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Vicente Alcalá

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Como reacción o complemento a la exposición sobre “Salud mental y Depresión” realizada el pasado 27 de julio durante la tertulia de los jueves, Vicente hace en este artículo un planteamiento adicional para el manejo de la depresión.

En la tertulia sobre “Salud mental y depresión” tuvimos una exposición excelente del Dr. Ricardo Angarita y bastante exhaustiva acerca de las bases biológicas de los estados depresivos y, en consecuencia, sobre los diferentes tratamientos médicos. 

Sin embargo, hubo dos preguntas en sentido contrario: Así como los procesos bioquímicos afectan los estados y trastornos mentales ¿es posible que procesos mentales voluntarios incidan positivamente sobre los procesos bioquímicos y cerebrales con sus consecuencias?

La respuesta que se dio a la primera pregunta, que formulé yo, consistió en reiterar y profundizar las premisas, es decir, volver a explicar causales bioquímicas de los estados mentales, pero no se trató ni resolvió la inquietud o, al menos, yo no capté una respuesta.

Un paradigma ayuda a comprender mejor algo, pero puede limitar la comprensión de otros factores, con una sola perspectiva, y puede limitar la visión más amplia de la realidad y de las interrelaciones entre sus diferentes componentes. Las especializaciones tienen ese riesgo si no están precedidas de una formación humanista, amplia e integral.

En el caso que nos ocupa, fue muy ilustrativo el conocimiento sobre el influjo del hipotálamo en los estados alterados de conciencia, como la depresión, pero el hipotálamo no agota el sistema cerebral, ni el sistema cerebral agota el sistema nervioso, ni el sistema nervioso agota el sistema orgánico total, ni el ser vivo que es el ser humano agota la realidad de lo humano, ni la realidad de lo humano agota la plenitud del SER. 

Sólo en su respuesta a la segunda pregunta, el expositor afirmó que en medio de la depresión no era posible que los procesos mentales actuaran y, sólo cuando se salía de la depresión, sí podían tener efecto positivo los procesos mentales como la meditación, entre otros. 

Voy a describir dos experiencias vividas, que fundamentan el planteamiento de que procesos mentales voluntarios pueden incidir positivamente sobre procesos biológicos.

1ª. En mi familia paterna tenemos antecedentes depresivos -en uno de los casos, bastante grave-.  Yo padecí etapas o temporadas de estado depresivo agudo, podríamos decir. 

Visualicé o describí la depresión como una especie de imán que sólo atraía lo negro, lo negativo, lo difícil, lo catastrófico; especialmente en las noches de insomnio, los pensamientos negativos no sólo me impedían dormir, sino que me atormentaban literalmente. 

De manera consciente, comprendí que la realidad no es totalmente negativa, negra, inmanejable, sino que está entreverada de positivo y negativo, de favorable y desfavorable, de dificultades y de soluciones. Cuando estaba imbuido -de manera inconsciente- en el estado depresivo, me dije “mañana será otro día” y efectivamente fui manejando la situación de manera que no me dejé anular, sino que reaccioné y paulatinamente superé la depresión. Un fallecido psiquiatra amigo me definió la depresión como “parálisis de la voluntad” y era muy acertada esa caracterización porque otro síntoma de la depresión es la “incapacidad” para decidir y para actuar.

Al saber que eso era así -no importa qué factores biológicos afectaban esa parálisis- induje unos procesos voluntarios para superarla y comenzar a decidir y actuar. También, cuando preveo que “se acerca” un episodio depresivo, comienzo a activar procesos mentales que lo frenan o impiden. 

2ª experiencia. A veces sentimos la fuerza de inclinaciones, estímulos, impulsos instintivos -por ejemplo, sexuales- y que nos pueden inducir a conductas no deseables. 

Pero también podemos provocar y experimentar procesos mentales voluntarios que frenan o dirigen esos influjos biológicos, de manera que logramos comportamientos más adecuados que los que se producirían “dejándose llevar”. El destacado neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás tuvo una expresión que ilustra la diferencia entre los procesos biológicos u orgánicos y los procesos mentales voluntarios: “El enamoramiento es un accidente químico pasajero mientras la construcción de una pareja es una decisión, un proyecto de vida”.

Adicionalmente, en la exposición científica a la que hice alusión al comienzo de este escrito, se refirieron manifestaciones “religiosas” contraproducentes o claramente negativas. Como en todo, los aspectos religiosos pueden manejarse de manera adecuada o inadecuada.

Mi amigo Reynaldo Pareja, que fue quien hizo la segunda pregunta, me sugirió este párrafo: Si de alguna manera creemos y aceptamos lo que se nos ha presentado por las diferentes religiones mundiales de que todos los seres humanos son creados “a imagen y semejanza de Dios”, entonces nuestra esencia es espiritual, no sólo biológica. Él es un Ser incorpóreo, es Espíritu puro. Esto sugiere fuertemente que nuestra esencia es un canal de la fuerza Divina que podemos cultivar diariamente para fortalecer el espíritu, la mente, y el subconsciente. Lo hacemos si diariamente alimentamos el espíritu con meditación e introspección, así como diariamente tenemos que ingerir alimento dos a tres veces por día para que toda nuestra biología se mantenga fuerte y sana. Un dicho sabio dice, “la Fe mueve montañas”. La gran lección espiritual, es que la Gracia Divina puede renovar hasta la última célula cancerosa cuando conscientemente se sincronizan corazón y mente, trabajando al unísono para conseguir una meta de curación.

Nuestro amigo Alberto Betancur nos habló de las “órdenes” curativas que imparte al subconsciente con los efectos casi mágicos que obtiene. Para mí, ese es otro caso de cómo inciden los procesos mentales sobre los procesos biológicos.

Lo consciente actúa en lo biológico, la acción de Dios actúa en ambos. Lo sobrenatural opera en lo natural. “La gracia de Dios actúa sobre la naturaleza” (la cual ya es también un don gratuito de Dios).

Personalmente, creo, confío y busco esos “refuerzos” religiosos que consolidan procesos positivos de la propia capacidad cognoscitiva y voluntaria. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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Cartas recíprocas

Por Vicente Alcala
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El evocador artículo enviado a este blog por Chucho Ferro para el día del padre de este 2023, nos animó a muchos a escribir estas “cartas” inspiradas en nuestros padres que venimos publicando aquí. Hoy, Vicente le escribe una carta a su padre y recuerda la que recibió de él hace unos años.

