 pesos colombianos, por una mañana de trabajo. No existe un salario mínimo oficial en Suiza, pero en 2017 los salarios promedios mensuales de algunas profesiones, en dólares, eran estos: limpieza general: $4635; cuidado de niños: $4836; cuidado de jardines: $5195; arquitectura: $7091; diseño: $7266 y programación: $8175, con una jornada laboral de 32 horas semanales. 

Un tercer componente que pregona el respeto por la persona es el cumplimiento estricto de las normas de seguridad industrial y requerimientos ambientales. 

Es Suiza, las empresas no se quiebran por pagar salarios altos. En nuestro imaginario colombiano no podemos pensar en salarios que realmente satisfagan, con dignidad, todas las necesidades básicas de los empleados, pues eso implicaría un peso ominoso para las empresas y las dejaría con la única alternativa de cerrar y que el capital duerma el sueño de los justos en paraísos fiscales. La negociación del salario mínimo en Colombia es un forcejeo alrededor de la inflación, no de las necesidades de los ciudadanos.

Asimismo, en nuestro imaginario los sueldos de los empleados de mayor `jerarquía` tienen que ser un múltiplo equivalente a veinte, treinta o muchas veces más al del salario mínimo, lo cual en Colombia significa retribuciones de $18, 27, 36 y más millones mensuales, más las bonificaciones para los ‘doctores’, que son quienes ‘producen’ las ganancias. 

Por otro lado, cuando uno analiza los objetivos pregonados por partidos políticos y por religiones, a través de los siglos y en todos los rincones del planeta, encuentra elementos de un común denominador en la oferta: igualdad, respeto a las personas, vida digna, amor al prójimo, fraternidad. Las métricas que se utilizan para verificar el cumplimiento de dichos objetivos son múltiples: producto interno bruto; ingreso per cápita; índice Gini, valor de las exportaciones, etc., etc…, y en el caso de las religiones una gran variedad de mandamientos. Sin embargo, vemos que ni los Estados ni las religiones han podido lograr que sus ciudadanos o feligreses puedan alcanzar un nivel de vida digno.

¿Será tiempo de que trabajemos en el diseño e implementación, en una primera instancia, de tres métricas sencillas que ayuden a implementar de verdad el respeto por la persona humana desde la perspectiva política y religiosa? Sugiero los siguientes como los indicadores de desarrollo humano social y religioso:

  • Salario suficiente, determinado por país o región, para satisfacer todas las necesidades básicas familiares: comida, vivienda, salud, vestuario, vacaciones, seguro de desempleo, pensión de invalidez, viudez, vejez…
  • Diferencial salarial máximo entre el empleado de menor ingreso y el de mayor a un múltiplo de 8.
  • Pleno empleo: 96 %.

Este viajero tiene más inquietudes con respecto a la dignidad humana desde el periscopio suizo, las cuales compartirá en una segunda entrega. 

* El valor está en dólares americanos, en vez de francos suizos, para facilitar la comparación con pesos colombianos. Actualmente, la tasa de cambio es de un franco suizo por US $1,09.

Silvio Zuluaga Giraldo

Noviembre, 2021

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En equipo, Jorge Luis Puerta, Humberto Sánchez, Alberto Jaramillo y Silvio prepararon esta sesión. La perspectiva de un futuro con economía circular es optimista. Este movimiento mundial, simultáneo con la cuarta revolución industrial, integra varios retos de la humanidad definidos por Naciones Unidas. Esta economía, utilizada en los Juegos Olímpicos, y diversos aspectos de sus aplicaciones intenta minimizar los efectos sobre el ambiente desde el inicio de la creación de los productos. Cómo mantener, compartir, reutilizar, redistribuir, reacondicionar, remanufacturar y reciclar son preguntas ante la dramática situación que vive nuestro planeta. 

Exjesuitas en tertulia, 29 de Julio del 2021- Presentacion y tertulia
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Safari con Harari

Por Silvio Zuluaga
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Entré a la Librería Nacional del Centro Andino en Bogotá y le comenté a uno de los dependientes que quería leer algo sobre el comienzo de la vida humana, pues pensábamos hacer un safari a algún país del centro de África. Sin dudarlo, me dijo: “No se arrepentirá, léase estos dos libros: Homo Sapiens y Homo Deus”. 

Leí los dos libros sugeridos. Realmente me encantó el estilo periodístico de Harari y, sobre todo, me fascinó la manera agradable como este historiador israelí narraba el cuento de cómo el Homo sapiens ha venido y sigue evolucionando.

En poco tiempo terminé de disfrutar la lectura de Homo Sapiens y Homo Deus. Entonces pensé: tengo que leer El origen de las especies de Darwin, con el fin de entender un poco el proceso de la evolución y, aunque tediosa su lectura, el autor me fue llevando parsimoniosamente por el sendero lento, soñoliento a veces y cargado de casualidades de la generación de la vida hasta el Homo sapiens.  

Pues bien, una tarde mi esposa y yo aterrizamos en Nairobi e hicimos un safari, que lo vivimos con un ingrediente adicional: al ensueño y la admiración de paisajes y animales salvajes, en su hábitat natural, le añadimos memorias de cómo hemos devenido y seguimos mudando como sapiens

En Nairobi iniciamos una gira en avioneta a los parques naturales de Amboselli y Masai Mara. El primer vuelo lo hice en la silla del copiloto. El capitán era un hombre de pocas palabras, lo cual me dio la oportunidad de hacer un recorrido mental desde que hace 3500 millones de años aparecieron los primeros microorganismos hasta que fue surgiendo, poco a poco, el Homo sapiens

Durante los diez días siguientes se entremezclaban la fantasía de leones en acecho y jirafas elegantes con la imagen de los cazadores-recolectores y vagamundos que se iban asentando, domesticándose ellos mismos, domesticando animales y plantas y, en medio de la revolución agrícola aprendiendo, muy aplicados, a acumular trigo y a planear a mediano plazo. 

Asimismo, las migraciones de cebras y wild beasts, miradas desde un globo aerostático, era una vivencia mágica que nos traía la pregunta de por qué aquellos seres primitivos emprendieron un éxodo al Medio Oriente, a Europa y a Asia… De igual manera, cuando nuestro guía-conductor del jeep buscaba pacientemente en las praderas jabalíes, hipopótamos, avestruces y antílopes, llegaban a la mente el lento proceso de la invención del lenguaje y de las religiones y las múltiples formas de gobierno: tribal, feudal, monárquico…  

En fin, un safari Hararisíaco.

Silvio Zuluaga

Agosto, 2021

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positive thinking, positive, symbol
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En la tertulia conversamos sobre las diversas situaciones de nuestra cotidianidad en las cuales las discusiones y polarizaciones políticas y de otra índole ‒sin fundamentos serios ni estadísticas‒, las tendencias a encontrar los culpables de esas situaciones y la sobreabundancia de información deforman negativamente las realidades que percibimos y no nos permiten dialogar con argumentos válidos. Los comentarios y preguntas constituyeron un enriquecimiento mutuo sobre el tema propuesto.

Tertulia con el grupo- 28 de Enero, 2021
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