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Vicente Alcala

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Las definiciones de herencia en el diccionario de la lengua española tienen, todas, un sentido descendente: de los padres hacia sus hijos, de lo que los seres vivos reciben de sus progenitores, de rasgos o caracteres procedentes de personas o momentos anteriores … Aquí, la tomamos en sentido inverso: herencia de los hijos para con nosotros. Son historias de mi familia, pero semejantes a muchas de las de ustedes. 

Una experiencia inolvidable, repetida, fue la sensación -indescriptible con palabras- de disfrutar del Zugspitze, el nevado más alto de Alemania, al que mi hija “nos llevó” a Elssye y a mí. Lo mismo que la visita a otros paisajes y ciudades. Esta experiencia, “herencia de mi hija” no hubiera sido posible si ella no estuviera en Alemania, en su trabajo de investigación, con el sacrificio que implica la distancia. 

Otro placer sorprendente -que experimento a los 80 de mi vida- consiste en escuchar música, por ejemplo de Mozart, en un sillón que mi hijo “me heredó”, comprándoselo a un amigo que viajaba. Esta herencia es doble, porque la música clásica ha sido una afición reforzada por el gusto y los discos de mi hijo, así como el sillón en que me reclino para oírla. 

Son sólo dos casos concretos y palpables de “herencia inversa”. 

Los libros y saberes -de Biología y Derecho, respectivamente- son también herencia de mis hijos para nosotros, sus padres.  

Ayudas en informática y otros recursos tecnológicos constituyen otro tipo de “herencia en vida”.  

Las caminatas, los paseos, los viajes impulsados, y a veces financiados por los hijos, son otras herencias valiosas.  

Hasta ropa en buenas condiciones que dejaron de usar o que no pudieron llevar consigo, y de la que los padres nos beneficiamos. 

En un ámbito más espiritual, heredamos la oportunidad de apreciar y agradecer los valores y comportamientos honestos y solidarios de ellos como adultos responsables. 

Hemos recibido otras herencias, como la de los dos cónyuges con sus familias. 

En síntesis, nos han proporcionado la satisfacción de compartir tantos sentimientos y bendiciones, como retribución quizás a los dones desinteresados que les hemos podido ofrecer. 

No puedo dejar de experimentar la herencia divina que hemos recibido, en la creación, en la comunidad humana, en la propia vida recibida por medio de los padres; en la vida de Jesús por medio de María y en su Espíritu vivo entre nosotros tras su Resurrección. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Luis Guillermo Arango, en su reciente artículo “Pensamientos sobre la energía vital”, escribe así: me refiero exclusivamente a la energía física que copa por completo todos los seres…  Por esa energía física es como podemos comunicarnos unos con otros de maneras que ni alcanzamos a imaginarnos…Esa “Energía Vital” que constituye la esencia de todos los seres del universo es la que da vida a todo. Siguen varios comentarios muy interesantes al artículo y yo prometí éste de hoy.

A través de la ventana, observo varios colibríes batiendo sus alas para quedar suspendidos frente al bebedero por el cual meten su largo pico para alimentarse con el néctar preparado. Es admirable la velocidad del movimiento de sus alas, que manifiesta una enorme energía física. Se ven unos cables de energía eléctrica y unas hojas de árboles. Todo ello es posible verlo por la energía del sol. A la vez, es admirable también nuestra capacidad de admirar belleza, que manifiesta una enorme energía psíquica…todas son “energía vital”.  

Me encuentro, en la obra “Recuerdos, sueños, pensamientos” de Carl G. Jung, al final de su vida, el siguiente texto, para mí muy interesante: “Concebía la libido como un analogon psíquico de la energía física… para no hablar ya más de los impulsos de hambre, agresión, o sexuales, sino considerar todos estos fenómenos como diversas manifestaciones de la energía psíquica. También en la física se habla de energía y sus modos de manifestarse, como la electricidad, la luz, el calor, etc. Lo mismo sucede en psicología. También se trata aquí en primer lugar de energía … y sus maneras de manifestarse pueden ser muy diversas”.

La libido no es ya sólo y exclusivamente sexo, como se interpretaba al Freud de los comienzos; él mismo lo corrigió con la aceptación del “impulso del yo”, para otorgar más tarde la supremacía al super-yo, por así decirlo. Adler defendió tenazmente que la fuerza vital del hombre no es la libido hedonista postulada por Freud, sino el impulso de conservación y autoafirmación, el poder y la excelencia personal. Así podríamos seguir con planteamientos diversos de los psicólogos o de las escuelas psicológicas. 

Me gusta la idea de que la libido es una hipótesis, una X desconocida, no identificable directamente, sino en sus incontables manifestaciones dinámicas en la naturaleza y en el psiquismo; denota la energía universal. Jung concibe la naturaleza y el psiquismo como entidades dinámicas interrelacionadas y nutridas por una energía vital: la libido.

Otra manifestación universal de la “libido” es lo que Bernard Lonergan expresa como deseo puro, irrestricto, desasido y desinteresado por conocer (Insight, passim) que va desde la pregunta infantil ¿qué es eso? hasta la pregunta de la ancianidad ¿para dónde vamos? Igualmente, se manifiesta en la voluntad universal hacia el bien o lo bueno, y en las innumerables manifestaciones y creaciones de la belleza. Además, por encima de la “libido” tenemos la energía teologal, recibida, que llamamos fe, esperanza y caridad. 

Energía física, energía psíquica, energía vital… y en el trasfondo de todas ellas, ENERGÍA. 

Incluso la palabra energía es quizás la mejor que tenemos, por ahora, para expresar: fuerza, dinamismo, capacidad, potencialidad, impulso, acción, relación, unidad, creatividad, virtud, espíritu, eros de la mente, amor… 

Suscribo los siguientes pensamientos de Carl Jung y otros pensadores:

La multiplicidad del mundo empírico se sustenta sobre una unidad subyacente… Todo lo distinto y dividido pertenece a uno y el mismo mundo. La realidad empírica tiene un fondo trascendental. 

El fondo común de la microfísica y la psicología profunda es tanto físico como psíquico y, por tanto, no es ninguna de las dos cosas, sino más bien una tercera: una naturaleza neutra que puede, a lo sumo, captarse mediante indicios, ya que, en esencia, es trascendental.

La más alta unión consistiría, desde un punto de vista psicológico, en una síntesis de lo consciente con lo inconsciente. El resultado de esta unión es teóricamente inconcebible, pues se combina un factor conocido con uno desconocido; pero, en la práctica, resultan de ella tantos cambios trascendentales en la consciencia como los que la física atómica ha producido en la física clásica.

¿Qué hay “detrás” o en el trasfondo de la onda-partícula? …hacen falta unos ojos nuevos para ver que el universo está hecho más de relaciones que de objetos, de interacciones más que de cosas, su estructura profunda es relacional más que física… y ¿qué hay “detrás” del cuerpo vivo y de la psique viva?