Te escribo esta carta, papá, y nunca olvido la que tú me escribiste hace 61 años cuando me vine a Colombia.

Lo principal que me decías es que le pedías a la Virgen María que me protegiera y que estabas seguro de que lo haría porque, cuando nacimos cada uno de los cinco hijos, la mamá y tú nos llevaron al altar de la Virgen para pedirle que nos protegiera y así ha ocurrido.

No sólo se ha cumplido ese deseo, sino que ustedes se unieron a esa protección y así la hemos sentido -de manera extraordinaria- en varias ocasiones. Poco después de que nació Carlos, Elssye, Pilar y yo, lo llevamos al santuario de la Virgen de Bojacá para agradecerle y pedirle por la vida de Carlitos.

Te escribo desde la clínica y recuerdo, en la ultima visita que nos vimos, que llegué al hospital donde estabas semiinconsciente y, apenas me sentiste, te reanimaste; pasamos unos días muy felices.

Hace poco recibí las fotos que encabezan esta carta y las junté a un retrato que tenía de Manolo (quien está ya al lado vuestro). Escribirte a ti es escribir también a mamá y a mis hermanos, porque tú no eres tú sin nosotros y nosotros no seríamos sin tu persona, tu presencia y tu legado.

Nuestras cartas y nuestras vidas reproducen “El secreto de la laguna”: se trata de recibir con amor y entregar con amor. Te escribo también pidiendo la protección para nosotros y nuestros dos hijos que estarán lejos, aunque siempre unidos y presentes.

Tu protección será extensión de la de Dios Padre a todos nosotros, y nuestra conversación escrita es como la oración con Él. Siguen siendo recíprocos, no sólo nuestras cartas, sino el amor paterno y filial. Quiero ser tan buen padre como tú lo fuiste con nosotros; Carlos me dice que soy el mejor papá del mundo; es una afirmación subjetiva, pero lo auténticamente subjetivo es lo más verdadero; Pilar me dice lo mismo que Carlos.

Bueno papá, muchas gracias por todo y seguimos comunicándonos. Te quiero mucho. 

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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Fui director del área de Desarrollo Humano, y me preguntaba después ¿realmente colaboré al D.H. de los empleados de la empresa? Pero ¿en qué consiste el D.H., no sólo en una empresa sino en la vida?

Además de trabajar en el área de D.H., pertenecí a la Asociación para el Desarrollo de Personal, que agrupaba a diferentes empresas del país. En la Revista “Hombre y Trabajo” que publicaba la Asociación Colombiana de Relaciones Industriales y Personal, escribí un artículo titulado “Desarrollo de Personal: capacitación y mucho más”.

Bastantes empresas en Colombia ofrecen capacitación a su personal, pero ¿existen empresas que ofrezcan o faciliten desarrollo humano a sus directivos y empleados, o consideran más bien que esa es una responsabilidad de cada persona y no de la empresa?

Si capacitación es mucho más que instrucción, adiestramiento y entrenamiento, el desarrollo de personal es mucho más que capacitación. Pero desarrollo de personal suena todavía a desarrollo en el trabajo y para el trabajo; en últimas, parece desarrollo en beneficio de la empresa, así no se excluya el beneficio para las personas. Todo esto depende de la filosofía de cada empresa u organización; las empresas que buscan Calidad Total en Japón, proclaman que el objetivo principal de la empresa es la felicidad de sus miembros, tanto socios como empleados.

Esto último parece idealismo, pero tiene bastante sentido: utilidades, ganancias, crecimiento… pero todo eso ¿para qué?

Una empresa es un medio apto para el desarrollo de las personas, pues ofrece ingreso para vivir y ocupación; plantea permanentemente problemas reales que exigen creatividad, inteligencia y decisión para resolverlos; está compuesta por grupos de personas y el desarrollo humano integral no puede ser individualista sino social: necesita de los grupos y se apoya en los grupos. 

Las empresas tienen una responsabilidad social para contribuir al desarrollo equilibrado de la sociedad y para eso deben desarrollarse ellas, pero el desarrollo mismo de las empresas depende del desarrollo de las personas y de los grupos que las conforman. La empresa que busque el desarrollo de su personal, encontrará su propio crecimiento. La inversión en el desarrollo de personal es la más rentable de todas las inversiones para un plazo duradero, y el desarrollo integral se manifiesta en los resultados de la empresa.

Podríamos seguir ampliando las ideas sobre capacitación y desarrollo de personal, pero somos más que trabajadores: somos padres, madres, miembros de nuestras familias y de nuestras comunidades, somos ciudadanos. Nuestro desarrollo humano es para la vida.

El Desarrollo Humano Integral significa crecimiento y progreso, implica retirar los obstáculos que impiden el despliegue de la personalidad en su ser y en sus realizaciones.

Hay un desarrollo biológico u orgánico, desde la concepción hasta el nacimiento, desde la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad madura, la vejez y hasta la muerte…  Este es un primer aspecto del Desarrollo Humano, pero no termina con la muerte.

Al desarrollo biológico se integra un desarrollo psíquico, emocional, afectivo… que va desde el amor filial y familiar, ampliándose poco a poco, hasta un amor solidario por los demás; y no solo se ama a las personas, se ama lo que se hace y lo necesario para lo que se quiere lograr… 

Esto último nos remite al desarrollo intelectual y profesional. Desde la escuela primaria y su ambiente, crece la educación pasando por la adolescencia hasta la edad madura y, con ello, hay un desarrollo del conocimiento especializado y el ejercicio laboral y profesional al servicio de los demás y de la sociedad. Conocemos para hacer. Y este hacer, además de orientarse al desarrollo propio y de la familia, contribuye al desarrollo humano colectivo.

Tanto a nivel personal como colectivo, es necesario el desarrollo ético o moral. Es el desarrollo que orienta la búsqueda del bien en la verdad. El “instinto” moral está inscrito en la naturaleza humana, pero como todo lo humano, requiere de formación o crecimiento y el desarrollo moral se forma y crece en y con la comunidad humana histórica.

