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exjesuitas en tertulia

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Frente al paisaje abierto, me llamó la atención lo que parecía insignificante, pero que, a la vez, brillaba como perlas: el reflejo de la luz en las cuatro gotas. 

La palabra insignificante se entiende como algo de poca importancia, pequeño, irrelevante, intrascendente, trivial, mínimo.

Esto es lo primero que se me ocurrió frente al paisaje: lo inmediato fue la idea de insignificante, tanto así que se dice -de manera resignada- “apenas cayeron cuatro gotas” pero no pude sustraerme al brillo de las cuatro perlas y, enseguida, me pregunté por un posible significado de ellas. 

Insignificante, literalmente, es lo contrario de significante. En lingüística, significante es la palabra o el signo que revela un significado. Pero, entre el significante y el significado está el “significador” con su acto de elaborar una significación, un sentido para la palabra o para el signo. Lo que parece insignificante puede tener ricos significados.

El signo 4, evoca:

– los cuatro puntos cardinales,  

– las cuatro estaciones, 

– los cuatro elementos básicos de la naturaleza,

– las cuatro fases de la luna, 

– las cuatro patas de una mesa y de muchos animales, 

– los cuatro jinetes del Apocalipsis (con sus respectivos caballos), 

– las cuatro “virtudes cardinales”, 

– las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar,

– las cuatro nobles verdades en el budismo, 

– los cuatro Evangelios. 

Así pues, una palabra o un signo no es insignificante o importante, en absoluto, sino que depende del sentido que encuentre o le dé el significador, quien es cada uno de nosotros, en cada cultura. 

Para algunas mentalidades, el niño, o la mujer, o el pobre, o el “indio” … son insignificantes; o las pequeñas acciones son intrascendentes; o la oración es trivial. Afortunadamente, cada vez más, la mentalidad es diferente y más positiva. 

  • Los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste) nos descubrió “El secreto de la laguna” que no son cuatro, pues el quinto y principal es el centro, el corazón, que es el guía principal en el camino de la vida.
  • Las cuatro estaciones, las pude experimentar, aunque suaves, en mis primeros años.
  • También descubrimos que los elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire, fuego) no son cuatro, pues el quinto o primero es el espíritu. 
  • Las cuatro fases de la luna son: luna nueva, cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante, dependiendo de la luminosidad del sol, reflejada según los giros. 
  • Las cuatro patas de una mesa dan la imagen, sensación y realidad de estabilidad y firmeza. 
  • Las cuatro patas de muchos animales les ofrecen algunas ventajas, sobre todo en movilidad, pero tienen sus limitaciones, como en la manipulación de objetos, posible en los humanos por la liberación de sus manos. 
  • Los cuatro jinetes del apocalipsis son muy enigmáticos, aunque hayan tenido diversas interpretaciones, y hasta inspiraron a distintos artistas.
  • Las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) se han identificado como virtudes humanas fundamentales, que agrupan diversos hábitos intelectuales y volitivos, positivos para la vida personal y social.
  • Las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar son: experimentar conscientemente, comprender inteligentemente, afirmar razonablemente, decidir responsablemente. 
  • Las cuatro nobles verdades son los principios del pensamiento y de las orientaciones del budismo: 

) La verdad del sufrimiento describe una condición general de la existencia humana que se manifiesta en dolor, insatisfacción, frustración, envejecimiento, enfermedad y hasta la muerte. 

2ª) El origen verdadero del sufrimiento está en el apego, la avidez, los deseos compulsivos y la ignorancia; queremos retener lo agradable y rechazar lo desagradable. 

3ª) La tercera verdad consiste en que es posible liberarse del sufrimiento en uno mismo y ayudar, con la compasión, a que los demás puedan superar el sufrimiento.

) La Noble Verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento; es el óctuple sendero de ocho prácticas: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención consciente correcta y concentración correcta. Se busca conseguir sabiduría, actuar con una conducta ética y desarrollar la adecuada disciplina mental. 

– Y llegamos al signo de los cuatro evangelios, que son cuatro versiones o escritos complementarios sobre el Evangelio, la Buena Nueva, que es la persona de Jesucristo, su vida, su mensaje y el camino que nos enseña a recorrer, unidos a EL y a los demás.

Las cuatro verdades del Evangelio son:

  1. Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es uno solo y es el creador y conservador del cosmos evolutivo y, por tanto, de la especie humana.
  2. Jesucristo es el Salvador del pecado, del mal y de la muerte.
  3. El destino de la historia y de la humanidad es la Salvación en la unión con Dios. En una palabra: vivir en el Espíritu de Dios.
  4. El camino que conduce a la Salvación es Jesucristo: la fe en El, el amor sin límites, la esperanza en sus promesas y la confianza en su palabra, unidos a los demás. 

Las cuatro gotas de agua pendientes de la rama del árbol son signos del rocío mañanero, secuela de una noche húmeda. Pero, además -como símbolos- nos han lanzado más allá; nos han remitido a varios significados y nos han evocado diversas realidades y doctrinas.   

Vicente Alcalá Colacios

Junio, 2026

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La muerte es una realidad que conocemos desde niños. Vamos a entierros de familiares, escuchamos noticias de accidentes, vemos partir a los abuelos de otros, oímos de guerras y masacres, acompañamos a amigos en sus duelos. Desde muy temprano entendemos intelectualmente que todos los seres humanos vamos a morir. Sin embargo, durante décadas esa certeza permanece lejana, casi abstracta, como si perteneciera siempre a los demás.

Cuando uno es joven, la muerte parece un dato estadístico. Puede conmovernos la tristeza de una familia o impresionarnos el ritual solemne de un funeral, pero íntimamente seguimos convencidos de que nuestra propia vida todavía pertenece a un horizonte remoto. La muerte existe, sí, pero ocurre en otra parte, en otro tiempo, en otras personas. Sucede allá, no aqui.

Incluso hoy, a mis 82 años, descubro algo extraño: emocionalmente todavía no siento cercana la muerte. Racionalmente sé perfectamente que estoy en la última etapa de la existencia. Sé que, por simple ley biológica, estoy ad portas de partir. No hablo necesariamente de una enfermedad terminal ni de una tragedia anunciada. Simplemente hablo de la edad. A esta altura de la vida, cualquier día puede convertirse en el último. Un infarto inesperado, la implantación de un marcapasos, una caída, una neumonía, una noche cualquiera. La inminencia de la muerte ya no es una hipótesis sino una condición permanente.

Y, sin embargo, el corazón continúa viviendo como si todavía existiera un mañana permanente. Tal vez esa sea una gran paradoja de la vida: el cuerpo envejece más rápido que la conciencia emocional de nuestra propia finitud. Uno sigue haciendo planes, comprando libros que probablemente no alcanzará a leer, imaginando viajes, conversaciones pendientes, proyectos futuros. La vida conserva una fuerza potente que nos protege de darnos cuenta que el final está a la vuelta del camino.

Pero hay momentos en los que esa distancia emocional comienza a resquebrajarse.

En lo que va de este año,  ya han muerto tres compañeros de mi edad: Carlos. Juan Camilo y ahora Alfredo. No eran simples conocidos lejanos ni nombres sociales que uno apenas recuerda. Eran amigos entrañables, con quienes de niños corrimos hace setenta años por las verdes veredas de Zipaquirá, soñamos juntos en ser sacerdotes y salvar el mundo del pecado, personas, con quienes compartimos conversaciones, afectos, recuerdos, visiones de mundo y fragmentos importantes por muchas décadas. Y su muerte produjo algo distinto. No fue solamente tristeza. Fue también una especie de revelación silenciosa.

Porque cuando mueren personas de la propia generación, especialmente aquellas que uno quiere profundamente, la muerte deja de ser una teoría general sobre nuestra condición humana y empieza a convertirse en una posibilidad concreta real y cercana.

Cada funeral de un amigo entrañable y contemporáneo es como un espejo. Ante la imagen de los restos cremados uno comprende, aunque sea por segundos, que ya no se está acompañando únicamente la partida de otro. También se está contemplando discretamente el propio destino. No de manera morbosa ni trágica, sino con un gran sentido de la realidad. La muerte empieza a rodear el paisaje cotidiano. Ya no pertenece solamente al recuerdo lejano de los padres o a los abuelos que han fallecido. Ahora la muerte se convierte en una realidad inminente.

Y hay algo profundamente conmovedor en esa experiencia. De joven, la muerte interrumpe la vida. De viejo, comienza a ser parte de ella.

