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Vicente Alcalá

Autorretrato

Por Vicente Alcala
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Este autorretrato resalta rasgos de autoestima y de pensamiento positivo. Todos los tenemos, así nos haga falta reforzarlos. Para mantener el equilibrio de género, cada afirmación la expresamos anteponiendo el sujeto implícito: “Soy una persona…”  y continuamos con cada rasgo. 

Soy una persona asertiva. Digo y hago lo que pienso correcto. 

Soy … curiosa. Observo mi entorno con atención. 

Soy … agradable. Me despreocupo de tener que agradar a otros. 

Soy … inteligente. Cada día mejoro mi inteligencia. 

Soy … crítica. Verifico antes de aceptar.  

Soy … alegre. Manejo mis tristezas.  

Soy … creyente. Señor ¡aumenta mi fe!  

Soy … investigadora. Pregunto y me pregunto. 

Soy … artista. Aprecio la belleza en todas sus formas

Soy … ilustrada. Estudio y me informo.

Soy … amorosa. Recibo amor y comparto amor.        

Soy … educadora. Enseño con el buen ejemplo.

Soy … comunicativa. Escucho y converso.

Soy … autónoma. Actúo con independencia. 

Soy … veraz. Amo la verdad y la integridad.

Soy … proactiva. Tomo las riendas de mi vida. 

Soy … constante. Persisto en mis objetivos.

Soy … privilegiada. Agradezco y correspondo.

Soy … eficiente. Sigo siendo eficiente a mi manera. 

Soy … productiva. En lo material y lo inmaterial. 

Soy … creativa. Original e imaginativa.

Soy … paciente. Supero mis impaciencias. 

Soy … pacífica. Vivo en paz y promuevo la paz. 

Soy … optimista. Miro el lado bueno de las cosas.

Soy … responsable. Realizo mis tareas con juicio.  

Soy … coherente. Vivo de acuerdo con mis valores.

Soy … cívica. Me preocupo por mejorar la sociedad.

Soy … sana. Cuido mi buena salud.  

Soy …mística. Siento a Dios en todo.

Soy … recursiva. Encuentro solución a los problemas.

Soy … confiada. Espero que ocurrirá lo mejor.

Soy … segura. Me sobrepongo a mis temores.    

Soy … fuerte. Tengo una suave fortaleza.     

Soy … capaz. Logro lo que me propongo.

Soy … consciente. Y atiendo al subconsciente y al inconsciente. 

Soy … sensata. El Espíritu Santo me ilumina. 

Soy … innovadora. Utilizo las nuevas tecnologías

Soy … piadosa. María ¡enséñame a orar!

Soy … buena gente. Me gusta la gente.

Soy … empática. Acepto a los demás como son.

Soy … lúdica. Tengo buen humor.

Soy … solidaria. Ayudo siempre que puedo.

Soy … protectora. De las personas y de la vida. 

Soy … colaboradora. Participo en mi comunidad.

Soy … equitativa. Descubro y combato las injusticias. 

Soy … prudente. Mesurada y discreta.

Soy … sensible. Me duelo con el dolor ajeno.

Soy … generosa. Comparto lo que he recibido.

Soy … honesta. Hablo y actúo con honradez

Soy … humilde. Aprecio a los demás y a mí también, ySoy como soy. Mi balance es muy positivo.

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2026

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En la izquierda: ¿quién tiene la razón? ¿cómo se ponen de acuerdo? ¿cuándo se conoce de verdad? ¿la verdad es lo que le parece a cada uno? En la derecha: ¿para dónde cogemos? ¿qué hacemos? ¿qué será mejor o qué nos perjudicará? ¿será necesariamente bueno lo que más me agrada? ¿cómo actuar bien?

El problema de los diversos puntos de vista no es solo para situaciones tan sencillas como la de 6-9, sino que se presenta desde las relaciones de pareja, dentro de un grupo, dentro del país y hasta internacionalmente entre los países. El 6-9 del dibujo de la izquierda se puede reemplazar por el mapa de Colombia y los dos observadores se convierten en dos miradas para ver el país. 

Conocer de verdad el país

Y…actuar bien por los demás

Lo importante es conocer de verdad el paìs y trabajar por el bien de todos.

La verdad de Colombia ¿será la mirada de la “izquierda” o la mirada de la “derecha? o ¿será la realidad del país con sus regiones diferentes, con cifras comprobadas, con los problemas sufridos y sentidos por los ciudadanos, con los datos económicos sin maquillajes, con los recursos naturales inventariados, con el mercado internacional que es y que puede ser, con la situaciòn de la salud, con el regimen jurídico vigente?  Y esa verdad no depende de opiniones o ideologìas, sino de la compleja realidad, observada, comprendida y comprobada. 

En el dibujo de la derecha, se representa el problema ético para actuar; no sólo para decisiones individuales, sino que las parejas, las agrupaciones y las colectividades están abocadas a decidir entre varias alternativas y actuar de acuerdo con lo decidido. Un caso concreto de decisión es el de la votación electoral: se investiga, se conoce, se delibera, se decide y se vota; desafortunadamente, esa no es la práctica general.  

La verdad es meta del conocer humano. El bien es finalidad del actuar humano. Es perjudicial actuar sin pensar o actuar por intereses individuales contra el general. Lo mejor es comprender antes de actuar y actuar bien. 

“No se puede amar lo que no se conoce”. “No hago el bien que veo y quiero, y hago el mal que vislumbro y no quiero”. “Si hubiera sabido, habría actuado diferente”. “La comprensión permite la acción inteligente, la falta de comprensión conduce a la actividad estúpida”. “Si conociéramos las consecuencias de lo que hacemos, probablemente actuaremos mejor” ... Las frases anteriores revelan la relación entre el conocimiento y la acción, la importancia de la verdad para conseguir el bien. 

Dicho así, parece algo muy teórico, pero, ser práctico es hacer cosas inteligentes, ser impráctico es seguir haciendo disparates. Los actos de entendimiento propician la actividad eficaz y eficiente, el progreso y el desarrollo (tanto en lo personal como en lo social); por el contrario, la falta de comprensión conduce a decisiones estúpidas y actuaciones ineptas, las cuales derivan en deterioro de las situaciones y en procesos de decadencia (tanto en lo personal como en lo social). 

Todo lo anterior nos lleva a reflexionar sobre la importancia del conocer acertadamente y del actuar correctamente (incluso para votar). No basta tener criterios de verdad para conocer, sino también tener criterios éticos que dirijan nuestro comportamiento; no es válido pensar que la verdad depende de cada parte, ni aceptar que lo bueno es algo relativo dependiendo de lo que quiera cada uno. A veces, no es que se busque el mal, sino que se busca mal, no es que se escoja el mal, sino que se escoge mal.

¿Se puede aceptar que todo vale, que cada quién tiene su verdad? ¿que todo es relativo y da igual lo que se decida? ¿que actuemos primero para pensar después? ¿que si pensamos mucho, no conseguiremos nada? 

¿Es posible tener una verdad objetiva, al conocer? ¿Es posible juzgar imparcialmente lo que es bueno-mejor y lo que es malo-perjudicial, para actuar?

Sería muy extenso detallar el proceso para determinar lo que es verdadero o no; y el proceso para definir los criterios éticos fundamentales. 

El conocimiento hay que mirarlo hacia “dentro” de nosotros mismos (como sujetos que conocemos) ¿qué hacemos al conocer? Ver, oír, oler, tocar, saborear, imaginar; después: preguntar, indagar, comprender, reflexionar, suponer, comprobar, afirmar. Necesitamos conocernos como sujetos que conocemos (hay que comprender y asimilar la estructura dinámica del ser humano capaz de conocimiento y de acción moral). 

¿He tenido algún accidente por no estar atento? ¿he tenido algún problema por no entender bien? ¿he tenido dificultades por juzgar equivocadamente? ¿qué consecuencias ha tenido, actuar alguna vez de manera inadecuada? Ayudará tener presentes estos preceptos universales: sé atento, sé inteligente, sé razonable, sé responsable, sé amoroso.

El conocimiento hay que mirarlo también hacia “afuera” (a los objetos del conocer) desde lo microscópico y microbiológico, lo biológico, hasta lo humano, lo histórico, lo planetario, lo cósmico, lo trascendente. Necesitamos conocer el “mundo” que nos rodea: las necesidades, las oportunidades, las personas, los acontecimientos y los recursos…

PRECEPTOSUNIVERSALES

Solamente hay conocimiento verdadero cuando afirmamos que algo es así, tal como es en realidad, cuando hacemos un juicio cierto sobre una situación determinada; y hay mentira cuando afirmamos lo que no es, cuando hacemos un juicio equivocado o malintencionado sobre algo. Mientras no hay afirmación o juicio, no hay todavía ni verdad ni mentira.

Pero, afirmamos y conocemos para actuar, y al actuar afrontamos el valor ético o moral; somos responsables de lo que hacemos y de sus consecuencias. Necesitamos respondernos: ¿vale la pena hacer esto? ¿es mejor hacerlo o no hacerlo? ¿qué es lo más benéfico para mí y para los demás? ¿qué es lo verdaderamente bueno y no sólo aparentemente bueno? Después de conocer, es preciso discernir, deliberar, decidir y realizar lo decidido. Se actúa para buscar el bien, pero debe ser el bien de todos, no sólo el bien propio.   

