Home Tags Posts tagged with "bernardo nieto"
Tag:

bernardo nieto

puppet, education, person-7894709.jpg
Download PDF

En la tertulia del 23 de mayo pasado, decidimos intercambiar las experiencias que cada uno había tenido con el dinero…

Creo firmemente que el dinero es un instrumento para construir la dignidad del ser humano. Cuando me vaya de este mundo no me llevaré nada, excepto la tranquilidad de haber hecho el bien a todos los que haya beneficiado con mis acciones, mi trabajo y con el dinero compartido para vivir mejor. Las siguientes anécdotas recogen experiencias en las que explico lo que ha significado “la plata” en mi vida.

· La propina pa´ los acólitos.

Estuve de acólito en la Parroquia de nuestra Señora del Perpetuo Socorro de los padres jesuitas en Bogotá, desde cuando cumplí los 7 años. Recuerdo muy bien que, antes de la ceremonia de bautizos de los sábados por la tarde o en un matrimonio elegante de los domingos, con la ilusión y la picardía propia de la “banda” de los acólitos, nos poníamos de acuerdo sobre quién o quiénes serían los encargados de pedir “la propina para los acólitos”. Nuestro trabajo tenía que ser reconocido por su calidad por los financiadores de las ceremonias.

Los encargados del recaudo tenían que dejar de lado la vergüenza o la timidez para acercarse al padrino de la novia o a los enternecidos padrinos del muchachito recién bautizado y pedir la alcabala inmisericorde inventada por nosotros.

Después de la ceremonia, cuando ya los sacerdotes se habían ido, en algún lugar de la iglesia o en la sacristía, vaciábamos nuestros bolsillos delante de los demás acólitos para contar el recaudo. Sumábamos y nos dividíamos en partes iguales lo recogido y nos íbamos para la casa o para la tienda a comprar una paleta o una gaseosa con un trozo de salchichón.

En ocasiones, nos íbamos a la bicicletería cercana y alquilábamos un par de ciclas. Así, en compañía de los demás miembros de la banda, ayudábamos en la iglesia, cobrábamos por nuestro servicio y nos gastábamos solidariamente el producido, aprendiendo a montar en cicla y vivíamos alegremente nuestra niñez.

Los padrinos en ocasiones eran muy generosos. Nosotros nos justificábamos diciendo que Dios estaría contento porque los acólitos estaban aprendiendo a compartir. Cuando nos prohibieron cobrar por ayudar en las ceremonias, hasta ahí nos llegó la dicha y el empleo.

· Lo que me den, para la comunidad. Aporto al grupo.

Cuando estábamos en la etapa de Ciencias, íbamos a dar clases de religión a un colegio de niñas en el barrio Kennedy de Bogotá. Preparábamos las clases y al final del mes algo nos daban como pago por lo que hacíamos. Además de la experiencia de ser maestros, la “platica” iba al fondo común que manejaba el gordo Botero, con aprobación del superior, el mono Luis Carlos Herrera. Era una buena manera de cumplir el “todos para uno y uno para todos”. Solidaridad en el uso del dinero. Mis necesidades cubiertas, lo demás para el grupo.

· Mi primer sueldo.

Cuando me llegó el momento de responder por mis gastos y aportar para los de mi familia, recibí mi primer sueldo del Colegio San Carlos y de la Universidad Javeriana, en donde trabajaba. Le di mi cheque a mi mamá con mucha alegría. Y desde ese momento, hasta cuando salí de la casa paterna para formar mi propio hogar, el dinero fruto de mi trabajo se repartió entre mis modestos gastos personales, el aporte a los gastos de la casa y para las atenciones a Myriam, las salidas a cine o a un paseo familiar. Pudimos comprar una nevera para mamá y, más tarde, se renovó la lavadora.

· Los ahorros durante mi beca en Alemania, los casetes y mi primera guitarra propia.

Con el dinero de mi beca en Alemania tuve especial cuidado en ahorrar para el futuro con Myriam. Eso sí, me compré mi primera guitarra, mi amiga viajera y solidaria que tanto me ha servido para alegrar el espíritu, cantarle a la vida y dar gracias por todo lo recibido.

Cuando me regalaron una grabadora mis amigos y patrocinadores alemanes, los ahorros en dólares se los mandaba a Myriam dentro de los casetes en los que le grababa mis serenatas y cartas habladas. Enrollaba los billetes en apretados rollitos amarrados con hilo, desatornillaba y destapaba el casete, ponía el rollito en el pequeño espacio superior sin que se trabara el mecanismo de la cinta, tapaba y volvía a atornillar la tapa del casete y lo marcaba con un pequeño letrero: “Este va premiado”. Dentro del sobre de la encomienda, ponía una nota a mano y le daba a Myriam instrucciones sobre cómo abrir el casete y sacar los dólares que mandaba. Era un ingenioso método de remesa oculta que nos ayudó a tener nuestros ahorros para comprar más adelante nuestro primer apartamento, con otros ingresos fruto del trabajo.

· Mi amigo, Eberhard Gaumer, un gran economista que en ese entonces era el Gerente de la Oficina católica de Dortmund, me dio buenos consejos sobre el manejo de mi beca y mi manera de manejar la plata. “Es ist aber sehr wichtig” (“Pero es muy importante”) Además de atender los gastos de la supervivencia, el ahorro debe existir con un verdadero propósito para el futuro.

· Un día nos encontramos Myriam y yo con Pachito de Roux y hablamos de nuestro próximo matrimonio. Me dio un buen consejo sobre el manejo de nuestros ingresos. “No gastes en arriendo o en pago de tu vivienda, más de la tercera parte de tus ingresos”. Vas a necesitar lo demás para atender la alimentación, el vestuario, la salud, la educación de tus hijos y el descanso.

Tiempo después, cuando fuimos a conocer a Carito, la preciosa recién nacida, hija de Alberto e Isabelita, Alberto me dijo: “Anda a mirar unos apartamentos que está vendiendo Colpatria y en donde están comprando Jaime Quevedo, Mauricio Archila y otros, en el conjunto Acapulco. Ustedes pueden comprar allá”. Al día siguiente nos fuimos a conocerlos con Myriam y Doña Alicia, mi amorosa suegra. Yo entré al apartamento modelo, lo caminé rápidamente y me senté junto a la vendedora, mientras mi suegra y Myriam miraban todos los demás detalles. “¿Cuánto hay que pagar para separarlo?” Y sin dudarlo, giré el cheque. Doña Alicia lo único que dijo fue: que sea en el segundo piso. Y, por supuesto, nos pegamos una endeudada mayúscula que me obligó a buscar un trabajo mejor pagado que el de la Javeriana.

Entré a la División Internacional de ACPO y Hernando Bernal nuestro jefe de toda el área de Planeación de ACPO, nos permitió producir los audiovisuales que necesitábamos para los cursos de ACPO en horas extras bien pagadas, tomando las fotografías y armándolos, después de las horas de trabajo. Era la única manera que teníamos para pagar la cuota inicial del apartamento y cumplir con el sabio consejo de Pachito que siempre seguí: “No gastes más de la tercera parte de tus ingresos en vivienda”.

· Cuando regresamos de los estudios en Nueva York, se acabó ACPO. Y fui nombrado en Punch Televisión como director de Investigación y Desarrollo. Iniciamos otro camino. Entré al mundo de la televisión comercial, en donde aprendí mucho, pude prestar un buen servicio durante más de 25 años, con un sueldo tres veces mayor que el de ACPO y pudimos darles a nuestros hijos el hogar, la educación y la familia que merecían.

· Hoy creo firmemente que el dinero es un instrumento para construir la dignidad del ser humano. Cuando me vaya de este mundo no me llevaré nada, excepto la tranquilidad de haber hecho el bien a todos los que pueda beneficiar con mi trabajo. El dinero es necesario y debe ser la justa remuneración por el servicio que demos a los demás. Debe permitir que tengamos con qué vivir sin angustias, cómo ser solidarios y mostrar en obras a los demás nuestro agradecimiento a Dios por los bienes recibidos.

Como cuando salíamos con mis amigos a montar felices en bicicleta con la propina recibida en las misas o comernos un buen pedazo de salchichón con pan francés y Colombiana.

Bernardo Nieto

Junio, 2024

2 Comentarios
0 Linkedin
Download PDF

En nuestra tertulia del 15 de febrero, tuvimos el regalo de conversar con el Padre Arturo Sosa, S.J., general de los jesuitas en el mundo. A raíz de su presencia y de lo que nos dijo, consideramos estimulante traer a nuestro blog “en vivo y en directo”, las manifestaciones de algunos de nosotros.

Exjesuitas en tertulia- Febrero 22, 2024
Exjesuitas en tertulia. Febrero 22, 2024
0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Recientemente, en una de nuestras tertulias virtuales de los jueves, escuchamos a la doctora Edna Bonilla, exsecretaria de educación de Bogotá, presentándonos las impresionantes realizaciones de su gestión para cerrar las brechas educativas de la ciudad. En la conversación también aparecieron algunas inquietudes y preguntas sobre la falta de pertinencia de lo que se enseña en los colegios y universidades colombianas.