Las conversaciones cambian. Ya no se habla únicamente de proyectos futuros sino también de ausencias. Empiezan a faltar voces en las reuniones, sillas vacías en las comidas, llamadas que nunca volverán, abrazos que nunca se dieron. Desaparecen la vida poética de Alfredo, los análisis profundos de Carlos, las iniciativas de emprendimiento de Juan Camilo. 

Pero curiosamente, esta cercanía de la muerte no siempre produce desesperación. A veces genera una sensibilidad distinta frente a la vida. Las cosas pequeñas adquieren otro valor: una conversación tranquila, el afecto de la esposa y de los hijos, la música, un café compartido, la posibilidad de caminar todavía sin ayuda, la simple alegría de despertar un día más.

Quizás la conciencia de la finitud vuelva más transparente lo verdaderamente importante. La juventud vive muchas veces bajo la ilusión de que el tiempo es infinito. En la vejez, en cambio, entiendo que el tiempo es un recurso extraordinariamente escaso. Y precisamente por eso cada instante comienza a adquirir una profundidad emocional más significativa.

No sé cuándo llegará mi muerte. Puede ser dentro de unas semanas o meses o de varios años. Nadie lo sabe. Lo único cierto es que, a esta edad, la muerte dejó de ser un visita improbable y empezó a convertirse en una presencia silenciosa que camina cerca, aunque todavía no termine de aceptarla del todo.

Tal vez el ser humano nunca logre reconciliar completamente la razón con la emoción frente a la muerte. La inteligencia entiende el final; el corazón siempre cree, de alguna manera, que aún queda tiempo. Y quizás sea bueno que así ocurra. Porque esa extraña resistencia interior es también lo que nos permite seguir viviendo, seguir amando, seguir haciendo planes hasta el último día y seguir agradeciendo la fortuna de haber vivido con la familia y con los amigos de toda la vida. 

Silvio Zuluaga

Junio, 2026

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En una tertulia fraternal, muy sincera y realista, nuestro invitado nos presentó los retos de un obispo hoy en día en una realidad muy diferente de la de hace casi 50 años en la Iglesia Católica. Presentamos a nuestros lectores esta sesión con las preguntas y comentarios que fueron respondidos por nuestro invitado con claridad y espíritu abierto.

Haz click aquí para disfrutar del video de nuestra tertulia: https://youtu.be/G0viE6bSdSc

Exjesuitas en tertulia- 21 de Mayo, 2026

Resumen de la tertulia:

Esta fue la reunión número 290 del grupo de ex-jesuitas, donde Juan Vicente Córdoba S.J., obispo de la diócesis de Fontibón, presentó los retos contemporáneos de un obispo católico. Juan Vicente explicó la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad, destacando la transición de una pastoral de conservación a una pastoral de misión según lo establecido en Aparecida 2007. Describió cómo el 70-80% de la población católica no bautiza a sus hijos ni participa activamente en la Iglesia, dejando solo un 10-15% comprometido. Los participantes discutieron temas como la desclericalización de la Iglesia, la crisis de la fe en la sociedad moderna, y los desafíos actuales como la pederastia en la Iglesia, la necesidad de formación católica en colegios y la falta de compromiso de la Iglesia anteriormente con las desigualdades y las injusticias sociales, con un mensaje dogmático y excluyente de quienes no creyeran y falta de aceptación de las diversidades humanas. La conversación también abordó temas sobre el sacerdocio célibe, la ordenación de mujeres, y estrategias para evangelizar en la era actual.

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El ser humano posee una estructura cerebral que le permite vivir y desarrollarse en el medio más hostil que existe sobre la tierra, gracias a varias zonas o lóbulos que se complementan y le permiten subsistir, prosperar y ser feliz a lo largo de su existencia.

La principal zona de su cerebro que le permite pensar, raciocinar y sopesar alternativas de supervivencia y desarrollo aplicando la lógica y la sensatez es el lóbulo frontal, propio del homo sapiens, o sea del ser humano actual. Este lóbulo le induce a tomar las decisiones correctas frente a situaciones disímiles que pudieran causarle problemas en su salud, en su bienestar o para la existencia misma y para su progreso y felicidad. Es raciocinio y lógica, es sensatez y equilibrio mental para tomar la mejor alternativa en un momento dado. Es la Sofrosine que promulgaban en la Grecia antigua como el ideal humano.

Igualmente, tiene una zona llamada sistema límbico (hipotálamo) que ejerce las funciones primarias y automáticas de la vida como la respiración, la digestión, el funcionamiento del corazón, hígado, riñones, emociones y, en general, todo lo que el sistema autónomo requiere para continuar y perpetuar la vida donde se desarrolla su existencia. Es el llamado cerebro reptil que compartimos con todos los mamíferos para la subsistencia.

Las decisiones tomadas por personas, en muchas situaciones de la vida, parecieran hacer caso omiso a lo que un sano y recto juicio pudiera aconsejar, y más bien obedecen a emociones automáticas o impulsos animales, ya sea por prejuicios inconscientes, por obstinación, ignorancia o por presión social del medio donde se desenvuelven. 

No de otra manera se comprenden ciertas manifestaciones que parecieran obedecer a un cerebro primitivo sin rastros de un raciocinio lógico al momento de tomar una determinación importante para sus vidas y para las personas que lo rodean. Tomar decisiones en base a emociones pareciera ser el común denominador del ser humano actual, especialmente en países atrasados en lo económico, educativo y social. 

Esto se aplica a nuestro país, Colombia, y se manifiesta agudamente en lo político ad portas de la elección de quien va a dirigir los destinos de la nación, nuestros propios destinos…

En redes sociales, en periódicos, en noticieros, y en general en la calle se nota el desborde de pasiones al hablar de X ó Y personaje, el cual se encarga de alterar las pasiones y emociones con su verborrea grandilocuente e incendiaria para atraer votantes, consciente de que eso es lo que despierta el ego de las personas y especialmente del pueblo que vota, que es el pueblo de las multitudes movidas emocionalmente ante los arrebatos del líder.

No se comprende cómo se eligen en Colombia personajes oscuros de talla menor, para dirigir nuestros destinos. El que más grita, el que destripa al adversario en los encuentros, el más patán ante las cámaras, ese parece ser el que atrae a las multitudes…El sistema límbico en acción ganándole al lóbulo frontal por goleada…Ese es nuestro país, esa es la educación que hemos tenido durante siglos, ese es el ejemplo que hemos recibido de los dirigentes políticos durante nuestra era republicana. Ese es el país que seguimos perpetuando con nuestro voto, teniendo opciones mejor preparadas para ser un excelente presidente del país si apelamos a nuestro lóbulo frontal y aplicamos raciocinio lógico desprovisto de impulsos emocionales, muchas veces fortalecidos por encuestas amañadas que engañan al elector. 

¿Quién tiene el mejor programa de gobierno? ¿Quién tiene una trayectoria brillante durante su desempeño en un cargo público? ¿Quién ha demostrado resultados tangibles de buen gobierno durante su carrera política? ¿Quién demuestra los valores de una persona equilibrada y racional? 

Estos y otros interrogantes son los que debería hacerse el pueblo colombiano a la hora de depositar su voto. Este ejercicio es el que realiza una persona sensata y racional a la hora de tomar una decisión tan importante para sus vidas y para el país.

Al aplicar el raciocinio, la lógica y el recto criterio, aun en contravía de las amañadas encuestas, descubriremos un personaje que puede sacar al país de los enfrentamientos entre los bandos extremos que llevan 200 años destruyendo a Colombia. De lo contrario, sería como botar el voto a la hoguera de la violencia ancestral ya enquistada en este martirizado país.

John Arbeláez Ochoa

Politólogo 

Mayo, 2026

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A Alfredo Cortés Daza

En su nueva morada, rodeado de poetas como él, contempla Alfredo el gran reloj del Tiempo y su inscripción: AHORA.

ALFREDO CORTÉS.- Amigo Horacio, atento estuve a tu consejo del carpe diem.

HORACIO.- Es lo mejor ante el futuro incierto y antes de que la pálida Muerte venga a golpear en nuestra puerta.

MIGUEL DE CERVANTES.- La muerte es sorda, y cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de prisa. En un instante se pasa la vida, y en otro instante se acaba. 

JORGE MANRIQUE.- Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Ya experimentamos cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando.

MIGUEL DE CERVANTES.- La vida es breve, la ocasión corta, los médicos muchos y las enfermedades crecientes.

SÉNECA.- La vida es larga si se sabe usar. No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. 

SOFROSINA.- Y si la vida sabemos usar, a la muerte ni temerla ni buscarla, sólo esperarla. 

LINGUACUTA.- A mal que no tiene cura, hacerle la cara dura.

