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En esta inolvidable tertulia, nuestro compañero Hernando Bernal nos preparó una interesante síntesis de sus pensamientos sobre los cambios sucedidos en los primeros 24 años de este siglo y su comparación con la velocidad de los cambios acontecidos en siglos anteriores. Otros del grupo compartimos nuestras percepciones sobre el mismo tema en una tertulia de fraternidad, análisis crítico y muchos interrogantes para esta y las nuevas generaciones. Compartimos su contenido con nuestros lectores convencidos de suscitar nuevos interrogantes que esperamos nos aporten en sus comentarios.

Exjesuitas en tertulia- Sesión # 178 – Jueves 1 de Febrero, 2024
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Una manera cotidiana como el filósofo Derrida quiso que el público entendiera lo que él quería significar con el término deconstrucción fue la alusión que hizo de alguien que, al sentarse, sintió un pinchazo y por simple deducción encontró que otro había dejado descuidadamente un alfiler en la silla.

Con ese ejemplo quería que entendiéramos que el proceso lógico de la deconstrucción se mueve prioritariamente de los efectos al conocimiento y análisis de las causas y no, como la lógica tradicional lo señala con autoridad incontestable: ir primero al conocimiento de las causas y de allí deducir los procedimientos y mecanismos para el logro o manejo de los efectos y los resultados.

Se trata, entonces, de una inversión en el direccionamiento lógico tradicional que usamos en nuestros discursos y procedimientos comportamentales, y no de una “destrucción” (como algunos podrían interpretarlo) en la forma racional de analizar e interpretar los hechos.

Deconstrucción es partir de los hechos para de allí derivar “la complejidad” de las causas atribuibles. El alfiler pinchó a nuestro sujeto, pero quién lo dejó, cuándo lo dejó y por qué lo dejó en la silla, es lo que debería averiguarse, con clara conciencia que pueden ser múltiples, controvertidas y posiblemente ambiguas y poco confiables las respuestas que puedan encontrarse.

Un segundo elemento que señalan los que practican la racionalidad de la deconstrucción es tratar de invertir y/o anular las priorizaciones que atribuimos cuando afirmamos que algo es bueno/malo, aceptable/rechazable, moderno/tradicional, reaccionario/progresista, cristiano/pagano, y demás juicios que realizamos permanentemente en el cotidiano análisis de nuestras realidades. No es privarnos de pensar y de emitir juicios, sino darnos la posibilidad de interpretarlos en forma diferente, teniendo en cuenta que ni lo positivo ni lo negativo son absolutos, que se pueden dar ambas posibilidades y que el significado de los mismos es susceptible de ser invertido. De alguien que es blanco, masculino, adinerado, buen mozo, y exitoso, podría también afirmarse que fuera mejor sin tales características.

Podría afirmarse entonces que la forma tradicional del pensamiento occidental sobre el capitalismo, la democracia, la interpretación de los derechos humanos, la organización económica mundial, la utilización de las energías tradicionales derivadas de la explotación del petróleo, los sistemas abiertos de reproducción y acumulación del capital, la concentración demográfica en las metrópolis urbanas, la multiplicación incontrolada de las poblaciones, la interpretación absolutista de las soberanías nacionales, etc. etc., deben ser susceptibles a la lógica de la deconstrucción, que dista mucho de ser considerada nihilista. Simplemente abre las puertas para una reconstrucción del mundo, para un reordenamiento de los valores tradicionales y posiblemente para la potencialización de esperanza en contraposición al fatalismo que predomina como visión del futuro en estos primeros años del Siglo XXI.

Esta es la forma como puedo responder ante la pregunta muy honesta y muy sensata de quienes me motivan a explicar por qué considero que el Siglo XXI comienza con el trágico evento de la destrucción de las Torres Gemelas, que si bien fue en sí misma una acción nihilista (el pinchazo del alfiler) da comienzo a una reflexión profunda no solo sobre nuestro mundo real sobrecargado de problemas y aporías, sino sobre la necesidad de transformar la lógica de nuestro pensamiento para encontrar nuevas soluciones.

Y con esto para terminar, solo quiero hacer alusión a que nuestro maestro y nuestro guía es el Papa Francisco cuando al interpretar la misericordia divina nos lleva a reconocer la realidad del amor en parejas del mismo sexo (el pinchazo del alfiler) y permitir que Dios que es amor les demuestre su bendición. Duro asunto cuando solo se tiene una posición fundamentalista basada en la interpretación moral única de “la primera causalidad”.

Hernando Bernal Alarcón

Enero, 2024

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Para quienes consideran el año 2000 como el comienzo del Siglo XXI, el 2024 marcaría los primeros 25 años del siglo, es decir el transcurso de su cuarta primera parte. Para los que consideramos el comienzo del siglo XXI a partir del año 2001, significa solo que al final de este período podríamos dar por finalizada la primera cuarta parte.

Puntos de vista discutibles, pero que en sí mismos no tienen una mayor relevancia, dado que históricamente ambas posiciones podrían considerarse como válidas. 

Pero lo que sí parece importante es que muchos señalamos el comienzo de las nuevas realidades a partir del 11 de Septiembre del 2001, cuando la destrucción de las torres gemelas del World Trade Center en New York por los extremistas islámicos, marcó una época diferente a la anterior, donde durante la mayor parte de nuestra vida, había prevalecido la cotidianeidad de quienes nacimos a mediados del siglo XX. 

Creíamos en el progreso, el desarrollo económico, la inviolabilidad del estado de derecho, el predominio de la cultura cristiana, la globalización de la economía, el predominio de los bienes y valores de Occidente,  y estábamos muy lejos de aceptar que estas creencias o valores inmutables, pudieran ser objeto de destrucción por parte de otros creyentes u otras culturas diferentes. A partir de este evento, si bien no se derrumbaron inmediatamente esos valores y creencias, sí sentimos la necesidad de repensarlas y de someterlas a una crítica seria y reflexiva. 

Pero entonces surge una pregunta un tanto tautológica: ¿qué es aquello que en nuestro cotidiano vivir como ciudadanos del Siglo XX considerábamos como diferente? Acostumbrados como estábamos al cambio como una característica ontológica de la modernidad, acaso se puede afirmar que en el Siglo XXI ¿están ocurriendo cambios sustancialmente diferentes de aquellos a los cuales estábamos acostumbrados a vivir durante nuestra vida activa en el Siglo XX?. 

Posiblemente en nosotros prevalece un paradigma de experiencia continuada que nos podría llevar a afirmar que lo que está ocurriendo es solo más de lo mismo, o simple continuación de lo que venía acaeciendo. 

Podríamos entonces afirmar que la destrucción de las torres gemelas es un evento simple, o una variación no estadísticamente significativa de los hechos que vivimos a partir de la segunda guerra mundial. 

Podría decirse que fue simplemente un evento póstumo de las guerras mundiales y de la guerra fría que predominaron en el escenario histórico de la segunda mitad del Siglo XX. Y no, como pienso yo, de un evento con un amplio significado en lo religioso, político y cultural, que posiblemente sea una de las características de los conflictos recurrentes en el Siglo XXI.

Pueden ser simples bobadas mías, pero yo considero que los eventos que marcan el desarrollo de estos 24 primeros años del Siglo XXI tienen una diferencia histórica que yo considero sustancial, con respecto a aquellos en los cuales muchos de nosotros fuimos protagonistas, durante los 50 años que transcurrieron entre 1951 y el año 2000. Con esto quiero decir que simplemente nos corrieron el tapete y que, posiblemente, si no distinguimos las diferencias estamos bailando un valse fuera de ritmo o silbando una tonada con acordes destemplados.  

Cuando realizo esta afirmación me refiero a hechos tan protuberantes como lo relacionado con la interpretación religiosa de la bendición de las parejas del mismo sexo del Papa Francisco aprobada recientemente en contraposición con los eventos de la Iglesia del Papa Bueno Juan XXIII cuando a comienzos de los años sesenta del siglo pasado convocó al aggiornamento de la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II. 

Me refiero además, al hecho como USA interpreta actualmente la osadía y desfachatez de Putin al invadir a Ucrania, que es muy diferente a la interpretación de hechos tales como ocurrió en el Siglo XX con la presencia de las fuerzas estadounidenses en diferentes territorios asiáticos como Corea y Vietnam, en respuesta directa al reto de la permanencia e implantación del modelo democrático occidental. 

Me refiero además, en el panorama económico, a la manera como se produjo y se solucionó la debacle de las hipotecas y la crisis financiera del 2008, a diferencia de cómo se pudo atender y desarrollar el cataclismo financiero de finales de los años 20s. 