Son muchas, por lo tanto, las dimensiones del Desarrollo Humano… y nos falta una que le da sentido y valor a todas las demás: es la dimensión espiritual, trascendente o religiosa; es la dimensión del sentido o significado que tiene y le damos a nuestra vida individual y social. Este desarrollo trascendente se inscribe en el desarrollo histórico de la humanidad con sus luces y sus sombras, su progreso, su decadencia y su recuperación. 

Bajo la claridad del Evangelio de Jesucristo, el desarrollo sobrenatural de la fe, la caridad y la esperanza eleva, al más alto nivel, el desarrollo humano biológico, psíquico, intelectual y moral.

Vicente Alcalá Colacios

Agosto, 2023

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El presente artículo se inscribe en la misma línea que el excelente de Francisco Cajiao, Desafíos de la paz, publicado en este blog el pasado 17 de mayo.

¿La fotografía refleja un día nublado, o es un día soleado que tiene algunas nubes? Algo semejante podemos preguntar acerca de la cultura colombiana: ¿se trata de una cultura sesgada o somos una cultura sana, que presenta algunos rasgos culturales ciertamente enfermos, violentos, sesgados, dañados o decadentes? 

Mejor que hablar de una cultura sesgada, podemos hablar de enfermedades culturales en nuestra cultura colombiana, pues, aunque parezca difícil, afirmamos que nuestra cultura es fundamentalmente positiva; lo que ocurre es que, por insistir en lo realmente negativo, olvidamos los grandes valores y la belleza de la bondad humana de la gran mayoría de nuestra sociedad, especialmente notable en el amor de las madres, sean cuales sean sus circunstancias. 

Por lo general. ninguna persona es totalmente sana ni tampoco totalmente enferma. Lo mismo ocurre con las culturas y, en concreto, con la cultura colombiana. Prefiero hablar de enfermedades culturales en vez de sesgos culturales, porque al decir sesgos se necesitaría asociarlos a un punto de referencia que sería no-sesgado; en cambio, enfermedades son algo que, indiscutiblemente, implica un daño o un riesgo para la salud.

Nos bastan las películas y los noticieros -quizás en exceso- para visualizar las dolorosas escenas de atracos, violaciones, delitos, crímenes, corrupción, guerras… y todos los demás comportamientos violentos que podemos comprender y afirmar como efectos decadentes y deteriorados de las enfermedades culturales de una sociedad.

Concretamente en Colombia, podemos constatar que sus enfermedades culturales se manifiestan en rasgos racistas, clasistas, machistas, violentos, excluyentes, discriminadores… y que llevan a insultar, ofender, atacar, violentar y matar. Una de las causas del manejo doloroso de los conflictos en Colombia es, sin duda, ese conjunto de enfermedades culturales heredadas y persistentes.

Si una cultura es el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida de una sociedad o grupo social, cuando las significaciones y valores de esa sociedad manifiestan enfermedades culturales, su modo de vida o manera de actuar deriva en la violencia que se observa en sus múltiples expresiones. 

Uno de los hallazgos que la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la convivencia y la no-repetición, encontró en sus investigaciones está expresado así: 

Uno de los primeros factores de persistencia del conflicto armado es la herencia cultural excluyente del otro, que media en la justificación de la violencia contra determinadas poblaciones y territorios, y marcan con violencia las relaciones políticas, sociales y económicas. Los discursos, valores, ideas, imaginarios y prejuicios que alimentan esos rasgos de la cultura pueden rastrearse desde antes de la formación del Estado Nación y son anteriores al conflicto armado… Esas exclusiones no solo pusieron a estas poblaciones y territorios en situación de mayor vulnerabilidad al impacto de la guerra, sino que también marcaron la desproporcionalidad de la violencia del conflicto armado contra ellas, pues los actores armados reprodujeron estos rasgos culturales en sus prácticas. Estos rasgos culturales (enfermos) se reproducen también en nuestras relaciones políticas; los discursos de los partidos tradicionales que llevaron a la Violencia de los años cincuenta marcaron una manera de convertir los sujetos de la oposición política en enemigos de la nación… El desprecio por el otro también ha marcado las relaciones económicas.

En una palabra: el diagnóstico de las enfermedades culturales que nos aquejan consiste en que no reconocemos al otro como legítimo otro.

Siguiendo con la imagen médica: nadie cura a nadie, sino que nuestra “parte” sana es la que puede curar nuestra “parte” enferma. Así, la mayor parte sana de la cultura colombiana es la que puede sanar sus rasgos enfermos. 

Nos adherimos a las recomendaciones de la Comisión para transformar esos aspectos violentos de nuestra cultura que operan sobre cada uno de nosotros y sobre el conjunto de la sociedad, pues la mentalidad, los valores y los comportamientos son centrales en la transformación de la cultura, sin la cual es imposible la transformación de la sociedad.

Si queremos una sociedad en paz, tenemos que construir una cultura de paz. La Comisión apela a los rasgos culturales predominantes en Colombia: a la solidaridad de las mujeres y a la unidad familiar, a los jueces que prefieren exilarse antes que traicionar el deber de buscar justicia, a los políticos que luchan por las transformaciones que el país necesita, a los empresarios que rechazaron el paramilitarismo… En ellos y tantos otros que han privilegiado la vida, la dignidad y la convivencia pacífica, podemos inspirarnos como sociedad. 

Las recomendaciones se dirigen a una educación para la formación de sujetos que vivan en paz; a una estrategia coordinada a nivel nacional, regional y local para una cultura de paz; a los medios de comunicación y a las comunidades religiosas para fomentar el valor de la dignidad de todas las personas, el respeto de los derechos humanos, el diálogo,  reconocimiento y respeto de la diversidad, de tal manera que contribuyan a desinstalar las narrativas de odio que legitiman y aceptan la eliminación y agresión física al otro.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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Antes de la edad globalizada, en occidente desconocíamos bastante a oriente y oriente desconocía bastante a occidente. La sabiduría que revivimos en el presente artículo, “producida” en el oriente-medio, nos invita a reconocer lo mejor para ambas tradiciones culturales, para hoy y para siempre.  

Los libros de Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico, Sabiduría, por no nombrar a Job y Salmos, nos transmiten una tradición milenaria y perenne. Degustemos algunos de sus abrebocas. 

Y al tiempo, acogeremos el comentario de un amigo al artículo Un libro leído en grupo, cuando dijo que leer los cuatro evangelios sigue siendo fuente de inspiración. ¡Dejémonos inspirar!