LUIS DE GONGORA.- (Declama con solemnidad.)

Goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

FRANCISCO DE QUEVEDO.- (Que todavía se echa pullas con Góngora, no quiso aparecer como menos menos inspirado y recitó muy serio los siguientes versos.)

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte. 

JORGE MANRIQUE.- Ojalá vean los vivientes de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos, que en aquel mundo traidor aun primero que muramos las perdemos. 

ANTONIO MACHADO.- Cuando llegó el día de mi último viaje, y partió la nave que nunca ha de tornar, me encontraron a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. 

QOHELET.- Vanidad de vanidades y todo vanidad.

ANTONIO MACHADO.- Nada eterno: ni gobierno que perdure, ni mal que cien años dure.

JORGE LUIS BORGES.-  Como nacen los linajes que en polvo se deshacen, todos vamos hacia el olvido, la única diferencia es que algunos llegan más rápido.

ANTONIO MACHADO.- Por eso nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; amé los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. 

ALFREDO CORTÉS.- Me fui al Diccionario de la Real Academia Española donde dice que longevidad significa larga duración de vida. Pero no es eso lo que busqué para mis días. Yo no busqué largos años. Sólo luché, celebré y viví para el amor. El amor sobretodo a Elsa en lo que llevamos más de 50 años juntos.

SOFROSINA. ¡Admirable!

ALFREDO CORTÉS.- No entendí la vida sino como una confirmación, cuidado y exaltación del amor. Así la entendí. Una vida hecha de instantes, con instantes a los que se les pide que duren. Fue lo que busqué y quise: multiplicar hasta el infinito los instantes de amor por Elsa.

Quevedo, haciéndose eco de la emoción que embargó a todos los presentes, exclamó: 

Alfredo, venas que humor a tanto fuego han dado, polvo serán, mas polvo enamorado.

Rodolfo Ramón de Roux

Junio, 2026

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El talón de Aquiles, la gran debilidad de los programas de gobierno de los candidatos presidenciales que van punteando en las encuestas, es su casi total silencio ante el problema más grande que les va a tocar enfrentar: el enorme déficit fiscal. Cepeda ha propuesto un camino posible que es el Pacto Fiscal, pero todavía no hay detalles de cómo se haría. Las propuestas de los otros candidatos son más gaseosas o irreales.

El tamaño del problema

Son ya muy conocidas las cifras del déficit fiscal y la deuda pública: para este año se estima que el primero estará por encima del 6% del PIB (más de $120 billones), y la deuda pública superará el 60% del PIB. Son cifras asustadoras y muy por encima de los promedios históricos de Colombia, pero es necesario decir que las cifras en sí mismas no son el problema, sino el contexto y las características de cada país.

Por ejemplo, la deuda pública de Colombia parece muy pequeña si se compara con países que son vistos como ortodoxos y responsables en el manejo de sus finanzas públicas. En Japón supera el 200% del PIB, en Italia, Estados Unidos, Francia e Inglaterra supera el 100% del PIB, y en todos ellos el déficit fiscal es significativo, aunque solo en Estados Unidos y Brasil es mayor que el de Colombia.

Sin embargo, estas comparaciones no pueden ser motivo de consuelo ni de tranquilidad, porque lo importante no es el tamaño de la deuda y el déficit, sino su sostenibilidad, lo cual se refiere al costo que se paga por esa deuda y, en el fondo, saber si cada país puede conseguir quien le preste para financiar el déficit y para renovar o prorrogar la deuda. Acá es donde están los problemas de Colombia.

A pesar de sus altos índices de endeudamiento, la mayoría de los países industrializados no tienen dificultades en conseguir plata prestada, y además lo hacen en sus propias monedas, lo cual reduce significativamente el costo y el riesgo de los créditos. 

Donde sí están empezando a tener problemas, sobre todo en casos como el de Estados Unidos o Inglaterra, es en el costo de la deuda, porque los mercados ya están empezando a tener dudas sobre la capacidad de pago futuro de esos países. La regla simple de la sostenibilidad es que la tasa de interés real que se pague por los préstamos no debe ser mayor que la tasa de crecimiento de la economía, lo cual depende de la confianza que tengan los prestamistas en la responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas.

Ese es precisamente el problema de Colombia: que el déficit fiscal ha crecido y no hay expectativas claras de que se vaya a reducir, lo cual en el corto plazo ha elevado las tasas de interés hasta los altos niveles del 14% anual o más que se está pagando por los TES. El problema se puede agravar si esta situación se prolonga, pues puede llevar a que ningún prestamista quiera prestar plata a Colombia, a ninguna tasa de interés.

La cifra oficial del monto de préstamos que necesita conseguir el país este año es de $128 billones, de los cuales la tercera parte es de créditos externos y el resto deuda interna. Pronto debe ser publicado el Marco Fiscal con los estimativos de las necesidades de desembolsos para el 2027, pero deben ser similares. Si no se consiguen esos recursos, ¿cómo se van a financiar las propuestas de gasto de cualquiera de los candidatos que gane las elecciones?

Las propuestas de solución

La CARF estima que el ajuste fiscal que debe hacer el país para garantizar la sostenibilidad de la deuda y las finanzas públicas es del orden de $100 billones (4% del PIB), aunque reconoce que se necesitarán 4 o 5 años para realizarlo puesto que es imposible hacerlo en un año. Pero el solo hecho de empezarlo debe reestablecer la confianza de los prestamistas y eliminar el riesgo de no conseguir créditos.

La falta de recursos públicos es la amenaza más grande que va a enfrentar cualquier gobierno, y es tan grave que puede impedir realizar todas las propuestas de campaña: ¿de dónde va a salir la plata para pagarlos? El gobierno Petro tuvo la posibilidad de usar recursos de crédito para sus programas sociales, pero la realidad es que esa ventana se está cerrando y cada vez va a ser más difícil y costoso conseguir quien nos preste.

La realidad es que las propuestas de los tres candidatos punteros implican un aumento del déficit fiscal: Cepeda para ampliar los programas sociales de protección y ayuda a la población más pobre; Paloma y el abogado, prometiendo reducir los impuestos. En las circunstancias actuales ninguna de las dos alternativas es posible. Más aún, cualquier candidato que hoy prometa que no va a subir los impuestos está mintiendo para ganar votos o no entiende la situación fiscal.

Por el otro lado, pretender reducir el déficit solo con recortes al gasto público es otra ficción. Las conclusiones de todos los estudios nacionales e internacionales muestran la gran inflexibilidad del gasto y reconocen que cerca del 90% del presupuesto nacional ya está comprometido o depende de normas constitucionales y de realidades políticas imposibles de modificar. El sistema general de participaciones, los gastos del sector defensa o la rama judicial, los pagos de pensiones y salud, para no citar sino los más grandes, no se pueden recortar. La motosierra de Milei aplicada en Colombia a programas sociales generaría un estallido social más grande que el del 2021.

La única salida posible ante tamaño problema es la pirinola mockusiana del “Todos Ponen”: un esfuerzo colectivo de todos los actores económicos, donde cada uno (incluyendo al gobierno) esté dispuesto a ceder un poco de sus intereses particulares en aras de lograr ese interés colectivo que es la sostenibilidad del Estado de Derecho.

Esa es la relevancia de un Pacto Fiscal como el propuesto por Cepeda en recientes declaraciones, y que debe ser uno de los temas prioritarios del Acuerdo Nacional: “un pacto fiscal, cuyos alcances y condiciones podrían ser dialogados y convenidos entre los gremios y grandes empresarios, la junta directiva del Banco, y el nuevo gobierno”. No lo dice él, pero ese diálogo debe incluir también a los trabajadores y representantes de otros sectores sociales que también tienen que aportar para el éxito del acuerdo si quieren lograr que se mantengan los avances sociales de los últimos años.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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En el último año (marzo 2006 comparado con marzo 2025) la economía creció 2,2 %, una cifra cercana al promedio de los países de América Latina y el Caribe, que en el 2025 crecieron 2,4 %.

Estos datos son mediocres. En Colombia, entre 2000 y 2019, antes de la pandemia, el crecimiento promedio del PIB fue de 3,9 %. Entre 2022 y lo corrido del 2026 el promedio ha sido de 2,9 %.

Se podría decir que la economía ha sido resiliente porque ha tenido que enfrentar los siguientes choques complicados: (i) la crisis energética, (ii) la situación fiscal y el peso de la deuda, (iii) la ineficiencia en el manejo del gasto y (iv) las tensiones entre el gobierno y el sector privado.

