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Vicente Alcalá

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En este Jueves Santo, este cuadro podría parecer un anacronismo: una “Última Cena” con campesinos de La Macarena; Jesús con túnica y los campesinos con alpargatas y carriel.  

Se trata de una representación artística del Misterio de la Eucaristía, actualizado en Colombia, según la invitación de Jesús: “Hagan esto en memoria mía”  

Pero ¿qué es lo que debemos hacer? 

Hay dos niveles en la invitación:  

-rememorar los gestos y el acontecimiento de la Cena del Señor, que entrega su cuerpo y su sangre en la cruz, pero que -después de su resurrección- parte el pan con sus discípulos y que, luego… estos se reunían -con María la madre de Jesús- para hacer lo mismo.  

-hagan esto que yo hago: entrego mi cuerpo y mi sangre -mi vida- por ustedes. Hagan lo mismo, entreguen su vida y sus actividades en bien de los demás. Háganlo “en memoria mía”, en el sacramento y también en la vida. 

Esta interpretación de la invitación de Jesús, la expresa el cardenal Carlo María Martini S.I. en la número 36 de las 39 meditaciones de sus homilías, oraciones o cartas pastorales que se reúnen en un libro de 2021, editado por Sal Terrae, que se subtitula “Eucaristía y Dinamismo eclesial”. 

El cardenal Martini es biblista mundialmente conocido, fue rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana, arzobispo de Milán… autor de muchos libros, entre los cuales -junto con el jesuita Georg Sporschill- publicó “Coloquios nocturnos en Jerusalén”. Estos diálogos responden a preguntas, inquietudes, conflictos y esperanzas de muchos jóvenes.  

Regresando al primer libro citado, podemos comprender que la Eucaristía es el punto de partida y de convergencia de la peregrinación humana en los senderos de la historia, es una referencia dinámica y no un simple refugio. La Eucaristía no es solo el pan que alimenta para el camino, sino Jesús mismo, que -aun cuando a veces parezca ausente- está siempre en nuestra barca, la barca de la humanidad sacudida por las tormentas, pero portadora de esperanza.  

Por eso el título de este artículo: “De nuevo al misterio”, al misterio de la Eucaristía, al misterio de la presencia de Jesús crucificado, resucitado y viviente en medio de la Iglesia y de la comunidad humana.  

El Cardenal Martini, va recorriendo muchos de los matices de este Misterio central: Jesús siempre vivo, actúa por nosotros, entre nosotros y a favor de todos; la Eucaristía un manantial impetuoso de justicia; la Eucaristía hace la Iglesia: cuerpo eucarístico y cuerpo eclesial; el domingo, el día por excelencia, el espíritu de adoración que nace en la celebración; la fuente del amor de la Iglesia a la ciudad, la resonancia política del poder de Cristo; en el dinamismo del amor -del amor pascual- brota la esperanza… hasta el día que nos sentemos a la mesa con Dios. 

La Santa Misa es mucho más que una costumbre, una tradición, una devoción, un mandato, una ceremonia ritual, una oración… La Misa, Eucaristía (Acción de gracias), es un misterio, un signo, un símbolo, un sacramento que transmite a la comunidad creyente y a cada uno de sus miembros la confianza de que Jesucristo resucitado vive para siempre en medio de nosotros y nos une a Dios Padre y a los hermanos con el Espíritu de fe, de amor y de esperanza. 

*Sobre este misterio, hay varios artículos en el blog: “El sabor de las obleas” “Creo, pero no voy a misa” “Comprendiendo lo que se puede comprender del misterio” “Energía espiritual, renovable e inagotable” “Mejor presencial que por T.V.” 

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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El pasado 23 de febrero de 2024 murió Jaime Barrera Parra, compañero, maestro y amigo. Al cumplir 80 años en 2016, el grupo “Cosmópolis” le ofreció en la Universidad Javeriana de Bogotá un sencillo homenaje, del que ofrecemos este recuerdo.

Jaime nos invitó en dos ocasiones a la finca de su familia en la vereda “La Aurora” de La Calera, para una convivencia del grupo. El paisaje desde la casa inspiró esta pintura, y la pintura inspiró unos versos. Sin embargo, ambos símbolos apenas representan la significación encarnada de la persona de Jaime, en su dimensión humana, intelectual y familiar.

HOGAR, PATRIA y MISIÓN

Jaime, eres tú

Raíces, vida sueños;

Tierra, agua, luz.

Conquistas el aire azul,

-unido y flexible-

Con la fuerza del sol,

Y al atardecer de la vida

Te examinan del amor.

Tus raíces son tu hogar, y somos reflejo de lo que fue nuestro hogar.

Como el árbol, necesitamos luz y agua para que nuestra vida -como la tierra-

no deje de fructificar.

Pero la vida sigue, y sigue en la patria que es de nuestros padres y sigue viajera

Avanzando -como el aire- avanzando sin frontera.

En la vida volamos, y tú -como un líder de bandada-

Avanzas hacia un sueño, tras la misión encomendada,

Avanzas con la fuerza del sol, con la fuerza del amor.

Y, al atardecer de tu vida, has obtenido “excelente”

No sólo en el aula y en la patria, sino en el amor de tu gente.

Tu gente más íntima son tu esposa, tu hija y tus dos nietos. Tu gente cercana somos muchos: alumnos, compañeros de trabajo, amigos… que, no sólo te queremos, sino que aprendimos de ti, de tu persona y de tu vida.

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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Nuevos no solamente por ser “recientes”, sino por ser diferentes; no simplemente encontrados, sino creados por el ser humano.

Las florecitas diminutas de la foto izquierda son un “misterio”. Por más que se estudie biología, botánica, genética, evolución… no dejan de ser un “misterio”.

Hemos escrito en este blog sobre “El misterio humano”, los misterios de la Creación, de la Encarnación, de la Resurrección y de otros misterios, pero todos ellos son misterios ante los cuales nos encontramos y nos preguntamos…sin embargo, hay “nuevos misterios” creados por las personas. Es posible que para los “creadores” de estos nuevos misterios, no sean ya misteriosos, pero para nosotros -el común de la gente- sí lo son.

La foto de la derecha representa a un “robot humano” creado por el hombre; es fruto de la inteligencia artificial y ésta, a su vez, es resultado de la inteligencia humana natural, de la electrónica y de la informática y de otras diversas tecnologías.

Entre los misterios naturales, nos encontramos con la memoria humana; ¿quién o cómo se explica la memoria humana, individual y colectiva? Y ¿quién conoce cómo se “produce” la consciencia humana y la misma inteligencia?

Entre los misterios creados por el ser humano, nos encontramos con la memoria electrónica; ¿cómo se explica que en una USB haya grabadas millones de unidades de información: de textos, de voces, ¿de imágenes?. Seguramente que los expertos conocen cómo es esa memoria electrónica y la pueden “programar” pero para el “común de los mortales” esa memoria es un “misterio”, lo mismo que la memoria RAM.

Y ésta nos trae el recuerdo del sueño REM ¿cómo se explica este “misterio natural” e inconsciente?

Vemos pues que hay muchos misterios, pero queríamos hablar de los “nuevos misterios” de los misterios creados por el hombre. Uno de los más recientes es el de la Inteligencia artificial, ya popularizada como IA.

Si se utiliza el ChatGPT, uno se queda asombrado de las respuestas y el subsiguiente diálogo que se puede mantener con ese interlocutor misterioso detrás del celular.

Pero la Inteligencia artificial es mucho más que el ChatGPT o el Bard y no sabemos hasta dónde llegará. En el artículo “La inteligencia natural” evidenciábamos cómo la IA es una de las creaciones maravillosas del ser humano, lo mismo que el arte, la música y otras muchas creaciones.

También diferenciábamos, en otras ocasiones, cómo los misterios no los comprendemos en sí mismos, aunque sí percibimos y “comprendemos” los efectos de esos misterios (p.ej.: el acto de la creación, no; pero las cosas creadas sí).