“Hijo mío, escucha los avisos de tu padre, no rechaces las enseñanzas de tu madre”. “Planten un árbol bueno y tendrán un fruto bueno”. Somos en gran parte, lo que fue nuestro hogar; si queremos una sociedad sana, debemos educar desde pequeños.

“No permitas que te abandonen bondad y lealtad, cuélgatelas al cuello, escríbelas en la tablilla del corazón”. “De la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad”. La calidad de las lecturas enriquece el tesoro del corazón.

“La sabiduría proclama por las calles, en las plazas levanta la voz… presten atención a mis correcciones y les abriré el corazón comunicándoles mis palabras”. “Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto: ciento o sesenta o treinta”. Y como dijo un discípulo: a dónde iremos Señor, si Tú tienes palabras de vida eterna.

“Dichoso el hombre que alcanza sabiduría, el hombre que adquiere inteligencia” “Ustedes son la luz del mundo… “¿Se enciende una lámpara para meterla en un cajón o debajo de la cama?” Las cualidades que tenemos no se deben enterrar, se deben cultivar y ponerlas al servicio de los demás. 

“No niegues un favor a quien lo necesita si está en tu mano hacérselo”. “Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite” “Traten a los demás como quieren que los demás los traten”. “Gratuitamente han recibido, gratuitamente deben dar”. Gratuidad es la cualidad de dar o recibir, sin tener que esperar nada a cambio. Haz el bien sin mirar a quién.

“Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia”. Si queremos que nos traten bien, primero tratemos bien a los demás y, además, como veo a los otros, ellos me verán a mí. Y no hagamos a otros lo que no quisiéramos que nos hagan.

“Tal es la suerte de la codicia sin límite, que quita la vida a su dueño”. “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida?” Lo primero es lo primero, pero ¡cuántas cosas secundarias nos roban lo más importante!

“La justicia hace prosperar a una nación, el pecado es la ruina de los pueblos”. “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Una de las características de la justicia es la de dar a cada uno lo que le corresponde. “Por qué tomas a mal que yo sea generoso…” Si todos recibimos lo que nos toca, no debemos ser envidiosos si otros reciben más que nosotros.

“Un reino dividido internamente va a la ruina”. No hay que provocar la discordia para sacar partido; mejor que dividir, es unir. “Por falta de gobierno se arruina un pueblo, y se salva a fuerza de deliberación” “Fracasan los planes cuando no se consulta, y se logran cuando hay consejeros”.

“Respuesta amable aplaca la ira, palabra hiriente aviva el enojo. De la lengua de los sabios brota sabiduría, de la boca del necio, necedades” “La boca del justo es manantial de vida”. “No contamina al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella”. “Por tus palabras te absolverán y por tus palabras serás condenado”. Eres esclavo de tus palabras y dueño de tu silencio. 

“Un árbol sano da frutos buenos, un árbol enfermo da frutos malos… por sus frutos los reconocerán”. Obras son amores y no buenas razones. Si el corazón está dañado, las acciones serán destructivas; obramos el bien si somos limpios de corazón. “Está permitido en sábado hacer el bien”. Para hacer el bien no hay que pedir permiso.

“Corazón contento cara feliz, corazón abatido desalienta el espíritu… Para el desgraciado todos los días son malos, el corazón contento está siempre de fiesta… mirada serena alegra el corazón” “Felices los que trabajan por la paz porque se llamarán hijos de Dios” Según la actitud que cultivemos, será nuestro modo de andar por la vida: alegres o amargados.

“Si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza, dirían a aquel monte que se trasladara allá y se trasladaría”. La fe mueve montañas, pero la fe necesita poner manos a la obra. Quien quiere hacer algo, encuentra los medios; quien no quiere, inventa excusas. 

“Quien entre ustedes quiera llegar a ser grande, que se haga servidor de los demás”. Servir no es humillante sino honroso; así como lo más útil es lo que más sirve, así el ser humano más valioso es el que sirve mejor.

“No solo de pan vive el hombre” Hay que cuidar la vida, pero hay que preguntarse por el sentido de esa vida que protegemos, y responderse. “El que busca justicia y misericordia alcanzará vida y gloria” “El generoso será bendecido porque repartió el pan con el pobre”. La autenticidad del ser humano la realiza en su autotrascendencia: en salir de sí mismo, en sus relaciones, en ser para los demás. El hombre se encuentra a sí mismo al trascenderse a sí mismo.

“La necedad del hombre le hace perder su camino” “Al hombre le parece siempre recto su camino, pero es Dios quien pesa los corazones”. “El Señor dirige los pasos del hombre” Dejémonos guiar por Él en nuestro diario caminar.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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Estamos acostumbrados a pensar en el misterio, dentro del ámbito religioso. Más aún, el Diccionario de la Lengua Española, entre nueve acepciones que traduce de la palabra misterio, seis de ellas son de sentido religioso. Entonces, ¿de qué hablamos aquí, al decir “El misterio humano”?

En un artículo anterior publicado en este blog y que llamé “Caminos a la certeza”, expresé que en un sentido, el misterio es provisional: cuando no sabemos o no entendemos algo, decimos que eso es un misterio para nosotros, pero cuando ese algo se conoce y se comprende, el misterio se aclara y se acaba. Al decir misterio humano, ¿es algo provisional o será un misterio permanente? 

“Hasta el momento no tenemos ninguna explicación en absoluto de cómo la mente surge del cerebro. (…) Estudiar la mente es una empresa diferente de estudiar el cerebro”[1].

“En el gran cuadro de la ciencia contemporánea hay muchas cosas que no entendemos, y una de las que entendemos menos somos nosotros mismos. (…) No disponemos todavía de una solución convincente y consensuada a la pregunta de cómo se forma la consciencia de nosotros mismos”[2].

“Si alguien me dijera ‘le explico cómo funciona la consciencia, pero luego lo mato’, yo le diría: ‘perfecto’”[3].

“Las grandes preguntas de la existencia siguen sin respuesta (…) ¿Qué es la consciencia?”[4].

Las declaraciones anteriores de científicos destacados nos indican que, por ahora, la consciencia y la mente son un “misterio” y, por lo tanto, el ser humano también. 

La inteligencia humana, que no es la única inteligencia, nos hace comprender que tenemos consciencia de nosotros mismos, del mundo que nos rodea, incluidos los demás seres humanos y tenemos consciencia de que tenemos consciencia de este tener consciencia.