En asuntos menos políticos pero no sin enorme complejidad tecnológica, es diferente la forma de transmisión de mensajes y comunicaciones por ondas y medios electrónicos, algunos de mucho avance como el fax propios del Siglo XX, a la forma inmediata como corre y se multiplica actualmente la información a través de las redes cibernéticas y cubre espacios globales en tiempo real mediante la cibercomunicación e Internet. 

O, a manera de ejemplo, para señalar los avances de la biomedicina, es sustancialmente diferente la implantación actual de un órgano en pacientes humanos con el apoyo de la bioingeniería, de la nanotecnología, propios del Siglo XXI, a las admirables operaciones del corazón realizadas en los años 60s y 70s por los médicos surafricanos. 

Unos y otros asuntos pueden estar relacionados entre sí, y analíticamente pueden clarificarse sus interrelaciones, pero son hechos que responden a realidades totalmente diferentes que al mismo tiempo que producen nuevas esperanzas crean situaciones y expectativas distintas, ante muchas de las cuales predomina el miedo, la incertidumbre, la posibilidad de descalabros y el incremento de los riesgos globales, que son características propias de nuestra humanidad del Siglo XXI.

¿Estamos preparados para entenderlas, analizarlas y afrontarlas?…

Hernando Bernal Alarcón

Enero, 2024

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De la tertulia que tuvimos con Carlos A. Caicedo, como ilustre y muy reconocido publicista a nivel mundial, surge un dilema que él plantea y trata con enorme impacto. Se relaciona, en una visión amplia, con el problema del impacto negativo que sobre la “creatividad” -como característica infantil- tiene la educación tradicional, especialmente por su énfasis en el “memorismo” y lectura de libros. El dilema se expresa así: “a mayor escolarización orientada al temor a fracasar, menor creatividad”.

Es muy interesante señalar cómo en el planteamiento de ese dilema “el éxito” juega un papel crucial. La educación tradicional en cierta forma ha sido planteada como un camino para lograr el éxito en la vida. Muchos consideran que solo con educación se logra triunfar en la vida. Algunos más avezados consideran que si bien la educación juega un papel crucial, se dan muchos otros factores del contexto personal, económico y social que influyen en mayor o menor grado en el éxito de las personas. 

Otros hacen alarde de que hay muchas personas de éxito reconocido, cuyos niveles de educación formal han sido bajos o restringidos y que además, existen ejemplos de personas muy exitosas a nivel mundial que han logrado su éxito por haber abandonado el sistema de educación formal. Así pues, es preciso cualificar el dilema de la creatividad y la educación formal.

Partiendo del hecho que un grado mínimo de educación formal es necesario, se considera que para aclarar el dilema en el contexto de la preparación para “el éxito en la vida”, es necesario tener en cuenta diferentes factores, tales como escolaridad, performatividad, creatividad y disruptividad, que son cuatro elementos que juegan conjuntamente un papel prioritario en la orientación de la educación para el Siglo XXI. Pareciera que solo si se da una conjunción entre esos cuatro factores se camina hacia el éxito en la vida.

La escolaridad se refiere a todo el contexto de lo que se cobija bajo el sector educativo, que va desde el aula de clase donde se realiza la relación maestro/alumnos, hasta la complejidad del Ministerio de Educación con todos sus componentes. 

La exigencia es el logro y el aseguramiento de la calidad de la educación para todos los ciudadanos. La performatividad hace alusión a la forma como se debe comportar el sistema educativo, y por lo tanto se refiere al conjunto de prácticas y metodologías, procesos, mecanismos y medios, especialmente los utilizados como resultado del avance de las tecnologías de la información y el conocimiento, que deben ser incorporados en los procesos, estructuras y componentes de la escolaridad tradicional para cooperar en el logro de la excelencia educativa. 

La creatividad es el componente psicológico y mental que debe potencializarse no solo para la adquisición y utilización de los conocimientos, sino además en lo que se refiere a la imaginación, los sentimientos, los afectos, las actitudes que los individuos deben desarrollar para el logro de sus objetivos dentro de su plan de vida, para su comportamientos como ciudadanos, y para la transformación misma de la sociedad de la cual hacen parte. 

La disruptividad es el elemento trasformador por excelencia, pues a partir del desarrollo de la mentalidad crítica y del análisis objetivo, el individuo encuentra nuevos, diferentes y más expeditos caminos para la solución de los problemas inmediatos y para la prospección de los futuros de la sociedad.  

Cambiar la orientación de la educación como mecanismo para crear el temor al fracaso implica por lo tanto modificaciones de enorme profundidad en la estructura y componentes del sistema escolarizado, adoptar sin tardanza los mecanismos y procesos que potencian la ampliación de la educación y su proyección a todos los sectores, ambientes y escenarios sociales, mediante la utilización de la virtualidad en conjunto con la presencialidad (construcción de sistemas híbridos), lograr el enriquecimiento de las mentes mediante una creatividad basada en la criticidad y el cultivo de la imaginación y el sentimiento, y desarrollar la capacidad de deconstrucción de los sistemas económicos, sociales y culturales, mediante la generalización de una posición disruptiva.

Temas todos que deberían tenerse en cuenta y servir de base para el diseño y la elaboración de la legislación que se busca obtener, para lograr el cambio social que se pretende realizar.

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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La presentación que sobre “lo que somos como país” nos hizo Germán Puyana el pasado jueves 7 de Diciembre, nos lleva a realizar una autocrítica sobre las realidades que somos y que proyectamos hacia el mundo. 

No es discutible la tacha que existe sobre el poco respeto por la propiedad ajena que se traduce en el calificativo de “colombianos ladrones”, frecuente en muchas oportunidades. Sin lugar a dudas, el narcotráfico y la figura desmesurada de Pablo Escobar son una nota permanente en la configuración de la imagen del colombiano hasta en las regiones y países más remotos del mundo.

Las guerrillas, los paramilitares, las masacres son otros de los elementos que promueven la característica de “violentos”, traducida en películas, series televisivas y artículos de opinión de los medios de comunicación global. Y así sucesivamente como ocurre con muchas de las características derivadas de los paros, el debacle del tráfico ciudadano, la inseguridad en las calles de nuestros barrios, los robos tanto financieros como a mano armada, planeados con estrictas medidas de eficiencia, los feminicidios que se multiplican y afectan aún a menores de edad, la prostitución infantil en nuestras ciudades costeras, los índices económicos de las diferencias protuberantes entre ricos y pobres, el incremento de la informalidad ocupacional, y demás indicadores que producen las agencias internacionales para establecer los rankings de desarrollo de las sociedades. 

Pero, como fue el resultado posterior a la discusión con Puyana, también es cierto que sobre los colombianos existen imágenes enormemente positivas, derivadas ellas de los grandes éxitos de muchos de nuestros compatriotas como García Márquez y Fernando Botero en el campo de la literatura y de las artes, de nuestros deportistas que se proyectan con enorme potencialidad en los eventos internacionales y mundiales, de nuestros académicos que logran aceptación y reconocimiento en contextos de excelencia educativa, y de nuestros profesionales que acceden  a posiciones directivas y de enorme responsabilidad en la gestión de organismos nacionales e internacionales. 

Se suma a esto la trayectoria institucional de nuestra democracia. A pesar de las situaciones de conflicto predominantes en los dos siglos de país independiente, la seriedad del manejo de la economía en el ámbito de los escasos recursos financieros y de la generación limitada de capitales, nuestra vocación agropecuaria, el gran impacto de nuestros productos alimenticios y de la provisión de otros bienes y servicios; la solidez y trayectoria innovadora de muchas de nuestras empresas, y muchas otras condiciones de reconocimiento que, en el contexto de naciones emergentes nos ubican en posiciones privilegiadas, aunque de mediano posicionamiento internacional. Súmese a todo esto también, nuestra riqueza y diversidad biológica, geográfica, física y cultural que nos posiciona entre los países de enorme atracción tanto para el turismo, como para la inversión foránea.

La autocrítica ha sido necesaria y afortunada y es conveniente profundizarla como mecanismo para la superación de muchos de nuestros problemas y como aporte para el diseño del futuro de nuestra sociedad.

Sin embargo, yo como sociólogo pienso que sería necesario elaborar un instrumento de análisis que nos permitiera superar el enfrentamiento, el dualismo y la polarización que nos caracteriza, y que solo sirve para agudizar, en lugar de solucionar nuestros problemas.  

Ciertamente tengo que reconocer que no soy un sociólogo dialéctico, es decir, de aquellos que dogmatizan que solo mediante la dialéctica marxista se puede lograr una “justa y apropiada” visión y un contundente análisis de la realidad social. Prefiero el análisis positivista y cuasi-experimental de los factores sociales. 