Así ocurre con los “nuevos misterios”: le preguntamos a la IA y comprendemos sus respuestas, así no tengamos ni idea de qué la hace posible y cómo opera.

Este artículo no quiso ni pudo decir mayor cosa sobre los “nuevos misterios”. Solamente inquieta sobre ellos y sobre la necesidad de conocerlos, comprenderlos y aprender a actuar inteligente y responsablemente de cara a su futuro.

El misterio nuevo que más necesitamos es, no tanto tecnológico, sino metodológico: un camino que nos acerque a los grandes ideales humanistas universales.

Ya se nos ha dicho cuál es ese camino: Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero este sigue siendo un misterio siempre nuevo; no terminamos de descifrar este camino y menos aún cuál es su verdad y su vida. Aquí tenemos una tarea siempre nueva.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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He recibido una radiografía que me tomaron. Una radiografía médica deja ver lo que no se ve, por ejemplo, el sistema óseo o el cerebro; se activa con los llamados Rayos X; necesita de un aparato especial, y se lee en un acetato revelado. ¿Qué es una “radiografía de la mente consciente”?

La radiografía médica necesita, además, de un experto que sepa interpretarla; La radiografía de la mente consciente la podemos leer cualquiera de nosotros, pero también necesita un entrenamiento para poder comprenderla e interpretarla.

La radiografía de la mente consciente hace conocer lo que no se ve: parte de la mente humana, que también se llama espíritu, alma o psique; la luz que la activa es la consciencia; el aparato que permite realizarla es el propio organismo vivo (sentidos, sistema nervioso y todo el cuerpo humano) y la radiografía de la mente consciente se “lee”, por ejemplo, en una hoja de papel impresa o en la pantalla del computador o del celular, pero se “lee” primero en la propia experiencia.

Lo que acabo de expresar se visualiza en el esquema siguiente, al comparar una radiografía del cerebro con la “radiografía de la mente consciente”.

Radiografía del cerebro <<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>>>>>>>Radiografía de la mente consciente

Aparato de radiología <<<<<<<<¿de qué se sirve?>>>>>>>>>>Cuerpo u organismo humano

Rayos X <<<<<<<<<<<<<<<<<¿con qué luz se toma?>>>>>>>>Luz de la consciencia

Cerebro (invisible) <<<<<<<<<<<< ¿qué se “ve”? >>>>>>>>>>Parte de la mente o psique

Acetato revelado <<<<<<<<<<<<<¿en dónde se “ve”?>>>>>>Objetivada en papel o pantalla

Comencemos por el aparato que hace posible “tomar” la radiografía de la mente consciente, que va a resultar -más bien- una tomografía, un escaneo, una resonancia magnética, o todas juntas. Este aparato es muchísimo más complejo y sofisticado que los aparatos electrónicos que permiten tomar esas imágenes diagnósticas. Consta de todos los sistemas del cuerpo humano, pero enunciemos sólo los órganos de los sentidos y el cerebro: no son los ojos solos los que ven, ni los oídos solos los que oyen, ni el “corazón” aislado el que tiene emociones y sentimientos -por nombrar algunos- sino que el organismo todo se necesita para que pueda resultar esta “radiografía de la mente consciente”. Afirmar lo que acabamos de decir del aparato corporal, ha necesitado de la luz de la consciencia, pero ojalá ayudada por un conocimiento científico del cuerpo humano.

La luz de la consciencia está siempre ahí, pero se necesita activarla -prender el interruptor-que en este caso significa al pie de la letra: interrumpir el trajín mecánico del día a día, o hacer un alto en el camino para obtener la radiografía de la mente consciente; así como hay que sacar la cita para tomarse una imagen diagnóstica, hay que sacar el tiempo para tomarse esta radiografía de la mente consciente. Pero ¿qué es esa luz de la consciencia que permite tomar esta radiografía de la mente consciente?

La consciencia es esa misteriosa característica humana que nos permite ver, comprender, afirmar la realidad y actuar sensatamente; nos permite -en pocas palabras- tender a la verdad, al bien a la bondad, a la belleza del amor. Pero ¿por qué fallamos tanto en esa múltiple búsqueda? Precisamente por falta de consciencia, mejor dicho, por no prender el interruptor de la consciencia ya que, como dijimos, la consciencia siempre está disponible, pero si no la activamos es como contar con la energía eléctrica, pero sin activarla.

La consciencia es estar presentes a nosotros mismos (y a los demás y al mundo) es darnos cuenta, poner atención, es comprender y pensar para actuar y no: actuar sin pensar ni comprender. Cuanto mayor consciencia tengamos mejor veremos, comprenderemos, haremos mejores juicios de realidad y de valor, y mejor actuaremos. Esa mayor consciencia se adquiere alimentándola, ejercitándola, reflexionando…para poder disponer de ella permanentemente. Una vez habituados a ser conscientes, ya no necesitamos “dar paso a paso” sino que nos será natural operar conscientemente, así como caminamos espontáneamente después de que aprendimos a caminar. Pero si nos descuidamos al caminar, podemos tropezar; lo mismo, si descuidamos nuestra consciencia podemos “tropezar” en la vida.

Bueno, ya dijimos algo de la luz de la consciencia, pero ¿qué “vemos” en la radiografía de la mente consciente?

Lo primero es que podemos distinguir los actos humanos conscientes e intencionales de los actos biológicos del ser humano. No todos los actos del ser humano son actos humanos; por ejemplo, respirar, digerir, trasladarse… son actos del ser humano como son también actos de los animales y llamamos, en cambio, actos humanos a los característicos de los humanos: actos conscientes e intencionales.

En la radiografía de la mente consciente, podemos “leer” no sólo los actos conscientes e intencionales, sino las operaciones que dan lugar a esos actos. Hay una estructura dinámica del propio ser capaz de conocimiento y de acción moral. Esta estructura se manifiesta por las operaciones sensoriales, las operaciones inteligentes, las operaciones racionales y las operaciones responsables. Toda esa estructura de la mente tiende a la verdad y al bien, tiene una motivación o dinamismo, que es impulsado por los sentimientos, de los cuales el más genuino o auténtico y productivo es el amor.

¿Cómo podemos afirmar verdaderamente estas operaciones humanas? Ejercitándolas; al realizarlas las verificamos, las comprobamos en nosotros mismos:

– tenemos consciencia empírica de nuestras operaciones sensitivas: tenemos consciencia de ver, oír, sentir; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos quienes vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de eso que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia intelectual de nuestras operaciones inteligentes: tenemos consciencia de estar comprendiendo qué es lo que vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que comprendemos eso; tenemos consciencia de ese algo que estamos comprendiendo en lo que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia racional de nuestras operaciones racionales: tenemos consciencia de estar comprobando, demostrando o verificando algo para poder afirmar que eso es así; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que razonamos; tenemos consciencia de si ese algo realmente lo estamos comprobando, verificando o demostrando que es así.

– tenemos consciencia responsable de nuestras operaciones responsables: tenemos consciencia de deliberar, decidir y actuar concretamente en un momento determinado; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los responsables de las consecuencias de lo que hacemos; tenemos consciencia de lo que estamos deliberando, decidiendo y haciendo.

Dije rápidamente que hay un dinamismo o motivación en todo lo que buscamos y hacemos, y ese dinamismo arranca con las emociones y sentimientos, de los cuales el más auténtico y productivo es el amor. Muchos de ellos son inconscientes o subconscientes, mientras no los hacemos conscientes. Y entonces, somos conscientes de nuestros dinamismos o motivaciones, ojalá siempre desde el amor y con amor por nosotros mismos, por los demás y por lo que conocemos y hacemos. Eso también es parte de esta radiografía de la mente consciente: sacar a la luz de la consciencia lo que era inconsciente.

