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Vicente Alcala

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Llamemos sombras a las guerras, a las torturas, a la destrucción, al hambre, a los homicidios, a la sed, a los acosos, a los secuestros, a las violaciones, al reclutamiento de menores, a las minas antipersonas, a las amputaciones, al narcotráfico, a las masacres, a las injusticias, a los fraudes, a los robos, a los abandonos, a las infidelidades, a las indiferencias, al ruido, al desorden, a la corrupción, a las basuras, a las mentiras, a los engaños, a las exclusiones, a las discriminaciones, a los desprecios… a la maldad humana, a la tristeza de la muerte sin fe.

Llamemos luz al amor, a la ayuda, a los cuidados, a la música, a los salvamentos, a los abrazos, a la limpieza, al trabajo, a la creatividad, al ingenio humano, al progreso, a la solidaridad, a la verdad, a la justicia, a la productividad, al arte, a la poesía, a la entrega  materna, a la unidad familiar, a la lealtad, a la reconciliación, al perdón, al cariño, al afecto, al compañerismo, a la aceptación, a la escucha, a la reparación, a las liberaciones, a la convivencia pacífica, a la colaboración comunitaria… a la bondad humana, a la muerte con esperanza de la resurrección.

Los anteriores podrían parecer, simplemente, dos catálogos de palabras; pero si nos detenemos a ver lo que significa cada una, si le ponemos rostros, sentimientos, imágenes, experiencias, situaciones vividas u observadas, acompañamiento a personas sufrientes… no podemos quedarnos indiferentes o insensibles. 

¿Cómo se explica todo lo anterior? ¿qué pesa más, lo primero o lo segundo? 

No se trata de pesar ni medir, se trata de sentir, de comprender y de actuar.

Hay que sentir el contraste, hay que sentir la tristeza que producen “las sombras” y hay que sentir la alegría que produce la luz. 

Para comprender, no podemos pensar que es “el destino” la casualidad o las circunstancias lo que produce lo uno o lo otro. Puede haber condiciones externas o impulsos interiores que inclinan a lo primero, pero no estamos determinados a actuar como marionetas humanas, sino que depende de nuestras decisiones y nuestras acciones las consecuencias que resulten.

En la vida social, comenzando por la propia, no todo es luz brillante ni sombras tenebrosas; se pueden mezclar, pero está en nuestras manos que prevalezca lo uno o lo otro, y no pensemos que es insignificante cualquier actuación por pequeña que sea: todo pensamiento, deseo, palabra o acción contribuye al bien general o, por el contrario, lo impide o dificulta. 

Yo soy la luz del mundo -dijo Jesús- el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; yo, la luz, vine al mundo para que quien creyere en mí no camine en las tinieblas… la luz brilla en las tinieblas, pero los hombres prefieren las tinieblas a la luz cuando sus obras son malas.

Y en otra ocasión, nos dijo: ustedes son la luz del mundo, no se prende una luz para esconderla sino para que alumbre a todos los que la necesitan; así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. 

Recurrí a las palabras de Jesús, porque nadie mejor que él, en su sencillez, puede explicar el misterio de obrar en uno u otro sentido: o con las obras que dañan a los demás o con las obras que benefician a todos. 

No nos basta desear la luz antes que las sombras; necesitamos realizar obras de luz que glorifiquen al Padre y rechazar las malas obras que aumentan las tinieblas.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2026

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Frente al paisaje abierto, me llamó la atención lo que parecía insignificante, pero que, a la vez, brillaba como perlas: el reflejo de la luz en las cuatro gotas. 

La palabra insignificante se entiende como algo de poca importancia, pequeño, irrelevante, intrascendente, trivial, mínimo.

Esto es lo primero que se me ocurrió frente al paisaje: lo inmediato fue la idea de insignificante, tanto así que se dice -de manera resignada- “apenas cayeron cuatro gotas” pero no pude sustraerme al brillo de las cuatro perlas y, enseguida, me pregunté por un posible significado de ellas. 

Insignificante, literalmente, es lo contrario de significante. En lingüística, significante es la palabra o el signo que revela un significado. Pero, entre el significante y el significado está el “significador” con su acto de elaborar una significación, un sentido para la palabra o para el signo. Lo que parece insignificante puede tener ricos significados.

El signo 4, evoca:

– los cuatro puntos cardinales,  

– las cuatro estaciones, 

– los cuatro elementos básicos de la naturaleza,

– las cuatro fases de la luna, 

– las cuatro patas de una mesa y de muchos animales, 

– los cuatro jinetes del Apocalipsis (con sus respectivos caballos), 

– las cuatro “virtudes cardinales”, 

– las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar,

– las cuatro nobles verdades en el budismo, 

– los cuatro Evangelios. 

Así pues, una palabra o un signo no es insignificante o importante, en absoluto, sino que depende del sentido que encuentre o le dé el significador, quien es cada uno de nosotros, en cada cultura. 

Para algunas mentalidades, el niño, o la mujer, o el pobre, o el “indio” … son insignificantes; o las pequeñas acciones son intrascendentes; o la oración es trivial. Afortunadamente, cada vez más, la mentalidad es diferente y más positiva. 

  • Los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste) nos descubrió “El secreto de la laguna” que no son cuatro, pues el quinto y principal es el centro, el corazón, que es el guía principal en el camino de la vida.
  • Las cuatro estaciones, las pude experimentar, aunque suaves, en mis primeros años.
  • También descubrimos que los elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire, fuego) no son cuatro, pues el quinto o primero es el espíritu. 
  • Las cuatro fases de la luna son: luna nueva, cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante, dependiendo de la luminosidad del sol, reflejada según los giros. 
  • Las cuatro patas de una mesa dan la imagen, sensación y realidad de estabilidad y firmeza. 
  • Las cuatro patas de muchos animales les ofrecen algunas ventajas, sobre todo en movilidad, pero tienen sus limitaciones, como en la manipulación de objetos, posible en los humanos por la liberación de sus manos. 
  • Los cuatro jinetes del apocalipsis son muy enigmáticos, aunque hayan tenido diversas interpretaciones, y hasta inspiraron a distintos artistas.
  • Las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) se han identificado como virtudes humanas fundamentales, que agrupan diversos hábitos intelectuales y volitivos, positivos para la vida personal y social.
  • Las cuatro operaciones humanas básicas para conocer y actuar son: experimentar conscientemente, comprender inteligentemente, afirmar razonablemente, decidir responsablemente. 
  • Las cuatro nobles verdades son los principios del pensamiento y de las orientaciones del budismo: 

) La verdad del sufrimiento describe una condición general de la existencia humana que se manifiesta en dolor, insatisfacción, frustración, envejecimiento, enfermedad y hasta la muerte. 

2ª) El origen verdadero del sufrimiento está en el apego, la avidez, los deseos compulsivos y la ignorancia; queremos retener lo agradable y rechazar lo desagradable. 

3ª) La tercera verdad consiste en que es posible liberarse del sufrimiento en uno mismo y ayudar, con la compasión, a que los demás puedan superar el sufrimiento.

) La Noble Verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento; es el óctuple sendero de ocho prácticas: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención consciente correcta y concentración correcta. Se busca conseguir sabiduría, actuar con una conducta ética y desarrollar la adecuada disciplina mental. 

– Y llegamos al signo de los cuatro evangelios, que son cuatro versiones o escritos complementarios sobre el Evangelio, la Buena Nueva, que es la persona de Jesucristo, su vida, su mensaje y el camino que nos enseña a recorrer, unidos a EL y a los demás.

Las cuatro verdades del Evangelio son:

  1. Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es uno solo y es el creador y conservador del cosmos evolutivo y, por tanto, de la especie humana.
  2. Jesucristo es el Salvador del pecado, del mal y de la muerte.
  3. El destino de la historia y de la humanidad es la Salvación en la unión con Dios. En una palabra: vivir en el Espíritu de Dios.
  4. El camino que conduce a la Salvación es Jesucristo: la fe en El, el amor sin límites, la esperanza en sus promesas y la confianza en su palabra, unidos a los demás. 

Las cuatro gotas de agua pendientes de la rama del árbol son signos del rocío mañanero, secuela de una noche húmeda. Pero, además -como símbolos- nos han lanzado más allá; nos han remitido a varios significados y nos han evocado diversas realidades y doctrinas.   

Vicente Alcalá Colacios

Junio, 2026

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Autorretrato

Por Vicente Alcala
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Este autorretrato resalta rasgos de autoestima y de pensamiento positivo. Todos los tenemos, así nos haga falta reforzarlos. Para mantener el equilibrio de género, cada afirmación la expresamos anteponiendo el sujeto implícito: “Soy una persona…”  y continuamos con cada rasgo. 

Soy una persona asertiva. Digo y hago lo que pienso correcto. 