Si el ser humano se manifiesta como un cuerpo vivo y a la vez como una psique viva, es necesario postular una X anterior, previa o subyacente a las dos manifestaciones. Esa es una incógnita heurística, algo que no se sabe todavía qué es, pero es.

El cuerpo vivo humano es visible, patente, objeto de la ciencia… la psique viva humana es invisible, latente, objeto de la experiencia y de la meditación.

El cuerpo vivo humano es operativo, actuante, objeto de la consciencia. La psique viva humana es operativa, actuante, objeto de la consciencia. 

Tanto el cuerpo como la psique, además de ser objetos de la consciencia, incluyen o abarcan factores inconscientes o desconocidos. 

Una hipótesis o propuesta de identificación de esa es el nombrarla como el yoEl yo es la realidad subyacente al cuerpo y al alma o psique. El yo, el sujeto, el sí mismo, la identidad personal, la persona… son expresiones que quieren identificar a esa X. 

La no es contradictoria en sí misma, sino integradora: el cuerpo no niega el alma, ni el alma o psique ignora al cuerpo. Ninguno de los dos niega al otro, pero tampoco se identifican totalmente. Aquí se cumple una vez más, que el todo es más que la suma de sus partes, y la es más que el cuerpo o el alma. Esa se manifiesta como cuerpo y como alma, de manera semejante a como la otra (de la que escribimos) se manifiesta como onda y partícula. La diferencia está en que, onda y partícula no se manifiestan simultáneamente sino alternativamente; en cambio, cuerpo y alma no pueden manifestarse sino integralmente, simultáneamente, como una unidad bifacial o bidimensional: cuerpo-alma son una relación mutua o recíproca, son energía físico-psíquica.

En la antología Cuestiones cuánticas, grandes físicos del siglo XX expresan una visión mística de la realidad, una concepción trascendente del mundo en donde la dualidad entre materia y espíritu queda sobrepasada, concepción fruto de una postura crítica no irracional. 

Recuerdo mi monografía sobre “La participación del ser, según San Agustín”. Allí utilicé la metáfora de un gran mural, del cual, si se copia un pequeño fragmento, éste se asemeja y se diferencia, al mismo tiempo, con el “modelo”: se asemeja en lo que es, se diferencia en lo que le falta. La participación -por semejanza- del SER o de la ENERGÍA es algo parecido: nos parecemos en algo, pero nos diferenciamos infinitamente.

De manera poética, esa participación la expresó el místico San Juan de la Cruz en su cántico espiritual:  “Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado, oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado. Mil gracias derramando pasó, por estos sotos con presura, y yéndolos mirando con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura”.Participamos del SER y de la ENERGÍA, pero no somos el SER o ENERGÍA inefables; EL SER o LA ENERGIA no se “agota” con los seres o las energías participados. Los seres, el Ser y EL QUE ES, son todos, pero no lo son de la misma manera. Las energías, la Energía y LA ENERGÍA, son todas, pero no lo son de la misma manera.

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Yo no soy gay, pero tengo – no sé si mucho o poco- de femenino en mí, lo mismo que cada uno de ustedes, afortunadamente.

Ayer iba con mi esposa hacia la sede de la medicina prepagada y, llegando, me encontré de frente con dos ancianos, que enseguida reconocí y saludé. Digo ancianos porque me parecieron mayores que yo, aunque son más jóvenes. Enseguida, la señora le dijo al marido quién era yo y él trato de recordar algo; ambos fueron compañeros míos en la empresa y se los presenté a mi mujer.

Cecilia y yo, recordamos enseguida unas clases de natación en que coincidieron sus niños y los míos. También mencionamos enseguida a un compañero y una compañera que fallecieron recientemente. 

Esta anécdota es un ejemplo concreto de lo que quiero decir. Se trata de una mujer en quien se cumple lo que siempre pensé de las mujeres: no es tanto la cara bella, sino la cara agradable y cariñosa lo que más me atrae de ellas. Con esta amiga, como con muchísimas otras en la Federación de Cafeteros, nos unió una amistad y afecto que perdura. Lo mismo se puede decir de otras mujeres con las que me encontré en diferentes circunstancias. 

Además de una cara agradable y cariñosa, he disfrutado de la amabilidad, atención y ayuda de muchas mujeres. Lo expresé al escribir sobre “La enfermera colombiana” y sobre la joven que nos dijo “Yo no tengo papá”.

En alguna ocasión recordé también algunos mensajes de varias sobrinas mías -ya mamás- reiterándome gratos sentimientos mutuos. Las fotos de mi mamá, de mis tres hermanas, de mi cuñada y de mi nuera, me hacen presentes el aprecio, la valoración y el cariño que nos une. Y mi hija Pilar…

En el caso de mi señora -con 53 años de vida compartida- me quedo sorprendido cuando cuenta anécdotas de sus múltiples trabajos, de sus servicios, de sus proyectos ejecutados, de su inteligencia y tacto en el trato con superiores, compañeros y subordinados, de sus muchas realizaciones y, dentro de nuestra familia, la dedicación, visión y motivación para con nuestros dos hijos. Para conmigo sería largo e inexpresable lo que ha significado su amor, cuidado e impulso permanentes.

Si consulto con mi inconsciente o subconsciente, no terminaría de recordar y narrar experiencias y detalles de lo femenino en mi vida, comenzando por la persona y la relación con la Virgen María, la madre de Jesús. Ella me transporta al inconsciente colectivo o al arquetipo universal y perenne de la mujer, ideal y real. Se me vienen a la mente textos de la Sabiduría y Proverbios, entre otros escritos del antiguo testamento, alabando a la mujer. Qué sería de nosotros, los hombres, sin la mujer… ni siquiera podríamos estar echando el cuento!.

Cuando se me ocurrió el título de este artículo, pensé precisamente en eso: no ya el mirar hacia afuera, a la mujer en la historia y en mi vida, sino a lo femenino que hay dentro de todos, así seamos varones o mujeres: fecundidad, intuición, ternura, amor, sensibilidad, creatividad, arte y poesía, entrega…

No se trata de comparar analíticamente y mucho menos de ponderar odiosamente cualidades y características distintivas pero complementarias de lo masculino y lo femenino, pero sí de apreciar y resaltar valores y capacidades indiscutibles de lo femenino en ellas y también en nosotros. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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No vamos a hablar de telepatía, sino de algo que es mucho más. La telepatía es un fenómeno parasicológico, esporádico, inconsciente e involuntario. La foto que aquí aparece, tomada de Wikipedia, se refiere a la telepatía pero es una imagen que insinúa comunicación entre personas.

La “comunicación inalámbrica” es mucho más que la telepatía y puede ser permanente, consciente y voluntaria.

“Presencia plena y consciencia abierta” es un lema budista. Nosotros lo llamamos “Ver lo que no se ve” y “Escuchar con el alma” … especialmente en la relación familiar y, con mayor énfasis, cuando se da una situación de lejanía física.

