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Las definiciones de herencia en el diccionario de la lengua española tienen, todas, un sentido descendente: de los padres hacia sus hijos, de lo que los seres vivos reciben de sus progenitores, de rasgos o caracteres procedentes de personas o momentos anteriores … Aquí, la tomamos en sentido inverso: herencia de los hijos para con nosotros. Son historias de mi familia, pero semejantes a muchas de las de ustedes. 

Una experiencia inolvidable, repetida, fue la sensación -indescriptible con palabras- de disfrutar del Zugspitze, el nevado más alto de Alemania, al que mi hija “nos llevó” a Elssye y a mí. Lo mismo que la visita a otros paisajes y ciudades. Esta experiencia, “herencia de mi hija” no hubiera sido posible si ella no estuviera en Alemania, en su trabajo de investigación, con el sacrificio que implica la distancia. 

Otro placer sorprendente -que experimento a los 80 de mi vida- consiste en escuchar música, por ejemplo de Mozart, en un sillón que mi hijo “me heredó”, comprándoselo a un amigo que viajaba. Esta herencia es doble, porque la música clásica ha sido una afición reforzada por el gusto y los discos de mi hijo, así como el sillón en que me reclino para oírla. 

Son sólo dos casos concretos y palpables de “herencia inversa”. 

Los libros y saberes -de Biología y Derecho, respectivamente- son también herencia de mis hijos para nosotros, sus padres.  

Ayudas en informática y otros recursos tecnológicos constituyen otro tipo de “herencia en vida”.  

Las caminatas, los paseos, los viajes impulsados, y a veces financiados por los hijos, son otras herencias valiosas.  

Hasta ropa en buenas condiciones que dejaron de usar o que no pudieron llevar consigo, y de la que los padres nos beneficiamos. 

En un ámbito más espiritual, heredamos la oportunidad de apreciar y agradecer los valores y comportamientos honestos y solidarios de ellos como adultos responsables. 

Hemos recibido otras herencias, como la de los dos cónyuges con sus familias. 

En síntesis, nos han proporcionado la satisfacción de compartir tantos sentimientos y bendiciones, como retribución quizás a los dones desinteresados que les hemos podido ofrecer. 

No puedo dejar de experimentar la herencia divina que hemos recibido, en la creación, en la comunidad humana, en la propia vida recibida por medio de los padres; en la vida de Jesús por medio de María y en su Espíritu vivo entre nosotros tras su Resurrección. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Luis Guillermo Arango, en su reciente artículo “Pensamientos sobre la energía vital”, escribe así: me refiero exclusivamente a la energía física que copa por completo todos los seres…  Por esa energía física es como podemos comunicarnos unos con otros de maneras que ni alcanzamos a imaginarnos…Esa “Energía Vital” que constituye la esencia de todos los seres del universo es la que da vida a todo. Siguen varios comentarios muy interesantes al artículo y yo prometí éste de hoy.

A través de la ventana, observo varios colibríes batiendo sus alas para quedar suspendidos frente al bebedero por el cual meten su largo pico para alimentarse con el néctar preparado. Es admirable la velocidad del movimiento de sus alas, que manifiesta una enorme energía física. Se ven unos cables de energía eléctrica y unas hojas de árboles. Todo ello es posible verlo por la energía del sol. A la vez, es admirable también nuestra capacidad de admirar belleza, que manifiesta una enorme energía psíquica…todas son “energía vital”.  

Me encuentro, en la obra “Recuerdos, sueños, pensamientos” de Carl G. Jung, al final de su vida, el siguiente texto, para mí muy interesante: “Concebía la libido como un analogon psíquico de la energía física… para no hablar ya más de los impulsos de hambre, agresión, o sexuales, sino considerar todos estos fenómenos como diversas manifestaciones de la energía psíquica. También en la física se habla de energía y sus modos de manifestarse, como la electricidad, la luz, el calor, etc. Lo mismo sucede en psicología. También se trata aquí en primer lugar de energía … y sus maneras de manifestarse pueden ser muy diversas”.

La libido no es ya sólo y exclusivamente sexo, como se interpretaba al Freud de los comienzos; él mismo lo corrigió con la aceptación del “impulso del yo”, para otorgar más tarde la supremacía al super-yo, por así decirlo. Adler defendió tenazmente que la fuerza vital del hombre no es la libido hedonista postulada por Freud, sino el impulso de conservación y autoafirmación, el poder y la excelencia personal. Así podríamos seguir con planteamientos diversos de los psicólogos o de las escuelas psicológicas. 

Me gusta la idea de que la libido es una hipótesis, una X desconocida, no identificable directamente, sino en sus incontables manifestaciones dinámicas en la naturaleza y en el psiquismo; denota la energía universal. Jung concibe la naturaleza y el psiquismo como entidades dinámicas interrelacionadas y nutridas por una energía vital: la libido.

Otra manifestación universal de la “libido” es lo que Bernard Lonergan expresa como deseo puro, irrestricto, desasido y desinteresado por conocer (Insight, passim) que va desde la pregunta infantil ¿qué es eso? hasta la pregunta de la ancianidad ¿para dónde vamos? Igualmente, se manifiesta en la voluntad universal hacia el bien o lo bueno, y en las innumerables manifestaciones y creaciones de la belleza. Además, por encima de la “libido” tenemos la energía teologal, recibida, que llamamos fe, esperanza y caridad. 

Energía física, energía psíquica, energía vital… y en el trasfondo de todas ellas, ENERGÍA. 

Incluso la palabra energía es quizás la mejor que tenemos, por ahora, para expresar: fuerza, dinamismo, capacidad, potencialidad, impulso, acción, relación, unidad, creatividad, virtud, espíritu, eros de la mente, amor… 

Suscribo los siguientes pensamientos de Carl Jung y otros pensadores:

La multiplicidad del mundo empírico se sustenta sobre una unidad subyacente… Todo lo distinto y dividido pertenece a uno y el mismo mundo. La realidad empírica tiene un fondo trascendental. 

El fondo común de la microfísica y la psicología profunda es tanto físico como psíquico y, por tanto, no es ninguna de las dos cosas, sino más bien una tercera: una naturaleza neutra que puede, a lo sumo, captarse mediante indicios, ya que, en esencia, es trascendental.

La más alta unión consistiría, desde un punto de vista psicológico, en una síntesis de lo consciente con lo inconsciente. El resultado de esta unión es teóricamente inconcebible, pues se combina un factor conocido con uno desconocido; pero, en la práctica, resultan de ella tantos cambios trascendentales en la consciencia como los que la física atómica ha producido en la física clásica.

¿Qué hay “detrás” o en el trasfondo de la onda-partícula? …hacen falta unos ojos nuevos para ver que el universo está hecho más de relaciones que de objetos, de interacciones más que de cosas, su estructura profunda es relacional más que física… y ¿qué hay “detrás” del cuerpo vivo y de la psique viva?

Si el ser humano se manifiesta como un cuerpo vivo y a la vez como una psique viva, es necesario postular una X anterior, previa o subyacente a las dos manifestaciones. Esa es una incógnita heurística, algo que no se sabe todavía qué es, pero es.

El cuerpo vivo humano es visible, patente, objeto de la ciencia… la psique viva humana es invisible, latente, objeto de la experiencia y de la meditación.

El cuerpo vivo humano es operativo, actuante, objeto de la consciencia. La psique viva humana es operativa, actuante, objeto de la consciencia. 

Tanto el cuerpo como la psique, además de ser objetos de la consciencia, incluyen o abarcan factores inconscientes o desconocidos. 

Una hipótesis o propuesta de identificación de esa es el nombrarla como el yoEl yo es la realidad subyacente al cuerpo y al alma o psique. El yo, el sujeto, el sí mismo, la identidad personal, la persona… son expresiones que quieren identificar a esa X. 