Para los que no somos científicos, asomarnos al extenso universo del cerebro humano encerrado en un cráneo relativamente pequeño, es un “misterio”. Imaginarse millones y millones de neuronas, diferentes y especializadas, es casi imposible y, lo que es más innumerable: pensar en millones y millones de conexiones entre esas neuronas supera nuestra imaginación. 

Pero el asunto no termina ahí. Humberto Maturana y Francisco Varela son destacados biólogos chilenos y explican cómo no se pueden entender las bases biológicas del conocer sólo a través del examen del sistema nervioso, sino que es necesario entender cómo los procesos cognoscitivos se enraízan en el ser vivo en su totalidad. Y más allá: el operar recursivo del lenguaje es condición sine qua non para la experiencia que asociamos a lo mental [5]. Lo mental no es algo que está dentro de mi cráneo: la conciencia y lo mental pertenecen al dominio de acoplamiento social y es allí donde se da su dinámica.[6] En otras palabras: el ser humano no se puede comprender sin su ser social.

En síntesis, para comprender el fenómeno del conocer humano, de la consciencia y de la mente es necesario aclarar:

¿Cuál es la organización del ser vivo?

¿Cuál es la organización del sistema nervioso?

¿Cuál es la organización del sistema social?

(Se entiende aquí por organización a las relaciones que deben darse entre los componentes de algo para que se dé ese algo, para que se lo reconozca como miembro de una clase específica). 

Para entender bien todo un libro, hay que entender cada uno de sus capítulos, pero para entender bien alguno de sus capítulos, hay que entender todo el libro. Además, hay que regresar una y otra vez al texto. Y esto ocurre, no sólo para un libro… ocurre también para entender al ser humano. 

Para entender la totalidad del ser humano hay que entender cada algo de su ser, pero para entender algo del ser humano, hay que entender la totalidad del ser humano. 

Estábamos hablando del conocer, de la consciencia, de la mente… pero somos seres que perciben, deciden, ríen y lloran; ¿qué son nuestros valores, nuestros sueños, nuestras emociones, nuestro propio saber? ¿qué lugar ocupamos nosotros, seres humanos, en este gran fresco del mundo que ofrece la física contemporánea?; ¿qué somos nosotros en este mundo inmenso que abarca desde la estructura profunda de la materia-energía y del espacio hasta el límite del cosmos astronómico que conocemos?   

El sentido común, que es inteligente, nos hace comprender que el ser humano es un pequeño átomo en este inmenso universo, pero este inmenso universo no se comprendería ni tendría voz, sin el pequeño átomo que se llama ser humano. 

Y el ser humano no es simplemente un individuo, ¿no es un misterio la inmensa multitud de millones y millones de personas en el mundo actual? ¿no es un misterio la variedad de pueblos y culturas? ¿no es un misterio el recorrido de la historia humana y su “prehistoria”? ¿no es un misterio el mundo que quiere descubrir el hombre, a pesar de los avances de todas las ciencias, de las artes, de la inteligencia natural y artificial? 

No hemos hablado de la parte más dolorosa del misterio humano: ¿Quién comprende el abismo de la violencia, la criminalidad, la drogadicción, la corrupción, el homicidio, las guerras…?

Esta misteriosa realidad del mal concreto nos conduce al enigma del bien en la verdad: a la pregunta por el fundamento de la ética o moral, ¿por qué es posible el progreso y la decadencia y la recuperación o redención?

Si llegáramos a descifrar el misterio humano, el misterio de lo que somos, el misterio del obrar bien o mal, todavía nos faltaría saber ¿para dónde vamos?, ¿cuál es nuestro futuro?, ¿cuál es el destino de nuestra vida y de la humanidad, y del universo…?

Y así se encuentran el misterio humano y el misterio de Dios. 

El Espíritu de Dios nos enseña sobre nuestro espíritu. Jesucristo nos ilumina sobre el misterio de Dios y el misterio del hombre. La auto-revelación de Dios en Jesucristo nos aclara nuestro origen y nuestro fin. La fe es un don misterioso de Dios, y la fe refuerza nuestra inteligencia para comprender que el misterio que somos, como humanos, se disuelve en el misterio del amor de Dios y en Éste encuentra su realización y su felicidad. En eso esperamos y en la esperanza hemos sido salvados: eso aclara el Misterio humano.


[1] Harari, Yuval Noah (2018). 21 lecciones para el siglo XXI. Bogotá: Debate

[2] Rovelli, Carlo (2016). Siete breves lecciones de física. Barcelona: Anagrama

[3] Correa, Pablo (2017). Rodolfo Llinás: La pregunta difícil. Bogotá: Aguilar

[4] Hawking, Stephen (2018). Breves respuestas a las grandes preguntas. Barcelona: Crítica

[5] Maturana H. y Varela F., (1996) El árbol del conocimiento. Santiago de Chile. Editorial Universitaria, página 152.  

[6] Ibid. página 154.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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Canto al presente

Por Vicente Alcala
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Bienaventurados pasado, futuro y presente. Es bueno recordar, revivir y escribir lo pasado. Las preocupaciones sobre uno mismo y los demás son el futuro. Por recordar el pasado y pensar en el futuro, se puede descuidar lo más real e importante que es vivir y reconocer las bondades del presente. 

Bendito seas hoy que nos despiertas vivos, saludables y descansados. 

Bendito seas hoy que nos alumbras al amanecer, nos haces gozar el color pastel de las nubes, el trino de los pajaritos, el brillo de las flores, el verdor de los árboles y la frescura del aire mañanero.

Bendito seas hoy que nos muestras el perfil de las montañas y las viviendas de los humanos.

Bendito seas hoy que nos mantienes la salud, las fuerzas, los sentidos y la consciencia.

Bendito seas hoy que nos proteges bajo un techo y nos regalas los muebles para utilizarlos y compartirlos.

Bendito seas hoy que nos regalas el alimento y lo demás necesario para vivir.

Bendito seas hoy a pesar de nuestros sentimientos por los que carecen de casi todo.

Bendito seas hoy que nos das la oportunidad de ayudar a los demás.

Bendito seas hoy porque nos trasladas, a pie, o en bicicleta, o en automóvil, o en cabalgadura, o en buses, o en metro…

Bendito seas hoy que nos das trabajo u ocupaciones. 