“Ver lo que no se ve” no es un trabalenguas ni un acertijo; es llamar la atención sobre lo que no atendemos ordinariamente, pero que se ve cuando le ponemos atención. Tenemos algunos ejemplos antes de llegar a lo que queremos decir. Y lo que queremos decir es que tenemos una presencia permanente, mutua, aunque sea a distancia y “no se vea”.

La foto siguiente es de un paisaje conocido, bello, permanente. Cada mañana lo puedo ver desde el comedor de mi casa. Todos los días está ahí, por más que no lo estemos viendo siempre y así nos vayamos a la ciudad… diríamos que ese paisaje nos está viendo permanentemente a nosotros, así nosotros no lo estemos viendo siempre, sino sólo cuando nos ponemos a mirarlo. Entre nosotros, nos pasa lo mismo que con el paisaje: estamos ahí, unos para otros, aunque no nos estemos viendo.

Igualmente ocurre con las fotografías que enmarcamos: nos están viendo, están ahí siempre y sólo las vemos cuando nos fijamos en ellas. Además, esas fotografías nos recuerdan o nos hacen “presentes” a quienes representan, así ya se hayan ido o, también, si todavía están con nosotros, aunque estén lejos.

Con Dios pasa lo mismo: siempre está con nosotros, siempre nos está viendo y acompañando, así nosotros no lo “veamos” o no lo tengamos siempre presente.

Los ejemplos anteriores nos ayudan a entender lo que nos ocurre y queremos decir: la comunicación “inalámbrica” no es sólo la del teléfono o la del WhatsApp… sino principalmente la presencia mental, afectiva, permanente de nosotros con los que queremos y viceversa -aunque sea desde lejos-.

La realidad es más que el espacio y el tiempo, es más real: la presencia mutua en nuestras vidas es permanente, el amor y el cariño están siempre en nuestros corazones, así no podamos siempre abrazarnos físicamente.

Cuando, gracias a Dios, la convivencia y comunicación ha sido buena y agradable mientras estábamos cerca, es más fácil mantener nuestra comunicación mental y espiritual una vez estamos lejos. Podemos reforzarla con los demás medios de comunicación, pero lo más importante es ser conscientes de la presencia y compañía, amorosa y constructiva, permanente de unos con otros.

No nos hablaremos todos los días, pero cada día estaremos unidos, pendientes del bienestar mutuo; cada uno en sus ocupaciones y preocupaciones, pero con el afecto y la voluntad “fieles y firmes” entre nosotros.

Igualmente, la mejor preparación para poder comunicarnos con los seres queridos, después de que ellos mueren, es la buena relación que tengamos con ellos en vida.

No hacen falta más palabras, sino repetirnos y sentir estas anteriores. No van a suprimir el sentimiento de la ausencia, pero nos van a dar fuerza y alegría, porque son verdaderas y permanentes.

Vicente Alcalá Colacios

Abril, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Este es el testimonio – video y texto – de Vicente Alcalá.

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 29024

Cuando se nos planteó esta pregunta para la tertulia del jueves 14 de marzo pasado, mi reacción fue la de no participar porque siento que no estoy haciendo nada, aunque sí quería escuchar a mis amigos de la tertulia. Fue una reacción con cierta vergüenza o insatisfacción por no estar haciendo nada.

Pero esta mañana estaba al frente de mi casa contemplando el paisaje, y al mirar al suelo en el corredor vi unas hebras de sombra y enseguida observé que las sombras las producían unas hebras de pasto que sobresalen un poco en el extremo del prado.

Inmediatamente, debajo de las hojas del arrayán de enfrente, noté el resplandor del sol y obviamente, las sombras eran producidas por el pasto, pero más obviamente era el sol el que producía las sombras a través del pasto.

Esta observación me hizo cambiar la pregunta de esta tertulia: ya no fue ¿Qué estamos haciendo?, sino ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos?

Lo que hacemos es una sombra de nosotros mismos, pero es Dios quien “produce” las acciones a través de nosotros.

Esto podría parecer una evasión de la pregunta inicial o más bien una racionalización del hecho de no estar haciendo nada.

De las pocas cosas que he hecho en estos tres últimos años, ha sido escribir los breves artículos para el blog, que ya son numerosos, unos 98.

Conversando con mi hija por el chat, comentamos que los dos nos habíamos preguntado lo mismo: por qué estoy escribiendo todos estos artículos… Lo curioso es que casi todos han surgido de pequeños incidentes u observaciones o de las preguntas en las tertulias o de la lectura de un libro etc.

De manera que, ¿qué estoy haciendo?

Observar, meditar, tratar de conocer de lo mucho que no conozco, tratar de comprender la realidad social y política que nos rodea; relacionarme con mi familia y con las personas que me encuentro, orar… tratar de compartir mi experiencia, mis valores, mis comprensiones, mis convicciones… y no evadir lo demás que pueda hacer por mí y por los demás y por esta realidad en la que estamos inmersos en nuestra historia.

Decir que lo que hacemos es una sombra de nosotros… y que es Dios quien hace a través de nosotros, puede parecer una evasión de la responsabilidad: si hacemos algo es Dios quien lo hace, pero cuando no hacemos ¿es que Dios no hace?

Sí, Dios siempre está obrando, dando el ser, manteniéndolo, y actuando en todo ser.

Nosotros somos seres como cualquiera entre otros, pero con un privilegio ambivalente: somos seres que podemos amar, comprender, actuar… o podemos dejar de amar, de comprender, de actuar: tenemos la libertad humana que “filtra” la acción de Dios.

Vicente Alcala Colacios

Marzo, 2024

En el primer caso, secundamos la voluntad y la acción de Dios… en el segundo caso, nos resistimos a la voluntad y la acción de Dios. Es como si el pasto se “acostara” y por más que el sol brille, ¡no habría hebras de sombra en el suelo!

Mejor, seamos como “los árboles que mueren de pie” y mientras nos quede vida temporal, ¡amemos, comprendamos y hagamos el bien!

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En este Jueves Santo, este cuadro podría parecer un anacronismo: una “Última Cena” con campesinos de La Macarena; Jesús con túnica y los campesinos con alpargatas y carriel.  

Se trata de una representación artística del Misterio de la Eucaristía, actualizado en Colombia, según la invitación de Jesús: “Hagan esto en memoria mía”  

Pero ¿qué es lo que debemos hacer? 

Hay dos niveles en la invitación:  

-rememorar los gestos y el acontecimiento de la Cena del Señor, que entrega su cuerpo y su sangre en la cruz, pero que -después de su resurrección- parte el pan con sus discípulos y que, luego… estos se reunían -con María la madre de Jesús- para hacer lo mismo.  

-hagan esto que yo hago: entrego mi cuerpo y mi sangre -mi vida- por ustedes. Hagan lo mismo, entreguen su vida y sus actividades en bien de los demás. Háganlo “en memoria mía”, en el sacramento y también en la vida. 

Esta interpretación de la invitación de Jesús, la expresa el cardenal Carlo María Martini S.I. en la número 36 de las 39 meditaciones de sus homilías, oraciones o cartas pastorales que se reúnen en un libro de 2021, editado por Sal Terrae, que se subtitula “Eucaristía y Dinamismo eclesial”. 