Conocer de verdad y actuar bien son dos tareas fundamentales de todo ser humano, y esas dos tareas hay que realizarlas en el ámbito personal, en la relación con los demás y en la esfera de lo público, lo político y lo social. Podemos engañar a otros, pero no podemos engañarnos a nosotros mismos porque nuestra conciencia intelectual y nuestra conciencia moral nos dan testimonio de la verdad y de la bondad.  

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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Esta conversación es personal pero no excluyente; es íntima pero no secreta; es directa, de tú a tú, pero también es reflejo, al compartirla; es hablada, pero también la transcribo. 

  • Como sabes María, mis padres te veneraban, te amaban, confiaban en ti, y por eso nos fueron “presentando” ante tu altar a cada uno de los cinco hijos, para “ofrecértenos” y para pedir tu protección. Así lo has hecho y lo haces. Te agradezco por mí y por ellos. 

Más tarde, recibías el Rosario que rezábamos todos los días en familia, dirigido por mi papá (mientras le cogía el sueño) en agradecimiento especial porque lo “habías traído” del frente de la guerra, sano y salvo.

Crecí y a los 16 años, me fui al Puerto de Santa María, al noviciado. Y después en Córdobaestrenamos la imagen que aparece en la siguiente fotografía: Nuestra Señora del silencio.

En este mismo blog, escribí el 25 de diciembre de 2020 “Un viaje mariano” y en él recorrí muchos lugares que habíamos visitado, reproduciendo fotos de santuarios, esculturas, columnatas, altares, dedicados a ti y con tu imagen múltiple. Una de las fotografías recuerda la visita a la casa en que, según la tradición, viviste tus últimos días con el discípulo Juan, en Éfeso; me produjo una tierna emoción.  

En otros artículos he hablado de ti de alguna manera, especialmente al escribir sobre diciembre y la Navidad. Parecería que ya te conozco bastante… pero ¿por qué te pregunto Cómo eres María?

A veces, durante la Misa por T.V. pasan imágenes tuyas muy bellas, así como, en muchas épocas. grandes artistas te han pintado cuadros inmortales Con todas esas representaciones podríamos decir que ya te conozco suficientemente; pero sé también que todas ellas son eso: representaciones; creadas por devotos que se inspiran, como modelos, en jóvenes cercanas con los rasgos de cada región.

Por qué te pregunto ¿cómo eres María? Porque cuando hablo contigo para saludarte o para rogarte, de pronto me pregunto ¿eres la Virgen del Mar, o la Virgen de Guadalupe, o la Virgen del Pilar, o la Virgen del Rosario, o la Virgen de Aparecida, o la Virgen de los Dolores, o María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o la Virgen de Chiquinquirá…? (Advierto cómo muchas mujeres llevan tu nombre, María, y otros inspirados en ti: María del Mar, Guadalupe, Rosario, Asunción, Piedad, Dolores, Salud, Pilar, Carmen, Mercedes, Lourdes, Fátima, Inmaculada…)

Tus “apariciones” han sido muchas y locales; te has manifestado a través del tiempo y de los continentes, pero tú eres tú, eres la misma, eres una. Es difícil imaginarte en Nazareth o durante tu vida de Sagrada Familia, o acompañando a Jesús en sus correrías; entonces ¿cómo eres? 

Cuando hablo con mi mamá, por ejemplo, miro su fotografía y me acuerdo de cómo era en distintos años… pero contigo ¿cómo hago? Si te imagino en alguna de las advocaciones, me ayudo, pero no eres así exactamente… a la vez, si no te imagino… y no sé bien cómo eres… ¿cómo me dirijo a ti? ¿con los ojos cerrados?

  • Gracias, Vicente, por preguntarme cómo soy. Muchos piensan que hablar de sí mismo es vanidad o es algo presuntuoso, pero puede ser un acto de humildad, porque la verdadera humildad consiste, no en menospreciarse a sí mismo, sino en ser capaz de apreciar lo que una ha recibido y en apreciar a los demás. 

Yo soy humilde en ese sentido, yo soy la sierva del SeñorMi alma canta la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador… porque ha hecho grandes cosas en mí. Mucho se habla de mi maternidad virginal, y lo más grandioso es que la acción de Dios hizo posible el nacimiento de Jesús: la concepción y la resurrección de Jesús son dos intervenciones directas de Dios sobre el mundo material, son dos elementos fundamentales de la fe y signos luminosos de esperanza. Si Dios no pudiera intervenir también en el mundo material, entonces ¿qué Dios sería?  

Yo soy una mujer de fe: cuando escuché que concebiría y daría a luz un hijo, yo dudé, pero cuando seguí escuchando que el Espíritu Santo vendría sobre mí y que el poder del Altísimo me cubriría con su sombra, que el que iba a nacer sería santo y llevaría el título de Hijo de Dios… yo creí y dije hágase en mí según tu palabra.

Yo soy una buena madre. Cuando nació Jesús, yo lo envolví en pañales y lo acosté en el pesebre. A los ocho días, al tiempo de circuncidarlo, le pusimos por nombre Jesús y cuando llegó el día de su purificación, lo llevamos a Jerusalén para presentarlo al Señor. Yo cuidé de Jesús en sus primeros años, lo acompañé toda su vida y fui muy buena esposa con José. Hoy soy buena madre de la Iglesia.

Yo soy servicial y me preocupo por los demás. Cuando supe del embarazo de mi prima Isabel, me levanté y me dirigí a su casa para saludarla y la acompañé durante tres meses. Durante la boda en Caná, me di cuenta de que se les había acabado el vino en la celebración, por eso le dije a Jesús no tienen vino, y a los sirvientes hagan lo que él les diga. Actualmente, me preocupo por todos mis hijos “adoptivos” y los ayudo.

Yo sufrí, como cualquier madre: cuando a los doce años, Jesús se nos perdió y lo buscamos por tres días; sobre todo, sufrí terriblemente cuando torturaron y crucificaron a mi hijo (como expresa la imagen de La Piedad en la portada del artículo). De ahí en adelante, sufro con el dolor de los hombres y mujeres, niños y ancianos, a través de la historia.

Soy una mujer llena de confianza y esperanza. Cuando tenía el cadáver de mi Hijo sobre mis piernas, no dudé en que la cosa no terminaba ahí; sabía que su muerte no había sido en vano. Ahora no necesito para mí la esperanza, porque ya vivo la Resurrección que Jesucristo nos mereció, pero vivo la misma esperanza para cada uno de ustedes y para la humanidad, a pesar de sus guerras y sus desastres.

Me han proclamado Madre de la Iglesia porque Jesús me encomendó a su discípulo, como si fuera un hijo mío y, en él, a todos los demás. Desde el comienzo y a través de estos veinte siglos, el amor y la piedad de los creyentes me ha venerado (como enunciaste con algunas de las advocaciones marianas) y ha rogado mi intercesión ante Dios Padre, mi hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Aquí estoy para eso. 

  • María, muchas gracias por recordarme cómo eres; “te has quedado corta”. Si no puedo verte ni imaginarte tal como eras, puedo conocerte un poco más en tu personalidad, tu feminidad y tu espiritualidad.

Quizás una forma de dirigirnos a ti sea uniéndonos a la comunidad que, en cada región, te venera y te ruega. Yo puedo seguir familiarizándome cada vez más contigo y seguir diciéndote, con todos tus fieles:Hola, Ave María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Ave María… madre de misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra… a ti clamamos, muéstranos a tu Hijo… 

ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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Las imágenes que anteceden se me vinieron a la mente cuando trataba de contestarme la pregunta del título y quería compartir mi respuesta; pueden servir como analogía para entender mejor el tema de fondo de este artículo.   

En las tertulias de exjesuitas, la plataforma Zoom va enfocando la pantalla del que interviene en cada momento. Si el que habla quiere dirigirse a un participante en particular, no sé si la aplicación puede enfocar a quien es aludido; de todos modos, los que estamos conectados a la sesión escuchamos la conversación, así se particularice. 

En otro contexto diferente y, gracias al chat grupal Whats App, los miembros de una familia pueden escucharse y verse simultáneamente, aunque se encuentren en países diferentes. Esto lo podemos experimentar cualquiera de nosotros con los nuestros: hablamos para todos, y en momentos determinados nos dirigimos en particular a uno de los “presentes”, pero todos estamos escuchando.

Hasta aquí, esas situaciones son experimentables, y dentro de ellas, la respuesta a la pregunta del artículo es clara. Quizás, cuando se habla en público o se escribe, no siempre se es tan preciso ni consciente de a quien se dirige la comunicación; como que se “diluye” o generaliza. De todas maneras, las dos fotos y las situaciones que quieren representar son solo una ayuda, una especie de introducción, una analogía, porque la pregunta que me hago, y que encabeza el presente artículo, es más profunda:

¿A quién me dirijo cuando me relaciono con Dios?  

Esta pregunta, se debe a una inquietud personal, pero es probable que algunos de ustedes hayan tenido, en algún momento, inquietudes semejantes; o por lo menos, les pueda interesar esta reflexión. El artículo lo escribo para mí y lo dirijo a mí, pero no estoy encerrado en mí; quiero compartirlo.   

