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Enfermedades culturales y cultura de paz

Por Vicente Alcala
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El presente artículo se inscribe en la misma línea que el excelente de Francisco Cajiao, Desafíos de la paz, publicado en este blog el pasado 17 de mayo.

¿La fotografía refleja un día nublado, o es un día soleado que tiene algunas nubes? Algo semejante podemos preguntar acerca de la cultura colombiana: ¿se trata de una cultura sesgada o somos una cultura sana, que presenta algunos rasgos culturales ciertamente enfermos, violentos, sesgados, dañados o decadentes? 

Mejor que hablar de una cultura sesgada, podemos hablar de enfermedades culturales en nuestra cultura colombiana, pues, aunque parezca difícil, afirmamos que nuestra cultura es fundamentalmente positiva; lo que ocurre es que, por insistir en lo realmente negativo, olvidamos los grandes valores y la belleza de la bondad humana de la gran mayoría de nuestra sociedad, especialmente notable en el amor de las madres, sean cuales sean sus circunstancias. 

Por lo general. ninguna persona es totalmente sana ni tampoco totalmente enferma. Lo mismo ocurre con las culturas y, en concreto, con la cultura colombiana. Prefiero hablar de enfermedades culturales en vez de sesgos culturales, porque al decir sesgos se necesitaría asociarlos a un punto de referencia que sería no-sesgado; en cambio, enfermedades son algo que, indiscutiblemente, implica un daño o un riesgo para la salud.

Nos bastan las películas y los noticieros -quizás en exceso- para visualizar las dolorosas escenas de atracos, violaciones, delitos, crímenes, corrupción, guerras… y todos los demás comportamientos violentos que podemos comprender y afirmar como efectos decadentes y deteriorados de las enfermedades culturales de una sociedad.

Concretamente en Colombia, podemos constatar que sus enfermedades culturales se manifiestan en rasgos racistas, clasistas, machistas, violentos, excluyentes, discriminadores… y que llevan a insultar, ofender, atacar, violentar y matar. Una de las causas del manejo doloroso de los conflictos en Colombia es, sin duda, ese conjunto de enfermedades culturales heredadas y persistentes.

Si una cultura es el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida de una sociedad o grupo social, cuando las significaciones y valores de esa sociedad manifiestan enfermedades culturales, su modo de vida o manera de actuar deriva en la violencia que se observa en sus múltiples expresiones. 

Uno de los hallazgos que la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la convivencia y la no-repetición, encontró en sus investigaciones está expresado así: 

Uno de los primeros factores de persistencia del conflicto armado es la herencia cultural excluyente del otro, que media en la justificación de la violencia contra determinadas poblaciones y territorios, y marcan con violencia las relaciones políticas, sociales y económicas. Los discursos, valores, ideas, imaginarios y prejuicios que alimentan esos rasgos de la cultura pueden rastrearse desde antes de la formación del Estado Nación y son anteriores al conflicto armado… Esas exclusiones no solo pusieron a estas poblaciones y territorios en situación de mayor vulnerabilidad al impacto de la guerra, sino que también marcaron la desproporcionalidad de la violencia del conflicto armado contra ellas, pues los actores armados reprodujeron estos rasgos culturales en sus prácticas. Estos rasgos culturales (enfermos) se reproducen también en nuestras relaciones políticas; los discursos de los partidos tradicionales que llevaron a la Violencia de los años cincuenta marcaron una manera de convertir los sujetos de la oposición política en enemigos de la nación… El desprecio por el otro también ha marcado las relaciones económicas.

En una palabra: el diagnóstico de las enfermedades culturales que nos aquejan consiste en que no reconocemos al otro como legítimo otro.

Siguiendo con la imagen médica: nadie cura a nadie, sino que nuestra “parte” sana es la que puede curar nuestra “parte” enferma. Así, la mayor parte sana de la cultura colombiana es la que puede sanar sus rasgos enfermos. 

Nos adherimos a las recomendaciones de la Comisión para transformar esos aspectos violentos de nuestra cultura que operan sobre cada uno de nosotros y sobre el conjunto de la sociedad, pues la mentalidad, los valores y los comportamientos son centrales en la transformación de la cultura, sin la cual es imposible la transformación de la sociedad.

Si queremos una sociedad en paz, tenemos que construir una cultura de paz. La Comisión apela a los rasgos culturales predominantes en Colombia: a la solidaridad de las mujeres y a la unidad familiar, a los jueces que prefieren exilarse antes que traicionar el deber de buscar justicia, a los políticos que luchan por las transformaciones que el país necesita, a los empresarios que rechazaron el paramilitarismo… En ellos y tantos otros que han privilegiado la vida, la dignidad y la convivencia pacífica, podemos inspirarnos como sociedad. 

Las recomendaciones se dirigen a una educación para la formación de sujetos que vivan en paz; a una estrategia coordinada a nivel nacional, regional y local para una cultura de paz; a los medios de comunicación y a las comunidades religiosas para fomentar el valor de la dignidad de todas las personas, el respeto de los derechos humanos, el diálogo,  reconocimiento y respeto de la diversidad, de tal manera que contribuyan a desinstalar las narrativas de odio que legitiman y aceptan la eliminación y agresión física al otro.

Vicente Alcalá Colacios

Julio, 2023

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2 Comentarios

JUAN GÓMEZ 25 julio, 2023 - 7:12 am

Vicente: bien tratado el tema. Sobresalto lo de “nadie cura a nadie, sino que nuestra “parte” sana es la que puede curar nuestra “parte” enferma”. Otra enfermedad es nuestra “cultura mafiosa” o sea la corrupción en el sentido amplio. Gracias

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vicente alcala 1 septiembre, 2023 - 7:11 am

Aunque se titula “Enfermedades culturales y cultura de paz” este artículo comenta y transcribe uno de los Hallazgos de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No-Repetición (CEV, que es uno de los componentes del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantía de No-Repetición) y sus correspondientes Recomendaciones: “1. Para avanzar en la construcción de paz como un proyecto nacional” y “8.Para lograr una cultura para vivir en paz”.

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