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Vicente Alcala

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No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

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Nuevos no solamente por ser “recientes”, sino por ser diferentes; no simplemente encontrados, sino creados por el ser humano.

Las florecitas diminutas de la foto izquierda son un “misterio”. Por más que se estudie biología, botánica, genética, evolución… no dejan de ser un “misterio”.

Hemos escrito en este blog sobre “El misterio humano”, los misterios de la Creación, de la Encarnación, de la Resurrección y de otros misterios, pero todos ellos son misterios ante los cuales nos encontramos y nos preguntamos…sin embargo, hay “nuevos misterios” creados por las personas. Es posible que para los “creadores” de estos nuevos misterios, no sean ya misteriosos, pero para nosotros -el común de la gente- sí lo son.

La foto de la derecha representa a un “robot humano” creado por el hombre; es fruto de la inteligencia artificial y ésta, a su vez, es resultado de la inteligencia humana natural, de la electrónica y de la informática y de otras diversas tecnologías.

Entre los misterios naturales, nos encontramos con la memoria humana; ¿quién o cómo se explica la memoria humana, individual y colectiva? Y ¿quién conoce cómo se “produce” la consciencia humana y la misma inteligencia?

Entre los misterios creados por el ser humano, nos encontramos con la memoria electrónica; ¿cómo se explica que en una USB haya grabadas millones de unidades de información: de textos, de voces, ¿de imágenes?. Seguramente que los expertos conocen cómo es esa memoria electrónica y la pueden “programar” pero para el “común de los mortales” esa memoria es un “misterio”, lo mismo que la memoria RAM.

Y ésta nos trae el recuerdo del sueño REM ¿cómo se explica este “misterio natural” e inconsciente?

Vemos pues que hay muchos misterios, pero queríamos hablar de los “nuevos misterios” de los misterios creados por el hombre. Uno de los más recientes es el de la Inteligencia artificial, ya popularizada como IA.

Si se utiliza el ChatGPT, uno se queda asombrado de las respuestas y el subsiguiente diálogo que se puede mantener con ese interlocutor misterioso detrás del celular.

Pero la Inteligencia artificial es mucho más que el ChatGPT o el Bard y no sabemos hasta dónde llegará. En el artículo “La inteligencia natural” evidenciábamos cómo la IA es una de las creaciones maravillosas del ser humano, lo mismo que el arte, la música y otras muchas creaciones.

También diferenciábamos, en otras ocasiones, cómo los misterios no los comprendemos en sí mismos, aunque sí percibimos y “comprendemos” los efectos de esos misterios (p.ej.: el acto de la creación, no; pero las cosas creadas sí).

Así ocurre con los “nuevos misterios”: le preguntamos a la IA y comprendemos sus respuestas, así no tengamos ni idea de qué la hace posible y cómo opera.

Este artículo no quiso ni pudo decir mayor cosa sobre los “nuevos misterios”. Solamente inquieta sobre ellos y sobre la necesidad de conocerlos, comprenderlos y aprender a actuar inteligente y responsablemente de cara a su futuro.

El misterio nuevo que más necesitamos es, no tanto tecnológico, sino metodológico: un camino que nos acerque a los grandes ideales humanistas universales.

Ya se nos ha dicho cuál es ese camino: Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero este sigue siendo un misterio siempre nuevo; no terminamos de descifrar este camino y menos aún cuál es su verdad y su vida. Aquí tenemos una tarea siempre nueva.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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Exploración, extracción, refinación y utilización son procesos que constituyen la riqueza del petróleo. Nos servimos de una analogía: la exploración para el autoconocimiento, la meditación, la influencia de los sueños y de otros signos, la concientización, el desarrollo de la creatividad en el arte, la música, la invención, son algunos procesos que, aprovechan la riqueza del inconsciente personal y colectivo.

El final del artículo “Radiografía de la mente consciente” plantea la necesidad de escribir                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         específicamente sobre el inconsciente: “la otra mitad de la psique”. Aquí compartimos un pequeño esfuerzo -arriesgado o atrevido- pero sólo como una invitación a los expertos en el tema, y a estudiar este campo más detenidamente. 

Se realizan perforaciones para explorar las reservas de crudo; una vez detectadas se extrae esa mezcla bruta del subsuelo, luego se somete en las refinerías a procesos para obtener productos útiles derivados. No hay que olvidar algunos desastres accidentales durante la explotación, ni los daños ecológicos que puede producir el petróleo y que deben mitigarse. 

Así como el petróleo es una fuente de información y de energía fósil, el inconsciente es un patrimonio, de información y energía, acumulado a lo largo de la vida personal y de la herencia ancestral. A la edad de unos 80 años, casi sin darnos cuenta, tenemos una cantidad de recursos de experiencia que nos hacen recordar, resolver, elaborar con facilidad algunas cosas; se trata de una fuente inconsciente que, en circunstancias especiales, produce resultados que se vuelven conscientes. Pero no sólo contamos con este patrimonio personal, sino que la comunidad humana aporta información y energía acumuladas por generaciones y ese inconsciente colectivo enriquece nuestras capacidades personales. 

Podemos señalar algunas similitudes entre el aprovechamiento del petróleo y la riqueza del inconsciente. Sin embargo, es necesario estar atentos, también, a los riesgos del inconsciente y que, a veces, deriva en las llamadas enfermedades mentales.

En el “subsuelo” de la mente es posible detectar varias capas: 

  • Contenidos inconscientes asequibles
  • Contenidos inconscientes mediatamente asequibles
  • Contenidos inconscientes inasequibles[1]
  • Contenidos del inconsciente colectivo

Pero es conveniente evitar la idea de que esas capas inconscientes son paralelas, compactas, superpuestas, totalmente diferenciadas… (No hablo de subconsciente porque sería muy difícil recorrer los diferentes enfoques, según los autores y las escuelas psicológicas y precisar los conceptos y términos, de acuerdo con ellas).

Los procesos del petróleo nos hacen pensar en la complejidad del inconsciente. La imagen siguiente, a la izquierda, representa la idea ingenua de lo que se piensa popularmente que es un yacimiento petrolero; a la derecha vemos una imagen sísmica que ayuda a interpretar la composición y las capas geológicas debajo de la superficie de la tierra, y sirve para aproximarse a detectar la existencia de hidrocarburos. 

Algo semejante ocurre con el inconsciente: no es un depósito de información y energía preciso en sus límites, sino más bien una corriente sinuosa y con altibajos que recorre las profundidades de la mente… como un acuífero que está siempre presente en el subsuelo, y que a veces aflora a la superficie o se le busca, perforando pozos, para aprovechar el agua. 

Es como el disfrute al escuchar una melodía de Mozart, o apreciar la frescura de la neblina entre el valle y la montaña, bañada por la luz del amanecer, ¿cómo se explican?

El inconsciente mezcla datos de las cuatro capas insinuadas, por lo que se puede entender la incoherencia espaciotemporal de los sueños; y no solo en los sueños: en las conversaciones de vigilia se pueden mezclar también datos que, no de manera voluntaria, sino inconsciente, tergiversan la realidad, seguramente por el influjo de esas cuatro capas que, como las terrestres, tienen sus quiebres y no son uniformes ni horizontal ni verticalmente. 

Entre la consciencia y el inconsciente hay algo que llamamos intuición y que Jung la nombra como “una percepción por vía inconsciente”. Una señora fue por la mañana a visitar a su terapeuta y le dijo a éste que él había recibido, antes que ella, a un hombre. 

– ¿Cómo lo sabe? 

– He tenido de pronto esa impresión. 