A través de la historia, y en la actualidad, muchas personas, grupos, comunidades… se dirigen a Dios de muchas maneras. Según las creencias, lo llaman de manera diferente y es probable que lo piensen o lo imaginen o lo conozcan de forma distinta, o se sientan “agnósticos”. 

Me detengo aquí un momento y digo: Espíritu de Dios, Espíritu Santo, dame luz para contestar la pregunta y para saber expresar la respuesta. 

Cuando me dirijo a Dios, ¿cómo siento y pienso a Dios?  

¿A Dios sin precisar más, como en abstracto? ¿sin saber bien con quién me relaciono, sólo trascendente, lejano, “etéreo”? o 

¿A Dios-Padre? ¿o a Jesucristo Hijo de Dios? ¿o a Dios-Espíritu Santo?  

Muchas veces, me pasa lo primero: no personalizo a Dios, sino que lo nombro casi “de memoria”, no lo identifico. Y no quedo satisfecho. Digo ¡Dios mío! Pero ¿quién es este Dios mío?

No lo “veo” ni lo visualizo; no lo imagino… pero, por lo mismo, no lo personalizo. ¿A quién me dirijo? Y ¿a quién me quiero dirigir, en adelante?

Por parte de Dios, no hay diferenciación: si me dirijo a Él, siempre está presente, es Uno, y lo que le diga al Padre, al Hijo o al Espíritu, es recibido en su Unidad… de manera semejante a como en una conferencia virtual, todos escuchamos lo que se dirija a uno de los “presentes” en particular. Lo que no puedo seguir haciendo es hablarle a Dios “en general” (como hablarle a un auditorio sin dirigirme a nadie en particular, o escribir sin destinatario). Puedo hablarle a Dios, sin más, pero eso es… no sé. 

Por parte mía, sí puedo diferenciar: ¿me dirigiré a Dios-Padre; escucharé a Dios-Hijo, hecho hombre; seré movido e inspirado por el Espíritu de Dios? 

La respuesta a la pregunta ¿A quién me dirijo? va a ser diversa, teniendo en cuenta varios aspectos: en qué situaciones me dirijo a Dios (si me encuentro ante la naturaleza, en la vida familiar, en el trabajo, en el ámbito social o político); si me dirijo personalmente o lo hago junto a una comunidad; con qué matiz me dirijo a Dios (para agradecerle, para alabarlo o glorificarlo, para pedirle); y cuando es con esta última finalidad, ¿lo hago  para rogar para mí, o para mis grupos, o para los demás sin límite, para la humanidad? 

Cuando agradezco a Dios, ¿a quién trato de hacer presente? Cuando pienso en el Creador de la naturaleza, ¿en quién pienso? Cuando oro, pidiendo alguna ayuda, ¿a quién me dirijo? Cuando quiero tener claridad o discernir ante una situación compleja ¿a quién le solicito lucidez? Cuando le digo Señor sálvame ¿quién es este Señor al que me dirijo? 

No son preguntas teóricas, sino existenciales, porque me ocurre algo semejante a lo expresado anteriormente. La respuesta no será única, pues son diferentes las situaciones y las intenciones. Comenzando con una respuesta de fe, puedo recibir alguna orientación en la Sagrada Escritura y en la Liturgia de la Iglesia: 

En un momento de la Eucaristía, se nos invita a rezar la oración que Jesús nos enseñó, y los asistentes decimos “Padre Nuestro…” (Mateo cp.6, 9-13).  Es una oración comunitaria y nos dirigimos a Dios, sabiendo que es nuestro Padre, creador, generoso, protector, poderoso… y es nuestro Padre común -de todos los hermanos- que hace salir el sol sobre buenos y malos. “Miren las aves del cielo; no siembran ni cosechan ni recogen en graneros y, sin embargo, el Padre del cielo las alimenta ¿No valen ustedes más que ellas?” (Mateo cp. 6, 26)

Jesús en su vida -conocida por los Evangelios- nos enseña a orar, y sus discípulos le piden que les enseñe a orar. Señor, yo también te pido: ¡enséñanos a orar, aumenta nuestra fe! Los discípulos, en medio del peligro, le pidieron: Señor sálvanos. Jesucristo, con su vida, muerte y resurrección, acercó a la humanidad más a Dios, le consiguió el perdón, la salvó de la muerte definitiva, le dio la Salvación que es la esperanza de unión con Dios en una Vida transformada. En ocasiones especiales, necesito decir: Señor Nuestro Jesucristo ¡sálvame! Recuerdo una ocasión en que sentí la necesidad de salvación como nunca la había sentido porque sólo había creído “teóricamente” en ella; y en esa ocasión, en la que me sentía “en la olla” es cuando más sentí a Jesucristo Salvador.

El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre les enseñará todo y les recordará todo lo que les he dicho” (Juan cp.14, 26), prometió Jesús antes de despedirse. Y yo le pedí -en un párrafo anterior- que me iluminara en lo que estoy escribiendo. Es bueno que pida los dones del Espíritu Santo (sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) y que sienta los frutos del mismo Espíritu (caridad, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, continencia…). El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y es Quien produce la unidad entre los creyentes y ayuda a que se pueda producir la unidad entre todos los seres humanos. Es el Espíritu de Dios

Es claro: una cosa es hablar sobre Dios, y otra cosa es hablar con Dios. Se pueden hacer las dos cosas, pero la más importante -creo- es la segunda: hablar con Dios. 

Yo y nosotros en la Iglesia, nos dirigimos a Dios Padre, a Dios hecho hombre en Jesucristo y a Dios Espíritu Santo. Es un solo y único Dios, pero -por decirlo así- tiene tres caras para nosotros. Se manifiesta de tres maneras para nosotros.  

Dios es trascendente, único, distinto a su creación, y a la vez es inmanente, cercano, unido necesariamente a su creación y a nosotros. Decir eso no es contradictorio, así como no es contradictorio pensar en el aire que es externo a nosotros, pero a la vez, es tan íntimo a nosotros que no podríamos vivir sin él. Dios es distinto a su creación, pero actúa permanentemente en su creación y ésta no podría ser ni actuar sin su Dios. Dios es totalmente otro a mí, pero actúa permanentemente en mí y yo no podría ser ni actuar sin Él. 

He tratado de responderme aquí una inquietud propia; no obstante, espero que también les pueda ayudar a ustedes, amables lectores, de alguna manera. Termina aquí, pero no la necesidad de seguir aprendiendo a adorar, agradecer y pedir a Dios Nuestro Señor; confiando en él, amándolo sobre todas las cosas… y buscando que esta relación fundamental inspire y dirija siempre todas nuestras demás relaciones.

En adelante, no me dirigiré a Dios, en abstracto, como a un Dios impersonal, extraño, “etéreo” sino a Dios Padre, a Dios Hijo-Jesucristo y a Dios Espíritu Santo. 

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

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En la tertulia sobre “Experiencias cercanas a la muerte” que tuvimos el 8 de agosto, conversamos sobre las vivencias ajenas de quienes han muerto clínicamente y se reaniman. Permítanme compartir con ustedes, algunas de mis reflexiones.

La meta de la maratón no es frustración ni negación de la maratón; la muerte no es frustración ni negación de la vida. 

La carrera no tiene sentido sin la coronación en la meta. La vida no tiene sentido sin la coronación en la muerte. Pero traspasar la meta de la maratón no significa la terminación de ser atletas, como tampoco el paso de la muerte significa el término de la VIDA. 

La afirmación del título me gustó y reconforta a cualquiera que la comprenda. Sobre todo, como preparación. Mientras avanzo al escribir este artículo, una familiar muy cercana está en un momento de mucho sufrimiento cercano a la muerte y, de pronto, piensa uno que este escrito no es realista. Pero sí, ambas cosas son muy verdaderas: el dolor de la enferma y la afirmación de la vida.

Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un sicólogo muy importante. Entre sus muchas obras se encuentra un artículo titulado “Alma y muerte” que, en otras versiones, se tituló: “De la psicología de la muerte” y “Realidad del alma”. 

Joseph Ratzinger (1927-2022) fue un filósofo y teólogo destacado. Fue Papa de la Iglesia Católica desde 2005 hasta su renuncia en 2013. Entre sus muchas obras, escribió sobre la muerte, el alma y la vida eterna.

“El alma, reflejo del mundo y del hombre, es de tal diversidad que se la puede contemplar desde infinitos puntos de vista”. Parafraseando este pensamiento, podemos decir que la muerte es tan misteriosa que se le ha contemplado desde multitud de perspectivas: la mitología, el arte, la medicina, la biología, la literatura, la filosofía, religión… (Encuentro más de 70 páginas con un promedio de 10 artículos relacionados).

Jung escribe así: “La vida es un proceso energético como cualquier otro. Pero todo proceso energético es en principio irreversible y por lo tanto está claramente orientado a un objetivo, y el objetivo es el estado de reposo… El nacimiento del ser humano está preñado de significado; ¿por qué no la muerte? El joven es preparado durante veinte o más años para el desarrollo completo de su existencia individual; ¿por qué no ha de prepararse luego otros veinte o más para su final?… Parece, pues, estar más conforme con el alma universal de la humanidad que contemplemos la muerte como la consumación del sentido de la vida y como su objetivo más legítimo, que como una absurda interrupción”.

