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John Arbelaez

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 14 de Julio, 2022
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butterflies, flowers, pollinate
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A los lectores del blog queremos contarles que desde hace 14 meses venimos reuniéndonos, semana a semana, en tertulias amigables, para conversar sobre muy diversos temas. Esas tertulias alimentan el blog y este aprovecha lo compartido allí. 

Ante la dolorosa situación que atravesamos en Colombia decidimos manifestarnos. Por eso, les propusimos a quienes desearan hacerlo, que escribieran un texto breve al respecto.

Este artículo hace parte de la cosecha que obtuvimos.

Nuestra cultura ha privilegiado la competencia entre los seres humanos en detrimento de la solidaridad y de la cooperación. Nos hemos olvidado de que gracias a la ayuda de los demás hemos asimilado y adquirido las estrategias básicas para nuestro aprendizaje y desarrollo en la vida. Nuestros padres, nuestros primeros maestros, nuestros mayores, nuestros amigos, han señalado caminos por los cuales transitar sin realizar ese primer paso del ensayo y error al enfrentarnos a las primeras enseñanzas de la vida desde nuestra primera infancia.

Sin embargo, a medida que crecemos, la cultura ha ido desvirtuando poco a poco ese trabajo solidario y cooperativo de nuestros primeros años para dar paso al corrosivo ejemplo de la competencia en todos los aspectos de la vida. Ser el primero del curso, ganar todos los trofeos deportivos, conseguir el mejor empleo, el mejor sueldo, el mejor carro, la casa más grande, la ropa de marca más fina, la finca más ostentosa, las relaciones sociales más esclarecidas y notables, los viajes más suntuosos y exóticos, la empresa más exitosa, todo ello gracias al trabajo, por supuesto que sí, pero que poco a poco nos ha esclavizado con cadenas imposibles de romper con el paso de los años. Tenemos que conservar el estatus, así debamos “romper” a nuestros competidores.

Entonces, imperceptiblemente, surge el canibalismo que no ataca los cuerpos, pero sí ataca la vida de los demás. Así, a costa de campesinos desvalidos, a costa de pequeñas empresas familiares, a costa de los estratos débiles de la pirámide social se han ido consolidando los grandes terratenientes y despojadores de tierras, los monopolios empresariales, las élites políticas, sociales y económicas. Así van surgiendo las distancias económicas y sociales imposibles de acortar, así se van forjando desigualdades imposibles de igualar, así se va deteriorando el clima social de una sociedad, así se va incubando la catarsis de la gente que reclama, airada ante tantas frustraciones, un lugar en la mesa y solo espera el estallido de la ira para lanzarse a las calles reclamando sus derechos.

Peter Farb, en su libro Man´s rise to Civilization* (El ascenso del hombre hacia la civilización), analiza la cultura de los pueblos aborígenes de Norteamérica y encuentra que, para ellos, la acumulación de la propiedad privada por encima de las necesidades era considerada una enfermedad mental. Y nosotros los consideramos “pueblos primitivos”…

Y con la falta de recursos para todos, falta la educación, crece el desempleo en las ciudades y en el campo, aumentan los desplazados, crecen los cinturones de miseria en las ciudades, cunden el hambre y la desesperación en millones de personas que antes tenían pan en la mesa y ahora solo promesas etéreas de gobiernos ineptos, promesas  imposibles de cumplir. Solo hay recursos para los dueños del poder. No se puede invitar a la mesa a tanta gente desarrapada. Solo hay lugar en la mesa para “la gente bien”…

¿Y la solidaridad? ¿Y la cooperación? No es posible atender las demandas del pueblo mientras los gobiernos sean dirigidos por caníbales financieros, terratenientes y acaparadores insensibles y criminales, por la “alta sociedad” ya instalada en la mesa, por políticos cortos de visión humanitaria, pero de manos largas y escurridizas, amparados por la impunidad de un país sin justicia, por esa clase de políticos que sin ningún rubor son capaces de robar la única ración diaria de comida de niños famélicos y desnutridos de los bohíos del Chocó o de las rancherías de la Guajira, o asaltar los fondos de miles de niños con hemofilia en las vastas planicies terratenientes de Córdoba.