Las manifestaciones de la crisis energética son diversas. La más significativa es la agudización del déficit de la balanza comercial. En 2011, en plena bonanza petrolera, el superávit comercial fue de USD5.358 millones. Al terminar 2025 fue negativo en ‑USD15.204 millones. La exploración petrolera se frenó y actualmente la producción no supera los 750.000 barriles diarios. La financiación de la transición energética y la estabilidad de la balanza de pagos exige incrementar la producción hasta llevarla a un millón de barriles día.

El déficit de la balanza comercial muestra claramente que la economía tiene una fragilidad estructural. El país es importador y esta dependencia de los productos extranjeros termina reflejándose en un menor crecimiento del PIB. La situación se ha agravado en los últimes meses porque el peso se ha apreciado y el dólar ha bajado de precio. Si el dólar es barato las importaciones se aceleran y esta dinámica perjudica a la industria nacional.

La difícil situación fiscal del gobierno nacional se está reflejando en aumentos sustantivos de la deuda pública. De acuerdo con los últimos cálculos del Ministerio de Hacienda para 2026 se requieren desembolsos de créditos por valor de $128,4 billones¹. El pago de intereses, sin amortización a capital, este año será de $60,7 billones, que reducen la disponibilidad de recursos para la inversión. Esta situación incide de forma negativa en la economía, puesto que por cada peso de inversión del sector público se generan cuatro de inversión privada.

Es interesante observar que este año el mayor gasto público, que es una de las razones del incremento de la deuda, fue el componente más importante del aumento del PIB. Los sectores que más crecieron el último año fueron: administración pública, defensa, educación y salud [5,7 %]; actividades artísticas, de entretenimiento y servicios [3,2 %]; comercio [2,9 %]; manufactura [2,9 %].

Sin duda, el sector público juega un papel central en el impulso de la economía. El problema es que aumentos excesivos del gasto desequilibran las finanzas. Este año el gasto total del gobierno nacional será de 24,3 % del PIB, y el déficit fiscal de ‑ 6,2 % del PIB.

Por un lado, el mayor gasto público estimula el PIB pero, por el otro, al financiarse con deuda, reduce el margen de inversión, obstaculizando el crecimiento económico. El balance neto de estas dos tendencias contradictorias es complejo, y lleva a consideraciones de muy diverso tipo. Es un buen escenario para el enfrentamiento entre escuelas económicas. De todas maneras, las soluciones discrecionales tienen que ser responsables, evaluando de la mejor manera posible las interacciones que se presentan en uno u otro sentido.

Algunos analistas, y sobre todo el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), insiste en que el gasto público se tiene que reducir en $32,1 billones². Este escenario no es realista. En lugar de disminuirlo se tienen que crear condiciones para mejorar la eficiencia del gasto.

El manejo del Estado es inercial y paquidérmico. En 2026 la ejecución ha sido pésima. En marzo iba en 16,9 % (pagos/apropiaciones)³, cuando debería estar en 25 %. El Ministerio de Agricultura apenas había ejecutado 8,8 %.

Después de la administración pública, el siguiente sector es el de actividades artísticas y de entretenimiento, que creció 3,2 %. En los últimos años se ha ido potenciando, y el país ha ido ganando experiencia y desarrollando industrias importantes. El comercio y la manufactura crecieron 2,9 %. La actividad industrial todavía no logra ocupar el papel relevante que debería tener en el desarrollo económico.

Por el lado negativo, la construcción cayó ‑5,4 %. La política de vivienda del gobierno ha sido muy negativa y se ha olvidado que el sector de la construcción tiene escalonamientos hacia delante (carpintería, pintura, instalaciones sanitarias y cocina…) y hacia atrás (arena, cemento, piedra, metalurgia…). Su efecto multiplicador es significativo.

El sector agrícola también decreció en ‑1,4 %. La libra de café en Nueva York se está cotizando a USD 2,79, y hace un año estaba USD 4. A esta caída del precio se le tiene que agregar el menor valor del dólar. Ambos factores tienen una incidencia negativa en el ingreso de los hogares cafeteros. Preocupa, además, la baja ejecución del Ministerio de Agricultura.

El presidente Petro no ha facilitado el diálogo con el sector privado. No obstante esta desconfianza, la actividad empresarial se ha mantenido. Es imposible estimar el contrafactual, o lo que hubiera pasado con el PIB si las relaciones con el ejecutivo hubieran sido mejores.

_____________________

¹ Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2026). Actualización Plan Financiero 2026. Bogotá: Ministerio de Hacienda.

² Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf). (2026). Pronunciamiento 19. El Escenario Fiscal del 2026 Está Expuesto a Presiones de Gasto que Dificultarían el Retorno a la Regla Fiscal. Bogotá: Carf.

³ Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2026). Ejecución acumulada de los Ingresos y Gastos PGN, a marzo 2026. Bogotá: Ministerio de Hacienda.

Jorge Ivan González

Mayo, 2026

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Al recibir la noticia ayer de la transición de mi gran amigo Alfredo Cortés, quien con su esposa Elsita nos inspiraron para vivir en esta ciudad de Alicante desde hace casi dos años y medio, mi corazón adolorido me guió para escribirle este mensaje de despedida, luego de haberle besado su frente hace dos días en el hospital y haberle dicho que lo quería mucho…. En su honor también les transcribo su última intervención en nuestra tertulia.

Haz click aquí para disfrutar de la última intervención de Alfredo en nuestras tertulias: https://youtu.be/Vr4fZeoao2I

Exjesuitas en tertulia- 12 de Marzo, 2026

Querido Alfredo:

Tu adorada Elsita me acaba de informar que hace unas horas te has marchado de esta existencia nuestra, a iniciar tu nueva vida, dejando los sufrimientos y los dolores que te agobiaron en los últimos meses, pero-me lo habías dicho- feliz de haber hecho realidad los sueños de tu existencia al haber construido una familia ejemplar y haberlos traído a triunfar a este paraíso de país y de ciudad, del cual hablamos muchas veces  y al cual nos ayudaste también  a instalarnos y hacer de él también nuestro paraíso con Pily. 

Anoche, hacia las 3 de la madrugada, me desperté súbitamente, e inmediatamente pensé en ti y en tu angustia y tu lucha cuando te visité hace dos días en el hospital y, dada la gravedad en la que estabas ayer, pensé que te estabas despidiendo de mí en la tranquilidad de nuestros subconscientes que probablemente se hablaron y se abrazaron con el amigo de la vida común de jesuitas con quien nos vinimos a re-encontrar en el ocaso de nuestras vidas. Gracias por ese abrazo de amigo!

Recuerdo perfectamente la fiesta que nos hiciste  con Elsita  hace dos años y medio cuando llegamos a tu apartamento de Alicante  para iniciar esta nueva etapa de nuestra vida en tu paraíso de ciudad. Recuerdo tus visitas, los encuentros, las dos noches de año nuevo en nuestro apartamento, tu inseparable poesía, las lágrimas de amor inexplicables al compartir las alegrías del vivir, de tus hijos, de tus hermosos nietos en sus video llamadas , el orgullo con que compartiste y nos entregaste cada rincón de tu ciudad, tu región y tu país en nuestras escapadas familiares por esta región bendita a donde me invitaste a vivir. 

 Tu vida, inundada de poesía, nos dejó hace un par de meses en nuestra tertulia de exjesuitas, cuando compartíamos lo que hacíamos para mantener la longevidad, el mayor  testimonio de amor por Elsita, la extraordinaria mujer que la vida te regaló . Estos meses de sufrimiento por tus enfermedades nos demostraron la intensidad del amor con que fuiste correspondido por una mujer valerosa, entregada, prudente, paciente y profundamente amorosa que se entregó a ayudarte en cada instante, con cada dolor, a consentirte con dulzura e infinita bondad, testimonio de su intensidad, su calidad humana y su amor por ti. 

Pero no te has ido, sólo has dado un paso a otro tipo de permanencia con nosotros. Permanecerás con los tuyos, con tus compañeros, con tus amigos, en la presencia que no se siente, que probablemente no se vea, pero que internamente nos marcó nuestra vida por los valores que trasmitiste a tus hijos y sus familias, por la integridad de tus enseñanzas, tu ejemplo de vida, de amor, tu hospitalidad, tu don de gentes y tus lecturas y tu poesía que te enriquecieron y se desdoblaron en infinitas conversaciones sobre todos los temas que nos regalaste y seguirán haciéndolo en las marcas que has dejado en cada uno de nosotros. 

Sigues vivo amigo! Has descansado del dolor y del sufrimiento pero seguirás siendo ese faro de luz para Elsita y tus hijos y sus familias y también para nosotros. Seguiremos muy cerca de ellos y ciertamente de ti. 