Jung habla de la muerte basado en su enorme experiencia psicológica con miles de individuos cuya actividad anímica inconsciente siguió hasta muy cerca de la muerte pero, además, descubre que, colectivamente, a lo largo de los milenios, los símbolos acerca de la muerte han ido creciendo poco a poco, al igual que las plantas, como revelaciones naturales del alma de la humanidad. Para él, los arquetipos de la muerte y de la vida después de la muerte, son manifestaciones del inconsciente colectivo. 

El consenso de los pueblos tiene interpretaciones expresas de la muerte, que se han manifestado inequívocamente en todas las grandes religiones de la tierra, para las cuales el sentido de la existencia se completa con su final. 

Sería muy largo detallar las reflexiones de Jung, basadas en su experiencia profesional. Es conveniente pasar a la segunda afirmación: la finalidad de la muerte es LA VIDA.

Joseph Ratzinger escribe: “¿Qué lleva al ser humano a tener el ansia de perdurar? No es el yo aislado, sino la experiencia del amor… la inmortalidad no anida en el hombre mismo sino en una relación, en la relación hacia lo que es eterno y lo que otorga sentido a la eternidad. Esto permanente que puede dar vida y dar plenitud a la vida es la verdad, es el amor. El hombre puede vivir eternamente porque es capaz de tener relación con lo que da eternidad. Y aquello que da sustento a esa relación en el hombre lo llamamos ‘alma’… la verdad, que es amor, y que se llama Dios, da al ser humano eternidad”.

Es lo que dijo Jesús, con palabras más sencillas: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida… Yo soy el camino, la verdad y la vida… El Padre me ama y me da el Espíritu sin medida… a los que creen se les da la capacidad de ser hijos de Dios y tendrán VIDA eterna… En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones y voy a prepararles un sitio… Ahora vemos como en un mal espejo, después veremos a Dios cara a cara… Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me diste para que sean uno como nosotros… para que el amor con que tú me amas esté en ellos y nosotros en ellos… LA VIDA es la unión con Dios Padre, Hijo y Espíritu: esa es la finalidad de la muerte.

“Quien cree en mí, no morirá para siempre; aunque muera, vivirá” (Juan 11:25-26).

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2024

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En este Jueves Santo, este cuadro podría parecer un anacronismo: una “Última Cena” con campesinos de La Macarena; Jesús con túnica y los campesinos con alpargatas y carriel.  

Se trata de una representación artística del Misterio de la Eucaristía, actualizado en Colombia, según la invitación de Jesús: “Hagan esto en memoria mía”  

Pero ¿qué es lo que debemos hacer? 

Hay dos niveles en la invitación:  

-rememorar los gestos y el acontecimiento de la Cena del Señor, que entrega su cuerpo y su sangre en la cruz, pero que -después de su resurrección- parte el pan con sus discípulos y que, luego… estos se reunían -con María la madre de Jesús- para hacer lo mismo.  

-hagan esto que yo hago: entrego mi cuerpo y mi sangre -mi vida- por ustedes. Hagan lo mismo, entreguen su vida y sus actividades en bien de los demás. Háganlo “en memoria mía”, en el sacramento y también en la vida. 

Esta interpretación de la invitación de Jesús, la expresa el cardenal Carlo María Martini S.I. en la número 36 de las 39 meditaciones de sus homilías, oraciones o cartas pastorales que se reúnen en un libro de 2021, editado por Sal Terrae, que se subtitula “Eucaristía y Dinamismo eclesial”. 

El cardenal Martini es biblista mundialmente conocido, fue rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana, arzobispo de Milán… autor de muchos libros, entre los cuales -junto con el jesuita Georg Sporschill- publicó “Coloquios nocturnos en Jerusalén”. Estos diálogos responden a preguntas, inquietudes, conflictos y esperanzas de muchos jóvenes.  

Regresando al primer libro citado, podemos comprender que la Eucaristía es el punto de partida y de convergencia de la peregrinación humana en los senderos de la historia, es una referencia dinámica y no un simple refugio. La Eucaristía no es solo el pan que alimenta para el camino, sino Jesús mismo, que -aun cuando a veces parezca ausente- está siempre en nuestra barca, la barca de la humanidad sacudida por las tormentas, pero portadora de esperanza.  

Por eso el título de este artículo: “De nuevo al misterio”, al misterio de la Eucaristía, al misterio de la presencia de Jesús crucificado, resucitado y viviente en medio de la Iglesia y de la comunidad humana.  

El Cardenal Martini, va recorriendo muchos de los matices de este Misterio central: Jesús siempre vivo, actúa por nosotros, entre nosotros y a favor de todos; la Eucaristía un manantial impetuoso de justicia; la Eucaristía hace la Iglesia: cuerpo eucarístico y cuerpo eclesial; el domingo, el día por excelencia, el espíritu de adoración que nace en la celebración; la fuente del amor de la Iglesia a la ciudad, la resonancia política del poder de Cristo; en el dinamismo del amor -del amor pascual- brota la esperanza… hasta el día que nos sentemos a la mesa con Dios. 

La Santa Misa es mucho más que una costumbre, una tradición, una devoción, un mandato, una ceremonia ritual, una oración… La Misa, Eucaristía (Acción de gracias), es un misterio, un signo, un símbolo, un sacramento que transmite a la comunidad creyente y a cada uno de sus miembros la confianza de que Jesucristo resucitado vive para siempre en medio de nosotros y nos une a Dios Padre y a los hermanos con el Espíritu de fe, de amor y de esperanza. 

*Sobre este misterio, hay varios artículos en el blog: “El sabor de las obleas” “Creo, pero no voy a misa” “Comprendiendo lo que se puede comprender del misterio” “Energía espiritual, renovable e inagotable” “Mejor presencial que por T.V.” 

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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El pasado 23 de febrero de 2024 murió Jaime Barrera Parra, compañero, maestro y amigo. Al cumplir 80 años en 2016, el grupo “Cosmópolis” le ofreció en la Universidad Javeriana de Bogotá un sencillo homenaje, del que ofrecemos este recuerdo.

Jaime nos invitó en dos ocasiones a la finca de su familia en la vereda “La Aurora” de La Calera, para una convivencia del grupo. El paisaje desde la casa inspiró esta pintura, y la pintura inspiró unos versos. Sin embargo, ambos símbolos apenas representan la significación encarnada de la persona de Jaime, en su dimensión humana, intelectual y familiar.

HOGAR, PATRIA y MISIÓN

Jaime, eres tú

Raíces, vida sueños;

Tierra, agua, luz.

Conquistas el aire azul,

-unido y flexible-

Con la fuerza del sol,

Y al atardecer de la vida

Te examinan del amor.

Tus raíces son tu hogar, y somos reflejo de lo que fue nuestro hogar.

Como el árbol, necesitamos luz y agua para que nuestra vida -como la tierra-

no deje de fructificar.

Pero la vida sigue, y sigue en la patria que es de nuestros padres y sigue viajera

Avanzando -como el aire- avanzando sin frontera.

En la vida volamos, y tú -como un líder de bandada-

Avanzas hacia un sueño, tras la misión encomendada,

Avanzas con la fuerza del sol, con la fuerza del amor.

Y, al atardecer de tu vida, has obtenido “excelente”

No sólo en el aula y en la patria, sino en el amor de tu gente.

Tu gente más íntima son tu esposa, tu hija y tus dos nietos. Tu gente cercana somos muchos: alumnos, compañeros de trabajo, amigos… que, no sólo te queremos, sino que aprendimos de ti, de tu persona y de tu vida.

Vicente Alcalá Colacios

Marzo, 2024

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Nuevos no solamente por ser “recientes”, sino por ser diferentes; no simplemente encontrados, sino creados por el ser humano.

Las florecitas diminutas de la foto izquierda son un “misterio”. Por más que se estudie biología, botánica, genética, evolución… no dejan de ser un “misterio”.

Hemos escrito en este blog sobre “El misterio humano”, los misterios de la Creación, de la Encarnación, de la Resurrección y de otros misterios, pero todos ellos son misterios ante los cuales nos encontramos y nos preguntamos…sin embargo, hay “nuevos misterios” creados por las personas. Es posible que para los “creadores” de estos nuevos misterios, no sean ya misteriosos, pero para nosotros -el común de la gente- sí lo son.

La foto de la derecha representa a un “robot humano” creado por el hombre; es fruto de la inteligencia artificial y ésta, a su vez, es resultado de la inteligencia humana natural, de la electrónica y de la informática y de otras diversas tecnologías.

Entre los misterios naturales, nos encontramos con la memoria humana; ¿quién o cómo se explica la memoria humana, individual y colectiva? Y ¿quién conoce cómo se “produce” la consciencia humana y la misma inteligencia?

Entre los misterios creados por el ser humano, nos encontramos con la memoria electrónica; ¿cómo se explica que en una USB haya grabadas millones de unidades de información: de textos, de voces, ¿de imágenes?. Seguramente que los expertos conocen cómo es esa memoria electrónica y la pueden “programar” pero para el “común de los mortales” esa memoria es un “misterio”, lo mismo que la memoria RAM.

Y ésta nos trae el recuerdo del sueño REM ¿cómo se explica este “misterio natural” e inconsciente?

Vemos pues que hay muchos misterios, pero queríamos hablar de los “nuevos misterios” de los misterios creados por el hombre. Uno de los más recientes es el de la Inteligencia artificial, ya popularizada como IA.

