En la tertulia sobre “Experiencias cercanas a la muerte” que tuvimos el 8 de agosto, conversamos sobre las vivencias ajenas de quienes han muerto clínicamente y se reaniman. Permítanme compartir con ustedes, algunas de mis reflexiones.
La meta de la maratón no es frustración ni negación de la maratón; la muerte no es frustración ni negación de la vida.
La carrera no tiene sentido sin la coronación en la meta. La vida no tiene sentido sin la coronación en la muerte. Pero traspasar la meta de la maratón no significa la terminación de ser atletas, como tampoco el paso de la muerte significa el término de la VIDA.
La afirmación del título me gustó y reconforta a cualquiera que la comprenda. Sobre todo, como preparación. Mientras avanzo al escribir este artículo, una familiar muy cercana está en un momento de mucho sufrimiento cercano a la muerte y, de pronto, piensa uno que este escrito no es realista. Pero sí, ambas cosas son muy verdaderas: el dolor de la enferma y la afirmación de la vida.
Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un sicólogo muy importante. Entre sus muchas obras se encuentra un artículo titulado “Alma y muerte” que, en otras versiones, se tituló: “De la psicología de la muerte” y “Realidad del alma”.
Joseph Ratzinger (1927-2022) fue un filósofo y teólogo destacado. Fue Papa de la Iglesia Católica desde 2005 hasta su renuncia en 2013. Entre sus muchas obras, escribió sobre la muerte, el alma y la vida eterna.
“El alma, reflejo del mundo y del hombre, es de tal diversidad que se la puede contemplar desde infinitos puntos de vista”. Parafraseando este pensamiento, podemos decir que la muerte es tan misteriosa que se le ha contemplado desde multitud de perspectivas: la mitología, el arte, la medicina, la biología, la literatura, la filosofía, religión… (Encuentro más de 70 páginas con un promedio de 10 artículos relacionados).
Jung escribe así: “La vida es un proceso energético como cualquier otro. Pero todo proceso energético es en principio irreversible y por lo tanto está claramente orientado a un objetivo, y el objetivo es el estado de reposo… El nacimiento del ser humano está preñado de significado; ¿por qué no la muerte? El joven es preparado durante veinte o más años para el desarrollo completo de su existencia individual; ¿por qué no ha de prepararse luego otros veinte o más para su final?… Parece, pues, estar más conforme con el alma universal de la humanidad que contemplemos la muerte como la consumación del sentido de la vida y como su objetivo más legítimo, que como una absurda interrupción”.
Jung habla de la muerte basado en su enorme experiencia psicológica con miles de individuos cuya actividad anímica inconsciente siguió hasta muy cerca de la muerte pero, además, descubre que, colectivamente, a lo largo de los milenios, los símbolos acerca de la muerte han ido creciendo poco a poco, al igual que las plantas, como revelaciones naturales del alma de la humanidad. Para él, los arquetipos de la muerte y de la vida después de la muerte, son manifestaciones del inconsciente colectivo.
El consenso de los pueblos tiene interpretaciones expresas de la muerte, que se han manifestado inequívocamente en todas las grandes religiones de la tierra, para las cuales el sentido de la existencia se completa con su final.
Sería muy largo detallar las reflexiones de Jung, basadas en su experiencia profesional. Es conveniente pasar a la segunda afirmación: la finalidad de la muerte es LA VIDA.
Joseph Ratzinger escribe: “¿Qué lleva al ser humano a tener el ansia de perdurar? No es el yo aislado, sino la experiencia del amor… la inmortalidad no anida en el hombre mismo sino en una relación, en la relación hacia lo que es eterno y lo que otorga sentido a la eternidad. Esto permanente que puede dar vida y dar plenitud a la vida es la verdad, es el amor. El hombre puede vivir eternamente porque es capaz de tener relación con lo que da eternidad. Y aquello que da sustento a esa relación en el hombre lo llamamos ‘alma’… la verdad, que es amor, y que se llama Dios, da al ser humano eternidad”.
Es lo que dijo Jesús, con palabras más sencillas: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida… Yo soy el camino, la verdad y la vida… El Padre me ama y me da el Espíritu sin medida… a los que creen se les da la capacidad de ser hijos de Dios y tendrán VIDA eterna… En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones y voy a prepararles un sitio… Ahora vemos como en un mal espejo, después veremos a Dios cara a cara… Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me diste para que sean uno como nosotros… para que el amor con que tú me amas esté en ellos y nosotros en ellos… LA VIDA es la unión con Dios Padre, Hijo y Espíritu: esa es la finalidad de la muerte.
“Quien cree en mí, no morirá para siempre; aunque muera, vivirá” (Juan 11:25-26).
Vicente Alcalá Colacios
Agosto, 2024


2 Comentarios
Vicente: con tu escrito tu continúas ampliando la reflexión que hemos iniciado. Creo que así se enriquece todavía más nuestra reflexión. Gracias y saludos. Hernando
Bella reflexión Vicente. La fe nos catapulta hacia la eternidad, sin que esto deje de ser un misterio.