Aunque reconozco el enorme valor que tiene el enfrentamiento dialéctico para acelerar los procesos de cambio social, tiene también un valor aniquilador, con resultados negativos y calamitosos, si no se le añade un componente constructivo, capaz de adoptar, modificar y complementar la lucha revolucionaria. Tal el caso de la China de Mao, que solo a finales del siglo XX comprendió la necesidad de incorporar los principios de construcción y reproducción del capital para construir desde el estado, las nuevas realidades que la están proyectando hacia un liderazgo económico mundial.

Ahí es donde yo veo el enorme impacto que tiene una posición como la de Mariana Mazzucato, que propicia el paradigma del diseño e implementación de “misiones”, a lo Kennedy, como herramienta indispensable para el manejo y construcción de las nuevas realidades. Pero hacerlo solo ocurre si se disminuye el verbalismo dialéctico y acusador que acentúa en forma irreverente e irracional la dialéctica dogmática de los que predican solo la lucha de clases, dentro de una arcaica y superada visión marxista/leninista. 

Pueden ser “bobadas mías”, pero pienso que no se está logrando el camino de cambio con análisis objetivos y búsqueda sincera de acuerdos  como las que predominan en la dirección de planeación nacional, pero que no se vuelven prácticas desde el alto gobierno. Todo lo contrario. En la acentuación de las contradicciones, cada vez nos alejamos más del camino  real y adecuado para el “enriquecimiento”, para el logro de la calidad de vida, para la incorporación de tantos ciudadanos marginados y la solución real de los problemas de la desigualdad e injusticia, que estoy seguro una gran mayoría quiere sinceramente alcanzar. Si predomina el “complejo de Adán” y si prevalece el sentido de aniquilación, todo lo existente es abominable y es indispensable destruirlo para “comenzar de cero”.  

Sindéresis, sería la palabra final, si realmente se quieren construir nuevas y más adecuadas condiciones para el cambio que tanto necesitamos; esto será imposible si solo predomina el “resentimiento” como única pauta de la acción política.

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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Diciembre 2023: llegó una nueva Navidad y con ella el sentido de la Paz para nosotros los cristianos. 

El niño en el pesebre, y según el evangelio los ángeles que anuncian al mundo a través de los pastores, cantando: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de Buena Voluntad”. Son más de 20 siglos transcurridos y, sin embargo, el sentido de la paz sigue tan presente, tan necesario y tan urgente como en aquel invierno en Belén. La paz como resultado de “la buena voluntad” de nosotros los humanos. ¿Qué pasa? ¿Por qué no se ha logrado?…

En estos días seguimos con sorpresa, inquietud y un tanto de desespero, la tregua entre Israel y el grupo Hamas, que ya ha causado miles de muertos en la Franja de Gaza. Una guerra cruel que también se ha ensañado en los niños, cuyas defunciones ya exceden los miles. Es Herodes resucitado que quiere exterminar a las nuevas generaciones por el temor de que no haya continuidad en el poder para su familia. Una pauta política e histórica que se repite y se repite…

Tampoco deja de sorprendernos la rutinización del conflicto en Ucrania, donde continúa la destrucción de las ciudades y la afectación de la sociedad civil, de la cual son testigos e informantes los noticieros, que además nos muestran a los niños sobrevivientes tratando de jugar al futbol entre las ruinas de las calles destrozadas por los proyectiles. 

La tregua que también se pretende en Colombia entre los grupos guerrilleros, llámense Farc o ELN, y entre los narcotraficantes con sus múltiples denominaciones, dueños unos y otros de grandes sectores del país. Es simplemente un episodio más de una guerra que ya lleva sesenta años y que tiende a perdurar, porque permanecen, a pesar de los esfuerzos realizados, las condiciones políticas, económicas y de desprotección social que producen el desbalance entre las regiones, la soledad de los campos y el abandono ancestral de los territorios.

Pero, ¿y en dónde está la buena voluntad que produce la paz que viene a traernos el Niño nacido en un pesebre de Belén? ¿Acaso esa buena voluntad es propia de las acciones, los foros, las discusiones, las ayudas y los aportes, que para el caso de Palestina y Ucrania se realizan y se producen desde las Naciones Unidas y desde los gobiernos de las grandes potencias? Una cosa es cierta: es muy difícil lograr la buena voluntad de los países en conflicto, en estos casos concretos: Rusia, Ucrania, Israel y Palestina, porque cada uno de ellos tiene sus propias razones, defiende sus propios intereses y consideran justa la lucha por sus ideales. 

Para el caso colombiano también es cierto que dicha buena voluntad es difícil de cultivar cuando predominan los grandes intereses del narcotráfico, y se acentúan los factores de la injusticia y la deuda social contraída históricamente , defendida y predicada desde posiciones ideológicas contrastantes, un tanto ciegas e irracionalmente radicales. 

“La paz total”: para muchos un ideal, para otros una utopía. Para mí muy cuestionable –simples bobadas mías– por la connotación histórica que “lo total” tuvo en Nagasaki y en Auschwitz.

Termino preguntándome si en esta Navidad el espíritu nos iluminará para hablar en serio, y con voluntad verdadera, pero con sencillez de “la solución constructiva de los conflictos”. Es una forma quizás más acertada de llegar a acuerdos y soluciones, que siempre hay que mantener y cuidar, y en las cual es preciso trabajar con inteligencia y perseverancia, para lograr esa paz que finalmente es el resultado de la buena voluntad humana. Sin hacernos ilusiones. Y sin crearnos utopías irrealizables…

¿Sería éste un MENSAJE histórico para esta nueva NAVIDAD?…

Hernando Bernal Alarcón

Diciembre, 2023

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Estaba leyendo hace pocos días, un artículo sobre los peligros que enfrenta la sociedad de la Cuarta Revolución Industrial por el desbordamiento de las tecnologías, especialmente de aquellas referidas a la Inteligencia Artificial y a la Robótica. 

Los autores señalaban con preocupación, la necesidad de conducir y manejar dichos avances de forma tal que no afectaran las propiedades y características del ser humano, especialmente cuando la Inteligencia Artificial supliera y suprimiera la capacidad de la decisión individual y colectiva propia de la voluntad humana. Utilizaban un término inglés “harnessing of technologies”, que me pareció una apropiada metáfora para significar la necesidad de un manejo apropiado de las mismas.

Recordé entonces lo que mi abuelo me enseñó cuando para montar a caballo me pedía que ajustara “el arnés de las bestias”, es decir la silla de montar con su alfombra, los estribos, el lazo y sus correas de ajuste, la jáquima para conducir el caballo y el freno para detenerlo. Entendí que la metáfora hace alusión a que las tecnologías deben estar al servicio de quien las usa y maneja, y que el jinete que las monta a su vez debe ser el que las conduzca, oriente, las exija para lograr las metas al paso adecuado, y las frene cuando sea necesario. 

Bobadas mías quizás, pero muy ciertas para tratar de dilucidar el enorme problema de la relación entre el hombre, la sociedad y las tecnologías, asunto que ocupa un lugar preponderante en la construcción del paradigma de la nueva época histórica a la que he venido haciendo alusión. 

Asunto que en primera instancia ha sido concomitante a la presencia de la inteligencia, la voluntad y la habilidad humanas en el planeta tierra desde hace muchísimos siglos. Al desenterrar los restos de los homínidos que habitaron el planeta, los antropólogos siempre hacen alusión al descubrimiento de instrumentos que les permitieron manejar y modificar sus contextos naturales, es decir a las herramientas técnicas que les apoyaron para construir su propio hábitat y desarrollar sus culturas. 

Se puede afirmar que el desarrollo de la humanidad está signado y acompañado en forma sustancial por el desarrollo de la tecnología. Es preciso clarificar qué se entiende por lo tanto bajo el término de tecnología, que incluye entre muchos componentes: herramientas, equipos y aparatos, modos y procesos de uso, manuales de procedimientos y de utilización según diferentes alternativas, todos los cuales son, a su vez, producto de los avances científicos y de las leyes generales que conforman las diferentes disciplinas del conocimiento. 

Por parte de quienes las usan, desarrollan y utilizan se requiere por lo tanto: conocimientos científicos, desarrollo de pericias, actitudes y habilidades, sujeción a las reglas de uso y voluntad de utilización. Esta es la forma compleja como se entiende y se da sentido a la tecnología en su acepción de agente, ella misma, del desarrollo y potenciación de la humanidad y por lo tanto de la historia. Por lo cual, se puede afirmar también que, la agencia tecnológica opera como sujeto activo de la transformación del mundo y en consecuencia de la existencia del hombre en el planeta tierra, cambiante en razón de la misma tecnología.