La falta de pertinencia incidiría en el creciente número de jóvenes que encuentran alternativas de formación en cursos por internet, dejando de asistir a costosos o a inútiles centros educativos que les ofrecen lo que no buscan. Aunque sin títulos universitarios, esos jóvenes quieren encontrar la información e instrucción que necesitan para desempeñarse con éxito en ocupaciones rentables y satisfactorias para vivir.

Esas inquietudes me recordaron las clases de Planeación educativa del Doctor Sheffield, nuestro profesor en la Universidad de Columbia durante mis estudios de maestría. Él nos enfatizaba que la pertinencia de la educación en un país se define por la visión que éste tiene de su futuro y que está plasmada en su proyecto de desarrollo social y económico. “El desarrollo es sostenible si satisface las necesidades del presente, sin comprometer la habilidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.” (Comisión de Ambiente y Desarrollo. Oxford University Press, 1987)

Esta definición de las metas de la nación y de las necesidades prioritarias de sus ciudadanos debe ser consensuada con la participación amplia de sus ciudadanos, condiciona el futuro y se convierte en una decisión de Estado que sobrepasa los límites de un gobierno. Esa es la gran meta social por la que todos trabajan y permite decidir las áreas prioritarias y pertinentes en las que se deben formar sus profesionales y técnicos, la mano de obra verdaderamente calificada que exige el país. Además, permite determinar cuántos puestos de trabajo deben abrirse para los profesionales, técnicos y para la mano de obra calificada en el corto, mediano y largo plazo. De esta manera, los niños y jóvenes se forman pertinentemente, de acuerdo con sus cualidades y capacidades. Quienes terminan su formación encuentran puestos de trabajo en el sector público y privado, trabajan dignamente, pueden desempeñarse con éxito, con salarios justos, contribuyendo efectivamente así, al desarrollo de la nación.

Esto que suena muy bonito ya es realidad en varios países.

Corea del sur es un claro ejemplo de que esta manera de concebirse como nación es posible. Dominada por China en el siglo XIX y más tarde por el imperio japonés, hacia 1940 Corea era uno de los países más pobres de Asia. Hoy, múltiples estudios muestran cómo Corea del sur ha llegado a ser, en menos de medio siglo, un país modelo de desarrollo tecnológico y social. Esto es resultado de un proceso de reformas políticas, sociales e institucionales que transformaron progresivamente su sistema educativo.

Basado en la calidad y en la equidad, el fortalecimiento del sistema educativo logró la cobertura universal de la educación primaria entre 1950-1960 y, luego, entre 1970-1990, amplió la cobertura de la educación secundaria y superior. Hoy el sistema educativo coreano es uno

de los 10 mejores del mundo y ha logrado alcanzar prácticamente la cobertura total en todos sus niveles. De acuerdo con el informe de la Unesco (2011), Corea del sur en 2009 ya tenía una tasa neta de 99% en educación primaria y 96% en educación secundaria; en la enseñanza terciaria, universitaria y técnica, tuvo una tasa bruta de 100%.

Este proceso sistemático de perfeccionamiento incluye el cubrimiento de internet en todo su territorio, lo que facilitó la creación de un muy completo sistema de educación a distancia, ejemplo mundial, del cual se aprovechan hoy los profesionales que desean actualizar sus conocimientos y mantenerse al día en su desempeño en sus puestos de trabajo. En 2018, Corea del Sur se situó en el puesto 12 en el ranking de países que más invierten en educación respecto al PIB1. Si el punto de referencia es el gasto en educación como proporción del PIB, el comportamiento de los últimos 20 años indica que éste es mayor en la nación asiática y que la diferencia con respecto a la OCDE tiende a aumentar.

Hoy, junto con Taiwan, Singapur y Hongkong, Corea del sur forma parte de los llamados “Tigres de Asia”, por haber logrado esos impresionantes niveles de desarrollo. Sin duda alguna, en su transformación ha incidido y de manera fundamental, la manera como estos países han decidido apostar por niveles superiores de educación de calidad para todos sus ciudadanos: calidad y equidad. Una clave del sistema educativo consistió en sustituir las prácticas memorísticas por el desarrollo de la creatividad y del pensamiento crítico y en reducir los contenidos en los programas educativos, de modo que se sustituyeron los tiempos de los salones de clase por tiempos en espacios de trabajo. (Baker y Begg, 2003).

Aún persisten muchos problemas por solucionar en la educación surcoreana. Sin embargo, la pertinencia se convirtió en una realidad, pues el país supo responder con una propuesta educativa pertinente a la pregunta sobre el tipo de vida que quería ofrecer a sus ciudadanos.

Mientras tanto, en Colombia las luchas internas nos cierran el horizonte y nos impiden ver el camino hacia el país grande que podemos ser. No tenemos un norte de desarrollo humano y social que aglutine la conciencia nacional y permita dar a todos los ciudadanos la educación equitativa y de calidad que Corea del sur ofreció para TODOS sus ciudadanos. Eso aún es un espejismo en nuestra patria y sin ese norte, muchos de nuestros jóvenes buscan “a la loca”, cómo ser exitosos y satisfacer sus necesidades básicas de cualquier manera.

La educación universitaria de “excelente calidad”, es muy costosa. Por eso proliferan los cursos por internet de muy dudosa calidad y los remedos de “emprendimientos” de keratinas, menjurjes y fragancias. Nos distraemos de los fundamental siguiendo a youtubers e influencers que venden chismes, audacias, desfachateces o mentiras en las redes sociales. Se venden productos aparentemente milagrosos para la salud, para prolongar la vida y detener la muerte, para atraer al sexo opuesto, fortalecer el cabello, y para ser más bellos. Todo eso son sólo banalidades que no construyen país. La finalidad de la educación está muy ligada al sentido de la vida que quiere dar una sociedad a sus ciudadanos.

Un país que no se piensa en grande, sin verdadera planificación educativa, sin visión de largo plazo, sin metas, está condenado a arrastrar su triste suerte. Por muchos años más seguiremos viendo cómo unos pocos siguen lucrándose de la corrupción, la explotación y la desigualdad.

Sin la decisión de educar y construir un país para todos, seguiremos viendo cómo el narcotráfico, la voraz minería ilegal, la tala inmisericorde de nuestras selvas que acaba con las riquezas nacionales, continuarán alimentando la ambición, la lucha por el poder, la guerra y la violencia. ¿Ese es el país que queremos?

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2024

2 Comentarios
2 Linkedin
Download PDF

En nuestra tertulia de los jueves, el 15 de febrero, tuvimos el regalo de conversar con el Padre Arturo Sosa, S.J., general de los jesuitas en el mundo. A raíz de su presencia y de lo que nos dijo, algunos de nosotros hemos querido dejar plasmadas nuestras impresiones.

· El Padre general cree que nosotros valemos la pena. ¡Muchas gracias por su deferencia!

El sólo hecho de que una persona como él, llena de compromisos y tareas, nos haya dado una hora de su tiempo en la noche romana, luego de un largo viaje desde Timor a la capital italiana, nos indica su interés de respondernos las preguntas que le formulamos sobre el documento El Estado de la Compañía que nos había compartido antes. Al verlo en la pantalla, era claro que se había dado el trabajo de preparar una guía para su intervención.

Me impresionó su sencillez, su claridad para hablar sin adornos ni retóricas sobre la espiritualidad de la Compañía y de su función de superior general como “cuello” unido a la cabeza -a Jesús- con el cuerpo todo de la “mínima” y humilde Compañía de Jesús. Nos recordó su naturaleza y su esencia de fe en Jesucristo, nacida de la experiencia espiritual de San Ignacio de Loyola y de sus compañeros (compañía) en los Ejercicios Espirituales.

Los jesuitas, sacerdotes y hermanos coadjutores, tienen esto muy claro, como algo irrenunciable y como su marca propia.

· ¿Qué motivó al Padre General a hablar con nosotros? ¿Fue sólo por deferencia con un grupo de amigos del Padre Ferdi Mendoza, nuestro compañero?

Pienso, de verdad, que el padre general vio en nosotros un terreno -ojalá fértil- para lanzarnos algunas ideas o “semillas” que, como bellamente lo explicó, puedan crecer en nosotros aún lejos del sembrador. Con ellas, nos invita a ser colaboradores en la misión actual de la Compañía y de la Iglesia, de acuerdo con lo que cada uno de nosotros pueda y quiera aportar, sin importar lo que hoy somos y desde el sitio u orilla en donde nos encontremos. Todos podemos colaborar en la misión.

· ¿Hacia dónde ir?

Nos puso como ejemplo a Abraham, convocado por Dios en su edad avanzada a ponerse en camino y sin saber exactamente el rumbo que debía seguir. “Te lo iré mostrando”. Abraham hizo caso y, a su avanzada edad, se pone en camino, confiado en la invitación de un Dios que no ve. Hoy, también nosotros, ya retirados del trabajo activo, volvemos a ser invitados para colaborar con la misión que un día nos apasionó y nos motivó para unirnos en propósitos iguales, aunque todos éramos diferentes.

· Disminución de jesuitas.

Cada año disminuye en unos 300 integrantes la cantidad de jesuitas, teniendo en cuenta a quienes ingresan, los que se retiran y los que mueren. Esta preocupante disminución obliga a incorporar colaboradores para cumplir con las responsabilidades de la misión.

· La misión a la que se nos invita está expresada en las preferencias universales.