Hasta pronto querido Alfredo!!  Te lo dije el último día que te vi al despedirme: 

“Te quiero mucho”!

Darío Gamboa

Alicante, España

25 de Mayo, 2026

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A LA MEMORIA DE ALFREDO CORTÉS DAZA, AMIGO ENTRAÑABLE, HOMBRE AMABLE, SENSIBLE, GENEROSO,

EN UNA PALABRA, BUENO.

Por esas cosas que sólo suceden en Ultratumba nos encontramos con un grupo de conquistadores españoles que rememoraban su hambre de oro.

GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA.- ¡Qué apreciable fue el apetito aurífero que  nos impulsó a la búsqueda del fabuloso y huidizo El Dorado! 

HERNÁN CORTÉS.- Puerto Rico, Costa Rica, Río de la Plata, Castilla del Oro… los topónimos traicionan la obsesión de quienes vimos en el Nuevo Mundo un asiento a la antiquísima esperanza en el tesoro oculto e inconmensurable que se topa por un golpe del destino o por misericordia divina.

FRANCISCO PIZARRO.- ¡Ay, Hernán! El oro que encontrábamos siempre nos parecía poco. Con empecinamiento capaz de superar las peores desilusiones, pensábamos hallar minas inagotables, tesoros acumulados por siglos y, al final, el reino mismo del oro: El Dorado.

CRISTÓBAL COLÓN.- La búsqueda del vellocino de oro comenzó pocas horas después de la primera recalada de nuestras naves en Guanahaní. El sábado 13 de octubre de 1492 anoté en mi Diario de navegación: 

“Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en la nariz. Y por señas pude entender que, yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello y tenía muy mucho”.

SEBASTIÁN DE BELALCÁZAR.- Leyendo el Diario de tu primer viaje al Nuevo Mundo encontré que haces en él ciento cuatro referencias al oro. ¡Te sobraste, Cristóbal!

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO.- No le eches puyas a Colón, que todos estábamos en la misma onda. Por eso dije sin rodeos que habíamos ido al Nuevo Mundo “por servir a Dios, su Majestad, y dar a luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas, que todos los hombres buscamos”.[1]

FRANCISCO DE ORELLANA.- Recuerden cómo, con el paso del tiempo, la quimera del oro creció en nuestras mentes. En la elaboración de ese mítico El Dorado contribuyeron tanto nuestra codicia como las interesadas noticias de los indios que nos prometían lo que veían que deseábamos: oro.

PEDRO CIEZA DE LEÓN.- Como escribí en mi Crónica del Perú, buscando gloria y riqueza emprendimos expediciones por espesas selvas, montañas imponentes o calcinantes llanuras, dispuestos a comer sabandijas, ranas, lagartos, víboras, gusanos, hierbas, caballos y perros muertos de flecha y de plaga, carne humana y aun el cuero de zapatos, sillas y estribos cocidos en agua y después asados al rescoldo, porque la salsa del hambre es el mejor cocinero de todos.

DIEGO DE ALMAGRO.- Qué de penurias arrostramos tras la incierta esperanza de obtener la riqueza que nos hiciera “valer más” al conseguir ese oro con el que después todo se dora.

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Esperanza incierta… pero también concreta y cargada de violencia. Contantes y sonantes fueron las 181 toneladas de oro y casi 17.000 de plata que, entre 1500 y 1560, llegaron oficialmente a Sevilla desde América.

PIERRE CHAUNU.- (El docto historiador francés no se aguantó las ganas e intervino para precisar lo siguiente): Bartolomé, a las cifras que das hay que añadir las grandes cantidades de oro y plata que llegaron de contrabando. Por eso propuse elevar las cuentas a 300 toneladas de oro y 25.000 de plata. Aun rectificadas, esas cifras no representan la totalidad de la plata y del oro extraídos, porque, una parte, difícil de evaluar, se quedó en las Indias para acuñar monedas, enriquecer a particulares o adornar los altares de las iglesias.[2]

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Ya ven porqué en mi escrito Entre los remedios repetí en diversas formas que “todos los que pasan a las Indias van y son hombres pobres y codiciosos y no los mueve ir allá otro fin sino sola codicia y el ansia de salir no solamente de pobreza, pero de ser ricos, y no como quiera ricos, sino con más opulencia ricos que en los tiempos pasados nadie pudo tanta riqueza ser en el mundo posible pensar ni soñar”.[3]

SOFROSINA.- Bartolomé, se puede objetar -y con razón- que eras un testigo demasiado apasionado. Pero, sin duda, el hambre de oro fue una omnipresente realidad en la conquista del Nuevo Mundo. Tu detestado Fernández de Oviedo -quien no se caracterizó por ser un defensor de indios- no dudó en escribir “que he visto en estas Indias grandes allegadores deste oro”, aunque agrega enseguida que “por no lo despender bien, han acabado en mucha miseria, e se les fue de las manos, como rocío o sombra, e aun sus vidas tras sus dineros”.[4]

LINGUACUTA.- Señores conquistadores, sea porque ustedes no encontraron las riquezas esperadas, sea porque las malgastaron, el hambre de oro y plata los pusieron nuevamente en marcha. Sin ese móvil la conquista española de América se habría demorado varios decenios más. 

SOFROSINA.- Y, cuando se disipó la ilusión de un enriquecimiento súbito porque los ríos de oro y plata no aparecían, ustedes dirigieron su codicia a otro bien precioso: los indígenas, que les fueron “repartidos” por los jefes de expedición o por los funcionarios reales.

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.- Fue así como vosotros, que en España habíais sido simples pecheros [plebeyos], ascendisteis en el Nuevo Mundo al rango de “señores” y pudisteis “vivir noblemente”, percibiendo el tributo entregado por “vuestros” indios.

Los embraguetados conquistadores comenzaban a sulfurarse cuando, inesperadamente, apareció el poeta Salvatore Quasimodo y lanzó este contundente verso que a todos los presentes dejó pensativos:

                                    Dalla rete dell’oro pendono ragni ripugnanti.[5]


[1]   Bernal DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, México, Editorial Pedro Robredo, 1943, tomo II, p. 394.

[2]   Cf. Pierre et Huguette CHAUNU, Seville et l’Atlantique (1504-1650), 12 vol., Paris,  S. E. V. P. E. N., 1955-1960.

[3]   Bartolomé de LAS CASAS, Obras escogidas, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1958, tomo CX, p. 87.

[4]   Gonzalo FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Historia general y natural de las Indias, libro III, cap. VIII, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959.

[5]   De la red del oro cuelgan arañas repugnantes.

Rodolfo Ramón de Roux

26 de Mayo, 2026

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En su último libro, Cecilia López se pregunta si el gobierno de Petro apenas es una pausa. Y concluye que, lejos de ser una pausa, ha dejado huella. 

Sus dos grandes mensajes son la denuncia de la desigualdad y la preocupación por el cambio climático. Considera López que ambas preocupaciones se constituyen en una tarea indispensable para los próximos gobiernos, independientemente de su perfil ideológico.

La lucha contra la desigualdad está íntimamente ligada a la reducción de la pobreza y a la inclusión social. En palabras de López, “…meta cumplida, presidente. Hoy aquellos que nunca tuvieron voz la tendrán cada vez más”. De diversas maneras y en procesos confusos, los “nadie” ganaron un espacio, que está respaldado por una consolidación política de la izquierda.

Dice López: “…una realidad que aún no se dimensiona del todo en Colombia es lo que significa darle voz a quienes no la tenían”. Este hecho no se puede minimizar. Y, continúa, “… quienes manejen la agenda futura de Colombia tendrán que actuar frente a la desigualdad”. Este reto es mayúsculo. La reducción de las enormes brechas que existen en el país debería ser una prioridad de los próximos gobiernos.

A pesar de los esfuerzos realizados durante esta administración, como la reforma tributaria progresiva de Ocampo, el Gini no se mueve. Entre 2023 y 2024 pasó de 0,553 a 0,551. Junto a la concentración de los ingresos debe tenerse presente la creciente desigualdad de la riqueza. En el sector agropecuario la concentración es significativa, con un Gini cercano a 0,9. Desgraciadamente, este gobierno no ha realizado una reforma rural integral. Dice López que “…ahora la Reforma Agraria se limita solo a entregar tierras”. Y, además, “…el manejo de los datos sobre tierras es vergonzoso”. En estas condiciones no será posible cerrar las brechas. En 1994, hace más de tres décadas, López propuso su ambicioso plan de desarrollo Para cerrar la brecha. Los avances han sido mínimos, pero después de Petro los gobiernos no tendrán disculpa, porque los “nadie” los obligarán a actuar.

