Segunda parte
Heriberto Bravo, un antiguo compañero en la Junta de padres de familia del Colegio San Bartolomé La Merced, decidió contarme su experiencia como intermediario en la sanación de personas. Me contó que recibió ese don, gracias al cual Dios sana las dolencias de las personas. Aquí amplío su historia.
- ¿Cuánto duran sanas las personas que se han sanado por tu medio?
Cuando Dios sana lo hace por siempre. Las oportunidades de sanar son muchas y no están referidas únicamente a la salud física. Dios no habla de enfermos, sino de excluidos. Los excluidos de la salud son solamente una de esas comunidades. También hay excluidos del amor, de la economía, de la justicia, de la iglesia, del sexo, de la religión, por causa de la raza etc.
- ¿Quién te dio ese poder?
Los dones son regalos de Dios y los entrega a quien quiere, cuándo y en las condiciones que quiere, siempre y cuando la persona haya sido preparada por Él. No hay recetas y su comunicación es con cada uno. Quienes piden dones específicos porque les parecen maravillosos en otras personas, pueden “herniarse” pidiéndolos. El sólo los entrega si uno ha sido preparado por Él que conoce las capacidades y responsabilidad de cada uno. Una vez entregados, uno toma la decisión de aceptarlos o no.
- ¿Cómo descubriste que tienes esa autoridad?
Fue una entrega en la iglesia de Girón, Santander, el día de Santa Brígida, después de dos años de acudir a muchas personas santas, monjas y sacerdotes y fue un camino duro. No sabía orar ni cómo sería la persona que aparecería en mi camino. No les creía a quienes me decían que se habían sanado. Yo quería que me dijeran: “Eso es una ilusión, una mentira”. Debía encontrar a alguien que aclarara mis dudas, hasta que me encontré con una subalterna a quien le iban a cortar una pierna.
Era una mujer de unos 30 años, con una bacteria en una pierna y que podía pasársele a la otra. Una tarde me contó llorando su caso en mi oficina. Yo tenía que tomar una decisión: “O le digo que sí puedo orar por ella o me quedo callado y me dedico a consolarla”. Era mi decisión. Lo primero era muy fuerte para mi ego. Era jefe en un proyecto de 150 especialistas, 80 de diferentes países de América, Europa y Australia y 70 colombianos. Si Dios no me cumplía sanándola, quedaría como un brujo y le quitarían la pierna. Si no hacía nada y ella llegaba 3 meses después sin pierna, ya no podía remediarlo y perdería la oportunidad de saber sobre mi don. Con esa disyuntiva, la invité a misa y oré por ella, con las palabras Dios que puso en mi boca.
Pasó el tiempo y me olvidé del tema. Unos 10 días después, la mujer me estaba esperando temprano. Me abrazó llorando y me comentó que el médico le había repetido todos los exámenes médicos para decidir el sitio donde debía cortar la pierna. Cuando le entregó los resultados, ¡Oh sorpresa! el médico no podía creer: la médula se había restaurado totalmente y tenía una infección apenas de medio centímetro que se podía tratar con medicinas simples. Era el primer caso médico de curación y en las historias clínicas no había otro documentado. El médico presentó el caso en un Congreso. Además, le preguntó repetidamente a mi subalterna qué había hecho para que eso sucediera. Ella le contestaba que nada. Al final, la presión fue tal, que ella le contó que su jefe había orado por ella. El médico le contestó que, si los milagros existían, ese era realmente un milagro. Le di gracias a Dios: ¡Me cumplió! Es verdad, me regaló ese don. Lloré también. El resto es historia.
- ¿Ha habido más casos de sanación?
Muchos. Hubo una mujer con un cáncer en un ojo que no podían tratar en Colombia. El médico tratante era amigo mío en una clínica muy conocida. Oré con ella. La enviaron con todos los exámenes a Houston para que la operaran y con una carta de recomendación para un médico colombiano que vivía allí. Debían operarla o el cáncer se le pasaría al otro ojo y quedaría ciega. En Houston le repitieron los exámenes médicos y cuando fue a recibir los resultados, el doctor le preguntó si tenía dinero. Como era de una familia adinerada, ella respondió que le podía pagar de contado. El médico le dijo: “A mí sólo me debe US$300. El resto es para que se compre un tiquete y se vaya a Miami un mes a descansar, porque usted no tiene nada en sus ojos”. Al mes fue a darme las gracias. Eso debió ser en el año1999 o 2000.