1) Mostrar el camino hacia Dios a través de los Ejercicios Espirituales y el discernimiento. 2) Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad, en una misión de reconciliación y justicia. 3) Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador y 4) Colaborar en el cuidado de la casa común.

Con toda sencillez nos presenta nuevamente estas grandes áreas, decididas luego de un trabajo de cinco años de discernimiento y reflexión de todo el cuerpo apostólico, que incluye a laicos y aún a no creyentes, en todo el mundo. El Papa, como cabeza de la Iglesia, las aprueba y las ratifica.

Si queremos colaborar, podemos hacerlo en cualquiera de ellas, desde nuestra situación actual, tal como somos hoy: exjesuitas o exalumnos que hemos tenido un pasado común de pertenencia a la orden o como beneficiarios de una educación que nos marcó. Sin importar cómo somos o cómo nos desempeñamos hoy: agnósticos, ateos o creyentes, si queremos, podemos colaborar.

Hoy, luego de la invitación del Padre General, quiero ponerme a disposición de la misión de la Compañía de Jesús en la Iglesia, en lo que mejor pueda colaborar, de acuerdo con lo que soy.

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2024

2 Comentarios
0 Linkedin
priest, holy, josé de anchieta-5999746.jpg
Download PDF

Haber sido estudiante jesuita durante once años ha sido la experiencia más importante de mi vida. Tratar de compendiar en pocas líneas cuál ha sido o cuáles han sido los aprendizajes más importantes que esa experiencia dejó en mi vida, es un trabajo parecido al de seleccionar las piedras más preciosas de un tesoro que se guarda con amor. Es posible que se me queden en el cofre algunas muy valiosas. Aquí presento, definitivamente, las que más resaltan.

Una profunda alegría por haber estado allí, por haber pasado en la Compañía de Jesús once felices años y por haberme retirado jurídicamente de ella a tiempo. Un agradecimiento profundo y muy especial a mis formadores y profesores, que me abrieron la mente y me dieron conocimientos, criterios y herramientas para la vida, para poder formar una familia, para ser un profesional decente, honesto y fiel a mis principios, para ser un hombre de confianza y leal. Un agradecimiento muy especial a Javier Osuna, acompañante bondadoso, exigente y guía en mi discernimiento en el momento crucial para cambiar mi estado de vida. Su especial indicación al retirarme de la Compañía para que buscara a Myriam, mi compañera de camino y para formar con ella el hogar que hoy tenemos. Un hogar sereno, alegre, refugio de paz y tranquilidad.

El sentido del deber y de hacer las cosas lo mejor posible. Cumplo con mis responsabilidades sin necesidad de que me lo digan, aconsejen o impongan. Hago las cosas porque las debo hacer, porque esa es mi responsabilidad, porque las puedo hacer y las quiero hacer. Este sentido del deber me ha dado excelentes réditos, liderazgo práctico, ser querido por quienes han sido mis colaboradores, que me han visto dando ejemplo; medito en la brega con ellos, como uno de ellos, sin aspavientos ni ínfulas de grandeza. Siempre sentí urgencia para actuar, para no “echar carreta” y para hacer las cosas bien. Eso me hizo una persona de confianza.

Los mejores amigos de mi vida. Son las personas con quienes hoy comparto estas notas. Me siento miembro de este grupo en el que soy partícipe, integrante, solidario y aceptado con mis cualidades y defectos, que todos conocen.En cualquier momento nos reunimos y volvemos a experimentar la alegría de ser amigos, hermanos, compañeros de camino y de destino. Es el sentido de la amistad mejor expresado y vivido. Los amigos en el Señor.

La fe en Jesucristo, Creador, Redentor, amigo. Es una fe serena, profunda, confiada. Sin necesidad de argumentos para creer ni para convencer a nadie. El Señor Jesús, es el del Evangelio, el de las bienaventuranzas, el del pesebre, la misión, la predicación y los apóstoles, el de cruz y la resurrección. El que se me reveló en los Ejercicios Espirituales para toda la vida. Es el dueño de mi vida. Es mi Dios, hecho hombre en mis hermanos más necesitados y el sentido profundo de mi vida. Con mis defectos y pecados, lo busco cada día y siento que me acoge y me guía. Y a cada uno de todos los que amo. Es terriblemente exigente, pues pide amar a los enemigos y hacer el bien a los que nos aborrecen. Y hay que amarlos hasta la cruz. Pero también hasta la gloria de la resurrección. Y es fiel. No entiendo mi vida sin la presencia del Señor en ella. No tengo preguntas sobre Él, sobre su existencia, su paraíso, su creación y manifestaciones. Creo que la experiencia de su amor hizo que se me acabaran las preguntas. 

La conciencia de estar siempre en la presencia amorosa de Dios. No es un Dios melcochudo ni tirano, ni amenazante. Es un Dios amor ante quien estoy en todo momento, en donde yo esté y me encuentre. Es el Dios que llenó de alegría mi niñez, mi juventud, mi vida adulta y hoy, mis años de madurez y, ojalá, mi ancianidad.

El discernimiento. En dos o tres momentos cruciales, decisivos y definitivos de mi vida, he seguido este procedimiento y he dejado que mi espíritu hable y escuche. Qué debo hacer, con qué consecuencias. Aun en momentos muy difíciles, precisamente en ellos, he podido aplicar este método, con excelentes resultados. Y he podido ayudar a otros, acompañando su proceso de toma de decisiones.

El examen de conciencia. Lo hago todos los días, al terminar la jornada. Y pido al Señor su gracia para continuar junto a Él por este camino, corrigiendo lo que debo corregir y haciendo lo que debo hacer. Y duermo en paz y me despierto listo para una nueva jornada, con ilusión y alegría. 

La libertad de conciencia. Creo que soy yo el responsable de mi destino y de mis actuaciones. Nadie me obliga. Por eso obro de acuerdo con mi conciencia y en presencia de Dios. Creo actuar de acuerdo con lo que debo hacer. Y eso me da un gran sentido de libertad, de liberación. Actuar sin amarras es condición de la plenitud y de la serenidad interiores.

Bernardo Nieto Sotomayor

Septiembre, 2023

2 Comentarios
1 Linkedin

Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
Download PDF

El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
0 comentario
0 Linkedin
mother, child, flowers-304920.jpg
Download PDF

Esta nota la escribí en septiembre de 2001, cuando mi madre trascendió y se unió al Señor Dios para siempre. Nos dejó un mensaje de amor, de vida, de fidelidad, de auténtica generosidad y bondad, de honradez. Hoy quiero compartirlo nuevamente y mostrarlo en el momento de la partida de nuestro amigo Sergio Acevedo Coronado, un gran compañero y hermano, a quien mi mamá recibió en nuestro hogar como un hijo más, que siempre la llamó: “abuelita”. Sergio vivió en nuestra casa casi 10 años y sigue presente en nuestros corazones.

Mamá me significa un villancico de Navidad, alegre, fresco, lleno de amor y de dulzura, de inocencia, de fe, de unión familiar, de luces de bengala y de la ilusión de un Niño Dios que nos regala lo que puede, a veces más, a veces menos, pero siempre lleno del amor de manos trabajadoras y honradas.

Mamá me significa el rosario al final de una jornada, poniendo orden en las risas infantiles que a veces no entendíamos por qué “la Santa María” de mamá comenzaba antes de terminar nosotros el “Dios te salve María…” 

Mamá me significa el abrir la casa a los refugiados de la violencia para compartir con ellos el mismo plato, los mismos granos, la misma sopa, para todos igual, aunque todos comiéramos un poco menos. Así aprendí a compartir, mirando su amor con la familia Vargas que venía del eje cafetero durante la violencia de los años cincuenta.

Mamá me significa la alegría de una canción “de planchar “, porque cantaba lindo, mientras repasaba las camisas de sus hijos, la ropa de su esposo… Todavía escucho su voz cristalina en “La barca de oro” o en “Un viejo amor”.

Mamá me significa la fe en el buen Dios, un señor misericordioso, sin altanerías, que nos creó para hacer el bien, cuando aceptaba los ramilletes espirituales que pintábamos en el colegio para su regalo del día de la madre junto al pedazo de tela que le regalábamos para un delantal o para el trapo de limpiar el polvo.

Mamá me hace recordar las quebradas cristalinas por su alegría contagiosa y su risa sonora… Su visita cada quince días al internado de los jesuitas llevando con papá la maleta de sus hijos. Esa ropa lucía radiante de amor y de limpieza, como esas aguas cristalinas, refrescantes e inquietas. 

Mamá me significa la misa diaria en la Iglesia parroquial que ella ayudó a construir con papá y con otros buenos amigos, al lado del Padre Echeverri, organizando bazares, vendiendo empanadas… Allí aprendí que hay que orar todos los días y que la presencia de Dios, la puede uno llevar hasta en el bolsillo del delantal de una madre.

Mamá me representa la imagen de María y es mi vínculo más cercano con el amor de la madre de Dios. No tengo mejor referencia viva del amor maternal de Maria que el amor puro y hermoso de mi madre. 

Mamá me significa bondad, una mesa servida para todos, con el mejor de los adornos. Mamá me significa el sentido de la justicia, al poner paz en la discusión de los hermanos. No se guardó para sí ni siquiera su belleza exterior. Sus manos reflejaban el trabajo en su artritis causada por la labor de la platería al lado de papá. 