Había un cenicero con varias colillas; la paciente sabía que el doctor no fuma; era improbable que una dama hubiera ido tan temprano a una cita… de esas “informaciones subliminares” ella concluyó que tenía que ser un visitante masculino: de los datos inconscientes se abrió paso la conclusión hasta su esfera consciente. No se trató de una deducción lógica o consciente que lleva desde unos antecedentes hasta una conclusión. 

Lo que llamamos “sexto sentido”, la telepatía y quizás el fenómeno de la lectura de las cartas o del cigarrillo, son fenómenos probablemente de intuición en el sentido de una percepción por vía inconsciente. Podemos distinguir entre lo que es una sensación y lo que es una intuición, pero ambas quedan en el nivel del conocer; más complejo es el terreno de las emociones y los sentimientos. Mientras que los juicios de verdad requieren evidencia o comprobación racional para poderlos emitir, los juicios de valor proceden, en muchos casos, de un sentimiento o afecto: me gusta o no me gusta; lo deseo o me repugna; me interesa o es insignificante… los sentimientos inconscientes afectan nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. De adultos, tenemos gustos y preferencias que, sin duda, hunden sus raíces en experiencias infantiles agradables y que no siempre recordamos.

Los afectos no constituyen una función voluntaria; son acontecimientos interiores cuyos fundamentos no son conscientes: al encontrar por primera vez a una persona, nos puede “caer bien” o “caer gorda” ¿por qué? Existen una serie de datos o informaciones acumuladas en el inconsciente que producen esa sensación. Posteriormente, con datos e informaciones conscientes, podemos corregir o enriquecer la primera impresión. Positivamente, hablamos de “amor a primera vista”, de “química” que produce una sintonía o simpatía. El enamoramiento se inicia inconscientemente; el amor como decisión duradera, es consciente y voluntario, sin dejar de tener elementos sentimentales o afectivos.   

Aunque algunos filósofos ya habían hablado del inconsciente, su mayor conocimiento estuvo ligado a  casos de comportamientos mentales anómalos; se popularizó la idea de que los “traumas” infantiles se graban en el inconsciente y afectan la vida adulta sin advertirlo; se piensa en la interpretación de los sueños, en los actos fallidos, las asociaciones  y otros métodos para detectar el inconsciente… pero la realidad es mucho más rica y poderosa: el inconsciente no es exclusividad de las enfermedades mentales, ni guarda solamente recuerdos negativos o reprimidos; es fuente de inspiración, de creatividad, de “sanación”, de impulso para grandes realizaciones y también de motivación para toda la vida.

El inconsciente colectivo no es una “teoría” que se pierde en el pasado lejano. Baste leer el artículo del 16 de enero de 2024 en este blog, para constatar algo del inconsciente colectivo latinoamericano. La música, el sentimiento cristiano, la devoción mariana son algunos rasgos del inconsciente colectivo latinoamericano, sin hablar de la ancestralidad indígena.

Después de estas pinceladas aficionadas, hay que resaltar el papel de “refinería” que la mente conscientedebe jugar para conocer, interpretar, dirigir y aprovechar la riqueza del inconsciente. Recordemos que la mente consciente y voluntaria “está por encima” de las emociones, los instintos, los impulsos y todos los demás factores inconscientes; pero “arriba” y “abajo” se encuentra una riqueza humana mucho mayor de lo que creemos. 

Necesitamos conocer y “explotar” mucho más las dos “mitades” de nuestra psique.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024


[1] Jung,Carl G. Los complejos y el inconsciente, Círculo de Lectores, Bogotá, 1986, pg..59

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He recibido una radiografía que me tomaron. Una radiografía médica deja ver lo que no se ve, por ejemplo, el sistema óseo o el cerebro; se activa con los llamados Rayos X; necesita de un aparato especial, y se lee en un acetato revelado. ¿Qué es una “radiografía de la mente consciente”?

La radiografía médica necesita, además, de un experto que sepa interpretarla; La radiografía de la mente consciente la podemos leer cualquiera de nosotros, pero también necesita un entrenamiento para poder comprenderla e interpretarla.

La radiografía de la mente consciente hace conocer lo que no se ve: parte de la mente humana, que también se llama espíritu, alma o psique; la luz que la activa es la consciencia; el aparato que permite realizarla es el propio organismo vivo (sentidos, sistema nervioso y todo el cuerpo humano) y la radiografía de la mente consciente se “lee”, por ejemplo, en una hoja de papel impresa o en la pantalla del computador o del celular, pero se “lee” primero en la propia experiencia.

Lo que acabo de expresar se visualiza en el esquema siguiente, al comparar una radiografía del cerebro con la “radiografía de la mente consciente”.

Radiografía del cerebro <<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>>>>>>>Radiografía de la mente consciente

Aparato de radiología <<<<<<<<¿de qué se sirve?>>>>>>>>>>Cuerpo u organismo humano

Rayos X <<<<<<<<<<<<<<<<<¿con qué luz se toma?>>>>>>>>Luz de la consciencia

Cerebro (invisible) <<<<<<<<<<<< ¿qué se “ve”? >>>>>>>>>>Parte de la mente o psique

Acetato revelado <<<<<<<<<<<<<¿en dónde se “ve”?>>>>>>Objetivada en papel o pantalla

Comencemos por el aparato que hace posible “tomar” la radiografía de la mente consciente, que va a resultar -más bien- una tomografía, un escaneo, una resonancia magnética, o todas juntas. Este aparato es muchísimo más complejo y sofisticado que los aparatos electrónicos que permiten tomar esas imágenes diagnósticas. Consta de todos los sistemas del cuerpo humano, pero enunciemos sólo los órganos de los sentidos y el cerebro: no son los ojos solos los que ven, ni los oídos solos los que oyen, ni el “corazón” aislado el que tiene emociones y sentimientos -por nombrar algunos- sino que el organismo todo se necesita para que pueda resultar esta “radiografía de la mente consciente”. Afirmar lo que acabamos de decir del aparato corporal, ha necesitado de la luz de la consciencia, pero ojalá ayudada por un conocimiento científico del cuerpo humano.

La luz de la consciencia está siempre ahí, pero se necesita activarla -prender el interruptor-que en este caso significa al pie de la letra: interrumpir el trajín mecánico del día a día, o hacer un alto en el camino para obtener la radiografía de la mente consciente; así como hay que sacar la cita para tomarse una imagen diagnóstica, hay que sacar el tiempo para tomarse esta radiografía de la mente consciente. Pero ¿qué es esa luz de la consciencia que permite tomar esta radiografía de la mente consciente?

La consciencia es esa misteriosa característica humana que nos permite ver, comprender, afirmar la realidad y actuar sensatamente; nos permite -en pocas palabras- tender a la verdad, al bien a la bondad, a la belleza del amor. Pero ¿por qué fallamos tanto en esa múltiple búsqueda? Precisamente por falta de consciencia, mejor dicho, por no prender el interruptor de la consciencia ya que, como dijimos, la consciencia siempre está disponible, pero si no la activamos es como contar con la energía eléctrica, pero sin activarla.

La consciencia es estar presentes a nosotros mismos (y a los demás y al mundo) es darnos cuenta, poner atención, es comprender y pensar para actuar y no: actuar sin pensar ni comprender. Cuanto mayor consciencia tengamos mejor veremos, comprenderemos, haremos mejores juicios de realidad y de valor, y mejor actuaremos. Esa mayor consciencia se adquiere alimentándola, ejercitándola, reflexionando…para poder disponer de ella permanentemente. Una vez habituados a ser conscientes, ya no necesitamos “dar paso a paso” sino que nos será natural operar conscientemente, así como caminamos espontáneamente después de que aprendimos a caminar. Pero si nos descuidamos al caminar, podemos tropezar; lo mismo, si descuidamos nuestra consciencia podemos “tropezar” en la vida.