Si se utiliza el ChatGPT, uno se queda asombrado de las respuestas y el subsiguiente diálogo que se puede mantener con ese interlocutor misterioso detrás del celular.

Pero la Inteligencia artificial es mucho más que el ChatGPT o el Bard y no sabemos hasta dónde llegará. En el artículo “La inteligencia natural” evidenciábamos cómo la IA es una de las creaciones maravillosas del ser humano, lo mismo que el arte, la música y otras muchas creaciones.

También diferenciábamos, en otras ocasiones, cómo los misterios no los comprendemos en sí mismos, aunque sí percibimos y “comprendemos” los efectos de esos misterios (p.ej.: el acto de la creación, no; pero las cosas creadas sí).

Así ocurre con los “nuevos misterios”: le preguntamos a la IA y comprendemos sus respuestas, así no tengamos ni idea de qué la hace posible y cómo opera.

Este artículo no quiso ni pudo decir mayor cosa sobre los “nuevos misterios”. Solamente inquieta sobre ellos y sobre la necesidad de conocerlos, comprenderlos y aprender a actuar inteligente y responsablemente de cara a su futuro.

El misterio nuevo que más necesitamos es, no tanto tecnológico, sino metodológico: un camino que nos acerque a los grandes ideales humanistas universales.

Ya se nos ha dicho cuál es ese camino: Jesús es el camino, la verdad y la vida, pero este sigue siendo un misterio siempre nuevo; no terminamos de descifrar este camino y menos aún cuál es su verdad y su vida. Aquí tenemos una tarea siempre nueva.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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He recibido una radiografía que me tomaron. Una radiografía médica deja ver lo que no se ve, por ejemplo, el sistema óseo o el cerebro; se activa con los llamados Rayos X; necesita de un aparato especial, y se lee en un acetato revelado. ¿Qué es una “radiografía de la mente consciente”?

La radiografía médica necesita, además, de un experto que sepa interpretarla; La radiografía de la mente consciente la podemos leer cualquiera de nosotros, pero también necesita un entrenamiento para poder comprenderla e interpretarla.

La radiografía de la mente consciente hace conocer lo que no se ve: parte de la mente humana, que también se llama espíritu, alma o psique; la luz que la activa es la consciencia; el aparato que permite realizarla es el propio organismo vivo (sentidos, sistema nervioso y todo el cuerpo humano) y la radiografía de la mente consciente se “lee”, por ejemplo, en una hoja de papel impresa o en la pantalla del computador o del celular, pero se “lee” primero en la propia experiencia.

Lo que acabo de expresar se visualiza en el esquema siguiente, al comparar una radiografía del cerebro con la “radiografía de la mente consciente”.

Radiografía del cerebro <<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>>>>>>>Radiografía de la mente consciente

Aparato de radiología <<<<<<<<¿de qué se sirve?>>>>>>>>>>Cuerpo u organismo humano

Rayos X <<<<<<<<<<<<<<<<<¿con qué luz se toma?>>>>>>>>Luz de la consciencia

Cerebro (invisible) <<<<<<<<<<<< ¿qué se “ve”? >>>>>>>>>>Parte de la mente o psique

Acetato revelado <<<<<<<<<<<<<¿en dónde se “ve”?>>>>>>Objetivada en papel o pantalla

Comencemos por el aparato que hace posible “tomar” la radiografía de la mente consciente, que va a resultar -más bien- una tomografía, un escaneo, una resonancia magnética, o todas juntas. Este aparato es muchísimo más complejo y sofisticado que los aparatos electrónicos que permiten tomar esas imágenes diagnósticas. Consta de todos los sistemas del cuerpo humano, pero enunciemos sólo los órganos de los sentidos y el cerebro: no son los ojos solos los que ven, ni los oídos solos los que oyen, ni el “corazón” aislado el que tiene emociones y sentimientos -por nombrar algunos- sino que el organismo todo se necesita para que pueda resultar esta “radiografía de la mente consciente”. Afirmar lo que acabamos de decir del aparato corporal, ha necesitado de la luz de la consciencia, pero ojalá ayudada por un conocimiento científico del cuerpo humano.

La luz de la consciencia está siempre ahí, pero se necesita activarla -prender el interruptor-que en este caso significa al pie de la letra: interrumpir el trajín mecánico del día a día, o hacer un alto en el camino para obtener la radiografía de la mente consciente; así como hay que sacar la cita para tomarse una imagen diagnóstica, hay que sacar el tiempo para tomarse esta radiografía de la mente consciente. Pero ¿qué es esa luz de la consciencia que permite tomar esta radiografía de la mente consciente?

La consciencia es esa misteriosa característica humana que nos permite ver, comprender, afirmar la realidad y actuar sensatamente; nos permite -en pocas palabras- tender a la verdad, al bien a la bondad, a la belleza del amor. Pero ¿por qué fallamos tanto en esa múltiple búsqueda? Precisamente por falta de consciencia, mejor dicho, por no prender el interruptor de la consciencia ya que, como dijimos, la consciencia siempre está disponible, pero si no la activamos es como contar con la energía eléctrica, pero sin activarla.

La consciencia es estar presentes a nosotros mismos (y a los demás y al mundo) es darnos cuenta, poner atención, es comprender y pensar para actuar y no: actuar sin pensar ni comprender. Cuanto mayor consciencia tengamos mejor veremos, comprenderemos, haremos mejores juicios de realidad y de valor, y mejor actuaremos. Esa mayor consciencia se adquiere alimentándola, ejercitándola, reflexionando…para poder disponer de ella permanentemente. Una vez habituados a ser conscientes, ya no necesitamos “dar paso a paso” sino que nos será natural operar conscientemente, así como caminamos espontáneamente después de que aprendimos a caminar. Pero si nos descuidamos al caminar, podemos tropezar; lo mismo, si descuidamos nuestra consciencia podemos “tropezar” en la vida.

Bueno, ya dijimos algo de la luz de la consciencia, pero ¿qué “vemos” en la radiografía de la mente consciente?

Lo primero es que podemos distinguir los actos humanos conscientes e intencionales de los actos biológicos del ser humano. No todos los actos del ser humano son actos humanos; por ejemplo, respirar, digerir, trasladarse… son actos del ser humano como son también actos de los animales y llamamos, en cambio, actos humanos a los característicos de los humanos: actos conscientes e intencionales.

En la radiografía de la mente consciente, podemos “leer” no sólo los actos conscientes e intencionales, sino las operaciones que dan lugar a esos actos. Hay una estructura dinámica del propio ser capaz de conocimiento y de acción moral. Esta estructura se manifiesta por las operaciones sensoriales, las operaciones inteligentes, las operaciones racionales y las operaciones responsables. Toda esa estructura de la mente tiende a la verdad y al bien, tiene una motivación o dinamismo, que es impulsado por los sentimientos, de los cuales el más genuino o auténtico y productivo es el amor.

¿Cómo podemos afirmar verdaderamente estas operaciones humanas? Ejercitándolas; al realizarlas las verificamos, las comprobamos en nosotros mismos:

– tenemos consciencia empírica de nuestras operaciones sensitivas: tenemos consciencia de ver, oír, sentir; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos quienes vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de eso que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia intelectual de nuestras operaciones inteligentes: tenemos consciencia de estar comprendiendo qué es lo que vemos, oímos, sentimos; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que comprendemos eso; tenemos consciencia de ese algo que estamos comprendiendo en lo que vemos, oímos, sentimos.

– tenemos consciencia racional de nuestras operaciones racionales: tenemos consciencia de estar comprobando, demostrando o verificando algo para poder afirmar que eso es así; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los que razonamos; tenemos consciencia de si ese algo realmente lo estamos comprobando, verificando o demostrando que es así.

– tenemos consciencia responsable de nuestras operaciones responsables: tenemos consciencia de deliberar, decidir y actuar concretamente en un momento determinado; tenemos consciencia de que somos nosotros mismos los responsables de las consecuencias de lo que hacemos; tenemos consciencia de lo que estamos deliberando, decidiendo y haciendo.

Dije rápidamente que hay un dinamismo o motivación en todo lo que buscamos y hacemos, y ese dinamismo arranca con las emociones y sentimientos, de los cuales el más auténtico y productivo es el amor. Muchos de ellos son inconscientes o subconscientes, mientras no los hacemos conscientes. Y entonces, somos conscientes de nuestros dinamismos o motivaciones, ojalá siempre desde el amor y con amor por nosotros mismos, por los demás y por lo que conocemos y hacemos. Eso también es parte de esta radiografía de la mente consciente: sacar a la luz de la consciencia lo que era inconsciente.

Y aparece otra imagen o campo de consciencia en esta radiografía de la mente consciente, de la mía propia, pero que pueden ustedes identificarla en sí mismos a su manera. Es la consciencia de una realidad superior o trascendente a mí mismo y al universo. Es la consciencia de la revelación de Dios, a través de Jesucristo e iluminada por el Espíritu Santo; es la consciencia de la verdad de Dios y de los seres humanos semejantes a mí, y del amor de Dios y del amor que me atrae a los demás. Esa revelación le hace a mi mente conocer que todo lo que conozco tiene su origen en Dios, que todo lo que hago, lo hago por la cooperación de la acción de Dios y que todo lo que amo proviene del amor de Dios, que nos ama primero.