Mamá me significa la fidelidad del amor para toda la vida. Un amor que echó de menos hasta el último momento a su “Danielito”, como ella llamaba a mi papá en sus notas de novios que descubrí un día, curioseando entre sus cosas. Ya no tiene que echar de menos a nadie. Su amor fiel de 57 años de matrimonio se prolonga ahora para siempre.

Mamá me hace feliz al saber que somos uno, que vamos camino de la casa del mismo Padre, que la fe no es cuestión de razón, sino de vida. Que la Esperanza existe, en la espera del hijo que pronto regresará y en la cazuela de changua lista para el nuevo desayuno.

Mamá me representa a la mujer que recibió en la casa como nuevos hijos a Ingrid, a Ángela, a Betty, a Sergio, a tantos que necesitaron un hogar y a quienes ella acogió sin remilgos, a cambio de nada. Para todos había amor y bondad.

Mamá está aquí con nosotros, orando con nosotros, cantando con nosotros, animándonos a vivir como ella, a dar ejemplo de la fe que se vive sin elucubraciones. La fe de quien escogió a Dios por encima de todas las cosas.

Gracias, mamá. Gracias por ser tan bella. Gracias porque nos diste todo. Vive feliz ahora con papá, en esa eterna boda a la que todos estamos invitados, dando testimonio de que Dios no puede ser otra cosa que amor, vivo, fuerte, eterno y exigente. Gracias porque al mirarlos a los dos, realmente podemos decir que el amor es más fuerte que la muerte.

Amén.

Bernardo Nieto

Mayo, 2023

6 Comentarios
1 Linkedin
remember, reminder, don't forget-5488385.jpg
Download PDF

La vida está hecha de momentos: unos gratos, otros no tanto, otros amables, jocosos, alegres, y otros tristes. Pienso que compartir estos momentos con los amigos de toda la vida nos permite conocernos mejor y que los lazos de amistad se estrechen y se fortalezcan. Quiero narrar algunos de esos momentos sucedidos en sitios y fechas distintas. Ustedes los entenderán, comprenderán y los juzgarán. Si se ríen con ellos, mejor para todos.

Un presidente en toalla, furioso, y yo “totiado” de la risa.

Eran los años 90. Ya no recuerdo el año exacto, pudo ser 1993, en que me pasó esto que les narro y que fue supremamente divertido. Como gerente de programación de RCN TELEVISIÓN, era parte de mi trabajo estar bien informado sobre las nuevas producciones que llegarían a Colombia uno o dos años más tarde: series, películas y nuevos programas de televisión, especialmente gringos. Con juicio y método, leía y sistematizaba la información pertinente con anticipación y eso nos permitía negociar con los productores y dueños de los derechos, antes que cualquiera de nuestros competidores colombianos. En eso éramos los primeros. Nadie nos ganó. Era también la época en que nuestras producciones nacionales comenzaban a tener aceptación entre los canales y programadoras latinoamericanas. María, La Vorágine, La Casa de las dos Palmas… Casi siempre viajaba a las ferias en las que se compraban y vendían las nuevas series, películas y programas de televisión, con el presidente de la empresa, un gran amigo. Esta vez la cita era en Los Ángeles, en el mes de abril-mayo. 

En uno de los pisos del elegante hotel Century Plaza, ubicado sobre la Avenida de las Estrellas, habíamos alquilado una suite de dos cuartos separados por una puerta, cada uno con teléfono, minibar y salita de reuniones. En uno de ellos se alojaba el presidente de la empresa y en el otro habíamos colgado los afiches de nuestras producciones, lo habíamos dotado con una pantalla grande para exhibir nuestras producciones y entregar a los clientes potenciales los folletos y materiales publicitarios correspondientes. Yo dormía en una habitación individual en otro piso del hotel. 

Esa noche, al llegar de cenar con unos clientes, casi a la medianoche, estábamos agotados. Mi amigo el presidente me preguntó sobre la agenda del día siguiente y le recordé que desayunaríamos con el dueño de los derechos de una excelente producción sobre la cual ya había pedido prioridad para nuestra empresa. No podíamos retrasarnos. Como él era dormilón, me pidió que lo despertara a las 7 en punto advirtiéndome que insistiera en mi llamada hasta que él me respondiera, para estar seguros de que cumpliríamos la cita. Nos despedimos y cada uno se fue a dormir. Llamé a la recepción y pedí que me despertaran a las 6 y 30. 

A la mañana siguiente, luego de bañarme y vestirme, estuve listo para nuestra cita y, a las 7 en punto, llamé a mi jefe a su habitación. Ring…, ring…, ring…, ring… Nadie me respondió y colgué. 

– Quizás estaba muy cansado, más que yo, y a lo mejor no me escuchó-, pensé.  

Marqué entonces el otro número de la suite. Ring…, ring…, ring… Nuevamente, nadie me respondió y colgué.

 – ¡No puede ser! Algo está pasando…  

Marqué nuevamente el primer número. Ring…, ring…, ring… ring… Nadie me respondió. 

Colgué, tomé las llaves de la habitación y decidí bajar a la suite, pues a lo mejor algo le había sucedido a Samuel, que así se llamaba mi jefe. El ascensor estaba en frente de mi cuarto, pulsé el botón y la puerta se abrió inmediatamente. Bajé al piso 8º donde estaba la suite 8-24, caminé rápidamente por el corredor y toqué la puerta. Samuel abrió cubriéndose malamente con una toalla pequeña y con un claro gesto de disgusto en su rostro. Samuel era un llanero alto, recio, gordito y normalmente buena persona.

  • ¿Qué te pasó? – Samuel. ¿Por qué estás bravo? 
  • ¡Que un hijue… me está mamando gallo! Alguien llamó a la suite del televisor, me despertó y brinqué por encima de la cama, pensando que era un comprador… Cuando llegué a responder, ya habían colgado. Entonces sonó el teléfono de mi cuarto. Corrí a responder y cuando levanté el teléfono ya habían colgado y, después, volvió a sonar el teléfono de la suite, corrí y otra vez, el hijue… volvió a colgar!

Comprendiendo en un segundo toda la escena anterior, me figuré a mi jefe, gordito y “en pelota”, brincando de un lado para otro y tratando de llegar infructuosamente a responder mis llamadas. Miré a Samuel que estaba “muerto de la piedra”, descalzo y apretando la toalla para cubrir su cintura. Sin poderme contener, estallé en risas y me tuve que sentar en la entrada de la habitación, literalmente “totiao de la risa”. 

  • ¿Por qué se ríe, hijue…? Arengó Samuel.

Cuando pude tomar aire y calmarme un poco, expliqué:

  • ¡¡¡Era yo!!! Jajajajajaja… Llamé a este número y nadie me respondió. Colgué y entonces marqué al otro teléfono; esperé y tampoco: nadie me respondió. Volví a marcar y nadie… jajajajaj… jajaja…

La risa no me dejaba respirar… ¡Me imaginaba a Samuel, todo afanado porque de pronto perdíamos un negocio y volando en cueros por encima de la cama para responder al teléfono!

Cuando Samuel entendió también lo que había pasado, se sentó a reír también sobre la cama y poco a poco nos fuimos calmando… Le expliqué que ya estaba preocupado por no obtener respuesta y que, por eso, bajé a despertarlo en persona y volvimos a reír, como los dos buenos amigos que siempre fuimos.

Llegamos a nuestra cita a tiempo, riéndonos todavía y compramos la serie. “La bella y la bestia” de Republic Pictures. La producción fue un éxito los domingos en la tarde. Y el momento se quedó en nuestra memoria para siempre. ¡Qué tiempo tan feliz!, verdaderamente.

Bernardo Nieto

Abril, 2023

0 comentario
0 Linkedin
Download PDF

Cuando nos ponemos retos y somos capaces de superarlos, crecemos y estamos listos para cosas mejores. Esta es una historia vivida y lograda en familia, a pesar de todas las dificultades.

En la época del famoso “apagón de Gaviria” en todo el país se apagó la luz durante el horario pico de la noche y los relojes se adelantaron una hora. Aunque sin luz a esas horas, el gobierno obligó a las programadoras de televisión a continuar produciendo y emitiendo sus telenovelas, lo que produjo una crisis financiera en las programadoras “grandes”. 

Para disminuir los costos y evitar que fueran afectadas las familias de los empleados de ingresos bajos, varios gerentes de RCN TELEVISIÓN nos pusimos de acuerdo y unos cinco o seis renunciamos a nuestros cargos, seguros de que encontraríamos otros trabajos más fácilmente que los empleados menos calificados. El presidente de la empresa, agradecido por nuestro gesto, nos prometió que una vez se superara la crisis, nos reintegraría a las labores y, en efecto, un par de años más tarde, así lo cumplió. 

Poco tiempo después, fui nombrado vicepresidente de producción de Punch y, luego de dos meses, por la gestión de una oficina de cazatalentos, fui seleccionado y nombrado jefe de la División de Comunicaciones de Intercor, la empresa minera de la Exxon, operadora en ese momento de la mina de carbón de El Cerrejón, en la Guajira colombiana. Las condiciones y beneficios económicos eran excelentes y, aunque por el cambio tan imprevisto fue una decisión difícil de tomar en familia, aceptamos migrar a esas tierras “lejanas y desconocidas”. 