Soy … curiosa. Observo mi entorno con atención. 

Soy … agradable. Me despreocupo de tener que agradar a otros. 

Soy … inteligente. Cada día mejoro mi inteligencia. 

Soy … crítica. Verifico antes de aceptar.  

Soy … alegre. Manejo mis tristezas.  

Soy … creyente. Señor ¡aumenta mi fe!  

Soy … investigadora. Pregunto y me pregunto. 

Soy … artista. Aprecio la belleza en todas sus formas

Soy … ilustrada. Estudio y me informo.

Soy … amorosa. Recibo amor y comparto amor.        

Soy … educadora. Enseño con el buen ejemplo.

Soy … comunicativa. Escucho y converso.

Soy … autónoma. Actúo con independencia. 

Soy … veraz. Amo la verdad y la integridad.

Soy … proactiva. Tomo las riendas de mi vida. 

Soy … constante. Persisto en mis objetivos.

Soy … privilegiada. Agradezco y correspondo.

Soy … eficiente. Sigo siendo eficiente a mi manera. 

Soy … productiva. En lo material y lo inmaterial. 

Soy … creativa. Original e imaginativa.

Soy … paciente. Supero mis impaciencias. 

Soy … pacífica. Vivo en paz y promuevo la paz. 

Soy … optimista. Miro el lado bueno de las cosas.

Soy … responsable. Realizo mis tareas con juicio.  

Soy … coherente. Vivo de acuerdo con mis valores.

Soy … cívica. Me preocupo por mejorar la sociedad.

Soy … sana. Cuido mi buena salud.  

Soy …mística. Siento a Dios en todo.

Soy … recursiva. Encuentro solución a los problemas.

Soy … confiada. Espero que ocurrirá lo mejor.

Soy … segura. Me sobrepongo a mis temores.    

Soy … fuerte. Tengo una suave fortaleza.     

Soy … capaz. Logro lo que me propongo.

Soy … consciente. Y atiendo al subconsciente y al inconsciente. 

Soy … sensata. El Espíritu Santo me ilumina. 

Soy … innovadora. Utilizo las nuevas tecnologías

Soy … piadosa. María ¡enséñame a orar!

Soy … buena gente. Me gusta la gente.

Soy … empática. Acepto a los demás como son.

Soy … lúdica. Tengo buen humor.

Soy … solidaria. Ayudo siempre que puedo.

Soy … protectora. De las personas y de la vida. 

Soy … colaboradora. Participo en mi comunidad.

Soy … equitativa. Descubro y combato las injusticias. 

Soy … prudente. Mesurada y discreta.

Soy … sensible. Me duelo con el dolor ajeno.

Soy … generosa. Comparto lo que he recibido.

Soy … honesta. Hablo y actúo con honradez

Soy … humilde. Aprecio a los demás y a mí también, ySoy como soy. Mi balance es muy positivo.

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2026

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La carátula del libro sugiere una respuesta: una guía completa de las leyes del universo es el camino a la realidad, luego las leyes no son la realidad. Y como las leyes del universo constituyen la esencia de la física, ¿se puede afirmar que la realidad depende de la física? Hace falta la pregunta clave: ¿qué es la realidad?

Recuperé de la biblioteca este libro de 1 471 páginas, donde se recorren los descubrimientos de la Física en el siglo XX, expuestos con la mayor rigurosidad matemática.

El autor, en las páginas 1 351-52, dice “No es extraño que teóricos confiados crean que quizá estemos ‘casi al final’ y que pueda haber una ‘teoría del todo’… personalmente creo que todavía estamos mucho más lejos que esto”.

Es cierto. En los años posteriores a la publicación del libro se han hecho al menos cuatro grandes avances científicos (El Bosón de Higgs en 2012, las ondas gravitacionales en 2015, la primera imagen de un agujero negro en 2019 y el telescopio James Webb en 2022).

Esto, sin mencionar los grandes avances logrados en los campos de la Biología, la Medicina y en la Tecnología y la Inteligencia Artificial.

No me detendré en las matemáticas ni en la física que conozco muy poco. Lo que me llama más la atención de esta obra de Penrose es la pregunta formulada en el párrafo 34.6 ¿Qué es la realidad? Como el autor no tiene respuesta, considera mejor hacerle la pregunta a la física: ya no sería qué es la realidad, sino cómo se comporta la realidad.

Si las Leyes de la Física fueran las que constituyen la realidad, eso significaría que la realidad sería distinta cada vez que aparecen nuevas leyes. Parece más lógico pensar que la realidad es lo que es, y las leyes solamente conocen, cada vez, nuevas facetas de la realidad.

La realidad es anterior a las leyes de la física. Las leyes tienen necesidad, pero no crean la realidad y ésta funciona sin necesidad de las leyes. Los científicos saben que las leyes no son el origen de la realidad. La realidad es dinámica, es evolutiva, es progresiva; no es estática, no es inmutable. ¿Será que no tiene ni necesita origen?

Si tiene origen (o si el universo experimentalmente tiene comienzo) el origen no puede ser igual o idéntico a la realidad, porque no sería su origen, sino parte de ella misma. Ese origen, con otra palabra, es la causa de la realidad. Y esa causa, si está fuera de la realidad, parecería que es irreal, que no existiría; pero si se puede afirmar lo que es, podemos afirmar la realidad y podemos afirmar el origen o causa de la realidad; en otras palabras, la realidad no es toda la realidad. La totalidad incluye a la realidad y a la causa u origen, de la realidad. Esa totalidad es mayor que la realidad, trasciende la realidad. 

La realidad la podemos afirmar porque la podemos comprobar, pero la causa o el origen de la realidad ¿se puede afirmar, se puede comprobar?

La manera de afirmar y comprobar una realidad es directa: se afirma la misma realidad. La manera de afirmar y comprobar la causa o el origen de la realidad es indirecta: se afirma por sus efectos, por sus consecuencias. 

Una cosa es saber si existe la realidad y cómo es la realidad, y podemos conocer ambas cosas; pero en cuanto a la causa u origen de la realidad, podemos conocer que existe, aunque no podamos conocer cómo es. 

Pasa algo parecido con la música inmortal: para mí es un misterio cómo puede un músico producir una melodía tan bella, pero puedo afirmar que la admiro y la disfruto sin ninguna duda, lo que también les sucede a muchos.  

Hay un conocimiento proporcionado, que corresponde al ser proporcionado; y el ser proporcionado es todo aquello que ha de ser conocido mediante la experiencia humana, la aprehensión inteligente y la afirmación razonable. La física abarca el conjunto de los seres proporcionados pues experimenta, comprende y afirma comprobando. 

Además del conocimiento proporcionado podemos verificar el conocimiento trascendente del ser trascendente. El ser es aquello que puede ser aprehendido inteligentemente y afirmado razonablemente. El ser es o proporcionado o trascendente, según queda dentro o fuera del dominio de la experiencia externa e interna del ser humano.

En este punto, podemos entender la realidad como aquello que puede ser aprehendido inteligentemente y afirmado razonablemente. La realidad es o proporcionada o trascendente, según queda dentro o fuera del dominio de la experiencia externa e interna del ser humano. La realidad proporcionada es objeto del conocimiento de la física; la realidad trascendente queda por fuera del conocimiento de la física.

El origen o causa de la realidad proporcionada es trascendente, pues queda fuera del conocimiento proporcionado, pero no queda por fuera del conocimiento trascendente. Por el conocimiento trascendente se puede conocer que existe el origen de la realidad proporcionada, aunque no pueda conocer cómo es ese origen.

Este artículo afirma que la totalidad abarca tanto a la realidad proporcionada como también a la realidad trascendente.

Supera el límite de este artículo el proceso de concebir la noción del conocimiento trascendente y la comprobación de ese conocimiento del ser trascendente. Lo que ha clarificado el artículo es que la realidad no puede depender de la Física (puesto que es anterior a la física) sino que la física depende de la realidad proporcionada: es el conocimiento progresivo de cómo está conformada esta realidad proporcionada y cómo funciona. 

Vicente Alcalá Colacios

Abril, 2026

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El domingo se puede decir que continúa el shabat judío (el día de descanso); no lo anula, sino que lo reemplaza, lo sustituye, lo trasciende o mejor dicho, le da -en el cristianismo- su sentido más pleno, el de la realización esperada. 

El Domingo es el día del Señor, el día de la celebración de la Resurrección de Jesucristo el Mesías; y la Salvación que trae Jesús resucitado se manifiesta de muchas maneras en las comunidades humanas.

Es muy interesante recorrer varios canales de T.V. en la mañana del Domingo, durante la celebración de la santa misa: El canal institucional, el programa El despertar de la fe del canal 136 y otros.