Bueno, ya dijimos algo de la luz de la consciencia, pero ¿qué “vemos” en la radiografía de la mente consciente?

Lo primero es que podemos distinguir los actos humanos conscientes e intencionales de los actos biológicos del ser humano. No todos los actos del ser humano son actos humanos; por ejemplo, respirar, digerir, trasladarse… son actos del ser humano como son también actos de los animales y llamamos, en cambio, actos humanos a los característicos de los humanos: actos conscientes e intencionales.

En la radiografía de la mente consciente, podemos “leer” no sólo los actos conscientes e intencionales, sino las operaciones que dan lugar a esos actos. Hay una estructura dinámica del propio ser capaz de conocimiento y de acción moral. Esta estructura se manifiesta por las operaciones sensoriales, las operaciones inteligentes, las operaciones racionales y las operaciones responsables. Toda esa estructura de la mente tiende a la verdad y al bien, tiene una motivación o dinamismo, que es impulsado por los sentimientos, de los cuales el más genuino o auténtico y productivo es el amor.

¿Cómo podemos afirmar verdaderamente estas operaciones humanas? Ejercitándolas; al realizarlas las verificamos, las comprobamos en nosotros mismos:

– tenemos consciencia empírica de nuestras operaciones sensitivas: tenemos consciencia de ver, oír, sentir; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos quienes vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de eso que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia intelectual de nuestras operaciones inteligentes: tenemos consciencia de estar comprendiendo qué es lo que vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que comprendemos eso; tenemos consciencia de ese algo que estamos comprendiendo en lo que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia racional de nuestras operaciones racionales: tenemos consciencia de estar comprobando, demostrando o verificando algo para poder afirmar que eso es así; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que razonamos; tenemos consciencia de si ese algo realmente lo estamos comprobando, verificando o demostrando que es así.

– tenemos consciencia responsable de nuestras operaciones responsables: tenemos consciencia de deliberar, decidir y actuar concretamente en un momento determinado; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los responsables de las consecuencias de lo que hacemos; tenemos consciencia de lo que estamos deliberando, decidiendo y haciendo.

Dije rápidamente que hay un dinamismo o motivación en todo lo que buscamos y hacemos, y ese dinamismo arranca con las emociones y sentimientos, de los cuales el más auténtico y productivo es el amor. Muchos de ellos son inconscientes o subconscientes, mientras no los hacemos conscientes. Y entonces, somos conscientes de nuestros dinamismos o motivaciones, ojalá siempre desde el amor y con amor por nosotros mismos, por los demás y por lo que conocemos y hacemos. Eso también es parte de esta radiografía de la mente consciente: sacar a la luz de la consciencia lo que era inconsciente.

Y aparece otra imagen o campo de consciencia en esta radiografía de la mente consciente, de la mía propia, pero que pueden ustedes identificarla en sí mismos a su manera. Es la consciencia de una realidad superior o trascendente a mí mismo y al universo. Es la consciencia de la revelación de Dios, a través de Jesucristo e iluminada por el Espíritu Santo; es la consciencia de la verdad de Dios y de los seres humanos semejantes a mí, y del amor de Dios y del amor que me atrae a los demás. Esa revelación le hace a mi mente conocer que todo lo que conozco tiene su origen en Dios, que todo lo que hago, lo hago por la cooperación de la acción de Dios y que todo lo que amo proviene del amor de Dios, que nos ama primero.

Ustedes mismos pueden “ver” e interpretar la radiografía de su propia mente.

¿Por qué hemos añadido repetidamente la palabra consciente a la expresión radiografía de la mente?

Porque, además de la mente consciente, nuestra psique “contiene” el inconsciente personal y “arrastra” el inconsciente colectivo.

Sería muy extenso este artículo si quisiéramos decir algo sobre el inconsciente y, como éste es tan importante, amerita otros artículos específicos.

*En este blog se pueden leer los siguientes artículos relacionados: “Sentir, comprender, amar” “¿Mente o cerebro, libres o determinados?”, “Racionalidad”, “5 hábitos trascendentales”, “Caminos a la certeza”.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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Hace unos días se publicó en este blog, el artículo “La oración es como un bumerán”. Puede surgir la pregunta de si lo expresado es “ortodoxo” con respecto a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia. Al decir que la oración se nos devuelve como un bumerán, no se quiere decir que no “llegue” a Dios. Para tranquilidad mía y de los lectores, se confirma, en el presente, lo escrito en el artículo anterior. 

En la foto de la carátula del libro que “encabeza” este artículo, se alcanza a observar una pintura de la oración de Jesús en el huerto de los olivos, donde “se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas”. Esto simboliza la respuesta del Padre; la actitud de Jesús está expresada así: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya… y en medio de la angustia oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo”. (Lucas cp. 22, 39-46).

En esta oración de Jesús, resaltan los evangelistas lo que decíamos en el artículo La oración es como un bumerán: la oración de petición no significa que, sólo si le pedimos, Dios nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Al rogarle a Dios, le ponemos más atención y nuestra fe, nuestro buen ánimo y nuestra confianza aumentan, aún en medio del dolor que nos embargue.

No sólo en la ocasión que acabamos de narrar, sino en otras donde Jesús ora o habla de la oración, junto con la atención a la respuesta de Dios, se resalta la actitud de los que quieran orar. 

“Estando él orando… le dijo uno de sus discípulos Maestro enséñanos a orar… Él les dijo: cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…” Continúa la oración del Padre- Nuestro como la conocemos, pero podemos observar que, tanto en la alabanza como en las peticiones que siguen, se puede traducir lo que significa la oración para nosotros mismos: santifiquemos el nombre del Señor, confiemos en que el Señor nos dará lo que le pedimos, perdonemos a los que nos ofenden…  

Jesús también nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. (Mateo cp.7, 7-8)Después muestra cómo el Padre da cosas buenas y dará el Espíritu Santo, pero la oración nos hace más creyentes, más confiados, más cercanos a Dios; en ese sentido decíamos que la oración se nos devuelve como un bumerán: la dirigimos a Dios, pero nos hace bien a nosotros, por la oración misma, aún antes de recibir la respuesta de Dios y, además, nos predispone a ésta.  

Con la parábola del juez y la viuda (Lucas 18, 1-8) Jesús nos enseña que en la oración hay que ser perseverantes, hay que orar continuamente, aunque parezcamos impertinentes o cansones, no nos cansemos de orar; la oración debe convertirse en un hábito nuestro. 

Y no sólo con palabras, sino con los hechos, nos enseña Jesús cómo debemos orar. Los que le piden a Él reciben, como aquella mujer que se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Lo mismo: cuando se cree y se quiere, se hace lo necesario, como aquellos hombres que, al no poder llegar a Jesús por el gentío, suben al tejado y descuelgan la camilla con el enfermo para acercarlo a que Jesús lo cure. Varias veces, Jesús les dice a las personas que cura:  Tu fe te ha salvado, vete en paz.

La oración pues, más que hablar mucho, consiste en creer, en tener confianza y estar abiertos a la palabra y voluntad de Dios, a su acción y a su gracia. “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por mucho hablar. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mateo cp. 6, 7-8)

En otra ocasión, Jesús nos quiere enseñar: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan cp.11, 41-42).

Con los anteriores y otros pasajes del Evangelio, se ilustra lo que dijimos al decir que la oración es como un bumerán: la oración de agradecimiento a Dios nos hace más agradecidos; la oración de petición nos hace más atentos a Dios, más creyentes en Él, más confiados; la oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios. 