Esta relación del “homo sapiens et laborans” con el planeta da los argumentos para entender la función de “sostenibilidad” que dado el cambio de la actual época histórica se le asigna a la tecnología. Se parte de la evidencia sobre los efectos extensos y perjudiciales que la industria tecnológica ha causado en el atmósfera, los mares, las costas y la corteza terrestre, tanto por la extracción de las materias primas, como primordialmente por su uso, rendimiento, distribución y utilización a través de los productos desarrollados para la humanidad, que en su gran impacto debido al crecimiento desbordado de la población mundial y a las fallas en el manejo de los subproductos, los deshechos y las basuras, están poniendo en peligro la continuidad de la existencia del hombre en el planeta tierra. 

Por eso, en este cambio de época que vivimos “sostenibilidad” debe entenderse no solo como restricción y equilibrio en el uso de los recursos escasos y disponibles en función de las generaciones futuras, sino la utilización de los mismos en forma circular, para que se puedan convertir, una vez utilizados, en nuevos recursos para el mantenimiento de la presencia del hombre en el planeta tierra. Menuda tarea la que le corresponde a la tecnología en la conservación del planeta tierra como casa común de la humanidad, tal como lo expresó el Papa Francisco, quien fue el primero en afirmar que no estamos en una época de cambio “sino en un cambio de época histórica”.

Pero si bien “la sostenibilidad” tiene que ver con el asunto planetario en su dimensión geográfica y ecológica –es decir en el ecosistema ambiental- no es menos necesario considerar que dicha meta es también necesaria para la humanidad en sí misma, como conjunto viviente de seres racionales, es decir para la sociedad, la economía y la cultura como “ecosistema social”. 

Se trata entonces de las modificaciones, reformas, invenciones e innovaciones que es preciso emprender para adecuar a la humanidad en su conjunto a las exigencias, posibilidades y potencialidades de los nuevos desarrollos –es decir los que ya se están dando en la cuarta revolución industria 4RI, y los que son previsibles para la 5RI–. Y entonces, el tema de la sostenibilidad tiene que referirse a asuntos tales como la familia, la democracia, la política, el deporte, la recreación, el transporte, la alimentación, la vivienda, la salud, el empleo, el trabajo, y los múltiples asuntos que conforman el ethos de las sociedades contemporáneas. Hablar de sostenibilidad implica por lo tanto aplicar la tecnología en su ámbito más complejo para enfrentar los retos que tiene la misma humanidad. 

En esta concepción, la sostenibilidad implica a su vez “sustento y soporte”. Sustento implica la necesidad de alimentarla, papel que juega de forma muy significativa la invención y la innovación como procesos y mecanismos desarrollados por la misma humanidad en su proceder hacia niveles permanentes de progreso. 

Soporte implica apoyo permanente, asunto en el cual, en esta nueva época, juegan un papel relevante las Nanotecnologías, la Biotecnología, las ciencias de la Información y las ciencias del Conocimiento, todas ellas producto evolutivo de las mismas tecnologías tradicionales del mundo industrializado. Es decir, la tecnología es un sistema que se reproduce a sí mismo, por eso es necesario calificarlo como autopoiético. Y este es el acento de la tecnología en la nueva época que estamos viviendo, lo cual al mismo tiempo, tiene sus ventajas y también sus peligros. 

En síntesis, en esta nueva era a la que nos enfrentamos como humanidad, la tecnología debe formar parte y estar al servicio del progreso mesurado, racional y equilibrado del “ecosistema global” en sus aspectos ambientales, sociales, económicos y culturales. 

Este es a su vez, el signo más amplio de lo que significa el cambio de época en el tiempo histórico actual de la humanidad y el mayor dilema y la mayor exigencia para la invención, la innovación, la imaginación y el comportamiento humanos, que debe contar con el apoyo de la misma tecnología como sistema autopoiético y por excelencia el producto más avanzado y al mismo tiempo el más amenazante de la propia existencia humana.

Hernando Bernal Alarcón

Noviembre, 2023

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Antes de referirme al nuevo orden mundial que se prevé aparecerá a mediados del presente siglo, quiero confesar que personalmente me adhiero a los principios de la cultura occidental.

Es decir, a una visión democrática basada en el voto ciudadano y la diferenciación de los poderes del Estado, a una visión económicamente  predominante de reproducción del capital y de desarrollo industrial, a la defensa del concepto de autonomía y soberanía nacional para el manejo de los territorios, y al respeto por la carta de los derechos humanos y de las Naciones Unidas como su salvaguarda, tal como fue establecido por las discusiones y acuerdos logrados al final de la segunda guerra mundial en el siglo pasado. Es decir, todavía soy un hombre del Siglo XX y a la par de “emérito” por razón de mi edad se me puede tachar de retardatario. Ciertamente disto mucho de ser progresista, de acuerdo con el significado que se le quiere dar a dicho término. Pero no estoy en contra del cambio social necesario para lograr el entendimiento entre los grupos, el bienestar del mayor número de personas y la paz de las naciones basada en criterios de justicia, equidad y desarrollo individual. Más aún en mi periplo vital me he dedicado a lograrlo y promoverlo, en el marco de las condiciones y posibilidades que permite el actual sistema occidental, en lo económico, lo político  y lo social. 

Reconozco además que en las coyunturas del presente Siglo XXI se están dando las condiciones para la creación y  consolidación de un nuevo orden mundial, en el cual la premisa básica es “la deconstrucción” del pensamiento occidental – su filosofía, sus creencias y valores – para dar paso a una visión universal de carácter holístico, en la cual predominan las visiones, actitudes y comportamientos de los pueblos del planeta tierra, que por su cultura y conocimientos no pertenecen al mundo que heredamos de los griegos, los romanos y la cristiandad de la edad media y el renacimiento europeos. Por un lado, dicha cultura no occidental que es en sumo grado diferente y variada puede predicarse tanto de la China, la India y de muchas de las naciones del oriente, como de los pueblos raizales del oriente de Rusia, de Africa, el Mundo Arabe, Oceanía y la América Latina. 

Se prevé que para mediados del Siglo XXI el poder económico del Asia Meridional conformada por la China, la India y Rusia, no solo estará basada en el gran territorio de dichas naciones sino en la presencia de más de la tercera parte de la humanidad. Su influjo se extenderá entonces principalmente a los países de Africa y América Latina, como productores de materias primas, de recursos energéticos y de alimentos, que al tiempo que redescubren y defienden sus propias raíces ancestrales estarían predispuestos a adoptar los nuevos criterios del orden geopolítico. Dichos criterios estarían edificados sobre la puesta en duda de la constelación de valores que fundamentan la democracia actual, el capitalismo del mercado globalizante, la concepción individualista de los derechos humanos, la soberanía nacional, la cultura del desarrollo industrial, el consumo y la productividad, y la religión cristiana.

Posiblemente para entonces el mundo económico estará posiblemente dividido y polarizado en dos grandes secciones territoriales. La primera conformada por los países de América del Norte, especialmente Estados Unidos, Canadá y Europa que seguramente no se resignarán a ceder su predominio y modificar sustancialmente su cultura, y los países del Asia Meridional a los cuales ya se hizo alusión.   El resto del mundo tendrá que decidirse sobre su pertenencia al uno o al otro sector de influencia mundial, con la probabilidad que muchos de ellos se disociarán en regiones enfrentadas en desgarramientos y profundos conflictos ideológicos, políticos, económicos y sociales entre sus propios ciudadanos, para definir sus preferencias, fijar sus prioridades y establecer sus lealtades. 

Dicha polarización ya es un hecho en las naciones de la América Latina y tenderá acentuarse a medida que se avance hacia la mitad del siglo actual. Es una realidad que países como Cuba, Venezuela y Nicaragua están en la avanzada de su redefinición cultural en favor de la deconstrucción de la cultura occidental. Hay pasos moderados pero que no dejan de ser profundos en países como Méjico y Brasil, los dos colosos continentales. Tienden a ser mucho más agudos en la situación actual de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, como países que tienden a moverse dentro del denominado socialismo bolivariano. Y son todavía muy perceptibles y notables en Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay reconocidos como el cono sur del continente. De cualquier manera se están cumpliendo progresivamente los propósitos, las metas y las orientaciones socialistas establecidas en el Foro de Sao Paulo.

Mientras tanto los países del Norte y de Europa se sienten atónitos, impedidos, agobiados y limitados por las hordas de migrantes que confluyen furiosamente sobre sus fronteras de parte de América Central, el mundo Arabe y los países africanos. Todos ellos ilusionados ´por el sueño de un mundo mejor que realmente cada vez se hace más elusivo e inalcanzable, pero que causa internamente disensiones y enfrentamientos políticos cada vez más difíciles de solucionar. La polarización política es un hecho, y es el factor de aceleración más importante en el proceso de definición del nuevo orden mundial.

