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¿Cómo eres María?

Por Vicente Alcala
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Esta conversación es personal pero no excluyente; es íntima pero no secreta; es directa, de tú a tú, pero también es reflejo, al compartirla; es hablada, pero también la transcribo. 

  • Como sabes María, mis padres te veneraban, te amaban, confiaban en ti, y por eso nos fueron “presentando” ante tu altar a cada uno de los cinco hijos, para “ofrecértenos” y para pedir tu protección. Así lo has hecho y lo haces. Te agradezco por mí y por ellos. 

Más tarde, recibías el Rosario que rezábamos todos los días en familia, dirigido por mi papá (mientras le cogía el sueño) en agradecimiento especial porque lo “habías traído” del frente de la guerra, sano y salvo.

Crecí y a los 16 años, me fui al Puerto de Santa María, al noviciado. Y después en Córdobaestrenamos la imagen que aparece en la siguiente fotografía: Nuestra Señora del silencio.

En este mismo blog, escribí el 25 de diciembre de 2020 “Un viaje mariano” y en él recorrí muchos lugares que habíamos visitado, reproduciendo fotos de santuarios, esculturas, columnatas, altares, dedicados a ti y con tu imagen múltiple. Una de las fotografías recuerda la visita a la casa en que, según la tradición, viviste tus últimos días con el discípulo Juan, en Éfeso; me produjo una tierna emoción.  

En otros artículos he hablado de ti de alguna manera, especialmente al escribir sobre diciembre y la Navidad. Parecería que ya te conozco bastante… pero ¿por qué te pregunto Cómo eres María?

A veces, durante la Misa por T.V. pasan imágenes tuyas muy bellas, así como, en muchas épocas. grandes artistas te han pintado cuadros inmortales Con todas esas representaciones podríamos decir que ya te conozco suficientemente; pero sé también que todas ellas son eso: representaciones; creadas por devotos que se inspiran, como modelos, en jóvenes cercanas con los rasgos de cada región.

Por qué te pregunto ¿cómo eres María? Porque cuando hablo contigo para saludarte o para rogarte, de pronto me pregunto ¿eres la Virgen del Mar, o la Virgen de Guadalupe, o la Virgen del Pilar, o la Virgen del Rosario, o la Virgen de Aparecida, o la Virgen de los Dolores, o María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o la Virgen de Chiquinquirá…? (Advierto cómo muchas mujeres llevan tu nombre, María, y otros inspirados en ti: María del Mar, Guadalupe, Rosario, Asunción, Piedad, Dolores, Salud, Pilar, Carmen, Mercedes, Lourdes, Fátima, Inmaculada…)

Tus “apariciones” han sido muchas y locales; te has manifestado a través del tiempo y de los continentes, pero tú eres tú, eres la misma, eres una. Es difícil imaginarte en Nazareth o durante tu vida de Sagrada Familia, o acompañando a Jesús en sus correrías; entonces ¿cómo eres? 

Cuando hablo con mi mamá, por ejemplo, miro su fotografía y me acuerdo de cómo era en distintos años… pero contigo ¿cómo hago? Si te imagino en alguna de las advocaciones, me ayudo, pero no eres así exactamente… a la vez, si no te imagino… y no sé bien cómo eres… ¿cómo me dirijo a ti? ¿con los ojos cerrados?

  • Gracias, Vicente, por preguntarme cómo soy. Muchos piensan que hablar de sí mismo es vanidad o es algo presuntuoso, pero puede ser un acto de humildad, porque la verdadera humildad consiste, no en menospreciarse a sí mismo, sino en ser capaz de apreciar lo que una ha recibido y en apreciar a los demás. 

Yo soy humilde en ese sentido, yo soy la sierva del SeñorMi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador… porque ha hecho grandes cosas en mí. Mucho se habla de mi maternidad virginal, y lo más grandioso es que la acción de Dios hizo posible el nacimiento de Jesús: la concepción y la resurrección de Jesús son dos intervenciones directas de Dios sobre el mundo material, son dos elementos fundamentales de la fe y signos luminosos de esperanza. Si Dios no pudiera intervenir también en el mundo material, entonces ¿qué Dios sería?  