Esta catástrofe humana puede acabar. Es necesario y urgente terminarla. Solo cada uno de nosotros, con acciones personales que poco a poco formarán un gran movimiento, así suene a utopía, puede lograr los cambios que requiere nuestra nación. Los grandes movimientos iniciaron con pequeñas acciones de visionarios arrojados y propositivos, desde el derecho al voto para la mujer y el derecho a tener y disponer de su patrimonio hasta el derecho de los afroamericanos a ingresar y poder sentarse en un bus o en un bar para gente de piel blanca. La conciencia de la humanidad ha crecido poco a poco,

No somos seres aislados, sino que estamos unidos, interconectados con toda la materia viva del universo. Nuestro corazón despliega un magnetismo físico real que llega hasta las otras personas y las involucra afectiva y emocionalmente. Somos parte de la vida y estamos unidos con toda la materia viva del universo. Somos parte de esa conciencia universal. Por ello, podemos conformar un gran movimiento ético y humanístico con nuestras acciones diarias que involucre a todos los seres vivos de la Tierra.

Si creemos en esto, podemos lograr grandes transformaciones, así sea en nuestro entorno familiar, personal y social. Olvidémonos de llenar las plazas de las ciudades; actuemos en forma decidida en derredor nuestro. Nuestro movimiento, por sutil que sea, logrará cambios en nuestro entorno, en la ciudad, en el país y en el resto del mundo.

Así iniciaron los grandes cambios de la humanidad y en nuestro país, que aún se encuentra  en estado premoderno, casi feudal, también podemos lograr cambios trascendentales con nuestras pequeñas acciones diarias; por ejemplo, una palabra amable, una sonrisa oportuna, un comportamiento ético que sirva de modelo, una ayuda monetaria para el que la necesita o, en el ejercicio de nuestra ciudadanía, un voto reflexionado, analizado y consciente.

Las pequeñas acciones generan grandes cambios. Por ello se afirma que el aleteo de una mariposa en el Amazonas se siente y ayuda a transformar los colores de todo el planeta…

Farb, Peter (1968). Man´s rise to civilization as shown by the indians or North American from primeval times to the coming of the industrial state. New York: Duton. 

John Arbeláez Ochoa

Julio, 2021

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Deus sive Natura

Por John Arbelaez
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Expulsado de la comunidad judía por defender su pensamiento libertario, Baruch Spinoza, humillado y réprobo, fracturó el pensamiento religioso anquilosado del siglo XVII para marcar el inicio del racionalismo junto con Descartes y Leibniz y señalar e iluminar el sendero estimulante de la razón y la libertad de pensamiento, para toda la humanidad, en los siglos venideros.

No puedes convencer a un creyente de nada, porque sus creencias no están basadas en evidencias, 
están basadas en una enraizada necesidad de creer.
Carl Sagan, 1934-1996 (1)

Jamás se imaginaron Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera, en los lejanos años 450 a.C., que su teoría sobre la mínima partícula de un cuerpo físico, que denominaron átomo, sería modificada muchos siglos después, en 1897, cuando “J. J.” Thompson (2) descubrió que ese elemento ‒que se suponía que era el mínimo corpúsculo existente‒ estaba formado por una partícula aún más pequeña (subatómica), bautizada con el nombre de electrón. Este conocimiento lo expandió uno de sus alumnos, Ernest Rutherford (3), quien en 1918 descubrió el protón o carga positiva del átomo y luego lo amplió James Chadwick (4), alumno de Rutherford, quien hacia 1932 descubrió el neutrón. 

La ciencia atómica se desarrolló con posteriores hallazgos y fue revolucionada años más tarde al descubrirse la existencia de partículas todavía más pequeñas, los quarks (5), que son “fermiones elementales masivos que interactúan fuertemente formando la materia nuclear y ciertos tipos de partículas llamadas hadrones. Junto con los leptones, son los constituyentes fundamentales de la materia bariónica”.  Esta materia es la que conforma toda la naturaleza que podemos ver, incluidos nosotros, los seres humanos. Taylor, Kendall y Friedmann descubrieron los quarks en los años 60. Así se confirmó que estos originan, es decir, forman o crean las partículas subatómicas que componen el átomo. 