El cardenal Martini es biblista mundialmente conocido, fue rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana, arzobispo de Milán… autor de muchos libros, entre los cuales -junto con el jesuita Georg Sporschill- publicó “Coloquios nocturnos en Jerusalén”. Estos diálogos responden a preguntas, inquietudes, conflictos y esperanzas de muchos jóvenes.  

Regresando al primer libro citado, podemos comprender que la Eucaristía es el punto de partida y de convergencia de la peregrinación humana en los senderos de la historia, es una referencia dinámica y no un simple refugio. La Eucaristía no es solo el pan que alimenta para el camino, sino Jesús mismo, que -aun cuando a veces parezca ausente- está siempre en nuestra barca, la barca de la humanidad sacudida por las tormentas, pero portadora de esperanza.  

Por eso el título de este artículo: “De nuevo al misterio”, al misterio de la Eucaristía, al misterio de la presencia de Jesús crucificado, resucitado y viviente en medio de la Iglesia y de la comunidad humana.  

El Cardenal Martini, va recorriendo muchos de los matices de este Misterio central: Jesús siempre vivo, actúa por nosotros, entre nosotros y a favor de todos; la Eucaristía un manantial impetuoso de justicia; la Eucaristía hace la Iglesia: cuerpo eucarístico y cuerpo eclesial; el domingo, el día por excelencia, el espíritu de adoración que nace en la celebración; la fuente del amor de la Iglesia a la ciudad, la resonancia política del poder de Cristo; en el dinamismo del amor -del amor pascual- brota la esperanza… hasta el día que nos sentemos a la mesa con Dios. 

La Santa Misa es mucho más que una costumbre, una tradición, una devoción, un mandato, una ceremonia ritual, una oración… La Misa, Eucaristía (Acción de gracias), es un misterio, un signo, un símbolo, un sacramento que transmite a la comunidad creyente y a cada uno de sus miembros la confianza de que Jesucristo resucitado vive para siempre en medio de nosotros y nos une a Dios Padre y a los hermanos con el Espíritu de fe, de amor y de esperanza. 

*Sobre este misterio, hay varios artículos en el blog: “El sabor de las obleas” “Creo, pero no voy a misa” “Comprendiendo lo que se puede comprender del misterio” “Energía espiritual, renovable e inagotable” “Mejor presencial que por T.V.” 

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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El pasado 23 de febrero de 2024 murió Jaime Barrera Parra, compañero, maestro y amigo. Al cumplir 80 años en 2016, el grupo “Cosmópolis” le ofreció en la Universidad Javeriana de Bogotá un sencillo homenaje, del que ofrecemos este recuerdo.

Jaime nos invitó en dos ocasiones a la finca de su familia en la vereda “La Aurora” de La Calera, para una convivencia del grupo. El paisaje desde la casa inspiró esta pintura, y la pintura inspiró unos versos. Sin embargo, ambos símbolos apenas representan la significación encarnada de la persona de Jaime, en su dimensión humana, intelectual y familiar.

HOGAR, PATRIA y MISIÓN

Jaime, eres tú

Raíces, vida sueños;

Tierra, agua, luz.

Conquistas el aire azul,

-unido y flexible-

Con la fuerza del sol,

Y al atardecer de la vida

Te examinan del amor.

Tus raíces son tu hogar, y somos reflejo de lo que fue nuestro hogar.

Como el árbol, necesitamos luz y agua para que nuestra vida -como la tierra-

no deje de fructificar.

Pero la vida sigue, y sigue en la patria que es de nuestros padres y sigue viajera

Avanzando -como el aire- avanzando sin frontera.

En la vida volamos, y tú -como un líder de bandada-

Avanzas hacia un sueño, tras la misión encomendada,

Avanzas con la fuerza del sol, con la fuerza del amor.

Y, al atardecer de tu vida, has obtenido “excelente”

No sólo en el aula y en la patria, sino en el amor de tu gente.

Tu gente más íntima son tu esposa, tu hija y tus dos nietos. Tu gente cercana somos muchos: alumnos, compañeros de trabajo, amigos… que, no sólo te queremos, sino que aprendimos de ti, de tu persona y de tu vida.

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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Realidad exterior e interioridad. Aunque no se pueden separar radicalmente, sí se pueden distinguir. Además, se puede meditar sobre la experiencia “exterior” (como la de observar el nevado) y se puede tener la experiencia de meditación “interior” (como la de esa mujer).

La experiencia es el conocimiento empírico de la realidad (de los datos, de los sentidos y de los datos de la propia consciencia). Tenemos experiencias de muchas realidades y acontecimientos exteriores, pero también tenemos muchas experiencias personales interiores. Hay experiencias singulares o particulares y también llamamos experiencia a la acumulación adquirida de los aprendizajes experimentados a través de la vida. 

Definir la meditación es complejo porque hay muchos tipos o formas de meditación. En un sentido específico, la palabra meditación se refiere a un tipo de conocimiento o experiencia que se relaciona con la interioridad personal. Como acercamiento a esta realidad interior, quiero compartir lo que me expresó un amigo que puede hablar de la meditación con mayor autoridad que yo:

“Tu mensaje lo calificaría como “effusus ad exteriora” (volcado hacia el mundo exterior). Lo mío genuino es interior, lo llamaría vida interior. El “conocimiento” que manejo corresponde a niveles de consciencia que podrían llamarse esotéricos y se distinguen de la mente (la loca de la casa) o la razón. Yo los llamo del corazón en el sentido de íntimos, “interior intimo meo” (interior más profundo o lo más íntimo de mi ser). 

Mi experiencia con Dios es como una ola u onda que me invade o inunda; acto seguido me siento vivo y en conexión con todo el universo. Todo está inundado de sentido y yo recibo y produzco plenitud, dicha y agradecimiento. En ese acto, el tiempo no existe y nada que ver con escasez o enfermedad. Soy dichoso, todo está bien, Todo”.

Esta expresión de mi amigo me recordó “El secreto de la laguna”: esta recibe amorosamente el agua de la montaña y la entrega generosamente al río y éste la deposita en el mar.  Se trata de una observación externa que lleva a una reflexión interior: el espíritu verdadero invita a recibir y dar con amor. 

El testimonio de mi amigo lo podríamos calificar de “místico” pero cualquiera de nosotros podría relatar algún momento o vivencia semejante. Más aún, en alguna ocasión, dijo Karl Rahner “Un cristiano tendría que ser místico o no sería cristiano” lo que querría enfatizar la importancia de la experiencia personal y profunda de la fe para vivir verdaderamente la espiritualidad cristiana. 

La meditación se puede entender como la comprensión o reflexión de diversas experiencias, pero hay una meditación especial -como dijimos anteriormente- que se dirige a identificar la realidad personal interior y la unión de esta realidad con la totalidad del universo y con el creador del universo.