En el primero, disfruté un documental sobre el río Cauca que se une al Magdalena en el sur del departamento de Bolívar; este punto se conoce como La Mojana, que es una amplia región de humedales y ciénagas de gran importancia histórica, económica y ecológica. Es majestuoso el panorama mixto de tierras y aguas; los dos ríos más grandes de Colombia recorren 1.350 y 1.528 kilómetros, respectivamente, y todo el recorrido es dentro del país, atravesando varios departamentos, hasta desembocar unidos en el océano Atlántico.

Al contemplar el territorio y las poblaciones ribereñas es difícil no reconocer la obra del Creador y su acción permanente; el domingo es una oportunidad propicia para alabar y agradecer a Dios por la vida y la abundancia que nos regala. Conocer y recorrer las regiones naturales del país es una de las maneras agradables de vivir el domingo.

En el canal 136, una gran cantidad de personas se congrega alrededor de la predicación de uno o varios pastores que, puntualmente en el domingo 22 de febrero, unían sus palabras al signo de entregar agua bendecida a los asistentes, que traen botellas u otros recipientes para recibir el “agua milagrosa”.

Según los testimonios de varias personas, el agua ha realizado en ellas curaciones en el nombre de Jesús. Seguramente, el milagro es obra -no tanto del agua-, sino de la fe de los fieles. Sin entrar a cuestionar ni la fe, ni los supuestos milagros, una cosa es cierta: una comunidad, entre otras muchas, se reúne en domingo, para alabar a Dios y agradecerle sus bendiciones. 

En el libro del Éxodo, capítulo 20,8 se lee: “Ten presente el día del sábado para santificarlo. Durante seis días harás tus trabajos, pero el séptimo día es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios”.

Hoy parece que gran parte de la sociedad se ha quedado con la mitad del mandato: el séptimo día es un día de descanso; la segunda parte del mandato parece haberla echado al olvido: dedicado al Señor, tu Dios.

Llegamos aquí al significado más preciso del domingo, como Día del Señor. La Iglesia Católica, en su liturgia, celebra la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, a quien confiesa “sentado a la derecha del Padre” es decir, Hijo de Dios vivo en la unidad del Padre y del Espíritu Santo.

La misa celebra la última cena de Jesús con sus discípulos, en la que “Tomó pan, dando gracias lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que la beban háganlo en memoria mía. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del señor hasta que vuelva”. (1ª Carta a los Corintios, cp. 11 v. 23-26)

En el evangelio de Mateo, leemos una afirmación adicional: “mi sangre de la alianza que se derrama por todos para el perdón de los pecados”. Y en el evangelio de Lucas, encontramos otro inciso: “y tomando la copa, dio gracias y dijo: tomen y compártanla entre ustedes”. 

El mandato de Jesús es doble: recuerden y celebren mi Pascua; compartan entre ustedes, entreguen su vida por los demás como yo entrego la mía por ustedes. 

El shabat judío hace referencia a la creación, en la que para el día séptimo, había Dios concluido toda su tarea y descansó el séptimo día de toda su tarea. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque ese día Dios descansó de toda su tarea de crear. También, el descanso sabático se refiere a la liberación de Egipto y es visto como un anticipo del mundo venidero. Dios no se cansó, su descanso no es reposo físico sino plenitud de la obra creada que culminará con la salvación. 

El domingo cristiano hace referencia a la “nueva creación” instaurada por Jesucristo, y a la liberación que es ya, no solo la liberación sociohistórica, sino liberación del pecado y de la muerte que Cristo logró con su muerte y resurrección. El mundo venidero se espera con la súplica escatológica: Ven señor Jesús. 

Los primeros cristianos eran judíos y seguían observando el shabat, pero comenzaron a reunirse también el primer día de la semana, día de la resurrección de Jesús. Ya no era sólo recuerdo de la creación, sino memoria de la redención. Paulatinamente, se fue dejando entre ellos la celebración del sábado y se instituyó la celebración del domingo. 

Los mandamientos de Dios y de la Iglesia incluyen la celebración del domingo y, especialmente, de la Eucaristía dentro de él. Es un mandato sí, pero es sobre todo una invitación, un llamado a conmemorar el misterio de la muerte y resurrección de Jesús y perpetuarlas en unión de la comunidad, Cuerpo Místico de Cristo. En la Eucaristía, se escucha la palabra de Dios y el llamado a la respuesta efectiva que se debe dar. 

Los judíos, al terminar el shabat, separan el tiempo sagrado del tiempo cotidiano. El domingo cristiano es tiempo de alegría y unión espiritual con Dios, pero lo sagrado no termina, sino que ilumina cada semana. El domingo es día de descanso, pero como dijo San Agustín, Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. 

Próximamente, celebraremos dos domingos especiales, que enmarcan el comienzo y el final de la Semana Santa: el domingo de Ramos (29/03) y el domingo de Resurrección (05/04). 

P.D. En este mismo blog, se publicaron varios artículos que profundizan aspectos de la celebración de la Eucaristía y ayudan a vivir el domingo con mayor sentido: “El sabor de las obleas” “Creo, pero no voy a misa” “Mejor presencial que por T.V.” “De nuevo al misterio”.

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2026

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En nuestra tertulia de los jueves tenida el 12 de este mes, nos pusimos de acuerdo para conversar sobre la forma como cada uno estaba viviendo su longevidad. Costumbres, procedimientos, rutinas, aprendizajes, resultados, fue lo que compartimos, con mucha riqueza, respetando y admirando siempre nuestra diversidad. Hoy te presentamos el aporte de Vicente Alcalá …

Para apreciar el video, haz click aquí: https://youtu.be/EKBz2CkdUd4

Exjesuitas en tertulia – 12 de Marzo, 2026

Así como no podemos dejar de vivir ninguna hora del día, tampoco podemos dejar de atender ningún subsistema del sistema integral de la calidad de la vida, aún en nuestros años más avanzados. 

Los subsistemas se corresponden (con los “requerimientos” en lenguaje de Goyo Vélez) con necesidades, potencialidades o capacidades humanas, que, además de contar con su propio dinamismo, buscan objetivos o metas en cada aspecto de la vida de calidad. 

Los subsistemas se pueden enumerar así con sus respectivas dinámicas y metas:

  1. Familia, procedencia; fecundidad; generación, sobrevivencia.
  2. Salud, salubridad; vitalidad; constitución.
  3. Alimentación, manutención; mantenimiento; subsistencia.
  4. Amistad, atracción; lealtad; comunión, solidaridad, afecto.
  5. Recreación, distensión; ocio, disfrute; descanso.
  6. Comunicación y desplazamiento; movilidad; articulación. 
  7. Aprendizaje, educación; reprogramación; conocimiento, sabiduría.
  8. Ahorro, previsión, patrimonio; dotación; usufructo.
  9. Producción, trabajo; creatividad; renovación.
  10. Trascendencia, religiosidad; fe; alegría.
  11. Administración, política; organización; bienestar, participación, libertad.
  12. Protección, seguridad; defensa, combatividad; paz.
  13. Orden, juridicidad; responsabilidad, regulación; justicia, derecho.
  14. Reconocimiento, prestigio; precedencia; pertenencia, identidad.

Como modelo ideal, los círculos concéntricos sugieren un crecimiento armónico y progresivo en todos los subsistemas del sistema integral de vida de calidad. También pueden simbolizar los distintos ámbitos donde se logre la calidad de vida, desde lo personal hasta lo colectivo. 

La realidad, personal y social, nos muestra que algunos subsistemas se atienden y crecen con mayor desarrollo, mientras que otros se descuidan o no se atienden con el interés y dedicación que necesitarían, dependiendo de las circunstancias.

Una tarea importante para mantener la longevidad con calidad de vida consiste en revisar los subsistemas y trabajar en los que necesitan mejoría, crecimiento o mayor cuidado. 

La pregunta concreta para la tertulia fue¿qué estoy haciendo para mantener la longevidad?  Como respuesta general, intento mejorar los aspectos qué más necesito o que tengo descuidados, y mantengo o intensifico los más satisfactorios.

Respondiendo más empíricamente y recorriendo algunas rutinas cotidianas, 

Contemplo cada mañana el amanecer y agradezco a Dios.

Oigo música clásica, recostado en un reclinable.

Leo el artículo diario del blog.

Me preparo y disfruto el desayuno.

Espero y acompaño conversando “mi segundo desayuno”.

Me tomo el medicamento de la mañana.

Reviso o cumplo las citas médicas.

Acompaño a mi señora a exámenes o consultas.

Me esfuerzo por mejorar cada día esta relación fundamental con ella.

Conversamos con los dos hijos y los escuchamos, a larga distancia.

Estamos pendientes de sus vidas y tratamos de ayudarles.

Las finanzas las administra mejor mi señora.

Le damos trabajo, hace 18 años, a nuestra empleada.