Las sorpresas o hallazgos continuaron. Los quarks están constituidos por microscópicos filamentos en forma de lazos o cuerdas, que son “estados vibracionales” que dan origen a los quarks, según la propuesta de J. Scherk y J. H. Schwarz en 1974 (6), que a su vez originan las partículas subatómicas, los átomos y, en últimas, crean todos los cuerpos materiales del universo. En síntesis, estos estados vibracionales son los que inician la vida. Ese es el poder de la energía de la materia inmersa en los átomos.

De acuerdo con estas realidades la especie humana, también compuesta de átomos, comparte con todos los seres de la naturaleza las propiedades intrínsecas de su origen físico, es decir, somos uno con la naturaleza, somos parte de ese todo y estamos insertados en todo el sistema de energía de la materia sideral.  

Ahora bien, es célebre la expresión de Baruch Spinoza (1632-1667) cuando afirmaba que su dios era “Deus sive natura” (Dios, es decir, la naturaleza) porque consideraba que esos dos elementos, uno conceptual y otro real, eran una misma entidad. Esto, según lo propuesto, y al formar nosotros parte de la naturaleza, nos acerca a la “divinidad”, concepto revolucionario, que provocó un cherem (juicio) en su contra, por lo que fue expulsado del judaísmo. 

Es necesario aclarar que el Dios de Spinoza no tiene nada que ver con el Dios de la religión judeocristiana. Su Dios, su “divinidad”, es la Naturaleza. Einstein adhería a esta propuesta cuando le preguntaban si era ateo: “Yo creo en el Dios de Spinoza”, respondía.

Realizando una corta digresión para poner a prueba la propuesta de Spinoza acerca del concepto ”Dios”, si se comparan las características y cualidades que se asignan a ese Ser conceptual de las religiones monoteístas, Dios o divinidad ‒ser supremo, omnipotente, omnipresente, ser creador, principio y fin de todas las cosas, omnisciente, inmanente y eterno, hacedor del universo, sustentador de la vida, etc., por señalar solo algunas características‒ con las propiedades de la energía intrínseca de la materia, es decir de la naturaleza y según la teoría de cuerdas, puede comprobarse que las esencias atribuidas a ese concepto de Dios encajan perfectamente en las cualidades atribuidas a la materia, más exactamente, a la energía de la materia, porque la naturaleza es principio y fin de todas las cosas, es inmanente y eterna, omnipotente, omnipresente y omnisciente, lo abarca todo y ha estado ahí desde siempre.

Al respecto, Joan Solé (2015) confirma esta propuesta, pues según Spinoza, 

Dios, o la realidad última (también llamado sustancia o Naturaleza), es infinito y contiene todo lo existente, a través de lo cual se expresa”.

Esta afirmación podemos corroborarla en la historia si iniciamos una aventura disruptiva desde los relatos bíblicos, para acercarnos a los postulados de Demócrito, pasar al pensamiento de Spinoza y arribar al de varios científicos para asombrarnos con los últimos descubrimientos cuánticos y la teoría de cuerdas. Estas, en últimas, son las que impulsan la vida, las que producen la materia animada y la inerte, las que originan planetas y constelaciones y las que están presentes en las estructuras celulares de los seres vivos en un movimiento permanente y eterno, hasta llegar a los diagramas neuronales y crear la conciencia por medio de la biofísica. 

La Naturaleza, es decir, la energía de la materia, ha estado ahí desde siempre, puesto que el Dios de Spinoza no está más allá del mundo material, sino que subyace en él, realizando una creación continua y eterna de vida por medio de esa energía que vivifica la materia.

Con el objeto de analizar principios científicos que lleven a desafiar las tesis de Spinoza, para comprobar si están de acuerdo con descubrimientos recientes de la ciencia cuántica, se prescinde de ideologías religiosas que en el fondo han sido, históricamente, supuestos subjetivos de profetas, filósofos o teólogos empeñados en demostrar por medio de visiones, premoniciones o silogismos, para crear mitos, lo que no ha sido posible demostrar en forma científica y categórica: la existencia de ese personaje antropomórfico, ese dios padre protector que creó la naturaleza y que tendría el poder de perdonar nuestros pecados. 