Aunque todos habíamos aceptado mudarnos al campamento minero, nuestro hijo mayor fue quien más sintió el desarraigo, por el abandono de sus compañeros y amigos de San Bartolomé, por cambiar de calendario escolar y por dejar sus clases de piano en la academia de música. Para fortuna nuestra, entre los residentes del campamento buscamos y encontramos al profesor de música del colegio local, para darle clases privadas a nuestro hijo. De todos modos, el cambio era fuerte y era necesario mantener su interés y atención en el estudio de la música. 

Un día de conversación familiar sobre lo que estábamos sintiendo cada uno con el cambio de ambiente, de residencia y de colegio, nuestro hijo nos habló sobre sus sentimientos y de los obstáculos para continuar con la música. Su teclado era pequeño -suficiente para un principiante- pero incompleto para el nivel que el profesor buscaba para nuestro hijo. Con todo el amor y la unión indisoluble experimentada en nuestra familia, esa tarde me salió del fondo del alma una promesa y un reto para el hijo: ¡Cuando toques Para Elisa sin errores, te compraremos tu Clavinova! 

No calculé el costo del aparato. Pero tampoco me imaginé que mis palabras iban a ser un gran reto y definitivo en la carrera musical de Juan Manuel. Descubrí en ese momento que tocar en ese modelo electrónico de piano japonés era el sueño de nuestro hijo. Sus ojos se le iluminaron y con su estilo y determinación expresó: ¡Está bien! ¡Tendré mi Clavinova! 

Todos los días Juan Ma se demoraba un poco más que sus hermanos en el colegio. Aunque no volvimos a hablar sobre el asunto, yo sabía que tenía una motivación mayor pues, aunque tuvo que retrasarse seis meses y volver a comenzar cuarto de bachillerato por el cambio de calendario escolar, su rendimiento en el colegio continuó siendo excelente. Su nivel de inglés había mejorado mucho y la orquesta del colegio lo aceptó como percusionista. 

Poco antes de la navidad de 1993 -pasados 9 meses desde nuestra llegada al campamento- un sábado por la tarde el profesor de música nos visitó. Traía un teclado portátil bajo su brazo, más grande que el de Juan Manuel y lo instaló en la sala de la casa. Nuestro hijo llegó en su bicicleta, entró a la casa, llamó a sus hermanos y nos pidió silencio. Nos sentamos todos en la sala y él acercó un asiento al teclado. La mirada de complicidad con su profesor de música me reveló que estaba listo. Tomó aire, se relajó y, como en una gran sala de conciertos, puso sus manos en el teclado e inició con delicadeza el tra, ra, ra, ra, ra, ra, rá… de “Para Elisa” y lo interpretó con perfecta digitación, sin un solo error desde el comienzo hasta el final. 

Myriam y yo estábamos conmovidos. Él estaba radiante, con la ilusión y la satisfacción de haber cumplido y haber superado el reto. Luego del abrazo y las felicitaciones de todos, el profesor nos acompañó a tomar el café con bizcochos, sabiendo que teníamos que cumplir ahora nuestra parte de la promesa. 

Aunque no lo teníamos presupuestado, ese fin de semana viajé desde Barranquilla a Bogotá y compré el Clavinova. También le compré su primera guitarra “fina” a Sergio Andrés y María Angélica recibió su primer violín. El dueño del almacén de música estaba encantado con las ventas, me hizo un descuento real y me dijo que le encantaría recibir una grabación con las interpretaciones de nuestra familia en esa navidad. Todavía se la estamos debiendo. Regresé al campamento y le entregué a Juan Manuel la factura de su Clavinova que llegaría una semana más tarde, vía terrestre, desde Barranquilla. 

Cuando nos llamaron de la oficina de correos de La Mina, nos fuimos todos en la camioneta y recibimos el gran paquete que pesaba de verdad. Con todo cuidado, como si fuera el tesoro más preciado, lo pusimos en el baúl. Armar la Clavinova fue una labor de equipo, ansiosa y urgente. Todos queríamos saber cómo sonaba y cómo nos acompañaría en las veladas familiares. Nuestra primera navidad en El Cerrejón en 1993 fue memorable. 

Volvimos a Bogotá en 1995. Nuestros hijos regresaron a sus colegios y poco después ya todos estaban en la universidad. Nuestra familia siguió adelante y yo me reintegré a la gerencia y a la dirección de noticias en RCN Televisión, cuando ya se estaban “cocinando” los canales de televisión. Y la vida siguió su marcha. 

Hoy, Juan Manuel ejerce su profesión de músico y pedagogo en Alemania, está especializado en la formación de niños. 

Mirando en retrospectiva, constatamos que el amor familiar creció y se consolidó con los retos asumidos y superados en esa ocasión y en muchas otras. Además de interpretar familiarmente nuestros mejores villancicos, hemos sido capaces de superar juntos las dificultades de cada momento. 

Ponerse retos, superarlos y recibir el premio. Esa es la constante de la vida.

14 Comentarios
0 Linkedin
smiley, laugh at, humor-1981935.jpg
Download PDF

Me encanta la alegría. Soy de risa fácil, aun con los chistes bobos. Aunque soy muy malo para contarlos, me río “como un enano” con las anécdotas o situaciones que hacen estallar las risas de la gente. Hoy me animo a contarles algunas de ellas donde, como responsable de la actuación, la risa me ganó y no pude continuar con lo que estaba haciendo.

Un compañero que se había retirado de la Compañía hacía un par de años, se iba a casar con una hermosa y dulce muchacha bogotana. Nos pidió a sus amigos de siempre, que estábamos estudiando filosofía, que le cantáramos la serenata a su novia en la víspera del matrimonio. Aceptamos gustosos. Por alguna razón que no recuerdo, el día de la serenata los cantantes estábamos incompletos y solamente Julito Jiménez con el acordeón y yo con mi guitarra pudimos ir a la serenata. Para hacer “bulto”, se nos “pegaron” dos o tres compañeros más que no cantaban, pero que podrían aplaudir y darnos ánimos. Uno de ellos, excelente deportista, era un “tarro” descomunal. 

Se pueden imaginar lo que sucedió… 

A los nervios y la ansiedad del novio que quería darle a su enamorada su mejor mensaje, se unía también el nerviosismo nuestro por lograr que todo saliera muy bien, que nuestras voces expresaran el mejor sentimiento del idilio, que la novia se derritiera de amor y con sus lágrimas de ternura respondiera al regalo sorpresa de su amado. 

Las dos primeras canciones salieron relativamente bien. El entusiasmo de la audiencia era creciente. Con la tercera canción, “Novia mía”, nuestro flamante deportista se emocionó y se acercó a nosotros, los cantantes. En realidad, éramos apenas dos. Todo indicaba que se sabía la letra de la canción y que estaba interesado en su mensaje. Después de la introducción y de la primera estrofa, el canto cambia de tono y dice que la novia es un “cascabel de plata y oro”. Pletórico de emoción, nuestro compañero deportista, en el verso siguiente, con su mejor esfuerzo, con todas las fuerzas de su sincero corazón, reforzó el duro y contundente: “tienes que ser mi mujer”, completamente desafinado, haciendo alarde de que tenía “oído de bombardero”. 

¡La sorpresa de nosotros, los dos instrumentistas y cantantes, fue mayúscula! Julito comenzó a sacudirse con toda la potencia de su barriga con la que trataba de sostener el acordeón HONNER, mientras aguantaba la risa apretando los dientes. Yo no pude hacer lo mismo y exploté. Mi carcajada hizo que las de Julio, que eran emblemáticas, resonaran en toda la cuadra, indicando que la serenata había concluido con el mejor mensaje del enamorado. ¡Su novia sería su mujer para siempre, definitivamente y sin duda alguna! Hoy, todavía es su compañera de vida, dulce y tierna, como siempre.

Nuestro deportista se sorprendió, por supuesto, y un poco disgustado se subió a la camioneta a esperar que empacáramos los instrumentos para regresar a “Chapinero”, nuestra casa. Los vecinos todavía podían escuchar nuestras carcajadas que salían de la camioneta por la contundente orden que el tarro del grupo le había dado a la novia, con toda claridad… Otra noche de maravillosa serenata.

***

Esa primera noche de novena de la navidad, la iglesia de Villa Javier,al sur de Bogotá, estaba repleta hasta “las banderas”. Los devotos que habían participado de la misa estaban dispuestos a rezar la novena del Niño Dios y a cantar los villancicos que entonarían dos jóvenes, “pichones” de jesuitas, con devoción, sus guitarras, su entusiasmo y sus delicadas voces. Esos dos jóvenes éramos Rodrigo Quintero y yo, como siempre. Teníamos bien ensayados los cantos y, particularmente, el hermoso villancico de Germán Bernal, S.J., “Déjame niño hermoso” que interpretaríamos a dos voces. ¡Qué lindo atrevimiento!

Como la iglesia estaba repleta, el sacerdote dirigiría la novena desde el altar mayor y nosotros dos cantaríamos los villancicos desde el “ambón”, donde se hacen las lecturas de la misa. El padre y nosotros teníamos nuestros micrófonos y la amplificación era excelente.

La novena se inició con un villancico popular que todo el pueblo cantó y luego siguió con el “Benignísimo Dios de infinita caridad…”. Se rezaron las oraciones a la Virgen, a San José y los gozos se cantaron a pleno pulmón. Todo indicaba que ese primer día de la novena sería un éxito. Nosotros estábamos felices de ver la respuesta entusiasmada de la gente. 