Con alguna periodicidad me comunico con hermanas y sobrinos.

A veces barro las hojas caídas de los árboles.

A veces cocino algún plato especial.

Otras veces, salimos a almorzar “afuera”.

Estoy caminando entre 30 y 60 minutos.

Leo y averiguo sobre lo divino y lo humano (¡hay tanto por aprender!).

Reflexiono mucho sobre la situación del país.

Oigo las noticias nacionales y mundiales.

Me pregunto por el sentido de la historia, a pesar de todo.

Intento compartir por escrito mi visión y mi experiencia.

Los domingos participo en la Misa (por T.V y, a veces, presencial).

Busco profundizar en la religiosidad trinitaria.

Intento ver algunas películas, mientras me coge el sueño. 

Me tomo las medicinas antes de dormir.

Me “despido”.

En resumen: Cuido la relación conyugal y familiar, la salud, la dieta y el ejercicio; ejercito la lectura y trato de compartir con mis escritos; soy solidario en las formas que puedo; atiendo la trascendencia y la religiosidad (a medida que pasa el tiempo, siento la necesidad de intensificar esta dimensión, como “preparación” al final de mis años).

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2026

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Si nieva, estás ahí.
Si llueve, estás ahí.
Con sol, estás ahí.
Nublado, estás ahí.
En la sequía, estás ahí.
En la inundación, estás ahí.
En guerra, estás ahí.
En paz, estás ahí.
En la tristeza, estás ahí.
En la alegría, estas ahí.
En la pobreza, estás ahí.
En la riqueza, estás ahí.
Con el mar, estás ahí.
Con la montaña, estás ahí.

Música, siempre estás, desde que estás.
Sólo si te oigo, estás conmigo.

Si te recuerdo, estás aquí.
Si te miro, estás aquí.
Si te olvido, estás aquí.
Si te hablo, estás aquí.
Si me callo, estás aquí.
En tu fotografía, estás aquí.
En mi corazón, estás aquí.
En tu familia, estás ahí.
En mi familia, estás ahí.
Cuando camino, vas conmigo.
Cuando duermo, duermes conmigo.
En la mesa, estás conmigo.
Escribo y estás aquí.

Madre, siempre estás aquí.
Desde que te fuiste, estás aquí.

Pero TU, estás aquí.
Desde siempre estuviste aquí.
Ahora estás aquí.
Para siempre estarás aquí.
Sólo si TE escucho, sé que estás aquí.
Sólo si amo, siento que TU nos amas.

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2026

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En la izquierda: ¿quién tiene la razón? ¿cómo se ponen de acuerdo? ¿cuándo se conoce de verdad? ¿la verdad es lo que le parece a cada uno? En la derecha: ¿para dónde cogemos? ¿qué hacemos? ¿qué será mejor o qué nos perjudicará? ¿será necesariamente bueno lo que más me agrada? ¿cómo actuar bien?

El problema de los diversos puntos de vista no es solo para situaciones tan sencillas como la de 6-9, sino que se presenta desde las relaciones de pareja, dentro de un grupo, dentro del país y hasta internacionalmente entre los países. El 6-9 del dibujo de la izquierda se puede reemplazar por el mapa de Colombia y los dos observadores se convierten en dos miradas para ver el país. 

Conocer de verdad el país

Y…actuar bien por los demás

Lo importante es conocer de verdad el paìs y trabajar por el bien de todos.

La verdad de Colombia ¿será la mirada de la “izquierda” o la mirada de la “derecha? o ¿será la realidad del país con sus regiones diferentes, con cifras comprobadas, con los problemas sufridos y sentidos por los ciudadanos, con los datos económicos sin maquillajes, con los recursos naturales inventariados, con el mercado internacional que es y que puede ser, con la situaciòn de la salud, con el regimen jurídico vigente?  Y esa verdad no depende de opiniones o ideologìas, sino de la compleja realidad, observada, comprendida y comprobada. 

En el dibujo de la derecha, se representa el problema ético para actuar; no sólo para decisiones individuales, sino que las parejas, las agrupaciones y las colectividades están abocadas a decidir entre varias alternativas y actuar de acuerdo con lo decidido. Un caso concreto de decisión es el de la votación electoral: se investiga, se conoce, se delibera, se decide y se vota; desafortunadamente, esa no es la práctica general.  

La verdad es meta del conocer humano. El bien es finalidad del actuar humano. Es perjudicial actuar sin pensar o actuar por intereses individuales contra el general. Lo mejor es comprender antes de actuar y actuar bien. 

“No se puede amar lo que no se conoce”. “No hago el bien que veo y quiero, y hago el mal que vislumbro y no quiero”. “Si hubiera sabido, habría actuado diferente”. “La comprensión permite la acción inteligente, la falta de comprensión conduce a la actividad estúpida”. “Si conociéramos las consecuencias de lo que hacemos, probablemente actuaremos mejor” ... Las frases anteriores revelan la relación entre el conocimiento y la acción, la importancia de la verdad para conseguir el bien. 

Dicho así, parece algo muy teórico, pero, ser práctico es hacer cosas inteligentes, ser impráctico es seguir haciendo disparates. Los actos de entendimiento propician la actividad eficaz y eficiente, el progreso y el desarrollo (tanto en lo personal como en lo social); por el contrario, la falta de comprensión conduce a decisiones estúpidas y actuaciones ineptas, las cuales derivan en deterioro de las situaciones y en procesos de decadencia (tanto en lo personal como en lo social). 

Todo lo anterior nos lleva a reflexionar sobre la importancia del conocer acertadamente y del actuar correctamente (incluso para votar). No basta tener criterios de verdad para conocer, sino también tener criterios éticos que dirijan nuestro comportamiento; no es válido pensar que la verdad depende de cada parte, ni aceptar que lo bueno es algo relativo dependiendo de lo que quiera cada uno. A veces, no es que se busque el mal, sino que se busca mal, no es que se escoja el mal, sino que se escoge mal.

¿Se puede aceptar que todo vale, que cada quién tiene su verdad? ¿que todo es relativo y da igual lo que se decida? ¿que actuemos primero para pensar después? ¿que si pensamos mucho, no conseguiremos nada? 

¿Es posible tener una verdad objetiva, al conocer? ¿Es posible juzgar imparcialmente lo que es bueno-mejor y lo que es malo-perjudicial, para actuar?

Sería muy extenso detallar el proceso para determinar lo que es verdadero o no; y el proceso para definir los criterios éticos fundamentales. 

El conocimiento hay que mirarlo hacia “dentro” de nosotros mismos (como sujetos que conocemos) ¿qué hacemos al conocer? Ver, oír, oler, tocar, saborear, imaginar; después: preguntar, indagar, comprender, reflexionar, suponer, comprobar, afirmar. Necesitamos conocernos como sujetos que conocemos (hay que comprender y asimilar la estructura dinámica del ser humano capaz de conocimiento y de acción moral). 

¿He tenido algún accidente por no estar atento? ¿he tenido algún problema por no entender bien? ¿he tenido dificultades por juzgar equivocadamente? ¿qué consecuencias ha tenido, actuar alguna vez de manera inadecuada? Ayudará tener presentes estos preceptos universales: sé atento, sé inteligente, sé razonable, sé responsable, sé amoroso.

El conocimiento hay que mirarlo también hacia “afuera” (a los objetos del conocer) desde lo microscópico y microbiológico, lo biológico, hasta lo humano, lo histórico, lo planetario, lo cósmico, lo trascendente. Necesitamos conocer el “mundo” que nos rodea: las necesidades, las oportunidades, las personas, los acontecimientos y los recursos…

PRECEPTOSUNIVERSALES

Solamente hay conocimiento verdadero cuando afirmamos que algo es así, tal como es en realidad, cuando hacemos un juicio cierto sobre una situación determinada; y hay mentira cuando afirmamos lo que no es, cuando hacemos un juicio equivocado o malintencionado sobre algo. Mientras no hay afirmación o juicio, no hay todavía ni verdad ni mentira.

Pero, afirmamos y conocemos para actuar, y al actuar afrontamos el valor ético o moral; somos responsables de lo que hacemos y de sus consecuencias. Necesitamos respondernos: ¿vale la pena hacer esto? ¿es mejor hacerlo o no hacerlo? ¿qué es lo más benéfico para mí y para los demás? ¿qué es lo verdaderamente bueno y no sólo aparentemente bueno? Después de conocer, es preciso discernir, deliberar, decidir y realizar lo decidido. Se actúa para buscar el bien, pero debe ser el bien de todos, no sólo el bien propio.   