En el budismo, la ciencia de la mente está desarrollada desde el siglo V antes de Cristo. Desde el siglo VII de nuestra era, la civilización tibetana recibió los tesoros del budismo indio. Una de las herencias es la práctica de la meditación, que recientemente ha tenido mucha acogida en occidente con distintas modalidades.

Tradicionalmente hay también la llamada meditación cristiana que reflexiona sobre las verdades de fe o sobre los hechos y palabras constatados en la Sagrada Escritura y, especialmente, en el Nuevo Testamento. Entre estas meditaciones cristianas, tiene relevancia y amplio desarrollo la practicada en la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Culminan estas meditaciones con la “Contemplación para alcanzar amor” y enseguida, se exponen tres modos de orar. Observemos que la oración es una conversación con Dios (o con Jesucristo o María).

Las meditaciones que hemos nombrado se dirigen a realidades objetivas, mientras que la meditación hacia el interior trata de conectarse con la realidad subjetiva de la mente misma “en blanco” y de su unidad con la totalidad: una “presencia plena-conciencia abierta”.

Además de aclarar un poco los dos términos -experiencia y meditación- el presente artículo invita:

  • a recorrer los pasos cognoscitivos de toda experiencia, que avanzan, desde lo sensible, a la comprensión y a la reflexión para la afirmación de su verdad, hasta convertirlos en un hábito connatural y preparatorio del actuar responsable; y 
  • a practicar la meditación (en la modalidad preferida por cada uno) para interiorizar y apropiarse la riqueza de la mente consciente y del inconsciente personal y colectivo. La meditación contribuye a la salud física, mental y espiritual, y al bienestar general.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

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Nuevos no solamente por ser “recientes”, sino por ser diferentes; no simplemente encontrados, sino creados por el ser humano.

Las florecitas diminutas de la foto izquierda son un “misterio”. Por más que se estudie biología, botánica, genética, evolución… no dejan de ser un “misterio”.

Hemos escrito en este blog sobre “El misterio humano”, los misterios de la Creación, de la Encarnación, de la Resurrección y de otros misterios, pero todos ellos son misterios ante los cuales nos encontramos y nos preguntamos…sin embargo, hay “nuevos misterios” creados por las personas. Es posible que para los “creadores” de estos nuevos misterios, no sean ya misteriosos, pero para nosotros -el común de la gente- sí lo son.

La foto de la derecha representa a un “robot humano” creado por el hombre; es fruto de la inteligencia artificial y ésta, a su vez, es resultado de la inteligencia humana natural, de la electrónica y de la informática y de otras diversas tecnologías.

Entre los misterios naturales, nos encontramos con la memoria humana; ¿quién o cómo se explica la memoria humana, individual y colectiva? Y ¿quién conoce cómo se “produce” la consciencia humana y la misma inteligencia?

Entre los misterios creados por el ser humano, nos encontramos con la memoria electrónica; ¿cómo se explica que en una USB haya grabadas millones de unidades de información: de textos, de voces, ¿de imágenes?. Seguramente que los expertos conocen cómo es esa memoria electrónica y la pueden “programar” pero para el “común de los mortales” esa memoria es un “misterio”, lo mismo que la memoria RAM.

Y ésta nos trae el recuerdo del sueño REM ¿cómo se explica este “misterio natural” e inconsciente?

Vemos pues que hay muchos misterios, pero queríamos hablar de los “nuevos misterios” de los misterios creados por el hombre. Uno de los más recientes es el de la Inteligencia artificial, ya popularizada como IA.

Si se utiliza el ChatGPT, uno se queda asombrado de las respuestas y el subsiguiente diálogo que se puede mantener con ese interlocutor misterioso detrás del celular.

Pero la Inteligencia artificial es mucho más que el ChatGPT o el Bard y no sabemos hasta dónde llegará. En el artículo “La inteligencia natural” evidenciábamos cómo la IA es una de las creaciones maravillosas del ser humano, lo mismo que el arte, la música y otras muchas creaciones.

También diferenciábamos, en otras ocasiones, cómo los misterios no los comprendemos en sí mismos, aunque sí percibimos y “comprendemos” los efectos de esos misterios (p.ej.: el acto de la creación, no; pero las cosas creadas sí).

Así ocurre con los “nuevos misterios”: le preguntamos a la IA y comprendemos sus respuestas, así no tengamos ni idea de qué la hace posible y cómo opera.

Este artículo no quiso ni pudo decir mayor cosa sobre los “nuevos misterios”. Solamente inquieta sobre ellos y sobre la necesidad de conocerlos, comprenderlos y aprender a actuar inteligente y responsablemente de cara a su futuro.

El misterio nuevo que más necesitamos es, no tanto tecnológico, sino metodológico: un camino que nos acerque a los grandes ideales humanistas universales.

Ya se nos ha dicho cuál es ese camino: Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero este sigue siendo un misterio siempre nuevo; no terminamos de descifrar este camino y menos aún cuál es su verdad y su vida. Aquí tenemos una tarea siempre nueva.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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Exploración, extracción, refinación y utilización son procesos que constituyen la riqueza del petróleo. Nos servimos de una analogía: la exploración para el autoconocimiento, la meditación, la influencia de los sueños y de otros signos, la concientización, el desarrollo de la creatividad en el arte, la música, la invención, son algunos procesos que, aprovechan la riqueza del inconsciente personal y colectivo.

El final del artículo “Radiografía de la mente consciente” plantea la necesidad de escribir                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         específicamente sobre el inconsciente: “la otra mitad de la psique”. Aquí compartimos un pequeño esfuerzo -arriesgado o atrevido- pero sólo como una invitación a los expertos en el tema, y a estudiar este campo más detenidamente. 

Se realizan perforaciones para explorar las reservas de crudo; una vez detectadas se extrae esa mezcla bruta del subsuelo, luego se somete en las refinerías a procesos para obtener productos útiles derivados. No hay que olvidar algunos desastres accidentales durante la explotación, ni los daños ecológicos que puede producir el petróleo y que deben mitigarse. 

Así como el petróleo es una fuente de información y de energía fósil, el inconsciente es un patrimonio, de información y energía, acumulado a lo largo de la vida personal y de la herencia ancestral. A la edad de unos 80 años, casi sin darnos cuenta, tenemos una cantidad de recursos de experiencia que nos hacen recordar, resolver, elaborar con facilidad algunas cosas; se trata de una fuente inconsciente que, en circunstancias especiales, produce resultados que se vuelven conscientes. Pero no sólo contamos con este patrimonio personal, sino que la comunidad humana aporta información y energía acumuladas por generaciones y ese inconsciente colectivo enriquece nuestras capacidades personales. 

Podemos señalar algunas similitudes entre el aprovechamiento del petróleo y la riqueza del inconsciente. Sin embargo, es necesario estar atentos, también, a los riesgos del inconsciente y que, a veces, deriva en las llamadas enfermedades mentales.