Al terminar la oración al niño Jesús, Rodrigo y yo nos preparamos para cantar el “Déjame niño hermoso” y con toda seriedad anunciamos el canto, indicándole a los devotos feligreses del templo que este canto era algo muy especial para nosotros.

Lo iniciamos al unísono, acoplando nuestras voces y miradas a lado y lado del único micrófono que teníamos para los dos. Después de la primera estrofa, sentimos que todo estaba saliendo bien y sonreímos. Cuando llegó el momento del “arrurrú, arrurrú, no llores más”, con mi dedo pulgar le hice señas a Rodrigo para que él cantara la primera voz, asegurándole con mi cabeza que yo haría la segunda. Mis gestos lo confundieron y él entendió que no sería como habíamos ensayado. Su rostro se transfiguró en rojo bermellón del susto y, al momento de cantar, de su inmaculada garganta salió un arrurrú, grave y profundo, completamente disonante. Nos miramos desconcertados y yo, al ver la cara de despiste y el esfuerzo de encontrar el tono que estaba haciendo Rodrigo, no pude aguantar la risa y… toda la iglesia escuchó mi sonora carcajada. 

Algunos niños de la primera fila se rieron conmigo. La gran mayoría de los adultos y muchos de los que estaban atrás, en el fondo de la iglesia, se miraban intrigados y se formó un murmullo, mezcla de desconcierto y de complacencia. La gente estaba tratando de averiguar el porqué de la risa del padrecito. Tomé entonces el micrófono, presenté mis disculpas al público y al sacerdote y expliqué que nos habíamos confundido y que retomaríamos el canto de nuevo. 

Ya más calmados, Rodrigo y yo aclaramos nuestra duda sobre quién haría la primera y quién la segunda voz en el estribillo del arrurrú y estuvimos listos para retomar el canto. La gente en la iglesia estaba en silencio nuevamente. De verdad que hacíamos un buen dúo y las voces se escuchaban muy bien acopladas. Los niños de la primera fila, que normalmente se distraían mirando los detalles del pesebre parroquial, ahora nos miraban sonrientes y atentos para escuchar nuestra canción. 

La primera estrofa sonó muy bien y llegamos al momento del arrurrú. Estábamos listos para el dúo. Tomamos aire, dimos el acorde mayor, nos miramos y, esta vez los dos, al unísono, soltamos una franca carcajada que debió despertar al Niño Dios y a todo el coro celestial. No pudimos cantar más al recordar nuestra anterior equivocación y toda la iglesia, cómplice y complacida, en medio de francas risas nos aplaudió, mientras Rodri y yo huíamos a escondernos en la sacristía juagados de la risa… 

El curita no tuvo más remedio que terminar entre risas la novena y dar la bendición, recordando la cita de la novena para el día siguiente. Creo que la gente se fue feliz a sus casas.

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2023

3 Comentarios
1 Linkedin
smiley, laugh at, humor-1981935.jpg

Música y risas (1)

Por Bernardo Nieto
Download PDF

Me encanta la alegría. Soy de risa fácil, aun con los chistes bobos. Aunque soy muy malo para contarlos, me río “como un enano” con las anécdotas o situaciones que hacen estallar las risas de la gente. Hoy me animo a contarles algunas de ellas, donde, como responsable de la actuación, la risa me ganó y no pude continuar con lo que estaba haciendo.

Para interpretar bien una canción frente al público, uno tiene que asegurar que todo funcione. Cantar en público es una verdadera actuación, para la cual hay que afinar voz y sentimiento. Si uno se sabe bien la letra, hay un terreno ganado que permite interpretar bien el texto y darle el sentido original a cada una de las frases. Pero, además, hay que dominar el susto, los nervios, el pánico escénico. Cuando todo esto se da, el auditorio escucha el canto con gusto y expresa su satisfacción con aplausos efusivos. Si la actuación sale mal, el público expresa su desilusión con unas cuantas palmadas de forzada complacencia o con rechiflas y tomates.

***

Noches de serenata. 

Los “músicos” que me acompañaban esa vez era un grupo de juniores jesuitas que un año antes habían sido alumnos míos en el noviciado. Yo me preparaba para iniciar los dos últimos años de filosofía. Estábamos cerca de la Navidad y ayudábamos en la celebración en la parroquia de Villa Javier. Aceptamos salir con nuestras guitarras para cantar en el jardín de una casa familiar y frente a la ventana de la cumpleañera de turno. Creo que era la hermana de uno de los serenateros. Me queda difícil identificar a cada uno, pero lo que me sucedió esa noche sí fue inolvidable. 

Casi al terminar la serenata, quizás en la cuarta canción, cuando ya las voces estaban bien acopladas y el canto muy entonado, vimos salir de un rincón del jardín a un perrito que movía la cola en señal de amistad. Cuando dimos los dos acordes finales, “plam, plam”, con los que concluíamos el vals “Clavelitos”, el perrito se nos acercó y nos miró con ojos inquietos y se mantuvo cerca, disfrutando de buena compañía, buena música y algo de calorcito humano en medio de la fría noche bogotana. Ignorando al amigo canino, comenzamos la última canción y, cuando el canto ya estaba avanzado, sorpresivamente sentí que un chorrito caliente me mojaba media y zapato. Por supuesto, bajé la vista buscando la causa de la desagradable sensación y vi al perrito que, sin ninguna vergüenza, me había confundido con un poste. ¡Me había orinado el zapato! Y pegué el brinco, – perro hijue… – exclamé, asusté al perro y se acabó la serenata. Las risas de todos impidieron seguir la canción y yo me tuve que aguantar el olorcito y la ingrata humedad, hasta cuando llegamos a la parroquia…

Todavía me pregunto si el descarado animal me estaba premiando la actuación o descargando en mí su disgusto por la mala serenata que le había interrumpido su sueño. 

***

Con Alberto Duque Velásquez, un gran amigo y dueño de una fabulosa voz de tenor, quisimos dar una serenata al padre provincial en la víspera de su cumpleaños. Alberto estaba en segundo o tercer año de teología y yo estaba en primero de filosofía. Ambos éramos telemaestros de religión para niños en CENPRO, la programadora de los jesuitas que hacía programasde televisión para el Canal 11, quedaba en el barrio Teusaquillo, calle 39 con carrera 15. Esa noche yo me quedé a dormir allí. 

El Padre provincial, Fernando Londoño, S.J., antioqueño de pura cepa, iba a escuchar para su cumpleaños y, con lo mejor de nuestras voces, una selección del clásico repertorio paisa. También cantaríamos algunas de las bellas canciones que él “estrenó” con Juan José Briceño y Rodolfo de Roux en sus años mozos. Luego de un ensayo serio y bien acoplado, consideramos que estábamos listos y que cantaríamos como un par de solistas del coro celestial. Afinamos nuevamente las guitarras y, cerca de la media noche bajamos bien abrigados, desde la casa de CENPRO hasta la curia ubicada en la carrera 23 con calle 39, con nuestras guitarras al hombro, cuando aún se podían caminar esas ocho o nueve cuadras a medianoche, sin peligro mayor. 

Con complicidad y sigilo, el portero de la curia nos abrió la puerta pequeña y entramos al parqueadero frontal de la Casa provincial. No se escuchaban ni un ladrido ni el maullido de un gato vagabundo. ¡Silencio total en el barrio de La Soledad! 

Alberto y yo nos colgamos nuestras guitarras y como ya teníamos claro el orden de las canciones, nos dispusimos a iniciar la serenata. Nuestra primera canción sería “La ruana”, el tradicional y bello bambuco de José Macías y Luis Carlos González. 

Después de dar el primer acorde, Alberto cantó el primer verso: “La capa del viejo hidalgo”, pero… en un tono diferente al ensayado, casi una octava abajo del tono normal. Como yo seguía con el segundo verso, me di cuenta que a mí me tocaría forzar la voz para poder dar las notas graves del: “se rompe para ser ruana”. Rápidamente calculé que yo no sería capaz de bajar hasta esas profundidades y decidí cantar mi parte una octava arriba, con la postura de un tenor lírico. Es decir, emití un berrido monumental en medio de la noche y a plena potencia, con lo cual pude llegar al exigente agudo y, entonces, sucedió lo inesperado.

Infinitamente sorprendido, Alberto abrió desmesuradamente los ojos y se dio cuenta de que había puesto la canción en el tono equivocado. Infló sus cachetes y, aunque estaba de noche y la luz no era la mejor, vi cómo se puso de colorado, tratando de aguantar la carcajada. Sus esfuerzos fueron vanos y ambos, sin poder aguantarnos, estallamos en mil risas, a pleno pulmón, en frente de la ventana del Padre provincial. ¡Hasta ahí llegó la serenata!

Sacudidos por las carcajadas, abandonamos rápidamente el parqueadero y afuera, sobre la carrera 23, nos imaginamos al Padre Fernando despierto en medio de la noche, sin saber qué había sido eso… Un grito desaforado seguido por risas descontroladas en la víspera de su cumpleaños… ¿Fue un sueño? ¿Fue realidad? Nunca lo supimos. Sólo atinábamos a caminar rápidamente, muertos de la risa. ¡Qué noche tan maravillosa!…

Bernardo Nieto Sotomayor

Marzo, 2023

2 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

Nací en Colombia porque mis padres vivían aquí y porque sus padres, mis abuelos, también residían aquí. Soy consciente de una tradición de valores familiares que se concentra en mí, con todo lo que ellos me entregaron. 