La no es contradictoria en sí misma, sino integradora: el cuerpo no niega el alma, ni el alma o psique ignora al cuerpo. Ninguno de los dos niega al otro, pero tampoco se identifican totalmente. Aquí se cumple una vez más, que el todo es más que la suma de sus partes, y la es más que el cuerpo o el alma. Esa se manifiesta como cuerpo y como alma, de manera semejante a como la otra (de la que escribimos) se manifiesta como onda y partícula. La diferencia está en que, onda y partícula no se manifiestan simultáneamente sino alternativamente; en cambio, cuerpo y alma no pueden manifestarse sino integralmente, simultáneamente, como una unidad bifacial o bidimensional: cuerpo-alma son una relación mutua o recíproca, son energía físico-psíquica.

En la antología Cuestiones cuánticas, grandes físicos del siglo XX expresan una visión mística de la realidad, una concepción trascendente del mundo en donde la dualidad entre materia y espíritu queda sobrepasada, concepción fruto de una postura crítica no irracional. 

Recuerdo mi monografía sobre “La participación del ser, según San Agustín”. Allí utilicé la metáfora de un gran mural, del cual, si se copia un pequeño fragmento, éste se asemeja y se diferencia, al mismo tiempo, con el “modelo”: se asemeja en lo que es, se diferencia en lo que le falta. La participación -por semejanza- del SER o de la ENERGÍA es algo parecido: nos parecemos en algo, pero nos diferenciamos infinitamente.

De manera poética, esa participación la expresó el místico San Juan de la Cruz en su cántico espiritual:  “Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado, oh prado de verduras, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado. Mil gracias derramando pasó, por estos sotos con presura, y yéndolos mirando con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura”.Participamos del SER y de la ENERGÍA, pero no somos el SER o ENERGÍA inefables; EL SER o LA ENERGIA no se “agota” con los seres o las energías participados. Los seres, el Ser y EL QUE ES, son todos, pero no lo son de la misma manera. Las energías, la Energía y LA ENERGÍA, son todas, pero no lo son de la misma manera.

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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Yo no soy gay, pero tengo – no sé si mucho o poco- de femenino en mí, lo mismo que cada uno de ustedes, afortunadamente.

Ayer iba con mi esposa hacia la sede de la medicina prepagada y, llegando, me encontré de frente con dos ancianos, que enseguida reconocí y saludé. Digo ancianos porque me parecieron mayores que yo, aunque son más jóvenes. Enseguida, la señora le dijo al marido quién era yo y él trato de recordar algo; ambos fueron compañeros míos en la empresa y se los presenté a mi mujer.

Cecilia y yo, recordamos enseguida unas clases de natación en que coincidieron sus niños y los míos. También mencionamos enseguida a un compañero y una compañera que fallecieron recientemente. 

Esta anécdota es un ejemplo concreto de lo que quiero decir. Se trata de una mujer en quien se cumple lo que siempre pensé de las mujeres: no es tanto la cara bella, sino la cara agradable y cariñosa lo que más me atrae de ellas. Con esta amiga, como con muchísimas otras en la Federación de Cafeteros, nos unió una amistad y afecto que perdura. Lo mismo se puede decir de otras mujeres con las que me encontré en diferentes circunstancias. 

Además de una cara agradable y cariñosa, he disfrutado de la amabilidad, atención y ayuda de muchas mujeres. Lo expresé al escribir sobre “La enfermera colombiana” y sobre la joven que nos dijo “Yo no tengo papá”.

En alguna ocasión recordé también algunos mensajes de varias sobrinas mías -ya mamás- reiterándome gratos sentimientos mutuos. Las fotos de mi mamá, de mis tres hermanas, de mi cuñada y de mi nuera, me hacen presentes el aprecio, la valoración y el cariño que nos une. Y mi hija Pilar…

En el caso de mi señora -con 53 años de vida compartida- me quedo sorprendido cuando cuenta anécdotas de sus múltiples trabajos, de sus servicios, de sus proyectos ejecutados, de su inteligencia y tacto en el trato con superiores, compañeros y subordinados, de sus muchas realizaciones y, dentro de nuestra familia, la dedicación, visión y motivación para con nuestros dos hijos. Para conmigo sería largo e inexpresable lo que ha significado su amor, cuidado e impulso permanentes.

Si consulto con mi inconsciente o subconsciente, no terminaría de recordar y narrar experiencias y detalles de lo femenino en mi vida, comenzando por la persona y la relación con la Virgen María, la madre de Jesús. Ella me transporta al inconsciente colectivo o al arquetipo universal y perenne de la mujer, ideal y real. Se me vienen a la mente textos de la Sabiduría y Proverbios, entre otros escritos del antiguo testamento, alabando a la mujer. Qué sería de nosotros, los hombres, sin la mujer… ni siquiera podríamos estar echando el cuento!.

Cuando se me ocurrió el título de este artículo, pensé precisamente en eso: no ya el mirar hacia afuera, a la mujer en la historia y en mi vida, sino a lo femenino que hay dentro de todos, así seamos varones o mujeres: fecundidad, intuición, ternura, amor, sensibilidad, creatividad, arte y poesía, entrega…

No se trata de comparar analíticamente y mucho menos de ponderar odiosamente cualidades y características distintivas pero complementarias de lo masculino y lo femenino, pero sí de apreciar y resaltar valores y capacidades indiscutibles de lo femenino en ellas y también en nosotros. 

Vicente Alcalá Colacios

Mayo, 2024

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En la tertulia del jueves 14 de marzo quisimos compartir nuestras experiencias de vida, una vez que la edad nos ha permitido “jubilarnos”. Este es el testimonio – video y texto – de Vicente Alcalá.

Exjesuitas en tertulia- 14 de Marzo, 29024

Cuando se nos planteó esta pregunta para la tertulia del jueves 14 de marzo pasado, mi reacción fue la de no participar porque siento que no estoy haciendo nada, aunque sí quería escuchar a mis amigos de la tertulia. Fue una reacción con cierta vergüenza o insatisfacción por no estar haciendo nada.

Pero esta mañana estaba al frente de mi casa contemplando el paisaje, y al mirar al suelo en el corredor vi unas hebras de sombra y enseguida observé que las sombras las producían unas hebras de pasto que sobresalen un poco en el extremo del prado.

Inmediatamente, debajo de las hojas del arrayán de enfrente, noté el resplandor del sol y obviamente, las sombras eran producidas por el pasto, pero más obviamente era el sol el que producía las sombras a través del pasto.

Esta observación me hizo cambiar la pregunta de esta tertulia: ya no fue ¿Qué estamos haciendo?, sino ¿Por qué estamos haciendo lo que hacemos?

Lo que hacemos es una sombra de nosotros mismos, pero es Dios quien “produce” las acciones a través de nosotros.

Esto podría parecer una evasión de la pregunta inicial o más bien una racionalización del hecho de no estar haciendo nada.

De las pocas cosas que he hecho en estos tres últimos años, ha sido escribir los breves artículos para el blog, que ya son numerosos, unos 98.

Conversando con mi hija por el chat, comentamos que los dos nos habíamos preguntado lo mismo: por qué estoy escribiendo todos estos artículos… Lo curioso es que casi todos han surgido de pequeños incidentes u observaciones o de las preguntas en las tertulias o de la lectura de un libro etc.

De manera que, ¿qué estoy haciendo?

Observar, meditar, tratar de conocer de lo mucho que no conozco, tratar de comprender la realidad social y política que nos rodea; relacionarme con mi familia y con las personas que me encuentro, orar… tratar de compartir mi experiencia, mis valores, mis comprensiones, mis convicciones… y no evadir lo demás que pueda hacer por mí y por los demás y por esta realidad en la que estamos inmersos en nuestra historia.