En el “subsuelo” de la mente es posible detectar varias capas: 

  • Contenidos inconscientes asequibles
  • Contenidos inconscientes mediatamente asequibles
  • Contenidos inconscientes inasequibles[1]
  • Contenidos del inconsciente colectivo

Pero es conveniente evitar la idea de que esas capas inconscientes son paralelas, compactas, superpuestas, totalmente diferenciadas… (No hablo de subconsciente porque sería muy difícil recorrer los diferentes enfoques, según los autores y las escuelas psicológicas y precisar los conceptos y términos, de acuerdo con ellas).

Los procesos del petróleo nos hacen pensar en la complejidad del inconsciente. La imagen siguiente, a la izquierda, representa la idea ingenua de lo que se piensa popularmente que es un yacimiento petrolero; a la derecha vemos una imagen sísmica que ayuda a interpretar la composición y las capas geológicas debajo de la superficie de la tierra, y sirve para aproximarse a detectar la existencia de hidrocarburos. 

Algo semejante ocurre con el inconsciente: no es un depósito de información y energía preciso en sus límites, sino más bien una corriente sinuosa y con altibajos que recorre las profundidades de la mente… como un acuífero que está siempre presente en el subsuelo, y que a veces aflora a la superficie o se le busca, perforando pozos, para aprovechar el agua. 

Es como el disfrute al escuchar una melodía de Mozart, o apreciar la frescura de la neblina entre el valle y la montaña, bañada por la luz del amanecer, ¿cómo se explican?

El inconsciente mezcla datos de las cuatro capas insinuadas, por lo que se puede entender la incoherencia espaciotemporal de los sueños; y no solo en los sueños: en las conversaciones de vigilia se pueden mezclar también datos que, no de manera voluntaria, sino inconsciente, tergiversan la realidad, seguramente por el influjo de esas cuatro capas que, como las terrestres, tienen sus quiebres y no son uniformes ni horizontal ni verticalmente. 

Entre la consciencia y el inconsciente hay algo que llamamos intuición y que Jung la nombra como “una percepción por vía inconsciente”. Una señora fue por la mañana a visitar a su terapeuta y le dijo a éste que él había recibido, antes que ella, a un hombre. 

– ¿Cómo lo sabe? 

– He tenido de pronto esa impresión. 

Había un cenicero con varias colillas; la paciente sabía que el doctor no fuma; era improbable que una dama hubiera ido tan temprano a una cita… de esas “informaciones subliminares” ella concluyó que tenía que ser un visitante masculino: de los datos inconscientes se abrió paso la conclusión hasta su esfera consciente. No se trató de una deducción lógica o consciente que lleva desde unos antecedentes hasta una conclusión. 

Lo que llamamos “sexto sentido”, la telepatía y quizás el fenómeno de la lectura de las cartas o del cigarrillo, son fenómenos probablemente de intuición en el sentido de una percepción por vía inconsciente. Podemos distinguir entre lo que es una sensación y lo que es una intuición, pero ambas quedan en el nivel del conocer; más complejo es el terreno de las emociones y los sentimientos. Mientras que los juicios de verdad requieren evidencia o comprobación racional para poderlos emitir, los juicios de valor proceden, en muchos casos, de un sentimiento o afecto: me gusta o no me gusta; lo deseo o me repugna; me interesa o es insignificante… los sentimientos inconscientes afectan nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. De adultos, tenemos gustos y preferencias que, sin duda, hunden sus raíces en experiencias infantiles agradables y que no siempre recordamos.

Los afectos no constituyen una función voluntaria; son acontecimientos interiores cuyos fundamentos no son conscientes: al encontrar por primera vez a una persona, nos puede “caer bien” o “caer gorda” ¿por qué? Existen una serie de datos o informaciones acumuladas en el inconsciente que producen esa sensación. Posteriormente, con datos e informaciones conscientes, podemos corregir o enriquecer la primera impresión. Positivamente, hablamos de “amor a primera vista”, de “química” que produce una sintonía o simpatía. El enamoramiento se inicia inconscientemente; el amor como decisión duradera, es consciente y voluntario, sin dejar de tener elementos sentimentales o afectivos.   

Aunque algunos filósofos ya habían hablado del inconsciente, su mayor conocimiento estuvo ligado a  casos de comportamientos mentales anómalos; se popularizó la idea de que los “traumas” infantiles se graban en el inconsciente y afectan la vida adulta sin advertirlo; se piensa en la interpretación de los sueños, en los actos fallidos, las asociaciones  y otros métodos para detectar el inconsciente… pero la realidad es mucho más rica y poderosa: el inconsciente no es exclusividad de las enfermedades mentales, ni guarda solamente recuerdos negativos o reprimidos; es fuente de inspiración, de creatividad, de “sanación”, de impulso para grandes realizaciones y también de motivación para toda la vida.

El inconsciente colectivo no es una “teoría” que se pierde en el pasado lejano. Baste leer el artículo del 16 de enero de 2024 en este blog, para constatar algo del inconsciente colectivo latinoamericano. La música, el sentimiento cristiano, la devoción mariana son algunos rasgos del inconsciente colectivo latinoamericano, sin hablar de la ancestralidad indígena.

Después de estas pinceladas aficionadas, hay que resaltar el papel de “refinería” que la mente conscientedebe jugar para conocer, interpretar, dirigir y aprovechar la riqueza del inconsciente. Recordemos que la mente consciente y voluntaria “está por encima” de las emociones, los instintos, los impulsos y todos los demás factores inconscientes; pero “arriba” y “abajo” se encuentra una riqueza humana mucho mayor de lo que creemos. 

Necesitamos conocer y “explotar” mucho más las dos “mitades” de nuestra psique.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024


[1] Jung,Carl G. Los complejos y el inconsciente, Círculo de Lectores, Bogotá, 1986, pg..59

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He recibido una radiografía que me tomaron. Una radiografía médica deja ver lo que no se ve, por ejemplo, el sistema óseo o el cerebro; se activa con los llamados Rayos X; necesita de un aparato especial, y se lee en un acetato revelado. ¿Qué es una “radiografía de la mente consciente”?

La radiografía médica necesita, además, de un experto que sepa interpretarla; La radiografía de la mente consciente la podemos leer cualquiera de nosotros, pero también necesita un entrenamiento para poder comprenderla e interpretarla.

La radiografía de la mente consciente hace conocer lo que no se ve: parte de la mente humana, que también se llama espíritu, alma o psique; la luz que la activa es la consciencia; el aparato que permite realizarla es el propio organismo vivo (sentidos, sistema nervioso y todo el cuerpo humano) y la radiografía de la mente consciente se “lee”, por ejemplo, en una hoja de papel impresa o en la pantalla del computador o del celular, pero se “lee” primero en la propia experiencia.

Lo que acabo de expresar se visualiza en el esquema siguiente, al comparar una radiografía del cerebro con la “radiografía de la mente consciente”.