Bendito seas hoy en que podemos contribuir a lograr una sociedad mejor y un planeta más sostenible.

Bendito seas hoy cuando nos haces sentir dificultades o dolor, pero nos refuerzas la energía espiritual para superarlos. 

Bendito seas hoy presente cercano, por los que están a nuestro lado.

Bendito seas hoy cuando podemos abrazar a los que nos quieren.

Bendito seas hoy presente lejano y a distancia, pero que nos ayudas a comunicarnos y nos haces sentir unidos; nos permites adivinar y compartir los sentimientos, deseos, afecto, energía y ánimo. 

Bendito seas hoy que nos permites disfrutar la música que nos gusta y otros entretenimientos.

Bendito seas hoy porque podemos sentir el presente, comprender el presente, amar en presente.

Bendito seas hoy porque podemos reforzar los hábitos de ser atentos, ser inteligentes, ser razonables, ser responsables y ser amorosos.

Bendito seas hoy por el amor verdadero que es inmortal y, no podemos dejarlo morir, sino que podemos sentirlo, comunicarlo y expresarlo.

Bendito seas hoy que recibimos mensajes y enviamos saludos a los amigos que hace tiempo no vemos.

Bendito seas hoy, porque podemos leer diariamente a los que escriben en este blog, y a tantos otros escritos.

Bendito seas hoy por tantas otras cosas que no alcanzamos a escribir ahora.

Bendito seas hoy por todo lo que quisieran expresar los que leen este canto al presente.

Bendito seas hoy por poder agradecer a Dios, hoy y todos los días.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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Vicente se refiere a la primera parte de la entrevista, reconociendo y valorando la coherencia del Papa, su capacidad de escuchar con el alma, su autenticidad y la continuidad con temas tratados en su visita a Colombia.

Si alguien le cae mal a uno, nada de lo que diga o haga será bien recibido. Por el contrario, si alguien le cae bien a uno, cualquier cosa de esta persona será bienvenida. Esto no significa que el valor de lo que se expresa dependa del gusto o disgusto, pero este factor emocional es como la puerta de entrada. Y ¿por qué alguien le cae bien a uno? Hay muchos motivos, conscientes e inconscientes… uno de ellos es, que lo que dice o hace se parece mucho o coincide con lo que uno piensa o siente. Otro es que se nota coherencia. en esa persona, entre lo que dice y las actitudes que muestra. 

Esta es mi primera reacción ante el Papa, en su entrevista. Su capacidad de escuchar con el alma, con los oídos, con la vista, con todo su cuerpo y con simpatía.

Es auténtico; no sólo sincero, sino abierto a los otros; no es por su interés personal, sino que se interesa de verdad por quien le está hablando y atiende a sus intereses. Reacciona a la emoción del que habla y lo hace sentir bien, relacionando lo que comunica el otro con algo propio de él. 

Me hizo recordar y confirmó varios de los mensajes en su visita a Colombia: el encuentro no es para él una idea abstracta, lo vive y lo demuestra; sobre todo  con los jóvenes. Dicho sea de paso: a mí me rejuveneció esta entrevista, no sólo por el Papa sino por los jóvenes.

Otras cosas de las que dijo en Colombia: la esclavitud actual, y la manera tan sutil como la reconoce y la manifiesta.

Su realismo y su naturalidad. No se asombra de nada humano y habla de lo vivido por él y vivido por los demás a su alrededor. No trata de aparentar nada, sino que responde como es, como piensa. Unas veces coincide con lo que vive el joven que le habla (soledad, depresión); otras veces reconoce que a él no le ha pasado igual sino diferente (la acogida en Argentina a los inmigrantes y ya que él mismo es inmigrante en su familia); otras veces empatiza con lo que vive el joven y de alguna manera le da una respuesta con gestos más que con palabras.

Se trasluce su espiritualidad ignaciana: “en tiempo de desolación, no hacer mudanza”. Aprovecha el momento de la tormenta para resaltar lo que está diciendo con la imagen del “invierno” interior. También su actitud de sana indiferencia: las cosas tanto cuanto contribuyan al bien. 

No defiende a la Iglesia justificándola, sino aceptando sus errores y ubicándose siempre en el momento de la historia y en la cultura circundante, pero reconociendo la necesidad de cambio y conversión, comenzando desde dentro. Más que sermones, da valor al testimonio de quienes, como la religiosa con los niños de la calle, se entrega al servicio de los demás. 

No sólo se queda en lo personal y la sintonía con el otro. Trasciende a niveles nacionales e internacionales, denuncia y amonesta sobre la necesidad de acoger e integrar a los inmigrantes. En cuanto al racismo, acoge la relación que se da con la inmigración que le exponen los jóvenes. En lo del racismo, la explotación y otras enfermedades culturales, es nítido y comprometido.

Estas notas se refieren a la primera parte de la entrevista. La segunda parte es más “dura” y me hizo sentir la distancia entre la propia cultura y la de los jóvenes, que exige un acercamiento comprensivo.

Vicente Alcalá Colacios

Junio, 2023

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A veces oímos sin escuchar, otras veces ni siquiera oímos, a veces oímos y escuchamos… pero hay que aprender a “escuchar con el alma” para ayudar a construir una cultura de paz.

Cuando mi hijo tenía unos cinco años, estaba jugando con los carritos de colección, a los que les tenía una devoción apasionada. Me llamó a jugar con él y, en el corredor del segundo piso de la casa, empujaba hacia mí un carrito y yo se lo devolvía. En seguida me dijo: ¡papá, juega conmigo! Yo le contesté, ¡pero si estoy jugando contigo! ¡Pero, papá, entusiásmate!

Aparentemente, yo estaba jugando con mi hijo, pero ciertamente -por su reclamo- yo no estaba compenetrado en su juego. Esto nos pasa, muchas veces, no sólo con el juego, sino con muchas situaciones de la vida y, especialmente, en las conversaciones o diálogos. 

Externamente estamos presentes, pero cuando falta simpatía o -al menos- empatía, estamos ausentes interna y emocionalmente. Oímos, pero no escuchamos y, menos aún sentimos los sentimientos de nuestro interlocutor.