Y aparece otra imagen o campo de consciencia en esta radiografía de la mente consciente, de la mía propia, pero que pueden ustedes identificarla en sí mismos a su manera. Es la consciencia de una realidad superior o trascendente a mí mismo y al universo. Es la consciencia de la revelación de Dios, a través de Jesucristo e iluminada por el Espíritu Santo; es la consciencia de la verdad de Dios y de los seres humanos semejantes a mí, y del amor de Dios y del amor que me atrae a los demás. Esa revelación le hace a mi mente conocer que todo lo que conozco tiene su origen en Dios, que todo lo que hago, lo hago por la cooperación de la acción de Dios y que todo lo que amo proviene del amor de Dios, que nos ama primero.

Ustedes mismos pueden “ver” e interpretar la radiografía de su propia mente.

¿Por qué hemos añadido repetidamente la palabra consciente a la expresión radiografía de la mente?

Porque, además de la mente consciente, nuestra psique “contiene” el inconsciente personal y “arrastra” el inconsciente colectivo.

Sería muy extenso este artículo si quisiéramos decir algo sobre el inconsciente y, como éste es tan importante, amerita otros artículos específicos.

*En este blog se pueden leer los siguientes artículos relacionados: “Sentir, comprender, amar” “¿Mente o cerebro, libres o determinados?”, “Racionalidad”, “5 hábitos trascendentales”, “Caminos a la certeza”.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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Desorden en libertad

Por Vicente Alcala
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“Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Parece que esta sentencia del General Santander y el lema del escudo de Colombia, suscitan muchas dudas o interrogantes en la realidad colombiana. 

Leyes, orden y libertad, tres realidades que deberían caminar juntas, pero que parecen andar cada una por su lado. Las leyes y las ciencias nos hablan de orden, pero el orden de la naturaleza, con frecuencia, se rompe en la sociedad a causa de la libertad. Y hasta el orden ecológico de la naturaleza lo estamos rompiendo con el actuar humano. 

Las leyes, en general, son formulaciones que expresan regularidades que se dan en la realidad del universo o la sociedad; se descubren, se comprenden y se formulan. Las leyes son de diversos tipos o clases. Podemos decir, inicialmente, que las leyes dependen de las diversas ciencias y de los métodos correspondientes a esas ciencias

De acuerdo con cada ciencia, se puede hablar de leyes: de la lógica, leyes físicas, químicas…Las matemáticas y la lógica se llaman ciencias formales porque no necesitan ser comprobadas en objetos físicos o hechos (como las ciencias naturales) sino que dan forma y regulan las operaciones mentales; más que de leyes, se habla de postulados, principios o axiomas. 

En ciencias naturales (entre las fácticas) una ley es una descripción general y fundamental de cómo funciona el universo. Estas leyes se basan en hechos; son consistentes y aplicables en diversas situaciones y contextos, y a menudo, son expresadas matemáticamente (por ejemplo, la ley de la gravedad, la ley de la termodinámica). Ayudan a comprender y predecir el comportamiento de fenómenos naturales. Proporcionan reglas o principios que explican cómo se comportan los fenómenos naturales; no es exacto decir que las leyes gobiernan dichos fenómenos, pues las leyes son formulaciones mentales, aunque fundamentadas en la realidad que se gobierna a sí misma.

En ciencias sociales o humanas, una ley se refiere a una generalización amplia y establecida que describe una relación causal entre diferentes fenómenos o variables en un contexto específico. Estas leyes son formulaciones que intentan explicar patrones de comportamiento o interacciones sociales y a menudo se basan en evidencia empírica y en observaciones sistemáticas. No poseen el mismo grado de certeza que las leyes de las ciencias naturales. La ética o la filosofía moral se puede incluir entre las “ciencias” sociales.

En el estudio de la historia existen leyes y principios; son marcos conceptuales que ayudan a comprender y analizar eventos pasados (por ejemplo, la ley de causalidad histórica y la ley del cambio histórico).

En ciencias jurídicas, una ley es una norma o regla establecida por una autoridad competente, como un gobierno o legislatura, para regular el comportamiento y las relaciones entre las personas dentro de una sociedad… cumplen un papel fundamental en el funcionamiento y la organización de ella.

Estas leyes jurídicas y las normas éticas son las más vulnerables de todas, debido a la libertad humana. Mientras que las leyes naturales se cumplen -generalmente- de manera rigurosa, las leyes jurídicas y las éticas, se violan con mucha frecuencia y crean desorden, esclavitud y violencia.

En Colombia manifestamos constantemente que la ley es “para los de ruana” y que la corrupción está desbordada; lo que significa que la ley no se cumple por parte de muchos y que las normas morales tampoco se obedecen de manera universal. 

La máxima de Santander “las leyes os darán la libertad” habría que completarla diciendo que la libertad os dará la opción de violar las leyes. Esto es lo que ocurre con mucha frecuencia. Y la primera parte de esa máxima “las armas os han dado la independencia” habría que cambiarla en la actualidad por esta otra: las armas, en manos de muchos, esclavizan tanto a los que las usan como a los que las padecen. Aquí, el desorden parece estar “en libertad” pues, además de que campea por muchas partes, no se controla ni se sanciona. 

“Libertad y orden”: un lema, un ideal, un deseo laudable. Desafortunadamente, estamos lejos todavía de alcanzarlo. El desorden, según la ley de la entropía, es una tendencia espontánea si no hay una fuerza o dinamismo que la corrija. En nuestra sociedad colombiana, reina el desorden en muchos sentidos y a todos los niveles. La fuerza que necesitamos es observar y obedecer las leyes, las de la naturaleza, las jurídicas, las éticas.

La libertad tiene dos sentidos: uno, liberador, dejar de ser esclavos o sometidos, dependientes injustamente. El otro sentido es positivo, pero puede volverse negativo: positivo porque es una noble característica humana, la de poder escoger y decidir por uno mismo, no estar determinados necesariamente, no ser “esclavos”; pero se puede volver negativo, la libertad de escoger lo malo, decidir mal, obrar “libremente” en contra de uno mismo y de los demás. 

Nuestra sociedad, comenzando por cada uno de nosotros, necesita libertad y orden; orden en la libertad… corregir el desorden y ejercer la libertad con justicia, amor y solidaridad… y ojalá, sin tanto abuso de la libertad.

Es interesante leer, en este blog: “¿Mente o cerebro, libres o determinados?” y “Dios no crea los números ni las leyes”.

Vicente Alcalá Colacios

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Voy a contarles una anécdota que puede parecer insignificante pero que, para mí, tiene un profundo sentido.

Mi esposa y yo, estábamos acompañando a mi hijo a comprar una corbata que quería estrenar para su matrimonio. El llevó el vestido que se iba a poner, para escoger mejor la corbata que le combinara; nos dimos cuenta de que el vestido tenía unas arrugas en la parte delantera.

Había expuesta una colección, ordenada por tonos de color. Atendían un par de chicas y una de ellas mostraba, opinaba, traía otras corbatas y comentaba sobre el nuevo diseñador y las colecciones anteriores, según la época… Explicaba de una, que tenía unas golondrinas, y la describía con cariño, fue por ella y nos la mostró. Cuando yo la observé, les comenté que esa era la apropiada para la ocasión, porque se veían las parejas de golondrinas como  dándose un pico con los picos.  

No recuerdo si fue la misma chica u otra presente, que ofreció llevar el vestido adentro para que aplancharan las arrugas que tenía. Pudo ser un gesto de “venta” pero lo hizo con amabilidad. Curioseé yo el precio de una de las corbatas y vi $ 125.000; me pareció bueno por la calidad que tenían. Al acercarnos a la caja, le dije a mi hijo que yo se la regalaba. Me dijo que no, y comentó él que se iba a casar; las chicas sonrieron y le desearon felicidades. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que el precio era mayor que el observado antes por mí. La cajera comentó de broma que yo tenía suerte, ¡menos mal que no me la habían dejado pagar!

La chica que nos había atendido nos estaba despidiendo en la puerta del almacén; tenía unos 22 años, bajita, más bien gordita, sonriente, con gafas y cara simpática. Comenzó a decirnos ¡qué lindo! ¡es que se nota en muchos detalles! … y de pronto nos dice ¡yo no tengo papá!