Y si la oración personal nos beneficia a cada uno de nosotros… la oración en común, la oración en la Iglesia -por la acción del Espíritu- fortalece la fe, la esperanza y el amor de la Iglesia.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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La primera pregunta que surge es si hay algo imperdonable… si realmente algo es imperdonable entonces no se podría perdonar. “Imperdonable” es un dicho del lenguaje común, pero ¿qué fundamento tiene (aparte del sentimiento del que lo afirma)? La segunda pregunta es ¿Qué implica y qué no, el perdonar? La tercera: ¿qué es lo contrario de perdonar? 

Reflexionar sobre estos puntos es “fácil” para quien no está implicado en la ofensa o deuda, pero para quien ha padecido la ofensa, la violencia, el daño provocado… es muy difícil. 

“Yo creo que el que comete un error, está presionado por algo”, dice una víctima de secuestro. Claro está que hay errores momentáneos y errores duraderos, pero ambos son errores; no es muy claro que el perpetrador de un daño busque directamente el mal de alguien, como regla general.  

Un punto de vista distinto es, generalmente, el de la víctima o “el dañado” por la agresión de cualquier tipo. Puede ser tan fuerte el sentimiento, que dura más que el error y el “dolor” del victimario (si es que éste siente dolor).  

¿Quién recibe más daño: el que es odiado, el no-perdonado, o el que odia, ¿el que no perdona?

Tomé el título de este artículo, de un bello libro de reportajes a víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano; algunos testimonios:

Gloria, una católica consagrada, dice que su tragedia es tan grande que hasta los propios guerrilleros en la selva se extrañaban de verla rezando el rosario todos los días a la misma hora, sentada en un tronco. “Siempre a las ocho de la mañana, y me preguntaban cómo podía creer en Dios si yo era la secuestrada que más estaba sufriendo. Me decían que si Dios existiera ya me hubiera sacado de allá. Yo les decía que lo que me estaba pasando no era cosa de Dios sino de los hombres, y que a Dios le daba gracias de que todos estuviéramos vivos, incluso ellos, los guerrilleros rasos, que estaban tan secuestrados como nosotros”

Benjamín,

  • ¿Entonces sigue odiando a los conservadores? 
  • ¡Nooo, qué! El mismo día de la paz nos echamos el brazo y toda esa vaina.

Teresita: 

“Yo me eché a llorar y cuando Ramón Isaza pasó en frente de mí, le dije ‘viejo asqueroso’ y un montón de insultos. Me alejé y seguí llorando, cuando me calmé me le acerqué de nuevo y le pedí perdón por la forma en que lo traté. El tipo no decía nada, solo temblaba. Le dije que nos había condenado a mi familia y a mí al destierro sólo por el vil metal, por tener las fincas, pero le dije que lo perdonaba” 

Mirta:

“Mamá, yo te amo, aunque tu no me ames a mí… Por eso, ahora cuando la abrazo y ella se queda con los brazos abajo, ya no siento dolor, sino misericordia”

Pero el tema no se refiere únicamente a ese contexto. El Papa Francisco, por ejemplo, hace unos días compartió unas reflexiones muy valiosas sobre el perdón en el ámbito de las familias:  

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano, ni familia sana, sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma (y a veces, se acaba como familia). El perdón es la asepsia del alma y la alforria (la liberación) del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor causó la enfermedad”.

Después de estas palabras, no tengo mucho que decir. Sólo rogar a Dios por los que necesitan perdón y por los que necesitan perdonar, por grande que sea el daño y el dolor.

Vicente Alcalá

Enero, 2024

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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Desorden en libertad

Por Vicente Alcala
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“Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Parece que esta sentencia del General Santander y el lema del escudo de Colombia, suscitan muchas dudas o interrogantes en la realidad colombiana. 

Leyes, orden y libertad, tres realidades que deberían caminar juntas, pero que parecen andar cada una por su lado. Las leyes y las ciencias nos hablan de orden, pero el orden de la naturaleza, con frecuencia, se rompe en la sociedad a causa de la libertad. Y hasta el orden ecológico de la naturaleza lo estamos rompiendo con el actuar humano. 

Las leyes, en general, son formulaciones que expresan regularidades que se dan en la realidad del universo o la sociedad; se descubren, se comprenden y se formulan. Las leyes son de diversos tipos o clases. Podemos decir, inicialmente, que las leyes dependen de las diversas ciencias y de los métodos correspondientes a esas ciencias

De acuerdo con cada ciencia, se puede hablar de leyes: de la lógica, leyes físicas, químicas…Las matemáticas y la lógica se llaman ciencias formales porque no necesitan ser comprobadas en objetos físicos o hechos (como las ciencias naturales) sino que dan forma y regulan las operaciones mentales; más que de leyes, se habla de postulados, principios o axiomas. 

En ciencias naturales (entre las fácticas) una ley es una descripción general y fundamental de cómo funciona el universo. Estas leyes se basan en hechos; son consistentes y aplicables en diversas situaciones y contextos, y a menudo, son expresadas matemáticamente (por ejemplo, la ley de la gravedad, la ley de la termodinámica). Ayudan a comprender y predecir el comportamiento de fenómenos naturales. Proporcionan reglas o principios que explican cómo se comportan los fenómenos naturales; no es exacto decir que las leyes gobiernan dichos fenómenos, pues las leyes son formulaciones mentales, aunque fundamentadas en la realidad que se gobierna a sí misma.

En ciencias sociales o humanas, una ley se refiere a una generalización amplia y establecida que describe una relación causal entre diferentes fenómenos o variables en un contexto específico. Estas leyes son formulaciones que intentan explicar patrones de comportamiento o interacciones sociales y a menudo se basan en evidencia empírica y en observaciones sistemáticas. No poseen el mismo grado de certeza que las leyes de las ciencias naturales. La ética o la filosofía moral se puede incluir entre las “ciencias” sociales.

En el estudio de la historia existen leyes y principios; son marcos conceptuales que ayudan a comprender y analizar eventos pasados (por ejemplo, la ley de causalidad histórica y la ley del cambio histórico).

En ciencias jurídicas, una ley es una norma o regla establecida por una autoridad competente, como un gobierno o legislatura, para regular el comportamiento y las relaciones entre las personas dentro de una sociedad… cumplen un papel fundamental en el funcionamiento y la organización de ella.

Estas leyes jurídicas y las normas éticas son las más vulnerables de todas, debido a la libertad humana. Mientras que las leyes naturales se cumplen -generalmente- de manera rigurosa, las leyes jurídicas y las éticas, se violan con mucha frecuencia y crean desorden, esclavitud y violencia.

En Colombia manifestamos constantemente que la ley es “para los de ruana” y que la corrupción está desbordada; lo que significa que la ley no se cumple por parte de muchos y que las normas morales tampoco se obedecen de manera universal. 

La máxima de Santander “las leyes os darán la libertad” habría que completarla diciendo que la libertad os dará la opción de violar las leyes. Esto es lo que ocurre con mucha frecuencia. Y la primera parte de esa máxima “las armas os han dado la independencia” habría que cambiarla en la actualidad por esta otra: las armas, en manos de muchos, esclavizan tanto a los que las usan como a los que las padecen. Aquí, el desorden parece estar “en libertad” pues, además de que campea por muchas partes, no se controla ni se sanciona. 

“Libertad y orden”: un lema, un ideal, un deseo laudable. Desafortunadamente, estamos lejos todavía de alcanzarlo. El desorden, según la ley de la entropía, es una tendencia espontánea si no hay una fuerza o dinamismo que la corrija. En nuestra sociedad colombiana, reina el desorden en muchos sentidos y a todos los niveles. La fuerza que necesitamos es observar y obedecer las leyes, las de la naturaleza, las jurídicas, las éticas.