Ustedes mismos pueden “ver” e interpretar la radiografía de su propia mente.

¿Por qué hemos añadido repetidamente la palabra consciente a la expresión radiografía de la mente?

Porque, además de la mente consciente, nuestra psique “contiene” el inconsciente personal y “arrastra” el inconsciente colectivo.

Sería muy extenso este artículo si quisiéramos decir algo sobre el inconsciente y, como éste es tan importante, amerita otros artículos específicos.

*En este blog se pueden leer los siguientes artículos relacionados: “Sentir, comprender, amar” “¿Mente o cerebro, libres o determinados?”, “Racionalidad”, “5 hábitos trascendentales”, “Caminos a la certeza”.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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¿Tenemos fe porque oramos o, más bien, oramos porque tenemos fe? ¿Amamos a Dios y por eso oramos o, más bien, oramos porque Dios nos ama? ¿Es bueno que oremos? 

Comencemos por nuestra experiencia en la relación humana. ¿Agradecemos a la persona que más cerca está de nosotros y más nos cuida o damos por hecho -como lo más normal, lo ordinario- que nos cuide?

¿Tenemos la costumbre de pedir ayuda o suponemos que los demás, comenzando por los más cercanos, tienen que saber lo que necesitamos? 

¿Manifestamos aprecio, valoración, reconocimiento por las cualidades de las personas que amamos o pensamos que bastan los hechos y no necesitamos decir nada? 

¿Estamos seguros de la solidaridad de las otras personas con nosotros y correspondemos nosotros con solidaridad? 

Gratitud, petición, homenaje, confianza y solidaridad serían las actitudes implícitas en las preguntas anteriores. No se trata de respondernos con un sí o un no, porque seguramente, en algún grado lo hacemos, por lo menos, ocasionalmente.  

Trasladando la experiencia de nuestra relación humana a nuestra experiencia de relación con Dios, lo primero es darnos cuenta si Dios para nosotros es alguien cercano, un Tú familiar, al que amamos, con quien nos comunicamos porque lo escuchamos y a quien hablamos, aún en silencio, porque siempre está cerca de nosotros. 

Se suele clasificar la oración en oración de agradecimiento, petición y de alabanza o adoración…y, en todo caso, se presupone la fe, la confianza y el amor a Dios. 

La oración es como un bumerán. Al orar a Dios, la oración se devuelve hacia nosotros mismos. ¿En qué sentido? 

Cuando agradecemos a Dios, le pedimos o lo adoramos, no es que se modifique la “actitud” de Dios hacia nosotros: Dios siempre actúa gratuitamente, Dios siempre nos ayuda o protege, aunque no se lo pidamos, Dios siempre es Dios lo adoremos nosotros o no lo hagamos. 

Entonces, la oración ¿para qué? La oración nos “modifica” y nos “mueve” a nosotros mismos, no a Dios.

La oración de agradecimiento no significa que Dios esté esperando nuestra gratitud ni que esté pendiente de llevarnos cuentas si lo hacemos o no. El agradecimiento nos hace a nosotros más agradecidos.

La oración de petición no significa que sólo le pedimos Dios que nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Somos nosotros los que le ponemos atención a Dios al rogarle, y nuestra fe, nuestro buen ánimo, nuestra confianza, aumentan al rogarle a Dios.

La oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios.

La oración ¿es siempre individual o puede ser compartida, “pública”, comunitaria? La una no se opone a la otra; más bien, son complementarias. Podemos orar en nuestra intimidad, en nuestra privacidad… pero en ocasiones, especialmente en la oración de la Iglesia, en la celebración eucarística, podemos unirnos a la comunidad en la oración y para la oración compartida y por intenciones comunes y generales. 

Si Dios está presente en nuestra vida, la oración es algo natural y benéfico. Además, la oración debe ser un hábito, para lo cual nos ayudará el convertirla en algo deseable, fácil, sensible y satisfactorio (estas características se ilustran en el artículo “5 hábitos trascendentales publicado en este blog).

Pero, sobre todo, repitamos ¡Señor, enséñanos a orar!

Vicente Alcalá Colacios

Diciembre, 2023

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Desorden en libertad

Por Vicente Alcala
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“Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Parece que esta sentencia del General Santander y el lema del escudo de Colombia, suscitan muchas dudas o interrogantes en la realidad colombiana. 

Leyes, orden y libertad, tres realidades que deberían caminar juntas, pero que parecen andar cada una por su lado. Las leyes y las ciencias nos hablan de orden, pero el orden de la naturaleza, con frecuencia, se rompe en la sociedad a causa de la libertad. Y hasta el orden ecológico de la naturaleza lo estamos rompiendo con el actuar humano. 

Las leyes, en general, son formulaciones que expresan regularidades que se dan en la realidad del universo o la sociedad; se descubren, se comprenden y se formulan. Las leyes son de diversos tipos o clases. Podemos decir, inicialmente, que las leyes dependen de las diversas ciencias y de los métodos correspondientes a esas ciencias

De acuerdo con cada ciencia, se puede hablar de leyes: de la lógica, leyes físicas, químicas…Las matemáticas y la lógica se llaman ciencias formales porque no necesitan ser comprobadas en objetos físicos o hechos (como las ciencias naturales) sino que dan forma y regulan las operaciones mentales; más que de leyes, se habla de postulados, principios o axiomas. 

En ciencias naturales (entre las fácticas) una ley es una descripción general y fundamental de cómo funciona el universo. Estas leyes se basan en hechos; son consistentes y aplicables en diversas situaciones y contextos, y a menudo, son expresadas matemáticamente (por ejemplo, la ley de la gravedad, la ley de la termodinámica). Ayudan a comprender y predecir el comportamiento de fenómenos naturales. Proporcionan reglas o principios que explican cómo se comportan los fenómenos naturales; no es exacto decir que las leyes gobiernan dichos fenómenos, pues las leyes son formulaciones mentales, aunque fundamentadas en la realidad que se gobierna a sí misma.

En ciencias sociales o humanas, una ley se refiere a una generalización amplia y establecida que describe una relación causal entre diferentes fenómenos o variables en un contexto específico. Estas leyes son formulaciones que intentan explicar patrones de comportamiento o interacciones sociales y a menudo se basan en evidencia empírica y en observaciones sistemáticas. No poseen el mismo grado de certeza que las leyes de las ciencias naturales. La ética o la filosofía moral se puede incluir entre las “ciencias” sociales.

En el estudio de la historia existen leyes y principios; son marcos conceptuales que ayudan a comprender y analizar eventos pasados (por ejemplo, la ley de causalidad histórica y la ley del cambio histórico).

En ciencias jurídicas, una ley es una norma o regla establecida por una autoridad competente, como un gobierno o legislatura, para regular el comportamiento y las relaciones entre las personas dentro de una sociedad… cumplen un papel fundamental en el funcionamiento y la organización de ella.

Estas leyes jurídicas y las normas éticas son las más vulnerables de todas, debido a la libertad humana. Mientras que las leyes naturales se cumplen -generalmente- de manera rigurosa, las leyes jurídicas y las éticas, se violan con mucha frecuencia y crean desorden, esclavitud y violencia.

En Colombia manifestamos constantemente que la ley es “para los de ruana” y que la corrupción está desbordada; lo que significa que la ley no se cumple por parte de muchos y que las normas morales tampoco se obedecen de manera universal. 

La máxima de Santander “las leyes os darán la libertad” habría que completarla diciendo que la libertad os dará la opción de violar las leyes. Esto es lo que ocurre con mucha frecuencia. Y la primera parte de esa máxima “las armas os han dado la independencia” habría que cambiarla en la actualidad por esta otra: las armas, en manos de muchos, esclavizan tanto a los que las usan como a los que las padecen. Aquí, el desorden parece estar “en libertad” pues, además de que campea por muchas partes, no se controla ni se sanciona. 

“Libertad y orden”: un lema, un ideal, un deseo laudable. Desafortunadamente, estamos lejos todavía de alcanzarlo. El desorden, según la ley de la entropía, es una tendencia espontánea si no hay una fuerza o dinamismo que la corrija. En nuestra sociedad colombiana, reina el desorden en muchos sentidos y a todos los niveles. La fuerza que necesitamos es observar y obedecer las leyes, las de la naturaleza, las jurídicas, las éticas.

La libertad tiene dos sentidos: uno, liberador, dejar de ser esclavos o sometidos, dependientes injustamente. El otro sentido es positivo, pero puede volverse negativo: positivo porque es una noble característica humana, la de poder escoger y decidir por uno mismo, no estar determinados necesariamente, no ser “esclavos”; pero se puede volver negativo, la libertad de escoger lo malo, decidir mal, obrar “libremente” en contra de uno mismo y de los demás. 

Nuestra sociedad, comenzando por cada uno de nosotros, necesita libertad y orden; orden en la libertad… corregir el desorden y ejercer la libertad con justicia, amor y solidaridad… y ojalá, sin tanto abuso de la libertad.

Es interesante leer, en este blog: “¿Mente o cerebro, libres o determinados?” y “Dios no crea los números ni las leyes”.

Vicente Alcalá Colacios

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Voy a contarles una anécdota que puede parecer insignificante pero que, para mí, tiene un profundo sentido.

