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UNA SINTESIS SOBRE LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE

Por Hernando Bernal Alarcón
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En nuestra tertulia 204 del jueves 8 de agosto para reflexionar sobre el video de la vida después de la muerte del doctor Manuel Sans Zegarra, concluimos que existen varios relatos que pretenden aclarar el tema, sin que pudiéramos aceptar uno como el más acertado, pero respetando todas las expresiones. Este artículo es solo un intento de síntesis sobre la profundidad de nuestras reflexiones y nuestros relatos. 

El relato inicial del expositor es sobre la forma como la física cuántica, en la cual desaparecen los conceptos de espacio y tiempo, es una manera científica de expresar la realidad de lo eterno, convertida en un absoluto presente. Este es un primer paso que expresa el contexto y las consecuencias prácticas de esa futura realidad.

Lo cuántico, a su vez, se expresa y traduce en energía. Como somos energía y esta se transforma y no se destruye, nuestro destino es el de sumergirnos de nuevo en aquella energía que nos dio origen y que es en sí misma la totalidad. El paso hacia lo eterno es sumergirnos en la energía de Dios que fue el origen de nuestra energía. Es uno segundo paso para expresar la direccionalidad de nuestra existencia (Luis Guillermo Arango).

Toda la creación además, es energía y por lo tanto la realidad total de la naturaleza implica la presencia de Dios. Es el “Deus sive natura” de Espinoza. Como consecuencia, debemos entender que, al ser parte de la creación, tenemos que trabajar en conjunto con la naturaleza para conservar y transformar la energía. Este es un tercer aspecto de nuestra realidad total (Edmundo Pérez).

Podemos hablar de nuestra existencia actual porque tenemos conciencia de ello. La conciencia da razón de nuestra existencia y confiere existencia a todo lo que nos rodea. Por lo tanto, la conciencia es energía y la energía se hace presente cuando se concientiza y se hace futuro al transformarse hacia el horizonte de un más allá que es eterno. Es el cuarto elemento: al manifestar la realidad de nuestra conciencia, estamos también haciendo alarde de nuestra individualidad (Vicente Alcalá).

En quinto lugar la conciencia nos hace presente nuestro fin y nuestra limitación y nos abre necesariamente hacia el más allá, que es un misterio. Sabemos sobre el fin de nuestra vida, pero desconocemos cómo será nuestra fusión con la energía que nos comunicó la vida y nos dio nuestra individualidad (Hernando Bernal).

En un sexto paso, la revelación nos anuncia que hemos sido creados “a imagen y semejanza” de Dios y que por lo tanto, en la manifestación de nuestra vida como seres conscientes con responsabilidad individual, estamos actuando dentro del paradigma divino de la creación (Reynaldo Pareja).

Se entra entonces en una séptima consideración sobre las falencias cuando obramos al margen o en contra de nuestra conciencia, y al desviar la energía vital hacia intereses, gustos, despropósitos, injusticias, limitaciones que coartan nuestra semejanza con Dios. Aquí se hace presente, por un lado, el pecado y por otro la necesidad de la reparación mediante el sacrificio. Es ahí entonces donde damos el paso de la simple filosofía sobre la creación a la religión como “presencia”, más que como creencia en Dios (San Agustín).

En el octavo paso, la conciencia sobre Dios nos permite imaginarlo a través de nuestra historia. En una primera instancia aparece como un Dios vengativo y profundamente disgustado por las desviaciones de nuestra naturaleza y por el uso negativo de la energía humana, exigiendo sacrificios para tratar de aplacar su manifiesta displicencia (Antiguo Testamento).

Pero con la encarnación del hijo de Dios “semejante a nosotros en todo menos en el pecado” y con el sacrificio de su vida para redimirnos, aparece entonces la visión de una nueva energía creadora que nos hace intuir que nosotros mismos – es decir conciencia y energía – tenemos la esperanza de trascender sin perder nuestra individualidad. Este noveno paso es nuestra conciencia transformada en fe (Juan evangelista y Pablo de Tarso).

Finalmente, como el acto misericordioso de la conciencia y energía divina es un acto de AMOR, realidad cuántica, energía, conciencia, naturaleza, creación, misterio y vida, nos comprometen necesariamente con el ejercicio del amor, para obrar a imagen y semejanza de quien nos creó, nos da la esperanza ante las dudas y “la inquietud” que crea el paso hacia otra realidad, y explica la razón de ser de nuestra vida mortal, develando el gran misterio de nuestra existencia.

“Nos hiciste Señor para Ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti” (Agustín de Hipona).

Hernando Bernal Alarcón

Agosto, 2024

5 Comentarios
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5 Comentarios

Humberto Sánchez Asseff 21 agosto, 2024 - 9:05 am

Hernando: Excelente “resumen” que, más bien, parece una síntesis y trazado de ruta hacia nuestro regreso a nuestro Dios Creador. Te luciste. Gracias.

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JUAN L GOMEZ C 21 agosto, 2024 - 9:52 am

Hernando: magistral resumen. Gracias mil

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Reynaldo Pareja 21 agosto, 2024 - 11:11 am

Hernando, excelente sintesis de todas las facetas de la Energia originaria, la energia permanente, la energia transformante, la energia especialmente presente en nosotros en nuestra consciencia, en nuestro actuar libre resposnable o irresponsable. Esta Energia Cosmica que a la vez se expresa en nuestra encapsulada existencia espacio-temporal está invitada, atraida, magnetizada por la Fuente que la genero en su Eternidad como el horizonte de nuestro retorno a su Inmensidad en estado de Inmortalidad. Gracias por sintetizar tanta riqueza que fue expuesta en esa excelente presentación-reflexión. Nos permitió recordar de dónde venimos, para dánde vamos, y cuál es el supremo estado de re-unión con la Fuente que nos originó.

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Hernando+Bernal+A. 21 agosto, 2024 - 10:00 pm

Gracias Humberto, Juan y Reynaldo por sus muy valiosos comentarios. Dios como energía suprema siempre nos seguirá iluminando. Saludos

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Vicente Alcalá 22 agosto, 2024 - 1:28 am

Gracias Hernando por tu magnífica síntesis que nos ayuda a seguir profundizando en la verdad y amor definitivos.

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