En mi visión un tanto retardataria y posiblemente de fuertes tintes pesimistas – manes propios de la vejez ciertamente – considero que el desgarramiento en Colombia se acelera día a día con el incremento del poder de las disidencias de la Farc, con la aceptación creciente y reconocida de los movimientos criminales como el clan del golfo y otros similares, con la consolidación de las milicias indígenas y los movimientos campesinos, con la instalación permanente del conflicto urbano por parte de los jóvenes que conforman una nueva línea,  que conjuntamente con la anuencia del gobierno y el debilitamiento de la policía y de las fuerzas armadas van a lograr la construcción de un nuevo estado dentro del estado, en el cual departamentos como Chocó, Cauca, Nariño, Guaviare, Putumayo y Amazonas van a construir una región autónoma dentro del estado. Posiblemente son solo “bobadas mías”. Pero así siento que se está avanzando en Colombia en la construcción de ese nuevo orden mundial renuente a los valores de Occidente y por lo tanto a nuestra tradicional visión tanto democrática como cristiana.  

Hernando Bernal Alarcón

Noviembre, 2023

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Normalmente me hago al pensamiento de que soy católico. Pero posiblemente, considerando las formas tradicionales que heredé de mis padres y de mi familia, en general siento que tengo que calificar esta afirmación y reconocer que solo soy cristiano.

Mantengo la fe en los sacramentos como medios provistos por la fe para la remisión de los pecados y para el logro de la comunicación con Dios, tanto en esta vida como en una esperanzadora vida más allá de la muerte. Pero no los practico con constancia y con regularidad. Tampoco me opongo a que otros lo hagan y los respeto y admiro por su adherencia a los caminos de la fe. 

Leo con frecuencia los evangelios y encuentro de enorme ayuda algunos libros sobre espiritualidad, especialmente en el marco de la tradición de la Compañía de Jesús. Escucho con intensidad y devoción la misa dominical, que seguimos conjuntamente con mi mujer, ahora en esta época avanzada de nuestras vidas, en forma virtual a través de los medios.

Rezamos con frecuencia el rosario, sin sentirnos culpables cuando pasan días en que no lo podamos hacer, así sea en los meses que propicia la predicación litúrgica para hacerlo. Considero la liturgia como la concreción del arte y la praxis religiosa y me ufano de tener como hobby personal el culto y la audición de la música sacra, donde los clásicos, especialmente de origen protestante, dejaron oratorios extraordinarios sobre los textos, figuras y eventos de la sagrada escritura. 

Con mi mujer además, tenemos dudas sobre asuntos relacionados con el aborto y la eutanasia, con la prohibición de los anticonceptivos, con el no-matrimonio de los clérigos, y no consideramos importantes muchas devociones que practicaron nuestros padres en relación con novenarios, horas santas, precesiones, trisagios, ayunos y abstinencias, vigilias de adviento, cuaresma y semana santa, según el calendario litúrgico, y que en alguna oportunidad de mis escritos califiqué como catolicidad a rajatabla.

No niego tampoco mi escepticismo sobre algunos asuntos referentes a la interpretación de los dogmas, tales como la devoción exagerada a las miles de formas que se le dan a María y al culto de los santos, las interpretaciones teológicas de la construcción de los sacramentos con bases escriturísticas, el profundo significado dado al pecado original como elemento fundante de la debilidad y de las limitaciones humanas, la construcción institucional de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo según la interpretación paulina, la interpretación mística asignada a la castidad y su imposición sobre los llamados a la consagración sacerdotal y religiosa; la negación dogmática de la ordenación de personas pertenecientes al género femenino, la infalibilidad papal y la autoridad de solo los obispos como sucesores directos de los apóstoles en la interpretación de los evangelios; la catolicidad solo aceptada en su dependencia al primado de Roma con sus exigencias e imposiciones en asuntos tales como la negación de la comunión para los divorciados, la indisolubilidad del matrimonio y las posiciones relacionadas con los miembros de las comunidades LGTBI. 

Posiblemente por estas razones aprecio tanto la presencia y la figura del Papa Francisco, por quien siento no solo un gran cariño y respeto sino también une profunda afinidad por nuestra condición generacional –nos llevamos poquitos meses de edad– por nuestra formación en la Compañía, y por la forma como quiere conducir la Iglesia. Muestra un profundo sentido de la misericordia divina con la humanidad, con una enorme humildad, y con una decisión de abrir las puertas de una iglesia compasiva a todos los seres humanos, independientemente de su posición social, económica y religiosa, pero con preferencia por los más desfavorecidos. Esos a los que ahora damos múltiples adjetivos: discapacitados, “vulnerables”, marginados, diferentes, y que, según el evangelio solo son “los pobres”, quienes siempre están entre nosotros. 

Y con esto llego al meollo de esta segunda entrega de las bobadas mías, pues me preocupa intensamente la profunda reacción en contra del Sínodo de la Sinodalidad que se ha convocado en Roma durante este mes de Octubre de 2023. Reacción no generalizada, pero sí muy radical, por parte de los sectores más tradicionales de la Iglesia Católica. No se ha publicado mucho en los medios y se han querido crear cortinas de humo sobre el sentido y los problemas surgidos alrededor de este acontecimiento.

La palabra sínodo significa caminar en conjunto. Y la sinodalidad -un neologismo- se refiere, según el Papa, a aquellos efectos esperados cuando la comunidad camina en conjunto, define posiciones y diseña cambios concertados que se deben hacer visibles en esa proyección hacia adelante que es la meta de todo buen camino.

El Papa espera que la Iglesia tenga no solo un bello ropaje, sencillo y actualizado según los requerimientos de los tiempos actuales, sino que actualice en sus creencias y valores el mensaje prístino del evangelio para hacerlo más asequible y aceptable por toda la humanidad, en relación con temas como el matrimonio sacerdotal, la ordenación de las mujeres, la bendición (que no sacramento) de parejas del mismo sexo y el perdón colectivo de los pecados, no solo a través de la confesión individual.  

De ser así, se estaría afectando, según los cinco cardenales opositores procedentes de Alemania, USA, México, China y Africa, el “depósito de la fe” que es inmodificable y cuya conservación e interpretación es la tarea única del Papa como pastor universal, representante de Cristo y cabeza única de la Iglesia. 

Por lo tanto el Papa Francisco –dicen los cardenales que suscriben el documento sobre asuntos dudosos– debe formular con anticipación a toda discusión un pronunciamiento doctrinal y dogmático sobre estos cinco temas, los cuales pudieran ser materia de estudio y análisis, pero no materia de definición. Tanto más cuanto en el sínodo no solo participan los Obispos, quienes como sucesores de los apóstoles tienen la única potestad de formular la doctrina, sino otros fieles del pueblo de Dios –inclusive laicos– a quienes no cobija el ejercicio de dicha autoridad.

Así pues, el dilema para el Papa Francisco es o defender la sinodalidad tal como él la entiende y considera necesaria para la transformación de la estructura piramidal de la Iglesia, o aceptar la visión tradicional y confirmar la verticalidad a ultranza como única fuente de preservación del “tesoro de la fe”. 

Si el Espíritu Santo lo ilumina para confirmar los beneficios de la sinodalidad, entraríamos en una situación real de cambio, en la cual podrían definirse apropiadamente muchos de los problemas y dilemas mencionados anteriormente. Sería realmente un cambio de época histórica en la Iglesia.

Posiblemente son solo “bobadas mías” y por lo tanto, personalmente tenga que seguir en la situación ambivalente de ser solo cristiano o de confesarme católico sin serlo realmente. Alternativa que me atrevo a creer sería predominante en una porción muy considerable del pueblo de Dios, según sea la fuerza con la cual la voluntad humana permita actuar al Espíritu Santo, tal como ocurrió en el instante mismo de la encarnación.

Hernando Bernal Alarcón

Octubre, 2023

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Para nuestro blog es una satisfacción comenzar a publicar una serie de artículos que Hernando Bernal nos ha querido compartir, desde su experiencia y reflexión y que él, con la sencillez que lo caracteriza, las ha bautizado como “Bobadas mías”. Como tales, las iremos publicando.

Confieso que estoy obsesionado con el cambio de época. Y en mis conversaciones cotidianas, muchas personas, con las que dialogo permanentemente, me preguntan lo que quiero decir cuando afirmo que estamos viviendo una época no solo diferente a la de hace unos pocos años, sino enormemente retadora y distinta.

Lo hacen con la mirada evidente de que casi todo sigue siendo lo mismo y que si bien hay progresos en muchas áreas, debilidades y obstáculos en muchas otras, y agravamiento de problemas y conflictos, esto no significa que el cambio sea tan profundo, sino que realmente “es más de lo mismo que hemos experimentado toda nuestra vida”. Posiblemente tengan razón, pero yo me sigo afirmando en que la situación actual presenta características muy diferentes a las de épocas anteriores y que por lo tanto estamos ante la posibilidad de un mundo radicalmente distinto del que hemos vivido hasta el presente, que ha cambiado -de raíz- nuestras formas de relacionarnos.