Quedamos mudos. Imagínense una persona, que sin habernos conocido antes, nos comunica semejante sentimiento. Mi reacción fue preguntarle si no había buscado “reemplazarlo”. Tanto ella como mi hijo pusieron una cara de sorpresa… seguí yo preguntándole si era soltera. Entonces, a la chica le dio como pena, pero a la vez risa, y dijo ¡ah, ya entendí! 

Todo esto me impresionó mucho, pero no quise comentarlo. Más tarde, mi señora dijo que era simpática la niña que nos atendió; le comentamos que nos había dicho que no tenía papá; ambos expresaron que la joven estaba conmovida y, a la reacción de la mamá, mi hijo añadió que esto es más frecuente de lo que pensamos.

Recuerdo los mensajes por T.V. del Bienestar Familiar, mostrando a niños y niñas buscando a sus padres o abuelos: “me conoces aquí estoy”. Es un drama más de nuestra sociedad colombiana.  

Pensé primero en los que tuvimos padres excelentes, y en nuestros hijos que nos tienen a sus padres. Además de la gratitud, brota la solidaridad -al menos afectiva- con quienes carecen de esta bendición, como la chica de la que hablé antes.  

Dije que esta anécdota tiene para mí, un profundo significado. Veamos por qué. 

Cuando escribí “La enfermera colombiana” (publicada en este blog anteriormente), pensaba en la bondad, la belleza humana, la amabilidad, la simpatía, la calidez de la mujer colombiana en general. 

He sentido esas cualidades también en las chicas que atienden y prestan su servicio en almacenes y otros establecimientos o en llamadas telefónicas. Esto es lo que experimenté una vez más en la situación a la que me acabo de referir al narrar la anécdota de las corbatas. Cuando pienso en la mujer colombiana, experimento confianza y esperanza en el futuro del país.

Bernard Lonergan S.I. distingue entre el mundo de la inmediatez (propio de los niños) y el mundo mediado por la significación. La significación se encarna en la intersubjetividad humana (un encuentro, una sonrisa, los gestos, la voz, la expresión corporal, una conversación…) la significación se capta también en el arte, los símbolos, el lenguaje y en la significación personificada: lo que significa una persona, en su forma de vida, sus palabras, sus hechos. Sin darnos cuenta, lo que somos, y la forma como actuamos, tiene una significación determinada para los demás. Seguro que, para la chica que “no tiene papá”, yo signifiqué algo y desperté sus sentimientos, debido a su situación personal y al ver nuestra relación positiva de padre e hijo.

Otro significado más profundo aún -inspirado en la falta de papá de la joven- se vino a mi memoria al recordar un relato que hace el Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Spe Salvi” (En esperanza fuimos salvados). 

Se trata de una esclava africana -de Sudán- que después de padecer terribles torturas de sus “dueños” o “patrones” conoció por primera vez al Señor, tan diferente a los señores que la habían esclavizado. 

Algo semejante es deseable que experimenten los niños, jóvenes y adultos que fueron abandonados o son huérfanos, al sentir la compañía de Dios, Padre amoroso de todos nosotros: de ellos, lo mismo que de los que tenemos familia. 

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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El 16 de enero de 2021 escribí en este blog, el artículo “Preguntas a las breves respuestas a las grandes preguntas” (2.500 vistas a la fecha). Hoy comparto varias reflexiones, a propósito de la tertulia del 28 de septiembre de 2023 sobre Astronomía: “La formación de agujeros negros” y del diálogo que le siguió.

“Conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza. Mi predicción es que conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo… Las leyes de la ciencia pueden, o no, haber sido decretadas por Dios, pero este no puede intervenir para transgredirlas, o no serían leyes” [1]

¿Qué noción de Dios y de las leyes manifiestan estas afirmaciones? 

Los números y las leyes son elaboraciones mentales humanas y no son “creados” por Dios. Los números y las leyes no son “creados” por el ser humano, sino que son descubiertos por la mente, como expresión intelectual de realidades concretas; en la naturaleza encontramos, por ejemplo, árboles y los “contamos”: uno, dos, tres, cuatro… los árboles están ahí, pero los números no están escritos en los árboles, los números fueron inventados para significar cantidades y las cantidades son nociones descubiertas por la mente, en las realidades cuantificables. 

Algo semejante ocurre con las leyes de la ciencia: las leyes son formulaciones descubiertas y expresadas para entender regularidades que se dan en la realidad del universo. Las leyes son comprensiones que describen y explican fenómenos naturales, pero las leyes son elaboraciones mentales fundamentadas en el comportamiento de los objetos reales y sus relaciones. 

Decir que Dios creó las leyes de la naturaleza es semejante a decir que Dios creó la música que “crean” los grandes compositores. No, la música no es creación directa de Dios, sino “creación” directa de los músicos. ¿Cómo pueden los músicos crear música? es otra cuestión.

Confesamos, según nuestra fe, que Dios creó el universo. Conocemos lo creado, pero no podemos comprender la creación como acto creador de Dios. La ciencia busca comprender y conocer cómo evolucionó el universo y cómo funciona el universo; la ciencia describe y descubre cómo está compuesto o conformado el universo y descubre y formula leyes que explican las regularidades comprobadas experimentalmente, pero la ciencia no puede comprender y conocer el acto de la creación ni la naturaleza de Dios. 

Si las leyes de la naturaleza son elaboraciones o formulaciones creadas por la mente humana, no es adecuado decir que “conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza”. Aunque llegáramos a conocer y elaborar todas las leyes que expliquen las relaciones y la acción de la naturaleza… no sería adecuado decir que “conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo”. 

Stephen Hawking puede conocer profundamente las leyes de la naturaleza, pero ¿entendió que las leyes son descubrimientos y formulaciones de la mente humana y no “decretadas” por la mente de Dios?

Dios creó las realidades físicas que actúan con regularidad, expresada en leyes; pero las leyes son descubiertas y elaboradas por la mente humana que investiga y descubre cómo funciona la naturaleza. Dios creó las realidades cuantificables, pero los números que cuantifican esas realidades son “creación” o elaboración de la mente humana. 

Decir que “Dios no puede transgredir las leyes de la ciencia o no serían leyes” sería confundir las leyes de la ciencia con la naturaleza que esas leyes tratan de explicar. Además, sería no comprender que las leyes de la ciencia se aplican a la naturaleza creada, pero no se aplican al Dios Creador de esta naturaleza, si Dios está “por encima” de la naturaleza. 

Así como tiempo no se aplica a Dios, espacio no se aplica a Dios, origen no se aplica a Dios, comienzo no se aplica a Dios, creado no se aplica a Dios, causa-efecto no se aplica a Dios… las leyes de la ciencia no se aplican a Dios. Dios no está sujeto a esas leyes. 

¿Qué consecuencias se siguen de estas reflexiones y afirmaciones? ¿Para qué sirven estas aclaraciones? 

En primer lugar, ayudan a diferenciar los ámbitos o dimensiones de la ciencia, de la filosofía y de la fe (y de la teología que estudia esta fe). La ciencia puede ser verdadera, la filosofía puede ser verdadera y la fe puede ser verdadera: pero las tres verdades pertenecen a dimensiones (o acercamientos) diferentes de la misma realidad. Los tres abordamientos de la realidad se pueden y se deben complementar, pero sus ámbitos no se pueden confundir ni invadir. Es necesario el “diálogo” entre los tres campos, pero no se pueden reemplazar mutuamente: la ciencia no reemplaza la fe, la fe no interfiere en la ciencia, la filosofía es fundamento intelectual de la ciencia y de la no-irracionalidad de la fe.

En segundo lugar, la distinción entre ciencia, filosofía, fe (y teología), invita al estudio, formación y profundización en cada una de las tres dimensiones humanas distinguidas. 

La negación del título “Dios no crea los números ni las leyes” busca aclarar la diferencia entre la fe en Dios, la ciencia y la reflexión filosófica; diferencia que no significa contradicción, sino más bien complementación mutua entre las tres.