Decir que lo que hacemos es una sombra de nosotros… y que es Dios quien hace a través de nosotros, puede parecer una evasión de la responsabilidad: si hacemos algo es Dios quien lo hace, pero cuando no hacemos ¿es que Dios no hace?

Sí, Dios siempre está obrando, dando el ser, manteniéndolo, y actuando en todo ser.

Nosotros somos seres como cualquiera entre otros, pero con un privilegio ambivalente: somos seres que podemos amar, comprender, actuar… o podemos dejar de amar, de comprender, de actuar: tenemos la libertad humana que “filtra” la acción de Dios.

Vicente Alcala Colacios

Marzo, 2024

En el primer caso, secundamos la voluntad y la acción de Dios… en el segundo caso, nos resistimos a la voluntad y la acción de Dios. Es como si el pasto se “acostara” y por más que el sol brille, ¡no habría hebras de sombra en el suelo!

Mejor, seamos como “los árboles que mueren de pie” y mientras nos quede vida temporal, ¡amemos, comprendamos y hagamos el bien!

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Realidad exterior e interioridad. Aunque no se pueden separar radicalmente, sí se pueden distinguir. Además, se puede meditar sobre la experiencia “exterior” (como la de observar el nevado) y se puede tener la experiencia de meditación “interior” (como la de esa mujer).

La experiencia es el conocimiento empírico de la realidad (de los datos, de los sentidos y de los datos de la propia consciencia). Tenemos experiencias de muchas realidades y acontecimientos exteriores, pero también tenemos muchas experiencias personales interiores. Hay experiencias singulares o particulares y también llamamos experiencia a la acumulación adquirida de los aprendizajes experimentados a través de la vida. 

Definir la meditación es complejo porque hay muchos tipos o formas de meditación. En un sentido específico, la palabra meditación se refiere a un tipo de conocimiento o experiencia que se relaciona con la interioridad personal. Como acercamiento a esta realidad interior, quiero compartir lo que me expresó un amigo que puede hablar de la meditación con mayor autoridad que yo:

“Tu mensaje lo calificaría como “effusus ad exteriora” (volcado hacia el mundo exterior). Lo mío genuino es interior, lo llamaría vida interior. El “conocimiento” que manejo corresponde a niveles de consciencia que podrían llamarse esotéricos y se distinguen de la mente (la loca de la casa) o la razón. Yo los llamo del corazón en el sentido de íntimos, “interior intimo meo” (interior más profundo o lo más íntimo de mi ser). 

Mi experiencia con Dios es como una ola u onda que me invade o inunda; acto seguido me siento vivo y en conexión con todo el universo. Todo está inundado de sentido y yo recibo y produzco plenitud, dicha y agradecimiento. En ese acto, el tiempo no existe y nada que ver con escasez o enfermedad. Soy dichoso, todo está bien, Todo”.

Esta expresión de mi amigo me recordó “El secreto de la laguna”: esta recibe amorosamente el agua de la montaña y la entrega generosamente al río y éste la deposita en el mar.  Se trata de una observación externa que lleva a una reflexión interior: el espíritu verdadero invita a recibir y dar con amor. 

El testimonio de mi amigo lo podríamos calificar de “místico” pero cualquiera de nosotros podría relatar algún momento o vivencia semejante. Más aún, en alguna ocasión, dijo Karl Rahner “Un cristiano tendría que ser místico o no sería cristiano” lo que querría enfatizar la importancia de la experiencia personal y profunda de la fe para vivir verdaderamente la espiritualidad cristiana. 

La meditación se puede entender como la comprensión o reflexión de diversas experiencias, pero hay una meditación especial -como dijimos anteriormente- que se dirige a identificar la realidad personal interior y la unión de esta realidad con la totalidad del universo y con el creador del universo.

En el budismo, la ciencia de la mente está desarrollada desde el siglo V antes de Cristo. Desde el siglo VII de nuestra era, la civilización tibetana recibió los tesoros del budismo indio. Una de las herencias es la práctica de la meditación, que recientemente ha tenido mucha acogida en occidente con distintas modalidades.

Tradicionalmente hay también la llamada meditación cristiana que reflexiona sobre las verdades de fe o sobre los hechos y palabras constatados en la Sagrada Escritura y, especialmente, en el Nuevo Testamento. Entre estas meditaciones cristianas, tiene relevancia y amplio desarrollo la practicada en la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Culminan estas meditaciones con la “Contemplación para alcanzar amor” y enseguida, se exponen tres modos de orar. Observemos que la oración es una conversación con Dios (o con Jesucristo o María).

Las meditaciones que hemos nombrado se dirigen a realidades objetivas, mientras que la meditación hacia el interior trata de conectarse con la realidad subjetiva de la mente misma “en blanco” y de su unidad con la totalidad: una “presencia plena-conciencia abierta”.

Además de aclarar un poco los dos términos -experiencia y meditación- el presente artículo invita:

  • a recorrer los pasos cognoscitivos de toda experiencia, que avanzan, desde lo sensible, a la comprensión y a la reflexión para la afirmación de su verdad, hasta convertirlos en un hábito connatural y preparatorio del actuar responsable; y 
  • a practicar la meditación (en la modalidad preferida por cada uno) para interiorizar y apropiarse la riqueza de la mente consciente y del inconsciente personal y colectivo. La meditación contribuye a la salud física, mental y espiritual, y al bienestar general.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024

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No soy budista, pero no es absurdo hablar de Budismo Mariano. Hay varias escuelas o ramas del budismo. Tampoco digo como el autor del libro: “Sin Buda no podría ser cristiano”, pero sí comparto su idea de que budismo y cristianismo no son contradictorios, sino compatibles o complementarios, sin que cada uno renuncie a su propia identidad. La devoción mariana es un hecho “universal” y muy latinoamericano, muy bello y positivo.

La fotografía de la izquierda muestra las “stupas1” o “cairns” que algunos meditadores dejan al pie de una de las cascadas que se muestran abajo. Simbolizan estabilidad, equilibrio y conexión espiritual, expresión de devoción… o la construcción gradual de la iluminación y la ascensión espiritual. Apilar las piedras es una forma de acompañar la meditación budista.

La fotografía de la derecha tiene de común con el budismo el gesto de las manos juntas, como signo de respeto, reverencia, paz y devoción; esta imagen de la Virgen está, a mitad de camino, entre las dos cascadas que muestran las fotos siguientes (en verano) y que se encuentran en el municipio de Gachantivá (Boyacá):

Vemos, pues, que “conviven” prácticas budistas y tradición popular mariana en una misma región, en un mismo paraje bellísimo, como es la reserva “Los tucanes”.

Este artículo no trata de hacer un “repaso” del budismo ni del cristianismo. Simplemente, quiere compartir la experiencia de un paseo delicioso, que suscitó espontáneamente reflexiones agradables e inconclusas.

Un doctor en biología molecular dice: El budismo no se opone a la ciencia; la considera una visión importante, aunque parcial, del conocimiento. Uno de los temas principales del budismo es el sufrimiento. El sufrimiento es el resultado de la ignorancia. Lo que hay que disipar es la ignorancia y esta es, en esencia, el apego al “Yo” y al conocimiento superficial de las cosas. Aliviar los sufrimientos inmediatos del prójimo es un deber, pero no basta: es preciso poner remedio a las causas mismas del sufrimiento.

Suena semejante al pensamiento cristiano: es un deber reparar las injusticias inmediatas contra el prójimo, pero no basta, es necesario solucionar las causas estructurales de la injusticia y, más a fondo aún, Jesucristo no vino sólo a perdonar los pecados, sino a vencer al pecado y a la muerte; Jesús no es simplemente un buen modelo, como Buda.