La libertad tiene dos sentidos: uno, liberador, dejar de ser esclavos o sometidos, dependientes injustamente. El otro sentido es positivo, pero puede volverse negativo: positivo porque es una noble característica humana, la de poder escoger y decidir por uno mismo, no estar determinados necesariamente, no ser “esclavos”; pero se puede volver negativo, la libertad de escoger lo malo, decidir mal, obrar “libremente” en contra de uno mismo y de los demás. 

Nuestra sociedad, comenzando por cada uno de nosotros, necesita libertad y orden; orden en la libertad… corregir el desorden y ejercer la libertad con justicia, amor y solidaridad… y ojalá, sin tanto abuso de la libertad.

Es interesante leer, en este blog: “¿Mente o cerebro, libres o determinados?” y “Dios no crea los números ni las leyes”.

Vicente Alcalá Colacios

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Voy a contarles una anécdota que puede parecer insignificante pero que, para mí, tiene un profundo sentido.

Mi esposa y yo, estábamos acompañando a mi hijo a comprar una corbata que quería estrenar para su matrimonio. El llevó el vestido que se iba a poner, para escoger mejor la corbata que le combinara; nos dimos cuenta de que el vestido tenía unas arrugas en la parte delantera.

Había expuesta una colección, ordenada por tonos de color. Atendían un par de chicas y una de ellas mostraba, opinaba, traía otras corbatas y comentaba sobre el nuevo diseñador y las colecciones anteriores, según la época… Explicaba de una, que tenía unas golondrinas, y la describía con cariño, fue por ella y nos la mostró. Cuando yo la observé, les comenté que esa era la apropiada para la ocasión, porque se veían las parejas de golondrinas como  dándose un pico con los picos.  

No recuerdo si fue la misma chica u otra presente, que ofreció llevar el vestido adentro para que aplancharan las arrugas que tenía. Pudo ser un gesto de “venta” pero lo hizo con amabilidad. Curioseé yo el precio de una de las corbatas y vi $ 125.000; me pareció bueno por la calidad que tenían. Al acercarnos a la caja, le dije a mi hijo que yo se la regalaba. Me dijo que no, y comentó él que se iba a casar; las chicas sonrieron y le desearon felicidades. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que el precio era mayor que el observado antes por mí. La cajera comentó de broma que yo tenía suerte, ¡menos mal que no me la habían dejado pagar!

La chica que nos había atendido nos estaba despidiendo en la puerta del almacén; tenía unos 22 años, bajita, más bien gordita, sonriente, con gafas y cara simpática. Comenzó a decirnos ¡qué lindo! ¡es que se nota en muchos detalles! … y de pronto nos dice ¡yo no tengo papá!

Quedamos mudos. Imagínense una persona, que sin habernos conocido antes, nos comunica semejante sentimiento. Mi reacción fue preguntarle si no había buscado “reemplazarlo”. Tanto ella como mi hijo pusieron una cara de sorpresa… seguí yo preguntándole si era soltera. Entonces, a la chica le dio como pena, pero a la vez risa, y dijo ¡ah, ya entendí! 

Todo esto me impresionó mucho, pero no quise comentarlo. Más tarde, mi señora dijo que era simpática la niña que nos atendió; le comentamos que nos había dicho que no tenía papá; ambos expresaron que la joven estaba conmovida y, a la reacción de la mamá, mi hijo añadió que esto es más frecuente de lo que pensamos.

Recuerdo los mensajes por T.V. del Bienestar Familiar, mostrando a niños y niñas buscando a sus padres o abuelos: “me conoces aquí estoy”. Es un drama más de nuestra sociedad colombiana.  

Pensé primero en los que tuvimos padres excelentes, y en nuestros hijos que nos tienen a sus padres. Además de la gratitud, brota la solidaridad -al menos afectiva- con quienes carecen de esta bendición, como la chica de la que hablé antes.  

Dije que esta anécdota tiene para mí, un profundo significado. Veamos por qué. 

Cuando escribí “La enfermera colombiana” (publicada en este blog anteriormente), pensaba en la bondad, la belleza humana, la amabilidad, la simpatía, la calidez de la mujer colombiana en general. 

He sentido esas cualidades también en las chicas que atienden y prestan su servicio en almacenes y otros establecimientos o en llamadas telefónicas. Esto es lo que experimenté una vez más en la situación a la que me acabo de referir al narrar la anécdota de las corbatas. Cuando pienso en la mujer colombiana, experimento confianza y esperanza en el futuro del país.

Bernard Lonergan S.I. distingue entre el mundo de la inmediatez (propio de los niños) y el mundo mediado por la significación. La significación se encarna en la intersubjetividad humana (un encuentro, una sonrisa, los gestos, la voz, la expresión corporal, una conversación…) la significación se capta también en el arte, los símbolos, el lenguaje y en la significación personificada: lo que significa una persona, en su forma de vida, sus palabras, sus hechos. Sin darnos cuenta, lo que somos, y la forma como actuamos, tiene una significación determinada para los demás. Seguro que, para la chica que “no tiene papá”, yo signifiqué algo y desperté sus sentimientos, debido a su situación personal y al ver nuestra relación positiva de padre e hijo.

Otro significado más profundo aún -inspirado en la falta de papá de la joven- se vino a mi memoria al recordar un relato que hace el Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Spe Salvi” (En esperanza fuimos salvados). 

Se trata de una esclava africana -de Sudán- que después de padecer terribles torturas de sus “dueños” o “patrones” conoció por primera vez al Señor, tan diferente a los señores que la habían esclavizado. 

Algo semejante es deseable que experimenten los niños, jóvenes y adultos que fueron abandonados o son huérfanos, al sentir la compañía de Dios, Padre amoroso de todos nosotros: de ellos, lo mismo que de los que tenemos familia. 

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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El 16 de enero de 2021 escribí en este blog, el artículo “Preguntas a las breves respuestas a las grandes preguntas” (2.500 vistas a la fecha). Hoy comparto varias reflexiones, a propósito de la tertulia del 28 de septiembre de 2023 sobre Astronomía: “La formación de agujeros negros” y del diálogo que le siguió.

“Conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza. Mi predicción es que conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo… Las leyes de la ciencia pueden, o no, haber sido decretadas por Dios, pero este no puede intervenir para transgredirlas, o no serían leyes” [1]

¿Qué noción de Dios y de las leyes manifiestan estas afirmaciones? 

Los números y las leyes son elaboraciones mentales humanas y no son “creados” por Dios. Los números y las leyes no son “creados” por el ser humano, sino que son descubiertos por la mente, como expresión intelectual de realidades concretas; en la naturaleza encontramos, por ejemplo, árboles y los “contamos”: uno, dos, tres, cuatro… los árboles están ahí, pero los números no están escritos en los árboles, los números fueron inventados para significar cantidades y las cantidades son nociones descubiertas por la mente, en las realidades cuantificables. 

Algo semejante ocurre con las leyes de la ciencia: las leyes son formulaciones descubiertas y expresadas para entender regularidades que se dan en la realidad del universo. Las leyes son comprensiones que describen y explican fenómenos naturales, pero las leyes son elaboraciones mentales fundamentadas en el comportamiento de los objetos reales y sus relaciones. 

Decir que Dios creó las leyes de la naturaleza es semejante a decir que Dios creó la música que “crean” los grandes compositores. No, la música no es creación directa de Dios, sino “creación” directa de los músicos. ¿Cómo pueden los músicos crear música? es otra cuestión.