Conocer de verdad y actuar bien son dos tareas fundamentales de todo ser humano, y esas dos tareas hay que realizarlas en el ámbito personal, en la relación con los demás y en la esfera de lo público, lo político y lo social. Podemos engañar a otros, pero no podemos engañarnos a nosotros mismos porque nuestra conciencia intelectual y nuestra conciencia moral nos dan testimonio de la verdad y de la bondad.  

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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¿Acaso no somos una democracia? Entonces, cambio el título por este otro: “Hacia una verdadera democracia y una democracia verdadera”.

Verdadera democracia es una donde el poder proviene del pueblo y sirve a todos. Democracia verdadera es una donde impera la verdad.

Las dos parecen utopías que nos hacen trabajar día a día para acercarnos más a ellas. 

Se dice que los poderes son elegidos por el pueblo, pero sabemos que eso no es totalmente cierto; se dice que los poderes están para servir al pueblo, pero sabemos que tampoco lo es en la práctica. La retórica de los llamados discursos “verdaderos” esconde la mentira. 

Sería largo y complejo mostrar y demostrar las deficiencias y las malintencionadas acciones que imperan en nuestra democracia. Todos las conocemos; más que gastar el tiempo en eso, podemos buscar un camino para acercarnos a los dos ideales. 

Hay que bajarle el voltaje a los apasionamientos y a los resentimientos.

Qué bueno sería que las coaliciones para las elecciones fueran también coaliciones para gobernar. Qué bueno sería que las elecciones fueran informadas, conscientes y libres. Qué bueno sería que los poderes, no solo el ejecutivo, fueran para el beneficio real y efectivo de todos los ciudadanos y no de las minorías. 

Me resulta optimista y esperanzador ver y escuchar al grupo de los 9 precandidatos que van a la consulta en marzo; es un indicio de que se puede dialogar y cooperar por el bien común, a pesar de las naturales diferencias.

Me resulta preocupante, por el contrario, los individualismos de precandidatos que siguen aislados, pensando que cada uno (a) es el necesario y el salvador. 

Las puertas giratorias me dan la imagen de elitismo, individualismo y recurrencia; las puertas abiertas me sugieren ambientes y espacios aireados para todos. 

El régimen presidencialista, en la práctica, tiene muchas limitaciones. Yo he pensado con frecuencia que el liderazgo de un presidente es insuficiente, por no decir, ineficaz. Una persona, por capaz que fuera, no puede gerenciar los grandes problemas socioeconómicos de un país. Haría falta un grupo gobernante, mejor que un individuo gobernante. 

¡Para eso está el Consejo de ministros! Es cierto, en teoría; la realidad muestra otra cosa muy diferente, sobre todo en ocasiones particulares. Más que personas idóneas por su capacidad profesional y calidad humana, se nombran personas por amistad o por deuda electoral “Tú me eliges y yo te elijo”.

Un programa de gobernantes, en vez de programa de gobierno, significaría en la práctica seleccionar al mejor ministro de salud, por su capacidad y experiencia; lo mismo al mejor ministro de hacienda, y así los cargos principales (y necesarios de verdad); no importa de qué partido sea cada uno o de qué región provenga. Eso sería una coalición o alianza plural y democrática, orientada al propósito común nacional.  

La separación de poderes es un principio saludable “El poder que controla el poder”. El sistema democrático, tal como funciona realmente, deja mucho que desear: el problema ¿radica en las personas o en las instituciones o en ambos a la vez?  ¿qué se podría hacer?

Es el mecanismo de la puerta giratoria, generalizado entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, por no hablar de los organismos “autónomos” como la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía.  

La forma de elección actual (contaminada por su financiación y sus preferencias) no garantiza imparcialidad ni eficacia en las distintas instituciones. Y la forma de ejercer los poderes -que deberían ser independientes- ni favorece al cumplimiento de sus funciones ni contribuye al bien común. 

Un ejemplo es la potestad de juzgar al presidente (desde el proceso 8.000 en adelante) asignada al Congreso, pues ¿acaso el poder judicial no está en la rama judicial; por qué se le asigna a la legislativa? Otro caso diferente, pero también cuestionable, es el de la Justicia Especial para la Paz (la JEP). 

Yo no soy político ni politólogo, hablo y pregunto desde el sentido común y como observador corriente de la realidad nacional. Me atrevo a expresar ideas para la discusión y la profundización; no pretendo ser el primero en enunciarlas, pero sí quiero llamar la atención en la necesidad de pensar e idear nuevas formas, pues no podemos conseguir nuevos y mejores resultados repitiendo prácticas ineficaces y, peor si son corruptas.  

Hace falta un Programa de Estado, mejor que un Programa de Gobierno. Este último, por cuatro años, obedece más a intereses partidistas que a intereses nacionales, además compromete al Ejecutivo más que al Estado en todas sus ramas; un Plan de Desarrollo debería elaborarse a largo plazo en vez de al mediano plazo de cuatro años; no debería quedar sujeto a los gobernantes de turno -según su criterio- sino a los intereses globales de la nación, a juicio de un consenso interpartidista e interdisciplinario.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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Esta conversación es personal pero no excluyente; es íntima pero no secreta; es directa, de tú a tú, pero también es reflejo, al compartirla; es hablada, pero también la transcribo. 

  • Como sabes María, mis padres te veneraban, te amaban, confiaban en ti, y por eso nos fueron “presentando” ante tu altar a cada uno de los cinco hijos, para “ofrecértenos” y para pedir tu protección. Así lo has hecho y lo haces. Te agradezco por mí y por ellos. 

Más tarde, recibías el Rosario que rezábamos todos los días en familia, dirigido por mi papá (mientras le cogía el sueño) en agradecimiento especial porque lo “habías traído” del frente de la guerra, sano y salvo.

Crecí y a los 16 años, me fui al Puerto de Santa María, al noviciado. Y después en Córdobaestrenamos la imagen que aparece en la siguiente fotografía: Nuestra Señora del silencio.

En este mismo blog, escribí el 25 de diciembre de 2020 “Un viaje mariano” y en él recorrí muchos lugares que habíamos visitado, reproduciendo fotos de santuarios, esculturas, columnatas, altares, dedicados a ti y con tu imagen múltiple. Una de las fotografías recuerda la visita a la casa en que, según la tradición, viviste tus últimos días con el discípulo Juan, en Éfeso; me produjo una tierna emoción.  

En otros artículos he hablado de ti de alguna manera, especialmente al escribir sobre diciembre y la Navidad. Parecería que ya te conozco bastante… pero ¿por qué te pregunto Cómo eres María?

A veces, durante la Misa por T.V. pasan imágenes tuyas muy bellas, así como, en muchas épocas. grandes artistas te han pintado cuadros inmortales Con todas esas representaciones podríamos decir que ya te conozco suficientemente; pero sé también que todas ellas son eso: representaciones; creadas por devotos que se inspiran, como modelos, en jóvenes cercanas con los rasgos de cada región.

Por qué te pregunto ¿cómo eres María? Porque cuando hablo contigo para saludarte o para rogarte, de pronto me pregunto ¿eres la Virgen del Mar, o la Virgen de Guadalupe, o la Virgen del Pilar, o la Virgen del Rosario, o la Virgen de Aparecida, o la Virgen de los Dolores, o María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o la Virgen de Chiquinquirá…? (Advierto cómo muchas mujeres llevan tu nombre, María, y otros inspirados en ti: María del Mar, Guadalupe, Rosario, Asunción, Piedad, Dolores, Salud, Pilar, Carmen, Mercedes, Lourdes, Fátima, Inmaculada…)

Tus “apariciones” han sido muchas y locales; te has manifestado a través del tiempo y de los continentes, pero tú eres tú, eres la misma, eres una. Es difícil imaginarte en Nazareth o durante tu vida de Sagrada Familia, o acompañando a Jesús en sus correrías; entonces ¿cómo eres? 

Cuando hablo con mi mamá, por ejemplo, miro su fotografía y me acuerdo de cómo era en distintos años… pero contigo ¿cómo hago? Si te imagino en alguna de las advocaciones, me ayudo, pero no eres así exactamente… a la vez, si no te imagino… y no sé bien cómo eres… ¿cómo me dirijo a ti? ¿con los ojos cerrados?

  • Gracias, Vicente, por preguntarme cómo soy. Muchos piensan que hablar de sí mismo es vanidad o es algo presuntuoso, pero puede ser un acto de humildad, porque la verdadera humildad consiste, no en menospreciarse a sí mismo, sino en ser capaz de apreciar lo que una ha recibido y en apreciar a los demás. 

Yo soy humilde en ese sentido, yo soy la sierva del SeñorMi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador… porque ha hecho grandes cosas en mí. Mucho se habla de mi maternidad virginal, y lo más grandioso es que la acción de Dios hizo posible el nacimiento de Jesús: la concepción y la resurrección de Jesús son dos intervenciones directas de Dios sobre el mundo material, son dos elementos fundamentales de la fe y signos luminosos de esperanza. Si Dios no pudiera intervenir también en el mundo material, entonces ¿qué Dios sería?  