[1] Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas, pp.41 y 42.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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Con este título aparece el volumen III, en el plan de las obras completas de Joseph Ratzinger editadas por la B.A.C. En el volumen IV “Introducción al cristianismo”, se puede leer el capítulo III de la parte I, con el mismo título y tres secciones: 1. La opción de la Iglesia primitiva por la filosofía. 2. La transformación del Dios de los filósofos. 3. El reflejo de la cuestión en el texto del credo. 

En ese breve capítulo es apasionante el recorrido que hace J. Ratzinger por la historia, la filosofía, el Evangelio y la formulación del Credo en la Iglesia. Invito a su lectura. 

Voy a decir primero, algo sobre Dios desde la filosofía y luego, algo sobre Dios desde el Evangelio. No son dos dioses distintos, pero sí son dos formas distintas y complementarias de acercarnos al único Dios verdadero.

No podemos explicarnos por nosotros mismos, así como no puede explicarse el universo por sí mismo. La humanidad descubrió el principio de causa-efecto entre otros: los seres finitos y limitados requieren del SER infinito, eterno y sobrenatural; los demás seres son efecto y el SER es la causa. Sólo un SER sin espacio, sin tiempo, sin comienzo, sin origen, sin causa, sin limitaciones… da razón y explicación de los demás seres. Este SER es al que llamamos Dios. Este principio, causa-efecto, se descubrió en la naturaleza creada, pero no se puede aplicar al Creador de la naturaleza; por eso no hay que pensar en una causa para Dios. Desde la filosofía, Dios ES, mientras que los demás seres son. Participación del ser, es una manera de decir que somos, porque Dios ES y nos participa el ser que somos.

Pero el Dios de la fe, de la fe cristiana, de la fe del Evangelio, de la fe de Jesucristo, es Alguien “mucho más” que el Dios de los filósofos.

Jesús de Nazareth dijo “Quien me ve a mí, ve al Padre” y podría haber dicho también Quien me oye a mí, oye al Padre.

Y eso es lo primero que dijo Jesús de Dios: “Abba, Padre”. Y lo repitió en la oración que nos enseñó: “Padre nuestro”. Y lo repitió otras veces; cuando le pidieron los discípulos a Jesús que les enseñara a orar “Jesús les contestó: cuando oren, digan Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; el pan nuestro de cada día danos hoy”. 

“Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre del cielo los alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas?” “Miren cómo crecen los lirios… pues si a la hierba del campo Dios la viste así, ¡cuánto más a ustedes!” “Si ustedes saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!”

Jesús, antes de nacer no podía hablar del Espíritu Santo, por eso, un ángel habló de éste: “María…quedó embarazada por obra del Espíritu Santo” y “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios”. 

Tenemos ya una primera presentación del Dios de la fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo. No es un Dios impersonal, no es un Dios solitario e inactivo, es un Dios comunitario, relacional en el amor, dador y sustentador de vida. 

“En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: Te alabo Padre, Señor de cielo y tierra… nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo decida revelárselo”. Y en otra ocasión dijo: “Yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad… El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre les enseñará todo”.

Por eso, cuando Jesús fue resucitado por el Padre, dijo a sus discípulos “La paz esté con ustedes… Reciban el Espíritu Santo” “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes”. “Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Este es el Dios de nuestra fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo.

Lucas, uno de los cuatro evangelistas, escribió también el llamado “Hechos de los Apóstoles” y al comienzo del libro dice: “(Jesús) Después de su pasión, se les había presentado vivo durante cuarenta días… hablando del reino de Dios… les encargó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran lo prometido por el Padre: la promesa que yo les he anunciado… ustedes serán bautizados dentro de poco con el Espíritu Santo”. 

En el mismo libro de los Hechos, se narra tres veces la acción de Dios en la primera comunidad cristiana: “Permanecían íntimamente unidos en la oración” “Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y las oraciones… los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común; vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno” “El pueblo los estimaba mucho; se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor, hombres y mujeres”.

Unidad en la comunidad; Jesús en medio de ellos por siempre; el Espíritu de Dios que une.

Acabamos de oír, no ya solamente lo que es Dios en sí mismo, sino la acción de Dios en la comunidad creyente. Si regresamos a los Evangelios, oiremos lo que Jesús dijo de Dios, a través de sus enseñanzas, sus parábolas y también de sus obras y sus gestos.

“Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? Al encontrarla, se la echa a los hombros contento… de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse”. Lo mismo expresa con la parábola conocida como del hijo pródigo: “Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado”.

Dios nos dice, por boca de Jesús, que está presente y actuante en nuestra vida; se alegra con nosotros, se “preocupa” por nosotros, nos cuida… no es indiferente con nosotros… y nos pide que “seamos perfectos” como Él es perfecto. 

Jesús nos muestra cómo es Dios y cómo quiere que seamos nosotros. Así es el Dios de la fe.

Este escrito queda muy corto al hablar del Dios de la fe; la manera de completarlo es acudiendo directamente a la palabra y a la persona de Jesús, Dios hecho hombre, para que lleguemos a conocer y unirnos al Dios uno y trino de nuestra fe.(La presente reflexión sobre la relación en Dios: Padre-Hijo-Espíritu Santo se manifiesta también en la relación de Dios con nosotros: ver en este blog el artículo “Creación, Encarnación, Resurrección“).

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Al decir “enfermera” no estoy excluyendo a las demás mujeres, ni estoy privilegiando esta profesión sobre otras; al decir “colombiana” no estoy siendo nacionalista, ni comparando con nacionales de otros países… se trata de concretar observaciones sobre la mujer, para que no sean abstractas, sino poniéndoles cara -o uniforme- visibles.

Como digo, podríamos hablar de las mujeres colombianas, pero resultaría demasiado genérico o universal; mi deseo es particularizar de alguna manera, para que las observaciones tengan un sustento más sensible.

No sólo la enfermera; ésta es sólo un caso concreto de la bondad, la belleza humana y la amabilidad de la mujer colombiana, en su inmensa mayoría. 

No soy ciego frente a los casos opuestos, dolorosos y, desgraciadamente numerosos… pero si uno sabe observar, apreciar y valorar todas esas buenas cualidades en la mujer colombiana sencilla, “popular” -sin excluir a las demás- se puede uno llenar de optimismo frente al presente y futuro de nuestra sociedad. 

Escojo escribir sobre las enfermeras porque, en el trato especial de la gran mayoría de estas mujeres, se siente y sobresale el servicio, la atención, la calidez humana, el cuidado generoso… y sea esta una oportunidad de hacerles llegar el reconocimiento y la gratitud de todos los que somos beneficiarios de su trabajo: ancianos, adultos, niños, enfermos de cualquier edad y condición, de cualquier dolor. 

En la mayor parte de los casos, su trabajo profesional lo comparten con su vida familiar y las obligaciones de esposas, madres, hijas… con todos los sacrificios de tiempo, transporte, trasnochadas, tareas domésticas -a veces desapercibidas por los demás-.

Me quedo corto al hablar de ellas, pero lo hago con especial cariño, al haber vivido recientemente esta experiencia por más de quince días. Y al decir enfermeras, podemos incluir a terapistas, nutricionistas, técnicas de radiología y, por supuesto, a las médicas.

Acabo de acordarme de las jóvenes deportistas con su dedicación entusiasmo y pasión por su camiseta… pero no me desvío ni extiendo porque podría caer en omisiones odiosas. 

Por asociación, quiero aludir a otra persona en particular; ya la había mencionado en el artículo titulado “Lenguaje de señas y otras señales”No es enfermera estrictamente, pero tiene la misma apariencia, con su figura delgada y su uniforme blanco; además su ocupación de facilitar la comunicación para los que no pueden oír es otra forma de servicio médico, por llamarlo así. Hago la referencia a ella debido a la reciente experiencia de escucharla o verla con atención y con el alma.    