Radiografía del cerebro <<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>>>>>>>Radiografía de la mente consciente

Aparato de radiología <<<<<<<<¿de qué se sirve?>>>>>>>>>>Cuerpo u organismo humano

Rayos X <<<<<<<<<<<<<<<<<¿con qué luz se toma?>>>>>>>>Luz de la consciencia

Cerebro (invisible) <<<<<<<<<<<< ¿qué se “ve”? >>>>>>>>>>Parte de la mente o psique

Acetato revelado <<<<<<<<<<<<<¿en dónde se “ve”?>>>>>>Objetivada en papel o pantalla

Comencemos por el aparato que hace posible “tomar” la radiografía de la mente consciente, que va a resultar -más bien- una tomografía, un escaneo, una resonancia magnética, o todas juntas. Este aparato es muchísimo más complejo y sofisticado que los aparatos electrónicos que permiten tomar esas imágenes diagnósticas. Consta de todos los sistemas del cuerpo humano, pero enunciemos sólo los órganos de los sentidos y el cerebro: no son los ojos solos los que ven, ni los oídos solos los que oyen, ni el “corazón” aislado el que tiene emociones y sentimientos -por nombrar algunos- sino que el organismo todo se necesita para que pueda resultar esta “radiografía de la mente consciente”. Afirmar lo que acabamos de decir del aparato corporal, ha necesitado de la luz de la consciencia, pero ojalá ayudada por un conocimiento científico del cuerpo humano.

La luz de la consciencia está siempre ahí, pero se necesita activarla -prender el interruptor-que en este caso significa al pie de la letra: interrumpir el trajín mecánico del día a día, o hacer un alto en el camino para obtener la radiografía de la mente consciente; así como hay que sacar la cita para tomarse una imagen diagnóstica, hay que sacar el tiempo para tomarse esta radiografía de la mente consciente. Pero ¿qué es esa luz de la consciencia que permite tomar esta radiografía de la mente consciente?

La consciencia es esa misteriosa característica humana que nos permite ver, comprender, afirmar la realidad y actuar sensatamente; nos permite -en pocas palabras- tender a la verdad, al bien a la bondad, a la belleza del amor. Pero ¿por qué fallamos tanto en esa múltiple búsqueda? Precisamente por falta de consciencia, mejor dicho, por no prender el interruptor de la consciencia ya que, como dijimos, la consciencia siempre está disponible, pero si no la activamos es como contar con la energía eléctrica, pero sin activarla.

La consciencia es estar presentes a nosotros mismos (y a los demás y al mundo) es darnos cuenta, poner atención, es comprender y pensar para actuar y no: actuar sin pensar ni comprender. Cuanto mayor consciencia tengamos mejor veremos, comprenderemos, haremos mejores juicios de realidad y de valor, y mejor actuaremos. Esa mayor consciencia se adquiere alimentándola, ejercitándola, reflexionando…para poder disponer de ella permanentemente. Una vez habituados a ser conscientes, ya no necesitamos “dar paso a paso” sino que nos será natural operar conscientemente, así como caminamos espontáneamente después de que aprendimos a caminar. Pero si nos descuidamos al caminar, podemos tropezar; lo mismo, si descuidamos nuestra consciencia podemos “tropezar” en la vida.

Bueno, ya dijimos algo de la luz de la consciencia, pero ¿qué “vemos” en la radiografía de la mente consciente?

Lo primero es que podemos distinguir los actos humanos conscientes e intencionales de los actos biológicos del ser humano. No todos los actos del ser humano son actos humanos; por ejemplo, respirar, digerir, trasladarse… son actos del ser humano como son también actos de los animales y llamamos, en cambio, actos humanos a los característicos de los humanos: actos conscientes e intencionales.

En la radiografía de la mente consciente, podemos “leer” no sólo los actos conscientes e intencionales, sino las operaciones que dan lugar a esos actos. Hay una estructura dinámica del propio ser capaz de conocimiento y de acción moral. Esta estructura se manifiesta por las operaciones sensoriales, las operaciones inteligentes, las operaciones racionales y las operaciones responsables. Toda esa estructura de la mente tiende a la verdad y al bien, tiene una motivación o dinamismo, que es impulsado por los sentimientos, de los cuales el más genuino o auténtico y productivo es el amor.

¿Cómo podemos afirmar verdaderamente estas operaciones humanas? Ejercitándolas; al realizarlas las verificamos, las comprobamos en nosotros mismos:

– tenemos consciencia empírica de nuestras operaciones sensitivas: tenemos consciencia de ver, oír, sentir; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos quienes vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de eso que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia intelectual de nuestras operaciones inteligentes: tenemos consciencia de estar comprendiendo qué es lo que vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que comprendemos eso; tenemos consciencia de ese algo que estamos comprendiendo en lo que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia racional de nuestras operaciones racionales: tenemos consciencia de estar comprobando, demostrando o verificando algo para poder afirmar que eso es así; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que razonamos; tenemos consciencia de si ese algo realmente lo estamos comprobando, verificando o demostrando que es así.

– tenemos consciencia responsable de nuestras operaciones responsables: tenemos consciencia de deliberar, decidir y actuar concretamente en un momento determinado; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los responsables de las consecuencias de lo que hacemos; tenemos consciencia de lo que estamos deliberando, decidiendo y haciendo.

Dije rápidamente que hay un dinamismo o motivación en todo lo que buscamos y hacemos, y ese dinamismo arranca con las emociones y sentimientos, de los cuales el más auténtico y productivo es el amor. Muchos de ellos son inconscientes o subconscientes, mientras no los hacemos conscientes. Y entonces, somos conscientes de nuestros dinamismos o motivaciones, ojalá siempre desde el amor y con amor por nosotros mismos, por los demás y por lo que conocemos y hacemos. Eso también es parte de esta radiografía de la mente consciente: sacar a la luz de la consciencia lo que era inconsciente.

Y aparece otra imagen o campo de consciencia en esta radiografía de la mente consciente, de la mía propia, pero que pueden ustedes identificarla en sí mismos a su manera. Es la consciencia de una realidad superior o trascendente a mí mismo y al universo. Es la consciencia de la revelación de Dios, a través de Jesucristo e iluminada por el Espíritu Santo; es la consciencia de la verdad de Dios y de los seres humanos semejantes a mí, y del amor de Dios y del amor que me atrae a los demás. Esa revelación le hace a mi mente conocer que todo lo que conozco tiene su origen en Dios, que todo lo que hago, lo hago por la cooperación de la acción de Dios y que todo lo que amo proviene del amor de Dios, que nos ama primero.

Ustedes mismos pueden “ver” e interpretar la radiografía de su propia mente.

¿Por qué hemos añadido repetidamente la palabra consciente a la expresión radiografía de la mente?

Porque, además de la mente consciente, nuestra psique “contiene” el inconsciente personal y “arrastra” el inconsciente colectivo.

Sería muy extenso este artículo si quisiéramos decir algo sobre el inconsciente y, como éste es tan importante, amerita otros artículos específicos.