Es decir, afirmo la existencia de un cambio de época y no me refiero solo a una época de cambio. Cambio de época como ha ocurrido en la historia de la humanidad, desde la aparición de la rueda, el cultivo doméstico de plantas y animales, la fundación de las ciudades, el uso de la pólvora, la era del vapor como comienzo de la industrialización, el uso global de la electricidad, los motores de explosión con energías fósiles convertibles en gasolina, la aviación y la conquista del espacio, y ahora con la generalización de la computación, la robótica y la inteligencia artificial.

Quizás sean solo bobadas mías, pero pienso que la tendencia y los pasos hacia un nuevo orden mundial, tal y como lo ha hecho a nivel religioso el Papa Francisco convocando a un sínodo sobre la sinodalidad, tienen significados muy profundos en lo político y en lo religioso, que son el fundamento de nuestra tradicional visión del mundo, y producen realidades que progresivamente –aunque quizás en forma callada– afectan profundamente nuestras creencias, nuestros valores y nuestra forma de vida. 

Pienso que estos cambios que afectan profundamente nuestros valores tradicionales son el producto y se aceleran por un conjunto de hechos sentidos y vividos cotidianamente, tales como el cambio climático, el deterioro ambiental, el incremento de la inseguridad ciudadana y la impunidad criminal, el estallido de las expectativas y los altos niveles de insatisfacción por parte especialmente de las poblaciones jóvenes, el populismo y la corrupción rampante que amenaza las estructuras políticas, la explosión de la posverdad por el incremento del uso y de la credibilidad en las redes de información, la aceptación y  benevolencia con las formas más extremas de rebeldía y la generalización del pesimismo y de la desesperanza en vastos y muy significativos sectores de la población.

Todo esto necesariamente influye en nuestra percepción de realidad y si bien nos estamos acostumbrando y muchos no lo consideran como algo diferente e inusitado, podría aceptarse que para muchos solo sean simplemente producto de un cambio normal al cual nos estamos acostumbrando. Es decir, sería aceptable para todos afirmar que el cambio es tan sutil, que inconscientemente nos estamos acomodando a él y que no necesitamos considerarlo en una profunda dimensión. 

Cierto además, es que a finales del presente año estamos experimentando y percibiendo los resultados de dos conflictos mundiales de gran alcance, Rusia/Ucrania y Hamás/Israel que de escalarse a nivel nuclear significarían no un cambio de era, sino el fin del mundo, tal como lo concebimos actualmente. Pero esperamos que prevalezcan el miedo y/o la racionalidad para impedir esa situación límite, que no tendría regreso.

Sin embargo, a partir de mi convicción de que estamos entrando a una época nueva, cuando al comienzo de este escrito hago alusión al nuevo orden mundial, me refiero principalmente al hecho de que el Siglo Americano está llamado a calificar servicios y que para mediados del siglo tendremos una nueva realidad global, en la cual China y los países asiáticos, especialmente los de la cuenca del Pacífico, dictarán los parámetros de la regulación internacional, del comercio, de la interacción y el intercambio de ideas, personas y productos a nivel mundial.

Cuando también hago alusión a la convocatoria del Papa Francisco para la reunión de Obispos que se desarrolla en Roma, me refiero especialmente a la reacción profunda y negativa por varios y muy poderosos sectores eclesiales que se oponen a la transformación de la estructura actual de la Iglesia Católica y al hecho de que si el Papa logra su objetivo, miraremos a nuestra Iglesia católica desde una óptica diferente.

Los otros asuntos que señalo como indicadores de cambio, se refieren a una variedad de temas que muestran la transformación de la época actual de las dimensiones política, ecológica, demográfica, informativa, laboral y educativa de nuestras vidas. Y quiero subrayar que la tecnología es el factor determinante de todos esos cambios. De todo ellos quiero hablar en mis posibles elucubraciones, que sugiero deberían interpretarse solo como “bobadas mías”, en razón de mis limitaciones y sesgos filosóficos e ideológicos. A lo mejor podrían titularse de forma distinta, pero no quiero ser pretencioso.

Hernando Bernal Alarcón

Octubre, 2023

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Recordando la tarea de ACPO, al conmemorar 75 años de la llegada de Monseñor Salcedo a Sutatenza el 23 de Agosto de 1947.

La publicación de este libro significó para mí la posibilidad de dejar un testimonio y sintetizar la experiencia social en la cual jugué un papel protagónico entre 1959 y 1994 (35 años de mi vida). 

Experimento de educación de adultos campesinos realizado en Colombia por iniciativa de Monseñor José Joaquín Salcedo quien, utilizando medios de comunicación social, especialmente la radiodifusión, el periodismo, la discografíacon el discoestudio, los medios audiovisuales como el cine y la TV, y la múltiple edición de cartillas y de una biblioteca con temas propios para el campesino, logró llevar educación básica a más de seis millones de personas procedentes de los lugares más remotos del país, durante los 47 años de su funcionamiento como Organización o Fundación educativa. 

Experiencia en educación fundamental integral con nociones y contenidos dirigidos a la solución de los problemas de la población campesina en lo relacionado con su salud, su vivienda y condiciones de vida, con su productividad agropecuaria y con la venta de sus productos, con la participación comunitaria, sus organizaciones de base orientadas a la transformación de la infraestructura física y económica de sus comunidades, sus movimientos de organización social comunitaria a través de juntas veredales, y el cuidado y desarrollo responsable de sus núcleos familiares como célula fundamental de la sociedad campesina, todo orientado en el marco de la concepción de una reforma agraria integral. 

Modelo educativo que a su vez requirió la construcción de organismos y empresas educativas como los Institutos de Formación de líderes campesinos con sedes en Sutatenza y Caldas (Antioquia), el centro de promoción y atención cultural con oficinas centrales en Bogotá y periféricas en 450 municipios del país, el periódico semanal EL CAMPESINO con un tiraje de 100 000 ejemplares, la biblioteca del Campesino con 100 títulos diferentes, y la respuesta personal a las comunicaciones enviadas por los usuarios que superaban más de 500 cartas mensuales. 

En función de este servicio a las comunidades se construyó una infraestructura de industria cultural consistente en la Red de Emisoras de Radio Sutatenza, con cinco emisoras instaladas en centros cruciales para el cubrimiento nacional, la Editorial Andes, la Prensadora de Discos y la Red de Oficinas Regionales ubicadas en las cabezas diocesanas de la iglesia colombiana. Todos estos asuntos, lo mismo que una síntesis de los procesos de evaluación y del análisis de los resultados del modelo, se tratan en la primera parte del libro.

Pero quizás lo más significativo del documento presentado ante el Concurso de Investigaciones Sociales patrocinado por la Embajada de Francia con la participación del periódico EL ESPECTADOR y la Asociación Colombiana de Universidades en el año 2005, fue la posibilidad que tuve de expresar los cuatro conflictos que conformaron el proceso de disolución y desaparición del modelo, y que constituyen los cuatro últimos capítulos del libro, a saber: el conflicto institucional y doctrinal con la Jerarquía eclesiástica, relacionado con nuestra posición sobre el tema de la PROCREACION RESPONSABLE; el conflicto con la estructura política y el gobierno del país en razón de nuestra creciente influencia regional y local; el conflicto de carácter comercial con las industrias de la comunicación social y con los sectores editoriales que se ventiló en la ANDI, por la competencia desleal que significaba nuestra presencia comercial; y el conflicto con las guerrillas, especialmente con el M19, por nuestra posición ideológica desarrollista, burguesa y no progresista, contraria además, como lo declararon muchos de nuestros colegas, a la teología de la liberación, de tanto renombre y aceptación en los espacios del pensamiento social europeo. 

El proceso de disolución del modelo comenzó en 1974,cuando conjuntamente el Gobierno Nacional y la Iglesia Europea produjeron una disminución radical de los proyectos y contratos que significó la pérdida de un 40% de los ingresos presupuestales y duró 20 años, hasta 1994, fecha de la muerte del fundador Monseñor José Joaquín Salcedo.  

A partir de entonces muchos quisieran que una empresa real como fue Acción Cultural Popular pudiera reconstruir o revivir el modelo de educación fundamental, pero en mi opinión es muy poco probable, y casi imposible, por lo que considero que se convirtió en una UTOPIA. De ahí el título del libro.

¡Muchas Gracias!

Hernando Bernal Alarcón

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“A manera de una carta para mis amigos”.

La celebración de un nuevo cumpleaños, fecha que para mí llega al final del mes de Agosto, necesariamente conduce a reflexionar sobre la vida y la existencia. Especialmente, cuando uno está a mediados de ese piso octavo que no se sabe si es una tercera o una cuarta etapa en el transcurrir del periplo personal. 