Estaba yo en otro contexto diferente, al participar en la Misa por televisión (mientras me animo a ir a la iglesia cercana). Comunicaba, con sus gestos y el movimiento de sus manos y brazos -elevándolos al cielo- una espiritualidad suave y sentida, especialmente cuando traducía la música y no sólo las palabras del celebrante. Parece un hecho insignificante, entre tantos acontecimientos nacionales e internacionales, pero no se trata de número o cantidad sino de una comunicación humana y a la vez dirigida a Dios y a los demás; me trato de situar en la situación de sus destinatarios y me pregunto cómo ven y escuchan en silencio.

Estos artículos míos para el blog no tienen mayores pretensiones ni obedecen a una planificación intencionada en particular, se trata de compartir vivencias cotidianas y ordinarias como las de ustedes, pero que surgen de situaciones concretas que atraen la atención y la reflexión acerca de las personas y las comunidades que nos rodean.  

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Como reacción o complemento a la exposición sobre “Salud mental y Depresión” realizada el pasado 27 de julio durante la tertulia de los jueves, Vicente hace en este artículo un planteamiento adicional para el manejo de la depresión.

En la tertulia sobre “Salud mental y depresión” tuvimos una exposición excelente del Dr. Ricardo Angarita y bastante exhaustiva acerca de las bases biológicas de los estados depresivos y, en consecuencia, sobre los diferentes tratamientos médicos. 

Sin embargo, hubo dos preguntas en sentido contrario: Así como los procesos bioquímicos afectan los estados y trastornos mentales ¿es posible que procesos mentales voluntarios incidan positivamente sobre los procesos bioquímicos y cerebrales con sus consecuencias?

La respuesta que se dio a la primera pregunta, que formulé yo, consistió en reiterar y profundizar las premisas, es decir, volver a explicar causales bioquímicas de los estados mentales, pero no se trató ni resolvió la inquietud o, al menos, yo no capté una respuesta.

Un paradigma ayuda a comprender mejor algo, pero puede limitar la comprensión de otros factores, con una sola perspectiva, y puede limitar la visión más amplia de la realidad y de las interrelaciones entre sus diferentes componentes. Las especializaciones tienen ese riesgo si no están precedidas de una formación humanista, amplia e integral.

En el caso que nos ocupa, fue muy ilustrativo el conocimiento sobre el influjo del hipotálamo en los estados alterados de conciencia, como la depresión, pero el hipotálamo no agota el sistema cerebral, ni el sistema cerebral agota el sistema nervioso, ni el sistema nervioso agota el sistema orgánico total, ni el ser vivo que es el ser humano agota la realidad de lo humano, ni la realidad de lo humano agota la plenitud del SER. 

Sólo en su respuesta a la segunda pregunta, el expositor afirmó que en medio de la depresión no era posible que los procesos mentales actuaran y, sólo cuando se salía de la depresión, sí podían tener efecto positivo los procesos mentales como la meditación, entre otros. 

Voy a describir dos experiencias vividas, que fundamentan el planteamiento de que procesos mentales voluntarios pueden incidir positivamente sobre procesos biológicos.

1ª. En mi familia paterna tenemos antecedentes depresivos -en uno de los casos, bastante grave-.  Yo padecí etapas o temporadas de estado depresivo agudo, podríamos decir. 

Visualicé o describí la depresión como una especie de imán que sólo atraía lo negro, lo negativo, lo difícil, lo catastrófico; especialmente en las noches de insomnio, los pensamientos negativos no sólo me impedían dormir, sino que me atormentaban literalmente. 

De manera consciente, comprendí que la realidad no es totalmente negativa, negra, inmanejable, sino que está entreverada de positivo y negativo, de favorable y desfavorable, de dificultades y de soluciones. Cuando estaba imbuido -de manera inconsciente- en el estado depresivo, me dije “mañana será otro día” y efectivamente fui manejando la situación de manera que no me dejé anular, sino que reaccioné y paulatinamente superé la depresión. Un fallecido psiquiatra amigo me definió la depresión como “parálisis de la voluntad” y era muy acertada esa caracterización porque otro síntoma de la depresión es la “incapacidad” para decidir y para actuar.

Al saber que eso era así -no importa qué factores biológicos afectaban esa parálisis- induje unos procesos voluntarios para superarla y comenzar a decidir y actuar. También, cuando preveo que “se acerca” un episodio depresivo, comienzo a activar procesos mentales que lo frenan o impiden. 

2ª experiencia. A veces sentimos la fuerza de inclinaciones, estímulos, impulsos instintivos -por ejemplo, sexuales- y que nos pueden inducir a conductas no deseables. 

Pero también podemos provocar y experimentar procesos mentales voluntarios que frenan o dirigen esos influjos biológicos, de manera que logramos comportamientos más adecuados que los que se producirían “dejándose llevar”. El destacado neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás tuvo una expresión que ilustra la diferencia entre los procesos biológicos u orgánicos y los procesos mentales voluntarios: “El enamoramiento es un accidente químico pasajero mientras la construcción de una pareja es una decisión, un proyecto de vida”.

Adicionalmente, en la exposición científica a la que hice alusión al comienzo de este escrito, se refirieron manifestaciones “religiosas” contraproducentes o claramente negativas. Como en todo, los aspectos religiosos pueden manejarse de manera adecuada o inadecuada.

Mi amigo Reynaldo Pareja, que fue quien hizo la segunda pregunta, me sugirió este párrafo: Si de alguna manera creemos y aceptamos lo que se nos ha presentado por las diferentes religiones mundiales de que todos los seres humanos son creados “a imagen y semejanza de Dios”, entonces nuestra esencia es espiritual, no sólo biológica. Él es un Ser incorpóreo, es Espíritu puro. Esto sugiere fuertemente que nuestra esencia es un canal de la fuerza Divina que podemos cultivar diariamente para fortalecer el espíritu, la mente, y el subconsciente. Lo hacemos si diariamente alimentamos el espíritu con meditación e introspección, así como diariamente tenemos que ingerir alimento dos a tres veces por día para que toda nuestra biología se mantenga fuerte y sana. Un dicho sabio dice, “la Fe mueve montañas”. La gran lección espiritual, es que la Gracia Divina puede renovar hasta la última célula cancerosa cuando conscientemente se sincronizan corazón y mente, trabajando al unísono para conseguir una meta de curación.

Nuestro amigo Alberto Betancur nos habló de las “órdenes” curativas que imparte al subconsciente con los efectos casi mágicos que obtiene. Para mí, ese es otro caso de cómo inciden los procesos mentales sobre los procesos biológicos.

Lo consciente actúa en lo biológico, la acción de Dios actúa en ambos. Lo sobrenatural opera en lo natural. “La gracia de Dios actúa sobre la naturaleza” (la cual ya es también un don gratuito de Dios).

Personalmente, creo, confío y busco esos “refuerzos” religiosos que consolidan procesos positivos de la propia capacidad cognoscitiva y voluntaria. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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Cartas recíprocas

Por Vicente Alcala
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El evocador artículo enviado a este blog por Chucho Ferro para el día del padre de este 2023, nos animó a muchos a escribir estas “cartas” inspiradas en nuestros padres que venimos publicando aquí. Hoy, Vicente le escribe una carta a su padre y recuerda la que recibió de él hace unos años.

Te escribo esta carta, papá, y nunca olvido la que tú me escribiste hace 61 años cuando me vine a Colombia.

Lo principal que me decías es que le pedías a la Virgen María que me protegiera y que estabas seguro de que lo haría porque, cuando nacimos cada uno de los cinco hijos, la mamá y tú nos llevaron al altar de la Virgen para pedirle que nos protegiera y así ha ocurrido.

No sólo se ha cumplido ese deseo, sino que ustedes se unieron a esa protección y así la hemos sentido -de manera extraordinaria- en varias ocasiones. Poco después de que nació Carlos, Elssye, Pilar y yo, lo llevamos al santuario de la Virgen de Bojacá para agradecerle y pedirle por la vida de Carlitos.

Te escribo desde la clínica y recuerdo, en la ultima visita que nos vimos, que llegué al hospital donde estabas semiinconsciente y, apenas me sentiste, te reanimaste; pasamos unos días muy felices.