Confesamos, según nuestra fe, que Dios creó el universo. Conocemos lo creado, pero no podemos comprender la creación como acto creador de Dios. La ciencia busca comprender y conocer cómo evolucionó el universo y cómo funciona el universo; la ciencia describe y descubre cómo está compuesto o conformado el universo y descubre y formula leyes que explican las regularidades comprobadas experimentalmente, pero la ciencia no puede comprender y conocer el acto de la creación ni la naturaleza de Dios. 

Si las leyes de la naturaleza son elaboraciones o formulaciones creadas por la mente humana, no es adecuado decir que “conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza”. Aunque llegáramos a conocer y elaborar todas las leyes que expliquen las relaciones y la acción de la naturaleza… no sería adecuado decir que “conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo”. 

Stephen Hawking puede conocer profundamente las leyes de la naturaleza, pero ¿entendió que las leyes son descubrimientos y formulaciones de la mente humana y no “decretadas” por la mente de Dios?

Dios creó las realidades físicas que actúan con regularidad, expresada en leyes; pero las leyes son descubiertas y elaboradas por la mente humana que investiga y descubre cómo funciona la naturaleza. Dios creó las realidades cuantificables, pero los números que cuantifican esas realidades son “creación” o elaboración de la mente humana. 

Decir que “Dios no puede transgredir las leyes de la ciencia o no serían leyes” sería confundir las leyes de la ciencia con la naturaleza que esas leyes tratan de explicar. Además, sería no comprender que las leyes de la ciencia se aplican a la naturaleza creada, pero no se aplican al Dios Creador de esta naturaleza, si Dios está “por encima” de la naturaleza. 

Así como tiempo no se aplica a Dios, espacio no se aplica a Dios, origen no se aplica a Dios, comienzo no se aplica a Dios, creado no se aplica a Dios, causa-efecto no se aplica a Dios… las leyes de la ciencia no se aplican a Dios. Dios no está sujeto a esas leyes. 

¿Qué consecuencias se siguen de estas reflexiones y afirmaciones? ¿Para qué sirven estas aclaraciones? 

En primer lugar, ayudan a diferenciar los ámbitos o dimensiones de la ciencia, de la filosofía y de la fe (y de la teología que estudia esta fe). La ciencia puede ser verdadera, la filosofía puede ser verdadera y la fe puede ser verdadera: pero las tres verdades pertenecen a dimensiones (o acercamientos) diferentes de la misma realidad. Los tres abordamientos de la realidad se pueden y se deben complementar, pero sus ámbitos no se pueden confundir ni invadir. Es necesario el “diálogo” entre los tres campos, pero no se pueden reemplazar mutuamente: la ciencia no reemplaza la fe, la fe no interfiere en la ciencia, la filosofía es fundamento intelectual de la ciencia y de la no-irracionalidad de la fe.

En segundo lugar, la distinción entre ciencia, filosofía, fe (y teología), invita al estudio, formación y profundización en cada una de las tres dimensiones humanas distinguidas. 

La negación del título “Dios no crea los números ni las leyes” busca aclarar la diferencia entre la fe en Dios, la ciencia y la reflexión filosófica; diferencia que no significa contradicción, sino más bien complementación mutua entre las tres.


[1] Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas, pp.41 y 42.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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Esta madrugada, mi subconsciente me despertó temprano, rumiando las experiencias de nuestra tertulia pasada, entre las cuales sobresalió, en varias conversaciones, el tema del título, que surgió de repetidas afirmaciones escritas por Y. N. Harari en varias de sus obras.

Comencemos afirmando que la ficción es una realidad. La ficción es un hecho, es una realidad, existe. La obra de Gabriel García Márquez es ficción, pero ¿acaso no es una realidad? ¿no la escribió, no la editaron, no se lee? Más aún, se dice que en “Macondo” la ficción supera la realidad. 

Si dejamos las cosas así, este artículo pierde “su gracia”, no tiene chiste y se le acaba el “suspenso” que puede suscitar el título.

“Sólo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado, ni oído”. “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia, fuera de la imaginación común de los seres humanos… ninguna de estas cosas existe fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros” (En “De animales a dioses”).

Harari escribe sobre la figura de hace unos 32 000 años, encontrada en la cueva de Stadel, en Alemania: “Este es uno de los primeros ejemplos indiscutibles de arte, y probablemente de religión, así como de la capacidad de la mente humana de imaginar cosas que no existen realmente”. 

Pero no sólo los primitivos cimentan su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… “nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base”. “Peugeot es una invención de nuestra imaginación colectiva. Los abogados llaman a eso ‘ficción legal’. No puede ser señalada, no es un objeto físico. Pero existe como entidad legal”.

El autor ha vendido más de 23 millones de copias de sus libros en todo el mundo, eso es realidad; sin embargo, algunos de sus críticos científicos, entre otras cosas, dicen:

“Es un talentoso narrador y orador popular, pero sacrifica la ciencia por el sensacionalismo, y su trabajo está plagado de errores”. “En muchos aspectos es un fraude, sobre todo en ciencia… es un ‘populista de la ciencia’… Entiende la seducción de una historia bien contada, buscando expandir su audiencia, sin importar que la ciencia subyacente esté distorsionada en busca de fama e influencia… La narración de Harari es vívida y cautivadora, pero carece de ciencia… No solo describe nuestro pasado; está pronosticando el futuro mismo de la humanidad. Todos tienen el derecho de especular sobre nuestro futuro… pero las proyecciones falsas tienen consecuencias reales”.

Afirmar que “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente” es una generalización que no es tanto una verdad, sino una interpretación, una opinión personal.

Pienso que quizás este artículo mío, sin proponérselo, aumente la curiosidad por Harari en algunas personas. Pero dejemos ya al autor con sus verdades y falsedades o interpretaciones erróneas. 

La realidad (de alguien) crea ficciones y las ficciones (de un literato, por ejemplo) crea realidades. 

Ahora es necesario “filosofar” un poco, con el postulado de que todos somos implícitamente filósofos.

¿Qué es la realidad? ¿Qué es la ficción? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la objetividad y la subjetividad? ¿Qué es la sinceridad y la buena intención o buena voluntad? ¿Qué es la certeza? ¿Qué es conocer? ¿Qué es interpretar? ¿Qué es imaginar? …

Son demasiadas preguntas, y algunas de ellas han sido tratadas antes en este blog: “Mitos, significaciones, interpretaciones, explicaciones” “Racionalidad, sus beneficios” “Caminos a la certeza” “Inteligencia natural” y “Mucho más que inteligencia”.

Concentrémonos hoy en los dos términos del artículo: Ficción y Realidad.

Ficción puede tener unos sinónimos: algo imaginado, algo inventado, algo simulado, cuento, quimera, fábula, novela… hoy día puede ser película. 

Realidad (o real) puede igualmente tener unos sinónimos: algo cierto, verdadero, auténtico, verídico, innegable, algo que tiene existencia objetiva… De manera más especializada: realidad tiene su origen etimológico en el latín res=cosa, ente, ser. Y también lo subjetivo, lo interpretado, lo imaginado, lo inventado en literatura y arte… cobra realidad. 

La realidad, el ser, lo existente, podríamos decir que tiene grados o niveles; no es lo mismo la realidad de un árbol que la realidad de un poema o una melodía, pero ambos son reales, a su manera o en su medida. Es real el aire, la palabra, el amor…

Un concepto, una abstracción -decían los escolásticos- es algo mental, una creación intelectual, pero con fundamento en la realidad. Lo mismo puede ocurrir con una ficción: es algo intelectual, imaginado, creado por la mente, pero con fundamento en la realidad. 