Solé (2015) subraya la esencia del pensamiento de Spinoza: 

El Dios de Spinoza es la estructura subyacente de la realidad, el orden compuesto por inflexibles leyes universales que determinan la forma de todo. (…) Dios está en el mundo, o mejor dicho, el mundo está en Él(…). No hay separación alguna entre el mundo material y la divinidad inmaterial (…) puesto que se identifica con las leyes universales de la Naturaleza”.

Otro científico, David Bohm, descubridor del efecto Bohm-Aharonov, compañero de Einstein en Princeton y experto en teoría cuántica, citado por Béjar (2007), coincide, asombrosamente, con la tesis propuesta por Spinoza y ambos con la teoría de cuerdas, al afirmar que existe una unidad múltiplemente conexa de la realidad, en el fondo, la energía intrínseca de la materia:

El mundo físico posee una estructura dinámica que produce la enorme diversidad de seres y fenómenos que constatamos con los sentidos. Es un sistema plural en continuo cambio que, sin embargo, goza de un substrato interno que lo sustenta, rige y unifica”.

Bohm denomina “el orden explicado” a esa “enorme diversidad de seres y fenómenos que constatamos con los sentidos” y añade: 

Por tanto, el orden explicado está constituido por el conjunto de sucesos susceptibles de comprobación experimental por alguna disciplina científica”.  

Para sustentar este orden explicado, Bohm propone el “orden implicado” como fundamento ontológico de ese orden fenomenológico explicado: 

Más allá de las leyes físicas mecanicistas propias del orden sensible existe una totalidad primaria, indivisible y atemporal que unifica, ordena y causa el orden explicado”.

Es ese mismo “substrato interno que lo sustenta, rige y unifica”. Aquí nos preguntamos: ­­¿estará mencionando, tácitamente, la energía intrínseca de la materia?

El científico colombiano Antonio José Gómez, antropólogo y catedrático de la universidad Alvar Aalto y de la Escuela Superior Sueca de Economía y Ciencias Empresariales de Helsinki hace esta aclaración, que corrobora la tesis de Bohm:

Pues bien, ese substrato interno que lo sustenta, rige y unifica, en palabras de David Carse (2009) en su fantástico libro Perfecta Brillante Quietud, lo llama El Ser, La Conciencia Cósmica, el Uno, el Absoluto, al que no escapa Nada, pues aparte del Ser y sus manifestaciones, no existe nada.

Pero, además, no puede ser mera coincidencia que el planteamiento de Bohm sea, con otras palabras, la tesis de Spinoza como lo explica Solé (2015): 

Por un lado, Dios es la realidad creadora, el conjunto de las leyes fundamentales de la naturaleza, de los principios más generales de orden, que configura y genera la realidad y la hace inteligible, aspecto que en el latín spinoziano se denomina “natura naturans” (naturaleza activa o generadora); por otro, es todo lo particular o individual, aspecto denominado “natura naturata” (naturaleza pasiva o generada).

En el fondo y coincidentes, ese orden implicado de Bohm y esa natura naturans de Spinoza no son otra cosa que el poder primario de la energía de la materia que compartimos los seres humanos con el resto de la existencia total del universo y que explica el origen y causa de lo que en las religiones monoteístas se ha llamado “la creación”, mito bíblico que equivale al orden explicado y a la natura naturata.

Pero en estos planteamientos sobre la Naturaleza de Spinoza y los órdenes explicado-implicados de Bohm, ¿dónde se ubican los fenómenos psíquicos del pensamiento y de la conciencia? ¿Todo se reduce a la simple materia? Bohm aclara este enigma con un planteamiento sugerente:

En síntesis, toda la realidad explicado-implicada es la existencia promovida por un fondo de energía en incesante actividad, un holomovimiento causal que todo lo genera y lo sustenta. Este movimiento holístico incluye también una dimensión psíquica de la materia. Es un todo dialéctico de energía y mente que causa el orden explicado físico y psíquico”.