Hace poco recibí las fotos que encabezan esta carta y las junté a un retrato que tenía de Manolo (quien está ya al lado vuestro). Escribirte a ti es escribir también a mamá y a mis hermanos, porque tú no eres tú sin nosotros y nosotros no seríamos sin tu persona, tu presencia y tu legado.

Nuestras cartas y nuestras vidas reproducen “El secreto de la laguna”: se trata de recibir con amor y entregar con amor. Te escribo también pidiendo la protección para nosotros y nuestros dos hijos que estarán lejos, aunque siempre unidos y presentes.

Tu protección será extensión de la de Dios Padre a todos nosotros, y nuestra conversación escrita es como la oración con Él. Siguen siendo recíprocos, no sólo nuestras cartas, sino el amor paterno y filial. Quiero ser tan buen padre como tú lo fuiste con nosotros; Carlos me dice que soy el mejor papá del mundo; es una afirmación subjetiva, pero lo auténticamente subjetivo es lo más verdadero; Pilar me dice lo mismo que Carlos.

Bueno papá, muchas gracias por todo y seguimos comunicándonos. Te quiero mucho. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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Fui director del área de Desarrollo Humano, y me preguntaba después ¿realmente colaboré al D.H. de los empleados de la empresa? Pero ¿en qué consiste el D.H., no sólo en una empresa sino en la vida?

Además de trabajar en el área de D.H., pertenecí a la Asociación para el Desarrollo de Personal, que agrupaba a diferentes empresas del país. En la Revista “Hombre y Trabajo” que publicaba la Asociación Colombiana de Relaciones Industriales y Personal, escribí un artículo titulado “Desarrollo de Personal: capacitación y mucho más”.

Bastantes empresas en Colombia ofrecen capacitación a su personal, pero ¿existen empresas que ofrezcan o faciliten desarrollo humano a sus directivos y empleados, o consideran más bien que esa es una responsabilidad de cada persona y no de la empresa?

Si capacitación es mucho más que instrucción, adiestramiento y entrenamiento, el desarrollo de personal es mucho más que capacitación. Pero desarrollo de personal suena todavía a desarrollo en el trabajo y para el trabajo; en últimas, parece desarrollo en beneficio de la empresa, así no se excluya el beneficio para las personas. Todo esto depende de la filosofía de cada empresa u organización; las empresas que buscan Calidad Total en Japón, proclaman que el objetivo principal de la empresa es la felicidad de sus miembros, tanto socios como empleados.

Esto último parece idealismo, pero tiene bastante sentido: utilidades, ganancias, crecimiento… pero todo eso ¿para qué?

Una empresa es un medio apto para el desarrollo de las personas, pues ofrece ingreso para vivir y ocupación; plantea permanentemente problemas reales que exigen creatividad, inteligencia y decisión para resolverlos; está compuesta por grupos de personas y el desarrollo humano integral no puede ser individualista sino social: necesita de los grupos y se apoya en los grupos. 

Las empresas tienen una responsabilidad social para contribuir al desarrollo equilibrado de la sociedad y para eso deben desarrollarse ellas, pero el desarrollo mismo de las empresas depende del desarrollo de las personas y de los grupos que las conforman. La empresa que busque el desarrollo de su personal, encontrará su propio crecimiento. La inversión en el desarrollo de personal es la más rentable de todas las inversiones para un plazo duradero, y el desarrollo integral se manifiesta en los resultados de la empresa.

Podríamos seguir ampliando las ideas sobre capacitación y desarrollo de personal, pero somos más que trabajadores: somos padres, madres, miembros de nuestras familias y de nuestras comunidades, somos ciudadanos. Nuestro desarrollo humano es para la vida.

El Desarrollo Humano Integral significa crecimiento y progreso, implica retirar los obstáculos que impiden el despliegue de la personalidad en su ser y en sus realizaciones.

Hay un desarrollo biológico u orgánico, desde la concepción hasta el nacimiento, desde la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad madura, la vejez y hasta la muerte…  Este es un primer aspecto del Desarrollo Humano, pero no termina con la muerte.

Al desarrollo biológico se integra un desarrollo psíquico, emocional, afectivo… que va desde el amor filial y familiar, ampliándose poco a poco, hasta un amor solidario por los demás; y no solo se ama a las personas, se ama lo que se hace y lo necesario para lo que se quiere lograr… 

Esto último nos remite al desarrollo intelectual y profesional. Desde la escuela primaria y su ambiente, crece la educación pasando por la adolescencia hasta la edad madura y, con ello, hay un desarrollo del conocimiento especializado y el ejercicio laboral y profesional al servicio de los demás y de la sociedad. Conocemos para hacer. Y este hacer, además de orientarse al desarrollo propio y de la familia, contribuye al desarrollo humano colectivo.

Tanto a nivel personal como colectivo, es necesario el desarrollo ético o moral. Es el desarrollo que orienta la búsqueda del bien en la verdad. El “instinto” moral está inscrito en la naturaleza humana, pero como todo lo humano, requiere de formación o crecimiento y el desarrollo moral se forma y crece en y con la comunidad humana histórica.

Son muchas, por lo tanto, las dimensiones del Desarrollo Humano… y nos falta una que le da sentido y valor a todas las demás: es la dimensión espiritual, trascendente o religiosa; es la dimensión del sentido o significado que tiene y le damos a nuestra vida individual y social. Este desarrollo trascendente se inscribe en el desarrollo histórico de la humanidad con sus luces y sus sombras, su progreso, su decadencia y su recuperación. 

Bajo la claridad del Evangelio de Jesucristo, el desarrollo sobrenatural de la fe, la caridad y la esperanza eleva, al más alto nivel, el desarrollo humano biológico, psíquico, intelectual y moral.

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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El presente artículo se inscribe en la misma línea que el excelente de Francisco Cajiao, Desafíos de la paz, publicado en este blog el pasado 17 de mayo.

¿La fotografía refleja un día nublado, o es un día soleado que tiene algunas nubes? Algo semejante podemos preguntar acerca de la cultura colombiana: ¿se trata de una cultura sesgada o somos una cultura sana, que presenta algunos rasgos culturales ciertamente enfermos, violentos, sesgados, dañados o decadentes? 

Mejor que hablar de una cultura sesgada, podemos hablar de enfermedades culturales en nuestra cultura colombiana, pues, aunque parezca difícil, afirmamos que nuestra cultura es fundamentalmente positiva; lo que ocurre es que, por insistir en lo realmente negativo, olvidamos los grandes valores y la belleza de la bondad humana de la gran mayoría de nuestra sociedad, especialmente notable en el amor de las madres, sean cuales sean sus circunstancias. 

Por lo general. ninguna persona es totalmente sana ni tampoco totalmente enferma. Lo mismo ocurre con las culturas y, en concreto, con la cultura colombiana. Prefiero hablar de enfermedades culturales en vez de sesgos culturales, porque al decir sesgos se necesitaría asociarlos a un punto de referencia que sería no-sesgado; en cambio, enfermedades son algo que, indiscutiblemente, implica un daño o un riesgo para la salud.

Nos bastan las películas y los noticieros -quizás en exceso- para visualizar las dolorosas escenas de atracos, violaciones, delitos, crímenes, corrupción, guerras… y todos los demás comportamientos violentos que podemos comprender y afirmar como efectos decadentes y deteriorados de las enfermedades culturales de una sociedad.

Concretamente en Colombia, podemos constatar que sus enfermedades culturales se manifiestan en rasgos racistas, clasistas, machistas, violentos, excluyentes, discriminadores… y que llevan a insultar, ofender, atacar, violentar y matar. Una de las causas del manejo doloroso de los conflictos en Colombia es, sin duda, ese conjunto de enfermedades culturales heredadas y persistentes.

Si una cultura es el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida de una sociedad o grupo social, cuando las significaciones y valores de esa sociedad manifiestan enfermedades culturales, su modo de vida o manera de actuar deriva en la violencia que se observa en sus múltiples expresiones. 