Toda ficción es una realidad, pero no toda realidad es una ficción. Y no toda realidad elaborada por la mente es ficción. Hay conceptos, ideas, interpretaciones, doctrinas, formulaciones, expresiones, confesiones, declaraciones, leyes…  que son producidas por la mente, pero que son comprendidas, fundamentadas, comprobadas, razonadas… con base en realidades verdaderas, auténticas, ciertas, confiables; como -por ejemplo- la fe cristiana.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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En nuestra tertulia del pasado jueves 26 de octubre, quisimos tratar el tema de la muerte, desde la experiencia vital de cada uno de nosotros. Con este aporte de Vicente, comenzamos a publicar los testimonios escritos.

Para esta tertulia pensé que no escribiría nada, pues ya había publicado en el blog una respuesta a la pregunta ¿Cómo asumimos la muerte? (20-02-2021). Pero enseguida reflexioné que algo tan definitivo y trascendental como la muerte, no se agota en tres páginas.

Ratifico lo que dije entonces; sólo faltaría decir algo adicional desde otra perspectiva. Hablé del momento de la muerte sin poder decir de antemano qué sentiré; hablé de la vida después de la muerte con fe y esperanza cristianas. Hoy quiero hablar del tiempo antes de la muerte.

Recuerdo una pregunta poderosa: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo ahora? Entonces, antes de mi muerte lo mejor que puedo hacer es estrechar los lazos con los míos, entre otras cosas importantes.

Siento que todavía no es la hora de mi muerte. No sé cuánto se demorará, pero, sin saber por qué, creo que aún falta un tiempo. Siento tranquilidad ante ella, no siento miedo, ni inquietud, ni preocupación.

Debería más bien ocuparme. Tuvimos una bella y útil tertulia el 25 de marzo del 2021 “Actitud personal frente a la muerte” con la presentación de la Dra. Elsa Arango, autora del libro: ”Legado de amor, y uno de los temas fue sobre cómo organizar las cosas para dejarles los menores problemas a los más cercanos. Pienso en los míos y sé que sufrirán mucho con mi muerte y me echarán de menos dolorosamente.

Entonces, trabajaré para dejarles organizadas las cosas, los recursos, el patrimonio; para evitar al máximo cualquier desavenencia entre ellos. Y también para que no se lleve el “fisco” demasiado de lo que pueda dejar.

Más que un testamento de bienes o de patrimonio económico, me gustaría dejarles un mensaje escrito además del legado vivo de los buenos recuerdos, los buenos momentos, las buenas fotos, los buenos sentimientos y las buenas acciones, los buenos ejemplos… 

No puedo trasladarles mi temperamento, mis actitudes y mis significados. Quizás sobre estos últimos, sí puedo insistir en el sentido que la muerte tiene para mí -a modo de un testimonio; como una confesión de fe y esperanza-. La imagen del grano de trigo que se entierra es una realidad significativa: con la muerte se nos entierra para brotar a una nueva vida, redimida por Jesucristo, resucitada, gloriosa. Entonces, la muerte será una transformación, un tránsito, un viaje hacia un destino inimaginable, pero mejor que cualquiera de los que hallamos soñado. ¡Tenemos que recibir la muerte con amor!

………………

Había escrito hasta aquí, cuando enseguida vimos unos bellísimos videos tomados por mi hijo de la Costa Caribe,junto al parque Tayrona, al otro lado del río Piedras.

Los colores verde selva, el azul del mar y del cielo, las olas, el río, las montañas, la explosión de vida… muestran una belleza y una majestuosidad sobrecogedoras. Desde el suelo no puede uno apreciar este paisaje completo, pero elevándonos con el dron, admiramos toda esa hermosuradesplegada. Al acompañar esos videos con música inmortal, la experiencia es inenarrable. 

Enseguida tuve un insight: si ya en esta vida gozamos de algo así, aunque no podamos verlo todo… elevándonos tras la muerte, disfrutaremos una VIDA, un gozo, una belleza, una plenitud y majestuosidad indecibles, pues “ni ojo vio, ni oído oyó” lo que el Señor nos tiene preparado. 


Jesús fue elevado en la cruz y desde allí fue elevado a la Gloria del Padre. El Espíritu nos eleva, en nuestra muerte, junto con el Hijo a la Gloria del Padre. Al elevarnos “veremos” la plenitud de la realidad y de la nueva realidad.

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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Con este título aparece el volumen III, en el plan de las obras completas de Joseph Ratzinger editadas por la B.A.C. En el volumen IV “Introducción al cristianismo”, se puede leer el capítulo III de la parte I, con el mismo título y tres secciones: 1. La opción de la Iglesia primitiva por la filosofía. 2. La transformación del Dios de los filósofos. 3. El reflejo de la cuestión en el texto del credo. 

En ese breve capítulo es apasionante el recorrido que hace J. Ratzinger por la historia, la filosofía, el Evangelio y la formulación del Credo en la Iglesia. Invito a su lectura. 

Voy a decir primero, algo sobre Dios desde la filosofía y luego, algo sobre Dios desde el Evangelio. No son dos dioses distintos, pero sí son dos formas distintas y complementarias de acercarnos al único Dios verdadero.

No podemos explicarnos por nosotros mismos, así como no puede explicarse el universo por sí mismo. La humanidad descubrió el principio de causa-efecto entre otros: los seres finitos y limitados requieren del SER infinito, eterno y sobrenatural; los demás seres son efecto y el SER es la causa. Sólo un SER sin espacio, sin tiempo, sin comienzo, sin origen, sin causa, sin limitaciones… da razón y explicación de los demás seres. Este SER es al que llamamos Dios. Este principio, causa-efecto, se descubrió en la naturaleza creada, pero no se puede aplicar al Creador de la naturaleza; por eso no hay que pensar en una causa para Dios. Desde la filosofía, Dios ES, mientras que los demás seres son. Participación del ser, es una manera de decir que somos, porque Dios ES y nos participa el ser que somos.

Pero el Dios de la fe, de la fe cristiana, de la fe del Evangelio, de la fe de Jesucristo, es Alguien “mucho más” que el Dios de los filósofos.

Jesús de Nazareth dijo “Quien me ve a mí, ve al Padre” y podría haber dicho también Quien me oye a mí, oye al Padre.

Y eso es lo primero que dijo Jesús de Dios: “Abba, Padre”. Y lo repitió en la oración que nos enseñó: “Padre nuestro”. Y lo repitió otras veces; cuando le pidieron los discípulos a Jesús que les enseñara a orar “Jesús les contestó: cuando oren, digan Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; el pan nuestro de cada día danos hoy”. 

“Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre del cielo los alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas?” “Miren cómo crecen los lirios… pues si a la hierba del campo Dios la viste así, ¡cuánto más a ustedes!” “Si ustedes saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!”

Jesús, antes de nacer no podía hablar del Espíritu Santo, por eso, un ángel habló de éste: “María…quedó embarazada por obra del Espíritu Santo” y “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios”. 

Tenemos ya una primera presentación del Dios de la fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo. No es un Dios impersonal, no es un Dios solitario e inactivo, es un Dios comunitario, relacional en el amor, dador y sustentador de vida. 

“En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: Te alabo Padre, Señor de cielo y tierra… nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo decida revelárselo”. Y en otra ocasión dijo: “Yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad… El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre les enseñará todo”.

Por eso, cuando Jesús fue resucitado por el Padre, dijo a sus discípulos “La paz esté con ustedes… Reciban el Espíritu Santo” “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes”. “Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Este es el Dios de nuestra fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo.