Béjar narra el encuentro que tuvo Bohm con Jiddu Krishnamurti en 1961, del cual resultó la ampliación de la teoría de Bohm con un complemento metafísico para evidenciar la explicación científica de la conciencia. Al contrastarla con el pensamiento propuso sus diferencias:

El pensamiento es la facultad mental adquirida y consolidada que rutinariamente nos permite actuar adecuadamente en un medio. Lo constituyen, tanto el conjunto de destrezas físicas como psíquicas. Es el modus operandi ordinarioLa conciencia es el modo complementario del funcionamiento psíquico. Es capaz de percibir sin la habituación cultural propia del pensamientoLa conciencia, en definitiva, es la capacidad de la mente para percibir directamente. Es la dimensión psíquica que nos abre a lo nuevo y, por tanto, es fuente de creatividad. La originalidad propia del modo consciente del psiquismo permite romper con la superficialidad del pensamiento y sumergirse en las profundidades ontológicas de la realidad.

Bohm introduce los conceptos de mente individual y mente cósmica como un corolario natural de toda su teoría que encuentra correlación, igualmente, con la teoría de Spinoza cuando menciona la Naturaleza y la “divinidad”:

El origen causal de la conciencia lo sitúa Bohm unido a la causa primordial del ser: una mente-energía cósmica que todo lo fundamenta. De la mente cósmica emerge todo el orden explicado psicobiofísico. Es el origen del ser, material y psíquico, que posibilita el pensamiento consciente. El hombre es una mente individual. Es un ser material individualizado con capacidad para percibir conscientemente la realidad última. Sin embargo, el hombre como mente individual, ligada al cosmos, está llamado a un comportamiento consciente superior. La mente cósmica es una presencia agente constante. La mente individual es susceptible siempre de ser activada conscientemente y salir del modo pensamiento. La conexión entre la mente cósmica y la mente individual produce, según Bohm, la experiencia de la percepción directa consciente.

Es interesante constatar, en este punto, la existencia de pensadores que coinciden tanto con Spinoza como con Bohm. Un lugar destacado lo ocupa el investigador jesuita Jorge Julio Mejía (1999), discípulo de Dürckheim (1992),  quien en su tratado Recuperar la conciencia de sujeto menciona varios conceptos interesantes sobre la apertura de la conciencia del ser humano, entre ellos, el “Yo existencial” y el “Yo esencial”, cuyas definiciones corroboran en parte las propuestas de Bohm sobre el orden explicado y el orden implicado referidos al pensamiento y a la conciencia, a la mente individual y a la mente cósmica. Mejía asegura que:

Para vivir en el mundo necesitamos una forma apropiada a ese mundo y a nosotros mismos. Tenemos necesidad de relacionarnos y adaptarnos al ambiente en que vivimos. Esa parte de nuestro propio yo que realiza tal adaptación es el “yo existencial”.

Esta propuesta coincide con el concepto de “pensamiento” de Bohm para adecuar el comportamiento y vida del ser humano al mundo que lo rodea, al orden explicado, es la mente individual.  Pero como esto no pareciera suficiente y con el fin de ascender a otra dimensión, Mejía complementa:

El “Yo esencial” es el nivel de la conciencia en el que se encuentra el núcleo del sujeto. Ese núcleo lo vamos a llamar “sí mismo”, es como el germen de la semilla del árbol. (…) Pues bien, el proyecto único de sujeto que es cada ser humano se encuentra en el “sí mismo”, especie de germen en el que está todo su potencial del tipo de humano que está llamado a ser. Allí están las características únicas, originales de ese sujeto. De ahí brota su autenticidad. Es la raíz del “Yo esencial”. Allí somos seres incondicionados que existimos más allá del tiempo y del espacio.

Este “yo esencial” o núcleo del sujeto hace referencia a la conciencia de la que habla Bohm y es la que le permite al ser humano trascender su vida diaria desde los aconteceres, avatares y el caos vital hacia una unión ascendente con la mente cósmica.

Mejía coincide con Bohm en su propuesta de las dos facetas del psiquismo del ser humano: una, que le permite adecuarse al mundo físico que lo rodea, a ese orden explicado material y visible y del cual forma parte, para vivir adecuadamente en él; y otra, para trascender hacia una mente cósmica, para conectarse con el orden implicado trascendente y proyectar creativamente la apertura de su conciencia.