Mi esposa y yo, estábamos acompañando a mi hijo a comprar una corbata que quería estrenar para su matrimonio. El llevó el vestido que se iba a poner, para escoger mejor la corbata que le combinara; nos dimos cuenta de que el vestido tenía unas arrugas en la parte delantera.

Había expuesta una colección, ordenada por tonos de color. Atendían un par de chicas y una de ellas mostraba, opinaba, traía otras corbatas y comentaba sobre el nuevo diseñador y las colecciones anteriores, según la época… Explicaba de una, que tenía unas golondrinas, y la describía con cariño, fue por ella y nos la mostró. Cuando yo la observé, les comenté que esa era la apropiada para la ocasión, porque se veían las parejas de golondrinas como  dándose un pico con los picos.  

No recuerdo si fue la misma chica u otra presente, que ofreció llevar el vestido adentro para que aplancharan las arrugas que tenía. Pudo ser un gesto de “venta” pero lo hizo con amabilidad. Curioseé yo el precio de una de las corbatas y vi $ 125.000; me pareció bueno por la calidad que tenían. Al acercarnos a la caja, le dije a mi hijo que yo se la regalaba. Me dijo que no, y comentó él que se iba a casar; las chicas sonrieron y le desearon felicidades. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta de que el precio era mayor que el observado antes por mí. La cajera comentó de broma que yo tenía suerte, ¡menos mal que no me la habían dejado pagar!

La chica que nos había atendido nos estaba despidiendo en la puerta del almacén; tenía unos 22 años, bajita, más bien gordita, sonriente, con gafas y cara simpática. Comenzó a decirnos ¡qué lindo! ¡es que se nota en muchos detalles! … y de pronto nos dice ¡yo no tengo papá!

Quedamos mudos. Imagínense una persona, que sin habernos conocido antes, nos comunica semejante sentimiento. Mi reacción fue preguntarle si no había buscado “reemplazarlo”. Tanto ella como mi hijo pusieron una cara de sorpresa… seguí yo preguntándole si era soltera. Entonces, a la chica le dio como pena, pero a la vez risa, y dijo ¡ah, ya entendí! 

Todo esto me impresionó mucho, pero no quise comentarlo. Más tarde, mi señora dijo que era simpática la niña que nos atendió; le comentamos que nos había dicho que no tenía papá; ambos expresaron que la joven estaba conmovida y, a la reacción de la mamá, mi hijo añadió que esto es más frecuente de lo que pensamos.

Recuerdo los mensajes por T.V. del Bienestar Familiar, mostrando a niños y niñas buscando a sus padres o abuelos: “me conoces aquí estoy”. Es un drama más de nuestra sociedad colombiana.  

Pensé primero en los que tuvimos padres excelentes, y en nuestros hijos que nos tienen a sus padres. Además de la gratitud, brota la solidaridad -al menos afectiva- con quienes carecen de esta bendición, como la chica de la que hablé antes.  

Dije que esta anécdota tiene para mí, un profundo significado. Veamos por qué. 

Cuando escribí “La enfermera colombiana” (publicada en este blog anteriormente), pensaba en la bondad, la belleza humana, la amabilidad, la simpatía, la calidez de la mujer colombiana en general. 

He sentido esas cualidades también en las chicas que atienden y prestan su servicio en almacenes y otros establecimientos o en llamadas telefónicas. Esto es lo que experimenté una vez más en la situación a la que me acabo de referir al narrar la anécdota de las corbatas. Cuando pienso en la mujer colombiana, experimento confianza y esperanza en el futuro del país.

Bernard Lonergan S.I. distingue entre el mundo de la inmediatez (propio de los niños) y el mundo mediado por la significación. La significación se encarna en la intersubjetividad humana (un encuentro, una sonrisa, los gestos, la voz, la expresión corporal, una conversación…) la significación se capta también en el arte, los símbolos, el lenguaje y en la significación personificada: lo que significa una persona, en su forma de vida, sus palabras, sus hechos. Sin darnos cuenta, lo que somos, y la forma como actuamos, tiene una significación determinada para los demás. Seguro que, para la chica que “no tiene papá”, yo signifiqué algo y desperté sus sentimientos, debido a su situación personal y al ver nuestra relación positiva de padre e hijo.

Otro significado más profundo aún -inspirado en la falta de papá de la joven- se vino a mi memoria al recordar un relato que hace el Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Spe Salvi” (En esperanza fuimos salvados). 

Se trata de una esclava africana -de Sudán- que después de padecer terribles torturas de sus “dueños” o “patrones” conoció por primera vez al Señor, tan diferente a los señores que la habían esclavizado. 

Algo semejante es deseable que experimenten los niños, jóvenes y adultos que fueron abandonados o son huérfanos, al sentir la compañía de Dios, Padre amoroso de todos nosotros: de ellos, lo mismo que de los que tenemos familia. 

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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El 16 de enero de 2021 escribí en este blog, el artículo “Preguntas a las breves respuestas a las grandes preguntas” (2.500 vistas a la fecha). Hoy comparto varias reflexiones, a propósito de la tertulia del 28 de septiembre de 2023 sobre Astronomía: “La formación de agujeros negros” y del diálogo que le siguió.

“Conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza. Mi predicción es que conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo… Las leyes de la ciencia pueden, o no, haber sido decretadas por Dios, pero este no puede intervenir para transgredirlas, o no serían leyes” [1]

¿Qué noción de Dios y de las leyes manifiestan estas afirmaciones? 

Los números y las leyes son elaboraciones mentales humanas y no son “creados” por Dios. Los números y las leyes no son “creados” por el ser humano, sino que son descubiertos por la mente, como expresión intelectual de realidades concretas; en la naturaleza encontramos, por ejemplo, árboles y los “contamos”: uno, dos, tres, cuatro… los árboles están ahí, pero los números no están escritos en los árboles, los números fueron inventados para significar cantidades y las cantidades son nociones descubiertas por la mente, en las realidades cuantificables. 

Algo semejante ocurre con las leyes de la ciencia: las leyes son formulaciones descubiertas y expresadas para entender regularidades que se dan en la realidad del universo. Las leyes son comprensiones que describen y explican fenómenos naturales, pero las leyes son elaboraciones mentales fundamentadas en el comportamiento de los objetos reales y sus relaciones. 

Decir que Dios creó las leyes de la naturaleza es semejante a decir que Dios creó la música que “crean” los grandes compositores. No, la música no es creación directa de Dios, sino “creación” directa de los músicos. ¿Cómo pueden los músicos crear música? es otra cuestión.

Confesamos, según nuestra fe, que Dios creó el universo. Conocemos lo creado, pero no podemos comprender la creación como acto creador de Dios. La ciencia busca comprender y conocer cómo evolucionó el universo y cómo funciona el universo; la ciencia describe y descubre cómo está compuesto o conformado el universo y descubre y formula leyes que explican las regularidades comprobadas experimentalmente, pero la ciencia no puede comprender y conocer el acto de la creación ni la naturaleza de Dios. 

Si las leyes de la naturaleza son elaboraciones o formulaciones creadas por la mente humana, no es adecuado decir que “conocer la mente de Dios es conocer las leyes de la naturaleza”. Aunque llegáramos a conocer y elaborar todas las leyes que expliquen las relaciones y la acción de la naturaleza… no sería adecuado decir que “conoceremos la mente de Dios para el final de este siglo”. 

Stephen Hawking puede conocer profundamente las leyes de la naturaleza, pero ¿entendió que las leyes son descubrimientos y formulaciones de la mente humana y no “decretadas” por la mente de Dios?

Dios creó las realidades físicas que actúan con regularidad, expresada en leyes; pero las leyes son descubiertas y elaboradas por la mente humana que investiga y descubre cómo funciona la naturaleza. Dios creó las realidades cuantificables, pero los números que cuantifican esas realidades son “creación” o elaboración de la mente humana. 

Decir que “Dios no puede transgredir las leyes de la ciencia o no serían leyes” sería confundir las leyes de la ciencia con la naturaleza que esas leyes tratan de explicar. Además, sería no comprender que las leyes de la ciencia se aplican a la naturaleza creada, pero no se aplican al Dios Creador de esta naturaleza, si Dios está “por encima” de la naturaleza. 

Así como tiempo no se aplica a Dios, espacio no se aplica a Dios, origen no se aplica a Dios, comienzo no se aplica a Dios, creado no se aplica a Dios, causa-efecto no se aplica a Dios… las leyes de la ciencia no se aplican a Dios. Dios no está sujeto a esas leyes. 

¿Qué consecuencias se siguen de estas reflexiones y afirmaciones? ¿Para qué sirven estas aclaraciones? 

En primer lugar, ayudan a diferenciar los ámbitos o dimensiones de la ciencia, de la filosofía y de la fe (y de la teología que estudia esta fe). La ciencia puede ser verdadera, la filosofía puede ser verdadera y la fe puede ser verdadera: pero las tres verdades pertenecen a dimensiones (o acercamientos) diferentes de la misma realidad. Los tres abordamientos de la realidad se pueden y se deben complementar, pero sus ámbitos no se pueden confundir ni invadir. Es necesario el “diálogo” entre los tres campos, pero no se pueden reemplazar mutuamente: la ciencia no reemplaza la fe, la fe no interfiere en la ciencia, la filosofía es fundamento intelectual de la ciencia y de la no-irracionalidad de la fe.

