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LA DIMENSION HISTORICA DE LA SOSTENIBILIDAD

Por Hernando Bernal Alarcón
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Una interpretación como simple ejercicio de “sentido común”

Para la comprensión del significado histórico de la sostenibilidad como nueva Utopía Social del Siglo XXI, formulada en su acepción más amplia, es necesario tener en cuenta la dimensión del cambio de época histórica y las transformaciones planetarias que conducen a un cambio de era histórica. Solo una mirada de esta complejidad permitirá definir el ámbito y la trascendencia de las decisiones sobre la sostenibilidad. 

El cambio de época hace relación a los eventos comunes que afectan las relaciones de los miembros de la sociedad entre sí y a las nuevas configuraciones institucionales y culturales que van surgiendo en la cotidianidad, mientras que cuando se hace alusión a la era histórica se trata de las transformaciones físicas, ambientales y climáticas que se efectúan en el hábitat y en el planeta tierra por la presencia del hombre y su desarrollo tecnológico. 

Es lo que algunos autores denominan el antropoceno, que está principalmente relacionado con las afectaciones producidas desde el comienzo de las revoluciones industriales. La búsqueda de la sostenibilidad entendida como la permanencia de la humanidad y de su cultura se refiere a ambos aspectos, pero es diseñada diferencialmente en relación con la prioridad criteriológica con la cual se la conciba.

En este proceso de selección de las políticas de sostenibilidad se hace necesario  analizar los efectos actuales del desarrollo industrial y los condicionamientos de la estructura social concomitantes, como sucedáneo de la historia contemporánea, a través de las diferentes revoluciones tecnológicas desde el Siglo XIX hasta el presente, tanto en sus aspectos positivos como negativos. Solo si se tienen en cuenta dichos asuntos se podrá definir qué es posible mantener y que será necesario modificar, tanto en las relaciones institucionales de la sociedad en su conjunto, como en lo que focaliza el escenario ecológico de la interacción del hombre con su ambiente físico. Ambas alternativas forman parte del concepto mismo de sostenibilidad.

Entendida la política de sostenibilidad como factor de cambio social, y por lo tanto como motor de transformación histórica, tiene que tener en cuenta los componentes ecológico/planetarios, los factores biológico evolutivos, las estructuras institucionales y políticas de las sociedades, y los sustratos de carácter axiológico/cultural que le dan suporte a la configuración y evolución histórica y ambiental de las sociedades y los grupos en transición. Por esta razón la sostenibilidad como política pública se da en el marco global de una sistematicidad compleja pero regionalizada y localizada (glocalización). 

Esta es, además, la razón por la cual es preciso desarrollar también una doble dimensión vertical de sostenibilidad, entendida como permanencia y evolución de lo social, a lo largo del tiempo y de la historia (visión dinámica), y de sustentabilidad de los valores y la cultura, como soporte y fundamento de la concepción de la humanidad y el humanismo (visión axiológica).

Como además en los procesos de transformación histórica han jugado y seguirán teniendo un papel trascendental los desarrollos de la ciencia y la tecnología, en el marco de la definición de la sostenibilidad es preciso darles la relevancia e importancia que merecen. Esto implica evaluar con cuidado los avances del desarrollo de la ciencia y prever con claridad el manejo y los límites aceptables de la innovación tecnológica, como soporte ético para fundamentar las decisiones sobre el ámbito del cambio y los horizontes deseables para la sostenibilidad. Esta incorporación del análisis de la dimensión tecnológica es un sine qua non para precisar el ámbito de la sostenibilidad. 

La construcción de estas dimensiones culturales deberá tener en cuenta las teorías, sobre la complejidad, sobre el caos, sobre la incertidumbre, sobre la gobernanza mundial, sobre la globalización de la economía y la aculturación, sobre la sociedad del riesgo, sobre las redes sociales y el mundo digital e interconectado, sobre la posverdad, sobre el predominio de lo virtual y de la inteligencia artificial en la interacción humana, entre muchas otras aproximaciones teóricas que configuran el instrumental epistémico con el cual es preciso analizar y afrontar las características de la realidad actual.  

La complejidad de la sostenibilidad enfocada desde esta visión integral, dinámica y permanente al mismo tiempo, da pie para afirmar que la sostenibilidad es la utopía contemporánea propia del Siglo XXI, como lo fuera el desarrollo económico en la posterioridad de las posguerras del Siglo XX, y el progreso de la humanidad en la concepción de la evolución histórica del Siglo XIX, heredera a su vez de la visión renacentista del hombre como centro y amo de la creación. Es decir se convierte en la idea clave alrededor de la cual deben girar los esfuerzos de la humanidad en función de su mantenimiento y evolución.

Lograr la sostenibilidad de la humanidad en su hábitat y en su avance social para acentuar los logros y reducir las deficiencias y limitaciones, contando para ello con los enormes avances de las tecnologías actuales y con las futuras revoluciones industriales, es un reto histórico de largo alcance y gran envergadura que le corresponde realizar a la misma humanidad del Siglo XXI como tarea histórica primordial, no solo en función de su supervivencia, sino inclusive, de su propia superación como especie humana. Alternativas que permiten afirmar qué diferentes futuros son posibles. 

Visualizar la sostenibilidad en su dimensión integral, es decir como la necesidad de conservar, preservar y perfeccionar todos los aspectos de la vida humana en relación con el uso racional y adecuado de las condiciones del planeta tierra, es en sí mismo una utopía. Pero también algo que conduce a realizar acciones, desarrollar tareas y diseñar programas concretos, tanto en los ámbitos más fundamentales de la vida, como en aquellos de carácter institucional que definen por su propia naturaleza, la condición misma del ser humano en su integralidad y en su sociabilidad.

La utopía histórica de la sostenibilidad consiste por lo tanto, en el logro de un equilibrio entre la producción y administración de los bienes y servicios necesarios para el bienestar de todos los ciudadanos y su distribución de acuerdo con su participación en la producción y manejo de los mismos, teniendo en cuenta la realidad de sus necesidades y de sus condiciones de vida, todo ello en el marco diferenciado tanto por las condiciones y posibilidades físicas, ambientales, como por la evolución de la cultura y de los valores desarrollados por los grupos sociales. 

Es decir, la sostenibilidad integral como función utópica opera con enorme respeto por las características y condiciones del planeta tierra y con profundo conocimiento y capacidad de manejo para la preservación de los valores sociales, culturales y económicos de autonomía, decisión, administración, manejo y libertad, inherentes a la propia humanidad.   

Hernando Bernal Alarcón

Enero, 2025

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1 comentario

JUAN LAUREANO GOMEZ CAMACHO 20 enero, 2025 - 11:18 am

Excelente análisis Hernando. No dejaremos de perseguir utopías, indispensable para la mejora continua de la humanidad

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