De niño aprendí el juramento a la bandera, aunque ya se me haya olvidado y, por supuesto, el himno nacional. Además, traté de descifrar y de entender qué hace en el escudo de nuestra bandera el istmo de Panamá que desde hace muchos años ya no es colombiano y es parte de otro país. Y qué fruta es la granada, pues no se conseguía en el mercado porque no es nacional. Más tarde también pregunté qué es el gorro frigio y por qué está en nuestro escudo si los colombianos nunca lo usamos. Si se trata de poner en el escudo nacional algunos símbolos propios de nuestro país, ¿en vez de la granada, no sería mejor poner una mata de café cargada de frutos rojos? Y en vez del gorro frigio, como símbolo de libertad, ¿no es mucho más colombiano, más alegre y libre un sombrero vueltiao? Y en vez de un istmo inexistente, ¿no sería mejor mostrar la belleza del río de los siete colores?

En la letra de un himno, larguísima por demás, con palabras que casi no entendía, hacíamos concursos para tratar de entender qué significaba “inmarcesible”. Y, sin embargo, en el estadio cantamos orgullosos “Oh gloria inmarcesible”, y me emociona ver que los demás cantan el himno a grito herido y algunos con lágrimas en los ojos antes de un partido de fútbol. Respeto los símbolos de mi patria y también he portado con orgullo la bandera, porque es símbolo de alegría. Estamos de fiesta cuando la izamos y estamos alegres llevándola a los estadios. 

En el deporte, por ejemplo, no hay nada más grato y emocionante que estar en el extranjero y escuchar las notas del himno nacional antes de un juego o de un partido. No hay nada más grato que estar en el extranjero y cantar un bambuco o una cumbia por un camino de montaña yendo hacia Santiago de Compostela. Es algo que sale de las entrañas y se hace mucho más profundo cuando ese bambuco es un bambuco antioqueño. 

No hay nada más grato que corear al unísono el triunfo de un ciclista colombiano en la Vuelta a España, en el Giro de Italia o en el Tour de Francia. Me sudan las manos mientras sufro viendo un partido de la selección Colombia. Le hago mucha fuerza a las niñas de la selección femenina y pienso que estas subcampeonas menores de 17 años debieron ser las campeonas mundiales. Es que el gol en contra que marcó la monita, la defensa colombiana, Ana María Guzmán, cuando cayó al suelo e infortunadamente le rebotó el balón contra su pecho, debió ser anulado. Le cometieron falta y nadie vio ni castigó el empujón que le dio la delantera española. Nadie se fijó en la falta. Pienso que merecieron ser campeonas, al ver cómo una muchachita de 15 años, nuestra portera Luisa Agudelo, dio lo mejor de sí y con su tremendo esfuerzo y estirada, desvió el balón, “pasamos” a la final y nos puso a soñar con la gloria. ¡Fueron ellas las que pasaron a la final! Sin embargo, todos nos sentimos casi campeones y en la final con ellas. Pienso que debieron ser campeonas al ver los goles de todas y, en especial, los de Linda Caicedo, de piquecito y “bañando” a la arquera contraria y luego el bailecito de todas y su sonrisa con sus dientes blancos y su hermoso rostro, oscuro y feliz. ¿Qué tal que a esas niñas felices por los triunfos y por su esfuerzo se les dieran todas las oportunidades para llegar a ser lo mejor de sí mismas, lo mejor que quieren y pueden ser? ¿Qué tal si a los niños que están luchando como ellas en otros terrenos, se les dieran todas las oportunidades que merecen por su hermosa vida y sus derechos?

Todavía resuenan en mis oídos las notas y el canto del “Oh gloria inmarcesible” y todavía veo las banderas con gentes por las calles, cuando Colombia le ganó a Argentina 5-0. El triunfo en el deporte nacional es un motivo de orgullo para mí, aunque nunca hayamos ganado un campeonato mundial de fútbol. Pero sí hemos tenido una Mariana Pajón, una María Isabel Urrutia y me he emocionado muchísimo viendo a estos levantadores de pesas y boxeadores y corredores poniendo sus manos sobre su pecho y me alegro mucho al ver en los olímpicos cómo se iza la bandera nacional. Porque así soy, el deporte me emociona y los triunfos de los deportistas colombianos compitiendo limpiamente me llenan de orgullo, aunque sé que son efímeros y sé que no son la esencia de Colombia, pero “del ahogado, el sombrero”. 

Me emociona ver el esfuerzo de muchos tratando de levantar cabeza, de surgir y de mostrar que los colombianos somos más que deportistas o artistas o científicos. Quién sabe cuándo podremos salir de este tercer mundo, de la maldición de la coca, de la corrupción y de las luchas políticas. Pero me siento orgulloso de mi patria porque fue aquí en donde aprendí y recibí lo que soy. Veo en mis manos las manos de los campesinos arando el campo y recogiendo cosechas. Veo en mí a mis maestros, a mis compañeros, a mis amigos de toda la vida. Y llevo con orgullo mi hogar, mi familia y la fe en mi Señor y mi Dios que le aprendí a mis padres, ganándose el pan honradamente y alimentando ilusiones en las noches de navidad. 

Por eso y por mucho más, me siento orgulloso de ser colombiano, sin amarguras y pleno de alegría.

Bernardo Nieto Sotomayor

Diciembre, 2022

2 Comentarios
1 Linkedin
roses, watercolour flowers, watercolor-4264560.jpg
Download PDF

Estamos en tiempo de adviento, esperando la llegada del Salvador, Jesucristo, Dios hecho hombre. Toda gestación y el nacimiento de un niño debería ser motivo de alegría, como en la escena del evangelio cuando María visita a su prima Isabel (Lc 1, 39-45).

Al escuchar que María ha llegado, Isabel, con seis meses de embarazo y movida por el Espíritu Santo, reconoce como todo un honor que venga a visitarla María, quien está embarazada de tres meses y en espera del redentor de la humanidad, y la recibe jubilosa. A la dicha de Juan Bautista ‒que salta de gozo en el vientre de su madre‒ y al reconocimiento revelador de Isabel se une el más hermoso canto de María, el Magníficat, cuando en profunda oración reconoce ante Isabel, su prima del alma, la grandeza del Señor y lo que se está obrando en ella. Y las dos primas israelitas, bendecidas por Dios, pasan una temporada juntas hasta cuando Juan Bautista nace. Luego de este tiempo, tan íntimo y feliz, María, gestante ya de seis meses, regresa a su ciudad llevando en su vientre al Señor. María embarazada, al servicio de quien la necesita, para mí es la mejor imagen del servicio.

Este tiempo de adviento me hace recordar que hace unos años atendí y coordiné el viaje de un grupo de profesores indígenas extranjeros que venían becados a una intensiva capacitación de un mes en la Universidad. Habían ganado con méritos una beca completa de su gobierno para actualizar sus conocimientos y capacitarse en pedagogía y docencia y para refrescar las más recientes metodologías de enseñanza. Su trayectoria como maestros y el servicio prestado a los niños de comunidades indígenas habían sido también fundamentales para ser tenidos en cuenta y recibir la beca.

Un par de semanas después de llegar, una de las profesoras indígenas tuvo una repentina hemorragia que nos alarmó. Fue llevada de urgencia al Hospital Universitario y, a pesar de la cuidadosa atención médica, fue imposible salvar al bebé que estaba esperando. Gracias a los cuidados de los médicos del hospital, su vida se salvó. La joven había ocultado a su marido su embarazo pues, con seguridad, le habría impedido viajar y ella habría perdido la beca que con tanto esfuerzo se había ganado. También se las ingenió para escabullir el chequeo médico previo al viaje que le habría garantizado la vida a su tercer bebé. ¡Ya había tenido dos pérdidas antes del segundo mes de embarazo por falta de oportuna atención médica! A pesar de los riesgos, la maestra confió en que su cuerpo respondería sin problemas en este nuevo embarazo. 

Luego de esta dolorosa y riesgosa situación, la profesora decidió permanecer en el curso, recibió atención psicológica en la Universidad y, luego de un mes, al terminar el entrenamiento, regresó a su país con su certificado final que le permitiría aspirar a un nivel superior en el escalafón docente y a un mejor salario. Sin embargo, como me enteré más tarde, su vida familiar se le convirtió en una pesadilla. 

En este nuevo tiempo de adviento vuelvo a pensar en que, casos como este, hacen parte de las múltiples situaciones de riesgo en la atención de salud a las madres gestantes en todo el mundo. En el caso que hoy comparto ‒y por las razones descritas‒, una madre por tercera vez pierde un hijo y, solo por fortuna, logra salvarse. 

En pleno siglo XXI, 830 mujeres mueren diariamente por causas totalmente prevenibles, relacionadas con el embarazo y el parto. Cada año 302.000 familias se quedan sin mamá, con todas las consecuencias que trae para un hogar la ausencia de la madre: orfandad, viudez, abandono de los niños y niñas, desintegración familiar, etc. 