Yo soy una mujer de fe: cuando escuché que concebiría y daría a luz un hijo, yo dudé, pero cuando seguí escuchando que el Espíritu Santo vendría sobre mí y que el poder del Altísimo me cubriría con su sombra, que el que iba a nacer sería santo y llevaría el título de Hijo de Dios… yo creí y dije hágase en mí según tu palabra.

Yo soy una buena madre. Cuando nació Jesús, yo lo envolví en pañales y lo acosté en el pesebre. A los ocho días, al tiempo de circuncidarlo, le pusimos por nombre Jesús y cuando llegó el día de su purificación, lo llevamos a Jerusalén para presentarlo al Señor. Yo cuidé de Jesús en sus primeros años, lo acompañé toda su vida y fui muy buena esposa con José. Hoy soy buena madre de la Iglesia.

Yo soy servicial y me preocupo por los demás. Cuando supe del embarazo de mi prima Isabel, me levanté y me dirigí a su casa para saludarla y la acompañé durante tres meses. Durante la boda en Caná, me di cuenta de que se les había acabado el vino en la celebración, por eso le dije a Jesús no tienen vino, y a los sirvientes hagan lo que él les diga. Actualmente, me preocupo por todos mis hijos “adoptivos” y los ayudo.

Yo sufrí, como cualquier madre: cuando a los doce años, Jesús se nos perdió y lo buscamos por tres días; sobre todo, sufrí terriblemente cuando torturaron y crucificaron a mi hijo (como expresa la imagen de La Piedad en la portada del artículo). De ahí en adelante, sufro con el dolor de los hombres y mujeres, niños y ancianos, a través de la historia.

Soy una mujer llena de confianza y esperanza. Cuando tenía el cadáver de mi Hijo sobre mis piernas, no dudé en que la cosa no terminaba ahí; sabía que su muerte no había sido en vano. Ahora no necesito para mí la esperanza, porque ya vivo la Resurrección que Jesucristo nos mereció, pero vivo la misma esperanza para cada uno de ustedes y para la humanidad, a pesar de sus guerras y sus desastres.

Me han proclamado Madre de la Iglesia porque Jesús me encomendó a su discípulo, como si fuera un hijo mío y, en él, a todos los demás. Desde el comienzo y a través de estos veinte siglos, el amor y la piedad de los creyentes me ha venerado (como enunciaste con algunas de las advocaciones marianas) y ha rogado mi intercesión ante Dios Padre, mi hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Aquí estoy para eso. 

  • María, muchas gracias por recordarme cómo eres; “te has quedado corta”. Si no puedo verte ni imaginarte tal como eras, puedo conocerte un poco más en tu personalidad, tu feminidad y tu espiritualidad.

Quizás una forma de dirigirnos a ti sea uniéndonos a la comunidad que, en cada región, te venera y te ruega. Yo puedo seguir familiarizándome cada vez más contigo y seguir diciéndote, con todos tus fieles:Hola, Ave María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Ave María… madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra… a ti clamamos, muéstranos a tu Hijo… 

ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

5 Comentarios
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5 Comentarios

Alberto Echeverri 7 febrero, 2026 - 6:35 am

Bella confesiòn de tu fe, Vicente. Y vale la pena seguir profundizando en esas intervenciones de Dios en la historia humana. Màs en el porquè (hasta donde creamos tener a disposiciòn nuestra el querer de Dios) y sobre todo en el para què. Un abrazo.

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Juan Gregorio Vélez 7 febrero, 2026 - 7:13 am

Gracias Vicente y gracias María. Un buen recuerdo de mi consagracion como “congregante mariano”. Sigue bendiciéndonos.

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Hernando+Bernal+A. 7 febrero, 2026 - 8:01 am

Vicente: Gracias por tan enorme alegoría sobre María, La Virgen, Nuestra Señora. Su compañía la sentimos cada día. Abrazos. Hernando

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Vicente Alcalá 7 febrero, 2026 - 8:50 am

Goyo, es cierto, fuimos miembros de la Congregación Mariana, como Darío y muchos de los “nuestros”. Alberto, pusiste mucha atención a la verdad: “La concepción y la resurrección de Jesús son dos intervenciones directas de Dios sobre el mundo material”, que no profundizamos suficientemente y que, cómo dices, son fuente de esperanza sobre la acción de Dios en la historia.

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Edna C. Bonilla Sebá 7 febrero, 2026 - 2:35 pm

¡Que conmovedora conversación, querido Vicente! Gracias por compartirla. Abrazos.

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