A partir de ese momento me hice consciente de mi misión y comencé a leer la biblia. La leí varias veces, menos el apocalipsis. De manera selectiva pasaba por librerías católicas buscando libros con historias de personas que hubieran tenido encuentros con Dios. Leí las “Confesiones” de San Agustín; “La sabiduría de un pobre”, de San Francisco de Asís, las “Moradas” de Santa Teresa, las cartas de Santa Joaquina de Vedruna y cerca de 80 libros más de personas que habían sido tocadas por la misericordia de Dios. Así fui clarificando mi regalo. En la oración entendí mi relación con Jesucristo. He tenido la oportunidad de compartir con algunas personas de oración, consagrados o laicos. Es una espiritualidad desconocida para nosotros, nutrida en el mundo de una manera distinta por personas del común.
- ¿Qué han dicho los médicos sobre las sanaciones? ¿Has tenido dificultades con alguno de ellos?
Nada. Yo vivo en Bogotá como uno más entre 8 millones de habitantes. ¿Qué me pueden decir? No hay un sitio en donde puedan conseguirme, no tengo propaganda. A la iglesia voy a misa y al sagrario voy a orar. He tenido la oportunidad de orar por un médico, en un encuentro casual junto al sagrario. Están muy agradecidos con Dios por haber tenido ese encuentro providencial. Yo estaba orando y ellos llegaron a orar también. Dios hizo lo suyo y ellos son hoy en día mis amigos. Si alguno de sus pacientes por intermedio de mí ha recibido alguna acción de Dios, ellos le dicen que me den las gracias. Los médicos no conocen mi nombre porque les pido el favor que le den las gracias a Dios y nada más. No estoy en redes, ni en directorios, ni en la búsqueda de clientela, como dicen los estrategas del “marketing”.
- ¿Te pagan por tu servicio?
Jamás. Dios obra en el lugar menos esperado y en el momento menos previsible. Puede ser la calle, un hotel o una reunión con personajes de cualquier estrato. A mí me ha preparado para caminar y encontrarme en el camino con el otro. Tengo clara mi responsabilidad. El testimonio de Dios es el que encamina a cada uno.
- ¿Tú has sido sanado?
Sí
- ¿Perteneces a algún grupo de oración?
Soy de la comunidad de Emaús de la parroquia de Santa Beatriz, pero ahí soy uno más de los muchos que han hecho los retiros. Voy de vez en cuando, pero nunca hablo de este tema. La comunidad a la que pertenezco se llama “Peregrinos del amor del Dios Trino”, conformada por personas como yo. Trabajamos como cualquiera en labores para las que nos hemos preparado. Hay médicos, ingenieros, contadores etc. El lugar de oración es el sitio en donde nos encontremos con el excluido. No conozco aún a otro de los integrantes; sé que son bastantes y tengo la promesa de encontrarme con alguno o algunos cuando Dios lo quiera.
- ¿Cómo te preparó Dios para esta misión?
Fue una sorpresa para mí pues la preparación la hace Dios en silencio, con tiempo y sin darse uno cuenta. Conmigo fue claro en hacérmelo saber. Además, los elementos que soportan el don son las cualidades de cada uno.
Enumero algunas de ellas. Es muy importante tener clara la misión, centrarse en ella y no abarcar lo que uno no conoce. El liderazgo permite que uno hable y le crean porque uno es cumplido y con credibilidad. La capacidad de dar lo mejor de cada uno en beneficio de una comunidad. Es lo contrario del individualismo, cuando se ponen los conocimientos al servicio de una tarea, pero buscando el reconocimiento por encima de la comunidad. La sensibilidad, que permite sentir el dolor y la necesidad ajenas. La capacidad de resolver problemas complejos con soluciones simples. La justicia para reconocer el trabajo de los demás.
Las cualidades uno las ha ido moldeando, capacitándose en el trascurso de la vida. Un día se las enumeran y le dicen que eso es exactamente lo que se necesita para generar confianza en las personas. En mi caso no debo cambiar nada, porque perdería credibilidad. Los demás elementos de un don los entrega Dios en silencio y, al recibirlo, uno tiene todas las herramientas para manejarlo.
Con las revelaciones, lo que yo llamo “píldoras de amor divino”, me llamaba la atención que me ponía a pensar en cosas como absurdas y duraba días tratando de resolverlas. Ejemplo: “¿El agua apaga el fuego o el fuego se autoconsume al contacto con el agua”? Un día cualquiera tomé la biblia y leí un fragmento que me mostró claramente la respuesta. A través de la lectura de la Palabra, se dan respuestas a muchas dudas. En oración con otras personas que tienen dones también se pueden recibir gracias, carismas, o clarificación de conceptos que uno no maneja. En mi caso, encontré respuestas en la lectura de libros en los que quise conocer las experiencias de laicos o consagrados en su relación de Dios.