*En este blog se pueden leer los siguientes artículos relacionados: “Sentir, comprender, amar” “¿Mente o cerebro, libres o determinados?”, “Racionalidad”, “5 hábitos trascendentales”, “Caminos a la certeza”.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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Hace unos días se publicó en este blog, el artículo “La oración es como un bumerán”. Puede surgir la pregunta de si lo expresado es “ortodoxo” con respecto a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia. Al decir que la oración se nos devuelve como un bumerán, no se quiere decir que no “llegue” a Dios. Para tranquilidad mía y de los lectores, se confirma, en el presente, lo escrito en el artículo anterior. 

En la foto de la carátula del libro que “encabeza” este artículo, se alcanza a observar una pintura de la oración de Jesús en el huerto de los olivos, donde “se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas”. Esto simboliza la respuesta del Padre; la actitud de Jesús está expresada así: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya… y en medio de la angustia oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo”. (Lucas cp. 22, 39-46).

En esta oración de Jesús, resaltan los evangelistas lo que decíamos en el artículo La oración es como un bumerán: la oración de petición no significa que, sólo si le pedimos, Dios nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Al rogarle a Dios, le ponemos más atención y nuestra fe, nuestro buen ánimo y nuestra confianza aumentan, aún en medio del dolor que nos embargue.

No sólo en la ocasión que acabamos de narrar, sino en otras donde Jesús ora o habla de la oración, junto con la atención a la respuesta de Dios, se resalta la actitud de los que quieran orar. 

“Estando él orando… le dijo uno de sus discípulos Maestro enséñanos a orar… Él les dijo: cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…” Continúa la oración del Padre- Nuestro como la conocemos, pero podemos observar que, tanto en la alabanza como en las peticiones que siguen, se puede traducir lo que significa la oración para nosotros mismos: santifiquemos el nombre del Señor, confiemos en que el Señor nos dará lo que le pedimos, perdonemos a los que nos ofenden…  

Jesús también nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. (Mateo cp.7, 7-8)Después muestra cómo el Padre da cosas buenas y dará el Espíritu Santo, pero la oración nos hace más creyentes, más confiados, más cercanos a Dios; en ese sentido decíamos que la oración se nos devuelve como un bumerán: la dirigimos a Dios, pero nos hace bien a nosotros, por la oración misma, aún antes de recibir la respuesta de Dios y, además, nos predispone a ésta.  

Con la parábola del juez y la viuda (Lucas 18, 1-8) Jesús nos enseña que en la oración hay que ser perseverantes, hay que orar continuamente, aunque parezcamos impertinentes o cansones, no nos cansemos de orar; la oración debe convertirse en un hábito nuestro. 

Y no sólo con palabras, sino con los hechos, nos enseña Jesús cómo debemos orar. Los que le piden a Él reciben, como aquella mujer que se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Lo mismo: cuando se cree y se quiere, se hace lo necesario, como aquellos hombres que, al no poder llegar a Jesús por el gentío, suben al tejado y descuelgan la camilla con el enfermo para acercarlo a que Jesús lo cure. Varias veces, Jesús les dice a las personas que cura:  Tu fe te ha salvado, vete en paz.

La oración pues, más que hablar mucho, consiste en creer, en tener confianza y estar abiertos a la palabra y voluntad de Dios, a su acción y a su gracia. “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por mucho hablar. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mateo cp. 6, 7-8)

En otra ocasión, Jesús nos quiere enseñar: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan cp.11, 41-42).

Con los anteriores y otros pasajes del Evangelio, se ilustra lo que dijimos al decir que la oración es como un bumerán: la oración de agradecimiento a Dios nos hace más agradecidos; la oración de petición nos hace más atentos a Dios, más creyentes en Él, más confiados; la oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios. 

Y si la oración personal nos beneficia a cada uno de nosotros… la oración en común, la oración en la Iglesia -por la acción del Espíritu- fortalece la fe, la esperanza y el amor de la Iglesia.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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La primera pregunta que surge es si hay algo imperdonable… si realmente algo es imperdonable entonces no se podría perdonar. “Imperdonable” es un dicho del lenguaje común, pero ¿qué fundamento tiene (aparte del sentimiento del que lo afirma)? La segunda pregunta es ¿Qué implica y qué no, el perdonar? La tercera: ¿qué es lo contrario de perdonar? 

Reflexionar sobre estos puntos es “fácil” para quien no está implicado en la ofensa o deuda, pero para quien ha padecido la ofensa, la violencia, el daño provocado… es muy difícil. 

“Yo creo que el que comete un error, está presionado por algo”, dice una víctima de secuestro. Claro está que hay errores momentáneos y errores duraderos, pero ambos son errores; no es muy claro que el perpetrador de un daño busque directamente el mal de alguien, como regla general.  

Un punto de vista distinto es, generalmente, el de la víctima o “el dañado” por la agresión de cualquier tipo. Puede ser tan fuerte el sentimiento, que dura más que el error y el “dolor” del victimario (si es que éste siente dolor).  

¿Quién recibe más daño: el que es odiado, el no-perdonado, o el que odia, ¿el que no perdona?

Tomé el título de este artículo, de un bello libro de reportajes a víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano; algunos testimonios:

Gloria, una católica consagrada, dice que su tragedia es tan grande que hasta los propios guerrilleros en la selva se extrañaban de verla rezando el rosario todos los días a la misma hora, sentada en un tronco. “Siempre a las ocho de la mañana, y me preguntaban cómo podía creer en Dios si yo era la secuestrada que más estaba sufriendo. Me decían que si Dios existiera ya me hubiera sacado de allá. Yo les decía que lo que me estaba pasando no era cosa de Dios sino de los hombres, y que a Dios le daba gracias de que todos estuviéramos vivos, incluso ellos, los guerrilleros rasos, que estaban tan secuestrados como nosotros”

Benjamín,

  • ¿Entonces sigue odiando a los conservadores? 
  • ¡Nooo, qué! El mismo día de la paz nos echamos el brazo y toda esa vaina.

Teresita: 

“Yo me eché a llorar y cuando Ramón Isaza pasó en frente de mí, le dije ‘viejo asqueroso’ y un montón de insultos. Me alejé y seguí llorando, cuando me calmé me le acerqué de nuevo y le pedí perdón por la forma en que lo traté. El tipo no decía nada, solo temblaba. Le dije que nos había condenado a mi familia y a mí al destierro sólo por el vil metal, por tener las fincas, pero le dije que lo perdonaba” 

Mirta:

“Mamá, yo te amo, aunque tu no me ames a mí… Por eso, ahora cuando la abrazo y ella se queda con los brazos abajo, ya no siento dolor, sino misericordia”

Pero el tema no se refiere únicamente a ese contexto. El Papa Francisco, por ejemplo, hace unos días compartió unas reflexiones muy valiosas sobre el perdón en el ámbito de las familias:  

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano, ni familia sana, sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma (y a veces, se acaba como familia). El perdón es la asepsia del alma y la alforria (la liberación) del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor causó la enfermedad”.

Después de estas palabras, no tengo mucho que decir. Sólo rogar a Dios por los que necesitan perdón y por los que necesitan perdonar, por grande que sea el daño y el dolor.

Vicente Alcalá

Enero, 2024

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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