Yo soy una mujer de fe: cuando escuché que concebiría y daría a luz un hijo, yo dudé, pero cuando seguí escuchando que el Espíritu Santo vendría sobre mí y que el poder del Altísimo me cubriría con su sombra, que el que iba a nacer sería santo y llevaría el título de Hijo de Dios… yo creí y dije hágase en mí según tu palabra.

Yo soy una buena madre. Cuando nació Jesús, yo lo envolví en pañales y lo acosté en el pesebre. A los ocho días, al tiempo de circuncidarlo, le pusimos por nombre Jesús y cuando llegó el día de su purificación, lo llevamos a Jerusalén para presentarlo al Señor. Yo cuidé de Jesús en sus primeros años, lo acompañé toda su vida y fui muy buena esposa con José. Hoy soy buena madre de la Iglesia.

Yo soy servicial y me preocupo por los demás. Cuando supe del embarazo de mi prima Isabel, me levanté y me dirigí a su casa para saludarla y la acompañé durante tres meses. Durante la boda en Caná, me di cuenta de que se les había acabado el vino en la celebración, por eso le dije a Jesús no tienen vino, y a los sirvientes hagan lo que él les diga. Actualmente, me preocupo por todos mis hijos “adoptivos” y los ayudo.

Yo sufrí, como cualquier madre: cuando a los doce años, Jesús se nos perdió y lo buscamos por tres días; sobre todo, sufrí terriblemente cuando torturaron y crucificaron a mi hijo (como expresa la imagen de La Piedad en la portada del artículo). De ahí en adelante, sufro con el dolor de los hombres y mujeres, niños y ancianos, a través de la historia.

Soy una mujer llena de confianza y esperanza. Cuando tenía el cadáver de mi Hijo sobre mis piernas, no dudé en que la cosa no terminaba ahí; sabía que su muerte no había sido en vano. Ahora no necesito para mí la esperanza, porque ya vivo la Resurrección que Jesucristo nos mereció, pero vivo la misma esperanza para cada uno de ustedes y para la humanidad, a pesar de sus guerras y sus desastres.

Me han proclamado Madre de la Iglesia porque Jesús me encomendó a su discípulo, como si fuera un hijo mío y, en él, a todos los demás. Desde el comienzo y a través de estos veinte siglos, el amor y la piedad de los creyentes me ha venerado (como enunciaste con algunas de las advocaciones marianas) y ha rogado mi intercesión ante Dios Padre, mi hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Aquí estoy para eso. 

  • María, muchas gracias por recordarme cómo eres; “te has quedado corta”. Si no puedo verte ni imaginarte tal como eras, puedo conocerte un poco más en tu personalidad, tu feminidad y tu espiritualidad.

Quizás una forma de dirigirnos a ti sea uniéndonos a la comunidad que, en cada región, te venera y te ruega. Yo puedo seguir familiarizándome cada vez más contigo y seguir diciéndote, con todos tus fieles:Hola, Ave María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Ave María… madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra… a ti clamamos, muéstranos a tu Hijo… 

ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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Las imágenes que anteceden se me vinieron a la mente cuando trataba de contestarme la pregunta del título y quería compartir mi respuesta; pueden servir como analogía para entender mejor el tema de fondo de este artículo.   

En las tertulias de exjesuitas, la plataforma Zoom va enfocando la pantalla del que interviene en cada momento. Si el que habla quiere dirigirse a un participante en particular, no sé si la aplicación puede enfocar a quien es aludido; de todos modos, los que estamos conectados a la sesión escuchamos la conversación, así se particularice. 

En otro contexto diferente y, gracias al chat grupal Whats App, los miembros de una familia pueden escucharse y verse simultáneamente, aunque se encuentren en países diferentes. Esto lo podemos experimentar cualquiera de nosotros con los nuestros: hablamos para todos, y en momentos determinados nos dirigimos en particular a uno de los “presentes”, pero todos estamos escuchando.

Hasta aquí, esas situaciones son experimentables, y dentro de ellas, la respuesta a la pregunta del artículo es clara. Quizás, cuando se habla en público o se escribe, no siempre se es tan preciso ni consciente de a quien se dirige la comunicación; como que se “diluye” o generaliza. De todas maneras, las dos fotos y las situaciones que quieren representar son solo una ayuda, una especie de introducción, una analogía, porque la pregunta que me hago, y que encabeza el presente artículo, es más profunda:

¿A quién me dirijo cuando me relaciono con Dios?  

Esta pregunta, se debe a una inquietud personal, pero es probable que algunos de ustedes hayan tenido, en algún momento, inquietudes semejantes; o por lo menos, les pueda interesar esta reflexión. El artículo lo escribo para mí y lo dirijo a mí, pero no estoy encerrado en mí; quiero compartirlo.   

A través de la historia, y en la actualidad, muchas personas, grupos, comunidades… se dirigen a Dios de muchas maneras. Según las creencias, lo llaman de manera diferente y es probable que lo piensen o lo imaginen o lo conozcan de forma distinta, o se sientan “agnósticos”. 

Me detengo aquí un momento y digo: Espíritu de Dios, Espíritu Santo, dame luz para contestar la pregunta y para saber expresar la respuesta. 

Cuando me dirijo a Dios, ¿cómo siento y pienso a Dios?  

¿A Dios sin precisar más, como en abstracto? ¿sin saber bien con quién me relaciono, sólo trascendente, lejano, “etéreo”? o 

¿A Dios-Padre? ¿o a Jesucristo Hijo de Dios? ¿o a Dios-Espíritu Santo?  

Muchas veces, me pasa lo primero: no personalizo a Dios, sino que lo nombro casi “de memoria”, no lo identifico. Y no quedo satisfecho. Digo ¡Dios mío! Pero ¿quién es este Dios mío?

No lo “veo” ni lo visualizo; no lo imagino… pero, por lo mismo, no lo personalizo. ¿A quién me dirijo? Y ¿a quién me quiero dirigir, en adelante?

Por parte de Dios, no hay diferenciación: si me dirijo a Él, siempre está presente, es Uno, y lo que le diga al Padre, al Hijo o al Espíritu, es recibido en su Unidad… de manera semejante a como en una conferencia virtual, todos escuchamos lo que se dirija a uno de los “presentes” en particular. Lo que no puedo seguir haciendo es hablarle a Dios “en general” (como hablarle a un auditorio sin dirigirme a nadie en particular, o escribir sin destinatario). Puedo hablarle a Dios, sin más, pero eso es… no sé. 

Por parte mía, sí puedo diferenciar: ¿me dirigiré a Dios-Padre; escucharé a Dios-Hijo, hecho hombre; seré movido e inspirado por el Espíritu de Dios? 

La respuesta a la pregunta ¿A quién me dirijo? va a ser diversa, teniendo en cuenta varios aspectos: en qué situaciones me dirijo a Dios (si me encuentro ante la naturaleza, en la vida familiar, en el trabajo, en el ámbito social o político); si me dirijo personalmente o lo hago junto a una comunidad; con qué matiz me dirijo a Dios (para agradecerle, para alabarlo o glorificarlo, para pedirle); y cuando es con esta última finalidad, ¿lo hago  para rogar para mí, o para mis grupos, o para los demás sin límite, para la humanidad? 

Cuando agradezco a Dios, ¿a quién trato de hacer presente? Cuando pienso en el Creador de la naturaleza, ¿en quién pienso? Cuando oro, pidiendo alguna ayuda, ¿a quién me dirijo? Cuando quiero tener claridad o discernir ante una situación compleja ¿a quién le solicito lucidez? Cuando le digo Señor sálvame ¿quién es este Señor al que me dirijo? 

No son preguntas teóricas, sino existenciales, porque me ocurre algo semejante a lo expresado anteriormente. La respuesta no será única, pues son diferentes las situaciones y las intenciones. Comenzando con una respuesta de fe, puedo recibir alguna orientación en la Sagrada Escritura y en la Liturgia de la Iglesia: 

En un momento de la Eucaristía, se nos invita a rezar la oración que Jesús nos enseñó, y los asistentes decimos “Padre Nuestro…” (Mateo cp.6, 9-13).  Es una oración comunitaria y nos dirigimos a Dios, sabiendo que es nuestro Padre, creador, generoso, protector, poderoso… y es nuestro Padre común -de todos los hermanos- que hace salir el sol sobre buenos y malos. “Miren las aves del cielo; no siembran ni cosechan ni recogen en graneros y, sin embargo, el Padre del cielo las alimenta ¿No valen ustedes más que ellas?” (Mateo cp. 6, 26)

Jesús en su vida -conocida por los Evangelios- nos enseña a orar, y sus discípulos le piden que les enseñe a orar. Señor, yo también te pido: ¡enséñanos a orar, aumenta nuestra fe! Los discípulos, en medio del peligro, le pidieron: Señor sálvanos. Jesucristo, con su vida, muerte y resurrección, acercó a la humanidad más a Dios, le consiguió el perdón, la salvó de la muerte definitiva, le dio la Salvación que es la esperanza de unión con Dios en una Vida transformada. En ocasiones especiales, necesito decir: Señor Nuestro Jesucristo ¡sálvame! Recuerdo una ocasión en que sentí la necesidad de salvación como nunca la había sentido porque sólo había creído “teóricamente” en ella; y en esa ocasión, en la que me sentía “en la olla” es cuando más sentí a Jesucristo Salvador.