Es inaceptable que el país continúe con elevados niveles de desigualdad y que, además, la incidencia de la pobreza monetaria se mantenga en porcentajes cercanos a 30 %. Los logros obtenidos en la lucha contra la pobreza no permiten ser optimistas. Hace 10 años, en 2014, había 16,4 millones de pobres. En 2024, que es el último dato del Dane, el número de pobres es 16,2 millones. La reducción apenas ha sido de 200.000 personas. Es uno más de nuestros fracasos colectivos.

Además de la desigualdad y la inclusión, el otro tema relevante es el del cambio climático. El asunto de la geografía, expresado en el ordenamiento del territorio, es el eje del Plan de Desarrollo. A pesar de que se diseñó el camino, Petro no entendió que la transición energética y los cambios estructurales que necesita el país solo son posibles si el presidente actúa como estadista y no se convierte en caudillo.

Para López, los cambios de Petro han sido significativos. Fue socialdemócrata y trató de gobernar los primeros ocho meses. El momento en que saca a siete ministros y desconoce la importancia de la tecnocracia “marca el destape del presidente de izquierda”. La tercera fase es la del “populista de izquierda”. Y la última, la de ahora, es la etapa del “caudillo”. En vista de las dificultades evidentes que tiene la administración del Estado, Petro ha tenido un enorme éxito político al hacer la mutación de gobernante a candidato.

Jorge Iván González  

Publicado en LA REPÚBLICA, Colombia

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Cuentan cada tanto las crónicas de la televisión, la radio y la prensa escrita las proezas de tantos connacionales y de algunos llegados hace poco a Colombia que incendian inmensos territorios del país. Las motivaciones son variopintas. Dos entre las más usadas: desde el sagaz que quiere comprar el terreno (a veces hectáreas desmesuradas) a bajo precio hasta el enfermo mental que enciende la mecha convencido de su inteligencia superior ante el espectáculo del mundo carbonizado que le genera profunda serenidad interior.                

Hemos sido los occidentales, según los investigadores, quienes hemos creado el tormento de las hogueras para las brujas -raramente se trataba de un brujo-, los herejes, los hebreos, los protestantes, los musulmanes… Otros pueblos, menos cultos creemos nosotros, preferían expedientes más “moderados”: decapitación, ahorcamiento, crucifixión. Ninguno de estos métodos parece que tuviese la crueldad de la muerte entre las llamas. 

El fuego, uno de los cuatro elementos de la naturaleza, ha deslumbrado siempre a mujeres y hombres. Abundan además las experiencias espirituales reportadas por la historia de las diversas religiones. Para los cristianos, y también para nuestros antepasados bíblicos, el fuego es un símbolo de la presencia invasora de Dios que empuja a ir más más allá de las dificultades o los acontecimientos no placenteros. En suma, el fuego del Espíritu. Que resulta acoplado al viento. Y todos sabemos lo que logran provocar en conjunto el fuego y el viento. 

“He venido a incendiar el mundo, ¡y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!”.  Los biblistas afirman que el evangelista Lucas piensa en el bautismo del Espíritu (¡el viento!) y el fuego de Pentecostés. Por tanto, corresponde a nosotros, cristianos, escoger entre quemar la tierra y las criaturas que en ella viven o hacerla arder en el fuego del Espíritu. 

Alberto Echeverri

Mayo, 2026

                                                                                                                                

                                                                                                                                    

                                                

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Recientemente fui testigo, como muchos colombianos, de un espectáculo televisivo en el que un grupo de periodistas entrevistaba a un abogado que aspira a ser presidente de Colombia[1].

La presentadora del noticiero televisivo le pidió al abogado que explicara por qué él dijo en algún momento que la ética nada tenía que ver con el derecho. El candidato respondió que ella no entendía porque no había estudiado derecho ni filosofía del derecho y que, además, la pregunta tenía veneno. La entrevistadora reaccionó con un “¿Para qué pelear con los periodistas?”. El abogado la interrumpió y afirmó, además, que “la ignorancia es atrevida”. Esa actitud tan ofensiva, es completamente coherente con su actitud de candidato en campaña. Luego, con tono catedrático y, como si tuviera toda la razón, en síntesis, el abogado explicó que la ética se refiere solamente a las actuaciones y al comportamiento individual y que el derecho se ocupa de regular la vida en sociedad. Por eso son dos terrenos diferentes y la ética es independiente del derecho. 

Porque la comunicadora no volvió a intervenir y los demás periodistas escucharon sin contradecir la “clase” del candidato, se podría concluir que el abogado “calló” a la comunicadora y que tendría la razón. Sin embargo, en rigor, lo que afirma el candidato es tan restrictivo como equivocado. 

Lo que él expone como verdad es la tesis central del positivismo jurídico (o iuspositivismo), una corriente de la teoría jurídica, cuyo máximo exponente en el siglo XX es Hans Kelsen. Para los positivistas, la validez de una norma jurídica depende exclusivamente de su legalidad formal (haber sido creada por la autoridad competente siguiendo los procedimientos establecidos), sin importar si su contenido es considerado justo o injusto. 

Esto hay que examinarlo más detenidamente. De acuerdo con otros estudiosos, la Ética no se limita a regular comportamientos individuales. Su alcance es profundamente social y examina críticamente las decisiones colectivas a la luz del bien común y de los criterios fundantes de los derechos humanos. También inspira la construcción institucional y ofrece criterios para evaluar la legitimidad moral de las normas jurídicas y de las actuaciones de quienes ejercen el Derecho. La Ética ofrece el horizonte del bien común, de la dignidad humana y de la justicia que debe orientar tanto la creación de las leyes como su interpretación y aplicación. La ética guía el Derecho y, sin ella, éste corre el riesgo de convertirse en simple mecanismo de poder, coerción o legalismo vacío. 

Por eso afirmo que el raciocinio del candidato, aunque elocuente y tajante, es equivocado e ignora la profundidad de la Ética. La Ética estudia los principios que deben orientar la conducta humana hacia el bien. Es una reflexión profunda sobre lo que permite a las personas y a las sociedades alcanzar una convivencia justa y verdaderamente humana. Desde Aristóteles, la Ética ha sido entendida como búsqueda del bien común y de la vida buena dentro de la comunidad política. Separar completamente normatividad y conciencia moral empobrece la comprensión del bien humano y de la racionalidad práctica y el derecho no puede reducirse únicamente a su validez formal, porque surge dentro del dinamismo de la inteligencia, el juicio y la responsabilidad ética de la persona y de la comunidad. 

Como sociedad debemos preguntarnos: ¿Qué entendemos por justicia?, ¿Qué tipo de ser humano queremos formar?, ¿Qué principios deben orientar nuestras leyes? ¿Qué responsabilidades éticas tienen quienes ejercen el poder jurídico? Y estas preguntas las hace la Ética como orientadora de la ley. 

La historia ha mostrado los peligros de esa separación absoluta que afirma el abogado. Existen leyes que, aun siendo legalmente válidas, son profundamente injustas. En este sentido, la Ética es la conciencia crítica del Derecho. No basta preguntar: “¿Es legal?”. También es necesario preguntar: “¿Es justo?”, “¿Es humano?”, “¿Contribuye al bien común?”

Si nos atenemos a los dictámenes del positivismo jurídico, corremos el riesgo de enfermarnos moralmente como sociedad. Esto no solamente sucede cuando aparecen los grandes criminales, los corruptos o los violentos ejerciendo el poder. Ocurre también cuando quienes poseen conocimiento jurídico olvidan que el Derecho tiene consecuencias humanas y éticas profundas. 

Un abogado puede conocer perfectamente las leyes y, sin embargo, contribuir al deterioro moral de una nación, si utiliza el Derecho únicamente como instrumento técnico al servicio del dinero, del poder o de intereses oscuros. No todo lo legal es justo. Y no toda defensa jurídicamente posible es éticamente inocente. Cada estrategia jurídica produce efectos sociales. Cada maniobra para dilatar la justicia afecta la confianza pública. Cada acto de corrupción protegido desde el conocimiento jurídico hiere la esperanza colectiva. Pienso que las sociedades no se destruyen solamente por la acción de los delincuentes. También se debilitan cuando hombres y mujeres formados en Derecho renuncian a preguntarse por el bien común y por las consecuencias éticas de sus actos profesionales. 