Aunque entre 1990 y 2015 se redujo 44 % la tasa de mortalidad materna en el mundo, proteger la vida de una madre durante el embarazo y el parto impone unir los esfuerzos sociales, particularmente en los países “en vías de desarrollo”, en donde hoy está 99 % de los casos de muertes maternas durante la gestación y el alumbramiento. 

De acuerdo con el informe de la OPS/OMS, UNICEF, el PMA y UNFPA (2016), en Colombia mueren al año más de 400 mujeres por razones asociadas con el embarazo y el parto y “… fallecen cerca de 8000 recién nacidos al año. (…) Las cifras más alarmantes se registran en Amazonas, Choco y Vaupés”.¹ Por ello, hacia allí se deben orientar los esfuerzos de gobiernos, familias y autoridades sanitarias. 

La mortalidad materna es mayor en las zonas rurales y en las comunidades más pobres. Engendrar un bebé en el campo o en medio de la pobreza pareciera condenar a las madres a la falta de atención médica y al olvido de las autoridades de salud. Las adolescentes corren mayor riesgo de complicaciones y muerte a consecuencia del embarazo. Basta leer cuidadosamente el informe del Dane² sobre nacimientos en niñas y adolescentes en Colombia (2021) para entender la dimensión del problema.  

Por una muy precaria y superficial educación sexual y para la vida, las relaciones sexuales realizadas desde temprana edad y sin ninguna prevención resultan irresponsablemente en embarazos no deseados. La etapa de gestación que debería ser una “dulce espera” se convierte, para muchas jóvenes, en una época azarosa y llena de incertidumbre. Muchos hombres jóvenes abandonan a sus compañeras cuando se enteran del embarazo o les piden que aborten. En nuestro país, dolorosamente, además, resulta fácil “desembarazarse” y quitar la vida de los indefensos que vienen en camino. 

Esta situación, por supuesto, es una clara violación de los derechos del niño³ y también una realidad que marca un duro contraste con la razón gozosa del adviento y la visita de María a su prima Isabel.

_______________________________

¹ Reducción de la mortalidad materna y neonatal con enfoque intercultural, de derechos y de género OPS/OMS, UNICEF, PMA, UNFPA.

http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/33713/9789275319314-spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y

² www.dane.gov.co/files/investigaciones/notas-estadisticas/ene-2022-nota-estadistica-embarazo.pdf

³ Preámbulo de la Convención internacional sobre los Derechos del niño. Teniendo presente que, como se indica en la Declaración de los Derechos del Niño, “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”.

Bernardo Nieto Sotomayor

Diciembre, 2022

1 comentario
1 Linkedin
Download PDF

Este ejercicio de preguntarnos cuáles son los grandes aprendizajes logrados durante los años que tenemos de vida y cuál es el legado que queremos dejar a quienes nos recuerden, ha sido un verdadero examen de conciencia sobre lo que es valioso y fundamental en mi vida. Aquí resumo ambos: los aprendizajes y el legado.

Lo fundamental en la vida es el amor  

He experimentado el amor verdadero, el que me han entregado y también he podido dar. Es un amor que me lleva a aceptar a otros y a ser aceptado como soy, con mis valores, cualidades y defectos. Es la experiencia de ser acogido, respetado y amado, y de poder hacer lo mismo, recíprocamente. Cuando de niño me decían, “chiquitín asqueroso”, en realidad lo decían con una sonrisa para indicarme que aceptaban mis pilatunas y mis picardías, lo que era yo. Nunca me he sentido rechazado en los grupos en donde he estado o a los que he pertenecido, con excepción, quizá, de alguna persona a la que, en su momento, tuve cómo responderle. Crecí en un hogar lleno de amor y en todas partes he podido replicar lo que recibí. He podido dar amor, amor de verdad. Las personas que están junto a mí sienten que las quiero, efectiva, afectivamente y sin restricciones, sin intereses, sin esperar nada a cambio. Sin amor, la vida es una desgracia. He visto a muchas personas sin amor, completamente desgraciadas.

Servir  

¿Para qué sirvo? Aquí estoy y lo hago con mucho gusto. Servir a los que me necesitan en cuanto puedo y en lo que puedo me produce gran alegría y me hace sentir bien. Sin embargo, por ser “buena persona” y porque era hábil, muchas veces me eché encima las cruces de otros, me sobrecargué con los trabajos de otros y tuve un duro surmenage. Como parte de mi recuperación tuve que aprender a decir ¡no! Hay cruces de otros que no puedo y no debo cargar yo. Cuando aprendí a decir no, con serenidad, claridad y firmeza, sentí una liberación profunda. 

Ser decente y honrado

Uno tiene que ser decente y buena persona con la gente. Que no tenga que inventar excusas para salirse de una reunión ni tampoco presentarse con cara de ogro para que le den la entrada. Ser decente es no traicionar ni decir cosas o actuar contra una persona a sus espaldas. ¡Ser leal! Esto me ha producido grandes satisfacciones. Gracias a que me enseñaron a decir la verdad, pude ser siempre una persona de confianza. 

El gozo en mi vida

Es algo que quiero conservar hasta el final de mis días. Me río como un niño con los chistes bobos y eso me hace feliz. Con los pequeños entro fácilmente en conversación, nos ponemos al mismo nivel y nos reímos francamente. Me sucede eso en donde esté. En Alemania, ¡me entienden los juegos y chistes, los más chiquitos! Los niños se sorprenden y quedan intrigados, por ejemplo, cuando les digo que tenemos once dedos y no diez: “mira: diez, nueve, ocho, siete, seis… y cinco, ¡once!”. ¡Y los niños quedan genuinamente confundidos, inquietos e intrigados! Ellos saben que no es verdad, pero no saben decirme por qué. Entonces les digo: “mañana tienes que preguntar a tu profesora por qué…  Que ella te lo explique”. El gozo en la vida es importantísimo. No podemos ser unas personas amargadas. Hay que “tomarle el pelo a la vida”. Hay que aprender a bailar en la calle, sin ninguna vergüenza. Hay que sentir y disfrutar de la alegría, con sencillez, aunque a algunos les parezca ridículo. ¡No saben de lo que se pierden! La timidez se me fue hace mucho rato.

Soy el dueño de mi destino

Yo soy el constructor de mi destino. Nadie más. Con este medio ambiente en el que me tocó crecer, con estos amigos que hoy tengo frente a mí, con mis padres, con mi familia, con lo poco o mucho que poseo, soy el responsable de mi destino. Nadie puede decidir por mí. No creo en astrólogos, en cartomancia, en agoreros. Lo que haga hoy y mañana, lo decido yo y, por tanto, soy el responsable absoluto de mis actos. Es lo que aprendí estudiando el capítulo del valor y la responsabilidad ética en Insight, el libro de Bernard Lonergan. Nuestro profesor, Jaime Barrera Parra, me ayudó a entender esto, a vivirlo y me cambió la vida. Cuando lo experimenté como una vivencia gracias a mi compañero Goyo Vélez, con quien compartí profundamente esta vivencia durante un año, tomé la decisión serena de retirarme de la Compañía de Jesús. Soy consciente, soy inteligente, soy responsable y yo decido por mí. Y me gozo la vida. Y es una maravilla.

Estoy de paso

Tengo la plena conciencia de ser pasajero. Estoy aquí de paso y, por lo tanto, no me amarro a nada. La vida hay que enfrentarla así. Porque somos pasajeros, no me aferro a nada. Todo se acaba, aun lo más bello. Por lo tanto, hay que gozar lo bello. Prefiero ir a contemplar obras bellas, la grandeza de una catedral gótica del siglo XIII, que ir a comprar cachivaches que no sirven para nada.

Tengo conciencia de estar permanentemente en la presencia de Dios 

Me siento en presencia de Dios siempre. Procuro hacer examen de conciencia a cada rato. ¿Cómo voy, cómo estoy? Sin meterle fanatismo. Eso ya es algo connatural en mí. 

Quiero estar conectado en mi corazón con todos los que me aman 

En todo momento, por ejemplo, siento a Federico, a mi hijo y a mi nuera en Berlín. A Sergio Andrés en Bogotá, a María Angélica en Holanda… Y hoy, aquí con ustedes, mis amigos queridos. Me conecto con quienes amo. 

Hay que hacer el bien

¿Cómo quiero que me recuerde la gente cuando me vaya? Tengo que hacer el bien si quiero que la gente me recuerde como una persona bondadosa. ¿Cuál sería mi epitafio? Que otros lo escriban. 

¿Qué es lo fundamental en mi vida? 

¿Por qué y para qué estoy aquí en esta vida? ¿Cuál es la ruta y para dónde voy? El “principio y fundamento” de san Ignacio de Loyola es una formidable guía para mi vida. Todo es relativo y se supedita a lo fundamental. Eso me da una libertad interior maravillosa. Estoy listo para partir, aunque me duela y aunque tenga que dejar lo más bello. Estoy decidido a acompañar con mi vida a Myriam y a mis hijos que son mi núcleo fundamental y mi responsabilidad en esta vida. Y quiero darme el gusto de hacer solo aquello que embellezca mi vida y evitar todo lo que la degrade. Estoy aquí para amar, servir y hacer el bien

Bernardo Nieto Sotomayor

Agosto, 2022

6 Comentarios
1 Linkedin
Download PDF

Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 14 de Julio, 2022
1 comentario
1 Linkedin