En segundo lugar, la distinción entre ciencia, filosofía, fe (y teología), invita al estudio, formación y profundización en cada una de las tres dimensiones humanas distinguidas. 

La negación del título “Dios no crea los números ni las leyes” busca aclarar la diferencia entre la fe en Dios, la ciencia y la reflexión filosófica; diferencia que no significa contradicción, sino más bien complementación mutua entre las tres.


[1] Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas, pp.41 y 42.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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Con este título aparece el volumen III, en el plan de las obras completas de Joseph Ratzinger editadas por la B.A.C. En el volumen IV “Introducción al cristianismo”, se puede leer el capítulo III de la parte I, con el mismo título y tres secciones: 1. La opción de la Iglesia primitiva por la filosofía. 2. La transformación del Dios de los filósofos. 3. El reflejo de la cuestión en el texto del credo. 

En ese breve capítulo es apasionante el recorrido que hace J. Ratzinger por la historia, la filosofía, el Evangelio y la formulación del Credo en la Iglesia. Invito a su lectura. 

Voy a decir primero, algo sobre Dios desde la filosofía y luego, algo sobre Dios desde el Evangelio. No son dos dioses distintos, pero sí son dos formas distintas y complementarias de acercarnos al único Dios verdadero.

No podemos explicarnos por nosotros mismos, así como no puede explicarse el universo por sí mismo. La humanidad descubrió el principio de causa-efecto entre otros: los seres finitos y limitados requieren del SER infinito, eterno y sobrenatural; los demás seres son efecto y el SER es la causa. Sólo un SER sin espacio, sin tiempo, sin comienzo, sin origen, sin causa, sin limitaciones… da razón y explicación de los demás seres. Este SER es al que llamamos Dios. Este principio, causa-efecto, se descubrió en la naturaleza creada, pero no se puede aplicar al Creador de la naturaleza; por eso no hay que pensar en una causa para Dios. Desde la filosofía, Dios ES, mientras que los demás seres son. Participación del ser, es una manera de decir que somos, porque Dios ES y nos participa el ser que somos.

Pero el Dios de la fe, de la fe cristiana, de la fe del Evangelio, de la fe de Jesucristo, es Alguien “mucho más” que el Dios de los filósofos.

Jesús de Nazareth dijo “Quien me ve a mí, ve al Padre” y podría haber dicho también Quien me oye a mí, oye al Padre.

Y eso es lo primero que dijo Jesús de Dios: “Abba, Padre”. Y lo repitió en la oración que nos enseñó: “Padre nuestro”. Y lo repitió otras veces; cuando le pidieron los discípulos a Jesús que les enseñara a orar “Jesús les contestó: cuando oren, digan Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; el pan nuestro de cada día danos hoy”. 

“Miren las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre del cielo los alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas?” “Miren cómo crecen los lirios… pues si a la hierba del campo Dios la viste así, ¡cuánto más a ustedes!” “Si ustedes saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará el Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!”

Jesús, antes de nacer no podía hablar del Espíritu Santo, por eso, un ángel habló de éste: “María…quedó embarazada por obra del Espíritu Santo” y “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios”. 

Tenemos ya una primera presentación del Dios de la fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo. No es un Dios impersonal, no es un Dios solitario e inactivo, es un Dios comunitario, relacional en el amor, dador y sustentador de vida. 

“En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: Te alabo Padre, Señor de cielo y tierra… nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo decida revelárselo”. Y en otra ocasión dijo: “Yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad… El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre les enseñará todo”.

Por eso, cuando Jesús fue resucitado por el Padre, dijo a sus discípulos “La paz esté con ustedes… Reciban el Espíritu Santo” “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes”. “Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.

Este es el Dios de nuestra fe: Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo.

Lucas, uno de los cuatro evangelistas, escribió también el llamado “Hechos de los Apóstoles” y al comienzo del libro dice: “(Jesús) Después de su pasión, se les había presentado vivo durante cuarenta días… hablando del reino de Dios… les encargó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran lo prometido por el Padre: la promesa que yo les he anunciado… ustedes serán bautizados dentro de poco con el Espíritu Santo”. 

En el mismo libro de los Hechos, se narra tres veces la acción de Dios en la primera comunidad cristiana: “Permanecían íntimamente unidos en la oración” “Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y las oraciones… los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común; vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno” “El pueblo los estimaba mucho; se les iba agregando un número creciente de creyentes en el Señor, hombres y mujeres”.

Unidad en la comunidad; Jesús en medio de ellos por siempre; el Espíritu de Dios que une.

Acabamos de oír, no ya solamente lo que es Dios en sí mismo, sino la acción de Dios en la comunidad creyente. Si regresamos a los Evangelios, oiremos lo que Jesús dijo de Dios, a través de sus enseñanzas, sus parábolas y también de sus obras y sus gestos.

“Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? Al encontrarla, se la echa a los hombros contento… de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse”. Lo mismo expresa con la parábola conocida como del hijo pródigo: “Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado”.

Dios nos dice, por boca de Jesús, que está presente y actuante en nuestra vida; se alegra con nosotros, se “preocupa” por nosotros, nos cuida… no es indiferente con nosotros… y nos pide que “seamos perfectos” como Él es perfecto. 

Jesús nos muestra cómo es Dios y cómo quiere que seamos nosotros. Así es el Dios de la fe.

Este escrito queda muy corto al hablar del Dios de la fe; la manera de completarlo es acudiendo directamente a la palabra y a la persona de Jesús, Dios hecho hombre, para que lleguemos a conocer y unirnos al Dios uno y trino de nuestra fe.(La presente reflexión sobre la relación en Dios: Padre-Hijo-Espíritu Santo se manifiesta también en la relación de Dios con nosotros: ver en este blog el artículo “Creación, Encarnación, Resurrección“).

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Al decir “enfermera” no estoy excluyendo a las demás mujeres, ni estoy privilegiando esta profesión sobre otras; al decir “colombiana” no estoy siendo nacionalista, ni comparando con nacionales de otros países… se trata de concretar observaciones sobre la mujer, para que no sean abstractas, sino poniéndoles cara -o uniforme- visibles.

Como digo, podríamos hablar de las mujeres colombianas, pero resultaría demasiado genérico o universal; mi deseo es particularizar de alguna manera, para que las observaciones tengan un sustento más sensible.

No sólo la enfermera; ésta es sólo un caso concreto de la bondad, la belleza humana y la amabilidad de la mujer colombiana, en su inmensa mayoría. 

No soy ciego frente a los casos opuestos, dolorosos y, desgraciadamente numerosos… pero si uno sabe observar, apreciar y valorar todas esas buenas cualidades en la mujer colombiana sencilla, “popular” -sin excluir a las demás- se puede uno llenar de optimismo frente al presente y futuro de nuestra sociedad. 

Escojo escribir sobre las enfermeras porque, en el trato especial de la gran mayoría de estas mujeres, se siente y sobresale el servicio, la atención, la calidez humana, el cuidado generoso… y sea esta una oportunidad de hacerles llegar el reconocimiento y la gratitud de todos los que somos beneficiarios de su trabajo: ancianos, adultos, niños, enfermos de cualquier edad y condición, de cualquier dolor. 

En la mayor parte de los casos, su trabajo profesional lo comparten con su vida familiar y las obligaciones de esposas, madres, hijas… con todos los sacrificios de tiempo, transporte, trasnochadas, tareas domésticas -a veces desapercibidas por los demás-.

Me quedo corto al hablar de ellas, pero lo hago con especial cariño, al haber vivido recientemente esta experiencia por más de quince días. Y al decir enfermeras, podemos incluir a terapistas, nutricionistas, técnicas de radiología y, por supuesto, a las médicas.

Acabo de acordarme de las jóvenes deportistas con su dedicación entusiasmo y pasión por su camiseta… pero no me desvío ni extiendo porque podría caer en omisiones odiosas. 

Por asociación, quiero aludir a otra persona en particular; ya la había mencionado en el artículo titulado “Lenguaje de señas y otras señales”No es enfermera estrictamente, pero tiene la misma apariencia, con su figura delgada y su uniforme blanco; además su ocupación de facilitar la comunicación para los que no pueden oír es otra forma de servicio médico, por llamarlo así. Hago la referencia a ella debido a la reciente experiencia de escucharla o verla con atención y con el alma.    

Estaba yo en otro contexto diferente, al participar en la Misa por televisión (mientras me animo a ir a la iglesia cercana). Comunicaba, con sus gestos y el movimiento de sus manos y brazos -elevándolos al cielo- una espiritualidad suave y sentida, especialmente cuando traducía la música y no sólo las palabras del celebrante. Parece un hecho insignificante, entre tantos acontecimientos nacionales e internacionales, pero no se trata de número o cantidad sino de una comunicación humana y a la vez dirigida a Dios y a los demás; me trato de situar en la situación de sus destinatarios y me pregunto cómo ven y escuchan en silencio.

Estos artículos míos para el blog no tienen mayores pretensiones ni obedecen a una planificación intencionada en particular, se trata de compartir vivencias cotidianas y ordinarias como las de ustedes, pero que surgen de situaciones concretas que atraen la atención y la reflexión acerca de las personas y las comunidades que nos rodean.  

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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