En conversaciones telefónicas con mi hija que vive en el exterior, me sorprendí a veces oyendo con poco interés lo que nos contaba; en ocasiones me parecían cosas sin importancia… sin importancia para mí, pero no comprendía o no sentía en el momento- que sí eran cosas importantes para ella y mucho más con el deseo que manifestaba de comunicarse con nosotros. Ahora dejo de verdad lo que estoy haciendo, para conversar con mi hija y procurar escucharla con el alma. 

Otras veces, escucha uno el reclamo aún de la propia pareja, cuando hablando nos advierte que no le ponemos atención o que no le hacemos caso. No es necesariamente distracción, sino que no estamos sintonizados en el momento. Sin darnos cuenta, estamos lejos o por lo menos no estamos compenetrados con sentimientos mutuos. 

Estoy aprendiendo lo que es escuchar con el alma. Es lo que dice el biólogo Humberto Maturana cuando explica el conversar como el fluir entrelazado de “emocionar y “lenguajear” (que no es exclusivamente hablar). 

Si eso le pasa a uno con quien más quiere… cuanto más nos pasa con otras personas. En nuestras tertulias de los jueves, tratamos de conversar con nuestros amigos, de escucharnos con el alma.

El hecho de escuchar con el alma implica una actitud de desprendimiento y generosidad. Necesita uno desprenderse temporalmente de los propios intereses y ocupaciones, para dar acogida, con generosidad del propio tiempo, atención y disponibilidad, a las palabras, preocupaciones, intereses, sentimientos y proyectos de la otra persona. Escuchar con el alma es practicar el amor que es, también, aceptar al otro como legítimo otro.

Una cultura de la paz necesitaría, entre otras actitudes, el hábito generalizado de escuchar con el alma. Si logramos aprender a escucharnos con el alma, unos a otros, nos amaríamos de verdad, no seríamos tan indiferentes en nuestra sociedad y, mucho menos, ofenderíamos, despreciaríamos y violentaríamos a los demás. Así como el niño que coge en sus manos un violín, no cogerá nunca en sus manos un arma de fuego, seríamos más humanos, porque la autenticidad humana se realiza en la autotrascendencia, en el salir de nuestro encerramiento egoísta para ser más altruistas o generosos. Lo expresó muy bien una escritora, cuando comentó: el dar cosas es, muchas veces lavarnos las manos; es necesario, no tanto dar, cuanto darnos”. Escuchar con el alma implica no sólo dar de nuestro tiempo sino “darnos” al que oímos, y esto contribuye a construir una cultura de paz. 

Todo lo anterior podría parecer, utópico, idealista o ingenuo; sin embargo, para hacerlo más realista, podemos hacerlo poco a poco: no “saltamos” de una vez a ser escuchas perfectos, pero sí podemos cada vez más aprender a escuchar mejor, conversar cada vez más atentos. Lo mismo con otros comportamientos sociales, no es pretender alcanzar el ideal de una vez, sino actuar un poco mejor cada vez, ser un poco más “abiertos” a los demás, cada día.

Lo contrario de aceptar al otro como legítimo otro, es discriminar, rechazar, excluir, menospreciar a cualquiera, por sus condiciones socioeconómicas, por su nivel cultural, por su color de piel, sus gustos o creencias, su inclinación sexual o comportamientos. Cuando se tiene algún prejuicio semejante, se hace mucho más difícil escuchar con el alma, pero precisamente, si escuchamos a alguien con el alma, probablemente se desvanecerán esos prejuicios.

No aceptar al otro como legítimo otro es una de las causas principales de la cultura de la violencia, que contamina una cultura pacífica, y que ha corrompido en gran proporción a nuestra sociedad colombiana. 

Escuchar con el alma a los demás es un buen camino hacia una cultura de paz, una cultura de la vida, una civilización del amor. 

Vicente Alcalá Colacios

Junio, 2023

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Digo momento de impacto extendido” porque hubo un momento, pero sus efectos duran hasta hoy.

Estaba yo en quinto de bachillerato -no sé cómo, pues no recuerdo haber aprendido casi nada en el Instituto de Almería- y la profesora de Filosofía dice “Alcalá tiene las ideas muy claritas”; claritas como la profesora, que era menudita. Corría el año 1957 y yo tenía 15.

No exagero al decir que no aprendí casi nada en bachillerato; prueba de lo cual es que aunque había terminado los cursos, no tenía yo Diploma de Bachiller, hasta que Pacho de Roux, no sé cómo hizo para que le mandaran desde la Universidad de Granada un diploma que se necesitaba para me pudieran dar el título de Licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad Javeriana.

¿Por qué impacto? No sé si inconsciente o consciente, pero lo cierto es que hasta 1963 en Chapinero, supe que yo era inteligente, como todos nosotros, y luego me di cuenta que yo no era simplemente Licenciado en Filosofía, sino filósofo. Eso no tiene mayor mérito, porque todos somos implícitamente filósofos, lo único es que yo fui siéndolo explícitamente.

No hice curso de Ciencias, como algunos de ustedes -y sigo sin conocerlas mayormente, aunque las admiro- de manera que pasé directamente de Humanidades a Filosofía. Tuvimos magníficos profesores como los padres Chucho Sáenz, Noriega, Gallego, Jaime Vélez… por nombrar algunos. Dirigidos por éste último, y con un equipo, escribimos “Curso de Filosofía”, en dos tomos, para V y VI de bachillerato, que utilicé en dos años de magisterio en Bucaramanga. Algunos alumnos, después de muchos años, me recordaron como profesor de filosofía con sincero agradecimiento. 

Poco tiempo después, a otro grupo -esta vez de tres amigos- nos pagaron el contrato cumplido por elaborar un programa de Filosofía, pero que no admitieron porque este era “un programa para aprender a pensar, en vez de aprender Filosofía que era lo que se necesitaba”, según lo que opinó quien nos contrataba en el Ministerio de Educación. El nuestro se trataba de un programa de filosofía situacional: se planteaban situaciones comunes a los jóvenes, por ejemplo, “Nos gusta conversar con nuestros amigos” y seguían varias preguntas y diálogos, que posteriormente se complementaban con textos de algunos filósofos que trataban el tema; las situaciones se iban sucediendo en ámbitos más amplios progresivamente. 

Casi cuarenta años más tarde, en el 2005, (hace ya 17) me vinculé al Grupo “Cosmópolis” en que estudiamos el método propuesto por Bernard Lonergan en Insight y en Método. Aquí supe, por ejemplo, que Teoría del conocimiento no es igual que Epistemología… Y toda la propuesta para la apropiación de la estructura dinámica del ser personal, capaz de conocimiento y acción moral, es valiosísima. 