Uno de los hallazgos que la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la convivencia y la no-repetición, encontró en sus investigaciones está expresado así: 

Uno de los primeros factores de persistencia del conflicto armado es la herencia cultural excluyente del otro, que media en la justificación de la violencia contra determinadas poblaciones y territorios, y marcan con violencia las relaciones políticas, sociales y económicas. Los discursos, valores, ideas, imaginarios y prejuicios que alimentan esos rasgos de la cultura pueden rastrearse desde antes de la formación del Estado Nación y son anteriores al conflicto armado… Esas exclusiones no solo pusieron a estas poblaciones y territorios en situación de mayor vulnerabilidad al impacto de la guerra, sino que también marcaron la desproporcionalidad de la violencia del conflicto armado contra ellas, pues los actores armados reprodujeron estos rasgos culturales en sus prácticas. Estos rasgos culturales (enfermos) se reproducen también en nuestras relaciones políticas; los discursos de los partidos tradicionales que llevaron a la Violencia de los años cincuenta marcaron una manera de convertir los sujetos de la oposición política en enemigos de la nación… El desprecio por el otro también ha marcado las relaciones económicas.

En una palabra: el diagnóstico de las enfermedades culturales que nos aquejan consiste en que no reconocemos al otro como legítimo otro.

Siguiendo con la imagen médica: nadie cura a nadie, sino que nuestra “parte” sana es la que puede curar nuestra “parte” enferma. Así, la mayor parte sana de la cultura colombiana es la que puede sanar sus rasgos enfermos. 

Nos adherimos a las recomendaciones de la Comisión para transformar esos aspectos violentos de nuestra cultura que operan sobre cada uno de nosotros y sobre el conjunto de la sociedad, pues la mentalidad, los valores y los comportamientos son centrales en la transformación de la cultura, sin la cual es imposible la transformación de la sociedad.

Si queremos una sociedad en paz, tenemos que construir una cultura de paz. La Comisión apela a los rasgos culturales predominantes en Colombia: a la solidaridad de las mujeres y a la unidad familiar, a los jueces que prefieren exilarse antes que traicionar el deber de buscar justicia, a los políticos que luchan por las transformaciones que el país necesita, a los empresarios que rechazaron el paramilitarismo… En ellos y tantos otros que han privilegiado la vida, la dignidad y la convivencia pacífica, podemos inspirarnos como sociedad. 

Las recomendaciones se dirigen a una educación para la formación de sujetos que vivan en paz; a una estrategia coordinada a nivel nacional, regional y local para una cultura de paz; a los medios de comunicación y a las comunidades religiosas para fomentar el valor de la dignidad de todas las personas, el respeto de los derechos humanos, el diálogo,  reconocimiento y respeto de la diversidad, de tal manera que contribuyan a desinstalar las narrativas de odio que legitiman y aceptan la eliminación y agresión física al otro.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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Antes de la edad globalizada, en occidente desconocíamos bastante a oriente y oriente desconocía bastante a occidente. La sabiduría que revivimos en el presente artículo, “producida” en el oriente-medio, nos invita a reconocer lo mejor para ambas tradiciones culturales, para hoy y para siempre.  

Los libros de Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico, Sabiduría, por no nombrar a Job y Salmos, nos transmiten una tradición milenaria y perenne. Degustemos algunos de sus abrebocas. 

Y al tiempo, acogeremos el comentario de un amigo al artículo Un libro leído en grupo, cuando dijo que leer los cuatro evangelios sigue siendo fuente de inspiración. ¡Dejémonos inspirar!

“Hijo mío, escucha los avisos de tu padre, no rechaces las enseñanzas de tu madre”. “Planten un árbol bueno y tendrán un fruto bueno”. Somos en gran parte, lo que fue nuestro hogar; si queremos una sociedad sana, debemos educar desde pequeños.

“No permitas que te abandonen bondad y lealtad, cuélgatelas al cuello, escríbelas en la tablilla del corazón”. “De la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad”. La calidad de las lecturas enriquece el tesoro del corazón.

“La sabiduría proclama por las calles, en las plazas levanta la voz… presten atención a mis correcciones y les abriré el corazón comunicándoles mis palabras”. “Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto: ciento o sesenta o treinta”. Y como dijo un discípulo: a dónde iremos Señor, si Tú tienes palabras de vida eterna.

“Dichoso el hombre que alcanza sabiduría, el hombre que adquiere inteligencia” “Ustedes son la luz del mundo… “¿Se enciende una lámpara para meterla en un cajón o debajo de la cama?” Las cualidades que tenemos no se deben enterrar, se deben cultivar y ponerlas al servicio de los demás. 

“No niegues un favor a quien lo necesita si está en tu mano hacérselo”. “Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite” “Traten a los demás como quieren que los demás los traten”. “Gratuitamente han recibido, gratuitamente deben dar”. Gratuidad es la cualidad de dar o recibir, sin tener que esperar nada a cambio. Haz el bien sin mirar a quién.

“Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia”. Si queremos que nos traten bien, primero tratemos bien a los demás y, además, como veo a los otros, ellos me verán a mí. Y no hagamos a otros lo que no quisiéramos que nos hagan.

“Tal es la suerte de la codicia sin límite, que quita la vida a su dueño”. “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida?” Lo primero es lo primero, pero ¡cuántas cosas secundarias nos roban lo más importante!

“La justicia hace prosperar a una nación, el pecado es la ruina de los pueblos”. “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Una de las características de la justicia es la de dar a cada uno lo que le corresponde. “Por qué tomas a mal que yo sea generoso…” Si todos recibimos lo que nos toca, no debemos ser envidiosos si otros reciben más que nosotros.

“Un reino dividido internamente va a la ruina”. No hay que provocar la discordia para sacar partido; mejor que dividir, es unir. “Por falta de gobierno se arruina un pueblo, y se salva a fuerza de deliberación” “Fracasan los planes cuando no se consulta, y se logran cuando hay consejeros”.

“Respuesta amable aplaca la ira, palabra hiriente aviva el enojo. De la lengua de los sabios brota sabiduría, de la boca del necio, necedades” “La boca del justo es manantial de vida”. “No contamina al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella”. “Por tus palabras te absolverán y por tus palabras serás condenado”. Eres esclavo de tus palabras y dueño de tu silencio. 

“Un árbol sano da frutos buenos, un árbol enfermo da frutos malos… por sus frutos los reconocerán”. Obras son amores y no buenas razones. Si el corazón está dañado, las acciones serán destructivas; obramos el bien si somos limpios de corazón. “Está permitido en sábado hacer el bien”. Para hacer el bien no hay que pedir permiso.

“Corazón contento cara feliz, corazón abatido desalienta el espíritu… Para el desgraciado todos los días son malos, el corazón contento está siempre de fiesta… mirada serena alegra el corazón” “Felices los que trabajan por la paz porque se llamarán hijos de Dios” Según la actitud que cultivemos, será nuestro modo de andar por la vida: alegres o amargados.

“Si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza, dirían a aquel monte que se trasladara allá y se trasladaría”. La fe mueve montañas, pero la fe necesita poner manos a la obra. Quien quiere hacer algo, encuentra los medios; quien no quiere, inventa excusas. 

“Quien entre ustedes quiera llegar a ser grande, que se haga servidor de los demás”. Servir no es humillante sino honroso; así como lo más útil es lo que más sirve, así el ser humano más valioso es el que sirve mejor.

“No solo de pan vive el hombre” Hay que cuidar la vida, pero hay que preguntarse por el sentido de esa vida que protegemos, y responderse. “El que busca justicia y misericordia alcanzará vida y gloria” “El generoso será bendecido porque repartió el pan con el pobre”. La autenticidad del ser humano la realiza en su autotrascendencia: en salir de sí mismo, en sus relaciones, en ser para los demás. El hombre se encuentra a sí mismo al trascenderse a sí mismo.

“La necedad del hombre le hace perder su camino” “Al hombre le parece siempre recto su camino, pero es Dios quien pesa los corazones”. “El Señor dirige los pasos del hombre” Dejémonos guiar por Él en nuestro diario caminar.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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