Los redactores y escritores de artículos y opiniones en las redes motivan hoy al lector ocasional para que se suscriba y ponga un ME GUSTA con la mano levantada, que permita a los gerentes de los nuevos medios de comunicación medir con precisión cuál es el nivel de aceptación de las audiencias y del público en general. Según sea el éxito en las respuestas, será el nivel económico de costos en el uso de las redes.
Tener éxito es una necesidad de supervivencia social. Quien no lo tenga pasa desapercibido. El que lo logra obtiene un nivel de reconocimiento social que sobresale y abre oportunidades inconmensurables que ubican al triunfador muchísimo más allá de los estándares propios del común de la humanidad. Las diferencias cada vez son mayores y más significativas en términos de oportunidades y por lo tanto se convierten en metas, ideales, objetivos y a nivel personal en pasiones que requieren un cultivo especial.
El muchacho deportista proveniente del Chocó o de cualquiera de los departamentos menos desarrollados y que por ejemplo, logra acceder a las grandes ligas del fútbol, adquiere la patente para viajar al exterior y ubica su cotización más allá de los estándares económicos de empresarios industriales, comerciales o financieros que logran posiciones sobresalientes mediante la formación profesional y el ejercicio estandarizado de la gestión en su campo de actividad. Y eso está aceptado, sin mayores cuestionamientos, entre los estándares valorativos de nuestra sociedad.
Tener éxito implica visibilidad y aceptabilidad como medidas de reconocimiento y aplauso que son diferentes según el área de gestión y las competencias, habilidades y pericias de quienes las sustentan. Los niveles de aceptación están en función de la exposición a los medios de comunicación. El artista, el político, el profesional, el deportista, el creador, el inventor, el innovador y cualquiera que haya sobresalido, saben que su éxito depende, en gran parte por la aceptación mediática lograda entre la audiencia.
Pero además, en la base de todo está el nivel de dedicación, de ejercicio permanente, de constancia, de superación de metas, de capacidad de recuperación ante las dificultades, conocida ahora como “resiliencia”, de visión y de esperanza también conocida como “idealismo”, de trabajo en equipo, de comunicación y liderazgo que son condiciones esenciales desde el punto de vista personal, todas las cuales y en conjunto son conocidas ahora como “performativas”, y por lo tanto como objetivos que es preciso reforzar en los procesos educativos propios del siglo XXI.
En síntesis, una de las características específicas de la educación contemporánea es la “performatividad” entendida como “formación para el éxito”, la cual implica para quienes se atreven a ser “papás y mamás” – cada vez más pocos- la preocupación permanente por inculcar en sus hijos la pasión por el éxito en la vida; lo que implica un establecimiento de metas en lo físico, intelectual, comunicacional y artístico que cubre totalmente el tiempo y la programación cotidiana desde la más tierna infancia, mucho más allá del tiempo estándar dedicado a la “escolaridad formal”.
Paralelamente se da el hecho de que los padres tienen menos tiempo y deben delegar estos procesos en otros agentes sucedáneos (personas e instituciones) con exigencia progresiva de costos, y que además, su preocupación parental implica evitar en lo posible ambientes normales de obstáculos y riesgos para los infantes, con la consecuente paradoja de construcción de una “generación de cristal”, susceptible de romperse.
Desde el punto de vista de las empresas y de las instituciones donde deben desempeñarse quienes llegan a la edad de trabajar, la “performatividad” se entiende también como voluntad de éxito empresarial, es decir como crecimiento económico y de influencia en los mercados, y se exige por lo tanto que quien busca incorporarse como empleado o funcionario sea “capaz de añadir valor y conseguir resultados de excelencia” -características propias de la performatividad individual ; lo cual explica a su vez, la enorme movilidad laboral que es norma actual, tanto por lo exclusión de quienes no dan resultados, como por la insatisfacción de quienes no encuentran posibilidad de éxito personal en las tareas que realizan.
La performatividad es la mercancía propia de la educación en el siglo XXI. Para bien o para mal, “la pasión por el éxito” es una característica propia del mundo contemporáneo. Y para una nueva compresión de la modernidad es preciso convivir con ella, saberla entender como valor social y saberla manejar como ejercicio de un bien y un derecho común.
Hernando Bernal Alarcón
Octubre, 2024


7 Comentarios
Interesante tu reflexión sobre la premura por alcanzar el éxito en esta sociedad en la que predomina el individualismo por encima del Bien Común. Me pregunto cómo sería nuestro país y la sociedad en general,si en vez de promocionar la consecución del “éxito” individual, se hiciera hincapié en el éxito “colectivo” por medio del cual toda la sociedad lograra alcanzar metas de progreso, bienestar y felicidad colectivas. Silvio nos mostraba el éxito de Singapur por medio de una mentalidad y disciplina colectiva. Será eso posible en Colombia?
John: Es lamentable que el sentido de lo colectivo y la búsqueda del Bien Común no sean en general una pauta prioritaria en nuestro país. Habría que visualizar una reforma muy de fondo en la formación en valores, incluyendo lo religioso. para que el mensaje de solidaridad ciudadana “y en especial cristiana” ocuparán un lugar preponderante. Gracias por tu comentario. Saludos. Hernando
Apreciado Hernando. Leyendo tu escrito con razón o sin ella, me remonté al creador del término “performatividad” en “How to do Things with Words” de John Langshaw Austin; también a John Searle con las explicaciones sobre la “performatividad de Austin y para completar “The Construction of Social Reality”. Me indujiste a recorrer viejas fuentes de mis constantes inquietudes intelectuales al lado de Angelo Neglia en la facultad de Sociología de ese entonces en el Rosario. Vas por la línea de la alta intelectualidad en tus escritos; yo elegí lo “folclórico” en nuestros años juveniles… Un abrazo y felicitaciones por el escrito. Jaime Escobar
JAIME. Co mucha razón haces referencia a los escritos de Austin, que son definitivos para una comprensión sociológica del concepto de performatividad. Yo quise solo hacer alusión de la tendencia actual de entenderlo en relación con el logro del éxito, que es una visión restringida. Gracias por tu comentario. Hernando
Hernando, agudo e ilustrativo tu análisis sobre estas realidades que son consecuencia de nuestra innata competividad, reforzada ahora por los avances informáticos a partir del internet. A veces incluso sin mucha actividad extracurricular de los jóvenes, el medio ambiente (cultura) actual los lleva a esta competencia, que si no se balancea con otros valores como el deporte y el descanso adecuado termina minando la salud mental.
Juan: Tu sugerencia sobre e impacto que la pasión por el éxito causa en la Juventud es de tremenda importancia en el momento actual donde se han elevado los índices de suicidio, problemas mentales y desajustes de personalidad, en la juventud,. Gracias por tus aportes. Saludos. Hernando
Jaime, muchas gracias por tu explicación sobre la performatividad. Para mí es un nuevo concepto, pero me parece muy válido por la forma como se explica el comportamiento de las personas más jóvenes que están en sus primeros años de su gestión profesional. No es fácil para los que tenemos empresas pequeñas “premiar” la performatividad con ascensos, pues las estructuras organizativas son pequeñas y muy planas. Entiendo que tenemos que ser creativos para hacer sentir a los colaboradores que el éxito de la empresa se debe a su desempeño. Saludos, Humberto