También tomé un seminario de un mes sobre discernimiento en la Universidad Javeriana. Sólo estábamos dos laicos y participé porque me decían que a través del discernimiento uno hablaba con Dios y yo quería llegar a eso. No hablé con Él, pero fue importante para mí. También hice dos retiros espirituales. Uno en 2007 con el padre Julio Jiménez, jesuita. Fueron nueve días en silencio y para mí fue realmente extraordinario pues tuve unas experiencias asombrosas. El día que pueda lo repetiré. El otro fue el retiro de Emaús en 2018, bien diferente.
En la medida en que uno comienza el recorrido, debe estar seguro de que estará protegido por Dios. Hay que estar siempre atentos, ser prudentes y humildes. Yo quería saber más y un día Dios me dijo: “No se preocupe por tratar de entender con la razón; toda la capacitación estará de mi parte y usted la tendrá antes de que la necesite. Su misión está en la vida diaria, donde no necesita tener esos conocimientos. Hay más de doscientas mil personas con posgrados, doctorados y posdoctorados que saben más que usted de esos temas”.
- ¿Qué te motiva para seguir en esta tarea?
Tengo varias motivaciones que describo aquí. Durante mi vida laboral nunca dejé nada sin terminar. Lo que soñé, lo logré. Le pido a Dios que me deje vivir para terminar mi misión. Lo que yo llamo “los caramelos de Dios” son las sorpresas de amor que Dios tiene para uno. Son consolaciones que Dios permite conocer, sentir, de manera sencilla a cualquier persona. Es sentir que Jesús se abaja hasta hacerse amigo del excluido y a quien Él le regala su misericordia. Además, la capacidad de asombro. Dios no tiene una formula repetida para entregar su misericordia. Son dosis personales de amor divino y con estrategias diferentes.
Es muy importante que la oración sobre una persona sea hecha con alegría. En esos momentos estamos en el mismo nivel Jesucristo, la persona y yo, como puente o intercesor. Él hace su obra. Es maravilloso ver pasar a alguien de la angustia a la plenitud. La oración comienza cuando la persona me saluda, se sienta y comienza la conversación. Normalmente me preguntan a qué hora vamos a orar. Yo les digo que la oración comenzó hace rato. Es maravilloso ver el asombro y la tranquilidad de la persona que no se siente juzgada, ni interpelada. Es gratificante y sobrecogedor alcanzar la solución de una necesidad en el nombre del Señor en una oración entre amigos. Es el Jesús Amigo, quien se hace presente. Ser testimonio de que la persona es evangelizadora de sí misma, asombrada por lo alcanzado.
La gente se siente amada, da gracias, siente la necesidad de mejorar, de arrepentirse, de declararse creyente aun sin entender cómo un ser humano normal, pecador como el, facilitó el prodigio. Se le invita a seguir caminando y nutriéndose con la misericordia de Dios. Eso solo lo premia el amor de Dios recibido por uno.
Por misericordia de Dios uno es convocado a una misión, para hacer lo mismo que Él y cosas más grandes. Eso es verdad si se confía, si se entiende y se trasciende; es posible si se tiene fe. Uno está motivado para hacerlo con compasión y amor y para tratar de que, en cada momento, uno pueda avanzar construyendo su propio camino, siendo testigo del Dios del amor y un colaborador en la creación del camino de salvación.
- Muchas gracias, Heriberto. Nos volveremos a encontrar para seguir conversando.
Con mucho gusto, Bernardo.
Bernardo Nieto Sotomayor
Octubre, 2025


3 Comentarios
Un magnífico ejemplo de lo que la humildad, la oración, las intenciones de tener solidaridad y ser de ayuda a los demás, con toda simplicidad puede realizar. Está comprobado que los milagros existen, desde luego, con la ayuda de Nuestro Señor.
Muchas gracias por hacernos conocer este constructivo testimonio, expresado con sencillez.
La afirmación que nos introduce a la conversación, nos abre las puertas a muchas otras formas de sufrimiento y de sanación, para las que hay remedio en Dios por medio de la oración donde somos redimidos y sanados con su amor:
“Cuando Dios sana lo hace por siempre. Las oportunidades de sanar son muchas y no están referidas únicamente a la salud física. Dios no habla de enfermos, sino de excluidos. Los excluidos de la salud son solamente una de esas comunidades. También hay excluidos del amor, de la economía, de la justicia, de la iglesia, del sexo, de la religión, por causa de la raza etc.”
Muchas gracias Bernardo por traer a nosotros las vivencias de este don en medio de un mundo que casi ha olvidado cómo Dios no cesa de obrar en el mundo, incluso en la salud, si le abrimos nuestro corazón dejándolo actuar en nosotros con humildad, con fe y alegría.
Bernardo necesitamos seguir aprendiendo a ver lo que no se ve. Muchas gracias.