Distintas épocas, diferentes contextos, una misma celebración universal. Para 2028 se prevé en Sidney, Australia, la realización del 54° Congreso Eucarístico Internacional. Las 3 ciudades del título constituyen una “muestra” de los Congresos realizados en sus respectivos continentes.
En 1881, en la ciudad de Lille (Francia) se celebró el primer Congreso Eucarístico Internacional. En aquel entonces primaba la adoración al Santísimo y se resaltaba la presencia real de Jesucristo en el Sacramento.
En 1960, poco antes del Concilio Vaticano II, y en un contexto de intercambio católico- evangélico, se celebró en Munich el 36° Congreso Eucarístico Internacional. Aproximadamente, vivían en la ciudad, unos 750.000 católicos y unos 220.000 cristianos evangélicos. Teológicamente, había diferencias en cuanto a la comprensión bíblica de la Santa Cena. El esplendor del culto ¿no se diferencia mucho de la sencillez de los orígenes cristianos?
Se cuestionó también el Congreso como un acontecimiento público y “masivo” más que una celebración interna y eclesial: un espacio grande ¿dificulta la vivencia de la comunidad? La fuerza de la sagrada liturgia demostró ser mayor que el temido poder del gran número de asistentes: la masa se hizo comunidad.
Sin restarle valor a la adoración al Santísimo y confesando irrenunciablemente la presencia real de Jesús Resucitado en la Eucaristía, se resaltó el lema “Pro vita mundi”. La Iglesia no es “todo” pero está “para todos”. La Iglesia no se relaciona con el mundo en la forma del poder, sino en la forma del servicio y del sufrimiento por los otros. El sentido más profundo del Sacramento es la presencia del sacrificio salvífico de Jesucristo y la comunión en la mesa con el Resucitado; el pan y el vino son alimentos y conducen a la mesa pascual como consumación plena del acontecer eucarístico.
Nos trasladamos a Bogotá en 1968, donde se realizó el 39° Congreso Eucarístico Internacional. Coincidió con la visita a Colombia del Papa Pablo VI, quien había publicado en 1967 la Encíclica Populorum Progressio, que, en el No. 76 plasmó el aforismo: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, el desarrollo, de todo el ser humano y de todos, es condición indispensable para una paz universal.
En ese contexto, el lema oficial del Congreso fue “Vínculo de amor” que sintetiza las implicaciones eclesiales y humanas de la doctrina y vivencia eucarísticas con sus exigencias sociales y evangélicas: Eucaristía y Desarrollo de los pueblos.
Además de las alocuciones, homilías y discursos del Papa y del Cardenal Legado al Congreso, se realizó durante esos días en Bogotá un Encuentro Teológico con participación de más de diez destacados teólogos, quienes disertaron con ponencias sobre distintos aspectos de la Eucaristía.
Como expresión de la universalidad de la Iglesia Católica -aunque la mayoría de los Congresos fueron en Europa- también se llevaron a cabo otros así: en Jerusalén, en América del Norte y Latinoamérica y algunos en África y en Asia.
Muy pocos de nosotros, seguramente, sabemos de la ciudad de Cebú en Filipinas y, menos aún, del 51° Congreso Eucarístico Internacional que se llevó a cabo en enero de 2016 en esa ciudad. En general, el Oriente no es noticia frecuente en nuestro medio.
La ciudad de Cebú está situada en la costa oriental de la isla de Cebú, en la región de las Bisayas Centrales. Es la cabecera de la provincia de Cebú. la población del área metropolitana es de 2.314.897 habitantes. Es la segunda ciudad de Filipinas con el segundo centro metropolitano más significativo y conocido como el más antiguo asentamiento establecido por los españoles en el país.
“Cristo en ustedes, esperanza de la Gloria”. Este lema del Congreso entiende que Cristo se nos muestra como revelador del Padre y camino que reconduce a la humanidad hasta Él. Así se presenta el Señor como camino, verdad y vida. La Eucaristía, nos habla de la fuerza que brota de la cruz, y que continuamente da nueva vida. Cambia los corazones. Nos permite ser atentos, proteger a quien es pobre y vulnerable, y ser sensibles al grito de nuestros hermanos y hermanas que están pasando necesidad. Nos enseña a actuar con integridad y a rechazar la injusticia y la corrupción que envenenan las raíces de la sociedad.
El Papa Francisco enfatizó la importancia de la Eucaristía como fuente de esperanza y misión. Destacó la necesidad de ser verdaderos discípulos misioneros, llevando el mensaje de amor redentor de Cristo a un mundo que necesita paz, justicia y reconciliación. También resaltó la capacidad de la población filipina para reconstruirse tras desastres naturales, y la necesidad de la Iglesia en Asia para un diálogo respetuoso con seguidores de otras religiones.
Regresando a Bogotá, el siguiente poema escrito por Rodolfo de Roux S.J. se tomó como letra del Himno del 39° Congreso Eucarístico Internacional. Esta oración sintetiza de manera profunda el sentido de los Congresos y de la misma Eucaristía:
DIOS ES AMOR
¡Dios es amor, amor, aleluya!
¡Viva el amor, amor, aleluya!
¡Aleluya, amor, amor, aleluya!
Desde siempre te amé -dice el Señor-,
cielo y tierra formé, pensando en ti.
Hijo mío serás
y un corazón tendrás,
para ser tú también amor, amor.
Te alejaste de mí -dice el Señor-
Y al abismo bajé de tu traición.
Di la vida por ti,
Y en el Pan que dejé
sobre tu mesa fui amor, amor.
En tu hermano yo estoy -dice el Señor-,
quiero encontrarte en él, en su dolor.
Son mi Pan y mi Ley
un vínculo de unión
y un incendio de amor, amor.
Vicente Alcalá Colacios
Diciembre, 2025


1 comentario
Vicente: Un hermoso y edificante recuerdo de la presencia de Cristo en nuestro mundo comntemporáneo. Gracias. Hernando