Se resaltan en el budismo las “tres joyas” que son: el Buda, el Dharma (o camino) y la Sangha (o comunidad). Un paralelo sería: Jesucristo, el Evangelio y la Iglesia.

La doctrina del Buda se sintetiza en las Cuatro nobles verdades, la última de las cuales consiste en el “óctuplo sendero” que lleva desde la superación del sufrimiento hasta la iluminación, 8 pasos: comprensión correcta, intención correcta, palabra correcta, acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena y consciente, mente correctamente enfocada y concentrada.

Otro valor fundamental del budismo es la compasión, que se puede asemejar a la misericordia cristiana.

Por su parte, la devoción mariana no es un sencillo “sentimentalismo”, se fundamenta en profundas realidades; la principal, La Virgen María es la madre de Jesús y, por extensión, es el prototipo de la maternidad con todas sus características: amor, fecundidad, protección, ejemplo, sacrificio, intermediación, auxilio…

Baste recordar las palabras y acciones de María, según se consignan en el Nuevo Testamento:

Hágase en mí, según tu palabra.

Mi alma canta la grandeza del Señor… porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitaran todas las generaciones.

María guardaba todo esto, meditándolo en su corazón.

¿Por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Le dice a Jesús ¡no tienen vino!… y a ellos ¡hagan lo que Él les diga!

Junto a la cruz estaba su madre… Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo amado, dice a su madre: mujer ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo se la llevó a su casa.

Después de la resurrección y manifestación de Jesús… Estaban todos ellos…con la madre de Jesús y… permanecían íntimamente unidos en la oración.

Las palabras de Jesús en la cruz son el fundamento de la maternidad espiritual de María para con los creyentes, y de su título de Madre de la Iglesia. La acogida del discípulo es una “profecía” del sentimiento filial del pueblo cristiano hacia la Virgen María. No es solamente la Palabra escrita, sino la Tradición viva de la comunidad cristiana la que da testimonio de María.

Durante veinte siglos y en todas las regiones evangelizadas se venera y se ora confiadamente a la Madre de Jesús. Ella se ha manifestado o “aparecido” en múltiples ocasiones y circunstancias. El pueblo y los artistas cristianos han respondido con oraciones y cánticos, con santuarios, monumentos, pintura, arquitectura, escultura y música… como expresiones de veneración, solicitud y gratitud.

No hay explícitamente un “budismo-mariano”, sino que los valores y principios del primero reciben refuerzo, claridad e impulso en la comunidad cristiana que venera a la Virgen María, Madre de Jesús.

Vicente Alcalá Colacios

Febrero, 2024

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Exploración, extracción, refinación y utilización son procesos que constituyen la riqueza del petróleo. Nos servimos de una analogía: la exploración para el autoconocimiento, la meditación, la influencia de los sueños y de otros signos, la concientización, el desarrollo de la creatividad en el arte, la música, la invención, son algunos procesos que, aprovechan la riqueza del inconsciente personal y colectivo.

El final del artículo “Radiografía de la mente consciente” plantea la necesidad de escribir                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         específicamente sobre el inconsciente: “la otra mitad de la psique”. Aquí compartimos un pequeño esfuerzo -arriesgado o atrevido- pero sólo como una invitación a los expertos en el tema, y a estudiar este campo más detenidamente. 

Se realizan perforaciones para explorar las reservas de crudo; una vez detectadas se extrae esa mezcla bruta del subsuelo, luego se somete en las refinerías a procesos para obtener productos útiles derivados. No hay que olvidar algunos desastres accidentales durante la explotación, ni los daños ecológicos que puede producir el petróleo y que deben mitigarse. 

Así como el petróleo es una fuente de información y de energía fósil, el inconsciente es un patrimonio, de información y energía, acumulado a lo largo de la vida personal y de la herencia ancestral. A la edad de unos 80 años, casi sin darnos cuenta, tenemos una cantidad de recursos de experiencia que nos hacen recordar, resolver, elaborar con facilidad algunas cosas; se trata de una fuente inconsciente que, en circunstancias especiales, produce resultados que se vuelven conscientes. Pero no sólo contamos con este patrimonio personal, sino que la comunidad humana aporta información y energía acumuladas por generaciones y ese inconsciente colectivo enriquece nuestras capacidades personales. 

Podemos señalar algunas similitudes entre el aprovechamiento del petróleo y la riqueza del inconsciente. Sin embargo, es necesario estar atentos, también, a los riesgos del inconsciente y que, a veces, deriva en las llamadas enfermedades mentales.

En el “subsuelo” de la mente es posible detectar varias capas: 

  • Contenidos inconscientes asequibles
  • Contenidos inconscientes mediatamente asequibles
  • Contenidos inconscientes inasequibles[1]
  • Contenidos del inconsciente colectivo

Pero es conveniente evitar la idea de que esas capas inconscientes son paralelas, compactas, superpuestas, totalmente diferenciadas… (No hablo de subconsciente porque sería muy difícil recorrer los diferentes enfoques, según los autores y las escuelas psicológicas y precisar los conceptos y términos, de acuerdo con ellas).

Los procesos del petróleo nos hacen pensar en la complejidad del inconsciente. La imagen siguiente, a la izquierda, representa la idea ingenua de lo que se piensa popularmente que es un yacimiento petrolero; a la derecha vemos una imagen sísmica que ayuda a interpretar la composición y las capas geológicas debajo de la superficie de la tierra, y sirve para aproximarse a detectar la existencia de hidrocarburos. 

Algo semejante ocurre con el inconsciente: no es un depósito de información y energía preciso en sus límites, sino más bien una corriente sinuosa y con altibajos que recorre las profundidades de la mente… como un acuífero que está siempre presente en el subsuelo, y que a veces aflora a la superficie o se le busca, perforando pozos, para aprovechar el agua. 

Es como el disfrute al escuchar una melodía de Mozart, o apreciar la frescura de la neblina entre el valle y la montaña, bañada por la luz del amanecer, ¿cómo se explican?

El inconsciente mezcla datos de las cuatro capas insinuadas, por lo que se puede entender la incoherencia espaciotemporal de los sueños; y no solo en los sueños: en las conversaciones de vigilia se pueden mezclar también datos que, no de manera voluntaria, sino inconsciente, tergiversan la realidad, seguramente por el influjo de esas cuatro capas que, como las terrestres, tienen sus quiebres y no son uniformes ni horizontal ni verticalmente. 

Entre la consciencia y el inconsciente hay algo que llamamos intuición y que Jung la nombra como “una percepción por vía inconsciente”. Una señora fue por la mañana a visitar a su terapeuta y le dijo a éste que él había recibido, antes que ella, a un hombre. 

– ¿Cómo lo sabe? 

– He tenido de pronto esa impresión. 

Había un cenicero con varias colillas; la paciente sabía que el doctor no fuma; era improbable que una dama hubiera ido tan temprano a una cita… de esas “informaciones subliminares” ella concluyó que tenía que ser un visitante masculino: de los datos inconscientes se abrió paso la conclusión hasta su esfera consciente. No se trató de una deducción lógica o consciente que lleva desde unos antecedentes hasta una conclusión. 

Lo que llamamos “sexto sentido”, la telepatía y quizás el fenómeno de la lectura de las cartas o del cigarrillo, son fenómenos probablemente de intuición en el sentido de una percepción por vía inconsciente. Podemos distinguir entre lo que es una sensación y lo que es una intuición, pero ambas quedan en el nivel del conocer; más complejo es el terreno de las emociones y los sentimientos. Mientras que los juicios de verdad requieren evidencia o comprobación racional para poderlos emitir, los juicios de valor proceden, en muchos casos, de un sentimiento o afecto: me gusta o no me gusta; lo deseo o me repugna; me interesa o es insignificante… los sentimientos inconscientes afectan nuestro conocimiento y nuestro comportamiento. De adultos, tenemos gustos y preferencias que, sin duda, hunden sus raíces en experiencias infantiles agradables y que no siempre recordamos.

