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Hacia la democracia en Colombia

Por Vicente Alcala
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¿Acaso no somos una democracia? Entonces, cambio el título por este otro: “Hacia una verdadera democracia y una democracia verdadera”.

Verdadera democracia es una donde el poder proviene del pueblo y sirve a todos. Democracia verdadera es una donde impera la verdad.

Las dos parecen utopías que nos hacen trabajar día a día para acercarnos más a ellas. 

Se dice que los poderes son elegidos por el pueblo, pero sabemos que eso no es totalmente cierto; se dice que los poderes están para servir al pueblo, pero sabemos que tampoco lo es en la práctica. La retórica de los llamados discursos “verdaderos” esconde la mentira. 

Sería largo y complejo mostrar y demostrar las deficiencias y las malintencionadas acciones que imperan en nuestra democracia. Todos las conocemos; más que gastar el tiempo en eso, podemos buscar un camino para acercarnos a los dos ideales. 

Hay que bajarle el voltaje a los apasionamientos y a los resentimientos.

Qué bueno sería que las coaliciones para las elecciones fueran también coaliciones para gobernar. Qué bueno sería que las elecciones fueran informadas, conscientes y libres. Qué bueno sería que los poderes, no solo el ejecutivo, fueran para el beneficio real y efectivo de todos los ciudadanos y no de las minorías. 

Me resulta optimista y esperanzador ver y escuchar al grupo de los 9 precandidatos que van a la consulta en marzo; es un indicio de que se puede dialogar y cooperar por el bien común, a pesar de las naturales diferencias.

Me resulta preocupante, por el contrario, los individualismos de precandidatos que siguen aislados, pensando que cada uno (a) es el necesario y el salvador. 

Las puertas giratorias me dan la imagen de elitismo, individualismo y recurrencia; las puertas abiertas me sugieren ambientes y espacios aireados para todos. 

El régimen presidencialista, en la práctica, tiene muchas limitaciones. Yo he pensado con frecuencia que el liderazgo de un presidente es insuficiente, por no decir, ineficaz. Una persona, por capaz que fuera, no puede gerenciar los grandes problemas socioeconómicos de un país. Haría falta un grupo gobernante, mejor que un individuo gobernante. 

¡Para eso está el Consejo de ministros! Es cierto, en teoría; la realidad muestra otra cosa muy diferente, sobre todo en ocasiones particulares. Más que personas idóneas por su capacidad profesional y calidad humana, se nombran personas por amistad o por deuda electoral “Tú me eliges y yo te elijo”.

Un programa de gobernantes, en vez de programa de gobierno, significaría en la práctica seleccionar al mejor ministro de salud, por su capacidad y experiencia; lo mismo al mejor ministro de hacienda, y así los cargos principales (y necesarios de verdad); no importa de qué partido sea cada uno o de qué región provenga. Eso sería una coalición o alianza plural y democrática, orientada al propósito común nacional.  

La separación de poderes es un principio saludable “El poder que controla el poder”. El sistema democrático, tal como funciona realmente, deja mucho que desear: el problema ¿radica en las personas o en las instituciones o en ambos a la vez?  ¿qué se podría hacer?

Es el mecanismo de la puerta giratoria, generalizado entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, por no hablar de los organismos “autónomos” como la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía.  

La forma de elección actual (contaminada por su financiación y sus preferencias) no garantiza imparcialidad ni eficacia en las distintas instituciones. Y la forma de ejercer los poderes -que deberían ser independientes- ni favorece al cumplimiento de sus funciones ni contribuye al bien común. 

Un ejemplo es la potestad de juzgar al presidente (desde el proceso 8.000 en adelante) asignada al Congreso, pues ¿acaso el poder judicial no está en la rama judicial; por qué se le asigna a la legislativa? Otro caso diferente, pero también cuestionable, es el de la Justicia Especial para la Paz (la JEP). 

Yo no soy político ni politólogo, hablo y pregunto desde el sentido común y como observador corriente de la realidad nacional. Me atrevo a expresar ideas para la discusión y la profundización; no pretendo ser el primero en enunciarlas, pero sí quiero llamar la atención en la necesidad de pensar e idear nuevas formas, pues no podemos conseguir nuevos y mejores resultados repitiendo prácticas ineficaces y, peor si son corruptas.  

Hace falta un Programa de Estado, mejor que un Programa de Gobierno. Este último, por cuatro años, obedece más a intereses partidistas que a intereses nacionales, además compromete al Ejecutivo más que al Estado en todas sus ramas; un Plan de Desarrollo debería elaborarse a largo plazo en vez de al mediano plazo de cuatro años; no debería quedar sujeto a los gobernantes de turno -según su criterio- sino a los intereses globales de la nación, a juicio de un consenso interpartidista e interdisciplinario.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2026

2 Comentarios
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2 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 11 febrero, 2026 - 7:47 am

Vicente: Ante la complejidad propia del análisis de la política, de las estructuras de gobierno, del establecimiento de la democracia y la enorme incertidumbre de la situación actual y su peligrosidad para el país, tu sugieres la necesidad de establecer nuevas formas y modalidades en los procesos de elección de los gobernantes y en las prácticas mismas del ejercicio de la autoridad. Mi opinión personal es que la dinámica misma de lo que está sucediendo, por ejemplo con las consultas para la selección de los candidatos, es en sí misma una respuesta y coyunturalmente “la respuesta posible” generada por el ejercicio mismo de la democracia. Tu artículo propone muchas preguntas, todas muy pertinentes y por esta razón es muy valioso. Gracias. Hernando

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John Arbeláez Ochoa 11 febrero, 2026 - 8:46 am

Excelentes reflexiones has hecho Vicente sobre la política de nuestro país y en general sobre las políticas de los regímenes presidencialistas de Latinoamérica que en el fondo son gobiernos cuasi hegemónicos para beneficio del partido de turno en el gobierno sin pensar en las realizaciones a largo plazo que debe ejecutar el Estado. Excelentes tus comentarios.

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