Al comenzar el mes de Diciembre nos acercamos de nuevo al misterio de la Navidad: Dios hecho hombre en el seno de María.
El hecho de la encarnación del Hijo de Dios lo ve el evangelista San Juan como expresión de la voluntad divina de “habitar entre nosotros”. San Pablo afirma que se hizo semejante a nosotros, menos en el pecado y que se anonadó a sí mismo (exinanivit semetipsum).
Dios hecho hombre: misterio infinito y realidad para todos los creyentes. Dios para nosotros, entre nosotros y con nosotros. Sometido a los avatares, los riesgos, las dificultades, pero también a las alegrías y a los momentos de triunfo, como cualquier mortal, desde la cuna en el pesebre, hasta la muerte ignominiosa. Solo que su muerte en la cruz fue sacrificio por todos nosotros. Y que su vida es la muestra fehaciente de un camino que debemos transitar conjuntamente hasta que nuestra trascendencia nos conduzca finalmente a estar con El en el Padre. Así lo pienso y lo siento como creyente.
Posiblemente no sea esta la realidad ni la creencia para muchos con los que compartimos la modernidad. Tenemos que reconocer que el hombre pretende ahora ser dios, así no crea en Dios. Quizás pretende serlo porque cree en un dios a su manera. Es decir, en el dios de la eternidad personal que puede alargar su existencia mediante los avances de la nano y la biotecnología, o que puede resucitar mediante la criogenización y pretende ampliar su capacidad humana con implantes biológicos y proyectar su mente al infinito, mediante el input a la “singularidad” digital de una matrix o cerebro electrónico.
Dios que a su vez es solo el placer, el triunfo, el enriquecimiento fácil, el culto a la personalidad, y por qué no, también el huir del dolor y el buscar la solución de los problemas por el método más a mano, más fácil y menos ético posible.
Pero la realidad es también que en el hombre como humanidad existe la tendencia hacia la perfección, que posiblemente nace de la conciencia sobre nuestra imperfección y nuestras limitaciones. Tendencia hacia la perfección que nos obliga a superarnos permanentemente. Así, el profesional pretende ser cada vez mejor profesional, el deportista mejor deportista, el trabajador más experto en sus competencias laborales, el artista más avanzado y más reconocido en el perfeccionamiento de sus trazos y habilidades, el comerciante más amplio en la prestación de sus servicios, la modelo más reconocida por el despliegue de sus atributos, el ama de casa mejor y más apreciadas por el cariño de sus familiares.
Tendencia hacia la perfección que Dios hecho hombre nos ha mostrado como el camino que partiendo de la humildad, y pasando por la cotidianidad de una vida normal pero con ansias de plenitud, y que transita en común con los demás y en servicio también a los demás, nos conduce finalmente a la plenitud individual en Dios que fue nuestro inicio y termina siendo la meta alcanzable de todos nuestros esfuerzos.
¡Quizás sea este el mensaje apropiado de preparación para la Navidad que se aproxima!
Hernando Bernal Alarcón
Diciembre, 2024


3 Comentarios
Hernando, ciertamente un mensaje muy apropiado de preparación para la Navidad que se aproxima. Realista por las aspiraciones y deseos humanos que reflejas y optimista por la realidad de Dios hecho hombre que al revelarnos como hijos de Dios nos impulsa a más allá de nuestras pretensiones.
Hernando: excelente reflexión para creyentes y no creyentes. Ese deseo de mejora innato en el hombre creo viene del instinto de conservación que nos hace competitivos en medio de la también innata limitación, que potencia aun mas el instinto.
Abundando en el mismo sentido, el ser humano que logra desarrollar su reflexión en el transcurso de sus vivencias, tiende a orientarse hacia la perfección, a sabiendas que nunca la logrará completamente pero que, con sus esfuerzos irá adquiriendo la madurez y humildad que lo acercarán a la Luz Divina, en la cual tiene la esperanza de participar, una vez su tiempo en la tierra transcurrido.
La Natividad es tiempo de regocijo, pero igualmente de recogimiento y meditación.