Los afectos no constituyen una función voluntaria; son acontecimientos interiores cuyos fundamentos no son conscientes: al encontrar por primera vez a una persona, nos puede “caer bien” o “caer gorda” ¿por qué? Existen una serie de datos o informaciones acumuladas en el inconsciente que producen esa sensación. Posteriormente, con datos e informaciones conscientes, podemos corregir o enriquecer la primera impresión. Positivamente, hablamos de “amor a primera vista”, de “química” que produce una sintonía o simpatía. El enamoramiento se inicia inconscientemente; el amor como decisión duradera, es consciente y voluntario, sin dejar de tener elementos sentimentales o afectivos.   

Aunque algunos filósofos ya habían hablado del inconsciente, su mayor conocimiento estuvo ligado a  casos de comportamientos mentales anómalos; se popularizó la idea de que los “traumas” infantiles se graban en el inconsciente y afectan la vida adulta sin advertirlo; se piensa en la interpretación de los sueños, en los actos fallidos, las asociaciones  y otros métodos para detectar el inconsciente… pero la realidad es mucho más rica y poderosa: el inconsciente no es exclusividad de las enfermedades mentales, ni guarda solamente recuerdos negativos o reprimidos; es fuente de inspiración, de creatividad, de “sanación”, de impulso para grandes realizaciones y también de motivación para toda la vida.

El inconsciente colectivo no es una “teoría” que se pierde en el pasado lejano. Baste leer el artículo del 16 de enero de 2024 en este blog, para constatar algo del inconsciente colectivo latinoamericano. La música, el sentimiento cristiano, la devoción mariana son algunos rasgos del inconsciente colectivo latinoamericano, sin hablar de la ancestralidad indígena.

Después de estas pinceladas aficionadas, hay que resaltar el papel de “refinería” que la mente conscientedebe jugar para conocer, interpretar, dirigir y aprovechar la riqueza del inconsciente. Recordemos que la mente consciente y voluntaria “está por encima” de las emociones, los instintos, los impulsos y todos los demás factores inconscientes; pero “arriba” y “abajo” se encuentra una riqueza humana mucho mayor de lo que creemos. 

Necesitamos conocer y “explotar” mucho más las dos “mitades” de nuestra psique.

Vicente Alcalá

Febrero, 2024


[1] Jung,Carl G. Los complejos y el inconsciente, Círculo de Lectores, Bogotá, 1986, pg..59

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Hace unos días se publicó en este blog, el artículo “La oración es como un bumerán”. Puede surgir la pregunta de si lo expresado es “ortodoxo” con respecto a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia. Al decir que la oración se nos devuelve como un bumerán, no se quiere decir que no “llegue” a Dios. Para tranquilidad mía y de los lectores, se confirma, en el presente, lo escrito en el artículo anterior. 

En la foto de la carátula del libro que “encabeza” este artículo, se alcanza a observar una pintura de la oración de Jesús en el huerto de los olivos, donde “se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas”. Esto simboliza la respuesta del Padre; la actitud de Jesús está expresada así: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya… y en medio de la angustia oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo”. (Lucas cp. 22, 39-46).

En esta oración de Jesús, resaltan los evangelistas lo que decíamos en el artículo La oración es como un bumerán: la oración de petición no significa que, sólo si le pedimos, Dios nos oye y nos responde, no. Dios siempre nos tiene presentes y siempre nos “responde”. Al rogarle a Dios, le ponemos más atención y nuestra fe, nuestro buen ánimo y nuestra confianza aumentan, aún en medio del dolor que nos embargue.

No sólo en la ocasión que acabamos de narrar, sino en otras donde Jesús ora o habla de la oración, junto con la atención a la respuesta de Dios, se resalta la actitud de los que quieran orar. 

“Estando él orando… le dijo uno de sus discípulos Maestro enséñanos a orar… Él les dijo: cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre…” Continúa la oración del Padre- Nuestro como la conocemos, pero podemos observar que, tanto en la alabanza como en las peticiones que siguen, se puede traducir lo que significa la oración para nosotros mismos: santifiquemos el nombre del Señor, confiemos en que el Señor nos dará lo que le pedimos, perdonemos a los que nos ofenden…  

Jesús también nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre”. (Mateo cp.7, 7-8)Después muestra cómo el Padre da cosas buenas y dará el Espíritu Santo, pero la oración nos hace más creyentes, más confiados, más cercanos a Dios; en ese sentido decíamos que la oración se nos devuelve como un bumerán: la dirigimos a Dios, pero nos hace bien a nosotros, por la oración misma, aún antes de recibir la respuesta de Dios y, además, nos predispone a ésta.  

Con la parábola del juez y la viuda (Lucas 18, 1-8) Jesús nos enseña que en la oración hay que ser perseverantes, hay que orar continuamente, aunque parezcamos impertinentes o cansones, no nos cansemos de orar; la oración debe convertirse en un hábito nuestro. 

Y no sólo con palabras, sino con los hechos, nos enseña Jesús cómo debemos orar. Los que le piden a Él reciben, como aquella mujer que se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Lo mismo: cuando se cree y se quiere, se hace lo necesario, como aquellos hombres que, al no poder llegar a Jesús por el gentío, suben al tejado y descuelgan la camilla con el enfermo para acercarlo a que Jesús lo cure. Varias veces, Jesús les dice a las personas que cura:  Tu fe te ha salvado, vete en paz.

La oración pues, más que hablar mucho, consiste en creer, en tener confianza y estar abiertos a la palabra y voluntad de Dios, a su acción y a su gracia. “Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por mucho hablar. No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mateo cp. 6, 7-8)

En otra ocasión, Jesús nos quiere enseñar: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado” (Juan cp.11, 41-42).

Con los anteriores y otros pasajes del Evangelio, se ilustra lo que dijimos al decir que la oración es como un bumerán: la oración de agradecimiento a Dios nos hace más agradecidos; la oración de petición nos hace más atentos a Dios, más creyentes en Él, más confiados; la oración de adoración o alabanza nos hace más conscientes de que el Señor es nuestro Dios. 

Y si la oración personal nos beneficia a cada uno de nosotros… la oración en común, la oración en la Iglesia -por la acción del Espíritu- fortalece la fe, la esperanza y el amor de la Iglesia.

Vicente Alcalá Colacios

Enero, 2024

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La primera pregunta que surge es si hay algo imperdonable… si realmente algo es imperdonable entonces no se podría perdonar. “Imperdonable” es un dicho del lenguaje común, pero ¿qué fundamento tiene (aparte del sentimiento del que lo afirma)? La segunda pregunta es ¿Qué implica y qué no, el perdonar? La tercera: ¿qué es lo contrario de perdonar? 

Reflexionar sobre estos puntos es “fácil” para quien no está implicado en la ofensa o deuda, pero para quien ha padecido la ofensa, la violencia, el daño provocado… es muy difícil. 

“Yo creo que el que comete un error, está presionado por algo”, dice una víctima de secuestro. Claro está que hay errores momentáneos y errores duraderos, pero ambos son errores; no es muy claro que el perpetrador de un daño busque directamente el mal de alguien, como regla general.  

Un punto de vista distinto es, generalmente, el de la víctima o “el dañado” por la agresión de cualquier tipo. Puede ser tan fuerte el sentimiento, que dura más que el error y el “dolor” del victimario (si es que éste siente dolor).  

¿Quién recibe más daño: el que es odiado, el no-perdonado, o el que odia, ¿el que no perdona?