Sería largo hablar de eso, pero me pregunté y me sigo preguntando ¿Cómo es posible realizar las diversas operaciones mentales que Lonergan nos ayuda a identificar tan claramente (sensación, comprensión, reflexión, deliberación, decisión…)? y ¿por qué podemos lograr los diferentes niveles de consciencia que alcanzamos (consciencia empírica, consciencia inteligente, consciencia reflexiva, consciencia responsable, consciencia religiosa)? 

Esto nos lleva a la Neurociencia, a preguntarnos por las condiciones biológicas necesarias para el pensamiento, la mente, la libertad efectiva, la responsabilidad y el amor… En eso estamos, como mostró la tertulia del jueves 24 de marzo de 2023, en la que dialogamos sobre las relaciones del cerebro y la mente.

Sobre este mismo problema de las bases biológicas de los procesos mentales y especialmente del entendimiento humano, estudié varias de las obras de los biólogos y filósofos Humberto Maturana y Francisco Varela, como El árbol del conocimientoDe máquinas y seres vivos, Biología del conocimientoEl fenómeno de la vida, Conocer: las ciencias cognitivas, entre otras. Tres preguntas importantes que formulan son: ¿Cuál es la organización del ser vivo? ¿Cuál es la organización del sistema nervioso? ¿Cuál es la organización básica de todo sistema social, que da origen a toda cultura?

En el ámbito de la filosofía moral, es necesario aludir al movimiento por una Ética mundial, promovido por Hans Küng, y a sus principios para una paz entre las religiones y las naciones.

Para mí, otro autor apasionante ha sido el filósofo y teólogo Joseph Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI, que nos completa el itinerario hasta la Teología y la experiencia religiosa. 

Hoy, a la altura de los 80 años, mi familia y el entorno físico abierto, en que vivo, impulsan mis búsquedas existenciales. La amistad, en las tertulias de exjesuitas y el blog, son un estímulo excelente para la reflexión y la expresión filosófica, y para el camino hacia la verdad y la sabiduría. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2023

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Hace poco, escribimos sobre la Inteligencia Natural Humana y sus logros históricos. Hoy expresamos que el ser humano es mucho más que inteligencia. En noviembre de 2021 se presentó en este blog, una propuesta integral sobre la esencia del hombre. En varios artículos se han sugerido las formas de desarrollar la esencia del ser humano; en este artículo, continuamos con esa tarea que siempre va más allá.

La inteligencia humana natural es tan importante que durante mucho tiempo se ha considerado como la característica distintiva de nuestra especie biológica, de tal manera que se definía al ser humano como “animal racional”. La razón ciertamente es una de las capacidades o potencialidades humanas más importantes. Pero podemos decir también que el ser humano es mucho más que razón.  

Ese “mucho más” hay que verlo desde abajo y desde arriba de la inteligencia. Es una forma de decirlo con palabras espaciales, pero lo cierto es que, al decir animal racional, no podemos olvidar al animal que somos, ni tampoco podemos olvidar que la inteligencia y la razón no son lo último en el ser humano: conocemos para actuar y actuamos para ser felices.                                                                                                                                                         

¿Cómo ubicamos las emociones, la sensibilidad, los sentimientos, la imaginación, la comprensión, la creatividad, el simbolismo, la laboriosidad, la bondad, el amor, la sociabilidad, la responsabilidad, la solidaridad, la trascendencia…? 

Son capacidades, son potencialidades, son rasgos humanos sí, pero no terminados sino en proceso de perfeccionamiento, de desarrollo, de realización.

El conocer tiene que ver con la verdad, el actuar tiene que ver con el bien, la felicidad tiene que ver con la plenitud y la permanencia, con la inmortalidad. 

El conocer es más de lo que pensamos: comienza con los sentidos y se complementa con el entendimiento o comprensión, pero hace falta el juicio acertado, la afirmación fundamentada, para decir que verdaderamente conocemos algo. Y ese largo camino tiene muchas etapas. El aprendizaje debe acompañar durante todo el trayecto; la investigación es el ejercicio de la curiosidad, de la búsqueda y de la confirmación; la experiencia se va adquiriendo poco a poco y con trabajo. 

El actuar se despliega como en un mapamundi o un globo terráqueo, solamente que como no se puede abarcar todo individualmente, hay que repartirse las tareas, hay que coordinarlas, y se necesitan la complementación y la colaboración de todos los actores para acercarnos a un bien común, universal. El bien común, o para todos, es un ideal deseable y casi inalcanzable, pero no lo podemos perder del horizonte humano para que podamos soñar con la felicidad; el bien común siempre está por delante de nuestra visión, pero aunque siempre está más allá, no deja de atraernos, de motivarnos, de impulsarnos; además el bien común verdadero es el faro ético de nuestro actuar.

La felicidad está más allá del horizonte y de las montañas, pero está. El arte, la música y, sobre todo el amor, nos conducen hacia la felicidad. El arte no tiene barreras, ni límites, ni fronteras… la música nos transporta, no sé a dónde, pero nos lleva a otro mundo… el amor anhela ser eterno y, lo mismo que el deseo de conocer y de conseguir el bien, siempre quiere traspasar el aparente final de la muerte. El amor, junto con la fe y la esperanza, viene en nuestra ayuda para trascender esta vida temporal, pero, de los tres, el más importante es el amor y es que perdurará cuando la esperanza haya alcanzado su objetivo, y la fe ya no se necesite porque la realidad amorosa no simplemente será creída sino que se vivirá plenamente y eternamente. 

Esta visión positiva del ser humano, personal y social, no ignora ni olvida sus dinamismos naturales animales, ni las omisiones y errores en el conocer, ni las desviaciones o debilidades de la voluntad al actuar. Sin embargo, estas posibilidades negativas no pueden provocar una visión pesimista del ser humano, sino que matizan la interpretación y la realización de lo que somos con un prudente ingrediente siempre necesario de realismo.   

La inteligencia, el trabajo, la política, la economía, las finanzas, la tecnología… y todas las demás actividades humanas son importantes y valen la pena, si se subordinan y se encaminan a lo verdaderamente humano, que llega a ser divino. 

Vicente Alcalá

Marzo, 2023

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