Defender el debido proceso no significa convertir la inteligencia jurídica en instrumento de impunidad. El Derecho necesita conciencia y humanidad, necesita ética. Porque detrás de cada expediente hay víctimas y familias destruidas. Hay jóvenes atrapados por el narcotráfico. Hay ciudadanos que pierden la confianza en la justicia. Hay pueblos enteros que comienzan a creer que la ley solamente protege a quienes tienen poder o dinero. Y cuando una sociedad pierde la fe en la justicia, comienza lentamente a perder la fe en sí misma. 

Una nación necesita buenos juristas. Pero necesita, aún más, juristas con conciencia. El futuro ético de nuestro país y de nuestra sociedad depende, en gran parte, de quienes interpretan las leyes, administran justicia y utilizan el conocimiento jurídico. Porque el Derecho puede servir para proteger la dignidad humana o para blindar la corrupción. Puede convertirse en camino hacia la justicia o en refugio técnico de la impunidad. Por eso la Ética no es un adorno del Derecho. Es su alma.

Preocupa mucho escuchar a alguien que cree saber Derecho y aspira a ser presidente de la nación, pero ignora que su raíz y norte debe ser la Ética. Ciertamente esta ignorancia es atrevida. 


[1] Se puede ver la nota periodística completa en: https://www.youtube.com/watch?v=9DQ74zy8YXc&t=123s

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Ser maestro hoy es un desafío enorme y antes que felicitaciones los que lo hacen bien merecen la mayor admiración.

En mayo se celebra el Día del Maestro, y no puedo menos que repasar lo que ha sido mi propia vida, dedicada en su totalidad al servicio de la educación. Puedo decir que ha sido un gran privilegio ver el mundo desde esta perspectiva tan particular que se obtiene cuando las preocupaciones —y también las ocupaciones— giran siempre en torno a los niños y los jóvenes, a lo que necesitan y a lo que merecen, a lo que se les ofrece y a lo que se les niega en una sociedad que se ha ido volviendo más y más compleja.

Inicié mi actividad pedagógica a los dieciocho años, enseñando a niños en una lejana vereda de Boyacá hace ya seis décadas. Por aquella época la cobertura en educación primaria no superaba el 55 %, en secundaria rondaba el 10 %, y en superior como mucho era el 3 %. 

En el sector rural era peor y muchos niños no asistían regularmente a la escuela. La mayoría de los docentes de primaria provenían de las escuelas normales, instituciones creadas específicamente para formar maestros. El ideal oficial era que el maestro fuera “normalista”, es decir que hubiera cursado estudios pedagógicos de nivel medio. Sin embargo, la rápida expansión de la matrícula escolar en los años cincuenta y sesenta produjo un enorme déficit de docentes, especialmente en las zonas rurales, y como consecuencia, muchos ejercían sin título pedagógico; una parte importante ni siquiera había terminado la secundaria, y en el campo abundaban los llamados “maestros empíricos”.

A lo largo de los años he visto y vivido enormes progresos. El acceso a la educación primaria hoy es universal, los maestros constituyen un grupo profesional altamente calificado y sus condiciones laborales han mejorado de una manera que en aquellos años, cuando los salarios podían demorarse meses, eran impensables.

Haberme vinculado con la actividad educativa desde tan joven me ha permitido participar activamente en muchos procesos de transformación, tanto en el nivel institucional de colegios y universidades de los sectores público y privado a los cuales he estado vinculado, como en campos más amplios de la política pública en los momentos en que fui llamado a ocupar cargos de dirección o a colaborar como profesional en el diseño de programas de muy diversa índole.

En estas décadas la educación ha cambiado mucho. Pero el mundo ha cambiado más rápido: la formación de niños y niñas en un mundo con nuevas estructuras familiares, nuevas identidades, entornos digitales de una complejidad inimaginable, amenazas de pandemias, guerras nucleares y crisis climática requieren mucha audacia de parte de quienes han asumido el compromiso de llevar a las nuevas generaciones hacia un futuro lleno de incertidumbre. 

Ser maestro hoy supera el deber de aquellos cuya misión podía sintetizarse en ofrecer las herramientas básicas de la alfabetización y la formación humana que permitiera a quienes iban a la escuela ser honestos, trabajadores, confiables y buenos ciudadanos.

Entre quienes hoy tienen en sus manos la oportunidad de acompañar a los niños y jóvenes en ese trayecto desconocido hacia el mañana, que es la vida, hay gente extraordinaria: hay maestros que iluminan, maestros que alientan, maestros llenos de bondad que cambian vidas en los entornos más inhóspitos de este mundo contemporáneo en donde la soledad y el abandono impulsan a miles de chicos y chicas a recorrer caminos muy peligrosos. Por desgracia, también sigue habiendo muchos que maltratan, que cumplen apenas con los mínimos para recibir un salario y sobrellevar un trabajo que no disfrutan.

Es fácil idealizar una profesión, negando sus fallas o justificando sus deficiencias bajo argumentos ideológicos o de autocompasión, pero eso no les ayuda a quienes la ejercen con plena convicción y responsabilidad ética, conscientes de que la única opción es ser cada vez mejores.

Ser maestro hoy es un desafío enorme y antes que felicitaciones los que lo hacen bien merecen la mayor admiración.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

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En el Nuevo Mundo americano, “tierra de promisión”, encontró terreno fértil el mito del “buen salvaje”. Pero, muy pronto, le surgió un contramito, el del “perro sarnoso”.

Como consta en la entrada de su Diario de a bordo del 21 de febrero de 1493, y como se confirma posteriormente en la relación de su tercer viaje, contenida en una carta a los Reyes Católicos, Cristóbal Colón pensó hallarse muy cerca del paraíso terrenal. 

Es claro que quienes habitaban tan selectos parajes no podían ser sino gente buena, como se encargó de reafirmar el humanista y sacerdote lombardo Pedro Mártir de Anglería al comparar la condición de los indígenas americanos con la de los hombres que habían vivido en los tiempos de la Edad de Oro referida por el poeta latino Virgilio. 

Pedro Mártir -que desde la corte de los Reyes Católicos difundió por toda Europa las noticias del Nuevo Mundo-, descubrió en los afortunados indígenas de la isla Española la primigenia inocencia y beatitud de la Edad de Oro “porque desnudos, sin pesos ni medidas, sin el mortal dinero, sin leyes, sin juicios calumniosos y sin libros, viven en una edad dorada contentándose con una vida natural, sin preocuparse en lo más mínimo por el futuro”. 

En el nuevo escenario geográfico y humano, el lombardo vislumbraba la más fabulosa Antigüedad clásica vestida de trópico. Las “supersticiones” de los indígenas hacían pensar a Pedro Mártir en las divinidades tutelares de los antiguos. Las hermosas, desnudas y selváticas indígenas se equiparaban a las ninfas de las fuentes, “de quibus fabulatur antiquitas“. Los ciguayos eran como los demonios del Averno. En las costas de Maya y de Cubagua había unos monstruos que podían ser unos tritones. Los caciques se dividían la Española “como Eneas el Lacio”. Y así sucesivamente. 

En el elegante latín de sus Décadas, Mártir de Anglería se felicita porque en los tiempos que corren “pululan, crecen, maduran y se cosechan diariamente las mejores cosas del pasado. Y pierde valor lo que mostró la Antigüedad a través de Saturno, Hércules y otros héroes semejantes”. En otros pasajes subrayará dos rasgos que caracterizan la feliz condición de los indios: uno -relativo a su organización social-, el comunismo de los bienes; el otro -propio de cada individuo- la cordura y el valor personal.1

En la línea de las descripciones idílicas de Colón y Pedro Mártir, el insigne Bartolomé de Las Casas concluye en su Apologética historia que, con algunas muy raras excepciones, “todas estas [tierras de] Indias son las más templadas, las más sanas, las más fértiles, las más felices, alegres y graciosas, y más conforme su habitación a nuestra naturaleza humana”.2

Para defender a los indígenas de una inicua explotación, Las Casas acumuló a lo largo de su extensa obra la descripción de unas gentes tan llenas de virtudes que, lo repite gustoso, “no parecía sino que Adán no había en ellas pecado”.3

El siguiente texto de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias condensa el diluvio de citas y argumentos utilizados por Las Casas -sobre todo en su Apologética historia y en la Historia de las Indias-, para exaltar las virtudes de los indígenas americanos: 

“Todas estas universas e infinitas gentes a toto genero crió Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas y fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos, a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bullicios, no rijosos [alborotados], no querulosos [quejumbrosos], sin rencores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo. Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión [complexión], y que menos pueden sufrir trabajos, y que más fácilmente mueren de cualquier enfermedad; que ni hijos de príncipes y señores, entre nosotros, criados en regalos y delicada vida, no son más delicados que ellos, aunque sea de los que entre ellos son de linaje de labradores. Son también gentes paupérrimas y que menos poseen ni quieren poseer de bienes terrenales, y por esto no soberbias, no ambiciosas, no codiciosas. Su comida es tal, que la de los Santos Padres en el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos deleitosa ni pobre. Sus vestidos comúnmente son en cueros, cubiertas sus vergüenzas, y, cuando mucho, cúbrense con una manta de algodón, que será como vara y media o dos varas de lienzo en cuadra. Sus camas son encima de una estera y, cuando mucho, duermen en unas como redes colgadas, que en lengua de la isla Española llamaban hamacas”.4

La perfección y encanto que tienen los indígenas lascasianos los coloca definitivamente fuera de la especie humana. Pero los excesos de una cualidad terminan en defecto y, sin proponérselo Las Casas, sus humildes y mansos aborígenes darán muchas veces la impresión de unos pobres apocados ante el embate de los castellanos. Ya Colón en su Diario, al abordar la isla de la Tortuga, anotaba que sus habitantes eran gente sin armas y muy cobardes, y que mil de ellos no aguardarían a tres españoles; eran, en consecuencia, gente buena… buena para obedecer y trabajar, situación verdaderamente utópica para cualquier colonizador. 