Tomé el título de este artículo, de un bello libro de reportajes a víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano; algunos testimonios:

Gloria, una católica consagrada, dice que su tragedia es tan grande que hasta los propios guerrilleros en la selva se extrañaban de verla rezando el rosario todos los días a la misma hora, sentada en un tronco. “Siempre a las ocho de la mañana, y me preguntaban cómo podía creer en Dios si yo era la secuestrada que más estaba sufriendo. Me decían que si Dios existiera ya me hubiera sacado de allá. Yo les decía que lo que me estaba pasando no era cosa de Dios sino de los hombres, y que a Dios le daba gracias de que todos estuviéramos vivos, incluso ellos, los guerrilleros rasos, que estaban tan secuestrados como nosotros”

Benjamín,

  • ¿Entonces sigue odiando a los conservadores? 
  • ¡Nooo, qué! El mismo día de la paz nos echamos el brazo y toda esa vaina.

Teresita: 

“Yo me eché a llorar y cuando Ramón Isaza pasó en frente de mí, le dije ‘viejo asqueroso’ y un montón de insultos. Me alejé y seguí llorando, cuando me calmé me le acerqué de nuevo y le pedí perdón por la forma en que lo traté. El tipo no decía nada, solo temblaba. Le dije que nos había condenado a mi familia y a mí al destierro sólo por el vil metal, por tener las fincas, pero le dije que lo perdonaba” 

Mirta:

“Mamá, yo te amo, aunque tu no me ames a mí… Por eso, ahora cuando la abrazo y ella se queda con los brazos abajo, ya no siento dolor, sino misericordia”

Pero el tema no se refiere únicamente a ese contexto. El Papa Francisco, por ejemplo, hace unos días compartió unas reflexiones muy valiosas sobre el perdón en el ámbito de las familias:  

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano, ni familia sana, sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma (y a veces, se acaba como familia). El perdón es la asepsia del alma y la alforria (la liberación) del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente… El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza, en la que el dolor causó la enfermedad”.

Después de estas palabras, no tengo mucho que decir. Sólo rogar a Dios por los que necesitan perdón y por los que necesitan perdonar, por grande que sea el daño y el dolor.

Vicente Alcalá

Enero, 2024

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Esta madrugada, mi subconsciente me despertó temprano, rumiando las experiencias de nuestra tertulia pasada, entre las cuales sobresalió, en varias conversaciones, el tema del título, que surgió de repetidas afirmaciones escritas por Y. N. Harari en varias de sus obras.

Comencemos afirmando que la ficción es una realidad. La ficción es un hecho, es una realidad, existe. La obra de Gabriel García Márquez es ficción, pero ¿acaso no es una realidad? ¿no la escribió, no la editaron, no se lee? Más aún, se dice que en “Macondo” la ficción supera la realidad. 

Si dejamos las cosas así, este artículo pierde “su gracia”, no tiene chiste y se le acaba el “suspenso” que puede suscitar el título.

“Sólo los sapiens pueden hablar acerca de tipos enteros de entidades que nunca han visto, ni tocado, ni oído”. “No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia, fuera de la imaginación común de los seres humanos… ninguna de estas cosas existe fuera de los relatos que la gente se inventa y se cuentan unos a otros” (En “De animales a dioses”).

Harari escribe sobre la figura de hace unos 32 000 años, encontrada en la cueva de Stadel, en Alemania: “Este es uno de los primeros ejemplos indiscutibles de arte, y probablemente de religión, así como de la capacidad de la mente humana de imaginar cosas que no existen realmente”. 

Pero no sólo los primitivos cimentan su orden social mediante creencias en fantasmas y espíritus… “nuestras instituciones modernas funcionan exactamente sobre la misma base”. “Peugeot es una invención de nuestra imaginación colectiva. Los abogados llaman a eso ‘ficción legal’. No puede ser señalada, no es un objeto físico. Pero existe como entidad legal”.

El autor ha vendido más de 23 millones de copias de sus libros en todo el mundo, eso es realidad; sin embargo, algunos de sus críticos científicos, entre otras cosas, dicen:

“Es un talentoso narrador y orador popular, pero sacrifica la ciencia por el sensacionalismo, y su trabajo está plagado de errores”. “En muchos aspectos es un fraude, sobre todo en ciencia… es un ‘populista de la ciencia’… Entiende la seducción de una historia bien contada, buscando expandir su audiencia, sin importar que la ciencia subyacente esté distorsionada en busca de fama e influencia… La narración de Harari es vívida y cautivadora, pero carece de ciencia… No solo describe nuestro pasado; está pronosticando el futuro mismo de la humanidad. Todos tienen el derecho de especular sobre nuestro futuro… pero las proyecciones falsas tienen consecuencias reales”.

Afirmar que “Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente” es una generalización que no es tanto una verdad, sino una interpretación, una opinión personal.

Pienso que quizás este artículo mío, sin proponérselo, aumente la curiosidad por Harari en algunas personas. Pero dejemos ya al autor con sus verdades y falsedades o interpretaciones erróneas. 

La realidad (de alguien) crea ficciones y las ficciones (de un literato, por ejemplo) crea realidades. 

Ahora es necesario “filosofar” un poco, con el postulado de que todos somos implícitamente filósofos.

¿Qué es la realidad? ¿Qué es la ficción? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la objetividad y la subjetividad? ¿Qué es la sinceridad y la buena intención o buena voluntad? ¿Qué es la certeza? ¿Qué es conocer? ¿Qué es interpretar? ¿Qué es imaginar? …

Son demasiadas preguntas, y algunas de ellas han sido tratadas antes en este blog: “Mitos, significaciones, interpretaciones, explicaciones” “Racionalidad, sus beneficios” “Caminos a la certeza” “Inteligencia natural” y “Mucho más que inteligencia”.

Concentrémonos hoy en los dos términos del artículo: Ficción y Realidad.

Ficción puede tener unos sinónimos: algo imaginado, algo inventado, algo simulado, cuento, quimera, fábula, novela… hoy día puede ser película. 

Realidad (o real) puede igualmente tener unos sinónimos: algo cierto, verdadero, auténtico, verídico, innegable, algo que tiene existencia objetiva… De manera más especializada: realidad tiene su origen etimológico en el latín res=cosa, ente, ser. Y también lo subjetivo, lo interpretado, lo imaginado, lo inventado en literatura y arte… cobra realidad. 

La realidad, el ser, lo existente, podríamos decir que tiene grados o niveles; no es lo mismo la realidad de un árbol que la realidad de un poema o una melodía, pero ambos son reales, a su manera o en su medida. Es real el aire, la palabra, el amor…

Un concepto, una abstracción -decían los escolásticos- es algo mental, una creación intelectual, pero con fundamento en la realidad. Lo mismo puede ocurrir con una ficción: es algo intelectual, imaginado, creado por la mente, pero con fundamento en la realidad. 

Toda ficción es una realidad, pero no toda realidad es una ficción. Y no toda realidad elaborada por la mente es ficción. Hay conceptos, ideas, interpretaciones, doctrinas, formulaciones, expresiones, confesiones, declaraciones, leyes…  que son producidas por la mente, pero que son comprendidas, fundamentadas, comprobadas, razonadas… con base en realidades verdaderas, auténticas, ciertas, confiables; como -por ejemplo- la fe cristiana.

Vicente Alcalá Colacios

Noviembre, 2023

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En nuestra tertulia del pasado jueves 26 de octubre, quisimos tratar el tema de la muerte, desde la experiencia vital de cada uno de nosotros. Con este aporte de Vicente, comenzamos a publicar los testimonios escritos.

Para esta tertulia pensé que no escribiría nada, pues ya había publicado en el blog una respuesta a la pregunta ¿Cómo asumimos la muerte? (20-02-2021). Pero enseguida reflexioné que algo tan definitivo y trascendental como la muerte, no se agota en tres páginas.