Lucas, uno de los cuatro evangelistas, escribió también el llamado “Hechos de los Apóstoles” y al comienzo del libro dice: “(Jesús) Después de su pasión, se les había presentado vivo durante cuarenta días… hablando del reino de Dios… les encargó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran lo prometido por el Padre: la promesa que yo les he anunciado… ustedes serán bautizados dentro de poco con el Espíritu Santo”. 

En el mismo libro de los Hechos, se narra tres veces la acción de Dios en la primera comunidad cristiana: “Permanecían íntimamente unidos en la oración” “Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y las oraciones… los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común; vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno” “El pueblo los estimaba mucho; se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor, hombres y mujeres”.

Unidad en la comunidad; Jesús en medio de ellos por siempre; el Espíritu de Dios que une.

Acabamos de oír, no ya solamente lo que es Dios en sí mismo, sino la acción de Dios en la comunidad creyente. Si regresamos a los Evangelios, oiremos lo que Jesús dijo de Dios, a través de sus enseñanzas, sus parábolas y también de sus obras y sus gestos.

“Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? Al encontrarla, se la echa a los hombros contento… de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse”. Lo mismo expresa con la parábola conocida como del hijo pródigo: “Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado”.

Dios nos dice, por boca de Jesús, que está presente y actuante en nuestra vida; se alegra con nosotros, se “preocupa” por nosotros, nos cuida… no es indiferente con nosotros… y nos pide que “seamos perfectos” como Él es perfecto. 

Jesús nos muestra cómo es Dios y cómo quiere que seamos nosotros. Así es el Dios de la fe.

Este escrito queda muy corto al hablar del Dios de la fe; la manera de completarlo es acudiendo directamente a la palabra y a la persona de Jesús, Dios hecho hombre, para que lleguemos a conocer y unirnos al Dios uno y trino de nuestra fe.(La presente reflexión sobre la relación en Dios: Padre-Hijo-Espíritu Santo se manifiesta también en la relación de Dios con nosotros: ver en este blog el artículo “Creación, Encarnación, Resurrección“).

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Al decir “enfermera” no estoy excluyendo a las demás mujeres, ni estoy privilegiando esta profesión sobre otras; al decir “colombiana” no estoy siendo nacionalista, ni comparando con nacionales de otros países… se trata de concretar observaciones sobre la mujer, para que no sean abstractas, sino poniéndoles cara -o uniforme- visibles.

Como digo, podríamos hablar de las mujeres colombianas, pero resultaría demasiado genérico o universal; mi deseo es particularizar de alguna manera, para que las observaciones tengan un sustento más sensible.

No sólo la enfermera; ésta es sólo un caso concreto de la bondad, la belleza humana y la amabilidad de la mujer colombiana, en su inmensa mayoría. 

No soy ciego frente a los casos opuestos, dolorosos y, desgraciadamente numerosos… pero si uno sabe observar, apreciar y valorar todas esas buenas cualidades en la mujer colombiana sencilla, “popular” -sin excluir a las demás- se puede uno llenar de optimismo frente al presente y futuro de nuestra sociedad. 

Escojo escribir sobre las enfermeras porque, en el trato especial de la gran mayoría de estas mujeres, se siente y sobresale el servicio, la atención, la calidez humana, el cuidado generoso… y sea esta una oportunidad de hacerles llegar el reconocimiento y la gratitud de todos los que somos beneficiarios de su trabajo: ancianos, adultos, niños, enfermos de cualquier edad y condición, de cualquier dolor. 

En la mayor parte de los casos, su trabajo profesional lo comparten con su vida familiar y las obligaciones de esposas, madres, hijas… con todos los sacrificios de tiempo, transporte, trasnochadas, tareas domésticas -a veces desapercibidas por los demás-.

Me quedo corto al hablar de ellas, pero lo hago con especial cariño, al haber vivido recientemente esta experiencia por más de quince días. Y al decir enfermeras, podemos incluir a terapistas, nutricionistas, técnicas de radiología y, por supuesto, a las médicas.

Acabo de acordarme de las jóvenes deportistas con su dedicación entusiasmo y pasión por su camiseta… pero no me desvío ni extiendo porque podría caer en omisiones odiosas. 

Por asociación, quiero aludir a otra persona en particular; ya la había mencionado en el artículo titulado “Lenguaje de señas y otras señales”No es enfermera estrictamente, pero tiene la misma apariencia, con su figura delgada y su uniforme blanco; además su ocupación de facilitar la comunicación para los que no pueden oír es otra forma de servicio médico, por llamarlo así. Hago la referencia a ella debido a la reciente experiencia de escucharla o verla con atención y con el alma.    

Estaba yo en otro contexto diferente, al participar en la Misa por televisión (mientras me animo a ir a la iglesia cercana). Comunicaba, con sus gestos y el movimiento de sus manos y brazos -elevándolos al cielo- una espiritualidad suave y sentida, especialmente cuando traducía la música y no sólo las palabras del celebrante. Parece un hecho insignificante, entre tantos acontecimientos nacionales e internacionales, pero no se trata de número o cantidad sino de una comunicación humana y a la vez dirigida a Dios y a los demás; me trato de situar en la situación de sus destinatarios y me pregunto cómo ven y escuchan en silencio.

Estos artículos míos para el blog no tienen mayores pretensiones ni obedecen a una planificación intencionada en particular, se trata de compartir vivencias cotidianas y ordinarias como las de ustedes, pero que surgen de situaciones concretas que atraen la atención y la reflexión acerca de las personas y las comunidades que nos rodean.  

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Animado por la invitación a esta tertulia, busqué enseguida el Thesaurus spritualis Societatis Iesu que comienza con el texto autógrafo de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Y encontré, de paso, un tesoro personal inadvertido, “enterrado” por 65 años. Se trata de un folder guardado en un archivador, que contiene cuadernitos y escritos entre 1958 y 1963.

Vi la firma inconfundible del P. Joaquín Ruiz de Castro, un jesuita con figura ascética, muy alto, delgado, serio pero amable, Maestro de Novicios en el Puerto de Santa María, en Andalucía.  

Digo experiencia esculpida, porque el mes de los Ejercicios Espirituales, realizado a los 17 años, marcó con un sello indeleble el subconsciente y en el consciente de mi vida.

Los cuadernitos que conservo contienen los “puntos” para las 4 meditaciones diarias de las 4 semanas de los Ejercicios. Además, hay un sobre con el membrete del “Colegio-Noviciado de San Luis Gonzaga” que contiene 7, 10, 6 y 4 hojas, con cuatro resúmenes diarios de las reflexiones personales, durante las meditaciones y contemplaciones. 

En el mismo folder hay, entre otros escritos, unos comentarios de los Grupos de Evangelios sobre los cuales escribí en el artículo “Un libro leído en grupo” del blog Exjesuitas en tertulia.

Me emocioné hojeando unos poemas y escritos de compañeros que nos despedían y deseaban lo mejor para nosotros en nuestra próxima vida en Colombia. Me extrañé porque entre ellos, hay una página escrita por Oscar Jaramillo; más tarde me di cuenta de que se trataba de un recibimiento a Paco Luque y a mí, en 1962. 

Esa tercera experiencia, del traslado a Colombia, sin saberlo,también marcó mi vida con 9 años en la Compañía, entre Santa Rosa, Chapinero, Bucaramanga y de nuevo Chapinero, con un breve paréntesis en la parroquia de Gamarra, a orillasdel Magdalena. Los años de Filosofía también me marcaron, no solamente ya en la Compañía, sino para toda la vida.

Mi regreso a la Teología, ya retirado de jesuita, ha completado por 15 años el alimento espiritual con que la Compañía de Jesús ha nutrido mi vida personal, familiar y social.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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