A medida que se fue avanzando en la toma del territorio, misioneros y conquistadores señalaron que la humanidad “primitiva” de los aborígenes no sólo no era paradisíaca, sino que tenía elementos “diabólicos”. De un extremo se pasó al otro. La conquista de cuerpos y almas exigía la expulsión del Paraíso. Lo comprendió perfectamente el reputado humanista Juan Ginés de Sepúlveda, capellán y cronista del emperador Carlos V y preceptor del futuro rey Felipe II. 

En su famoso Democrates, sive de justis belli causis apud Indos (1544), Sepúlveda se dedicó a explicar que no sólo los indios no vivían “en aquel pacífico reino de Saturno que fingieron los poetas “sino que, por el contrario, eran unos bárbaros destinados a ser “siervos por naturaleza”, cuyo sojuzgamiento era plenamente legítimo.5

Don Ginés no hacía sino llover sobre mojado. Treinta y cinco años antes de su Democrates, las Leyes de Burgos (1512) habían tenido que ordenar “no llamar perro ni otro nombre a ningún indio sino el suyo propio que tuviere”.La violencia conquistadora transformó rápida y convenientemente al “noble salvaje” en un ser “naturalmente” vago y vicioso, melancólico, cobarde, embustero, holgazán, idólatra, libidinoso y sodomita.7

Una vez más la historia enseñó que toda generalización es engañosa. Con mayor razón si es extremosa. Lo que puede volverla peligrosa. Ejemplo: la velocidad con la que el “perro sarnoso” le salió al paso al “buen salvaje”. 

1 Pietro MARTIRE D’ANGHIERA, De orbe novo decades, Compluti, apud Michaelem de Eguia, 1530 (primera edición completa).

2 Bartolomé de LAS CASAS, Apologética historia sumaria cuanto a las cualidades, disposición, descripción, cielo y suelo destas tierras, y condiciones naturales, policías, repúblicas, maneras de vivir e costumbres de las gentes destas Islas Occidentales y Meridionales, cuyo imperio soberano pertenece a los reyes de Castilla, Nueva Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, Bailly-Baillère e hijos, 1909, p.52. 

3 Bartolomé de LAS CASAS, Historia de las Indias, México, F.C.E., 1951, tomo II, libro II, cap. XLIII, p.347; tomo I, libro I, cap. XL, pp. 202 s.; tomo I, libro I, cap. LXXVI, p. 329; tomo I, libro I, cap. XC, p. 369. Apologética historia, op.cit., pp. 538 s. 

4 Bartolomé de LAS CASAS, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en Tratados [de B. de Las Casas], México, F.C.E., 1965 (reimpresión de 1974), tomo I, pp. 16-17. 

5 Juan Ginés de SEPÚLVEDA, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, edición bilingüe, México, F.C.E., 1941 (la cita es de la página 105). 

6 Ley 24 de las Leyes de Burgos. 

7 Opiniones que expresa, por ejemplo, el historiador real Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general y natural de las Indias, Primera Parte, libro II, cap. VI; libro IV, cap. II; ; libro V, caps. II y III; libro VI, cap. IX. Las Casas combate estas opiniones en su Historia de las Indias, caps. CXLII-CXLVI. 

Rodolfo R. de Roux

Mayo de 2026

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Los fuertes enfrentamientos entre el presidente y la Corte Suprema de Justicia y las acusaciones mutuas de complots y obstrucción de la justicia, solo dejaron perdedores del lado de las instituciones: de una parte la Corte que ha visto cuestionada su credibilidad ante la opinión pública y, de otra, la dignidad presidencial que se desgasta en acaloradas trifulcas en y contra los medios de comunicación. 

Sobre todo, pierde la imagen y el prestigio internacional de Colombia como país respetuoso de las leyes y las instituciones, como ya se dice en las noticias y editoriales de algunos diarios internacionales. Los únicos ganadores con esta pelea, y tal vez son sus instigadores, son los parapolíticos que están siendo investigados por la Corte, pues les interesa el desprestigio de su juez constitucional para poder justificar sus apresuradas renuncias al fuero parlamentario buscando instancias judiciales que creen más benévolas o en las que puedan hacer valer el control político que tienen en sus regiones.

La mayoría de los análisis y comentarios sobre este enfrentamiento se ha referido a su forma y a lo bochornoso del episodio. Sin embargo, más allá del debate sobre el estilo frentero del presidente que a unos gusta y a otros no, ha pasado casi inadvertido un aspecto mucho más preocupante que se refiere a la concepción que parece tener el presidente Uribe sobre las instituciones judiciales en el Estado de Derecho y que explicaría en buena parte la forma como se han planteado las relaciones entre el poder Ejecutivo y el Judicial en la actual administración.

Cuando el presidente quiso justificar sus críticas a la Corte dijo: “en estos casos yo acostumbro apelar al juez principal del Estado de Derecho que es la opinión pública”.

Reconozco que no soy ni siquiera aprendiz en materia de derecho constitucional, pero como simple lego sentí escalofrío cuando escuché semejante afirmación. Entonces, ¿la “opinión pública” y su forma de expresión postmoderna que son las encuestas de opinión, están por encima de la Corte Constitucional, de la Corte Suprema y el Consejo de Estado? Entonces, ¿las decisiones de los jueces de la República deben ser supeditadas a los vaivenes de la opinión pública? Entonces ¿la obligación de fallar en derecho que tienen los tribunales debe supeditarse a las vías de hecho que representa una votación mayoritaria? Entonces, ¿debemos volver a las épocas del circo romano donde los aplausos o abucheos de una multitud eran los que decidían la vida o la muerte del gladiador?

Hay en la afirmación presidencial una confusión grande sobre la independencia de los poderes en un sistema democrático. Respecto del Ejecutivo y el Legislativo es cierto que la opinión pública es la autoridad suprema cuando se expresa a través del voto directo (y este voto no es presionado ni comprado como sucede hoy en más de la mitad de los municipios del país), pero nunca las decisiones del poder Judicial se someten a este procedimiento.

Sería muy conveniente oír la opinión de los expertos en el tema porque hasta donde yo conozco la afirmación del presidente implica la negación misma de varios de los elementos esenciales del Estado de Derecho como la preeminencia de las leyes y el derecho para regir y ordenar la vida de la sociedad, la existencia de pesos y contrapesos y de instancias judiciales independientes. 

Si por encima de estas instituciones se impone una difusa “opinión pública” que es volátil y manipulable, el sometimiento a la legalidad y la certidumbre del respeto al debido proceso es reemplazado por la arbitrariedad, con el peligro adicional del autoritarismo por parte de quienes se consideran los portavoces y representantes de esa opinión. 

Si realmente el presidente está convencido de su afirmación, y no es fruto de la pasión del debate, estamos ante una seria amenaza al Estado de Derecho.

*          *          *

Este texto no se refiere a los recientes ataques del presidente Petro al Consejo de Estado ni a su llamado a que el pueblo constituyente “cambie los poderes que se oponen a sus derechos”, ni a su proclama de “Ante la injusticia, poder constituyente del pueblo”.

Lo escribí hace 19 años a propósito de declaraciones de Álvaro Uribe contra la Corte Suprema. Desafortunadamente, la amenaza sigue vigente porque, hoy como entonces, persiste el peligro de supeditar el Estado de Derecho al Estado de Opinión.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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