El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho” (Juan cp.14, 26), prometió Jesús antes de despedirse. Y yo le pedí -en un párrafo anterior- que me iluminara en lo que estoy escribiendo. Es bueno que pida los dones del Espíritu Santo (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) y que sienta los frutos del mismo Espíritu (caridad, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, continencia…). El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y es Quien produce la unidad entre los creyentes y ayuda a que se pueda producir la unidad entre todos los seres humanos. Es el Espíritu de Dios

Es claro: una cosa es hablar sobre Dios, y otra cosa es hablar con Dios. Se pueden hacer las dos cosas, pero la más importante -creo- es la segunda: hablar con Dios. 

Yo y nosotros en la Iglesia, nos dirigimos a Dios Padre, a Dios hecho hombre en Jesucristo y a Dios Espíritu Santo. Es un solo y único Dios, pero -por decirlo así- tiene tres caras para nosotros. Se manifiesta de tres maneras para nosotros.  

Dios es trascendente, único, distinto a su creación, y a la vez es inmanente, cercano, unido necesariamente a su creación y a nosotros. Decir eso no es contradictorio, así como no es contradictorio pensar en el aire que es externo a nosotros, pero a la vez, es tan íntimo a nosotros que no podríamos vivir sin él. Dios es distinto a su creación, pero actúa permanentemente en su creación y ésta no podría ser ni actuar sin su Dios. Dios es totalmente otro a mí, pero actúa permanentemente en mí y yo no podría ser ni actuar sin Él. 

He tratado de responderme aquí una inquietud propia; no obstante, espero que también les pueda ayudar a ustedes, amables lectores, de alguna manera. Termina aquí, pero no la necesidad de seguir aprendiendo a adorar, agradecer y pedir a Dios Nuestro Señor; confiando en él, amándolo sobre todas las cosas… y buscando que esta relación fundamental inspire y dirija siempre todas nuestras demás relaciones.

En adelante, no me dirigiré a Dios, en abstracto, como a un Dios impersonal, extraño, “etéreo” sino a Dios Padre, a Dios Hijo-Jesucristo y a Dios Espíritu Santo. 

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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Había escrito yo un listado, que titulé “Una vida en 320 palabras”. Nuestro amigo Jorge Luis, editor de la página exjesuitasentertulia.blog, lo leyó y me dijo que era muy bueno para una libreta de notas, aunque no como un artículo para ser publicado.  Le agradecí, comentándole que lo utilizaría personalmente. 

Efectivamente, la lista de palabras sueltas no sería inteligible sin el contexto de cada una de ellas. Podría servir, más bien, como un recordatorio, o una guía de escritura, para una eventual autobiografía, y así la imaginé como una invitación a los lectores que desearan hacer algo semejante.

Se trataba de un listado de palabras que se fueron viniendo al recuerdo de mis 83 años.

Las organicé alfabéticamente por grupos, y esta madrugada comencé a utilizar el listado: después de soñar algunas cosas, se me vino a la mente que me había faltado en el listado la letra C o, mejor dicho, la palabra Córdoba en el grupo correspondiente y, al seguir pensando, añadí Colombia. Ya les diré por qué.

También pensé que me había faltado una palabra en el grupo de la letra E y también otra en el grupo de la letra L. Al bajar al estudio, vi un reflejo de luz por debajo de la cortina y pensé que había dejado en el corredor un reflector encendido, pero no; era el resplandor de la luna llena que brillaba en un espacio estrecho entre dos árboles. Claro, me había faltado también la palabra Luna. La luna llena brillante en las noches o los “cuernos” de la luna, que se ven como una C o una D -según el cuarto creciente o el decreciente- forman parte de la belleza de la vida. 

Seguro que me faltan más palabras en el listado que elaboré el otro día, pero lo importante es que esas palabras significan un recuento de toda una vida. ¿Por qué me faltaron las palabras Córdoba y Colombia? Están relacionadas. En una de nuestras tertulias, se nos invitó a escribir sobre algún momento de impacto en nuestra vida. Pues en Córdoba (España) hubo un momento de impacto duradero en mi vida: ocurrió la decisión de mi traslado a Colombia… y aquí llevo ya 63 felices años. 

En el grupo de la letra E me faltaron las palabras Encarnación y España. En el listado aparece la palabra Encarna, pero ese nombre es el de mi mamá, de mi hermana mayor y de una sobrina; faltó la palabra que significa la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo, y esta palabra y su realidad son lo más importante en mi vida, así no escriba la autobiografía… lo más importante, no solo en mi vida, sino en la historia de la humanidad. La otra palabra faltante en la letra E, es la del lugar o nación en que recibí la vida. 

Así el listado de casi 320 palabras representa un número incontable de personas, lugares, instituciones, acontecimientos… que constituyen mi vida, junto a la de ustedes y la de tantas personas que hacen parte de nuestra comunidad humana.

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2025

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Año nuevo… un nuevo tramo de vida verdadera

Mi vida es mi camino

Mi camino está vivo

Mi verdad es el amor en el camino de la vida 

Nací, vivo, moriré, viviré

Naciste, vives, morirás, vivirás

La verdad es la vida en camino

Vamos juntos

Vivimos unidos

En verdad somos uno en el amor

Caminamos acompañados

Caminamos un rato, solos

En verdad caminamos en el amor

El camino es llano

El camino es pendiente

El camino es camino

La vida es alegre

La vida verdadera es amor

El camino es la vida 

La verdad resplandece 

La verdad se esconde

La verdad ilumina

El camino con meta es seguro

La vida con ilusión es verdad

La verdad en camino está viva

Jesús dijo

Yo soy el camino, la verdad y la vida:

Camina conmigo y llegarás a la meta 

Mi verdad te hace libre 

Conmigo vivirás para siempre

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2026

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Distintas épocas, diferentes contextos, una misma celebración universal. Para 2028 se prevé en Sidney, Australia, la realización del 54° Congreso Eucarístico Internacional. Las 3 ciudades del título constituyen una “muestra” de los Congresos realizados en sus respectivos continentes.

En 1881, en la ciudad de Lille (Francia) se celebró el primer Congreso Eucarístico Internacional. En aquel entonces primaba la adoración al Santísimo y se resaltaba la presencia real de Jesucristo en el Sacramento. 

En 1960, poco antes del Concilio Vaticano II, y en un contexto de intercambio católico- evangélico, se celebró en Munich el 36° Congreso Eucarístico Internacional. Aproximadamente, vivían en la ciudad, unos 750.000 católicos y unos 220.000 cristianos evangélicos. Teológicamente, había diferencias en cuanto a la comprensión bíblica de la Santa Cena. El esplendor del culto ¿no se diferencia mucho de la sencillez de los orígenes cristianos?

Se cuestionó también el Congreso como un acontecimiento público y “masivo” más que una celebración interna y eclesial: un espacio grande ¿dificulta la vivencia de la comunidad? La fuerza de la sagrada liturgia demostró ser mayor que el temido poder del gran número de asistentes: la masa se hizo comunidad. 

Sin restarle valor a la adoración al Santísimo y confesando irrenunciablemente la presencia real de Jesús Resucitado en la Eucaristía, se resaltó el lema “Pro vita mundi”. La Iglesia no es “todo” pero está “para todos”.  La Iglesia no se relaciona con el mundo en la forma del poder, sino en la forma del servicio y del sufrimiento por los otros. El sentido más profundo del Sacramento es la presencia del sacrificio salvífico de Jesucristo y la comunión en la mesa con el Resucitado; el pan y el vino son alimentos y conducen a la mesa pascual como consumación plena del acontecer eucarístico.  

Nos trasladamos a Bogotá en 1968, donde se realizó el 39° Congreso Eucarístico Internacional. Coincidió con la visita a Colombia del Papa Pablo VI, quien había publicado en 1967 la Encíclica Populorum Progressio, que, en el No. 76 plasmó el aforismo: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, el desarrollo, de todo el ser humano y de todos, es condición indispensable para una paz universal. 

