Home ¿En qué creo hoy? Crónicas de arriba desde abajo – ¿Quemar? ¡Arder! 

Crónicas de arriba desde abajo – ¿Quemar? ¡Arder! 

Por Alberto Echeverri
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Cuentan cada tanto las crónicas de la televisión, la radio y la prensa escrita las proezas de tantos connacionales y de algunos llegados hace poco a Colombia que incendian inmensos territorios del país. Las motivaciones son variopintas. Dos entre las más usadas: desde el sagaz que quiere comprar el terreno (a veces hectáreas desmesuradas) a bajo precio hasta el enfermo mental que enciende la mecha convencido de su inteligencia superior ante el espectáculo del mundo carbonizado que le genera profunda serenidad interior.                

Hemos sido los occidentales, según los investigadores, quienes hemos creado el tormento de las hogueras para las brujas -raramente se trataba de un brujo-, los herejes, los hebreos, los protestantes, los musulmanes… Otros pueblos, menos cultos creemos nosotros, preferían expedientes más “moderados”: decapitación, ahorcamiento, crucifixión. Ninguno de estos métodos parece que tuviese la crueldad de la muerte entre las llamas. 

El fuego, uno de los cuatro elementos de la naturaleza, ha deslumbrado siempre a mujeres y hombres. Abundan además las experiencias espirituales reportadas por la historia de las diversas religiones. Para los cristianos, y también para nuestros antepasados bíblicos, el fuego es un símbolo de la presencia invasora de Dios que empuja a ir más más allá de las dificultades o los acontecimientos no placenteros. En suma, el fuego del Espíritu. Que resulta acoplado al viento. Y todos sabemos lo que logran provocar en conjunto el fuego y el viento. 

“He venido a incendiar el mundo, ¡y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!”.  Los biblistas afirman que el evangelista Lucas piensa en el bautismo del Espíritu (¡el viento!) y el fuego de Pentecostés. Por tanto, corresponde a nosotros, cristianos, escoger entre quemar la tierra y las criaturas que en ella viven o hacerla arder en el fuego del Espíritu. 

Alberto Echeverri

Mayo, 2026

                                                                                                                                

                                                                                                                                    

                                                

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2 Comentarios

Rodolfo de Roux 24 mayo, 2026 - 2:17 am

Así es, amigo Alberto, con los fogosos “purificadores” hay que tener mucho cuidado.

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Alberto Echeverri 24 mayo, 2026 - 11:22 am

Cierto, Rodolfo. Sin predicar, sin solemnidad y sin gritar solo porque sí, la ética y la del evangelio tienen que ser proclamados, es decir, hechos públicos.

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