Ratifico lo que dije entonces; sólo faltaría decir algo adicional desde otra perspectiva. Hablé del momento de la muerte sin poder decir de antemano qué sentiré; hablé de la vida después de la muerte con fe y esperanza cristianas. Hoy quiero hablar del tiempo antes de la muerte.

Recuerdo una pregunta poderosa: ¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo ahora? Entonces, antes de mi muerte lo mejor que puedo hacer es estrechar los lazos con los míos, entre otras cosas importantes.

Siento que todavía no es la hora de mi muerte. No sé cuánto se demorará, pero, sin saber por qué, creo que aún falta un tiempo. Siento tranquilidad ante ella, no siento miedo, ni inquietud, ni preocupación.

Debería más bien ocuparme. Tuvimos una bella y útil tertulia el 25 de marzo del 2021 “Actitud personal frente a la muerte” con la presentación de la Dra. Elsa Arango, autora del libro: ”Legado de amor, y uno de los temas fue sobre cómo organizar las cosas para dejarles los menores problemas a los más cercanos. Pienso en los míos y sé que sufrirán mucho con mi muerte y me echarán de menos dolorosamente.

Entonces, trabajaré para dejarles organizadas las cosas, los recursos, el patrimonio; para evitar al máximo cualquier desavenencia entre ellos. Y también para que no se lleve el “fisco” demasiado de lo que pueda dejar.

Más que un testamento de bienes o de patrimonio económico, me gustaría dejarles un mensaje escrito además del legado vivo de los buenos recuerdos, los buenos momentos, las buenas fotos, los buenos sentimientos y las buenas acciones, los buenos ejemplos… 

No puedo trasladarles mi temperamento, mis actitudes y mis significados. Quizás sobre estos últimos, sí puedo insistir en el sentido que la muerte tiene para mí -a modo de un testimonio; como una confesión de fe y esperanza-. La imagen del grano de trigo que se entierra es una realidad significativa: con la muerte se nos entierra para brotar a una nueva vida, redimida por Jesucristo, resucitada, gloriosa. Entonces, la muerte será una transformación, un tránsito, un viaje hacia un destino inimaginable, pero mejor que cualquiera de los que hallamos soñado. ¡Tenemos que recibir la muerte con amor!

………………

Había escrito hasta aquí, cuando enseguida vimos unos bellísimos videos tomados por mi hijo de la Costa Caribe,junto al parque Tayrona, al otro lado del río Piedras.

Los colores verde selva, el azul del mar y del cielo, las olas, el río, las montañas, la explosión de vida… muestran una belleza y una majestuosidad sobrecogedoras. Desde el suelo no puede uno apreciar este paisaje completo, pero elevándonos con el dron, admiramos toda esa hermosuradesplegada. Al acompañar esos videos con música inmortal, la experiencia es inenarrable. 

Enseguida tuve un insight: si ya en esta vida gozamos de algo así, aunque no podamos verlo todo… elevándonos tras la muerte, disfrutaremos una VIDA, un gozo, una belleza, una plenitud y majestuosidad indecibles, pues “ni ojo vio, ni oído oyó” lo que el Señor nos tiene preparado. 


Jesús fue elevado en la cruz y desde allí fue elevado a la Gloria del Padre. El Espíritu nos eleva, en nuestra muerte, junto con el Hijo a la Gloria del Padre. Al elevarnos “veremos” la plenitud de la realidad y de la nueva realidad.

Vicente Alcala Colacios

Noviembre, 2023

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Animado por la invitación a esta tertulia, busqué enseguida el Thesaurus spritualis Societatis Iesu que comienza con el texto autógrafo de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Y encontré, de paso, un tesoro personal inadvertido, “enterrado” por 65 años. Se trata de un folder guardado en un archivador, que contiene cuadernitos y escritos entre 1958 y 1963.

Vi la firma inconfundible del P. Joaquín Ruiz de Castro, un jesuita con figura ascética, muy alto, delgado, serio pero amable, Maestro de Novicios en el Puerto de Santa María, en Andalucía.  

Digo experiencia esculpida, porque el mes de los Ejercicios Espirituales, realizado a los 17 años, marcó con un sello indeleble el subconsciente y en el consciente de mi vida.

Los cuadernitos que conservo contienen los “puntos” para las 4 meditaciones diarias de las 4 semanas de los Ejercicios. Además, hay un sobre con el membrete del “Colegio-Noviciado de San Luis Gonzaga” que contiene 7, 10, 6 y 4 hojas, con cuatro resúmenes diarios de las reflexiones personales, durante las meditaciones y contemplaciones. 

En el mismo folder hay, entre otros escritos, unos comentarios de los Grupos de Evangelios sobre los cuales escribí en el artículo “Un libro leído en grupo” del blog Exjesuitas en tertulia.

Me emocioné hojeando unos poemas y escritos de compañeros que nos despedían y deseaban lo mejor para nosotros en nuestra próxima vida en Colombia. Me extrañé porque entre ellos, hay una página escrita por Oscar Jaramillo; más tarde me di cuenta de que se trataba de un recibimiento a Paco Luque y a mí, en 1962. 

Esa tercera experiencia, del traslado a Colombia, sin saberlo,también marcó mi vida con 9 años en la Compañía, entre Santa Rosa, Chapinero, Bucaramanga y de nuevo Chapinero, con un breve paréntesis en la parroquia de Gamarra, a orillasdel Magdalena. Los años de Filosofía también me marcaron, no solamente ya en la Compañía, sino para toda la vida.

Mi regreso a la Teología, ya retirado de jesuita, ha completado por 15 años el alimento espiritual con que la Compañía de Jesús ha nutrido mi vida personal, familiar y social.

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2023

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Por el Amazonas

Por Vicente Alcala
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En la esquina sur del Departamento de Amazonas y, por lo tanto, de Colombia, está Leticia, capital de este Departamento; pertenecía antes, a los llamados “Territorios Nacionales”. Cruzando una calle estamos en Tabatinga, Brasil. Leticia está a la orilla del trayecto colombiano del inmenso río Amazonas.

El río Amazonas tiene 7 062 km de largo, desde su nacimiento en el departamento de Arequipa, Perú, hasta el estuario que desemboca en Brasil, en el océano Atlántico. Es el río más largo y caudaloso del mundo. Como dato curioso, el Amazonas es anterior al surgimiento de la cordillera de los Andes; en esa época fluía en sentido contrario y desembocaba en el Pacífico.

El encuentro con los niños y adultos indígenas de la etnia de los Tikunas…

…culminaba en que ellos nos pintaban la cara con colores vegetales y nos colgaban al hombro alguna culebra domesticada, como muestra de hospitalidad.

Desde Leticia pasamos por Puerto Nariño y cruzamos a la Isla de los Micos… aquí hay un laboratorio polémico para investigaciones médicas, por el trato dado a los animalitos.

Visitamos también la Reserva de Maranchá, en la orilla peruana del Amazonas; éste forma una especie de lago,desde el que se observan bellas construcciones locales. (Recordamos que Perú y Colombia sostuvieron una guerra, entre 1932 y 33, por la disputa de territorios del río.)

Por la noche nos pasearon cerca de las orillas, donde brillaban los ojitos de las babillas -los bebés de los cocodrilos- a la luz de la linterna; nos cogieron una y la pudimos acariciar.

Los paseos por las quebradas, como Matamatá, remando en las piraguas o canoas, son inolvidables.

Cerca de Leticia, fuimos a una porción de selva tupida, con sus árboles gigantescos. Se podía subir, con ayuda de un arnés, al dosel arbóreo, elevado sobre los demás árboles, desde donde se contemplaba el atardecer por encima del tapete verde formado por las copas. Un sobrino que es muy buen deportista no logró subir al dosel. Yo pensé que, si él no lo lograba, cuanto menos sería yo capaz de subir; pero, sin pensarlo, fui subiendo paso a paso abrazando el tronco,hasta disfrutar desde arriba del panorama casi infinito.