En ese contexto, el lema oficial del Congreso fue “Vínculo de amor” que sintetiza las implicaciones eclesiales y humanas de la doctrina y vivencia eucarísticas con sus exigencias sociales y evangélicas: Eucaristía y Desarrollo de los pueblos. 

Además de las alocuciones, homilías y discursos del Papa y del Cardenal Legado al Congreso, se realizó durante esos días en Bogotá un Encuentro Teológico con participación de más de diez destacados teólogos, quienes disertaron con ponencias sobre distintos aspectos de la Eucaristía.

Como expresión de la universalidad de la Iglesia Católica -aunque la mayoría de los Congresos fueron en Europa- también se llevaron a cabo otros así: en Jerusalén, en América del Norte y Latinoamérica y algunos en África y en Asia.

Muy pocos de nosotros, seguramente, sabemos de la ciudad de Cebú en Filipinas y, menos aún, del 51° Congreso Eucarístico Internacional que se llevó a cabo en enero de 2016 en esa ciudad. En general, el Oriente no es noticia frecuente en nuestro medio. 

La ciudad de Cebú está situada en la costa oriental de la isla de Cebú, en la región de las Bisayas Centrales. Es la cabecera de la provincia de Cebú. la población del área metropolitana es de 2.314.897 habitantes. Es la segunda ciudad de Filipinas con el segundo centro metropolitano más significativo y conocido como el más antiguo asentamiento establecido por los españoles en el país.

“Cristo en ustedes, esperanza de la Gloria”. Este lema del Congreso entiende que Cristo se nos muestra como revelador del Padre y camino que reconduce a la humanidad hasta Él. Así se presenta el Señor como camino, verdad y vidaLa Eucaristía, nos habla de la fuerza que brota de la cruz, y que continuamente da nueva vida. Cambia los corazones. Nos permite ser atentos, proteger a quien es pobre y vulnerable, y ser sensibles al grito de nuestros hermanos y hermanas que están pasando necesidad. Nos enseña a actuar con integridad y a rechazar la injusticia y la corrupción que envenenan las raíces de la sociedad.

El Papa Francisco enfatizó la importancia de la Eucaristía como fuente de esperanza y misión. Destacó la necesidad de ser verdaderos discípulos misioneros, llevando el mensaje de amor redentor de Cristo a un mundo que necesita paz, justicia y reconciliación. También resaltó la capacidad de la población filipina para reconstruirse tras desastres naturales, y la necesidad de la Iglesia en Asia para un diálogo respetuoso con seguidores de otras religiones. 

Regresando a Bogotá, el siguiente poema escrito por Rodolfo de Roux S.J. se tomó como letra del Himno del 39° Congreso Eucarístico Internacional. Esta oración sintetiza de manera profunda el sentido de los Congresos y de la misma Eucaristía:

DIOS ES AMOR

¡Dios es amor, amor, aleluya!

¡Viva el amor, amor, aleluya!

¡Aleluya, amor, amor, aleluya!

Desde siempre te amé -dice el Señor-,

cielo y tierra formé, pensando en ti. 

Hijo mío serás

y un corazón tendrás,

para ser tú también amor, amor.

Te alejaste de mí -dice el Señor-

Y al abismo bajé de tu traición.

Di la vida por ti,

Y en el Pan que dejé

sobre tu mesa fui amor, amor.

En tu hermano yo estoy -dice el Señor-,

quiero encontrarte en él, en su dolor.

Son mi Pan y mi Ley

un vínculo de unión

y un incendio de amor, amor. 

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2025

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De la noche de las velitas a la noche de Navidad. El presente artículo comenta las fiestas marianas de diciembre. Es una reflexión bíblica y teológica sobre estas celebraciones y se refiere también a las tradiciones cristianas del pueblo de Dios.  

Recuerdo la anécdota de un jesuita que, volando sobre los campos de Colombia, advirtió que brillaban muchas lucecitas: era el 7 de diciembre, la noche de las velitas. Una costumbre colombiana y, quizás, internacional. 

El Papa Pio IX se preparaba para proclamar al día siguiente, 8 de diciembre de 1854, el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Los fieles católicos de muchos países -incluida Colombia- se unieron a esa celebración encendiendo velas y faroles en ventanas, calles y plazas. 

El orden cronológico (8 y 24) no está invertido en las fiestas litúrgicas, aunque la comprensión de su significado es retroactiva. El nacimiento de Jesús se celebra el 24 de diciembre, y no se puede separar de la concepción de la Virgen María. El dogma de la Encarnación del Hijo de Dios es el fundamento del dogma de la Inmaculada Concepción de María que también ha sido plasmado en la obra de destacados pintores, como en bellas composiciones musicales. 

Lo que se quiere significar con la Inmaculada Concepción no es la concepción virginal de Jesús, sino que María, por ser la madre del Salvador, fue libre de pecado desde su concepción; es decir, que la eficacia de la acción redentora del pecado -obrada por Jesucristo- fue “retroactiva” para su madre.  

Se suele acentuar la diferencia religiosa entre católicos y evangélicos acerca de la devoción a la Santísima Virgen María. Basándose en su principio de “Sola scriptura”, el protestantismo objetó que este privilegio mariano de la Inmaculada Concepción carece de fundamento bíblico y, por consiguiente, no podía ser objeto de fe cristiana; la segunda objeción es -argumentan- que Cristo es el único Mediador y Salvador. 

Sería largo de explicar aquí el fundamento bíblico -especialmente en el Evangelio de San Lucas- del dogma de la Inmaculada Concepción de María, la madre de Jesús. Baste, por ahora, citar algunos textos:

“El ángel le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios… Respondió María: Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra”.

“Isabel, llena de Espíritu Santo, exclamó con voz fuerte: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre… Dichosa tú que creíste, porque se cumplirá lo que el Señor te anunció…. María dijo: Mi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi Salvador, porque se ha fijado en la pequeñez de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, su nombre es santo…”

De las palabras anteriores, se formó la oración del “Ave María” extendida por toda la catolicidad, y que se repite por decenas -como una especie de mantra- en el Santo Rosario. 

En cuanto a la segunda objeción del protestantismo, el Concilio Vaticano II es claro al afirmar que “Uno solo es nuestro Mediador… el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos. Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo… y lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.”

Es conveniente recordar el “Sensus fidei fidelium” (el sentido de la fe de los fieles) que es la capacidad del pueblo de Dios para no equivocarse en materias fundamentales de fe cuando está unido al Magisterio de la Iglesia, es decir, que el conjunto de los fieles por la gracia del bautismo y del Espíritu Santo no se equivoca en la fe. Desde el Concilio de Éfeso en el año 431, la Iglesia confiesa a María como la Madre de Dios.

Esto nos lleva a la fecha del 12 de diciembre, cuando se celebra la festividad de la Virgen de Guadalupe. Esta veneración popular a la Virgen María no es sólo mexicana, sino que -entre todas las advocaciones de la Madre de Dios- es de las más extendidas, en toda Latinoamérica y, de alguna manera, universalmente.

Según la tradición católica, la devoción a la Virgen de Guadalupe nace a partir de las manifestaciones de la Virgen María al indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin en Tepeyac entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531. Sería largo describir la historia de la Virgen de Guadalupe desde esa fecha hasta la actualidad; los santuarios en su honor y los más de 20 millones de peregrinos al año, hablan por sí solos de la importancia que ha mantenido esta devoción de la fe cristiana a la Madre de Dios y de la Iglesia.   

Desde las fiestas del 8 y del 12 de diciembre, llegamos a la Noche de Navidad: el nacimiento del Niño Jesús, el Niño Dios, que celebramos el 24 de diciembre; no es simplemente una tradición, una fiesta popular, una costumbre folclórica (opacada en la actualidad por el árbol de navidad y la comercialización de los regalos que trae Santa Claus o Papá Noel o San Nicolás) sino que es la celebración de la Natividad de Jesús. En Colombia, se anticipa la gran fecha, con la Novena de Navidad.  

El nacimiento de Jesús y el pesebre, evocados tres veces por San Lucas en su Evangelio, se lee así:

 “José subió de Nazaret… a Belén, a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo… Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada”.

“-Les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en la ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

“Los pastores… fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre”.

El Evangelio de San Mateo, narra los hechos de esta manera: 

“José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” 

“Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel que significa Dios con nosotros. José… recibió a María como esposa. Y sin haber mantenido relaciones, ella dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús”.

“Unos magos de oriente… preguntaron: ¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos aparecer su estrella y venimos a adorarle… Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y postrándose le adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalos: oro, incienso y mirra” 

Hemos recorrido unas fechas y unos acontecimientos. Nos falta meditar en estos misterios, y orar en estas festividades familiares para profundizar en nuestra fe y convertir en buenas obras solidarias nuestros sentimientos cristianos.

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2025

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