Finalmente, Béjar realiza una concordancia sutil, a lo mejor no intencional, de la propuesta de Bohm con la filosofía de Spinoza como hemos planteado al inicio de estas reflexiones:

En el futuro, como ya pasa en la actualidad, la teoría física de la mente abrirá nuevas posibilidades de diálogo entre ciencia y religión. Las propuestas especulativas de Bohm representan un hito en la historia, ya clásico, de este diálogo de la física con la metafísica hacia una dimensión física fundante donde muchos atisbarán, aunque no necesariamente, la presencia de la Divinidad.

Este concepto de “divinidad” adquiere significados particulares a la luz de los últimos descubrimientos científicos y de las teorías expresadas por los autores citados, que nos inducen a aceptar la simbiosis conceptual existente entre “divinidad” y energía intrínseca de la materia, que propició la “creación” de todo lo existente, aclarando que esa energía ha estado ahí desde siempre.

Stephen Hawking (7) hablaba con frecuencia del concepto Dios para afirmar sus teorías sobre las leyes físicas. En una de las frases más célebres y que concuerda con las tesis aquí expuestas, expresaba:

No digo que Dios no exista. Dios es el nombre que la gente le da a la razón por la que estamos aquí. Pero creo que esta razón son las leyes de la física y no alguien con quien podamos tener una relación personal.

Finalmente, y con el fin de refrendar los descubrimientos científicos, desde los átomos hasta los estados vibracionales de la teoría de cuerdas, las propuestas de Spinoza, Mejía, Bohm y otros científicos en relación con la naturaleza, el pensamiento y la conciencia, puede citarse la frase que Hawking dejó como legado poco antes de morir. Es una afirmación explícita que confirma nuestros orígenes moleculares y nuestra unión con la Naturaleza y el ascenso a la mente cósmica:

                          “El hecho de que los humanos ‒que no somos más que simples conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza‒ nos hayamos acercado tanto a la comprensión de las leyes que nos rigen a nosotros y a nuestro universo, es un triunfo”.

Es el triunfo de la evolución del ser humano que ascendió desde partículas elementales, hasta desentrañar los secretos de la naturaleza y de la vida, en unión con la conciencia cósmica. ¿Sería este el Punto Omega al que se refería Teilhard de Chardin?  

Esto sería, a lo mejor, lo que pudo inspirar a Carl Sagan (8) para exclamar, en algún momento de su vida, inspirado por su “yo esencial” o conciencia cósmica, mientras observaba la majestuosidad e inmensidad del universo: 

   “La ciencia no es solamente compatible con la espiritualidad, sino que es una profunda fuente de espiritualidad”. 

Bibliografía

Béjar, M. (2007). La biofísica de la conciencia, explicada desde la teoría cuántica de David Bohm. Artículo para la cátedra CTR. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas.

Bronowski, J. (1973). El ascenso del hombre. Bogotá: Fondo Educativo Interamericano. 

Carse, D. (2009). Perfecta brillante quietud. Más allá del yo individual. Madrid: Gaia. Colección Espiritualidad Advaita.

Dürckheim, K. G. (1992). Le centre de l´être. Paris: Albin Michel. 

Mejía, J. J. (1999) Recuperar la conciencia de sujeto. La interioridad, dimensión olvidada. Bogotá: Cinep, 2ª edición.  

Solé, J. (2015). Spinoza, la filosofía al modo geométrico. Barcelona: Bonalletra Alcompas.

Wikipedia:

  1. https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/6403/25-grandes-frases-de-carl-sagan-para-reflexionar
  2. https://es.wikipedia.org/wiki/Electrón
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Protón
  4. https://es.wikipedia.org/wiki/Neutrón
  5. https://es.wikipedia.org/wiki/quarks
  6. https://es.wikipedia.org/wiki/Teoriadecuerdas
  7. https://www.muyinteresante.es/cultura/arte-cultura/articulo/8-frases-de-stephen-hawking
  8. https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-carl-sagan

John Arbeláez Ochoa

Febrero, 2021

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