Le hice fieros a mi sobrino y ya le dio pena y también subió.

En uno de los dos paseos por el Amazonas, pasamos cerca de los delfines y llegamos a los lagos de Parapoto, donde se ven las aguas casi negras, pero provocativas. No me resistí y me lancé al agua… me gritaron: ¿y las pirañas? entonces me subí a la lancha más rápido de lo que me había lanzado.

La Amazonía es desde luego el “pulmón” de la gran región. Como reserva natural guarda una gran biodiversidad de fauna y flora, de agua, entre otros recursos naturales…

Es difícil transmitir las sensaciones y emociones de visitar la selva como turistas, la cara más amable y alegre de la Amazonía.

En exjesuitasentertulia.blog se consignaron tres presentaciones muy importantes sobre la región: aparecen con fechas 9 y 10 de septiembre de 2020, 16 de agosto de 2021 y 6 de septiembre de 2021.

Más adelante podremos compartir las preocupaciones y responsabilidades acerca de la Amazonía, especialmente cuando escribamos sobre el Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Vicente Alcala Colacios

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Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
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El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
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¿Será aceptable este slogan? Lo que es bueno para unos es malo para otros. La moralidad en unas culturas difiere de la moralidad en otras culturas; entonces ¿que cada uno escoja como quiera? ¿Cualquier cosa vale? ¿Lo bueno y lo malo es relativo? o ¿es posible y necesario establecer unos mínimos éticos universales y un criterio de lo moral?

Hay vocablos relacionados, aunque estrictamente no son sinónimos: legal, legítimo, justo, bueno, honesto, valioso, importante, moral, recto, correcto, íntegro, auténtico… y sus contrarios o antónimos: ilegal, ilegítimo, injusto, malo, deshonesto, despreciable, insignificante, inmoral, torcido, incorrecto, corrupto, falso… Es conveniente advertir que puede darse una gradación o escala entre ellos.

No es necesario aquí, precisar el significado de cada término; basta con la comprensión normal que tenemos de cada uno, del sentido generalizado que les damos; basta pensar en los comportamientos observables que manifiestan lo que no se ve, lo que hay detrás de cada conducta. Como dirían los griegos, no todo el mundo sabe definir qué es la virtud y qué es el vicio, pero todo el mundo sabe distinguir la persona virtuosa de la persona viciosa, la persona buena de la persona corrupta.

Regresemos al comienzo: ¿Qué es el valor, qué son los valores? Hay diferentes tipos de valor: económico, literario, artístico, científico, comercial… moral. Y hay grados o niveles de valor: no es lo mismo $100 que $1.000, no vale lo mismo una casa de 80 metros cuadrados que otra de 200; no es tan importante una opinión subjetiva o personal, como una teoría física comprobada y aplicada en múltiples descubrimientos o invenciones. 

De manera que decir “todo vale” o todo da igual, es claramente insostenible. Sin embargo, también es cierto que lo importante o valioso para una persona, o una colectividad o una cultura, puede ser indiferente o insignificante para otras. ¿Qué podemos pensar ante eso?

Entre los tipos de valores enunciados, detengámonos en el valor moral; es el que califica o mide, no lo que las personas tienen, sino lo que ellas son; califica a las acciones específicamente humanas de las personas o los grupos, a los comportamientos conscientes y voluntarios; no llamaríamos moral o ético al respirar o caminar, pero sí al decir la verdad o ayudar a un necesitado. 

Ahora bien, ¿hay un criterio válido y objetivo para decidir o juzgar lo bueno y lo malo?  ¿Existe un fundamento auténtico, genuino, universal de lo ético-moral, o simplemente este terreno es subjetivo, relativo, arbitrario, convencional, a gusto o criterio de las personas o colectividades?

Para deliberar, decidir y actuar, hay preguntas importantes: ¿Vale la pena?  ¿Debo hacer esto? ¿Cuál es la mejor, entre dos o más alternativas que tengo? ¿Qué beneficios o inconvenientes se pueden prever? No se trata de mentir o engañar a otros, sino ¿me estoy mintiendo o engañando a mí mismo? Y estas preguntas en primera persona son válidas para grupos y colectividades que toman decisiones y actúan en común.

Hay diversos códigos morales, según las ideologías, las culturas, las costumbres… pero una cosa es el contenido o características de esos códigos y otra cosa es la función dinámica o consciencia que exige su observancia. 

Escribe un autor que: aunque seamos libres para cumplir nuestros deseos, no somos libres para escoger qué desear. Si esto es así ¿dónde queda nuestra voluntad y nuestra responsabilidad? Podemos decir que nuestra naturaleza se dirige a lo que necesitamos y, por tanto, a lo que deseamos. 

La naturaleza humana -como principio de movimiento y reposo- desea y tiende a la verdad, al bien, a la felicidad. Pero nuestra voluntad escoge la manera y los medios para lograr lo que deseamos; nuestra libertad decide en qué ponemos la verdad, el bien, la felicidad… y nuestra libertad puede errar, puede equivocarse al decidir: nadie escoge directamente lo falso, lo malo, la desgracia; es más exacto decir que alguien escoge mal, antes que decir escoge el mal La naturaleza humana nos dota, desde el nacimiento, de nuestras capacidades hacia la verdad, el bien, la felicidad; la historicidad es lo que nosotros hacemos de nosotros mismos con esas capacidades que recibimos. 

¿Somos egocéntricos o somos altruistas? El egocentrismo es algo natural como el instinto de conservación. El conflicto surge cuando pensamos en el bien de los demás, que no es totalmente indiferente para nosotros sino necesario, pero que no pesa tanto como el bien propio. Obtener un equilibrio entre ambos es ideal y alcanzable, es lo ético.

Pero el mundo, todos los días y en todas las latitudes, nos ofrece un panorama desolador:  violencia, homicidios, engaños, robos, atracos, guerras, corrupción… 

Las pasiones descontroladas ¿nos arrastran necesariamente? Tenemos impulsos e inclinaciones espontáneas porque somos animales, pero somos “animales racionales”: nuestra inteligencia y nuestra razón pueden orientar, dirigir, regular nuestros instintos e impulsos; pero éstos, a veces son tan fuertes, que nos hacen obrar irracionalmente.

Ética y moral son categorías que se refieren a las personas, a los grupos, a las sociedades. Pasemos a considerar algunos planteamientos y propuestas de alcance universal. Más que cuestionar si es posible o no una ética universal, es preferible trabajar por ella.

Hans Küng fue promotor de la Fundación “Ética Mundial” en Suiza que se extendió a muchos países, y fue inspirador de la Declaración del Parlamento de las Religiones del mundo de Chicago, contra los “Siete pecados sociales” denunciados por Mahatma Gandhi:

riqueza sin trabajo, 

disfrute sin conciencia,

saber sin carácter,  

negocio sin moral,

ciencia sin humanidad, 

religión sin sacrificio, y

política sin principios…

Hans Küng propuso las condiciones básicas de un acuerdo ético global antes de concretar unas propuestas más específicas. Estas son las fundamentales: 

• Compromiso para que todo ser humano reciba un trato humano.

• Compromiso a favor de una cultura de la no-violencia y respeto a toda vida.

• Compromiso por una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo.

• Compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz.

• Compromiso por una cultura de igualdad y camaradería entre hombre y mujer.

Además, de acuerdo con nuestra fe para toda la humanidad:

El Padre nos hace hermanos,

El Hijo nos enseña cómo ser hermanos,

El Espíritu nos impulsa a amarnos de verdad como hermanos.

Vicente Alcalá

Marzo, 2023

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