Pero más que una reflexión sobre la realidad individual, es decir, sobre lo que se ha hecho, lo que no se ha hecho, lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal –o sea sobre la propia realidad– para mí ha sido de enorme impacto la reflexión que se viene elaborando en el mundo intelectual y académico sobre el fin de la historia, sobre el fin de la humanidad, sobre el fin del mundo como planeta tierra, sobre el fin del hombre como individuo y sobre el fin de la patria como realidad existencial.

Y aunque aparentemente estos cuatro eventos convergen en una sola realidad, sin embargo representan aspectos diferenciados de la misma y no son indiferentes a nuestra propia situación vivencial.

El fin de la historia fue señalado por Francis Fukuyama como la prevalencia del modelo democrático capitalista en el mundo, resultado de la globalización de los mercados y de la universalización de la cultura occidental. La respuesta fue la destrucción de las torres gemelas del World Trade Center por parte de los creyentes musulmanes y el resquebrajamiento del modelo democrático norteamericano, subsecuente a la crisis de las hipotecas en el 2008 y a la polarización partidista predominante en la actualidad, que pone en duda el mismo modelo democrático. A esta tendencia se suma la nueva realidad geopolítica que no solo enfrenta a USA y China, sino a Oriente y Occidente, moviendo los centros de poder y de influencia económica del Atlántico hacia el Pacífico. 

El fin de la humanidad es otra de las tendencias prevalecientes debido a los resultados de la pandemia del Covid19 que no han sido superados y que predicen la probabilidad de otras nuevas en función de los crecientes riesgos de las zoonosis en un mundo superpoblado. A esto se suma el problema del cambio climático con la acentuación de los fenómenos ambientales y geográficos, las inundaciones, la polución atmosférica, y los demás fenómenos que afectan cotidianamente todos los espacios del planeta tierra y tienden a inhabilitarla como nuestra “casa común”. Y para complementar este panorama, es preciso reconocer el riesgo atómico en el devenir de los conflictos mundiales, agudizado ahora por la invasión rusa a Ucrania. 

El fin del hombre y la transformación profunda de la sociedad son el resultado de los avances tecnológicos de la robótica y de la inteligencia artificial, que modifican sustancialmente todos los aspectos de la actividad humana y que además, permiten la transformación misma del género humano a través de la aplicación de implantes biotecnológicos y la creación de nuevos seres pretendidamente racionales, según los presupuestos de las corrientes científicas del transhumanismo y del posthumanismo.

Pero quizás para nosotros lo más significativo es la realidad vivencial que estamos padeciendo en América Latina con la elección aparentemente democrática de dirigentes que conjugan profetismo apocalíptico, mesianismo social, autoritarismo caudillista y populismo rampante para destruir lo poco o mucho que hemos realizado en beneficio de nuestra sociedad y de nuestros países. Y la afectación nace precisamente de la conciencia de que posiblemente nos hemos equivocado en nuestro esfuerzos fallidos para la construcción de “un mundo mejor” debido a las limitaciones personales y a los contextos sociales en los cuales nos hemos movido. 

Posiblemente el mundo que dejemos a nuestros nietos y bisnietos no sea el más promisorio, pero no podemos perder la esperanza que así como a nuestros padres les parecía muy incierto el mundo que nos heredaron y sin embargo pudimos subsistir y progresar, las nuevas generaciones tendrán la capacidad, la sabiduría y la voluntad de construir nuevas realidades y posiblemente encontrar caminos de esperanza y de progreso. 

Quiero decir, estamos llegando al fin. Pero ciertamente esperamos que ese fin sea el comienzo de horizontes promisorios. 

Hernando Bernal Alarcón

Agosto, 2023

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En nuestra última tertulia de los jueves propusimos el tema de contarnos algún momento o acontecimiento que nos haya causado un impacto significativo, personal o familiar. Algunos se animaron a escribirlo…

Para mí la reunión de los jueves es un momento de especial importancia, por la posibilidad de compartir y sentir cerca (a pesar de la situación virtual) a todos ustedes. Y lo quiero agradecer, porque es un momento significativo, al llegar a una situación de aislamiento – o de cambio de vida – por causa de limitaciones propias tales como la de no poder renovar la licencia de conducción y no disponer de la movilidad necesaria a la cual estaba uno acostumbrado.Quizás haya sido esta situación la que ha motivado el reconocimiento del “impacto” que significa llegar a la tercera o cuarta edad. 

Pero en compensación, el tiempo que se invertía en el tráfico (que no funciona y por lo tanto no es tráfico) se ha podido aprovechar con mayor posibilidad de acceso al conocimiento, tanto porque hay más oportunidades para leer, para meditar, para escuchar música, para acceder a programas muy enriquecedores en YouTube y Netflix, para conversar telefónicamente con algunos amigos, y especialmente para seguir profundizando en los innumerables temas que hemos venido tratando en nuestras tertulias. 

Y quiero enfatizar esta realidad, especialmente porque los temas de las conferencias, los artículos que escribimos en el blog, y la forma como reaccionamos ante los mismos, me ha permitido conocerlos a ustedes y apreciar el enorme caudal de experiencias y realizaciones que cada uno de ustedes representa. Agradezco en especial haber podido intercambiar ideas en forma directa con algunos y haberme enriquecido con sus observaciones, aportes y críticas. Es significativo que lo hemos hecho “como si nos hubiéramos conocido de siempre”. Tan profunda es la huella que dejó en nosotros la formación recibida y el sustrato espiritual e intelectual de los ejercicios espirituales ignacianos, el examen diario de conciencia, el aprendizaje de los clásicos romanos y griegos, el compartir las lecciones de maestros brillantes y la vida en común en los diferentes lugares que tuvimos la suerte de habitar. 

La primera experiencia que derivo de estos encuentros es constatar el ”pluralismo” espiritual y religioso que representamos. Si bien tenemos ese sustrato común, no es menos cierto que nuestra interpretación de la Iglesia, del Cristianismo y de la misma Compañía de Jesús es muy diferente. Y esto es enormemente valioso no solo por la riqueza que representa, sino también por el profundo respeto que tenemos ante la diversidad. Sabernos iguales pero al mismo tiempo diferentes es una experiencia humana de enorme trascendencia. Y yo me pregunto si no es esta una de las características más notables de la formación jesuítica que recibimos. “Unum in diversitate” pareciera ser el slogan de nuestra convivencia y si bien se entiende, también sería la síntesis, por un lado de un cristianismo viviente y por otro de una democracia posible.

La segunda experiencia es verificar que cada uno de los temas que hemos tratado ha sido expuesto en forma completa, pero que al mismo tiempo deja una sensación de que es tan rico y complejo, que nos queda faltando más por aprender y por disfrutar. Por ejemplo yo sigo echando de menos el seguir viajando por el universo y poder acceder a las estrellas de mano de nuestro guía y expositor. Quisiera escuchar y saber aún más de nuestras culturas ancestrales latinoamericanas Me hace falta conocer más del valor terapéutico de la música, a pesar de la explicación tan fecunda que se realizó. Aprender de la economía de las bolsas de valores nos abrió a un panorama nuevo para entender la complejidad del mundo financiero. Constatar el poder de transformación social, educativa y cultural de la Inteligencia Artificial y de su papel en la gestión empresarial solo abre panoramas nuevos y crea horizontes para vislumbrar el porvenir que dejamos a las nuevas generaciones. Verificar lo que significa hacer empresa y realizar negocios en una economía globalizada solo nos conduce a constatar nuestras grandes limitaciones. Y así sucesivamente con cada uno de los maravillosos temas que nos han expuesto los muy competentes y brillantes expositores, – entre ellos los asuntos relacionados con las políticas gubernamentales y con la situación política global – cuya enumeración completa después de más de cien tertulias es imposible realizar. 

Una tercera sensación es que a pesar de haber compartido todos estos momentos todavía nos hace falta conocernos más, tal como lo sugiere la invitación que nos formuló para esta reunión nuestro decano y coordinador. Intuyo que es mucho lo que podríamos compartir como resultado de nuestras experiencias de vida. Pero confieso que de mi parte existe una especie de pudor y además un temor de recabar la atención de ustedes sobre mi periplo personal, dado que esto podría parecer presuntuoso y posiblemente cansón. Pero simplemente sugiero que posiblemente pudiéramos hacerlo teniendo en cuenta las empresas, compañías, programas y actividades en las cuales hubiéramos estado comprometidos. Esto nos ayudaría quizás a comprender mejor a Colombia y a nuestro mundo y a dar nuestra interpretación de la vida tal como la hemos vivido cada uno de nosotros. 

En síntesis, yo me siento en un “finale”, y como ocurre con los interpretes de la música, a los cuales se les permite hacer “una coda” o resumen de los temas que han interpretado, confieso que no he perdido la capacidad de admirarme, característica que Platón consideraba el comienzo de la sabiduría. 

Me admiro en primer lugar de la riqueza de nuestras vidas y de nuestra capacidad de interlocución. Me admiro de lo mucho que ha significado la presencia de cada uno de nosotros en las múltiples circunstancias y vericuetos que hemos atravesado, Y me admiro con inquietud ante los múltiples cambios que estamos enfrentando y padeciendo, con la situación actual de un mundo en peligro de calamidad global por causa del clima, del peligro nuclear y del enfrentamiento de las potencias, y de una nación que se debate ante la alternativa de perderse o de recabar y reconstruir su propia identidad.

Hernando Bernal Alarcón

Marzo, 2023

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Hay dos maneras de entender la situación de cambio que vive la humanidad en lo que va de transcurrido el Siglo XXI. Unos autores hablan de época histórica, refiriéndose especialmente a los cambios sociales, culturales, económicos y del mundo de los valores. Otros se refieren a era histórica, haciendo énfasis en lo geográfico, lo geológico y lo biológico. 

El cambio de época histórica se basa en el resultado del predominio de China en los mercados mundiales, con las consecuencias propias de transformación cultural Oriente/Occidente y mercantil Atlántico/Pacífico. 

Es el final del Siglo Americano y el comienzo de una nueva era China o Asiática. Dicho cambio conlleva el final de la enorme influencia, que lograron los Estados Unidos con posterioridad a las dos guerras mundiales, en el mercado global, en el control de la paz y en el establecimiento de un orden jurídico y económico reflejado en la estructura y funcionamiento de las Naciones Unidas, de los procesos industriales de la producción y del comercio internacional.

El concepto de cambio de era histórica alude a las profundas transformaciones que ha causado la presencia humana en el planeta tierra, con efectos en el cambio de clima y en el calentamiento global, producto de la forma lineal como se han relacionado los factores de la producción y el desarrollo de las tecnologías en el uso, transformación y agotamiento de los recursos naturales. Estos fenómenos han producido enormes cambios en las condiciones ecológicas y sociogeográficas del desarrollo de la vida humana, efectos de una tecnología desbocada que a su vez influye en la transformación evolutiva de la misma humanidad.

El cambio de era histórica se relaciona, por lo tanto, con las transformaciones profundas en la sustentabilidad de la vida humana, con la aparición de las pandemias, con el incremento de los riesgos naturales y físicos que afectan la permanencia de la humanidad, y como aspecto novedoso, con el avance tecnológico que permite potenciar el desarrollo simplemente biológico hacia la aparición de nuevas realidades bio-tecnológicas propias del transhumanismo y el posthumanismo. 

Una visión comprensiva sobre el cambio que se vive tiene que tener en cuenta las dos dimensiones – época histórica y era histórica – para tratar de vislumbrar no solo lo que será un NUEVO ORDEN MUNDIAL, sino la transformación misma de la HUMANIDAD Y DE LO HUMANO.

Tenemos que reconocer que se abre una discusión mundial sobre la dimensión y la complejidad de estos cambios, que tiene una enorme vigencia y gran actualidad.

Hernando Bernal Alarcón

Febrero, 2023

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Algunos indicadores de cambio (segunda parte)

¿Estamos ante cambios mundiales vividos tradicionalmente o hay fenómenos que nos indican que estamos frente a un cambio de época? Hoy, Hernando continúa enumerando otros cinco temas, tratando de responder a la pregunta planteada…

Una sexta noticia han sido los recientes informes del Foro Económico Mundial  (Enero 20 / 2023)[1], que dan cuenta, además de la preocupación por el deterioro ambiental y el cambio climático, de las profundas divisiones y diferencias que afectan actualmente a los países industrializados y les dificultan llegar a políticas que fortalezcan la gobernanza mundial. Los líderes de la economía capitalista se muestran cautelosos por los indicadores resultantes de los procesos inflacionarios, pero parecen coincidir en que la situación no es tan desesperada como se veía venir a finales del 2022.

Una séptima circunstancia: no cesa, ni disminuye la migración de los países africanos y asiáticos a Europa, como tampoco la de los innumerables grupos desplazados de América Central y de América del Sur, por los crecientes problemas de pauperización y falta de empleo en sus países. El sueño americano los continúa movilizando.

El rechazo de los partidos políticos tradicionales y de derecha hacia los migrantes agrava esta situación, tal y como ha ocurrido en las últimas elecciones en países europeos como Francia e Italia. Solo en Venezuela, se considera que ya son 7.131.435 personas refugiadas y migrantes en el mundo. 

El octavo hecho que refleja las profundas transformaciones que vivimos es que el planeta tierra -en todos los continentes- sigue sintiendo los efectos de inundaciones y huracanes que arrasan los cultivos y deterioran las infraestructuras, de los incendios que destruyen vastas zonas forestales causando además enormes pérdidas en el hábitat y en las viviendas y en las formas de vida de un número creciente de personas.

Estos efectos se han sentido con especial rigor en Colombia tanto en las regiones altas como a nivel del mar, lo que ha impedido y dificultado el tráfico de personas y mercancías e incrementado los precios de los artículos básicos. Súmense a estos fenómenos naturales los incontables factores humanos que causan el deterioro ambiental -como la deforestación del Amazonas- que en los últimos cincuenta años han supuesto un coste de deforestación nunca antes visto en la historia de la humanidad. Mayo del 2022 ha ostentado la segunda tasa más alta de deforestación de la última década: la Amazonía perdió 649 kilómetros cuadrados de selva nativa, según el Sistema de Alerta de Deforestación del Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (Imazon)[2].

En noveno lugar, con las elecciones de Petro en Colombia y la tercera reelección de Lula da Silva en Brasil, se consolidan las tendencias de izquierda en América Latina. Se convierte así en un variopinto escenario que, a partir de los modelos dictatoriales venezolano y nicaragüense, pasa por las aparentes democracias progresistas de Argentina y México, por las absurdas violencias en el Perú y por las profundas contradicciones constitucionales en Chile. 

Todo ello configura un panorama de gobiernos “populares” que tienden a convertirse en “populistas”[3] y paradójicamente, radicalizan la incompetencia del manejo autoritario de la sociedad y del uso de las enormes riquezas naturales, para apuntalar “la pobreza” como característica fundamental del continente. Qué útil sería que en el incremento de la influencia de la China como potencial mundial se pudiera adaptar y adoptar el modelo de capitalismo de estado y de socialismo económico para encontrar una salida positiva al desarrollo de nuestras sociedades. 

Como una décima y no menos importante situación se consolida la pandemia del Covid19, que a pesar de haber sido superada con la producción y distribución de vacunas, sigue causando estragos permanentes en muchos lugares y proliferándose mediante nuevas variedades. Parece que además los peligros de zoonosis[4] siguen multiplicándose y que la humanidad continúa expuesta a riegos mayores de los ya parcialmente superados. 

Pero la simple enumeración de todos estos hechos y de muchos más que podrían añadirse, permitiría cuestionar si son realmente indicadores de un cambio de época y no simplemente muestras que solo “se trata de más de lo mismo” en la tradicional trayectoria histórica de la humanidad. De cualquier manera, son asuntos significativos que, mirados en conjunto, nos deben hacer reflexionar sobre su significado y prestar atención sobre las oportunidades que nos ofrece una situación de cambio tan profunda como la que vivimos. 


[1] Según el Informe sobre Riesgos Globales 2023 del Foro Económico Mundial, los principales riesgos actuales son la energía, los alimentos, la inflación y la crisis general del coste de vida. En los próximos dos años, la crisis del coste de vida seguirá siendo la principal amenaza, seguida de las catástrofes naturales y las guerras comerciales y tecnológicas. https://es.weforum.org/agenda/2023/01/l

[2] https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/2020/06/deforestacion-amazonas-alcanza-niveles-historicos-debido-consumo-carne

[3] La «democracia inorgánica», según Germani, es una forma de entender la democracia como participación política no mediada por instituciones y que puede subordinarse a la adhesión a liderazgos autoritarios.

[4] La pandemia de Enfermedad por Coronavirus (COVID-19) ha producido millones de contagiados y cientos de miles de muertos en todo el mundo. Actualmente todos los sistemas sanitarios del mundo están en estado de alerta debido al impacto en la salud física y mental que esta pandemia puede producir en las personas. No es el primer coronavirus que nos ataca; estos agentes patógenos son conocidos desde finales de la década de 1930 ) y han producido en humanos las epidemias de Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS), las cuales tienen su origen en animales. http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1018-130X2020000200138

Hernando Bernal Alarcón

Febrero, 2023

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